Abrió los ojos otra vez, y se aclaraba su visión poco a poco, para que el calabozo volviera a aparecer ante él, con la exangüe llama de una antorcha que ya se apagaba.
Se sumergía en la total oscuridad, sino fuera porque estira el brazo y la toma, y la llama revive muy tenuemente.
Su otro brazo le dolía, y lo examina para descubrir una piel destrozada desde su hombro hasta el codo, desgarrada que había jirones de carne desprendidos. Pero sin fractura.
-Vaya que ahora tendré que enseñarte como debe ser- refunfuñó mientras buscaba en la mesa de instrumentos algo bastante filoso.
La Criatura no había sido capaz de hacerle más daño, pensó Disney, pero él sí iba ahora con todas las intensiones de un enfrentamiento mortal.
Pero no tenía tiempo, sabía lo que podía hacer ahora y esperaba no llegar demasiado tarde, así que se pone de pie y sale cojeando del laboratorio, con lo poco que le quedaba de energía más un horrible dolor en el brazo.
-Pero lo lograré- refunfuñaba por las escaleras, babeando -No me importa, aunque sea muerto me sirves, Mickey, eres una gran obra de mi ingenio-
Iba actuando, imaginando presentar al monstruo muerto ante sus colegas de la universidad, y diciendo que tuvo que matar a su criatura por la rabia. Que estaba infectada de rabia como una maldita rata que había sido y eso era todo.
Pero que el experimento fue un éxito total.
Y él se llevaría la gloria.
Iba con la antorcha en la mano herida, y detrás oculto bajo la bata llevaba un cuchillo letal que usaría con su brazo fuerte.
Estaba completamente seguro de su victoria y ni siquiera pensaba en lo que hubiera podido ocurrirle a su compañero.
A la final, él tampoco importaba.
-Oh Dios, solo espero no llegar demasiado tarde- jadeaba cada vez más cerca de la habitación de Lillian Bounds -Espero que no te hayas atrevido...-
Si había algo bueno en el alma de Disney, era su amor por Lillian Bounds. Sin eso, se consumiría instantáneamente en el infierno.
Y malditos fueran los designios.
Porque cuando abrió la puerta de aquella habitación, vio que no había tal puerta, solo un pedazo de madera derribado sobre el suelo.
-Oh no...no, no-
Recibió su castigo esa misma noche.
Ya no le quedaba nada.
Solo un baño de sangre más, en lo que podía abarcar la luz de las velas.
Pero esa vez no era lo mismo, algo moría igual que el cuerpo sobre la cama.
Ella solo había bajado de aquel tren solo por él. Así que toda la culpa de su muerte caía sobre él.
La Criatura lo había castigado, le había quitado todo.
Ahora le quedaba matarla a como diera lugar -aunque supiera que fuera imposible vencer aquella bestia-
El dolor ahogado, dormido, no surgía todavía. Su mano sana empuñaba el largo y afilado cuchillo, y sus ojos empañados y enrojecidos buscarían en la oscuridad...
Ahí debía estar esperándolo. La Criatura lo estaba viendo sufrir
Entonces sonríe, esperando que saltara sobre él...y no se equivocaba.
La garra sobre su hombro, se había acercado por detrás y su pútrida garra de rata muerta estaba allí tocándolo.
Pero fue más hábil, inteligente, veloz y sobretodo decidido, y el cuchillo voló a enterrarse en medio del cuerpo oscuro que estaba ahí detrás.
-Jajajajajaja- aquella risa, La Criatura se mofaba -¡Buena estocada, Disney! Jajajaja-
Y Walt no comprendía del todo. Había poca luz, pero su mano había apuñalado mortalmente el cuerpo que lo acechaba, justo en el corazón.
Pero ¿Qué cuerpo era?
Y la Criatura se reía.
Totalmente enloquecido ya no era capaz de discernir.
Tal vez estaba claro que el cuerpo que había apuñalado era el de Ub Iwerks, que no era la Criatura.
Todavía no se daba cuenta ¿O sí?
-Finalmente lo mataste, Walt- decía la Criatura -A tu amigo. Míralo, la vida ya se le extinguió-
Ub estaba mutilado, pero así como estaba...- pensaba Disney estudiando con los ojos desorbitados el cuerpo- había llegado vivo hasta él, tal vez como obra de la Criatura...
Y él lo había matado.
No, no fue él, fue la Criatura. La Criatura lo había hecho hacerlo...y volteó hacia atrás, y la vio ahí parada sobre dos patas.
Las dos miradas se cruzaron, antes de que fuera lo último que viera Walter en su vida: esos ojos negros y acuosos de la rata.
Porque no hizo nada más. La Criatura le saltó encima y las fauces se cerraron alrededor de su cuello, los filosos incisivos perforando su tráquea y desgarrando la garganta casi hasta el hueso.
Y allí quedó el hombre.
-Adiós, Walt- y al ver lo que había hecho, la Criatura llora.
