Hola chicassssss! Aquí estoy publicando desde mi coche mientras espero a mis loquitos.

Otra vez, sí...GRACIAS A TODAS POR VUESTRAS PALABRAS Y POR VUESTRA PACIENCIA.

Ahí vamos...


Cap 27. Mente, sangre y cuerpo

POV Bella

—Sentía tanta curiosidad por ti, tanta necesidad de repetir ese encuentro, y tanto miedo de hacerte daño…que me quedé bloqueado. En cien años siempre he calculado cada paso, sabiendo las respuestas, adelantándome a ellas…Y ese día... no podía hacer lo que deseaba… pero tampoco lo que debía, que era alejarme…Por primera vez no sabía las respuestas…

Resopló frustrado, como si no fuera capaz de expresar lo que quería…

—¿Tiene esto algún sentido para ti? Porque yo…

—Oh, sí…—susurré en respuesta.

No tenía que recordar las veces que me enfadé conmigo misma, o me decepcioné, o finalmente acepté amargamente que sentía algo que no debía…

Cariño, sé perfectamente lo que quieres decir…

Suavizó un poco su expresión, aceptando mi comprensión.

—Necesitaba seguir viéndote…—susurró casi para él antes de adoptar una actitud más seria—Sin ser una amenaza para ti. Tenía que familiarizarme con tu olor, controlarlo, controlarme, no permitir que la sed me hiciera perder la cabeza…Así que…te seguí los días siguientes, manteniendo la máxima distancia posible…casi siempre…

Oh, el bosque…La sensación de estar siendo observada…Vaya, Bella, quién diría que tú tendrías algo así como intuición…Bromeé conmigo misma.

Sé que seguía esperando una reacción por mi parte, que de un momento a otro saliera corriendo gritando histéricamente, me desmayara o directamente me tirara por el acantilado…Pero yo estaba repentinamente encantada con la idea de tener a este hombre persiguiéndome durante días…acompañándome…

Venga Bella, ¿justificando a un acosador? ¿En serio? Pero la sensación de seguridad volvía a estar ahí, más palpable que nunca.

—Me acerqué a tu casa, rondé por allí sólo por curiosidad, mientras tú te sentabas a trabajar o trajinabas en la casa. Me descubrí disfrutando de tus gustos musicales, criticándolos o aplaudiéndolos, investigando entre tus libros, intentando averiguar en qué tipo de historias pasabas horas inmersa.— sonreía mientras hablaba y me emocioné tontamente ante lo que le causaba mi recuerdo— Pero mi momento preferido era cuando te sentabas en el sillón, al anochecer y te tomabas una cerveza, arropada con una manta, mientras leías o simplemente cerrabas los ojos...Dios…parecías tan relajada, en paz…Deseaba tanto compartir ese momento contigo…

Cayó de repente, frunciendo el ceño y negando levemente, como si se de nuevo hubiera dicho algo que no debía o se hubiera desviado del tema y se regañara a sí mismo.

Vampiro adorable…No sé de qué parte de mi mente provenía ese humor que señalaba las pocas probabilidades de encontrar en una misma frase las palabras vampiro y adorable haciendo referencia a la misma persona…Quizá eran sólo los nervios, que me volvían bipolar, o quizá era sólo una forma de no hacer que mi cerebro explotara o se desconectara totalmente de esta inverosímil realidad. Sea como fuera, mis manos picaban por acariciarle y yo apenas podía mantenerme alejada. Y la sonrisa ya patentada como ohhh que me derrito, permanentemente en mi cara.

—Y cuando saliste con Jacob Black.—se pasó la mano por el pelo, despeinándose más. Me encontré exigiéndome a mí misma acariciar ese sedoso y brillante cabello.—También estuve por allí.

—¿Entraste en un bar?.—pregunté, agradablemente sorprendida de poder estar siguiendo el hilo de la conversación mientras fantaseaba con acariciarle.—¿Cómo? Eres menor…

—Digamos que los de mi especie tenemos un gran poder de persuasión…—juntó sus labios en una línea, mirándome alerta

Sigues esperando que huya, Edward, y no puedo hacerlo…

—¿Me lo hiciste a mí?.—oh, Emmett, aquella extraña mirada de Emmett.

—¡No! —se apresuró a justificar— Al menos no conscientemente. Pero creí que sí, que lo había hecho, que ese había sido el motivo de tu reacción. Pero no estaba seguro, así que…

—Le dijiste a Emmett que me lo hiciera, ¿no es cierto?.—no pude evitar sonreír al recordar lo avergonzada que me sentí de que Emmett me "mirara" así. Dios…me las pagarás, osote.

—¿Lo supiste?.—parecía sorprendido.—¿Cómo?

—No lo supe entonces, lo sé ahora. Entonces no le di la menor importancia, pensé que bromeaba conmigo, nada más…

—Sí, bueno. Emmett me dijo que tu respuesta no era ni parecida a lo que yo les había contado que había sucedido entre nosotros…así que…

Inmediatamente me pregunté qué habría pensado su familia, mis queridos amigos, de mí al escucharlo. Me miró de nuevo a los ojos, y parecía indeciso, confundido.

—Eso que dices que sientes por…que te pasa conmigo… no te lo he hecho yo, Bella.

Oh, que confundido estás, pues sólo tú eres capaz de hacerme sentir esto…

Asentí sin dejar de mirarlo, dándome la razón a mí misma en silencio.

—¿No te asusta que haya estado rondándote? ¿No te… molesta?

—No.—respondí sincera.

—Quizá cuando lo sepas todo…

¿Había más?¿Pero qué más debía saber de un vampiro acosador que despertaba mi cuerpo y mis sentidos y que dio la vuelta a mi universo en el momento en que lo vi? Llevábamos horas hablando. Y podría estar así toda la vida, pensé.

Intentaba, de verdad, concentrarme en cada frase que me decía, esperando que me afectase, que despertara mi instinto de supervivencia, que me hiciera huir…pero era imposible. Mi sentido común parecía haberme abandonado para siempre.

—Bien…Era difícil, para mi familia y para mí, entender, después de tantos años de… apatía, que tú despertaras ese enorme interés en mí. Tu sangre casi me hace tirar por la borda cien años de autocontrol, y tu mente, inescrutable, silenciosa, se convertía tanto en un reto como en un remanso de paz y descanso para la mía. Más difícil aún era aceptar que no podía resistirme a ninguna de esas sensaciones, que me llevaban incluso a perseguirte, y no me dejaban sacarte de mi cabeza…Te habías convertido en una necesidad.

Casi ronroneo de placer ante esas palabras. Él es necesario. Sí, le entendía, más allá de lo asombroso, de lo terrorífico y de lo enrevesado de todo aquello, era capaz de entender exactamente esa necesidad.

—Entonces, ese día, cuando te preparabas para darte un baño…—abrió mucho los ojos y se acercó, levantando las manos para reforzar su ruego.—No te enfades, Bella por favor. No era mi intención ofenderte, ni avergonzarte, ni mucho menos. Debí haberme ido entonces, pero…no…no pude…Aquello… me cogió tan desprevenido que no sabía qué buscaba exactamente quedándome allí…

Parpadeé confusa. No entendía nada. Nos sabía de qué me hablaba. Recordaba ese día, el domingo, cuando me preparé el baño…Intenté recordar qué era lo que podía haber pasado para que Edward estuviera tan preocupado por haberme ofendido…

¿…Se quedó a mirar…? Oh señor… Noté el rubor en mis mejillas.

Y ¿por qué me lo cuenta?... Si no me hubiera dicho nada no tendría por qué haberse disculpado y yo nunca me hubiera… Entonces entendí que hablaba con una persona que se había educado en otra época, en una en la que, a un caballero, sí le importaba ofender a una dama, mentirle o esconder sus actos detrás de una cortina.

—Cuando me di cuenta de lo que ibas a hacer, debí haberme ido entonces. Pero no pude, algo me mantenía clavado allí. Empezaste a desnudarte y…—me miró avergonzado, cerrando sus manos en puños— Supe por qué tenía que haberme ido, porque no debería haber sentido…No soy humano, no tendría que haber deseado …—se detuvo y tragó, cerrando los ojos y negando con la cabeza.

Su confesión agitó algo dentro de mí. Yo intentaba permanecer tranquila, pero mi cuerpo tenía sus propias intenciones. El corazón me latía tan fuerte que estaba segura de que ni el sonido del mar ni el viento golpeando el acantilado lo acallaban en ese momento. Y de que él lo estaba escuchando mucho mejor que yo.

Se restregó la cara con sus manos, en un gesto desesperado, y luego las volvió a pasar por su descolocada melena.

—Nunca había sentido ese… deseo.

Temblé, y sentí más que vi lo cerca que estaban nuestros cuerpos. No sé quien de los dos se había movido, quizá ambos, pero ahora estábamos cerca, más de lo que nunca antes habíamos estado.

—Como humano apenas tuve oportunidad…Y como vampiro…siempre di por sentado que la sangre era lo que más desearía por el resto de mis días. Cuando te olí por primera vez, no hice más que reafirmar mi convicción. Pero ese día—su voz se hizo suave, como una caricia, un grave murmullo que hacía vibrar cobrando vida a la piel de mi cuello— en aquel momento, al contemplar tu piel, tu cuerpo, prometía ser tan cálido y delicado, tan acogedor y…tentador…

Observé cómo pasaba inconscientemente su lengua por su labio superior. Me estremecí y mi cuerpo ardió ante el deseo de repetir la acción con mi propia lengua…

— Una necesidad desconocida se apoderó de mí, y era fuerte, más fuerte que la sed, más fuerte que yo, más fuerte que mi voluntad de mantenerme apartado. En ese instante comprendí que eras el castigo a mi vida condenada. Un ser humano, un ángel o un demonio, invocado para tentarme de todas las formas posibles. Tu mente era un misterio para mí, al que no podía resistirme, tu sangre la mayor tentación a la que jamás me había enfrentado, y ahora, tu cuerpo despertaba un ansia aún mayor que cualquiera que hubiera experimentado…el deseo, que creí haber perdido con mi humanidad…

Si alguna vez alguien ha sentido que todo su cuerpo le gritaba una palabra, sabrá perfectamente lo que me costó resistirme a las órdenes del mío.

Bésale, bésale, bésale…

Intenté controlar mi respiración, controlar mi propio deseo avivado por sus palabras. Tomé una gran bocanada de aire para ayudarme…pero lo único que conseguí fue llenarme de su olor, dulce y fresco…y saborearlo en mi boca hasta tenerlo impreso en mi lengua..

Mmmm…

—No sé qué me impulsó a entrar en tu casa. No tenía intención alguna de que te dieras cuenta de que estaba allí, y podía haber seguido mirando por la ventana… Pero necesitaba olerte, oírte respirar, oír los latidos de tu corazón.

Sus palabras eran como un lamento, una disculpa, pero sus ojos sin embargo eran tan intensos, parecían tan ardientes que de nuevo ahogué un gemido mordiendo mi labio inferior, fuerte. Edward imitó mi gesto en silencio, desviando su atención a mi boca…

Me quema…

Cerró los ojos con fuerza, como si le costara concentrarse tanto como a mí…

—Me moví por las sombras de la casa. Olí el aroma del jabón mezclado con tu propio aroma y con el vapor del agua caliente. La humedad ya mojaba tu cara y tu pelo, y tú mientras te pasabas la botella por tu cuello, una y otra vez... —tragó duro— No sabía en qué pensabas, pero escuchaba a tu cuerpo, sentía a tu cuerpo. Tu pulso se aceleró y tu corazón martilleó fuerte mis oídos—volvió a abrir los ojos y su mirada era ¿juguetona? ¿curiosa?— Y parecías disfrutar—susurró.

Bajé los ojos, de nuevo avergonzada, y sonreí ligeramente. Y, de nuevo, volví a dar gracias a la providencia porque Edward pareciera incapaz de meterse en mi cabeza. Obviamente, estaba pensando en ti, cielo.

—Entonces me pareció que te habías quedado dormida. Y tenté a mi suerte, a mi autocontrol y a mis instintos acercándome a ti. Retiré con cuidado la botella de tu mano y la puse en el suelo. Te observé durante minutos, dando vueltas alrededor de la bañera, inundándome de ti, permitiéndome estar cada vez más cerca…

Dios mío, espero que tengas en cuenta el enorme esfuerzo que estoy haciendo en este momento para no lanzarme a los brazos de esta…divinidad… recé para mí.

—Me arrodillé por detrás de tu cabeza y me agaché a la altura de tu cuello. —sus ojos se desviaron a esa parte de mi cuerpo, y encontraron el acelerado ritmo de mi pulso, notoriamente visible— Te olí, sentí correr tu sangre, y la desee, la desee una y otra vez hasta que tu olor fue lo único que hubo en mi mente.

En sus ojos pude ver la contención, el dolor, la fuerza descomunal que aplicaba a su cuerpo para no abarcar ese punto glorioso.

—Todos mis sentidos me lanzaban a tomarte, y la ponzoña se acumulaba en mi garganta. —me miró fijamente y mi corazón se quedó estancado en su mirada, esperándole, esperando sus palabras para poder seguir latiendo—Creí que no podría resistirlo. Pero entonces tú pronunciaste mi nombre… —y ahí estaba la luz, manando de él, de sus ojos dorados. Late pequeño, late fuerte, hazte escuchar…— Al principio pensé que te habías dado cuenta de que estaba allí, pero no, tu respiración, aunque algo más agitada, tenía la cadencia propia del sueño.

Su sonrisa apoteósica, triunfante, radiante, me embelesó…una vez más. Ganaste, Edward, ganaste…

—Si pudiera explicarte las sensaciones que me invadieron cuando oí mi nombre salir de tus labios…—gimió rendido—Supe en ese momento, con una certeza absoluta, que jamás podría hacerte daño, que moriría si algo malo te pasaba alguna vez. Fue como si Dios quisiera hacerme una revelación, Bella, un regalo, a mí, un condenado…

La intensidad de su mirada, profunda y maravillada durante los siguientes minutos, me estaba deshaciendo.

—Te miré de nuevo, como nunca antes había mirado a una mujer, con la certeza de saber que eras para mí, que tenías que ser mía, que tenía que hacer que me amaras…como yo acaba de descubrir que te amaba a ti.


...Mmmm...creo que Bella también se ha quedado sin palabras...^o^...

Beso

P.