Holis :DDDDDDDDD Parece que llevo sin entrar aquí quince siglos o.Ó En fin, al final me ha dado tiempo a acabar este capítulo (cosa que no creí posible, pero me vino la inspiración hoy por la mañana lol), aunque debo decir que, a mi parecer, a quedado rarungo -.-''' El principio me gusta, lo del medio no y el final ahí, ahí estará e.e Anyway, de nada sirve que os diga yo esto, comprobadlo por vosotras mismas xDDDD
PD: Como prometí, este capítulo está dedicado a mi gemelita cumpleañera (el regalo viene un día tarde, pero viene xDDD ) :3
CAPÍTULO 28: If this is love, love completes me, cause it proves I've been missing you.
Dougie
A mi alrededor todo es un bullicio constante, de gente yendo de un lado para el otro. Se nota que el estreno está cerca (queda algo más de una semana), y andan todos atacados de los nervios. Y eso que no es que vayan a hacer la obra para miles de personas, como si fuese un concierto multitudinario o el estreno de una película súper famosa. Pero, bueno, está bien ver tanto entusiasmo.
Esquivo a la profesora de teatro, que me dedica una sonrisa, y luego sigo andando para encaramarme a uno de los pequeños palcos y conseguir una buena plana de ese bullicio que se vive en el no muy gran escenario.
Observo todo desde allí, sintiéndome un poco más feliz de lo que me había sentido en lo que parecían siglos. Todavía sigo teniendo problemas con Ian, que me sigue tratando como si no fuera más que su esclavo particular, pero al menos ahora se hace más llevadero porque sé que cuando llegue a casa podré sacar de la funda de la almohada donde está escondida la carta de Danny y releerla cuántas veces quiera para sentirme mejor. Y también influye que mi relación con Tom haya vuelto a ser como antes, y aunque le enerva no poder hacer nada contra Ian, respeta mi decisión de ir poco a poco, por si acaso. Y, bueno, claro, también está el hecho de que vuelvo a sacar fotografías. Parecerá una tontería, pero una cosa tan simple como esa me ha dado las fuerzas suficientes como para seguir levantándome todos los días. También he dejado de pincharme, por si os lo preguntabais. Ian me sigue dando la droga, pero me deshago de ella siempre que puedo.
Cogiendo aire para que no me tiemble el pulso, acerco la cámara a mi ojo, y cuando el objetivo termina de enfocar, pulso el botón de disparo. Miro en la pantalla digital de alta resolución el resultado. Perfecta.
No puedo evitar que una amplia sonrisa se extienda por mi rostro.
-Supongo que esa sonrisa es que ha quedado bien.-me dice una voz desde abajo.
-Ah, quizás.-contesto, bajando del mini-palco hasta terminar enfrente de Lilly, que se balancea sobre los talones con las manos a la espalda, vestida de sirvienta del siglo XVI.
-Espero que nos las enseñes antes de ponerlas en el artículo. Que yo quiero que salga mi perfil bueno.
Me río, subiendo después la cámara y sacándole una foto. Luego la miro como si estuviera examinándola con detenimiento, poniendo incluso morritos concentrados.
-Mmm, yo diría que todos tus perfiles son buenos.-le guiño el ojo, haciendo que ella se sonroje un poquito y se ría.
-Aw, eso me ha llegado.-se lleva la mano al pecho. Después veo cómo sus ojos se iluminan con picardía.-Y hablando de halagos y ñoñerías… Toma.-saca la mano que ha mantenido escondida de detrás de su espalda y me tiende un pequeño ramito de flores.
Alzo las cejas, dejando que la cámara cuelgue de la correa que rodea mi cuello para coger el ramo.
-¿Y esto?-pregunto, fijándome en que tiene una pequeña tarjetita prendida.
''Ayer fue mi cumpleaños. ¿Serías mi regalo?
Danny
PD: Ya me ha dicho Lilly que eres un crack
en tu nuevo trabajo.
PD2: Te quiero''
-Desde que supo del éxito de su carta, no deja de escribir cosas. Está que no caga contigo, así te lo digo. Cada vez que aparezco por la puerta después de estos ensayos viene corriendo a preguntarme sobre ti. Que si Dougie esto, que si Dougie lo otro, que si hablas de él, que si estás bien, que si bla, bla, bla. Es un pesado. Y un empalagoso. Si lo vieras… poco le falta para desprender azúcar y escupir arco iris. Más vale que aceptes verle pronto o terminaré haciendo que os veáis a la fuerza para quitármelo de encima.-pone los ojos en blanco, haciendo un gesto resignado con la mano, tipo 'si lo hubiera sabido, no le hubiera dicho nada'.
Me río y giro la tarjeta entre mis dedos, mirando con media sonrisa embelesada las flores, unos brillantes claveles rojos y blancos.
-Pues a mí me parece muy bonito…-susurro, colocando un pétalo.
-Eso es porque estás enamorado. Y todas esas cosas acarameladas que hacéis los enamorados os parecen bonitas, aunque al resto se nos piquen hasta la muelas solo de veros.-bufa, pero termina sonriendo.
Me muerdo el labio inferior, bajando de nuevo los ojos al pequeño rectangulito de cartulina que todavía sostengo. Enamorado… ¿Quién me iba a decir hace cinco meses que iba a volver a 'enamorarme'? Nadie, porque sabía que si alguien me lo decía me reiría tanto en su cara que terminaría echando hasta los riñones. Y, ahora, mirad, aquí me hallo, recibiendo flores y cartas de amor, sintiendo que con cada una de ellas el sol brilla un poquito más.
-Vosotros dos sí que parecéis Romeo y Julieta.-comenta entonces Lilly, su voz teñida de un deje de tristeza.-Dos personas destinadas a odiarse que acaban amándose más de lo que jamás pudo ser posible, que luchan porque sus futuros confluyan aunque saben que el mundo entero está en su contra, porque estaba preconcebido que sus caminos fueran para siempre separados…-la veo negar suavemente con la cabeza, y casi no la escucho susurrar lo siguiente.-Solo espero que vuestra historia no sea una tragedia. Solo espero que os den la oportunidad de cambiar el final…
Trago saliva, mirándola a los ojos, aunque ella los esquiva. Éramos Romeo y Julieta. ¿De verdad? Sí que hay cierto parecido… Y el final de nuestra obra también se predice desastroso y lleno de muerte. ¿Podemos cambiarlo? ¿Seremos capaces? Tenemos que serlo… No estoy dispuesto a tolerar otro final triste, no estoy dispuesto a cerrar la historia de mi vida con un capítulo donde el personaje que hace que las páginas se vayan sucediendo muera. No.
-¿Está aquí?-pregunto, rompiendo el ligeramente incómodo silencio que se ha formado entre nosotros dos.
Lilly ladea la cabeza.
-¿Por qué lo dices?
-Porque lleváis casi dos horas ensayando sin parar y no te he visto venir con ningún ramo de flores al principio del ensayo.-asiento, frunciendo el ceño y apretando los labios, conforme conmigo mismo por mi deducción a lo Sherlock Holmes.
-Pero qué chico más perspicaz que eres.-me da un golpecito en la nariz.
La voz de la profesora diciendo que el descanso se ha acabado y que tienen que volver manos a la obra (nunca mejor dicho) resuena por encima del sonido de conversaciones que se habían empezado por aquí y por allá.
-Tengo que volver al escenario. Solo te digo que puede que pululé por ahí, quizás por los vestuarios, el fantasma de la ópera.-me dedica una sonrisa cómplice antes de girar sobre los talones y alejarse trotando hacia el tablado.
Me relamo los labios, volviendo a ojear la tarjetita, haciendo que el piercing metálico golpee contra mis incisivos. Así que en los vestuarios, ¿eh?
Alzo los ojos, indeciso, cambiando mi peso de una pierna a otra, paseando la mirada por toda la gente que hay allí. ¿Se esconderá entre aquellos visitantes de la zona oscura algún hombre de Ian? ¿O él mismo? Porque él sabe dónde estoy, se lo tuve que decir, y le tuve que mentir diciendo que había encontrado el anuncio en una página de internet. No quería dejarme venir, pero al final llegamos a un acuerdo…
Echo a andar con paso vacilante hacia el pasillito lateral que comunica con los vestuarios. Estoy a un pelo de dar la vuelta dos veces, pero al final me recrimino a mí mismo ('vamos, Poynter, ¿eres un hombre o una gallina?') y termino llegando con paso más o menos firme a la puerta de los vestuarios, eso sí, mi corazón hace ya rato que se ha escapado de mi pecho y se convulsiona como loco en algún lugar del pasillo.
Cojo aire, dispuesto a no arrepentirme de mi decisión de ver por fin a Danny, a pesar de que no me he asegurado de que con ello no le pondré en peligro. Pero es que tengo tantas ganas de verle…
Empujo las puertas batientes con el hombro y entro decido en los vestuarios, un gran cuarto lleno de armarios, de estanterías con disfraces, de espejos y de demás trastos. Paseo con avidez mis ojos por el lugar, pero no me topo con la figura pecosa que busco. ¿Qué demonios? ¿No me dijo Lilly que estaría aquí? A ver si se me va a presentar de verdad el fantasma de la ópera… (no).
Frunciendo el ceño, algo molesto por la ausencia de Danny, termino de entrar del todo en la sala, y me dirijo hacia uno de los tocadores, dejando sobre él el ramo y la cámara, que me descuelgo del cuello. ¿Dónde andas, Jones?
Voy hasta uno de los cubículos más alejados con cortinas que hay, esquivando una caja llena de disfraces, para ver si Danny se ha escondido ahí. Jum…
Abro la boca para susurrar un 'Danny', porque quizás anda escondido por algún lado y no me ha oído entrar, pero un 'PUUUUUM' seguido de un indignado '¡Au!' me hace callarme y darme la vuelta.
Mis ojos se abren desmesuradamente al toparse, tirada en el suelo, con una silueta revolviéndose y pataleando bajo una de las cortinas, una caja volcada y todo su estrafalario contenido esparcido tanto por el mismo suelo de parquet como por encima del fantasma.
La figura patalea un poco más hasta que logra quitarse la pesada tela de encima y sacar la cabecita del mar de cosas que tiene encima.
-Me cago en la puta.-farfulla Danny, intentando levantarse sin dejarse los dientes esos de caballo que tiene en el intento.
Me acerco a él, incrédulo.
-¿Se puede saber qué haces?-le pregunto, viendo cómo se sonroja todo al mirarme, ya de pie, pero todavía enrollado en la cortina y con algún que otro trapo encima.
-Iba a darte una sorpresa. Ya sabes, esas cosas que salen en las películas de acercarme por detrás, taparte los ojos con las manos y susurrarte al oído…-sus mejillas se encienden todavía más, y rehúye mis ojos, centrándolos en deshacerse de la 'boa-cortineictor'.-Y me había escondido en ese probador, pero al salir me he tropezado, y la puta caja esa de chismes raros se ha caído de la estantería, y me he agarrado a la cortina esta, y…y… ¡joder!-se estresa todo, poniéndose tan nervioso que cada vez atina menos para quitarse dicha cortina de encima, porque se le ha enroscado toda.
-Pero qué tonto eres, Jones.-me río, ¿qué otra cosa puedo hacer?, y al ver lo mal que lo está pasando, termino de acercarme un paso más para ayudarle. Se deja hacer, rojo cual tomate, y al estarse quieto logro deshacer el embrollo de tela y quitársela. Suspira aliviado cuando la cortina se desliza hasta el suelo, y yo le miro. Tiene un par de plumas en la cabeza, enredadas en sus ricitos, que vete a saber tú de dónde han salido. No puedo evitar que una socarrona sonrisa tuerza mis labios.-Se te ve la pluma.
Él se pone bizco, como si por algún extraño conjuro hubiera desarrollado poderes de camaleón y pudiera torcer tanto los ojos que enfoquen lo alto de su cabeza.
-Ja, ja, qué gracioso. Como soy gay, se me ve la pluma, me troncho.-masculla, sacudiéndose con las manos las plumas, que planean hasta el suelo. Yo sí que me río, haciendo que él me mire mal.-No tiene gracia, ¿vale?
-Sí, sí que la tiene. Eres tan tontico y tan patoso… Aw.-ladeo la cabeza, una sonrisa amplia en mis labios, esa que solo él sabe sacarme.
-No soy patoso… Son las cosas las que se ponen en mi contra… Todo sería mucho más fácil si nos pusiesen un chip de estos que pita cuando nos acercamos demasiado a algo.-dice, sacudiéndose las manos en el pantalón, mirándome después como si estuviese exponiendo una tesis comparable a la de la relatividad de Einstein.-Sería como… 'pipipipipi'.-se inclina hacia un lado, haciendo el sonido con la boca.-'Pipipipipi'-ahora se inclina hacia el otro lado, y yo le miro con la ceja tan arqueada que poco falta para que me dé un tirón. Consciente de la flipadura mental que se acaba de montar, vuelve a ponerse recto, más rojo si cabe que antes.-S-sería útil, ¿vale?
-Claro. Sobre todo para los que anden cerca de los patosos.-hago especial hincapié en el adjetivo, de nuevo una sonrisa teñida de burla en mis labios.-Nos terminaría reventando la cabeza de tanto 'pipipipi'.
Danny pone los ojos en blanco, bufando. Sin embargo, una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro, y me mira entre las pestañas, metiéndose las manos en los bolsillos del vaquero.
-¿Ese 'nos' significa que tienes planeado estar cerca de algún patoso?
Me muerdo el labio inferior, reprimiendo una sonrisa de bobalicón.
-Quizás…-susurro, reuniendo el valor suficiente para mirarle a los ojos. Por mi cabeza pasa, como no es la primera vez, lo bonito y brillante que es el azul que los tiñe, lo mucho que me relajan y me hacen sentir seguro. Es como su iris estuviera conformado de agua en calma.
-Pues… pues si te decides… me ofrezco voluntario para ser ese patoso, ¿eh?-sus mejillas se colorean un poquito más, y como los niños pequeños de los dibujos animados empieza a hacer pequeños circulitos en el suelo con la punta del pie.
Reprimo una risa, subiendo de nuevo las cejas y torciendo la boca. ¿Qué hacemos flirteando de esta manera? Parecemos dos adolescentes… pero es tan… no sé, se hace tan natural compartir esta clase de diálogos absurdos, surrealistas y con dobles sentidos con Danny…
-¿Pero no decías que tú no eras patoso?-me cruzo de brazos, sus ojos conectando con los míos, percibiendo cómo relucen con un brillo especial.
-Por ti sería cualquier cosa.-suelta, sonrojándose más, pero sin apartar la mirada.
Noto que el corazón vuelve a golpear contra mis costillas con fuerza (sí, ha vuelto corriendo del pasillo para volver a martillearme el pecho sin piedad). ¿Dije antes que me gustaban las conversaciones sin sentido y triviales con Danny? Bien, pues admito que me gusta todavía más cuando me dice esta clase de cosas. Me hace sentir un poco raro, porque todavía no me he acostumbrado del todo a tener de nuevo mariposas en el estómago, pero no puedo negar que no sea una sensación agradable.
Me paso la lengua por los labios, humedeciéndolos, pensando en qué contestarle, en cómo decirle esa cantidad ingente de palabras que he acumulado desde que recibí su carta. Pero no me sale nada. Intento buscar en mi cabeza hueca, pero no encuentro las vocales ni consonantes suficientes para formar una sola palabra que le haga saber lo mucho, muchísimo que le quiero. Quizás es que no soy bueno con las palabras en cuanto a expresar mis propios sentimientos se refiere. O quizás es que no existe todavía una palabra concreta que pueda transmitirlos fielmente.
Así que como no puedo obligar a mis cuerdas vocales a pronunciar un solo sonido, termino por hacer lo que todas las protagonistas de las películas románticas de los sábados y domingos de después de comer: doy una zancada hasta a terminar de recortar la distancia que nos separa, me pongo de puntillas para alcanzarle, y le beso. No es un gran beso, no muy alejado de esos que se podrían dar en la mejilla, sino que simplemente presiono mis labios contra los suyos. Y tampoco los mantengo mucho tiempo unidos, apenas unos cinco segundos, tras los cuales me dejo caer de nuevo sobre los talones, sin separarme un ápice.
A pesar de que han sido solo unos instantes, Danny ha cerrado los ojos, y ahora los abre lentamente, sus pestañas aleteando y sus orbes añiles buscando los míos grises. Y espero que pueda ver en ellos todo lo que no soy capaz a expresar con palabras: lo mucho que le quiero, lo preocupado que estoy porque le pase algo por estar conmigo, lo que le he echado de menos, lo que siento habernos hechos pasar a los dos por este mal trago, lo que me alegro de que a pesar de eso ahora estemos juntos, aunque no sepa cuánto va a poder durar; lo dispuesto que me encuentro a luchar por él, por nosotros, por ser ese Romeo y esa Julieta que acaban viviendo felices uno al lado del otro para siempre. Porque, vaya, si es verdad eso de que los ojos son el reflejo del alma y que el corazón nunca miente, debe verlo, porque deben estar prácticamente gritándoselo.
Y parece que sí, que logra leer en mis pupilas las líneas escritas en mi corazón, esas que él y solo él ha logrado escribir quitándole la capa de polvo y escombros en los que había permanecido agonizante hasta su llegada. Parece que sí porque sin pronunciar tampoco una sola palabra, cubre mi mejilla con su manaza y vuelve a conectar nuestros labios.
Nunca me ha gustado depender de los demás, ni tener que necesitarlos, porque creía que eso solo conseguía hacerme vulnerable, dejarme expuesto. Pero por Danny quiero sentirme así, quiero tener que necesitarlo y quiero saber que es mi mayor debilidad, mi punto débil, porque las debilidades también son la fuente de nuestras fuerzas. Y es esa necesidad de tenerlo, de necesitarlo, la que intento transmitirle al rodearle el cuello con los brazos y abrazarme tan, tan fuerte a él que poco falta para hacerle perder el equilibrio; al besarle como si quisiese fundirme con él, como si no hubiese mañana, como si su saliva se hubiera convertido en el oxígeno que necesitaban mis pulmones para seguir viviendo.
¿Cómo se podía echar tanto de menos a alguien? ¿Cómo podía sentirse tan sumamente bien volver a estar entre sus brazos, volver a tener sus labios contra los míos? Suena cursi y demasiado empalagoso, lo sé, pero es que Lilly tiene razón: ¿qué queréis que le haga si estoy enamorado?
Suelto el labio inferior de Danny, algo reticente, y cojo una bocanada de aire, tan cerca de su barbilla y boca que robo prácticamente su aliento.
Cuando levanto lentamente los párpados, él ya me está mirando, una de las manos que ha mantenido pegada a mi costado para cerrar el abrazo subiendo para acariciar mi mandíbula. Trago saliva, casi ahogándome en la proximidad de sus ojos, mis dedos, que han tomado vida propia, jugueteando con los ricitos de su nuca.
-Entonces…-susurra tras un tiempo indefinido en silencio.- ¿Me dejas ser tu patoso?
Una risa se escapa de mi garganta, y, en un gesto demasiado ñoño en mí, froto mi nariz contra la suya, en un besito de esquimal.
-Supongo que no tengo opción, ¿no? Porque tengo entendido que no vas a renunciar a mí… -sonrío de lado, haciendo referencia a su carta, su maravillosa carta.
-Entiendes bien.-suelta, sus labios dejando al descubierto esos dientes grandes y cuadrados que tiene al estirarse en una radiante sonrisa, que solo desaparece cuando deja sobre mis labios una serie de dulces y tiernos besos.-Te quiero, Doug. Mucho.
Danny
Puedo ver con total claridad cómo el mercurio de sus ojos se tiñe con el brillo de la felicidad cuando le digo que le quiero.
-Eres un cursi, Jones.-murmura, intentando disimularlo, pero a mí no me engaña: a parte de sus ojos, sus mejillas han ganado color y una sonrisa tontorrona ha aparecido en su cara.
-Anda, te encanta que te lo diga.-recorro con la yema del dedo índice el camino inverso de la línea de su mandíbula, hacia su cuello, pero antes de llegar a él tuerzo hacia arriba para apartarle de los ojos el flequillo.
-¿Qué me encanta que me digas el qué?-se hace el inocentón, poniéndome ojitos y besándome el mentón.
Pongo los ojos en blanco, fingiendo exasperación.
-Que te quiero.-le sigo el juego y, ajá, ahí está de nuevo la reacción, tan clara que hasta un ciego la vería.
Dougie cierra más el achuchón, hundiendo su mejilla en mi hombro, y yo no puedo hacer más que darle un beso en la coronilla, entre esos suaves mechones dorados alborotados.
-Yo también te quiero, estrellita.-murmura contra la tela de mi camiseta, con voz tan inconscientemente infantil que el cosquilleo de mi estómago se intensifica tanto que tengo miedo de que al suspirar salga de mi boca algún insecto volador (lo cual sería bastante desagradable tirando a chocante).
Cierro los ojos, cogiendo aire en vez de expulsarlo, llevando con él la fragancia de Dougie. Estrecho un poco más el abrazo, y le beso en el cuello, una, dos, tres veces.
-Gracias por ser mi regalo de cumpleaños.-le susurro en el oído, unos minutos después.
Él se separa un poco, lo suficiente para mirarme a los ojos.
-¿Por qué no me dijiste que lo era? Te habría comprado algo… No sé, tú me has regalado la cámara, y la carta, y las flores… Además, ¿en qué clase de persona me convierte no saber cuándo es el cumpleaños de mi novio?
Sonrío como un tonto al escuchar la palabra 'novio' rodar por su lengua. Novios… Dougie y yo éramos novios. Una pareja. Lo que jamás hubiera pensado cuando lo conocí pero lo que más he deseado los últimos meses. ¿No es ese el mejor regalo del mundo?
-No necesito ningún regalo. Me es suficiente con tenerte.
-Sigues siendo un cursi, Jones.-me recrimina, pero me regala otro intenso beso, su lengua rápidamente haciéndose con el control de la mía, la bolita metálica presionándose contra ella. Aunque yo tampoco me quedo atrás y antes de que se separe le muerdo el labio, consiguiendo retenerlo un poco más.
-Sigues adorando que sea cursi, Poynter.-contraataco, haciendo que él arrugue esa naricita suya en una mueca burlona, antes de volver a picotearme los labios con pequeños besos que saben a gloria.
Cientos, miles de besos después (o quizás no tantos), suspira, y desliza sus brazos por mis hombros, sus manos dejando mi cuello para posarse en mi pecho. Ahora tuerce la boca en una mueca triste.
-Por mucho que me gustaría quedarme para escuchar tus cursiladas, tengo que irme…-dice, casi culpable.
Frunzo el ceño, y en vez de soltarle, cierro mis brazos más sobre su cintura, que es donde llevan desde hace rato.
-¿Qué? ¿Por qué?
Se muerde el labio, rosado y más voluminoso de lo normal debido a mi acción sobre él, y baja los ojos hasta sus dedos, los cuales mueve, recorriendo distraídamente el borde del cuello de mi camiseta.
-Porque no es que Ian me deje mucha libertad. Y… tengo que volver con él, ¿vale?
-No.-digo, apretando los labios.-No tienes que volver con él. Ahora estamos juntos, ¿recuerdas?
-Precisamente por eso, Dan.-dice, volviendo a mirarme, sus ojitos grises teñidos de dolor y preocupación.-No puedo dejar que te haga daño, menos ahora… ahora que me he hecho ilusiones de poder tener un final feliz contigo... ahora que creo que de verdad tenemos posibilidades…
-Joder, Doug, claro que las tenemos.-mi voz casi suena enfadada.-No voy a dejar que nada me separe de ti. Ni siquiera ese cabrón de Ian.
Él niega con la cabeza, suspirando.
-No lo entiendes. ¿Crees que yo no quiero estar también a tu lado? Pero es que es demasiado peligroso. Ian tiene ojos y oídos en todas partes… Esto, solo esto que estamos haciendo ahora, podría colgarte el cartel de hombre muerto. Si se entera…
-Pues que se entere.-le interrumpo, mirándole fijamente.-Que se entere y venga a vérselas conmigo. Que se atreva. Entonces veremos quién es el que sale con los pies por delante.
Dougie emite un ruidito de frustración y se rebulle hasta escapar de mi agarre. Se aleja un par de pasos, dándome la espalda, pasándose la mano por el pelo, como si tratase de encontrar los argumentos necesarios para rebatirme.
-Es que es precisamente eso de lo que tengo miedo. De la posibilidad de que os enfrentéis. Porque sí, tú tienes posibilidades de ganar, pero también las tiene él. Y no, si existe la mínima probabilidad de que tú salgas herido o algo peor, prefiero no arriesgarme.-susurra, abrazándose así mismo.
Recorto la distancia, pegando mi pecho a su espalda y rodeando su torso con mis brazos.
-¿Y qué pasa con lo que yo piense?-contesto en el mismo tono de voz, cerca de su oído.-¿Qué pasa con lo que yo quiera hacer? Tú prefieres no arriesgarte si hay posibilidades de ponerme en peligro, pero yo prefiero arriesgarme si existe la posibilidad de que ese cerdo te esté haciendo daño. Porque no me engañas, sé que te pega, que te sigue pegando, porque las personas como él no saben hacer otra cosa que eso para sentirse superiores.-tuerzo el gesto en un mohín, porque sé de lo que hablo, y le beso suavemente debajo de la oreja.-Y si te pega, aunque solo sea una bofetada suave, no puedo quedarme de brazos cruzados.
Dougie reprime un sonido que no sé muy bien cómo interpretar, y me parece escucharle un 'si pegarme fuera lo peor que hace…'. Por eso dejo de abrazarle para cogerle de los hombros y girarlo hacia mí, con un poco de brusquedad. Él me mira asustado, como si ese comentario se le hubiese escapado.
-¿Qué has dicho?-pregunto, las aletas de mi nariz hinchándose.
-Nada.-contesta él, encogiéndose.
-Dougie, ¿por qué has dicho que lo peor que hace no es pegarte? ¿Qué más te ha hecho? ¡Dímelo!-mis dedos se clavan un poco más en sus brazos, y él me mira todavía más asustado, y abre la boca para contestarme, pero ningún sonido sale de ella, como si sus cuerdas vocales se debatiesen entre decirme la verdad o seguir aparentando que no pasa nada. Y entonces una idea cruza por mi cabeza, tan horrible que siento que el oxígeno abandona de golpe mis pulmones.-Te ha violado, ¿verdad? Eso fue lo que hizo cuando salió de la cárcel. A parte de darte una paliza, te violó. Joder, dime que no te ha estado violando estos dos meses…
Niega con la cabeza, pero en seguida rompe a llorar, tapándose la cara con las manos. La confirmación que necesitaba… La rabia y el odio empiezan a borbotear en mi interior, pero trato de no explotar y acerco a Dougie a mi pecho, el corazón partiéndoseme en dos al escucharle sollozar. Le abrazo de nuevo, intentando reconfortarlo, y le acaricio el pelo y el cuello, meciéndolo con suavidad.
Tardo un buen rato en conseguir que deje de llorar, y cuando lo hace, le beso en la sien antes de volver a tomarlo por los hombros para poder clavar mis ojos en los suyos llorosos. Y quiere que me mantenga al margen... Ni de coña, vamos.
-¿Está Tom en casa?-pregunto, serio, viendo cómo se seca los últimos resquicios de lágrimas de sus mejillas. Asiente débilmente.-Vale, pues llámale ahora mismo y dile que vaya preparando tus cosas.
-¿Qué? ¿Para qué?-dice, con los ojos abiertos a medio camino del pánico y la incomprensión.
-Porque vas a irte de la ciudad.
Se le escapa un respingo.
-¿I-irme de la ciudad?-procesa la información, y luego abre más los ojos.- ¡No!
-Sí. Vas a irte de Londres.
-Ian le hará daño a Tom también si se entera de que me ayuda a escapar.-intenta de nuevo Dougie, la súplica tiñendo sus pupilas, sus dedos cerrados con desesperación en mi camiseta.
-Pues dile que nada más prepare tus cosas, prepare las suyas y se vaya también, a casa de algún familiar o algo. Que se vaya a un sitio donde nadie le encuentre. Tú te irás nada más recojamos tus cosas.
-Pe-pero…
-Nada de peros, Dougie.-le corto, endureciendo la mirada.-Puedes hacer esto por las buenas o por las malas. Si decides seguir mis instrucciones e irte ahora mismo, perfecto. Si no, te ataré, te meteré en el maletero del coche y te llevaré a en medio del desierto para que no se te pase por la cabeza la estúpida idea de volver antes de que yo te lo diga.-el rubio balbucea, intentando encontrar argumentos para hacerme cambiar de opinión, pero termina bajando los hombros, derrotado, porque sabe que nada de lo que diga lo logrará.-Bien, así me gusta.-solo ahora que sé que me va a hacer caso, me permito suavizar mi gesto un poco, y deposito un beso en su frente.-Todo va a salir bien, Doug. Es solo que necesito tener la certeza de que no estás en medio cuando mate a Ian.
Tacháaaaaaaaaaaan. ¿Os ha gustado? Let me know :3 El próximo finde más, aunque advierto que ya van dos capítulos ñoños, y que mi título de Drama Lover no permite que estos dos duren mucho más tiempo felices y comiendo perdices (u otras cosas jejejejeje). Solo lo dejo caer *inserte sonrisa inocente*.
Gracias por los reviews, como siempre, os amodoro :3
Lots of love ^^
