Esta es una historia alterna escrita sólo para entretenimiento, basada en el anime de Kyoto Misuki. Las situaciones y actitudes de los personajes son producto de mi imaginación y autoría.

Un Compromiso

Capítulo 28

Por Sofía Morrison

El día de la fiesta de Navidad, Candy llegó muy temprano al hotel para reunirse con la tía abuela. Ya estaba listo su vestido y el lugar al que irían para el maquillaje y peinado. Cuando se acercaba la hora, ya que Candy estaba lista, la tía abuela le colocó un collar.

-Es una joya de la familia. A pesar de que es una joya discreta, dará a entender la formalidad de tu compromiso con William.

-Tía abuela, es muy bonito. Muchas gracias. – dijo Candy, tomando su mano.

-Recuerda que es solo tía o tía Elroy. Ante todos tú ya eres mi sobrina.

-Está bien, tía.

-Significará mucho para William que lleves ese collar.

-¿Por qué? – dijo Candy, observándolo en el espejo.

-Bueno, bajemos que se hace tarde. – dijo la tía. – Veré si Archivald y Alistear están listos.

La tía salió de la habitación con una sonrisa. Le complacía mucho ver la gran mejoría de Candice en tan pocos días. Candy se quedó sentada, viendo su reflejo en el tocador. Entonces, llamaron a la puerta y Candy abrió.

-¡Albert! ¿Ya es hora? – preguntó algo alarmada de estar a solas con él.

Él se había quedado sin habla al verla. Habían cambiado su peinado, a un chongo con algunos rizos cayendo, su vestido verde denotaba su silueta, la habían maquillado para hacerla ver mayor. Y vio la joya en su cuello. Aquel collar esmeralda que su tía una vez le había dicho sería para su esposa. Albert sonrió.

-¿Albert? ¿Acaso me veo mal? – preguntó Candy, al ver que éste seguía callado.

Albert acortó la distancia y emparejó la puerta. Se acercó más, al ver que Candy retrocedía un poco. Cuando estuvo muy cerca, le susurró "no" y la besó. Las mejillas de Candy se incendiaron, pero correspondió el beso. Abrazó a Albert del cuello, pegándose más a él. Él, por instinto, la sujetó de la cintura mientras continuaban el beso. Albert sintió el deseo de tocarla, por lo que la tomó de los brazos y se separó poco a poco.

-No quisiera arruinar tu labial. Lo siento, Candy. – dijo avergonzado, abriendo la puerta.

-Creo que eso quiere decir que me veo bien. – dijo ella sonriendo. – No te disculpes, Albert. Yo también quería ese beso.

-Sí, pero no es correcto. Intentaré controlarme mejor. No quiero faltarte el respeto, Candy. – dijo, mirando a Candy con disculpa.

-No lo haces. – dijo Candy, dándole un breve beso en los labios. – Pero ya vámonos, antes de que suba la tía abuela.

La familia Andrew llegó a la mansión de los Rockefeller. Desde el recibidor se notaba que era una de las familias más ricas de toda América o incluso del mundo. Candy se sintió un poco cohibida, pues sabía que en ese ambiente se desenvolvería de ahora en adelante. Miró a Albert, que apretaba su mano ligeramente. Lo intentaría por él.

John D. Rockefeller Jr. los recibió. Candy notó que era un hombre de mediana edad, mayor que Albert, pero se veía contento al ver a Albert.

-John, quiero presentarte a mi novia, Candice White. – dijo Albert. Candy extendió su mano, tal como la tía le había enseñado.

-Es un placer señorita White. Les presento a mi esposa, Abby Green. – dijo introduciéndola. – Y nuestros hijos, Abby, John, Nelson, Laurance, Winthrop y este es el pequeño David. – dijo, señalando al bebé en brazos que llevaba la niñera.

Candy saludó a todos los niños y se sorprendió de que tuvieran tantos y tan pequeños; la mayor tenía apenas doce años.

-William, finalmente te presento a mi padre. – dijo, introduciendo a un señor bastante mayor, de la edad de la tía abuela. – Cuando usted vino a la casa, mi padre estaba en una junta. Su retiro es oficial, pero al parecer no lo acepta.

-Es un placer conocerlo. – dijo Albert, estrechando su mano.

-Su familia es de Escocia, ¿cierto? – dijo el anciano. Albert y la tía asintieron. – Muy bien. Los europeos inmigrantes debemos permanecer unidos.

Albert asintió con una sonrisa. Presentaron al resto de la familia y trataron temas de negocios. John padre se sorprendió de ver que Candy permanecía ahí durante la plática, por lo que comprendió la seriedad de la relación entre la chica y el heredero de los Andrew. La tía tampoco quiso que Candy se fuera; mientras más aprendiera, mejor comprendería la responsabilidad de Albert.

La tía abuela presentó a la familia Andrew, pues Albert conocía a muy pocos ya que apenas había asumido el control de la familia. Había muchos asuntos de negocios qué tratar, sobre todo cuando los empresarios supieron que él sería el nuevo jefe de la familia. La mayoría presentó a sus hijas, aun cuando Candy fue presentada como novia de Albert. La tía abuela creyó que Candy se pondría celosa, pero ésta demostró su confianza en su novio, tomando su mano o apretándose contra su brazo.

-Brindemos, por el futuro de nuestro país y de todo el mundo, esperando que los negocios realizados entre nosotros ayuden a acabar la guerra, salud. – dijo John, alzando su copa. – Ahora, pasemos al salón a comenzar el baile.

Los anfitriones abrieron el baile, con un vals algo anticuado para la época. Después, cuando ya podían bailar las demás parejas, Albert sacó a Candy.

-Albert, es que yo… - dijo Candy, mientras Albert la llevaba a la pista.

-Vamos, solo piensa que tengo mi gaita y mi kilt, como hace tantos años.

-Pero esa vez no bailamos, Albert. – protestó Candy.

-Lo sé, pero hubiera sido lindo, ¿no crees? – dijo él y ambos rieron. Candy tomó su mano y bailaron junto con los invitados. Aunque el salón estaba lleno, para Albert y Candy, estaban solos.

Candy se perdió en la mirada de su atractivo prometido. Lo amaba demasiado.

La fiesta transcurrió con todos contentos. Candy bailó con los hermanos Cornwell y también con los niños Rockefeller. Su belleza y su parentesco con la familia Andrew la hacían atractiva, pero todos los jóvenes se alejaron al saberla novia de William Andrew. Candy se sentía muy feliz, imaginando que algún día tendría tantos hijos como aquella familia.

En otro lado de Nueva York, se celebraba ese mismo evento, pero más íntimamente. Susana, su madre, Terry, Eleanor y otros invitados de Eleanor, bailaban en la casa de ésta.

Terry los miraba, no se sentía capaz de bailar y menos con muletas. Se sentía triste y ridículo de sentir celos por ver bailar a Susana con otros. Pero ella solo lo miraba a él, sonriéndole cuando encontraba su mirada. Susana lo notó y bailó muy poco, solo con algunos compañeros del teatro y con Robert. Después, permaneció a lado de Terry.

La madre de Susana notó que la actitud de Terry con su hija había cambiado. Él se veía enamorado, muy enamorado. La observaba al hablar con una sonrisa, le servía más vino, la escuchaba y miraba con admiración. Además, Susana estaba radiante, enseñando su anillo de compromiso y planeando la boda. Contrario a muchos hombres de la época, Terry también hablaba de los planes y ya tenía casi todo resuelto, porque querían casarse muy pronto. La madre de Susana se disculpó con su hija otra vez y pasaron una velada muy agradable.

….

Al otro día, el tren hacia Chicago partía. Candy estaba en casa de Eleanor, con su maleta lista, desayunando con Terry, Eleanor y Susana.

-Quiero que regreses a la boda, Candy. Nos gustará mucho que asistan. – pidió Susana.

-Claro que sí. Ya le he dicho a Albert. ¿Cuándo será?

-En febrero. Tenemos poco tiempo para planear todo. Qué bueno que Terry está al pendiente de todos los detalles. – dijo Eleanor.

-Quiero que todo salga bien. Cuando tenga las invitaciones, les mandaré una Chicago. Cuando lleguen, envíen una carta con su dirección. – dijo Terry.

-Claro que sí. Y… Espero que ustedes también asistan a la nuestra. Haremos la fiesta de compromiso, en marzo creo. Y la boda en junio o julio. Les mandaremos invitaciones a todos.

-Por supuesto, Candy. Felicidades. – dijo Terry.

Llamaron a la puerta, lo que hizo que Candy se apresurara a subir por su equipaje.

-Muchas gracias por todo, Eleanor. – dijo la tía Elroy.

-Fue un placer tener a Candy con nosotros y conocerlos. Candy es una persona muy especial, cuídenla bien. – pidió ella, mirando maternalmente a Candy. – Le debo mucho.

-Gracias por todo. – dijo Candy, abrazando y despidiéndose de todos. – Cuídense mucho. Recuerda los cuidados con las vendas. – dijo Candy a Terry.

-Sí, enfermera. Esperaremos su carta para mandar la invitación. – respondió él.

-Casi lo olvido. Candy, ven por favor. – pidió Susana. La tomó de la mano y la llevó a la sala. Sacó un paquete rosa. - Toma Candy, es un presente de Navidad. No hay para los demás, por eso te traje aquí. Felicidades.

-Gracias, Susana. Les deseo toda la felicidad del mundo.

Salieron de la casa de Eleanor para abordar el carruaje. Se despidieron con la mano. Candy miró a Terry, abrazando a Susana, y quiso guardar esa imagen en su mente. Pensó en todo lo que había pasado entre ellos. Nunca imaginó que todo terminaría así, pero sonrió. Era un buen final para una relación así, aunque existía cierta nostalgia. Albert la abrazó.

Durante el viaje a Chicago, Candy pensó en Terry y Terry en ella. Se sentían bien, pero era inevitable la tristeza. Dejaron ir todos los recuerdos de su juventud. Todos los planes y deseos de un futuro entre Candy y Terry se fueron de sus mentes. Antes de que cayera la noche, dedicaron un último pensamiento a su relación.

Seremos felices, pensaron ambos.

Chicago

Candy llegó directamente a la mansión de los Andrew. Todos decidieron descansar y Albert le dijo a Candy que más tarde irían por sus cosas al departamento que ambos compartían.

Después de descansar, Albert y Candy escaparon de la tía. Decidieron ir solos. Albert condujo y entraron al departamento. Dejaron la puerta abierta, pues Albert no quería correr ningún riesgo de propasarse con la rubia. Esperaría hasta el matrimonio.

-Siempre me gustó este lugar. – dijo Albert, mientras ayudaba a empacar a Candy. -¿Te gustaría que lo compráramos?

-¡Sí! Bueno, podríamos venir aquí a veces, ¿no crees? Será muy lindo volver.

-Sí, princesa. Así lo haremos. Crearemos nuevos recuerdos aquí. ¿Lista? – dijo ofreciendo su brazo.

-Lista. – respondió Candy. Ambos llevaban maletas.

Continuará…

Bueno, como ya saben que se acerca el final, quisiera irles contando un poco de cómo surgió esta historia. Todo salió por una canción llamada así, Un Compromiso, de Sara Montiel. Si la escuchan, verán que es la situación de Albert y Candy (según mi fic) al inicio. Además, durante el fic hice muchas alusiones a la idea de compromiso tanto con Albert como con Terry, pero con una diferente perspectiva. Los invito a que escuchen la canción que originó todo esto, que según yo sería un fic cortito jajaja

Los siguientes dos capítulos será ya el final. Trataré de enfocarme a Candy y Albert con detalles de su romance. Gracias por sus reviews!