Capítulo 28
Eran las tres de la madrugada y Annie aún se encontraba en labor de parto. Archie no sabía qué hacer para tranquilizarse, incluso le habían vetado la entrada a la sala para evitar tensiones innecesarias a su mujer.
Maldecía a Katherine por haberse presentado en su casa y molestado a su esposa. Debió haber supuesto que algo así podría haber sucedido, pero no era momento de lamentaciones. Y por otro lado, le había agradado ver la forma en que Annie se había enfrentado a Katherine.
- Ten – Terry le ofreció un vaso de café.
Prácticamente estaban los dos pasando por una situación similar, y sus mujeres estaban internadas en el mismo hospital.
- Gracias – Le dijo él tomando el vaso.
Terry había demostrado ser un gran amigo al olvidar por un momento lo que él le había hecho y prestándole todo su apoyo.
- Annie estará bien – Le sonrió – Y más pronto de lo que piensas tendrás a tu hijo en brazos.
- No puedo evitar sentirme culpable por lo que está pasando.
- Annie tenía casi nueve meses de embarazo… el bebé solo se ha adelantado un poquito. Pero no tienes que preocuparte por ello, el equipo de médicos de este hospital es muy bueno y sabrán manejar la situación.
- Pero ya pasaron más de cinco horas desde que Annie está allí dentro.
- He leído que el parto de una madre primeriza puede llegar a durar de 10 a 12 horas.
- ¿Desde cuando lees esas cosas? – Le preguntó Archie con una mezcla de curiosidad y horror por saber que aún quedaba mucho tiempo por esperar.
- He estado buscando información desde que me enteré que Candy estaba embarazada.
- Pero si acabas de enterarte.
- Traje mi IPhone – Terry le mostró su teléfono celular a Archie y este río.
Terry siempre había sido así. No le gustaba ser tomado por sorpresa y siempre quería adelantarse a todo.
- ¿No te asusta?
- ¿Qué cosa?
- El embarazó de Candy. Saber que ella va a tener que pasar lo mismo que está pasando Annie en estos momentos.
- La verdad es que no lo había pensado de ese modo – Dijo Terry pensativo – Estaba tan feliz cuando me enteré que iba a ser padre que no pensé en el sufrimiento físico que provoca el parto en una mujer… no quiero que Candy sufra.
- Me temo amigo… que eso es algo que ninguno de los dos podrá evitar.
Ambos rieron, olvidando por un momento que Annie se encontraba en aquella habitación con dolores de parto y Candy aún continuaba internada.
- Mañana iré a buscar a Holly – Le dijo Terry – Stear llamó hace unos minutos, me consiguió un boleto en el primer vuelo del día.
- Me alegra que la hayan encontrado.
- También a mi… no sé qué hubiera pasado si no volvíamos a saber nada de la pequeña. Candy no lo hubiera soportado, y yo tampoco.
- En verdad quieres a esa niña…
- No puedo imaginarme la vida sin ninguna de las dos – Confesó Terry con total sinceridad – Bueno… los tres.
- Entonces has las cosas bien esta vez.
- ¿De qué estás hablando? – Exclamó el castaño – Fue por tus mentiras que hemos tenido que pasar por todo esto.
- Estas equivocado, Terry – Le contestó Archie – Es cierto que fui yo quien planeo esa ridícula trampa para separarte de Candy. Acepto mi parte de la culpa, pero nada de esto estaría pasando si tú hubieras tenido confianza en ella.
- ¿Estás bromeando? Todo indicaba que…
- Que ella te estaba siendo infiel, lo sé, pero… ¿Por qué no quisiste escucharla cuando intentó contarte la verdad?
- ¡Estaba enfadado!
- Actuaste como un imbécil – Terry no pudo replicárselo, él sabía que era cierto – Si dices que tanto la amas debiste haberle creído, o al menos… escucharla.
- En verdad la amo – Dijo Terry en un murmullo. No podía justificar el modo en que se había comportado, pero nadie podía negar cuanto amaba a Candy – Estoy arrepentido y no quiero volver a perderla.
- Entonces será mejor que no vuelvas a cometer estupideces.
- Lo intentaré – Sonrió Terry.
Se quedaron unos minutos en silencio hasta que el celular de Terry comenzó a sonar. Era Clara. Por alguna razón, lo había estado llamando cada media hora para saber si el bebé de Annie ya había nacido. La respuesta de Terry siempre era la misma.
- Te llamaré en cuanto tenga noticias.
Cortó la comunicación antes de que Clara comenzara a ofrecer ir al hospital junto a él.
- Porque no le dices que has vuelto con Candy.
- Porque aún no hemos vuelto… no del todo.
- Pero ella no lo sabe ¿No te molesta que te llame todo el tiempo?
- ¡Claro que me molesta! – Exclamó Terry – Pero supongo que en parte también es mi culpa.
- ¿Tu culpa?
- Cuando Candy y yo estábamos peleados… bueno tú sabes. Estaba enfadado y quería olvidarla. Así que la invite a cenar una noche.
- ¿Te acostaste con ella? – Le preguntó Archie con horror.
- ¡No! Solo salimos a cenar, y fue la peor cita de mi vida. Clara es egocéntrica, egoísta y vanidosa. Pero a partir de esa noche no ha dejado de llamarme. Hasta ahora he logrado escaparme de ella poniendo toda clase de excusas, pero ya no sé qué hacer.
- Escucha, Terry… hay algo que no sabes.
- ¿De qué hablas?
- Yo… yo no planeé la trampa en contra de Candy solo – Terry lo miró con el ceño fruncido – Clara fue quien se encargó de contactar y pagar a aquel hombre que viste en el apartamento.
Terry no sabía cómo reaccionar. Había perdonado a Archie porque era uno de sus mejores amigos y estaba pagando las consecuencias de su error, pero Clara… Debió suponer que ella tenía algo que ver en todo eso. Ya le había advertido una vez que no hiciera nada en contra de Candy, pero no le había hecho caso, y ahora iba a pagar por ello.
ooo
Eran las siete de la mañana cuando nació Gabriel Cornwall. Terry se había quedado junto a Archie hasta el momento en que una enfermera salió de la habitación de Annie y colocó al pequeño bebé en sus brazos. Minutos después comenzaron a llegar familiares y amigos de los flamantes padres para conocer al pequeño.
Candy, quien aún no había obtenido el alta, había pedido a una de las enfermeras que la dejara pasar a la habitación de Annie.
- ¿Cómo te sientes? – Le preguntó una vez que las dejaron solas.
Annie tenía una sonrisa en el rostro mientras amamantaba por primera vez a su bebé.
- Mejor que nunca.
- Todavía recuerdo cuando Holly nació. Fue el mejor día de mi vida.
- ¿No estabas asustada? Quiero decir… tenías 16 años y tu novio te había dejado.
- Y tampoco tenía un trabajo ni un hogar estables, pero cuando la enfermera puso a Holly en mis brazos supe que sería capaz de hacer cualquier cosa por ella.
- Yo siento lo mismo - Candy estiró el brazo para acariciar la pequeña manito del bebé, pensando que en unos cuantos meces ella estaría en la misma situación que Annie – Creo que no te felicite por tu embarazo. Terry se ve muy feliz.
- También yo lo estoy. Un embarazo siempre es una buena noticia.
- Lo sé, lo sé… ¿Pero no crees que ya es momento de perdonar a Terry? Sé que se ha portado mal y merece que lo castigues por eso, pero en verdad creo que ustedes dos deben estar juntos.
- Tú más que nadie sabes cómo se siente.
- Si, pero ahora tengo que pensar en mi hijo, y no sería justo para él crecer lejos de su padre.
- ¿Has perdonado a Archie por lo que te hiso?
Annie se tomó unos segundos antes de contestar a la pregunta de Candy.
- No sé si algún día pueda olvidar sus infidelidades, pero creo que puedo llegar a perdonarlo. Todo depende del tiempo y de la forma en que se comporte Archie de ahora en adelante ¿No crees que Terry también merece una segunda oportunidad?
- No lo sé…
- Y también tú la mereces. Has sufrido mucho a lo largo de tu vida, y mereces ser feliz. Terry te ama, y te lo demuestra todos los días. Archie me contó que está camino a Argentina para ir a buscar a Holly.
- Sí – Candy sonrió – Gracias a él voy a tener a mi hija de vuelta muy pronto.
- Sólo piénsalo.
Annie tenía razón. Terry no había hecho bien al desconfiar de esa forma pero… ¿Qué hubiera hecho ella en su lugar? Probablemente se habría comportado de la misma forma si hubiera encontrado a Terry en la cama con otra mujer.
No tenía derecho de juzgar a Terry. Además, él ya le había pedido perdón, y estaba arrepentido sinceramente.
- Creo… creo que ya es tiempo de perdonarlo.
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- Se llama Luby y tiene el pelo rubio como el mío, Terry me la regaló para mi cumpleaños – Comentaba Holly mientras montaba un poni que le había prestado Martín.
- Y ya la has montado.
- Aún no… Terry dice que aún es muy joven y necesita entrenamiento, pero me dejado montar su yegua. Es blanca y alta como tu caballo – Le dijo señalando el animal que estaba montando Martín.
- Quieres mucho a ese tal Terry ¿Verdad?
- Sí. Él y mamá son novios y van a casarse pronto.
A pesar del primer impacto, Holly se había terminado acostumbrando a Martín y Nicolás. Ellos eran buenas personas y le habían dicho que muy pronto volvería a estar con su madre.
Los servicios sociales habían llegado esa tarde para llevarse a la niña, pero Holly se negó a irse con ellos y pidió quedarse en la estancia hasta que su mamá fuera por ella. La pequeña ya había pasado por demasiado estrés como para querer trasladarla a un edificio donde se sentaría a esperar hasta que alguien la recogiera. Allí en la estancia por lo menos tenía la compañía de Martín, Nicolás y los caballos.
- ¿Ya ha aparecido Albert? – Desde lo ocurrido, Holly no volvió a llamar papá a Albert. Nunca más iba a considerarlo como tal. Incluso había brindado a la policía local toda la información necesaria para que lo capturaran pronto. Jamás le perdonaría lo que había hecho, y la manera en la que él y Fiona la habían tratado.
- Aún no, pero te aseguro que no tardarán en encontrarlo.
- Eso espero.
Martín no se atrevió a hacerle más preguntas acerca de su padre. Por lo que había leído en los periódicos, se trataba de un hombre buscado por la policía de los Estados Unidos y que ofrecían una buena recompensa por él y por encontrar a la niña. Claro que ni Martín ni Nicolás cobrarían un solo centavo por haber encontrado a Holly, ellos solo se conformaban con devolverla sana y salva con su madre.
Martín vio como Nicolás iba corriendo hacia él.
- ¡Han venido por la niña! – Le gritó a su hermano.
Holly no entendió lo que dijo el castaño, pero por la sonrisa en el rostro de Martín supuso que su madre ya estaba allí.
- ¿Ya llegó mi mamá? – Le preguntó a Martín.
- Eso parece – Le dijo mientras la bajaba del poni y la tomaba de la mano para dirigirse luego al interior de la casa – Será mejor que nos demos prisa.
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Había pasado un día y medio desde que Albert y Fiona habían continuado su camino sin Holly. La pequeña se había escapado y en cierto modo, él lo agradecía. Estaban huyendo de la justicia, y cargar con una niña pequeña no sería una situación sencilla. Aunque tampoco podía evitar sentirse mal por haberla dejado sola en el medio de la nada. Tal vez tendría que haber salido a buscarla y luego dejarla en una comisaria cercana. Ellos sabrían que hacer, y probablemente la devolvieran con su madre a Estados Unidos.
Habían conducido sin detenerse todo ese tiempo y ya casi estaban llegando a su destino, pero Albert no podía sacarse a Holly de la mente.
- No sigas lamentándote por ella – Le decía Fiona con frialdad.
- Tal vez debamos volver…
- ¿Estás loco? – Lo miró con horror.
- No podrá sobrevivir sola en medio del campo. Solo digo que la busquemos y la llevemos a un lugar seguro.
- ¿Y si alguien nos reconoce?
- Nadie tiene porque vernos. La dejamos en la puerta de una comisaria y nos vamos.
- Claro… y luego la niña le dirá a todo el mundo que estamos huyendo de la justicia y estarán tras nuestros pasos en menos tiempo del que crees.
- ¿Crees que esté bien?
- ¡No lo sé! Y no me importa – Fiona ya comenzaba a impacientarse – No quiero seguir hablando de ella.
- Tal vez aún siga dando vueltas por ahí ¿Qué pasa si nadie la encuentra?
- Créeme, eso sería lo mejor que nos puede pasar.
- ¿Cómo puedes decir eso?
- Si la niña encuentra a alguien y le cuenta quien es ella, quien eres tú y hacia donde nos dirigimos, sabes que estaríamos perdidos.
- Yo solo digo que…
- ¡Olvídala!
- Es mi hija – Dijo Albert sintiendo un deje de humanidad – No quiero que nada malo le pase por mi culpa.
- No te ha importado en cinco años ¿Por qué tiene que ser diferente ahora?
- Que no haya querido formar parte de su vida cuando nació no significa que ahora quiera que le pase algo malo.
- No es nuestra culpa que se haya escapado.
- Pero si es nuestra culpa haberla traído hasta aquí y querer separarla de su madre y el único mundo que siempre ha conocido.
- Querido… Ha sido tu intención desde el comienzo separar a la niña de su madre.
- Puede que haya cambiado de opinión – Le dijo Albert mientras estacionaba en un restaurante modesto para comer algo.
- No me importa lo que pienses ahora. No te daré la razón en esto, Albert, no permitiré que vuelvas allá.
Fiona bajó del auto y se dirigió al restaurante. Albert la siguió y pidieron una mesa lo bastante alejada del resto.
Comieron en silencio. Albert en verdad estaba preocupado por Holly, y se arrepentía por todo lo que había hecho. Sabía que no iba a poder vivir libremente por el resto de su vida, pero Holly no se merecía lo que le estaba pasando.
Luego de la comida, pagaron al camarero y salieron del restaurante. Ambos estaban tan absortos en sus pensamientos que no se dieron cuenta de los hombres uniformados que los estaban esperando.
Antes de que pudieran decir algo, los estaban esposando y llevándolos hacia una patrulla.
- ¿Qué significa esto? – Preguntó Albert con enfado - ¡Se están confundiendo de persona!
- No lo creo señor Andrey – Dijo uno de los policías en un inglés bastante malo mientras revisaba su ID – Usted se encuentra bajo custodia policial hasta que se pida su extradición a los Estados Unidos.
ooo
Terry había llegado a la ciudad de Buenos Aires donde lo esperaba una custodia personal que lo trasladaría hacia donde se encontraba Holly.
Fue un largo viaje hasta la estancia Los Alerces, pero no le importaba con tal de recuperar a la niña. Llegó hasta la entrada de la enorme casa y llamó a la puerta, donde la recibió una de las empleadas.
- Buenas tardes – El español de Terry no era muy bueno, pero la mujer lo entendió.
- Viene por la niña ¿Verdad?
- Sí.
- Ella está con los caballos – Se hiso a un lado para dejar entrar a Terry – Pase por favor.
- Gracias – Terry ingresó a la estancia y se maravilló por el hermoso lugar.
- Tome asiento y llamaré a los jóvenes.
Terry esperó unos cuantos segundos cuando escuchó la voz de Holly que venía del pasillo. Se puso de pie en cuanto vio a la niña cruzar la puerta seguida por dos jóvenes.
- ¡Terry! – Holly corrió y Terry abrió sus brazos para darle un fuerte abrazo.
- Pequeña – La alzó en brazos y la apretó fuertemente contra sí – Estábamos todos tan preocupados.
- Yo también estaba muy asustada… - Holly miró a su alrededor - ¿Dónde está mamá?
- Ella no ha podido venir – Le dijo mientras la depositaba en el piso.
- ¿Por qué?
- Porque… - Terry quería contarle la buena noticia, pero supuso que Candy se enfadaría – Bueno… ya te lo explicará ella cuando lleguemos.
- ¿Ya nos vamos?
- Sí, nuestro avión sale en unas cuantas horas.
- Bueno – Holly miró a los dos jóvenes que habían estado con ella todo este tiempo y corrió a darles un fuerte abrazo – Los voy a extrañar mucho.
- Nosotros también a ti, pequeña – Le dijo Martín en nombre de ambos.
- Muchas gracias por haber cuidado de ella – Les dijo Terry mientras se acercaba a ellos y les daba un apretón de manos.
- Hicimos lo que cualquier persona hubiera hecho.
- Nos gustaría que nos visitaran si algún día están por Nueva York – Terry les entregó una tarjeta personal – A Holly le gustará volver a verlos.
- Claro.
Así, Terry y Holly se despidieron para dirigirse nuevamente a su casa.
Continuará…
Bueno… solo queda un capítulo más para terminar esta historia… y tal vez un epílogo.
Espero que les guste!
Besossssssssssssss
