CRONICAS DE LA ARENA CAPITULO 25

El guardia le soltó las esposas de las manos, dejándole los grilletes de los pies.

― Tiene un máximo de veinte minutos para hablar, sea concisa y directa ―le aconsejo el extraño, mientras le abría la puerta, para que adentrase al pequeño salón de visitas, donde había una pequeña mesa y dos sillas.

Cerraron la puerta, dejándola sola con aquel familiar.

― Tardaste mucho en venir ―le reclamó con tono molesto, Daena, mientras se sentaba de forma relajada en la silla libre que quedaba. Su expresión denotaba enojo―. Escuche por voces, que Draco secundo mi cargo. Fue lo más indicado.

Frente a ella, su visitante mantenía la cabeza gacha, mientras apoyaba los codos en la mesa.

― Espero que ahora estés buscando el modo de sacarme de este agujero ―Prosiguió hablando la exlíder de los Taiyō, al ver que no tenía respuesta de su receptor―. Este lugar es de lo más repugnante, la comida es asquerosa, tengo que compartir mi celda con tres basuras, los baños no cuentan con agua caliente y apenas veo la luz del sol.

Su receptor siguió manteniéndose en silencio. Escuchando sus quejas atentamente.

― Demonios, no te quedes callada, detesto cuando haces eso ―le recrimino la rubia, mientras la agarraba del cuello de su túnica blanca con bordo, atrayéndola hacia ella.

Pero fue detenida por esta. Quien se libró del agarre de sus manos con un brazo.

― ¿Acaso me acabas de rechazar? ¡Soy tu madre! ¡No puedes rechazarme! ―vocifero con rabia, Daena, mientras levantaba su mano con la clara intención de golpearle en la cara.

Pero fue detenida de nuevo, con la mano derecha de su visita, quien la agarro con fuerza y retorció su mano, para que esta quedase apegada a la mesa.

― ¡¿Cómo te atreves?!

― Creo que ya es momento de que yo hable, Madre… ―articulo Ann, con una voz tranquila―. Es tiempo de que sea yo quien hable y tú me escuches.

Soltó su aprisionada mano.

― ¿De que estas hablando? Tú no tienes nada que decirme ―expreso un tanto intimidada su madre, mientras se frotaba el brazo que había estado expuesto al agarre.

― Sabes que no es cierto, madre, tus errores y secretos han hecho que nuestra familia caiga en la deshonra ―se acomodó el cuello de su túnica, para luego cambiar su mirada a una más seria―. Ten por lo menos la decencia de no negarlo.

― No sé qué estás hablándome ―sentencio Daena, aun a la defensiva.

Ann se levantó de su silla, su rostro reflejaba decepción.

―No deberías mentir y fingir más, madre ―camino un par de pasos hacia atrás, para darle la espalda―. Yo he sabido la verdad, desde… ―tomo unos segundos de silencio y suspiro con tristeza―, desde antes de que Papa muriera. Pude escucharlo desde las propias palabras del 4to Kazekage, mientras le preguntaba si valía la pena sacrificarse por una niña que ni siquiera llevaba su sangre...

Daena carraspeó con dolor, sus palabras parecían haberle llegado en una antigua herida que tenía oculta.

―Si ya lo sabes todo ¿Por qué hablar del tema? ―la miro con una gran frialdad en sus ojos, desde su silla―. Si quieres juzgar a tu madre, por lo menos ten el valor de mirarla de frente ―termino diciendo esta, con tono de provocación.

―Sí, sería lo ideal, mas creo que herede tu cobardía para afrontar los problemas ―le respondió Ann, volteándose para verla de nuevo a los ojos, con expresión triste―. O tal vez me parezca mas a ese ser viperino al que tengo como progenitor. Me refiero a ese sannin de Konoha que se volvió desertor, y con el cual engañaste a mi padre…

La Taiyō mayor puso un rostro enfurecido y se levantó de golpe, aventando a un lado la mesa que las separaba.

Se acercó a ella, y con brusquedad la agarro del pelo, para atraerla a su rostro.

― No vuelvas a decir eso, o sino…

― ¿O sino que? ¿Volverás a golpearme hasta el cansancio? Has hecho eso durante todos estos años, que simplemente ya deje de sentir dolor físico ―la reto su hija, mientras le extendía más su rostro, para estar al alcance de sus manos―. Adelante, desquita tu frustración de forma cobarde, como siempre lo has hecho…

Daena hervía de rabia, mas decidió controlarse. Presentía que habría alguna cámara oculta o alguien observando.

La soltó con lentitud, mientras intentaba calmarse.

― Draco… ¿Sabe o le has dicho algo de esto? ―inquirió con preocupación.

―No, yo nunca le dije algo al respeto ―respondió Ann, mientras fijaba su mirada a un lado―, pero… ―titubeo―, Papá dejo unas cartas a cargo de mi guardián, para que las guardase y se nos fuese entregada a Draco y a mí, cuando cumpliésemos cierta edad. Iderum, hace un par de días, se apareció, sin que lo invocase y me entrego dichas cartas…

― ¿Y que decían esas cartas? ¿Las leíste? ¿Sabes si hablaban de mí? ¿Le diste la suya a Draco? ¿Impediste que se filtrara algo referente a mi vergüenza? ―pregunto con gran nerviosismo, Daena, mientras se agarraba las manos con pesar y sus ojos abiertos expresaban ansiedad.

― Solo leí carta que iba dirigida a mí ―explico Anngelius, mientras metía sus manos en los bolsillos del pantalón, que tenía debajo de la túnica abierta que llevaba puesta―. Le entregue a Draco su carta, mas ignoro si ya la ha leído o no. Supongo que si tiene algo que decirte, vendrá por su propia cuenta, conmigo no ha expresado nada referente

― ¿Has venido a entregarme algunas palabras que dejo Igaku para mí, escritas en tu carta?

― No, me hablo de ti, mas no me dejo ninguna palabra dedicada que deba transmitirte.

Daena sentía como el dolor la invadía en su interior. Cayo al suelo de rodillas, mientras se apretaba el pecho con ambas manos.

― Supongo que nunca llego a perdonarme, en ese caso es compresible que no me haya dejado nada ―su voz se tornó quebradiza, con un tono débil. Parecía que largaría en llanto en cualquier segundo.

Su hija la miro con un leve asombro e indignación.

Con una expresión de perplejidad en su rostro, se acercó a ella, para extender su mano, la cual agarraba un sobre.

― No sé cómo termino la relación que tenías con mi padre ―expreso con autodominio―, pero, él siempre fue un ser bondadoso y gentil ―suspiro con alivio― y estoy segura que siguió amándote hasta su último segundo de vida, a pesar del daño y sufrimiento que le causaste…

Daena soltó en llanto con desconsuelo, sin duda, ese tema le causaba un dolor descontrolable.

―Ten, toma tu carta, no tengo todo el tiempo del mundo para esperar a que controles tu llanto ―agarro una de sus manos y dejo la carta en ella―, no tengo nada más que hacer aquí ―dijo con tranquilidad, mientras empezaba a caminar en dirección a la salida.

―Anngelius espera… ―ordeno su madre, haciendo un esfuerzo para controlarse―. Ya que ahora sabes todo sobre tu origen, debes entender el por qué te odio tanto.

La jefa medico se detuvo al escuchar esas palabras, mas siguió dándole la espalda.

― Tú… eres la materialización de todos los errores que cometí en mi vida ―prosiguió, al ver que la otra la escuchaba en silencio―. Por tu culpa jamás pude dejar el pasado atrás, condenándome a arrastrar con ellos, todos estos años. Intente amarte, juro que lo intente, pero ―tosió levemente, para aclarar su voz―, cada vez más, te parecías a ese despreciable ser capricho de mi juventud. Incluso ahora, puedo ver su rostro reflejado en ti. Toda tu existencia ha sido un gran error, el cual no pude evitar. Cuando me di cuenta, ya habías superado mis fuerzas, siendo apenas una no nata.

―Eso explicaría la cicatriz que tengo desde mi nacimiento ―expreso Ann, mientras se llevaba una mano a su abdomen bajo.

― Si, y tu hermano, Draco…

― No metas a mi querido hermano en esto ―refuto Ann con indignación, volteándose para verla a los ojos, con una expresión de rabia―, él no tiene la culpa de que su madre se haya comportado como una mujer publica, en su juventud, y que su hermana mayor sea una bastarda en consecuencia de ello.

Una bofetada en su rostro, proveniente de su madre, quien se levantó al escuchar eso último, hizo que volviese a pensar con cordura.

― Creo que esta es la primera vez que, me merecía esa cachetada ―indico la Taiyō mientras se llevaba una mano en la mejilla enrojecida por el impacto―. En cuanto a todo lo que dijiste, madre, ya me ha quedado bastante claro que, jamás tendré tu cariño. Y descuida, ya no vendré a ti, arrastrándome por conseguir un poco de tu amor. Ya no lo necesito. Comprendí que el amor a uno mismo debe ser la prioridad de cualquier humano… Lo más sano para nosotras, es que no nos veamos más.

Se volteó, puso sus manos en los bolsillos y empezó a caminar a paso lento, hacia la salida.

― No olvides cuidar de tu hermano, el ahora corre un gran peligro…

―Ah, lo sé. Descuida, lo protegeré así deba sacrificar mi vida para ello. Protegeré ese lazo que nos une, y esta vez no fallare ―se detuvo un instante, a unos centímetros de la puerta de entrada, para sacar su mano derecha y extenderla en señal de despido―. Adiós, Daena-sama.

Movió su cabeza de lado, para verla con una sonrisa triste en su expresión.

Daena, quien estaba estática en medio del lugar, entreabrió los ojos al ver como su primogénita se despedía.

Esa pose, esa mirada, esas palabras… no podía asimilarlo. Solo su difunto esposo solía despedirse así, y nadie, aparte de ella, jamás lo había visto.

¿Cómo era posible que se pareciese a él? Si ni siquiera compartían un lazo sanguíneo.

La puerta se cerró, dejándola de nuevo sola, en aquel estrecho lugar.

― ¿Por qué me siento tan extraña? Pensé que sería feliz cuando llegase este día, en el que me librase de la culpa ―murmuro para sí, mientras sostenía la carta con delicadeza―. Igaku… perdóname… he sido una persona horrible.

Ann salió tranquilamente del lugar, había muchos guardias observándola, lo mejor era controlarse hasta que saliera de aquel sitio.

"No tengo tiempo que perder, debo ir hacia dónde están esos dos idiotas… Además, el sonido de las olas me ayudara a controlar esta molestia que estoy sintiendo ahora". Pensó.

Ya en aquel lugar, las cosas no fueron mejores, el lugar tranquilo hizo que sus recuerdos de hace momentos se intensificaran.

"…Debes entender por qué te odio tanto… Toda tu existencia ha sido un gran error…"

Ya era consciente del pensar de su madre, pero, el haberlo oírlo de sus propios labios… hacia que esa molestia en su corazón se intensificara. Un dolor mudo al que nunca pudo encontrar cura.

¿Por qué? ¿Por qué no puedo sanar está herida que llevo dentro? Dios de los cielos… ¿Es que estoy pagando por un pecado horrible que cometí en mi vida anterior? ¿Dónde encontrare alivio para este dolor que me ahoga y mata lentamente?

Se tumbó en el suelo del lugar, con el inmenso océano de paisaje.

Saco la carta que tenía guardada en su bolsillo. Esa que le había dejado su padre.

Por alguna extraña razón, el leerla le producía un gran alivio. Incluso le hacía olvidar ese dolor interno que sentía en el corazón.

Paso un par de horas, meditando que es lo que haría de ese día en adelante. Ya lo había hecho antes, pero las opciones no le convencían del todo.

Doblo las hojas para guardarlas en su sobre, pero cuando intento abrirla, una brisa proveniente del océano, hizo que se le escapase, cayendo a metros detrás suyo. Corrió para recogerla, pero, al verla en suelo, vio que un pequeño papel salía de esta. Parecía que el sobre contenía algo más que dos hojas de papel.

― Esto es… una foto… ―murmuro mientras la alzaba, junto al sobre.

Solo basto unos segundos para que la imagen que veía en esta, la volviese a quebrantar.

Era una foto, la primera y única en su estilo, donde salían tanto su padre y compañeros de equipo. Nunca la había visto, debido a que el fotógrafo que contrataron tardo en entregárselas, al grado de olvidar que existía captura de aquel momento.

"Este fue el día en que conocí oficialmente a Niashi y Shun"

También salía ella, cargada en brazos de su padre. Los cuatro sonreían con alegría.

Sin duda, el lazo con su equipo, fue uno de los más felices, pero, estaba destruido en la actualidad. Por lo menos de su lado.

Un nudo en su garganta la obligo a levantarse, para respirar con más tranquilidad.

¿Por qué todo tenía que haber acabado así? ¿Acaso era culpa de ella?

Trato de controlarse, pero, el dolor esta vez le gano, haciendo que sus ojos soltasen sus lágrimas, las cuales había contenido por años.

Estuvo unos minutos, parada frente al horizonte, con la cabeza cabizbaja, dejando salir su pena, hasta que una voz la interrumpió.

―Esto… Ann-sama ¿Se encuentra bien?

Levanto su rostro y volteo a ver de quien se trataba, aunque ya presentía de quien se trataba, al escuchar su voz.

Y ahí estaba, ese muchacho pelirrojo, que le desagradaba, mirándola con una cara triste en su rostro.

¿Por qué siempre tenía que ser tan inoportuno? pensó.

― Me alegra saber que ya estas al corriente con tus papeleos, Gaara ―expreso Temari, mientras se estiraba relajadamente en el sofá de la oficina―. Falta poco más de un trimestre, para que se acabe este año. Uno muy tranquilo, para ser sincera.

Gaara iba a responderle, mientras seguía pegado a sus escritos, pero su mayor se le adelanto.

― De tranquilo no tuvo nada ―articulo el castaño, apareciendo en escena―. Hemos tenido un gran recorte en el presupuesto, el conflicto interno de los Taiyō que nos envió al hospital y esa lluvia de meteoritos que intento destruir las cinco aldeas de la Alianza*

―Bueno, esos no fueron momentos tranquilos, más supimos apañárnoslas solos ―rectifico la rubia―. Fue un buen año.

― Si tú lo dices… ―expreso con resignación el marionetista―. Aunque últimamente tú te la pasas yendo y viniendo de Konoha…

― ¿A qué te refieres? ¿Qué estas insinuando? ―pregunto un poco nerviosa, Temari.

― No estoy insinuando nada, pero, la cachetada que le diste a Shikamaru Nara en la última reunión de representantes de la alianza*, fue por algo ¿no? ―inquirió el castaño, con los ojos entrecerrados de la desconfianza.

―Ah pues sí, es que ese idiota me sacó de quicio, me equivoque pensando en alguien quien no era ―se defendió la rubia de coletas, mientras cruzaba sus brazos y fijaba su mirada muy lejos del castaño.

Kankurō no pudo evitar reír por lo bajo, el ya presentía que se estaba formando algo detrás de tanta interacción del Nara con su hermana, y como buen hermano menor, no perdería la oportunidad de molestarla.

―Oye Gaara ¿Qué opinas de Shikamaru Nara? ―expreso con energía, el castaño, mientras miraba a Temari con gracia.

Esta por su parte se exalto al escuchar esa pregunta.

― Shikamaru Nara es un hábil ninja de Konoha, es un buen estratega y en un futuro puede que sea una buena mano derecha para el Hokage ―respondió Gaara, con seriedad, mientras seguía enfrascado en sus papeles―. Personalmente, no me desagrada, si es amigo de Naruto, también puede ser amigo de nuestra aldea ―sentencio.

―Sí, concuerdo ―dijo el castaño―, pero… ¿aceptarías que se vuelva parte de nuestra familia?

―Mmm… ¿Familia? ―repitió de forma ingenua el Kazekage, hasta que algo le alerto que no le debía agradar esa idea―. ¡¿Espera?! ¿Por qué debería creer que se puede convertir en mi familia? Para eso…

Temari lo interrumpió, al mismo tiempo que agarraba a Kankurō del cuello y lo obligaba a sentarse con ella en el sofá.

― Olvida lo que está diciendo este tonto, Gaara ―expreso con seriedad, mientras le dedicaba una mirada asesina al hermano que tenía prisionero en su brazo―. Solo está bromeando ¿Verdad? ―apretó más fuerte el cuello de este.

―Hum… hum… no me hagas caso Gaara, solo estaba bromeando ―señalo el castaño con terror, mientras se sacudía para tratar escaparse del agarre de su hermana.

Gaara los observo confundido. No lograba entender por qué Temari estaba tan molesta con Kankurō, y que tenía que ver Nara Shikamaru con aquello.

Algo en esa escena no le agradaba, iba a preguntarles más al respecto, pero una presencia nueva, irrumpió la escena.

― Muy buenas tardes Gaara-sama ―articulo el Taiyō, mientras se agachaba a modo de saludo―. He venido a usted, apenas recibí su llamado.

Temari Y Kankurō, quedaron en silencio, mientras recobraban la compostura.

―Ah, buenas tardes Niashi-san ―le respondió el pelirrojo―. Agradezco tu rapidez al presentarte ―miro de reojo en sus hermanos, quienes miraban con curiosidad al rubio recién llegado―. Antes de empezar, creo que no conoce a mis dos manos derechas, Temari y Kankurō, mis hermanos mayores ―termino diciendo este a modo de presentarlos.

―Yo… ya los conocía a la distancia, mas nunca tuve el honor de trabajar con ellos ―expreso con tono galante, mientras agachaba su cabeza levemente, a modo de saludo―. Kankurō-sama he oído sus hazañas como marionetista, se rumorea que usted es la reencarnación de Sasori, el genio de las marionetas…

― Oh, tus palabras me honran, mas no es para tanto, solo soy un ninja artesano que ama su trabajo ―expreso con entusiasmo el castaño, por el halago.

― No sea tan modesto, por favor ―agrego el rubio, para luego fijar su mirada en la mayor de los hermanos―. Y usted, Temari-sama, es un privilegio verla de cerca, su belleza y fuerza son incomparables, tanto como una bella flor del desierto ―se acercó a ella, para poder observarla de más cerca―. ¿Me daría el placer de poder tocar su mano?

― ¿Ah? ―escupió Temari con asombro, ante tal petición. La mirada cercana de ese hombre la puso incomoda. Su rostro dorado era hermoso y perfecto, le costaba creer que no fuese un modelo de revistas y solo un simple maestro ninja―. Está bien… no veo el dilema… ―expreso un tanto apenada.

El Taiyō agarro con sus dos manos, los dedos de la rubia, la delicadeza usada era como si se tratase de una flor delicada a la que temía dañar sus pétalos.

―Su mano es tan suave, delicada y tersa ―expreso este con tono adulante―, lo cual resalta su linaje noble, princesa, pero a la vez puedo sentir el poder y rudeza dignos de la kunoichi más temida de su generación…

Temari quedo silenciada ante tales palabras, un tanto ruborizada en sus mejillas. Ese rubio sí que sabía endulzar sus palabras para ganarse la confianza de quien se propusiese.

Tanto Kankurō como Gaara cruzaron miradas de desaprobación, normalmente no intervenían cuando alguien intentaba coquetear con su hermana, enfrente de ellos, ya que esta los bateaba casi al instante, pero esta ocasión era diferente. Temari parecía aceptar el halago.

― Hum… hum… y ¿Cómo se encuentra su esposa e hijos, Niashi-san? Espero que bien ―sugirió el pelirrojo, mientras se levantaba de su asiento, para fijar su mirada a una de las ventanas exteriores de su oficina.

―Oh, ellos se encuentran bien, gracias por el interés, Kazekage-sama ―respondió el Taiyō, mientras perdía el completo interés en Temari y soltaba su mano de forma un poco brusca―. Mis niños están cada vez más grandes y mi amada Sahira se encuentra estable. Se podría decir, que no podría ser más feliz…

―Ya veo, me alegra oírlo ―expreso el pelirrojo, para luego informarle el motivo de su llamado.

Mientras tanto, una Temari con la ilusión rota, murmuraba a lo bajo con su menor.

―Kankurō… ¿sabías que este hombre estaba casado?

―Uhum… desde hace mucho ―recalco el castaño―. Y no te fíes de su apariencia, parece de nuestra edad, más te advierto que ya es todo un señor.

― ¿Qué? ¿Un señor? Increíble, incluso llegue a pensar que era mi menor ―enfatizo asombrada la rubia.

― No por nada, los Taiyō se ganaron el título de "longevos", luego de que desaparecieran los Uzumaki. Se dice que su tasa promedio de vida supera los cien años.

― Desde la otra vez me he preguntado ¿cómo es que de repente sabes tanto de este clan? Normalmente sois un ignaro en este aspecto ―murmuro su hermana.

―Pues… solo te diré que Gaara y yo tuvimos mucho tiempo para leer…

Kabuto entro a la habitación de su, aun jefe.

―Orochimaru-sama, conque aquí se encontraba ―expreso un tanto molesto―. Debería avisar a algunos de nuestros ayudantes, cuando se muda de guarida. He estado buscándolo de guarida en guarida, por más de dos semanas.

Orochimaru, por su parte, lo miro con desinterés, por unos instantes, para luego centrar de nuevo su mirada en la copa de vino que balanceaba en una de sus manos, mientras disfrutaba el cálido resplandor de la chimenea, sentado en un cómodo sillón de una sola pieza, con el cabello suelto y vestido con un kimono bien elegante.

― Dime Kabuto ¿Hace frio afuera? ―expreso este con su típica voz ronca y espectral.

― ¿Pero qué clase de pregunta es esa, Orochimaru-san? ―señalo con más molestia, el grisáceo de lentes―. Estamos en una de las guaridas del país del Hierro, aquí hace frio, el año redondo. Ahora mismo, la nieve esta tan espesa, que cuesta caminar.

―Ya veo… eso me recuerda de por qué he estado aquí encerrado, todos estos últimos meses… me desagrada el frio.

Kabuto lo miro con detenimiento. La personalidad de su jefe, había estado cambiante luego de que acabo la guerra. Si bien la alianza les había otorgado un "perdonazo" por haber ayudado en la confrontación y salvado a los Kages, este ser pálido parecía no estar satisfecho. Tal vez era porque le habían prohibido hacer más experimentos, aunque eso no explicaría el estado confuso en el que se encontraba. Parecía como si estuviera pasando por una crisis existencial.

―Orochimaru-san ¿Se encuentra bien? Sé que esto de la prohibición a debido bajarle la moral, pero, su alma de investigador podría centrar su ingenio en cosas licitas a favor de la ciencia médica...

― Mi viejo amigo, Kabuto, me halaga tu preocupación, pero… ―detuvo su voz ronca, parecía un tanto indeciso con lo que pensaba decir―, nada de eso es lo que ocupa mis pensamientos, en este momento.

― ¿Ah no? ―expreso asombrado el cenizo, mientras se acomodaba los lentes y tomaba asiento, en el sillón vacío que había en el lugar―. Entonces ¿Qué es eso que le impide seguir con sus proyectos?

―Kabuto… sabes… yo me adentre en este mundo oscuro, con un propósito específico. El cual termine olvidando con el paso del tiempo… Pero, hubo una persona que hizo que casi declinase de este camino que elegí…

― ¿Se refiere a algún aliado que tuvo y perdió? ―preguntó con curiosidad, el de los lentes, mientras se servía una copa de vino, para acompañar a su jefe.

―Me refiero a una mujer, Kabuto, hace mucho tiempo atrás, yo tuve una amante ―dijo directamente, Orochimaru, para luego tomar un gran sorbo de su copa de color carmesí.

Kabuto casi expulso todo el vino que tenía en su boca, sin duda, no esperaba una confesión de ese tipo.

― ¡¿Qué?! Usted nunca me comentó algo al respecto ―enuncio asombrado―, con todo el respeto, pero, me resulta inverosímil el hecho de que usted haya tenido fijación hacia una mujer. Digo, siempre fue tan neutral en ese aspecto.

― Puedo comprender tu asombro, pero, incluso yo tuve debilidades como hombre ―explico el ojo de serpiente, para luego beber, de otro sorbo, todo el contenido de su copa―. Yo estaba en una etapa de mi vida, en la cual luchaba contra mi propia soledad y el hecho de haber desertado de Konoha. Desde el primer momento en que la vi, supe que me ocasionaría problemas el relacionarme con ella, mas quede hipnotizado ante su presencia y talento innato para la ciencia, y caí en sus encantos, dándome cuenta demasiado tarde.

―Puedo comprender eso, pero, cuénteme mas ¿Qué paso con esa mujer? ¿Murió? ¿Cómo es que nunca la he visto o siquiera he oído hablar de ella con sus demás ayudantes? ―lo acribillo con preguntas, preso de su curiosidad.

Orochimaru sonrió levemente, de esa forma siniestra y atractiva que solo el, sabia expresar. Extendió su copa vacía hacia el cenizo, para que le sirviese más de aquel líquido carmesí.

Este, de forma rápida, le lleno su copa, para que siguiese con su confesión.

― ¿Y bien? ¿Qué sucedió con esa mujer?

― Ella todavía vive, es mucho más joven que yo. No hasta hace mucho, seguía siendo la líder de su clan, el cual es uno de los más influenciables del país del viento. En su juventud, poseía una belleza indescriptible, a tal grado de considerarse pecado, ya que era capaz de hacer que incluso el hombre más inocente y puro, se llenase de deseos propios de la carne, con solo observarla. Me atrevería a decir, que incluso superaba la belleza de mi ex compañera de equipo, Tsunade. Por la cual babeaba el muy tonto de Jiraya.

― ¿Acaso se estará refiriendo a Taiyō Daena? ―pregunto Kabuto, con mayor intriga.

― Si, veo que tu talento para el espionaje sigue activo ―expreso con satisfacción, el ser viperino, mientras tomaba otro sorbo de vino―. Nuestra historia es algo complicada de contar, pero… ―titubeo de nuevo, pensando si podía confiar en el silencio de Kabuto―, termino de la misma forma efímera que comenzó, dejándome un gran vacío, ahora que lo recuerdo.

― Tengo entendido que ella se casó y tuvo dos hijos, pero enviudo como hace diez años. Oí rumores que dejo de ser líder, por intento de traición, contra Gaara, el Kazekage, y toda la aldea en sí, y que su hijo menor es el actual líder. A pesar de que su primogénita ostentaba el cargo, pero lo rechazo ―agrego el cenizo, tomando un pequeño sorbo de vino.

Orochimaru lo escucho con concentración, parte de eso último, era información desconocida para él.

― Esa primogénita de la que hablas… ella, resulta que nos une un lazo de sangre, ya que en realidad es hija mía…

Kabuto no pudo controlar la impresión y soltó la copa de vino que traía en su mano, al escuchar eso último.

― Está tardando mucho en llegar, a este paso nos retrasaremos ―objeto el pelirrojo con molestia―. Lo mejor será que uno de ustedes vaya a por ella.

―Yo iré a buscarla, lo más seguro es que sigue dormida ―señalo Niashi, mientras se disponía a partir con rumbo a la aldea.

―Esperen, puedo sentir que se acerca, no lo ha olvidado ―objeto Shun, mientras agarraba del brazo a su compañero, para que se detuviese.

A los segundos de haber pronunciado esas palabras, algo descendió desde el cielo, a gran velocidad, impactando fuertemente con el suelo, a unos metros delante de donde se encontraban ellos.

La figura se les hizo conocida, más no por ser Anngelius. Tanto su aspecto, como mirada, se veían diferentes.

Se levantó, recuperándose del impacto. Para voltear solo su rostro y mirarlos con una expresión seria.

― Me disculpo, pero tuve que esperar que la modista terminara el traje, hasta hace un par de minutos atrás.

Tanto Gaara, como Niashi y Shun, no podían evitar ver el reflejo del maestro de estos últimos, en la presencia de la recién llegada.

― ¿Van a quedarse mirándome con esa cara de idiotas o vamos a esa misión que me están obligando a dirigir? ―objeto la rubia, mientras volteaba completamente, para verlos con molestia.

FIN DEL CAPITULO.

NOTAS DE LA AUTORA.

*El primer asterisco, hace referencia a los sucesos de la película "The Last" donde la tierra es atacada por una lluvia de meteoritos y en la cual, el Kazekage y toda su aldea, hacen frente, para protegerse.

*El segundo asterisco, es referencia a la novela "Shikamaru Shinden", donde Temari empieza a sentir fijación romántica inconsciente hacia el Nara, de la cual Kankurō ya sospecha.

Ambos sucesos canónicos, fueron parte del año en el cual surge la rebelión de Ann y es antesala para el inicio de "Gaara Hiden". Como ya había mencionado antes, mi historia estará narrada en el margen y apego a la serie original, incluyendo la participación de mis Ocs, sin alterar el orden cronológico de la historia. Que conste, que con esto, no hago referencia o insinuación de que parejas se harán canon en mi historia. Esa información será revelada luego.

Gracias por leer, nos vemos en el próximo capítulo ^^

Ya saben que, si están leyendo esto en fanfiction,net, este capítulo tiene una imagen, mas no puedo subirla aquí debido a que la plataforma no lo permite. Pueden encontrar la imagen en mi página de Facebook "El Mundo Surreal de Ei" sección fotos/álbum/Crónicas de la Arena.