ENTRE SUS MANOS
-XXVIII-
Estaba desconcertada por lo que acababa de escuchar. Lo labios de Nathalie continuaban moviéndose, describiendo un sitio terrible lleno de mujeres y vicios. Pero lo que más le sorprendía era el tono casual con el que ella le describía aquel sitio, como si no fuera consciente de su depravación.
—Pero no cualquiera entra a La Viuda Negra. Es un club muy exclusivo, aunque esté en los bajos fondos.
—¿Cómo puede ser un lugar así exclusivo?
—El club es la fachada, lo que realmente exclusivo ahí son las apuestas. No cualquier fulano puede pasar, aunque tenga un manojo de billetes en la mano. Ahí sólo entran altos funcionarios, nobles, gente rica. Tienen las mujeres más hermosas trabajando.
Bulma sintió su garganta seca, como si estuviera llena de arena. Y con temor se atrevió a indagar, temiendo la más nefasta respuesta.
—¿Hay prostitutas?
—Sí, las más finas… Una chica como yo jamás hubiera podido trabajar ahí. Pero… ¿por qué me lo preguntas?
Miró por última vez la invitación que tenía, con los dedos aferrados sobre el papel finamente impreso. Se lo entregó sin mucha ceremonia. Y a pesar de que Nathalie no sabía leer, reconoció de inmediato las letras en el encabezado.
—Es una invitación a ese Club… Parece ser que Vegeta y Raditz tienen algo qué ver con La Viuda Negra.
—¿Crees que el conde sea un apostador?
—Lo dudo, jamás lo vi demostrar interés por algo así. La invitación la encontré en un cuaderno lleno de nombres, posiblemente sean deudores del club.
—¿Será el dueño?
—Eso temo… No puedo creer que Vegeta tenga prostitutas trabajando para él. ¡Es detestable!
—No, Bulma… Las muchachas no trabajan para el club, ellas sólo trabajan ahí. Le sirven al club atrayendo caballeros, pero ellas se quedan con todo lo que ganan. Si hubiera podido elegir, hubiera preferido mil veces trabajar en un club para caballeros y no en el inmundo prostíbulo en el que me encontraste.
La mirada escandalizada de Bulma se tranquilizó, respiró profundamente y aunque la preocupación no la abandonaba, le hacía sentirse ligeramente mejor saber que su futuro esposo no era ningún proxeneta. Pero su intriga había crecido notablemente, ella necesitaba saber lo que realmente estaba pasando.
Al llegar a la residencia de Tarble, el cochero les ayudó con sus maletas y fueron recibidas por un reducido grupo de empleados. Una vez en el fino cuarto de invitados, Bulma continuaba dando vueltas, intrigada por todo lo que rondaba ese club. Nathalie estaba preparando su baño, observando el ir y venir de ella por el dormitorio.
Miró la invitación otra vez, tenía la dirección escrita.
—Tenemos que ir.
—Bulma, ese no es un lugar para alguien como tú, te podrías meter en un gran problema. ¿Qué tal si el conde se entera y cancela el compromiso por tus indiscreciones?
—Oh, Vegeta se va a enterar. Pero no por haberme encontrado ahí, él es quien me debe a mí una explicación. ¿Cómo se atreve a ocultarme algo así?
—¿Y qué pasará si no es el dueño?
—Si no lo es, entonces es un gran apostador o tiene alguna otra relación con el club que no me ha contado. De cualquier forma, eso no cambia nada, tenemos que ir.
—¿Tenemos? —le cuestionó escandalizada, abandonando su sitio junto a la bañera.
—No puedo ir sola, tú conoces mejor que yo esos lugares.
—Si nos encuentran esto va a costarme mi empleo. ¿Qué dirá el conde si sabe que una de sus criadas está llevando de la mano a su prometida a un club de caballeros?
—Él no lo sabrá —contestó acercándose a ella, tomando sus manos—. Y si no vas conmigo, iré sola, pero tengo que ir a ver por mí misma lo que está pasando. Vegeta tuvo más de una oportunidad para darme una explicación y no lo hizo, es porque me oculta algo y tengo que saber qué es a como dé lugar.
Un suspiro cansado abandonó los labios de Nathalie. Luego la miró a los ojos y sonrió débilmente.
—No hay nada que pueda decir para disuadirte, ¿verdad? —Ella negó—. Entonces no tengo más opción.
El rostro de Bulma se llenó de esperanza y la abrazó agradecida. La tomó del brazo y la llevó hasta la puerta, abriéndola ligeramente. Una empleada deambulaba por el lobby.
—No podemos salir por la puerta principal, la residencia no es tan grande como para que no noten nuestra ausencia.
—Tendremos que esperar a que se duerman. Y no podemos ir así vestidas, además… ¿cómo piensas que te dejarán entrar?
Sacó las invitaciones de su bolsillo y las miró otra vez, entonces una idea descarada le cruzó la mente y se sonrió.
—Quizás no dejen entrar a Bulma y a Nathalie, pero dejarán entrar a Ryan Reed y Caleb Lockhart —dijo triunfante, mostrándole las invitaciones—. El cuarto de Tarble está del otro lado. Una vez usé una de sus camisas, él es bastante pequeño… Le devolveremos los trajes al regresar.
—¿Y cómo llegaremos hasta allá?
—Vegeta me dio algo de dinero, encontraremos dónde alquilar un carruaje.
—¿Esto quiere decir que lo haremos ahora? ¿Hoy?
—¡Sí! O no podré dormir en toda la noche y terminaré escupiéndole todo a Vegeta cuando lo vea mañana.
Nathalie se veía reluctante a acceder, pero la mirada decidida de Bulma era suficiente para saber que no tenía más opción. Ambas esperaron a que pasaran unas horas antes de comenzar con la primera parte del plan de Bulma. Cruzaron el pasillo pasada la media noche, caminando con especial delicadeza, incluso controlando el minúsculo sonido de sus respiraciones para no llamar la atención de nadie.
Hurgaron entre los cajones de Tarble hasta que se vieron apropiadamente vestidas, y mientras Bulma ocultaba su corto cabello en un sombrero, Nathalie ataba el suyo como le había visto hacerlo a Raditz.
—Te ves como un hombre muy delicado —le dijo Bulma en un susurro, conteniendo la risa. Le colocó un pequeño sombrero y le sonrió—. No hay hombres tan bonitos.
—Este plan tiene muchos agujeros, Bulma. Vamos a meternos en un gran problema si algo sale más, en especial yo.
—Tonterías, vamos a entrar y salir de ahí sin que nadie note nuestra presencia. Estarás durmiendo en tu cama antes de darte cuenta.
—O de vuelta en el prostíbulo, quién sabe.
En el mismo cuidadoso estilo salieron de la habitación. Se quitaron los zapatos con la esperanza de reducir cada minúsculo sonido que pudieran provocar. Bajaron las escaleras rogando que la madera no chillara bajo sus pies, tan lentamente que parecía una tortura. Al llegar a la planta baja pudieron ver la puerta trasera. Caminaron lentamente escondidas en la penumbra, pero cuando Bulma giró el picaporte se dio cuenta que la puerta estaba cerrada.
—Probablemente la tenga el ama de llaves —le susurró Nathalie.
Bulma miraba de un lado a otro, buscando una solución. Le hizo una seña a su amiga para que la acompañara y se dirigieron a la cocina. Bulma abrió una ventana y le indicó a Nathalie que la atravesara mientras ella la sostenía, pero antes de hacer caso de sus instrucciones tomó un cuchillo de la mesa y lo escondió entre su ropa.
—¿Para qué guardas eso?
—Espero no tener que usarlo, sólo por si acaso.
—Rápido, antes de que alguien se dé cuenta.
La brisa de la calle les acarició el rostro. Bulma miró los alrededores, la calle estaba desértica. No había un alma en el vecindario. Salieron con cuidado por el patio y cuando la luz de la calle las iluminaba, Bulma esbozó una sonrisa triunfante. Nathalie no se veía tan contenta y miraba continuamente por los rincones esperando advertir algún peligro cercano.
Caminaron unas cuantas cuadras hasta que vieron un carruaje y Nathalie le hizo una señal para que se detuviera. Le indicaron la dirección al cochero y él las miró extrañado, sin embargo, se guardó sus comentarios y accedió a llevarlas hasta allí por un módico costo.
Todo estaba saliendo excepcionalmente bien, pensó Bulma sumamente animada una vez dentro del carruaje. Nathalie observaba las calles con desconfianza, recordando bien todo lo que habitaba en la penumbra.
Al llegar al club, Bulma se maravilló con el enorme letrero sobre la entrada. Le pagó al cochero y bajó del carruaje junto con Nathalie. Hurgó en su bolsillo por las invitaciones y dudó por un instante, insegura sobre su disfraz.
En la puerta había un hombre grande y corpulento que la miró a los ojos, intentó ocultar sus facciones bajo su sombrero y le dio las invitaciones al caballero. Él las miró por un instante y luego se las devolvió. Temieron haber sido descubiertas y que no les permitieran pasar, pero el sujeto sin expresión alguna se hizo a un lado y les abrió la puerta.
—Bienvenidos —les dijo antes de dejarlas pasar.
La sorpresa la golpeó al entrar, la entrada del club era ostentosa sin embargo no esperaba encontrar tan opulentas lámparas colgadas desde el techo como arañas doradas. Las paredes de papel tapiz rojo oscuro con grabados dorado, decoradas con grandes cuadros, magnificas piezas artísticas.
Al principio sólo vio mesas con caballeros reunidos y una extensa barra. Del otro lado podía ver un gran escenario con un cortinaje bermellón y un enorme piano negro. Todo parecía extremadamente caro y pulcramente acomodado.
Reconoció varios rostros, caballeros ilustres de la alta sociedad bebían licores caros y reían con rostros congestionados de alcohol. Mujeres exuberantes sentadas en sus regazos, particularmente hermosas, con peinados extravagantes y vestidos coloridos, bebiendo en igual medida que ellos.
El ambiente era más animado de lo que hubiera esperado y se quedó perpleja observando las molduras de mármol de las paredes. Su mirada viajó hasta la escalera y la planta alta, desde la cual se veía una habitación con vidrios oscuros. Estaba segura de que quien estuviera a cargo estaría allí, en ese sitio se podía ver en detalle cada espacio del primer piso.
—Vamos a la barra —le dijo Nathalie en voz baja, consciente de que varias miradas curiosas se habían posado sobre ambas—. Tenemos que mezclarnos con la multitud.
Bulma caminó hasta la barra y se sentó, aún inspeccionado ese extraño lugar que por alguna razón tenía una conexión con el conde. No podía poner su dedo sobre qué era exactamente.
—¿Qué deberíamos pedir? —le cuestionó a su amiga, controlando su tono para que nadie notara lo femenino que era.
—Algo fuerte.
—Coñac —pidió Bulma al bar tender que se había acercado a ella.
Observó el líquido oscuro de su vaso de cristal y miró los ojos desconfiados de su compañera. Se sentía poco protegida por el sombrero que traía puesto, que ahora se veía bastante extraño estando dentro del establecimiento. Sin embargo, sabía que prefería verse fuera de lugar que verse como una mujer.
Nathalie bebió de su vaso con sorprendente naturalidad, como si no le afectara en lo más mínimo el ardor sobre la garganta.
—Caleb… —dijo, intentando disimular—. ¿Dónde está la sala de apuestas?
—Ryan… No lo sé, pero supongo que debe estar en la parte trasera. Sugiero que nos quedemos aquí por un momento para no parecer tan ansiosos por saber lo que hay ahí atrás. Tengo la sensación de que este será el sitio más tranquilo de todo el club.
Nathalie sacó un par de cigarrillos de su bolsillo y luego de darle uno a Bulma, le hizo una seña al muchacho que les había servido para que encendiera sus cigarrillos.
—Espero que nadie note lo baratos que son mis cigarrillos.
—Creo que están demasiado ebrios para darse cuenta —contestó, inhalando de su cigarro—. Estoy segura de que quien esté a cargo está arriba. Seguramente allí encontraré alguna pista que vincule a Vegeta en todo esto.
—Estás loca si crees que vas a llegar allá sin que nadie se dé cuenta.
—¿Y si creamos una distracción?
Nathalie observó el semblante pensativo de Bulma, sabía que detrás de ella había una idea nefasta fraguándose. Algo tan inconcebible que casi se atraganta con el humo se su cigarrillo.
—Que ni se te ocurra, veremos qué hay allá atrás y es todo. Nos vamos.
—¡Vamos! No puedo irme sin saber qué hay detrás de todo esto.
—Habla con tu esposo, maldita sea… No puedo creer que no entiendas lo peligroso que es todo esto.
Frustrada, Bulma frunció el ceño y tomó un ligero trago de su coñac. Tragó con algo de dificultad y comenzó a impacientarse. La piel le picaba de pura curiosidad, clamando por investigar cada rincón desconocido.
—Está bien, pero no aguanto un segundo más. Quiero ver qué hay ahí atrás.
Inmediatamente y sin esperar por una respuesta se puso de pie. Antes de que pudiera escaparse de su vista Nathalie la siguió a través del umbral que separaba el bar el salón. Caminaron por detrás de las mesas llenas de caballeros que esperaban que el espectáculo iniciara. Nathalie chocó contra la espalda de Bulma cuando esta se quedó inmóvil. El telón se había abierto y una muchacha preciosa de cabello rojo había salido para saludar a su público. Los aplausos y silbidos de la multitud no le dejaron escuchar sus palabras, tan sólo pudo ver su brillante sonrisa y la música comenzó.
Nathalie tenía razón, no era parecido al prostíbulo. Los caballeros, aunque ebrios, no se comportaban tan descaradamente como los que había conocido. Las mujeres elegantemente maquilladas y bien vestidas se veían sofisticadas, no demacradas como hubiera esperado.
Un grupo de seis salió detrás del telón para comenzar a actuar una sencilla obra que tenía como objeto disimular el vuelo de sus faldas y los vistazos poco sutiles de sus mulsos y medias de encaje.
Habían bajado las luces, lo que le pareció bastante conveniente como para escabullirse a los salones traseros. La habitación del primer piso tenía vista hacia cada área del club y probablemente también las tendría en las siguientes. Por un momento temió que alguien pudiera estar viéndola del otro lado sin que se diera cuenta. Sentía como si el club tuviera ojos en cada rincón.
Siguió su camino con su amiga detrás de ella y enderezó la espalda, su corazón bombeaba fuerte aún sonoro dentro de su cuerpo a pesar de la música y los jubilosos gritos de los espectadores. Cuando llegó a la tercera área del club, atravesó una puerta de doble hoja que permanecía abierta y se encontró con varias mesas de juego y aún más personas congregadas. Una nube de humo grisáceo de puros y cigarrillos levitaba sobre sus cabezas, vio otra barra aún más grande que la anterior y el triple de empleados.
—¿Feliz? —le susurró Nathalie, pero la basta habitación de juego no hacía más que alimentar su curiosidad.
—¿Deberíamos jugar? —preguntó, casi ignorándola mientras bebía un sorbo del vaso que aún permanecía entre sus manos.
—¿Crees que lo que te dio el Conde cubra lo que apuestan aquí?
Bulma caminó entre las mesas y echó un vistazo a las fichas amontonadas sobre la tela verde, luego miró las cartas en la mano de uno de los participantes y se sorprendió al encontrar la vista del caballero sobre ella.
—¿Qué mier… ¿Estás mirando mis cartas? —Se levantó y arrojó las cartas sobre la mesa en un gesto furibundo.
—¡Por su puesto que…! —soltó exaltada y notó el agudo tono de su voz escapando de sus labios, se tragó y sus palabras y trató de imitar uno más grueso—. ¡Claro que no! Yo sólo pasaba por aquí…
—Perdí tres manos y casualmente tú estás mirando mis cartas —La tomó por el cuello de su camisa y la arrastró, prácticamente levantándola en el aire.
La punta de sus pies apenas tocaba el suelo y pudo ver los rostros de los presentes volteándose a verla con curiosidad. Nathalie jaló al hombre la muñeca, pero era inamovible y cuando pensaba hurgar en su bolsillo para sacar el cuchillo que había robado de la cocina, una voz interrumpió el espectáculo.
La mano de otro hombre se posó sobre la que la sostenía y su agarre se debilitó lentamente. Se sentía temblar debajo de su disfraz como una pequeña hoja en el viento. El caballero ya no la miraba a ella, su mirada enfrentaba al tercero.
—No te preocupes amigo, yo me encargaré de esto. Te aseguro que nuestros crupieres son profesionales y este pequeño no tiene nada qué ver con nosotros. Te dejaré la barra abierta el resto de la noche por este inconveniente.
—Bien… —gruñó antes de soltarla por completo y volvió a sentarse en la mesa con el rostro fruncido. Levantó la mano y pidió el licor más caro de la casa aún frustrado.
Cuando la liberaron, Nathalie se relajó, pero la sensación de tranquilidad fue efímera ya que se esfumó al ver el rostro de quien había intervenido. El hombre era tan alto que Bulma apenas podía ver su traje debajo de su sombrero. Sintió un fuerte agarre sobre su hombro y temió lo que pasaría después. Pero al alzar su rostro a él, la sonrisa de Raditz desapareció.
—¿Tú…? Agh… Maldita sea… —dijo antes de arrastrarlas a ambas hacia la puerta trasera.
Bulma tropezaba, arrastrada por la camisa con intimidante fuerza, pero no tenía palabras para protestar. La habían atrapado. Sintió la brisa nocturna sobre su mejilla cuando Raditz la lanzó a las afueras del club, en un pasillo entre edificios.
—¿Me quieres explicar qué mierda estás haciendo aquí? Y tú, ¿sabes lo que hará Vegeta contigo cuando sepa que eres cómplice de esta estupidez?
Bulma se interpuso rápidamente entre Raditz y Nathalie y alzó el mentón.
—¿Y qué es lo que tienes tú qué ver con este club? ¡Explícame ahora mismo qué tiene Vegeta qué ver en todo esto?
Raditz alzó una ceja al escuchar el demandante tono de Bulma. Se acarició la frente intentando calmarse y ordenar sus pensamientos, temiendo que Nathalie no fuera la única en problemas. Después de todo un par de mujeres se había escabullido exitosamente dentro del club, y tal vez lo peor sería que una de ellas era la prometida de Vegeta.
—¿Cómo…? —comenzó, pero guardó sus palabras—. No, vas a darle esas explicaciones a Vegeta ahora mismo.
Se volteó y vio un par de empleados saliendo por la puerta de la cocina, silbó y llamó su atención.
—Dile a Cabba que prepare un carruaje ahora mismo.
La puerta de entrada retumbó con fuerza en el primer piso. Una y otra vez, con alarmante insistencia. Una empleada cubierta por una bata apareció rápidamente, corriendo por el estar con el rostro contrariado y temeroso por lo que habría detrás de la puerta.
Vegeta se había despertado, siempre había tenido un sueño ligero pero esos golpes hubieran despertado a cualquiera, quizás hasta a los muchachos de los establos.
Escuchó su nombre, alguien lo llamaba del otro lado de la puerta y se levantó rápidamente, sumamente alertado. Al llegar a la escalera y observando junto a la baranda vio el rostro de su empleada, ella lo miró algo perpleja como si pidiera su aprobación para abrir. La voz de Raditz rugió del otro lado y él asintió. Temió por un momento que algo terrible hubiera pasado, algo que tuviera qué ver con Black. Su sangre se heló por un instante que se sintió eterno.
La muchacha abrió la puerta y Raditz entró como una tormenta arrastrando consigo dos pequeños hombres.
—¿Qué es este escándalo? —le cuestionó mientras bajaba las escaleras.
Raditz soltó a Nathalie y puso a Bulma frente a él, cabizbaja, con el rostro oculto bajo su sombrero.
—Adivina a quién encontré merodeando en el club —dijo y le retiró el sombrero bajo el que se ocultaba.
Su inconfundible cabello calló sobre su rostro y ella alzó ligeramente su ofuscada mirada, pero no podía dirigirle la vista, no podía verlo a los ojos.
Incrédulo, Vegeta observó a su prometida y luego a Raditz, reconoció a Nathalie de inmediato.
—Me encargaré de ella después —dijo, refiriéndose a su empleada—. A mi oficina, ahora —rugió, tomándola por un brazo.
—No sabes en el problema en el que te metiste —le murmuró Raditz a Nathalie luego de ver a Vegeta marcharse.
Bulma podía sentir la furia de Vegeta incrementarse a cada segundo, el agarre inclemente sobre su brazo y la fuerza de sus pasos la hicieron temblar por un instante. La metió a la oficina y cerró la puerta con fuerza. La miró, examinó su ropa y no supo exactamente cómo se sentía.
—Explícame ahora mismo de qué se trata todo esto. ¿Qué haces vestida así? ¿Acaso no te das cuenta de que…
—Tal vez si me dijeras en qué diablos estás metido nada de esto hubiera pasado.
—¿Ahora es mi culpa? ¿De qué mierda estás hablando?
—¡Quiero saber en qué negocios estás metido! Tuviste muchas oportunidades para explicarme qué hace Raditz para ti. ¿Cómo es que él tan casualmente te ayudó a resolver todo lo de Bl…
Vegeta le cubrió los labios rápidamente, tomándola por la cintura antes de que se atreviera a continuar.
—¿Acaso quieres gritarlo hasta que te escuchen en la comisaría? —le murmuró furioso y la soltó—. Tú no necesitas saberlo.
—Lo que yo necesite o no, no lo determinas tú, Vegeta. ¿Cómo puedo casarme contigo si no eres sincero conmigo?
—¿Qué más quieres que haga que no haya hecho ya? ¿Qué locura me falta tachar de tu lista para que estés satisfecha? ¡Maldita sea!
—¡No estoy pidiendo nada del otro mundo! Vi el bolso con dinero, vi el libro con todos esos nombres, ¡las invitaciones!
El conde la observó, más incrédulo que antes.
—Entonces, ¿así es como entraste? ¿Escudriñaste entre mis cosas?
—¡No lo hubiera hecho si simplemente me hubieras dicho la verdad! Quiero saber exactamente qué relación guardan ustedes dos con ese club y quiero saberlo ahora mismo.
—No creo que estés en posición de demandarme nada.
—Voy a ser tu maldita esposa, ¡estoy en posición de demandarte la verdad!
Lo observó maldecir internamente, apretar los puños, girarse en su sitio y acariciarse la frente. Estaba luchando por permanecer tranquilo, tenía las mejillas acaloradas de impotencia, las venas de su frente palpitaban con fuerza.
—¿Cómo se te ocurre…? —comenzó en un tono ligeramente menos brusco—. ¿Tienes idea de la hora que es? ¿Sabes qué hubiera pasado si alguien se hubiera dado cuenta de que había un par de mujeres en el club, vestidas como hombres? ¿Cómo carajo llegaste hasta allá? ¿Te escabulliste de… Maldita sea…
Vegeta sabía que no había fuerza humana que pudiera detener el huracán que era Bulma, lo había aprendido en tantas ocasiones que se preguntó si realmente debía estar sorprendido por lo que había pasado. La miró de reojo y por su mente pasaron imágenes terribles, todos los males que había en la calle buscando presas sencillas como ella, todas las atrocidades que habitaban en la oscuridad alimentadas de drogas y alcohol.
—Eres imposible —le dijo el Conde, mirándola con desde y furia contenida.
Bulma se cruzó de brazos, ya no estaba tan molesta después de todo e incluso sentía algo de pena por lo que había hecho.
—Por favor, no te desquites con Nathalie por esto. Ella sólo quería protegerme, sabía que yo iría al club con o sin ella.
—No me importa lo que ella haya creído, jamás debió permitirte hacer esta estupidez.
—¿Y crees que yo, entre todas las personas, necesito el permiso de alguien para hacer algo?
Vegeta sacudió la cabeza, ni siquiera él podía impedirle algo sin que lograra la forma de hacerlo realidad.
—Siéntate…
Lo observó caminando hasta su escritorio y sentarse pesadamente, se veía frustrado y sumamente cansado. Le hizo un gesto con la mano, impacientándose y ella finalmente accedió.
—Cuando mi abuelo falleció, me dejó una pequeña fortuna en su testamento… En ese momento mi padre no hacía más que recriminarme lo impropio que era, insistió con toda esa tontería del heredero y… Sólo tenía ganas de fastidiarlo. Cuando cumplí veintiuno compré La Viuda Negra, estaba en la banca rota y me lo vendieron por migajas… Bueno, no fui yo quien lo compró. Le di el dinero a Raditz y financié la remodelación, técnicamente él es el dueño del club. Mi padre estaba indignado —comentó y el recuerdo lo hizo sonreír ligeramente. Apoyó su rostro sobre su mano, mirando hacia la ventana como su buscara en su memoria—. Raditz había pasado mucho tiempo en los bajos fondos y lentamente lo hizo crecer, yo ni siquiera lo frecuento… De vez en cuando le pido los libros a Raditz, él se encarga de los morosos y de buscar empleados. Es bastante bueno en lo que hace y me trae un ingreso seguro. Le paga a la policía para que lo molesten y de hacerlo, mi nombre no figura en ninguna parte. Raditz tiene su propio contador que se encarga de dibujar los números mes a mes… Le pedí que trajera todo ya que, como sabes… El tiempo se está terminando y necesito saber con cuánto cuento para cuando el plazo del testamento se cumpla. Voy a usar ese dinero para invertir en la propiedad que me dejó mi abuelo…
Bulma escuchó su relato con atención y poco a poco su curiosidad se apagó. Todo tenía sentido y se encontró sumamente pensativa. Vegeta realmente estaba preocupado por lo que pasaría cumplido el plazo y temía no haber ayudado en nada. Al contrario, había logrado empeorar su humor a pesar de que ahora se veía considerablemente más calmado.
—¿Satisfecha?
—Entonces estás totalmente seguro de que no podremos cumplir con el plazo, ¿verdad?
—Es una lotería de la que no quiero participar. No puedo confiarme en que ahora mismo estés esperando un niño, sería una estupidez de mi parte.
—¿Y Raditz está dispuesto a entregarte todo ese dinero? ¿Jamás pensaste que podría marcharse y no dejarte nada? Si legalmente no puedes hacer nada…
—Lo pensé al principio, cuando no me preocupaba en absoluto lo que pasara con ese club. Pero él parece estar satisfecho con nuestro acuerdo, él invierte en el club a su antojo y contrata a quien quiera. Les ha dado trabajo a sus amigas, sacándolas de los prostíbulos más desagradables de la ciudad y a los muchachos pobres de su vecindario. Supongo que sabe que nada de eso sería posible sin la inversión inicial. No es de tipo que muerde la mano que lo alimenta, al menos por ahora.
—Básicamente todo el dinero con el que contaremos será el de La Viuda Negra…
—Básicamente…
Una idea atrevida cruzó por la mente vivaz de Bulma. Vegeta lo supo al notar su expresión pensativa. Ella se cruzó de brazos y se acarició el mentón, deambulando mentalmente en un plan tan terrible que parecía una locura, pero que al mismo tiempo le parecía una genialidad.
—Dijiste que todas las inversiones que hagas con el dinero del testamento irían directamente a Nappa, cuando se cumpla el plazo…
—Sí… —respondió ligeramente intrigado.
—Pero los gastos que hagas, que no sean considerados inversiones sólo dilapidarían la fortuna, antes de llegar a sus manos… —Su mirada celeste y atrevida se cruzó con la oscura de él. Una idea se impregnó en el aire y pareció entrar en la mente del conde, como una conexión silenciosa.
—Si estoy pensando lo mismo que tú… Es una locura.
—Lo es —dijo ella con entusiasmo y se inclinó sobre el escritorio—. Si realmente confías en Raditz y nadie sabe que tienes una conexión con La Viuda Negra, nadie sospechará si vas al club y apuestas terribles cantidades de dinero. ¡Lo vi esta noche! Despilfarran dinero sin pensarlo demasiado, sería perfecto… Ese dinero saldría directo de tu cuenta bancaria a la de La Viuda Negra y luego…
—Directamente de vuelta hasta mis manos… Y Nappa recibiría un condado totalmente sumergido en la ruina —Vegeta sonrió con terrible malicia, saboreando en su mente el retorcido plan de su futura esposa.
Su pecho se infló de emoción por el macabro plan que se había fraguado en esa oficina. La miró con complicidad y encontró su rostro emocionado y satisfecho. La pequeña y malévola genio que tenía frente a él le pareció increíblemente encantadora, y de no haber estado tan furioso con ella por su imprudencia, la hubiera hecho suya otra vez sobre ese mismo escritorio. La deseaba tanto que apenas podía creerlo.
Deambuló en la idea, reclinado sobre su asiento, imaginando posibilidades y haciendo crecer su plan.
—La boda tampoco sería una inversión… Si realmente vamos a hacer esto podemos hacerlo en grande —le dijo, ladeando una sonrisa.
—¿Hablas en serio?
—No podré invertir en tu invento, eso será un poco más complicado…
—Tendremos que contar exclusivamente de inversionistas. Tal vez sería demasiado sospechoso que La Viuda Negra invierta…
—Si Raditz lo hace tal vez no sería tan sospechoso… Sé que ha estado guardando dinero, es demasiado modesto para lo que le pago.
—¿Crees que lo haría?
—Raditz pondría sus dientes sobre cualquier cosa que le deje dinero.
Bulma se levantó victoriosa de su asiento, entusiasmada por su terrible plan. Pero Vegeta frunció el ceño de inmediato.
—No creas que nuestra conversación ha terminado. Esta noche has cometido una terrible imprudencia… No tienes idea de las ganas que tengo de… disciplinarte.
—Te aseguro que no estuve en peligro en ningún momento.
—Bulma, ¿tengo que recordarte que alguien cortó las riendas de mi caballo en la competencia ecuestre? No iba a permitirte que te fueras de la mansión sin un escolta, pero supuse que estarías bien por una noche. Jamás me imaginé que no podría dormir ni una noche en paz sin que cometieras una locura. Esta noche vas a quedarte aquí, y no hay nada que puedas decirme que me haga desistir. Nada.
—¿Crees que yo también estaría en peligro?
—Vas a casarte conmigo, si Nappa fue el responsable e intentaba matarme para quedarse con el condado, entonces tú eres su peor amenaza. En su mente eres lo único entre él y mi herencia.
—No lo había pensado de esa manera…
—No lo pensaste en absoluto, de lo contrario no habrías hecho esta estupidez. ¿Tienes idea de las atrocidades que suceden en los bajos fondos? Bah… Cómo lo sabrías, has estado mimada toda tu vida, encerrada en tu mansión y paseándote entre estúpidos bailes, no tienes la más mínima idea de lo que podrían hacerte en un callejón oscuro.
—¿Está preocupado por mí, mi querido conde?
Vegeta roló los ojos, incapaz de admitir que de hecho sí lo estaba. Era imposible detallarle las ideas nefastas que lo inundaban y la sensación terrible que se hacía sobre su pecho de sólo imaginar.
Bulma caminó hasta él y en un intento de apaciguar su furia, se sentó sobre su regazo y rodeó su cuello. Acarició suavemente el cabello de su nuca y logró erizarle la piel.
—Te prometo que no lo volveré a hacer… —le dijo en un hipnótico y dulce tono.
Vegeta posó su mano sobre su esbelta cintura y observó la camisa que traía puesta y sus pantalones.
—¿Robaste la ropa de Tarble? —le cuestionó en un tono discretamente divertido.
—Por favor no se lo digas.
—¿Decirle a mi pequeño y petulante hermano que mi esposa se escapó para ir a un club en los bajos fondos, luego de haberle robado? No… Ya suficiente tiene para recriminarme.
—¿Tu esposa? Aún no tengo un anillo en mi mano.
—Elije el más grande y costoso que encuentres, los regalos no son una inversión.
Incapaz de contenerse, se acercó a él y lo besó suavemente en los labios. Hasta el momento no se había dado cuenta de lo mucho que extrañaba esa sensación cosquilleante sobre su piel. El hormigueo de la sangre recorriéndola cuando su corazón bombeaba con fuerza.
Sintió la mano del conde merodeando sobre la tela de sus pantalones hasta encontrar su piel bajo la tela de su camisa.
—No es muy atractivo, pero es más fácil deshacerme de estos pantalones… —le murmuró, aprovechando el escaso momento en el que sus labios se separaron.
—No te atrevas… —contestó sonriendo débilmente—. Dijimos que no lo haríamos hasta la boda.
—¿Y realmente estás tan segura de poder cumplir ese voto de celibato?
Su nariz acarició la mejilla de su prometida, vagando por la línea de su mentón hasta su blanco cuello y depositó sobre ella un suave y tranquilo beso.
—No si sigues haciendo eso…
—¿Esto? —cuestionó mientras volvía a besarla con suavidad.
Bulma suspiró débilmente, incapaz de ponerse de pie y abandonar su cálido regazo. Sintió la mano del conde desabotonando su camisa calmadamente, arrastrando su cuerpo con su otra mano para apoyarla sobre su pecho.
Se había quedado sin objeciones cuando él metió una mano dentro de su camisa y tocó su pecho desnudo, apretando la piel suave de sus senos, jugando con su pulgar, trazando círculos y acelerándole el pulso.
—Vegeta… —suspiró antes de soltar un ligero gemido.
Él descuidó la tarea que realizaba sobre su cuello y alzó el mentón para mirarla a los ojos. Su expresión calmada y divertida se sentía como la perdición y le quitaba la poca fuerza que tenía para negársele.
—¿Una última vez?...
El sonido ronco de su voz le erizó la piel y aunque estaba segura de su convicción por mantener vigente su promesa, su cuerpo la traicionó y lo besó en los labios. Tomó su rostro entre sus manos y una repentina desesperación la consumió. Necesitaba tenerlo una vez más. Vegeta tenía razón, algo en ella había despertado que le prendía la piel en un simple instante y con el más simple roce.
Se meneó sobre sus caderas y las manos del conde viajaron al pantalón que traía puesto rápidamente. Desabotonando desesperadamente con la ayuda de las atolondradas manos de su mujer.
Bulma se reclinó sobre el escritorio cuando él se deshizo de sus pantalones. Sentada sobre el conde sintió sus manos recorriendo su lugar más privado.
—Ya estás lista… —le dijo al sentir su humedad, satisfecho por lo sencillo que había sido dejarla en ese estado.
Ella se ruborizó algo indignada por la natural respuesta de su propio cuerpo y se dejó caer sobre el pecho de su prometido, juntando su figura sobre la suya para sentirlo a la perfección. Lo miró por sobre el hombro y se sonrió mientras movía sugerentemente sus caderas.
—Tú también…
Vegeta soltó un bufido y se dejó caer sobre su asiento, ella tenía razón, y tenía que tenerla en ese mismo instante.
Bajo la espalda de Bulma él se apresuró a retirarse la ropa de cama que aún traía puesta y liberó su erección. Arrastró su menudo cuerpo sobre su pecho y la ayudó a acomodar, desesperado por sentirla otra vez.
Ella gimió suavemente, el conde se sentía embriagado de deseo, su pecho bombeaba con fuerza, su corazón latía fuerte sobre todo su cuerpo y especialmente entre sus piernas.
Cerró los ojos cuando finalmente la sintió sentarse en él, lenta y tortuosamente, pero él no podía tenerla con tanta calma, no se sentía con deseos de hacerle el amor tiernamente. Rodeó su pecho con una mano y apretó sus senos hasta que la escuchó gemir con fuerza, entrando en ella impaciente por llenarla de él.
—¿Vas a seguir desobedeciéndome? —le murmuró al oído con leve dificultad, respirando con fuerza un aire cálido sobre su oído.
—Tal vez… —respondió entre gemidos, aprisionada entre los brazos del conde y esa declaración sólo sirvió para incitarlo más.
—Me vuelves loco…
Sumergido entre los gemidos de placer de Bulma, observó su expresión rosa y congestionada retorciéndose sobre su pecho. Repentinamente se puso de pie con ella y arrojó todas las cosas que había sobre el escritorio. Un tintero cayó al suelo y manchó de tinta negra el escritorio, pero poco afecto los planes que el conde tenía para ella. La giró destreza y la tomó de las caderas para subirla a la mesa. Le quitó con urgencia los pantalones que traía por las rodillas y le separó las piernas para unirse a ella en un beso intenso y desesperado. Acariciando su lengua hambriento y embriagado.
Bulma hundió sus uñas en su cabello, empujando su rostro contra el de ella para que no dejara de besarla, mientras que con su otra mano intentaba mantener levemente el equilibrio sobre la mesa.
Vegeta no tardó en penetrarla otra vez, agarrándola con fuerza, hundiendo sus manos en la suave piel de su trasero. Rugiendo sus gemidos al sentir la textura de su intimidad húmeda unida a la de él. Rápido y con fuerza, sintiendo plácidamente su cuerpo palpitante apretándose contra él. Con su nombre entre gemidos resonando sobre sus oídos.
Jamás la había tomado con tanta fuerza, con tal deseo mezclado con impotencia. Con tanto deseo de subyugarla, aunque sólo fuera allí, en el acto más íntimo. Con la satisfacción de saberla cada vez más mojada y deseosa de su disciplina.
Bulma dejó caer su espalda contra la mesa y dejó su cuerpo a la entera disposición del conde. Su expresión familiar le dejó saber que faltaba poco para terminara con ella, pero Vegeta no podía terminar sin verla retorcerse de placer y abandonó con una mano su cadera para tocarla allí, en el sitio exacto que la hacía delirar. Pero antes de hacerlo y para el asombro de Bulma, abrió los labios y se humedeció los dedos con la lengua para humedecerla aún más de lo que ya estaba.
Ella observó ese acto nefasto y su pudor creció un por un instante, justo antes de comprobar el delicioso tacto de sus dedos sobre su hinchada intimidad. No podía evitarlo, le encantaban sus malévolas ideas.
Extasiado, la observó retorcerse sobre la mesa, arqueando la espalda hasta que sus senos se asomaron sobre su camisa desabotonada. No sabía qué le excitaba más, sentirse dentro de ella o verla contorsionarse a costa de sus propias manos. Pero no tuvo tiempo para encontrar una respuesta cuando sintió las piernas de Bulma endurecerse en torno a su cintura y la penetró con fuerza hasta derramarse dentro de ella.
Descansó su frente sobre su esbelto abdomen, su sudor mezclándose con el de ella. Respirando con dificultad, sintiendo el vaivén acelerado de su pecho y el temblor posterior de sus piernas derrotadas. Parecía increíble lo mucho que la seguía deseando después de haberla tenido, jamás había sentido tal atracción por ninguna otra mujer. Jamás lo habían hecho sentir tan contrariado, nunca lo habían irritado en tal medida tampoco. Sólo ella tenía ese poder sobre su cuerpo.
Se levantó cansado y ella lo besó dulcemente, sentándose nuevamente sobre la mesa. Con tal ternura que jamás le había permitido a alguien más.
Levantó sus pantalones mientras Bulma cerraba su camisa y la miró de nuevo, vestida en la ropa de su hermano. Sintió su palma húmeda de tinta negra y una idea cruzó su mente con malicia.
Apoyó sus dedos sobre su mentón y la acarició. Bulma sonrió con inocencia, sin poder notar sus verdaderas intenciones, creyendo que el conde sólo estaba teniendo un dulce gesto hacia ella. Tocó su mentón y luego paseó su pulgar sobre el labio de Bulma, lo que le pareció algo extraño.
—Listo, tu disfraz es más convincente ahora.
Ella frunció el ceño sin entender por completo a qué se refería, pero cuando retiró su mano de su rostro sintió una fría humedad en su barbilla. Se pudo de pie y tomó una copa de bronce que yacía sobre un estante y miró su deformado reflejo. Vegeta le había dibujado un bigote y una barba desprolija con tinta.
—¡Qué hiciste!
—Es lo mínimo que te mereces después de lo que hiciste hoy. Quizás así se te quiten las ganas de salir a hurtadillas de la mansión.
Después de vestirse, ambos volvieron al estar en el que los esperaban Raditz y Nathalie. Él no había tardado en hacer uso del bar del conde y esperaba impaciente mientras paseaba de un lado al otro. Nathalie estaba sentada de brazos cruzados, temiendo ser prontamente despedida.
—Tú —le dijo el conde—, ve a la residencia de empleados, hablaremos por la mañana.
—Sí, mi Señor —respondió educadamente antes de retirarse, no sin dirigirle una mirada preocupada a Bulma y extrañarse por las manchas en su rostro.
Bulma movió sus labios, "No te preocupes", le dijo sin hacer ruido a espaldas de Vegeta. Para cuando Nathalie se retiró Raditz esperaba notablemente molesto por hablar con su empleador.
—¿Y cómo es que dos mujeres pudieron entrar tan fácilmente al club?
Él pensó su respuesta, realmente no sabía cómo se le habían escurrido de entre las manos a su personal de seguridad.
—Más bien deberías estar agradecido de que las encontré cuando lo hice, sino tu esposa iría al altar con un ojo morado… Como mínimo.
Vegeta alzó una ceja y se volteó a ella. Bulma se estremeció con su gesto furioso.
—¿No dijiste que no habías estado en peligro en ningún momento?
—Lo teníamos todo bajo control.
—¿Bajo control? —se rio Raditz—. Ese sujeto te hubiera roto el cuello como una rama seca.
Vegeta volvió a verla con el ceño notablemente fruncido.
—Ve a la habitación, quiero hablar a solas con Raditz.
—¡Pero!
—Ahora —sentenció conteniendo su tono.
Bulma sabía que no podía discutir nuevamente con él, y aunque estaba molesta se guardó las palabras y se giró a regañadientes para esperar a Vegeta en su cuarto.
Una vez solos, el conde se sentó. Estaba notablemente fastidiado por lo que acababa de oír, pero tenía que tener esa conversación con Raditz para tener todo solucionado para el día siguiente.
En el primer piso, Bulma no sabía si debía esperarlo deambulando por el cuarto o meterse en la cama con la esperanza de apaciguar su furia.
Su conversación fue larga, el tiempo se le hacía interminable. Tenía que solucionar el problema en el que había metido a Nathalie, no había forma de que le permitiera a Vegeta despedirla por su culpa. Había pasado casi una hora cuando escuchó sus pasos aproximarse por el pasillo.
Ella ya se había acostado y apagado las luces, y cuando la perilla de la puerta rechinó creyó que tal vez podía postergar sus reproches si se hacía la dormida. Él se quedó parado junto al marco de la puerta por un instante, observándola, y luego se metió a la cama junto a ella.
—No me engañas, mujer. Roncas cuando duermes.
Bulma se removió entre las sábanas y se giró a él con el ceño fruncido. Él no estaba feliz.
—Jamás vuelvas a hacer algo así. Si quieres saber algo sobre mí o lo que hago, hablaremos. Eres demasiado imprudente e ingenua como para entender realmente lo que pasa de ese lado de la ciudad.
—Y tú deja de ocultarme cosas.
—¿Quieres mis malditos extractos bancarios también? ¿La lista de morosos del Club?
—Sabes a qué me refiero, Vegeta —contestó, girándose otra vez para no verlo—. Y que ni se te ocurra despedir a Nathalie.
—Lo que hizo no puede quedar impune.
—Yo la obligué, ella sólo me acompañó en el caso de que todo saliera mal.
—Es inaceptable.
—¿Preferías que me fuera sola?
—Si se hubieras tenido la audacia de escaparte sola, ella debía advertir al personal de tus intenciones. No es excusa. Mañana voy a despedirla, es más debería hacerlo ahora mismo.
—¿Vas a dejarla pasar la noche en la calle? —cuestionó escandalizada.
—Dudo que sea la primera vez que lo haga.
La mirada preocupada de Bulma se enfrentó a la severa del conde. Se sentó sobre la cama dejando a un lado las cobijas y se inclinó hacia él.
—¡No puedes! Es mi culpa, yo soy completamente responsable de todo. Lo siento… No podía dormir tranquila sin saber qué estaba pasando —Estaba tan angustiada que, sin darse cuenta, sus ojos se habían cristalizado. Aún bajo la estela nocturna, Vegeta pudo ver las lágrimas acumulándose sobre su mirada—. Estaba preocupada, temía que me estuvieras ocultando algo terrible y no pude contenerme —sus palabras comenzaron a sonar torpes y atropelladas, desesperada por encontrar una manera de excusar su imprudencia—. Por favor, Vegeta… Haré lo que sea, pero por favor no la despidas… Es mi culpa, todo fue mi culpa ella no…
El conde observó incómodo su expresión angustiada y no supo exactamente qué debía hacer cuando la primera lágrima se escurrió sobre su mejilla. No sabía qué hacer con sus propias manos y le alteraba la forma en la que continuaba hablando sin parar con sus palabras cada vez más temblorosas.
—¡Está bien! ¡Sólo deja de llorar! —dijo sosteniéndola por los hombros.
Esperanzada, lo miró a los ojos y sonrió ampliamente. Se lanzó sobre él y lo abrazó. Él se quedó inerte y sintió leves sollozos y agradecimientos húmedos sobre su oreja. La rodeó apenas, torpemente, tocando su espalda. Luego ella lo soltó y lo besó, manchando su rostro con la misma tinta con la que le había dibujado un bigote. Toda la escena le había resultado particularmente extraña.
Ella volvió a sentarse sobre la cama y se limpió el rostro, ahora con una expresión más feliz.
—¿Ahora podemos dormir? —cuestionó cansado de lidiar con esa situación.
Bulma asintió y volvió a acomodarse entre las sábanas. Vegeta se acostó a su lado y la rodeó con su brazo.
—Pero le descontaré una semana de sueldo.
—Cinco días.
—Ocho.
—Dos.
—Quince.
—Buenas noches, Vegeta.
En la mañana se encontraron en el baño, ambos intentando quitarse la tinta del costro hasta que sus barbillas estaban rojas por la fricción. Bulma volvió a ponerse la ropa de Tarble, aunque Vegeta había insistido en traerle otro vestido.
—Prefiero que no me vean salir de aquí como Bulma, ahora tendrás que cortejarme como un caballero haría. Espero que no hayas hecho planes porque me llevarás a pasear por el parque.
—Te estás volviendo demasiado pretenciosa.
—No, tú estás mal acostumbrado. Es como debería haber sido desde un principio y lo sabes.
—Es una estupidez.
—No me importa, quiero hacerlo.
El conde la ignoró y poco después pidió un carruaje para que ella pudiera volver a la residencia de Tarble. Sin embargo, al estar listo no le permitió salir, aduciendo que debían esperar por alguien antes de que pudiera partir. Para cuando la puerta sonó Vegeta se apresuró a abrir, esperando encontrar a alguien más, observó extrañado a la mujer que tenía en frente. Otro caballero pequeño miraba de reojo la mansión mientras esperaba por ella.
—Disculpe, Señor. ¿Aquí se encuentra Bulma Briefs?
No había escuchado su voz en años, sin embargo, la reconoció en su primer saludo y se puso de pie incrédula. Los ojos oscuros de su hermana se encontraron con los de ella.
—¡Tights!
Continuará...
N/A: ¡Tanto tiempo! Me tomé una licencia, perdonen si estuvo algo corto este capítulo. Tenía ganas de hacerlo el doble de extenso pero me pareció bien dejar la otra parte de este mini arco para el siguiente capítulo, y de paso no dejarlas solas tanto tiempo. Ya las echaba de menos. Me hicieron muy felices con todos sus comentarios, no saben cuán agradecida estoy por ustedes, son maravillosas, aprecio mucho que se queden a comentar.
Gracias especialmente a Aye, Psicomari, Georgina G. Miller, Prla16, Cordovezza, Veros, Lizzy Gerry, Pau Brief-LOVE-Vegeta, Ashril, Sofiavegebul90, ziari27, soandrea, Flopo89, AmaranteRose, paulayjoaqui, GUEST, Princess Narin, Dekillerraven, Natalia Romanoff, Nuria-db, Lyss Getta y Calay.
Lyss Getta: No estoy segura de si hubieron muchos acotencimientos en este capítulo pero espero que igual te haya gustado.
Nuria-db: Amo a mi Nathasha Romanoff, esperando con muchas ganas su película en solitario!
Dekillerraven: Cuando leo que me felicitas por publicar rápido después me tardo dos semanas en el siguiente me da mucha pena jajaja En el próximo capítulo nos vamos a meter más en el club, ahora que Bulma le metió la idea de apostar a Vegeta para meterse esa plata en negro al bolsillo. A veces me dan ganas de tener una habitación llena de monos para que se pongan a escribir todo eso jaajja No sé si el capítulo habrá estado "dramatico", creo que ambos están un poco más relajados que antes, el Vegeta del capítulo 13 la hubiera matado jajaja No sé si estoy llegando al final o si estoy en el medio, quizás me da la sensación de que estamos terminando porque son unos 6 eventos importantes los que faltan para el final, pero como siempre o me extiendo de más o termino dividiendo un capítulo en dos y así sigo infinitamente.
Princess Narin: Espero que hayas disfrutado el amor y la felicidad de este capítulo también, tenía ganas de verlos felices antes de arruinarles la vida de nuevo.Y sí, vivir con un hombre sin estar casada era terrible para una mujer reconocida socialmente, seguramente se reirán de ella en reuniones y cosas así, POR AHORA. *guiño* *guiño*
GUEST: Hola asidua lectora de vxb, por favor dejame un nombre para saber cómo llamarte, guest es muy impersonal jajaja Gracias por tus felicitaciones en mi historia, y sí, Vegeta no tenía complejos de genocida en esta versión jajaja Me sorprende que pudieras leer todo en dos días, yo hubiera muerto en el intento, no sé cuántas palabras llevo pero más que los libros que me toman una semana seguramente. Y sí, afortunadamente tengo muchos ánimos de seguir contando esta historia y aunque me tome un poco más de tiempo a veces, otro poco menos otras, siempre estoy actualizando. Espero que me acompañes hasta el final, ¡gracias por tu review!
paulayjoaqui: Gracias dobles, por pasarte por acá y por mi fic de mlb, allá no me llegan nada de comentarios jajajaja Por suerte lo hago más por ganas de escribir que por retroalimentación. Yo tampoco me hubiera ido pero el ego de Bulma está un poco herido por los comentarios que rondan sobre ella, por lo menos así los puedo escribir saliendo en una cita jajaja
AmaranteRose: A Bulma ya se le pasaron a caer los calzones con una noche más con Vegeta, no sé si volverán a caer o no. No se suponía que pasara en este capítulo pero yo sentía a Vegeta pidiendome que pasara y no le pude decir que no jajaja Creo que tengo problemas, los personajes me hablan. No sé si Raditz y Nath coquetean por coquetear o si están realmente interesados.
Flopo89: Espero que estes contenta de que no se hayan peleado ni nada, seguimos viendo nuestra amada pareja feliz y los seguiremos viendo así por un tiempo. Ay, cuando creo que estamos cerca de que el papel de Goku entre en juego me doy cuenta realmente de todo lo que tiene que pasar antes. Ya está super rancio ese Black jajajajaja Estoy tan feliz de que te haya gustando tanto el capítulo anterior, de verdad, me llenas el corazón. Perdoname la demora, trataré de tener el próximo en la semana.
soandrea: No puedo adelantarte mucho, pero lo único que te puedo decir es que sí tendrán un final feliz, un poco inquietante quizás, pero feliz.
ziari27: ¡No hubo advertencia hoy tampoco! Creo que recibí más agradecimientos por eso que detractores así que seguirá así. No las abandono, siempre estoy y aunque a veces me cueste siempre estoy pensando en qué cabos tengo que ir atando y qué otros tengo que ir soltando para seguir la trama sin perder nada en el medio. Sólo tenganme un poquito de paciencia, siempre estoy acá escribiendo.
Sofiavegebul90: Gracias por seguir acompañandome en esta historia. ¡Mil gracias por tus halagos! De verdad, cuando me dicen que pueden meterse en la historia me siento sumamente feliz porque esa es mi más grande intención. Estoy sumamente agradecida.
Pau Brief-LOVE-Vegeta: Jajaja Bulma todavía no ha gastado nada de dinero, pero ahora que sabemos qué les depara a esos dos preparate para leerlos despilfarrando dinero por lo alto y bajo de la ciudad. Supongo que Bulma siempre ha sido muy ególatra, aunque madure es parte de ella y ya bastante ha tolerado ser el centro de burlas, sólo quiere demostrar que no es la amante de nadie. Ahora no hay excusa para no comprar el vestido más caro del país jajaja Sí, hay muchas intrigas que tengo que ir cerrando de a poco para poder llegar al final. Les avisaré cuando estemos en los momentos culminantes y probablemente los últimos dos capítulos sean los que más tiempo me tomen, no quiero olvidarme de nada, temo que hay muchas cosas en el medio.
Prla16:
Lizzy Gerry: Entiendo perfectamente el sentimiento, recientemente he estado trabajando en una traducción al inglés de este fic y lo he publicado sin esperar absoutamente nada, pero cuando recibí un par de comentarios diciendo que mi inglés era bueno me morí de emoción. Me he esforzado mucho, sé cuál es ese sentimiento, esa emoción. Me alegra habertela provocado también. A mí también me destrozó Endgame, amo a Tony con todo mi corazón y lloré como una niña en el cine, todavía se me estruja el corazón al recordarlo. ¡También estoy feliz de tener una lectora tan dulce y agradable como vos!
Veros: Alguien que no está enojada con Bulma por mudarse jajaja Es divertido ver cuán diferentes son las opiniones de unas y otras sobre el mismo tema, me agrada que entendieras su punto de vista, gracias por tus buenos deseos, yo estoy muy feliz con la calidad de lectores que siguen este fic, son magnificos.
Cordovezza: ¡MIL GRACIAS! Ahora vamos a incluir a Tights y a su acompañante en la historia, y todavía falta alguien más que decidí agregar a último momento por pedido de una lectora. No sé si este tuvo todos los ingredientes pero espero que te haya gustado. Creo que el próximo será bastante divertido, tengo algo jugoso en mente.
Prla16: ¡Gracias por los dos reviews! No puedo decir si van a cumplir o no con lo que dice el testamento, lo que sí puedo decir es que harán todo lo posible por llenarse los bolsillos hasta que se cumpla la fecha, con o sin trunks o bra. Vegeta no perdió el tiempo ni después de discutir con su mujer JAJAAJ iba a poner otro lemon pero después dije no calmate ya la vas a embarazar jajaajja
Georgina Miller: Qué detallazo que quieras dejar un review aunque creas que sea corto, me hace re feliz que quieras tener ese detalle, gracias. Personalmente salí con un Vegeta y es un viaje de ida al psiquiatra jaajja no lo recomiendo, cuando conozcan un Vegeta corran, corran lo más lejos que puedan. Iba a extenderme sobre Raditz en este cap pero decidí dejarlo para el próximo y tomarme para explayarme un poco al respecto. Ahora finalmente despues de como 15 capítulos de conocerlo sabemos de qué trabaja jajaja Yo la verdad nunca creí que Yamcha haya gorreado a Bulma, eso es algo que Bulma le dijo a Trunks para explicar por qué dejó a su novio y se metió con el hombre que lo mató. Era una conversación complicada jaajajaj Y Bulma ha mentido hasta sobre su edad, no me extrañaría que lo hiciera por quedar bien.
Psicomari: Si Vegeta no canceló el matrimonio después de lo que hizo Bulma hoy no creo que haya algo que puede hacer para hacerlo desistir. Creo que ha llegado a termino sobre el tipo de mujer que tiene al lado y entiende los riesgos y benedicios que le traerá. Desde ya te digo que Gure no va a quedar embarazada, no podría escribir algo así sin querer cortarme las manos jajajaja eso reduce las posibilidades. Cuando escribí la escena de Yamcha lo hice pensando en la escena en la que Bulma aparece con Trunks y él está ofendidisimo sobre quién es el padre. En cuanto a lo que quisiera escribir, todavía tengo que pulir a grandes razgos la historia y creo que sería muy extenso como para lograrlo si quiera en un año. Y no puedo evitar pensar en otras historias sobre Bulma y Vegeta siemplemente porque los amo, y aunque no quiera ya pensé en otro fic T_T Quiero morir, ¿cómo te suena una historia fantástica con una profesía y Bulma como una especie de bruja? AY NO BASTA.
Aye: Todavía no la caga jajaja no sé si podrán cagarla, creo que más bien las circunstancias los van a cagar a ellos.
¡De nuevo gracias a todos por leer! Me voy de acá siendo las 2 y media de la mañana, para que no digan que no me esfuerzo jajaja Buenas noches, o buenos días. Los leo,
Nade.
