Beth Cullen

Semana a semana (aproximadamente casi dos meses), el feto fue convirtiéndose en el bebé que tenía entre mis brazos. Tal como en mis sueños, este pequeño ser era la imagen de su padre. El poco cabello que tenía era del mismo color cobrizo de su apuesto papá. Su piel era como la mía, de un rosa pálido adorable. Aun no habría sus ojos pero tenía mucha fe en que fueran de un hermoso verde esmeralda, como los de Edward cuando aún era humano.

El bebé era muy frágil. Una criatura que solo contaba con la protección de sus padres.

Me había prometido que cuidaría con todas mis fuerzas a mi hermoso hijo. Y que, mientras yo viviera no carecería de nada. Sobre todo de amor.

Hace tan solo unas horas aún estaba dentro de mí. Creía que faltaban días antes del parto pero al parecer, Edward ya quería nacer.

Fue aterrador no tener a Edward a mi lado, consolándome, diciéndome que todo saldría bien. Pero al oír el llanto de Eddy, sentí una mezcla de orgullo y nostalgia. Todos mis miedos se esfumaron y solo me deje llevar por el momento. No podía creer que todo había acabado.

Siendo sincera, en el corto lapso de dos meses, aun no me había hecho a la idea de que iba a parir un hijo. Tampoco me creía que de ahora en adelante tendría que estar al tanto de él las 24 horas del día. Ya no solo atendería mis necesidades, también las del bebé. Tal vez, por estar tan cansada al final del día, no tendría las energías para tener intimidad con mi futuro esposo.

Y ¿Qué sucedería después de la boda? No podría dejar a Eddy e irme de luna de miel. ¿Cómo sabría que está durmiendo bien, que no me extraña o que no siente calor ni frio? ¿Cómo sabría si está comiendo bien, que no está triste ni se siente abandonado? ¿Cómo sabría si le han leído sus cuentos preferidos o han jugado con él?

Tal vez no tienen sentido mis preguntas, tal vez estoy exagerando pero, serán ridículas estas cuestiones para otras madres primerizas como yo.

No sabía que esperar de ahora en adelante. No estoy lista para ser madre y eso… me asusta demasiado.

Mi bebé ya estaba registrado con el nombre Edward Anthony Masen Cullen II. Había logrado mi objetivo y por fin regresaría al lado del hombre a quien amo. Podre sentir sus besos tan deliciosos y cálidos. Podre sentir sus manos acariciarme y desvestirme, hasta quedar completamente desnudos. Podre sentir su gran virilidad dentro de mí y saciarme de su cuerpo de infarto. Podre recostarme a su lado cuando todo haya terminado y quedarme dormida entre sus brazos.

Sé que poder hacerlo. La llegada del bebé no tiene que ser un impedimento para hacer el amor.

No tiene que ser un impedimento para que viva una vida normal.

No tiene por qué ocupar todas mis horas de sueño y energía. Al fin y al cabo somos dos los que podemos repartirnos las responsabilidades. No fue solo trabajo de uno, el bebé fue producto de ambos y… sé muy bien que Edward estará feliz de alimentar, cambiar y bañar a su pequeño hijo.

Edward me ha demostrado que es un hombre como pocos. Que sabe hacer todo y todo lo que hace es perfecto. No se equivoca y pone toda su concentración en lo que tiene que hacer.

Edward sabe y si no, toma un libro o la laptop y se pone a investigar. En cuestión de segundos ya lo sabe.

Edward no necesita comer para que la comida le quede deliciosa. No necesita tomar café para que prepare el más exquisito. Jamás requirió a una mujer para criarme y aún sigo con vida. Mi niñez fue perfecta. Tuve todo lo que una niña hubiera deseado y todo gracias a Edward.

Incluso cuando había algún problema serio, Edward sabia como manejar la situación.

Recuerdo la vez en que habían acabado las clases por ese día y me ocurrió un pequeño problema.

FLASHBACK

Subí al Volvo de Edward y lo salude como cualquier otro día.

¿Cómo te fue hoy princesa? -Bien conteste- ¿Te encuentras bien?

Su rostro se contrajo en una mueca de dolor y me observo con miedo.

Si, como siempre ¿te sucede algo? -me alarme por la forma en que me miro, trataba de contenerse, como cuando olía sangre humana- Edward, ¿estás bien?

¿Te cortaste? -pensó, tenía la mandíbula apretada y los labios en una mueca inexpresiva-

No -comencé a revisarme los brazos, las piernas y me detuve al ver una mancha en la falda escolar, era pequeña pero lo suficiente como para alterar a Edward- Perdón, no había notado que me manche con la sangre de otro niño

Beth -pensó con algo más de tranquilidad- eso no es sangre de otro niño, es…

Comenzó a explicarme lo que era el ciclo menstrual y lo que haría en cuanto llegáramos a casa. Me dijo que no tenía por qué sentir miedo, que era algo normal y que desde ese momento me convertía en una señorita.

Tenía 10 años pero mi mentalidad era de una persona más madura así que su explicación, como si estuviera dándome una clase, fue completamente entendible y me sentí más tranquila.

Cuando llegue a casa y Edward les menciono a las chicas lo que me había ocurrido fue la novedad. Todas estaban muy felices de que al fin fuera una señorita. Hubo un poco de sollozos y chistes (de parte de mí querido hermano Emmett) y al final del día, Edward decidió hacerme compañía. Asegurándose que me sentía bien y que no necesitaba alguna pastilla para los cólicos.

FIN FLASHBACK

A lo que quiero llegar es que Edward será un excelente padre y que no debo estar preocupada por lo que venga. Al fin y al cabo lo solucionaremos juntos.

Beth, ya llegamos -Alice casi salió disparada del auto-

Rose tomo mis cosas y camino a mi lado. Viendo de reojo a mi pequeño Edward y sonriendo con orgullo. En verdad era perfecto.

Llegamos a la puerta y unos brazos que conocía muy bien nos recibieron. A Edward se le iluminaron los ojos al ver a su primogénito.

Edward, te presentó a tu padre -le extendí a nuestro hijo y lo acuno en sus brazos- Edward, él es Edward Anthony Masen Cullen II, nuestro hijo.

Esas palabras lo hicieron sollozar y me abrazo con su mano libre.

Beth, los extrañe demasiado -ya no recordaba sus besos- Por fin, están en casa.

Mira Emmett -Rosalie tomo al bebé entre sus brazos y lo acerco para que lo vieran el resto de la familia, Carlisle y Esme ya habían llegado de viaje y también se veían muy interesados en conocerlo- El pequeño Edward

Es idéntico al cabeza de cerillo -Jasper se rio por el comentario de Emmett- Pobre de ti mini Edward

Me gustaba estar entre los brazos de Edward. Me sentía en casa y todos los miedos que sentían desaparecieron como cuando nació mi querido hijo.