"Mamá, ¿por qué te arreglas tanto para ir a trabajar?" Le preguntaba Sebastian a Hermione mientras ella se maquillaba cuidadosamente en frente del espejo de su baño.

"¿Te parece demasiado?"

Sebastian vaciló al contestar, era temprano pero él estaba ya despierto y preparado para irse; y no sabía qué pensar de la situación que se le presentaba.

"No; es sólo que nunca haces eso."

"Siempre me arreglo antes del trabajo."

"Pero no como mi abuela." Replicó el niño con una cierta incertidumbre; ya que por un lado no le parecía anormal que una mujer se arreglara como su abuela, pero por otro, jamás había visto a su madre preocuparse por su imagen de la misma forma que Narcissa Malfoy.

"Es que hoy tengo que ir a una reunión de padres, ¿recuerdas? Quiero parecer…"—Hermione iba a decir mayor, pero lo evitó justo a tiempo. —"…quiero causar una buena impresión."

El razonamiento le pareció lógico, pero aún había más. "Pero no pareces tu."

Ella no quería explicarle las grandes diferencias que había entre los distintos sectores de la sociedad, los prejuicios y los tormentos que implicaban ser un adulto y tener que encajar en un determinado círculo, ni tampoco inculcarle un temor o una inseguridad; aunque él no debía por qué tenerlos, ya que se había criado en esos círculos.

"Pero soy yo, y aún seré yo. Piénsalo de esta forma: si fueras al instituto sin uniforme no estaría bien, ¿no crees? Serías el único niño sin uniforme, por lo que los demás creerían que no eres alumno de esa escuela. Si yo fuera a una reunión de padres sin verme como los otros padres… no pareceré tu madre."

Sebastian aún se veía un poco inseguro mientras observaba cómo su madre se ponía cuidadosamente un par de pendientes en las orejas y luego un delicado collar que hacía juego con ellos.

"¿Qué te parece?" Le preguntó una vez que terminó.

"Parece que vas a una de las cenas de gala de mis abuelos." Contestó él encogiéndose de hombros.

Hermione volvió a mirarse al espejo y suspiró. "Quizás tengas razón, puede que sea demasiado."

"Puedes pedirle ayuda a mi abuela cuando vayamos a la mansión esta tarde; ella sabe mucho de esas cosas, tal vez te preste a su estilista."

"Las personas no se prestan, tesoro." Le explicó ella con un suspiro; aquel era un hábito difícil de sacarle, los Malfoy le habían inculcado que había personas que estaban a su servicio, y como no era más que un niño, ni siquiera se daba cuenta de que parecía tratarlos de esclavos al referirse a cualquiera que prestara un servicio.

Una vez que Sebastian quedó en el colegio, Hermione fue directo a su trabajo, con la mitad del maquillaje que había tenido puesto un rato antes. Igualmente era bastante más de lo que solía usar; y esas joyas no combinaban con las ropas de bruja que llevaba a su trabajo.

Estaba bastante preocupada. Esa tarde tendría que ir a una reunión de padres, la cual sería la segunda reunión de padres a la que iría. Y la primera no le había gustado nada. No sólo eso, también estaba ansiosa, preguntándose cuándo podría hablar con Draco, al fin y al cabo habían quedado en eso. Por supuesto, tampoco estaba muy contenta por la situación con Ron, pero no tenía tiempo para pensar en él ahora; esa era su nueva estrategia: no pensar en él, preocuparse por otros temas.

Miraba cada tanto cómo pasaban las horas en el reloj de su oficina. Parecían hacerse eternas mientras esperaba. Se le encontraban sentimientos al ver el reloj, ya que por un lado se alegraba de que el tiempo avanzara, lo cual significaba que quedaba menos tiempo para salir del trabajo, y por otro lado le preocupaba porque también implicaba que tendría que ir a la reunión de padres, y también era un recordatorio de que Draco Malfoy podía estar jugando con ella y jamás le hablaría, porque aún no aparecía.

Una lechuza en su ventana le dio esperanzas: un animal elegante, del tipo que no se ven todos los días, del tipo que se utilizan para hacer entregas especiales. Tenía que ser de los Malfoy. Hermione se levantó precipitadamente de la silla y fue a abrir la ventana.

La criatura deposito la carta en sus manos y se fue sin más. Hermione observó la carta, tenía en sello de los Malfoy, tenía su nombre escrito, y eso mismo fue lo que le dio una puntada; la carta no debía ser del Malfoy que esperaba.

"Señorita Granger,

En vistas de que mi hijo se encuentra en un viaje de negocios, no podrá estar disponible esta tarde. Por lo tanto, para no perder esta oportunidad, podríamos cambiar la fecha para el viernes.

Narcissa y Lucius Malfoy."

"Maldito Malfoy." Gruñó Hermione entre dientes al leer la carta. Era justo lo que necesitaba: Malfoy convenientemente evita hablar con ella yéndose de viaje, y sus padres le imponen una nueva fecha, impidiéndole dejarles al niño aquel día, justo cuando necesitaba dejarlo con alguien, aunque fuera por una hora.

Y no sólo eso, ahora tendría que explicarle a Sebastian por qué no podía ver a sus abuelos preferidos.

Largos suspiros la acompañaron por el resto de su jornada laboral. Y cuando ya era su hora de irse, fue al baño del edificio para transfigurar sus ropas en un simple pero elegante vestido blanco con toques en negro, un vestido muggle, algo que usaría una muggle de alta sociedad. No era algo que ella usaría en casa de sus padres, pero supuso que serviría. Mientras se miraba al espejo, dos mujeres de su edad entraron entre risas; ella se colocaba cuidadosamente los detalles finales.

"Parece que quieres impresionar a alguien." Le comentó una de las muchachas, Amanda Leigh. Trabajaba en el mismo piso que ella, pero tenía otro puesto.

"O a los padres de alguien especial." Propuso la otra, que por lo visto era amiga de Amanda.

"Algo entre esas líneas." Respondió Hermione sin mucho interés. Miraba a las otras dos a través del reflejo del espejo con un poco de agonía. "¿Será demasiado?"

"Es un traje muy muggle." Dijo Amanda, "Nunca he usado algo así, pero me gusta."

"Mis padres son muggles."—Comentó la otra muchacha. —"¿Vas a una fiesta de muggles?"

"Es más bien una reunión."—Contestó Hermione, intentando desviar luego el tema. —"Quizás si cambio mi peinado."

"¿No es una reunión de trabajo, verdad? ¿Estás buscando otro trabajo? ¿Los rumores son ciertos?"

"¡Mandy!" La reprimió su amiga, diciéndole con los ojos que se callara.

"¿Rumores?"—Hermione entonces se dio vuelta para verlas a ambas a la cara; sorprendida. —"¿Qué rumores?"

Una de las chicas se veía incómoda, mientras que la otra más entusiasmada que otra cosa. Entusiasmada por saber más.

"Bueno… es que se dice que terminaste con tu novio, y como desde entonces ha estado disminuyendo tu rendimiento laboral… y en las últimas semanas te vas a horario en vez de quedarte horas extra como solía ser tu costumbre… se dice que vas a dejar tu trabajo."

Hermione se quedó perpleja. Nunca se habría imaginado que escucharía algo así, que su rendimiento laboral estaba disminuyendo… no podía creerlo. Lo peor de todo era que era verdad, y no había mucho que pudiera hacer al respecto en estos días.

"¿Es verdad que terminaste con Ron Weasley?" Le preguntó Amanda, observando con curiosidad cómo Hermione se quedaba quieta con la boca un poco abierta.

Hermione cerró los ojos y negó con la cabeza, no por querer responder así a la pregunta, sino porque no podía creer lo que estaba escuchando. "Tengo que irme." Fue lo último que les dijo, y, sin dedicarles una segunda mirada, salió de los baños, cartera en mano, sangre hirviendo.

Se la veía enfadada mientras se hacía paso por las calles del mundo mágico, dirigiéndose a un portal de entrada al mundo muggle. No se molestaba en mirar a la gente que pasaba a su alrededor, no permitía que nada ni nadie se interpusiera en su camino mientras iba a un paso bastante rápido, ni le importaba que la vieran montones de personas que no conocía—pero que si la conocían a ella—hecha una furia en las avenidas públicas.

Una vez llegada al Londres muggle, quiso respirar hondo, muy hondo. Darse un respiro y dejar todos los problemas que tenía atrás. Pero aunque el mundo muggle debería funcionarle como escapatoria, en aquel instante no sintió que fuera así. Más bien sintió que sus problemas la seguían, estuviera en un lado del muro o del otro.

Se sentía agobiada y atormentada mientras se dirigía al instituto de Sebastian, no iba a usar magia, prefería usar los medios de transporte tradicionales encontrándose en el mundo en el que se había criado, le parecía lo mejor, la hacía sentirse parte de algo que a veces extrañaba, porque no era sencillo congeniar dos mundos tan distintos, y se encontraba la mayor parte de su tiempo viviendo entre la magia.

Así que quiso tomar un taxi. Lo detuvo en una avenida y esperó pacientemente a que estacionara justo en frente suyo. Al llevar la mano a la puerta para abrirla, se sorprendió al notar que una mano extraña se le adelantaba, colocándose posesivamente en la manija.

Hermione miró a su lado, y casi grita del susto.

"¡Malfoy!"

No podía creer lo que le mostraban sus ojos. Era, sin duda alguna, Draco Malfoy. Pero estaba casi irreconocible, básicamente porque estaba vestido con un traje muggle, y además con un sombrero de hombre que parecía de la década de los 60 y no combinaba con el traje en absoluto. Sus ojos serios ojos grises se encontraron con los de ella; Hermione apenas podía respirar de la sorpresa, él, sin embargo, no se veía tan seguro como de costumbre.

"Ahora quedaría bien que te abriera la puerta, supongo."

Hermione se llevó una mano al corazón—que de repente le latía más rápido de lo normal— y rió. "¿Sabes siquiera como hacerlo?"

"He ahí el problema." Contestó él cortésmente.

Un bocinazo proveniente del automóvil en cuestión hizo que Hermione se diera cuenta de que se había quedado casi hipnotizada por los ojos de aquel hombre, y se apresuró en quitar su mano para poder abrir la puerta ella.

"¿Pensabas venir conmigo?" Le preguntó ella con curiosidad mientras se acomodaba dentro del taxi, mostrándole disimuladamente como ingresar.

Draco imitó cuidadosamente a Hermione para entrar al taxi, y ella, al ver que no parecía saber-ni considerar- cerrar la puerta por si mismo, se inclinó un poco sobre él con tal de cerrarla ella misma.

"¿A dónde os llevo?" Preguntó el taxista, que parecía estar un tanto alterado por la pérdida de tiempo.

"Vamos a Charterhouse Square al 40." Le replicó Hermione al conductor. El hombre asintió con la cabeza y arranco el automóvil, el cual inmediatamente salió a una velocidad considerable; sobretodo para Draco, que de repente se veía muy pálido.

"Malfoy… ¿estás bien?" Le preguntó Hermione mientras se terminaba de colocar su cinturón de seguridad.

Draco trataba de aferrarse al asiento, intentaba mantener la compostura pero le era algo difícil, de repente se sentía muy mareado.

"No, no lo creo." Le contestó él precipitadamente; y luego señaló la cinta que tenía ella cruzándole el torso. —"¿Eso sirve de algo?"

"Si, debes ponértelo."

Draco enseguida intentó tomar el cinturón de su lado, y Hermione no dudó ni un segundo qué era lo que debía hacer: Se sacó su propio cinturón y nuevamente se acercó más al lado de Malfoy y le puso ella misma el cinturón de seguridad.

Él se aferró a la cinta que tenía ahora en el pecho y la miró con un leve tinte de agradecimiento, bastante enmascarado por el temor que trataba de disimular fútilmente. Ella volvió a ponerse el suyo sin dificultad alguna y luego, por supuesto, aprovechó la extraña oportunidad para encarar a Draco Malfoy.

"Debe ser la primera vez que me alegra que me siguieras."—Le dijo ella sin vergüenza alguna, y luego prosiguió ignorando la respiración agitada de Malfoy mientras miraba de una ventana del coche a la otra precipitadamente. —"¿Este es tu viaje de negocios?"

"Este es mi receso de mi viaje de negocios."—Respondió Draco con dificultad, parecía que le costaba reunir las palabras de su mente para formar frases coherentes. La experiencia del automóvil no le estaba gustando nada. —"¿Esto es seguro?"

"¿Qué estés aquí conmigo? Supongo que si, sería el último lugar en el que tus padres te buscarían, ¿no crees?"

"Por supuesto que es el último lugar en el que me buscarían, Granger."—Contestó él casi irónicamente; casi porque apenas podía juntar la fuerza para mostrarse sarcástico. El sudor empezaba a hacerse evidente en su aterrorizado rostro. —"Si no, no me habría arriesgado de esta forma. Pero me refería a esto."

Al decir aquello último hizo un movimiento con las manos, señalando el interior del automóvil aparentemente.

"Cierto que debe ser tu primera vez en uno de estos."—Le dijo Hermione con una sonrisa. —"No te preocupes, estaremos bien."

"No me da una buena sensación."

"Tan sólo trata de calmarte, Malfoy. Nada malo va a pasar."

Para sorpresa de ambos, Hermione puso una de sus manos sobre una de las de él, en un amistoso intento de proporcionarle seguridad y confianza. Ella apenas se dio cuenta de lo que estaba haciendo, pero fue algo contundente cuando él le tomó la mano con fuerza, notoriamente aceptando su reconfortante tacto, y reafirmando sustancialmente el temor que sentía por estar allí.

Ninguno de los dos soltó la mano del otro en el resto del viaje, que no fue demasiado largo. En apenas unos 20 minutos llegaron al lugar indicado. Draco observó detenidamente como Hermione desprendía su mano de la suya para quitarse el cinturón de seguridad y sacar dinero muggle de su bolsillo para pagarle al taxista. Luego ella, sin cuidado alguno, como si fuera algo natural a lo que estaba acostumbrada, se ocupó de quitarle el cinturón a él. Para sorpresa de Draco, parecía que no era una cuestión más simple que apretar un botón

Incluso se atrevió a intentar abrir la puerta por si mismo, y para su sorpresa, lo logró. Había tenido la intención de mantenerla abierta para que saliera Hermione por allí, pero ella salió por el otro lado, y luego se acercó a él.

"Tu primer viaje en coche. ¿Cómo te sientes?" Le preguntó ella con una gran sonrisa. Draco no podía creer que ella le estuviera sonriendo así, a él de todas las personas del mundo; y, además, tampoco podía creer por lo que acaba de pasar. Su estómago aún se sentía algo revuelto.

"Preferiría no tener que hacerlo otra vez, a decir verdad." Respondió él simplemente, recobrando su compostura y habitual seriedad.

"Gracias por venir, Malfoy, aunque no estoy completamente segura de por qué estás aquí." Dijo ella con una leve inseguridad.

"Dijiste que tenías información para mi; aquí estoy para recibirla."

"Si… pero…"—Empezó ella con un tinte de decepción en su voz, que luego intentó cambiar. —"Ahora debo ir a buscar a Sebastian, luego tengo una reunión de padres… y tengo que dejarlo con alguien o hacerlo esperar afuera mientras participo de la reunión."

Al decir aquello, lo miró con esperanza en sus ojos. ¿Sería posible que pudiera dejar a Sebastian con él mientras ella se quedaba en la reunión de padres?

"No creo que duré más de una hora… Malfoy…"

"Bien, iré contigo. El niño puede esperar afuera."

"¿Qué?" Preguntó ella con una exclamación de perplejidad, notoria en cada ángulo de su rostro.

Draco arqueó una ceja y la cuestionó con los ojos. "Habrá sillas para que pueda sentarse, ¿verdad?"

"Si, por supuesto, pero…"

"¿Entonces cuál es el problema?"

"¿Quieres venir a una reunión de padres conmigo?" Su tono era perplejo otra vez, la sorpresa que le había causado no complacía a Draco, más bien lo molestaba; lo que no sabía él, era que Hermione iba cultivando esperanzas a medida que lo miraba a los ojos.

"Soy su padre, ¿no? Al menos eso me han dicho." Preguntó él sarcásticamente, evidentemente era una pregunta retórica.

Hermione inhaló una gran bocanada de aire y empezó a caminar en dirección a la escuela, sabiendo que Draco le seguía el paso.

"Me cuesta creer que realmente seas tu."—Le comentó Hermione, medio perdida en sus propios pensamientos. —"Es decir, apareces de imprevisto en el mundo muggle, vestido como muggle… bien vestido además, ¡pareces un muggle!"

Draco prefirió no hacer comentarios al respecto, en vez la dejó hablar mientras mantenía una cara seria y desinteresada.

"Y no sólo eso, estás dispuesto a hablar conmigo… y más extraño aún, a participar de un reunión de padres… admitiendo indirectamente que tenemos un hijo… y aparentemente queriendo ser parte de su vida. Aunque sea por conveniencia propia parecen muchos sacrificios, ¿no crees?" Le preguntó Hermione con una incómoda sonrisa.

"¿Qué quieres que te diga, Granger?" Le preguntó él desinteresadamente. —"Querías hablar conmigo y aquí estoy. No tienes por qué darle más vueltas de las necesarias a esto."

"Eso también: estás dispuesto a hablar conmigo."

La débil paciencia de Draco iba disminuyendo; una vez que escuchó eso se detuvo y miró a Hermione a la cara con unos ojos furiosos. "¿Y qué?"

Hermione, sin dejarse intimidar por él, pero al mismo tiempo temiendo que decidiera dar una media vuelta e irse, decidió que sería mejor no presionarlo demasiado y cambiar un poco el tema de conversación.

"¿Y cómo lograste venir aquí? ¿Tus padres fueron parte de esto? Me dijeron básicamente que ni me molestara en llevarles a Sebastian si tu no estabas."

"Organicé una reunión de negocios en Milán a sus espaldas. Mi padre siempre me manda en representación de nuestras empresas."—Al decir aquello, su rostro cambió, mostrando una sonrisa de triunfo y orgullo. —"Estuve en Italia hasta hace dos horas; luego de que termine esto tendré que regresar."

"No sé por qué se preocupan tanto por ese tipo de reuniones de negocios, si con las redes flú no tardas nada en ir de un país a otro. ¿No es demasiado obvio que puedes ir y venir a tu gusto?"

"Por supuesto; pero si lo usas tan seguido acabas enfermándote."—Explicó él con una cara de disgusto, como si recordara algo desagradable. —"Además llevé a Astoria conmigo, para que me sirviera de coartada."

Eso fue como una patada en el estómago de Hermione, no sólo que la había llevado a ella, sino que además la había llamado por su nombre. Pero no debía poner malas caras, no debía demostrarle que no estaba de acuerdo con algo así, no tenía el derecho a hacerlo.

"¿Y a ella qué le dijiste para poder venir aquí?" Le preguntó sin mirarlo a los ojos.

"Que saliera de compras. Eso fue esta mañana, así que tengo toda la tarde libre."

"¿Cómo puedes estar tan seguro? Podría regresar al hotel ahora mismo y ver que no estás."

"En tal caso creerá que continúo en una reunión de negocios, o que he salido a comprarle algo. La excusa que más le guste le funcionará."—Dijo sin darle demasiada importancia al asunto, encogiéndose de hombros con indiferencia. —"Será mejor que le compre algo por si acaso."

Hermione no sabía si sonreír o sentirse mal por aquella muchacha; no sonaba como una chica muy inteligente, y Draco no parecía estar perdidamente enamorado de Astoria. Por supuesto, tampoco parecía estarlo de ella.

"¿No te sientes mal por tener que mentirle?"

"A ella le gusta que le mienta." Contestó Draco automáticamente, restándole importancia al asunto. Pero, antes de que Hermione pudiera decir algo más, volvió a mirarla a la cara con sospecha. "¿Por qué haces tantas preguntas?"

Hermione arqueó una ceja y lo miró desafiantemente. "A esto se le llama charlar, tener una conversación si lo prefieres decir así. Es lo que la gente hace normalmente. ¿Cuál es el problema?"

"Que no tengo por qué compartir mi vida privada contigo." Contestó él entre dientes, con la misma mirada que le dedicaba ella.

"No, no tienes por qué hacerlo."—Le dijo Hermione con seriedad, y luego le sonrió irónicamente. —"Pero si lo haces es porque te sientes cómodo al hacerlo. Y no hay nada de malo en ello."

Draco se mordió la lengua, y para su suerte, un montón de niños empezaron a salir corriendo del inmenso edificio que tenían en frente. Fue entonces que se percató de que habían llegado a la parte exterior del colegio de Sebastian, y de que estaban rodeados de muggles adultos, la mayoría mayores que ellos, muchos incluso de la edad de sus propios padres, todos esperando a algún niño que se dirigía hacia ellos.

"Acerté con este traje."—Comentó Draco para sí mismo mientras observaba a los pocos hombres que había en los alrededores, lo suficientemente fuerte como para que Hermione escuchara.

"¿Transfigurado?" Preguntó Hermione coloquialmente.

"Si, lo vi en una revista muggle de ejecutivos. Supuse que era lo más elegante para sus estándares."

"Escogiste bien."—Le dijo Hermione, sin percatarse de que Draco arqueaba una ceja ante su aparente halago. —"Darás una muy buena impresión en la reunión de padres esta tarde."

"¿Para qué es la reunión?" Draco recién se percataba de que no tenía idea de qué haría en una reunión muggle de padres muggles con niños muggles.

Y, hablando de niños, pudo visualizar en la distancia a Sebastian, que se encontraba al lado de una mujer mayor junto con otros niños de su edad, todos vestidos de la misma forma. Parecía que la mujer supervisaba que cada niño fuera con su respectivo padre.

"Una obra de teatro." Comentó Hermione mientras empezaba a caminar en dirección al pequeño grupo. Draco la siguió de cerca, disimulando lo mejor que podía el disgusto que tenía por tener que estar rodeado de tantos muggles.

"Dime que no tengo que participar en una obra de muggles, por favor." Exclamó él con una mueca de disgusto ante la idea.

"Si fuera así, ¿lo harías?" Preguntó Hermione riéndose.

Su sonrisa se incrementó notoriamente cuando Sebastian se apartó de su grupo y fue corriendo al lado suyo. Madre e hijo inmediatamente se abrazaron; Hermione se inclinó para besarle la frente y le sonrió de una forma en la que sólo le había visto sonreírle a él. Era interesante de observar para Draco, interesante al punto de que le incomodaba, pero no pensaba demostrarlo.

"Mira quién vino a buscarte también." Le dijo al niño, refiriéndose a Draco.

"Buenas tardes, papá." Dijo Sebastian con un algo de inseguridad, bastante impresionado.

"Buenas tardes, niño." Le contestó Draco cortésmente.

"Tenemos una hora libre antes de la reunión, Malfoy, ¿quieres esperar con nosotros? Podemos ir a un café."

"¿Vamos Le café du Marche?" Preguntó Sebastian emocionado; miraba a ambos padres con mucho entusiasmo.

"¿Café muggle?" Preguntó Draco algo disgustado.

"Es lo más cercano que tenemos, no tenemos tiempo de volver al Diagon Alley."

"Podemos aparecernos." Le dijo Draco arqueando una ceja. "Por cierto, ¿por qué no hicimos eso en vez de usar esa atroz máquina?"

"Primero, Sebastian no puede hacer eso."—Le dijo ella en un susurro, esperando que nadie escuchara más de lo necesario. —"Segundo, cuando estoy aquí, me gusta hacer las cosas como se hacen aquí."

"¿Podemos ir, papá? Te puede gustar." Intervino Sebastian tímidamente.

Draco, por alguna razón, al verle la cara a aquel niño, prefirió hacer lo que él quería en vez de continuar discutiendo con Hermione.

"Bien, vamos." Dijo con un tono de exasperación.

Hermione sonrió abiertamente y tomó la mano de Sebastian para caminar fuera del terreno del colegio. A unos cuantos metros había una gran avenida, repleta de las máquinas que Draco despreciaba, y en todos los alrededores había edificios de distintos tamaños, más que nada casonas de un estilo antiguo que sorprendió a Draco, y muchos edificios que se asemejaban un montón a los del mundo de los magos.

Silenciosamente Draco se preguntaba por qué no se usaban las calles para los peatones, y por qué tenían que estar tan repletas de esas máquinas tan rápidas y violentas. Le parecían peligrosas, y dedujo que por ello los muggles preferían caminar por las veredas, lejos de los coches. Se impresionó muchísimo al ver que todas las maquinas que iban en distintas direcciones se detenían repentinamente para permitirle el paso a un montón de muggles en las esquinas opuestas; así también se sorprendió de que los muggles quisieran pasar por allí, sin temer que las máquinas decidieran aplastarlos, después de todo parecía que también las controlaban otros muggles, se podía esperar cualquier cosa de ellos.

Para su suerte, no cruzaron la avenida. Draco se habría rehusado completamente. Probablemente también habría querido impedir que ellos la cruzaran, pero prefirió no pensar en eso; en vez, se concentró en observar el curioso lugar al que habían llegado. Estaba a tan sólo unos pocos metros del área del colegio del niño. Era una casa antigua convertida en un café; muy curioso, y adentro estaba repleto de muggles, todos vestidos con ropas muggles, y los camareros con trajes muggle especiales. Era lo normal, dedujo Draco, no había nada de qué impresionarse, después de todo estaba en el mundo muggle, y justo allí nadie podría reconocerlo, nadie podría delatarlo frente a sus padres, nadie sospecharía nada. Estaba a salvo.

Los tres se sentaron en una pequeña mesa redonda, Draco sonriendo de forma triunfal. Hermione y Sebastian no se percataron de ello porque el niño estaba muy ocupado contándole a ella en todo detalle lo que había hecho en la escuela aquel día; Draco apenas lo escuchaba, estaba demasiado contento pensando en lo útil que le estaban resultando los muggles, y eso sin siquiera tener que someterlos a su voluntad. Su plan estaba resultando a la perfección: había huido de sus padres, de su prometida y de todas sus obligaciones sin que ellos se enteraran, aunque fuera por unas pocas horas. Y aunque fuera para hablar con Hermione Granger.

Draco la observó con curiosidad mientras ella escuchaba con una dulce sonrisa al niño que le hablaba animadamente. Parecía que era una madre muy devota, al igual que siempre le había parecido una muy buena amiga para con sus amigos. Supuso que era en verdad una muy buena madre, Sebastian se había apegado a ella de la nada a pesar de no haberla conocido de toda la vida, y viéndolos juntos parecía que sí se conocían de toda la vida. ¿Y eso dónde lo dejaba a él? De repente se dio cuenta de que parecía que él estaba demás, cuando en realidad se suponía que debía ser una parte esencial del grupo.

Tenía que encontrar una forma de intervenir; y para su sorpresa, un muggle le proporcionó la oportunidad.

"Buenas tardes." Era un camarero muggle, alto y bien vestido. Tenía dos cartas en la mano, le entregó una primero a Hermione y luego la otra a él.

"Buenas tardes." Hermione le respondió sonriendo; el camarero asintió con la cabeza y luego se retiró.

Draco abrió la carta y observó detenidamente la gran variedad de cafés que tenían, además de postres, tortas, budines, y otro montón de cosas dulces con qué acompañar. Algunos los conocía, de otros jamás había escuchado el nombre.

"¿Se puede confiar en este lugar?" Preguntó él abstraídamente.

"Este es uno de los mejores cafés de Londres, tiene cientos de años." Para sorpresa de Draco, fue Sebastian el que contestó. Lo miraba con curiosidad.

"No te preocupes, Malfoy, nada de lo que se sirve aquí puede intoxicarte."

"Todos estos platos son franceses." Comentó Draco.

"También lo es la ambientación y el nombre del lugar."—Le replicó Hermione abstraídamente. —"¿Te molesta?"

"No, para nada."

"A papá le gusta la comida francesa, su postre preferido es el bavarois de limón, la abuela siempre lo manda a hacer todos los días." Le explicó Sebastian a Hermione.

Draco lo miró sorprendido, eso era casi verdad. Aquel era su postre preferido, pero su madre no lo ordenaba todos los días, sólo de vez en cuando

"Aquí tienen, ¿quieres pedir eso, papá? Yo quiero el Parfait glace au chocolat."—Al decir aquello miró a su madre en una súplica. —"¿Puedo pedir eso, mamá?"

"Si, por supuesto."

Draco notó que Hermione no se impresionaba del francés perfecto que pronunciaba el niño, ya debía estar acostumbrada; parecía que se manejaban muy bien juntos. Bastante bien. Casi le daban ganas de ser parte de eso.

Cuando volvió el camarero no mucho más tarde, él quiso encargarse de pedir. Incluso miró al muggle a la cara y se dirigió bien a él. Esperó que Hermione notara que él también hablaba francés a la perfección, no sabía exactamente por qué, pero por alguna razón sentía necesario lucirse en frente de ella, o de ellos dos.

"Un parfait glace au chocolat, un bavarois de limón, dos cappuccinos, y un batido de fruta." Anotó el camarero diligentemente en un pequeño trozo de papel. Draco esperó que lo que iba mencionando aparecieran en los platos instantáneamente, pero en vez, el hombre se fue sin que pasara nada. Entonces se dio cuenta de que tendría que esperar, y suspiró profundamente.

"¿Cuánto tardarán los muggles en preparar todo eso?"

"Ya lo deben tener preparado, Malfoy, tan sólo lo tienen que traer hasta aquí. Además, ¿cuál es el apuro? Todavía tenemos una hora, a excepción que quieras volver a Milán."

"¿Por qué vienes a la reunión?" Preguntó Sebastian con curiosidad.

"Es una reunión de padres." Replicó Draco seriamente; internamente agradecido de que el niño lo salvara de tener que responderle a Hermione. Porque en realidad no quería volver a Milán.

"Pero nunca te habían interesado antes."

"¿Han habido muchas?" Cuestionó el interpelado, mirando a Hermione con fingida curiosidad.

"No, en realidad no. Sólo la presentación del año escolar, y esta por la semana de teatro."

"¿Vendrás a ver mi obra también?" Intervino el niño con sumo interés. Draco lo miró a los ojos, parecía que lo estaba probando.

"Lo intentaré."

Hermione se quedó impresionada al escuchar eso; sería interesante verlo asistiendo a una obra de teatro de niños muggle, sobre todo en aquellas circunstancias. Por supuesto, era muy probable que acabara por excusarse a último momento, aunque también había que tener en cuenta que estaba allí, con ellos, en un sitio absolutamente muggle. Habría que ver cómo resultaban las cosas.

Una vez llegados los platos, Draco observó con prudencia lo que tenía en frente: era un bavarois, tenía todo el aspecto de uno, la única diferencia era que estaba hecho por manos muggles en vez de por elfos domésticos. No le causaba mucha seguridad comerlo; pero al levantar la mirada, fijó los ojos en Hermione y Sebastian, el niño comía animadamente su postre, y Hermione cada tanto le sacaba un poco para probar.

"Granger, ¿por qué no has pedido uno para ti?"

Hermione se volteó para mirarlo y le sonrió. "Sebastian nunca puede acabarse este plato solo, así que compartimos."

Entonces ella sacrificaba la posibilidad de comer otra cosa con tal de complacer al niño, pero no parecía disgustada en lo más mínimo. Ni él tampoco, más bien contento, parecía gustarle la idea de compartir con su madre, fuera comida o lo que fuera. Eso no era algo que le habrían permitido a él, simplemente porque en su clase social no estaba bien visto compartir de esa forma, aunque fuera una cuestión de afecto más que conveniencia económica o de salud.

Y así sintió algo extraño, algo que jamás había sentido en su vida por otra persona; sólo por verlos a ellos dos así, sintió ganas de compartir su propio postre con ellos, aunque aún no lo había probado. Pero no podía hacerlo, no con ella. Tenía que quitarse la idea de la cabeza, así que tomó un sorbo de su café sin azúcar, lo que le hizo ir inmediatamente a su postre para sacarse el sabor tan amargo de la boca. Y para su sorpresa, era bastante bueno, mucho mejor de lo que había probado en años.

"Esto es… es bastante bueno."—Comentó en voz alta, muy impresionado. Luego se dirigió a su presunto hijo. —"¿Quieres probar, Sebastian?"

Sebastian alzó la cabeza, perplejo, tragó lo que tenía en la boca y luego se volteó para mirar a su madre y cuestionarla silenciosamente.

"¿Quieres o no?" Le preguntó ella, fingiendo no comprender la razón de su incredulidad.

"Bueno."—Dijo tímidamente, y con su cuchara sacó un poco del postre de su padre para sí, sin quitarle sus curiosos ojos de la cara mientras lo hacía. Draco se veía satisfecho.

"Sabe igual al que se hace en la mansión Malfoy." Comentó Sebastian.

Draco no estaba de acuerdo con ello, no sabía igual en absoluto, era mucho mucho mucho mejor. Pero justo en ese momento tuvo una extraña sensación de deja vú, y se quedó callado. De repente el lugar en el que estaban le parecía familiar, como si ya hubiera estado allí. Incluso los ojos de Hermione le parecían conocidos, aunque ya los conocía, pero era como si recién se acabara de dar cuenta de que ya los conocía desde hacía años. Y aquel postre, ya no era algo nuevo, sino algo que hacía mucho que no probaba.

"¿Por qué le dices así a mamá?" La pregunta de Sebastian lo sacó de aquella extraña sensación y lo devolvió a la realidad. Una realidad que no entendía.

"¿A qué te refieres?" Preguntó Hermione con curiosidad.

"Granger, es tu apellido. No entiendo por qué no te llama por tu nombre, y tu también lo llamas a papá por el apellido."

Ambos adultos se quedaron callados, Hermione levemente sonrojada, Draco levemente atragantado. ¿Cómo podían responder a eso sin delatar cosas que el niño no debía saber? Sabía que sus padres no estaban enamorados, pero suponía que en algún momento lo habían estado, y también suponía que debían llevarse bien, de otro modo no estarían allí juntos.

"¿Cuándo la gente deja de quererse se llama por el apellido?" Cuestionó nuevamente, al notar que no estaba recibiendo una respuesta de ninguna de las dos partes.

"Es sólo… sólo la falta de costumbre, supongo." Intentó Hermione.

"Si, es la costumbre de llamarnos así desde que nos conocimos."

"Mis compañeros no me llaman Malfoy, y nos conocemos desde hace tres semanas."

"Pero sois niños, nosotros somos adultos." Explicó Draco pacientemente.

"¿Cuándo sea un adulto tendré que llamar a mis compañeros por sus apellidos?"

"Si así lo quieres." Le contestó su padre restándole importancia al asunto.

Sebastian lo pensó un momento, y luego agregó: "Pero tu a veces dices Hermione cuando duermes."

Al escuchar eso, ambos adultos se sonrojaron. Aunque Draco estaba escéptico.

"¿Lo hago?"

"A veces." Dijo Sebastian encogiéndose de hombros, con un poco de timidez.

"¿Y tú cómo lo sabes?" Draco lo interrogó con una máscara de seriedad que intimidaba un poco al niño.

"A veces te quedas dormido fuera de tu habitación." Replicó él cuidadosamente.

Draco y Hermione supusieron que Sebastian se refería a su tiempo, lo cual era lógico, y también a un padre ebrio que se quedaba dormido en cualquier parte. Eso le recordó a Hermione lo que quería hablar con Draco en primer lugar, lo que había visto sin él; pero no podía hablar con él teniendo a Sebastian allí con ellos. Y a decir verdad, prefería aprovechar el tiempo que estaban compartiendo juntos como si fueran una familia, por muy disfuncional que resultaran como tal. Quizás incluso ella podía aprovechar esa oportunidad para avanzar un poco en tal aspecto.

"A decir verdad, podríamos llamarnos por nuestros nombres; así las cosas no quedan entre sueños." Le dijo Hermione a Draco, ofreciéndole una amistosa mirada.

Draco la miró un tanto sorprendido, un tanto sospechoso. ¿Qué estaba haciendo? Se preguntaba, ¿estaba usando al niño para llegar a él? ¿O estaba dándole una posibilidad de quedar mejor ante él? ¿O realmente quería empezar a tener una relación más coloquial con él?

"Bien, Hermione." Le dijo con una sonrisa torcida.

"Muy bien, Draco." Le contestó ella de la misma forma, pero más alegre.

En la reunión de padres, Hermione se sintió inmensamente agradecida de que Draco estaba a su lado, así también de poder llamarlo por su nombre sin rencores. Su presencia fue más útil de lo que se había imaginado; parecía que todas las mujeres—que eran de una a dos décadas mayores que ambos—la juzgaban menos estando él allí; quizás creían que estaban casados y eso le quitaba un gran peso de encima.

Parecía que la presencia de Draco tenía un efecto peculiar entre todas esas mujeres, ya que, a decir verdad, era el único hombre presente. No eran más de 15 personas, era un grupo muy reducido, y todas las mujeres estaban muy sorprendidas por su presencia.

Al pasar los encargos, Draco y Hermione, junto con otras tres personas, quedaron a cargo de los arreglos del escenario. Lo que más sorprendió a Hermione no fue que Draco aceptara de buena gana el trabajo, sino lo que dijo luego:

"Hermione y yo contrataremos tres albañiles para que se encarguen."

Más sorprendente que la resolución y que se refiriera a ambos como si fueran una pareja, y que además usara su primer nombre, fue que todas las otras mujeres del grupo asintieran con la cabeza, pareciéndoles de lo más adecuado. ¿No se suponía que eran los padres los que tenían que colaborar con la obra en vez de contratar a terceros?

"Mi niñera es excelente para confeccionar disfraces, el año pasado se lució." Comentó una de las mujeres.

Y le siguió otra, comentando algo similar de una de sus empleadas. Entonces Hermione cayó en la cuenta de dónde estaba parada realmente, o en ese caso, sentada. Ninguna de aquellas mujeres tenía pensado mover un dedo, todo lo iban a hacer terceros, empleados contratados con tal fin, o simples delegados. Ella había estado pensando en hacer todo por sí misma una vez que le habían asignado aquella tarea, ni siquiera había imaginado que Draco colaboraría de ninguna forma, pero en vez, él supo cómo acomodarse a la situación y quedó muy bien parado.

"No puedo creerlo." Exclamó ella una vez que acabó la reunión de padres. Ya se había hecho de noche en la ciudad de Londres, y los dos adultos caminaban fuera del terreno del colegio con Sebastian en medio; el niño iba—como siempre—de la mano de Hermione.

"¿Qué?" Preguntó Draco, sorprendido ante la exasperación de Hermione.

"Que nadie tenía pensado hacer nada en primer lugar, todas ya tenían planeado delegarles todo a sus mucamas y niñeras."

"Para eso sirven." Dijo Sebastian encogiéndose de hombros, le parecía extraño que a su madre le sorprendiera.--"¿No eran así las mucamas cuando vivías en la mansión Malfoy?"

Hermione estuvo a punto de reprenderlo por volver a tratar a las personas como esclavas sin darse cuenta, pero al escuchar aquella inocente pregunta casi se cae. ¿Había vivido en la mansión Malfoy? O, mejor dicho: ¿Viviría allí? Tanto Draco como ella abrieron considerablemente los ojos al escuchar eso.

"No… no lo eran."

"Tal vez por eso la abuela las despidió." Razonó Sebastian, ignorando el tono inseguro de su madre mientras continuaban caminando tranquilamente.

"Oye, Mal—Draco, nosotros podemos continuar solos hasta mi apartamento, puedes aprovechar para usar la aparición."

No sería una mala idea, consideró Draco, le ahorraría mucho tiempo; pero no le parecía una buena idea dejar a Hermione y a Sebastian caminando solos de noche en un lugar contaminado por muggles, ¿quién sabía de qué serían capaces? Apenas reconoció el curioso sentimiento proteccionista que se acababa de manifestar en su mente.

"Os acompañaré."

Y los acompañó, todo el camino. Incluso aceptó subirse a un taxi otra vez, y se ocupó de abrir la puerta—ya que había visto antes cómo Hermione lo hacía—y de ponerse el cinturón de seguridad solo. El viaje lo mareó, tal y como se esperaba, pero lo que no se esperaba era no sólo temer por su vida en aquella máquina endemoniada, sino también por la de Hermione y su hijo.

Una vez llegados al edificio de Hermione, Draco los acompañó hasta la puerta de su apartamento, lo cual sorprendió nuevamente a Hermione, pero lo aceptó con una sonrisa, queriendo esperar lo mejor, por más que tuviera sus dudas sobre hacerse ilusiones.

"Buenas noches, papá."

"Buenas noches, Sebastian." Draco se despidió de él, y se quedó observando abstraídamente como el niño se retiraba, quedando fuera de su vista dentro del apartamento.

Hermione estaba sosteniendo la puerta, dudosa de qué hacer o decir. Para su suerte, Draco habló primero.

"No le hemos explicado que no debe hablar de esto con mis padres."-Le dijo cuidadosamente, con la seriedad enmarcada en su rostro. —"Hace unos días le dijo a mi madre que había ido a veros en el museo, mis oídos quedaron zumbando después de eso."

"¿Ahora les parece mal que pases tiempo con tu hijo? Creía que esa era la idea."

"No es eso; el problema es que pase tiempo contigo y que no puedan supervisarme."

"Oh." Fue lo único que salió de los labios de Hermione, y miró al piso, con tal de que Draco no notara la repentina mirada de tristeza que tenía. Era bastante obvio, debería habérselo imaginado, es más, se lo había imaginado, pero no lo había tenido tan en cuenta.

Draco, notó el efecto que habían tenido sus palabras en ella, pero no le pareció adecuado hacérselo saber. "Hiciste bien en mandarme un recado sin remitente, ni demasiada información."

Hermione levantó la mirada, ya con mejor cara, y lo cuestionó con la mirada. "¿No fue demasiado arriesgado? Me pareció mejor que ellos no tuvieran mucha injerencia en lo que te quería decir, pero igualmente pudieron haberte hecho preguntas."

"No las hicieron, ni siquiera se enteraron de que hubiese recibido esas cartas. No estaba en casa."

"Y al final ni siquiera he podido contarte lo que te quería decir…" Hermione entonces pensó en invitarlo a pasar para poder contarle de todo lo que había visto, pero Draco la interrumpió.

"Ahora no, es muy tarde. Otro día será." Dijo él mirando su reloj; luego levantó su mirada para verla a la cara y se despidió: "Nos veremos."

Así, se dio media vuelta y desapareció. Hermione se quedó sin palabras observando el espacio en dónde había estado. No había sido su imaginación, Draco Malfoy había pasado casi toda una tarde con ella, y al final no había exigido la información por la cual se había presentado en primer lugar.

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N/A: El capítulo más largo que he escrito, ¿alguien ha llegado al final sin bostezar? Nadie puede quejarse de que ha sido un capítulo corto, ni que faltó Draco, ni que faltó Sebastian, ni que faltó interacción entre nuestros dos personajes preferidos.

A decir verdad es tan largo que no lo he leído dos veces como suelo hacer al terminar, y en vistas de que una buena parte la escribí ayer a la noche, es posible que haya errores (sean de tipeo o de cualquier otro tipo), así que me disculpo si algo no tiene mucho sentido (además de toda la trama de la historia).

Gracias por leer, gracias por dejar reviews. :)