El sol de marzo le calentaba levemente el cogote, que se protegía con un pañuelo azul. Silbaba mientras trabajaba. Barría la calle principal de Konoha con una escoba roñosa, llena de pelusa. Con un punzón de tiro largo, pinchaba los papeles y las latas que algún incívico había arrojado al suelo en lugar de a la papelera. De vez en cuando, pinchaba algún excremento y entonces, cabreado, juraba contra el cerdo que había dejado que su perro cagara sin limpiarlo.

Era uno de los trabajos comunitarios con los que le habían obsequiado los Consejeros, pretendiendo denigrar al que una vez fue el genio número uno de su generación.

Ese día, Sasuke Uchiha hacía de barrendero, aunque limpiar no le importaba.

Limpiar las calles era un oficio tan bueno como cualquier otro, y mucho mejor que ser el títere político de un Señor Feudal y de un sistema corrupto.

Además, limpiar le permitía desconectar de su entorno y encerrarse en sí mismo, en su infierno particular de desamor.

Al principio, muchos aldeanos se rieron al verle con la escoba en la mano, en lugar de con la katana, limpiando mierda, buscando un gato, haciendo de canguro o realizando cualquiera de los trabajos más ingratos que podían encargarse a un genin de la Villa…

Pero poco a poco y atendida la duración del castigo, la gente de Konoha empezó a murmurar contra el poder político que tanto se estaba cebando contra aquél niño que, a fin de cuentas, era uno de ellos y pertenecía al Clan más temido de la Hoja.

Aquéllo era un deshonor y el muchacho lo aceptaba sin protestar.

La opinión pública se dividió en tres bandos:

Los que pensaban en lo excesivo que estaba resultando el escarnio del chico, que a fin de cuentas tenía solo dieciocho años y había pagado con creces su equivocación. Los que temían que un Sasuke Uchiha, presionado en exceso y humillado en grado sumo, volviera a adentrarse en el mundo de tinieblas a dónde se fue una vez, pero ahora, arrasando la Villa a su paso. Los menos, los que temían y envidiaban a los Uchiha, disfrutaban con su humillación pública y caída en desgracia, considerando que un sujeto así, no podía ser tratado de otra forma.

En general, lenta y paulatinamente, la gente de Konoha suavizó el trato con Sasuke y a veces, algunas mujeres, madres en su mayoría, sin mediar palabra le regalaban bolsas de fruta o de verdura. Al principio, Sasuke, reticente a aceptar esos regalos de unos vecinos que le habían vilipendiado tanto, mandaba los obsequios a la porra y a las señoras también, pero poco y viendo que no había ninguna mala intención por parte de algunos aldeanos que parecían sentirse culpables, poco a poco y en silencio, fue aceptando algunos obsequios de aquéllas mujeres de buena fe que parecían sinceramente preocupadas por él.

Por las noches, Sasuke, vivía en su propio infierno interior, que nada tenía que ver con los trabajos encomendados con los que la cúpula de poder corrupto pretendía humillarle.

La mayor parte del día, cuando estaba de misión o limpiando calles, intentaba no pensar en nada. Se centraba en hacer la tarea encomendada. Si sentía el chacra de Sakura cerca, la esquivaba para no encontrarse con ella. Si se cruzaban, él la ignoraba, pasando por su lado como si aquélla mujer a la que tanto quería no existiera.

El problema llegaba con el anochecer, cuando solo en su preciosa casa vacía, no podía desahogarse ni hablar con nadie del dolor que sentía. El hueco que le había dejado el rechazo de Sakura era tan terrible que ni siquiera intentaba llenarlo y ni Naruto, ni Hinata, ni su antiguo equipo en Taka, conseguían arrancarle de su depresión.

Le dio por beber alcohol, por frecuentar tugurios de dudosa reputación.

Salía de madrugada, insomne, paseando por las calles de Konoha, entrando en bares raros y malolientes, conversaba con los sujetos más extraños y las mujeres más ruines. Se intentaba emborrachar para no pensar, pero ni eso conseguía, gracias a su resistencia al veneno y a determinadas sustancias, cortesía de su maestro, Orochimaru. Regresaba a casa, frustrado, irritado y cabreado, derrumbándose en su futón, intentando descansar, sin conseguirlo.

Una noche, tocó fondo, cuando llevó a su casa a una buscona.

No supo por qué había empezado a conversar con ella, ni dónde la había encontrado, ni siquiera recordaba de qué habían hablado, pero de pronto se encontró en su habitación, siendo manoseado por una mujer vulgar arrodillada frente a él, con el pelo oscuro pegado a la cara y los ojos hambrientos de sexo.

- … No quiero… - Sasuke intentó parar las manos de aquélla tipa que se le colaban por entre los pantalones, buscando liberarle. La mujer hizo caso omiso a la negativa y siguió manoseándole, enfrascada en su tarea. Olía a sudor y a cerveza barata.

- No estás duro, Sasuke-san… - le dijo burlona - ¿No te gusto?

- No.

La mujer bufó como un caballo y sin parecer ofendida se incorporó.

- Esta bien… Son 100 ryos, por venir hasta aquí…Por hacerme perder el tiempo… Niñato…

Sasuke no le dijo nada, sacó el dinero de su bolsa y se lo entregó, aliviado cuando aquella intrusa de nombre desconocido abandonó su hogar.

Se derrumbó en su futón, la cabeza le estallaba de tanto pensar y la imagen de Sakura Haruno se le aparecía, obsesiva, sin que pudiera controlar su aparición.

"No puedo seguir así…"

No podía dejarse llevar de esa forma. Era un insulto hacia sus padres, su hermano y toda su familia que habían muerto luchando, cada uno a su manera.

No podía echarse a perder sólo porque una mujer le había rechazado.

"Estúpido"

Su hermano se reiría de él y su padre le negaría.

"Debo recuperar la cordura. Debo reponerme"

Naruto estaba preocupadísimo por él y la preciosa y dulce Hinata no sabía cómo consolarle.

"Debo luchar…"

Suigetsu y Karin le habían intentado animar, sin conseguir más que malas palabras por su parte.

"Debo resurgir… Debo enfrentarme a esto… A todos… Debo recuperar mi honor…"

Sasuke se incorporó del futón, encaminándose hacia el cuarto de baño, mientras se desnudaba por el pasillo de la casa.

"Basta"

Llenó la bañera de agua caliente y se sumergió hasta la nariz, limpiando toda la suciedad, del cuerpo y del alma, hasta que las luces del amanecer hicieron resplandecer la estancia de rosa, como el pelo de Sakura.

"Yo soy Sasuke Uchiha…"

La rabia empezó a bullir en su interior, los recuerdos de su caída poblaron su mente, la paliza, la tortura, sus amigos llorando de impotencia al verle sangrar, Sakura intentando salvarle la vida y llorando de alivio cuando respiró. Su encierro, sus compañeros de celda a quiénes no había olvidado, la oiran contratada por los corruptos…

"Yo soy Sasuke Uchiha…"

Sus pupilas empezaron a girar, en rojo, en negro, rabiosas… Se levantó de la bañera sintiendo que el poder físico y sobre todo, la fuerza mental, volvían a él.

"Yo soy Sasuke Uchiha…"

Enarcó una ceja y se miró en el espejo, sintiéndose mejor de lo que se había sentido en esos últimos tres años. Era imponente, hermoso, poderoso y temible.

"Yo soy Sasuke Uchiha…"

Sonrió por fin, orgulloso de su físico y de su poder.

"¡Yo soy Sasuke Uchiha! ¡Joder!"

- Eo… Sasuke… ¿Qué coño haces así a estas horas de la mañana, con cara de psicópata?

Sasuke se pegó un susto de muerte. No le había sentido. Naruto Uzumaki, apoyado en la puerta corredera de su cuarto de baño, le miraba con una ceja levantada y cara de estupefacción.

- Tío… ¿Estás loco, o qué…? – preguntó el rubio.

Se quedaron mirando unos instantes, en silencio, antes de que el rubio ninja estallara en carcajadas, desternillándose, al ver por primera vez, a Sasuke Uchiha enrojecer.

- ¿Qué coño hacías… Sasuke…? – Naruto lloraba, totalmente entregado al momento, lagrimones como puños resbalaban por sus mejillas mientras Sasuke le miraba sumamente divertido, reprimiendo la risa.

- Reafirmarme… - aunque el Uchiha nunca se reía, estaba haciendo serios esfuerzos por no sumarse a su amigo.

- Tío… En serio… Estás enfermo… - Naruto se cayó al suelo, desfallecido de risa, se sujetó al marco de la puerta, consiguiendo que Sasuke, por un momento, se olvidara de todo.

- Ay… - Naruto le miró con los ojos entelados por alegres lágrimas – Te juro que ésto no lo olvidaré nunca…

- Pues… Aún te vas a reír más, mamón… Mañana tengo que ir a ayudar a Irichaku… - le contó Sasuke y Naruto volvió a reír.

- ¿De camarero? ¿Vas a ponerme el ramen? ¿tú?

- … Sí…. – Sasuke miró a Naruto – su hija está de viaje de estudios o algo así… Me han pedido que la sustituya unos meses.

Se quedaron mirando unos instantes y Naruto volvió a estallar en carcajadas.

- … No tiene ni puta gracia, Naruto… - le dijo Sasuke frunciendo los labios para no reir…

- Joder Sasuke… - Naruto no podía parar – Ya sé que no tiene ni puta gracia, pero es que…. ¿Tú? ¿Ramen?

- Siempre me ha gustado cocinar… - Sasuke lo dijo con cierta guasa, intentando salir de la bañera, pero resbaló quedando tirado panza arriba – ¡Ouch!

Naruto volvió a reírse haciendo que por primera vez en doce años, las calles del barrio Uchiha reverberaran con las carcajadas.

- ¿Se puede saber qué coño hacéis? – Karin Uzumaki apareció en la puerta del cuarto de aseo con una bolsa de comida en una mano – ¡Oh Dioses, Sasuke estás…!

- ¡Joder, otra que entra sin avisar…! – protestó el Uchiha.

- ¡Encima que te traigo el desayuno! – refunfuñó Karin – Eres un bastardo desagradecido…

Sasuke salió de la bañera sin importarle que a la chica se le desorbitaran los ojos al verle desnudo.

– Karin… Pásame la toalla… - le dijo como si tal cosa.

La chica se quedó muda e inmóvil mirando fijamente el cuerpo del Uchiha que, plantado ante ella, se exhibía sin pudor.

- ¡Joder! – exclamó – ¡¿Todo eso es tuyo?!

- Yep… - contestó Sasuke enarcando ambas cejas- … Es genético… Todos los Uchiha somos así…

- Lástima que sólo quedes tú… - le dijo Karin, haciendo caso omiso de la mirada asesina que le lanzó Sasuke.

Naruto se revolcaba por el suelo, llorando, sin parar, totalmente descojonado. Aquélla mañana había ido a ver a Sasuke, preocupadísimo, con la intención de espabilarle si era necesario, incluso a golpes, pero nunca hubiera imaginado que acabaría desternillado, en el suelo de su cuarto de baño.

Lo cierto es que le había subestimado.

Sasuke Uchiha se estaba rescatando a sí mismo. Era muy fuerte, y parecía que volvía a ser el cabronazo encantador de siempre.

- ¡Vístete, coño! – Karin sonrojada, pero esbozando una enorme sonrisa de satisfacción, le lanzó la toalla a la cara - ¡O no respondo…! Y ahora me explicáis qué estabais haciendo, porque voy a empezar a pensar en yaoi del bueno…

- ¿Eh? ¿Otra vez? – Naruto miró a la Uzumaki - ¿Yaois? ¿Me queréis explicar qué cojones es yaois?

Karin se giró hacia Naruto antes de dirigirse al interior de la casa del Uchiha.

- Yaoi significa que entre Sasuke-kun y tú hay amor… – sonrió lascivamente - …Los dos desnudos, revolcándoos en el suelo… Buf… Calla, calla, que sólo imaginarlo me…

- Y eso es yaois… - murmuró Naruto apesadumbrado.

- ¡Karin! – Sasuke le tiró la toalla con la que se acababa de secar - ¡No seas cerda!

- Claro, ¿tú no lo eres, verdad…? - Karin le devolvió la toalla – Tú eres puro e inocente como una mariposa de invierno…

- Yep – el Uchiha asintió– Yo no pienso cosas raras, como vosotros… Los Uzumaki.

- No claro… - dijo Naruto enarcando una ceja- no piensas nunca en empotrar a Sakura-chan contra el tatami y partirla en dos con tu propia katana ¿verdad?

- Tské… - el humor de Sasuke se ensombreció, Naruto lamentó haber dicho eso – No seré yo quién la empotre en ningún sitio…

- Joder… Lo siento tío… - el Uzumaki se arrepintió de ser tan bocazas.

Karin ya no aguantaba más a aquel Sasuke enamorado.

- ¡Sasuke! ¡Búscate a otra a quién empotrar con tu katana, coño! ¡Yo estoy libre!

La toalla voló, nuevamente, a la cabeza de Karin.

- Lo digo en serio, a mí no me importa si me partes en dos… - la chica le sonrió lasciva – Ni me importa que me empotres contra el tatami, el armario, el futón o lo que sea contra lo que me quieras empotrar…

- ¡Karin-chan! - Naruto estaba escandalizado – No digas esas cosas, no son propias de una dama…

- Mira niño… Yo no soy una dama, soy una kunoichi, y tú te juntas con tías demasiado mojigatas… - rió– Aunque en el fondo… Todas queremos ser empotradas por vuestras katanas… Hasta tu Hinata-chan…

- Bueno basta… - dijo el Uchiha sonriendo al ver a Naruto enrojecer – Él no está acostumbrado a tu sinceridad con respecto a ese tema, Karin…

- Neh… - la Uzumaki se dio media vuelta y se dirigió a la cocina - ¿Quién quiere desayunar?

Naruto se quedó pensativo.

- Sasuke…

- Hmpf?

- ¿Crees que Hinata quiere que la empotre con mi katana? – preguntó con falsa inocencia.

- ¿No lo has hecho ya? – le respondió Sasuke divertido - ¿Todavía… no…?

- ¿Tú sí…? – contestó a su vez Naruto - ¿Has empotrado a alguien con tu katana?

- Te he preguntado primero… Imbécil.

- Contesta tú, mamón… - Naruto empezó a reírse otra vez.

La voz de Karin llegó desde la cocina:

- ¡Vaya par de mamarrachos vírgenes estáis hechos…! - y añadió- Yo no sé cómo Sakura Haruno os ha aguantado tanto tiempo. Yo me hubiera vuelto loca…

- ¿Tú sí… Karin…? – Sasuke y Naruto preguntaron a la vez.

- A mí el único que me ha empotrado contra alguien ha sido el bastardo de Sasuke con un chidori nagasi, y lo hizo contra ese tal Danzô. No fue bonito… - gritó Karin desde la cocina.

- Joder Karin… - dijo Sasuke – Ya te pedí perdón por eso…

- Neh… Es igual… - Karin dramatizó – Menos mal que tu amorcito me salvó la vida, que si no, ahora estaría criando malvas…

- Karin… Yo no tenía ninguna intención de matarte… Te dije que no te movieras… - Sasuke apareció en la cocina, vestido únicamente con unos pantalones negros.

Naruto le seguía, sin parecer demasiado interesado en la conversación.

- ¡Los cojones! Eres un cabrón… - le dijo Karin mientras preparaba té - ¿No le dijiste después a Sakura que me eliminara?

- Sabía que no lo iba a hacer… - Sasuke rebuscó en la bolsa que le había traído Karin, sacó una manzana y le dio un mordisco.

- Antes de que llegara Sakura, me ibas a atravesar otra vez… - Karin enarcó una ceja - ¿O te crees que no me acuerdo?

- ¿Eso iba a hacer…? – Sasuke se le acercó, imponente, miró fijamente a la chica haciendo que se sonrojara.

- Bah… - Karin era incapaz de sostenerle la mirada y se giró otra vez hacia el fogón.

Sasuke la cogió por la cintura, la obligó a mirarle.

- Karin… De verdad que lo siento…

La Uzumaki no le contestó. No pudo. Muda de asombro. Sasuke la estaba agarrando firme, podía sentir su chacra rodearla cálidamente, por una vez.

- En serio… Lo siento.

La chica se recompuso, carraspeando e intentando zafarse del Uchiha, no porque no quisiera continuar agarrada, sino porque sabía que un minuto más y toda su resistencia se iría al traste, le arrancaría la ropa y le poseería encima de la encimera, estuviera Naruto delante, o no.

Sasuke, algo divertido, dejó que Karin se soltara, mirándola con la ceja enarcada. La chica parecía una antorcha. La temperatura de su cuerpo había subido por lo menos, diez grados.

- Gilipollas… - le dijo Karin, dándose la vuelta para ocultar su sonrojo – No… No me toques… No me agarres…

- Esta bien… Luego no digas que no sé ser amable… - Sasuke se sirvió una taza de té, sin dejar de mirarla fijamente.

Karin bebió su té de un trago y ante la atónita mirada de Naruto se despidió rápidamente de los dos chicos. Casi se cae cuando atravesó la cocina de Sasuke a toda prisa.

- ¡Nos vemos…! - dijo muy nerviosa - ¡No te soporto ni un minuto más! ¡Capullo!

- Hmpf… - Sasuke seguía mirándola con una ceja levantada, sonriendo cínicamente.

- ¿Qué coño ha sido eso? – preguntó Naruto estupefacto cuando Karin se hubo marchado- ¿Está loca?

- Eso ha sido algo que tú nunca tendrás… - le dijo Sasuke sirviéndose más té del que había preparado Karin.

- ¿El qué…? – Naruto frunció el ceño.

- Sex appeal… - dijo Sasuke mirándole de reojo.

- Eres un arrogante…. – rió Naruto – Un bastardo arrogante.

- Y tú eres un tío muy feo… - contestó el Uchiha.

- Seh… Pero serás tú quién me sirva ramen mañana y los próximos meses…- le dijo el Uzumaki riendo.

Sasuke por toda respuesta le arrojó un palillo que, de no tener Naruto unos reflejos fuera de serie, le hubiera reventado un ojo.

- Has vuelto mamarracho… – le dijo Naruto riendo – Ya era hora…