Disclaimer: Harry Potter y su mundo son míos y... *Tomate* Vale. No lo son. Nada de lo que puedan reconocer es mío, todos es de la Gran JK (Amén). Esto está hecho sin fines de lucro, sólo diversión propia y de ustedes.

Summary: Su básicamente inexistente "vida" es todo lo malo que puede ser una vida porque se ha convertido lentamente en un perene infierno de eterna agonía en donde el único culpable es... ¿Pues quién va a ser? Entre la esfera, su vecina, su trabajo, su familia, su jefe y Scorpius Malfoy, iba a volverse loca. Er, más loca.

Ustedes son las mejores. Yo lo sé, ustedes lo saben, todos lo saben. Por eso, muchos Scorpius burlones y desnudos (xD) para: Adarae, Ishbel, Diluz, Kirisuke, CarlaMelina, FYA (Entiendo tu enojo y hasta cierto punto lo comparto, pero Rose no tiene remedio y se llevará algunos golpes más antes de aprender a discernir entre lo que es bueno para ella, lo que es bueno para los demás y cuando debe elegir entre una de estas dos opciones anteriores. Marius es el tipo de persona a la que le gusta estar de buenas con todo el mundo y ese fue su desesperado intento por apelar a la bondad de Rose y conseguir que se compadeciera de él. No lo logró, pero la historia es cierta. En cuanto a Ron… un día de estos Rose le provocará un infarto, créeme xD Como una vez me dijo TAMY, Dominique es un avión de última generación y Rose es una carreta halada por una mula que está a punto de jubilarse (o algo así xD) Albus siempre es la víctima y James y Fred sin duda comenzarán a ver la vida de otra forma. Por otra parte, la vida de Lily es un desastre en estos momentos y debe comenzar a atar los cabos uno por uno, sin saltarse nada… debe hacer las cosas bien esta vez :) Liam tiene varias cosas que decir, pero no de la forma en la que esperas. Y estoy segura de que Scorpius aceptaría encantado que lo dejaras violeta siempre y cuando Rose no se entere xD Oh! Y el autoconformismo… esa es exactamente la descripción de Rose en estos momentos. Por último… no me alegro por tu accidente ni por tu experiencia cercana a la muerte, pero cuando leí el "Y así fue", sentí un escalofrío. Espero que hayas cambiado todo para bien), Lia (Los Weasley están para servirnos de bálsamo y esto incluye a Rose :) Scorpius volverá y más de una se llevará una sorpresa. Y muchas gracias a ti! Es un placer saber que alegro (e indigno) tus sábados :D Besos para ti!), Roulimystic, DreamsN'Ruins (¿Cómo no mencionarte? Yo te loveleo a ti xD Y antes de llegar a lo de "no te sonrojes", ya estaba toda ruborizada y me ha entrado un inexplicable ataque de risa al leer eso jajaja De verdad que valoro mucho tu opinión y muchas gracias por esos halagos que tanto le suben la moral a uno :D Y hablando de subir la moral, para eso están los Weasley y no excluyo a Lily, que está bastante desorientada pero procurará encaminarse nuevamente :) Y creo que de tener una bff como Dom ya estaría completamente loca, pero de seguro la querría como a nadie xD Marius es un manipulador que solo vela por sus intereses, pero tiene familia y los quiere a su manera. Quizás todo eso no fue más que una forma de excusarse, pero tiene su parte de verdad. En cuanto a Scorpius y a Rose… eventualmente, tendrán un final feliz :D Y yo adoro tus comentarios, así que estamos a mano jajaja besos!), Rossett (Hola Brianda! El gusto es mío xD Y sí… en cuanto publiqué el capítulo pasado, asumí que esa reacción de "me morí" sería general jajaja Y no, no fue con el colacuerno. Él es más asertivo de lo que parece ;) Y sí, el mundo de verdad que necesita quitarse lo pelirrojo-Weasley de la mente… empezando por Liam xD Gracias y mis cariños para ti :D), Kirisuke, Lucy (Jajajaja Hola! No creo ser tan grandiosa, pero aprecio tu comentario :D La historia de Marius es cierta, pero sin duda no fue del todo sincero porque su verdadera razón para abrirse precisamente en ese momento era disminuir el rencor de Rose. No lo logró porque ni con todo lo buena que es, ha podido superar su traición. Y es que ya ha sido traicionada en varias ocasiones y no es fácil para ella lidiar con eso. Los Weasley son como un oasis de paz, a decir verdad xD Eve merecía una oportunidad de demostrar que no es una arpía, pero sí necesita un novio de forma urgente jajaja En cuanto a Scor… vamos, el hombre tiene mucha más dignidad que eso de juntar tierra con su ceja (JAJAJAJA). Hablando de él… Sí lo sabía. ¿Por qué crees que no sentía remordimiento al estar enamorándose de Rose? Y con ambos me refería a que sí sueñan al mismo tiempo porque eso los conecta, pero aún no sospechan que comparten los sueños con el otro. Oh, y espero que cuando caiga la toalla logre estar a la altura de la situación xD Saludos!), Eloisas, Annie Thompson, Erika Dee, laurapsGranger (Molly está flojamente basada en mi hermana, que tiene ese sentido del humor extremadamente ácido (Y si llega a leer esta respuesta, me mata) xD Pero sí, Molly y Dominique tienen eso en común y por eso no congenian demasiado bien. Ahora, la nueva cara de los Weasley es porque Rose, como ya dije, ha comenzado a prestar más atención a su entorno y procura no ensimismarse demasiado para no caer en sus antiguas desgracias imaginarias cofNuevaZelandacof. Marius sí es egoísta y su proceder ha sido una forma de marcar a Rose como su propiedad frente a Scorpius en lugar de verdaderas intenciones de procrear con ella xD Lo de la herencia es una fumada mía que pareció funcionar, así que se quedó jajaja Liam dejará de qué hablar y la ruptura de la pareja en discordia… empezó mal y así terminó. Scor estuvo un tiempo metiéndole presión a los duendes de Gringotts para que lo dejaran ir a Egipto, pero Eve sí fue un factor influyente en su viaje. Y si Draco no está de acuerdo con la profesión de su hijo, no lo demostrará abiertamente xD Creo recordar que mencioné que Louis tenía talento para el dibujo y en su momento imaginé que Molly escribía relatos en su tiempo libre. Quizás Lucy sea habilidosa con el violín, Victoire tenga una voz prodigiosa, Roxanne adore el baile, Teddy le haya enseñado a Lily y a Hugo a tocar la guitarra, Albus sea fanático del rock clásico y James prefiera el heavy metal. Tal vez Dominique intentó enseñarle piano a Rose así como le enseñó un poco de Francés y Rose aún esté frustrada porque no es tan diestra en el arte. No sé… esas cosas prefiero dejarlas para mis tardes de "fantasearé porque no tengo nada mejor que hacer" xD Los Granger no tendrán mayor relevancia y Scorpius si mantiene una relación relativamente buena con Draco. Narcisa y Lucius viven y la toalla… Oh, caerá xD Saludos!), Han From Under, Kirisuke, Diane Potter, Liz (Probablemente el enojo de Rose hacia Marius la hizo desconcentrarse y perdió ante Hugo en el ajedrez xD Rose es muy susceptible ante sus emociones y eso siempre logra que se desequilibre :/ Scorpius volverá y el dramatismo trágico de Rose también, pero todo a su debido momento jajajaja Albus es un pobre chico que tiene la desgracia de ser un blanco tentador de bromas pesadas. En cuanto a Lysander… está triste por muchas cosas en general, pero en especial porque le remuerde la consciencia el saber que le hizo tanto daño a una buena chica. El fic está terminado y faltan varios capítulos aún :) Y bueno… es un honor que consideres eso de mi escritura y que pienses que es un orgullo que sea venezolana. El orgullo es mío por poder compartir esto con algunas chicas de mi país! Besos :D), CamiCamila y Cia (Cami: ¡Pues ya ves! Los Weasley son el escape perfecto para cualquier situación dramática :D Y no te preocupes por Scorpius, que regresará como nuevo en breve :) Marius no es alguien malo, así que sin duda acabará por entrar en razón… aunque ocurrirán muchas cosas antes de que eso suceda xD Y como ya les he dicho a todas, Liam dará de qué hablar porque probablemente nadie se espera el tipo de conversación que tendrán. En cuanto a tu Justin Bieber cordobés, me rio un montón porque cada vez se me parece más a Lorcan, así que déjale el brazo quieto que sino muchas lectoras se quedarán sin masajes xD Pero si trae a sus amigos al fic… creo que ya tengo suficiente con estar consciente de que un chico está leyéndolo. ¿Sabes lo que le haría a mis nervios el saber que varios más lo hacen? ¡Nooo! Señor Sergio (xD): A tu chica le dará una crisis un día de estos por tu culpa jajajaja Y si tanto te disgusta el sobrenombre, puedes llamarme Ale porque estamos en confianza :) Ahora, si no fueras tan simpático, irresistible y "estrella", una chica tan genial y buena onda como Cami jamás te hubiera prestado atención. ¡Tienes un don! Y lo aprovechas, así que disfrútalo xD En cuanto a tus amigos y tu desinteresada proposición… la verdad es que fui muy feliz con mi kilo de helado y aunque Cami asegura que son peores que James y Fred juntos, si ellos tienen la mitad del carisma que me han dicho que tienen los cordobeses pues yo podría pensarlo jajaja Mis cariños para ambos :D), Leprechaun07, Hermy Evans Black, C.M.M.A, Shar0n EspiPPirifLautik CulleN, TAMYmos, adry mw, Nathy2691, Kirisuke, kisses rain, Milagros (Scorpius volverá y qué bueno que te gusta Liam, porque aquí volverás a verlo en todo su esplendor xD El final del sueño llegará y lo de Marius… no es del todo mentira, pero no es como si fuera verdad :/ En fin… para que Rose entre en razón, se necesitará mucho más que Dominique, créeme jajaja Y espero que hayas dormido un poco y que todo esté bien con la Uni! Besos :D), Luna Potter Granger, MrsLGrint, Mandy Scorse, Cora Lozar, Viian Jntte M, Guest, Elaine y a Leslie24. GRACIAS! Las amo casi más que a mi madre, en serio (menos mal que esa mujer no lee esto. Me mata xD).

Este va para Kirisuke, que he puesto su nombre 4 veces en los agradecimientos con la única intención de fastidiarla (va amistosamente, ¡¿eh?!) :D


Hablando sin Palabras

(O de cuáles son las desventajas de confrontarse con tantas personas en un lapso relativamente corto de tiempo)


–¡Y que sepas que tengo más de Weasley en la punta de mi dedo meñique que tú en todo tu árbol genealógico! –exclamó Roxanne antes de cerrar de un portazo.

Liam compuso una mueca de circunstancias y le echó un breve vistazo a Rose, buscando una explicación a todo lo que acababa de ocurrir.

–A Roxanne nunca le ha gustado que le digan que de todos los primos, ella es la más diferente. Yo pienso que es asombroso y que tiene una belleza bastante inusual y exótica, pero ella lo detesta y bueno… es muy sensible con el tema –se explicó sentándose con pesadez en un sillón cercano y haciéndole un gesto al hombre para que se acercara.

–¡Lo siento! –gritó Liam en dirección hacia la puerta, pero probablemente ya Roxanne no podía oírlo. Consciente de eso, suspiró largamente y caminó hasta Rose para sentarse junto a ella–. La verdad es que lo dije a modo de broma, pero ustedes los Weasley son demasiado sensi…

–¿Qué te trae por aquí? –inquirió sin poder contenerse ni un segundo más y Liam rió entre dientes antes de responder.

–Tuve la oportunidad de venir y lo hice –se encogió de hombros con simpleza y sonrió–. No sabía la dirección exacta, pero Scorpius y Dominique me hablaron de la Madriguera y quise probar mi suerte.

Rose se removió con obvia incomodidad y a Liam le costó disimular su gracia.

Y es que ella tenía muy presente el hecho de que él era amigo de…

Un escalofrío de pánico surcó toda su espina dorsal y entornó los ojos con sospecha.

–¿Y por qué viniste? –preguntó con la tensión instalada en sus hombros, presionándolo para que confesara.

–Sólo quería hablar contigo.

Se sumieron entonces en un silencio que ambos aprovecharon para evaluarse mutuamente. Rose intentó ver en su mirada algún vestigio de su verdadera intención al llegar hasta allí, pero no encontró nada más allá de lo que él le había dicho. Liam, por su parte, simplemente se limitaba a dilucidar el estado de ánimo actual de su interlocutora.

A la vista de cualquiera, lucía muy bien. Estaba seria (como siempre) y sus maneras eran muy tranquilas, pero él estaba prestando mucha atención y notó que en lugar de estar "seria", parecía resignada y que aquella falsa tranquilidad era agotamiento.

Rose estaba resignada y agotada. ¿Por qué?

Él tenía una vaga idea, pero no era lo más inteligente abordarla acerca de eso porque apenas lo vio al otro lado de la puerta, se había puesto a la defensiva de forma asombrosamente inmediata.

Entonces, ¿Qué era lo más sabio en un momento así?

–Liam, de verdad no es el momento –dijo y eso le dejó más que claro que Rose temía que él quisiera hablar de ciertos asuntos que habían quedado inconclusos con alguien.

Joder, quizás debió haber planeado mejor ese encuentro.

¿Qué era lo más sabio?, volvió a preguntarse a sí mismo.

¿Fingir demencia?

–Vamos, siempre es el momento para una agradable conversación entre viejos conocidos.

–¿Te parece? Porque considero que cualquiera que se tome tantas molestias para venir a las nueve de la noche en el día de navidad, no planea hablar del clima precisamente –replicó venenosamente y Liam se abofeteó mentalmente. Rose estaba lista para saltar a la menor provocación y si quería llegar a alguna parte, debía ser más cuidadoso–. Menos después de todo lo que ha pasado.

–¿Y qué ha pasado? –fingir demencia, fingir demencia…

–No te hagas el listo conmigo, Liam –respondió fríamente y Liam frunció el ceño, haciéndose el desentendido.

Por Dios… ¿Qué podía lograr que una mujer así de cabezota cediera un milímetro? ¿Qué haría que ella…

Tuvo que disimular una sonrisa. ¿Podría alguien decirle por qué no había quedado en Slytherin? Y es que vamos… lo único que podría conseguir que alguien como Rose se apiadase, era…

–No tengo ni idea de lo que te ocurre, pero si te sientes mal o estás enojada… yo no te he hecho nada. No tienes por qué tratarme así –y el efecto fue inmediato. El rostro de Rose se descompuso y se relajó visiblemente, observándolo con una pena infinita invadiendo sus ojos azules.

Lo único que lograría que alguien tan, tan buena como Rose bajara la guardia, era hacerle ver que estaba actuando de manera reprochable con alguien que no lo merecía. Oh, la dulce compasión…

–Lo lamento mucho, Liam, tienes razón –se hundió en su asiento y enterró el rostro entre sus manos–. Es que todo lo que me ha pasado está fuera de mi control y yo… no importa. Nada de eso importa ya y lo siento. ¿De que querías hablar?

–Siempre importa. Si es algo que te hace sentir mal… no te disculpes conmigo, Rose –suspiró y se frotó la nuca con incomodidad. No tenía ni idea de qué decir a continuación para seguir encaminándola a donde quería llegar–. Sé que hay situaciones que sencillamente pueden con nuestra voluntad, pero ya le dije a… –carraspeó y se corrigió antes de que Rose lo notara–. Lo único que no tiene solución, es la muerte.

–¿A quién le dijiste eso? –saltó Rose con el ceño fruncido y Liam imitó la expresión en su rostro antes de volver a auto-flagelarse mentalmente.

¿En serio? ¿En serio tenía tan mala suerte? Rose y él tenían pocos conocidos en común, pero todos ellos coincidían en que era una chica realmente despistada. Y ahora, justo en el momento en que él necesitaba que ella fuera la mujer más distraída del universo, resulta que era más perspicaz que Albus Dumbledore.

Era francamente increíble.

–¿A quién le dije qué? –fingir demencia, fingir demencia…

Y mientras él repetía esto como mantra, la chica se incorporó, caminó hasta la salida, abrió la puerta y le señaló el exterior, pidiéndole que se marchara de una forma que lejos de ser maleducada o desagradable, resultaba una súplica silenciosa. Rose estaba rogándole con la mirada que no la atormentara más con los recuerdos.

Pero una persona sólo puede escapar de los hechos por cierta cantidad de tiempo y el de Rose expiró el día en que Scorpius y ella hicieron algo que nadie le había explicado todavía porque los dos implicados parecían determinados a guardar el secreto.

De acuerdo, había llegado la hora de decirle a Rose la verdad.

Hacía dos semanas, le informó a Scorpius que estaría en Londres para pasar la noche buena con su familia y él lo había invitado a Malfoy Cottage para el día de navidad. Y así fue; Liam llegó muy confiado a la gigantesca casa de campo, tocó la puerta y acomodó en sus brazos los cuatro ramos de flores que llevaba para las damas que estarían allí.

Astoria lo recibió con una sonrisa que intentaba camuflar su profundo desconcierto. "¿No le dijo que me invitó? Lo lamento, señora Malfoy. Yo lo mataré apenas lo vea por olvidarlo", le aseguró con una sonrisa incómoda mientras le extendía el ramo. Astoria lo tomó cuidadosamente, observó las rosas con cierto aire ausente y su labio inferior tembló ligeramente. "Espero que lo veas pronto porque de lo contrario, la que lo matará seré yo por desaparecer así".

Luego de eso, lo invitó a tomar una taza de té en un salón privado mientras le daba los pormenores de la misteriosa desaparición del hombre más dramático y drástico del mundo. Aparentemente, nadie sabía dónde se había metido y todos estaban muy preocupados. Preguntó entonces que desde cuando no tenían noticias de él y Astoria se vio forzada a explicarle todo el asunto de la propuesta de matrimonio sorpresa.

Y todo tuvo sentido.

Lo siguiente que hizo fue despedirse de la señora Malfoy, ir corriendo a su casa y escribirle Scorpius que recapacitara, que su familia estaba preocupada y que todo tenía solución y a Dominique para extraerle la información del paradero de Rose sin que lo notara porque si llegaba a saber todo lo que él sospechaba que había ocurrido, correría mucha sangre.

El resto es historia. Sabía que no tendría noticias de Scorpius ese día, así que esperó la respuesta de Nique, se apareció en el pequeño pueblo de St. Ottery Catchpole y estuvo vagando sin rumbo por unas dos horas hasta que le pareció ver a alguien apareciéndose en la lejanía. Al fijarse bien en él, reconoció a Marius y lo siguió. Tuvo que estar unas cuatro horas sin hacer absolutamente nada más que huir de gnomos de jardín mientras esperaba a que el hombre abandonara la Madriguera, pero ya estaba allí y no se iría sin hablar con Rose y si era lo suficiente afortunado, con Dominique.

Ahora, ¿Cómo le explicaría todo esto a la chica?

–¡Oh! Es que tú crees que yo estoy hablando de Scorpius –rió forzadamente y movió la mano en un estudiado gesto de desdén. Si fingir demencia e inspirar compasión ya no funcionaba, lo mejor era…–. Quizás fue gracias a él que nos reencontramos, pero yo he venido por Dominique.

Lo mejor sería sorprenderla.

–¿Por… por Dominique? –musitó descolocada por completo y Liam asintió con entusiasmo.

–¡Claro! No sé si te lo contó, pero hemos estado escribiéndonos y creo que podría haber una oportunidad para mí –una mentirita blanca no haría nada. Dominique era una mujer deslumbrante y no sería difícil que Rose creyera que él estaba perdidamente enamorado de ella.

Pero ambos habían hablado sobre el asunto y habían estado de acuerdo en ser sólo amigos por los momentos. Aparentemente ambos tenían serios problemas de adicción al trabajo que harían imposible que una relación prosperara. Eran buenos amigos y Dominique era realmente genial, pero sabían que…

–Sí, me lo comentó.

–¿Eh? Digo, sí, sería difícil dado que siempre estoy viajando, pero estaré aquí por dos semanas y quería que me ayudaras a buscar una forma creativa de invitarla a salir –improvisó sintiéndose muy idiota por perder de vista el objetivo durante unos momentos y casi suspira de alivio cuando Rose aflojó el agarre que mantenía sobre el pomo de la puerta–. Debe haber recibido montones de invitaciones a lo largo de su vida y quiero que esta sea especial.

–Creo que no soy la indicada para…

–¡Claro que lo eres! Eres su mejor amiga y te quiere mucho. Me lo ha dicho –eso sí era una verdad absoluta y la sinceridad de esas palabras hizo a Rose sonreír con afecto.

–¿Soy su mejor amiga?

Pues aparentemente, eso marcó el inicio de la segunda etapa del plan: calentar el corazón de Rose y distraerla con eso.

–Me dijo que su forma de ser le ha ganado muchas amigas que al final, resultan siendo muy tóxicas para ella. Tú siempre has estado allí y resultas una bocanada de aire fresco para todo ese ambiente que la rodea –sonrió, recordando aquellos bellos adjetivos con los que hacía referencia a su amistad con Rose–. No eres envidiosa ni cizañera, no eres venenosa ni cruel… Dominique te adora y aunque no podamos prepararle algo muy gigantesco, sé que ella lo apreciará porque vendrá de ti, de ambos.

Rose rió ligeramente y se cruzó de brazos, por fin soltando la puerta de forma definitiva avanzando en su dirección para sentarse junto a él.

–Probablemente sí –volvió a reír quedamente y Liam la acompañó con una sonrisa–. ¿Qué tienes en mente?

–Pues… –¿Qué tenía en mente? ¡¿Qué?! –. Yo… –había que improvisar, vamos–. La verdad es que yo… –cerró los ojos unos momentos y la última imagen que tenía de Dominique acudió a su mente. En la fiesta de Scorpius, con un cabello que no se decidía entre el rubio y el anaranjado, unos ojos increíblemente preciosos de color celeste, una piel tan pálida como el mármol y una sonrisa que derretía corazones. Dominique, la mujer más hermosa que había visto en su vida–. Se me ocurrió que podría darle el regalo que le compré cuando estuve en Brasil hace dos semanas. Es una tontería, pero quizás cuando abra la caja… cuando la abra, podrían salir chispas de colores que formen la pregunta en el aire. Suena muy sencillo, pero las luces iluminarían sus ojos y ella sonreiría y…

Se detuvo.

Se estaba dejando llevar y no era la idea.

Dominique era su amiga y él estaba allí por eso, por la amistad. Por Scorpius.

–A veces las mejores cosas están en los detalles y tu idea me parece preciosa –anunció Rose con una sonrisa diminuta, pero honesta–. Dominique sin duda sabría apreciarlo.

–¿Tú crees? –no perdería de vista el objetivo, no lo haría–. Me parece muy insuficiente. Yo estaría rompiendo nuestro acuerdo, Rose. Acordamos ser amigos y esto sería como apuñalarla por la espalda –continuó mirándola fijamente, pero Rose no se dio por aludida–. Es una pregunta a traición.

–No es para tanto… –negó ella sin notar que él hacía referencia a lo que suponía que había sucedido con Marius Nott.

–Lo es, Rose. Lo es –insistió, pero la falta de respuesta lo hizo cambiar de táctica. Quizás Marius no era la herida en la que él debía hurgar, pero Scorpius…–. De igual forma, Dominique podría decirme que no y romper mi corazón. He oído que… –estaba arriesgándose mucho, pero era necesario–. Oí que ustedes las Weasley son buenas en eso.

Listo, había soltado la bomba.

Ahora sólo debía esperar una reacción.

Rose frunció el ceño profundamente y desvió la mirada unos segundos, como si estuviera analizando sus palabras cuidadosamente. Cuando volvió a alzar la vista, sus ojos se clavaron en él con tanta intensidad que Liam entendió por qué Scorpius hablaba tanto de ellos en sus cartas.

Era gracioso.

La primera vez que el apellido Weasley surgió en su correspondencia, fue cuando Scorpius le aseguró que ser entrevistado por una chica tan remilgada de seguro sería una experiencia interesante.

Fue sólo eso. Poco menos de una línea que sólo hacía énfasis en el apellido para destacar la mojigatería de su portadora.

Pero esa línea, con el tiempo, se convirtió en párrafos. Y posteriormente, en centímetros de pergamino. Y antes de que ninguno de los dos se diera cuenta, en cartas monotemáticas acerca de lo mismo, acerca de Rose.

Acerca de la forma en la que los ojos de Rose refulgieron de furia cuando él le fastidió la noche de los Jóvenes Promesa, la manera en la que su sonrojo se volvió peligroso cuando ella tuvo el descuido de decir "bailarina exótica" en su presencia, el cómo su mueca de furia se transformaba en una sonrisa cada vez que Dominique o Albus entraban en escena o aquella peculiar manera de comer fresas que Rose había escogido cuando fueron a la exhibición de Gringotts.

Su rostro se acercó a la fruta y sus labios rozaron mis dedos cuando la mordió. Al alejarse, limpió los restos de chocolate con su lengua, Liam. ¡Su lengua! ¿Quién demonios come de esa forma tan obscena?

Le había hecho tanta gracia que siempre escribía ese pedazo en sus posdatas, para martirio de la víctima.

Salió abruptamente de sus pensamientos cuando Rose confundió su sonrisa maliciosa con una burla directa a las acusaciones de "rompe-corazones" que Scorpius había hecho repetidas veces y no por los recuerdos que invadían su mente.

Se incorporó rápidamente y antes de que le diera la espalda, Liam pudo ver como sus ojos se llenaban de lágrimas.

–Lo siento, pero no voy a irme –farfulló sin siquiera inmutarse cuando Rose hizo amago de abrir la puerta de salida nuevamente. Resignada, se mantuvo estática en su posición, determinada a no enfrentarlo nuevamente porque se había dejado embaucar de forma tan estúpidamente sencilla.

–¿Qué quieres de mí, Liam?

–Sólo la verdad, Rose. No puedo ayudarle a luchar contra algo que no conozco.

–¿Dónde rayos está? –inquirió en un susurro casi inaudible y Liam caminó hasta ella al no saber qué podía hacer para que la chica se relajara.

–No lo sé –eso volvió a sumirlos en un silencio casi palpable que fue roto cuando Liam decidió que no había acabado de hablar–. Dominique dijo que ambos podríamos planear la manera de juntarlos y ahora pienso que debí haberle hecho caso.

–Liam… –dijo con un tinte de advertencia en su voz que no lo amedrentó.

–Rose, escúchame por favor… lo que sea que haya ocurrido ya no puede ser cambiado. No hay vuelta atrás y ni tú ni él podrán seguir escapando. Él creyó que superaría todo simplemente fingiendo que no existía y tú… no te conozco bien, pero Dominique me dijo una vez que estás tan sumida en tu negación…

–Liam, de verdad no es el momento –insistió Rose girándose a enfrentarlo, pero él ya había puesto las cartas sobre la mesa y afortunadamente, era su turno de mover.

–No puedes seguir así. No estoy diciendo que tienen que escapar juntos, pero no es sano, Rose. Si no terminan de asumir todo lo que ha pasado, la verdad se volverá en su contra. Tienes que dejar de engañarte a ti misma y el primer paso es…

–Entonces según tú, este hipotético autoengaño me matará –replicó irónica y Liam rodó los ojos.

–No, pero si invadirá tus entrañas y por lo que veo, ya te está haciendo infeliz.

Ambos se miraron entre sí con evidente desafío y fue Rose la primera en ceder luego de minutos infinitos de silencio. Inhaló profundamente para calmar su inexplicable furia y cerró los ojos, resignándose ante lo inevitable.

–¿Qué necesitas?

–Sólo quiero saber qué decirle cuando él se decida a comunicarse conmigo. Ahora sé que nadie me dirá qué paso, pero me gustaría…

–Puedes decirle que todo estará bien.

–Rose…

–Dile que eventualmente, todo estará bien –y lo miró directo a los ojos para imprimirle confianza a sus palabras. No tenía ni idea de cómo, pero estaba segura de que todo acabaría bien.

Tenía que ser así.

Además, ¿Qué sabría ella acerca de confortar a alguien como Scorpius? Nada. No tenía ni idea de qué podría hacerlo sentir mejor… si es que se sentía mal, claro está.

Dios, todo era tan difícil…

–Entonces eso es lo que le diré –Liam resopló con fuerza y se acomodó la chaqueta que cubría su torso–. Creo que es mejor que me vaya.

–Dominique aún debe estar limpiando las mesas en donde cenamos… la abuela le pidió que lo hiciera y como James y Fred robaron su varita, ha tenido que hacerlo sin magia –explicó quedamente con la vista clavada en la alfombra que cubría el suelo de la habitación–. Debe estar en el patio trasero… probablemente cree que ya me fui, así que te suplico que no le digas nada acerca de…

Se escuchó un estruendo y ambos se giraron para ver hacia la puerta que daba a la cocina, donde alguien acababa de salir dando tumbos y con una expresión furiosa deformando sus facciones.

–Joder, Lysander, te dije que… –Lily se detuvo de golpe y Lysander chocó contra ella. Desorientado, siguió la dirección de la mirada de Lily y entendió la parálisis repentina de la misma.

Rose y Lily compartieron una larga mirada que no intentaba transmitir ningún mensaje o sentimiento. Era sólo eso. Una mirada.

Una larga mirada que no habían compartido en años, cabe destacar.

–Merlín, esto no puede estar pasándome –farfulló Rose ajustándose la bufanda y preparándose rápidamente para irse luego de despertar del sopor–. Hasta pronto, Liam.

Abrió la puerta sin siquiera mirar hacia atrás y sintiéndose inmensamente asombrada de la cantidad de mala suerte que tenía, pero cuando ya estaba lista para marcharse, una voz la detuvo.

–¿Esto es lo que quieres, Lily? –Rose se giró a tiempo para ver a Lysander recortando la distancia entre ambos con rapidez–. Rose, tú y yo tenemos que hablar.

–Joder, ¡¿Que acaso todo el planeta hablará conmigo esta noche?! ¿Quién falta, eh? ¡¿Quién?! –exclamó indignada agitando el puño hacia arriba y con la vista fija en lo que sería el cielo si no estuvieran en la casa, reclamándole a los dioses por su falta de consideración.

–¿Eh? –inquirió Lysander antes de sacudir la cabeza, como si prefiriera no entender por qué Rose parecía tan inspirada gritándole al techo.

–Escucha, Lysander… creo que ya sabemos como terminó la última vez –replicó con seriedad y Liam la miró de refilón con suspicacia. Olvidaba que él probablemente no sabía nada del asunto de Lysander.

–Por favor –Rose miró su reloj y suspiró cuando vio que ya rozaban las diez de la noche. Estaba tan agotada tanto mental y físicamente, que lo único que quería era irse a su casa y dormir–. Rose...

–Déjala en paz, Lysander –siseó Lily y Rose volvió a fijarse en ella con la cara contraída por el descrédito. Y es que todo era tan increíblemente loco que francamente…

–Me dijiste que era un bruto y ahora voy a remediarlo. ¿Era eso lo que querías?

–¡Argh!

Ambos se enzarzaron en una discusión sinsentido a la que Rose no le prestó demasiada atención porque Liam se removía constantemente, al parecer ansioso por ir al encuentro de Dominique pero no teniendo ni idea de cómo irse de ese lugar sin ser detectado.

–Bueno, esto se ha puesto incómodo –susurró cerca de su oído y Rose rió ligeramente, llamando la atención de la pareja restante en la sala. Por un momento temió que pensaran que se reía de ellos, pero como no fue así…

–¿Y tú quién eres? –preguntó Lysander, notando la presencia de Liam por primera vez. Lily bufó con fuerza y volvió a enfrentarlo.

–¡Ese no es tu problema! Por eso es que eres un bruto, Lysander. ¡La identidad de ese chico y su relación con Rose no son…

–Oh, Rose ya tiene suficientes hombres y problemas en su vida como para sumarme a mí –intervino Liam alzando las manos como si pretendiera calmar la ira de las masas protestantes mientras se alejaba lentamente hacia la puerta de la cocina–. Yo vine a ver a Dominique, así que si me discul…

–¡Hey! Cuidado con lo que… ¿Liam? –la mueca furibunda de Dominique desapareció en cuanto se percató de que había chocado con su amigo. Por su parte, él la observó de arriba abajo con una sonrisa radiante y la abrazó. Aún desconcertada, Dominique correspondió el breve abrazo y se apresuró a añadir–. Liam, ¿Qué rayos… ¿Lily? ¿Qué está sucediendo aquí?

Y como era ya la costumbre, Dominique se negó a reconocer la presencia de Lysander, que resopló con fuerza y fulminó a Nique con la mirada.

–Pero yo no tengo nada que hablar con Dominique –farfulló Rose pensativa ya que segundos antes, le había preguntado a los dioses con quién tenía que hablar y así, de la nada, aparece su prima en el peor de los momentos. Parecía que recién acababa de limpiar las mesas y ya estaba lista para irse a asesinar a unos cuantos primos roba varitas antes de ser interceptada.

–Vamos, Nique… estos tres necesitan que los dejen a solas.

–Pero yo…

–¡Y Rose! Recuerda que eventualmente, todo estará bien –y sonrió. Y ella correspondió su sonrisa, sintiéndose extrañamente reconfortada al escuchar esas palabras de otros labios distintos a los de ella misma.

En serio esperaba que también le dieran un minúsculo alivio a Scorpius.

–Rose… ¿Vamos a hablar? –inquirió Lysander quedamente y Rose sintió una súbita molestia hacia él por creerse con el derecho de exigirle cosas. Resoplando, le lanzó una mirada conciliadora a Lily, que parecía que estaba realmente enojada con Lysander por su manera tan… tan bruta de hablarle en ocasiones anteriores.

Lysander la guió al primer piso y entraron en el primer cuarto que encontraron. A juzgar por el color y los ajados postes en las paredes, Rose supo que se trataba de la antigua habitación de tía Ginny, donde había dormido esa noche.

Una vez que él cerró la puerta, se sentó sobre la cama en la que descansaron James y Fred con pesadez y obvia resignación.

–¿Qué quieres? –espetó sin ni siquiera ocultar su fastidio. Él la miró cauteloso unos minutos y tomó la sabia decisión de no acercarse demasiado a la chica, sentándose en la cama contigua con mucha prudencia.

–Sólo quería saber cómo estabas –le preguntó con voz pacífica y Rose asintió, intentando controlar el bufido de impaciencia que quería escapar de sus labios.

–No es nada que no pueda contestar fuera de esta habitación –replicó con dureza y Lysander se encogió de hombros con pesadumbre.

–Es sólo que pensé que era hora de que habláramos –Rose afirmó con la cabeza, componiendo una mueca de desinterés.

–Claro, después de casi tres años, consideras que es momento de hacerlo, ¿no? –su cinismo lo hizo agachar la vista, avergonzado–. Escucha, Lysander... hoy ha sido un día extenuante y hablar sobre heridas que ya están cicatrizadas no me place –continuó con frialdad–. Mejor dejémoslo como está y así podré continuar con mi vida.

–Es que eso es precisamente lo que me preocupa, Rosie –no pudo controlar el gruñido al escuchar el diminutivo, pero Lysander la ignoró–. No sé si estás consciente de lo mucho que te has dejado llevar en lo referente a "continuar con tu vida".

Eso la hizo fruncir el ceño profundamente, presintiendo que no le gustaría nada el rumbo que tomaría la conversación.

–¿Y eso qué quiere decir? –preguntó a la defensiva y él se acercó lentamente a la cama, sentándose a una distancia sensata de su cuerpo.

–Escucha, sé que la manera en que terminó todo no fue la mejor –dijo y Rose rodó los ojos con exasperación.

–¿Te parece? –él ignoró su sarcasmo y la miró con algo parecido a la compasión.

–También sé que actué como un tonto... debí ser sincero contigo desde el momento en que comencé a sentir cosas por Lily –Rose desvió la mirada y cerró los ojos, ignorando la punzada de dolor en su pecho–. Pero eso no justifica lo que estás haciendo.

–¿Y qué es lo que estoy haciendo? –preguntó, ya resignada a que esa conversación no terminara pronto.

–Estás... no eres la Rosie que conocí y de la que me enamoré. Ya no –comentó con tristeza, evadiendo su pregunta.

–Eso es evidente, ¿no? –replicó alzando las cejas y casi riendo por su ocurrencia–. Si no, no hubieras...

–La cosa es –intervino rápidamente y Rose apretó los puños con fuerza para contenerse de golpearlo. Olvidaba lo mucho que la molestaba que Lysander la interrumpiera, cosa que ocurría con demasiada frecuencia cuando estaban juntos– que es difícil hacer oídos sordos a lo que se escucha por la calle y, bueno, no puedo evitar sentirme culpable.

–Ahora sí me perdí –dijo con la nariz arrugada y Lysander la miró con un tinte de frustración en sus ojos azules.

–Me refiero a que, bueno... estás saliendo con tu jefe, Rose. Algo que va contra la política de cualquier empresa y es poco ético –alzó las manos cuando vio que Rose estaba a punto de replicar, pidiéndole silenciosamente que le dejara continuar–. Un jefe que no es más que Marius Nott... y no tengo que recordarte de qué familia proviene.

–Espera un momento, ¿Qué? –inquirió con los dientes apretados y la mandíbula tensa, sintiéndose enrojecer de pura furia–. ¿Insinúas que estoy escribiendo para El Profetasólo porque tengo una relación con el editor en jefe? –su silencio fue suficiente para que los dientes de Rose empezaran a rechinar–. ¿Acaso has leído algún puto artículo de los que he escrito? Si estoy allí es porque tengo talento, no porque me acueste con Marius –siseó con fiereza, sabiendo de sobra que lo último era la mentira más grande que había dicho en su vida, pero necesitando herirlo de alguna forma.

Al parecer funcionó porque cuando Lysander escuchó la insinuación, hundió la cara en sus manos, aparentemente avergonzado.

–Tienes razón, no los he leído.

Oh.

Oh.

Suspiró; eso había dolido.

–Entonces reserva tus opiniones para alguien a quien le interese escucharlas –Lysander no era la mente más brillante de todos los tiempos, pero sabía distinguir el veneno cuando le salpicaba. Sin embargo, ni siquiera todo el sentido común que ser un Ravenclaw le otorgaba evitó que dijera lo siguiente.

–Es que no es todo –continuó con cautela y Rose se cruzó de brazos para evitar caerle a golpes allí mismo–. Además, y como has hecho evidente la última vez que nos vimos, lo engañas con Scorpius Malfoy. ¡Malfoy! No puedo creer que...

–¡¿Qué?! –se incorporó ofendidísima y Lysander se hundió en su asiento–. Y tú vienes a darme lecciones de moral, precisamente –chilló no pudiendo contener por mucho tiempo su furia–. No puedo creer que vuelvas a hablar sobre el tema. ¡Yo no engaño a Marius con nadie, entrometido! ¿De dónde has sacado esa conclusión? Porque aunque fuera cierto, lo que yo tenga o deje de tener con Scorpius no es problema tuyo y si basas todas tus ridículas sospechas en los artículos de revista rosa que Lily tan solícitamente te muestra, entonces no soy yo quien tiene un jodido problema.

–¡A esto me refiero, Rosie! Antes no eras así, tan impulsiva y temperamental. Tu nueva vida te está cambiando y todos tememos que...

–¿Quién teme qué? Mi vida no es asunto de nadie –exclamó con la cabeza echa un lío, escuchándose a sí misma ajena y distante. Lo vio palidecer y aclararse la garganta con incomodidad.

–Yo sé que tú no eres así, Rosie. Sé que eres dulce y cálida... sé que jamás te enojas y eres extraordinariamente paciente...

–Estoy siendo paciente –replicó observando sus manos contraídas en un par de amenazantes puños, listos para un ataque que jamás llegaría porque ella era paciente.

–Eres tranquila y te tomas la vida con mucha pasividad... –bufó incrédula, pero tenía que darle la razón. Toda su vida se había vuelto tan mala que, por fuerza, había tenido que cambiar algunas cosas de su carácter; o lo que es lo mismo, abrazar a su Ron Weasley interno como propio y dejarlo expresarse–. También sé que tarde o temprano, todo el dolor de nuestro final desaparecerá y volverás a la normalidad –dijo levantándose de su asiento para imprimir seguridad a sus palabras–. Lo superarás y cuando lo hagas, estaré allí para recibirte como los amigos que fuimos.

–¡Já! –resopló como un toro y soltó una risita irónica–. Vaya que eres egocéntrico, ¿eh? –volvió a reír con crueldad por su desfachatez y añadió–. Lo nuestro está superado y olvidado –su convicción la sorprendió incluso a ella y no pudo evitar sentir como su dignidad pisoteada volvía a alzarse con orgulloso triunfo–. Yo cambié, sí. Todos lo hicimos. Lo que ocurre es que no soportas que lo haya hecho para bien –continuó moderando el tono de su voz–. Te fuiste por más de dos jodidos años y en serio esperabas que siguiera siendo la misma –fue más una afirmación escéptica que una pregunta y él agachó la mirada.

–Éramos amigos, Rosie –respondió con voz apagada y débil, mirándola con aquellos ojos a los que ella jamás pudo resistirse. Sin embargo, aspiró profundamente y se armó de valor antes de replicar.

–Éramos –aclaró con frialdad y él la miró boquiabierto–. Los amigos no hacen lo que tú me hiciste a mí –continuó saboreando la crueldad en sus palabras–. Y jamás vuelvas a llamarme así. Es un privilegio que ya no tienes –el nudo en la garganta era tan fuerte que impidió que siguiera hablando con normalidad y temiendo echarse a llorar allí mismo e inspirarle aún más lástima de la que seguro sentía, caminó hasta la puerta lanzándole una mirada de advertencia por si intentaba detenerla–. Buenas noches, Lysander.

En cuanto abrió, encontró a Lily apoyada en la pared contraria a la puerta y suspiró. Al parecer, eso no había acabado.

–Me han emboscado –siseó volviéndose a ver a Lysander, que lucía abatido. ¿Sería posible que Lily hubiera iniciado una discusión adrede con Lysander para instarla a hablar? Una mirada le bastó para confirmar sus sospechas.

Suspirando, Lily se acercó a ella lentamente y con un gesto, la invitó a entrar nuevamente en la habitación. Rose, más para evitar frustrarse que por otra cosa, entro junto a ella y volvió a cerrar la puerta.

Lily se sentó junto a Lysander y suspiró profundamente, abrazándose a sí misma como si estuviera desconsolada.

Era curioso que hubieran sido ellos quienes la habían lastimado y la única que no parecía triste allí era ella.

–Me ha gustado mucho el colgante, Rose, gracias –dijo luego de unos segundos de silencio mimando distraídamente el dije de una flamante mariposa que aleteó felizmente por las caricias y ella asintió con sequedad.

–Nique me ayudó a elegirlo –y volvió a instalarse el silencio. Rose miró las paredes, el techo y los muebles de la pieza sin saber qué hacer para rehuir a esa situación tan incómoda y, finalmente, decidió esperar a que alguno de ellos dijera algo.

–Rose, yo... –Lily vaciló unos momentos antes de continuar–. Nunca tuve la oportunidad de explicarte lo sucedido.

–Y no es como si yo quisiera escucharlo, en realidad –bufó y se recostó en la cama frente a sus interlocutores, que se miraron entre sí sin saber qué hacer.

–¿Has hablado con Hugo? –preguntó Lily tentativamente luego de unos cortos segundos y Rose asintió.

–Sí, hace un tiempo. Intentó interceder entre ambas –rió ligeramente y con brutal incredulidad, pero ya nada le importaba demasiado a ese punto–. ¿Y bien? ¿Qué tienen que decir que ya Lysander no haya dejado claro?

–Pues yo... confié en que Lysander podría resolverlo, pero veo que no –Lily lo miró irritada y él se hundió en su asiento–. Felicitaciones por tu compromiso, Rosie.

–Dilo ya, Lily, por favor –se exasperó Rose–. ¿Por qué no habían tratado de explicarme antes? Seguro resultaba muy hilarante ponerme en la incómoda situación de tener cada par de ojos de la familia sobre mí cuando se aparecieron por primera vez por acá y más aún cuando anunciaron su matrimonio. Lo que es raro porque Lysander siempre me dijo que jamás se casaría... y lo peor era que yo estaba de acuerdo con ello.

–Lysander quería hacerlo, Rose, en serio –habló Lily con voz queda, herida por la indiferencia de Rose–. Pero yo estaba tan avergonzada...

–Eso demuestra que aún te queda, al menos, un escrúpulo –se burló y rió de su propio chiste, ignorando la mortificación de su prima–. ¿Y entonces qué? No creo que haya nada que decir.

–Rose, al menos escúchame, ¿sí? Por los viejos tiempos –suplicó Lily y Rose se compadeció un poco de ella antes de asentir, prometiéndose a sí misma no interrumpirla; después de todo, estaba muy consciente de que estaba descargando toda su amargura con la pareja y eso no era lo más saludable en esos momentos.

Lily suspiró y se preparó para contarle absolutamente todo lo que los había llevado a lastimarla.

Le dijo la envidia que le había guardado desde siempre porque no podía asegurar desde cuando le gustaba Lysander y que el hecho de que él siempre prefería estar con ella la había fastidiado desde que eran muy jóvenes. También le habló de aquel miserable período de su vida en el que estuvo por su cuenta, aislada y desesperada, cuando se enteró de que ambos habían iniciado una relación. Le contó que siempre se había sentido desplazada por la admiración y el cariño automático que Rose parecía inspirar en cada persona que conocía y del cómo ella misma nunca sería capaz de remover el velo de niña mimada que tenía sobre ella desde que nació.

Los logros de Rose siempre parecían opacar cualquier cosa que ella hiciera y siempre, siempre se sorprendían de forma ofensiva cada vez que ella sobresalía de alguna manera. En cambio, el éxito de Rose ya se daba por hecho desde su concepción; nadie nunca lo ponía en duda porque, sencillamente, así era como debían ser las cosas.

Rose pensó que si quería que ella la perdonara, iba por mal camino. Sin embargo, a esa sarta de excusas le añadió que esos celos no sólo eran eso; la admiraba muchísimo y aún se sentía terriblemente mal por lo que había hecho.

–No quiero... no queríamos construir una familia en base a una traición –finalizó con la voz ahogada y ella, acostada mirando al techo, se sorprendió al sentir una solitaria lágrima deslizándose por su sien–. Tú fuiste mi mejor amiga, Rose... éramos inseparables y te pido que por favor, en consideración a eso, aceptes perdonarnos.

La verdad es que no quería seguir viviendo en un drama perpetuo e infinito, pero las ganas de descargarse se salieron de control. Le explicó sus propios celos infundados de los que ya hacía un tiempo había informado a Hugo y cuando volvió a mirarla, Lily también lloraba.

–Somos idiotas... –rió quedamente y negó con la cabeza–. Todos estos años envidiándonos la una a la otra y ninguna fue capaz de confesarlo –Lysander observó pasmado como Rose también soltaba una pequeña risa de descrédito y se tallaba los ojos para desaparecer las lágrimas.

–Sí, lo somos –las chicas se observaron largamente y él comenzó a sentirse como un intruso en esa reconciliación, sospechando acertadamente que él no era el único problema entre ellas y que sólo había sido un pretexto para desatar el verdadero resentimiento que secretamente se profesaban.

Entonces, Lily se levantó lentamente de la cama y se acostó apretadamente junto a Rose, que se corrió un poco para darle espacio. Ambas clavaron la vista en el techo de la habitación y miraron embelesadas como el ajado póster de Gwynog Jones las saludaba desde arriba, arrojando poco después una bludger a un jugador cercano, y suspiraron al unísono.

Lysander se miró las manos y se aclaró la garganta, pero cuando ninguna de las dos pareció reconocer su presencia, salió silenciosamente de la habitación para darles algo de privacidad.

–Pensé que nunca se iría –susurró Lily y Rose se echó a reír–. Nunca sabe cuando es momento de retirarse, el pobre.

–Dímelo a mí –musitó ella y Lily se giró sobre la cama para observarla.

–Lamento todo lo que te dijo, en serio... él no mide muy bien lo que dice cuando está desesperado y tienes razón, sea lo que sea que pase entre ustedes tres no es asunto de nadie –Rose asintió y cerró los ojos, sintiendo como el sueño comenzaba a invadirla.

–Lily, dime una cosa... –pidió luego de otro par de segundos de silencio–. ¿De verdad terminaron?

Lily suspiró profundamente antes de asentir.

–Como ya te dije, no queríamos construir una familia de esta forma. No era lo correcto y… todo iba muy bien cuando recorríamos Asia con la tía Luna, pero al llegar aquí… –vaciló y Rose esperó pacientemente a que organizara sus ideas–. El volver a la Madriguera me recordó lo despreciables que en realidad éramos, Rose. Comenzamos a discutir con frecuencia y sospecho que Lysander me propuso matrimonio para ver si las pelean se reducían, pero no. Empezó mal y terminó peor. Aún somos amigos, pero él insiste en que volvamos y yo no quería…

–Entiendo –la interrumpió al intuir que Lily ya no era capaz de continuar–. Después de esto, ¿Crees que vuelvan a estar juntos?

Lily resopló pesadamente y permaneció en silencio durante unos segundos antes de responder.

–Aún hay muchas cosas que debemos aclarar para que eso suceda. No lo descarto, pero por ahora… justo ahora siento que necesitamos un descanso de tanto drama.

Rose rió ligeramente cuando Lily lo hizo, pero una pregunta retumbó en las paredes de su cabeza y como estaban en ese momento de tanta honestidad, se decidió a hacerla.

–Desde cuando ustedes... ¿Cuanto tiempo estuvieron engañándome?

Lily pareció sorprendida por su pregunta e inhaló profundamente antes de contestar, como si quisiera inspirarse algo de valor.

–Nunca lo hicimos –contestó con la voz ahogada por la tristeza–. Al menos no directamente. La noche que nos encontraste en su apartamento fue la primera vez que estuvimos juntos –Rose apretó los párpados con fuerza; aún era incapaz de recordar esa noche sin sentir aquel odioso nudo en la garganta–. Jamás quisimos herirte, pero creo que al final fue inevitable.

–¿Cuando supieron que estaban enamorados? –Merlín, sabía que se estaba haciendo daño sin ninguna necesidad, pero no podía evitarlo. Al parecer, Lily también lo sabía, pero estaba muy dispuesta a darle todas las respuestas que necesitara si eso significaba que la perdonaría.

–Yo siempre lo supe. Él tardó un poco más –explicó con la voz apagada por la pena y sólo continuó cuando Rose asintió–. Cuando salí de Hogwarts, él se sentía muy mal porque era incapaz de obligarte a viajar por el mundo porque tú habías hecho énfasis en no estar dispuesta a acompañarlo. Además, estabas demasiado ocupada con tu empleo y Lysander es físicamente incapaz de estar sólo... entonces sólo sucedió.

–¿El qué?

–Una tarde en la Madriguera, se sentó junto a mí y comenzamos a hablar... la semana siguiente, cancelaste un almuerzo y él me buscó para que lo acompañara para no perder la reservación. Y así comenzó a pasar algo que ninguno de los dos quería explicar; yo no quería inmiscuirme en su relación y él aún te amaba –volvió a asentir en silencio y Lily continuó hablando–. Unos seis meses después, me besó de improviso y me sentí tan mal, que pasé toda la noche llorando. ¿Por qué sucedían las cosas así? ¿Por qué no podíamos estar juntos sin tener que lastimarte en el camino? A la mañana siguiente, Lysander me informó que tú y él lo habían dejado y... –su voz se apagó por unos segundos, como si fuera tan difícil para ella como para Rose recordar todo eso–, las cosas se salieron un poco de control y allí fue cuando nos encontraste.

Rose dejó escapar otro par de lágrimas y abrió los ojos cuando escuchó a Lily sollozar. Se giró hacia ella hasta quedar frente a frente y le colocó una mano en la cara para borrar sus lágrimas antes de volver a reír.

–Somos patéticas –afirmó y Lily soltó otro sollozo con risa incluida.

–Lo somos, sí –ambas volvieron a reír y se miraron con una sonrisa casi nostálgica en sus rostros, ambas recordando cómo solían ser las cosas cuando eran amigas–. Yo... siempre me sentí mal por todo lo que había pasado, pero soy tan jodidamente idiota y orgullosa... cuando Hugo me dijo que debía hablar contigo, me sentí indignada a pesar de saber que él tenía razón, pero no puedo más... incluso él, que es mi mejor amigo, se ha distanciado de mí y prácticamente no me habla y el saber... el tener que llevar la carga de la maldita traición me está matando.

–Entonces yo... no podemos borrar lo que pasó, pero podemos superarlo, ¿no crees? –se sentó sobre la cama e invitó a Lily hacer lo mismo–. Creo... creo que podríamos empezar por ser primas nuevamente –finalizo con una sonrisa sincera, sintiéndose extrañamente ligera y tranquila.

–A pesar de lo que te hice y a pesar de no haberme disculpado antes –Lily bufó incrédula y Rose rodó los ojos.

–Pues si vas a seguir recordándomelo...

–Ni una palabra volverá a salir de mi boca, lo juro –Lily le sonrió tan alegre y vivaz como siempre y Rose sintió una inusual calidez esparciéndose lentamente dentro de sí.

«El perdón», le diría Connie si estuviera allí. Y joder que se sentía bien al deshacerse de ese rencor que había estado guardando y alimentando desde hacía tanto tiempo.

Ambas tenían sus propios demonios y una pesada carga de culpas, pero ya habían crecido y Rose no lograría nada si seguía obstinadamente herida por lo que hacía tanto tiempo había sucedido. Ella había estado enamorada de Lysander, era cierto, pero ya no lo estaba.

Honestamente, ahora tenía líos más grandes y no había necesidad de seguir ahogándose con los antiguos. Con los nuevos tenía suficiente.

–Está hecho, entonces –estiró el brazo para que Lily estrechara su mano, pero ella miró su palma abierta con una mezcla de extrañeza e irritación y se colgó de su cuello con tanto ímpetu, que volvió a caer sobre la cama con Lily encima, riendo–. Olvidé lo vehemente que puedes llegar a ser.

–Y yo olvidé lo inexpresiva que puedes llegar a ser, así que estamos a mano –se mofó y se apartó un poco de ella. Rose se removió incómoda; Lily estaba sobre su cuerpo y, bueno, no era precisamente ligera. Ella también pareció darse cuenta de esto porque se mordió el labio con fuerza, como si estuviera considerando si sería prudente decir lo que fuera que estaba pasando por su mente–. Si fueras hombre, ésta situación sería bastante extraña y tentadora. Es más, creo que voy a besarte.

Rose rodó los ojos y la apartó con brusquedad. Lily cayó sobre el otro lado de la cama riendo con diversión y un matiz de alivio. Era como si supiera que la relación entre las dos jamás volvería a ser igual porque ambas habían cambiado y habían sucedido demasiadas cosas durante esos años, pero aun así quisiera intentarlo de forma muy tentativa.

Y Rose, inconscientemente, agradeció sus esfuerzos.

Cuando ambas apaciguaron sus carcajadas, permanecieron durante largo tiempo sólo mirando al techo de la habitación. Luego de lo que parecieron años, miró el reloj y se asombró al ver que ya eran casi la once de la noche y que, de hecho, debía trabajar mañana.

Al explicarle esto a Lily, ella bufó alegando que ni estar de novia con el jefe le otorgaba el beneficio de vacacionar un par de semanas y la invitó a almorzar algún día para conversar sin dejar de morderse el labio inferior con ansiedad. Rose, que acertadamente lo vio como otro intento de retomar su antigua amistad, le sonrió y le dijo que ella le enviaría una lechuza.

Ambas bajaron las escaleras y encontraron a Lysander dormido sobre un sillón cercano. Lily puso los ojos en blanco y lo despertó de una sacudida. Él las miró esperanzado y cuando Rose le sonrió quedamente, se acercó y la abrazó con fuerza.

–Eres un imbécil –le susurró y lo sintió reír contra su cuello.

–Lo sé.

–Y un egocéntrico.

–Ajá.

–Y un entrometido.

–Vale, eso también.

–Y no engaño a Marius con Scorpius –gruñó cuando se alejó y él se ruborizó.

–Lo siento... ¿Todo bien?

Rose suspiró y los miró a ambos con una mueca en su cara. ¿Estaba todo bien? En realidad no, pero el asunto de Scorpius nada tenía que ver con ellos. Ya había logrado superarlo y sólo le faltaba perdonarlos para cerrar ese tedioso capítulo de su vida.

Y, felizmente, se dio cuenta de que ya lo había hecho.

–Más que bien –les sonrió y ellos se vieron entre sí con aparente alegría. Asumiendo que quizás era el turno de Lily para decirle a Lysander que debían darse un tiempo, Rose decidió darles algo de privacidad y cogió sus cosas de un armario cercano, colocó el arreglo de flores que le había regalado Marius sobre una repisa para que su abuela recordara que debía enviárselo con lechuzas al día siguiente para no estropearlo con la aparición, agarró su bolso mágicamente expandido para guardar los regalos y caminó hasta la salida.

–Gracias, Rose –dijo Lily cuando abría la puerta y ella, sin volverse completamente, le sonrió.

–Hacen una linda pareja –y con esa última afirmación, se despidió con un gesto de la mano y se colocó el abrigo antes de salir definitivamente.

Cuando llegó a su piso, lo primero que hizo fue ponerse el pijama y revisar su itinerario del día siguiente; le tocaba asistir a una beneficencia en la mañana y, si apuraba el artículo, podría descansar en la tarde. Salió de la habitación para tomar algo de agua y al regresar, se fijó en un detalle que no había notado antes.

Había un sobre colocado estratégicamente sobre su mesa de noche junto una pequeña caja adornada con una flor que desconocía pero que era francamente preciosa. Se sentó sobre su cama muy cerca de la mesita de luz y observó la flor con curiosidad antes de volver sus ojos al nombre que portaba la misiva.

Scorpius Malfoy.

No supo qué necesidad fue más imperiosa; la de abrirla inmediatamente o la de salir corriendo.

Tomó su agua, se cepilló los dientes, lavó su rostro e incluso sostuvo una pequeña charla con el espejo mientras se peinaba. Se trenzó el cabello y se percató de que no importaba cuánto lo ignorara, sus manos no dejaban de temblar de pura anticipación. Apagó las luces y se metió bajo las sábanas, presintiendo que el sordo ruido de su corazón desbocado palpitando en sus sienes haría imposible conciliar el sueño.

Luego de unos quince minutos de luchar consigo misma sin ningún resultado, cogió la carta y encendió la luz sobre la mesita. Se deshizo del sobre tan bruscamente que casi lo rasga y abrió el pergamino, disponiéndose a leer.

Rose,

Cómo está llena la vida de sorpresas, ¿no crees? Un día me pareces hilarante y, al siguiente... ya no puedo imaginar ni un momento de mi vida en el que no me hayas gustado.

Y lo lamento, en serio.

No sé si lo sabes, pero creo que teníamos un acuerdo tácito de no enamorarnos. Estuvo sobrentendido desde siempre; nuestra relación se limitaría a la investigación y nada más.

Estaba implícito y tú cumpliste tu parte. Me temo que yo no fui tan desafortunado.

Porque aunque te haya disgustado tanto, simplemente no pude evitarlo. Y créeme cuando te digo que lo intenté con todas mis fuerzas. Quise... quise engañarme y cuando fue inevitable, quise engañarte a ti.

Pero ya ves... no soy tan fuerte como pensé que era.

Hace ya casi dos años me fui a Egipto para olvidar a una mujer y fíjate que la vida sí está llena de sorpresas... jamás imaginé que volvería a irme.

Tuve muchos problemas en Gringotts por mi continua negativa a marcharme, pero supongo que ya no hay excusa para aplazarlo más. Sin embargo, puedes tener por seguro que te escribiré; no te desharás tan fácilmente de mí. No me olvidarás tan fácilmente.

No te dejaré hacerlo; soy muy persistente cuando quiero.

Y es que confío en que podamos ser amigos. Confío que tengo la suficiente fuerza de voluntad como para lograrlo y que es mejor eso a no tener absolutamente nada. Y como ofrenda de paz, te he traído ese obsequio que seguro no has abierto aún porque a pesar de que eres condenadamente curiosa, seguro te morías por averiguar qué quería decirte.

Tienes razón, me doy cuenta ahora. Te conozco tan jodidamente bien que incluso sé que preferirás la carta por sobre el contenido de la caja. Y también estoy seguro de que, tercamente, harás como que no te interesa y continuarás con tu vida durante unos pocos y frustrantes minutos antes de rendirte ante tu maldita necesidad de saber absolutamente todo lo que ocurre a tu alrededor.

Y tomarás el sobre. Lo abrirás con manos temblorosas y eres tan, tan buena que leerás éstas palabras y, con algo de suerte, sentirás algo de compasión por mí y aceptarás mi regalo. Lo compré antes de... ordené que lo hicieran hace mucho y, para ser honesto, moría por dártelo.

También sé que te gustará aunque te lo niegues por una décima de segundo. Y lamento no poder ver cómo te sentará, pero confío en mi refinado gusto y no dudo que se verá precioso en ti.

Y sé que te preguntarás por qué escogí una flor tan inusual y hermosa como la orquídea (al igual que sé que no tenías ni idea de qué especie se trataba). Y pensarás que, dados mis antecedentes, es extraño que no hubiera escogido una rosa sólo para molestarte.

Supongo que ya que no te gustan mucho las flores, bien podría probar suerte y enviarte una a la que no podrías resistirte. Es tan inusual y hermosa como tú y yo no pude hacerlo.

Ni resistirme a ti ni a enviarte una flor.

Tenías razón, ahora lo sé. Siempre la tienes, ¿no es así? Prácticamente no sabes nada de mí y acabo de descubrir que sé lo suficiente como para intuir que te cabreará mi narcisismo al hablar de mi finísimo gusto, imaginar tus acciones al encontrarte con semejante sorpresa en tu habitación y saber que, por mi culpa, probablemente no podrás dormir.

Lo siento.

Tuyo,

Scorpius Malfoy.

P.D: Mi color favorito es el azul, como tus ojos. Me figuré que eso sería un buen comienzo.

Leyó tan rápido que el significado de varios párrafos se perdió en su mente. Por ello, lógicamente, volvió a leer y a leer hasta entender qué era lo que quería decirle.

Y lloró. Por Circe que lo hizo.

¿Por qué todo tenía que suceder así? ¿Por qué se tuvo que enamorar de ella y decírselo? Si no lo hubiera hecho, probablemente jamás se habría dado cuenta de sus propios sentimientos y hubiera seguido con su vida con naturalidad.

Todo era tan injusto... no podía explicarse cómo había quedado atrapada en esa situación tan complicada.

Volvió a leer la carta hasta casi aprenderse cada línea, palabra y puntuación de memoria sin dejar de tallarse los ojos.

Él se iba.

Se iba para, suponía, darle algo de espacio.

Y quería convencerse de que no le afectaba; que, de hecho, sería lo mejor para ambos... pero también quiso ser egoísta y rogarle con el pensamiento que no se fuera con la estúpida, estúpida esperanza de que él escuchara sus ruegos mentales y no la abandonara.

Tomó la flor entre sus dedos y la comparación de Scorpius hizo que el alma se le fuera a los pies; era hermosa e inusual, justo como él la había descrito.

Era curioso como una simple y solitaria flor le inspiraba muchísimo más sentimiento que un arreglo de poco menos de cien rosas.

Entonces cogió la cajita con lentitud, casi con miedo, y vaciló un momento antes de abrirla. Tuvo que contener otro sollozo.

Era un colgante con un dije. Un dije con forma de esfera.

Se cubrió la boca para acallar su llanto y lo sacó de la caja para observarlo. Tenía un tamaño similar a la punta de su dedo pulgar y parecía una copia en miniatura de la Small Di Sphaera. La giró entre sus dedos con curiosidad y una pequeña inscripción mágica llamó su atención.

Las letras desaparecieron, pero volvió a rodarlo y contuvo una exclamación ahogada cuando las leyó.

Tuyo, S.M

Tuyo. Un pronombre de posesión.

Tuyo.

Y casi tuvo que reír cuando se dio cuenta de que estaba pensando exactamente lo que Scorpius había previsto. Sí, había asegurado mentalmente que no le gustaba el colgante.

Qué idiota era.

Sin analizarlo por mucho más tiempo, se lo colocó y el contacto frío del dije la hizo estremecer cuando rozó aquella piel que está un poco más abajo de su pecho. Apagó la luz y volvió a enterrarse entre las sábanas, acariciando el colgante para distraerse de su propio llanto.

Ahora sí estaba jodida; el único pensamiento que cruzó su mente antes de rendirse ante Morfeo fue que...

Merlín, lo último que pensó fue que el color favorito de Malfoy era el azul.

El azul, como sus ojos.


–¿Dónde está? –preguntó a penas le abrieron la puerta. Él elfo la interrogó con la mirada–. Scorpius, ¿Dónde está?

–El amo Malfoy se ha ido, señorita –respondió confundido y Rose rodó los ojos y apartó bruscamente a la criatura para entrar al vestíbulo.

–No está en su apartamento y nadie puede simplemente empacar toda su vida en dos días e irse. ¿Dónde está? –insistió mirando alrededor, ignorando los bufidos de los cuadros en las paredes. A penas terminó de pronunciar la frase, recordó vagamente haber ido al apartamento de Scorpius unas semanas atrás y ver un montón de cajas y embalajes alrededor de cada habitación.

–Señorita, Tipsy tiene que...

–Oh, Merlín... –susurró cuando se percató de que lo que ella había interpretado como Scorpius siendo demasiado perezoso como para desempacar del todo, era en realidad que su partida ya había sido programada desde hace mucho y él sólo había estado retrasándola por ella. Por ella–. Necesito hablar con Astoria –dijo de improviso y el elfo, inseguro de dejarla allí por su cuenta, vaciló–. Por favor.

El pequeño asintió y desapareció sólo para volver un par de minutos después con su ama, que la recibió con el asombro distorsionando sus facciones y aún en pijama.

–¿Rose? ¿Qué te trae por aquí a las... –observó brevemente un reloj cercano y contuvo una ruidosa exclamación–. ¡Siete y media de la mañana!

–Astoria, necesito hablar con Scorpius –la mujer no pudo hacer más que fruncir los labios con pena–. ¿Dónde está?

–Se ha ido, Rose. Ha venido ayer en la noche a despedirse –Rose se cubrió la cara con las manos y la invadió una horrible sensación de impotencia–. Luces cansada... ¿te gustaría que hablemos en la sala del té?

Se descubrió el rostro y asintió, siendo guiada después a dicha habitación casi de modo automático. Astoria la invitó a sentarse y ambas permanecieron en silencio hasta que una elfina les llevó algo de té con galletas.

–¿Desde cuando sabes que se iba? –preguntó quedamente, evitando mirarla. La escuchó inhalar con fuerza antes de responder.

–Merlín, te lo ha dicho... –Rose clavó la vista en su regazo y Astoria suspiró para calmar su conmoción–. Prácticamente desde que volvió. Al principio, estaba sólo de paso –explicó y Rose creyó notar un ligero rastro de molestia en su voz–. ¿Recuerdas aquella vez en GG's Cornucopia? Estábamos discutiendo porque él pretendía volver a marcharse a penas acabaran sus entrevistas sobre su incursión en Egipto. Hasta hace un par de meses no supe porqué se quedó.

Rose pasó saliva y alzó la vista sólo para ver a Astoria mirándola inquisitivamente. Y lo supo.

Supo que Astoria lo sabía.

–¿Por qué se quedó? –preguntó sólo para asegurarse y la mujer le sonrió.

–Creo que las dos sabemos esa respuesta, Rose.

–¿Desde cuando estás al tanto de eso? –inquirió tratando de no sonar a la defensiva. Le molestaba que la única que pecaba de ignorante fuera ella.

–Es mi hijo, querida... creo que lo supe incluso antes que él –tomó algo de té y fingió ignorar la perturbación de Rose antes de continuar–. Aquel día en el restaurante, cuando trató de fastidiarte obligándote a servirle la comida, ya podía imaginarlo. Y también hubo una gran confirmación cuando, un par de días después, me dijo que lo había reconsiderado y que se quedaría hasta nuevo aviso. Para cualquier observador atento, eso es una pista más que suficiente –Rose asintió y volvió a hundir la cara entre las manos sin importarle el aspecto tan lamentable que seguro lucía–. Ahora la pregunta es desde cuando dejaste de ignorarlo tú.

Rose resopló y acabó con el mentón apoyado en ambas manos, mirando a Astoria con una expresión inmutable.

–Fue a mi hogar poco después de la... de la propuesta de Marius –dijo vacilante y Astoria volvió a fruncir los labios luego de suspirar.

–Asumí que no resistiría mucho más –debido a las apariencias, Rose se sorprendió al descubrir que Astoria, quizás, sabía mucho más de lo que decía–. Ya te lo dije hace un tiempo, Rose; Scorpius es un hombre muy sensible, justo como su padre.

–Sí, sí... –afirmó distraídamente, hundida en sus pensamientos. Astoria respetó su silencio y se ocupó con su taza hasta que Rose se decidiera a hablar–. Debí haberme dado cuenta antes, ¿no es así?

–No hay peor ciego que el que no quiere ver, querida –rió ligeramente y Rose no pudo evitar sonreír con tristeza–. Te estuve observando y no me costó mucho percatarme de que tu aparente ignorancia sobre el asunto nacía de la más pura de las ingenuidades y no de alguna cruel arrogancia. Sin embargo, ahora que ya conoces la verdad, me gustaría saber cómo te sientes.

Rose disimuló su dubitación cogiendo su taza y llevándola a sus labios con lentitud. Cuando ya no pudo seguir fingiendo, resopló y la colocó de vuelta a su sitio sobre la mesita del té sin poder ocultar su desesperación, que se manifestaba en el temblor de sus manos.

–En realidad, no sé cómo sentirme –se sinceró casi inconscientemente, decidiendo que era hora de compartir sus pensamientos con alguien–. Es... es bastante complicado.

–Puedo imaginarlo –asintió Astoria con una sonrisa condescendiente–. El amor es bastante confuso.

Rose se ahogó patéticamente con su saliva y le tomó un par de minutos poder calmar la tos. La miró con los ojos abiertos de par en par y le irritó un poco que Astoria riera.

A ella no le parecía gracioso.

–Yo no lo amo –dijo insegura y Astoria alzó las cejas–. Sólo estoy... desconcertada. Nada más.

–De acuerdo, te creo –concedió, compadeciéndose de su estado–. Ahora dime, por favor, ¿Por qué aceptaste casarte con Marius cuando es evidente que tienes la cabeza echa un lío?

–Porque le quiero –mintió descaradamente, pero eso no pareció convencer a Astoria–. Es un hombre inteligente y amable, y la verdad es que...

–¿Cuál es la verdad? ¿Que no lo amas o que él no te ama a ti? O quizás ambas... –Rose desvió la vista y Astoria rió entre dientes–. Ambas, entonces.

–No es así. Lo que ocurre es que...

–A mí no puedes engañarme, Rose. Conozco bien a mi sobrino... más de lo que crees. Si a éstas alturas no lo habías notado, soy muy buena observadora –Rose se mordió el labio inferior, sintiéndose aturdida–. Marius es una persona muy encantadora, ¿no es así?

–Sí, lo es –afirmó con algo de resentimiento. Y eso, como no podía ser de otra forma, no pasó desapercibido.

–Entonces dime, ¿Cuanto tiempo le tomó convencerte de que lo ayudaras a ocultar sus... preferencias? –Rose, sintiéndose descubierta, boqueó estúpidamente hasta lograr recomponerse–. Siendo tan carismático y tú tan compasiva, no creo que mucho.

–No sé de qué estás hablando –replicó bruscamente y Astoria rió con descrédito.

–Vamos, no sigas mintiendo. Estoy segura de que estás agotada de hacerlo –Rose se recostó sobre el respaldar de su asiento y se cruzó de brazos obstinadamente. Astoria la imitó.

Estuvieron desafiándose con la mirada durante tanto tiempo, que perdió la noción de lo que ocurría a su alrededor. Al ver que Astoria no parecía dispuesta a concederle la discreción que deseaba, resopló con fuerza.

–No puedo creer que incluso sepas que Marius es... que él es...

–¿Gay? Te informo que me sorprende que nadie más lo haya notado. Es muy evidente –Rose quiso decirle que, en realidad, no lo era, pero se guardó sus opiniones para no interrumpirla–. De acuerdo, quizás no tanto –rió entre dientes al notar la incredulidad de Rose–. Pero es muy sencillo, sólo hay que estar atento. ¿Tienes una idea de las veces que observé a Eve estar prácticamente sobre Marius sin recibir más respuesta que un par de sonrisas incómodas? ¿O la de veces que consolé a Daphne porque él no quería casarse con nadie? Y ni siquiera Scorpius, con lo caballero que es, se salva de aquellas miradas furtivas a las curvas de un cuerpo femenino.

–Entonces Marius es muy malo disimulando –Rose rió sin humor y cerró los ojos con pesadez; no le atraía la idea de que alguien más conociera su secreto.

–A decir verdad, es muy bueno... pero sólo cuando presta atención a lo que hace. Cuando no, suceden cosas como que se le va la mirada tras un hombre atractivo cuando está sosteniendo tu cintura –Astoria rodó los ojos y añadió–. Podrá ser todo lo gay que quiera, pero sigue siendo hombre. Y ellos no son muy buenos ocultando cosas.

Ambas callaron. Rose porque no tenía nada que decir y Astoria porque analizaba a la chica con cuidado, sintiendo algo de pesar al ver su sufrimiento.

Y es que ya no había ninguna necesidad de seguir escabulléndose. Ya Astoria lo sabía; no había razón para seguir fingiendo.

–¿Cuando regresa? –preguntó Rose cuando acabó su té con el corazón en un puño. Astoria compuso una mueca de tristeza antes de responder.

–Las desventajas de tener un hijo que se dedica a romper maldiciones por todo el mundo es que nunca sabes cuando se irá, ni dónde estará, ni cuando volverá. En su trabajo y la discreción es lo primero –Rose dejó caer los hombros, derrotada. Ahora ni siquiera sabía cuando podría hablar con él en persona.

–Pues si algún día tienes la oportunidad de comunicarte con él...

–No le diré nada de tu parte, te lo aseguro. A pesar de que sé por lo que ambos están pasando, no seré yo quién interceda porque ya no son unos chiquillos tontos e inmaduros y deben resolver sus asuntos sin ayuda de nadie –su firmeza la hizo agachar la mirada y suspirar–. Además, si tienes algo que decirle, le haría mucho más feliz si lo hicieras tú misma.

–Quizás tengas razón –aceptó finalmente luego de otro resoplido abatido–. Pero no creo que esté lista para hacerlo.

–No te culpo –Astoria se levantó del sillón en donde estaba y se sentó junto a Rose en el mueble de dos plazas–. Escucha, Rose... tal vez no sepa por todo lo que estás pasando, pero sé que nada logras con no ser honesta contigo misma. Estoy consciente de que no tengo derecho de opinar, pero Marius se ha excedido con lo que pide de ti. Admiro muchísimo que estés dispuesta a continuar con ese teatro sólo por valorar tu amistad con él, pero no estoy de acuerdo si eso significa que mi hijo saldrá lastimado.

–Astoria, yo...

–No sé cuanto te quiere, si soy honesta. No sé qué hablaron esa noche que logró que él se marchara definitivamente y tampoco sé si Marius se ha dado cuenta de cuánto daño le está haciendo nuevamente a su primo. Pero hay algo de lo que estoy segura –se acercó un poco hacia Rose y tomó sus manos entre las finas y delicadas de ella–. Si pudiera afirmar que tu presencia acá implica que no sientes absolutamente nada por Scor, ni siquiera hubiera considerado la idea de bajar las escaleras para recibirte en estas fachas. Francamente, pensé que tarde o temprano vendrías a pedir respuestas, pero como ha sido hoy y a ésta hora, te pido que hagas un examen de consciencia y te replantees seriamente la idea de casarte con Marius porque no sólo se trata de lo que pueda estar sintiendo o no mi hijo, sino de tu propia felicidad.

Astoria se incorporó y caminó a la salida de la habitación, dando esa reunión improvisada por terminada. Rose la observó alejarse y, por puro impulso, abrió la boca y su lengua fue más veloz que ella.

–Gracias –exclamó y la mujer se giró a verla con una expresión inmutable–. Por recibirme y aconsejarme.

–Puedes volver cuando quieras, cariño. Pero nunca, jamás me visites a esta hora –la seriedad en su porte se arruinó cuando soltó una pequeña risa con toda la intención de relajar la tensión en los hombros de Rose–. Ni siquiera me he peinado. Y por cierto... lindo colgante.

Y con esa escueta amenaza/halago, salió de la habitación definitivamente y Rose rió un poco cuando la puerta se cerró tras ella.

No sabía si era normal en la familia Malfoy eso de despertarse como si se estuviera a punto de ir a un evento importante; Astoria parecía de todo menos desaliñada.

Por otra parte, se pensó seriamente el consejo que había recibido y concluyó que, aunque quisiera, sería incapaz de vivir tranquila al saber que había forzado a Marius a confesar algo tan delicado a sus padres. Además, tal vez el hecho de que Scorpius se hubiera alejado era lo mejor.

Si volvía a verlo, no sabría qué decirle o cómo reaccionar y también sabía que aunque imaginara mil escenarios y conversaciones posibles, si lo tuviera frente a ella se congelaría.

Así que de esa forma, Scorpius podría olvidarse de ella y ella misma podría lidiar con sus sentimientos en paz.

Antes de irse, se guardó el colgante dentro de la túnica y lo acarició por sobre la tela de forma ausente. Temía que a partir de ese instante, eso se volviera un hábito, pero no podía evitarlo.

Tenerlo allí, cerca de su corazón, era como tener a Scorpius a su lado y aunque la torturara, no quería alejarse de él.


Tres semanas habían pasado.

Tres semanas en las que no había podido dejar de pensar en Scorpius.

Afortunadamente, las dos primeras semanas estuvo muy distraída con banalidades como túnicas de gala y eventos a los que asistir.

Pero esos últimos siete días de vacaciones habían sido un suplicio.

No hacía más que estar echada en su cama con la carta ya arrugada de Scorpius en una mano y la orquídea marchita en la otra, lamentándose patéticamente y maldiciéndose por no poder deshacerse de aquellos sentimientos.

Con su confesión, Scorpius había abierto la jodida caja de Pandora y ahora Rose no hallaba manera de cerrarla.

Y el hecho de que las revistas del corazón insistieran en que confirmara su compromiso, sólo lo hacía más tormentoso.

Por todas partes, sólo veía recordatorios de lo que es, lo que fue y lo que jamás podría ser y aquella perpetua sensación de impotencia terminaría matándola.

Si tan sólo pudiera...

–¡Rose! ¡Abre la jodida puerta, Rose! –resopló cuando, por tercera vez en aquella semana, Dominique ofrecía un escándalo en el pasillo que daba a su piso–. ¡No puedes hacerme esto otra vez, Rose! ¡No voy a irme! –rodó los ojos y subió el volumen de la televisión para no escuchar los ensordecedores golpes contra la madera. ¿Por qué no podía dejarla en paz?–. No lo harás otra vez, Rose, te lo advierto. ¡No me dejarás aquí plantada como idiota, maldita sea!

Tercamente, ignoró los chillidos furiosos de su prima y miró el reloj. Seguro Dominique acababa de salir de su trabajo y, al ser viernes, no era probable que se fuera pronto.

–¿Y tú quien eres? –rugió la señora Murray y Rose volvió a poner los ojos en blanco.

–Mire, señora... no estoy de humor para lidiar con sus estupideces, así que regrese a su casa y mantenga sus narices fuera de mis asuntos –advirtió Dominique amenazante y el bufido de su vecina fue tan ruidoso que pudo escucharlo claramente a pesar de los sonidos de la televisión.

–¡Bruja! ¡Eres otra bruja! –chilló la anciana sonoramente alterada–. Le he orado al Espírito Santo para que proteja la casa de la niña Rose con toda su gloria y su gracia. No permitiré que tú allanes éste santuario con...

–¡Oh, cállese de una vez! ¡Rose! ¡Rose! –gritó Dominique y Rose cerró los ojos con fuerza, intentando fingir que no escuchaba el alboroto formado tras la puerta de su piso.

–¡Deje de gritar, majadera! Es usted una maleducada y se merece el trágico destino que le aguardará tras las puertas del infierno –Dios mío, esto no podía estar pasándole a ella. De seguro Dominique estaba a un paso de hechizar a la vieja.

–¡No me obligue a usar esto, señora!

–¡Es el instrumento del mal! ¡La vara de los demonios que...

–¡Joder, Rose, sal de una puta vez!

La señora Murray soltó un chillido ahogado de indignación.

–Deberías lavarte la boca con lejía para expiar tus pecados, muchacha necia –afirmó su vecina con tono amenazante–. ¡Mira que llego acá luego de vacacionar con mis seres queridos y me encuentro...

–¿Y a usted la quieren? –inquirió Dominique escéptica y eso fue más de lo que Rose y su vergüenza pudieron soportar.

Se removió entre las sábanas y guardó la carta y la flor marchita en el cajón de su mesita de luz, pensándose seriamente la idea de recibir a Dominique y acabar con todo eso de una vez.

Era consciente de que se estaba excediendo con su aislamiento, pero sabía que tarde o temprano tendría que contarle todo lo que había ocurrido.

«Tarde será», se dijo a sí misma encogiéndose de hombros justo antes de que la señora Murray gritara, se escuchara un golpe sordo contra el suelo y una estrepitosa explosión resonara en la sala de estar. Se levantó inmediatamente y corrió hasta el recibidor con el corazón en un puño sólo para ver a Dominique con la varita en mano y los ojos casi rojos de ira, envuelta en una nube de humo y observando el cuerpo inerte de su vecina con malicia.

–¡Joder, Dominique! ¡¿Qué le hiciste?! ¡Es muggle! ¿Estás loca? –miró las cenizas en el suelo cuando el polvo se esparció un poco y soltó una ruidosa exclamación–. ¡Destruiste mi maldita puerta!

–Te lo advertí –dijo simplemente y Rose observó su astillada entrada con incredulidad–. Y silencié esta parte del pasillo, así que no te preocupes.

–¡Loca! ¡Estás loca! –casi voló a su habitación para recoger su varita y volvió con pasos furiosos, prácticamente delirando de descrédito cuando encontró a Dominique riendo–. ¡No puedes simplemente llegar al hogar de alguien, explotar la maldita puerta y medio matar a su vecina!

–Pues lástima que no estuviste aquí para verlo, porque así fue exactamente como ocurrió –Rose gruñó guturalmente y Dominique volvió a reír–. Esto ha arreglado mi día, definitivamente.

Rose soltó un ruido nada propio de un ser humano e intentó en vano reanimar a la pobre señora Murray. Tuvo que hechizarla para guiarla a su casa y bajo los siseos amenazantes de sus cinco gatos, la llevó hasta su cama y la acostó con toda la delicadeza de la que fue capaz con esa abrumadora crisis de nervios que estaba experimentando. Cuidadosamente, limpió su rostro y su camisón llenos de cenizas y removió los recuerdos de ese enfrentamiento sin siquiera molestarse en reemplazarlos por algunos que fueran plausibles.

Después de todo, los ancianos solían olvidar cosas, así que para qué molestarse.

Volvió sobre sus pasos esquivando a un gato infernal que alcanzó a arañarle la pierna y observó con ojo crítico la entrada de su piso. Por suerte, Dominique había empleado un explosivo de Sortilegios Weasley sólo en la cerradura, así que pudo reparar la puerta y colocarla de vuelta a su lugar, en ningún momento dejando de refunfuñar.

Mientras ella hacía esto, Dominique entró al piso como si fuera la dueña y colocó agua en la tetera con tranquilidad, esperando a que su prima dejara de maldecirla.

–¿Qué mierda te ocurre? –preguntó cuando se le unió en la cocina–. ¿Qué diablos puede ser tan importante como para justificar que hicieras ese desastre?

–¡Y todavía lo preguntas! –exclamó alzando una ceja–. ¿Qué mierda te ocurre a ti? Tengo tres semanas sin saber nada de ti y eso es romper una marca personal.

–Pero eso no implica...

–Lily no me ha dejado en paz... me contó que hablaron y quedaron en buenos términos, pero como no respondes a las cartas de nadie, piensa que cambiaste de opinión –interrumpió algo más seria–. Albus no deja de escribirme acerca de un asunto súper secreto que tienen y le preocupa que lo hayas abandonado. Hugo también se enteró de lo de Lily y me tiene harta con tantas preguntas e incluso Lorcan, ¡Lorcan!, está preocupado –recriminó apuntándola con un dedo acusador y Rose se cruzó de brazos con obstinación–. Repentinamente todo el mundo asume que como somos bastante cercanas, tengo que saber en dónde carajo estás todo el maldito tiempo y no me importa por qué clase de drama te estás lamentando ésta vez, no me iba a quedar en ese pasillo por tres jodidas horas esperando a que dejaras la malcriadez y me abrieras.

Desvió la vista y frunció los labios, intentando con todas sus fuerzas que el sentimiento de culpabilidad no se propagara demasiado.

–El problema con ustedes es que son incapaces de entender cuando alguien de la familia necesita estar solo –musitó entre dientes y Dominique bufó.

–No, Rose. Nuestro problema es que queremos saber porqué mierda quieres estar sola. ¿Qué rayos te pasa ahora? –preguntó alzando la voz–. Pareces no saber lo que significa la palabra "preocupación" y yo... –fue interrumpida por el chillido de la tetera. Antes de servir el té, la fulminó con la mirada y rebuscó en las repisas por un par de tazas.

–No hay nada de qué preocuparse –replicó cuando Dominique la guió a la sala para hablar con el calor confortante de las bebidas en sus cuerpos–. Es sólo que...

–Te compro eso de que las dos semanas que pasaron estuviste muy ocupada y por eso nadie te molestó. ¡Pero estás de vacaciones! Has faltado a la madriguera y cancelado cada reunión y almuerzo al que siempre vas y tú tratas de convencerme de que nada malo te ocurre. Sí, claro –volvió a bufar y Rose desvió la mirada, sintiéndose descubierta–. Escucha, si no quieres decirme lo que pasa, por mí está bien... pero no tengas el descaro de decirme que no ocurre absolutamente nada, porque no te creo.

Rose suspiró y miró hacia el techo, considerando la idea de contárselo. Desde que Lily se alejó de ella y luego de la traición de Nina, Dominique se había convertido en la mejor amiga que había tenido y estaba siendo muy egoísta al ocultarle esa información.

Quizás no podría hacer gran cosa por ella, pero podría escucharla.

–Dominique... –comenzó luego de inhalar profundamente, pero ella no parecía dispuesta a prestarle atención.

–Además, todo esto empezó cuando Marius te propuso matrimonio y que me parta un rayo si eso no tiene nada que ver. ¡Y los rumores! La prensa rosa está completamente descontrolada... todos asumen que Scor se fue sólo por el dolor que le causó la noticia y me siento inclinada...

–Nique...

–... a pensar que tienen razón, pero sé que no me creerás porque eres tan jodidamente terca que te vuelves completamente insoportable...

–Nique...

–¡Y qué casualidad que dos días después del anuncio se marchó! –rió con sarcasmo y Rose rodó los ojos–. Si eso no es prueba suficiente...

–Nique, Scorpius me ha confesado que está enamorado de mí –la cortó alzando la voz por sobre los reclamos histéricos de su prima y eso bastó para que se callara.

Y vaya que lo hizo.

Su mandíbula se descolgó y sus ojos desorbitados le daban la chistosa apariencia de un elfo doméstico sorprendido. En realidad, su expresión era bastante cómica.

Se reiría si no se sintiera tan poco animada para hacerlo.

–¡¿Qué?! –exclamó finalmente cuando no halló ningún rastro de mofa en el rostro de Rose–. N-No puedo creerlo... –susurró cubriéndose la boca con una mano y luego de un corto silencio expectante, agregó–. ¡Lo has llamado Scorpius!

Rose hizo una imitación perfecta de la expresión descolocada de Dominique y bufó.

–¡Y eso es lo que te sorprende! –prorrumpió incrédula–. ¿Si quiera me escuchaste?

–¡Claro que sí! Pero es demasiado obvio que te quiere. Era sólo cuestión de tiempo antes de que te lo confesara.

–¿Por qué todos se empeñan en decirme eso? –musitó para si misma, irritada. Por fortuna, Dominique aún alucinaba y no le prestó atención; no le apetecía explicarle que le había confiado la noticia a Astoria primero.

–Además, ¿te escuchas cuando hablas? –preguntó con las cejas alzadas–. ¡Joder que me sorprende que lo llames por su nombre, para variar! Todo lo que siempre dices es Malfoy idiota, Malfoy esto, Malfoy presumido, Malfoy lo otro, MalfoyMalfoyMalfoy...

–Ya entendí –gruñó sonrojada. No había notado que hablaba de Mal... de Scorpius con tanta frecuencia.

–Escuchar su primer nombre de tus labios es un milagro... debería jugarme un número en la lotería muggle o, en su defecto, ir a "exculpar mis pecados" con tu mofante vecina.

–¡Dominique! Esto es muy serio y complicado –reprendió frustrada y Nique se encogió de hombros.

–Es bastante simple, Rosie. Deja a Marius, dale el sí a Scorpius y vive feliz el resto de tu vida –explicó como si Rose fuera tonta y eso sólo logró exasperarla.

–No es tan sencillo. Marius...

–¡Marius es gay!

–¿Tú también lo sabías? –chilló pasmada sin poder contenerse y Dominique se echó a reír.

–Pues sólo conozco a un hombre joven fuera de la familia que no me mira lascivamente y con poco decoro y ése es Elliot. Y, bueno, ahora también Marius –Rose bufó ruidosamente sin poder creer la forma que tenía Dominique de identificar las preferencias sexuales de la gente.

–Eres increíble –dijo sin salir aún de su estupefacción–. ¿No puede ser simplemente que me ama y no necesita mirarte a ti, egocéntrica? ¿Y cómo es que...

–Espera, espera... ¿Tú lo sabías? –Dominique entornó los ojos y cuando Rose desvió la mirada, soltó otra exclamación de sorpresa–. ¡¿Y cómo es que aún sigues con él?! ¡Vas a casarte sin ignorar su sexualidad! ¿Tienes algún tipo de problema mental?

–Más recientemente, la cuenta ha llegado a veintinueve –musitó quedamente y Dominique se carcajeó con aparente descrédito.

–Es increíble, ¡increíble! Y luego dices que yo soy la loca –negó con la cabeza y siguió riendo sin importarle la incomodidad de Rose–. ¿Y cómo te las arreglaste para meterte en ese lío?

Rose observó las olvidadas tazas sobre la mesita de centro y suspiró. ¿Valdría la pena contarle? ¿Dominique podría ayudarla a encontrar alguna salida a ese problema?

–La verdad es que fue más o menos voluntario... excepto que no contaba con el enamoramiento de Scorpius –gruñó y se pasó las manos por el cabello de forma frenética–. ¡Argh! Jodido Malfoy. Siempre lo complica todo.

–Sí, échale la culpa al más inocente –reprimió Dominique negando con la cabeza–. Y no te iba a decir nada, pero creo que tú no eres indiferente –la examinó con la mirada y sonrió triunfante cuando Rose desvió la vista y se ruborizó–. ¡Mierda! Para ser honesta, no apostaba por ello... ¡Pero sí! ¡Te gusta!

–Dominique –gimió Rose suplicante, pero fue nuevamente ignorada.

–Merlín, que lío... –suspiró aún asombrada, pero la mar de feliz porque, por fin, ya estuvieran las cartas sobre la mesa–. Explícame cuando comenzó.

–¿El qué? –no sabía si se refería a su atracción por Scorpius o a el asunto de Marius. Dominique rodó los ojos y se cruzó de brazos.

–Que cuando aceptaste salir con Marius –aclaró y Rose se retorció las manos con nerviosismo, convencida de que si no se lo contaba ella, probablemente Dominique acabaría explotando la puerta de Marius para preguntarle.

–Todo empezó la mañana que descubrí que mi artículo de opinión estaba publicado bajo el nombre de Nina Bailey... –comenzó con un suspiro sin dejar de mirarse las manos.

Le contó absolutamente todo lo que había que decir. Desde el acuerdo entre ella y Marius hasta el momento en que él, sin previo aviso, le había propuesto matrimonio –y cuando llegó a esa parte, Dominique se indignó incluso más que ella–. Le habló sobre sus continuos almuerzos para despistar a la prensa y de cómo Marius la culpaba por los rumores con Scorpius, alegando que quería discreción por su parte.

También dijo, con algo de reticencia y por la insistencia de Dominique, cómo había comenzado a relacionarse con Scorpius con tanta frecuencia.

La esfera, el misterio, el cómo ellos parecían ser los únicos que podían leer el alfabeto romano antiguo sobre su superficie y que eso los había llevado a juntarse para resolver el enigma de aquella reliquia, pasando por los detalles pequeños, como el incidente en GG's Cornucopia y cuando casi los atrapan tomando un helado. Asimismo, habló sobre la inclusión de Albus y Connie en el proyecto y cuando acabó, soltó un largo suspiró, sintiendo como al momento de exhalar todos esos acontecimientos pasados parecían esfumarse por unos segundos.

Jamás había tenido que ocultar y mentir durante tanto tiempo y Rose nunca llegaría a saber cuánto agradecía Dominique que se sincerara precisamente con ella.

–Pero mientras más recuerdo todo lo que pasó, menos me explico como sucedió –finalizó levantando apenas ambas comisuras de sus labios con tristeza.

–¿El qué?

–Ya sabes... Malfoy enamorado de mí y yo dudando seriamente de mi odio por él...

–De tu posible amor por él, querrás decir –replicó sonriendo con diversión y Rose decidió ignorar su comentario por el bien de ambas.

–Me refiero a que yo nunca quise que él... y mucho menos que yo...

–Joder... nos costará sacarte de ese embrollo. ¿Has hablado con él? –Rose recordó la carta y sintió que eso era algo que debía mantener entre ella y Scorpius, así que negó–. Maldición... y ahora se ha ido.

–Sí, se fue... –se retiró los molestos mechones de su frente y resopló–. Merlín, ni siquiera sé cómo puedo gustarle.

–No puedes estar hablando en serio –la interrumpió Dominique con descrédito, pero el suspiro de Rose confirmó sus palabras.

–Claro que lo hago; no lo entiendo... –gruñó frustrada antes de continuar–. Scorpius está loco... ¿Quién en su sano juicio se fijaría en mí? Es decir, últimamente soy una persona muy inestable y, francamente...

–Eso es obvio, Rose... pero creo que eso forma parte de tu atractivo. Además, entre locos se entienden –comentó Dominique sonriendo pícaramente y Rose la fulminó con la mirada.

Debía tomarla en serio, joder.

–Es que, Merlín... quiero decir que de verdad debo de ser la chica más corriente y aburrida que ha tenido la desgracia de pisar este planeta. Sin mencionar el hecho de que estoy como una cabra y, vamos... yo no soy el prototipo de novia que él podría querer –Dominique se limitó a resoplar con hastío, pero no la interrumpió. Después de todo, presenciar las crisis existenciales de Rose aún no había perdido el chiste–. Lo único especial en mí es que tengo magia, pero viviendo en el mundo mágico es tan común que pierde todo su encanto. Hay un montón de brujas que él pudo escoger para enamorarse que, además de ser hermosas, tienen una vida sobre la que tienen algún tipo de jurisdicción, a diferencia de mí. Pero no, él decidió fastidiarme y...

–Entonces, según tú, todo se resume a que quiere fastidiarte –afirmó incrédula y divertida, pero Rose se frotó el rostro con fuerza para intentar aclarar sus ideas.

–¡Tiene que ser eso! –exclamó desesperada; había pasado tanto tiempo reprimiendo sus dudas que ahora salían a borbotones de su boca y no podía controlarlas–. Incluso me veo aburrida y común; mi altura no es nada extraordinaria, no tengo una figura envidiable y soy pelirroja en una comunidad llena de pelirrojos.

–Por Circe, Rose... –Nique rió sin poder contenerse, pero Rose estaba tan ofuscada que ni siquiera lo notó.

–¡Hablo en serio! Me refiero a que, bueno... mi madre insiste en que mi altura es más que decente, pero medir 1,71 metros es muy frustrante, Dominique –su prima se limitó a arquear una ceja suspicaz; ella era un poco más alta que Rose, pero no le parecía ninguna desventaja esa estatura–. Estoy atrapada en la media y eso significa que no soy ni muy alta ni muy baja y eso me hace de lo más común. Quizás de ser más enana sería obesa o ser una gigante me haría tener una delgadez enfermiza, pero al menos eso me daría algo distintivo...

–De hecho, sí eres más alta que la media –la consoló Dominique con una sonrisa de mofa que la hizo gemir de pura angustia.

–¡Entonces soy una larguirucha!

–Joder, nadie puede ser tan cabezota.

–Lo soy, Dominique. No cabezota, sino larguirucha –aclaró cuando Nique se echó a reír–. Y eso no ayuda en nada a mi no-sobresaliente figura y me hace desgarbada, escuálida y sin gracia.

–Yo soy más alta que tú –replicó su prima con el ceño fruncido, sintiéndose inmediatamente ofendida por la alusión.

–¡Pero eso es diferente! –exclamó sintiendo que podría echarse a llorar en cualquier momento–. Tu tienes un cuerpo de infarto.

–Oh... –Dominique le guiñó un ojo seductoramente y Rose la observó pasmada durante unos segundos antes de bufar.

–Eres una tonta.

–Una tonta que tiene un cuerpo de infarto –comentó mirándose las uñas con aparente desenfado y Rose decidió pasar de ella con diplomacia.

–Además, mi cabello no sólo es vulgarmente pelirrojo, sino que es una masa incontrolable que no se acaba de decidir entre el lacio y los rizos. Por otra parte, soy absolutamente asocial y mis únicos amigos son también mis primos, así que básicamente están obligados a estar conmigo –resopló furiosamente, enojada por todos sus defectos–. ¿Ves lo que quiero decir? Mi vida es completamente repugnante.

–Rose, eres una idiota –afirmó Dominique por toda respuesta, pero ella no estaba muy dispuesta a callarse.

–Obviando eso último... –la fulminó con la mirada y su prima puso los ojos en blanco–. Ahora, después de revelar sólo unos pocos de mis muchos defectos... ¿Qué estaba pensando cuando se enamoró de mí? ¡¿Qué?! ¡¿Siquiera estaba pensando?! ¡Es un maldito imbécil! ¡Nadie se enamora de...

–Rose, cálmate –la cortó pausadamente, temerosa por los ojos desorbitados de Rose, que amenazaban con salirse de sus cuencas–. Te estás acomplejando por cosas estúpidas.

–Merlín... tengo una vida horrible. Discúlpame mientras me voy a tirar del puente más cercano –farfulló haciendo amago de levantarse, pero Dominique rió ligeramente y colocó una pesada mano en su hombro para evitar cualquier escape.

Y es que, como no podía ser de otra forma, la reacción de su prima ante esa sarta de tonterías fue la misma que hubiera tenido un trol luego de que le hubieran explicado el procedimiento para hacer una poción Multijugos.

Es decir, no entendió absolutamente nada, naturalmente.

Pero Dominique sí que entendía. Es más, probablemente lo hacía más que Rose. Para ella era obvio que Rose sólo estaba buscando excusas que no existían para justificar el porqué Scor jamás debió haberse enamorado de ella.

–No sabes cuántas ganas tengo de golpearte –dijo después de unos segundos y Rose la miró confundida–. Estás excediendo tus propios límites de dramatismo y eso, querida, es decir.

Rose sólo se cubrió las mejillas con las manos para tranquilizarse.

–Lo lamento, es que toda esta situación me sobrepasa –se sinceró con un suspiro, sintiendo su rostro caliente bajo el tacto de sus palmas frías–. No sé qué hacer y cuando estoy así, es muy difícil razonar conmigo misma...

–No es para menos… sigues estando en un lío gordo.

–Sí, lo sé.

–Y no seas tonta. Si Scorpius se enamoró de ti, es porque sí tienes algo especial –compuso una mueca de circunstancias que provocó que Dominique bufara–. Siempre lo supe, ¿sabes? Es la forma en la que te mira y te habla. Cuando te sonríe como si estuviera a punto de saltarte encima porque a leguas se ve que le es difícil contenerse y el como siempre parece estar buscando alguna excusa para tocarte... no hacía mucho por disimularlo, en realidad. Y cuando estabas con Marius en la fiesta, era evidente que se estaba volviendo loco. Quizás por eso te hizo prometer que bailarías con él todo lo que él considerara necesario.

De alguna manera, su exclamación indignada de "!Por supuesto que no!" se las arregló para transformarse durante el viaje desde su cerebro a su boca en un en un inquisitivo y algo-que-podría-o-no-ser ansioso...

–¿En serio?

–Claro que sí, Rose. Y ahora vas a casarte –esa última afirmación hizo que se le erizaran los vellos de la nuca. Algo que, combinado con el palpitar desbocado de su corazón, no era una sensación nada agradable.

–Dios mío, voy a casarme –corroboró en un susurró entre triste e incrédulo–. ¡Oh, Dominique! Lo peor de todo esto es que justo cuando uno piensa que nada puede empeorar, como ocurrió cuando acepté casarme, lo hace. ¡Empeora! Entonces no sólo debo hacerlo, es decir, casarme... sino que debo lidiar con estos sentimientos que... Merlín... –Dominique esperó pacientemente a que las lágrimas de impotencia desaparecieran de sus ojos y cuando se recompuso, la dejó continuar–. Te diría que he tocado fondo, pero no sería lo correcto porque, en realidad, el fondo lo toqué hace bastante tiempo y lo único que hice fue coger una pala y seguir cavando y cavando para ver qué tan abajo podría llegar... y resulta que se puede traspasar el inframundo.

Dominique rodó los ojos y tuvo que reír ligeramente al encontrarse con el familiar dramatismo de Rose. Ella, al principio ofendida por su risa, la halló tan contagiosa que sintió una sonrisa espontánea contra sus labios.

–Nunca cambias, ¿eh?

–No, creo que no.

–Sí, afortunadamente no lo haces. ¿Qué sería del mundo sin tu pesimismo? –Rose le lanzó un cojín y Dominique volvió a reír antes de responder el golpe.

Siguieron jugando así durante un tiempo hasta que Dominique decidió aplicar el usual ritual luego de cada depresión; una película de comedia y cantidades absurdas de comida chatarra.

Ordenaron una pizza, cogieron un olvidado bote de helado del refrigerador y vieron la película favorita de Rose en la que no hubiera nada de amor, en ningún momento haciendo referencia a lo antes conversado. Dominique había decidido de forma bastante acertada que no era lo correcto seguir presionándola porque Rose se confesaba sola cuando lo necesitaba; además, consideraba que ya había hablado lo suficiente por una noche y eso era más de lo que cualquiera que la conociera podría pedir.

Se fue con la promesa en sus manos de que Rose no volvería a aislarse del mundo porque eso sólo la inclinaba a seguir torturándose mentalmente y, con la seguridad que otorga la viveza y la inteligencia, le aseveró que se resolvería justo cuando ella menos lo esperara.

Cuando Dominique se hubo marchado, Rose miró su puerta con ojo crítico antes de echarse a reír; joder con su prima, que nunca aceptaba un maldito no por respuesta. Vio el reloj sobre una repisa cercana y sonrió cuando ya daban las once de la noche, percatándose de que el tiempo se había ido volando por primera vez en esa infernal semana. Finalmente, decidió que Nique tenía razón; mientras más se distrajera, menos pensaría en esa locura de vida que llevaba.

Hizo los habituales rituales antes de dormir y lamentó haberse comido ese último pedazo de pizza; se sentía llenísima y probablemente tendría que agregar "exceso de peso" a sus problemas más pronto que tarde.

Sin embargo, se dejó reconfortar por Dominique cuando le aseguró que todo mejoraría, pero se cuidó de no decirle sus verdaderos pensamientos acerca de todo ese asunto.

Y es que su prima tenía razón; todo podía mejorar. Ahora que Malfoy no estaba y con un matrimonio en puertas, era evidente que su relación no iba a ninguna parte y, si quería ser honesta, no había salido tan mal parada como cuando estuvo con Lysander.

Toda esa situación sólo la había cogido desprevenida y ella estaría bien. De hecho, quizás ya estaba completamente recuperada; ya no tenía la imperiosa necesidad de echarse a llorar y las ideas continuas de suicidio habían desaparecido por completo.

Y cuando se disponía a quitar las olvidadas tazas de té frío sobre la mesita de su sala meditando acerca de cómo de bien iría su vida a partir de ese momento, un golpeteo contra su ventana llamó su atención.

¿Quién diablos podía escribirle a esa hora? Dudaba que fuera alguno de sus primos; todos se habían rendido cuando las cartas enviadas hacia Rose regresaban con la inscripción de "devolver al remitente".

La lechuza parecía tan agotada, que le arregló un lugar cerca de la ventana para que descansara allí esa noche y le dejó algunas chucherías que guardaba para ocasiones como esa. La criatura gorjeó felizmente y se acurrucó contra la toalla que aquella mujer le había dispuesto luego de entregarle servicialmente la carta, decidiendo no picotearla sólo porque ella era la culpable de que hubiera tenido que recorrer semejante distancia.

Rose acarició el plumaje de la lechuza distraídamente y le dejó la ventana abierta para que se fuera a penas repusiera fuerzas. Miró el sobre con curiosidad, pero no tenía ninguna inscripción aparente que indicara de quién se trataba. La abrió descuidadamente y guió sus ojos hacia el final de la carta.

Y casi le da un infarto.

Literalmente.

Y es que la cara era...

Merlín, la carta era de Scorpius Malfoy.


Usualmente no haría esto, pero Erika Dee le dio voz a muchas de sus preguntas y aquí copiaré la respuesta que le di para que todas entiendan un poco mejor de qué han ido los capítulos pasados:

»En cuanto a Marius... está en su naturaleza intentar caerle bien a todo el mundo. Es carismático y se vale de eso para maravillar a la gente y cubrir sus faltas. La historia de la familia es cierta y quizás sí hizo todo lo que hizo en parte por su padre, pero también hay una buena cuota de egoísmo en sus acciones y Rose lo sabe. Por eso no se amedrentó.

En cuanto a tus preguntas, no creas que no pensé en eso xD Recuerda que todo el Ministerio fue un festín de apariencias antes y después de la primera guerra. Imagino que querían mantener su promesa de igualdad y permitieron que los Nott (y los Malfoy y los Zabini y familias de ese estilo) se quedaran con el dinero que necesitaran para sobrevivir sin trabajar. Pero Theo trabaja. Y gana dinero. Y bien pudo haber invertido porque los galeones siguen sobrándole. Y pienso que a Zabini (claro, si tiene el carisma que imagino) no le costó demasiado escalar posiciones en el profeta con el paso de los años. Recuerda que debían demostrar que eran hombres de bien. ¿Qué mejor manera que dejarlos valerse por sí mismos?

Ahora volvemos a Marius xD El hombre es astuto y egoísta, pero no malvado. Ser esposo de la hija de dos héroes de guerra sin duda tiene muchos beneficios y limpia muchos nombres, pero él llegó a conocerla y Rose es ahora su amiga. La proposición no fue más que un medio para demostrarle a Scorpius que Rose es de su "propiedad" y que él no puede interferir. Marcó el territorio como un perro y ahora paga las consecuencias.

Sin embargo, supongo que Scorpius piensa exactamente lo mismo que tú porque está predispuesto a creer lo peor de Marius desde el incidente con Eve.


Este es, literalmente, el capítulo más largo que existe en el mundo de AH xD

Creo que aquí hay varias cosas reveladoras con respecto a la personalidad de Rose y ha habido varias conversaciones que han acabado por exterminar la terca ignorancia de Rose acerca de todo el rollo de Scorpius. Es decir, ella es realmente despistada y quizás fue que se dio cuenta de que había estado ignorando muchas cosas durante tanto tiempo, que decidió estar más atenta y este ha sido el resultado.

Hablando del rey del fic… VOLVERÁ! Lo prometo! Y con toda su esplendorosa gloria de antaño! Sólo que considero que después de tanta pasión e intensidad… no eran ustedes las que necesitaban un descanso, sino él xD

Por ahora, yo imagino que Scorpius está juntando los pedazos de su dignidad mientras reflexiona qué hará a continuación, pero cuando regrese… lo hará repotenciado. Scorpius 2.0, la versión mejorada xD Será de la forma en que menos se lo esperen, pero lo hará :D

Por lo demás, espero que las haya satisfecho el comportamiento de Rose frente a Lily y Lysander (tengan en mente que en la vida real, no hay asesinatos trágicos a cada momento xD) y que Liam les haya vuelto a causar una impresión tan genial porque veanlo a él como el medio que utilicé para un anormal y fuera de lo común PoV Scorpius :D

Mis mejores deseos hasta la próxima!

Muchos besos, Clio :)

PD: Confieso que no publiqué ayer porque me quedé dormida xD Esto fue completamente mi culpa, así que lo siento :/