Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stephanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Este capi no está beteado por algunos inconvenientes, pero de todos modos, gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
Nota de Traductora al final, léanla por favor.
CAPÍTULO 28
EDWARD
Todo el departamento se veía como una enfermería de un campo militar. Esme estaba atendiendo la muñeca de Bella cuando pasé por la cocina. Makenna tenía unos cuantos cortes por cristal que se había hecho dentro del departamento de Lance. La mano de Emmett estaba maltratada por tantos golpes que había dado, y Mickey tenía un chichón verdaderamente enorme en la cabeza de cuando los dos derribamos la puerta del cuarto piso. Al parecer, cuando el tipo me tacleó, la había golpeado contra la pared.
Alice, Jasper, y Alec estaban todos en la sala, interceptando cada llamada que le hacían a King y redireccionando todas las llamadas que él hacia desde su línea de casa y su móvil. Alice había hackeado en los sistemas de teléfono porque sabíamos que alguien intentaría contactar a King por la redada. Benny también había hecho que lo siguieran, impidiendo que alguien se acercara a él porque el cabrón tenía que permanecer en la puta oscuridad por al menos veinticuatro horas.
"¡Detente, Edward!" Las dos, Esme y Bella ordenaron, dándome miradas severas.
"Siéntate," añadió Bella, levantándome una ceja mientras Esme terminaba de vendar su muñeca. "Te van a revisar, ya sea que quieras o no."
Hice una mueca y gemí, rodando los ojos, pero no me atreví a contradecirlas en esto. No ayudaba que mi maldita rodilla me estaba matando, y el corte arriba de mi ojo me estaba ardiendo como un hijo de puta.
Esme resopló pero dio unas palmaditas a la mesa. "Siéntate, hijo. Déjame ver esa pierna."
Ya me había duchado, cambiado a unos pantalones cargo cortos, y ayudé a Alec con la cena porque para cuando todos habíamos regresado al departamento, mi equipo y el de Bella estaban hambrientos. Ya que nadie estaba en un verdadero estado de emergencia, Esme permitió que todo el mundo se duchara, cambiara de ropa y comiera antes de sentarlos para una revisión.
Suspiré, sentándome sobre el extremo de la mesa y tratando de ingorar la sonrisa irónica que Esme llevaba, porque era la expresión déjate-de-tonterías en el rostro de mi chica a la que estaba obedeciendo. No quería encabronarla, porque tenía suficiente para preocuparse por lo de mañana.
"¿Qué te paso a ti?" Preguntó Esme en voz baja, su toque suave en mi rodilla casi calmante mientras la levantaba con cuidado.
"Lo derribaron por las putas escaleras," me delató Mickey, sacándome la lengua cuando la fulminé con la mirada mientras sostenía una bolsa de hielo en su cabeza.
"Síguele, niña salvaje. Vas a necesitar otra bolsa de hielo… tal vez unos puntos de sutura," gruñí, sonriendo con suficiencia cuando todos se rieron. Me volví otra vez hacia Esme. "Sí, pateamos la puerta para abrirla… ¡ay, mierda!" Gruñí, cerrando mis ojos con fuerza en el momento que dobló mi pierna justo de la forma correcta, poniendo presión en los tendones a un costado. "¡Maldita sea!" Respiré hondo, aferrándome a la mesa, y continué. "Como sea, tan pronto estuvo abierta, este pendejo me derribó por las malditas escaleras. Tal vez me dio unos dos buenos puñetazos."
"Mmmm," murmuró Bella, echándole una mirada al corte arriba de mi ojo. "No te muevas," me ordenó en voz baja, y solo su mera presencia era tranquilizadora después de una noche como la de hoy. "No creo que necesite puntos, Esme."
"Bueno, solo ponle mariposas y cúbrela," respondió Esme, sin siquiera molestrse en levantar la vista de mi rodilla hasta que siseé por el dolor. Sus ojos se quedaron fijos en los míos. "Debería mandarte a hacerte unos radiografías, Edward," me advirtió, levantándome una ceja, "porque creo que te desgarraste el viejo tejido cicatrizal."
"Demonios, no," refunfuñé, sacudiendo la cabeza, porque las salas de emergencias eran el puro infierno. Preferiría involucrarme en otra pelea, para ser honestos.
"Si no te quedas quieto," gruñó Bella en voz baja mientras trataba de vendar mi frente, "voy a atarte y hacer que Emmett se siente encima de ti."
Sonreí porque Emmett se levantó de su asiento, tronándose todos los nudillos y su cuello.
"Estoy cansado, pero puedo hacerlo, Bellsy," se rio entre dientes, lanzando un guiño en su dirección.
"Sin ofender, hombre, pero tu trasero no se acercará ni a un centímetro de mí." Me eché a reír, volviéndome de nuevo hacia Bella. "El tuyo, por el otro lado…" Le susurré, pero Esme debió haber escuchado de todos modos porque se rio suavemente mientras empezaba a vendar mi rodilla.
"Cierra la boca, Edward," dijo Bella con una risita, rodando los ojos, pero cuando me miró por entre sus pestañas, supe lo que venía a continuación. "Todas tus partes deben funcionar, si ese es el caso…"
"Funcionan," le prometí, negando al ver su dulce, pero traviesa sonrisa. "Algunas solo están… adoloridas."
"Mmm, bien." Dijo con un suspiro, señalándome con un dedo una vez que había terminado. "Compórtate, Edward. Lo digo en serio. Lo de la rodilla me está asustando. No es la primera vez desde que todo esto comenzó que has cojeado por aquí. Me gustaría que fueras capaz de caminar en nuestro futuro, por favor."
Bufé, sientiendo cambiar el estado de ánimo de divertido a serio, pero ella tenía razón; había cojeado por dos días después de mi persecución a Miller.
"Sí, señorita," suspiré, cediendo totalmente y tomando el paquete de hielo que Esme me estaba dando.
"Descánzala, mántela elevada, pero después de mañana, vas a que te la revisen," ordenó Esme.
Asentí en señal de conformidad, sin siquiera molestarme en discutir. Me deslicé con cuidado al suelo, probando mi peso sobre ella ahora que estaba vendada. De pronto, estaba agotado, y todo lo que quería era meterme a la cama con mi chica. Como si pudiera leer mi mente, Bella deslizó su mano en la mía.
"Vamos," dijo en voz baja. "Vamos a quitar tu peso de esa pierna."
Me guió por el pasillo, me puso en la cama después de desvestirme hasta quedarme en bóxer, y puso una almohada debajo de mi rodilla. Tuve que sonreír, preguntándome dónde había estado está hermosura cuando regresé a casa de la Fuerza Aérea la primera vez que había salido herido. Hacía que estar en cama fuera mucho mejor cuando tenía algo así de dulce para admirar mientras se preparaba para dormir, poniéndose solo mi camiseta y metiéndose junto a mí.
Con las luces apagadas y la habitación en silencio, se acurrucó en mi costado, recostando su cabeza sobre mi pecho. La jodida pregunta que se le escapó a continuación fue una que realmente no estaba esperando.
"¿Gemelas, Edward?" Soltó un resoplido, plantando un beso sobre mi pecho cuando gemí. "Escuché a Emmett por la radio. ¿Detroit? ¿Gemelas? ¿En serio?"
Podía escuchar su diversión, pero eso no me hacía sentir menos incómodo con el tema.
"Fue hace mucho tiempo, Bella," bufé, mirando por la ventana al contorno de Seattle. "Mierda, estaba verdaderamente borracho."
Giró su cabeza para mirarme, poniendo su barbilla en sus manos mientras seguía recostada en mi pecho. "No soy fanática de los tríos… Soy demasiado egoísta," declaró como si nada.
"Bueno, tú te besaste con Rose," repliqué como un niño beligerante, todavía incapaz de mirarla directamente a los ojos.
Se rio, poniendo los ojos en blanco y plantando otro beso en mi pecho. "Lo hice. Y también estaba verderamente borracha. Fue también hace mucho tiempo."
Observé su rostro, y no parecía molesta, pero mi mente fluctuó a nuestras dos… indiscreciones. De ninguna jodida manera deseaba a otra mujer, primero que nada. Y segundo, nadie se acercaba a mi chica si no era yo—hombre o mujer.
"Yo-Yo… yo no t-te c-compartiría," balbuceé, frunciéndole el ceño. "P-Punto. Está f-fuera de c-cuestión."
Me sonrió y se levantó a fin de presionar sus labios a los míos. "Buen chico," canturreó, pasando sus labios por los míos hasta el punto me volví loco por el deseo de besarla hasta dejarla realmente sin aliento. "No juego bien con otras mujeres cuando se trata de compartir, Edward. Jake es un excelente ejemplo de ello, y no lo amaba una fracción de la forma en que te amo a ti."
Entonces, esta era una advertencia—una innecesaria advertencia, pero una, sin embargo.
"Solo tú, bebé," le recordé, tomando su rostro entre mis manos. Fue la misma declaración que había hecho en la pista de baile cuando bailamos con Mack. "S-Siempre, amor."
Dicho eso, la besé de verdad porque había sido una noche de mierda realmente larga. Estaba cansado, y necesitaba esa reconección. Necesitaba su sabor en mi lengua, su calor deslizándose por mi costado, antes de que cayera en sueños que no podía controlar.
~oOo~
Me desperté con la más horrible de las luces brillantes en mis ojos cuando la luz de la mañana entraba por las ventanas, pero al más glorioso calor, fuertes manos bajando a mi ropa interior.
Podía sentir cada centímetro de Bella alineada detrás de mí, envolviéndome, nuestras piernas enredadas, no pude evitar que mi mano se uniera a la suya, deteniéndola por completo cuando mis dedos se toparon con la venda alrededor de su muñeca.
"No, no me detengas," se quejó, dándome la vuelta y subiéndose encima de mí. "Déjame…"
"Bebé…" Dije entre mi aliento, pero me calló con su boca en la mía, y me perdí en ella.
Metió su lengua en mi boca mientras mis manos encontraban un delicioso agarre en su trasero. Todavía llevaba mi camiseta, pero nada más, y fue ese descubrimiento lo que me hizo restregarla sobre mí porque despertar así era la mejor mierda—algo que nunca había experimentado hasta Bella.
"Joder, solo te necesito," gruñó, sentándose mientras le quitaba la camiseta y la arrojaba lejos.
"No te estoy deteniendo, bebé," le dije porque podía ver su necesidad, su preocupación, sus nervios por hoy casi abrumándola, y si era yo quién la hacia sentir mejor, entonces allí estaba. Totalmente. "Mierda, nunca podría detenerte," susurré, deslizando mis dedos dentro de su cabello y atrayéndola de nuevo hacia mí.
No esperó—por nada. Solo tomó, y Dios, si no era jodidamente sexy.
Gemí y me retorcí debajo de ella cuando su boca, dientes, y lengua bajaron por mi mandíbula, mi cuello, mi pecho. Agarrando mi ropa interior, ni siquiera los bajó por completo hasta quitármelos antes de que se cerniera de nuevo sobre mí y colocando lo que ahora era un muy mojado y muy caliente coño sobre mí.
Pero fue su casi aliviado, "Sí," que salió en un siseó al mismo tiempo que me envolvía por completo lo que me hizo incorporarme para quedar frente a frente con ella. Con sus ojos en blanco, entrelazó sus dedos en mi cabello, pegando su frente en la mía mientras se movía sobre mí.
"¿Mejor, bebé?" Le pregunté, mordisqueando sus labios mientras mis manos la ayudaban a moverse, guiándola a su liberación. "¿Solo necesitabas de algo de polla a primeras horas de la mañana?"
"Sí," lloriqueó mientras la echaba un poco hacia atrás, tomando uno de sus pezones, que me había estado provocando contra mi pecho, dentro de mi boca, mis ojos fijos en su rostro.
"¿Mi polla?" Gruñí en voz baja, sintiéndome tan malditamente posesivo que no era gracioso.
"Sí," se quejó, su ceño frunciéndose solo un poco.
Sonreí contra su seno cuando jadeó en el segundo que mis dientes rozaron su pico. Su rostro estaba hermoso, desesperado, y malditamente perdido en todo. Su cabeza cayó hacia atrás, las puntas de su cabello largo haciendo cosquillas en mis muslos a medida que besaba de su cuello a su oído.
"Si vas a follarme, amor, al menos veme a los ojos," le dije, agarrando su cabello en la base de su cuello cuando levató su cabeza otra vez.
Agarró ambos lados de mi rostro, girándolo casi con rudeza al mismo tiempo que reclamaba mi boca de nuevo. Sus besos profundos y desesperados, pero tan llenos de amor que casi me dejan sin aliento. Y de pronto, la necesidad de verla correrse era definitivamente todo lo que deseaba.
Caí hacia atrás, viéndola montarme con ardor y sintiendo la necesidad de correrme empezar a acumularse en la boca de mi estómago. Doblando mis piernas detrás de ella, la encontré estocada tras estocada y llevé mi pulgar a mi boca, arremolinando mi lengua sobre él. Los ojos de Bella se oscurecieron mientras me observaba, lamiendo sus labios despacio al mismo tiempo que su cuerpo se giraba con gracia, bellamente sobre mí.
"Quieres correrte, ¿no es así?" Pregunté, mi pulgar apenas presionando el punto donde nos conectábamos.
Asintió frenéticamente, sus dedos enterrándose deliciosamente en mis costados y sus muslos temblando por el esfuerzo.
"No, bebé," le dije, sacudiendo mi cabeza y sonriendo un poco. "Si vas a tomarme así, entonces estás a cargo. Dime que quieres correrte."
"Dios, Edward… por favor," jadeó, suplicándome con sus ojos y mordiéndose el labio inferior.
"Entonces córrete, Bella," le ordené, presionando exactamente dónde lo necesitaba y moviendo mi pulgar en círculos sobre la zona que la hacía gritar.
Me incorporé de nuevo, envolviendo mi brazo alrededor de su cintura al mismo tiempo que ella envolvía toda mi cabeza en su cálido abrazo. Jadeó con fuerza contra mi mejilla cuando colapso por completo, estremeciéndose y temblando en mis brazos mientras mi porpia liberación se unió a la suya, mi cabeza cayendo en su hombro.
Sus manos se aferraron a mis hombros mientras sus músculos continuaban sacudiéndose, su respiración todavía algo pesada. "Te amo," dijo entre su aliento, plantando el mejor de los besos en mi mandíbula. "Siento haberte despertado…" Soltó unas risitas.
"Yo no," me reí, echándome hacia atrás para tomar su dulce rostro entre mis manos. "También te amo. Y vas a estar perfecta hoy, Bella. Desearía que no te preocuparas. Estaré allí todo el tiempo, bebé."
Tomó una respiración profunda, dejándola salir lentamente al mismo tiempo que asentía.
"Si algo sale mal, siempre está la idea del helicóptero. Lo dejaremos caer justo en los escalones principales de Twi Tech," le dije con una media sonrisa.
Bella rodó los ojos pero soltó esas risitas que vivía para escuchar. "Claro, está bien," dijo en voz baja, besando mis labios. "Entonces, supongo que será mejor que terminemos con esta mierda, ¿eh?"
"Como dije, dulzura… tú estás a cargo."
~oOo~
BELLA
Observé desde la parte de atrás del auditorio como entraba empleado tras empleado, respiré hondo cuando no solo los asientos finales se llenaron, sino también los balcones. Estábamos manteniendo mi presencia en secreto, pero solo por Royce King, cuyo pomposo trasero ya estaba en la puta fila del frente.
Carlisle iba a dar la elegía, pedir por un momento de silencio en honor a mi padre, y despedir a todos por el fin de semana. Bajo circunstancias normales, el CEO—o sea yo—lo hubiera hecho, pero Carlisle y Benny querían que mi llegada a mi oficina fuera una sorpresa.
Había tenido que pelear con uñas y dientes para al menos acudir a la maldita cosa, así que me recosté contra Edward mientras nos ocultábamos en la cabina de sonido con Alice y Jasper.
"¿Estás bien?" Me susurró, envolviendo sus cálidos brazos a mi alrededor.
Solté un resoplido, volviéndome hacia todos ellos. "Mi padre murió hace semanas," dije con un suspiro, negando, "y de alguna forma, todavía no lo he asimilado." Bajé la vista hacia mis manos al mismo tiempo que Edward metía un mechón de cabello detrás de mi oreja. "Este es su funeral," comencé a decir con una mueca, "y en todo lo que puedo pensar es su último deseo… terminar con este asunto de King." Jugueteé con mis uñas, encogiéndome de hombros. "No sé que se supone que debo de sentir."
"Orgullo, Bells," dijo Jasper con voz baja mientras se recostaba casualmente en su silla, levantando su cabeza hacia mí, pero Alice y Edward también volvieron su atención hacia él. "Tú no pediste nada de esta mierda, ¿sabes?" Se rio sin humor con un bufido. "No puedo imaginar lo que fue para ti—pensar algo de tus padres y enterarte de otra cosa. Creo que lo has manejado mejor de lo que nadie lo esperaba."
Se detuvo por un momento, sus ojos llenándose de algo que Jasper rara vez demostraba: tristeza.
"Estaba en Afgánistan cuando mi mamá murió," me dijo, frunciendo un poco el ceño. "No pude irme, no pude volar a casa—aunque Eddie me ofreció que me ausentara sin permiso." Dio un resoplido, señalando a un sonriente Edward. "Cuando finalmente pude ir a casa—meses después, eso sí—fue como perderla de nuevo." Se sorbió la nariz, jugueteando con el brazalete de Alice, sin apartar la mirada de él. "Ella sabía que estaba enferma, así que no importaba cuantas llamadas fuera capaz de hacer, todavía me escribió una carta. Me dijo que estaba orgullosa de mí, que cuidara de mi papá, y que no debería sentirme mal. Dijo que se suponía que los hijos debían vivir más que los padres, que no necesitaba que le dijera que la amaba porque lo sabía. Siempre lo supo." Arrugó solo un poco su nariz y respiró hondo. "Le contó a todas sus amigas viejitas de la iglesia que yo era un héroe Americano, que estaba ocupado haciendo cosas que mantenían el mundo a salvo, y que por eso no había podido venir a casa."
Jasper finalmente encontró mi mirada y suspiró. "Lo que estoy tratando de decirte es que estés orgullosa de lo que has hecho, porque tengo la impresión que tus padres se rompieron el trasero para traerte hasta aquí. No estabas dentro de la casa de la playa cuando tu papá entró, prácticamente agarrando a Eddie y su padre y haciéndolos jurar que nada te pasaría."
Levanté la vista hacia Edward, que estaba asintiendo solemnemente, pero también lo estaba Alice.
"Sabes que a Charlie no le gustaría que te sintieras mal," declaró Alice en voz baja. "Le hubiera gustado que brindaras por él y siguieras adelante. Preferiría que se terminara con esta mierda, para que fueras feliz, y definitivamente no le hubiera gustado que lloraras."
Me reí con un resoplido, mirándola. "Nunca supo que hacer con una chica llorando…" Todos nos reímos un poco, pero volví mi atención de vuelta a Jasper. "¿Todavía ves a tu padre?"
Me dio una amplia sonrisa y asintió. "Sí, señorita. Hice lo que mamá me dijo. Su casa está pagada, sus cuentas están pagadas, y todo lo que hace él todo el día es entretenerse en su jardín. Y juro que él tiene algo con la ancianita de la casa de a lado." Se echó a reír, sacudiendo su cabeza cuando todos nos unimos a él.
Se escuchó un suave golpe en la puerta del cuarto de audio, y Edward se puso de pie para echar un vistazo, pero la abrió cuando vio que era Alec.
Entró en el cuarto, sus ojos posándose en mí. "Bellissima, Carlisle quiere que te diga que va a empezar pronto, pero quería que Edward y Jasper supieran que la redada está punto de realizarse en el campo de tiro, para que Alice lo ponga."
"Gracias, Alec," dije con un suspiro, volviéndome hacia Alice haciendo un gesto con la cabeza. "Hazlo, duendecillo. Estoy segura que ellos quieren escucharlo."
Alec se puso de cuclillas frente a mí, su rostro pensativo, pero tomó mis manos en las suyas. "Vas a estar bien, bellissima. Confía en aquellos que te rodean. A volte, la familia viene a noi… e piú forte rispetto al suo sangue siamo nati in…" Hizo una pausa, sonriéndome. "En inglés… Algunas veces, la familia viene a nosotros… y es más fuerte que la sangre con la que hemos nacido. Mi abuela decía mierdas como esa todo el tiempo, así que estoy acostumbrado a decirlas en italiano."
Le sonreí, inclinándome para para darle un beso en su mejilla porque realmente había llegado a gustarme Alec, a confiar en él. "Tu abuela suena como una dama muy inteligente."
"Demonios, sí, lo era," dijo arrogantemente, parándose frente a mí. "¡Ella me crío!"
Todos nos quedamos callados cuando la voz de Carlisle se escuchó por el sistema de sonido, y cuando levantamos la vista, estaba tomando su lugar en el podio.
"Será mejor que vuelva allí arriba," dijo Alec con un suspiro, negando. "Es todo lo que puedo hacer para detener a Emmett de simplemente sacar su arma y apuntarla a King justo allí frente a todo el mundo."
Nos reímos cuando se iba del pequeño cuarto de controles, pero Edward habló, regresando a su lugar detrás de mí.
"Jasper, escucha la redada por mí, ¿de acuerdo?"
"Señor," respondió, subiendo junto a Alice y su laptop y poniéndose unos auriculares.
Edward besó un lado de mi cabeza, entrelazando nuestros dedos mientras que su padre aclaraba su garganta y empezaba.
"Me gustaría que todos ustedes guardaran un minuto de silencio en honor a Charlie Swan…"
~oOo~
Esperamos hasta que el auditorio estuvo vacío antes de irnos. Jasper había escuchado toda la redada en el campo de tiro, y se había llevado a cabo sin complicación alguna. De hecho, Wes Michaels ya estaba siendo escortado a la Torre de Twilight como una sorpresa adicional para Royce King—acompañado por nuestros amigos de la CIA.
Cuando salí del ascensor ejecutivo, mi omnipresente y siempre guapo guardaespaldas detrás de mí, tomé una respiración profunda. Del otro lado de las puertas de la oficina de mi padre, Carlisle ya estaba hablando con King, pero tenía un problemita del que hacerme cargo antes de encontrarme con ellos.
Ese problema estaba sentado en la sala de espera, con una Rose con los ojos entrecerrados y una Angela fulminándolo con la mirada desde el escritorio de recepción detrás de Rose. Recientemente se le había contado todo a Angela—por Benny, ni más ni menos, que parecía estar tratando de impresionarla—por lo que el emoción de ella era casi palpable.
"Señor Wendell," le dije, tratando de no sonreír cuando dio un respingo. Fallé, pero no me importó, e incluso Edward se rio con un resoplido por su reacción.
La pequeña comadreja se puso de pie, ya empezando a sudar. Ya sea por mi presencia o la presencia de un Edward callado, pero con un rostro muy severo, no tenía idea, pero definitivamente estaba nervioso.
"Ah, señorita Swan," me dijo, exudando habilidades de lameculos como si no hubiera mañana. "Siempre es un placer el ser invitado a su oficina. ¿Qué puedo hacer por usted?"
"Es qué puedo hacer yo por usted, señor Wendell," repliqué, dejando caer un archivo muy grueso sobre la mesita de café en la sala de espera. "Verá, puede que no les llame a la barra de abogados y les cuente sobre sus actividades ilegales. Puede que no llame a su esposa y le diga que ha sido arrestado, que todo lo que le pertenece, lo que conoce, y ama ha sido pagado por dinero sucio, y que no podrá quedarse con nada. Y puede que no lo mate donde está por delatar a mi padre después de que él lo aceptó cuando apenas había hecho su examén para ejercer abogacía."
Tragó pesadamente, mirando al archivo de mal agüero y luego de vuelta alrededor de la habitación a los cuatro rostros que lo observaban con atención.
"Tengo suficiente información en ese archivo—porque es el criminal más tonto que jamás he conocido—para ponerlo tras las rejas por un muy largo tiempo," declaré, señalando otra vez el archivo y comenzando a caminar despacio, de un lado al otro frente a él. "Tenemos soborno, extorción, extracción ilegal de documentos…sin mencionar los registros teléfonicos de su propia oficina. Puede que recuerde que mi padre amaba sus juguetes, señor Wendell, por lo que el día que le pusieron un micrófono para reunirse con King, hubo una llamada de teléfono desde su oficina que fue rastreada a una Victoria Hunter, porque él no confiaba en nadie." Me detuve frente a él, viendo su boca abrirse como un pez fuera del agua. "La conoce, ¿no es así? Ella mantiene una compañía muy interesante…"
Asintió frenéticamente pero no interrumpió.
"Bien, me alegra que nos estemos entendiendo," le dije con una pequeña sonrisa. "Tengo correos electrónicos y registros financieros de hace casi ocho años, señor Wendell. Dígame, ¿no le pagaba mi padre lo suficiente? ¿O es solo que es un pequeño bastardo codicioso que no puede resistirse cuando se le ofrece un dólar? O tal vez sea por ese sucio hábito suyo…" Reflexioné dramáticamente, frotando mi barbilla y oyendo el resoplido de Rose detrás de mí.
"Así que, dígame, señor Wendell…" Incliné mi cabeza hacia él. "¿Cuánto dinero le debe a Dale Young?" Le pregunté, al haber averiguado recientemente que Ivan Wendell amaba sus chicas de menos de dieciocho años—un hecho que salió al descubierto cuando Young comenzó a vomitar información a diestra y siniestra la noche anterior. Cuando no respondió, yo respondí por él. "Alrededor de un cuarto de millón, ¿verdad?" Me reí sin humor. "Eran menores de edad," gruñí, sacudiendo mi cabeza. "¿Sabe lo que le hacen a los violadores de niños en prisión, señor Wendell?"
"Sí," susurró, bajando la vista al suelo.
"No era solo que le gustaran jóvenes, ¿no es así?" Continué, levantándole una ceja. "Tenían que ser de otros países, compradas en el mercado negro para que no pudieran ser rastreadas, para que no fueran… personas desaparecidas. Y luego, las dejaba ir en un país extranjero, de dónde no se podrían ir y apenas podrían sobrevivir."
"Sí," dijo de nuevo entre su aliento, y ahora su piel había tomado un ligero color a sopa de guisantes. "¿Qué es lo que quiere, señorita Swan?" Susurró, finalmente haciendo contacto visual conmigo.
Levanté mi barbilla y lo estudié por un momento. "Va a hacer un trabajo más para Charlie," le dije. "Está por tener un último cliente, y se va a asegurar de que reciba prisión de por vida." Rodeé la mesita para pararme frente a él. "Va a recibir una llamada en unas cuantas horas, y su nuevo cliente estará en la prisión del condado, habiendo sido arrestado bajo lo que espero sea una plétora de cargos. Usted no va a pedir fianza, aunque no puedo imaginar que se le conceda alguna. Va asegurarse de que sepa que todos los cargos serán aceptados y que usted es el único abogado que puede permitirse porque hace como una hora, él perdió… todo."
"¿Eso es todo?"
"No," le dije con un resoplido, rodando los ojos. "Eso no es todo. Cuando haya terminado… Cuando sea acusado y se le de el veredicto, usted va a desaparecer—que nunca escuche de usted de nuevo. No me importa si se lleva a su esposa e hijos con usted—ese no es mi problema—pero va a salir de Seattle de una puta vez, fuera de Washington… demonios, fuera del país, para lo que me importa. Pero sepa esto," gruñí, apuntando un dedo hacia él. "Ponga un puto dedo en otra chica menor de edad, y lo sabré. Y ese archivo…" Hice un gesto con mi barbilla hacia la mesita de café. "Ese archivo se va no solo a la barra de abogados, sino también al FBI. ¿Queda claro?"
Asintió pero tragó saliva de nuevo mientras sus manos se retorcían nerviosas juntas. "¿Quién es el cliente, señorita Swan?"
Sonreí, mirando alrededor de la habitación, finalmente posando mi mirada de vuelta en él. "Royce King."
"Mierda," siseó, cerrando los ojos y ahora limpiando el sudor que estaba escurriendo por su rostro. "Tendré que ocultarme. No voy a tener otra opción…"
"¡No va a tener otra opción porque yo le estoy diciendo que se vaya!" Le dije con brusquedad, perdiendo la paciencia con el pequeño bastardo. "Si cree que le estoy mintiendo, señor Wendell, entonces puede ponerme a prueba. Arrastraré a toda su familia por el fango. Desenterraré mierda de su árbol familiar y la esparciré por todo Seattle. Será arrestado como un pederasta, por terrorismo, y por complicidad en actividades criminales. No rechaze la maldita oferta. Será el más grande error que ha cometido hasta ahora."
Lo que no quería decirle era que realmente necesitaba que hiciera esto último a la perfección. Contaba con que la jodiera más adelante, ya sea con chicas o dinero, y Alice lo vería, pero por ahora, necesitaba que interpretara el papel del abogado solícito para Royce King. Cuando o si la jodia, iría a la cárcel como se lo merecía, pero solo le estaba comprando algo de tiempo.
"¿Está claro, señor Wendell?" Le pregunté de nuevo, cruzando mis brazos sobre mi pecho.
Asintió, cogiendo su portafolio y abrigo. "Sí, señorita Swan. Entonces, ¿espero su llamada?"
"Sí," dije con un suspiro, haciendo un gesto con mi mano para despedirlo, "y será mejor que responda, señor Wendell, o lo encontraré."
"Sí, señorita."
Se dio la vuelta para irse pero desafortunadamente chocó contra un Edward inmóvil y rígido, que lo fulminó con la mirada mientras él chillaba y lo rodeaba saliendo disparado. Tuve que ocultar mi sonrisa, pero Rose y Angela no lo hicieron. Esas dos resoplaron detrás de sus manos, sacudiendo sus cabezas, claramente divertidas por lo aterrorizado que estaba Wendell de Edward.
Cuando las puertas del ascensor se cerraron detrás de él, Angela habló. "¿Creen que se presente?"
Rose se rio entre dientes y asintió. "Por supuesto que se va a presentar. ¿Alguna vez has conocido a su esposa?" Cuando Angela negó, Rose soltó una carcajada. "Digamos que ella manda en ese hogar. De hecho, me gustaría ser una mosca en la pared cuando le diga que van a dejar el país."
Todos nos reímos pero nos detuvimos cuando el teléfono de Rose sonó sobre su escritorio. Me miró. "Es para ti, Bells. Carlisle te quiere allí adentro."
Tomé una respiración profunda, le entregué el archivo de Wendell, y saqué otro de mi portafolio. Era el archivo policial del caso de mi madre, y estaba completo. Solo necesitaba conseguir que King dijera en voz alta todo lo que había pasado esa noche.
Con una última mirada a Rose y luego a Edward, asentí, tragando pesadamente, y caminé hacia la puerta de la oficina de mi padre. Edward me detuvo antes de que alcanzara el pomo de la puerta.
"Puedes hacer esto, bebé," susurró contra mi cabeza. "Es solo un hombre… nada más y nada menos. Va a estar intimidado por ti y sorprendido de que estés viva. Úsalo. Utiliza tu ira por las cosas que ha hecho… merece pagar, amor."
Asentí, apoyándome en él por un breve momento y sacando toda mi fuerza de él para el siguiente paso.
"Le vas a dar a Charlie lo que quería, Bella, y para eso es todo esto—cumplir su último deseo," susurró, plantando un beso más en mi cabeza antes de agarrar la puerta de la oficina y abrirla.
Decir que Royce King estaba sorprendido de verme sería un eufemismo. El rostro de Carlisle no tenía precio mientras miraba a King en el momento que Edward y yo entramos en la habitación. Mi padrino estaba apoyado casualmente contra la parte de enfrente del escritorio de mi padre, y Emmett y Alec estaban cuidado las puertas.
King no estaba solo, tampoco, porque de pie detrás del sofá estaba otro matón bastante grande que me recordó el guardia de anoche.
"¡Isabella!" King dijo entusiasmado, alcanzando su compostura y poniéndose de pie para estrechar mi mano. "No creí que estuvieras aquí hoy…"
"Teníamos una cita, ¿no es así?" Le pregunté, sentándome en la silla de mi padre.
"Sí, sí," dijo King, una arruga en su frente. "Supongo que sí."
Miré a Carlisle. "Siento llegar tarde, pero tenía otra reunión a la que asistir," dije con una sonrisa de suficiencia.
"Confío en que haya salido bien," reflexionó, dándole la espalda a King.
"Sí, va a apoyarnos con lo que necesitamos," respondí de forma críptica con una risita mientras Edward se ponía detrás de mí en la ventana, de frente a la habitación.
"Sé que es un exmilitar, señor Cullen," se rio King, haciendo un gesto con su mano alrededor de la habitación. "¿Pero toda esta… protección es necesaria?"
"Sí," respondió Carlisle, volviéndose para encararlo. "Adquirimos seguridad adicional después de la muerte de Charlie. Al parecer su asesinato fue… planeado."
"Huh," respondió King, sin revelar nada, pero no estábamos allí para cerrar el caso de Charlie; estábamos allí por mi madre y el cargo de armas. "Bien, empecemos ahora que Isabella se nos ha unido."
"Sí, por favor," dije en voz baja, dejando caer el archivo de mi madre sobre el escritorio. "Usted dijo que tenía una propuesta de negocios para mí, así que veámosla."
"No se anda con rodeos, ¿no es cierto, señorita Swan?"
Le entrecerré los ojos a King y solté un bufido. "No, no lo hago," declaré, apoyando mis codos sobre el escritorio. "Tengo muchas cosas que hacer, una de las cuales es esparcir las cenizas de mi padre el día de hoy, más tarde, de modo que si no le importa…"
Mi confrontación con Wendell me había dado el ánimo y un poco más de valor, y necesitaba mantener mi nivel de control porque este tipo era la última pieza. Miller seguía allá afuera, pero eso era personal. Esto era una obligación, con algo de honor familiar en ello por si eso no fuera suficiente.
"Sí, por supuesto," dijo King, levantándose del sofá con una carpeta en su mano. "Esperaba poder restaurar la relación con Twi Tech contigo, Isabella. Me temo que Charlie y yo… Bueno, tuvimos un ligero distanciamiento, pero mi oferta sigue siendo tan buena hoy como lo fue hace seis meses cuando me reuní con él por última vez."
"Vamos a verla, entonces," dije con un suspiro, extendiendo mi mano para tomarla cuando se paró frente a mi escritorio.
Me entregó la carpeta, y la revisé. Quería grandes cantidades de armas, pero no solo armas—armamento pesado, también. Quería granadas, minas, sin mencionar sistemas de lanzamiento de uso militar. Estaba dispuesto a pagar una gran cantidad de dinero por eso, muy por encima de su valor, y el contrato era por un año.
Solté un bufido, mirándolo y levantándole una ceja. "¿Iniciando una guerra, señor King?"
Se echó a reír con ganas pero negó con la cabeza. "No, Isabella. Tengo intereses en otros países que requieren… una mano dura para protección. Esto mantendrá a mis empleados a slavo, al mismo tiempo que le deja a usted una ganancia substancial."
Me reí entre dientes, dejando el archivo sobre el escritorio. "Una mano dura es un rifle automático. No una bomba inteligente, señor King. ¿Quién va a usar esto?" Le pregunté, levantando mi cabeza hacia él. "Porque estoy al tanto de su… carrera, Royce."
Sonrió, despacio y de una forma falsa, pero asintió mientras sus ojos recorrían la habitación.
"Todos estamos al tanto," declaré, haciendo un ademán hacia Carlisle, así como a Alec y Emmett en las puertas y Edward detrás de mí, "así que, déjese de mierdas, King. Obtener una ganacia es mi objetivo, pero no voy a abastecer a alguien que vendrá por mí o mi país."
Este era un momento decisivo con él porque finalmente iba a averiguar que su contrato en el campo de tiro fracasó. Todo el grupo fue arrestado una hora antes por Wes Michaels, y King no tenía idea, pero de pronto me cambió el tema—a la perfección, he de añadir. No podría haber pedido una mejor introducción que la que él me proporcionó. De hecho, con sus siguientes palabras, todos los hombres en la habitación levantaron sus cejas.
"Demonios, eres una fierecilla como tu madre." Se rio King, sacudiendo su cabeza y apoyándose en la parte delantera de mi escritorio. "Hablaba en serio con lo que dije anoche, Isabella. La superas por mucho. Y eres la digna hija de Charlie."
Sonreí, poniéndome de pie frente a él con el escritorio como la única cosa entre nosotros. "Tomaré eso como un cumplido, señor King. Usted me preguntó anoche lo que recordaba sobre mi madre. ¿Está seguro que está listo para escuchar la respuesta?"
King parecía engreído porque de verdad creía lo que mi padre le había dicho, que tenía ocho años y no recordaba nada. Asintió, sonriendo un poco.
"Recuerdo a mi madre llegando a casa de la oficina con una blusa desgarrada cuando tenía seis años," empecé a decir, levantándole una ceja porque la había atacado unos años antes de que, en efecto, irrumpiera en mi casa para violarla y matarla. "Y ya sabe, después de eso, nunca volvió a ser la misma. Empezó a beber, señor King." Caminé rodeando el escritorio y hacia la estantería, tomando una foto de la repisa y sosteniédola para que la viera. "Por años, pensé que era porque mi padre la engañaba, pero esta es la última foto en la que estamos todos. Mírelos, señor King," le dije, entregándole la foto. "¿Lucen como un pareja que estaban teniendo problemas?" Le pregunté, consciente que mis padres se estaban mirando el uno al otro como si nadie más estuviera allí mientras me sostenían en sus regazos.
"No, pero…"
"No," lo interrumpí con una risa sin humor. "No, no es así. Me tomó mucho tiempo darme cuenta que no era la culpa de mi padre… ya sabe, el derrumbe de mi madre. Y fueron necesarios algunos recordatorios, algunas fotos, y que volvieran unos cuantos recuerdos para que dedujera de quién era la culpa realmente." Me recargué en la estantería—la misma estantería detrás de la cual estaba Benny en mi departamento en ese mismo momento. "Dígame, señor King… ¿estaba usted enamorado de mi madre?"
No me respondió, pero se quedó inmóvil, esperando saber a donde iba con esto.
Chasqueé mi lengua contra mis dientes, sacudiendo mi cabeza. "Tenga cuidado de como responde a eso," dije con un suspiro, volviéndome de nuevo hacia la estantería y tomando algo más de la repisa—los anuarios de Twilight Tech. "Encontré esto el día que volví a TT," le dije, abriédolo en la página marcada y tendiéndoselo. "Mírese, tan joven y esa mierda," le dije con una risa sarcástica, señalando su rostro en una foto en la que estaba con mis padres y en una gala para la empresa de mi padre. "Pero vea a quién estaba mirando."
Claramente, estaba comiéndose a mi madre con la mirada—mi madre embarazada—en una foto vieja del álbum.
"Su esposa es una mujer hermosa," pasé a decir. "Me siento mal por ella, viendo esta foto. Usted está con ella, pero claramente, no quiere estarlo. ¿Era porque no podía tener hijos, señor King? ¿Ningún heredero para su… sede del poder?" Solté un resoplido, rodando los ojos porque nada de eso existía ya, y él todavía no lo sabía, pero mis ojos miraron a Alec que se rio por lo bajo. Se puso serio rápidamente, guiñándome un ojo.
"¿Fue por eso que dejo en paz a mi madre cuando estaba embarazada de mí?" Me eché a reír, negando ante la hilaridad de esa idea. "¿Pensó que tal vez después de que yo naciera, ella finalmente se iría con usted… que sería mi… papi?" Le pregunté con incredulidad, y vi que mis preguntas no solo lo estaban poniendo incómodo, sino que también muy enojado.
"O…" Me reí entre dientes, levantando un dedo para impedirle que respondiera porque yo sabía la verdad. "O… tal vez era usted el del problema en el departamento de niños, pero el caballero que es usted simplemente culpó a su esposa. Que dulce de su parte."
Su cara su puso tan roja después de esa declaración, que estaba casi morada. Comenzó a darse la vuelta para irse, sin decir una palabra, y lo detuve.
"Uh uh," canturreé, poniendo el anuario de vuelta en la repisa. "Si se va ahora, no recibirá una respuesta del contrato de armas que quiere tanto," le advertí, sacudiendo mi cabeza cuando se giró para quedar frente a mí. "Y planeo darle una respuesta, Royce."
Oh, podía ver muy claramente el debate en su mente: Quedarse para asegurarse de que Corbin recibiera sus armas, o huir de las acusaciones dirigidas hacia él. Muy probablemente su vida estaba en juego con lo primero, pero lo último era casi demasiado humillante para soportarlo.
"Y no he terminado de hablar sobre mi madre," suspiré dramáticamente, encogiendo un hombro. "Tal vez porque hoy es el funeral de mi padre," dije en voz baja, como si estuviera hablando para mí misma, pero me volví hacia Carlisle. "Hermoso discurso, por cierto, Carlisle."
Mi padrino sonrió satisfecho, inclinando un poco su cabeza. "Gracias, Bella."
También había sido un discurso conmovedor. Carlisle había hablado de amistad, lealtad, y determinación—todas las cosas que describían a mi padre—y a él mismo, si lo reconociera. Habló del pasado, del presente y el futuro, y contó historias fantásticamente divertidas de cómo habían sido ellos dos cuando eran jóvenes. Lo había terminado diciéndonos a todos que no lloráramos la muerte de su mejor amigo, sino que lo celebráramos y todos las cosas que había logrado en su vida, pero a estás alturas, conocía muy bien a mi padrino para saber que consideraba que el mejor logro de su mejor amigo era… yo.
Hubo una fracción de segundo donde todo lo que quería era abrazar a mi padrino, enterrarme en el amor que sabía tenía por mí, porque él era el único papá que me quedaba. En lugar de eso, me volví de nuevo a la tarea en cuestión.
"Quiere una respuesta, ¿no es así?" Le pregunté a King, levantándole una ceja, y él asintió lentamente. King estaba, de hecho, entrando en pánico, porque Corbin lo tenía por el cuello. "Bien, entonces por qué no me cuenta sobre su… cita con mi madre la noche que murió," le dije, pronunciando con desdén la palabra "cita".
Los ojos de King se estrecerraron, pero luego echó un vistazo alrededor de la habitación, mirando finalmente a su guardia.
"A ver," le dije, riendo sin humor, "eso pudo haber funcionado anoche, pero aquí no. Si envié en una bolsa a la morgue a su otro guardaespaldas, entonces con estos hombres, él no tiene una maldita oportunidad." Sonreí solo un poco al ver el temperamento y la confusión de King. "Alec, ¿podrías por favor acompañar al… asociado del señor King a la sala de espera? Estoy segura que le gustaría una taza de café…"
Alec no dijo nada, pero se acercó y agarró al enorme hombre por el cuello de su camisa, susurrando algo en su oído. El hombre palideció, asintió y caminó con calma desde la habitación, a los brazos de los agentes federales que Benny tenía esperándolo, estaba segura.
"Somos solo nosotros, Royce," le dije, haciendo un gesto con mi mano alrededor de la habitación una vez que Alec había regresado a la puerta. "Está con… dos hombres que pudieran matarlo donde está y dos hombres responsables de la muerte de la esposa y el hijo de Alistar Corbin. Oh… y yo, por supuesto." Hice una pausa por un momento, considerando mis siguientes palabras, pero tomando en cuenta mi compañía, decidí decirlo de frente. "Como sabe, anoche hablamos de su… problemático sobrino, antes de que me dejara con su ahora difunto guardia. Su sobrino sangró como un cerdo cuando le disparé." Le sonreí y me encogí de hombros. "Quizás él no debería haber estado donde estaba…" Reflexioné dramáticamente, bastante entretenida con el color en el rostro de King ahora. "Así que, tal vez pueda hablarme sobre mi madre, porque no hay uno de nosotros aquí que no tenga algo que ocultar…"
Los ojos de King se abrieron como platos cuando miró a Carlisle. "Fuiste tú," dijo entre su aliento, señalando a mi padrino. "Tú acabaste con la familia de Corbin…"
"Efectivamente," se rio Carlisle sin humor. "Pero responde las preguntas de la dama, y explicaré cómo puedes librarte de los problemas con Corbin," mintió sin problema—porque no había forma de que King se librara de nada.
Si algo podría hacer que King soltara todo, era esa última declaración. No tenía idea de como salir de debajo del control de Corbin, pero a este punto, estaría dispuesto a confiar en quien sea para conseguir las armas que quería Corbin. King era un hombre desesperado, pero no tenía idea de que tan desesperado estaba en verdad, porque estaba solo; su ejército había sido desenmantelado totalmente.
King se volvió hacia mí, su rostro pálido mientras empezaba a asentir. "Sí, estaba enamorado de Renee. Ella era todo lo que siempre había deseado," comenzó a decir, sacudiendo su cabeza. "La conocí en la primera fiesta de Navidad que tu padre organizó por Twi Tech. Lo intenté todo para seducirla, pero no cedió. Cuando se embarazó de ti, odié a tu padre porque él estaba consiguiendo todo lo que yo quería," gruñó, frunciendo el ceño hacia el suelo. "No solo era el problema de mi esposa; éramos ambos…" Bufó, levantando la vista para mirarme para ver si tenía que explicarse sobre ese tema en particular. No lo hizo.
"Entonces, esperó," lo incité.
"Sí," dijo en voz baja, asintiendo ligeramente. "Mi esposa se dio cuenta de mis… sentimientos y me forzó a elegir, pero la última vez que vi a Renee, no pude contenerme, así que me presenté en su casa."
"Sí, lo recuerdo," murmuré, fulminándolo con la mirada cuando sus ojos se dispararon hacia los míos.
"Vas a matarme, ¿no es así?" Me preguntó de pronto, mirando alrededor de la habitación como si apenas se diera cuenta que estaba atrapado con hombres que podían y lo harían desaparecer.
"No, no lo voy a hacer," le respondí negando con la cabeza. "Solo quiero respuestas a mi pasado antes de entregarle mi futuro, señor King. Todavía voy a darle mi decisión sobre el contrato, pero primero quiero respuestas." Caminé hacia mi escritorio y cogí el sobre que contenía el archivo de mi madre… y toda la evidencia que Benny me había entregado. "Quiero saber que le dio el derecho de derribar mi puerta, asustar a una niña, y forzar a una mujer que evidentemente nunca lo quiso. Quiero saber por qué dejó toda está mierda," dije con brusquedad, dejando caer el contenido del sobre en el escritorio, incluyendo el reporte del ADN que mostraba resultados positivos de que era su semen el que estaba en el condón. "Y si no me gustan sus respuestas, entonces no voy a aceptar su… contrato, Royce. ¡Quiero la verdad, y la quiero en este puto momento! O Corbin recibirá una llamada diciéndole que usted es la razón de que no reciba una mierda."
Tal vez esa última amenaza fue demasiado para él, pero estaba dispuesta a hacer lo que dije. King se movió rápidamente y enojado hacia mí, su temperamento quebrándose solo un poco.
"¡Era un adicto a la coca!" Gritó, apresurándose hacia mí, pero antes de que pudiera alcanzarme, los dos, Edward y Carlisle lo sujetaron por los brazos.
"Tócala, y no saldrás de esta habitación," gruñó Edward por lo bajo en su cara. "¿Entendido?" Le preguntó, esperando hasta que King se relajara en sus manos. "Bien. Ahora, creo que ella te preguntó algo."
Edward forzó a King a sentarse en la silla frente a mi escritorio, parándose detrás de él con su padre.
"Estaba fuera de control, Isabella," gimió, sacudiendo su cabeza e inclinándose hacia adelante en la silla. "Los ochentas estuvieron plagados de cocaína. La vendía, la usaba, y era adicto a ella. Te hace sentir… invencible."
"¡Tenía ocho años!" Grité. "¡Y estaba en al maldita casa!"
"Lo sé," dijo entre su aliento, poniendo su rostro en sus manos. "Me sorprende que nunca conectaron esa mierda conmigo. Dejé todo allí," gimió, mirándome.
"Mmmm, lo hizo," concordé, asintiendo con la cabeza. "Pero dejó a una niña traumatizada, y eso fue más importante para mi padre que la justicia en ese momento. Verá… no recordaba esta mierda. Me asustó tanto que forcé a mi mente a olvidar la realidad. Por lo que él me dejó pensar que algo más había pasado con mi madre. Déjeme ver si puedo estimar lo que su cerebro jodido por la coca hizo," le dije, sosteniendo en alto al bolsa que contenía los dos vasos cortos. "Pensó que podía ir y emborrachar a mi madre, pensando que ella simplemente… cedería. Llegó a una especie de frenesí, ¿cierto?" Le pregunté, pero no me respondió. No tenía que hacerlo. "Luego, decidió amenazarla—conmigo, supongo. Que se entregara a usted, y me dejaría vivir. ¿Verdad?"
Cuando no respondió la pregunta, mi palma se estrelló en el escritorio. "¡Respóndame!"
King dio un respingo en la silla pero asintió, finalmente susurrando, "Sí."
Levanté al bolsa con el pañuelo que Charlie me había dejado, y entonces abrí escritorio para sacar uno idéntico—el que King me había dado anoche. "La hizo llorar, justo como me hizo llorar anoche, pero realmente necesita nuevos pañuelos, porque son iguales, pendejo."
Hizo una mueca pero no dijo nada.
"Lo que no entiendo, es por qué tuvo que matarla," dije en voz baja, pero mis ojos nunca se apartaron de la escoria frente a mí. "Simplemente podría haberse… ido, limpiar el lugar, y puede ser que ella nunca hubiera dicho una palabra. No dijo nada cuando la atacó en el garaje. Entonces, ¿por qué carajos la mató?"
"¡Ella no dejaba de gritar!" Gritó en respuesta, y me estremecí, mi mirada moviéndose rápidamente hacia Carlisle, que se veía como si quisiera desollar vivo a King. "Tenía que callarla de una puta vez," explicó, sacudiendo la cabeza y mirando hacia el suelo entre sus pies. "En ese estado jodido en el que estaba, tenía sentido. Los vecinos la hubieran escuchado o alguna mierda. Puse una almohada encima de ella, pero juro por Dios, pensé que seguía viva cuando yo—"
Estrellé mi mano en el escritorio de nuevo, y provocó que cada hombre en la habitación diera un respingo. Recordaba los sonidos que venían desde la planta baja mientras me escondia en mi habitación, y recordaba que habían terminado. Hice todo lo que pude para no ponerle una bala en la cabeza a ese pendejo.
Su última declaración al parecer fue suficiente porque la estantería en la pared se abrió lentamente, dejando ver a Benny y a algunos de sus agentes. Entraron a la habitación, casi pasando inadvertidos por King, pero negué con mi cabeza, levantando un dedo.
"¡Esperen!" Les gruñí, cogiendo la última pieza de evidencia que nunca había tenido puto sentido para mí; sin embargo, mi padre la había dejado, así que sabía que había algo en ello.
Benny asintió, y King levantó la vista despacio hacia mí.
"¿Por qué estaba esto allí? ¿Para qué demonios quería un encendedor?" Le pregunté a King, sosteniendo el cuadro de metal.
King hizo una mueca, mirando alrededor de la habitación, y luego negó.
"No hagas que tenga que preguntarte dos veces," advirtió Edward, agarrando con tanta fuerza el hombro del hombre que King prácticamente se dobló sobre sí mismo.
Quería reírme al ver la expresión de orgullo en el rostro de Carlisle cuando vió a su hijo, pero las circunstancias eran demasiado tensas.
"Me fumé un cigarrillo… después…" Refunfuñó, sus ojos llorosos por la presión que Edward estaba poniendo en su hombro.
"Debió haberse caído," chilló, al fin respirando de nuevo cuando Edward lo soltó.
Me tensé, mi mano moviéndose nerviosa junto al cajón de mi escritorio, pero perdí el control. Simplemente fue demasiado. Abrí el cajón de golpe, sacando mi nueve milímetros y apuntándola hacia su cabeza. Todos los hombres en la habitación entraron en acción, pero fue Carlisle y Edward quienes llegaron a mí primero.
"No, Bells," susurró Carlisle en mi oído. "Lo tienes. Está acabado. Deja que se vaya con Benny ahora… ¿está bien?"
"¿Te quedaste allí sentado y fumaste?" Gruñí, sintiendo la familiar calidez de unos dedos bajando por mi brazo hacia mi arma. "Joder, ella estaba muerta, ¿y tú te tomaste el tiempo para fumarte un puto cigarrillo?" Dije con desdén mientras me sacudía por el odio y el asco, quitándo el seguro y accionando el percutor, a pesar de que Edward sujetaba mi mano.
"Baja tu arma, Bella," me ordenó Edward en voz baja en mi oído. "¡Ahora! No es así como quieres que termine esto, y lo sabes…"
"Pero—"
"Créeme, lo entiendo," gruñó, y de alguna forma, pudo asegurar mi arma y ponerle de nuevo el seguro. Lo sentí moverse un poco detrás de mí. "¡Benny, llévatelo ahora!"
A Royce King lo forzaron a levantarse de la silla, le pusieron las esposas al mismo tiempo que se escuchó un golpe en la puerta.
"Hablando de llegar a la hora," anunció Benny con una risita, asintiéndole a Emmett en aprobación para que abriera la puerta.
Entraron casi todos, incluyendo a Eleazar, Eric, y Felix. Pero fue en el hombre guapo que los acompañaba, en el que se posaron los ojos de King.
"¡Wes!" Dijo animado, sonriendo un poco porque pensó que tenía a alguien de su parte. Su sonrisa vaciló cuando sus ojos bajaron hacia el escudo del FBI que Wes Michaels llevaba alrededor de su cuello. "¿Eres un maldito federal?" Gritó, forcejeando en los brazos de Benny y otros agentes.
Wes lo ignoró, caminando directamente hacia mí y tendiéndome su mano. "Wes Mitchell," dijo con una sonrisa de suficiencia mientras revelaba su verdadero nombre. "Y buen trabajo."
"Tú, también," le dije, sin poder evitar reírme porque este tipo me cayó bien al instante.
Tenía una sonrisa irónica que parecía estar llena de orgullo al terminar lo que probablemente fue un largo trabajo de mierda para él. Era extremadamente guapo, lo que no había pasado desapercibido por mis chicas de pie pegadas a la pared— sobretodo Makenna, a quién estaba considerando conseguirle un babero. Wes tenía cabello largo, solo un tono más claro que el mío, con ojos castaños que tenían más vetas azules que verdes. Tenía algo de barba, hoyuelos en sus mejillas, y su complexión era la de un hombre que se ejercitaba. Se podía decir que Wes Mitchell era… sexy.
"¿Puedo?" Le preguntó a Benny, haciendo un gesto con su mano hacia King, que estaba boquiabierto.
"Tres años encubierto, Wes… creo que te lo has ganado." Se rio Benny, quitándose de su camino.
"Ah, Royce," dijo Wes, claramente divertido al mismo tiempo que sacudía su cabeza. "Déjame explicarte lo que acaba de pasarte. Acabas de perder todo, hombre. Se hizo una redada en el club de Dale Young anoche justo después de que te fuiste. Él está cantando tan lindo," le dijo, lo "lindo" saliendo un tono más alto. "Tu tráfico con Mandala tuvo una redada hace unas dos horas, y el campo de tiro ha sido cerrado. Tu orden de asesinar a la señorita Swan, aquí presente, obviamente fracasó pero ella tomó todo lo que le lanzaste y te lo devolvió… después de prenderle fuego. Amigo, tienes más cargos de los que puedes contar, no te quedan soldados en tu ejército, y acabas de confesar un asesinato. Demonios, no puedo recordar a un hombre que haya arrestado alguna vez que esperara pasar tanto tiempo en la cárcel. Así que es un placer decir… Royce King, tienes derecho a permanecer callado…"
Benny se rio mientras Wes le leía a Royce sus derechos. De hecho, toda la habitación parecían observar con fascinación como Wes se hacía cargo de King, y daba la impresión de que King se encogía del malvado y mítico tipo malo que había sido desde el principio a solo otro criminal. Un viejo—envejeciendo por segundo mientras Wes lo sacaba a la fuerza por la puerta de la oficina.
"¿Quieres dejar de mirar al agente federal, dulzura?" Edward canturreó en un gruñido bajo en mi oído.
Mi cabeza se giró como si estuviera en una base giratoria, y sabía que lo decía con la intención de ser gracioso, porque cada mujer en la habitación se estaba comiendo con la mirada al joven Wes, pero encontré la mirada de un hombre bastante sexy, muy divertido y algo celoso. Wes Mitchell era guapo, sí, pero nada le ganaba a lo que estaba frente a mí. Penetrantes ojos verdes, una mandíbula definida cubierta de la barba de un día sin afeitar, y mi personal sonrisa torcida—la sonrisa que me había ayudado a soportar alguna de la peor mierda imaginable—de pie allí en jeans negros y una camisa negra ajustada con mangas enrrolladas.
"¿Quién?" Le pregunté, conteniendo mi propia sonrisa al mismo tiempo que Edward sonreía, pero su respiración se detuvo cuando de pronto envolví mis brazos en su cintura, enterrando mi rostro en su fuerte pecho y sintiendo sus brazos rodearme. "Lo atrapamos," dije con un suspiro, estremeciéndome ante la realización de que nuestro más grande enemigo se había ido.
"Tú lo atrapaste, bebé," replicó en voz baja en mi oído, dejando un dulce beso en mi cuello.
Asentí y un suave sollozo se me escapó mientras me aferraba a la parte trasera de la camiseta de Edward, porque parecía algo tan surreal el que esta mierda hubiera terminado.
Sabía que Miller seguía allá afuera. Sabía que todos tendríamos que llevar un perfil bajo por un tiempo—algunas semanas, Carlisle había dicho. Estaba consciente de que había muchos más pasos para conseguir reconstruir Gravity y ponerla a funcionar de nuevo, sin mencionar el hecho de que Edward quería que eventualmente fuera a casa con él. Pero a pesar de que todavía tenía que hacerse todo eso, la parte más difícil había terminado. Habíamos eliminado a un jefe de la mafia y todo su ejército, y todos habíamos sobrevivido a ello. Todos nosotros.
"Déjalo salir, amor," susurró Edward, abrazándome con fuerza cuando la represa emocional se rompió.
Sentí otros abrazos y manos en mi espalda, incluso un beso de Carlisle en el tope de mi cabeza, pero no solté a Edward. En lugar de eso, dejé que su dulce aroma, sus brazos tibios, y su suave voz diciéndome que me amaba absorbieran todas las lágrimas de alivio, tristeza, y pérdida. No podía detenerme, no que me importara cuando él me abrazaba sentado en la silla de mi padre.
Cuando mi respiración finalmente se tranquilizó, Edward me apartó de su cuello, y suaves y preocupados ojos esmeralda estudiaron mi rostro al mismo tiempo que limpiaba el resto de mis lágrimas con sus dedos.
"Lo siento," susurré, besando suavemente sus labios.
"No lo estés," me dijo, dándome mi sonrisa torcida. "Es un milagro que no hayas estallado, guardándote todo eso."
Me sorbí la nariz y solté unas risitas al mismo tiempo porque tenía razón. "Supongo que sí. Te amo."
"También te amo, y odio… decirte que hacer," me dijo, una sonrisa irónica en su hermoso rostro.
"Pero de todos modos vas a hacerlo," terminé de decir por él, riéndome.
"Sí, malos hábitos y todo eso." Se rio, encogiendo un hombro. "Tienes que llamar a Wendell… dejarle saber que tiene que ir a la cárcel. Y m-mi p-papá quiere e-esparcir las c-cenizas de Charlie. No s-sabía si tú en r-realidad lo q-querías así… o si era por lo de King…"
Podía ver sus nervios al decirme eso. "No, lo quiero así. Lo hicimos con las de mi madre, así que Carlisle hizo bien en preguntar."
Edward asintió pero no hizo nada por levantarse o quitarme de su regazo. "¿Dónde?"
"La bahía," le dije con un gesto de mi cabeza. "La primera cita de mis padres fue en el muelle, así que sus cenizas las esparcimos en el mar. Ella siempre dijo que era lo que quería. Algo sobre ir al fin a Hawai…"
Edward se rio y asintió. "Bueno, entonces, tengo una sugerencia…"
~oOo~
"Adentro, señoritas." Edward se rio, ayudando a Rose, Alice, Makenna, y a mí a entrar al helicóptero.
"Edward, no creo que sea una buena idea," declaró Carlisle, sacudiendo su cabeza mientras tomaba el asiento del copiloto. "Todas las cenizas se van a volar al puto infierno y de regreso…"
"No, solo vamos a abrir y dejar caer todo el envase, Carlisle," le dije, ayudando a Mack y Alice a tomar sus asientos.
Era su primer vuelo, y comprendí que Edward estaba cumpliendo su deseo, allá en la cabaña de la montaña, de viajar en el helicóptero. Alice se veía emocionada, pero Makenna se veía petrificada mientras miraba alrededor de la cabina del helicóptero cuando Edward cerró la puerta y se subió al asiento del piloto.
"Relájate, Mack," le dijo Rose riéndose. "Te va a gustar."
"¿Por qué no van Jasper y Emmett, entonces?" Lloriqueó, levantando la vista cuando Edward encendió las aspas, ignorando su risa.
Carlisle se rio, poniéndose sus auriculares. "Porque ellos han viajado con él miles de veces. Y no conocían a Charlie," señaló.
Todos seguimos su ejemplo, aunque Edward primero se puso hacia atrás su gorra de béisbol.
Edward anunció su vuelo, despegó lentamente del techo de la Torre de Twilight, y se deslizó con gracia sobre la ciudad. Se tomó su tiempo, volando casi sin propósito sobre diferentes partes de la ciudad mientras el sol se ponía, pero al mismo tiempo que la mezcla de anaranjados, rojos y azules iluminaban el cielo en el borde del mundo, el suelo desaparecía por debajo de nosotros, y el océano se extendía amplio y vasto frente a nosotros.
"Dime dónde, Bella," me dijo Edward por el auricular.
"Donde sea," respondí, sacando la urna de la bolsa que trajimos con nosotras.
Aflojé la tapa pero no la quité, al saber que se saldría cuando golpeara el agua con fuerza. Desabroché mi cinturón en el momento que Edward se quedó suspendido sobre el agua, y abrí la puerta lateral. Con una última mirada alrededor de la cabina, me volví de nuevo, arrojando toda la urna por la puerta.
Vi como salió del helicóptero y luego salpicó en el agua agitada debajo, la tapa se zafó justo como lo había pensado.
"Adiós, Charlie," escuché a Carlisle murmurar por lo bajo, pero se escuchó de todos modos por el auricular.
Asentí, tragando pesadamente y levantándome para cerrar la puerta. "Adiós, papá," dije con un suspiro, cerrando la puerta con fuerza.
Pues ya cayó uno, queda el más malvado de todos, Miller. Ya veremos que hace nuestro equipo maravilla para atraparlo. ¿Qué les pareció esa escena de Bella con King, todas las revelaciones sobre la muerte de su madre? Ese hdp se fumó un cigarrillo con ella muerta en la cama! Sin duda se merece lo que se le viene, porque falta un poco más ;) Muchas gracias por leer y comentar, gracias por sus alertas y favoritos, y espero que me sigan dejando sus comentarios, ya saben que siempre es lindo recibirlos y saber que están disfrutando de la historia.
Ahora, la causa de la tardanza de este capítulo es que mi compu personal que uso para todo esto me está fallando La tengo que mandar a arreglar, pero antes quiero terminar los capis que me quedan, que no son muchos, espero lograrlo, pero les pido paciencia porque de pronto se me apaga. Y tengo que dejarla descansar, así que, trataré de sacar los capis lo antes posible, pero les pido un poco de paciencia y comprensión, la traducción sigue. Saludos y nos leemos en el próximo capi. Ahhh, y a la que me dijo por ahí que nos los amenace, no los estoy amenazando, lo que les dije y es cierto, es que depende de su respuesta si la autora, no yo, decide que puedo seguir con la siguiente historia ;) Aclarado esto, ahora sí, adiós!
