Disclaimer: Ningún personaje de Full Metal Alchemist me pertenece.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. En un segundo intento de N/A, dado que la página enloqueció, borró todo, puso todo en negritas, y no se que otras cosas más, he aquí el capítulo de hoy, que ojalá les guste. Y como siempre, gracias, a todos los lectores por la paciencia. Más aún, muchas gracias a todas las personas que se tomaron y toman la molestia de hacerme llegar su opinión en forma de amable review. Gracias. A: HoneyHawkeye (si, aunque es en el manga donde lo menciona, en el anime creo que cortaron un poquito la escena delante de la tumba de Berthold Hawkeye. O puede que le haya pifiado yo y si lo digan =P), Sangito (de hecho, si tengo un alguito extra para el final, pero no se suponía que nadie lo adivinara =S No es mucho, de todas formas. Y me alegro que tus jefes no hayan descubierto que lees, esperemos que siga así =D), Maii. Hawkeye, Mrs. Darcy95, fandita-eromena (jajaj, tu review me hizo reír. Pero prometo que este es el primer fic en que si hago que Riza se entere de su parentezco con Grumman), Lucia991 (¿no era que no querías pintarlo como Merlin? ¡Quien te entiende! Me alegra que ya no veas a Riza de esa forma. Riza NO es estirada), Alexandra-Ayanami (me alegra mucho que te haya gustado =D), kaoru-sakura (me alegra que te guste. Y es cierto, sin esperanza no somos nada. Y FMA, especialmetne Brotherhood, retrata eso perfectamente, creo yo), inowe, HaruD'Elric, Sunako Jigoku, mariana garcia (no se por qué se me hace que Roy ronca, cuando duerme xD, me alegro que te esté gustando), lizzie kinomoto, Noriko X (ya falta poquito =D), okashira janet, JaqueDickinson, yoake. laberinto, daphne-gabycoco, Evelyn Fiedler, KB 16, Arrimitiluki, loag, MCullenMustang (me alegra que te haya gustado tanto. Si, fue mucho todo en un capítulo =D), Coseth (si, yo también pensé lo mismo de la risa de Grumman y mi hermana lo dice cada vez que puede =P), andy (me alegra que te esté gustando y lo percibas así ¡Y gracias! No se si sea buena o no... pero me gusta. Y es mi sueño escribir algún día un libro. De todas formas, me hace feliz que alguien disfrute lo que escribo), SweetAngel91, laura-eli89 (me alegra que la trama te haya atraído y ¡gracias! pero si siguen diciendo eso van a terminar malcriándome =S) y peqelulu. ¡Nos vemos y besitos!


Momentos prestados, segundos robados


XXVIII

"In crescendo"


Observó la pila de papeles encima del escritorio de su superior con cansancio, y luego la suya. Aquel sería finalmente el último día en que iría al cuartel general por un tiempo, dado que había alcanzado las 38 semanas de embarazo (es decir, los 8 meses y medio) y su estado general no le permitía ya hacer demasiado. De hecho, a duras penas podía maniobrar su propio cuerpo sin sentirse exhausta o sin que la actividad le resultara dificultosa. Además, ya sólo quedaban dos semanas para la fecha estipulada de parto (aunque le habían asegurado que era aproximada y no exacta) y corría el riesgo de que, de adelantarse dos semanas o menos, tendría que lidiar con la situación allí y ciertamente preferiría evitar una situación así. Indudablemente. Por lo que había aceptado, aunque obstinadamente, a que aquel fuera su último día de trabajo. Por lo tanto, quería facilitar todo lo que pudiera a su superior y dejar todo organizado para cuando debiera finalmente ausentarse. Pero ninguno de los hombres presentes le permitía hacer demasiado, y sinceramente no estaba en demasiadas condiciones de objetar tampoco.

En cuanto a la indagación, aún continuaba y durante ese mes habían recibido visitas aleatorias e impredecibles de distintos superiores, a lo largo de todo el día, evaluando su desempeño general y su relación particular. Así como el desempeño general del equipo entero también. Por supuesto, su superior había comprendido perfectamente la magnitud y delicadeza de la situación y había abocado toda su concentración y dedicación a realizar su trabajo (especialmente el burocrático, a pesar de aborrecerlo) como era esperable de un hombre de su rango y posición. Lo que probaba que el resto del tiempo posponía y holgazaneaba por el simple deseo de hacerlo y no por alguna incapacidad –como había dicho en una ocasión- para realizar su papeleo. De todas formas, no habían recibido amonestación alguna o sanción y todo parecía ir con normalidad. Especialmente porque ambos habían cesado la fraternización desde el comienzo de la investigación para asegurarse de no proveer a nadie ninguna razón para quitarlos de en medio de la milicia, y aparentemente dicho esfuerzo estaba resultando fructífero. Aún así, continuaban siendo cuidadosos, considerando que había demasiadas personas esperando que cometieran un error para usarlo en su contra. Especialmente en contra del alquimista de la flama.

En términos personales, por otro lado, no podía decir que fuera tan positivo. Las pesadillas de Ishbal habían regresado, con el vacío en el otro lado de su cama, y eso le estaba dificultando el dormir correctamente (algo que evidentemente necesitaba). Lo que resultaba en la sensación de cansancio que sentía al momento y todo el tiempo. A cada hora. Pero su cuerpo estaba pesado, y voluminoso, y su abdomen cada vez más enorme y sus piernas se hinchaban y ya no resultaba tan placentero el proceso del embarazo como lo había hecho a los cuatro o cinco meses. Se sentía drenada, todo el tiempo, pero al menos la sensación de opresión en el pecho que no le permitía respirar hasta hacía poco, provocaba por estar el bebé demasiado arriba, había disminuido habiéndose la cabeza del bebé encajado en su pelvis. Algo que el médico había confirmado en su última visita, dos días atrás, y que era propio de las madres primerizas como preparación para el parto. Pero, por el lado negativo, ahora le dolía la pelvis. Suspiró, ¿cuánto más tendría que esperar para que todas esas sensaciones se alivianaran? Especulativamente, al menos, dos semanas más. Pero en ocasiones deseaba que fuera un poco antes.

En cuanto al bebé, y estando ya posicionado parcialmente para salir, había dejado de moverse debido a que carecía ahora del espacio para hacerlo. En cierta forma, y debía admitirlo, extrañaba los movimientos y las patadas del bebé como extrañaba los ronquidos y las patadas de su superior en la cama. Eran costumbres y se habían convertido en parte de la rutina que ahora había perdido. Su apartamento parecía vacío.

—Umm... Teniente primera Hawkeye, ¿se encuentra bien? —la amable voz del sargento mayor Fuery la sacó de su estado de ensimismamiento. En ocasiones podía notar de reojo a Havoc, Breda y Fuery observándola. A veces, con preocupación y otras simplemente con ligera o quizá mórbida curiosidad. Roy, por su parte, permanecía la mayor parte del tiempo enfocado en su trabajo, eludiendo deliberadamente interactuar con ella a nivel personal más de lo necesario. Aún así, se aseguraba de tomarse la molestia de llamarla por teléfono durante las noches para cerciorarse de que todo estuviera en orden y de que no necesitara nada. Algo que predecía aumentaría en frecuencia una vez hubiera comenzado con su permiso por maternidad. Y considerando que la fecha próxima al parto se encontraba cerca. Algo que sus subordinados también parecían haber notado.

—Uh... Cierto, Hawkeye. Te ves... demasiado... enorme...

La rubia enarcó una ceja —Apreciaría que no use esos adjetivos, teniente segundo Havoc. Y me encuentro perfectamente —seguro, Riza nunca había sido una persona demasiado pendiente de su cuerpo ni de su peso. Jamás sensible de la temática. No obstante, y considerando que ya no podía casi moverse, suponía que era inevitable que se hubiera tornado ligeramente sensible a adjetivos de esa naturaleza. Rebecca en ocasiones los usaba, y aparentemente Havoc tenía la misma delicadeza y tacto que la mujer con la que mantenía una relación clandestina que era considerablemente obvia para todos salvo ellos dos. Pero Havoc y Rebecca también estaban trasgrediendo reglamentaciones de fraternización, y por ende ninguno hablaba del tema. Al menos imaginaba que no en el cuartel general. De todas maneras, no era asunto suyo.

El teléfono sonó, una y otra vez. Y Roy finalmente atendió, asintiendo aquí y allá de vez en cuando, donde parecía apropiado, y tomando nota sobre un papel cerca de su mano derecha. Sus ojos negros fijos en los garabatos recién trazados —Entiendo. Veré personalmente que eso sea resuelto —volvió a hacer un asentimiento y finalmente cortó. Abriendo el cajón de su escritorio y retirando del interior de éste un par de guantes ignífugos blancos con un círculo de transmutación dibujado en el dorso de cada uno de éstos, el mismo –aunque simplificado- que estaba tatuado en al espalda de ella. Y el mismo que resultaba innecesario ya, habiendo su superior abierto la puerta y visto la Verdad. Aún así, necesitaba esa chispa inicial, pequeña, que él avivaría y modificaría a placer regulando el oxígeno y nitrógeno del aire. Pero los guantes continuaban siendo el método predilecto y más cómodo y práctico para hacerlo. Y por esa razón aún conservaba una buena cantidad de pares de éstos.

Tras colocarse ambos, se puso de pie con ambas palmas contra el escritorio y observó al resto de sus subordinados —Tenemos trabajo que hacer. Hay un grupo de rebeldes ocasionando disturbios y evidentemente no podemos permitir que continúen poniendo en riesgo a los demás ciudadanos. Breda, Fuery, vendrán conmigo. Havoc, asiste a la teniente primera Hawkeye aquí en la oficina.

Los dos primeros se pusieron de pie —Si, señor.

Havoc tiró la cabeza hacia atrás sobre el respaldar de su silla —Cielos... ¡qué aburrido...!

Riza, por su parte, también se puso de pie. Brazos presionados a ambos lados de su cuerpo —General, ¿permiso para hablar libremente?

Roy frunció el entrecejo, aún así, confirió dicha solicitud —Concedido, teniente.

Asintiendo secamente, comenzó —Con todo respeto, general. No necesito del teniente segundo Havoc aquí, y estoy segura que el teniente sería más útil cuidando su espalda —sabiendo perfectamente que Breda actuaría probablemente como intermediario y asesor estratégico del general de brigada y Fuery como apoyo pero difícilmente podría cumplir la tarea de vigilar la espalda de su superior. Havoc, por otro lado, era más diestro con armas de fuego de mayor alcance como un rifle y decididamente podía cumplir con ese deber mejor que el sargento mayor. Además, y por embarazada que estuviera, ella podría lidiar perfectamente con los asuntos de la oficina sin nadie asistiéndola.

Havoc se enderezó con una sonrisa —Estoy de acuerdo con Hawkeye, jefe. Si llega a haber agua involucrada te convertirás en un inútil.

Ignorando el tic de su ceja izquierda a causa de la mención de la palabra "inútil" y el malhumor que oírla le había provocado, asintió. Sabiendo perfectamente que era importante para ella el que alguien cuidara de su espalda mientras ella misma no pudiera hacerlo. Además, no quería desatar otra situación de estrés en su cuerpo. La primera había sido por cuenta de él también, dado que no había considerado el impacto de su decisión y el riesgo que de ésta se desprendía y el impacto que una situación tensa como lo había sido aquella reunión podría tener en el estado de su teniente primera. Ella había afirmado que no debía atribuírselo, pero Roy sabía que debería haber considerado todo antes de cometer un movimiento arriesgado como el que había hecho —Entiendo. Havoc, tú también vendrás.

Riza asintió, una calma expresión suavizada en el rostro —Que tenga mucha suerte, general —no mueras, por favor.

Roy devolvió el seco asentimiento. Si.. No lo haré. Y sin decir más se marchó, seguido de sus tres subordinados y dejando al único miembro femenino de su equipo atrás. No lo negaría, se sentía... desolado... sin ella a su lado, un paso más atrás, cubriendo su espalda y velando por sus mejores intereses así como reprochándole sus conductas más insensatas y peligrosas. Pero desgraciadamente no tenía demasiadas opciones al respecto. Serían unos meses. Eso había dicho ella. Y en esos meses debería conformarse con el teniente segundo Havoc llenando su lugar. Algo que evidentemente nunca lograría, por buen soldado y habilidoso que fuera. No era lo mismo.

—¿Decepcionado, jefe? —sonrió, viendo la expresión de frustración en el rostro de Mustang.

Roy volvió la vista al frente —Cierra la boca, Havoc —no es mi culpa ver a un hombre cuando esperaba ver a una mujer. Bufó. Si, serían sólo unos meses... Y quizá, si continuaba repitiéndoselo a sí mismo, lograría convencerse de que el tiempo pasaría más rápido de esa forma.

Riza, exhalando, miró los papeles en su propio escritorio y tomó asiento, comenzando a trabajar en sus propias obligaciones burocráticas. Una a una, papel a papel. Y cuando terminó lo suyo, se puso cuidadosamente de pie y comenzó a archivar los papeles del escritorio del teniente segundo Breda. Al menos los ya revisados y firmados, mientras separaba los otros cuidadosamente y los apilaba al otro lado del escritorio, dando calmos golpecitos a la pila para emparejar los bordes. No obstante, y tras unos momentos, debió sentarse una vez más por un instante, sólo un instante, para recobrar el aliento y descansar sus pobres pies que debían tolerar el resto del peso de su cuerpo, aprisionados en las botas del uniforme militar. Sus ojos caoba inconscientemente deslizándose al reloj. Ya había pasado una hora desde que se habían marchado, y aún no habían regresado y Riza no podía evitar pensar que probablemente se sentiría más tranquila de ser ella quien estuviera junto a su superior con su rifle en mano. Seguro, confiaba plenamente en las habilidades de Havoc, pero no era lo mismo permanecer al margen de la situación, siendo la que esperaba el informe y esperaba a que sus camaradas estuvieran bien, a estar involucrada activamente. A ser capaz de poder proteger a dichas personas, y especialmente a él.

Aún así, sabía que debía permanecer al margen y eso hizo, intentando distraerse en realizar todo lo que tuviera a su alcance en la oficina. Incluso tomándose el tiempo para asegurarse de que todo estuviera archivado correctamente, en las carpetas correspondientes así como en los archiveros adecuados, y de organizar los escritorios del resto de los ocupantes de la ofician. Desgraciadamente, había un límite de cosas por hacer y cuando ya había terminado de hacer todo, su propio trabajo incluido, decidió distraerse limpiando y dedicándose al mantenimiento de sus armas (aún cuando últimamente no las hubiera usado ni fuera a usarlas, era necesario para evitar que en el futuro se trabaran o fallaran). Por lo que abriendo el cajón de su escritorio, sacó los instrumentos necesarios y los colocó sobre la superficie. Junto a su mano derecha. Y se dispuso a desarmar una de sus dos semiautomáticas. Y luego la otra. Y cuanto estaba finalizando, para su fortuna, la puerta se abrió y su superior, seguido de los tenientes segundos Breda y Havoc y del sargento mayor Fuery, ingresó con expresión de cansancio en el rostro. Evidentemente había sido una redada ardua. Atrás de él, el resto de los hombres ingresó con la misma expresión.

—¿Se encuentra bien, general? —inquirió, al verlo arrastrar los pies hasta su escritorio. Dejándose caer poco grácilmente sobre la silla, tiró la cabeza hacia atrás contra el respaldar.

—Lo estaré cuando pueda ir a mi casa, quitarme este uniforme caluroso y beber un buen vaso de Whisky, teniente —en respuesta, la expresión de ella se suavizó. El general de brigada podía parecer holgazán en términos de burocracia –y en ocasiones lo era- pero ciertamente estaba trabajando duro para alcanzar la cima, mejorar la situación de los ciudadanos de Amestris y reconstruir completamente Ishbal. Y últimamente además se había abocado completamente a ponerse al día con el papeleo también (y desde hacía un mes), debido a la indagación que había recaído sobre ambos. Sin mencionar que también debía solucionar situaciones personalmente como había lidiado con los disturbios ese mismo día, mientras velaba por el bienestar y la seguridad de sus subordinados. Sin mencionar las demás obligaciones que tenían para con la milicia.

Havoc se dejó caer tras su propio escritorio —Cielos... a este paso nos matarán de trabajo. Y yo que tenía una cita hoy... no puedo ni moverme...

Breda asintió también —Sin mencionar que nos perdimos el almuerzo... —su estómago condiciendo con su queja. Fuery, sencillamente permaneció callado e intentando recobrar fuerzas. Mientras que Roy tuvo que abstenerse de decir que al menos Havoc tendría alguien con quien dormir aquella noche, mientras que él tendría que volver a una cama vacía. El Whisky siendo su único confort y motivación para regresar, sin mencionar que no podía esperar a aflojarse los primeros botones de la camisa, quitarse las botas, y permitirse estar por unos segundos. Sólo unos segundos... Pero aún debía terminar con su trabajo.

Enderezándose, estiró la mano para tomar el primer papel pero se sorprendió de ver que la pila había prácticamente desaparecido y en su lugar quedaban sólo dos o tres papeles —Teniente, ¿qué se supone que significa esto?

Riza, que había bajado la mirada para comenzar a leer un libro, la alzó nuevamente en dirección de su superior —Eso es todo lo que necesita su firma, general. El resto sólo requería corroboración y archivado.

—¿Y lo del teniente segundo Havoc, Breda y Fuery? —enarcó una ceja, notando el escritorio de los tres igual de limpio, organizado y desprovisto de papeles que el suyo.

—Ya fue archivado también, general. Así como verificado y enviado a las oficinas correspondientes —bajó la mirada una vez más a su libro. Pero la voz del alquimista de la flama la volvió a distraer de su lectura.

—No deberías estar esforzándote tanto, teniente. No en tu estado.

Riza exhaló, pacientemente —Tenía suficiente tiempo entre manos, general. Y considerando que no puedo serte de utilidad para nada más, me pareció apropiado al menos ser de alguna utilidad aquí —tendría dos semanas más para no hacer nada. Y después el resto de la licencia de maternidad, aunque dudaba tener tanto tiempo entre manos con el bebé ya en el apartamento, tampoco podría ser de utilidad alguna para su superior. Para su ambición. Y la idea era algo que aún le molestaba. Ella había prometido empujarlo hacia arriba, y sinceramente sentía que estaba arrastrándolo hacia abajo con ella. Ahora podía imaginarse parcialmente cómo debía sentirse él cuando era llamado inútil por no ser capaz de encender su alquimia en la lluvia. Resultaba algo frustrante, debía admitir.

Aún así, y aunque habían tomado la determinación de mantener las cosas separadas temporalmente hasta que la averiguación e indagación de ambos fuera cerrada o avanzara hacia un resultado positivo, se vio obligada a aceptar que el general de brigada la llevara a su casa dado que no podía caminar con los tobillos y piernas hinchadas como las tenía. Era más que frustrante, si se consideraba que Riza Hawkeye siempre había sido una persona completamente independiente y capaz y ahora debía depender de su superior para que la transportara en auto tan sólo tres cuadras porque sinceramente se le hacía dificultoso el caminar. Algo con lo que nunca antes había tenido inconvenientes, obviamente.

Suspiró, larga y tendidamente —Lamento resultar en una carga, general. Puedo afirmarle que si pudiera, caminaría por mi cuenta.

Él la observó de reojo, manos en el volante —No sé de que habla, teniente. Nunca la consideré una carga. Además, prometí a tu padre cuidar de ti, y soy un hombre de palabra.

—Aprecio que se haya tomado la molestia de traerme hasta aquí, señor —replicó, virando con cuidado y tomando la manija de la puerta. Por razones obvias de geografía, el viaje de tres cuadras sólo había tomado unos minutos.

Roy sonrió arrogantemente, anticipándose y colocando su propia mano sobre la manija y evitando de esa forma que ella la tomara —¿No recibo una recompensa de ningún tipo, teniente?

Ante esto, frunció el entrecejo —Sabe que no es buena idea, general. Estamos bajo observación por esa exacta razón.

—¿Por un beso? Lo dudo, teniente. Si mal no recuerda, se necesita bastante más que eso para embarazar a alguien.

Riza le dedicó una mirada severa en respuesta —Estoy perfectamente al tanto, general. Así como obviamente lo está usted.

La sonrisa no vaciló —Obviamente —concedió—. Por otra parte, creo que mi demanda es considerablemente razonable, ¿no lo cree, teniente?

Negó calmamente con la cabeza —No desistirá hasta obtener lo que desea, ¿no es así?

—Nos conocemos desde hace demasiado tiempo. Además, soy un hombre determinado cuando la situación lo requiere.

Riza enarcó una ceja —Me parece más apropiado la palabra "obstinado", general. ¿Y acaso un beso lo requiere?

Roy sonrió de lado —Evidentemente, teniente. O si lo prefiere podemos continuar esta discusión toda la noche en el auto.

Negó una vez más para sí, con suavidad, y se inclinó y lo besó muy calma y lentamente. Tomándose su tiempo. Sintiendo las comisuras de los labios de él curvarse satisfechamente ante haber obtenido el resultado exacto que deseaba. Al sentirla apartarse, se apresuró a colapsar rápidamente sus labios con los de ella una vez más, para luego apartarse definitivamente —¿Vio, teniente? No fue tan malo, ¿o sí?

Hawkeye sonrió con calma y se volvió a la puerta una vez más —Sus habilidades se están oxidando, general. Buenas noches —abrió la puerta, pero no descendió.

Mustang torció el gesto —Le propondría entrenar, teniente. Pero estoy seguro que desestimará mi sugestión.

Riza negó con la cabeza y sacó un pie fuera del vehículo —Me temo que si. Buenas noches.

Roy asintió —Buenas noches, teniente. La dejo en buenas manos.

Ante esto, se detuvo y se volteó a verlo, expresión inquisitiva —¿General?

Pero él en vez de aclarar, simplemente colocó una mano abierta en su abultado abdomen —No esperará que deje a mi más valiosa subordinada y habilidosa guardaespaldas sin protección, ¿verdad, teniente? Él o ella se encargará de velar por su bienestar en mi ausencia. Es la tarea que le asigné.

Riza espiró más negó con calma y una pequeña sonrisa sutil —Aprecio la preocupación, general. Pero estaremos bien. Y permítame recordarle que no es su subordinado ó subordinada.

Roy sonrió y se apartó, dándole completo acceso para descender de su auto —Estoy al tanto, teniente. Buenas noches.

Asintió secamente con la cabeza —Si. Que tenga buenas noches, general —y salió del auto, cerrando la puerta tras de sí y caminando hasta el más espacioso apartamento que su superior había rentado para ella varios meses atrás. De reojo, lo vio arrancar y desaparecer al doblar la esquina. Suspiró. Definitivamente sería un período de tiempo largo... Especialmente cuando la mayor parte de su vida la había pasado de pie junto al hombre que acababa de marcharse, vigilándolo y sintiéndose en calma en su presencia. Al menos tenía a Black Hayate para confortarla y hacerle compañía durante el proceso.

Y el proceso fue largo, en efecto. Los siguientes trece días pasaron de forma terriblemente lenta. Con Riza intentando mantenerse ocupada en su apartamento y agotando todos los recursos finalmente para poder hacer. Incluso había preparado todo ya para tener que partir al hospital de emergencia. En definitiva, no tenía demasiado más por hacer. El apartamento estaba limpio y ordenado, e inclusive había lavado y doblado prolijamente la ropa que su superior había dejado allí en las ocasiones en que se había quedado. Por lo que intentando relajarse un poco, decidió tomar una ducha. Los dolores pélvicos no habían disminuido pero el agua tibia lograba dispersarla un poco de las incomodidades del embarazo casi a término que aún estaba llevando. Quitándose la ropa, giró el grifo y se deslizó bajo la lluvia, cerrando los ojos ante el contacto delicado de las gotas sobre su piel desnuda, rostro, hombros y espalda. Tomándose el tiempo para higienizar su cuerpo adecuadamente y permitirse un pequeño momento de placer.

Como soldado, y con su vida siempre en la línea, Hawkeye había aprendido a apreciar los pequeños placeres; como una ducha de agua tibia, una humeante taza de té, una caminata con Black Hayate ó un buen libro; así como había aprendido a apreciar los pequeños momentos robados que podía darse el lujo de retener; como un día libre con Rebecca (por densa con la temática del matrimonio que fuera), un momento relativamente calmo y ameno con su equipo ó dormir enredada con Roy. Eran pequeñas cosas, nimiedades domésticas que muchos daban por sentado. Como el agua caliente y la comida. Pero ella había sobrevivido en el desierto por más tiempo del que quizá hubiera querido entonces. En condiciones precarias y salvaguardando agua para ocasiones especiales. Con el rostro sucio de arena seca. Y tampoco creía que hubiera demasiado más para personas como ellos que esos instantes de domesticidad donde podían pretender ser personas ordinarias por un momento. Así que había aprendido a sacar el mayor provecho cuando las oportunidades para hacerlo se daban.

Cerrando el grifo, tomó una toalla para su cuerpo y otra para su cabello, secándose el primero prontamente y colocándose ropas más cómodas –la camisa durazo holgada con que solía dormir (que no era holgada ya) y el pantalón negro igualmente ancho. Y un par de pantuflas celestes. Estrujándose el largo cabello dorado con calma, se dirigió a la cocina. Sólo para detener los masajes a su cuero cabelludo tras oír un golpe en la puerta y ver a Hayate apresurarse hacia la entrada del apartamento. Bajando la toalla con lentitud, frunció el entrecejo. Eran ya las siete de la tarde, y afuera la luz diurna empezaba a esfumarse lentamente, por lo que no imaginaba quién podría ser, salvo su superior. Y desde que la indagación había comenzado (y aún seguían evaluándolo particularmente a él, porque quitarla de en medio a ella no tenía ningún valor para nadie, obviamente) no se había acercado al apartamento salvo para traerla aquel último día de oficina una semana y media atrás. Así que dudaba que fuera él.

Colocando una mano protectora en su abdomen –de forma inconsciente- y removiendo el seguro del arma que cargaba con ella bajo el pantalón holgado en su zona lumbar, se aproximó a la puerta. La mano antes en su vientre tomando la perilla y girándola lentamente. Al abrirla y ver de quien se trataba, aseguró el arma una vez más y la colocó bajo el elástico de su pantalón nuevamente. Exhaló —Rebecca... eres tú.

La morena, sonriendo, observó la apariencia de su amiga —¿Esperabas a alguien más?

Riza se apartó —De hecho, no.

Rebecca sonrió —Puedo verlo. Lindo atuendo, teniente Hawkeye.

En respuesta, la rubia le dedicó una mirada de severidad, cerrando la puerta tras la morena y observándola caminar hasta la mesa y sentarse en una de las cuatro sillas —Ya me iba a dormir, teniente Catalina.

Observando el reloj, frunció el entrecejo —Son apenas las siete y cuarto de la tarde.

—No estoy en condiciones de hacer mucho, como podrás ver —replicó ácidamente. Y caminó hasta la cocina y puso algo de agua para dos tazas de té. Su espalda estaba matándola también, y desgraciadamente pasaba la mayor parte de su tiempo descansando cuando no durmiendo. De espaldas a su amiga, dijo—. Si me permites preguntar, ¿qué haces aquí, Rebecca?.

La teniente segunda sonrió —Cumplo órdenes de un superior, teniente Hawkeye. ¿Quieres decirme por qué razón el general de brigada Mustang se preocuparía tanto por una subordinada?

Riza exhaló. Ahí estaba, ésta vez ni siquiera se había tomado la molestia de tantearla antes de cuestionarla sobre su superior. Pero esa era Rebecca, cero sutileza y directo al grano —El general de brigada no puede abandonar a nadie. Aún así, era innecesario que vinieras. Como verás, todo se encuentra en orden.

—Eso parece... —musitó.

Riza vertió algo de agua en la primera taza y depositó con cuidado y lentitud la tetera sobre la hornalla apagada, su mano posándose en la curva baja de su abdomen. Su otra mano sirviéndole de apoyo en la encimera. Cerrando los ojos, inhaló profundamente, sintiendo algo constreñirse en su interior y contó. 1, 2, 3, 4, 5... 22 segundos. Y la sensación cesó. Exhalando, abrió los ojos.

Rebecca notó la tensión en los hombros y torció el gesto —¿Te encuentras bien?

—Como dije, estoy perfectamente, teniente Catalina —y tomó la tetera una vez más y vertió el agua con las hebras en la otra taza. Con cuidado, coló ambos brebajes para asegurarse de que las hierbas no se deslizaran al interior de la taza. Depositando ambas en la mesa, ocupó la silla frente a Rebecca. Y dio un sorbo. No obstante, a los 15 minutos, la sensación regresó. Era suave, por lo que suponía no era algo a lo que debiera atender particularmente, pero aún así contabilizó la duración y la tomó en consideración, recordando lo que había leído en el libro que Gracia le había proveído. Cuando éste episodio se repitió a los siguientes diez minutos, con una duración ligeramente mayor y una intensidad igualmente in crescendo, así como acompañada de algo de dolor de modo espasmódico, empezó a tomar seriamente la situación. Sus dedos aferrando su abdomen fuertemente. Su frente comenzando a poblarse de pequeñas gotas de sudor, haciendo que su flequillo se adhiriera a ésta.

Los ojos de Rebecca se abrieron ligeramente —Creo que estás...