Los personajes, salvo Amy y poco más no me pertenecen, como ya sabéis,

Grandes dosis de drama y puede que cosas repugnantes, violentas o indecorosas, etc etc...

Capítulo 28

-No, por favor. Haré lo que sea, de verdad. Deja que se vaya, Rachel.

Leon suplicaba desesperado con los ojos anegados en lágrimas mientras contemplaba como su enemiga sujetaba a su hijo por el cuello, apuntándolo con un arma a la cabeza al pie de las escaleras de su propia casa en Washington.

Mientras el rubio miraba sin perder detalle de la escena, Amy apareció por la puerta de entrada de la vivienda, gritando con desesperación al encontrarse el altercado. Rachel se limitó a reír y disparar al niño, matándolo automáticamente.

El agente no daba crédito a lo que sucedía ante sus ojos. La sangre de su hijo inundó las baldosa del suelo frenéticamente mientras Amy gritaba encolerizada, en shock, tratando de detener a la rubia que huía con una grata sonrisa en el rostro, llena de satisfacción.

Cuando Leon sintió que no podía tener más miedo, se sorprendió observando como su mujer recibía un tiro en el abdomen, haciendo que cayera al suelo de inmediato en la parte alta de las escaleras.

-¡Amy, no, por favor! –Suplicó Leon en un agónico murmullo, arrodillándose velozmente junto a ella mientras las lágrimas empañaban su visión. Su mundo se deshacía mientras el pánico se apoderaba de él de forma desmedida, pero todo empeoró al contemplar la mirada rabiosa de su mujer.

-Todo esto es por tu culpa, Leon. Has matado a nuestro hijo por no hacer tu trabajo.

-No, no. Yo... –Susurró sin poder apartar la mirada de la de ella, que continuó su reproches tratando de alzar la voz. El rubio no podía soportar el asco y el odio en su semblante.

-Nunca te hemos importado lo suficiente. Siempre has antepuesto tu puto trabajo. Quédate con él para siempre.

-Amy, por favor.

-¡Por tu culpa los dos hemos muerto! –Le gritó furiosa mientras clavaba sus orbes verdes en los azules del hombre, que lloraba amargamente con el sentimiento de culpa más grande jamás conocido.

Amy tosió violentamente y escupió sangre mientras la vida se alejaba de su cuerpo ante la aterrorizada visión de su marido, que ante los acontecimientos y palabras de ella, no sabía cómo actuar.

-Perdóname, por favor, perdóname por todo. Siempre os he querido...Te quiero, Amy.

-Tú eres culpable de lo que está pasando. Te odio por destrozar nuestras vidas.

Leon contemplaba con pavor como tras aquel último susurro la morena había muerto, quedando aún con aquella mirada de desprecio hacia él. Se había ido odiándolo enormemente.

-Le harías un favor al mundo quitándote del medio, Leon. Total, ya no te queda nada. Has matado a tu familia.

La voz de Rachel Reynolds le distrajo y sorprendió. La rubia le miraba con maldad mientras le ofrecía una pistola.

Tras dudar unos instantes, el agente comprendió que aquello sería lo mejor después de todo el mal que había hecho, con lo que agarró el arma y dirigió el cañón a su sien derecha, dispuesto a disparar mientras su cerebro había quedado colapsado por el dolor y la culpa.

Leon despertó de su pesadilla ante los golpes de alguien llamando a la puerta de su habitación.

Se levantó tras un instante, sintiendo que su cuerpo estaba rígido y sus ojos vidriosos. Había sido sin duda uno de los peores sueños de su vida, pero debía recuperarse y volver a la normalidad. Se avecinaba una importante misión.

Después de un profundo suspiro, el rubio abrió la puerta, encontrándose con los ojos preocupados de Sherry al observarlo con mala cara.

-Leon, ¿te encuentras bien? –Preguntó al verlo sudando y pálido. Sus ojos parecían compungidos por un extraño sentimiento de miedo y culpa.

El hombre asintió mientras se llevaba una mano a la frente, cerrando los ojos para olvidar las escenas y palabras de su pesadilla, que golpeaban su cabeza fuertemente, atormentándolo. Sherry entró en el cuarto cerrando tras de sí, mientras su amigo se sentaba en la cama.

-He tenido una pesadilla con lo de Alex y Amy... Ella me decía que los había matado, que todo lo hice mal.

-Sabes que eso no es verdad. Has hecho tu trabajo lo mejor que has podido. Leon, quizás no deberías venir. Vamos a salir dentro de una hora, Chris nos esperará en un punto del camino hacia el polígono industrial.

-Estoy bien. Voy a ir, Sherry. –Agregó tajante, quitándose las manos de la cara para mirarla. Ella suspiro levemente.

-Vale, pero espero que no pienses eso. Ella no te dijo eso, lo hace tu mente porque estás culpándote de todo injustamente. Rachel Reynolds es la única responsable de todo lo que está ocurriendo ¿De acuerdo?

-Sí, lo sé. Gracias, Sherry. –Dijo regalándole una leve sonrisa. Ella sujetó una de sus manos, dándole un apretón con ánimo.

-Ahora dúchate, deja la mente en blanco y prepárate para lo de luego. Tenemos que estar totalmente concentrados. Eres muy fuerte, Leon. –Añadió cambiando de tema mientras se levantaba. -No te rindas.

El rubio esbozó una sonrisa tenue mientras agradecía con la mirada las palabras y el ánimo de la chica, que salió para dejarlo solo tras unos instantes.

Sabía que Sherry tenía razón, lo que se avecinaba en una hora era de suma importancia y necesitaría de toda su concentración; Por la vida de sus amigos, la suya propia, y ante todo por acabar con la mujer que había destruido su mundo.

Sin más dilación Leon se dirigió a la ducha, logrando disipar las dudas y el sufrimiento de su mente, alejando el amargor producido por su horrible experiencia onírica. Sólo importaba parar a Reynolds


Leon, junto con Sherry y Jake, iban al encuentro del equipo de Chris en un vehículo oscuro y corriente que no llamaba la atención, alejándose del núcleo de población hasta llegar al lugar acordado, a tan sólo unos kilómetros del objetivo.

Mientras Sherry paraba el motor del coche observaron aparecer dos todo-terrenos de la B.S.A.A., atisbando que Chris salía de uno de ellos. Los tres salieron a su encuentro con rapidez.

-Hola, chicos, espero que hayáis descansado. A partir de aquí iremos todos en los vehículos de la B.S.A.A., nos dejaran muy cerca del edificio al que debemos ir para encontrar lo que necesitamos.

-¿Y qué es exactamente? –Interrumpió Jake, mirando al capitán con curiosidad, puesto que no esperaba a nadie a aquellas horas de la madrugada.

-Thomas Lloyd, el jefe de todo ese laboratorio, y gran socio de Reynolds. Sabemos que está aquí haciendo de las suyas porque mañana tienen un buen numerito montado para empezar a atentar contra el mundo. Tenemos que localizarlo y hacer que nos diga dónde está esa perra. Ese es nuestro objetivo prioritario. Mis hombres se encargarán de detener lo que sea que preparen para mañana y desmantelar toda esa mierda.

-Bien ¿Cómo vamos a dividirnos? –Preguntó Leon.

-Iremos en parejas. Sherry y Jake y nosotros dos. Todo sigue bajo lo especificado esta tarde ¿Habéis comprobado que la telecomunicación va bien?

-Todo esta perfecto, Chris. –Agregó Sherry mientras el mentado asentía conforme.

-Bien, pues vamos a por esos cabrones. Mucha suerte.

Acto seguido todos se encaminaron a los coches, abandonando en el lugar el que el trío había conducido, alejándose en la negrura de la noche hacia las naves que ejercían de tapadera para el comando bio-terrorista de la presidenta de los Estados unidos.

A penas veinte minutos después, cada pareja se encontraba en su posición esperando la señal del capitán para entrar en la parte del edificio adecuado, donde cada cual se ceñiría a su misión.

Leon esperaba impaciente junto con Chris, quien murmuraba cosas a sus soldados mientras se adentraban por la parte trasera del edificio, localizándose en una grandísima sala que ejercía la función de almacén. Un segundo después de que Redfield diera luz verde a un soldado, una gran explosión hizo retumbar el lugar. Las alarmas comenzaron a sonar de forma estridente.

-Los que no están invitados a la fiesta estarán ocupados en apagar el fuego que hemos provocado en una de las salas más importantes. Todo parecerá un accidente, no saben que estamos aquí aún.

El rubio suspiró tranquilo al escuchar las palabras de su amigo, emprendiendo la búsqueda de aquel tal Thomas Lloyd. Leon deseaba encontrarlo desesperadamente, con la esperanza palpitando en su interior al saber que obtendrían al fin el paradero de la presidenta. No podía desear nada con más fervor que acabar encarcelando o matando a Rachel.

-Leon, Chris. Ese tío está en la segunda planta, os cubriremos desde el sur. Tened cuidado. –Se escuchó la voz de Sherry por el pinganillo, haciendo que la pareja de hombres corriera en busca de Lloyd con decisión, no pudiendo esperar más a que todo acabase.