Los dos jóvenes se subieron al automóvil, Shinichi en el asiento del copiloto ya que llevaba los lentes y podía dar las direcciones y Hakuba en el asiento del conductor.

Shinichi solo vio por el retrovisor como los 3 hombres se quedaron sorprendidos y como Nakamori parecía gritarle muchas cosas.

—Lo siento, inspector Nakamori —dijo Shinichi—, pero no puedo dejarlo ir y usted no está en condiciones de continuar.

—Estoy seguro que comprenderá —dijo Hakuba—. Después de todo, él sabía que no nos quedaríamos tranquilos como nos pidió, especialmente tú con tus antecedentes.

—¡Oye, qué quieres decir con eso!

—Digamos que ya tienes fama por no seguir las reglas y de exponerte demasiado, ¿no, Kudo-kun?

Shinichi sonrió al escucharlo y pensó que de todas las veces que se había arriesgado, nunca había llegado al punto de prácticamente robar una patrulla policial.

—Pero nunca había llegado a este extremo… Me tendrás que ayudar con esto, Hakuba.

—¿A qué te refieres?

—A que deberás hablar con tu padre. Así él podría interceder por nosotros —dijo Shinichi—. O esto nos costará muy caro...

—De eso me encargo yo —dijo Hakuba sonriendo—. Así que no te preocupes.

El detective inglés siguió manejando a gran velocidad para poder alcanzar a Yamazaki siguiendo cada instrucción que le daba Shinichi. Después de unos minutos, lograron ubicarlo en una autopista. Fueron primero acercándose de a poco, para pasar desapercibidos. Sin embargo, Yamazaki al darse cuenta que volvía a ser perseguido, empezó a acelerar y a escabullirse fácilmente entre los automóviles.

—Bien, Kudo-kun —dijo Hakuba—. Sujétate fuerte.

En ese momento, el detective inglés pisó el acelerador y con gran habilidad, empezó a adelantar varios autos que estaban en la autopista, moviéndose libremente. Parecía como si fuera un conductor de policía acostumbrado a esas persecuciones.

—¡Oye, Hakuba, ten cuidado! —dijo Shinichi sorprendido—. ¡¿Realmente eres capaz de manejar así?!

—Estuve aprendiendo en Inglaterra para casos de este estilo —dijo Hakuba—. Aunque nunca lo había hecho en una verdadera persecución. Disculpa si llegas a moverte mucho o a golpearte.

—No te preocupes, tú solo sigue. ¡No lo perderemos de vista esta vez!

Luego de varios minutos así, Yamazaki salió de la autopista y dobló en una calle local. Rápidamente lo siguieron y lograron tomar la calle donde había doblado Yamazaki. Era un lugar sin tránsito, que estaba en altura porque la calle estaba en el borde de un pequeño cerro. Se podía ver a su izquierda que había una caída de 10 metros.

Yamazaki en ese momento empezó a dispararles mientras seguía conduciendo. Hakuba con dificultad, trataba de evitarlos, pero el vehículo recibió varias balas.

—¡Trata de mantener el auto lo más recto posible! —dijo Shinichi.

—¡¿Cómo quieres que haga eso?!

—¡Al menos algunos segundos en que vayas derecho!

Shinichi tomó la pistola que tenían y entonces Hakuba entendió a lo que se refería. El detective inglés empezó a mantener el vehículo más estable, lo que le permitió a Shinichi poder apuntar por la ventana y dispararle a los neumáticos del auto de Yamazaki, sin tener éxito. El hombre dejó de disparar para poder esquivar las balas y luego volvió a acelerar, alejándose de ellos. Sin embargo, de pronto se dio media vuelta, mirando ahora por donde venían los detectives, sorprendiendo a los chicos.

—No me digas que él… —dijo Hakuba con miedo.

En ese momento, Yamazaki aceleró al máximo, yendo directamente contra ellos.

—¡Tírate hacia el costado! —gritó Shinichi.

Hakuba retrocedió un poco y se lanzó por el cerro hacia abajo.

No supieron por cuánto tiempo cayeron. Ambos se afirmaron como pudieron mientras caían, pensando en varios escenarios posibles a la vez. Finalmente la patrulla cayó de costado, golpeándose fuertemente contra una zona llena de rocas y ramas. Los vidrios de ese lado se rompieron y los detectives se golpearon por la caída. Después de eso el vehículo se estabilizó, quedando un poco en diagonal apoyado entre las rocas, pero al menos estable sobre la base del auto.

—¿Estás bien, Kudo-kun?

Hakuba estaba preocupado porque el auto había sido golpeado por el lado donde iba Shinichi. La puerta de su lado estaba hacia dentro, hundida, se notaba que se había golpeado muy fuerte.

—S-Sí… respondió Shinichi—. Pero me duele mucho el brazo… probablemente me lo fracturé. ¿Y tú?

—Me duele mi tobillo donde lo dejé entre los pedales —dijo el detective británico—. Parece que ahora sí no podemos seguir...

—¡Maldición! —gritó Shinichi golpeando el auto con su brazo no herido—. ¡Esto no es justo!

Los dos se quedaron en silencio, mientras Shinichi mantenía los ojos cerrados por la frustración de la situación. De pronto, a lo lejos empezaron a escuchar el ruído de los vehículos de emergencia.

—Kudo-kun, ¿escuchas ese ruido? —dijo Hakuba tranquilamente—. Son las sirenas de la policía.

Shinichi se quedó en silencio escuchando, sorprendido al darse cuenta que el otro detective tenía razón.

—Entonces… —murmuró Shinichi—. Tal vez…

Volvieron a quedarse en silencio, para escuchar con más atención la dirección desde donde provenía el ruido.

—Tienen que haber seguido el gps de la patrulla... —dijo Hakuba—. El sonido se ha detenido muy cerca de acá, si se detuvo y no se ha alejado, entonces no se han movido. Puede que ya lo hayan acorralado.

—Salgamos de aquí entonces... —dijo Shinichi un poco más relajado, ahora esperaba que todo estuviera bien—. ¿Podrás caminar?

—Si, no te preocupes.

Los dos se veían agotados y tenían pequeñas heridas causadas por los vidrios que se habían roto en la caída. Empezaron a moverse y con un poco de dificultad, salieron del vehículo. Shinichi trató de no utilizar su brazo izquierdo, al mismo tiempo que ayudaba a Hakuba a moverse para que no tuviera que forzar su pie.

—Sí que nos van retar por todo esto —dijo Hakuba mirando el auto—. No solo lo robamos, sino que dañamos un vehículo policial. Va a ser más complicado de lo que pensé...

—Sí, no quiero ni pensar en eso… Pero tú quisiste venir —dijo Shinichi.

—Lo sé, no estoy reclamando. Sé muy bien en lo que me estaba metiendo. Solo nos queda aceptar lo que nos digan…

En ese momento, algunos oficiales de policía que estaban investigando la escena en la calle de arriba, miraron hacia abajo del cerro y los vieron. Fue entonces que pudieron recibir la ayuda de ellos. Los oficiales les dijeron que lograron acorralar a Yamazaki quien ya no tenía armas cargadas con balas. Con eso, Shinichi y Hakuba dedujeron que al verse acorralado sin más armas, había intentado chocarlos como última opción.

Los policías llevaron a Shinichi y Hakuba al Hospital de la Policía Metropolitana, donde les atendieron las heridas. Shinichi resultó con fractura en el brazo izquierdo como lo pensaba, así que se lo enyesaron y ahora debía llevarlo tomado con un pañuelo que lo sostenía desde su cuello. Hakuba tuvo un pequeño esguince en su pie, así que le pusieron una bota ortopédica que le inmovilizaba el tobillo.

Luego de que los atendieran, les tocó hablar con la policía. Ambos chicos conversaron primero con el Superintendente General Hakuba, quien los regañó por todo lo que habían hecho, pero que dijo que vería cómo ayudarlos. De alguna forma, él reconocía el gran sentido de justicia de Shinichi y Saguru, pero al ser solo adolescentes no se les podía simplemente felicitar por su contribución.

El resto del día pasó en interrogatorios y regaños para ambos. Se les prohibió volver a contribuir con la policía por 3 meses como castigo, pero dentro de todo los jóvenes se sintieron aliviados. Podrían haberles hecho pagar los daños, o hasta procesarlos por desacato a la autoridad, obstrucción a la justicia y otros delitos en los que habían incurrido. Pero como en la policía ellos eran conocidos y sabían que lo hicieron para conseguir atrapar al jefe de la organización, además de la intervención de varios inspectores además del padre de Hakuba, lograron que no tuvieran una mayor sanción.

El operativo finalmente resultó bien y se desmanteló a toda la organización. Hubo varios heridos de ambos bandos, pero todos los integrantes fueron encarcelados. Eso fue lo que más alivió a Shinichi, no le importaba ni su brazo, ni el castigo que había recibido. El saber que todo había terminado al fin era lo único que le interesaba.

Estaba oscureciendo cuando Shinichi terminó con todo y pudo salir de la estación de policía. Rápidamente se fue al hospital donde estaba Kaito, esperando poder tener noticias de él. Cuando llegó al lugar, se encontró con Chikage que lo observó sorprendida al verlo con el brazo enyesado.

—¡¿Qué te sucedió, Shinichi-kun?! —preguntó la mujer preocupada.

Shinichi llegó hasta donde estaba ella y la abrazó en silencio, apoyando su cabeza en su hombro.

—Se acabó… —dijo de pronto Shinichi—. Ya se acabó todo…

—¿Q-Qué? —dijo Chikage sin entender.

—Hoy los atrapamos… La organización ya no existe, la policía los arrestó. Se ha terminado.

La mujer no podía creer lo que estaba escuchando. Ahora entendía por qué Shinichi había desaparecido todo el día. Sus ojos se llenaron de lágrimas, emocionada por la situación.

—Por eso estás herido… Fuiste detrás de ellos…

Shinichi se separó de ella y le sonrió.

—Ya no debe preocuparse más, Chikage-san. Hoy se hizo el operativo y todo resultó bien. Kaito ahora ya no está en peligro.

Chikage al escucharlo, volvió a abrazarlo fuertemente.

—¡Muchas gracias, Shinichi-kun! ¡Gracias por todo lo que hiciste! ¡No debiste…! ¡Estás herido debido a eso!

—No se preocupe, estoy bien. Esto no es nada, estaré bien en unas semanas… —dijo Shinichi volviendo a ver a la mujer—. Perdón que hoy no pude estar pendiente…

—¡No te tienes que disculpar! —dijo Chikage— Con todo lo que has hecho por él, yo debería pedirte perdón por todos los problemas...

—Ya le dije, no se preocupe, ¿está bien? —dijo Shinichi sonriendo—. Dígame, ¿cómo ha estado Kaito hoy?

—Lo pasaron a una sala normal, ahora puedes verlo si quieres. Pero sigue sin reaccionar.

—Es una buena señal que haya salido de cuidados intensivos… Iré a verlo un momento.

Shinichi se alejó de ella, fue hasta la habitación que Chikage le había indicado y entró a la pieza con cuidado. Kaito estaba recostado, con las mismas máquinas conectadas a él, completamente inmóvil.

—Kaito… he vuelto. ¿Puedes escucharme?

Shinichi se quedó en silencio unos segundos, observándolo y esperando alguna señal. Luego tomó su mano con delicadeza, deseando poder sentir otra reacción de él.

—Te tengo una buena noticia, Kaito. La policía ya desmanteló a toda la organización. Ahora están todos presos y empezaron a incautar todas las cosas que estaban en sus edificios. Todo esto ha terminado, no tendrás que preocuparte más...

El detective observaba lo tranquilo que se veía Kaito, casi parecía que solo estaba durmiendo. Tenía muchas dudas sobre su estado.

—Me pregunto qué estarás sintiendo ahora… Espero que no estés sufriendo, que no sientas dolor… ¿Estarás bien?

Shinichi se sentía mal. Seguía sintiéndose culpable y solo quería saber que Kaito estaba bien. De a poco sus ojos se humedecieron, pero no dejó que esas lágrimas salieran. El detective soltó la mano de Kaito para poder secarlas antes de que cayeran y luego respiró profundamente.

—Por favor, despierta —dijo volviendo a tomar su mano—. Tienes que despertar, Kaito. Todo estará bien. No puedes rendirte ahora… Volverás a hacer tus trucos, volverás a la escuela y serás muy feliz…

Shinichi siguió hablándole durante un largo rato, pensando que Kaito podía escucharlo y que así se sentiría mejor. Pero esta vez no hubo ninguna reacción de él como había sucedido el día anterior. Cuando ya había pasado alrededor de media hora, decidió irse.

—Ya me iré, Kaito. Estoy cansado porque fue un día largo y porque… bueno, algún día te contaré todo lo que sucedió hoy, no ahora... Te amo… Volveré mañana a verte de nuevo. Recupérate pronto...

El detective salió de la habitación y volvió a la sala de espera, donde estaba Chikage.

—Chikage-san, ¿no debería irse? Ya es tarde.

—Quería hablar contigo primero —dijo la mujer—. Hay algo que quiero preguntarte.

—¿Qué cosa? —dijo Shinichi con curiosidad.

—No sé si lo sabes, pero Jii y yo todo este tiempo habíamos estado buscando el objeto que nos permita romper a Pandora.

—Sí, Kaito me comentó que tenían la teoría de que una katana especial podría servir.

—Así es. Esa katana ya la encontramos —dijo Chikage.

Shinichi se sorprendió al escuchar eso.

—¿De verdad?

—Sí, es una katana de Masamune. Una leyenda dice que esta espada en particular tiene un poder especial contra los males y los deseos impuros, por eso creemos que es la correcta. Como ya la tenemos, queríamos saber si tú sabes dónde está escondida la joya. Kaito nunca nos dijo su ubicación e insistía en que era más seguro así.

El detective no supo qué decir. Todavía le costaba creer toda esa historia del supuesto poder que tenía la joya y él ni siquiera sabía dónde estaba Pandora. De hecho, había olvidado su existencia en estos últimos días.

—No lo sé, a mí tampoco me lo quiso decir.

—Ya veo —dijo Chikage—. De verdad no se lo dijo a nadie… ¿No tienes una idea de dónde podría estar?

—No, nada, ni siquiera me dio alguna pista. Pero si llego a descubrirlo, le avisaré.

—Muchas gracias Shinichi-kun, pero no es necesario, era solo en caso de que supieras. La buscaremos nosotros —dijo la mujer sonriendo—. No te preocupes por eso y preocúpate por ti.

—¿Eh?

—Estás muy cansado, ¿no? Esas heridas te deben doler y tu cuerpo debe necesitar descansar. Deberías reposar unos días. Espera a que se te curen bien y luego regresas acá, ¿está bien?

—Pero…

—No digas que estás bien, Shinichi-kun. Recupérate unos días, yo te avisaré cualquier cambio. Estoy segura que Kaito te diría lo mismo.

Shinichi se quedó en silencio un momento antes de contestar.

—Lo voy a considerar… Pero no le prometo nada.

La mujer le sonrió tiernamente.

—Gracias por todo, Shinichi-kun. Anda y cuídate, ¿sí?

—Sí —dijo el detective asintiendo—. Nos vemos, Chikage-san.

Shinichi salió del hospital cuando ya era de noche. Avanzó unos pasos cuando de pronto escuchó una voz femenina a su lado.

—¿Cómo estás, Kudo-kun?

El detective se detuvo inmediatamente al reconocer la voz, muy sorprendido. Se dio vuelta a mirar a la chica, encontrando a Akako detrás de él. No se había percatado del momento en que había aparecido. El detective al ver a la bruja, sintió un gran miedo y un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

—Koizumi… —murmuró Shinichi para sí mismo—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Vine a ver a Kuroba-kun. ¿Te puedo acompañar un rato?

—S-Sí, claro...

Shinichi con un poco de miedo, no dijo nada más y solo siguió a Akako quien empezó a caminar. Cuando llevaban alrededor de un minuto así, el detective se atrevió a hablarle.

—Quieres decirme algo, ¿no es así?

—Tal vez... —dijo Akako—. ¿No hay algo que tú quieras saber?

—¿Fue esto lo que viste? —dijo Shinichi—. Me refiero al estado en que está Kaito ahora. ¿Esto fue lo que me advertiste?

Akako se mantuvo seria por un instante.

—No. Era todo diferente. Todo cambió en el momento en que se volvieron a reunir, nada resultó como yo lo había visto. Él hubiera muerto instantáneamente en otra situación que no ocurrió.

Shinichi primero sintió miedo, imaginando cuál podría haber sido esa situación que hubiera terminado así. Pero luego se sintió aliviado, sabiendo que al menos que eso no sucedió.

—Ya veo, eso hubiese sido peor… —dijo el detective pensando—. Pero... él ahora igual está grave…

—Él estará bien.

—¿Eh? —Shinichi la miró con ilusión—. ¿De verdad lo estará?

—Sí, él estará bien, así que no debes preocuparte.

Shinichi sintió como su corazón se aceleraba solo de la alegría que sentía. Kaito se recuperaría y eso era suficiente para él. Luego sonrió y suspiró aliviado.

—Espero que sea pronto… Pero aunque no sea así, es un alivio saber que estará bien. Gracias por decírmelo.

—Te lo estoy diciendo porque tú me has estado llamando, ¿no? —dijo Akako—. Has estado preguntándome en tus pensamientos si es que él estaría bien o no, dudando si debías contactarme para saberlo.

El detective se sorprendió al escucharla. Era verdad que en la desesperación de querer saber si estaría bien, se preguntaba si esa era la predicción de la que le había hablado Akako. Y había pensado muchas veces en preguntarle si se recuperaría o no.

—Y-Yo… —dijo Shinichi—. Lo siento, supongo que lo hice sin darme cuenta...

—Una última advertencia —dijo Akako—. Tengan cuidado con esa piedra demoníaca. Ni siquiera quienes manejamos la magia sabemos bien el alcance de su poder. No es bueno que la sigan guardando ustedes. Es mejor que se deshagan de ella.

Shinichi la miró con seriedad al escucharla. Que se lo mencionara después de la conversación que tuvo con Chikage no podía ser solo una coincidencia.

—¿Qué debemos hacer con ella?

—No lo sé… Solo sé que si la siguen guardando, les hará daño. Y si la destruyen, un hechizo se liberará. Cualquier cosa que decidan, traerá una consecuencia que es desconocida. Es algo en lo que no los puedo ayudar.

—Entiendo… Gracias Koizumi.

Akako sonrió levemente y luego se apartó de Shinichi hasta que desapareció. El detective siguió el camino a su casa reflexionando en todo lo sucedido, había sido un día demasiado extraño. Se sentía agotado, le dolía el brazo y las heridas que se había hecho, pero se sentía tranquilo.

Llegó a su casa, subió a su dormitorio y se recostó encima de su cama, de espaldas, al fin teniendo unos minutos para sí mismo, quedándose dormido. Luego de dos horas, despertó debido a que empezó a sentir mucho calor, después de todo, había estado caluroso y ese día no había abierto las ventanas de su casa. Se levantó para abrir el ventanal de su habitación, pero fue entonces cuando sintió un fuerte dolor en el pecho, mientras sentía que su corazón se aceleraba. Shinichi dio un pequeño grito al sentirlo y se dio cuenta de lo que sucedía.

—N-No, por favor…

El detective estaba cada vez peor, sentía que sus huesos quemaban y apenas podía sostenerse. Cuando ya no lo pudo soportar, volvió a gritar, esta vez mucho más fuerte que antes.

En ese mismo momento, mientras Shinichi se desmayaba en su habitación, en el hospital, Kaito empezaba a abrir los ojos.


Al día siguiente, Chikage volvió a ver a Kaito, ahora acompañada de Jii, quien no se había acercado al lugar por el riesgo de que alguien de la organización se diera cuenta que era el asistente de Kaito Kid. Ahora que todo había terminado, podía acompañar a la mujer al hospital.

Shinichi no fue ese día a ver a su novio. Habló con Chikage y le dijo que le había hecho caso y que se estaba cuidando un tiempo para reponerse. Ella estaba muy agradecida por todo lo que había hecho por Kaito, por eso le tenía mucho cariño y también estaba muy preocupada por él, por lo que se sintió tranquila al saber que estaba descansando.

Ese día en la mañana, cuando Chikage llegó al hospital, el doctor la estaba esperando. Ella estaba asustada, pero al final recibió al fin la noticia que esperaba: Kaito había despertado durante la noche. Aunque el mago estaba bien, aun le costaba moverse en general. Tuvo que empezar a hacer ejercicios para recuperar la movilidad. No podía hacer fuerza en su pecho por sus costillas fracturadas y lo mantuvieron con la máscara de oxígeno hasta que no tuviera dificultades para respirar.

Por precaución, el médico solo dejó que Chikage lo visitara hasta que estuviera más estable. Debido a eso, cuando Kaito preguntó por Shinichi, solo le dijo que estaba bien, pero como no tenía permitido las visitas, aún no podía verlo. Así también no lo preocupaba con lo que había pasado realmente.

A los tres días, Kaito ya dejó de usar la máscara de oxígeno e iba avanzando muy rápido con las terapias de kinesiología. Tenía que hacer ejercicios para su movilidad y de respiración debido a la fractura de sus costillas. Ya estaba hablando más y se le veía mejor que cuando despertó. Sin embargo, tenía que pedir ayuda para sentarse o acostarse, ya que debía tener cuidado con sus costillas.

Ese día en la mañana, él se sentía muy animado. Había tenido ya la primera terapia de la mañana.

—¿Necesitas algo, Kaito? —le preguntó su mamá.

—Sí… ¿Tienes mi teléfono? —dijo Kaito.

—Sí, sé que lo tengo por acá… —dijo Chikage buscando en su cartera—. Sabía que me lo pedirías pronto.

La mujer al encontrar el celular se lo pasó a Kaito.

—Estaré afuera, para no interrumpir su conversación, dale mis saludos a Shinichi-kun. ¡Me llamas al teléfono si necesitas algo! —dijo Chikage saliendo.

Kaito se sonrojó un poco al escucharla, pero su mamá siempre podía entender sus acciones sin decirle nada. El mago tomó su celular y marcó el número de su novio. Estuvo sonando durante mucho rato, algo que le pareció extraño. Ya se estaba preocupando cuando escuchó como atendía la llamada.

—¡Kaito! ¡¿Eres tú?! —dijo Shinichi al otro lado de la línea visiblemente emocionado—. ¡¿Estás bien?!

El mago sonrió al escucharlo. Había extrañado hablar con él.

—Por supuesto que soy yo, ¿cómo puedes dudar? —dijo Kaito molestándolo.

Shinichi rió al escucharlo.

—Me alegra tanto poder escucharte… ¿Cómo te sientes?

—Estoy bien, me estoy recuperando. No siento dolor ni molestias.

—Lo siento, Kaito… Ese día...

—No digas eso. Nada de esto ha sido tu culpa, ¿escuchaste? Y todo está saliendo bien, así que no te preocupes. No quiero que vuelvas a decir nada respecto a eso.

—Está bien… —dijo el detective sin querer discutir más—. De verdad me alegro mucho de que estés bien...

—Oye, Shinichi, ¿cuándo me vas a venir a ver?

—¿Eh? N-No lo sé, depende de cuando te permitan las visitas, sabes que no puedo ir por eso.

—Sí, lo sé… Pero espero que sea pronto.

—Sí, yo también —dijo Shinichi con un poco de tristeza.

De pronto, Kaito escuchó un pequeño grito ahogado de Shinichi seguido por un golpe.

—¿Shinichi? —preguntó Kaito curioso—. ¿Qué fue eso? ¿Estás bien?

Durante unos segundos, solo hubo silencio.

—¡¿Shinichi?! —insistió Kaito.

—¡Ah, K-Kaito! Perdón, es que se me cayó el celular —dijo Shinichi un poco avergonzado.

—¿Cómo se te cayó el celular? No eres tan torpe como para que eso te suceda...

—S-Sólo me tropecé sin darme cuenta y lo solté. Eso no importa…

—¿Me estás ocultando algo? —dijo el mago.

—¡C-Claro que no, Kaito! ¿Qué podría estar ocultando? Es solo que, como dices, fue algo muy torpe que me pasó… —dijo Shinichi avergonzado.

Kaito se quedó un par de segundos en silencio antes de responder.

—Bueno... —dijo Kaito sonriendo—. Supongo que hasta los detectives son torpes a veces.

—¡Kaito! ¡No te burles!

El mago empezó a reírse de su reacción, pero se detuvo enseguida.

—¡Ay! ¡No me hagas reír! ¿No ves que me duele si lo hago? —dijo Kaito sonriendo—. Todavía tengo delicado…

—¡Pero si fuiste tú el que me estaba molestando...! —dijo Shinichi para luego preocuparse por el mago—. ¿Estás bien? Si fue muy fuerte...

—Tranquilo, fue poco… Será hasta que sane completamente…

—Mejor cortemos la llamada, tampoco es bueno que empieces a hablar sin parar, te estás recuperando —dijo Shinichi.

—Está bien… Pero ahora al menos podremos comunicarnos por mensajes —dijo Kaito feliz—. Espero que nos veamos pronto.

—Sí… Cuídate, Kaito. Estamos hablando.

—¡Ah, espera, Shinichi! —dijo Kaito con urgencia.

—¿Qué pasa?

—Te amo…

El detective sonrió al escucharlo.

—También te amo.

Mientras Kaito cortaba la llamada muy feliz, al otro lado de la línea, en Beika, un niño de 7 años con su brazo fracturado dejaba su teléfono y su pajarita cambiadora de voz encima de su velador. A su lado, Haibara lo miraba.

—Demonios… No se lo podré ocultar por mucho tiempo más… —dijo Conan.

—Le pides que se cuide —dijo ella—. Si supiera que tú también...

—No es lo mismo… —dijo Conan—. Yo estoy bien. Lo único malo es lo torpe que me pongo por culpa de estar enyesado para manejar mi teléfono y la pajarita al mismo tiempo.

—Claro, el ataque que te dio es estar bien. Volver a ser Edogawa Conan es normal… —dijo Haibara de forma irónica—. Me alegro que la policía te haya castigado, creo que con eso al fin podrás estabilizarte.

—No me retes… ¿Qué haré cuando lo sepa? ¡No quiero que me vea así!

—Al menos no lo verás, sabes que debes mantenerte en reposo, así que no puedes salir. Espera hasta que pasen los días que faltan, hasta que puedas volver a tomar el antídoto y ahí podrás ir.

—Entonces podría no decírselo y así no preocuparlo...

—No creo que sea posible —dijo Haibara acercándose a la puerta—. Él es inteligente, se dará cuenta que te sucedió algo. Además ¿qué excusa le darías para no ir a verlo? En cualquier momento le permitirán recibir visitas.

La chica se fue de la habitación, dejándolo solo y Conan se acostó en la cama mirando el techo.

—Creo que Haibara tiene razón... No sé qué haré...


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¡Hola! :D ¿Cómo están? :3

¿Qué les pareció el capítulo? Pasaron muchas cosas en él xD

Se terminó la persecución y todo terminó con la maldita organización. Quise que la policía los "castigara" porque de verdad lo que hicieron no es algo que les podrían permitir a ellos por mucho que sean buenos detectives xD

Vuelve a aparecer Akako (Me encanta ella xD) tan misteriosa como siempre, para aclarar lo de su visión y que al final no se cumplió. Esto lo hice así porque me gusta la teoría que dice que las visiones del futuro pueden cambiar, y que al final es como una red de caminos posibles que pueden ocurrir (como lo dice Garnet en Steven Universe, en que ella ve posibilidades, no un único futuro. Si ven esa serie, me entenderán mejor xD)

Y al fin después de todo lo que sufrieron, Kaito despertó, así que pueden estar tranquilos :D No ha muerto :D Pero pasó lo que varios decían y Shinichi volvió a ser Conan. Es la consecuencia que tuvo por andar detrás de la organización.

Ahora hay que ver cómo será la recuperación de ambos :3 ¡Queda ya nada para terminar! :D

¡Muchas gracias a todos por leerme, por seguir esta historia, por sus comentarios y sus mensajes! ¡Me hacen demasiado feliz! :D

¡Nos estamos leyendo!