¡HOLA!
Muy tarde, pero ¡Feliz año nuevo a todos! ¡Empecemos este nuevo ciclo con las pilas bien recargadas y las energías más optimistas!
Les traigo una nueva entrega de A favor del enemigo que espero que disfruten.
…
Capítulo 28: El regreso de un viejo enemigo
Sasuke miraba a los sublíderes y miembros cabecillas de cada escuadrón ANBU.
– No imaginé que tuviera que llegar a este punto – comenzó –. En razón de mi ausencia hicieron lo que quisieron y se dejaron aplastar de un manotazo por la policía.
– No fue nada sencillo, señor, lidiar con las quejas de nuestros equipos – contestó un sublíder –. Las disensiones fueron inevitables.
– Pues, he vuelto para unificar esta gran organización.
Nadie le había preguntado por las razones de su ausencia debido a que veían que uno de sus hombros estaba vendado y no movía casi el brazo. Sabían que el escuadrón médico se había encargado de esa tarea; sin embargo, tenían curiosidad por:
– Quisiéramos saber qué le sucedió exactamente.
– Recibí un disparo… de una policía – contestó Sasuke recordando la furia de Sakura aquella vez –. Escuchen, para recuperarnos necesitamos dinero. Desde luego, pensé en que pudiéramos robarlo, y así se hará, sin embargo, carecemos de muchos recursos para nuevos ataques, y en este caso es preciso recurrir a uno de nuestros patrocinadores. Por eso, lo invité a venir aquí.
Más cercano a la realidad habría sido decir que Madara lo mandó a buscar para reclamarle por todo lo que pasó, y Sasuke no había ido porque estaba seguro de que le darían otra paliza. Y no quería más palizas. Ya le habían dado suficientes golpes Itachi, Naruto y hasta Sakura que lo terminó hiriendo con un balazo. Tras haber optado por esa decisión, Sasuke mandó a decir en un mensaje que si quería ver el estado del escuadrón del infierno, mejor que fuera por sí mismo, y Madara aceptó.
– Por primera vez – siguió diciendo – no me reuniré a solas con el mayor benefactor de la organización. Decidí que en presencia y con ayuda de ustedes, haremos el acuerdo.
Justo en ese momento ingresó el auto negro a la guarida. Tora fue a recibirlo y condujo a Madara junto con su mano derecha Zetsu al interior de la sala donde se hacía la reunión.
– Bienvenidos – habló Sasuke –. Les presento a todos el hombre al que debemos nuestras bases y cimientos: Uchiha Madara.
Nadie murmuró nada porque habría sido inapropiado, pero sí se sorprendieron de escuchar que fuera un Uchiha también.
– Siéntete en confianza. Estás frente a todos los dirigentes de la organización, Madara – dijo Sasuke –, desde La Raíz hasta el Escuadrón Médico se encuentran aquí los principales cabecillas que dirigen cada departamento, además de los sublíderes de los otros distritos.
Madara apenas echó una vista panorámica superficial. No le importaban en lo absoluto, lo único que quería era moler a Sasuke. De hecho, estaba seguro de que el muy condenado había organizado esa tertulia inútil para no verse a solas con él y recibir la paliza que se merecía.
– Qué lamentable, sólo veo un montón de caras patéticas de necesitados – dijo Madara con aires de desprecio y arrogancia –. Así de comprimidos quedaron después de haberse dejado azotar por la policía.
– Estás aquí para ayudar, no para quejarte también – se atrevió a decir Sasuke. Madara lo miró como si fuera una fastidiosa cucaracha.
– Supongo que no me queda más opción que aportar una esquirla – deliberó –. Si aún siguen siendo los profesionales que tanto presumen ser, sabrán conseguir el resto por sí mismos.
– Te dije ya que de eso nos encargaríamos – replicó Sasuke.
– Se lo prometemos, señor – habló un sublíder –. Estamos dispuestos a dar lo mejor.
– Sí – estuvo de acuerdo otro –. Con el jefe de vuelta seremos imparables.
Más respuestas en acuerdo se escucharon.
Madara levantó una ceja. Esos tontos sí que tenían fe en Sasuke. La organización en verdad se había ido abajo por la ausencia de este último. Quién lo diría. Después de todo, Sasuke sí que le era útil. Bien, ya no le daría la tunda. Era lo que menos necesitaba ahora. Tenía que recuperarse.
– Muy bien – Madara comenzó a caminar por enfrente de los presentes como el sargento que se pasea delante de sus soldados, imponiendo disciplina –. Un pequeño empujón les daré – y fijaba la vista en cada uno de ellos –, pero tengan en cuenta que no volveré a tolerar que retrocedan de los ideales de esta organización – pasó por donde estaban los del escuadrón de rastreo –. Ustedes son los dirigentes secundarios a Sasuke y me resulta inaceptable que por un pequeño percance sufrido a su líder, hayan modificado la estructura y provocado un desastre interno que el enemigo aprovechó – se aproximaba a los de la fuerza de interrogación y tortura –. Por eso les advierto que si algo parecido llega a suceder, bajo ninguna súplica volveré a socorrerlos – y ahora caminaba delante los del escuadrón médico –, especialmente si…
Madara se detuvo súbitamente de andar y hablar, mirando a alguien en específico.
Del escuadrón médico se encontraban allí los tres principales cabecillas, dos hombres y una mujer. Y dicha mujer era Rin, la que captaba toda la atención de Madara en ese instante. Los demás permanecieron quietos y callados, observándolo y no pudiendo comprender su silencioso pasmo.
Rin se puso nerviosa. Primero Madara la contempló como si viera a un fantasma, luego abrió más los ojos y sonrió macabramente. Parecía un loco. Zetsu también se fijó en ella e igualmente quedó casi anonadado.
– Todos retírense de aquí, y déjenme a solas con Sasuke y su súbdito más cercano – ordenó.
Sasuke apenas frunció el ceño, pero no rebatió. Cada ANBU fue entonces abandonando la estancia. Rin lo hizo con mayor rapidez porque le asustaba ese hombre y hasta que no salió, no se libró de su mirada.
– Sasuke – habló el gran Uchiha –, ¿Quién es esa mujer?
– Hara, líder del escuadrón médico ANBU y también mi doctora personal.
– Dime hace cuánto ingresó a la organización, qué edad tiene, cuál es su identidad real.
– No tengo idea de nada de eso – contestó Sasuke –. Cuando me posicioné como líder, ella ya estaba aquí. Qué voy a saber cuántos años tiene y como se llama realmente. Dime, tú, ¿Por qué estás tan interesado en ella? es una doctora ejemplar en cada una de sus actitudes. La mejor del escuadrón, por eso la reconocí hace un par de años como líder del mismo.
– Manda a buscar el maldito libro que tiene los datos de todos los ANBUS – exigió Madara.
– ¿Qué? – soltó Sasuke – Ese es un libro con documentos secretos y valiosos. Pocos tienen permitido tocarlo, ¿Qué es lo que pretendes?
– ¡Dije que..:!
– ¡Está bien!
El mismo Sasuke fue a traer el pesado y enorme libro que contenía en cada página la información más valiosa y verídica de cada ANBU. Aquellos cuyos nombres estuvieran en rojo, ya se encontraban muertos.
Madara lo recibió y hojeó buscando el escuadrón médico. La página de ella era la primera de la sección por ser la líder cardinal. Y allí lo confirmó:
Su nombre de ANBU era Hara, pero en realidad se llamaba Nohara Rin, tenía la misma edad de Obito y había ingresado hacían diez años a la organización con privilegios y por predilección del líder anterior a Sasuke.
Madara casi no lo podía creer, pero estaba que echaba chispas de emoción. ¡¿Cómo era posible?! ¡La muy condenada nunca murió! Pero bien que se las apañó por ocultarse en un buen lugar sin saber que volvía a caer presa en sus manos. ¡Oh, se divertiría de lo lindo con Obito!
– ¿Qué tramas? – quiso saber Sasuke al verlo sonreír de esa extraña forma.
– Nada.
En ocasiones había sentido perder control sobre Obito cuando el Akatsuki iba y hacía lo que quería o se emborrachaba cuando quería; ocasionando así contratiempos. ¡Qué bueno que había llegado a esa guarida! ¡Qué bueno que sólo él sabía que Rin estaba viva!
Volvería a agarrarla y si era necesario, haría trizas a Obito.
Madara se marchó de allí satisfecho junto a Zetsu.
...
– ¡Sasuke está herido! – se dijo Karin alarmada – ¡debo ayudarlo! – miró la gran estancia solitaria y fría donde se encontraba y recordó lo que había pasado, la traición – cierto… ya no me importa, Sasuke.
Cuando intentaron interrogarla, le enseñaron una foto del líder ANBU en su indumentaria blanca y máscara.
– Dinos todo lo que sabes sobre este sujeto – le ordenaron.
Y ella con mucha furia había hecho pedazos la foto y gritado que no le hablaran de ese imbécil porque no quería tener que ver nada con él, después comenzó a actuar diciendo una sarta de mentiras sobre lo que en realidad ocurrió: que nunca quiso hacer nada malo, que Orochimaru la obligaba a cometer atrocidades y que luego lo hizo Sasuke.
Los interrogadores se mostraron escépticos y no dudaron en volver a encerrarla
…
Sakura se despertó al percibir movimientos en su cama, lentamente abrió los ojos y se estiró mientras bostezaba.
– Sasuke, cariño… ¿Qué estás haciendo? – quiso saber – ¿tienes hambre?
El conejo caminó hasta que terminó bajándose. Sakura se estiró una vez más antes de levantarse para darle de comer. Se había acostumbrado a tratarlo con el mismo afecto verbal con que trataba al verdadero Sasuke y a veces deseaba que fuera él, tanto era así que en una ocasión soñó que el conejo se transformaba en el Uchiha, le pedía perdón y la llenaba de besos. Fue hermoso mientras duró, pero apenas despertó, se reprochó y sintió como tonta.
Sakura seguía preocupándose en secreto por Sasuke. Aún llamaba a Rin para saber cómo evolucionaba, sin embargo, ya no se atrevía a volver a visitarlo, especialmente porque él estaba todo el tiempo consciente y andaba a la perfección.
Muchas ganas tenía de volver a verlo y aunque fuese darle un abrazo de alivio y alegría porque estaba bien, pero faltó poco para que ese sentimiento se invirtiera y a Sakura sólo le provocase querer darle otro balazo. Resultó que más temprano que tarde, los ANBUS volvieron a sus andanzas, y no tuvieron mejor idea que inaugurar su regreso secuestrando un avión que llevaba encubierto un importante y lucrativo cargamento. Los ANBUS dentro del aparato eran seis, y de los más experimentados, contando a Sasuke. Habían amenazado y hecho a un lado a los pilotos, de manera que Tora y Torune (ambos expertos en aviación), tomaron el control y se desviaron del destino originalmente estipulado. Fue algo horrible para todos los pasajeros, tuvieron que doblegarse porque los dos agentes secretos que llevaba el vuelo fueron asesinados despiadadamente por los miembros de la Raíz.
– Ya saben dónde aterrizar – les dijo Sasuke a los ANBUS pilotos –. Y ustedes tres – habló los de la Raíz –, hagan lo que les dije con los rehenes.
Una vez que llegaron al perímetro privado de Madara, los de la Raíz sacaron a los pasajeros. Los hicieron caminar un largo trayecto y los encerraron en un extraño refugio de metal sin importarles que estuvieran apretados y muriéndose de calor como si fueran ganado.
La policía en compañía de las fuerzas aéreas los encontraron poco después, y también al avión hecho pedazos, residuo de alguna bomba. Cabe destacar que en uno de esos pedazos vieron el símbolo del escuadrón del infierno dibujado con pintura en aerosol. Fue toda una hazaña, y no ignoraban que desde luego alguien del nivel de Sasuke Uchiha se encontraba detrás. El líder ANBU había regresado.
…..
Nagato había hecho un buen trabajo al matar a Utakata y conseguir la pieza de seis colas, pero por primera vez a Madara pareció darle igual un logro de Akatsuki. No dejaba de pensar en…
– ¿Se la traigo? – quiso saber Zetsu.
– No… todavía, no – contestó Madara –, realmente me gustaría saber cómo sobrevivió, pero ya decidí que será ella misma quien me diga en qué fallaron mis hombres hace tantos años.
– Usualmente usted enfurece cuando alguien no cumple sus preceptos, y sin embargo, luce muy tranquilo.
– Lo estoy, últimamente he sentido que pierdo el control sobre Obito y sobre Sasuke…
– Y sobre Itachi – completó Zetsu.
Madara rugió como perro ante ese recordatorio. Ojalá también pudiese mencionar a Itachi. Le enfurecía tener que aceptar que sobre él nunca había tenido control.
– De modo que teniendo a Rin, volveré a manipular a Obito como mejor se me dé la gana. La mantendré viva hasta que él ya no me sirva.
– ¿Qué hay de Sasuke?
– Sasuke me genera muchas dudas respecto a esa policía, así que voy a tener que ponerlo a prueba de nuevo. Ya viste todas las idioteces que hizo después de que la alejó. Mira que abandonar la organización… – Madara negó con la cabeza con los labios apretados –. Tráeme primero a la pelirrosa, Zetsu. Me urge encargarme antes de Sasuke… después lo haré con Obito y para ello me traerás a Rin.
– Sí, señor.
– Conozco a los de mi sangre. Los Uchihas tendemos a ser muy obstinados.
– Contrataré a los mejores secuestradores, entonces.
– Espera un momento – Madara levantó una mano –. Mmh… hace mucho que no haces las cosas por ti mismo.
– ¿Señor?
– Ignoro si tus habilidades se han oxidado… ¿sabes qué, Zetsu? No estimo necesario gastar demasiado dinero en secuestradores de altos vuelos cuando tú eras un experto en todos los alcances del adjetivo, ¿recuerdas que solías robar, raptar y cometer homicidios sin ayuda de nadie? Quiero que tú mismo me traigas a la oficial. La quiero aquí mañana.
Madara se daba el extraño lujo de poner a prueba a sus súbditos cuando quería para evaluar sus capacidades sin importarle perderlos en dichos experimentos. Así era como se deshacía de muchos. No cualquiera podía trabajar para Uchiha Madara.
Zetsu lo maldijo para sus adentros porque tuvo que terminar aceptando. Sería difícil, apenas tenía un día para agarrarla.
– Sí, señor.
…
Esa noche hubo un pequeño accidente en el que había resultado un único herido.
– Naruto, llévate tú al culpable, yo me encargaré de éste pobre hombre – le dijo Sakura refiriéndose a la víctima –, parece que se lastimó un brazo y se golpeó un poco la cabeza.
– A dónde lo llevarás – quiso saber Naruto.
– Bueno… aquí cerca queda la clínica que administra lady Tsunade.
Llevó al herido a la clínica en cuestión donde Shizune le atendió.
– Son lesiones menores – le dijo ésta mientras le vendaba el brazo –, sólo no debería moverse demasiado. Con los analgésicos se sentirá mejor.
– Afortunadamente no pasó a mayores complicaciones – le sonrió Sakura al hombre y él se sonrojó un poco.
– Oh, Sakura, por cierto. Hace un momento llegó aquí el detective Hyuga – le dijo Shizune que terminó de vendar el brazo del hombre y comenzó con su cabeza.
– Hyuga… oh, sí, el primo de Hinata – recordó ella –. No sabía que lo conocieras.
– Claro que sí. También es amigo de Lady Tsunade hace mucho tiempo. Ella le ayudó a restablecer la salud de su esposa Tenten en una ocasión.
– ¿Por qué está aquí? ¿vino con su esposa?
– No, no está con ella. Vino solo por un dolor en sus brazos… qué extraño, ¿no?
Sakura iba a contestar que era muy extraño cuando escuchó un quejido de cerdo.
– ¿Y eso?
– Oh, no – Shizune se preocupó – El detective Hyuga no es el único herido en los brazos. La pobre Tontón casi se rompe una patita y la tengo aquí cuidándola.
Tontón era la mascota de Lady Tsunade, a la que trataban como si fuese una niña. Afortunadamente, Shizune también tenía un título veterinaria.
– Y sigue llorando – se alarmó más –. Sakura, encárgate de terminar aquí. Yo iré a ver qué le sucede a Tontón.
Sakura tomó lo poco que quedaba del vendaje y continuó rodeando la cabeza del hombre con mucho cuidado.
– No se preocupe – le dijo simpáticamente –. Soy policía, pero también tengo conocimientos en medicina.
– N-no… yo me siento bien con usted, oficial – admitió él aún sonrojado –. Gracias.
Cuando Sakura terminó, él dijo que tenía que ir a un baño. Pidió indicaciones de la ubicación de éste y se marchó, pero poco después volvió.
– ¿Aún le duelen las heridas? – le preguntó Sakura.
– No… ya estoy bien – respondió él apenado –. L-la verdad es que… desde que me ayudó a venir aquí no he podido sacarla de mis pensamientos – confesó, Sakura se asombró. El hombre se sacó de la venda del brazo una hoja de papel doblado y se la entregó.
– Esto es…
– E-es una carta de amor.
Sakura se sorprendió más.
– No estoy seguro de si la vaya a volver a ver porque no vivo en esta ciudad… por eso…
– Gracias – sonrió ella –, pero estoy enamorada de alguien más.
– Ya veo… – contestó él –. Esa persona es de Tokyo, ¿verdad? – ella bajó un tanto la cabeza y él se apenó aún más. Sonriendo dijo –. El hecho de que alguien que fue rechazado se ponga a averiguar sobre esa otra persona es una falta de delicadeza, ¿cierto? Lo entiendo… ya me voy.
– Lo siento – se lamentó Sakura al verlo dirigiéndose a la salida.
– Espero que se lleven bien… si es alguien que usted ama, estoy seguro de que es una persona maravillosa.
Desanimada porque la expectativa no era como la realidad, Sakura se sentó y puso la carta sobre la mesa. No era una persona maravillosa. Se había enamorado de Sasuke Uchiha… ella, una policía, se había enamorado del peor criminal y uno de los más buscados.
Afuera, Zetsu que se hacía pasar por Neji, vio salir al hombre que se le había declarado a Sakura. Estando la clínica tan silenciosa y casi solitaria a esas horas, vio su oportunidad y no dudó en entrar. La encontró abstraída en sus meditaciones cuando le puso una mano en el hombro.
– Oh… detective Hyuga – se sorprendió ella –. Tiempo sin verlo.
– Hola, oficial Haruno – la saludó él –. Luce usted un poco desanimada.
– Bueno…
– La comprendo… después de todo este tiempo aún no se ha podido derrocar a la organización de ANBUS.
– Sí. Tiene razón.
– Por cierto, ¿sabe usted donde puedo encontrar a la Dra. Shizune?
Ese hombre nunca le había hablado antes, de hecho, no recordaba que se le hubiera acercado tanto. Hace mucho tiempo que no lo veía. Sakura tuvo sospechas.
– Creo que está en la otra sala en la segunda habitación. Debe estar examinando a Tontón que al parecer se lastimó gravemente los pies.
– Es mejor que lastimarse las manos – contestó él. Sakura lo miró recelada –, así al menos puede hacer labores.
– Tiene razón – sonrió ella –, ya que no fueron sus manos, aún puede encargarse de las faenas más simples.
– Si… ya veo... por cierto, oficial. Ya que sé que usted debe saber de primeros auxilios, ¿puede mirar mis brazos? Me duelen un poco.
– Sí – aceptó ella apartando la vista –. Venga, tome asiento – indicó con su mano.
Zetsu sonrió y sacó de su bolsillo el pañuelo con el que la iba a dejar inconsciente. A punto estuvo de hacer su jugarreta cuando recibió un repentino codazo de ella que le sacó un quejido y lo plantó en el suelo.
– ¿Cómo lo supiste? – preguntó debajo de ella, amenazado por una de sus manos.
– ¡Los cerdos no tienen manos, maldito! – contestó Sakura.
– Te refieres a que Tontón es un cerdo…
"Esta maldita me tendió una trampa" se dijo.
– Quién eres y quién te envía – exigió saber ella apretándole más la garanta
– ¡Agh!
– ¡Contesta o te golpeo otra vez!
Y como él nada dijo, Sakura le dio un puñetazo que retumbó en el suelo. Zetsu chilló de dolor. Era más de lo que estaba acostumbrado a soportar.
– Un mafioso me envió.
– ¿Un mafioso?
Sakura reconocía que los dos Uchihas: Sasuke e Itachi, tenían vínculos con mafiosos por pertenecer a sus organizaciones, se preguntó si ese intento de secuestro habría sido consentido por uno de esos dos, pero no dudó en refutar esa posibilidad. Los hermanos Uchihas no eran así. Es cierto que Sasuke una vez la secuestró, pero lo hizo a través de sus propios hombres.
Sakura ajustó su agarre en el cuello de Zetsu.
– Sé que no hablarás mucho, pero eso no indica que no hablarás. Irás con los interrogadores más inclementes de la policía y confesarás por las buenas o por las malas. Comenzando por tu identidad.
"Esta mujer es bastante astuta" reconoció él en su mente.
– Podrás ocultarte bien disfrazándote, pero eres pésimo para ocultar la verdad –dijo por último Sakura.
Zetsu terminó en una celda.
…..
Cuando se enteró de la humillante captura a su mano derecha por parte de una insignificante mujercita, le dio tanta rabia que hasta consideró ayudar a la policía para hacer que Zetsu se pudriera en la cárcel, pero eso habría implicado exponerse él también, por eso decidió no condenarlo, se lo perdonaría esta vez.
Madara se propuso sacar su carta de la manga.
Apenas dos días después de que cogieran a Zetsu, ocurrió un terrible acontecimiento que fue atribuido a dos Akatsuki no identificados.
Shikamaru sostenía en brazos a su deprimida novia preocupada y temerosa por lo que pudiera pasar con sus hermanos menores.
– Tranquila… todo va a estar bien…
Nunca había visto a Temari tan inconsolable, pero era comprensible. Sufría por la única familia que tenía.
Gaara, el hermano más pequeño de Temari, había sido atacado brutalmente por los agresores anónimos y le habían robado la pieza conocida como Shukaku o Ichibi, demonio de una sola cola. Se sospechaba de Deidara que era conocido por usar bombas contra sus enemigos; una de las cuales había explotado cerca del hermanito de Temari, haciéndolo volar y golpearse e induciéndole un coma del que todavía no despertaba. Gaara era también uno de los mejores amigos de Naruto y por ello, éste último había llorado de rabia y pesar en pleno hospital.
Kankuro que no había soportado lo que hicieron a su hermano, se propuso buscar a los responsables. Nadie supo cómo consiguió dar con ellos, pero lo hizo, encontrando a su vez un peligro extremo pues también quedó inconsciente tras luchar contra uno de ellos y haber sido envenenado. Ahora se debatía lentamente entre la vida y la muerte.
Lady Tsunade que era la encargada de su caso, no tuvo más opción que llamar a una vieja amiga suya experta en venenos: la Sra. Chiyo, quien no tardó en acudir, y no sólo porque le simpatizaban los tres hermanos: Kankuro, Gaara y Temari, sino porque abrigaba aterradoras sospechas sobre la identidad del Akatsuki que pudo haber envenenado a Kankuro.
– ¿Qué síntomas ha tenido el muchacho? – preguntó.
Cuando Temari le habló sobre los primeros y Lady Tsunade le contó sobre los últimos, la Sra. Chiyo supo qué hacer: de su casa trajo una dosis que aplicaron a Kankuro en la vena y además un antídoto que debía ser ingerido para cuando éste despertase y que ella misma había fabricado en base a las plantas medicinales de su huerta que ella misma seleccionó. Los presentes: Sakura, Naruto, Temari, Shikamaru, Chouji, Sir Kakashi, Lady Tsunade y Shizune, se sorprendieron cuando el estado de salud de Kankuro comenzó a mejorar.
– Muchas gracias, Sra. Chiyo – expresó Temari aliviada.
– Increíble – la congratuló Lady Tsunade –, sus signos vitales se han restablecido… ¿Cómo supo qué antídoto aplicar y la medida?
– Porque – habló la Sra. Chiyo – mi nieto creaba su propio veneno mientras también cultivaba el principio activo del antídoto en nuestra casa… siempre usaba la misma medida para atacar buscando una muerte lenta y dolorosa en sus víctimas.
– ¿Qué? – se alarmó Sakura.
– A qué se refiere – quiso saber Naruto.
– Sir Kakashi – se dirigió la Sra. Chiyo a él –, por favor mande a revisar la cárcel donde está Sasori y comprueben que es él al que tienen encerrado.
El asombro fue aún mayor cuando descubrieron a un suplente casi idéntico a Sasori y al que terminaron sacando la información a peso de golpes sobre el verdadero Sasori. Sucedió que éste último había sobornado a un grupo de guardias y se había fugado de la cárcel hace casi una semana, dejándolo al impostor en su lugar.
El más peligroso marionetista estaba suelto.
…..
Itachi se inclinó ante los dos hombres que tenía enfrente, ambos figuras poderosas de la justicia que sólo acudían a actuar directamente ante los casos más extremos o de criminales mayores. Precisamente uno de ellos, el de cabello negro y largo, había sido amigo de Madara en un lejano pasado. Itachi estaba seguro de que ese hombre podría destruir al gran Uchiha más maligno que hubiera existido.
– No es corriente que nos presentemos ante personas de tu… tipo – habló el de cabello blanco –. Más vale que sea importante, niño.
– Lo es – aseguró Itachi –. Uchiha Madara está en Tokyo y ha sido el responsable de la cacería masiva de los portadores de Bijus. He solicitado verlos a ustedes porque tengo mucha información sobre él.
El de cabellos negros levantó las cejas. Su hermano entornó los ojos.
– Hemos estado investigando sobre eso por nuestro lado – le dijo el de cabello blanco a Itachi en un tono desagradable –. Pero para empezar, ¿Por qué habríamos de confiar en un Uchiha? Sabemos bien quién eres, niño. Es más, deberíamos darte tu merecido por llevar esa aborrecible sangre que…
– ¡Basta, hermano! – lo reprendió el de cabello oscuro – Yo estoy muy interesado en lo que este muchacho tiene por decirnos – sonrió simpáticamente a Itachi –. Por favor, disculpa a mi hermano menor, en el pasado tuvo algunos percances con los de tu clan. Te agradecería mucho que cooperaras con nosotros.
…..
Estando en una guarida ANBU, Tobi negó con la cabeza ante la petición de Sasuke.
– Lo siento – le dijo –. Son órdenes de Madara. Ahora que los ANBUS han recuperado parte de su poder, quiere que se encarguen del último Biju que falta por robar. Y que seas tú personalmente quien acuda en su búsqueda.
– Pero me acabas de decir que ya se lo ha encargado bien a dos Akatsuki – replicó Sasuke –, ¿acaso es otro de sus estúpidos jueguitos para confrontar ambas organizaciones?
– Temo que es así – asintió Tobi –. Y también a ambos hermanos Uchihas ya que los Akatsuki encargados para la misión son Kisame e Itachi.
"Madara es una mierda" Pensó Sasuke al cerrar los ojos con fastidio. Sólo eso faltaba. Tenía ganas de dejar a Itachi la captura del Biju porque después de todo, iría a parar a las mismas manos. Ya no había competencia entre ambas organizaciones.
En ese momento se acercaba a la estancia Rin para notificarle a Sasuke de un fallo en uno de los aparatos electrónicos de medicina de la guarida, pero al escuchar una segunda voz que acompañaba a la de su jefe y que tenía un extraño y aparente vestigio de un recuerdo del pasado, se detuvo y se asomó cautelosamente para ver de quién se trataba.
– Entiendo que te moleste, pero ya sabes cómo son las cosas…
Al observar al hombre vestido de negro y portando en su rostro esa inconfundible máscara anaranjada en espiral con un solo agujero que permitía la visión de un solo ojo, el corazón de Rin se aceleró como hace mucho tiempo no sucedía y se ocultó tras la pared con las manos en el pecho.
"Oh, no… es Tobi… el líder de los Akatsuki".
No sabía qué hacía allí, pero tampoco se quedaría para averiguarlo. Rin le tenía miedo a Tobi.
– Hay alguien allí, espiándonos – apuntó Tobi mirando recelosamente la entrada –. Iré a ver.
Rin se sobresaltó y salió corriendo como alma que lleva el diablo a esconderse lejos de allí. Tobi no halló a nadie.
– Se ha ido quienquiera que estuvo aquí.
– No te preocupes – le dijo Sasuke –, en esta guarida hoy sólo se encuentran algunos miembros del escuadrón médico, Tora y yo – se levantó y fue hasta donde estaba Obito en la entrada –. El olor del perfume femenino que dejó es inconfundible. Sin duda la que estuvo aquí fue Hara, mi doctora personal y líder del escuadrón médico.
Tobi inhaló profundo y dejó escapar el aire lentamente para volver a inhalar.
– Huele exquisito – reconoció deleitado.
….
Sakura observaba los tubos de ensayo mientras recordaba lo que había pasado:
La Sra. Chiyo después de haber escuchado la confirmación de que no era su nieto quien estaba en la cárcel, llamó a la oficial para hablar con ella en privado.
– No me sorprende que esto haya pasado – le dijo –. En realidad nunca tuve mucha fe en el confinamiento de Sasori… es un muchacho muy osado y astuto.
– No se preocupe, haremos lo posible por recapturarlo – prometió Sakura.
– Oh, querida… eres tú quien debería estar preocupada. Yo lo estoy desde luego, pero por ti – replicó la anciana –. Estoy casi totalmente segura de que Sasori intentará matarte con su veneno.
– Con su… veneno…
– Sakura, es mi deber y mi decisión no sólo prevenirte de lo que te pueda ocurrir, sino también de ayudarte en cuanto esté a mi alcance en caso de que inevitablemente suceda.
Sakura tragó saliva y aceptó. La Sra. Chiyo la llevó a su casa y allí le enseñó a preparar el antídoto que contrarrestaba los efectos del veneno de Sasori, luego le entregó varios tubos de ensayo con contenidos a un mismo nivel de cantidad.
– Estos – le enseñó los más pequeños – deben ser aplicados por vía venosa. Sólo tengo estos pocos así que úsalos con sabiduría. ¿recuerdas que te dije que Sasuke Uchiha fue envenenado por Sasori cuando vino aquí para salvarte? – Sakura asintió – Uno de estos fue el que le salvó la vida – agarró ahora uno de los más grandes – estos son de los que acabamos de preparar; a diferencia de los anteriores, pueden fabricarse con mayor facilidad, usando las plantas medicinales que te enseñé. Como ya sabes, deben ser administrados por vía oral. Son desagradables al paladar, pero muy eficientes. No salgas sin ellos, y si necesitas más, no dudes en venir aquí por las plantas.
– Muchas gracias, Sra. Chiyo… pero, me gustaría saber por qué cree usted que Sasori intentará matarme con veneno.
– No descartemos lo evidente, Sakura: mi nieto ha de odiarte – comenzó ella –. No es muy amante a las armas de fuego, desde muy joven estudió todo tipo de toxinas hasta desarrollar el veneno que utiliza para atacar a sus blancos. Por muy pequeña que sea la cantidad de esa ponzoña en el torrente sanguíneo, provocará que la persona afectada se paralice dolorosamente hasta morir en el tercer día… por otro lado– la Sra. Chiyo cerró los ojos –, Sasori sabe que además de él, yo soy la única persona capaz de crear el complejo antídoto para el veneno, de manera que me está poniendo a prueba a mí. Si te ataca, querrá saber qué ocurrirá.
– Es decir que si no muero, Sasori se dará cuenta de que usted me ayudó.
– Exacto – la anciana tomó las manos de Sakura –.Te has ganado mi aprecio, admiración y respeto. Cuídate mucho de mi nieto, querida niña.
Sakura suspiró. No le temía a Sasori, sin embargo, reconocía que sería muy complicado atraparlo de nuevo. Sería mejor que llamara a Naruto. Tenía un plan para atraer al marionetista a una trampa.
En otra parte, Sasuke iba en camino a su casa en la zona baja, pero se detuvo de súbdito cuando escuchó el sonido muy familiar de un celular, confirmando por fin lo que ya había sospechado un kilómetro atrás: alguien lo estaba siguiendo. Y le sorprendería si no fuera porque ese alguien ya llevaba días haciéndolo.
– Sal de allí de una vez – le dijo al individuo oculto.
Y Naruto se sintió bastante torpe saliendo de su escondite y contestando a la vez la llamada.
– Sakura.
– ¿Dónde estás? – inquirió ella – Necesito hablar contigo.
– Primero hablaré con El fantasma – respondió el rubio mirando a su mejor amigo que también lo miraba, pero con fastidio –. Nos vemos después.
– ¿Estás con Sasuke?
– Sí, pero no te preocupes.
Cómo no iba a preocuparse si la penúltima vez que se vieron casi se mataban.
– Dime dónde estás – exigió ella.
– No, Sakura. Esto es entre él y yo. Si vienes, puede que las cosas empeoren. Además, este sitio no es seguro.
Sakura volvió a demandar el nombre de su ubicación y Naruto seguía negándose, hasta que se dio cuenta de algo y se rindió:
– De acuerdo – dijo por último –. Sólo cuídate mucho.
A Naruto le pareció extraño que ella desistiera tan fácilmente, pero ignoró ese detalle y se guardó el celular.
– Qué es lo que quieres, perdedor – lo retó Sasuke –. En verdad tienes agallas por haberme seguido hasta aquí, Naruto.
– Quiero hablar contigo.
– No me vengas con estupideces otra vez… te partiré la cara si no te apartas de mi camino.
Sasuke se había negado a seguir el consejo de Itachi. No deseaba que Madara se metiera con sus amigos y tampoco era el momento de arriesgarlos. Mejor era que las cosas se quedaran como estaban, por lo pronto.
– ¡Ya aléjate de mí! – le gritó enojado – ¡soy uno de los criminales más buscados y tú eres de la policía! ¡¿no te has dado cuenta de todo lo que he hecho?! ¡por qué sigues insistiendo en conciliar inútilmente!
– Porque tú y yo somos amigos – sonrió simpáticamente Naruto.
El Uchiha cambió su expresión de enojo a una de pesadumbre. La única y mayor verdad era que en el fondo amaba a Naruto como si fuera un hermano. Qué difícil era alejarlo cuando él… ese tonto no dejaba de buscarlo.
– Piérdete de una vez, Naruto… hazlo cuanto antes o saldrás muy mal herido.
– No, Sasuke… te salvaré de...
– ¡Salvarme de qué, idiota! ¡aquí el único que está en peligro eres tú!
Y arremetió contra él como toro enfurecido, Naruto que no quería pelear, lo recibió con la intención de actuar evasivo ante sus ataques, pero fue muy difícil porque Sasuke era rápido, de tal manera que no le quedó más opción que defenderse también dándole golpes. Por minutos soslayaron sus puños y patadas y otras veces se dieron en la cara y el cuerpo. La pelea se alargaba porque para empezar, nadie en esa zona los detenía sino que sólo los observaban y en secreto apoyaban al uno o al otro. Fue así hasta que apareció una camioneta negra de la que bajaron seis hombres con los rostros cubiertos por unas máscaras extrañas y nunca antes vistas, caretas de muñecos con la boca cuadrada y aparentemente de madera y vestidos con túnicas oscuras. Hasta el más ignorante de la concurrencia supo que representaban peligro, así que todo el mundo empezó a correr mientras los nuevos individuos se aproximaban.
– Es al de cabello negro, ¿no? – preguntó uno.
– Sí, pero ya que está aquí el policía del que nos hablaron, acabémoslo primero.
Fue la peor suerte que ninguno de los dos estuviera armado. Tres hombres agarraron a Naruto y lo golpearon sin clemencia hasta que le sangró la cabeza, la nariz y la boca. Eso mientras Sasuke era sujetado por otros dos y el último grababa la horrible escena.
– ¡Naruto! – exclamaba el Uchiha con impotencia y desespero, intentando zafarse – ¡No!
Uzumaki Naruto, con su fuerza inquebrantable, su fe acérrima y sus infinitas ganas de luchar y mantenerse en pie siempre, no mostró flaquear a través de dolorosas sonrisas irónicas y la voluntad por levantarse cada vez que caía, hasta que fue su cuerpo el que lo obligó a mantenerse estático por no poder resistir más.
– ¡Naruto! – seguía gritando Sasuke.
– Muy bien – habló el que parecía el líder de los enmascarados, que era el que grababa –, el otro está ansioso y deseoso de que llegue su turno. No lo hagamos esperar más.
Y en seguida se ocuparon de darle a Sasuke su paliza: dos lo sostenían y el tercero lo golpeaba en tanto los otros dos seguían moliendo a Naruto. Sakura llegó justo en el momento en que lo vio caer arrodillado y luego yéndose de boca hacia el frente como un muñeco… inerte.
– ¡Naruto! – exclamó a lo lejos mientras corría.
– ¡Demonios, es una policía! – avisó un enmascarado – larguémonos ya. Pudo haber traído a más.
Los agresores comenzaron a subir a su auto, pero entonces uno de ellos, sacó de su túnica una daga venenosa.
– Casi se me olvida tu regalito, amigo mío – le dijo a Sasuke antes de cortarlo en la espalda casi a la altura de la nuca.
El Uchiha rugió de dolor.
– ¡Sasuke, no! – gritó Sakura escandalizada.
Por desgracia no llegó a tiempo para atrapar a uno solo de los enmascarados, y aunque lo hubiera hecho, no creía que le hubiese dado importancia. Su mejor amigo y el amor de su vida estaban muy mal heridos.
– Sasuke – llegó ante él, viéndolo quejarse cada vez más de su dolor mientras con una mano intentaba tocarse la última herida.
Inclinado en el suelo, Sasuke sentía que esa zona le quemaba. Apretujaba los dientes y se quejaba desde la garganta. La vista se le oscurecía y ya no toleraba más. Sólo escuchaba la voz de ella.
– Sasuke – insistía Sakura preocupada –. Qué sucedió, qué te hizo… Sasuke…
Él apenas disminuyó un poco sus quejidos porque se hacía cada vez más débil. Logró entrelazar una de sus manos a la de Sakura, apretándosela, urgido por recobrar fuerzas para soportar lo que le ocurría, mientras ella intentaba consolarlo de su malestar.
– Tranquilo – le decía – Tranquilo… vas a estar bien – en ese momento Sasuke quedó inconsciente dejándose caer en el regazo de ella. Sakura afligida lo abrazó –. Sasuke… – le dieron ganas de llorar y desesperada entonces exclamó – ¡Naruto, Sasuke está herido, te necesito! – pero sabía que Naruto estaba igual y lejos de poder contestarle siquiera – ¡Naruto! – gritó desolada y ya liberando su llanto. Un grupo de cuervos salieron volando por su voz y ella se aferró más a Sasuke –. No sé… qué se supone que deba hacer.
Bajo la sospecha de que aquellos hombres pudieran vigilar a Sasuke y a Naruto en cualquier centro de salud, Sakura tomó la decisión de ocuparse de ellos, así dos horas después se encontraba cuidándolos encerrada en la casa del sr. H que afortunadamente no estaba lejos del lugar donde ambos cayeron inconscientes. La única persona de esa zona que la ayudó a cargar con ellos fue un hombre de unos treinta años que le dijo que no podía hacer más por ella y le recomendó que llamara una ambulancia.
Una hora más transcurrió cuando por fin Naruto despertó:
– Uhmm – comenzó a desperezarse –. De veras, qué siesta tan grandiosa – y quiso sentarse, pero le dolía el cuerpo –, ¡Oh! ¡Ough!
– Naruto – Sakura se acercó más a él
– Saku… dónde estamos – seguía hablando el rubio –. Me duele la cabeza… qué pasó con los hombres que…
– Tranquilo… por favor, quédate quieto. Sólo he podido detener tus sangrados mientras dormías – le trajo un analgésico del botiquín del sr. H –. Tómate esto para aliviar el dolor. Tienes que descansar.
Él se tragó la cápsula con agua cuando Sasuke comenzó a mover sus cejas y párpados intentando despertar hasta que lo consiguió.
– Oh, Sasuke – susurró Sakura queriendo llorar conmovida, agradeciendo a Dios que ambos estuvieran despiertos –. Me alegra que estén bien.
Sasuke se quitó el paño húmedo que ella le había puesto en la frente para la fiebre y con un poco de esfuerzo se sentó.
– ¿Nos estuviste cuidando todo este tiempo? – inquirió el Uchiha.
– Gracias, Sakura – expresó Naruto.
– Creí que… – Sasuke la miró para terminar la oración en su mente "creí que moriríamos".
– Pudiste haber muerto, Sasuke – comenzó Sakura –. El corte te lo hicieron con un filo envenenado. Yo te he aplicado el antídoto.
Sasuke bajó la mirada. Ella lo había salvado. Otra vez lo ayudaba… se sentía avergonzado.
– Cómo, Sakura – quiso saber Naruto –. Quiénes eran esos hombres… y cómo fue que llegaste aquí. Nunca te dije dónde estábamos… y por cierto, ¿dónde estamos ahora?
– Esos hombres, a juzgar por su indumentaria, las imágenes de sus máscaras y por el antídoto que me dio la Sra. Chiyo hiciera efecto en Sasuke, deduje que eran las marionetas de Sasori. Fueron enviados por él para matar a Sasuke y como estabas tú también presente, no dudaron en atacarte. Supe que estabas aquí por las palabras que utilizaste mientras hablábamos: primero nombraste a "El fantasma", y este es el único lugar donde conocen de esa manera a Sasuke, y segundo, me lo confirmaste cuando dijiste que era "sitio peligroso".
– Oh… es cierto. Ni me percaté… qué astuta fuiste, Sakura.
– En estos momentos nos encontramos en la casa del sr. H. un buen y querido amigo que tuve y que solía vivir aquí. Llegó a darme tanta confianza que me permitió el acceso a este lugar regalándome una copia de las llaves.
– Entiendo… ¡vaya, qué suerte tuvimos! – Naruto se dirigió al Uchiha – Hey, Sasuke, ¿ya le agradeciste a Sakura?
– No hay tiempo para esas cosas – contestó él, intentando ponerse de pie –. Tengo que acabar con Sasori.
Sakura frunció el ceño.
– Ninguno de los dos irá a ninguna parte por ahora – habló determinante.
– ¿Y quién me lo va a impedir? – la retó Sasuke – ¿tú?
– Oye… – quiso intervenir Naruto.
– ¡Vaya que te gusta ser pendenciero, Uchiha! – le reprochó Sakura – ¡no me obligues a darte otro balazo!
– ¿Para después compensarlo con flores? – se burló Sasuke y ella enrojeció de pena y rabia.
– ¿Eh? – Naruto ladeó la cabeza por incomprensión.
– ¡Y-yo… l-lo hice porque creí que estabas en tu lecho de muerte! – intentó excusarse – ¡sería lo último que haría por mi enemigo!
– Llevar flores al criminal que atacas, ¿es esa una nueva especie de guasa? – continuó Sasuke.
– Oigan… – habló Naruto otra vez.
– ¡Aquí el único payaso eres tú, Uchiha! – explotó Sakura – ¡y si te atreves a salir…!
– ¿Qué sentido tiene confinarnos? En algún momento Sasori se enterará de que estamos aquí y entonces nos matará a los tres de una vez. No perderé mi tiempo en este lugar cuando puedo organizar a mis hombres y vengarme de ese desgraciado. Lo haré pagar por esto.
– ¡Hey, ustedes, ya deténganse! – pidió Naruto impaciente.
– ¡Tú cállate! – ordenó Sasuke enojado.
– ¡No te metas en esto! – bramó Sakura sulfurada y miró a Sasuke – ¡En cuanto a ti…! ¡siempre es el mismo maldito problema! ¡no ocupa otra cosa en tu cabeza más que la venganza, el poder y la arrogancia! – respiraba velozmente y sentía no poder controlarse – ¡¿no te das cuenta, grandísimo imbécil, de que si no permaneces bajo mis cuidados te puedes morir?! ¡aún estás en peligro!
– ¡¿Y por qué te importa tanto?! – cuestionó a su vez Sasuke, dejándola sin palabras.
Sakura abrió los ojos y una leve expresión de tristeza, combinada con el enojo que aún la poseía, se instaló en su rostro. Había actuado guiada por el amor y afecto que sentía por ellos y era tal la disposición de pretender seguir cuidándolos, aunque la vida se le fuera en ello, hasta asegurarse de que estuvieran a salvo, que se olvidó de ocultar sus temores… más en concreto, los que respectaban a la vida de Sasuke.
¿Por qué tuvo él que ponerlos de manifiesto de esa manera? La ridiculizó.
Si tan sólo supiera cuánto sufrió al verlo inconsciente y temerosa de su muerte, si supiera lo que le costó llevarlos a ambos allí, lo nerviosa que estuvo mientras los curaba temiendo que se pusieran peor o se le fueran a morir, lo que se esforzó por mantenerse alerta y pendiente de que el enemigo no volviera y desde luego, lo paciente que fue al esperar con el corazón en la mano a que despertaran porque quería volver a ver sus ojos negros y azules y escuchar sus voces por muy estúpidas u odiosas que fueran las cosas que dijeran.
– No debería haber una razón – asintió ella con rigidez, ya estaba harta –. Puedes hacer lo que quieras.
Y se retiró de allí hacia el patio trasero de la casa.
– Eres un idiota, Sasuke – le reprochó Naruto.
No era mentira. Naruto tenía toda la razón. Por mucho que quisiera enmendar sus errores y cambiar su actitud desagradable, reconocía que aún quedaban vestigios de su iniquidad. Tenía que enfocarse en el cambio si realmente pretendía conseguirlo. Y ello comenzaba con un perdón.
Sasuke fue a donde ella estaba. La encontró de espaldas muy enojada.
– Sakura…
– Ya te puedes largar – espetó ella.
– Escucha… la verdad… no debí decir eso… lo lamento – se ubicó a su lado, pero Sakura volteó la cara hacia el otro lado –. Sakura.
– Tal vez deba irme yo.
– No digas eso… tú eres mejor bienvenida aquí que yo.
– ¿Por qué sigues aquí, entonces?
– Necesito que revises mis heridas…
– No soy doctora… hay mejores especialistas en los ANBUS.
– Ninguno de ellos conoce la cura a mi mal… por favor, Sakura…
– Adiós, Uchiha – y se volteó para irse.
Sasuke fue quien ahora frunció el ceño, tomándola de un brazo para detenerla y soltándola casi de inmediato cuando ella le lanzó una mirada de reprensión que le recordó que no tenía ningún derecho a tocarla.
– Debes estar pensando que soy imbécil y no te equivocas – le dijo honestamente –, estoy intentando cambiar mi actitud porque ya no quiero cometer estupideces, sin embargo, aún procedo algunas veces por impulsos… como hace un momento… por eso, Sakura, creo que al menos… deberías considerar un poco la vida de este imbécil.
– Eso estaba haciendo – replicó Sakura –, pero fuiste tú mismo quien me pidió que dejara de hacerlo, ¿creíste acaso que te iba a suplicar que me dejaras curarte? Tienes toda la libertad de ir a buscar a Sasori…
– ¿Y morir a mitad del camino?
– Ya hice lo que tenía que hacer, sólo necesitas descansar. Además, eres responsable de tu propia vida.
– No… el hilo de mi vida en estos momentos está en tus manos.
– Pues si fuera Átropos, lo cortaría.
El ANBU entornó los ojos primero y luego se echó a reír de verdadera gracia por primera vez en mucho tiempo. Parte de su diversión contagió a Sakura haciéndola sonreír y sintiéndose tonta por haber echado a perder todo su enojo con ese simple gesto.
¿Qué estaba haciendo? ¡Era su enemigo! ¡El hombre que tanto daño le había hecho y al que había estado dispuesta a matar con anterioridad! ¿Qué significaban esas actitudes serenas y joviales en ambos?
Oh… a quién quería engañar… lo amaba, por supuesto, y le aliviaba que él se hubiera disculpado esta vez. No podía negarle su perdón y mucho menos vedarle la vida.
– Tú eres mejor que yo – le dijo él por último.
Sasuke volvió adentro y se confortó al ver que al poco rato ella lo hiciera también. Había tomado la mejor decisión.
– Atiendan los dos – llamó la atención del ladrón y el policía –. Ya es un poco tarde para salir los tres de este lugar considerando que es peligroso afuera y no se encuentran en las mejores condiciones, así que nos quedaremos aquí.
– De acuerdo, yo no tengo problema – estuvo de acuerdo Naruto.
– Hmp – Sasuke asintió.
Para asegurarse de que nadie los viera, Sakura los llevó a ambos al gran recinto subterráneo y secreto de esa casa. Improvisó una cama para Naruto con sábanas, edredones y almohadas de la estancia de arriba, de modo que Sasuke se recostó en la del sr. H, una bastante espaciosa y cómoda.
– Este lugar es genial – decía el rubio manoseando algunas cosas.
– ¡Demonios, Naruto! – gruñó Sasuke – si llegas a romper algo te advierto que…
– No romperé nada… además, esta casa no es tuya, teme.
– ¡Claro que…! No es mía, pero al hombre que vivía aquí no le agradará encontrar sus cosas rotas o desubicadas cuando regrese así que deja de… ¡rayos y truenos! ¡no toques esos instrumentos, maldición! ¡te estás buscando más golpes!
– Oye, no me amenaces, ¿ya se te olvidó quién ganó en la pelea?
– ¡Basta los dos! – los regañó Sakura – ¡cielos, es como estar entre dos niños! Naruto – señaló al chico –, él tiene razón, será mejor que no toques nada, yo misma siento que estoy abusando de la confianza del sr. H al traerlos aquí, pero no me quedó más opción; y en cuanto a ti, Uchiha – miró al ANBU –, no te conviene exaltarte y menos empezar riñas innecesarias. Quédate recostado en la cama, tienes que descansar. Yo iré a buscar algo de comer para todos. Pórtense bien.
Sakura admiraba la resistencia física de esos dos, en especial de Naruto que parecía tener fuerzas infinitas (de hecho, intentaba emularlos), pero todo sistema funcional necesita una fuente y el cuerpo humano no era la excepción. Cerró con llaves y salió sin preocuparse demasiado por la seguridad de ambos pues ahora sí estaban armados con cuchillos de cocina, un arma de fuego y un hacha que ella les proveyó. Volvió después de una hora con la cena y los encontró discutiendo por tonterías.
Ese par no tenía remedio.
Tras haberse saciado hasta quedar bastante lleno, Naruto se quedó dormido y comenzó a roncar. Sakura limpiaba y acomodaba las cosas en la oscuridad parcial y Sasuke en silencio y bocabajo la observaba con un ojo.
– ¿Sigues enojada? – le preguntó al cabo de un rato en voz baja.
– Un poco – respondió ella lacónica – ¿te sientes bien?
– Sí… – él se acomodó hasta quedar de medio lado – oye… sé que he cometido demasiadas tonterías. Y mucho me sorprende que ya no me persigas como antaño… recuerdo que estabas muy empecinada en atraparme… de hecho, casi acabas con mi organización hace poco. Debería felicitarte por eso.
– A mí también me sorprende mi cambio – confesó Sakura –. Estoy muy confundida sobre mí misma respecto a ti… pero la verdad… la terrible verdad es que ya no quiero matarte.
Sasuke sonrió elevando una sola comisura, indirectamente Sakura no dejaba de demostrarle que todavía lo amaba.
Tenía algo de sueño, pero no quería dejar de hablar con ella. Se sentía en paz de esa manera.
– Déjame ver tu herida – dijo ella inclinándose ante la cama de él.
Revisó el vendaje y se conformó con darse cuenta de que al menos ya no sangraba. Desde que se la hicieron había tenido que cambiársela dos veces. No sería necesaria otra, por lo tanto.
– Muy bien… vas a mejorar – le aseguró.
Iba a ponerse de pie, pero él se lo impidió al sujetarle una mano.
– A dónde vas.
– A dormir.
– ¿Arriba? – inquirió Sasuke.
– No… me quedaré en la silla que está en la esquina – señaló ella dicha esquina.
– Será muy incómodo para ti.
– No tengo opción.
– Claro que sí… tienes dos, la primera es que yo podría sacar a Naruto de su cómodo lecho improvisado para que duermas en él…
– Olvídalo. No soy tan mala con Naruto. Él lo necesita más, está herido.
– Y la segunda es que te quedes conmigo en esta cama – acentuó su agarre en la mano de ella, transmitiéndole un innegable anhelo.
A Sakura le saltó el corazón y abrió más los ojos. Se imaginó que se quedaba en la cama con Sasuke, que en algún momento él le pondría una mano encima para abrazarla, que si llegaban a encontrarse sus rostros en la oscuridad no podrían evitar besarse y que después de muchos roces acabarían haciendo el amor… con muchas ganas… con pasión… como antaño...
¡No! ¡Por todos los santos de la corte celestial, no! Ella no podía dejar que eso pasara. De ninguna manera debía llegar a ese punto. Sería como tirarse por voluntad propia a un contenedor de basura.
Sasuke levantó una ceja. Desde que lo propuso sólo la vio quedarse callada, sonrojarse y tragar saliva.
– ¿Cuántas imágenes acaban de pasar por tu cabeza, Sakura?
– ¡¿Q-qué?! – se escandalizó ella – ¡no he pensado en lo absoluto…!
– Sshh… vas a despertar al torpe de Naruto – advirtió él –. No hizo falta que te inventaras escenas, ¿verdad? Recordaste lo que solíamos hacer.
– Yo no…
– Yo hice lo mismo.
– Basta – intentó librarse de su mano –, suéltame, Sasuke… no compartiré la misma cama contigo… somos enemigos.
– Eso no nos detuvo antes cuando llegábamos tan lejos – replicó él –. Pero ya no podemos, Sakura. En estos momentos no sé qué te preocupa; además de estar muy magullado, cansado y apenas salvado de morir envenenado, aquí se encuentra Naruto; ¿piensas que sería capaz de intentar algo contigo? Sólo quiero que duermas cómoda como mereces después de haber estado tan pendiente de nosotros. Y es cosa que no conseguirás en esa silla pequeña de madera.
– Iré arriba, entonces.
– Sakura – él la jaló un poco –, allí no es seguro y lo sabes. Lo mejor en estos momentos es aparentar que no se encuentra nadie en la casa. Esta cama es lo suficientemente espaciosa como para dormir ambos sin llegar a tocarnos un centímetro.
Ella miró la cama y supo que tenía razón, pero no dejaba de dudar.
– Ven – la incitó Sasuke –. No seas terca, yo apenas me puedo mover … también quiero dormir.
– Entonces hazlo. Necesitas descansar.
– No lo haré mientras tú estés despierta.
Sakura emitió un pequeño gruñido.
– De a… cuerdo – aceptó a regañadientes.
Tomó una almohada extra y con cuidado de no tocarlo en lo absoluto, se recostó al lado de él al otro extremo de la cama y se volteó dándole la espalda a propósito quedando un espacio vacío entre ambos.
– Descansa – le dijo Sasuke.
– También tú – contestó ella.
Ninguno de los dos pudo dormir por varios y largos minutos. Por sus cabezas pasaba lo mismo: estaban durmiendo al lado del otro cuando habían creído que sería imposible, y se acordaban de las muchas cosas que hacían cuando tocaban una cama.
A medida que transcurría el tiempo también aumentaron sus deseos. Sakura no se atrevía a tomar una iniciativa porque tal atrevimiento contradiría su posición, pero estaba suplicando que él lo hiciera porque quería volver a sentirlo, aunque fuera un poco al tacto.
Después de casi una hora fue que percibió movimientos detrás de ella, Sasuke se estaba reacomodando. Lo que no esperó fue llegar a sentir el brazo de él rodeándola suavemente por la cintura. A ella se le erizó la piel y se obligó a contener la respiración cuando sintió el torso desnudo de él en su espalda y la cara metida en su cabello rosa. Sasuke aspiró profundamente y ella relajó el cuerpo. Así fue como él se dio cuenta de que estaba despierta y de que al parecer, no rebatiría.
De esa manera se quedaron por fin dormidos, y muy cómodos el uno con el otro.
En la madrugada, Naruto se despertó accidentalmente cuando al intentar acomodarse acabó lastimándose un golpe. Se talló los ojos y bostezó. Buscó a sus amigos con la vista y al encontrar a Sasuke dormido en la cama, se percató de que no estaba solo. Naruto se sorprendió tanto que lo quiso ratificar mejor, por eso se levantó hasta tener una mejor visión y sonrió pícaramente por el singular cuadro: Sasuke y Sakura muy juntos, con las piernas enredadas y los dedos de las manos medio enlazados; él detrás de ella y con la cara puesta en sus cabellos claros. Descansaban felices de esa manera. Dos enemigos demostrando su amor oculto en la intimidad, la soledad, la oscuridad, la inocencia y la inconsciencia.
Naruto ignoraba cómo llegaron a quedar así, pero no importaba. Sacó su celular y con cuidado y silenciosamente, les tomó una foto. El flash iluminó a la pareja, pero ninguno despertó.
….
Nadie más que esa hermosa mujer lo había liberado de la cárcel. Zetsu la seguía como perro porque la consideraba su verdadera jefa.
Taconeando frente a él y siendo seguida por más hombres de su servicio de seguridad privado, ostentaba su belleza: rasgos faciales delicados, cabello blanco, liso y largo, ojos perlados como los miembros del clan Hyuga y unos labios pequeños bien delineados por labial rojo.
Pero no era sólo un conjunto de atributos agradables a la visión. Se trataba de una mujer muy poderosa pues pertenecía al clan más acaudalado e imperial de Japón: el clan Otsutsuki, desde el cual era conocida como la Diosa conejo.
Se sentó en su trono mientras era rodeada de sus hombres de negro. Entonces Zetsu se inclinó ante ella.
– Mi señora, me alegra volver a verla después de tanto tiempo… estoy infinitamente agradecido por haberme salvado del confinamiento indefinido al que estuve condenado.
– Zetsu, dime – comenzó ella –, ¿es cierto que sólo falta el Kyubi por ser robado?
– Así es, su excelencia. Estoy al pendiente de cualquier dato sobre su portador anónimo… le prometo que más temprano que tarde los tendrá a todos a su disposición.
– Muy bien – sonrió ella –. Mi larga espera está por terminar…
…
Sakura ya volvía a su casa muy tarde de la noche tras acabar su jornada laboral.
Tenía plena conciencia de que Naruto y Sasuke estaban mucho mejor tres días después de lo acontecido, lo cual la tranquilizaba. Aquella mañana había despertado contenta creyendo que había sido un sueño el haber dormido con Sasuke y luego poniéndose más feliz al verlo a él aún a su lado. Eso la motivó a hacerles un rico desayuno a los dos antes de que volvieran a sus respectivos lugares: Naruto a un centro asistencial donde pronto llegó Hinata para acompañarlo, y Sasuke a su guarida ANBU donde Rin se encargaría de atenderlo.
Todo iba bien.
Sakura bajó del auto y el celular en su bolsillo comenzó a emitir el sonidito de un nuevo mensaje. Lo sacó y vio que el remitente era Naruto, lo abrió y entonces casi se va de para atrás al ver lo que el oficial le enviaba: una foto de ella y Sasuke durmiendo juntos con la inscripción: "atrapados".
Sakura comenzó a refunfuñar y amenazar a Naruto en notas de audio, diciéndole que se las iba a pagar. Luego suspiró y volvió a observar la foto. El atrevimiento de su amigo la enojaba un poco, pero muy poco en realidad. La foto le gustó tanto que la guardó.
Ahora sí iba a entrar al complejo de apartamentos cuando súbitamente, alguien por detrás la atrapó y por mucho que ella pataleó, consiguió hacerla quedar inconsciente cubriéndole boca y nariz con un pañuelo impregnado de somnífero, y meterla a un auto para llevársela.
Al volver en sí, se encontró atada de manos y piernas en una silla y con los ojos vendados. Gritó por ayuda¸ pero nadie la socorría, apenas escuchó el sonido de unos pasos acercándose y alguien que se presentó en frente de ella.
– Quién es – quiso saber asustada – ¡quién está ahí!
No obtuvo más respuesta que la extraña y desagradable sensación de algo húmedo en sus labios. Alguien le había lamido la boca.
– ¡No! ¡qué asco! – exclamó aborreciéndolo todo.
– Tranquila – murmuró el hombre –. Soy yo, Sakura… no sabes qué gusto me da verte de nuevo.
– ¡¿Qué?! ¡no es posible! – se alarmó más ella, forcejeando con sus ataduras por querer escapar. Tenía que salir de allí – ¡Aléjate de mí, Sasori!
….
¡Continuará!
¿Creyeron que aquel incidente fue suficiente para hacer a un lado a un personaje como Sasori? ¡No lo fue! ¡El marionetista ha vuelto!
¡Y sí! Itachi ha recurrido a los hermanos Senju.
¡Y sí! Kaguya acaba de aparecer.
¡Y sí! Sólo falta el Biju de Naruto.
Por fin ha llegado la hora en que nuestros protagonistas se enfrentarán con los más problemáticos villanos, mientras a su vez superan las desigualdades que existen entre ellos. Sasuke es un tanto desagradable todavía, pero es natural, ya saben que los cambios en la personalidad no suceden de la noche a la mañana (a menos que se sufra de una enfermedad mental), por lo tanto, su evolución se dará lenta, aunque eficazmente. Aún está equivocado en algunas cosas.
Por otra parte, el equipo siete se ha reunido y han trabajado juntos para salir de un aprieto menor, pero no será suficiente porque se viene lo peor.
Auguro una calamidad en el próximo capítulo que destrozará a uno de nuestros protagonistas.
Si quieren saber qué pasará y a quién, no dejen entonces de leer A FAVOR DEL ENEMIGO.
Es todo por ahora.
Hasta entonces, queridos lectores.
Sigma Shey.
