Buenos días, tardes y noches estimados lectores. Ha sido una larga espera. Seguro pensaron que me olvidaría de esta historia. Pero no. Damas, caballeros, hombres en cuerpos de mujeres, mujeres en cuerpos de hombre, parásitos alienígenas en huéspedes pervertidos, como Sombra de Maldad, es un honor anunciar, que Diario del Raromagedón ha regresado.
Si. Una larga espera. Más que nada porque el tema que quiero tocar aquí es uno que me parece muy, pero muy raro que nadie siquiera de haya interesado. Menos, los propios protagonistas de la serie. Por eso, es mi deber cívico, patriótico y maquiavélico el tocarlo. Mejor les dejo para que vean de qué hablo. Espero que lo disfruten. Pero, como siento cierto fetiche por la fantasía de revolcarme en efectivo, así como el pavor de ser asediado por abogados del infierno, la advertencia.
"Gravity Falls", sus locaciones y personajes son creaciones del brillante Alex Hirsch y propiedad del imperio de Disney. Solo los tomo prestados para narrar una historia de mi autoría sin fines de lucro... pero si me quieren dar dinero por él, no me opondré."
Diario del Raromagedón
HORA 37:14 (DÍA 2)
-¿…nada aun, Chubsball? – se escuchaba como eco en las calles en ruinas de lo que fue un casi desconocido pueblo de Oregón.
-…No, nada… ni miedo… ni angustia… no huelo nada no varonil, ni muy varonil… - informa una segunda voz grave, pareciendo provenir de algún individuo fuerte.
-…sigamos buscando… - es lo único a lo que llega como solución un hombre de cabellera cana a su compañero mitad hombre, mitad toro.
Ese extraño par, más el carpintero petrificado sobre el hombro del humano continuaban con sus andadas en aquella parte del pueblo. La erosión de los edificios se veía increíblemente acelerada para solo dos días desde que el final había empezado. Aun había llamas consumiendo algunas partes de los alrededores. A lo lejos ocasionales encuentros de bestias gigantes en las que el más fuerte salía adelante. Y para su fortuna, ningún patrullan aéreo rondando los alrededores. Si se topaban con alguna monstruosidad que el Hombretauro podría enfrentar, lo enfrentaba. Si era demasiado, o así lo consideraba Carpintero, se escondían y lo dejaban pasar.
Sin embargo, su auténtico propósito de estar muy lejos de su refugio era el buscar más sobrevivientes que les ayudaran a mantenerlo. Por desgracia, aún no han tenido la suerte de toparse con alguno. U otra criatura de naturaleza mágica que pensara en esconderse en lo que fue el poblado humano en medio del bosque. Aun ambos tenían energías para continuar, así que en silencio mantenían la marcha, atentos a cualquier indicio de otros afortunados como ellos que hayan logrado prevalecer.
-…te digo, humano. Si comieras más carne, como 10 o 20 kilos, tendrías mejores músculos… tendrías músculos. – Debido a la falta de amenazas serias que llegaron a alcanzar en un momento, el tedio se hizo presente. Por lo que una conversación no estaba demás. Siempre que no descuidaran su entorno.
-Tal vez. Pero a mi edad ya no me cae tan bien tanta carne… o a cualquier edad… - aun le parecía sorprendente las cantidades de carne que estos varoniles seres podrían ingerir.
-buf… por eso los humanos son tan enclenques… - resopla en reproche, pero tampoco iba a insistir. Es ahí cuando una duda surge en Carpintero. Uno relacionado a la especie a la que pertenecía su acompañante, y su alimentación.
-Por cierto, ¿Qué clase de carne comen…? – antes de poder terminar su duda, se percata de una sombra proyectada de las llamas.
Por mera reacción ambos buscan en donde esconderse. Carpintero lo hace dentro de uno de los destrozados establecimientos, y Chubsball metiéndose en el remolque abandonado de un tráiler. Aun bien escondidos, estuvieron pendientes de la sombra que habían visto. Lentamente se fue haciendo más y más grande. Eso los preocupo. Luego, se tornó drásticamente pequeña, cuando el adulto que la proyectaba surgió de una esquina de la calle.
-Es otro humano. – exclama sorprendido el Hombretauro al verlo.
-¡Oye, amigo! ¿Necesitas donde refugiarte? – pregunta el de traje verde, saliendo de su escondite y sacudiendo las manos para llamar la atención del otro. Pero este parecía ni haberlo escuchado. Solamente seguía su curso mientras cargaba una caja que prometia llevar comida, por la barra de pan que sobresalía de ella.
-¡Humano! ¡¿Nos escuchaste?! – grita el Hombretauro con mayor fuerza. Pero el aludido continuo su paso sin interrupción alguna. – Creo que no le interesa. Sigamos buscando.
-¡Espera, Chubs! – Frena Carpintero, mirando atentamente el caminar de ese personaje. Muy lento, pero a un ritmo constante. Su mente parecía estar enfocada en solo el frente, y no en los alrededores como cualquiera en una situación apocalíptica como la que vivían todos. – Algo de esto me parece… raro. – Dice pensativo el del moño rojo. Por un instante pensó en decir que le era familiar, pero no llegaba a él ningún recuerdo. – Debemos seguirlo.
No viendo problema en ello, Chubsball accede, y juntos comienzan a seguir a ese hombre, manteniendo las distancias por si no fuera alguien común y corriente. Los buzones que devoran ardillas les dejan claro que no todo era como parecía.
Mientras lo seguían, se percataron de la aparición de otros humanos. Algunos igualmente andaban como si todo estuviera bien, otras se notaban más despiertas y atentas al entorno. Pero en todos estaba la prioridad de solo importar lo que llevaran a donde iban: desde más comida, hasta discos de videojuegos. Eso aumentaba más la curiosidad de ambos exploradores.
Pero su búsqueda parecía llegar a su fin, cuando llegaron a la iglesia del pueblo. Su campanario lucia arrasado por algún ataque devastador, pero el resto de la estructura no parecía tan perjudicada como los demás edificios y locales. Algo raro que notaron también, fue el sonido de alguna banda tocando en el interior de la construcción religiosa. Tonadas lentas y suaves que no pudieron hacer más que irritar al Hombretauro.
-GRRR… ¿Quién demonios hace ese espantoso ruido? – cuestiona Chubsball, sintiéndose cada vez más fastidiado por la música. Cuando voltea a su compañero sobreviviente, lo ve raro. Su mirada parecía empezar a perderse, adquiriendo una cara de idiota en su opinión. - ¡Oye, viejo! – ese grito más la brusca sacudida que le hizo basto para que le hombre reaccionara de su ensoñación. - ¿Qué te paso?
-Yo… no lo sé… - dice también confundido. Un momento estaba viendo lo que ocurría frente a ellos, y al siguiente su mente se había puesto en blanco. – Vamos. Debemos ver si las personas ahí quieren venir con nosotros. Parecen tener bastante comida.
Acordado eso, caminan con paso precavido hacia la iglesia, a la vez que la música que habían escuchado se detenía, para alivio del de barba roja. Al pasar por las personas que entraban con cosas y salían sin nada, estas no reaccionaron a la presencia de ambos. Tomándolo como permiso para ello, ambos ingresan a la capilla sin muchas precauciones. Una vez atravesada la pequeña entrada por la que apenas el varonil monstruo cupo sin romper, quedaron impresionados por lo que vieron.
Los asientos de quienes asistían los domingos y eventos como bodas quedaron arrinconados hasta el frente, sirviendo como repisas para las múltiples cajas llenas de suministros de diverso tipo. Varias personas dejando estos y luego retirándose hacia el exterior, pasándolos de largo sin siquiera mirar a la velluda criatura. Unos cuantos permanecían con rastrillos y demás herramientas a modo de guardias para el grupo de tres chicos que tocaban relajadamente la música que escucharon, haciendo uso de una batería, un bajo, y una guitarra. También próximo a ese trio, una jaula donde una pareja joven se encontraba atrapada. Uno era un hombre de cabello negro vestido con un traje formal negro sin saco. Y la otra era una mujer castaña de cabello corto que llegaba hasta la nuca, vestida con un vestido rojo.
-No tengo un buen presentimiento de esto… - murmura preocupado Carpintero. Ver personas encerradas como prisioneros, y un grupo de excéntricos aparentemente a cargo le trajo malos y demasiado frescos recuerdos.
-¡Humanos! – exclama el bobino como si fuera el varonil jefe del lugar, acercándose sin miedo alguno a los chicos. A expensas de las advertencias del humano que lo acompañaba.
-¿uhm? ¡Oigan, chicos! ¡¿Quién ordeno una hamburguesa extra grande a domicilio?! – exclama en forma de burla el chico pelirrojo con chaqueta de cuero que estaba en medio de los tres, haciendo que suspendieran la tocada.
-Grrr… tendrás que tragártela como licuado cuando acabe contigo, humano. – advierte furioso el Hombretauro, tronando los nudillos para la venganza por la burla. Usualmente él era el más sensato de los Hombretauros. Pero, aquella música lo estresaba, por alguna razón.
-¡Esperen! ¡Tranquilos todos! – viendo que ya no había caso, Carpintero se pone en medio de todos, tratando de evitar que la musculosa bestia complicara la posibilidad de tener más aliados por su temperamento. – No estamos aquí para tener problemas. Solo veníamos a ver si les interesa…
-Viejo. – interrumpe otro de ellos, de cabello teñido de verde y cuya propia chaqueta parecía que le habían arrancado las mangas unos animales. – No nos interesa lo que quieran. Pero, les digo que más vale que nos hagan las cosas más fáciles, y mejor vayan si nos consiguen unos buenos videojuegos. Que los que nos trajeron ya nos aburren.
-Espera, ¿Qué? – pregunta confundido el del moño rojo.
-¿y quién te crees que eres para decirnos que hacer? – exclama desafiante el Hombretauro. La mirada de la criatura podría intimidar incluso al varonil Dan. Pero esos adolescentes continuaron luciendo arrogantes ante la poderosa bestia.
-Podríamos decirles quienes somos. Pero, creo que sería mejor cantarlo. – opina el chico de cabello azul y camiseta negra con calavera que aún no había hablado, detrás de la batería. Los otros dos asienten a lo que este dijo. Siendo el pelirrojo el que tenía la guitarra, y el azulado dueño el bajo. El dúo del campamento de McGucket miró extrañados eso.
-¡Rápido! ¡Tápense los oídos, AHORA! – Grita de pronto el hombre enjaulado, bastante alarmado. Pero, a pesar de ellos, los dos no hicieron nada, aun cuando el aparente líder de ellos marcaba el ritmo con el pie, y comenzaban a entonar una melosa melodía, en la que quien portaba la guitarra acompaño con canto.
Cuando yo pienso en ti, no pienso en mí.
Doy vueltas en mi cama…
-¡ARGHHHHH! ¡¿Qué horrible ruido es ese?! – exclama con gran asco y repudio el Hombretauro. Cubriéndose los oídos con sus enormes manos. Mientras que Carpintero, únicamente miraba confundido la escena. Y, por raro que parezca, una parte de él le decía que corría peligro.
Los chicos continuaron cantando aquella melosa melodía, muy contradictoria con respecto al atuendo que estos llevaba. Finalmente esa canción llega a su fin, para alivio de Chubsball, pero dejando la mirada del humano que lo acompañaba crispada. Viendo eso, esos adolescentes soltaron unas pequeñas risas perversas, satisfechos con lo que paso.
-Si lo que quisieron, era hacerme enojar con esa música de niñas, ¡Lo lograron! – exclama el varonil monstruo, muy decidido a aplastar huesos juveniles.
-Si. Como digas fenómeno. – dice el pelirrojo, nuevamente exhibiendo una gran confianza ante la musculosa criatura. – Oye, viejo, guardias. Encárguense de la vaca. – ordena con arrogancia, haciendo sonar una pequeña campana de mano. Enseguida los vigilantes se ponen en posición de lucha.
-Hecho. – Para sorpresa del mitad hombre, ve como el viejo del carpintero enseguida se lanzó a la barba, y la tira con apenas algo de fuerza. Pero, ese siendo su punto débil, logra derribarlo con una ridícula facilidad.
-¡Oye, viejo! ¡¿Qué demonios…?! ¡AHHH! – se corta, nuevamente siendo tirado de su gran barba.
-¡WHOOOO! ¡Eso estuvo loco, viejo! – exclaman impresionados los extraños chicos, mientras los guardias se acercaban cautelosos al furioso Hombretauro. – Tienes más agallas de lo que esperaba. – alaga el guitarrista, aplaudiendo pausadamente.
-Jefe, ¿Qué quiere que hagamos con él? – pregunta, mirando curioso a la criatura atrapada.
-Ni idea. Es otro monstruo, como los de ahí afuera. No podemos controlarlo. Es una pena, se ve fuerte la cosa. – opina el pelirrojo, mirando con cierta decepción a Chubsball.
-Ya verás que tan fuerte soy cuando… ¡AHH! ¡Deja de hacer eso! – recrimina al traidor que lo somete.
-De momento, que alguien lo amarre con algo. – Es la única opción que ve el líder de los músicos, volteándose para ver a la jaula. – Llévenlo con los otros… - sus palabras quedan al aire, al recibir el golpe del soporte de un candelabro en la frente, dejándolo inconsciente al instante.
-¡demonios! – exclaman los otros dios, notablemente muy asustados viendo a su guitarrista caer por la mano de la pareja prisionera que, sin saber cómo ni cuándo, habían salido de la jaula aun cerrada.
A paso veloz, los dos se dirigen a donde Carpintero tenia a Chubsball, siendo la mujer la que da otro golpe a la cabeza del hombre mayor, desorientándolo y quitándolo de la espalda del Hombretauro.
-¡Bien! Hora de la venganza. – dice satisfecho el gigante musculoso. En cuanto al hombre, viendo como los jóvenes estaban consiguiendo que su guitarrista y cantante reaccionara. Es ahí que saca una bolsa de carne seca y la abre.
-¡Acompáñanos, y es todo tuyo! – a pesar de que huir de alguna pelea sea de cobardes, la carne hizo que ni pensara en ello. Así que, con la mujer llevando del hombro a Carpintero y su pareja guiando al Hombretauro a partir de carne, los cuatro salen por la puerta sin que alguno de los guardias hiciera algo al respecto. Para cuando el pelirrojo finalmente pudo articular palabra coherente, tanto los prisioneros como los raros habían desaparecido.
…
-ah… ah… ah… eso estuvo cerca… - exclama jadeante la mujer.
Los cuatro finalmente habían logrado alejarse lo suficiente de la iglesia, escondiéndose detrás de una saqueada tienda de víveres. El pelinegro la ayudaba a respirar con más calma, pese a estar igual de agotado. Carpintero descansaba en el suelo, recargado en la pared. Y Chubsball terminaba de comerse toda la carne seca del empaque.
-Bien. Es hora de que paguen lo que me hicieron. Empezare contigo, viejo. – sentencia decidido pero calmo, dirigiéndose al mareado tipo.
-¡espera! No es su culpa. – interviene de pronto la castaña, poniéndose entre ambos, y buscando calmar el malestar del de moño.
-¿Cómo que no es su culpa? ¡¿Quién lo manda a tirarme de mi barba…?! ¡OTRA VEZ! – aun detestaba el hecho de que ese humano continuara explotando la única… cosa no buena de su especie.
-No puede evitarlo. Esos chicos hipnotizan a las personas con su música. – aporta el hombre, parándose a lado de la criatura como si fuera otro de su mismo tipo.
-¿Hipno que? – pregunta confundido.
-Magia cerebral que te fuerza a hacer cosas sin amenazar con dolor. – responde para simplifica.
-Que aburrido. – exclama indignado.
-Por suerte, solo el que cante esa canción puede dar órdenes a quien la escuche. – dice la mujer, viendo que el sujeto mayor empezaba a reaccionar. – aunque, el nivel de control que tiene sobre la persona, depende mucho de su fortaleza mental. Si es alguien muy débil, será como un zombi esclavo. Si es muy fuerte, parecerá que más bien fue convencido, como tu amigo. Y será más fácil despertarlo. Pero, creo que le pegue demasiado fuerte. – el Hombretauro asiente, pese a que no entendió nada.
Carpintero, aunque algo dolido ya dejo de ver doble. Así que eleva la mirada, topándose con la verde de la mujer. De pronto, unas fugaces imágenes confusas de esos ojos reflejando miedo, una noche en el bosque, y capuchas rojas golpean su mente. Asustado, el hombre con bigote se aleja arrastrando de la dama, extrañando mucho al resto, y preocupando a los humanos. Su respiración se agito drásticamente, al igual que los latidos de su corazón. Miraba a todos en intervalos rápidos, notándose demasiado consternado.
-¡¿Señor?! ¿Está usted bien? – pregunta interesado el pelinegro. Demasiado, tal vez. Dándose cuenta del comportamiento que estaba teniendo, Carpintero busca calmarse. No tarda mucho para conseguirlo.
-Este… sí, estoy bien. – lentamente se levanta del suelo, sintiéndose bastante incomodo por la escena que monto. Aun así, volvió a mirar a la mujer fijamente. Esta le devolvió la mirada confundida. – dígame, señorita… ¿Nos conocemos? – pregunta intrigado. La cuestionada se ve sorprendida.
-¿No me recuerda? – exclama, no creyendo haber oído la pregunta que escucho.
-Es "señora", por cierto. – Interviene de pronto su acompañante, parándose a lado de ella, y volteando al Hombretauro. – Yo soy Bob Smith. Ella es mi esposa, Mary. Les debemos las gracias. Si no hubieran llegado y distraído a todos, esos torpes adolescentes nos seguirían teniendo prisioneros.
-Sí, entiendo. Escuche lo que dijeron de sus poderes hipnóticos. – dice Carpintero, olvidándose de la duda interna de momento. – Pero, ¿Por qué no hipnotizaron a Chubsball? El también escucho esa canción.
-¿Hablas de ese horrible ruido? Me enojo más que la música del Multioso. – exclama, tratando de no recordar esa música.
-Parece ser que su música solo funciona con adultos y adolescentes humanos. Los niños, ancianos amargados, criaturas mágicas y rarezas son inmunes a eso. – la esposa golpea con el codo a su pareja, desviando discretamente la mirada a Chubsball brevemente como señalándolo. - ¡ah, sí! Y nosotros también. Por eso nos tenían encerrados.
-También notamos que ese hechizo deja de funcionar cuando eres consciente de él. Por eso lo tocan de vez en cuando. Para mantenerlos controlados. Si no, reproducen su música por los altoparlantes de la iglesia.
-Ya veo. – comenta el viejo entre los presentes, pensando. – No entiendo como unos chicos pueden tener esa clase de poder. Pero, no podemos permitir que sigan controlando a la gente para tenerlos de esclavos… ¿Deben de haber escuchado esa música, aunque sea solo una vez para ser inmunes? – pregunta a la pareja.
-No estamos seguros. Pero supongo que sí. – Contesta Bob, no tan seguro.
-Eso significa que si traemos a más personas del campamento para salvarlos, podríamos quedar atrapados. Y recurrir a Hipofisteron y al Multioso podría significar lastimar a las personas… me temo que estamos solos, Chubs. – para su desgracia, es la única salida que ve para poder ayudar a los esclavizados pobladores de la iglesia.
-También vamos nosotros. – Dice segura Mary.
-Sin ofender, señora. Pero esos mocos ya los atraparon. ¿Qué evitaran que lo hagan de nuevo? – cuestiona el de barbirroja, causando que Bob le mirara mal.
-Por si no lo sabían, tenemos una pareja de amigos ahí. Están bajo su control. Y no nos iremos hasta estar seguros que estarán bien. – Dice desafiante, mirando a la criatura fornida directo a los ojos. Este lo devuelve con el mismo reto.
-Muestras una mirada llena de agallas, humano. Una que no veía desde hace tiempo… me caes bien. – Chubs se relaja, y le da el pulgar en alto. – Que se queden con nosotros, viejo.
-Pero tienes razón, Chusball. Esto es muy peligroso para ellos. – dice firme el sujeto del carpintero de piedra. Smith iba a volver a objetar, pero su mujer puso el brazo frente a él, frenando cualquier insistencia.
-Esta bien si no nos dejan acompañarlos. Solo… solo prométanos que los salvaran. – pide, mirando fijamente a Carpintero con mirada de ruego. – Ellos no tienen la culpa de nada.
…
-…ellos no tienen la culpa de nada…
…
-¡AHHHH…! – grita de pronto, sujetando con fuerza su cabeza a la vez que sentía una intensa presión en la cabeza.
Todos lo ven alarmados, pero sin saber qué hacer. Solo vieron que luchaba con aplacar esa dolencia, alejándose de ellos a paso tambaleante hasta topar con pared. Empezando a sentir la respiración a complicándose por el dolor, mira por la ventana, buscando algo con que distraer su mente. Y lo encuentra… en la pintura de un ojo con una cruz al frente.
…los salvaremos del miedo…
…este pueblo oculta oscuros secretos…
…olvidar los problemas es la mejor forma de superarlos…
…nadie lo ve…
La pareja y el musculoso con cuernos solo pudieron permanecer en sus lugares, mirando como el pobre hombre combatía lo que fuera que pasaba. De golpe, el temblor causado por aquella lucha se detiene de golpe, y ven como la postura de él se relajaba notoriamente. Un cambio muy radical a como estaba brevemente.
-¿Viejo? – pregunta preocupado el Hombretauro. No entendía que acababa de pasar.
-…si les quitamos esos instrumentos, aunque canten dejara de servir. ¿No es así? – la pareja se mira sin comprender por qué hacer una pregunta obvia. Pero, igual asienten. – Ya sé que debemos hacer…
…
A pesar del ajetreo ocurrido muy recientemente, la iglesia conservaba el mismo orden con el que había amanecido. Únicamente personas de mirada vacía se encontraban en las cercanías e interior, vigilando mientras el trio de chicos descansaba encima de algunas de las cajas de provisiones. El líder de los tres sostenía una bola con hielos en la frente, mientras los otros dos lo miraban preocupados. Todo a la vez que un total de cinco grandes sujetos vigilaban.
-Oye, viejo. ¿Estas mejor? – pregunta el peliverde, notándose algo ansioso. – Esa señora te golpeó muy duro.
-vamos. Tienes que reponerte pronto. No falta mucho para que los menos controlados vuelvan. – insiste el baterista, mirando de reojo el reloj. Olvidando por un instante que ningún reloj funcionaba ahí.
-Cállense, los dos. Aun podemos reproducir nuestro disco. – dice el pelirrojo, sintiendo que el remedio servía.
-No nos duraran las baterías de auto para siempre. – replica el peli azul, voltean a ver donde los mencionados descansaban, conectados de forma que alimentaban tanto los altoparlantes, como a un pequeño estéreo.
-¡Eso ya se! Pero siempre podemos buscar más. De momento me preocupa más buscar a ese Robbie V. Si ese idiota descubre que puede tener a los sirvientes que quiera con nuestra canción, entonces no tardara para querer robarse también a los nuestros. – explica con bastante seriedad. Lanzando la bolsa al ya no sentirla necesaria. – Mejor ve a traerme una Pitt Cola. Tengo que pensar a quien mandaremos a buscarlo.
-ahhh… bien, jefe. – desganado, el del camiseta de calavera se levanta de su lugar, y va en búsqueda de lo solicitado en un rincón.
-Oye, ¿no te preocupan esos que se escaparon? La canción ya no servirá con ellos. – pregunta con duda el peliverde. Eran completamente consientes de ese inconveniente.
-Tal vez la res de gimnasio sea un problema. – el baterista miraba hasta el fondo de la caja, rebuscando entre todo para intentar dar con las latas de gaseosa, mientras los otros platicaban. – Pero, por favor. ¿Qué harían esos dos? Y más aún, ¿Qué haría ese viejo? – mientras ellos reían de acuerdo a eso último, su compañero de ropa mordisqueada ve algo que lo sorprende. Pero no alcanza a gritar, al ser amordazado con una mano, y de golpe es tirado hacia las sombras.
-Quizás tienes razón, viejo. Pero, a poco no fue loco como tiro al monstruo de un jalón. ¿No es así ami…? – voltea hacia donde se había ido el encargado de llevar la Pitt cola para el guitarrista. Sin embargo, vio que ya no estaba. – ehm… ¿Y ese a donde se fue?
-¿Quién? – pregunta el de cabello rojo, también descubriendo que su compañero de la batería no estaba donde lo habían visto ir. - ¿Y en donde se metió? ¿Ustedes no vieron nada? – pregunta a sus guardaespaldas. Estos negaron.
-Ni idea. Ahí tenemos las Pitt, ¿verdad? – pregunta inseguro el otro.
-Ve a buscarlo. – ordena el líder. Sin saber por qué, tomo su guitarra.
-¡¿Qué?! – exclama asustado el peliverde. Sabía que el pueblo ya no era aburrido y monótono. Sino un manicomio enfermo. Así que la idea de algún monstruo escondido no tardo demasiado en aparecérsele en la mente.
-Que lo busques, ¡Ahora! – aun dudando, muy visible en su mirada, el chico obedece. – Ustedes dos. Acompáñenlo. – Ordena a un par de sus hombres. Esto relaja mucho al enviado a buscar al desaparecido, por lo que más motivado va. No sin antes tomar su bajo a modo de garrote. Sin el baterista, la música ya no era opción para defenderse.
El joven músico con paso cauteloso fue acercándose al último sitio donde vieron a su amigo. El guitarrista se mantuvo en el centro del lugar, con los otros tres custodiándolo. Observando lo que su amigo y escolta hacían. Los vio llegar al rincón, al peliverde buscando alguna pista por ahí. no viendo nada, continua buscando, apenas apoyado por los encargados a protegerlos que solo ojeaban. Su búsqueda parecía infructífera. Eso se veía desde la ventajosa posición del guitarrista cantante. Pero el suyo fue el lugar perfecto donde vio como en un fugaz instante donde la mirada de los guardaespaldas estaba lejos del bajista, en la que un par de manos surgían detrás de una columna, atrapan a su compañero, y se lo llevaban de golpe.
Asustado por ello, corre rápido para intentar ayudar a su amigo, y ver al responsable. Al llegar, lo único que encontró fue al peliverde tirado en el piso. Totalmente inconsciente, con apenas un gemido audible proviniendo de su boca. Pasmado, retrocede impactado, chocando con una de las varias cajas del lugar. Pero ve que, en lugar de provisiones, albergaba también sin conciencia el primero en desvanecerse.
Esa escena fue suficiente como para que el miedo lo invadiera. Miraba a todas partes paranoico, buscando aquella sombra que le había hecho eso a sus colegas, y sin que nadie lo viera venir. Rápido ordeno a los cinco que lo rodearan, creando una barrera humana que aún no lograba hacerlo sentir calmado. Seguía vigilando con miradas fugaces su entorno. Pero seguía sin ver nada.
Es entonces que escucho unos pasos veloces pasar demasiada cerca de su escudo humano detrás de él. Al girar, no vio nada, y al parecer ni sus hombres tampoco. Volvió a ocurrir otra vez. Y otra vez. Finalmente, sus ojos logran dar con algo escondiéndose detrás de otra columna: el borde inferior de un saco verde.
-Ya te vi viejo… ¡Tras él! – con paso veloz, los hipnotizados vigilantes cargan hacia el sitio señalado, mientras el guitarrista retrocedía, esperando alejarse de cualquier conflicto, y quizás tener una vista panorámica de la paliza que tendría ese tipo por meterse con su banda.
El quinteto de vigías se acerca sin mucha discreción, pronto rodeando el soporte y encontrándose… un saco colgando de un pequeño clavo, con un carpintero petrificado en el hombro. De pronto, el muro detrás del guitarrista es derribado como si de cartón hubieran sido el material de los ladrillos. El aterrado chico no pudo siquiera moverse para evitar que ese par de velludos y musculosos brazos lo apresaran con bastante fuerza. Los guardias voltean hacia el joven capturado, en espera de que diera alguna orden.
-…yo no diría nada, si fuera tú. – el cantante escucha al viejo del carpintero, parado a lado del gigante Hombretauro sin su característico saco. - ¿Sabes? Chusball dice que los abrazos dados con todo tu corazón son signos de debilidad. Yo digo que nada malo pasaría si diera uno. ¿Quieres que lo probemos?
-Por favor. Di que sí… - murmura perverso el bobino, apretando ligeramente el agarre para remarcar que era lo que en verdad quería.
-que… ¿Qué es lo que quieren? – pregunta tembloroso el hipnotista musical, tembloroso en su precaria situación.
-Queremos que liberes a estas personas de tu hechizo, AHORA. – Demanda el sujeto serio. El mitad tauro miro curioso al humano. De pronto, este parecía adquirir un aura algo tenebrosa.
-¡No puedo viejo! Pero, se les pasa con el tiempo. Solo es cuestión de esperar. ¡Lo juro! – Responde asustado, mirando con pavor a la criatura que la retenía.
-Bueno. Es bueno saber eso. – Comenta, sintiéndose tranquilo con lo fácil que había resultado todo. – Solo queda saber qué hacer con esos chicos. Podrían volver a hacerlo si los dejamos ir.
-Yo digo que le haga a la cara con mi puño, lo que su canción hizo a mis oídos. – Exclama emocionado el ser mágico. El apresado sabía que no tenía otra salida…
-Ah. ¿Hablas de esto? – el agarre de Chubsball era casi asfixiante. Cerrándole cualquier modo de deslizarse de él y huir. Pero, tuvo la suficiente libertad como para que de la manga de su chaqueta algo pequeño bajara, siendo atajado por su mano: un control remoto. Apenas sus dedos apresaron el dispositivo, presiono uno de los varios botones con los que contaba.
Enseguida, se escuchó por los altos parlantes el sonido de una pista siendo colocada. Y pronto la melosa música que les confirió un gran poder a esos adolescentes empezó a ser reproducida. Nuevamente por reflejo del ruido que era para sus oídos, Chubsball busca taparse los oídos. Un descuido que le confirió al prisionero la libertad. Carpintero trato de atraparlo, pero el chico fue más ágil para esquivarlo.
-¡Todos! ¡Entren ahora! – grita como llamado de auxilio el pelirrojo. Las puertas de la iglesia se vieron abiertas por la estampida de guardias que ingresaron con sus armas improvisadas.
El músico nuevamente ordena que rodearan al par. Carpintero no pudo hacer nada para intentar escabullirse antes de que sus rutas de escape fueran bloqueadas. Nuevamente la ira de Chubsball se vio motivada por la música acaramelada, estando dispuesto a golpear a los humanos que le estorbaran solo porque sí. Pero una señal de su compañero basto para que haciendo uso te todo su varonil auto control se calmara. Cuando el guitarrista paro la reproducción, eso se volvió más fácil.
-Debiste dejarme estrellarle la cara contra el muro… - murmura el Hombretauro a su camarada igualmente rodeado.
-¡WUAU! Debo decir que por poco y me tenían. – dice el cantante, nuevamente rodeado con el aura de prepotencia con el que lo vieron por primera vez. – Saben. Uno pensaría que intentarían al menos conseguir refuerzos. Pero, veo que si se imaginaron que igual los tendríamos bajo nuestro control.
-¡¿Por qué haces esto?! – demanda saber Carpintero. - ¿Qué ganas manipulando a las personas?
-Seguimos vivos. ¿No es obvio? – responde soberbio, detrás de la hilera de guardias que retenían a los intrusos. – Pero, no te preocupes por ellos. Tampoco los exponemos a tanto peligro. Sabemos que esos ojos atrapan a las personas, y se las llevan a quien sabe dónde. Si tampoco cuidamos de ellos, igual terminaremos indefensos.
-¿Pero en serio necesitan tratarlos como esclavos? ¡Todos sabemos que debemos estar juntos para sobrevivir! – el lo entendía perfectamente. No por nada a pesar de la experiencia "Spott", las personas continuaron juntas con el mando de McGucket.
-Eso lo se. Pero, tenemos la capacidad de controlarlas. ¿En serio no sacarle provecho en el fin del mundo? – replica con malicia. Chubsball en verdad deseaba romperle la boca a tan cobarde humano. Someter a alguien sin violencia… - Y todo eso gracias a que aprendimos esta canción de ese misterioso chico de la piscina pública que cantaba triste con su guitarra. Nos dimos cuenta que podíamos controlas las mentes con eso, así que lo aprovechamos para hacer que la gente nos conozca, y así volvernos famosos. Pero, creo que es más practico hacer que otros vayan por cosas que queremos en el apocalipsis, en vez de arriesgarnos nosotros, ¿no piensan lo mismo?
-¿Ya puedo usarlo de saco de boxeo? – pregunta sutilmente al hombre de traje. Ver a alguien tan delgado actuando como si fuera más hombre que él le estaba quitando la paciencia.
-Los Smith vendrán en cualquier momento. – responde su compañero, mientras ven como el pelirrojo ordenaba que trajeran cadenas para el dúo.
…
HORA 38:09… HORA 37:42
-…Buscare la oportunidad para deshacerme de esos chicos. Creo poder al menos ocuparme de dos de ellos. Chubsball, a mi señal, llegaras por sorpresa y te encargaras del último. – el aludido asiente ansioso.
-Espera. Aun si logran atraparlo, tendrá a todos sus guardias alrededor. Y seguro seguirán bajo su control. – observa Bob, preocupado en fallar. – además, aun podrían reproducir esa canción por los altavoces, aunque falte uno.
-De eso se ocuparan ustedes. Es casi seguro que estén preparado para eso. Así que deberemos quitarles las bocinas, y a los seguidores. – eso genero dudas en el grupo.
-¿y cómo lo haremos? – pregunta Mary.
-Traerán monstruos a la iglesia…
HORA 37:43… HORA 38:09
…
– Si conseguimos deshacernos de esos altavoces y, solo tal vez, asustamos lo suficiente a las personas, estas volverán en sí.
-¿y cómo piensas que esos humanos harán eso? – duda el Hombretauro. Sabía que él hubiera hecho un trabajo mucho mejor al que esa pareja que apenas conocieron podría hacer.
O eso pensaba, cuando sin aviso alguno que anticipara a los que ocupaban la iglesia uno de los muros laterales de esta es destrozado con brutalidad. Dejando a la vista tras una cortina de polvo una enorme criatura que asemejaba a un monstruo de cuatro patas arácnidas, y una cabeza de un ojo con forma de puño. Y a un lado de esta, un gigante sapo con cuernos. El anfibio mutante expulsa su lengua hacia una de las bocinas, adhiriéndose está a ella, y usándola como bola demoledora azota el suelo, demasiado cerca de donde estaba los acorralados. Y la criatura puño golpea el suelo con su cabeza, causando un fuerte temblor que hizo caer a todos.
Aquellos que estuvieron bajo el control de esos adolescentes, miraron con espanto a las criaturas gigantes que irrumpieron. Olvidándose por completo de aquella canción que habían escuchado sin cesar durante todo este tiempo. Incluso el guitarrista se olvidó de aquel encantamiento musical. Y guiado por instintos básicos intenta huir. Pero Carpintero a pesar del miedo por esas monstruosidades no se paraliza, y derriba al chico. Haciendo que el control que llevaba cayera al suelo. Para ser enseguida pisoteado por Chubsball.
-¡Oh, sí! ¡Finalmente algo feo que golpear! – exclama orgulloso el Hombretauro. Pensando que esas cosas le darían una divertida pelea.
Pero, para sorpresa de absolutamente todos, aquellas criaturas solo soltaron unos cuantos alaridos más, antes de dar la media vuelta e irse por donde se fueron. Fueron segundos donde nadie había hecho comentario alguno, atentos a si esos iban a hacer algo, o en verdad se habían marchado. Viendo que no había retorno de los monstruos, finalmente suspiran aliviados. Pero esa calma no dura mucho. Pues enseguida voltean a ver al joven retenido por aquel sujeto de verde. Ni siquiera prestaron atención al gigante bobino varonil.
…
La pareja Smith se dirigía a la entrada de la iglesia, no ignorando los drásticos daños que habia sufrido tan recientemente. Con cautela, se asoman para ver el interior. Y con gran alivio ven como la mirada de todas las personas estaban llenas de alegría, alivio, miedo, preocupación, esperanza… todas tenían algo, y no solo estaban vacías. Notaron también como estas estaban divididas en 2 grupos. Ambos con mochilas, bolsas y cajas. Uno tenía a sus recientes amigos, y el otro parecía custodiar una jaula donde los tres adolescentes que jugaron a ser amos sestaban encadenados y amordazados. Fue en ese grupo donde divisaron a una pareja adulta, una que recordaron con cariño. Y sin perder tiempo fueron a abrazarlos, siendo bien recibidos por estos.
Minutos después, ambos grupos habían salido, aprovechando el cielo libre de ojos alados. Y con sonrisas de buenos deseos, empezaron a irse por caminos separados.
-entonces, ¿volverán a su campamento? – Pregunta Mary, triste por la despedida.
-Si. Convencimos a estas personas de que nuestro escondite era lo suficiente seguro. Necesitamos toda la ayuda posible para poder resistir esto. – Explica carpintero, de regreso con su saco y acariciando la estatua de su esposa. – Ojala los demás fueran también.
-No siempre puedes confiar en cualquiera. – Dice con ligera decepción el señor Smith. – al menos se comprometieron de tener a esos mocosos callados, hasta saber cómo asegurarnos de que no volverán a usar esa estúpida canción de nuevo.
-Ojala pudiera ayudarlos con eso. Si lo consigo, espero volver a verlos para eso. – Dice sonriente el tipo del moño rojo. Las imágenes que había recibido de golpe aun le parecían algo absurdas. Pero, lentamente empezaron a cobrar en alguna forma retorcida algún sentido. Si lo que vio era real, tal vez podría ayudarles con ese problema.
-Esto se está poniendo muy meloso. Iré con los otros humanos. – como cualquiera hubiera esperado, el de barba roja se marcha para alcanzar la multitud que habían tomado la delantera hacia el basurero.
-Y ustedes, ¿A dónde irán? – pregunta curioso Carpintero. Aun no entendía cual eran los planes de esos dos, ahora que sus amigos estaban relativamente a salvo. El fin del mundo seguía en casa.
-Buenos… nuestros amigos seguro estarán bien ahora. Mary y yo intentaremos contactarnos con unos "familiares". Creo que con ellos estaremos mucho mejor que con el resto de las personas. – dice Bob, determinado en su decisión.
-En verdad, no sabe cuánto le estamos agradecidos, señor. – dice la mujer con sinceridad. – Nuevamente, nos ha salvado…
-Espere… ¿nuevamente? ¿A caso nos conocemos? – pregunta confundido el señor. El dúo nuevamente se ve extrañado por esas palabras.
-¿No lo recuerda? Es gracias a ustedes que aún podemos seguir viviendo en paz aquí. Aunque sea fingiendo ser humanos. – explica la dama, dando más preguntas al hombre al que agradecían.
-¿humanos? – murmura, empezando a asustarse un poco.
-Mary. Ya debemos irnos. – su esposa asiente, dedicándole una última sonrisa a Carpintero.
Él nuevamente sintió un leve dolor en su cabeza, uno que le forzó cerrar los ojos un segundo. Antes de ello, vio a la joven pareja, viéndose aún agradecidos con él. Tras el segundo de oscuridad que le brindaron sus parpados, ya no vio a esa pareja. Sino a dos palomas frente a él que salieron volando hacia el cielo.
¿…que cosa son ustedes…?
…son algo que jamás recordaran…
Nuevas imágenes y voces hicieron eco en Carpintero. Pero, esta vez su mente se sintió diferente. Como si una densa niebla que hubiera cubierto algo importante frente a sus narices se disolviera. Y algo muy importante era tan claro que parecía obvio. Toda esa información devuelta tan de golpe se sentía como si además de ser un peso menos, fuera una carga más. Además, ideas nuevas y diferentes empezaron a crearse. Y varias preguntas que tuvo finalmente tenían su respuesta. Pero, dos nuevas se formularon. Una, que aún no se sentía listo para buscar resolver. La otra…
-¿…nadie lo ve?
Aquí Maldad de nuevo. ¿Qué opinan? ¿Digno regreso de esta serie de relatos de personajes a los que nadie importa? ¿O mejor lo cancelo, y me enfoco en Bastion Falls?
Pero volviendo a mi puchero. Esta vez dirigido al fanfom, como a la serie. Veamos, con respecto al capítulo donde Mabel y las chicas tienen a su propia banda de chicos clonados, algo curioso paso. Robbie toca una canción que prácticamente hace que una chica olvide todo su enfado por ser dejada plantada, y le dé una segunda oportunidad como él quería. Dipper descubre que esa canción ocultaba un mensaje subliminar que controlaba a las personas. Robbie admite haberla robado de otra banda, ¿y a nadie en este enfermo y loco mundo le importo que por ahí hubiera una banda con tal poder vagando por el pueblo? ¡¿EN SERIO?!
Si. Todos amamos ver como Dipper mostro ser un asco de persona al pedir una "cita" a Wendy cuando recién terminaba. Pero, ¿a nadie le intereso siquiera saber quiénes eran los que formaban aquella banda con mensaje subliminar? Sera cliché, pero sigue siendo un riesgo. Si igual Mabel desmantelo una compañía dedicada a la experimentación genética clandestina accidentalmente. ¿Por qué nadie siquiera siguió esa pista? Oh, bueno. Me dio una buena oportunidad para darle estos "estímulos" a Carpintero, así como mencionar sutilmente otra teoría del fandom que hay por ahí, y que no he visto que alguien aproveche.
Bueno, espero que para la próxima semana pueda continuar con un capítulo más, mientras sigo trabajando con el próximo de Bastion. Que está ligeramente relacionado a este. Espero que igual lo hayan disfrutado. Antes de despedirme, la traducción de la clave del capítulo HORA 16:13: MAGICOS
Interrogación.
Símbolo del compañerismo.
Debe vencer la soledad.
Y la pista del próximo capítulo.
PISTA: Si sobrevivieron la semana.
Sin nada más que decir, me despido hasta la próxima semana. Esperare con ansias sus Reviews.
