Prometí actualizar en dos semanas para subir el final y por una vez voy a poder cumplir con mis plazos. Después de más de dos años por fin consigo llegar al final de esta historia, y al igual que cuando terminé "Harry Potter y El Templo de la Muerte" tengo una sensación extraña de felicidad y tristeza al mismo tiempo.

Aunque siempre dejo para el final las contestaciones a los comentarios de usuarios no registrado esta vez prefiero hacerlo al principio del capítulo. Lo hago así porque final me pondré emotiva y escribiré una nota de autor kilométrica. Lo sé, me conozco. Bueno, ahí van las contestaciones, los demás podéis pasar directamente al capítulo final.

Lorena: A mí también me gusta Claire. Draco la trata como a una niña pero es verdad que ella tiene mucho carácter. Es fuerte y muy capaz de poner a Draco o a cualquier otro en su sitio. Si es que a este chico le hacía falta una hermana así… jeje. Gracias por leer y por comentar. Y ahora corre a leer el final, espero que te guste ;D

LuNa Maria: Creo que muy pronto odiarás a Garrett todavía más, pero repito que su intervención me parece necesaria. No quiero hablar demasiado sobre Garrett ahora, a medida que lees irás comprendiendo y de todas formas haré un pequeño apunte sobre él en mi nota final. Claire parece que se ha ganado la simpatía general, y no me extraña a mí también me gusta esta chica confiada y directa. Sobre Hermione, por supuesto que también es culpa suya, la culpa nunca es toda de uno solo y en este caso cada uno de ellos es tan terco y orgulloso como el otro, así que… bueno, empieza a leer y sabrás si al final consiguen superar los malentendidos o no. Un beso y gracias por el comentario.

Indiana Ramos: Perdona que no te conteste en inglés, pero el hecho de que hayas leído la historia demuestra que tu español es mucho mejor de lo jamás llegará a ser mi inglés. Muchas gracias por el rr, me emocionó mucho recibirlo, sobre todo porque sé que hay otras muchas autoras que escriben grandes dramiones en español, así que muchas gracias. Espero verte en el final : )

Yunn: Vaya, otra chica nueva. No deja de sorprenderme que a estas alturas se siga sumando gente a la historia, pero yo encantada :D. Ya que no estás acostumbrada a esperar creo que es una suerte que te hayas sumando ahora porque soy un verdadero desastre con las actualizaciones. Siempre hacía esperar a mis seguidoras un mes, a veces incluso dos, puede parecer cruel pero prefiero darle a cada capítulo el tiempo que necesita para salir mejor que forzar las cosas y publicar algo que no me gusta. Siento haberte frustrado diciendo que el capítulo 27 sería el último, en principio iba a ser así pero luego llegó Claire y quedaba demasiado largo. Ahora se terminó la frustración, así que a leer, y si quieres puedes dejarme otro comentario cuando hayas terminado ; ) Bienvenida al fandom y muchas gracias por leer y comentar.

Carolyn: Tienes razón al decir que el capítulo anterior fue un puente. De hecho no lo habría cortado en dos de no ser porque me gusta actualizar en mi cumpleaños, y sobre todo porque la intervención de Claire hizo que se volviera demasiado largo para publicarlo en un solo capítulo. Gracias por el comentario y la felicitación, efectivamente tuve un bonito cumpleaños : )

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Capítulo 28: Eve

A Draco le llevó algunos días convencerse de que su hermana llevaba razón. Tenía que hablar con Granger y aclarar las cosas. Era la única salida posible.

Había intentado olvidarla, pero le resultó imposible. También intentó imaginar un futuro sin ella, pero descubrió que no podía. Cada vez que mostraba la firme intención de hacer como que nada había pasado y que a partir de ahora miraría hacia delante, ella se colaba en su cabeza de forma obsesiva, de modo que terminaba involucrada que cualquier cosa que ideara, ya fueran planes "con ella" o "contra ella".

Ella. Ella. Ella. ELLA. Siempre ella…

Monopolizaba sus pensamientos, sus sueños, sus proyectos… Y lo que más le asustó fue darse cuenta de que aquel no era un fenómeno reciente. En el último año todo lo que había hecho giraba en torno a Granger. Aceptó el puesto de embajador a medias por curiosidad y a medias porque le divertía molestarla. Los primeros meses estuvieron marcados por la tensión sexual y el siempre apetecible reto de la conquista, luego vino la emoción de su inusual aventura, y finalmente la implacable determinación de encontrarla. De una forma u otra había conseguido infiltrarse tan dentro de él que estaba en el centro de todo. Su existencia había pasado del más absurdo vacío a estar completamente llena de ella, y sentía que no podría librarse de esa sensación nunca más. Si no la recuperaba su vida volvería a ser esa cosa insustancial y sin sentido que había sido los últimos años y era la posibilidad de perderla para siempre —más que los celos o la rabia— lo que lo estaba volviendo loco. Tenía que recuperarla. A cualquier precio.

—Creo que iré a la cocina a por un poco de agua— dijo Hermione intentado levantarse del sofá en el que había pasado tumbada la mayor parte del día. Una gran mano se posó sobre su hombro, haciéndole desistir sin presión pero con firmeza.

Desde aquella impulsiva declaración en el hospital, Hermione había intentado sacar el tema un par de veces, pero en ambas ocasiones Garrett prefirió desviar la conversación. No es que hubiera cambiado de idea, estaba tan convencido como antes que era la mejor opción, pero intuía que una respuesta rápida sería a la fuerza negativa. Si decidía seguir a su corazón nunca se casaría con él, de modo que la única forma de conseguir un "sí" era convenciéndola de que aquello era lo mejor para ella y el bebé. Con toda seguridad la razón la llevaría hasta él, pero para eso necesitaba tiempo. Mientras tanto no podía hacer nada más que demostrarle con hechos que estaba allí para ella.

—Yo te la traeré— se ofreció Garrett inmediatamente.

—Te lo agradezco pero prefiero ir yo misma. Llevo horas en este sofá y me gustaría estirar un poco las piernas. Además, ya escuchaste lo que dijeron los médicos antes de enviarme a casa: "vida tranquila y relajada, sin esfuerzos pero completamente normal". Tengo intención de reabrir la tienda dentro de unos días y no me importa lo que digáis mi madre y tú. Ya sé que os ha dado por formar esa extraña alianza para impedirme mover un solo dedo pero no podéis estar pendientes de mí veinticuatro horas al día, es incómodo e innecesario.

—Yo cuidaría de ti siempre si me dejases.

Allí estaba otra vez, aquella mirada que transmitía el ansia por una respuesta y a la vez el inconfundible fatalismo de quien esperará lo que haga falta. Y Hermione sintió que no podía seguir demorándolo y que había llegado el momento de hablar con él. Tenía que hacerlo cuanto antes, o Garrett seguiría insistiendo en el tema de la boda con la misma obstinada determinación que ponía en jugar al ajedrez aunque no conseguía ganar nunca. En un mundo feliz podría casarse con ese hombre tierno y sensible que acariciaba las flores como si fueran una mujer, y darle todo el amor que se merecía. Ella se sabía capaz de llegar a sentir por él un cariño leal y sincero, pero no se engañaba al respecto. Nunca podría amarlo. No al menos de la forma intensa y desgarrada con la que cada fibra de su ser deseaba volver a Malfoy, por muy dañino que fuese. Tampoco de la forma en que había amado a Ron en el pasado. Ni siquiera existía una chispa y si quería ser justa con Garrett no podía dejar que siguiera albergando esperanzas. Tarde o temprano tendría que buscar una forma amable de romperle el corazón y cuando más tardase mayor sería el daño.

—Garrett, creo que deberíamos hablar acerca de eso…

—Todavía no —pidió Garrett— es pronto. No habrá sido fácil para ti volver a verle y además acabas de salir del hospital. No es el momento. Además no hay ninguna prisa. Cuando nazca el bebé lo reconoceré y le daré mi apellido. Una vez hecho habremos ganado mucho tiempo. Si quiere la custodia tendrá que ir a los tribunales, empezando por solicitar la prueba de paternidad. Los trámites burocráticos, el resultado de ADN… entre sentencias y apelaciones tardará una eternidad en conseguir lo que quiere y para entonces habrá perdido el interés.
Hermione suspiró. ¿Por dónde comenzar a explicarle? Era evidente que no sabía lo obstinado que podía llegar a ser Malfoy y menos podía decirle que ellos pertenecían a otro mundo donde no había análisis de ADN, ni pruebas de paternidad, ni tribunales como él los conocía. Aquello iba a ser aún más difícil de lo que había previsto.

Todavía no se había decidido entre seguir adelante o dejarlo para otro momento cuando el timbre sonó y Hermione miró en dirección al pasillo que llevaba a la puerta principal, resignada, pensando que una vez más era el destino quien elegía por ella. La conversación tendría que esperar por el momento.

—Hagamos una cosa, tú abre la puerta y yo iré a por el vaso de agua.

— ¿Y no podría hacer yo las dos cosas?

—No soy una inválida, y además así es más rápido —replicó Hermione comenzando a
incorporarse.

—De acuerdo —aceptó Garrett no muy convencido pero ayudándola a pesar de todo.

Apenas Hermione había desaparecido por la puerta de la cocina cuando el timbre sonó por segunda vez. La tercera le pilló en medio del pasillo y Garrett apretó el paso preguntándose quien podría ser tan impaciente o tener tanta prisa. De haber tenido un poco más de tiempo habría caído en la cuenta de que al abrir la puerta se iba a encontrar con un rubio platinado que estaba a punto de volver a pulsar el botón del timbre. En un primer momento los dos hombres se miraron con sorpresa y desconfianza, tomados ambos completamente fuera de lugar. Tras unos segundos el rubio fue el primero en hablar.

— ¿Qué diantres haces tú aquí? —espetó de malos modos.

—Yo podría hacerte la misma pregunta— rumió Garret mirándole a través de sus gruesos párpados entrecerrados.

—Quiero hablar con Granger —pronunció la frase muy despacio, como si hablase con alguien muy estúpido, y arrastrando las palabras de aquel modo que Garrett encontraba insoportable.

—La señora Granger no está en casa —dijo a pesar de saber perfectamente que no era a Jean a quien él había ido a buscar—. Ha salido.

—Mejor, así podré hablar a solas con Hemione. Sin que nadie nos moleste.

Draco empujó la puerta para abrirla completamente y poder acceder al interior de la vivienda pero Garrett se lo impidió. Una de sus enormes manos agarró la puerta con fuerza y la otra se apoyó en el dintel, formando una barrera.

—Ni por un segundo creas que te voy a dejar entrar.

La diferencia de tamaño no pareció surtir efecto. El rubio estaba cada vez más tenso pero no pareció en absoluto intimidado.

— ¿Eres su carcelero? —preguntó entrecerrando los párpados hasta que su mirada se convirtió en un finísima línea gris acerada.

—Soy su cuidador. Intento en la medida de lo posible compensar el daño que tú le has causado.

Draco estaba demasiado concentrado en intentar dominar su cólera como para pararse a pensar que sus palabras tenían un sentido literal. Aquel jodido muggle no tenía no tenía la menor idea de nada. No sabía quien era ella, no la conocía como él ¿Por qué narices Granger siempre estaba rodeada por algún patán empeñado en sobreprotegerla y con complejo de salvador?

—He venido para hablar con ella y es lo que voy a hacer. Por última vez te lo digo, apártate por las buenas y déjame entrar. No quisiera tener que tomar medidas drásticas —dijo tocándose la ropa como si aquel gesto tuviese algún significado.

A Garrett le recordó la forma en la que los mafiosos señalaban el bulto del revolver oculto bajo sus ropas en forma de advertencia, solo que allí no se adivinaba algo tan voluminoso como una pistola ¿Un arma blanca, quizás? Desde luego aquel era un tipo singular, no parecía la clase de persona que lleva una navaja encima, en todo caso hubiera jurado que un snob como él contrataría a un par de guardaespaldas con pistola y silenciador, en lugar de elegir enfrentarse cara a cara y usando un arma de pandillero. De cualquier modo le revolvía las tripas imaginarle con Hermione. Ella se merecía otra cosa.

— ¡Lárgate y no vuelvas!

—Ya me estás hartando ¿Nunca comprenderás que esto no va contigo? —hizo un gesto extraño con la mano, como si pretendiera sacar algo del bolsillo interno de la chaqueta, pero en el último momento se lo pensó mejor y desistió— ¡Granger! —gritó alzando la voz — ¡No podrás esconderte siempre, sal y da la cara!

Garrett le agarró por la camisa y lo levantó en el aire con una mano, al tiempo que miraba hacia atrás asegurándose de que Hermione seguía en la cocina, después le sacó al exterior en volandas y tras arrimar la puerta para apagar el sonido volvió a dejarle en el suelo.

— ¡Vuelve a hacer eso y te quedarás sin dientes, gusano! —le espetó en susurros mientras sus ojos ardían de rabia.

En otras circunstancias a Draco le hubiera faltado tiempo para sacar su varita y convertir a ese tipo en una babosa por haber osado ponerle la mano encima, y le habría importado un comino que fuese un muggle, y que estuvieran en un barrio muggle, rodeados de vecinos muggles. Teniendo en cuenta que el mastodonte había empleado la fuerza física el uso de la magia podía ser considerado autodefensa, y al carajo con el estatuto del secreto. Sin embargo no hizo nada de eso, porque acababa de descubrir algo que le pareció sumamente interesante.

—No sabe que estoy aquí. No es que se niegue a verme— una sonrisa de autosuficiencia se extendió por su cara, mientras se colocaba la ropa arreglando el estropicio que había causado el estúpido muggle grandullón—, eres tú quien pretende impedirlo.

—No intentes acercarte a ella o…

Garrett no pudo completar su amenaza. La puerta se había abierto silenciosamente a su espalda sin que ninguno de los se diera cuenta hasta que escucharon la voz de Hermione.

— ¿Garrett? ¿Quién es? Me pareció escuchar voces…

Él se giró rápidamente y al hacerlo Hermione pudo entrever el destello platinado de una cabellera demasiado familiar. Aún en contra de su voluntad el corazón aleteó esperanzado en su pecho. Él estaba allí. Era Draco quien había llamado a su puerta. A pesar de la horrible pelea y las amenazas, y de todo lo que había dicho la última vez… En contra de toda lógica había decidido no enviar a uno de sus abogados y prefirió ir a buscarla en persona. El vaso se escabulló de su mano y se hizo añicos en el suelo. Garrett salió disparado en su dirección.

— ¡Hermione! ¿Estás bien?

Draco también intentó llegar hasta ella pero Garrett estaba más cerca y se le adelantó. La tomó por la cintura y le pasó un brazo por los hombros, logrando sacar a Draco de quicio.

—Seguro que estaría mejor si no la agobiases tanto —soltó en tono ácido—. Suéltala y deja que respire.

La respuesta de Garrett fue acercar a Hermione todavía más a él, aunque dejó de mirarla durante un momento para dirigir toda su furia hacia Malfoy.

— ¿Ves lo que has hecho? Conseguirás que se empeore, lárgate de una vez y no vuelvas más—. Después se volvió otra vez hacia Hermione e intentó guiarla en dirección al pasillo—. Vamos, vuelve dentro. Yo me desharé de él.

Hermione abrió la boca con la intención de protestar pero no fue su voz la que le dio la réplica. En su lugar tuvo que escuchar como Malfoy la increpaba.

— ¿Vas a permitir que te trate así? He visto dragonas en fase de incubación menos protectoras ¡Ni que fueses una cría que aún no ha roto el cascarón!

— ¡Draco! —chilló ella, abriendo mucho los ojos para reclamarle que no hablase allí de ese modo.

— ¿Dragonas? Este tipo delira. Está loco, o se le ha ido la mano con las drogas. Sea como sea, no te conviene —afirmó Garrett intentando de nuevo llevarse de allí a Hermione.

—He dicho que te alejes de ella —siseó Draco su advertencia— ¡No la toques!

Garrett se giró totalmente enojado, dispuesto a sacarle de allí por la fuerza si era necesario, pero esta vez fue Hermione la que se adelantó, tomándoles a ambos por sorpresa.

—Se acercará a mí todo lo yo estime oportuno, Malfoy. No soy de tu propiedad.

Draco la fulminó con una de esas intensas miradas grises que parecían poder ver a través de ella y que siempre conseguían dejarla clavada en el sitio.

—Eso lo discutiremos luego. Tú y yo. A solas.

— ¡Ja! Y luego intenta hacerme quedar a mí como posesivo…

—Tú y yo. A solas— repitió Draco por segunda vez, ignorándole y mirando a Hermione fijamente a los ojos.

Hermione sufría un mudo debate entre la parte de ella que deseaba fervientemente ese encuentro a solas con el padre de su hijo y la otra, la que tenía más peso y a la que en su fuero interno sabía que debía escuchar, la que le decía que era el mismo prepotente y altanero con experiencia en echarlo todo a perder y que ceder ahora a sus exigencias sería un tremendo error que podría lamentar siempre.

— ¡A solas! Si piensas que te voy a dejar a solas con ella después de lo que pasó la última vez es que estás loco.

— ¡Joder! ¿Es que no se calla nunca? Granger, pídele al menos que deje de sobarte. No soporto ver como se te arrima.

—Pues tendrás que acostumbrarte —replicó Garrett acercando a Hermione un poco más hacia él como prueba— porque vamos a casarnos.

Por una vez Hermione estuvo de acuerdo con Draco en algo. ¿Por qué Garrett no mantenía la boca cerrada? Sus peleas con Malfoy ya solían ser lo bastante complicadas sin la necesidad de un tercero en discordia.

—Garrett —comenzó a explicar al tiempo que le empujaba con suavidad para aumentar un poco la distancia— yo tod…

— ¿Qué te vas a casar con él? —la interrumpió Draco a gritos — ¡Es lo más absurdo que he escuchado nunca!

— ¿Y por qué había de ser absurdo? —preguntó Garrett ofendido—. Puedo ocuparme de ella y el bebé mejor que tú.

— ¡El bebé! ¡El bebé ni siquiera es tuyo! —exclamó Malfoy como si aquella fuera una afirmación irrefutable, consiguiendo que Hermione zanjase inmediatamente la cuestión de a cual de sus dos partes en conflicto debía hacer caso. No iba a permitirle que sacase a relucir al bebé como argumento cuando lo único que le interesaba de él era saber quien lo había engendrado, para así salvar su orgullo y de paso hacerse con un arma contra ella.

— Eso a él no le importa —le espetó Hermione con rabia.

—Cierto —corroboró Garrett—. Estoy dispuesto a hacerme cargo del bebé, no me importa quien sea el padre.

— ¡Por Merlín, Granger! ¿No ves que es un estúpido? Yo te tenía por una persona inteligente.

— ¿Es estúpido querer cuidar de la mujer que amo?

Pero nadie le respondió, porque Draco y Hermione estaban demasiado interesados cada uno en la reacción del otro como para hacer caso a Garrett.

—Cásate con él y convertirás tu vida en un infierno.

La frase terminó de encenderla. Tenía mucha gracia que él, el primer y único culpable de la
situación en la que se hallaba, pretendiera acusar a nadie de arruinarle la vida.

—Y ese, por supuesto, es un privilegio del que crees gozar en exclusiva ¿verdad?

—No. Ya aprendí que cuando se trata de ti, nadie puede gozar de exclusividad—espetó en tono rencoroso.

Hermione no podía permitirle tal cosa. No sabiendo que cuando estaban juntos recibía en su casa y de madrugada las visitas de cierta jovencita rubia.

— ¿Cómo te atreves…

— ¡Suficiente! —exclamó Garrett interponiéndose entre ellos, harto de quedar al margen de la discusión—. No voy a permitir que le faltes así al respeto. Quiero que dejes de molestarla, si después de la boda te vuelv…

— ¿Qué boda, Garrett? ¡Todavía no he dicho que sí! —exclamó Hermione irritada por la interrupción, y por su constante manía de entrometerse, y sobre todo por dar por sentado que su respuesta sería afirmativa.

Al escucharla, a Malfoy se le escapó una risita despectiva.

—Eres patético.

—Patético lo serás tú, que insistes en llamar una y otra vez a una puerta que ya se ha cerrado para ti.

A Draco se le congeló la risa al instante y muy despacio se giró hasta quedar cara a cara frente a aquel enorme muggle. La diferencia de tamaño era abrumadora pero pareció difuminarse cuando en el fondo de su mirada se dejó adivinar un destello frío y amenazador.

— ¿Por qué no dejas en paz a mi mujer y a mi hijo y te ocupas de tus propios asuntos?

— ¡Yo cuidé de ella cuando me necesitaba! Yo la encontré y la llevé al hospital después de que le hubieras provocado aquel ataque. De no ser por mí podría haber perdido al bebé ¿Y aún me dices que no es asunto mío? —reclamó Garrett creciéndose en la discusión y elevando la voz hasta un nivel de decibelios desconocido en él.

Garrett hubiera esperado que la pelea se volviera más bronca, que llegaran a las manos incluso; pero no la reacción del rubio paliducho, cuyo semblante se transformó y cambió de color hasta volverse prácticamente gris, y que perdió todo interés en él para inclinarse hacia Hermione visiblemente preocupado.

— ¿Ataque? ¿Hospital? ¿Has estado en el hospital? —preguntó intentando llegar hasta ella y tocarla aunque nuevamente Garrett se interpuso para impedirlo— ¿¡Se puede saber porqué nadie me dijo nada! —le preguntó al muggle como si hubiera sido obligación suya avisarle.

Sabía que era ridículo pero sentía la imperiosa necesidad de gritarle a alguien y en ese momento Granger estaba totalmente descartada.

— ¿Tal vez porque fue culpa tuya que terminase allí?

— ¡Basta! —intervino Hermione de repente. Ambos la miraron alarmados cuando se dieron cuenta de que se había llevado la mano al vientre. Podía ser que se le hubieran juntado demasiadas emociones en un solo día, o quizá fue la mención al hospital, que le hizo recordar que debía ir con cuidado; pero el caso es que estaba empezando a sentirse mal y no podía permitir que la situación se descontrolase todavía más. Si dejaba que Malfoy y Garrett se enzarzaran en una pelea para decidir quien era el gallo del corral aquello podría terminar como el rosario de la aurora— ¡Esta discusión ha terminado, no quiero escuchar ni una palabra más!

—Te acompañaré dentro —se ofreció Garrett.

— ¡No! —le apartó de un manotazo, harta del agobio de sus constantes atenciones—. Necesito algo de descanso y un poco de paz, lo que significa que no quiero veros a ninguno de vosotros. Fuera de mi casa ¡Los dos! ¡Ahora!

Garrett se dejó empujar con aspecto avergonzado y a Malfoy no le quedó más remedio que salir al verse arrollado por la mole que era aquel muggle. Se sentía horrible tras enterarse así de que ella había terminado en el hospital por su culpa y a la vez le carcomía la ansiedad por saber más y poder estar a su lado. Cuando se vio fuera y escuchó como Hermione cerraba dando un portazo llevó automáticamente la mano de nuevo al timbre pero antes de llegar a tocarlo una de las manazas de Garrett se levantó para impedírselo. No fue un gesto violento ni especialmente agresivo, el muggle tuvo el buen juicio de poner especial cuidado en no establecer contacto físico, pero dejó allí su enorme mano, apoya en la pared y protegiendo el timbre para hacerle saber que bajo ninguna circunstancia iba a permitir que pulsase aquel botón. La primera reacción de Draco fue encararse con él con gesto airado, estaba dispuesto a gritarle que dejase de entrometerse, pero entonces contempló la expresión que lucía en el rostro y se preguntó si realmente se sentiría tan miserable como aparentaba en ese momento.

Al menos él sí que se sentía así de miserable. O peor, puesto que sus motivos eran mayores.
La ira se aplacó tan repentinamente como había surgido y sintió como se establecía entre ellos una conexión, un acuerdo tácito, o lo que podría llamarse un "pacto entre caballeros", aunque los dos sabían que llegados a ese punto ninguno de ellos era digno de llamarse así. Fue un momento extraño, un segundo antes estaban dispuestos a partirse la cara y ahora parecían de acuerdo al menos en eso. Draco bajó su mano y Garrett hizo lo propio, y sin decir palabra cada uno se perdió por un extremo de la calle.

Al llegar a casa se puso a escribirle una nota. Se sentó en su escritorio, eligió un pergamino bonito, abrió el tintero y mojó la pluma. Quince minutos después todavía no había empezado a escribir. No podía emplear un encabezamiento formal, ni tampoco uno excesivamente informal. Uno cariñoso estaría fuera de lugar y si elegía uno demasiado distante el resultado podía ser catastrófico. El socorrido "querida Hermione" le sonaba como si estuviese escribiendo a su tía abuela, y ni siquiera sabía como referirse a ella. En el trato cara a cara con frecuencia usaban los apellidos pero llamarla Granger en una carta causaría un efecto demasiado seco y usar su nombre de pila quedaría artificial.

Al final decidió prescindir del encabezamiento e ir directamente al grano pero ni así consiguió escribir. La culpa era de aquel muggle. Aquel tipo tan bueno y abnegado, que parecía tan dispuesto a lo que fuera por estar con ella y que había dicho aquellas cosas en las que no podía dejar de pensar…

A última hora de la tarde una lechuza desconocida golpeó la ventana del dormitorio en el que Hermione descansaba. No tuvo que examinar el paquete dos veces para reconocer la caligrafía.
Enseguida desenrolló el pergamino y comenzó a leer.

Espero de verdad que cuando recibas esta carta te encuentres bien. Siento mucho la escena de esta mañana y todavía más la de la vez anterior, hasta hoy no supe que ese día habías terminado en el hospital y ahora me siento tremendamente culpable. Ninguna de las dos veces fui a verte con intención de pelear pero por alguna razón las cosas entre nosotros siempre se terminan torciendo.

En realidad tengo la sensación de haberme comportado como un estúpido la mayor parte del tiempo, el otro día dije un montón de cosas de las que me arrepiento y se me ocurre que tal vez a ti te ocurra lo mismo. Parecemos incapaces de entendernos, sin embargo tenemos que encontrar la forma de superar nuestras diferencias y arreglar esto de alguna forma, porque ya no se trata solo de ti y de mí.

Debemos dejar de pensar en nosotros mismos. Nuestra principal preocupación ahora es el bienestar de ese niño y sé que podremos tomar juntos la decisión que más le convenga. Como ya te habrás dado cuenta no te he estado vigilando y creo que podríamos solucionar esto sin necesidad de llegar a los tribunales. Eso era lo que quería decirte esta mañana pero evidentemente las cosas no salieron como las había planeado.

Creo que todavía estamos a tiempo de hacer lo correcto pero para eso debemos vernos a solas, en un lugar donde podamos hablar tranquilamente y sin interferencias. Ni siquiera sé como te encuentras, así que no quiero forzar una cita para la que no te sientas preparada. Tómate el tiempo que necesites. Cuando estés lista envía la lechuza de vuelta con tu respuesta, fija lugar y hora y estaré allí sin falta.

Atentamente, D.M.

Hermione leyó la carta tres veces, para asegurarse de que la vista no la engañaba y no estaba en medio de un sueño. Después apretó el pergamino contra su pecho, esperanzada y con los ojos llenos de lágrimas. Draco le ofrecía la oportunidad de arreglar aquello por las buenas, sin tribunales ni abogados. Al final no perdería a su bebé. Compartirían la custodia y llegarían a un acuerdo para establecer una pensión de manutención y un calendario de visitas. La parte económica sería fácil. Si Malfoy iba a reconocer al bebé querría lo mejor para él y le asignaría una cantidad generosa. De todas formas a ella no le importaba el dinero, tenía el suficiente para proporcionarle a su hijo todo lo que necesitaba y no quería criar un niño caprichoso y consentido. Quizá ponerse de acuerdo en las visitas fuese algo más problemático pero nada que no se pudiera arreglar con un poco de buena voluntad.

No se quejaba, él tenía todo el derecho a involucrarse en la educación de su hijo y era una salida mucho mejor de lo que podría haber imaginado. Al menos en lo que concernía al bebé… Todavía quedaba pendiente el tema de lo que pasaría respecto a ellos pero en ese aspecto no se hacía ilusiones.

La carta dejaba bien claro lo mismo que ella había pensado una y mil veces: no estaban hechos el uno para el otro. No se entendían y no hacían nada más que discutir. Su relación, si es que alguna vez habían tenido una, estaba demasiado deteriorada como para tener arreglo posible.
Sin embargo al verle esa mañana en su puerta todavía había sentido una punzada de irracional esperanza.

Pensándolo bien no era justo. No era justo que después de cómo la había utilizado siguiera anhelando sus labios y sus caricias. Y lo peor de todo era que Draco daba la impresión de estar en su misma situación. No había mencionado a aquella rubia y Hermione no tenía ni idea de lo que podría haber pasado con ella, si de verdad había sido su prometida o no, si ya habían terminado o todavía seguían juntos… pero su reacción al conocer las intenciones de Garrett había sido clara como el cristal. Estaba celoso.

¡Era tan evidente!

¡Y el momento en que se había referido a ellos como su mujer y su hijo! Hermione sintió que se derretía por dentro, que se fundía como un pedazo de hielo al sol en una mañana de verano. Ni siquiera lo había dicho durante uno de sus accesos de cólera, parecía dueño de sí mismo y seguro de que aquello era exactamente lo que quería.

Estaba segura, Malfoy sentía lo mismo que ella, pero tal vez eso no fuese suficiente. Aun sin tener en cuenta su incapacidad para ser fiel o comprometerse, juntos eran un auténtico desastre, cada pequeña desavenencia terminaba en una discusión monumental y aquel no era el mejor ambiente para criar a un niño. Una vez más Draco daba en el clavo en su carta, lo decía bien claro, ahora tenían que pensar en algo más que ellos mismos. Lo que ellos deseaban había dejado de ser prioritario porque lo realmente importante eran las necesidades del bebé, que debía crecer en un ambiente seguro y tranquilo.

Lo mejor sería que se evitasen durante una buena temporada, hasta que lograran superar esa especie de dañina adicción autodestructiva que los hacía buscarse sin tregua. Si es que lo conseguían alguna vez. Hasta entonces tenía que poner entre ellos las mayores barreras posibles.

Se acercó al escritorio y garabateó una respuesta rápida.

"No es necesario que te preocupes por nosotros, tanto el bebé como yo estamos perfectamente, de todas formas te agradezco el interés. Mañana estaré en la tienda toda la tarde. Sola. No habrá visitas ni clientes, nadie nos interrumpirá. Te espero."

La ató a la pata de la lechuza y le hizo una caricia en el plumaje antes de abrir la ventana para dejarla salir.

—Lleva el mensaje a tu amo —le dijo soltándola a la oscuridad de la noche.

Ya estaba hecho. Al día siguiente se reuniría con Draco para tratar sobre el futuro de su hijo, pero antes había una cosa que debía hacer. Buscó su teléfono móvil y realizó una llamada.

—Garrett ¿podrías pasar por aquí mañana temprano? Tenemos que hablar. Ya he tomado una decisión.

El cartel decía cerrado y las persianas estaban bajadas pero Draco se acercó igualmente a la puerta del pequeño negocio y giró lentamente la manilla. Estaba cerrado pero un pequeño clic le anunció que alguien había abierto desde el otro lado. Granger no había fallado, sin interrupciones, tal como su nota prometía. Respiró hondo y entró en la floristería con paso firme. Ella le esperaba al fondo, agazapada tras aquel alto mostrador de madera y con la varita con la que había abierto la puerta todavía en la mano.

—Hola—la saludó tomándose su tiempo para cerrar la puerta y echar el cerrojo.

—Hola.

Draco cruzó la tienda, acercándose al mostrador.

— ¿Hace mucho que esperas? Tu nota no decía una hora concreta.

El tono de disculpa era tan inusual en él que Hermione no sabía si sentirse agradecida por no encontrase con un Malfoy combativo, o irritada por su excesiva amabilidad, un poco artificial. Deseaba de todo corazón saltarse los prolegómenos e ir directos al grano. Tenían asuntos muy importantes que tratar y cuanto antes los despachasen, mejor. Después cada uno sería libre de tomar su camino.

—No importa. De todas formas iba a pasar aquí toda la tarde. Ha estado cerrado durante unos días, mientras estuve en el hospital, —él no dijo nada, pero su cara se transformó como si acabara de recibir un golpe en estómago y Hermione deseó que la tierra se la tragase por bocazas, las cosas ya eran bastante difíciles sin necesidad de empeorarlas haciéndole sentir incómodo, así que intentó seguir hablando con naturalidad, como si su estancia en el hospital fuese un asunto ya pasado y al que no concedía ninguna importancia —pero tengo previsto reabrir muy pronto y, bueno, ya sabes, siempre hay cosas que hacer —dijo tomando un tiesto vacío para cambiarlo de sitio.

—El hospital… —murmuró— de verdad me gustaría que supieras cuanto lo siento.

No sonó del modo que ella hubiera esperado. En realidad ya se había disculpado una vez a través de la carta y no era de la clase de personas que sufren pacientemente que los demás les recuerden que se han equivocado. Draco Malfoy siempre sería demasiado orgulloso para algunas cosas, por eso a Hermione no le hubiera extrañado que admitiese su error con la actitud fría y distante de quien acepta su culpa sin dejar por ello de sentirse ligeramente ofendido. En realidad tendría motivos, pues en el fondo ella sabía perfectamente que no era el único responsable de que las cosas hubieran terminado como lo hicieron. Los dos habían perdido el control, permitiendo que la discusión llegara demasiado lejos. Sin embargo Malfoy no la había acusado, aceptaba cargar con la culpa en solitario y daba la impresión de estar apenado, arrepentido, incluso avergonzado, lo que logró que Hermione se sintiera aún peor. No era justo que él sufriese pensando que la había puesto en peligro. En el calor de la discusión ambos se habían retroalimentado calentando el ambiente cada vez más, y de eso tan responsable era uno como el otro.

—No es necesario que te disculpes otra vez— le cortó en seco—. No fue culpa tuya que terminase en el hospital, no totalmente al menos. La situación se nos fue de las manos a los dos. He pensado mucho en los últimos días y me doy cuenta de que tenías motivos para estar enfadado, no debí marcharme sin contarte que estaba embarazada. Además también tenías razón en tu carta. Esa tarde dije muchas cosas que no debería hacer dicho, y de las me que arrepiento.

Era cierto, se arrepentía de muchísimas de las cosas que le había dicho, pero especialmente de una que ya era el momento de aclarar. Puede que fuese un mujeriego empedernido, puede que hubiese pisoteado su corazón y que además fuesen totalmente incompatibles, pero había demostrado pensar en el bienestar del bebé tanto o más que ella misma. Aunque como pareja fuese un desastre ahora sabía que sería un buen padre y no podía dejar que siguiera con la duda de si aquel era su hijo o no.

—Está bien —dijo él interrumpiendo sus pensamientos— no es momento de hablar de culpas o de arrepentimientos. Lo importante es que tenemos la intención de arreglarlo. Ya habrá tiempo de aclarar cada malentendido, ahora hay solo una cosa que realmente deseo saber ¿Has aceptado casarte con ese muggle?

La pregunta la dejó totalmente descolocada y sintió que las dos Hermiones retomaban su terrible lucha fraticida: la que vibraba ilusionada ante de perspectiva de volver a estar juntos, y la cuerda y responsable que le recordaba que aquel hombre ya la había traicionado y humillado una vez, y que aunque ahora parecía arrepentido su naturaleza promiscua no dejaría que pasase demasiado tiempo antes de que volviera a hacerlo.

Debía mantenerse firme en su resolución. Era la única alternativa.

—Creía que habíamos venido aquí para decidir lo que pasará con el bebé —dijo intentando mantenerse distante.

Esperarle donde lo había hecho resultó ser una buena idea. Había cedido tantas veces ante él y su poder de seducción que ya no se fiaba de si misma. El alto mostrador de madera, tan contundente, tan sólido, interponiéndose entre ellos, le serviría de barrera física y de bastión psicológico si él decidía continuar por ese camino.

Malfoy ni siquiera parpadeó ante su intento para desviar el rumbo de la conversación.

— ¿Has aceptado casarte con ese muggle?

—El bebé —farfurlló Hermione intentando no permitir que el pánico la dominase. Cuando él la miraba con tanta intensidad era tan difícil resistirse—, su futuro…

—Sí, sí, hablaremos del bebé. Luego —la cortó él, impaciente—. Ahora solo respóndeme a esa pregunta, no te pido nada más ¿Has aceptado casarte con ese muggle?

Esta vez tardó en responder, sobre todo porque Draco rodeó el mostrador y se situó más cerca de lo que había estado en meses. Y ella supo que no tendría sentido mentirle o intentar evadir su pregunta.

—No —contestó en voz muy baja— ¿Cómo se te ocurre? No podría…

—Claro que no —dijo él exhalando el aire como si sintiera un gran alivio. Se acercó aún más, llevó una mano hasta su rostro y la dejó allí, sin hacer apenas contacto mientras con el pulgar le acariciaba levemente la mejilla—, si te casaras con él te convertirías en la mujer más desdichada del planeta.

A Hermione no le gustó el comentario, había añorado tanto su contacto que fue incapaz apartarse y renunciar a él, pero a la vez su sentido de la lealtad la empujó a rebelarse contra tal idea.

—Eso no es verdad. Es un hombre bueno, amable y sensible. Mi vida podría haber sido estupenda con él.

—Pero no le quieres —intervino Draco.

— ¡Qué sabrás tú de eso! —exclamó en un suspiro, y habría dado cualquier cosa porque su voz no hubiera sonado tan dolida, dejando ver claramente que había logrado arañar su corazón y que se lo estaba dejando en carne viva.

—Sé que tiemblas cuando me acerco.

Era verdad, y para corroborarlo se acercó un poco más, obligándola a retroceder unos centímetros. Su voz sonaba deliciosamente sensual pero para Hermione cada muestra de absoluta confianza en sí mismo provocaba en ella el irresistible impulso de llevarle la contraria.

—Eso es lo que tu enorme vanidad quiere creer —dijo apartándose lo suficiente para separar la mejilla de la palma de su mano—, pero te equivocas. Hay una vida después de Draco Malfoy ¿sabes?

—Mientes —afirmó avanzando un poco más y comenzando a inclinarse sobre ella como si pretendiera besarla.

Hermione se apartó para impedírselo, sintiendo que el pánico se adueñaba de ella. Que la atracción que entre ellos existía era un hecho tan comprobado como la órbita gravitacional de los planetas, no tenía sentido negarlo y ambos los sabían. Pero debía actuar con responsabilidad y obligarse a recordar cuales eran sus prioridades.

—De todas formas eso ya no tiene importancia ahora. Estamos aquí para decidir sobre el futuro del bebé.

En contra de lo que esperaba, Malfoy desistió en su intento de besarla e incluso se apartó para respetar su espacio personal.

—Está bien, hablemos del bebé si lo prefieres —su voz seductora se había esfumado y ahora hablaba alto y mostrado resolución—. Quiero que lleve mi apellido, y no solo eso: quiero involucrarme. Y no hablo de pasar una pensión y verle en vacaciones o los fines de semana. Quiero criarlo, estar con él todos los días. Con él, y contigo.

Lo dijo sin asomo de duda o vacilación. Estaba decidido. De todas las mujeres con las que había estado no se había sentido así nunca, con nadie más. A nadie le había hablado tan abiertamente de la marca, de la guerra… porque eran cosas que solo ella podía escuchar sin juzgarle y sin que la menor sombra de miedo o reprobación apareciese turbando su mirada. Parecía increíble que fuese precisamente Granger la única capaz de conectar con él a ese nivel ¿Quién lo podría preveer? Ella, ¡tan limpia, tan pura! de quien Draco no albergaba la menor duda de que no habría manchado sus manos jamás, usando sus poderes para matar enemigos o hacer sufrir a seres inocentes, ni siquiera durante la guerra. ¿Quién iba a imaginar que, por alguna razón, ella lo podría comprender y no juzgarle por su turbio pasado?

No podía renunciar a ella, si lo hacía sería un desgraciado toda su vida y aunque solo una semana atrás habría juzgado una locura lo que estaba a punto de hacer, no intentar retenerla a su lado sería una locura mucho mayor. Lucharía por recuperarla aunque eso significara tener que tragarse su orgullo y criar como propio a un hijo que quizá llevase la sangre de otro.

Hermione se había quedado sin aliento y le miraba con los ojos muy abiertos, dudando si de verdad Malfoy había dicho lo que ella acababa de escuchar o solo se trataba de una alucinación que parecía muy real. Quizá no le llegaba bien la sangre cerebro, o alguien había dejado en el lugar equivocado una de las fantasías patentadas que George seguía vendiendo —cada vez más mejoradas— en sortilegios Weasley.

—Ni siquiera sabes todavía si es tuyo ¿Estarías dispuesto a criar al hijo de otro hombre?

—No hasta hace bien poco— admitió—. Pero ese muggle me hizo reflexionar. Dices que a él no le importa que el bebé no sea suyo. Está bien, a mí tampoco. Me da igual. Ese niño es tuyo, eso es suficiente.

Hermione lo miró como si temiera que hubiese perdido el juicio, incrédula. Aquel no podía ser en realidad el orgulloso y altivo Draco Malfoy.

—No sabes lo que dices —dijo resistiéndose todavía a cultivar esperanzas inútiles.

—Claro que sí. Mira, yo no te pediré que te cases conmigo, como hizo él. En Nueva York cometimos todos los errores posibles y ahora quiero hacer las cosas bien. Ir despacio, empezar por el principio. Faltan meses hasta que nazca que el bebé, tenemos tiempo. Quiero estar contigo más que nada en el mundo y sé que el bebé viene en el lote. Lo acepto, sea mío o no.

No había nada que ella desease más que confiar en su palabra, pero sonaba tan increíble. Aquel era el germen de sus mayores temores, que Draco se quedase a su lado solo porque se sentía obligado por el bebé. Y ahora estaba allí, ante ella, dándole la vuelta voluntariamente a la situación y diciéndole que deseaba quedarse a su lado, no por el bebé, sino a pesar de él. Su corazón empezó a latir aceleradamente y temiendo que volviera a hiperventilar se centró en lo que le habían recomendado los médicos, contener el aire para controlar la respiración. Tenía que manejar todo aquello con mucho cuidado.

— ¿Y no te preocupa su origen? Para empezar no será un ejemplo de pureza...

—No digas tonterías. Mírate, no llevas una gota de sangre limpia en tus venas y sin embargo eres la persona más noble que he conocido nunca, y la bruja con más talento. Hace mucho que superé toda esa basura de la pureza. Lo que de verdad importa no es la sangre, o el apellido que conste en el registro ¡son las personas! Simplemente las quieres a tu lado, o no las quieres — exclamó Malfoy y como atreviéndose, por el impulso del momento, continuó su confesión— Tengo una hermana que jamás llevará mi apellido, y no por eso deja de ser mi hermana o es menos Malfoy de lo que pueda serlo yo, de modo que no veo ninguna razón por la cual este bebé no debería convertirse también un Malfoy si me apetece que lo sea.

Ella sentía que corría el riesgo de saturarse con tanta información, algo que no le había ocurrido nunca, ni siquiera cuando consultaba en la biblioteca de Hogwarts tres libros a la vez.

— ¡Alto! — solicitó alzando una mano para escenificar el gesto— ¿Tú tienes una hermana?

—Media hermana, mi padre la tuvo con una muggle —explicó Draco impaciente haciendo un movimiento con la cabeza.

Era evidente que él no deseaba en ese momento profundizar en el tema pero Hermione parecía especialmente interesada.

— ¿Cómo es que nunca me dijiste nada?

—Te la habría presentado pero no me diste la oportunidad, pasó el último año en Hogwarts y cuando terminó sus estudios se vino a vivir conmigo. Llegó a Nueva York justo la mañana en que te marchaste.

No necesitó decir más. Sus ojos se abrieron por la sorpresa cuando de repente lo comprendió todo.

Una chica joven, rubia y de porte aristocrático. Una chica cuyo aspecto le resultaba familiar, pese a estar segura de que nunca la había visto antes. Una chica que no llevaba su apellido, pero con la que Draco se cartearía con frecuencia y le enviaría regalos caros, a quien recibiría en su casa a cualquier hora y con la que sin duda podría hablar feliz y relajado sobre ceder a sus caprichos y formar una familia.

¡Qué estúpida había sido! De pronto sintió ganas de llorar.

—Y llegó a Nueva York la mañana en que yo me marché, por eso me pediste que me fuera…

Se la veía tan desolada que Draco se acercó a ella y la tomó de las manos.

—Quiero hablarte de Claire, pero no quiero hacerlo justo ahora. Lo que quiero en este momento es escuchar que te quedarás conmigo, que saldremos a dar un paseo y que luego nos sentaremos a tomar un café como una pareja normal.

—No tomo café —le interrumpió, no supo porqué lo hizo y solo logró sentirse completamente idiota.

—Pues un té —propuso exasperado por la interrupción.

—Tampoco tomo té. Tengo totalmente prohibidos los excitantes.

— ¡Pues lo que sea que tomes, Granger! Dime que me darás otra oportunidad, y que si todo sale como tengo pensado cuando nazca ese niño me dejarás estar a tu lado y criarlo como un Malfoy. Además, incluso puede que lo sea, aunque eso no importe.

Sabía que no tenía sentido insistir, puesto que nunca hubo nadie más y por lo tanto el bebé solo podía ser suyo. Porque siempre fue él, solo él, y tal vez por eso le parecía demasiado bueno que todo fuese tan perfecto de repente.

— ¿De verdad no te importaría?

—De verdad. Ya siento que es un Malfoy.

Hermione sonrió tímidamente, por primera vez en mucho tiempo. Draco le devolvió la sonrisa.

—Será el primero de una nueva generación—afirmó orgulloso.

— ¿El primero?

—Claro, tendremos muchos. Crecer solo en la mansión de los Malfoy puede ser muy deprimente. Créeme, sé de lo que hablo. Además me encanta hacer niños— dejó la frase en el aire y le dirigió una mirada pícara.

Esperaba que ella se apuntase al juego pero no le hizo el menor caso en ese sentido. Su cara se transformó, como si hubiera olvidado algo muy importante y acabara de caer en la cuenta de repente.

— ¡El mayor se llamará Harry!— exclamó bruscamente, iluminada por la idea de pronto. Le había quitado la vida a un Harry, ahora se la daría a otro. Era lo menos que podía hacer.

Draco no pudo reprimir una mueca de desagrado.

—No abuses, Granger.

—Se llamará Harry —dijo ella con terquedad, y se habría cruzado de brazos si Draco no mantuviese todavía sus manos entre las suyas.

—Harry Malfoy no suena bien. No pega, es como intentar mezclar agua con aceite, como… —se detuvo buscando alguna otra buena analogía.

— ¿Un Malfoy y una Granger, por ejemplo? —preguntó ella en tono desafiante, logrando que él frunciera el ceño.

—Eso ha sido un golpe bajo con el que no lograrás convencerme.

—Escúchame bien, Draco Malfoy. Traeré a este mundo un niño llamado Harry y no podrás hacer nada por evitarlo. Lo único que estamos discutiendo es si quieres que lleve tu apellido o no.

Draco fingió pensarlo durante un par de segundos.

—Está bien —cedió para sorpresa de Hermione— supongo que podré aceptar cualquier nombre, siempre y cuando no sea Lucius —añadió encogiéndose de hombros—. Hola, pequeño Harry —dijo soltando una de las manos de Hermione para acariciándole el vientre. Ella se estremeció al sentir su contacto, aunque fuera a través de la ropa y también el bebé pareció sentirlo, pues justo entonces comenzó a moverse.

—Este no es Harry—. Hizo una pausa y se perdió en aquellos ojos grises que la cautivaban—. Es una niña —confesó en un susurro.

Hacía días que lo sabía, se lo habían dicho cuando estuvo ingresada en el hospital, pero por alguna razón no había querido contárselo a nadie, ni siquiera a su madre. Sentía que era su secreto y que debía guardarlo. Ahora comprendía el motivo, estaba esperando para compartirlo con la persona adecuada.

—Una niña. Entonces se llamará Eve— dijo en voz baja, mirando fijamente su vientre mientras lo seguía acariciando.

— ¿Eve?

— ¿Se te ocurre un nombre mejor? Es lo más adecuado para quien realmente será la primera de una nueva generación de Malfoys.

—Creía que preferirías que fuese un chico.

—No ¿Por qué habría de preferir un chico? Adoro a las niñas. Será mi niñita y me ocuparé de que nadie, jamás, le haga ningún daño —murmuró Draco con una sonrisa a escasos milímetros de ella.

Hermione se sentía a punto de estallar de felicidad. Tenía que decirle la verdad y eliminar de una vez por todas el último escollo entre ellos. Cuando Draco supiera que realmente Eve era hija suya el momento sería del todo perfecto.

—Pues lo tendrás difícil. Ya te imagino espantando chicos, porque deberías saber que su padre es un hombre muy atractivo y que si se parece un poco a él, si hereda sus bonitos ojos grises, o esa forma tan sexy que tiene de arquear una sola ceja, será la chica más popular de Hogwarts.

Él captó el significado del mensaje y las comisuras de su boca se torcieron en una sonrisa complacida a la vez que levantaba una de sus cejas, tal y como Hermione había dicho.

—Y si se parece a su madre, además de preciosa será la más lista.

Se inclinó sobre ella para besarla y esta vez Hermione no se apartó.

-ooOOoo-

Y con esto llegamos al final, espero que os haya gustado.

Reconozco que posiblemente no quedó muy creíble. Un final agridulce en que el que se ponen de acuerdo en lo mejor para el bebé, pero cada uno hace su vida independientemente del otro, habría sido más realista. Sin embargo, a pesar de mi desmedida afición por la tragedia, he de de decir nunca contemplé para esta historia un final diferente del que escribí. Supongo que porque a medida que se desarrollaba el fic ya fui soltando tal cantidad de drama que hasta a mí me parecía excesivo. Ambos han sufrido mucho, especialmente Hermione, así que no tuve corazón para negarle su final feliz.

Espero que ahora comprendáis la necesidad de introducir a Garrett en los últimos capítulos. Draco necesitaba su epifanía. Por supuesto es demasiado cabezón para llegar a ella por sí solo, así que decidí que alguien tendría que darle un empujoncito y un poco de competencia directa me pareció la mejor opción. A lo largo de la historia mucha gente —principalmente Luna-Maga (un beso, cielo) pero también más personas— se quejaron del comportamiento de Hermione, tachándola de estúpida. La historia en ese sentido es tan vuestra como mía y si veis a Hermione como una necia supongo que tenéis parte de razón, no digo que ella no se equivocase, sin embargo para mí Draco fue el principal estúpido todo el tiempo. Hermione metió la pata, pero tiendo a ser más indulgente con ella porque considero que era una persona "enferma". Era evidente que estaba cada vez peor y él no supo comprenderla, ni ayudarla. Vale que ella tampoco se dejaba mucho XD pero aún así él se conformó con ofrecerle algunas pequeñas dosis de cariño mezclado con unas grandes de sexo. Cometió también muchos errores y necesitaba una lección de humildad y verse a punto de perder todo lo que le importaba para empezar a valorar las cosas en su justa medida. Garrett era necesario, no solo como competencia para Draco, si no como contrapunto al modo correcto de hacer las cosas. Una boda así de precipitada nunca es una buena idea, por eso Draco no le pide a Hermione que se case con él. Siento cariño por el personaje de Garrett, es un buenazo en toda regla, pero no me salió muy lúcido que digamos…

Sobre Draco y Hermione más de una vez dije contestando rr que todos los problemas que tenían se solucionarían si se sentasen a tomar un café y hablar como personas normales, así que eso fue lo que hice. Realmente creo que me salieron los dos tan tercos que son ideales el uno para el otro. Nadie más los aguantaría XD.

Gracias por haberme seguido hasta aquí. Realmente nunca creí que alcanzaría los 600 comentarios (bueno, aún no llego pero espero hacerlo con este capítulo je,je), o que conseguiría más de 200 alertas y un número aún mayor de favoritos. Muchas sabéis que no me siento muy orgullosa de la truculenta trama de este fic. Entre todas mis historias esta no es, ni mucho menos, mi preferida; y sin embargo es la que ha tenido más éxito y eso os lo debo a vosotras. De todo corazón, gracias, especialmente a todas aquellas que en alguna ocasión me habéis dejado un comentario a lo largo de esta historia.

Y por supuesto gracias también a Yurica. No tengo palabras para agradecer todo su apoyo. Sin sus correcciones y aportaciones esta historia no sería lo mismo. A decir verdad nada de lo que escribo sería lo mismo. Si es que lo nuestro roza la coautoría XD.

Bueno, solo me queda despedirme y daros otra vez las gracias por acompañarme en esta travesía. Para quien quiera saber cuales son mis próximos proyectos mi plan más inmediato incluye unas vacaciones. Volveré en octubre, posiblemente con una historia cortita que será mi primera incursión en la comedia. Nada de dramione por el momento, habrá muchos personajes canon y una oc de hufflepuff que está un poco loca pero a la que le he tomado cariño. También es posible que retome una historia que tengo aparcada desde hace un par de años sobre la infancia y juventud de Minerva. Ahora ya sé que no es canon pero me he dado cuenta de que no me andaba muy desencaminada al construir el personaje y tengo ganas de retomar esa historia. Para más información podéis seguirme en twitter, no dejo la dirección ya sabéis porqué, pero podéis buscarme como alecrin08.

Y para terminar un par de apreciaciones sobre los rr. Me gustan más que a un tonto un lápiz, y los contesto siempre. Así que si llegas hasta aquí te agradecería mucho uno, aunque solo contenga dos palabras. No importa que la historia sea antigua y hayan pasado siglos desde que la publiqué. Si todavía soy una autora activa (y no tengo previsto dejar de serlo) lo contestaré. Me encantaría saber si la historia te ha gustado cual ha sido vuestro momento preferido, yo tengo varios, uno de ellos es el paseo en escoba con Charlie y otro el baile en pijama en el apartamento de Draco.

Como este es el último capítulo no podré responder en la próxima actualización a los usuarios no registrados. Para tener una respuesta os doy dos opciones. Si me dejáis vuestro mail en el rr os enviaré una lechuza (recordad que la página se come las direcciones, de modo que tendréis que engañarla con paréntesis o escribiendo ciertas cosas en letra, algo del tipo: fulanito arroba hotmail punto com). A quien no quiera hacer su dirección pública le contestaré dejando un rr en este capítulo. Intentaré hacerlo lo antes posible para que no se cuelen comentarios entre vuestro rr y el mío.

Ahora sí, adiós. O mejor dicho, hasta pronto ;)