Siento el retraso. No sé que ocurrió el viernes que fanfiction no funcionaba y no me dejó colgar el capítulo nuevo. En fin, siento la espera y confío en que disfrutaréis de este capítulo. Ay, la emoción me abruma. Cuanta tensión! XD

PS: El título tiene doble sentido. Un corazón del material del hierro, y el corazón de un robot atormentado que por fin entra en razón.

28. El Corazón de hierro

Raygirl y Henchman 1.000 ya habían sido arrastrados hasta la Sala de Torturas. Ver a Rayman maniatado no les dio mucha mejor impresión que la que tenían ya de aquel lugar, pero les esperanzó comprobar que todavía estaba vivo.

―Os doy la bienvenida a mi humilde sala de juegos ―Sonrió el Capitán en tono de burla. Al no decir nada ellos, prosiguió. ―Mi queridísima Raygirl… ―Le tomó la barbilla con una mano ―Cómo es posible que algo tan hermoso vaya a convertirse en algo tan horrendo dentro de poco? Tú lo sabes? ―Miró a Rayman.

―Es usted despreciable, Almirante. Me niego a creer que un día formé parte de su ejército. ―Henchman 1.000 se puso delante de ella.

―Sí? Yo tampoco puedo entender por qué creé a un inútil como tú. ―Hizo una seña con la cabeza y un par de Piratas lo tiraron al suelo.

Henchman solo podía ver los pies del Almirante mientras sentía sus palabras y notaba su pie presionando su cabeza.

―Debiste salir defectuoso. ―Rió ―Es curioso como pudiste llegar a entenderte con los humanos. Ya lo dice el dicho: Dios los crea, ellos se ajuntan. ―Y volvió a reír.

―Ya basta! ―Gritó Rayman desde la mesa ―No pienso permitir que continúes burlándote de nosotros!

―Y qué harás? ―Se mofó ―Encadenado así no creo que puedas mover ni un músculo ―Sonrió mientras veía al chico forcejear con las cadenas. ―Si te dieras por vencido sería mejor. Te rindes?

―Cuando logre liberarme te voy a dar tal patada que te perderé de vista para siempre!

―Qué muchacho tan cabezota. Bueno… No dirás que no te he avisado. ―Miró a sus soldados ―Coged a esta chica y matadla. Mejor aún; dejad que se electrocute en el generador.

―No!! ―Henchman 1.000 y Rayman gritaron al unísono pero eso solo sirvió para que Barbaguda saboreara su momento de victoria.

―Haced lo que os digo! ―Rió con energía ―Quiero verla chamuscada hasta los huesos!

Raygirl no podía deshacerse de las manazas que la sujetaban. Sentía los gritos de sus compañeros, la risa del Almirante y la de los otros Robots. Antes de que la maniataran también a un aparato, pudo ver a Hierro. El rostro estaba deformado y triste; y sus ojos hundidos por la preocupación. Sabía que era él el que los había delatado a todos; sólo hacía falta verlo allí, entre los hombres de Barbaguda. Sintió rabia hacia él, pero recordó la vez en que le había salvado la vida.

Una vez atada, veía a todos los presentes. Rayman estaba desesperado por liberarse y Henchman también. No quería olvidarlos; rezó para que todo fuera una pesadilla pero conocía la realidad.

Le colocaron una especie de cuenco metálico en la cabeza y supo que había llegado su hora. No quiso llorar pero sus lágrimas no obedecieron. Tan solo se arrepentía de una cosa: No haber conocido antes a Rayman.

Barbaguda tomó la palanca.

―Adiós ―Fueron sus últimas palabras y tiró de ella.

La máquina comenzó a funcionar y descargó toda su fuerza eléctrica. Raygirl sintió de inmediato como la energía le recorría todo el cuerpo y la quemaba por dentro. Gritó de dolor sin poder hacer nada más que retorcerse. La descarga aumentaba por momentos y su vida se iba acortando a cada segundo.

―No, para!!! Por favor! Te diré donde está la Piedra pero detén la máquina! ―Suplicó el chico con los ojos humedecidos y desesperados.

―Demasiado tarde! ―Barbaguda sonrió. Sabía que en pocos segundos Raygirl estaría completamente muerta. Rió a carcajadas cuando vio el sufrimiento desenfrenado en el rostro de Rayman; sabía que ahora sí experimentaba dolor; le estaba haciendo morir interiormente y eso le enorgullecía. Por fin había logrado destruir a su enemigo! Pero su alegría duró poco.

―Basta! ―Barbaguda no tuvo tiempo de reaccionar cuando un soldado le propinó un empujón y lo tiró al suelo.

Hierro detuvo la palanca pero Raygirl ya no respondía. La sacó de la máquina y protegió el cuerpo con sus brazos.

―Tú! ―Barbaguda se había recuperado del golpe. ―Maldita sea! Debí saber que también tú ibas a traicionarme!

―No! Yo jamás podría traicionarle… ―Dijo él ―Porque nunca le he servido!

―Maldición! Apresadle!

Los Robots estaban dispuestos a saltarle encima, pero Hierro pudo contraatacar a la mayoría y esquivar al resto. Tuvo la suficiente rapidez como para lograr que sus captores dejaran ir a Henchman 1.000, quien liberó los pies a Rayman primero, ya que un Pirata le agarró por la espalda; pero al agacharse, el muchacho le descargó una patada con ambos pies. Gracias a aquella intervención, Henchman pudo liberarle también las manos. En un acto reflejo, se dieron una mano para tomar impulso y derribar a otros dos que intentaban atacarles por la retaguardia. .

―Me alegro de que por fin hayas encontrado la respuesta a mi acertijo ―Henchman 1.000 corrió a defender a Hierro.

―Créeme; me ha costado mucho. ―Contestó éste ―Rayman, toma! ―Liberó a Raygirl del casco y se la llevó a los brazos. ―Pasa; nosotros te cubriremos!

El chico la abrazó con fuerza y se dispuso a abrirse camino.

―No saldréis de aquí! ―Blackblood les bloqueó la entrada junto con otros Piratas que ya se habían recuperado del ataque.

―Puede que hayas sido más listo que yo ―Le retó Hierro ―Pero sigo siendo el más fuerte de los dos.

―Estás acabado! Muerto! No cruzaréis la raya; ni tú ni tus estúpidos amigos!

―Qué te crees tú eso! ―Sonrió con confianza y derribó a dos robots con su cañón. ―Sayonara, baby. ―Y le disparó a él, pero Blackblood tuvo reflejos rápidos y lo esquivo. Aquello les dio tiempo a los tres para escapar.

―No! Cogedles; imbéciles! Traedme la Piedraaaa!! ―Barbaguda gritaba como un histérico desde el suelo mientras uno de sus esbirros intentaba ayudarle. Su voz se fue desvaneciendo a medida que nuestros amigos iban dejando la sala atrás.


Los tres compañeros corrían sin rumbo. El castillo era muy grande pero estaba demasiado vigilado como para poder escapar.

―Tendremos que buscar una sala vacía y encerrarnos en ella ―Propuso Hierro ―Eso debería darnos tiempo para pensar.

―Sí, pero dónde?

―Seguidme. ―Rayman se adelantó a ellos y ambos se miraron de forma interrogante.

―A dónde nos llevas?

―Conozco estos pasillos ―Contestó mirando siempre adelante. ―Charlie me enseñó un escondite que nos servirá. ―Y diciendo esto, se paró en seco frente a una pared; le dio una patada y aquello se convirtió en una puerta giratoria.

―Un pasaje secreto! No sabía que el castillo tuviera de estas cosas. ―Comentó admirado Henchman 1.000.

―Adentro. ―Los tres se metieron y cerraron por dentro. La estancia estaba oscura pero la ventanilla propiciaba buena luz; la del Sol de mediodía.

Rayman depositó a Raygirl entre las mantas y le tocó la frente. Estaba algo fría y temía que no hubiese posibilidad de salvarla.

―Se pondrá bien?

―No lo sé ―Hierro todavía se sentía culpable de los hechos ―La descarga ha sido muy fuerte y no estoy seguro de que pueda… ―Calló al ver la expresión de Rayman. No dijo nada más y se sentó en el suelo, junto a Henchman.

―Será mejor que esperemos a que se calme la situación. ―Propuso en voz baja ―Barbaguda estará loco buscando la Piedra.

―Pero dónde está? ¾Preguntó el otro Robot.

Hierro se sacó un objeto envuelto en un pañuelo del bolsillo y lo desató.

―La tenías tú?! ―Henchman 1.000 parecía algo estupefacto. ―Pero si…

―Se la di yo antes de que comenzara la batalla ―Rayman se adelantó sin mirarles ―Conocía la posibilidad de que Barbaguda intentara quitármela a mí primero, creyendo que por lógica, yo sería el portador. Pero me arrepentí de ello cuando Hierro desapareció del grupo. Comprendí que me había dejado engañar de nuevo. Sin embargo, en la sala, cuando Barbaguda me pidió la Piedra y le vi a él entre los demás, comprendí que la joya continuaba segura.

Hierro sonrió para sus adentros; se enorgullecía de poder aceptar al fin que había obrado de manera correcta.

Estuvieron largo rato en silencio mientras Rayman acariciaba a su amiga, arropándola entre sus brazos como si fuera una niña con su muñeca; rezando para que pudiera hacerle abrir los ojos de nuevo. Intentó transmitirle parte de su energía vital y esperó pacientemente a que obrara efecto.

Los dos Robots no tardaron en quedarse dormidos. Necesitaban recuperar fuerzas y estaban agotados.

Raygirl seguía sin contestar, pero todavía respiraba.

―Ojalá hubiese podido protegerte como quería. ―Sollozó Rayman ―Todo ha sido tan rápido que no he tenido tiempo de decirte las cosas que… ―Se detuvo un instante y sonrió con tristeza ―Nos hemos enfadado varias veces por tantas tonterías… y ahora… daría lo que fuera por volver a verte sonreír. Si con mi vida hubiese podido salvar la tuya lo habría hecho sin vacilar. Te lo prometo. ―Le besó en la frente y dejó que las lágrimas le resbalaran por los ojos. ―Te qui…―Pero justo en el momento en que iba a decir la última palabra, sintió como ella se movía. Rápidamente, dejó de estrecharla para dejarle libertad.

―Rayman… ―Susurró ella con dificultad.

―Sí, soy yo. ―La emoción no le dejaba hablar demasiado ―Te… te pude resca… te pudimos rescatar. Hierro nos ayudó y gracias a él… ―Ella tosió. ―Cómo estás? ―Sus manos temblaban pero sentía la necesidad de aferrarse a ella y no soltarla.

―No… no puedo moverme. ―Estaba débil e intentaba abrir los ojos sin éxito.

―Tranquila. Yo estoy aquí. No debes temer por nada. ―La abrazó con fuerza. ―Saldremos de esta; ya lo verás.

―Me… me haces daño. ―Se quejó, sonriendo, al notar el apretón.

―Dejaré que Henchman se encargue de ti, y cuando hayamos vencido volveré a buscarte.

―No, por favor ―Dijo débilmente ―Te… necesito. ―Raygirl no podía pensar con claridad, pero su salud no era demasiado buena. Y aunque ya le diera lo mismo si Rayman quería o no a Jenny, quería decirle lo que ella sentía. Era ahora o nunca; porque quizás ya no tendría otra oportunidad de hacerlo. ―No creo que vaya a durar mucho.

―No digas bobadas ―Le replicó él. ―Por supuesto que durarás. Tú y yo; y todos los que vamos a liberar. Cuando acabe todo esto lo celebraremos; ya lo verás. ―Y se le encogió el corazón cuando ella abrió los ojos lentamente. Los tenía muy rojos pero al menos podía verlos.

―No quiero que me des falsas esperanzas, Rayman. ―Habló con voz frágil y entrecortada ―No me siento capaz ni de levantarme. ―Tragó saliva con dificultad ―Sólo espero poder… vivir este momento con la mayor intensidad posible.

―No permitiré que me dejes, Raygirl. Eso no. ―Estaba serio pero sus ojos brillaban a la tenue luz.

―Rayman… tengo que decirte algo, y aunque no sientas lo mismo… seguiré creyéndolo.

―Qué dices? Qué es…?

―Sssh. ―Le selló los labios con un dedo y sonrió con ternura. ―Déjame hablar. Hace mucho tiempo que espero para decírtelo. No he tenido nunca el valor de hacerlo y… Ahora puede que no sea el momento idóneo, pero no puedo ocultártelo más. ―Hubo un breve silencio, y el tiempo se detuvo entre ambos. ―Rayman, yo te a…

Justo en aquel instante, la calma se rompió por un tremendo grito de rabia. Hierro y Henchman 1.000 se despertaron sobresaltados.

Un regimiento de soldados cruzó los pasillos corriendo, gritando y maldiciendo.

―Los habéis visto?!

―Todavía no! Y vosotros?

―Ni rastro!

―Seguid buscando! No pueden andar muy lejos!

La tensión al otro lado de la pared era creciente y los chicos lo sentían. Barbaguda se volvería loco si no encontraba lo que buscaba. A cada uno de los soldados que le fallara, le propinaría un buen escarmiento por falta de efectividad.

―Cuánto tiempo llevamos aquí? ―Hierro se acercó a la pareja hablando en voz baja cuando se dejaron de oír los gritos.

―Bastante. Pero no lo suficiente como para que nos den por desaparecidos.

―Cómo te encuentras? ―Dijo el Robot a Raygirl, consciente de que había recuperado el conocimiento.

―No siento las piernas ―Bromeó ella con una sonrisa débil.

―Será mejor que descanses. ―Rayman la depositó de nuevo entre las mantas ―Nosotros nos encargaremos del resto.

―Cómo dices? ―Hierro le miró con curiosidad ―Ya tienes un plan para salir de aquí?

―Para serte sincero… No.

―Ya me lo temía. ―Comentó

―Pero no podemos quedarnos sin hacer nada. Si Barbaguda no nos encuentra pronto sentirá la necesidad de derrumbar el edificio; lo sé. Y si lo hace nos exponemos a poner en peligro a cualquiera; sobretodo a ella. Así pues, debemos salir de nuestro escondrijo para evitar que lo detecte.

―Pero así nos arriesgamos a que nos capture también. Hemos escapado de milagro; esto sería como salir del fuego para meterse en la boca del lobo.

―Prefiero eso a quedarme aquí.

―Y qué haremos cuando nos vean? No podemos huir eternamente…

―Improvisar. ―Dijo cortante ―Es lo que siempre hemos hecho y hasta ahora nos ha ido bien.

―Tú lo has dicho: "Hasta ahora" No creo que tengamos la misma suerte tantas veces seguidas.

―Hay que intentarlo. Iremos a las cárceles, liberaremos a los demás y usaremos el poder de la Piedra para vencer a Barbaguda.

―Y cómo piensas hacerlo? Esa cosa no ha hecho más que traernos problemas. ―Henchman 1.000 intervino en la conversación. ―Además; la Guardiana no nos dijo como usarla.

―Es cierto; pero algo me dice que es más fácil de lo que parece.

― Ella… dijo una cosa. ―Raygirl intentó sentarse pero Rayman no la dejó.

―No te muevas; no debes…

―Escucha ―Le obligó a callar ―Zoebelle me dijo una cosa. "Usadla con fines nobles… y todo saldrá bien." Estoy segura de que se refería al deseo de hacer el bien. La Piedra depende del portador, lo recordáis? Si su acarreador tiene un corazón oscuro y sucio, su magia será la misma pero si el corazón es noble y bueno…―Tosió un momento y sintió ganas de echarse otra vez.

―Calma; no malgastes tus fuerzas hablando. ―Le rozó la frente y sintió la fiebre. ―Henchman, por favor; cuídala con todas tus fuerzas.

―Lo haré.

―Tenemos que irnos ―No le dio tiempo a Hierro de negarse; se levantó y miró sólo una última vez atrás antes de hacer girar de nuevo la pared.

El pasillo estaba desierto pero se escuchaban murmullos y exclamaciones que resonaban por todo el castillo.

―Intentemos ir por la puerta trasera; a lo mejor tenemos suerte.

―No lo creo. ―Dijo Rayman ―El Almirante nos está buscando y no pienso que sea tan tonto como para darnos vía libre. Habrá reforzado todas las salidas; incluso los establos estarán muy vigilados.

―Sí, es muy probable que sea así. Pero qué hacemos entonces?

―Sólo hay una solución. ―El Robot enarcó una ceja al oír aquellas palabras.


―El truco está en no mirar abajo. ―Rayman sonreía nervioso mientras su cuerpo se arrumbaba contra la pared y sus pies se deslizaban por el relieve de ladrillos que sobresalía de la pared de la torre.

―Descuida; lo tendré en cuenta. ―Murmuró irónico el otro.

Bordear la torre por el exterior, con más de diez metros de altura bajo los pies no era lo que se dice una tarea fácil. Ninguno se podía permitir un resbalón si pretendía llegar hasta el final con vida, pero ambos pudieron superar la prueba a los pocos minutos, cuando por fin llegaron a los baluartes. Sin embargo, tal y como sabían, aquello también estaba muy vigilado y era difícil que no los vieran. Intentaron agacharse y gatear hasta las escaleras, pero su camino se vio cortado por un Robot que les pilló de repente. Sonrieron frente a la sorpresa y le saltaron encima antes de que el otro pudiera hacer nada. No obstante, aquello no hizo más que empeorar las cosas. El escándalo llamó la atención de todos los allí presentes y los que estaban a su alrededor. Dicho y hecho, Rayman y Hierro volvían a correr con el resto de los Piratas pisándoles los talones. No se molestaron ni en bajar las escaleras; saltaron directamente a la arena, y con suma suerte, porque no se hicieron ni un rasguño.

Pero los Robots no se quedaron atrás. Por todo el castillo se armó un revuelo terrible. Todos corrían arriba y abajo, organizándose para atrapar a los prisioneros. Barbaguda también se enteró de la noticia; aquellos gusanos habían vuelto a aparecer. Blackblood no tardó en salir a su encuentro. Tenía ganas de vengarse de Hierro por lo que les había hecho.


Henchman 1.000 oía los pasos rápidos de los Robots, mientras sus nervios iban en aumento. Raygirl continuaba sin poder moverse y el calor de las mantas no podía sustituir a Rayman. El Robot la miraba preocupado. No tenía ni idea de cuando volverían esos dos… si es que volvían. De hecho, algo le decía que no los vería regresar. Hacía poco más de veinte minutos que se habían ido y fuera reinaba el caos. Seguramente ya habrían sido descubiertos. Hizo un esfuerzo por no pensar en la remota posibilidad de que, a tales momentos, ya los hubieran apresado.

―No volverán. Verdad? ―Le sorprendió escucharla hablar puesto que la creía dormida.

―No, mujer; estoy seguro de que lograran su objetivo y luego nos vendrán a buscar. Esos dos saben arreglárselas muy bien, ya lo sabes.

―No volverán. ―Repitió ella triste.

Henchman no dijo nada más por el momento. No quería albergar falsas esperanzas. Cómo podrían Rayman y Hierro enfrentarse solos a tantos Robots?

―Tendría que haber ido con ellos. ―La muchacha volvió a hablar.

―En tu estado era imposible.

―En ese caso deberías haberlos acompañado tú.

―Le prometí a Rayman que cuidaría de ti y eso es lo que estoy haciendo.

―Ellos te necesitan más que yo. ―Contestó terca ― Puedo cuidarme sola.

―Ah, sí? Y qué pretendes que haga? Qué salga ahí fuera a buscarles; que te deje sola y me aventure a ser capturado yo también; es eso?

Ella le miró consternada.

―Por lo menos sería mejor que quedarte aquí sin poder hacer nada; esperando inútilmente…

―Definitivamente; la electricidad te ha afectado al cerebro, chica.

―Henchman, por favor. Si pudiera ir yo misma, crees que no lo haría?

―Raygirl, no puedes mover ni un músculo. Si me voy no tendrás a nadie; y si me pillan te quedarás atrapada aquí; incapaz de salir, sin comida ni agua…

―Estoy dispuesta a correr ese riesgo. Esto es lo más parecido a estar muerta.

―Pues lengua no te falta.

―Por favor… ―Le miró con ojos suplicantes. ―Te lo pido.

El Robot no pudo resistir aquella carita llorosa y dejó que la lástima se apoderara de él.

―Iré a ver si han logrado algo… Pero será algo muy rápido; de lo contrario podrían cogerme a mí también. ―Suspiró ―Y si no les encuentro a la primera no voy a ir a buscarlos; queda claro?

―Eres el mejor. ―Sonrió ella.

―Ya lo sé. ―Dijo irónico. ―Si no he vuelto en menos de una hora, reza por mi alma.

Henchman 1.000 salió del escondite con precaución. Miró a ambos lados y pudo comprobar que el pasillo estaba desierto.

―Me juego lo que quieras a que sé donde están todos.

Caminó despacio con los oídos bien al caso. Tal vez habría quedado algún robot despistado por allí. Toda precaución era poca.

Bajó las escaleras de caracol de la torre en silencio y al llegar abajo pareció oír voces y gritos que provenían del exterior. Se acercó a una ventana y tuvo vistas a la plaza del castillo. Aunque ya temía algo así, no pudo evitar de sorprenderse al ver a sus dos compañeros acorralados. Formaban el centro y objetivo de un círculo enorme de Robots que intentaban atacarles.

Henchman calculó la distancia que les separaba. Por lo menos debían de ser más de siete metros del suelo hasta sus pies. De pronto reparó en los fanales que colgaban de barras metálicas, adosadas al muro. Con un poco de imaginación podrían parecerse a esas perchas que usan los gimnastas para hacer ejercicios en el aire.

―Puf! Si lo hago es posible que no lo cuente… pero… ―Prefirió armarse de valor y lanzarse al vacío. Se agarró a la primera, dio una vuelta de campana y saltó a la otra con gran agilidad. Agradeció que aquellas pértigas soportaran su peso y fue bajando con rapidez. Al final acabó encontrándole el gusto a eso de rodar. Cayó en el centro del círculo justo cuando uno iba a atacar a Hierro.

―Me echabais en falta? ―Le plantó una patada al enemigo y éste salió volando.

―No estabas cuidando de la niña?

―Te dije que no te separaras de ella! ―Los tres se dieron la espalda para enfrentarse a los enemigos, formando un triángulo. ―Henchman, maldita sea! ―Rayman le lanzó un puñetazo a uno y volvió a dirigirle la palabra ―Qué ha pasado?

―Raygirl me convenció para que viniera a echaros una mano. Está bien, y me manda recuerdos para vosotros. ―Bromeó a lo último.

―Bonito detalle ―Respondió Hierro riendo mientras apalizaba a dos de golpe.

―Ya basta! ―Se quejó el muchacho. ―No es motivo de broma. ―Y le dio otro puñetazo a uno que le apuntaba a los pies.

―Cambiando de tema… Cuánto rato lleváis así?

―El suficiente… ―Patada al canto ―como para estar hartos. Estos tipos han aprendido bastante desde la última vez. Nos está costando vencerlos.

―Me extraña que digas eso. ―Henchman 1.000 evitó un golpe que iba destinado a su amigo.

―Alto todos! ―Los Robots bajaron sus armas y miraron atrás.

Barbaguda caminaba patéticamente mientras se iba abriendo el camino a su paso entre sus hombres. No se entretuvo en tonterías y extendió la mano en tono amenazador mientras miraba fijamente a los tres valientes que habían osado desafiarle.

―La Piedra. O juro que hago que os maten aquí mismo! ―Ellos se miraron sin decir nada. ―Sólo os lo repetiré una vez más. Dadme la Piedra ahora!

―Debería haber acabado contigo cuando tuve la oportunidad. ―Rayman dio un paso al frente. ―Si quieres la joya, vas a tener que quitármela de las manos. ―Sacó el envoltorio de su bolsillo. ―Ven a buscarla. Pero te aseguro que no voy a dártela sin más; como ya he dicho, tendrás que arrebatármela.

―Eso es fácil. ―Se mofó el otro. Chasqueó los dedos con una sonrisa y dio la orden. ―Acabad con ellos!

Hubo un grito general de euforia y todos los Piratas se lanzaron hacia ellos. Sin embargo, sucedió algo de repente que los dejó a todos asustados. Un rayo surgió del cielo y cayó dividido en varios puntos. Los hizo retroceder al instante y algunos incluso resultaron chamuscados.

―Qué ha sido eso?! ―El cielo se volvió gris al momento. El viento comenzó a soplar con fuerza y, de lejos, llegaron sonidos extraños, como cristales que se tocan y ambientan esa atmósfera mágica.


Gary se acercó a la ventana al oír aquella extraña música al igual que todos los encarcelados. Podría ser posible que estuviera a punto de suceder un milagro?

―Qué diablos es eso?


En el horizonte se divisaron enseguida figuras flotantes que venían a toda velocidad hacia el castillo; figuras que cabalgaban al viento, con la tormenta tras sus pies. Fue en aquel preciso instante que Rayman lo supo. Había llegado la caballería.
Review, por favor! Necesito saber qué os ha parecido este capítulo en concreto!