Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
El Legado
Capítulo XXVII
Primera Vez
Parte IV
El contacto no duró tanto como ella hubiese esperado, ya que tal como la otra vez, Vegeta la separó y continuó caminando, sin decir nada.
—¿Qué pasa? ¿No le gustó? —Por supuesto caminó detrás de él. Debían encontrar a Tarble, pero no dejaría de tocar el tema. Sabía que el príncipe era directo y cruel al momento de hablar, pero nuevamente no dijo nada al respecto. En ese aspecto no lo entendía mucho, ya que los jóvenes a esa edad hacían lo que fuese por tener sexo y si no lo conseguían con alguna saiyajin, terminaban con prostitutas o tomando alguna rehén de otro planeta. Así era como funcionaba con ellos, pero al parecer él era diferente.
—Concéntrate en buscar a Tarble —respondió sin emoción alguna, pero en realidad estaba incómodo. Él que se jactaba todo el tiempo de tener sus emociones y la situación controlada, ahora no sabía cómo proceder ante este tipo de acercamientos.
Hace varios años que su padre le había obsequiado un harén exclusivamente para él, nadie más podía atreverse a tocar a sus mujeres, pero ni siquiera se había acercado a conocerlas para escoger alguna que llamara su atención. El sexo no era algo que pasara por su cabeza, lo repudiaba por el hecho de mantener contacto con otro ser vivo. Durante los combates lo disfrutaba, pero era diferente, le gustaba oler el miedo del enemigo, sentirlo temblar, aplastarlo con sus propias manos, era algo que no tenía comparación, pero el sexo era un asunto diferente que no había sentido curiosidad alguna hasta hace unas semanas cuando Ginn lo besó.
Mantenía su postura de rechazo al sexo debido a la extrema cercanía que debía mantener, pero desde que ella lo besó, las erecciones matutinas se hicieron constantes y la única manera de solucionarlo era con duchas frías. Más de una vez pensó en llamar a una de sus concubinas a su cuarto, pero nunca lo concretó. Esa dualidad entre deseo y repudio era lo que lo tenía tan irritado y confundido. Definitivamente debería ponerle un alto o no podría concentrarse en lo que verdaderamente importaba.
—Si no le gustó, dígamelo y no lo molesto más —exclamó decidida.
Vegeta dejó de observar las huellas en el suelo y se detuvo. Volteó para encararla, pero antes de poder abrir la boca, la chica salió disparada hacia su derecha, junto con el ónix que la empujó.
Los dos rodaron por el suelo hasta que se detuvieron con la montaña de rocas sobre Ginn. Vegeta se mantuvo en su lugar, cruzado de brazos, en silencio, observando la pelea y maldiciéndose por haber sido tomado por sorpresa por segunda vez en un día. Estaba distraído y eso, definitivamente le pasaría la cuenta si estuviese en un planeta más peligroso.
La joven puso sus manos en la cara del monstruo para detenerlo y no lograra acercarse más a su rostro. Gritó frustrada al no poder alejarlo más, sus asquerosos dientes estaban a centímetros de su nariz y los insectos que vivían en su interior comenzaron a caer en ella. De reojo vio al príncipe que observaba todo sin mover un solo músculo. En ningún momento se le ocurrió pedir ayuda, era algo de lo que saldría victoriosa por sí sola.
Logró golpear su cara para alejarlo, pero no fue lo suficiente para que la soltara por completo. Alcanzó a moverse un poco, pero la bestia terminó clavando sus dientes en su hombro derecho. Gritó desesperada cuando la armadura no resistió y sintió cómo le quitaba un pedazo de piel.
Vegeta continuó de brazos cruzados.
El dolor extremo la hizo reunir la fuerza necesaria para empujarlo y liberarse. Saltó hacia atrás y se puso en posición de ataque. Respiraba agitada, el dolor se propagó a todo su cuerpo y aunque no quiso mirar, estaba segura que ya estaba manchada con su propia sangre. Miró de reojo a Vegeta una vez más antes de lanzarse al ataque.
(…)
Planeta Tierra
—¿Aún aquí? —Bulma llegó a la mesa donde Yamcha continuaba esperando a Mai.
Yamcha había sacado el cuchillo que escondía en su bota y jugaba a balancearlo con la punta en su dedo. Por supuesto cuando escuchó a la chica, perdió el equilibrio y casi lo deja caer, pero logró retenerlo para depositarlo en la mesa y prestarle atención a ella.
—Me iré pronto.
Bulma se sentó a su lado y observó el cuchillo. Mucho más calmada que horas atrás.
—Es tarde. Puedes pasar la noche aquí y partir mañana temprano. Es peligroso de noche. Las tormentas de arenas no dejan ver nada, podrías tener un accidente. —Continuaba enojada, pero eso no evitaría que se preocupara por él. Eran tantos años viviendo juntos que Yamcha era uno más de su pequeña pero importante familia.
—Sé el camino de memoria, no te preocupes.
Permanecieron en silencio unos segundos. Él tenía miedo de arruinarlo como siempre y ella pensaba en cómo hacer para que no se fuera aún. Lo quería mucho y le hacía falta tenerlo cerca como antes cuando la acompañaba en todo, lo bueno y lo malo, pero cuando decidió unirse a este grupo de guerreros dispuestos a eliminar a los intrusos y se marchó, el joven no la siguió, antepuso a su padre y a Morgan, aunque de esa forma ella estaba tranquila porque sabía que su padre estaba seguro y con compañía.
Sabía que si se lo pedía, aceptaría enseguida, pero era demasiado orgullosa para hacerlo, era algo que debía nacer de él. Estaba acostumbrada a que hiciera todo lo que decía y por eso ahora le costaba tanto trabajo pedirle que le hiciese más compañía. Este refugio era muy grande, tenía al menos cien personas viviendo en él, sin contar toda la gente que como ella, trabajaban para acabar con los extraterrestres y humanos que robaban y mataban, pero se sentía sola, ni siquiera la compañía de Mai era suficiente. Le gustaba pasar el tiempo enseñándole sobre tecnología y mecánica, pero sin su familia estaba completamente sola.
—Dile a mi papá… —Mantuvo la mirada en el cuchillo—. Dile a mi papá que pronto iré a verlo. Y dale esto de mi parte… —Del bolsillo de su chaqueta sacó una cajetilla de cigarros. Estaba cerrada, como nueva y eso era algo sumamente difícil de encontrar.
—Le diré.
Estaban sentados uno al lado del otro, frente a frente, tan cerca que sus piernas se tocaban y podían casi sentir la respiración del otro. El salón de comida ya estaba deshabitado y una sola luz iluminaba el lugar. Yamcha aprovechó el momento para poder mirarla a su antojo; era tan hermosa, de pies a cabeza y la amaba tanto. Desde el primer momento que la vio cuando despertó inconsciente en el refugio, luego que su padre lo rescatara. Sí, la amó desde el primer momento y seguía siendo de esa forma. Si tan solo pudiera hacerla sonreír nuevamente.
El joven tomó la cajetilla y la guardó en su chaqueta, pero sus manos regresaron a las de ella. Ese movimiento inesperado y las manos tibias hicieron que la chica levantara la vista para mirarlo.
—No seas testarudo. Quédate esta noche aquí. Mañana partirás temprano y podrás manejar más rápido —insistió de una forma que sonara a preocupación por él, y no una petición personal.
—Si tanto quieres que me quede contigo, entonces lo haré —respondió con una sonrisa.
—No es que quiera que te quedes conmigo. —Frunció el ceño ofendida—. Simplemente me preocupa que salgas en la moto tan tarde. Siempre has sido muy torpe para conducir y le vas a dar más trabajo a Morgan y papá si llegas con alguna herida por haber caído.
—Jamás me he caído. Esa fuiste tú y estuviste una semana en cama. Todos te atendimos como una reina.
Continuaron tomados de la mano, conversando, mirándose a los ojos.
—Es lo mínimo que podían hacer, después de todo siempre me desviví cuidándolos y haciéndoles cosas deliciosas de comer.
El joven rio ante ese último comentario. De las millones de razones para extrañarla, esa no era una de ellas.
—¿Qué te causa tanta risa?
—No es nada. Me gusta recordar cuando vivías con nosotros.
—Volveré, pero primero tengo que terminar mi trabajo.
—Lo sé. Mientras tanto todos extrañamos mucho tus platos, especialmente ese que siempre se te quemaba. —Rio con un poco más de ganas.
Bulma soltó sus manos para golpearle en el pecho en reiteradas ocasiones.
—¡Ya sabía que te burlabas de eso! ¡Mal agradecido, después de todo lo que hice por ti!
Yamcha volvió a atrapar las manos de la chica, sin dejar de sonreír. Le gustaba verla así, le encantaba porque al menos sus ojos ya no estaban tristes cuando se enfadaba.
Ella intentó soltarse para continuar golpeándolo mientras le reclamaba por no apreciar sus esfuerzos en la cocina, pero él, mucho más fuerte, la retuvo sin dejar de reír, aumentando su enojo exagerado.
En ese momento no se contuvo más, le fue imposible. Toda la vergüenza y timidez desparecieron de un momento a otro y solo quedó el amor que sentía por ella. Sin soltarla de las manos acortó la poca distancia que los separaba y la besó en la boca.
Bulma quedó helada ante el contacto. No lo vio venir, pero se dejó vencer con extrema facilidad. Cerró los ojos y apretó las manos de Yamcha con las suyas. Ahora que daba su primer beso se daba cuenta cuánto lo necesitaba y precisamente de él.
Yamcha se sintió en las nubes en un viaje sin retorno. Había soñado tantas veces ese momento, y ahora que lo vivía era diferente y mucho mejor. Su boca delicada era exquisita, sentir su lengua tímida invadir la boca de él, su aliento cálido chocando con el suyo. Era perfecta. Su boca lo era, ella lo era.
La adolescente se inclinó hacia él y cargó sus manos en su pecho cuando la soltó para tomarla del cuello. Eso la hizo tiritar un poco, pero era tanta la confianza y cercanía que se sintió a gusto. Tantas veces se abrazaron o durmieron juntos para soportar las noches frías, que sus caricias no le causaron molestia. Se sentía protegida y sin frío.
Por un momento sintió un poco de paz.
El beso pudo haber continuado de no ser que escucharon pasos acercarse que los hicieron volver a la realidad y sentir vergüenza de lo que hacían. Se separaron enseguida y Bulma tuvo tiempo suficiente para moverse un puesto más atrás antes que ingresara Mai al salón.
—Yamcha, ya terminé. —La joven sonrió más al ver a Bulma. No se dio cuenta de las mejillas rojas ni las miradas avergonzadas—. Buenas noches, Bulma.
—Buenas noches, Mai —susurró mirando al lado contrario de Yamcha.
—Qué bueno que te encuentro, Yamcha. Ya terminé lo que dije. —Feliz, se acercó a la mesa, justo en el espacio desocupado que usaba Bulma segundos atrás. Se sentó y puso sobre la mesa unos lentes parecidos a los que usaban los aviadores antiguos, solo que estos se venían de material moderno.
—¿Qué son? —consultó preocupado de prestarle atención a los anteojos y no a la chica bonita que había estado besando. Aún no podía creer que hubiese pasado. Era la persona más feliz del mundo y la amaba más por eso.
—Te ayudaran a ver de noche. Tienen visión nocturna y además te protegerán los ojos de las tormentas de arena. Puedes usarlo de día y noche y la visión será perfecta —dijo contenta y orgullosa de su trabajo. Esto había sido algo que se la había ocurrido hace tiempo, justo en una anterior visita de Yamcha que debió ser atendido en la enfermería por una molestia en los ojos debido a la arena. Esto lo había hecho pensando en él.
—¡Es muy bueno! Justo lo que necesitaba, muchas gracias. —Se las puso para comprobar si lo que prometía era cierto.
—Cuando te vayas verás cómo funcionan. Es muy fácil y rápido —agregó la chica.
—Es un muy buen invento, Mai —comentó Bulma, a la vez que mordía su labio inferior, aún sensible por tan largo beso.
—Lástima que deberé esperar hasta mañana para ver cómo funcionan —dijo Yamcha, adelantándose a Mai que pretendía agradecerle a Bulma por el cumplido.
—¿Por qué no? —preguntó Mai.
—Porque pienso pasar la noche aquí.
Mai sonrió ante la noticia, mientras que Bulma reprimió la mueca de felicidad, contenta por haberse salido con la suya.
(…)
Planeta desconocido
Ginn voló hacia atrás con el ónix corriendo para atraparla. Ella fue más veloz que él y le dio tiempo para reunir la energía suficiente para preparar su ataque, sin dejar de retroceder y con la la bestia a menos de un metro de distancia. Estiró las manos que se iluminaron con su energía y lanzó cientos de bolas de energía contra el cuerpo y rostro del ónix. El suelo retumbó bajo sus pies, la tierra se rompió y fue imposible la visión a causa de todo el polvo levantado.
Desde su lugar, Vegeta debió esperar unos momentos para poder continuar viendo, era difícil con tan poca visibilidad, pero entonces sonrió de lado al ver lo que pretendía la joven.
La primera vez que pelearon con ellos se dio cuenta de la mala visión con la que contaban y ahora ella tomaba ventaja de eso al no dejarlo ver con claridad para poder atacar de forma más efectiva.
Cuando pudo ver un poco mejor, divisó a la joven corriendo hacia la bestia de piedra y con agiles movimientos logró ponerse sobre sus anchos hombros. Sin perder tiempo lo golpeó en la cabeza con ambos puños mientras la criatura intentaba levantar los brazos para detenerla, pero era muy rápida para él. Los golpes de puño continuaron hasta que comenzaron a romper la piedra cada vez más, los pedazos caían al suelo y el ónix desesperado gruñó sin poder liberarse de su agarre. Ginn gritó eufórica, aún con el dolor latente en su hombro, pero disfrutando de su segura victoria. En un momento, uno de los golpes destruyó un ojo, lo que ocasionó que la mitad del cuerpo de su oponente dejara de funcionar. Ginn estaba tan concentrada tratando de destruir su cabeza que no lo notó y siguió con su fiero ataque. No tardó mucho hasta que el otro ojo terminó hecho añicos en el suelo y junto con éste, la cabeza y el resto del cuerpo. La chica cayó sobre lo que quedó de su enemigo y como si nada hubiese pasado, se levantó y soltó su cabello para volver a arreglarlo en una cola desordenada. La herida de su hombro continuaba abierta y sangrando, pero eso fue lo de menos. La adrenalina que producía los momentos de gloria era incomparable.
Se acercó a Vegeta, pretendía continuar la conversación pendiente, pero gritos roncos de furia y desesperación los hicieron mirar hacia su derecha. Ante ellos había al menos seis criaturas de piedra. Deberían dejarlo para después.
Sin decir nada, los dos guerreros se pusieron en posición de ataque.
(…)
Planeta Tierra
—Este es mi cuarto —Bulma le indicó a Yamcha cuando ingresaron. En silencio contempló cuando él cerró la puerta y quedaron solos en la pequeña habitación que contaba con una pequeña cama, un velador, lámpara y una pequeña repisa para sus pocos libros. A los pies de la cama había un gran bolso con ropa y objetos personales.
—Es pequeño.
—Sí, pero casi no paso tiempo aquí. Tengo mucho trabajo que hacer.
—Te ves cansada.
—Necesito dormir un poco más. —Enmudeció cuando lo vio acercarse. El lugar era tan pequeño no tenía otra opción de mantener distancia.
Por fin podían estar solos luego de ser interrumpidos. Luego que Mai se marchara, llegaron los encargados del refugio y conversaron con ellos al menos por una hora. Ahora estaban solos y en privado.
La tomó de las mejillas pero dudó si besarla o no. Bulma demostró tener más personalidad (como siempre) y fue ella quien tocó su boca con sus labios por unos segundos. Le había gustado, la había hecho sentir bien y eso era algo muy difícil. Él dio el paso para un segundo contacto.
—Por favor, prométeme que volverás pronto a casa.
—Yamcha… —No podía hacerlo. Eso estaba claro para ella.
—Te extrañan tanto, yo te extraño tanto… —Acarició su mejilla tal y como lo había fantaseado cientos de veces. La realidad no tenía comparación.
—Volveré a casa, te lo prometo, pero no sé cuándo.
—Te prometo que vendré más seguido a verte.
Bulma sonrió. Eso le gustó, así podría tener noticias de su padre y distraerse con su amigo.
—Más te vale cumplir tu palabra, Yamcha.
—Claro que sí.
Se dieron otro par de besos antes de volver a mirarse a los ojos. Yamcha sentía que podría estar así todo el tiempo y ella como si los problemas pudieran dejarse de lado por unos momentos.
Entonces él abrió la boca y habló.
—Te amo. —Por fin pudo desahogar lo que tenía guardado hace tantos años. No lo pensó. Era la primera vez que lo decía y no meditó si era el momento adecuado o si era demasiado pronto. Simplemente era lo que sentía, era honesto y simple, como él y ahí estaba su corazón en frente de ella para que hiciese lo que quisiese con él, como había sido toda su vida.
Los ojos de ella crecieron y brillaron por un momento a causa de la sorpresa. No supo qué decir, pero su corazón se aceleró más. Lo quería demasiado, lo quería como nunca llegaría a querer a nadie porque ha sido su compañero de aventuras desde muy pequeños. Lo encontraba guapo y le gustaba mucho, pero no sabía si lo amaba. Nunca conoció otro amor además del de su padre y de lo poco que recordaba a su madre. No sabía cómo era o se sentía esa clase de amor y no creía que llegaría a conocerlo. Lo único que sabía esa noche era que quería estar con él. Abrazarlo y protegerse del frío, porque en todo ese inmenso lugar subterráneo, con toda esa gente habitándolo, solo con él se sentía protegida para cerrar los ojos y descansar.
Al no obtener respuesta de regreso, Yamcha quiso decir algo al respecto. No esperaba un te amo de regreso y no quería presionarla para nada. Ahora se daba cuenta que había sido muy apresurado de su parte y se arrepentía, pero ella se adelantó y volvió a besarlo. La chica le demostró que no había razón para sentirse incómodo. Ella también lo quería mucho.
Esa noche durmieron abrazados como tantas otras veces lo hicieron cuando niños. Yamcha despertó en algún momento cuando aún estaba oscuro y no pudo volver a retomar el sueño. La observó dormir y acarició su cabello sin poder borrar la sonrisa de su rostro.
(…)
Planeta Desconocido
Los saiyajin volaron uno al lado del otro a gran velocidad. Cuando llegaron con el ónix lo golpearon en el rostro, justo en el lugar donde sus ojos negros y brillantes se ocultaban. La bestia no alcanzó a protegerse si atacar; se desplomó en cientos de partes de distintos tamaños cuando sus ojos fueron destruidos.
Vegeta cayó en ese mismo lugar, exhausto y herido, había sido más difícil de lo esperado, pero ya habían acabado con todos. Mientras que Ginn aterrizó más lejos debido a la fuerza que le puso a su ataque.
El joven príncipe, con la respiración agitada, recargó la espalda en la roca a la espera de poder mover su cuerpo. Estaba agotado y adolorido. Esas bestias habían sido demasiado difíciles de destruir. Apretó los dientes cuando la molestia en el abdomen creció, bajó la vista para comprobar que en el costado derecho la armadura se había quebrado y un pedazo de esta misma en punta se había enterrado en su carne. No supo en qué momento había ocurrido, estuvo tan concentrado en eliminarlos que no lo notó.
Ginn se movió un poco para quitarse las piedras que quedaron bajo ella. Su espalda le dolía demasiado, pero la herida que dejaron en su hombro era más grave, aunque nada se comparaba a la dulce victoria. Todas las heridas quedaban atrás una vez que derrotaban al enemigo. Se podía decir que cada herida ganada fue necesaria para llegar a este resultado.
Mientras regulaba la respiración, apoyó los antebrazos para levantarse un poco y mirar al príncipe. Estaba ocupado quitándose la armadura que al parecer estorbaba más que ayudaba en ese momento porque un pedazo le había roto el traje azul a la altura del abdomen junto con la piel. Desde donde estaba notó que la herida era profunda, pero no lo vio hacer nada, simplemente arrojó la armadura a un lado y volvió a recargar la espada en la roca para continuar descansando un poco antes de ir a buscar a su hermano.
Le atraía, le atraía demasiado, mucho más que cualquier otro guerrero que haya conocido. No se trataba que fuera príncipe, era todo él, su carácter, su fuerza, su forma de ser, su manera de pelear; incluso el que ocultara el interés en su hermano, porque ella hizo lo mismo toda la vida con su hermana, pero la realidad era distinta.
Se levantó, y sin dejar de mirarlo se quitó su armadura. Caminó hacia él hasta ponerse a su lado, decidida, demasiado excitada después de la pelea que compartió con él y eso era algo que jamás le había ocurrido en el campo de batalla.
Vegeta la escuchó acercarse, pero no levantó la vista hasta cuando las botas negras estuvieron a su lado. La miró a los ojos, pero su mirada se desvió cuando el rabo de la chica se desenredó de su cintura y cayó con un sensual movimiento felino. Sintió que por un momento olvidó respirar, pero ahí estaba su pecho bajando y subiendo, trabajando por su cuenta, porque estaba demasiado ocupado mirándola a ella.
Aún agitada por el violento combate, Ginn se quitó los guantes y la parte de arriba del traje de combate. Vegeta no desvió la atención de su rostro, pese a saber que se encontraba semidesnuda. Lucía serio, pero el flequillo despeinado por la pelea cubría sus ojos y no se podía ver bien su estado de ánimo. La chica continuó con sus botas y luego el pantalón. Su cuerpo era perfecto, tonificado, con curvas, el de una guerrera que gozaba del don de la juventud. Su piel tersa solo estaba marcada por esa cicatriz que comenzaba en su cuello y terminaba entre sus dos pequeños y firmes pechos. Esa herida había sido tan grave que ni siquiera el tanque de recuperación pudo sanarla del todo, y también fue la culpable de no poder ayudar a su hermana.
Se sentó sobre él y dudó un segundo si tocarlo o no, lo notaba demasiado tenso, su espalda pegada a la roca y su mandíbula lo delataban, pero al final lo hizo y acercó su rostro para besarlo.
Vegeta sintió el contacto con sus labios. Intentó hacerse hacia atrás, pero la roca se lo impidió. Nuevamente esa cercanía tan incómoda se hacía presente, pero algo dentro de sí lo hizo aceptarlo unos segundo más y mover su boca también. De alguna u otra forma ya no era tan desagradable. Tal vez era el sabor de su sudor por culpa de la pelea, también podía ser el probar la sangre de la guerrera que entregó todo de ella para ganarle al enemigo. No entendía por qué ahora se le hacía tan distinto.
Ginn terminó el beso y alejó las manos de su pecho bajar las manos y prestarle atención a su pantalón. Lo bajó lo suficiente y con una mano sacó su miembro completamente duro y listo.
Vegeta miró su pene erecto y no supo cuando fue que sucedió. No sabía si era a casusa de la chica desnuda, del combate recién vivido o ambas. Cuando sintió las manos de Ginn en el, soltó el gemido que venía resistiendo desde que la vio liberar su rabo.
La joven lo estimuló sin dejar de mirarlo a los ojos. Quería saber si lo estaba haciendo bien y disfrutaba, pero Vegeta no ayudaba mucho, ya que mantenía la mirada seria, pero su respiración que ya debiese haberse calmado, volvió a agitarse y sus manos enguantadas rasguñaron con fuerza el suelo de tierra en respuesta a lo que le hacía. Intentó besarlo nuevamente. Esta vez fueron un par de besos sonoros que ella disfrutó, pero evidentemente él no, por lo que decidió no volver a reclamar sus labios por mucho que le gustaran. Quería complacerlo, hacerlo sentir bien, ya que ahora se daba cuenta que jamás había estado con una mujer antes, y eso era raro, el despertar sexual de los saiyajin ocurría a temprana edad, en especial el de los guerreros. No perdió más el tiempo y se acomodó para concretar la unión.
Vegeta soltó el segundo gemido ronco cuando se sintió dentro de ella. La compostura acostumbrada comenzó a perder terreno y no fue capaz de contener los gemidos a medida que ella se fue moviendo. Sintió su cuerpo caliente, no pudo dejar de apreciar a la joven que gemía sentada sobre él. Ya había visto mujeres desnudas en las reuniones de palacio cuando su padre celebraba sus victorias o en las purgas cuando soldados tomaban sus trofeos de guerra, pero esta vez fue diferente. Estaban solo los dos, ella estaba con él y solamente para él, y lo que sentía en ese momento por todo su cuerpo no fue capaz de ponerle nombre. Sus sentidos se alteraron, el contacto con la piel fue agradable, especialmente cuando ella renunció a la idea de besarlo, sentía escalofríos correr por su espalda cada vez que la escuchaba quejarse, se excitaba más al respirar su aroma, una combinación de lo que debe ser la esencia de la joven mezclada con sudor y sangre. Cuando el rabo de Ginn se acercó a su mano la atrapó y apretó con fuerza, entonces por primera vez tuvo conciencia de sus actos y llevó las manos enguantadas a sus caderas para obligarla a mover más rápido y así incrementar el placer.
Ginn gritó cuando el guerrero apretó su cola justo en la base de su columna y apoyó las manos en los hombros de Vegeta para ayudarse con el ritmo. Las heridas de ambos sangraron más, pero ninguno lo notó.
Justo cuando sintió que alcanzaría el orgasmo, Vegeta la sorprendió al tomarla de la cintura y voltearla para dejarla acostada en el suelo, con él entre sus piernas.
Se movió más rápido y apoyó las manos en el suelo para separar los torsos. Lo que experimentaba en ese momento lo tenía desesperado por no poder controlarse, mucho menos al ver el rostro de la chica y esa cicatriz entre sus pechos. Sintió deseos de pasar su boca por la marca, morder su piel y hacer más con ella, pero se limitó a moverse con más fuerza, a punto de llegar al clímax. En el momento que la vio estirar sus manos a su cuello, atrapó sus muñecas y dejó sobre su cabeza. Ginn no intentó soltarse, cerró los ojos y gimió disfrutando del momento.
(…)
Planeta Tierra
Hizo lo que Akiko le pidió. Fue a su cuarto, tomó su mochila, un poco de ropa, luego a la cocina por algo de comida. Le costó trabajo encontrar algo, ya que todo estaba desordenado o roto, repartido por el suelo. Ni siquiera la comida que había hecho para su familia estaba. A su corta edad no lograba hacerse una idea de lo que realmente sucedía, ni la razón de por qué la engañaron al decirle que no podía salir al exterior por su alergia mortal al sol. No lograba comprender nada, sin embargo, le obedecería a la que fue como una madre para ella.
Recorrió la casa por completo a la espera de encontrar a algún miembro de su familia, pero nada. Solo soledad, espacios vacíos, silenciosos desordenados a causa del saqueo. No estaba su papá, ni su entrenador de artes marciales, no estaba la señora que siempre mantenía la casa limpia y reluciente y que seguramente se molestaría mucho de verla en su estado actual.
Debía viajar y encontrar un refugio. No entendía por qué, aún tenía miedo de salir al exterior y encontrar una realidad desconocida. Hace solo un par de días estaba preocupada de jugar con sus muñecas, estudiar y entrenar; hacer su vida normal como lo había estado haciendo todos estos años, y ahora se supone que estaba completamente sola.
Puso un cobertor sobre las piernas de Akiko, besó su mano fría y caminó hacia la salida. Debió tener cuidado de pisar los vidrios que quedaron repartidos por el suelo de toda la sala cuando los asesinos de su familia saquearon todo el lugar. Sus ojos aún le molestaban un poco, pero podía ver a la perfección. Se preocupó de poner un abrigo grande, un sombrero para ocultar su rostro y los lentes de sol que usaba Akiko cuando hacía mucho calor y debía ir al exterior.
Trato de no mirar al señor Kurly cuando pasó a su lado. Cubrió su nariz para no tener que respirar el fétido olor que emanaba de su cuerpo. Ahora entendía que no estaba dormido por culpa del vino, sino que estaba muerto. Continuó caminando, a punto de llorar. Quería a Akiko a su lado, necesitaba a su papá para cuidarla, y al resto de su familia con ella, pero estaba sola.
En cuanto salió al exterior se dio cuenta que aún no oscurecía, pero salió de todas maneras. Fue en el momento en que vio un bulto en el suelo, cuando recordó las palabras de Akiko. Cubrió su cabeza con el capuchón del abrigo y miró al suelo todo el momento que avanzó; a causa del miedo olvidó la letra de la canción que debía cantar, pero hizo lo posible por recordarla y recitarla, pero varias partes de ésta las dijo mal o cambió la letra, ya que el llanto que la invadió en ese momento no la dejó pensar con claridad. Corrió sin detenerse ni mirar atrás, sintió el aire sucio, la hizo toser y ahogarse en su llanto, pero nunca quiso mirar su casa y sus tierras, algo en su interior, pese a ser tan pequeña, le advirtió que si lo hacía jamás volvería a estar bien.
Corrió por casi una hora en la dirección que Akiko le indicó, solo se detuvo cuando encontró la estatua que había mencionado, pero no supo qué hacer. El lugar estaba en ruinas, quizás hace años, pero lo que quedaba en pie había sido consumido por un incendio hace no mucho. El suelo estaba caliente y aún olía mal. No encontraba puerta y pese a que pidió ayuda nadie salió.
No entendía qué pasaba. Todo era muerte y destrucción. Había vivido toda su corta vida preocupada de que el sol pudiera dañarle la piel y ahora, por primera vez, abría los ojos a una realidad que no lograba comprender, pero la asustaba.
Gritó una vez más, pero su aullido fue silenciado por la mano de un adulto en su boca. Sintió otra mano que intentaba tomarla de la cintura, pero veloz y con vasto conocimientos de defensa personal, lanzó un golpe de codo hacia atrás para liberarse de quien sea que intentara atraparla. Se volteó para atacar, pero el hombre le indicó con la mano que se detuviera y guardara silencio. Estaba vestido de negro, con el rostro cubierto como un ninja de algún libro de los tanto que leyó con su maestra. Quiso golpearlo de nuevo para huir de él, pero el hombre la esquivó y le indicó que no hiciera más ruido, además le mostró con la mano que mirara hacia atrás.
Desconfiada, lo hizo con cuidado, para no caer en su trampa, pero de reojo alcanzó a ver un par de hombres altamente armados caminando entre los escombros de lo que alguna vez fue una pequeña ciudad emergente.
El hombre no esperó más y la tomó de la mano para obligarla a correr con ella. Milk no quería ir con él, pero no tenía otra opción, después de todo si este hubiese sido un hombre malo, la hubiera lastimado como sucedió con Akiko, su padre y el resto de su familia. Casi vomitó cuando el ninja la obligó a ocultarse entre una montaña de cadáveres calcinados, y su boca debió ser cubierta una vez más cuando se largó a llorar, desesperada por la escena y el asqueroso olor que se filtraba en su nariz.
—Si sigues llorando nos van a encontrar y matar a ambos. ¿Es eso lo que quieres? —susurró contra su oído, pero al no obtener más respuesta que sollozos desesperados, debió zamarrearla un poco para hacerla reaccionar—. Silencio, o te dejaré aquí sola con esos hombres.
No sabe cómo fue capaz, pero se calló. Cerró los ojos y se imaginó en otro lugar, no recostada sobre cuerpos de personas que asesinaron de la manera más brutal para luego quemar sus cuerpos, aunque muchos de ellos fueron quemados en vida y era fácil distinguir quienes, debido a la expresión de horror eterno marcado en sus rostros calcinados.
El hombre la quedó mirando. No entendía qué hacía una niña tan pequeña sola en este lugar. Tal vez era una sobreviviente del refugio que atacaron, pero se veía en perfecto estado, incluso su cabello relucía por lo bien cuidado. No parecía alguien que estuviera escondida sin nada qué comer.
Debieron estar entre los cadáveres casi una hora mientras los sujetos inspeccionaban el lugar. Afortunadamente para ellos, el olor era tan insoportable, que en ningún momento se acercaron y cuando Milk pensó que ya no podría soportar más, una camioneta llegó para retirar a los hombres, pero para seguridad de ambos, debieron esperar cerca de veinte minutos que fueron otra eternidad.
—¿Eras de este refugio? —preguntó el hombre en cuanto se levantó.
Milk no respondió. Lo miró un segundo, pero luego fijó toda su atención a su alrededor. No sabía por qué, pero su mundo perfecto se había transformado en un cementerio en ruinas con cuerpos calcinados y pudriéndose por donde quiera que miraba.
—Niña, responde. ¿Tienes algún familiar donde llevarte?
Lo miró y quiso responder, pero sintió que vomitaría si intentaba abrir la boca.
—No hay tiempo que perder, niña. Si no me dices nada, te llevaré conmigo, o te dejaré aquí sola si es que lo prefieres.
No pudo responder. Había sido demasiado en tan poco tiempo. De pronto todo le dio vueltas y terminó inconsciente en el suelo.
(…)
Planeta desconocido
Abrió los ojos. No supo en qué momento se había dormido. Tal vez había perdido el conocimiento a causa de la pérdida de sangre, pero el descanso lo hizo sentir mucho mejor.
Notó que a su lado estaba Gure, observándolo con una gran sonrisa en su rostro.
—¿Te sientes mejor? —preguntó en un susurro. Sus padres dormían al otro lado de la cueva y no quería despertarlos.
—Sí, gracias. —Con mucho cuidado se movió para sentarse. No quería que el dolor de cabeza regresara.
Gure fue hasta la corriente de agua y volvió con un poco en una hoja más grande que su cabeza. En silencio se la ofreció al niño que bebió todo sin pensarlo. Tenía tanta hambre, pero no pidió más comida a la madre de Gure, ya que no debían tener mucho dado las condiciones en que se encontraban.
—¿Cuándo crees que podrás reparar tu comunicador?
—Muy pronto —respondió mirando sus ojos que brillaban esperanzados. Necesito ir a mi nave. Tengo herramientas para arreglar el scouter.
—Yo te acompañaré.
—No puedes ir, es muy peligroso allá afuera.
—Pero yo conozco el lugar. Siempre soy la que va por comida.
—Está bien. —Optó por no seguir insistiendo. Luego hallaría una forma para salir sin ser visto.
—Estoy muy feliz de haberte conocido, Tarble. —Inmediatamente su rostro pálido se puso rojo—. No me refiero a estar feliz por tu accidente, eso fue terrible, pero eres muy poderoso y sobreviviste.
El niño sonrió ante lo asombrada que estaba por su poder. Si tan solo supiera que en su planeta debía esforzarse a diario para no ser humillado por el bajo nivel de pelea en comparación a otros guerreros de alto rango.
—Gracias…
—Cuando salgamos de aquí quiero que nos visites a nuestro planeta. Es un lugar muy lindo, lleno de plantas y flores. Nosotros nos preocupamos de cuidarlas y quererlas. Nuestra familia estará feliz de recibirte por habernos salvado. ¿Cómo es tu familia?
—¿Mi familia? —Hizo una pausa antes de responder. No sabía que decir, pero encontró algo que no era mentira—. Mi madre y mi hermano son lo más importante para mí.
—También puedes invitarnos a conocer mi planeta. Todos son bienvenidos.
Tarble sonrió ante su invitación. Su madre estaba demasiado ocupada ocultando miles de mentiras que escondía incluso de él para protegerlo, pero tenía una vaga idea de qué trataban, además estaba en las últimas semanas de embarazo y no podía salir de su cuarto por orden del rey. En cuanto a Vegeta… No, definitivamente no.
—¿Ustedes hicieron crecer todas las flores y plantas? —preguntó impresionado y queriendo cambiar el tema. Estaba admirado por la belleza del lugar. Su planeta se caracterizaba por la tierra seca y solo contaba con un bosque pequeño que separaba a los guerreros con rabo de los castrados, es decir, la zona negra.
—Quisimos hacer algo que nos recordara nuestro hogar —respondió de forma amable y siempre sonriendo—. Y así tener aire fresco y limpio. Nos ayudó el agua que corre por aquí.
—Tu planeta debe ser un lugar hermoso.
—Sí, lo es. Lo verás con tus propios ojos cuando vayas.
—Será un gusto visitarlos. —Fue honesto con sus palabras. Por alguna razón la voz de la niña lo hacía sentir bien y eso era bastante difícil.
—¿Cómo se llama tu planeta? —preguntó Gure.
—Dahlia. Es muy pequeño y lejano —respondió apresurado. Fue lo primero que se le vino a la mente mientras observaba las flores.
—¡Qué nombre tan precioso! Es como una de nuestras flores.
Tarble sonrió en respuesta.
—¿Qué hace tu familia? —consultó curioso el niño.
—Nosotros trabajamos en la tierra, pero mi papá se encarga de ayudar a los enfermos y a quien lo necesite. Sabe hacer muchas pócimas con flores y plantas para ayudar a la gente. Me ha estado enseñando, pero es muy difícil, aunque tiene mucha paciencia y confía en mí.
La niña continuó hablando sobre lo que hacía su familia y gente, algo totalmente nuevo para Tarble que se maravillaba con cada anécdota y detalle que para Gure era algo normal. El niño que solo conocía destrucción y muerte se ilusionó ante la posibilidad de conocer todo eso algún día. Por primera vez se dio cuenta que había esperanza en su vida y existía mucho más además de lo que su destino le tenía preparado. Solo dependía de él, nada estaba escrito.
Conversaron un momento más hasta que la madre de Gure la llamó para que regresara a su cama con ellos. En ese momento Tarble notó que había un cuarto integrante en la familia, un hermano pequeño, casi un bebé que dormía entre ambos padres.
Una vez que estuvieron todos durmiendo, tomó su scouter y lo prendió. Inmediatamente este le registró dos presencias poderosas acercándose hacia la cueva. Se lo quitó para poder manipularlo y cambiar la opción de uso. Era algo que había aprendido en sus ratos libres y de esa manera podía escuchar conversaciones de otros comunicadores, tal y como lo hacían desde la base donde controlaban a los soldados de elite que enviaban a misiones importantes y riesgosas. Cuando volvió a poner el scouter en su oído, corroboró sus sospechas, era la voz de Vegeta que hablaba con alguien más.
Lo apagó enseguida, no quería que su hermano intentara comunicarse con él. Con cuidado se puso su armadura, botas y guantes y salió del lugar con el aparato en la mano. Lo hizo levitando, de ese modo no había riesgo de despertar a nadie.
Observó a la familia dormir antes de marcharse. Sabía que se sentirían decepcionados por desaparecer sin avisar y seguramente pensarían que los abandonó, pero no es así, era lo mejor que podía hacer. Conocía a su hermano y de lo que era capaz.
(…)
Planeta Tierra
—Tranquila, aquí estás a salvo.
—¿Akiko? —Milk llamó a su niñera cuando despertó. Estaba en una cama, con una mujer de cabello azul a su lado.
—No, no soy ella. Mi nombre es Lunch y has dormido por casi un día entero.
Al recordar todo lo vivido, Milk se sentó en la cama, asustada y tiritando. Quiso levantarse pero la mujer se lo impidió.
—No tengas miedo, niña. Aquí estás protegida.
—Es verdad —intervino un niño de piel blanca, tan blanca como las muñecas que Milk dejó en su casa. Su voz era bastante aguda.
Milk se cubrió con el cobertor, Continuaba asustada por la gente que no conocía, por lo que la joven decidió hablar.
—Mi nombre es Lunch, él es Chaoz y vivimos al sur de donde Ten te encontró. Es bastante lejos y tuviste la suerte que Ten hubiese andado por ahí para ayudar a la gente del refugio. ¿Eras de ahí?
La niña movió la cabeza de derecha a izquierda para responder.
—¿Tienes familia, algún lugar donde reunirte con ellos?
Inmediatamente los ojos de Milk se llenaron de lágrimas. Estaba completamente sola.
—No te preocupes. Si no tienes donde ir, puedes quedarte con nosotros.
—Gracias… —respondió en un hilo de voz.
—Me imagino que debes tener hambre. Iré a arreglar la mesa para que comamos juntos. No tardo. Chaos, hazle compañía a la niña, por favor.
—Sí.
Cuando quedaron solos, Milk se sintió en un poco más de confianza, ya que era otro niño, aunque lucía bastante extraño.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó tímida.
—Te desmayaste y Ten te trajo acá. Vivimos en una casa escondida en el bosque. Es muy difícil encontrarla, por eso podemos vivir tranquilos.
—¿Qué ocurrió con la gente, con el planeta?
Chaoz no entendió la pregunta. No se imaginaba en la gran mentira que había vivido la niña por tantos años.
La puerta se abrió y apareció el ninja que le salvó la vida. Su ropa negra estaba sucia por tierra. Lo vio quitarse la ropa que cubría su rostro y entonces Milk pudo ver que más que un hombre se trataba de un joven de hombros anchos y cuerpo de guerrero y para su sorpresa tenía tres ojos.
—¿Ya despertó?
—Sí, Ten. Y está bien.
—Muchas gracias… —susurró un poco más calmada—. Mi nombre es Milk.
—Milk —repitió con expresión dura—. No eras del refugio, vivías con tu familia bajo la construcción de un castillo en ruinas.
La niña se sorprendió al oír eso, ya que era acertado. Asintió con la cabeza y esperó a que hablara más. Tal vez le diría que encontró a alguien con vida y la reuniría con ella.
Desafortunadamente no fue así.
—Puedes estar tranquila—dijo Ten—. Tus muertos descansan en paz bajo tierra.
Luego de dejar a Milk en su casa, volvió al lugar donde la encontró y continuó caminando hasta que encontró los cadáveres asesinados no hace mucho. Entró a su refugio en busca de algún sobreviviente, pero todos estaban muertos. Por esa razón tomó lo que pudiese servirle y de paso cavó diez tumbas, una para cada persona.
Los ojos de Milk volvieron a llenarse de lágrimas.
—¿Qué pasó con la Tierra? —Necesitaba saber la verdad.
(…)
Planeta desconocido
No le tomó mucho tiempo encontrarlos. En menos de media hora se topó frente a frente con su hermano y Ginn. Sonrió feliz, aunque se preocupó un poco al verlos en tan mal estado y con sus armaduras dañadas. Definitivamente habían encontrado a muchos ónix en su camino y no sabían cuál era la forma rápida y efectiva de eliminarlos sin tener que luchar, pero según cómo conocía a los dos, estaba seguro que de haber conocido ese detalle clave para acabar la pelea sin necesidad de contacto, hubieran optado por la fuerza bruta.
—¡Estás vivo! —exclamó la joven. Feliz de verlo caminar por su cuenta pese a verse tan mal herido. Corrió hasta él para verlo más de cerca.
Vegeta continuó caminando al mismo ritmo.
—Sí, estoy bien. Y veo que ustedes también.
—Tuvimos que pelear bastante, pero nada importante —dijo riendo, de muy buen ánimo.
—Tenías que meterte en problemas —comentó Vegeta cuando llegó hasta su hermano.
—Lo siento, Vegeta. No recuerdo nada, debí perder el conocimiento.
—Dos asteroides golpearon tu nave. Pensé que morirías enseguida, pero aquí estás. Nuevamente te subestimé.
Tarble sonrió ante el comentario de Ginn.
En ese momento el scouter de Vegeta comenzó a sonar. Entonces el joven se alejó un par de pasos para poder hablar sin ser interrumpido. Los dos saiyajin lo observaron hasta que Ginn se fijó en las vendas del chico.
—¿Alguien te ayudó? No creo que hayan sido esas piedras estúpidas.
—No, claro que no —respondió nervioso, intentando en pensar en alguna excusa—. La verdad es que no recuerdo muy bien, estaba en muy mal estado. Dormí todo este tiempo, y ahora desperté solo, no vi a nadie más que esas piedras gigantes. —Suspiró aliviado cuando Vegeta regresó para interrumpirlo.
—Se han comunicado desde palacio. Koora ha dado a luz. Y ya que no estás en condiciones de pelear, regresaras a Vegetasei. Imagino que te interesa estar con ella ahora, perdiendo el tiempo en lugar de pelear.
Los ojos del niño se iluminaron. Había esperado tanto este momento y lamentaba no haber estado con su madre para acompañarla.
—¡¿Cómo se encuentra?! — interrogó Tarble, feliz y preocupado.
—¿Qué fue? —preguntó Ginn, contagiada por el entusiasmo del niño. Por supuesto no sucedió lo mismo con Vegeta.
—No me importa. Yo iré a completar mi misión.
Tarble no le dijo nada al respecto. Se esperaba una reacción así.
—Yo también quiero hacer la misión. Tarble se puede ir en mi nave y yo comparto su nave, príncipe Vegeta. —Terminó la oración con una evidente sonrisa coqueta que hasta Tarble advirtió.
—Yo no tengo problema —comentó el niño—. Estoy demasiado herido para ir a pelear.
—No. Los dos regresarán a Vegetasei y compartirán la nave. Ninguno de los dos me es útil para la misión.
—¡Yo puedo ser útil! —Levantó la voz evidentemente molesta. Era la primera vez que le hablaba así a Vegeta—. Probé que soy una buena guerrera y puedo seguir peleando.
—Ya lo decidí. Volverán a Vegetasei ahora mismo.
Afortunadamente para Tarble, Ginn se cruzó de brazos y no protestó más. Estaba desesperado por volver a su planeta, sanar las heridas, ver a su madre y regresar por ayuda para su nueva amiga.
(…)
Vegetasi
Era muy temprano y el patio de despegues se encontraba funcionando a la mitad. Los guerreros trataban de conseguir alguna misión que les conviniera, mientras que otros más afortunados por destacarse podían tomar lo que quisieran, ya que las mejores misiones estaban aguardando por ellos, como era el caso de Kakarotto.
Todos hablaban de lo poderoso que era pese a tener tan poca edad, se rumoreaba también que había perdido su cola y milagrosamente había vuelto a crecer, pero los más escépticos no compraban esa historia con tanta facilidad, creían que eran simples habladurías para hacerlo destacar y nada más. Por supuesto el niño no desmentía ni afirmaba nada, no era muy dado a hablar, ya que todo lo que le importaba era pelear y por esa misma razón, en cuanto abrió los ojos, partió a la sección de siempre en busca de una misión lejana y difícil, justo como le gustaban. Estaba consciente que quedó en reunirse con su hermano, pero era una promesa que no cumpliría. No podía verlo tan seguido, le era imposible, al menos por ahora.
Aguardó un rato por el saiyajin encargado de las misiones. Siempre recurría al mismo. No hacía preguntas ni lo molestaba con conversaciones inútiles, le daba lo que quería y él cumplía como siempre. No le insistía para formar parte de ningún escuadrón ni le ofrecía dinero a cambio de nada. Era perfecto para él. Pero esta vez un hombre más grande y gordo se presentó con la tabla de las misiones. El niño lo observó y esperó a que hablara.
—Tú eres el niño de que tanto hablan —exclamó. Dejó de lado su tabla con papeles para mirar al pequeño. Hizo una mueca de decepción cuando se dio cuenta que no era la gran cosa. Él se había imaginado algo más imponente y grande.
Kakarotto respondió al gesto con otra mueca de desagrado. Quería irse del maldito planeta, no perder el tiempo con estupideces.
—Vengo por una misión. ¿Dónde está el de siempre?
—Hoy lo remplazo yo —respondió regresando su atención a las hojas. Pese a la tecnología que contaban para poseer de las mejores naves del universo, tanques de recuperación y otros aparatos modernos, para algunas cosas aún recurrían al lápiz y papel, especialmente los saiyajin más antiguos y con menor acceso que podían arreglárselas perfectamente sin un computador.
El pequeño esperó en silencio mientras el hombre buscaba sin apuro.
—Y dime…
Kakarotto hizo otra mueca. No quería conversar.
—¿Eres tan fuerte como dicen?
—¿Tienes una misión para mí o voy a buscarla a otro lado?
—Tengo algo para ti, niño, las naves parten en veinte minutos —dijo el hombre—. Si se supone que eres tan fuerte, esto será perfecto para ti.
—Ya dame las coordenadas —dijo ansioso.
—Dime una cosa, niño… ¿Eres hijo de Bardock? Eso explicaría tu poder, y además eres muy parecido a él.
—¡No! —gritó molesto, pero intentó calmarse para continuar hablando—. No soy hijo de Bardock. Ahora dame las malditas coordenadas. —Apretó los puños. Un comentario más y terminaría golpeándolo.
—Kakarotto.
El niño se volteó al oír la voz de su hermano.
No fue necesario decir mucho. Era obvio que el chico se iría del planeta sin esperarlo.
—¿Vas a querer la misión o no? —preguntó el hombre en voz alta al ver que el niño no dejaba de mirar al otro guerrero.
—Sí, dámela —respondió sin mirarlo.
Raditz observó y escuchó en silencio. Le llamó la atención que su hermano no anotara tan complicada secuencia de números y letras, cuando hace no mucho no sabía escribir o leer con facilidad. Caminó detrás de él cuando éste no lo esperó.
—Ya te vas.
—Las naves parten en veinte minutos. No tengo tiempo. —Caminó más rápido y Raditz lo imitó.
—Sí, sí escuché cuando lo dijo el hombre. —Caminó un poco más detrás de él antes de volver a hablar. Tal vez con su padre no se atrevía, pero la relación tan cercana e íntima con su hermano lo alentó a decir lo que pensaba por primera vez—. Entiendo que me evites y ya no quieras estar conmigo. Sé que me culpas por lo que pasó, yo también lo hago, pero no puedo alejarme de ti. Te prometo que lo he intentado, sería lo normal, porque somos guerreros y no podemos dejar que este tipo de cosas se interpongan en nuestros objetivos, pero no puedo hacerlo.
Kakarotto frenó en seco y se volteó para mirarlo. Estaba enojado, ya no lucía como niño, sus ojos eran los de un adulto con años de sufrimiento y penurias. Lo que vivió ese día con su madre lo marcó para siempre.
—No es tu culpa —susurró. Su voz ya no sonaba aguda como antes.
—Por supuesto que es mi culpa. Jamás debí dejarte solo ese día. Si yo hubiese estado cuidándote como debía, tal vez ella… —Apretó los dientes cuando sintió su voz temblar y miró a su alrededor. Afortunadamente aún era temprano y no había gente cerca de ellos. Tenía la impresión que su hermano intentaría marcharse sin despedirse y por eso despertó temprano para buscarlo.
—¡No lo es! ¡No es tu culpa! ¡Tú siempre nos cuidaste! —El niño no se contuvo. Poco le importó que alguien los escuchara— Tu deber era ser un guerrero, ir a misiones, pero te quedaste con nosotros.
—Yo debí estar ahí para protegerlos —dijo Raditz en voz baja. No importa lo que le dijeran. Podía aparecer su madre en ese momento y decirle que él no era el responsable de su muerte, y aun así no cambiaría de opinión.
—¡Siempre estuviste con nosotros! ¡Es otro el culpable y tiene que pagar! —A medida que hablaba su ira crecía más y más.
—No sé dónde encontrar ese saiyajin —dijo sintiéndose peor. Ni siquiera podía encontrar al asesino de su madre, ya que los detalles de ese día se encontraban borrosos y enredados en su mente—. Casi no recuerdo su rostro, pero te prometo que…
—¡No hablo de ese! —Kakarotto sí recordaba al saiyajin de rango alto, incluso su nombre, estaba seguro que lo reconocería en cuanto lo viese, jamás sería capaz de olvidarlo, pero su odio iba dirigido a alguien más.
—No entiendo de qué estás hablando.
—¡Él debió estar ahí para protegerla! ¡Era su deber cuidarla porque ella confiaba en él! ¡Y él prefirió estar con la reina y su hijo! ¡Es él quien tiene que pagar por haberla abandonado! ¡Él la mató!
—No, Kakarotto, él…
—¡Bardock mató a nuestra mamá! ¡Él es el culpable! —gritó con el ceño fruncido, y los ojos llenos de lágrimas. Estaba furioso, casi podía sentir su poder crecer en su interior. Si tan solo fuese lo suficientemente fuerte para tomar justicia con sus manos ya lo hubiera hecho.
—No, no es así —dijo Raditz alterado—. Nuestro padre jama…
—¡Él no es mi padre! ¡Por su culpa ella está muerta y lo va a pagar!
—Él está tan mal como nosotros, ¡él no tiene la culpa de lo que pasó!
—¡Claro que sí, y lo va a pagar!
—¡Deja de decir eso! —No pudo evitar levantar la voz.
Ninguno de los dos se percató de las miradas, pero ya que en el lugar siempre ocurrían peleas al estar atestado de guerreros poderosos y violentos, no llamarían realmente la atención hasta que comenzaran a golpearse.
—¡Lo voy hacer, Raditz! ¡No voy a dejar de entrenar hasta ser más fuerte y lo haga pagar! —Molesto, secó las lágrimas con el brazo, se dio la media vuelta y continuó caminando. No quería llegar tarde, necesitaba salir del planeta ahora mismo, no soportaba ni un minuto más.
—¡Estás equivocado! ¡Yo soy el culpable! ¡Si quieres vengarte de alguien hazlo conmigo!
—Si quieres morir, hazlo en combate, no me lo pidas a mí —dijo con desprecio, como un guerrero adulto.
—¡No puedes hacer eso! —exclamó enojado. Su hermano estaba mal, estaba seguro de eso.
—¡No vas a detenerme! —amenazó sin dejar de caminar. Estaba completamente decidido, y nada ni nadie le sacaría eso de la cabeza. El niño que antes solo se preocupaba de pelear y escaparse de noche para ir a la zona negra a ver a guerreros pelear, había muerto; ahora Raditz conversaba con otra persona.
El hermano mayor se adelantó para impedirle el paso. No se iría del planeta hasta terminar la conversación
—Déjame pasar. —pidió en un susurro, de forma amenazante. Ya no gozaba de buen humor y cada segundo que pasaba en Vegetasei lo alteraba más. Había aflorado su lado más brutal de guerrero.
—No hasta que terminemos de hablar.
—Raditz, quítate. —No quería golpearlo. No a él. A cualquiera, menos él.
—No lo haré, vámonos de aquí, tenemos que hablar. —Se le acercó y tomó del hombro para cambiar de dirección, pero el niño se soltó de forma brusca.
—¡Déjame!
Frustrado, Raditz intentó tomarlo de nuevo. No tenía intenciones de retenerlo tanto, simplemente quería aclarar la estupidez que había dicho y lo dejaría ir a su misión, pero esta vez Kakarotto no dudó en empujarlo con ambas manos de forma violenta. El asunto hubiese llegado hasta ahí, pero Raditz, empeñado en no dejarlo ir, se acercó para alcanzarlo por el brazo. Ahora el niño no se frenó y lo alejó con un certero golpe de puño en el rostro que lo mandó disparado hacia una fila de naves que esperaban a sus dueños para partir. Una de ellas quedó abollada al frenar la caída del joven saiyajin.
Kakarotto se arrepintió al segundo después de haberlo golpeado y lo demostró en su rostro. Raditz se levantó en silencio, observando a su hermano. Ambos con cara de decepción.
Algunos guerreros que presenciaron el golpe se quedaron alerta en caso de que se armara una pelea. Para muchos era agradable comenzar el día así.
Raditz se llevó la mano a la boca para comprobar si era sangre lo que sentía. No había sido un ataque mortal, ni nada parecido, lo que importaba era su significado.
El niño le observó la mejilla hinchada y el labio roto ensangrentado. No se había medido y se arrepentía.
Pero solo eso.
Inmediatamente endureció su mirada y continuó su paso. Las naves estaban por partir y él no quería perderse una misión tan importante, debía hacerse más fuerte para vengarse del asesino de su madre y no había tiempo que perder. No miró a su hermano cuando pasó a su lado y mucho menos pensó en voltear. Tenía sus prioridades muy bien definidas.
Raditz ignoró la herida en su rostro y el dolor. Observó a su hermano hasta que lo perdió de vista.
El verlo partir era más doloroso que cualquier ataque.
(…)
Vegetasei
Días después.
—¿Cómo está la reina?
Tarble dio un pequeño brinco asustado cuando escuchó la voz de Ginn detrás de él. Estaba tan apurado e intranquilo que no la escuchó cuando entró por la ventana como acostumbraba. Los dos estaban totalmente recuperados de sus heridas.
—Está bien. Ya ha comenzado a entrenar nuevamente.
—Me alegra. Se habla mucho del nivel de pelea de la criatura.
—Sí, es fuerte —respondió un tanto distraído.
—¿Te pasa algo? Desde que salimos de ese planeta has estado nervioso.
—Nada, estoy bien. —Se sentó en una silla, junto a la larga mesa al centro del salón. Intentó prestar atención a un libro, pero le fue imposible.
Ginn se sentó a su lado. Observó el libro y después a él.
—Acepto —dijo decidida.
—¿Perdón?
—A ti algo te pasa. Estás más raro que de costumbre.
—Estoy bien —insistió, pero la verdad era otra. Desde ayer que podía salir del planeta para ayudar a Gure y su familia, pero ahí estaba, sin hacer nada, lo que lo hacía sentir miserable—. ¿Qué es lo que aceptas?
—Antes de salir a misión me ofreciste clases. Y ahora te digo que acepto. ¿O ya no quieres?
—¡Por supuesto que quiero! —dijo emocionado—. Te enseñaré todo lo que sé.
—Vamos despacio. Necesito mi tiempo para entrenar e ir a misiones, pero el tiempo que me sobre vendré a estudiar contigo.
—Tengo una condición para eso, Ginn. —Le agradecía a su madre que lo hubiese educado tan bien, gracias a eso su mente trabajaba de manera veloz.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó desconfiada, aunque estaba dispuesta a todo por ser mejor guerrera y así llamar la atención de Vegeta.
—Necesito que me acompañes de regreso Stonx. Y sin preguntas.
—¿Stonx? ¿Dónde es eso?
—Así se llama el planeta donde caí.
—¿Y para qué quieres volver allá?
—Ya te lo dije, sin preguntas. Necesito que pilotees una nave grande y la dejes allá.
—¿Qué es lo que pretendes, Tarble? —Entrecerró los ojos y lo estudió.
—Sin preguntas, es mi única condición para enseñarte.
—Está bien —respondió sin pensarlo—. Puedes hacer lo que se te dé la gana. Te acompañaré a ese planeta si quieres.
—¡Bien! —De un salto se levantó de la silla—. ¿Qué esperas? ¡Vamos!
—¿Ahora mismo?
—Por supuesto. Vamos, y no lo olvides, sin…
—Lo sé, lo sé. Sin preguntas. —Fue detrás de él.
Tres semanas después…
Salió de la ducha con una toalla en su cabeza. Se secó de forma desordenada mientras iba a su cama. Había estado en el tanque de recuperación por un par de horas, ya estaba limpio, pero nunca le gustó el olor de ese líquido y por esa razón se duchaba después de usarlo. Había llegado de la misión, y como siempre todo jugó a su favor. Condujo a los hombres a la victoria pese a estar herido por tener que ir a buscar a su hermano accidentado.
No preguntó por Koora. Ni siquiera sabía si tenía hermano o hermana. Eso no podía importarle menos. Como siempre, toda su atención estaba puesta en ser el mejor.
Tocaron a la puerta. Por un momento pensó que se trataba de la comida, pero el carro con la cena ya estaba en su habitación. Siempre lo iban a dejar cuando él no estaba o se encontraba en la ducha, así no lo molestaban, tal y como le agradaba. Tal vez era Tarble para molestarlo con la noticia del nuevo hermano. Si era así se encargaría de aclararle un par de cosas.
—Pasa ya.
Pero la puerta no se abrió. Molesto se levantó y fue para abrirla él mismo. Al hacerlo encontró a Ginn quien había ido a verlo, pero por un segundo de titubeo sobre pasar o no, se encontró con el joven desnudo abriendo la puerta por ella.
—¿Qué quieres? —consultó con el ceño fruncido.
—Supe que había regresado. —Lo miró de pies a cabeza y luego se concentró en sus ojos. Le agradó ver el resto de su cuerpo sin ropa, ya que la otra vez que tuvieron sexo solo pudo ver su rostro y la parte que necesitaban para concretar.
—¿Desde cuándo puedes andar por estos pasillos sin permiso?
—Su hermano le dijo a los soldados que podía.
—No me has dicho lo que quieres.
—Quería ver como se encontraba. Y saber si había tomado una decisión.
—¿Decisión?
—Sobre si podía ser parte de su escuadrón. Ya me vio pelear, sabe lo buena que soy.
—Por supuesto que no. La misión era mucho más difícil que enfrentar esas criaturas. Solo acepto los mejores. —Esperó verla enojarse y reclamar, pero al parecer se lo tomó con bastante calma.
—Está bien. Pero tiene que tener en mente que no descansaré hasta que me acepte. —Definitivamente esperaba una negativa de su parte, por eso no se molestó.
—Puedes hacer lo que quieras, no me importa.
—Claro que lo haré.
—¿Eso es todo?
—Sí, príncipe, eso es todo. —Hizo una reverencia y se dio media vuelta para marcharse. Su rabo no rodeaba su cintura, lo tenía suelto y movía casi de forma escandalosa.
—Aguarda —dijo Vegeta con el mismo tono de voz serio. Estas semanas no había pensado en lo sucedido entre ellos, no había tenido tiempo gracias a la misión que lo mantuvo ocupado de mente y cuerpo, pero ahora ya estaba de regreso, descansado y con energías.
Le había gustado. Mucho y quería más.
—¿Si? —La chica se volteó para mirarlo.
Vegeta le hizo un gesto con la cabeza para que entrara a su cuarto. Ella no dijo nada, solo obedeció y contemplo la ordenada y pulcra habitación del príncipe. Algo muy raro en un joven de su edad, pero esperable en él. Se dio la vuelta justo para observarlo arrojar la toalla al suelo y cerrar la puerta con un leve empuje de su mano.
Continuará…
Por fin terminé esta mini historia dentro del fic.
Pretendía que fuera un solo capítulo, pero ya me conocen, la inspiración me golpea y siempre termino yéndome al carajo XD jajajajja Saqué la cuenta y en total, estos cuatro capítulos, sumaron más de 30 mil palabras.
Como mencioné en la nota de autor de la primera parte, quise hacer esto porque lo que se viene ahora es más fuerte y necesitaba por así decirlo un "recreo" de lo que vendrá. Pero no por eso esto podría considerarse capítulo de relleno. Todos siempre es por un propósito.
Estoy tan emocionada porque quedan 10 capítulos para que termine esta historia. Quiero que termine, pero a la vez no.
Ahora, referente al capítulo:
Kakarotto. Es el que peor se lo llevó ese día que su madre murió, ya que él vivió todo y pese a sus esfuerzos no podía olvidar sus gritos y sollozos. Ella no era una guerrera, no sabía de golpes ni de dolor y eso es lo que lo atormenta tanto. Se le metió en la cabeza que Bardock es el culpable de todo y no descansará hasta vengarse.
Por un momento pensé que el cambio del niño era demasiado violento, pero justo en internet vi la noticia de una niña de 11 años que asesinó de forma brutal a otros niños. La chica tuvo una vida terrible con una madre prostituta que la dejaba sola para ir a trabajar, mientras los clientes de ésta se paseaban por su casa, entonces pienso cómo creció esa niña, y todo lo que le pasó para terminar haciendo eso terrible a los 11 años. Entonces en ese caso ya no veo tan extremo el cambio de Kakarotto, ya que vive en una sociedad guerrera, violenta y que vive de la muerte, por lo tanto, es posible que haya cambiado así. Bueno, eso es lo que creo.
Raditz, es más cerrado, introvertido, pero como siempre ha cuidado a su hermano, sacó el habla para encararlo, no así como con su padre. Por fin tuvo esa conversación tan necesaria con su hermano, pero las cosas no salieron como esperaba. Pobre mi Raditz.
Yamcha está taaaan enamorado que idealiza a Bulma. No es que la chica sea mala o no se lo merezca, pero a Yamcha le pasa algo parecido que a Ginn. Se enamoraron con tanta fuerza e intensidad que solo ven cosas buenas en el otro. Y por eso Yamcha no dudó en decir te amo, por primera vez.
Bulma necesita que la quieran y sentirse acompañada. Está tan ocupada trabajando para acabar con los intrusos y los humanos asesinos, y con ese primer beso que dio se sintió fuera de tanta locura por un momento. No sabe si ama a Yamcha, pero sí lo quiere mucho.
Milk abrió los ojos por primera vez. Fue de una forma terrible y cruda, pero lamentablemente la vida es así y en algún momento le tocaría conocer todo. Afortunadamente terminó con gente buena. (Y que todos nosotros conocemos XD)
Tarble conoció la bondad pura de una familia pacífica que tuvo la mala suerte de caer en un planeta hostil. No tuvo el valor de decir quién era y a qué se dedicaba. Generalmente lo reconocían a cada lugar que iba y solo recibía reverencias por miedo o cuchicheos a su espalda porque sabían que no era el más fuerte de su raza. Sintió que esta era la oportunidad de hacer algo nuevo y limpio, sin muerte y sufrimiento y eso lo llenó de esperanza por primera vez en su vida.
Vegeta tiene 16 años y por fin sintió curiosidad hacia el sexo. Ginn estaba ahí, enamorada e idealizándolo, y pasó lo que tenía que pasar. Espero que no me maten por eso, pero vamos, seamos claras, es algo normal que pase en la vida de un joven. Sé que la mayoría de las chicas que me leen aceptan que esta historia no es exclusivamente VxB y las quiero mucho por eso, pero lo digo para las que odian que este tipo de cosas.
Y bueno, eso sería… Koora ya dio a luz pero no dije su sexo, jejejeje, tendrán que esperar al próximo capítulo. Habrá un salto de tiempo grande, creo que este es el útlimo de toda la historia.
Ya parezco disco rayado diciendo que tengo mucho que hacer en la U, jajajaja, pero es verdad. Ahora me despido porque tengo varios trabajos que hacer y materia que estudiar. Sorry por lo cientos de errores que debe tener la historia, pero no tuve más tiempo para revisarla y quería actualizar hoy.
Gracias por los rws a Karen, JLgonzalez, Josselinherna14, Prl16, Vanerod, Sindy Milash, Silvin, Sophy y a Ina.
Nos estamos viendo en una próxima actualización.
Miles de besos,
Dev.
08/12/2016
