¡Hola a todos! (¡hola, doctor Nick!) Aquí estamos otra vez, con nuevo capítulo de nuestra psicóloga favorita y esos países que ponen su mundo patas arriba. Quizá un poco más tarde de lo que me hubiese gustado, pero en fin, una tiene que estudiar y esas cosas. Como siempre, un agradecimiento enorme a todos los que estáis pendientes a que me dé por actualizar, que me leéis, comentáis... en fin, a los que me hacéis la existencia un poco más agradable. A todos los que me dejasteis reviews, aquí vienen vuestras respuestas:
-yolandachiku: Ya tienes la continuación, espero que te guste ^^
-Kokoa Kirkland: Espero quedar a la altura xD Ya me dirás ^^
-The Nova 6: Mejor no adelantar acontecimientos xD Ya iremos viendo conforme pase todo.
-Darklolita666: Aquí vamos de nuevo ^^ Ya iremos viendo qué pasa con Dinamarca.
-Nikie Blue: De nada, aquí viene otra actualización ^^
-Sabrina Forever: Gracias por todos esos halagos, de verdad ^^ Espero que este capítulo te guste igual. En cuanto a tu idea... no sé si encajará en el desarrollo que le tengo pensado al fic, pero lo tendré en cuenta :)
-marylu kaifery: Ay, señor, por suerte eso nunca pasará. Y de nada ;)
-Suzume Mizuno: Todas las críticas son bienvenidas ^^ Si te dijera la de veces reviso lo que escribo... y aún se me escapan este tipo de cosas. Pero tienes razón, algún día revisaré los primeros capítulos. En fin, qué disfrutes cuando puedas seguir leyendo :)
-0White-Rose0: Sí, ya iremos viendo qué le pasa a Dinamarca, y lo mismo con Islandia, llegaremos a ver por qué se fue. Y en cuanto a Nina... sí, por fin está haciendo algo más de psicóloga xDD
-Nakuhetalia: Ya estoy aquí ^^ Disfruta con el capítulo.
En fin, ya sabemos que Hetalia no es mío para nada, así que creo que podemos dar paso ya al capítulo. ¡Disfruten!
Capítulo 26: Juntarse el hambre con las ganas de comer (parte 2)
—Está bien, señor Andersen, esta prueba consiste en lo siguiente: yo recito diez palabras y usted me las tiene que repetir, no hace falta que sea en el mismo orden. Si en algún momento siente que no se acuerda de más, me lo dice y terminaremos el ejercicio. En total haremos diez veces esto de recitar y repetir las palabras. ¿Lo ha entendido?
—¡Sin problemas!
—Muy bien. Antes de empezar siempre le haré esta pregunta: ¿cuántas palabras cree que va a recordar esta vez?
—Las diez, ¡claro!
—Muy bien, empezamos: árbol, casa…
Complacida por lo que veo desde la puerta de mi despacho, dejo a Emily pasar la prueba de la curva de Luria y demás pruebas de evaluación neuropsicológica al señor Andersen y cierro la puerta, regresando a la mesa con el señor Thomanssen, quien me sigue mirando con ojos neutros. Me recuerdan a los de Suecia, y me pregunto si será cosa de familia. Parece probable, aunque no explicaría por qué Dinamarca es tan distinto a ellos.
—Antes que nada, me gustaría pedirle disculpas por no poder atenderles anoche -digo mientras me dejo caer en mi sillón-. Me hubiera gustado, pero…
—No hace falta, señorita Nina -me interrumpe el rubio, mirándome fijamente a los ojos-. Nuestra aparición fue repentina y no a la hora más adecuada, precisamente. Entiendo que nos mandara a un hotel y de verdad le agradezco que nos haya adelantado la cita. ¿Tenía otro paciente a esta hora?
—No, afortunadamente tuvimos una cancelación de última hora y nadie había cogido el hueco aún. Además, si mi secretaria le dio la cita a aquella hora era porque pensamos que necesitaría unos días para preparar el viaje a Londres y demás.
—Muy considerado por su parte.
—Nos dedicamos a la Psicología, la consideración es prácticamente un requisito laboral -sonrió y dejó salir aire lentamente por la nariz-. Debo reconocer que me sorprendió y hasta bloqueó un poco verlos tan tarde aquí, pero no puedo culparlos. No es la primera vez que uno de ustedes pierde a alguien querido, y la verdad es que, comparado con otros, su reacción ha sido bastante contenida.
"En concordancia con cómo actúa siempre, al parecer", añado para mí misma. No es por tirarme flores, pero me considero bastante buena leyendo a la gente. El lenguaje no verbal me fascina y por eso trabajé mucho para ser capaz de captar las señales que me llevaran a detectar las emociones subyacentes de las personas a mi alrededor, cosa que me ha ayudado bastante en mi labor. Y puedo decir que el señor Lukas Thomanssen es posiblemente la persona de la que más me cuesta leer algo. Antes lo he comparado con Berwald y mantengo lo del parecido, pero también noto las diferencias: mientras el sueco mantenía una especie de tensión y al final, cuando se relajó, pude ver las cosas que sabía que había, Noruega simplemente está relajado, no dejando que las emociones lo embarguen ni lo dominen. Es absolutamente dueño de sí mismo. Eso es beneficio para él, sin duda, pero a mí me da ese tipo de problemas.
—No veo la necesidad de montar un espectáculo -responde, confirmando en parte mi línea de pensamiento-. Me preocupa mi hermano, su bienestar y me pregunto dónde estará, esperando que no se haya metido en líos, pero entrar en histeria sólo haría que perdiéramos tiempo en su búsqueda. Me parece más útil centrarme en la solución, y como usted ha dicho, tiene experiencia en este tipo de menesteres -se queda unos segundos pensando-. Aunque realmente sí fuí un poco histérico, siendo sincero.
Me encojo de hombros. A estas alturas, tanto da. Me asustaron anoche, pero con tranquilizarlos y prometerle que los vería al día siguiente fue suficiente para que todo volviera a su orden. No hubo mayor drama.
—Lo hecho, hecho está -digo para resumir mis pensamientos e inmediatamente entro en "modo psicóloga"-. ¿De qué hermano quiere que hablemos antes, Islandia o Dinamarca?
—En realidad, creo que va todo unido.
—¿Quiere decir que cree saber por qué Islandia se ha ido?
—Sí, tengo una ligera idea… de hecho, fue por él por lo que me decidí a contactarla.
—Comprendo. En ese caso, cuénteme lo que crea conveniente para que yo pueda entenderlo.
—Si no recuerdo mal, le dije que este problema empezó hace un año -asiento con la cabeza para señalarle que lo recuerdo y él continúa-. Lo que no le conté es que en realidad hace un año desde que yo me dí cuenta. Islandia... quizá usted lo quiera llamar por su nombre humano, Emil Steilsson. El caso es que él se dió cuenta antes. Pequeños detalles como le dije, supongo. Es posible que sea más perspicaz en esas cosas que yo. Y yo no le hice caso hasta que yo lo vi por mí mismo.
—¿De cuánto tiempo estamos hablando, más o menos?
—¿Es importante?
—Es crucial. No sólo estaremos poniendo una fecha más exacta de cuándo comenzaron los problemas del señor Andersen, sino que sabremos desde cuándo Emil lleva rumiando lo que sea que le ha llevado a irse de casa.
—Parece lógico, pero siento decirle que no estoy seguro. ¿Seis meses antes, quizás?
¡Seis meses! Para un país no será tanto, pero en psicología pueden suponer la diferencia entre un trastorno leve y un trastorno grave, e incluso pueden causar daños irreparables. Toquemos madera para que este no sea el caso.
—Dice que no le hizo caso. ¿Él insistió?
—Bastante, sí. No paró de repetirlo hasta que lo vi con mis propios ojos, pero incluso así pensé que serían errores tontos, que no había que tomárselos tan a pecho. Bror puede ser bastante cabeza hueca algunas veces. Pero cuando ya empezó a confundir cosas del pasado… ahí ya le tuve que dar la razón. Luego… -se toma un momento para reflexionar y se lleva la mano a la barbilla-... luego recuerdo que Emil empezó a pasar cada vez más tiempo en su casa. Problemas con los volcanes, decía a veces. Problemas con sus políticos, decía otras. Ya sabe, toda la movida con Wikileaks. El caso es que lo vi normal y no le di mayor importancia. Todos tenemos nuestras cosas en nuestras respectivas casas, yo no soy menos en ese sentido, no debería haberme extrañado.
—Y mientras tanto, el señor Andersen empeoraba -añado comprensivamente. Aquella situación no debió ser fácil para ninguno de los implicados.
—Exactamente. Cada vez estaba más pendiente de él, cuidando de que no metiera la pata. Normalmente solemos vivir juntos durante pequeñas temporadas, como fines de semana, vacaciones o alguna reunión especial, pero desde el momento en que las cosas se pusieron así no me atrevía a dejarlo sólo. Y supongo que fue en algún punto de esa época cuando me dí cuenta.
—Perdón, ¿de qué se dio cuenta?
—… -toma aire y lo suelta muy lentamente-. De que Emil no se estaba yendo tanto porque tuviera problemas, sino porque aquello le hacía tanto daño que no podía soportarlo. Verá, ni Emil ni yo somos muy dados a expresar lo que sentimos físicamente. No es porque nos sintamos débiles al hacerlo o algo así, es que simplemente no nos sale. Él ni siquiera me llama hermano, por mucho que yo le insista, y eso que nosotros dos sí somos hermanos biológicamente hablando, a diferencia de Mathias y yo. Además de eso, a él no le gusta molestar, prefiere pasar desapercibido antes de causar más trabajo a los que tiene alrededor. Supongo que para él simplemente fue más fácil hacer como si no pasaba nada y evitar el problema. No puedo culparlo por ello.
Asiento, un poco perdida en mis pensamientos. Es cierto que para muchos es más fácil sobrellevar este tiempo de problemáticas desde la distancia, y que mejor distancia que encontrarse en naciones distintas. Sin embargo, no termino de ver cómo se llega de esa situación a haberse escapado sin avisar y sin indicar a dónde, y así se lo hago saber a Noruega.
—Ah, pero sí avisó -responde él, tan imperturbable como siempre-. No dijo que se fuera hoy, pero sí dijo que sería capaz de hacerlo en un momento dado. En su momento me pareció una amenaza sin intención de cumplirla, pero ahora comprendo que era una advertencia.
—¿Puede explicar un poco mejor a qué se refiere?
—Cuando por fin me dí cuenta de que Emil tenía razón con respecto a Mathias decidió que teníamos que pedir ayuda, y cuando las demás naciones empezaron a hablar de usted pensó que era la oportunidad que estábamos esperando. Pero yo no lo tenía tan claro. Al fin y al cabo, no sabía cómo explicarle a Mathias lo que le estaba pasando ni cómo hacerle ver que necesitaba que lo viera una psicóloga, como puede imaginar no es muy consciente de lo que le pasa. Así que Emil insistía, yo lo dejaba estar, Dinamarca iba cada vez más en picado y el tiempo pasaba, hasta que llegó un momento en que la situación no se podía sostener más. Y entonces Islandia explotó.
—¿Quiere decir que discutieron?
—Efectivamente.
A pesar de que es lo más probable en esta situación y de que he sido yo la que lo he supuesto, me cuesta imaginar al señor Thomanssen discutiendo sobre cualquier cosa, y menos poniendo expresión de enfado. De hecho, a lo más que puedo llegar a imaginarme es a Noruega alzando la voz con la cara totalmente serena y por alguna razón me parece una imagen siniestra. Me recuerda a un sacerdote haciendo un exorcismo.
—De acuerdo… aunque no entiendo por qué igualmente se escapó cuando usted ya había pedido ayuda -replico, arrugando ligeramente el cejo.
—No llegué a decírselo. Después de comer se fue a su cuarto y no volvió a bajar. Cuando subí a contárselo encontré la habitación vacía y esto encima de la cama -rebusca en el bolsillo de su chaqueta y me pasa un papel arrancado de un cuaderno plegado. Al abrirlo, descubro que sin duda está escrito en un lenguaje nórdico que por supuesto yo no comprendo-. La traducción al inglés sería "te dije que no podía más y no me hiciste caso. Si me conoces sabrás a dónde he ido".
—Comprendo. ¿Qué edad dice que tiene Emil?
—Si fuera humano tendría unos dieciséis.
Eso me encaja. La última frase me parece un acto de ligera chulería, típica de un adolescente que está pasando por la fase de "el mundo no me entiende y menos mis padres", aunque en este caso sean dos hermanos mayores. Me hace pensar que las cosas están más dañadas de lo que el señor Thomanssen cuenta o incluso de lo que el señor Thomanssen es consciente.
—Por las palabras escogidas, parece que Emil entiende que usted no parece saber muy bien dónde está ahora mismo -digo, intentando sonar lo más neutra posible y no como si lo estuviera regañando. En otro contexto estaría bien, pero aquí y ahora sería inútil e incluso contraproducente.
—Ni la más mínima idea -confirma el rubio, tomando un poco de aire antes de continuar-. Ya he tirado de lo obvio: Suecia y Finlandia no saben dónde está, ni nadie en Europa. También he preguntado a los países de su edad con los que sé que suele juntarse y nadie lo ha visto.
—Y la siguiente en la lista era yo -deduzco, un poco molesta por ser siquiera una opción. Ya es la tercera vez que me toca buscar a un país y ni siquiera sé por qué dan por sentado que eso es parte de mi cometido.
—Uno de los rumores que circula entre los países es que se le da bien. Se dice que es capaz de leernos tan bien que es capaz de predecir dónde estaremos. Me pareció lógico.
Aparte de ser una idea apoyada sobre un estamento falso (¿predecir dónde estará un país al que acabo de conocer? ¿Estamos locos? Esta manía que tienen los países de sobrevalorarme me está trayendo más problemas de los que necesito), la lógica de Noruega falla en algo importante: ¿cómo me voy a meter en la cabeza de alguien que ni siquiera conozco?
Pero me guardo bien de decírselo. A pesar de no demostrarlo por gestos o posturas, está claro que el señor Thomanssen está preocupado por partida doble. Sus dos hermanos están perdidos de distintas maneras y no sabe qué hacer para encauzarlos y reunirlos, y lo único que le falta es que yo le recuerde que la cosa está complicada por ambos lados. Así que algo tendré que intentar, por muy suicida que parezca… y que sea. Porque lo es.
Entrecruzo los dedos de mis manos y vuelvo a abandonarme a mis reflexiones, dándole vueltas al contenido de la nota; no es la primera vez que tengo que trabajar con adolescentes y sus notas, algo se podrá sacar de ahí. El contenido en sí no es más que un reto, eso está claro. Y el destinatario es a todas luces Noruega… ¿o no?
Levanto una ceja al darme cuenta de un detalle. ¿Cómo sabía Emil que sería el señor Thomanssen el que encontrara la nota? Por lo que se deduce de la conversación, vive en la misma casa que el señor Andersen. Y en la nota no aparece ninguna referencia explícita a Noruega. Es el que más sentido tiene porque se sabe que han discutido, pero…
Me dan ganas de palmearme en la cara con fuerza por no caer en una pregunta tan básica, pero consigo refrenarme y me dirijo al noruego:
—Antes de que ocurriera todo esto, ¿cómo era la relación entre Emil y los demás nórdicos? Especialmente con el señor Andersen.
—No era una mala relación -responde el rubio, y por primera vez veo algo de movimiento en su cara. Su ceja izquierda se eleva unos milímetros, y creo que eso es lo más cerca que voy a estar de conseguir una muestra de emocionalidad en toda la entrevista. Esperablemente es un signo de sorpresa, cosa que no me extraña, estoy segura que no esperaba esta pregunta. Aunque también puede ser que ya esté tan desesperada por ver algún tipo de emoción en la cara de mi acompañante que me agarro a un clavo ardiendo-. Como ya le he dicho, él es tan estoico como yo, y a los dos nos pone nervioso Dinamarca a veces. Pero dejando todo eso aparte, la relación era cordial. Fraternal, diría yo. Es posible que con él tuviera más confianza para ciertos temas que conmigo.
—¿Alguna discusión en algún momento?
—Supongo que un par, pero nada serio. Emil es un chico muy maduro que no nos ha dado demasiados problemas. Ni siquiera estoy seguro de saber por qué discutían.
—¿Y que me dice la relación de todos los nórdicos unos con otros? Contando con Suecia y Finlandia, por supuesto.
—Bueno… -ante esta pregunta el señor Thomanssen se toma su tiempo reflexionando, y yo me pregunto por qué. No discuto que sea una respuesta que merezca cierta elaboración previa, pero me pregunto si es porque no sabe la respuesta y tiene que concentrarse, o porque sí la sabe y no sabe cómo expresarla. Sinceramente, no sé cuál de las dos opciones es peor, cuál de las dos da más miedo-. Yo no diría que es mala… sin embargo…
—… ¿sí?
—… la palabra adecuada es… ausente. Más allá de lo profesional, me refiero. El Consejo Nórdico sigue existiendo, aunque casi todas sus funciones hayan pasado a manos de la Unión Europea, y colaboramos los unos con los otros… pero no deja de ser una relación correcta. Nos preocupamos los unos por los otros, sí… pero no creo que nos podamos considerar una familia, más bien como amigos casuales. Compartimos historia y cultura… pero para bien o para mal, no podemos olvidar el pasado.
—Cierto, creo que me lo comentó de pasada por teléfono -definitivamente me tengo que poner al día con la historia mundial. ¿Habrá algún cursillo en la universidad donde pueda apuntarme? Nunca está de más renovar el curriculum-. ¿Cómo cree que reaccionarán si les llamo y les pregunto su opinión sobre todo esto? ¿Cree que se ofrecerán a ayudar?
—No creo que haya problemas con Tino. Pero Berwald… -el noruego inspira profundamente y deja el resto de la frase en el aire. Debe haber mucho que contar en esa relación, de ahí tanta expresividad… para tratarse del señor Thomanssen, claro-. Creo que quién mejor se lo puede decir son los propios Tino y Berwald. Quién sabe. A lo mejor nos llevamos una sorpresa.
—A lo mejor -respondo de manera vaga, sin querer alimentar falsas esperanzas ni en él ni en mí. Si las cosas están tan complicadas como parece tampoco podemos dar nada por sentado, y menos que van a colaborar por las buenas sólo por mi cara bonita. Por mucho que yo les haya ayudado, no me deben nada. Pero bueno, veremos qué podemos hacer. Al menos me darán pistas de lo que le puede estar pasando a Emil, que no es poco.
Se oyen golpes en la puerta de mi despacho y se abre, asomándose la cabeza de mi secretaria galesa.
—Por aquí ya hemos terminado, Nina -anuncia con una pequeña sonrisa-. Intentaré tener el informe para esta tarde.
—Ah, bien, muchas gracias, Emily. ¿Te ha costado mucho pasar las pruebas?
—¡No, qué va, si el señor Andersen se ha portado muy bien! Ha colaborado bastante -mira a Noruega-. Supongo que usted también querrá saber los resultados, ¿no?
—Por supuesto -asiente el rubio, levantándose de su asiento al ver que yo hago lo mismo-. Entonces… ¿ya hemos acabado?
—Por hoy sí -confirmo mientras calculo mentalmente cuánto tardaré en hacer todo lo que tengo pendiente. Repasar la historia de Escandinavia, hablar con Tino y Berwald, pensar dónde puede estar Emil, esperar a que Emily tenga el informe… y por medio tengo que seguir con mis demás casos y con mi vida en general. Madre mía-. Tardaré al menos tres días en tenerlo todo listo para volvernos a ver, quizá quieran volver a su casa mientras tanto…
—Creo que nos quedaremos en el hotel de anoche el tiempo que haga falta. Encontrarse la casa vacía sólo podría ser peor para Mathias, estando aquí le puedo decir que estamos en unas vacaciones cortas él y yo, no es la primera vez que lo hacemos.
No puedo evitar levantar una ceja ante la explicación, preguntándome qué tipo de relación tienen exactamente Noruega y Dinamarca. El señor Thomanssen se refiere a él como "hermano", pero también dice que realmente su hermano biológicamente es Islandia. Desde luego, su manera de preocuparse por el danés es típica de un familiar, o de un muy muy buen amigo. Deben estar realmente unidos… y eso me hace preguntarme cómo ve Emil esa relación. ¿Se verá incluido en la hermandad? Todo parece indicar que sí, pero entonces… ¿por qué se escaparía?
"En fin, mejor dejarlo para luego", pienso mientras me despido de los dos nórdicos junto a Emily. Por mucho que me emocione todo esto (que lo hace), no son mi único caso actualmente y mi próximo paciente llega en diez minutos. Debo estar preparada y pendiente además, que Emily también se va en poco rato a sus clases en la facultad. Aquí todos tienen su vida.
Me dejo caer en el sillón y suspiro, intentando no pensar en todo esto, pero me resulta imposible. Demasiados frentes por donde actuar, demasiadas variables en juego. Y yo todavía no me veo capaz de tratar una demencia, no está dentro de mis competencias. ¿Qué tendría que hacer, contactar con un equipo multidisciplinar? ¿Un centro de día? ¿Funcionaría eso? ¿Cuánto tiempo tendrían que estar trabajando con el señor Andersen? ¿Qué pasaría con su tierra mientras tanto? ¿Habría que romper el secreto con esos profesionales?
Quizá China pueda extrapolar sus conocimientos médicos a este caso. Tendré que preguntarle sobre el tema.
De todas maneras, lo que más me preocupa ahora mismo es Emil, dónde está y por qué se ha ido sin avisar. Tengo mis ideas, por supuesto, pero aún así tengo que escucharle y comprender su versión. Y para eso tengo que encontrarle.
Si le contara a alguien los berenjenales en que yo me meto no me creerían. A excepción de Emily, claro.
Señor, ¿por qué seré tan masoquista a veces?
-o-
—Siento que no le podamos ser de ayuda en esto, señorita Nina, pero la verdad, no tenemos ni idea de dónde puede estar Islandia -oigo que me dice Tino por el otro lado de la línea del teléfono-. La verdad, si no fuera por las reuniones de la ONU, el Consejo Nórdico y algún encuentro entre nuestros jefes, ni siquiera lo veríamos. Hemos estado bastante ocupados Su y yo, con los niños, el trabajo en nuestra casa… y el poco tiempo que tenemos libre lo estamos aprovechando para estar juntos. Sé que no está bien siendo vecinos y prácticamente de la familia, pero…
Suprimo un suspiro de decepción del que no me tendría que sentir ni siquiera tentada de soltar. Debo reconocer que tenía ciertas esperanzas en que el matrimonio nórdico tuviera alguna idea de dónde se podría encontrar Islandia, no es extraño que los adolescentes que se sienten desengañados con su familia confíen en miembros más alejados de ésta, como tíos o abuelos. En este caso, Timo y Berwald me parecían unos buenos homólogos.
Por suerte, no sólo los llamo para eso, así que me olvido pronto del chasco y continúo con mi obtención de información útil.
—Entonces, cuando me dijo que creía que Dinamarca estaba enfermo…
—Los había visto a él y a Noruega de lejos en alguna reunión y actuaban raro. Raro para tratarse de ellos, quiero decir. Supongo que ya se habrá dado cuenta de cómo es Lukas.
—¿Como si Dios se hubiera limitado a poner dos puntos y una línea recta cuando dibujaba su cara? -no puedo evitar bromear, sabiendo que estamos en confianza. La pequeña risa del finlandés me lo confirma.
—Un poco cruel por su parte, señorita Nina, pero tiene razón. Bueno, pues ya se imaginará cómo se comporta normalmente con Mathias, más siendo tan distintos. Básicamente Mathias lo perseguía gritando cosas mientras Lukas… bueno, era Lukas. Pero desde hace un tiempo están distintos. Cuando andan juntos Dinamarca mira para todos los lados y Noruega está mucho más pendiente de él, hablándole y mirándole continuamente. Incluso los he visto a veces tomarlo del brazo. No es que crea que Lukas es un insensible, pero nunca lo había visto tan... implicado.
—¿Para tratarse del señor Andersen o en general?
—Supongo que se refiere a Emil -adivina correctamente Tino-. Con él sí que es verdad que está más pendiente normalmente, aunque no sé si hasta el punto que le he dicho antes. Emil es muy distinto a Mathias y más parecido a Lukas.
—Sí, algo me ha comentado Noruega. A modo de apreciación personal, también le veo cierto parecido a Berwald, no sé si me equivoco.
—Bueno, no es que sean iguales, pero sí, yo también creo que tanto tiempo juntos los ha influido mutuamente. Hubo un tiempo en que formaron un único reino, antes de que Noruega se independizara. En nuestra historia ha habido muchas uniones y separaciones.
Otra vez el tema de la historia nórdica que no para de asomarse a lo largo de este caso. Suerte que esta vez tuve la sensatez de darme una vueltecita por la Wikipedia antes de volver a hablar con otro miembro de la familia.
—¿Como en… -reviso la fecha apuntada en mis apuntes del caso-... 1523?
—… sí exactamente -suspira-. De hecho, creo que le comente sobre eso la primera vez que nos vimos.
—Sí que lo hizo, aunque debo admitir que me ha costado entender que se trataba del mismo hecho. En fin, usted sólo me contó que Berwald se había cansado de ser el esclavo del señor Andersen y por eso se había ido los dos.
—Bueno, tampoco pensé que una versión más extensa fuera a tener sentido en su momento, pero supongo que ahora puedo explicárselo sin problemas. Supongo que ya sabrá por qué se formó la Unión Kalmar.
—Si podemos creer a la Wikipedia, para crear un frente común que paralizara la expansión germana del momento y poder controlar el mar Báltico.
—Exacto. Pero como puede imaginarse, además de los motivos políticos…
—… había motivos personales, claro -termino la frase por el finlandés y reflexiono un momento, mirando mis apuntes sobre el caso. Creo que ahora lo entiendo-. ¿El hecho de que la que reunía todas las coronas fuera una reina danesa implica que el que más deseaba la unión era Dinamarca?
—Exactamente. Y además, él siempre se refería a nosotros como su familia… supongo que no tengo que decirle mucho más.
Es cierto, no tiene que hacerlo, me imagino totalmente lo que pasó después. Berwald sentiría que no estaba siendo tratado como merecía, se iría, Tino iría detrás… situación estresante donde las haya. Sin embargo, no sé si será útil para el problema que nos atañe. Verdad es que el sufrimiento del señor Andersen se basa más que nada en tener que revivir las situaciones dolorosas que pasó hace siglos, pero, ¿qué pueden hacer ellos? ¿Hacer como si no hubiera pasado nada, como si hubiera transcurrido todo ese tiempo? No puedo pedirles eso, sería injusto. No sólo porque ellos también sufrieran en ese momento, sino porque tienen sus vidas actuales, responsabilidades…
Mi línea de pensamiento se ve interrumpida por unos enérgicos golpes en la puerta.
—Nina, ¿puedes salir un momento? Es importante.
La voz de Emily con tanta urgencia no augura nada bueno, así que me disculpo con Finlandia, dejo la llamada en espera y salgo de mi despacho.
—Emily, tengo una llamada internacional en espera...
—Sí, lo sé, Finlandia, he estado escuchando por la otra línea.
—¡Emily!
—¡Era demasiado interesante, ¿vale?! Pero da igual, te he llamado porque tenías que ver esto -me pasa lo que parece un informe bastante extenso, y al echar un vistazo compruebo que efectivamente son los resultados de la evaluación al danés de esta mañana. Como esperaba, son resultados muy pobres, pero no entiendo a que venían las prisas…
… un momento...
Admito que me cuesta en un principio, pero veo un detalle que me llama la atención. Y pronto son unos cuantos más, pequeñas cosas en las que uno no repara a simple vista pero que están ahí. Mis profesores de Evaluación dirían que son los típicos detalles en los que los novatos como yo no caemos y que nos hacen dar vueltas como tontos hasta que nos damos cuenta.
Por ese motivo, no puedo sino sentir cada vez más admiración y respeto por Emily.
—Gracias por el aviso, Emily. ¿Serías capaz de explicarlo delante de un grupo de gente?
—¡Claro! Déjame un par de días para prepararlo y conseguiré que lo entienda hasta mi abuela del pueblo -me guiña un ojo y sonrió, sabiendo que puedo confiar en ella. Vuelvo a mi despacho y cojo de nuevo el teléfono, no pudiendo evitar hablar con cierto apremio.
—Tino, normalmente no haría las cosas así, pero esto es importante. Necesito que Berwald y usted vengan a la consulta lo antes posible.
—¿Por qué, ha pasado algo con Dinamarca?
—Todavía no se lo puedo explicar, cuando vengan se lo diré. Por favor, es muy, muy importante, y entiendo que a lo mejor le cueste convencer a Suecia, pero…
—No se preocupe, señorita Nina -me interrumpe el otro ante mis casi súplicas-, haré lo que pueda. Para finales de semana estaremos por ahí.
—Gracias -reprimo un suspiro de alivio, y después de una despedida rápida, cuelgo. Bueno, una cosa menos, casi tengo todo dirigido hacia el punto adecuado…
… excepto por el hecho de que sigo sin tener ni idea de dónde está Islandia, y ésta vez sí que no tengo ni idea, ni la más mínima pista. En la historia de Islandia no aparece que haya relaciones significativas más allá de los nórdicos, y empezar a investigar con quién se puede llevar bien actualmente es como buscar una aguja en un pajar. Prácticamente dependo de la suerte en esto y sobra decir que no es lo adecuado. No sólo porque no sea profesional, sino porque jugando con la suerte se arriesga mucho...
En ese momento suena el teléfono. "Es imposible que Tino haya sido capaz de convencer ya a Berwald", pienso, así que supongo que será otro paciente.
—¿Diga?
—Buenas tardes, señorita Nina. Tengo entendido que está buscando a alguien, y creo que puedo ayudarla.
—… ¿¡señor Jones!?
¡Y acabó! ¿Qué tal todo? Quizá un poco pesado, lo admito, pero es que no sé qué me pasa que cada día me enrollo más y más. Pero bueno, vosotros sois lo que tenéis que decirme si está bien o mal. Igual que cualquier otra crítica que tengáis, claro.
Pequeña explicación: una evaluación neuropsicológica consiste en un conjunto de pruebas para comprobar el estado cognitivo del paciente y abarca varios campos (atención, percepción, lenguaje, resolución de problemas...). La prueba que Emily le está pasando a Dinamarca, como su propio nombre indica, mide memoria, concretamente la memoria inmediata. Fue creada por Luria, al que consideramos padre de la neuropsicología tal como la conocemos (podremos decir lo que queramos de la Unión Soviética, pero fue una buena época para los descubrimientos del campo de la psicología).
Bueno, en el siguiente capítulo terminamos con el caso de... bueno de los nórdicos ya. ¿Cuál será el diagnóstico final de Dinamarca? ¿De qué se habrán dado cuenta Nina y Emily? ¿Conseguirá Finlandia traer a Suecia a la consulta de Nina? ¿Dónde estará finalmente Islandia? ¿Qué pinta Estados Unidos en todo esto? Todo esto en el próximo capítulo. ¡Hasta entonces!
