Buenos días a tod s :) Un par de capítulos más, basandos en el mundo que Rowling creó.

9-5-1992

Se despertó agitada. En la oscuridad, buscó su varita a tientas encima de la mesita de noche. Pensó "Lumos" y cuando la luz iluminó la instancia, se sintió más tranquila. Respiró varias veces hasta que su corazón recobró un ritmo normal. Apuntó a su reloj de pulsera. Eran casi las dos de la madrugada. Y su cumpleaños. Se levantó de la cama. Se puso una bata encima del camisón. Había tenido una pesadilla. Sabía que, si volvía a la cama, lo único que iba a conseguir era dar vueltas y no poder dormir. Así que puso rumbo a su aula. Contemplar el cielo la ayudaría a relajar la mente. Su dormitorio estaba también situado en la Torre de Astronomía, dos pisos por debajo del aula. Siempre la había agradado el contacto frío de la piedra en sus pies descalzos. Sus pasos apenas sonaban en los escalones mientras ascendía, fue la luz de su varita quién alertó a alguien.

-¡Una luz! ¿¡Quién anda ahí?!- dijo una voz abrupta y masculina- Vaya nochecita, mi tesoro…- un maullido siguió a la voz.

-Soy Aurora Sinistra, Filch- gruñó la mujer, que se había detenido a esperar a que el conserje subiese hasta su encuentro.

-Oh, disculpe profesora. Pensé que había más alumnos fuera de la cama.

Aurora sintió una punzada de pena por la pobre parejita a la que el conserje había pillado dándose el lote. Aunque también tendrían que haber aprendido con los años que la Torre había dejado de ser un sitio apropiado para ello. Fuera aparte que estaba prohibido ir si no era para las clases. Pero renunciar a las vistas... era mucho pedir.

-¿Quiénes eran, Filch?

-Potter y la niña de pelo revuelto amiguita suya- respondió él. Aurora se sorprendió muchísimo. Cada vez más jóvenes. A Potter, Weasley y Granger los había visto interactuar en clase después del incidente de Halloween y parecía que se llevaban como uña y carne, pero le dio la sensación que entre el pelirrojo y la sabelotodo (Severus tenía razón en llamarla así) había cierta química entre ellos. Y Aurora no era de las que solía fallar en esos temas.

-Está bien, Filch. Si me encuentro con alguien más te lo haré saber. Puedes retirarte- dijo la mujer. Cada uno echó a andar en direcciones opuestas. Aurora llego a su aula. Apagó su varita. La tenue luz de la luna creciente hacía brillar las dos esferas armilares, la grande que colgaba del techo y la pequeña del suelo. Subió la escalerilla, abrió la trampilla y salió a la parte superior del aula. Se sentó en el murete almenado.

Al contemplar el cielo, se sintió en paz y sintonía consigo misma. Estuvo un buen rato mirando las constelaciones. Repasando sus nombres y las estrellas que las componían. A pesar de que ella estudiaba los hechos reales, siempre le gustaron las historias asociadas. Además, eran una buena manera de explicar en clase y captar la atención de los alumnos. Cuando ya iba a irse, notó que había pisado algo. Se agachó para recogerlo. Se quedó sin palabras. Una capa invisible, con un leve resplandor plateado y un tacto extraño pero agradable, como agua convertida en tejido.

-Vaya- susurró la mujer. Con un fluido movimiento se la colocó encima de los hombros. Miró hacia abajo. Echó un pie hacia delante. Podía verlo, pero no la pierna a la que estaba unida, ni el resto de su cuerpo- Increíble.

¿De quién podría ser? Filch había dicho que había pillado a Potter y a Granger. ¿Sería de ellos? Si bien es cierto que unos arrumacos hacían perder la cabeza, ¿quién en su sano juicio se olvidaría de tan maravilloso objeto? Estuvo tentada de quedársela. Un inesperado regalo de cumpleaños. El corazón le dio un vuelco ¿Y si era un regalo de verdad? Examinó de nuevo la capa. No. Definitivamente, Severus no la había regalado nada durante todo el tiempo que llevaban juntos, y dejarla así tirada para que la encontrase no era su estilo. ¿Qué debería hacer? Dársela a Filch sería un crimen. Seguramente la quemaría. Suspiró. Ya era tarde para ir donde Dumbledore. Esperaría al lunes e iría donde el director a entregársela. Él sabría darla un buen uso. Pero hasta el lunes… Se sonrió y se cubrió desde la cabeza con la capa. Decidió dar un paseo. Como si volviese a ser una adolescente merodeando por el castillo a horas indebidas.

OoOooOoO

-Diablillos de pimienta- dijo Aurora a la gárgola de piedra. Esta se apartó y una escalera de caracol empezó a ascender. Subió y llamó a la puerta del despacho con su característico saludo, un "Adelante" la invitó a pasar y entró con el pie izquierdo. Para su sorpresa, Dumbledore no estaba solo. Snape estaba con él. Tenía cara de pocos amigos y parecía que Aurora había interrumpido una discusión.

-Puedo volver en otro momento- fue lo primero que dijo la mujer. Echó un breve vistazo a Severus pero su atención fue principalmente al director.

-No hace falta Aurora. ¿Cuál es el motivo de tu visita?- preguntó el director amablemente. La mujer saco la capa invisible, perfectamente doblada y la posó encima de la mesa del director. Los dos hombres se la quedaron mirando, uno fascinado y el otro con resquemor.

-Encontré esto en el Aula de Astronomía, señor, hace dos días. No sé de quién es y me parecía horrible dársela a Filch para que la confiscara- Aurora se quedó un poco cortada, tal vez se había pasado con tales palabras, pero la sonrisa amable de Dumbledore la tranquilizó- Creí que lo mejor era dársela a usted.

-Has hecho muy bien, Aurora. Muchas gracias- el director asintió con la cabeza.

-¡Ve, Dumbledore!- estalló Severus- Draco tenía razón. Potter- escupió el apellido con rabia- y Granger estaban metidos en algo. Seguro que eso del dragón es cierto…

-¿Dragón?- Aurora no pudo evitar preguntar, la mirada furibunda del profesor de pociones la hizo callar. Dumbledore levantó la mano de modo conciliador.

-A falta de más pruebas, tendremos en cuenta sólo las evidentes. Que han cogido a cuatro alumnos fuera de la cama- Dumbledore miró a la mujer- ¿Alguna cosa más?

-Eso es todo, director.

-Muchas gracias de nuevo. Podéis retiraros- Snape alzó una ceja- No tenemos más que hablar de momento, Severus.

-Sí, señor- respondió en tono más sumiso. Ambos profesores salieron del despacho del director.

A pesar del movimiento de alumnos por el pasillo que podían verlos, Severus se acercó donde Aurora con rostro ceñudo y los labios apretados.

-¿Por qué no me dijiste nada?- le echó en cara.

-¿Por la capa? No me parecía relevante. No tengo por qué ir contándotelo todo.

-Es la prueba de un crimen.

-Pasearse por el castillo de noche está prohibido, pero de ahí a llamarlo crimen- el hombre iba a responderla, pero ella se adelantó, bajando la voz- Todos nos hemos metido en algún sitio donde no debíamos cuando éramos jóvenes, Severus. ¿O ya se te ha olvidado?

-Eso ha sido un golpe bajo- susurró él también.

-Y más que debería darte.

-¿Por qué estás molesta?

-¿Tú que crees?

Se quedaron mirando en silencio. Notaba cómo en su mente afloraba el recuerdo de haber encontrado la capa y la sensación de que podía haber sido un regalo. Luego Severus miró a ambos lados del pasillo. Estaban solos. Sacó algo de un bolsillo de su túnica y se lo dio con brusquedad a la mujer, para marcharse sin decir nada, la capa negra ondeando a su paso. Era una cajita. No pudo resistirse y la abrió allí mismo. Dentro había una tobillera de plata, con abalorios con la forma de las fases de la luna.

Guardó la cajita en el bolsillo de su túnica.

Era una estúpida.

Y tendría que pedirle a Severus que la enseñase eso de la Oclumancia.