DE AMOR Y TRAICIÓN

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CAPÍTULO XXVII


Breves notas de las autoras:

Crédito financiero al imperio DISNEY.

Queremos dar las gracias a aquellos que nos han estado leyendo y también a los que nos han dejado comentarios. Gracias, cada uno de ellos es grandioso, nos animan mucho y también nos ayudan a mejor la historia. Así que muchas gracias por su tiempo, sabemos que dejar un review a veces es difícil o da un poco de pena, pero siempre es un gran gozo para el escritor. ¡Gracias!

Ahora sí, a lo nuestro…

Advertencias: AU, M, elfos, política.

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Capítulo XVII:

El alba lo encontró con los ojos abiertos. A Eyvindur siempre le parecía que amanecía demasiado pronto. A su lado, Hagen dormía con placidez, tumbado boca abajo con las sábanas enredadas en sus largas piernas y la cara semienterrada en las almohadas. El elfo le pasó una mano por la espalda, lo rodeó y lo abrazó llenándose de su fragancia, saboreando el calor de su cuerpo. Deseó dormirse de nuevo pero estaba acongojado. Siempre tenía numerosas preocupaciones de distinto origen, por algo era el rey, pero las de índole personal se habían aplacado desde Barad Eithel hasta anoche.

Apretó el cuerpo de Hagen contra de sí pensando en la historia que le narró. Jamás se habría imaginado que el sexo fuera tan importante para los norn, que lo vieran de forma sagrada y a la vez, para reafirmar que estaban vivos. Quizás por eso Eyvindur no podía hacerlo, porque estaba muerto en su interior. Depositó un beso en el hombro de Hagen con más cariño que pasión y dejó la cama. Corrió el cortinaje que daba a la ciudad dorada, ésta brillaba tenuemente y estaba aún silenciosa, envuelta en el manto de la noche todavía. Oró brevemente a Naira Anar.

Volvió a la alcoba con el cabello goteando, iba envuelto en una bata de seda. Hagen seguía en la cama pero se enderezó de inmediato.

–¿Hace mucho que despertaste? –Le preguntó el dragón negro.

–Mi día comenzó hace unas horas.

–Debiste despertarme para bañarnos juntos.

–¿Querías bañarte conmigo?

–Sí, necesito que alguien me frote la espalda. –Eyvindur se molestó, Hagen salió del lecho desnudo, le acarició la mejilla suavemente.

–Será en otra ocasión –dijo el elfo y apoyó su frente en la de Hagen.

–Qué bien hueles. –Eyvindur sonrió.

–Tú hiedes –el norn no se ofendió. Le besó brevemente, cubrió su desnudez en lo esencial y se retiró furtivamente.

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Eyvindur aguardaba en sus aposentos. Hagen le había pedido que desayunaran con Karnilla y Héroïque. Habían acordado ocultar su amorío ante los elfos, pero el dragón le pidió compartir con sus parientes. Le explicó que era usual para los norn que las parejas adoptaran a las familias uno del otro. Lo cual explicaba que el dragón estuviese tentado de llamar a Eyriander "madre". Eyvindur casi le rogó que no hiciera eso, su argumento final fue que en ese caso tendría que llamar a Lúne "tío" y a Lara "prima". Eso zanjó el asunto en cuanto a la familia de Eyvindur. Pero en lo que respectaba a la de Hagen, el dragón le explicó que para él eran más que sus primas, sus hermanas y que deseaba no tener que ocultarse ante ellas. Aunque claro, no le pidió a Eyvindur que las abordara con esa familiaridad. El elfo les había llevado obsequios.

Mientras aguardaba por la familia de su amado, Eyvindur dejó de pensar como amante para empezar a hacerlo como rey. Estaba leyendo los discursos que Lúne le había preparado, su tío los había modificado, no sólo hablaban sobre los elfos oscuros sino también de los enanos y de las sospechas de Lord Wose acerca de que eran aliados. Su viaje al reino dorado no era únicamente para pedirle que permitiera a Telenma descender del espacio.

–Mi rey –dijo Eydís, su secretario, cortando sus pensamientos. –Sus invitados han llegado.

Desayunarían ahí, en las estancias de Eyvindur, el comedor que poseía era amplio, casi podría tener una fiesta en ese sitio si así lo deseaba. Los norn entraron riéndose, Hagen le cuchicheaba algo a Karnilla que hizo que ella le soltara un codazo.

–Eyvindur –lo saludó la bruja acercándose a él para abrazarlo. Héroïque fue más mesurada y se limitó a hacerle una reverencia. Se acomodaron en sus respectivos asientos.

–Quisiera honrarlas con unos obsequios –dijo Eyvindur. No supo si decir a que se debían cuando Eydís los acercó a cada una. Para Karnilla había un reloj cósmico. A la bruja se le iluminó el rostro al mirarlo. Muchos años atrás, instado por Larus, Eyvindur había obsequiado uno a Kaarina, la abuela real norn. Uno de sus primeros modelos. Llevaba piezas de oro blanco que emulaban flores. Este era muy similar, debía recordarle a Karnilla aquel que había visto muchas veces en manos de su abuela.

Para Héroïque, dado que Hagen deseaba colmarla de todas las riquezas posibles, había una gargantilla de plata que se extendía desde el cuello sobre los hombros y las clavículas. Llevaba engarzadas varios diamantes en torno a un zafiro de gran tamaño. Igual había unos aretes de diamante a juego pero eran más discretos para realzar la opulencia de la joya principal.

–Es asombroso –dijo Héroïque. –No sé qué decir, ¿con qué palabras podría agradecer semejante obsequio? –Hagen lo miraba como diciendo "exageraste".

Eyvindur se mostró complacido.

–Eydís, déjennos –despachó a los sirvientes diciéndoles que no los necesitarían. Cuando salieron Hagen lo interpretó como una señal. Se sentó junto a Eyvindur y le tomó la mano. Los ojos de sus primas se posaron en el acto en ese gesto.

–Estos obsequios son una muestra de cariño de parte de mi buen amor –les dijo el dragón negro.

Karnilla asintió como si le confirmaran algo. Hagen le había contado de cuando Eyvindur y él compartieron un amorío tiempo atrás. En sus cartas su primo siempre mencionaba a su rey; y no hacía mucho le había narrado ciertos inquietantes sueños que en realidad eran una proyección de una fantasía carnal. La bruja le sonrió a Eyvindur con calidez.

Pero para la menor de las jóvenes, la noticia era absolutamente inesperada.

–¿Esta es la sorpresa de la que hablabas? –Dijo con candidez casi infantil.

–No, eso es otra cosa –se apresuró a aclarar el dragón.

–¿Entonces ahora podemos llamarte hermano? –Inquirió Héroïque con una sonrisa dirigida al elfo. Eyvindur no supo que decir. –Eres afortunado –le aseguró la menor. –Hagen es sin duda el mejor de todos. –Aseguró mirándolo con adoración.

–Dale un respiro –le pidió Karnilla pero ella no era mejor. –Eyvindur, sé que los elfos hacen estas cosas de manera distinta. Te conozco y sé que tu sentido de la discreción se habría impuesto si tu afecto no fuera sincero. Así que, sólo me resta decirte que para Héroïque y para mí serás tan caro como un hermano. Considéranos las espadas del clan, que Hagen te aporta. –Y en el caso de Karnilla, al ser ella una reina, sin duda era una fuerza nada deleznable.

–En efecto las cosas son algo distintas en mi reino. No puedo desposar a Hagen pero para todo efecto le prodigaré mi amor como si lo fuera. Gracias a ambas por su comprensión hacia nuestra situación.

Hagen miró a Héroïque y rodó los ojos. Parecía que el dragón era una doncella cuya mano, el rey elfo estaba solicitando a su familia.

–Les deseamos que sean uno para el otro refugio en los tiempos aciagos, fortaleza en días por venir y que hallen en su amor una fuente de dicha inconmensurable. –Dijo la bruja y Héroïque asintió aunque seguramente ella habría dicho algo distinto. La menor contuvo una risita ante la formalidad de su prima.

–Bien, si Eyvindur y tú han terminado de oficiar nuestro no–matrimonio, ¿podemos comer ya? –dijo Hagen con burla pero en realidad desbordaba felicidad.

–Besa a Eyvindur –pidió Héroïque que era muy afecta a las historias de amor. El elfo la miró mal y la menor se amilanó en el acto, pero Hagen, que ya estaba acostumbrado a incordiar a su amado, le tomó la barbilla y lo besó brevemente.

Héroïque soltó una risita nerviosa y Karnilla le dio una patada por debajo de la mesa.

–Si ya terminaron de abochornarme… ¿sabes Eyvindur? Mejor les hubiéramos ocultado todo. –Eyvindur se rió, se había sonrojado. –No tengo que decirles que esto es un secreto. –Miró con intensidad a Héroïque.

–Puedo ponerle una maldición de silencio –ofreció la bruja.

–Soy muy confiable, ahora mismo guardo íntimos secretos de Thor y Loki que ustedes no saben. –Hagen y Karnilla soltaron una carcajada. Héroïque se sonrojó hasta las orejas y se puso a jurarle a Eyvindur que ni siquiera mencionaría nunca su nombre junto con el de Hagen en la misma oración.

Se pusieron a comer. Se pasaron los platos sin ceremonias, se sirvieron unos a otros y charlaron. Héroïque les contó sobre su nuevo puesto en palacio procurando moderarse de no acaparar toda la conversación. Karnilla estaba al tanto de los menesteres de los istyar, felicitó a Eyvindur por apoyar una edición del tratado de los principios de la magia de Lord Aldor, publicada en norn. Hagen casi no hablaba y le tomaba la mano a Eyvindur de tanto en tanto apretándosela.

Eyvindur preguntó a Karnilla por su nuevo invernadero, su embajador le había hablado de ello, le ofreció surtirla con plantas de Svartálfheim, incluso le prometió una semilla de mallorn, aquel rarísimo árbol que sólo se daba en el reino de los elfos. Finalmente tuvieron que despedirse pues Eydís interrumpió para indicarle que el rey de Asgard ya lo aguardaba. Hagen se puso de pie y le hizo una reverencia al verlo partir pues el secretario estaba presente.

En cuanto se hubo marchado Héroïque soltó una risita triunfal.

–Es guapísimo –le dijo a Hagen, quien la miró divertido. –Pero es tan serio, yo no sabría de qué hablarle. A veces creo que no parece humano. –Su primo volvió a sentarse. Tomó su copa de vino meditabundo.

–Créeme que es capaz de decir y hacer cosas muy humanas.

–¡Hagen! Eso no lo queríamos saber –dijo Héroïque e hizo como que se sonrojaba. Hagen se carcajeó porque para variar no era una alusión sexual la que hacía. Se puso más serio para dirigirse a ambas.

–Deseaba verlas y hablar con ustedes, no sólo de mí romance con Eyvindur, el cual Karnilla hizo favor de oficializar y subrayar bastante –la bruja no se dio por aludida. –Sino que igual deseo tratar algunos asuntos que nos atañen a los tres. Recientemente marché a un conflicto contra los enanos y me hice con un buen botín de guerra. Lo he puesto en manos de algunos comerciantes y herreros elfos, se convertirá en una considerable suma de dinero que irá a tu dote Héroïque. –La menor de los tres se quedó de una pieza, sin saber cómo reaccionar ante lo dicho.

–¿Dote? Los norn no empleamos la dote –dijo Karnilla.

–Pero los aesir si lo hacen y dado que Odín prohibió que Héroïque deje el reino dorado es obvio que se casará con un as. –Repuso a Karnilla y luego miró a Héroïque. –En las cartas que me enviaste, me hiciste ver que el tema del matrimonio es muy relevante para ti. Deseo respaldarte para que puedas aspirar a cualquier candidato que desees, dado que el anterior fue una decepción debemos tener cuidado con el siguiente. –La menor asintió y esbozó una sonrisa.

–Hablas como si ella pudiera elegir. –Se metió la bruja, –a Einar se lo impuso Thor, con o sin dote, el rey escogerá. –Hagen negó.

–Yo conseguiré una dote digna, tengo más en mente, Héroïque tendrá sedas, joyas, armas ceremoniales, dinero y piedras preciosas, además de reputación de bella y difícil. –Le dijo Hagen a Karnilla. Su hermana lo miró como si hubiera enloquecido. –Tú le conseguirás rentas, una propiedad para que tenga un hogar fuera de palacio e influirás para obtener al que ella quiera. –Karnilla se soltó a reír. –¿Dirás que no se puede? Eres la reina norn y yo soy…

–El consorte real oculto. Hermano, tu preocupación por el futuro de Héroïque es conmovedora pero ten cuidado con lo que haces, ya viste lo que le pasó a Loki, se elevó muy alto y lo arrastraron por los suelos. Y no creo que Eyvindur sea mejor que Thor a la hora de protegerte.

–¡Karnilla! –Héroïque se mostró muy escandalizada.

–Yo no me voy a meter en la política del reino. No usaré a Eyvindur para conseguirle marido a Héroïque, eso es algo que lograremos tú y yo por nuestros propios medios. Créeme, tengo mis deberes bien claros, matar a quien mi rey me pida que mate, protegerlo y hacerlo feliz.

–Parece que enamorarte te ha vuelto sensato. –Le dijo Karnilla. –Aun así no prometas a Héroïque algo que no está en tus manos.

–¿A quién quieres? –Le preguntó a la menor retando a Karnilla con ello.

–Ahora mismo a nadie, –Hagen por poco se fue hacia atrás. –La verdad es que estoy muy ocupada y muy feliz con la labor que desempeño. No desdeño la dote –aclaró velozmente, –llegado el momento sé que me será muy útil. Los dos tienen razón. Si ustedes me enriquecen y me apoyan, quizás no puedan conseguirme a alguien de la categoría de Hjörtur y Hrafn pero sí me pondrán fuera del alcance de quien sea; y eso se los agradecería. –La bruja se mostró satisfecha con el razonamiento de Héroïque. Hagen estaba algo sorprendido, pensaba sin duda, que cuando le diese la noticia a su pequeña hermana, ella querría empezar a buscar a su futuro marido en el acto.

Se dirigió a Karnilla.

–También tengo algo para ti, para que no estés celosa de que sólo quiera ocuparme de Héroïque. –La bruja alzó una ceja. –Soy buen guerrero pero mirando atrás me doy cuenta de que nunca te he protegido como se debe, eso es porque siempre he pensado que te bastas tu sola.

–¿Eso es lo que tienes para mí? ¿Constatar la realidad?

–Cuando vuelvas a Nornheim, los clanes se te lanzarán a la yugular antes de someterse a ti. –La bruja asintió, eso era más que predecible. –Querrán que pruebes tu fuerza y como eres mujer serán especialmente duros contigo. Por ello he decidido que al inicio de tu reinado, te acompañaré y ayudaré en calidad de juramentado hermano de armas.

–¿Eyvindur te dejará abandonar tus deberes para con él para ponerte a mi servicio? Pacificar los clanes es una tarea ardua.

–Sí, estoy seguro de que me dejará hacerlo, porque me ama. –Héroïque se conmovió hondamente. –Además, si no lo hago yo, ¿quién lo hará? No creo que Hjörtur esté listo para tal situación. –Karnilla no estuvo de acuerdo.

–Quizás lo esté llegado el momento. Thor está aplazando nuestro compromiso oficial y la boda para darnos tiempo a madurar. Él deberá ser mejor guerrero y yo mejor gobernante. Además de que Vanaheim sin duda aportará un ejército que siga a su príncipe, el cual sumaré a mis hired asentados allá bajo el mando de Bran y de Halvard. –Hagen la estaba mirando como si no la conociera. –¿Qué sucede?

–Por Tyr y Brunhilda, y yo que pensé que evitabas el tema de tu matrimonio y tu reinado. Y ahora resulta que confías en Hjörtur.

–Hjörtur es un gran jinete y un gran arquero. –Lo defendió Héroïque.

–En el que confío es en Thor. Él me dijo que Hjörtur será muy adecuado, conoce su carácter y lo ha visto en la guerra. Pero eso no quiere decir que desdeño tu apoyo. Si tú me muestras fidelidad delante de nuestro pueblo, no podrán iniciar rencillas en mi contra proclamando que el legítimo rey eres tú porque esencialmente habrás abdicado a mi favor.

–Estás hecha una reina –le dijo Hagen.

–Tengo buenos maestros. Thor es un buen rey aunque se da menos mérito a sí mismo del que debería. Y Loki es la persona más astuta que haya conocido, el mejor usando alianzas en su beneficio. –Sus primos la seguían mirando como si no la conocieran. –Basta ya. No soy la única que ha cambiado. Tú eres el no–esposo fiel de Eyvindur –le achacó a Hagen. –Y tú, prefieres tu trabajo al romance –señaló a Héroïque. –No podía quedarme enfurruñada por mi destino toda la vida.

–Serás la mejor reina posible porque no querías serlo en un principio. –Dijo Hagen con orgullo. –El poder no te corromperá y tu corazón de doula te llevará a proteger a tu pueblo en lugar de arrojarlos en sangrientos combates como es la larga tradición de nuestro reino.

–Y tú serás el mejor no–esposo posible, follen mucho y no hagas de Eyvindur un cornudo, miedo me da el desquite que tomaría en tu contra.

–¡Karnilla! –la censuró Héroïque, nuevamente.

–Dale veinte hijos a Hjörtur –contraatacó Hagen –y no olvides llamar a Hanne, "mamá".

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Había más asientos de los que necesitaban en la sala privada de Valaskialf donde se reunieron los reyes. Sus secretarios se acomodaron de inmediato a la derecha de ambos y empezaron a escribir rápidamente. El heraldo los había anunciado con sus bastos y hartos títulos, a Thor aún le parecía extraño el presenciar como cambiaba la percepción de una persona, al escuchar dueño de qué era. Ragnheidur siempre le había hecho hincapié sobre la importancia del ceremonial, por eso, en esa ocasión no lo impidió.

Eyvindur se sentó frente a él, con su halo de dios inalcanzable. Sus ojos serenos mostraron determinación, parecía muy seguro de lo que iba a decirle. Y Thor esperaba contar con los suficientes argumentos para disuadirlo de continuar el genocidio de los elfos oscuros, pues a pesar de que ninguno había dicho que esa reunión era debido a ellos, ambos estaban conscientes de que tocarían el tema.

El rey elfo extrajo de entre sus ropas un anillo dorado con un escudo de armas: Dos hachas de doble filo cruzadas por el mango. Lo colocó sobre la mesa al alcance de Thor.

–Ayer en la cena te conté que mi problema no radicaba en los enanos rebeldes al sur de mi reino, sino en los discursos contradictorios de Thyra sobre ellos. Pues bien, éstos insurrectos no llevaban insignias y los que fueron capturados proclamaron que deseaban venganza por el asunto de la mina de Velgermyr. –Una mina descubierta en el territorio del sur durante el reinado de Larus y que Thyra había reclamado en razón de que en el pacto de Eyrikur–Thorvid; Larus no se la quiso dar. –Se arrancaron sus emblemas de las ropas pero nunca contaron con la rapiña de mi Lord Protector, y todos tenían esas joyas. Es el escudo de Modruladur, el asentamiento de Lord Herryk; un hombre leal a Thyra.

Thor examino interesado el anillo, en efecto era de oro y el escudo de armas estaba bien detallado.

–Lord Wose es el más astuto de mis señores, fue él quien descubrió que mediante la caja de Droma mi padre fue asesinado. Es el señor del sur, y en su zona fronteriza siempre ha habido disturbios. A últimas fechas se han encontrado vestigios de campamentos, que nosotros sospechamos eran de elfos oscuros que desembarcaban en el río Elivagar y se ocultan entre ambos territorios. De ahí avanzan hacia el este, a las tierras de mi maestro Lord Aldor. Creemos que estos elfos oscuros no podrían ocultarse si no es con el amparo de los enanos.

–Entiendo tus sospechas pero este anillo no prueba que Thyra te esté traicionando.

Eyvindur no sonrió pero asintió comprendido el punto de Thor.

–Lo sé, yo tampoco lo sospeché sino hasta que viajé al reino del sur y vi su comportamiento con mis propios ojos, sin embajadores ni heraldos de por medio, llenando de paja sus palabras –procedió a explicarle –ella nos dejó cazar a estos enanos, se desentendió de ellos y aseguró que no habría guerra entre nosotros si yo los atrapaba y condenaba a muerte. Pero luego de que Hagen llegase, cambió de opinión, envió al mismísimo Lord Herryk con varias tropas para ayudarnos. ¿Por qué? ¿Le agrado ahora más que antes o temió que encontráramos algo que le pudiera incomodar?

En ese momento Thor recordó a Hildetand diciéndole: "Enanos y gelgja son una mala combinación, y yo no soy el enemigo al que quieren atacar".

–Cuando los elfos oscuros atacaron Enya y el observatorio, fracasaron en darme muerte y tuvieron que huir. Yo siempre pensé que se internaron en el espacio pero ahora veo que la rebelión de Ausmünd, captó toda mi atención y no me permitió darme cuenta de que en realidad se replegaron dentro de mi propio reino. No hacia Menelmakar pues mi primer mandato fue enviar a Lord Teros a la capital de los enanos para dejar en claro que no jugaba, y Thyra no hizo nada; salvo proclamar a Ausmünd rey de Vanaheim. En su momento creí que sólo lo hacía para enfadarnos pero no, se buscaba un aliado. –Thor hizo un gesto concentrado –piénsalo, Lady Telenma lleva tiempo buscando en el espacio y aunque los elfos oscuros son unos maestros del ocultamiento, ya han pasado tres años; no es posible que no haya encontrado ni huella de Hrimthurs. Además, Thyra lo conoce, ella le vendió la sahya con la que me atacaron. –El mismísimo Tryggvi se lo dijo así que en ello no había duda.

–Así que eso te deja con que está escondido donde tú no lo buscarías, en Menelmakar. –Eyvindur asintió.

–No puedo entrar a aquel territorio sin que haya guerra de por medio, Thyra jamás me permitiría pasar aunque aludiera que el elfo está ahí.

Thor estuvo de acuerdo con él, Thyra no le concedería aquello.

–¿Entonces irás a la guerra? –El rey elfo suspiró mirándolo.

–No es que la desee, me obligan a ello. Mi pueblo es longevo pero no nos reproducimos con la facilidad de los otros reinos, somos pocos y es por ello que las bajas de una guerra nos producen serio daño. –Los elfos eran muy buenos en tácticas a distancia y tenían un armamento excepcional. –Por eso mi padre no marchó junto con el tuyo en la Guerra de los Cuatro Reinos aunque le era tentadora.

–¿Y cuál será tu excusa para invadir Menelmakar? –Le preguntó Thor porque una guerra no se daba sólo porque sí.

–No es una excusa, estoy seguro de que Thyra también se prepara para ello; sólo me estoy adelantando a que lo haga. Y es por ello que deseo tu apoyo. –Sí, Thor vio venir aquello. –Contigo como aliado, estoy seguro que no perderé la contienda, así como no lo hicimos en Vanaheim. Seré agradecido contigo, hay minas excepcionales en Menelmakar que harían aún más rico al reino dorado.

–Entonces… ¿dejarás tu venganza contra los elfos oscuros para intercambiarla por los enanos?

La pregunta tomó por sorpresa a Eyvindur que reculó.

–No, ese es un asunto diferente. Pues también estoy aquí para pedirte que dejes a Lady Telenma descender en tu reino y capturar a elfos oscuros con cargo de mercenarios, ladrones y asesinos. Y además deseo me permitas arrestar al hijo de Hrimthurs.

Thor de pronto sonrió y Eyvindur lo fulminó con la mirada.

–Perdona no me rió de ti, es sólo que veo que estás dispuesto a ser señor único de Svartálfheim.

–Si con ello apaciguó mis tierras y me libro de mis enemigos, sí, lo haré. –Thor no había dicho casi nada en aquella reunión, hecho que no se le escapaba a Eyvindur como tampoco el que no hubiera aceptado ninguna de sus peticiones. –Tu consorte y yo hicimos un pacto cuando viajó a Svartálfheim; él ha reunido a los elfos oscuros, hasta ahí llegó su rol. En aras de nuestra alianza y amistad, deseo que tú cumplas también la palabra que me diste.

–Recuerdo bien lo que me solicitaste aquella vez, así como también que te pedí una única cosa, y era que no me pidieras hacer algo contrario a mi honor. –Thor haló aire –no dudo de la capacidad de Telenma pero sí de su criterio. Descenderá en Asgard e intentara arrestar a todos los elfos oscuros, seguro todos habrán hecho algo ilegal en su vida; más no creo que se dejen arrestar. Se defenderán, habrá peleas y disturbios en Asgard pues se han hecho amigos de ases –dijo sin aclarar que en su mayoría eran antiguos alfh. –No me estás pidiendo que te deje capturarlos sino que te permita asesinarlos, que haga que no veo que cometerás un genocidio con esta gente, y Eyvindur, eso es contrario a mi honor. Así que no, Telenma no puede descender en Asgard.

Eyvindur escuchó todo con el mismo rostro de esfinge que hacía pensar que era una estatua.

–¿Y qué me dices de tu canciller en Alfheim? Permitió a mi flota descender.

–Eran los mercenarios de Nulka. –Nadie dudaba de que fueran una amenaza para la paz.

–¿Me entregarías al menos al hijo de Hrimthurs? Puedes quedarte con el resto de los elfos oscuros, ya que los consideras tan valiosos, sólo quisiera que me dieras tu palabra de que no permitirás que se unan a Hrimthurs cuando yo lo saqué del agujero oscuro que es Menelmakar.

La pequeña voz interna de Thor le susurró que permitiera aquello, seguramente Eyvindur mataría a Svadilfari, él no se mancharía las manos y Loki no podría enfadarse con él por ello; pero Thor apartó aquel pensamiento bruscamente. El dios del trueno prosiguió como si no hubiera escuchado esa pregunta.

–Hace unos días cayó un drakar en Asgard, seguro que tu embajador te lo contó, pertenecía a una flota de comerciantes y artistas itinerantes, no encontramos el transmisor de la nave pero algunas de las cosas que llevaban en bodega, comprueban que efectivamente lo eran. –Thor hizo una pausa intentando mesurar la conversación, estaba tocando fibras sensibles. –Pienso que tu general sabía que no eran un peligro para ti, y aun así los derribó. Haz hecho responsable a toda una raza por las acciones de Hrimthurs, y eso es injusto.

–¿De verdad? ¿Cómo procederías tú con ellos?

–Castigaría a Hrimthurs como buscas hacerlo pero no condenaría al resto de elfos oscuros con él. Es más, considero que lo que necesitan son permisos de navegación, estar sujetos a alguna ley, que no sólo los proteja sino que los ate a cumplir con obligaciones. Sí, entiendo que los elfos oscuros han tenido antepasados violentos, pero pienso que hasta en tu pueblo, habrá alguien que se oponga también a esta masacre. –Eyvindur no pudo evitar pensar en Lord Aldor, que siempre hablaba a favor de la paz; lo hizo un instante pero Thor pareció comprender que había dado en el blanco con sus palabras.

–¿Un permiso de navegación? ¿Expedido por Asgard y avalado por sus reinos? –Eyvindur dedujo que Thor hablaba también en nombre de sus protectorados. –He venido por una alianza y ahora veo que lo que deseas es romper con los acuerdos que Bor y Eyrikur pactaron. Debí de haberme informado con anterioridad que tenías una alianza con ellos, ¿qué te dan a cambio de tu protección?

–Nada. –Eyvindur le dirigió una mirada cargada de resentimiento. –Déjenos –ordenó de pronto Thor a sus secretarios. Éstos ni siquiera dudaron en hacerlo, abandonaron rápidamente el salón. –Hice esto para romper la formalidad de la situación, no sólo soy el rey de Asgard sino también tu amigo.

–¿Entonces por qué me traicionas? –Estalló Eyvindur –lo que te pido me lo niegas, defiendes a los elfos oscuros que son mis enemigos y podrás pensar que me tragaré tus afrentas porque no soy rival para Asgard, pero no lo voy a hacer. Si no me quieres ayudar en la guerra contra Thyra no lo hagas, iré a Vanaheim, estoy seguro de que los gemelos me apoyaran.

Thor no dudó de ello.

–Eyvindur, no soy tu enemigo ni quiero perder tu amistad. Lo único que te digo es que no es correcto asesinar inocentes, eso no es justicia, es venganza. –Esperó a que lo escuchara –me preocupa que sigas este camino de asesinatos, y te conviertas en un tirano, en un Malekith.

El elfo se fue hacia atrás, casi como si Thor le hubiera dado un puñetazo, sin embargo se serenó al cabo.

–Lo sé, ¡por Isil que lo sé! –El elfo apretó los ojos. –No he cesado de cazar a los elfos oscuros porque necesito que Hrimthurs no tenga más aliados, unos que Thyra sabrá aprovechar. Numéricamente serán más que mis elfos de luz… no sé para qué te explicó más de ello si no estás interesado en partir a la guerra. Respóndeme ¿me darás al hijo de Hrimthurs?

–¿Para qué lo quieres? –Quiso saber Thor, que no había negado ni consentido a ello aún.

–Quiero a Svadilfari para obligar a Hrimthurs a salir, para encarar lo que desde hace tres años está inconcluso –respondió con el gesto más feroz que Thor le había visto.

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–Observa con cuidado –le dijo Lord Aldor a Hërin. El pequeño aesir se quedó mirando fijamente las manos del istyar, de entre ellas surgió una pequeña luz que se convirtió en una mariposa. Hërin extendió la mano para tomarla y cuando lo hizo el sabio se mostró satisfecho. Estaban sentados en el pasto, en los jardines reales. Las niñeras se habían ido, dispensadas por Loki pues distraían con su presencia a los niños. –¿Qué animal te gusta más? –Siguió aquella primera lección de magia.

–Gato –dijo Hërin.

–¿Eso en tu mano podría ser un gato? –Hërin lo meditó un momento y la mariposa se expandió y cambio de forma adoptando la de un felino.

–Sí, ¡si es! ¡Mira papá! –Le mostró el animal de seidh a Loki el cual sonrió orgulloso. –Mira Nari.

Hërin lo acercó a la niña la cual lo acarició.

–Y así es como tu hijo aprendió el principio de inmutabilidad del seidh a una edad muchísimo más temprana que tú. –Lo molestó Lord Aldor.

–Será istyar infinitamente más pronto que tú, maestro –le devolvió la pulla. Loki había querido que el sabio conociera a sus hijos. –Nari también tiene seidh, viene de la familia real vanir, igual e inclusive es foreldrar. –Lord Aldor asintió mientras Hërin convertía el gato en un perro y encima lo hacía seguirlos a ambos.

–Aprovechando mi visita al reino dorado, hay algo que me gustaría pedirte en aras del conocimiento.

–¿Qué requieres maestro?

–Quisiera que intercedieras para que se me permita catalogar y evaluar un par de reliquias de Asgard. Y también quisiera hablar con Heimdall acerca de sus dones.

–Los dones de Heimdall son un secreto para todos los aesir salvo para el Padre de Todo, no creo que pueda ayudarte en ese sentido, pero veré que puedo hacer por tu interés en las reliquias. –Lord Aldor era sistemático, siempre atesoraba cuanto conocimiento se ponía al alcance de su mano. El istyar se mostró complacido con la respuesta de Loki. Adoptó el tono que usaba en Svartalfheim cuando levantaba a Loki en plena madrugada para plantearle desafíos y laitales.

–Lómelinde recién inventó un hechizo protector el cual me gustaría mostrarte, tiene ciertas particularidades relacionadas con el principio de incertidumbre. Necesitaríamos un espacio amplio y a Thor.

Loki se mostró un poco incómodo, no le gustaba pensar en tener que pedirle un favor al dios del trueno pero tampoco iba a demostrar ante nadie, lo fragmentada que estaba su relación.

–Puedo conseguir ambas cosas.

–Igualmente deseo corroborar si has tenido avances en el principio de escisión y en tu fijación por la teoría de Higgs. Dejamos el estudio de ambas cosas incompletas. –Loki puso cara de escolar sorprendido haciendo la siesta en plena sesión de estudio. Que era más o menos lo que había venido haciendo. Continuaba leyendo con ahínco pero no había pensado en esas dos cosas, el principio de escisión que tenía que ver con el sello de su magia; y la teoría de Higgs que tenía que ver con la profecía que Kyara le había mostrado en el puerto de Bain. Estuvo demasiado preocupado respecto a la malicia cortesana y luego ocupado sufriendo de desamor como para poder concentrarse como se debía. Se enojó consigo mismo y luego con Thor, como solía hacer, por no haber dedicado más tiempo a su seidh.

–Qué bonitas orejitas –sonó la vocecita de Nari pero cuando lo dijo ya estaba tocando las puntiagudas orejas del istyar. Loki se horrorizó pero el sabio no se lo tomó a mal. Creó otra mariposa de tonos muy vivos y se la enseñó a Nari. La niña se puso a seguirla.

–Ya sé que no haz estudiado ni una cosa ni la otra. –Adivinó el sabio. –Los niños te dan un amor puro, sin coacciones ni manipulación. Es fácil olvidarte de ser sabio cuando eres padre. –Dijo el Lord saltando a las conclusiones como le gustaba hacerlo.

–¿Y tú cómo lo sabes venerable maestro? –El istyar nunca tuvo hijos y seguramente ya nunca los tendría.

–Por un tiempo fui más padre de Eyvindur que Larus. Durante esos años no escribí ni un solo libro, cancelé varios viajes de estudio y no acudí a ningún rito en el observatorio. Pero puedo decir al mirar esa época bajo la luz del paso del tiempo, que fue tiempo bien invertido.

–¿Lo fue? –El istyar se enfadó.

–Eyvindur tiene defectos pero es tan caro para mí como un hijo. –Dijo como si eso resarciera cualquier vicio en su rey.

Loki miró alejarse unos pasos a su pequeña, antes de que volviera a él para, desde la seguridad de sus brazos, pedir otra mariposa al istyar. Mientras la sostenía, mientras observaba a Hërin, Magni le vino a la mente. Seguramente estaría pasando su día oculto en la casa de Volstagg como un vergonzoso mal que mantienes fuera de la vista. En cambio sus hijos habían conocido al rey elfo, a un istyar, podían pasear por el reino recibiendo muestras de respeto del pueblo y los nobles; y más aún recibían constantemente amor.

"Si alguien los lastimara me vengaría con creces. Lo destriparía. Lenta y tortuosamente, lo haría sufrir" pensó Loki.

–Laldor –dijo Hërin plantándose ante el sabio. –Mira, una rana –le enseñó aquello en lo que había transformado su seidh. La rana saltó de las manos de Hërin al regazo del istyar el cual encontró aquello muy divertido.

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Eyvindur estaba cenando con su corte. Cada cual tenía cosas que narrar a los otros. Su madre estaba hablando con Lord Aldor acerca de los vástagos reales, al parecer ambos estaban enamoriscados de esos niños. Su madre le daba miradas de tanto en tanto. Eyvindur ya veía venir que pronto querría plantearle la idea del matrimonio nuevamente. Hagen estaba sentado cerca de él. Debía admitir que su buen amor, sabía disimular muy bien que entre ellos dos no había nada. En ese momento charlaba animadamente con Belegaer y Finduilas sin siquiera voltear a mirarlo. Pero claro, Hagen debía tener bastante práctica en ello. Era capaz de saludar simultáneamente a dos damas con las que hubiera dormido sin delatarse.

Eyvindur sintió una cruel punzada de celos. La decisión de incluir a Finduilas en su séquito fue de Lúne y de Teros, el general la enviaba a Asgard como antes había sido enviada Lara. Para conseguir un matrimonio ventajoso con un aesir. El precedente de Lara era deshonroso, pero la presencia y belleza de la joven elfa ayudarían a sanar esa mancha en la reputación de su raza. En Svartálfheim, Finduilas era el equivalente a una princesa, inclusive estaba emparentada por vía materna con el linaje de Eyrikur, lo cual quedaba evidenciado por el parecido que guardaba con él. Hagen le había dicho que la consideraba su amiga pero que ya no la frecuentaría. Lo había ofrecido sin que Eyvindur tuviera que pedírselo, pero quedaría extraño para los demás que la ignorase en público. Al mirarla bien, Eyvindur notó que ella trataba al dragón con la misma dulzura de siempre. El rey no le deseaba ningún mal, pero estaría más feliz sabiéndola en Asgard.

No pudo tenerse más en esa cena. Se puso de pie y todos frenaron sus conversaciones. Anunció que se retiraba, se despidió de su madre besando su mano al tiempo que todos lo reverenciaban. No miró a Hagen pero no hacía falta. Estaba seguro de que pronto lo alcanzaría en sus aposentos.

Se quitó el mantón y la túnica superior. Se quedó con la casaca y la camisa puestas. Aún no dormiría, debía meditar lo acontecido en su reunión con Thor. Habían dejado la sesión tras comprobar que ninguno de los dos había convencido al otro, y se dieron tiempo para pensar. Tomó el resumen que Eydís le había preparado, al rememorar lo que se dijeron se sentía decepcionado. Su ánimo no mejoró al notar que Hagen no se daba prisa en reunirse con él. Sabía que el norn no podía simplemente salir corriendo detrás suyo pues arruinaría todos sus esfuerzos de mostrarse como rey y vasallo. Las cosas en Asgard no estaban yendo como esperaba, ni en lo político ni en lo personal.

A veces le costaba dominar su mal carácter. Quería complacer a Hagen tanto como temía perderlo y eso lo sumía en total ansiedad. Había equiparado aquel romance con la dicha más absoluta y ahora descubría que en realidad tener a Hagen era puro tormento. Ojalá las cosas fueran como antes, cuando sólo eran amigos, cuando Eyvindur podía apoyarse en el dragón negro, amarlo a distancia, celarlo, sí, y verlo yendo detrás de cada dama de su corte, pero al menos así no tendría que preocuparse por satisfacerlo en la cama.

La puerta se abrió y Eyvindur fingió que estaba metido en su trabajo. Hagen cerró despacio y fue hasta él. Se le acercó y le apartó el cabello a un lado para besarle la mejilla derecha y el cuello. Las cicatrices debían sentirse contra sus labios pero no parecían repelerlo en lo más mínimo. Eyvindur dejó escapar un suspiro y le tomó la barbilla a Hagen, girándose a él para unir sus labios soltando los documentos que supuestamente leía. Se sintió mejor sólo por tenerlo cerca. Dejó de lado sus frustraciones.

–¿Cómo te fue con Thor? –Le preguntó el norn pero en realidad era un formalismo pues luego de inquirirle tal cosa el elfo sintió como aquellas manos curtidas abrían las dos capas de ropa que llevaba puesta y alcanzaban con facilidad su piel. Suspiró y recibió otro beso. Hagen lo alzó del sillón en el que estaba. Eyvindur sintió que sus atribulados pensamientos lo abandonaban y que una dicha espontánea se esparcía por todo su ser.

–Me pidió amnistía para Hrimthurs. –Respondió a la pregunta inicial.

–¿Amnistía para Hrimthurs? –Hagen lo dijo muy sorprendido, frenando sus caricias. –Ese Thor y sus sueños rositas de paz y coexistencia, pronto nombrará un embajador para Muspellheim y otro para Hel. –Eyvindur trató de reprimir su risa pero al final no lo hizo, se cubrió la boca con una mano, algo que siempre hacía para ocultar la forma en que la cicatriz junto a sus labios deformaba su sonrisa en una mueca.

–Estoy de broma, no me pidió eso, quería saber lo que opinarías de algo así. –El dragón negó riéndose y le apartó la mano.

–Tus bromas son…–buscó la palabra –muy tú. –Los dos volvieron a reírse. Hagen estaba feliz ahí con él, con su forma despreocupada y simple de ser. Eyvindur a veces lo envidiaba. –Y ahora ven aquí, te eché tanto en falta que necesito ahogarme en ti con urgencia.

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Eyvindur despertó poco antes del alba como siempre. Hagen estaba a su lado, tumbado boca abajo. Su cabello negro desperdigado por la almohada, su cuerpo relajado. El elfo se lo quedó mirando y luego con gestos suaves para no despertarlo se fue pegando a él. La noche anterior había sido desastrosa. Eyvindur había tomado la resolución consciente de entregarse con todo su ser. Adoraba a Hagen pero descubrió que realmente no sabía bien a bien qué hacer con él. Tenía miedo de que volviera a ocurrirle que se le extinguiera el deseo y que acostarse con Hagen le resultase doloroso dejándolo paralizado y con una sensación de vacío. Cuando aquello le había pasado con Elemmíre, se había tomado la libertad de atribuirlo a la falta de habilidad del bardo, pero si se repetía con Hagen, no podía evitar pensar que entonces el que estaba mal era él.

Había intentado la felación, algo que nunca antes había hecho por nadie. Sus intentos fueron torpes y algo inseguros en un principio, pero Hagen se había excitado sobremanera, con Eyvindur hincado ante él dándole ese placer. El norn lo había sujetado del cabello pero no había sido brusco. Mientras estaban en ello, había dicho varias veces lo mucho que le gustaba verlo ahí y así. El elfo sabía que su aspecto físico hacía de él un espectáculo visual, siempre había sido así en todo, ¿por qué no tendría que serlo en el sexo? Eso le dio confianza. Seguramente a Hagen le habían hecho aquello innumerables veces, seguramente había una forma en que le gustaba más, que Eyvindur no sabía. Pero se permitió creer que nadie encendía tanto a Hagen con esas caricias como él. No porque fuera especialmente bueno, sino porque Hagen lo añoraba tanto que verlo lamiéndolo y succionándolo era aliciente suficiente. Inconscientemente Hagen embistió en su boca, tocando su garganta, Eyvindur había resistido pero al final sintió que se atragantaba y tuvo que parar. Su amante no se lo tomó a mal aunque se había reído y luego se había disculpado.

Eyvindur no se permitió sentirse ofendido. Rememoró las ocasiones previas en que estuvieron juntos, e intentó devolverle a Hagen las caricias que había recibido tiempo atrás. Intentó con brío, quizás se propasó un poco, lo había mordido marcándolo, la ventaja de que Hagen fuese dragón, era que cualquier marca que le hiciera en la cama se borraría al día siguiente. Su norn había protestado pero cuando el elfo iba a disculparse, Hagen decidió interpretar aquellos mordiscos como una invitación a juguetear rudo. Lo había besado con dureza y le había metido mano con determinación, cuando sus dedos lo alcanzaron entre las piernas Eyvindur se había crispado y huido.

Al recordarlo maldijo por lo bajo. Claro, Hagen se había mostrado confundido. Eyvindur decidió mandar todo aquel preludio al olvido e intentó que simplemente se acoplaran juntos, pero ni siquiera llegaron a intentarlo. Su desnudez fascinaba a Hagen quien lo seguía con ojos hambrientos. Al tumbarse en la cama se percató, de que en sus encuentros amorosos, siempre se limitaba a eso, a tumbarse, abrir las piernas y dejarse hacer. Cuán aburrido debía resultarle a Hagen. Por lo menos, su cuerpo debía ser lo mejor que Hagen hubiera tenido en su lecho. Pero Finduilas era muy bella. Aquella comparación lo dejó frío; y claro era imposible que Hagen no lo notase. Abandonó sus intenciones y en cambio habló.

–¿Qué sucede? –Le había preguntado retrocediendo. –Desde que llegamos a Asgard te encuentro nervioso e incómodo junto a mí.

–Me preocupa que encuentres que ser mi amante es un incordio para tu manera de ser y también temo aburrirte teniéndote a la espera de que pueda yacer contigo de la manera que deseas.

–¿Incordio? –Había dicho Hagen. –Pero si tú me diviertes mucho, eres brillante e imprevisible y eso me gusta mucho de ti. De lo otro, ¿a qué te refieres con yacer juntos de la manera que deseo? Lo que quiero es que disfrutes junto conmigo, y creo que esa es la única manera en que dos personas deben amarse. Si te vas a abrir de piernas y dejarme desfogarme dentro tuyo mientras sufres, lo lamento pero me rehúso.

–Me exiges demasiado. –Hagen se había reído.

–Eyvindur, de vez en cuando deberías escuchar lo que dices. No te preocupes, tenemos tiempo, esperaré por ti, a que te sientas preparado –le había prometido como si Eyvindur fuese otra vez virgen.

Igual habían decidido pasar la noche juntos, pero Eyvindur recordaba claramente que Hagen había maldecido por lo bajo y se había sobado su miembro sin ningún recato antes de calmarse y poder conciliar el sueño. Eyvindur lo excitaba pero no lo dejaba culminar. Al elfo le tomó más tiempo aun dormirse. Quizás se habían apresurado en contarle acerca de ellos a Karnilla y a Héroïque. Se sentía inseguro.

Soltó a Hagen para salir de la cama, se acordó que el dragón había mencionado lo mucho que le gustaría bañarse juntos, pensó en despertarlo pues eso era algo que sí podía darle. Al final no lo hizo. El que estaba más harto de su frialdad y su incapacidad para amar, era él.

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Loki tomó asiento junto a Frigga. Los niños estaban demorados. Las doncellas les dejaron el desayuno. Buñuelos de trigo dulce con trozos de manzana y naranja, pan negro, huevos marrones y jamón asado. Y por supuesto, galletas de vainilla, de arándanos y canela; de Helle.

–Saldré esta mañana a cabalgar con Eyriander –les estaba diciendo Frigga. Les describió rápidamente el camino que tomarían hacia Gundersheim. –Nari y Hërin irán conmigo, tendremos un almuerzo por el camino. –Les comentó.

–¿Se detendrán cerca del río Godul? –Preguntó Thor. Frigga asintió. –Es un paraje espléndido estoy seguro de que les gustará. Recuerdo cuando acudíamos juntos los tres. –La reina madre sonrió rememorando esa época. Odín rara vez había tenido tiempo para estar con su familia, quizás por ello, tanto Frigga como Thor atesoraban aquellos momentos como algo muy valioso.

Las puertas del comedor de sus aposentos se abrieron. Las niñeras entraron cargando a los niños. Hërin lloriqueaba en brazos de Ásta.

–¿Qué sucede mi valiente guerrero? –Inquirió Frigga. La niñera respondió por él.

–Estábamos en su habitación alteza, me temo que lo atrapé demasiadas veces en el juego de perseguirnos, y él no me atrapó ninguna. –En resumen a Hërin no le gustaba ser vencido.

Thor le hizo un gesto y la niñera se lo pasó. El dios del trueno se lo acomodó en las piernas para consolarlo, aunque le dijo también que si deseaba jugar debía aceptar que podía perder de vez en cuando.

–Fuya –dijo Nari con solemnidad. –Quítalo de mi papá Thor.

–Nari –Frigga le llamó la atención a la pequeña.

–¿Yo dónde voy a comer? –Inquirió la niña y claro, terminó en las piernas de Loki. No hubo problema en intercambiarlos por esa mañana. Cuando Hërin se recuperó de la decepción sufrida, se puso conversador con su padre.

–Quiero un pony papá –dijo entusiasmado Hërin.

–Aún eres pequeño para montarlo –le dijo Thor –dentro de un año, yo mismo te enseñaré.

–Yo no soy pequeño –respondió Hërin con un puchero, –yo soy grande.

Nari terminó de embarrase las manos con la miel de los buñuelos, Loki no le daba de comer en la boca, ese hábito de su pequeña le había dado muchos problemas cuando estuvieron en Vanaheim, y no estaba dispuesto a consentírselo. Cómo él no era Thor, su hija tampoco se lo exigía. Thor se rió al mirarla.

–Se ha puesto pringosa.

–Debe comer sola –aclaró el ojiverde en tono casi de censura. –En Vanaheim, los trillizos de Helle, quienes son de la misma edad, comían por sí mismos, aunque había que bañarlos después. –Thor alzó una ceja. –Sí, la consientes demasiado. –El dios del trueno miró a Hërin y luego a Loki. –No, yo soy más estricto. –Y ahora recibió una sonrisa incrédula. –Por Frigga, quien además es nuestra madre, ¿pondrás en duda lo que digo?

Frigga seguía la conversación sin meterse.

El desayuno terminó. Las niñeras tomaron consigo a sus pequeños. Loki se puso en pie pero Thor lo frenó tomándolo suavemente de un brazo.

–Necesito hablar contigo. –Thor tenía parte de la mañana libre pues Eyvindur había expresado su deseo de visitar el templo de las nornas en Asgard. Igual estaban haciendo tiempo para que cada uno pensara en las condiciones del otro.

–¿Mi despacho o el tuyo? –Dijo Loki mirando de soslayo a los pajes que los rodeaban.

Fueron al de Loki. El dios del trueno cerró la puerta tras de sí. Sobre el escritorio estaban los documentos referentes a la academia de magia, Loki se dio prisa en ocultarlos pues había asegurado que no deseaba involucrarse, aunque quedarse al margen era más complicado cuando Lord Aldor se mostraba tan orgulloso de Loki por aquel proyecto. Thor fingió que no había visto nada pero sabía todo porque, obviamente, lo primero que Velaryon hizo cuando Loki le pidió su informe fue correr a decírselo al dios del trueno.

Los dos se dejaron caer en los sillones de la estancia, estaban solos.

–Hay un problema en Svartálfheim. –Inició aquella conversación Thor.

–¿Partirás a la guerra mañana mismo? –Inquirió Loki, porque en otro tiempo, que se sentía como si hubiera pasado hacia un siglo, Thor solía terminar la frase "hay un problema" con un "parto a la guerra".

–¿Qué? ¿Cómo sabes que habrá guerra? –Loki se hizo el misterioso y no respondió.

–Cuéntamelo todo. –Y Thor así lo hizo reseñándole la conversación que tuvo con Eyvindur. Loki suspiró. El rey elfo lo había abordado brevemente durante el banquete de bienvenida para recordarle el pacto convenido entre ellos. Loki le había dicho casi palabra por palabra el discurso que antes había practicado delante de Thor. "Oh Eyvindur, tú sabes que nada me gustaría más que honrar mi palabra pero Thor…".

–…Piensa que Hrimthurs está en Menelmakar, y que habrá guerra cuando él consiga hacerlo salir de su escondite.

–¿Por qué me estás contando todo esto? –Esperaba que el dios del trueno no le dijera que era un mal momento para que se fuera a Svartalfheim a convertirse en istyar.

–Porque, si enviaré tropas a combatir a los enanos quisiera tener mayores certezas de que la causa es justa. Loki, ¿Svadilfari te ha contado algo al respecto? ¿Su padre es aliado de Thyra?

–Me ha dicho algo –dijo el hechicero sin hacerse del rogar. –No me ha dado ninguna certeza pues no ha recibido noticias de Hrimthurs desde hace años. Lo único que Svadilfari tiene es lo mismo que Eyvindur: sospechas. Aunque viniendo del hijo deben ser más precisas.

–Eyvindur piensa que los elfos oscuros se están agrupando, pasando a través de su frontera sur. Dijo que sospecha que se mueven a través del territorio de tu maestro Aldor, rumbo al de un tal Lord Herryk, un enano. Por la forma en que me lo dijo me sonó a que dispondrá hombres que peinen esa zona con cuidado.

El hechicero se quedó algo frío. Eyvindur sospechaba que algo se cocía al sur de su reino, algo como el puerto de Bain. Eso tendría que saberlo Lord Aldor, porque si Eyvindur descubría el puerto y se percataba de que el seidh de su maestro lo protegía... lo que Thor hizo con los traidores en su reino se iba a quedar corto.

–No sé qué esperas que te aconseje –admitió Loki. –La situación es clara. Habrá guerra y deberás intervenir a favor de tu amigo, hasta ahí todo es obvio.

–¿Y? ¿Entrego a Svadilfari para que cese la persecución al resto de su raza?

–¿Me estás pidiendo permiso para hacerlo? ¿Es alguna clase de prueba?

–¿Qué? –Loki negó, Thor necesitaba una salida más original, como cuando hablaron de la academia de hechicería, ese día había sido un deleite escucharlo pero en esta ocasión, el dios del trueno carecía de elocuencia. –Por la barba de Odín, ya tengo superado el asunto de Svadilfari. –Afirmó Thor con convicción. –Tan sólo, esperaba que pudieses aconsejarme, porque, tú ves mucho.

¿Lo hacía? Últimamente Loki no sentía que fuese así. Se lo pensó y decidió, en vez de responder, súbitamente se acercó a Thor, el cual jadeó sorprendido. Le habló tan cerca que Thor podía ver las vetas verdes en los ojos de Loki.

–¿Acaso no eres el poderoso Thor? Sedúceme con tus regias habilidades de gobernante. –Loki se alejó y fue como si un hechizo se rompiera.

–¿Eso es todo lo que me dirás? ¿Sedúceme?

–No, de hecho… –el ojiverde se dirigió a su escritorio –requiero me prestes la arena de combate e igual quisiera pedirte que me ayudes con cierto experimento de magia, cuando tus deberes te lo permitan, claro está; ¡ah! Y además necesito me prestes a Gungnir.

Thor parecía algo ofendido, pero se sobrepuso, Loki podía hacerse el escurridizo con el asunto de no meterse en sus asuntos de gobierno pero a veces cuando un rival intentaba escapar de sus manos terminaba precisamente en ellas.

–Sea, te seduciré con mis grandes habilidades; te ayudaré con tu maestro y te daré potestad para emplear a Gungnir. –Loki sonrió muy ufano. –Pero quiero algo a cambio, un beso tuyo.

–¿Qué? –Fue el turno de Loki de tomar prestada esa original respuesta.

–Un beso, cómo yo quiera. –Loki tomó su lugar detrás de su escritorio con gesto indolente.

–Sea –accedió Loki –pero no suelo entregar recompensas por adelantado, eso sería muy irresponsable de mi parte. Ya puedes retirarte, ve a vengar regicidios y a salvar una raza simultáneamente. –Thor no picó, antes de irse se puso serio.

–Loki ayer tuve un sueño. Estábamos en tus aposentos, me pedías mostrarme ante ti sin ropa alguna y me invitabas a tu cama, pero te limitabas a tomarme las manos y me permitías decirte cuanto…

–¿Acaso esperas que cumpla lo que te ofrezco en sueños? Lamento tener que recordártelo pero los sueños, sueños son.

–Se sintió muy real.

–Pero no lo fue. Ahora, quisiera que me permitieses concentrarme en mis deberes reales. Aquí tengo un importante reporte de Héroïque –terminó Loki tomando el primer pergamino a la mano.

–¿Qué pone? ¿Nuestra reserva de licor disminuye velozmente?

–Lo que sea es mejor a que me tengas escuchando tus sueños de enamorada adolescente. –Thor finalmente lo dejó sólo, cuando salía Loki masculló en tono bien audible: –¿te pedía desnudarte para mí? ¡Bah!

El hechicero se quedó solo. Así que ¿Thor y él soñaban lo mismo? Pero estaba bien despierto cuando conjuró la ilusión de Thor. Quizás debería preguntarle a Karnilla si había algo de seidh implicado.

Tomó pergamino y escribió en el idioma de los elfos oscuros. "Eyvindur desea apresarte y conducirte a su reino para capturar a tu padre. L"

Dobló con cuidado la nota e hizo venir a Ari. No podía invitar a su amigo a acudir a Valaskialf pues corría el riesgo de no volver a salir. Él no quería acudir en persona a verlo, no creía que le haría ningún bien atraer la atención de Thor hacia ambos. Por mucho que dijera que aquello no le incumbía no pudo guardar silencio. Svadilfari era un tipo poco aguerrido que prefería el arte a la riqueza, un sujeto hogareño orillado a ser un nómada. Eyvindur lo aplastaría si se lo proponía. Lo menos que podía hacer era advertirle. Loki ya se había valido de Thor para defraudar la palabra dada a Eyvindur acerca de respaldarlo en su cacería de los elfos oscuros; con el dios del trueno repleto de arrepentimiento y ansioso de lograr su perdón, Loki sabía que tenía buenas posibilidades de influir en su consorte a favor de su amigo. Pero no estaba seguro de que eso fuera lo más prudente.

–Por los cuernos de Surtur –maldijo.

Ari le hizo una reverencia.

–¿Dónde está mi maestro? –Parte del trabajo de Ari, era saber dónde estaba cada cual y lo hacía muy bien.

–Con Velaryon alteza, en su despacho –habían resuelto que ellos dos hablarían de la infraestructura necesaria antes de discutir otros aspectos más delicados de la academia de hechiceros.

–Necesito que lleves esta misiva al invernadero, entrégalo a Svadilfari en sus manos –si lo enviaba personalmente en lugar de encomendar la nota a un mensajero, era porque se trataba de algo muy secreto y delicado. No tenía que decirle a Ari que si lo pregonaba o alguien lo interceptaba lo mandaría a azotar. Ari, ya sabía eso por descontado.

–¿Debo volver con prontitud alteza? –Se atrevió a preguntarle su secretario. Loki lo miró suspicaz.

–No, estaré con mi maestro, cancela todas mis reuniones –Ari asintió y partió a cumplir el encargo.

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Vanima terminaba los trazos de un retrato de Válk. Parecía ensimismada, trabajaba mayormente con su mano izquierda; pues el brazo derecho le había quedado tan débil, luego del incidente en el que la mayoría de su flota pereció, que le temblaba cuando lo alzaba mucho tiempo. Sus manos huesudas se movían con habilidad con los carboncillos delineando a su amado hermano. Junto de ella, en un fardo estaba su ropa. Unas prendas aesir de buena hechura. Vestida como pordiosera jamás podría acercársele al rey elfo. Nulka le había dicho que ese día el soberano visitaría el templo de las nornas, que un montón de elfos de luz asentados a Asgard acudirían a reverenciarlo. Esa era su oportunidad. El mercenario le había dado un punzón envenenado, un arma que pasaba de incognito fácilmente y que alguien tan delgado y débil como ella podía esgrimir de manera letal.

Completó el dibujo y lo repasó con pintura para fijar, lo acercó a la ventana para que se secara y mientras tanto se vistió. Ella había sido muy hermosa, tanto que cuando escaseaba el trabajo como mercante se había prostituido. Cuando su hermano descubrió lo que hacía se lo prohibió tajantemente. En los últimos meses habían pasado bastante hambre pero ella cumplió su promesa. No volvió a vender su cuerpo y el resultado fue que ese mismo cuerpo que protegía se había puesto famélico. Tenía los pómulos muy marcados y los ojos azules marchitos. Se podía contar las costillas con risible facilidad. Fue cubriéndose con la ropa y cepilló su largo cabello negro. Sus manos no habían perdido fuerza y su voluntad la sostenía. Aún era joven y con algo de tiempo y buena comida quizá podría volver a ser bella. Svadilfari le había dicho que había esas dos cosas en abundancia ahí en Asgard, tiempo y comida, pero ella no las quería; en cambio escogía morir ese día con el asesino de su hermano.

Svadilfari había prohibido a los elfos oscuros acercarse al rey de los elfos. No quería problemas, dentro de Asgard se servía a Thor y a Loki. No habría peleas, desobediencia, ni incidentes. Aquel día se había llevado a Nulka a trabajar con él en el invernadero. Seguro quería tener al mercenario ante sus ojos todo el tiempo. Pero a ella no. Vanima parecía inofensiva y Svadilfari no la había hecho vigilar.

Llegó pronto al templo con una capucha que cubría en parte su rostro. Mantenía la mirada gacha para evitar que alguien notase sus ojos. Había decenas de elfos de luz aguardando por su rey pero también una multitud de aesir. Este rey resultaba casi sagrado aunque para ella era solamente un asesino. Había una compañía de einheriar vigilando la entrada al templo. Un heraldo proclamó su llegada. La gente le abría camino. Ella se enderezó buscándolo.

El rey llevaba varias capas de ropa encima, una túnica plateada a juego con el manto que portaba el cual era azul claro pero bordado ricamente. No llevaba corona ni joyas, su largo cabello le caía liso sobre la espalda. Un hombre de negro se acercó a sostenerle el estribo, debía ser el guardián del que Nulka le habló, una especie de demonio capaz de lanzar fuego maldito. El rey descendió de su caballo elegantemente para hacer el último trayecto hasta la entrada del templo a pie.

Tenía algo, un aura inmortal, sus ojos parecían no fijarse en nadie pero a la vez los contemplaba a todos. La gente a su alrededor extendía las manos para tocarle los brazos y rozar su largo cabello, como si con ello, algo del fulgor que emanaba pudiera quedarse con ellos. Avanzaba hacia ella. Vanima apretó el punzón y aguardó. El hombre de armadura negra no se le despegaba, iba junto a él y paseaba constantemente la mirada vigilando. Vanima extendió una mano hacia el rey igual que hacían tantos más, como si mendigara. Le rozó una mano al rey y no lo atacó pues sintió de pronto que aquel ser sublime no podía ser depositario de su odio. Se sintió terriblemente conmovida por la honda dignidad del rey elfo. Reaccionó cuando él ya había llegado a la escalinata que conducía a la entrada del templo. Los einheriar cerraron el paso impidiendo que nadie más se acercara, aunque nadie se movió de su sitio, iban a esperar a que saliese de aquel sitio sagrado. El guardián de negro se rezagó un momento para decirle algo a los einheriar y en ese breve momento ella se decidió. Pasó a los guardias de largo tomándolos desprevenidos.

–¡Rey mío! –Le gritó en élfico, en la alta lengua de los elfos de luz. Él se giró a mirarla y ella se lanzó contra él. Se detuvo a escasos centímetros, su cuerpo suspendido por la terrible fuerza del guardián. Por un segundo el rey la miró a los ojos y tuvo un instante de pánico. El guardián la azotó en el suelo con rudeza. Ella quiso incorporarse pero aquel hombre la sujetó del brazo izquierdo torciéndoselo, mientras que con la otra mano la asía por la nuca sometiéndola de rodillas ante el rey. Vanima sollozó. Con la mano que le quedaba libre sacó el dibujo que llevaba en el bolsillo y se lo tendió. –¿Qué te hizo él? ¿Qué te hizo? –Le preguntó resignada a morir, aunque lo estuvo desde que puso un pie fuera de la posada esa mañana.

–¡Alteza! –Los einheriar se acercaron de prisa, la multitud gritaba.

El rey se agachó ante ella y tomó el retrato de Válk.

–Hagen, hay demasiado ruido aquí, tráela. –Vanima vio su figura perderse en el interior del templo.

El guardián la puso de pie y les dijo a los einheriar que él tenía todo bajo control. Que volvieran a sus puestos.

El templo de las nornas estaba construido con ese estilo tan propio de los aesir. Con columnas gigantescas que te hacían sentir como si te encogieras al entrar, el techo quedaba lejano; los ornamentos dorados ensalzaban el poder y la gloria del reino eterno. La luz entraba a raudales por altos arcos, había pebeteros que desprendían una rica fragancia. Un largo pasillo conducía a la efigie de las tres nornas que apostadas ante el tronco del Ygdrasill labraban el destino de los nueve. Cuando las puertas del templo se cerraron todo el sonido del exterior quedó aislado. La voz del rey resonó con claridad.

–¿Quién es? –Inquirió, no sonaba enojado. El guardián la soltó y Vanima se irguió, en vez de responder se quedó mirando la cara del rey elfo memorizándola como hacía cuando pintaba retratos por encargo. Tenía algo que le resultaba inquietantemente familiar. –¿Es tu esposo? ¿Tu hermano? –Volvió a decir el rey examinando aquel dibujo.

–Era mi hermano. Murió hace poco y lo hizo por ti. –El rey se tensó. –Yo quería que vieras su rostro y que lo conocieras.

–¿Qué quieres que haga con ella? –Preguntó Hagen. El rey la miró. Parecía hondamente afectado por sus palabras.

–¿Cómo se llamaba? –Preguntó volviendo sus ojos al retrato.

–Válk.

–Sé que esto no compensa lo que perdiste, pero lo lamento por tu hermano. –Le dijo y luego se dirigió a su guardián –déjala ir.

–¿Seguro? Está trastornada, la preferiría en las mazmorras hasta que nos vayamos de Asgard.

–Sólo me dio un dibujo y me hizo una pregunta, eso no es motivo para encarcelar a nadie.

–Cómo quieras –el guardián le indicó la salida. Ella miró una última vez al rey, hubiera querido volver a rozarle una mano. Cuando salió procuró perderse de vista cuanto antes. Los einheriar no hicieron nada por detenerla pero le tenía miedo a los elfos de luz que la miraban furiosos de que hubiera osado intentar ponerle una mano encima a su amadísimo monarca.

Cuando se adentró en la zona donde vivían los elfos oscuros Svadilfari le salió al paso, se veía sumamente preocupado.

–Por Isil, estaba a punto de acudir al templo de las nornas. Nulka me contó lo que ibas a intentar, el que estés aquí de una pieza me hace pensar que desististe. –Ella asintió. –Bendita Anar y su sabiduría.

La condujo de un brazo de vuelta a la posada.

–Matar a Eyvindur no nos beneficiará, al contrario. Si él muere el trono se quedará vacío y su tío Lúne se lo apropiaría junto con su hija Lara. Thor nos echaría por asesinar a su aliado y amigo; Telenma y Teros nos caerían encima con furia. Si crees que todo va mal con la muerte de Larus, la de Eyvindur nos condenaría a la extinción. ¿Comprendes?

–No pude odiarlo –dijo ella como si no lo hubiese escuchado.

–No vuelvas a acercarte a él –le prohibió Svadilfari. Ella asintió.

–Cómo digas. –Se encerró en su habitación. Se quedó meditando largo tiempo y por fin se sentó ante su mesa, sacó pergamino y carboncillos, comenzó a esbozar un nuevo retrato, los rasgos del rey elfo surgieron poco a poco en la hoja en blanco. –Así es como en mi corazón veo a las diosas, a Isil y a Naira Anar –pensó Vanima.

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Cuando Lord Aldor salió de su reunión con Velaryon se topó con Valdis, quien le pidió que lo siguiera. Lo condujo al despacho de Loki. El visir de los pajes los dejó solos de inmediato.

–Tengo lo que me pediste ayer, espacio para practicar con el campo de fuerza, Gungnir y Thor dice que nos ayudará en tu experimento.

–Sabía que lograrías todo con facilidad. –Loki siguió hablando con algo de prisa.

–Es posible que Eyvindur te haya comentado esto, pero en caso de que no fuera así debo advertirte, sospecha que hay elfos oscuros al sur de su reino. Tiene una vaga idea del punto por el que entran y esa idea está muy cercana al puerto de Bain. –El istyar se mostró francamente preocupado lo que delató que no, su rey no le había dicho ni una palabra de esas sospechas suyas. –Ten cuidado.

–Agradezco tu advertencia –Loki asintió.

–Eyvindur salió a la ciudad, ¿quieres que hablemos de la teoría de Higgs? –Su maestro se veía que no podría concentrarse en otra cosa que en el problema respecto al puerto de Bain. Se negó.

–Deberé ocuparme de ciertos asuntos. Un secreto sólo entraña peligro mientras no salga a la luz. La verdad libera –aseguró el istyar y Loki intuyó que el sabio se lanzaría a la boca del lobo, seguro le diría a Eyvindur la verdad. Era astuto en hacerlo en ese momento, pues si Eyvindur se enfurecía y trataba de castigar a su maestro, Loki podría intervenir en su defensa.

–Ojalá te destierre por ayudar a los elfos oscuros. Así te quedarías en Asgard para ser mentor de mis hijos y mío. –Pensó Loki pero en vez de decir eso, escogió: –Que Naira Anar te dé las palabras precisas maestro.

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El séquito de las reinas madres se detuvo en un claro. Desde ahí podría apreciarse el puente con efigies de Bor a cada lado, que llevaba a Gundersheim y Nidavelir. Era una construcción soberbia que salvaba un importante río. Varias damas, entre ellas las niñeras de los niños, acomodaron todo para que sus señoras tuvieran un almuerzo tranquilo pero Hërin y Nari, en vez de probar bocado, prefirieron hacer que sus cuidadoras los persiguieran. Estaban encantados con el paraje verde. Y es que por muy hermosos que fueran los jardines de Valaskialf, no se comparaban al aire libre.

Eyriander y Frigga tomaron asiento bajo un quitasol. Les sirvieron té de menta y pastelillos de hojaldre. La elfa no apartaba los ojos de los nietos reales, e inclusive hizo amago de pararse cuando Nari cayó al suelo, pero Fuya se apresuró de inmediato a encargarse de su protegida.

–Loadas sean las nornas por darte el regocijo de jugar con tus nietos. Ojalá tal bendición me fuera dispensada –dijo de pronto Eyriander, pero no pareció decirlo sólo porque sí, sino que era un deseo en el que pensaba desde hacía tiempo y que ahora, al lado de su amiga, podía decir en voz alta. Estaba convencida de que un niño pequeño alegraría Enya y que la necesitaría como su abuela que sería, pues su padre estaría muy ocupado reinando como para atenderlo.

–Lo será –dijo Frigga con certeza que le brindaba el conocimiento de los deberes de un rey. –Eyvindur tendrá que desposarse tarde o temprano. –La ánimo su homónima.

–Será más tarde que temprano –vaticinó la elfa. En el pasado le había confiado a Frigga el secreto de su hijo. La elfa bebió de su té antes de decir: –Se ha hecho amante de Hagen. Quieren hacerme creer que no es así, pero los conozco. Hagen siempre ha sido respetuoso pero su trato hacia mí se ha vuelto casi afectuoso. Me tiende el brazo, me sonríe, me escucha con absoluta devoción y me cumplimenta con tanta frecuencia que por un momento me escandalicé pensando que intentaba seducirme. –Frigga soltó una carcajada sin poder contenerse. –Me preocupé por su comportamiento y luego miré a Eyvindur a detalle, parecía sencillamente feliz, su ánimo usualmente severo y sombrío ha cambiado, no se ha convertido en un dechado de alegría, pero lo encuentro apacible. Por todo ello me dije: son amantes.

Soltó un suspiro largo y bebió un poco más de té. Frigga conocía a su amiga, sabía que se preocupaba en exceso por su hijo, porque ya que el joven no la requería para nada más, era lo único que le quedaba por hacer.

–Pero Eyriander, tu misma le ocultas a tu hijo tu idilio con Lord Aldor; si le dijeras, posiblemente él te correspondería con la verdad de su relación con Hagen.

La elfa tomó un pastelillo y lo mordió.

–Aldor me ha pedido nuevamente que le confiese a Eyvindur nuestra relación. Piensa que lo tomara a bien y el que lo sepa nos permitirá hacerlo público. Insiste en que hemos respetado el luto que me correspondía guardar por Larus. He pensado en que no le falta razón, mi amor es puro y no debería ocultarlo como algo vergonzoso. Sólo espero el momento apropiado.

–¿Apropiado como dentro de varios años más?

–Exactamente. –Ambas reinas se rieron. Eyriander prefirió volver al tema de su hijo. –Yo no quería que su guardián fuese su amante. Tú lo conociste de antes, cuando fue tu pupilo. Es un hombre coqueto que no termina de abandonar una cama cuando ya tiene el pie en otra.

Frigga no podía rebatir aquello, durante la estancia de Hagen en Asgard habían pasado muchas cosas: La incesante persecución que hizo con Sif, el que Danna hubiera sido su amante, y aquella orgía que realizó con Fandral y diez jóvenes. Además como era príncipe heredero no distinguía entre nobles y servidumbre. Frigga se había quejado con Kaarina que a su vez había rellenado a su nieto de pócimas para que no hiciera ningún bastardo, esa fue toda su intervención. Si, reconoció que el norn no era el candidato que uno quisiera para su hijo.

–Pero es su decisión, no puedes proteger a Eyvindur de ello.

–Lo intenté. Junto con Lúne, intentamos guiar su corazón hacia alguien digno. Escogimos un joven de noble linaje, honrado y caballeroso; el heredero de Lord Wose. Eyvindur lo aceptó a su lado pues lo encontró agradable y a su gusto. Sin embargo poco tiempo después lo dejó. Lúne no se ha dado cuenta –y estaba seguro de que tampoco le haría gracia al enterarse, pues consideraba a Hagen un arma, no un posible compañero. –Antes de partir, me hizo una proposición. Desea que lo apoye para convencer a Eyvindur de desposarse con su hija Lara. Aunque son primos hay precedentes en Svartálfheim; Lúne es un querido amigo, siempre ha estado para mí, no deseo negar su deseo pues además entiendo que lo impulsa su amor de padre, y su deseo de resarcir el honor de su hija; y quitarle el estigma de traidora que adquirió aquí en Asgard. Además, Lara proviene de un linaje fuerte porque… ya sabes lo que se dice. –Que cada brote del linaje de Eyrikur era más débil que el anterior, y ella era un claro ejemplo. –Pero sé de antemano que Eyvindur no aceptará, sobre todo ahora que por fin ha conquistado el amor que por largos años acarició. Si yo le llevo esa propuesta, se alejará aún más de mí.

Frigga bajó su taza de té.

–¿Quieres que te aconseje? –Eyriander aceptó –niégate. Entiendo que Lúne es tu amigo y que Eyvindur es rey, debe casarse y tener hijos; pero aún es joven –tenía la misma edad que Loki –pueden esperar un poco para que deje herederos. Pero sobre todo niégate porque es tu hijo. –Frigga miró a sus nietos –los reyes sólo tienen relaciones de estado, son harto vigilados, acosados y su vida privada es exhibida ante todos. Si es feliz con Hagen, si como dices siempre lo ha amado; déjalos estar. –Era lo mismo que le había dicho a Odín cuando Thor proclamó su amor por Loki.

Eyriander asintió, pareció aliviada por el consejo.

–Si al menos mi hijo también tuviera la magia de Loki. No me importaría verlo gestando un hijo de Hagen… –Eso si sorprendió a Frigga, quien tuvo el impulso de preguntarle a Eyriander si lo que deseaba era un heredero al trono o un nieto para llenará la soledad de sus días. Pero antes de que dijera algo, Eyriander cambió de tema: –Te veo preocupada, amiga mía ¿es por el distanciamiento entre Loki y Thor? ¿O porqué Odín aún no ha despertado?

–Es por ambas cosas, pero antes dime ¿cómo es que te diste cuenta de que mis hijos se han separado?

–Los vi juntos en Svartálfheim. Tu hijo entró a Enya sin ningún anuncio previo, sin saludar y sin ninguna formalidad; sólo porque no podía estar ni esperar un segundo más sin su amado consorte. Ahora que los contemplé de cerca, los noté distantes.

–Lo están, pero tengo confianza en que puedan superar esta prueba. En cuanto a Odín, su sueño más largo ha sido de cinco siglos y el más corto, de medio; nunca sé cuánto durarán pero cada día que pasa me siento más añorante de su compañía. Jamás he logrado acostumbrarme a su ausencia. –Frigga se mostró por primera vez abatida.

Hërin llegó de pronto hasta sus faldas y se colgó.

–¡Abuela! Juega con nosotros, alcánzame –le pidió con risas contagiosas. Frigga de inmediato sonrió y se puso en pie.

–¿Quieres unirte a nosotros? –Le preguntó a Eyriander.

–Desde luego.

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Eydís le informó a Lord Aldor que su rey había vuelto. Salió presuroso para alcanzarlo, antes de que entrara en reunión con Thor; pero Eyvindur se había adentrado en sus alcobas seguido únicamente de Hagen y había ordenado que nadie lo interrumpiera. Los guardias del rey murmuraban lo acontecido en el templo, y Lord Aldor no pudo hacer oídos sordos.

–¿Qué es eso que dicen? –Le preguntó a Belegaer.

–Una elfa oscura traspasó a los einheriar y se lanzó sobre nuestro amado rey, Hagen la detuvo.

–¿La hizo ejecutar? –Preguntó bruscamente.

–No. Hablaron en el templo de las nornas a solas, sólo Hagen estuvo presente y luego la dejó ir. No teníamos órdenes de seguirla –le respondió Belegaer.

Aldor entró sin ser anunciado y obviando la orden previa que se dio. Halló a su rey sentado en uno de los sofás de la sala, meditabundo, mientras que su guardián lo miraba aprensivamente, apoyándolo silenciosamente.

–Hagen déjanos a solas –le pidió al norn. –Debo hablar en privado con mi rey, y ni tú puedes escuchar lo que voy a decirle. –Eyvindur consintió a la petición de su maestro y el dragón negro salió de la estancia.

El sabio se acomodó frente a él. Su discípulo se veía algo mortificado pero no había tiempo que perder.

–¿Te atacó una elfa oscura? –Esa clase de incidentes no ayudaban. Lord Aldor maldijo a quien quiera que fuese aquella mujer.

–No –dijo Eyvindur. –No exactamente, si tales eran sus intenciones no llegó a concretarlas. –Sacó el retrato que le fue entregado. –Quería mostrarme el rostro de uno de los elfos recientemente asesinado en mi honor. –Lord Aldor tomó el dibujo. –Su hermano. –Aclaró Eyvindur. –No quería que su hermano muriera como una cifra anónima más. –El sabio asintió, podía decir que aquella acción parecía haber cimbrado la determinación de su rey. –¿Qué deseas? ¿Viniste a asegurarte de que estoy bien? Hagen estaba conmigo –dijo como si eso zanjara la cuestión.

–Es un buen guardián, así que no estaba preocupado. En cambio quiero hablarte de un sitio especial en Svartálfheim. –Captó la atención del rey en el acto. –Es un puerto donde la distinción de razas no existe, habitado por algunos norn, viajeros vanir y alfh, donde inclusive existen elfos de luz y oscuros viviendo sin ningún tipo de reyerta. Es un territorio que se abre para quién sabe que está ahí.

–¿Y este puerto imaginario donde se encuentra? –Le preguntó Eyvindur que miraba a su maestro sin entender que estaba diciendo.

–En mis tierras por supuesto, protegido y amparado por mi magia. Se llama el puerto de Bain –le dijo. Aldor no quería ser brusco pero no tenía ya demasiado tiempo antes de que Eyvindur se enterara por sus propios medios, y en dado caso era mejor que él se lo dijera ahí en Asgard, lejos de Lúne. Conocía el temperamento de su alumno, si intentaba endulzar sus palabras o justificar sus acciones; sólo conseguiría que este se irritara aún más.

Eyvindur lo miró consternado por un instante y al otro se mostró severo.

–¿Y es ahí donde se encuentra Hrimthurs?

–No, él no está ahí. Este puerto tiene muchos años más que tú, existe antes de la ascensión de tu padre al trono. –El istyar tomó aire –nunca he estado de acuerdo con la caza de elfos oscuros ni tampoco con la guerra que éstos hacen contra los elfos de luz; soy testigo de que pueden coexistir pues ambos provenimos de las mismas diosas. Había albergado la esperanza de que tú podrías convertirte en el mediador de estas discordias y luchas intestinas, que podías hacer prevalecer el sentido de unidad en contra de la simiente división. Esto es lo que yo pienso, y por eso acepté educarte desde un principio, de lo contrario no lo habría hecho.

–¿Cómo osas? ¿Acaso te piensas por encima de tu rey? ¿Qué tú me aceptaste como tu discípulo? Mi padre te ordenó instruirme y no tenías otra opción.

–De haber sabido que resultarías igual que tu padre, un genocida tiránico, no lo habría hecho, ni aunque me amenazaran o intentaran comprarme. Así de fuertes son mis convicciones –el istyar alzó la voz. –El hecho de que tu padre haya muerto como murió, no significa que ahora sea un dios. Era un excelente guerrero, nadie duda de ello, pero le faltaba ser diplomático. He ahí donde erró y donde yo no quiero que tú cometas el mismo error.

Eyvindur había perdido su aplomo de siempre, no estaba escudado en su fría máscara sino que al contrario, su rostro se había tornado en una mueca cruel, gracias a las cicatrices.

–Lúne ya se había quejado de tu comportamiento. Me señaló que no eras del todo leal, que tendías a desobedecerme porque eras mi maestro, me aconsejo ponerte a prueba. Y yo me negué pensando que eras mi más fiel señor de entre los cuatro. –Eyvindur apretó los posa brazos del sillón –ahora veo que eres un traidor. ¡Un súbdito desleal! Lord Wose sospechaba acertadamente, existen elfos oscuros corriendo por la zona fronteriza, amparados por los enanos y por ti. ¡Dame una razón para que no te arreste ahora mismo y te haga ejecutar!

Lord Aldor se puso en pie al instante.

–Por la razón más simple, y esa es que me necesitas. Si prosigues con tu política de extinción lo único que conseguirás será unir a los elfos oscuros, siguiendo a Hrimthurs, de quien también sospecho que se encuentra en Menelmakar, no así en el puerto de Bain porque sabría que yo me enteraría de su presencia. No soy un traidor Eyvindur, si tuviera a la mano al regicida, te lo entregaría –le dejó en claro. –Lo que debes hacer no es seguir los consejos de Lúne, sino hacer la paz con los elfos oscuros y no digo que mediante Hrimthurs, sino con su hijo. Alíate con él, y quítale adeptos a su padre. –Eyvindur negó y su maestro leyó un "jamás". Lord Aldor prosiguió, pues todavía no le había dicho todo a su rey: –y una buena razón para llegar a un acuerdo con este joven, es porque desciende de Malekith. Es su último heredero.

Eyvindur se puso en pie. Cerró los ojos por un instante pero al abrirlos, sólo había frialdad en ellos.

–Vete –le ordenó. –Sabes bien que siempre me haz sido tan caro como mi padre, pero esta traición, aunque no la denuncie no te la perdono. Seguirás siendo el señor del este, líder de la orden de los istyar pero ya no eres mi maestro.

Lord Aldor arrugó la frente. Salió de las estancias, se encontró con Hagen en el recibidor que aguardaba como buen guardián, al verlo salir se dirigió de inmediato hacia el interior.

El sabio lo detuvo con una mano en el hombro.

–Hazlo entrar en razón –le pidió con seriedad. El istyar estaba seguro de que Eyvindur escucharía a Hagen.

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Cuando el dragón entró en la alcoba encontró a Eyvindur fijo en su sitio, sus ojos azules delataban su furia. Al oírlo se enderezó y Hagen por poco y retrocede instintivamente para salvarse.

–Menuda putada –pensó. –Aldor lo pone hecho una fiera y luego me lanza a mí al ruedo como si fuese un filete paseando ante un león hambreado.

–Esa elfa, la hermana de Válk, –habló el rey –me hizo pensar en algo que me ha inquietado desde hace tiempo. Tengo que preguntártelo. ¿Piensas que soy cruel? –Se lo había preguntado a Elemmíre hacía algo de tiempo y lo había hablado con Lúne; la respuesta de ambos no lo había satisfecho.

–Eso no se pregunta, la respuesta es obvia –dijo Hagen acercándose. El elfo lo miró intrigado y el norn se explicó. –Es obvio que sí, que lo eres.

Eyvindur se puso de pie haciendo a un lado a Hagen.

–Soy cruel, por matar a mis enemigos. Tú también matas.

–Así es, soy un guerrero, y todos los de mi clase tenemos crueldad en mayor o en menor medida. Tu problema es que eres el rey y por eso la sangre que Teros, Telenma y yo derramemos está en tus manos aunque seamos nosotros los que enarbolemos las armas. –Eyvindur lo miró resentido pero Hagen siguió dado que fue el mismo rey quien le dio permiso de hablar en primer lugar. –Eres cruel amado mío, no porque mates, sino por la forma en que lo haces y por aquellos a quienes les infringes la muerte. Si pides mi opinión, no deberías permitir a Telenma torturar y mutilar; y no deberías dejar que asesine a todo elfo oscuro que se cruce en su camino.

–¿Sabes por qué se lo he permitido? ¿Por qué cuando me dijeron que abrías en canal a los enanos tampoco te reprendí? Porque así mis enemigos me tendrán miedo. Debo actuar de tal manera para que todos sepan que no soy débil. –Hagen fue a por él, a por sus manos las cuáles besó antes de estrecharlo entre sus brazos; pero Eyvindur no se lo permitió estaba demasiado inquieto y resentido. –Mi maestro me ha traicionado, apoya a los elfos oscuros y les ayuda a entrar en el reino. Tal como Lúne me advirtió.

–Lúne. –Hagen sintió disposición a ponerse de parte de Lord Aldor en esa cuestión. –¿Qué dices que hizo Lord Aldor?

–Me acaba de hablar de un puerto en el sur de mi reino donde hay una ciudad habitada por elfos oscuros y otras razas. ¡Elfos oscuros! –Bramó Eyvindur.

–¿Hrimthurs está…

–Dice que no. Que él no lo permitiría, pero no sé si confiar en su palabra.

–Vino a contártelo por sí mismo. ¿Por qué delatarse si tiene malas intenciones? –Increíblemente Eyvindur se detuvo a meditar eso calmando su exabrupto. A Hagen le dio miedo ver el efecto de una frase tan simple sólo porque era de su boca de donde brotaba.

–Igual me dijo que Hrimthurs y Svadilfari son del linaje de Malekith. Los últimos descendientes que quedan. –Hagen se preparó para recibir la orden de salir a matar a ese elfo oscuro desgraciado, pero no fue eso lo que recibió. –¿Qué debo hacer?

Hagen se quedó frío. Él no quería involucrarse en la política, el único problema que le interesaba en ese momento, era cómo hacer que Eyvindur se relajase lo suficiente para poder follar como las nornas dictaban. Era claro que para empezar no podría ponerle ni una mano encima hasta que su elfo no estuviese menos estresado, pero eso no quería decir que él fuese a intentar resolver la cuestión sólo por eso. Si pudiera le pediría permiso para pensarlo y se iría a solicitar consejo a Loki y de paso a quejarse de lo difícil que era ser pareja de un rey. Hagen no quería la vida de Svadilfari, la suerte de los elfos oscuros, ni la querella de Lord Aldor en sus manos.

–Mi padre me enseñó que un buen rey es aquel que actúa cuando debe y no actúa cuando no debe hacerlo. Suena simple pero dice mucho, ¿no lo crees? –Fue lo único que se le ocurrió y de nuevo Eyvindur se detuvo a cavilar sus palabras. –¡Por las nornas! Soy una bestia Eyvindur, no tomes consejos de mi parte.

–¿A quién se los tomo si no? Si le pregunto a Lúne me dirá que no ceda y que continúe cazándolos, que mate a Svadilfari y castigue a mi maestro; si le pregunto a él me dirá que he ido muy lejos, que soy un tirano despótico como mi padre y que en cambio debería hacer tratos con quien hasta hace un momento pensaba un peón insignificante. ¿Con quién hablo entonces? –Hagen se lo pensó dos segundos.

–Los clanes de Nornheim…

–Esto no es una guerrilla de clanes.

–Cómo decía, los clanes de Nornheim a veces se reúnen aun cuando son enemigos y tratan de negociar condiciones de paz, si no son satisfactorias se matan entre ellos, pero al menos tratan de evitarlo. Si estás dudando es que estás harto de tanta sangre. –Eyvindur asintió. –Habla con ese Svadilfari. Creo que… creo que no pierdes nada con probar a la manera de tu maestro, sobre todo porque llevas años haciendo las cosas a la manera de Lúne. Después de hablar con este príncipe perdido de Svartálfheim podrás decidir mejor lo que debes hacer. ¿No lo crees? –El rey se tensó visiblemente. Hagen lo tomó por la cintura y lo pegó a él para abrazarlo confortándolo.

–Hagen, ¿qué pasará si yerro en mi juicio?

–Shhh –lo acunó en sus brazos el dragón, –una pregunta por día.

–¿Tu cabeza no da para más de una cuestión?

–Es que me inquieres cosas muy difíciles. Pero si el trasfondo de tu pregunta es si eres débil, no Eyvindur, no eres débil y no lo digo porque quiero meterme en tus pantalones. Es la pura verdad, un día lo verás con claridad meridiana. –Eyvindur finalmente se relajó un poco.

–No puedo creer que me haya ocultado algo así, dijo que resguarda el puerto de Bain con su magia desde antes de que yo naciera, ¿qué clase de afrenta es esa? Que traición rastrera, que villano hipócrita. –Murmuró Eyvindur con la cara apoyada en el hombro de Hagen.

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Se había reunido con el líder del gremio de mineros antes de verse nuevamente con Eyvindur. Se había negado a la petición de éste respecto a la mina de Nidavelir, todo ello sin decir que no pero accedió a prestarle a Tanngrisner para su yegua tan fina, el hombre se mostró muy feliz y eso le hizo pensar que su cuestión personal le era más importante que la dichosa mina.

Ahora meditaba lo que le diría a Eyvindur. Se acomodó en su sala privada y ordenó a Valdis que le trajera una frasca de vino vanir. Prefería reunirse ahí con Eyvindur para hablar de sus asuntos que hacerlo en una sala formal. El elfo llegó junto con su secretario pero lo despachó al ver que Thor tampoco ocuparía al suyo. El dios del trueno le sirvió de la frasca frente a sí y le entregó la copa. Eyvindur casi la vació en unos cuántos tragos.

–He meditado las peticiones que me hiciste, y a pesar de que aún me niego a que Telenma descienda sobre Asgard. Te apoyaré en tu guerra contra Thyra –inició Thor –en cuanto al asunto de los elfos oscuros, no puedo entregarte a Svadilfari como a un vulgar ladrón, pero pienso, ya que él siempre ha defendido y protegido a su raza; que aceptará ir contigo si eso frena la cacería de elfos oscuros.

Eyvindur se terminó definitivamente su copa.

–No me llevaré a Svadilfari a Svartálfheim, lo prefiero alejado de mi reino. –Thor se confundió pues no comprendió porque había cambiado de parecer tan repentinamente. –Hrimthurs y él son los últimos descendientes de Malekith. –Thor se dejó caer contra el respaldo de su asiento sorprendido, fue su turno de vaciar el contenido de la copa. –¿Acaso hay días en que quisieras no ser rey?

–Los hay –aceptó Thor.

–No puedo tomarlo conmigo, si los elfos oscuros lo consideran su príncipe se unirán a su padre para liberarlo. Y si lo mato, haré de él un mártir, lo que es peor.

–Jamás me voy a deshacer de él –pensó Thor para sus adentros. –En vista de que mi propuesta ha quedado en nada respecto a él, me imagino que tú ya tendrás otra por hacerme –le cedió la palabra.

–Mi maestro opina igual que tú, que debo detener el genocidio de los elfos oscuros –le comentó sin llegar a decirle que ese mismo maestro lo había traicionado. –He pensado en que lo más factible es llegar a un acuerdo de paz al menos con Svadilfari y los elfos que hay en Asgard, si lo hago, podré quitarle posibles refuerzos a Hrimthurs; lo cual era mi deseo original. Pero, Svadilfari deberá atenerse a las normas de un tratado, si él o su gente las quebrantasen, tornarían en el acto en traidores a los ojos de todos los reinos y en ese caso, ni tú podrás protegerlos. –Había tomado la idea tanto de Hagen como de Lord Aldor. –Ya no me opongo a que les des permisos de navegación siempre y cuando hagamos en conjunto una ley sobre cómo se regularán, ya que tú no tienes flota en el espacio.

Eso era verdad. Desde la creación del Bifrost dejaron los drakares; y eso que Bor había sido un excelente navegante.

–Tendremos que reformar los tratados de Eyrikur y Bor –dijo Thor. Seguro que sus abuelos se estarían retorciendo en el Valhala. Eyvindur asintió.

–Dejaré de cazar a los elfos, disminuiré mi flota y retiraré a Telenma del mando de ésta.

–Condiciones muy generosas ¿por qué? –Tuvo que preguntar Thor.

–Si iniciaré la guerra con Thyra, necesito más hombres en tierra que en el espacio. Telenma es excelente general, igual que su hermano Teros, así que la enviaré al sur junto con Lord Wose. Eso pondrá nerviosa a Thyra. –Estaba muy seguro de ello así que sus condiciones generosas más bien tenían que ver con sus próximos movimientos. –¿Puedes hacer llamar a Svadilfari para que hablemos? ¿Y fungir de mediador?

–Por supuesto –aceptó Thor. –No te veo muy convencido de esto que dices.

–No niego estar cansado del derramamiento de sangre pero tengo dudas. No sé cómo sea la forma de razonar de Svadilfari, ni que piense de su padre ni de la política. Aunque haga la paz con él, no renunciaré a tomar la vida de Hrimthurs por haber matado a mi padre, y cuando acabe con él ¿no crees que Svadilfari quiera venganza sobre mí? –Eyvindur tenía muchas preguntas –si al menos hubiera una seguridad…

Pero no lo había, ninguno de los dos la tenía.

–Haré que lo llamen para hablar con él mañana –resolvió Thor.

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La noche caía, Loki estaba terminando de leer los avances de Velaryon para la academia de magia aunque no era algo en lo que estuviera totalmente concentrado. Ari no había regresado, por lo que no había nadie que anunciase a Thor. El dios del trueno entró en su despacho y le pidió que cenaran juntos para hablar de política por supuesto. Loki no encontró razones para negarse.

Thor lo condujo a sus aposentos. Valdis había dispuesto todo. Había verduras salteadas con hinojo rojo y queso desmenuzado, cisne con salsa de mantequilla, aunque parecía que como si el ave se hubiera ahogado en ella, jabalí con manzanas caramelizadas y postre de hojaldres de pasta dulce y crujiente; junto con cerveza de esa tan buena que Dregni se trajo de Harokim. Valdis les hizo una reverencia rígida y se perdió de vista dejándolos a solas.

–Pensé que esto sería una cena sencilla, con cualquier bocado y nosotros dos hablando de Eyvindur y los problemas que tiene, en cambio me das un banquete. –Thor le llenó una pinta de cerveza personalmente, mientras que su dios del engaño se fijaba en la comida. –Este es mi plato favorito –observó sirviéndose cisne.

–Con mantequilla adicional, tal como te gusta –el jabalí era más bien para Thor. –Y este es de tus postres predilectos.

–¿Me seduces con comida? –Thor se encogió de hombros. Sí, lo seducía con la comida, con sus acciones en el concejo, con su amor por sus hijos. –¿Y si llamo a Valdis para que lleve mi cena a mi propia habitación? –Thor lo miró y pensó que Loki era un mal bicho por sugerir tal cosa, el hechicero se rió de buen grado. –Quita esa cara –le ordenó y se puso a comer. –Así que esencialmente me darás todo lo que yo quiera.

–Todo lo que pueda, sí. –El hechicero se lo pensó.

–Quiero Midgard –dijo Loki sin ningún empacho. –Conquístalo para mí, quiero quinientos acres de sus bosques, controlar lo que sea su recurso más valioso y unos cien esclavos a mi servicio; igual incluye una fracción de ellos en el lote para que diviertan a Nari y a Hërin, ¿para qué sirven los midgardianos?

–Loki –dijo Thor con censura. El hechicero se rió de nuevo.

–Sea pues, quedamos en que igual me seducirías con un despliegue de habilidades diplomáticas inigualable, así que, resume para mí tu última reunión con Eyvindur.

–Sí majestad, cómo tú ordenes –respondió Thor. –Esto es lo que logré: Eyvindur dice que no se llevará a Svadilfari, nos enteramos de que es descendiente de Malekith. Asumo que ya lo sabías.

–¿Te pondrás celoso? ¿Montarás en infantil encono conmigo por ocultártelo?

–Ni uno ni lo otro. Si le guardas secretos a un amigo, no puedo enfadarme contigo. Es cuando me ocultas cosas que me atañen directamente cuando no puedo evitar molestarme.

–Pues, tú mismo.

–Cómo te decía. Eyvindur renuncia a capturar a Svadilfari, además de que negociaremos mañana una alianza de paz entre ambos. –Loki inclusive dejó de comer y puso gesto concentrado como si no estuviera seguro de haber oído bien. –Igual ha accedido a mi idea de conceder permisos de navegación a los elfos oscuros. Y sí, es un hecho que habrá guerra entre elfos de luz y enanos, dispondré que Sif vaya alistando las tropas.

–¿No acudirás en persona?

–No creo que mi presencia sea requerida.

–Asombroso. Tornas la venganza de tu amigo en un tratado de paz, finiquitas una cacería que se te hacía injusta y yendo aún más lejos, les consigues a los elfos oscuros permiso de navegar avalado por su acérrimo enemigo. Y encima de todo me dices que no acudirás en persona a la guerra. Antes hubieras corrido al conflicto dejando de lado la política. –Thor se mostró muy ufano, el mérito de la situación no era enteramente suyo, pero si Loki se lo quería atribuir, quien era él para decepcionarlo. –Tu padre estaría orgulloso de ti.

–No lo hice por él. –Repuso en el acto Thor. Le alcanzó una mano a Loki el cual intentó zafarla pero no lo dejó, se la apretó un poco más sin lastimarlo y con la otra lo alcanzó del cuello para acercarlo a él.

–Aún no me das a Gungnir, ni tu ayuda, no te cobres por anticipado. –Protestó Loki y Thor lo soltó.

No porque no quisiera besarlo, sino porque estaba aprendiendo que pretender retener a Loki sólo hacía que se alejara. Su esposo seguía siendo un misterio por descifrar.

–Hay algo que me preocupa. –Admitió Thor procurando concentrarse en la comida. –Si Eyvindur mata a Hrimthurs, que está más que decidido a hacerlo, ¿crees que Svadilfari se vuelva su enemigo declarado? Tú conoces el carácter de ese sujeto, odiaría que la cadena de venganzas de una raza contra la otra halle un nuevo eslabón en él.

–Llevan siglos matándose entre ellos. –Loki se rehusó a describir lo que pensaba sobre Svadilfari para Thor. –Si deseas frenar lo que describes como una cadena de venganzas tendrías que romperla con tus propias manos. Eres el poderoso Thor, quizás lo consigas. Pero para ello, –miró al dios del trueno –Hrimthurs tendría que morir por tu mano. Así Eyvindur estaría satisfecho y Svadilfari no podría vengarse de él.

Siguieron hablando, sobre lo que Odín le había enseñado a Thor respecto a Thyra, comentaron lo que cada uno sabía de la historia de los elfos, Loki inclusive le narró unas aventuras de Bjaldifr, aquel que para los elfos de luz era un gran criminal, mientras que para sus contrapartes de escleróticas negras era un héroe.

El tiempo se les fue como agua, cuando se percataron de ello la noche estaba bien entrada, estaban ahítos de comida y de bebida. El hechicero parecía no decidirse a marcharse, estaba mirando la cama de Thor como eligiendo el punto donde aterrizaría. Thor hubiera querido alzarlo en vilo y llevarlo a su lecho, desnudarlo y hacérselo con urgencia.

–Qué descanses alteza –le dijo Loki haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad.

Loki sintió la mirada de Thor clavada en él todo el tiempo que le tomó llegar a la salida.

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Cuando cerró las puertas de su propia habitación se sintió indeciso de quedarse ahí o volver corriendo donde Thor. Su esposo era tan simplón que seguro se quedaría de pie ante la puerta aguardando por sí cambiaba de parecer. Loki se rió pensando en la cara de decepción del rubio al ver que no volvía; aunque le causó un mayor placer imaginar su expresión de regocijo si Loki se decidía a regresar a sus aposentos. Lo dejó estar y conjuró la ilusión de Thor ahí con él, se lo pensó mejor y la deshizo.

–No. Me haces sentir extraño aunque sepa que no eres real –le dijo a la nada. –Estúpido Thor.

Debía tener cuidado o terminaría verdaderamente seducido.

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Aryante rompe–cráneos se despertó cuando alguien se puso a aporrear la puerta de su hogar como loco. Sindri, quien para todo efecto era su esposo, ya estaba de pie cuando ella logró espabilarse. El sonido de alguien aporreando su puerta se repitió. Vivían juntos en una pequeña casa en una zona de la ciudad que los ases llamaban, medio despectivamente, medio en broma "pequeño Alfheim". Ese sitio era parte de la expansión de la ciudad que colindaba con los puertos. La zona estaba poblada por los antiguos alfh y por elfos oscuros.

La pareja acudió presurosa a abrir. Era tarde y normalmente si alguien se presentaba así en su casa era que había ocurrido algo, una nueva pelea entre elfos oscuros y elfos de luz en la ciudad, más noticias de Telenma derribando algún drakar y así.

Cuando abrieron se encontraron con un par jóvenes elfas oscuras, las cuales estaban en tal estado de excitación que costó entenderles lo que decían. Había una noticia corriendo por todo pequeño Alfheim, y seguramente alcanzaría pronto los oídos de los demás extranjeros que residían en Asgard e inclusive los de los ases.

–Se ha revelado –dijo una de las elfas. –El último hijo de Malekith está aquí en Asgard, aunque parezca inverosímil no es otro que Svadilfari. –Sindri y Aryante ya lo sabían pero fingieron sorpresa. –Eso explica todo cuanto ha hecho por nosotros, la forma en que nos consiguió protección y trabajo de manos de los reyes. Todo el tiempo se ocultó pero ahora ha decidido mostrar su verdadero ser pues confrontará al rey de los elfos de luz para exigirle que deje de cazarnos.

Aryante miró a su pareja con absoluta perplejidad. Las jovencitas bendijeron a la diosa Isil y corrieron a la siguiente casa para despertar a sus ocupantes con aquella noticia.

–¿Confrontar al rey elfo? –Dijo Sindri. Eso no sonaba para nada al Svadilfari que ellos conocían, el sujeto que prefería la discreción y el anonimato, el que tan sólo quería una vida tranquila.

–Mejor vamos a verlo, hay que averiguar qué está pasando verdaderamente. Así como es él, pululando todo el tiempo en Valaskialf, husmeando a Loki bajo las narices de Thor, igual y está metido en un buen lío.

Se vistieron con rapidez, Sindri se ciñó su espada y salieron rumbo a la posada donde el arquitecto vivía. En las calles había bastante gente como si fuera pleno día. La mayoría eran elfos oscuros los cuáles se contaban unos a otros la noticia. Se narraban las viejas historias raramente oídas sobre la caída de Malekith y lo que se sabía de su linaje. Otros hablaban de Svadilfari. Todos lo conocían, era notorio por ser el arquitecto real y porqué en gran medida él comandaba a los elfos de la ciudad, los amonestaba cuando se metían en rencillas y les recordaba no infringir las leyes aesir. Ahora además lo alababan como un gran benefactor de su raza. Había quien conocía a Hrimthurs y también se hablaba mucho de él. De pronto parecía obvio que ambos arquitectos eran descendientes de Malekith y se preguntaban cómo es que no lo habían notado antes. La palabra "príncipe" no tardó en dejarse oír.

Cuando Sindri y Aryante llegaron a la posada les fue imposible entrar. El sitio estaba abarrotado de elfos oscuros y de ases–alfh que querían todos tener algo que ver con la audiencia concertada con el rey de los elfos de luz; querían apoyar a su príncipe y así.

El anciano Tulk estaba en la acera sentado, fumaba una pipa con parsimonia contemplando aquel pandemónium. Aryante se dirigió a él seguida de su no–esposo.

–Por las nornas, ¿qué pasa?

–El mundo ha perdido la razón. Quizás Telenma nos hizo volar en pedazos y ahora estamos juntos en este extraño mundo paralelo –dijo el anciano. Aryante lo miró con impaciencia y Tulk volvió a empezar. –El secretario de Thor en persona, se apersonó con unos einheriar hace varias horas. Traía un mensaje para Svadilfari. El dios del trueno y el rey elfo lo citaron a comparecer mañana ante ellos. Svadilfari decidió ir, porque no podía escaparse dado que todos sabemos que Telenma sobrevuela espacio asgardiano en este momento.

–Seguramente Thor lo llamó para entregárselo a Eyvindur –dijo Sindri. –Se lo llevarán a Svartalfheim a pagar lo que sea que Hrimthurs haya hecho.

–Eso mismo pensé yo –dijo Tulk. –Vanima y Nulka, esos idiotas, son más duros de mollera que un troll; soltaron el secreto entre los elfos de la posada y la noticia corrió como relámpago. La gente se emocionó y convirtió un citatorio para ser arrestado discretamente en una confrontación entre el hijo de Malekith y el hijo de Eyrikur.

–Ya escuchamos esas tonterías acerca de que va a exigirle al rey elfo que nos deje estar –dijo Aryante.

–Y también dicen que le exigirá pedir perdón por todos los muertos y quizás, hasta compensación a las familias. –El tono de Tulk era absolutamente escéptico.

–Pobre Svadilfari, debe tener un colapso nervioso –dijo Sindri.

–Y ahora, esos de ahí –señaló a los elfos que trajinaban como hormigas –se están dando a la tarea de conseguirle ropas adecuadas para estar a la altura de la situación, otros han partido a buscarle caballos, espero que no los roben. Nulka se ha puesto a escoger a los más altos, de mejor porte y que sepan esgrimir una espada para formarle una guardia que lo escolte, dado que el imbécil no puede acudir él mismo, como es un criminal buscado en seis de los nueve mundos. Las elfas están confeccionando a toda prisa un vestido para Vanima y revisando que joyas tienen para engalanarla.

–¿Vanima? ¿Ella que pinta en todo esto? –Inquirió Aryante.

–Hace poco Thor en persona le prometió que los elfos oscuros estaríamos a salvo aquí en Asgard. Ella va para recordarle la promesa y quizás igual acude para que Svadilfari se deje ver con una mujer bonita.

–¿Ese saco de huesos?

–¿Querrías ir tú? –Aryante se sobó la barriga, todavía no se le notaba el embarazo. No. Ella no iría, si Thor iba a entregar a Svadilfari, era posible que los que entrasen a palacio con él no volvieran a salir, Aryante no arriesgaría a su hijo no nacido. Tendría que cederle el honor al saco de huesos.

–¿Y Bjarni? ¿Qué dice ella a todo esto? ¿No ha intentado imbuir algo de sensatez?

–Bjarni se ha puesto a recordarle a su hijo la forma en que Hrimthurs se conducía ante los reyes. –Aryante y Sindri por poco y se van para atrás. –Yo es que esas lecciones ya mes las sé, por eso mejor salí a fumar con calma. Hay demasiada gente ahí dentro. El pobre muchacho está atrapado y agobiado. Se dejará vestir como si fuese una muñeca y se dejará escoltar al matadero. Será una ofrenda para el rey elfo. Lo que me preocupa es que con toda la expectativa que hay acerca de él, cuando nuestra gente note que no regresa de Valaskialf, lo exijan de vuelta y se pongan violentos.

–Será nuestro fin –vaticinó Aryante. –Si hay un motín en su ciudad, perderemos el respaldo de Thor y Loki. –Sindri la abrazó.

–Así que este es el último chispazo de nosotros los elfos oscuros de Asgard. Al menos será un final memorable –dijo Tulk.

–¿Cómo puede Bjarni ser tan necia?

–Es que es madre –dijo el anciano. –Sabe de sobra que es posible que mañana pierda a su hijo, sin duda eso le dicta su lado racional. Pero al ver la alegría y la esperanza brotando sin sentido, ha escogido dejarse llevar por esta demencia y cerrar los ojos a la realidad.

Ningún elfo oscuro, excepto los más pequeños, durmió esa noche.

Al día siguiente Svadilfari salió de la posada en que vivía vestido con más lujo que en toda su vida. Llevaba puesta una camisa de cuello alto en color gris, encima una casaca cerrada color vino, pantalones negros y botas a la pantorrilla. Todas eran prendas ajustadas a su medida. El anillo de Malekith brillaba en su mano como nunca. Iba acicalado y no lucía mínimamente asustado. Pero Aryante lo conocía de sobra. Sabía que esa era la cara que ponía cuando fingía ser un capitán hijo de mil putas al que no había que tocarle las narices, cuando en el fondo era un pan.

Vanima surgió en toda su hermosura. Llevaba el cabello negrísimo como ala de cuervo trenzado en hilos de oro. Le habían prestado aretes de perlas y un collar a juego. Iba metida en un vestido de color azul de mangas largas y amplias las cuales estaban bordadas también en color dorado. Seguramente llevaba puestas varias capas de ropa pues no se notaba su escaso peso. Portaba guantes que disimulaban sus manos huesudas. Su rostro había sido coloreado con discreción para disimular sus pómulos marcados y la palidez cerúlea que la caracterizaba.

La guardia de veinte elfos iba vestida, no con uniformidad, pero todos de gris y negro, no llevaban armaduras puestas y portaban espadas desiguales pero pulidas maravillosamente. Inclusive había un estandarte. La serpiente blanca enroscada sobre sí misma y coronada de flores sobre fondo azul marino, el símbolo de Malekith.

–Ahora sí, no la cuenta –murmuró Aryante. Todos montaron menos Svadilfari el cual fue hacia sus tres amigos.

–Cuiden de mi madre –murmuró velozmente para Aryante y Sindri. –Igual requiero un favor.

–Lo que mi príncipe mande –no pude evitar mofarse Aryante. Svadilfari estaba tan nervioso que no le sonrió ni le devolvió la broma. Le tendió un papel a Sindri.

–¿Te ves capaz de hacer llegar este mensaje a alguien antes de que yo arribe a Valaskialf?

–¿A Ari? –Adivinó Sindri, quien a su vez se lo daría a Loki. Svadilfari asintió. –Sí. –Él era capitán de los hired, tenía cierta libertad de movimiento en palacio.

–Tulk, ¿estás listo? –Lo abordó Svadilfari.

–No me vestí para la ocasión –protestó el ingeniero. Le trajeron a toda prisa una casaca y un abrigo. El anciano suspiró. –Sea pues, siempre he estado contigo y con peores situaciones nos las hemos visto. ¿Recuerdas esa vez en Nornheim? –Svadilfari asintió. Un clan bastante brutal había tratado de decomisarles, y por decomisar querían decir robar, su drakar. Hubo un combate sangriento.

Svadilfari se puso en marcha. Lo seguía su guardia. Detrás de él marchaban los elfos oscuros. Iban vestidos como si fuesen a una fiesta. Mostrando los estandartes de sus naves, aquellos que eran navegantes, sus emblemas familiares, sus banderas de gremios. Las mujeres llevaban joyas y desbordaban una muy extraña belleza, varias llevaban en brazos a sus hijos. Había música que complementaba el colorido espectáculo que conformaban. Pues si el rey de los elfos de luz entró a la ciudad dorada en un desfile desbordante ellos no iban a ser menos.

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CONTINUARÁ…