Capítulo 28

Lovino analizó cuidadosamente la situación, tal vez algo de todo el drama del que formaba parte podría beneficiarle de un modo u otro; pensar positivamente, se podría decir, no era una de sus cualidades más aclamadas; sin embargo, el hecho de que su gemelo hubiese perdido los recuerdos de todo lo que había sucedido después de la reunión en Suecia podría favorecerle grandemente, no es como si él desease aprovecharse de la situación en la que se hallaba su hermano, pero...

—Ve~ Lovino ¿Qué es lo que estás pensando? —Preguntó preocupado Feliciano observando a su hermano quien había tomado asiento en el sofá junto a la camilla en la que él se encontraba.

Minutos antes, Berwald le había explicado brevemente al sureño la situación en la que había encontrado al menor, y por un momento pasó por su mente el presentimiento de que Feliciano simplemente estaba fingiendo, por lo que se decidió a interrogar al norteño para comprobar por sí mismo la veracidad de las palabras del sueco.

Feliciano era capaz de recordar su posición como país, su relación con el interrogante, su receta favorita de pasta, y el color de la bandera italiana, lo cual era buena señal de que su mente no estaba más averiada de lo normal.

—¿Por qué estabas en Suecia? —Preguntó el sureño, ignorando la pregunta del menor.

—Hmmm… Teníamos una reunión, y lo último que recuerdo es que tú y yo íbamos a ir a comer, pero olvidé algo en el salón de reuniones y mientras tú te adelantaste al restaurante, yo regresé… pero no recuerdo haber llegado al centro de conferencias.

Aún con la mirada pensativa, Lovino se puso de pie y lentamente se acercó a su hermano.

—Fratello stupido… —Siseó tomando al menor del cuello de la camisa. —Más te vale que no estés mintiendo, porque si te atreves a mentirme te juro que nunca más probarás pasta en tu vida.

—V-ve~ —Feliciano empezó a asustarse al ver a su hermano de aquella forma. —¡N-no estoy mintiendo! Realmente eso es lo último que recuerdo… —Lágrimas empezaron a formarse en sus ojos.

Lovino no ablandó la mirada, aún no estaba totalmente convencido… pero Feliciano no era el mejor mentiroso del mundo.

—¿Y qué me dices del idiota de Suecia? —La pregunta tomó por sorpresa al de mirada ambarina.

—¿Quién? —Tal vez Lovino se había equivocado en la pronunciación y había querido decir Suiza, aunque no comprendía que tendría que ver él con la conversación que estaban teniendo.

—¿Cómo que quién? ¡No intentes tomarme el pelo! —Exclamó sin soltarle del cuello de la camisa. —Estoy hablando del idiota con el que…

Sin terminar, Lovino se detuvo y soltó abruptamente a su gemelo.

En ese instante había recibido inspiración divina para que todo saliera a su favor, y no afectaría en gran manera la felicidad de su hermano. Feliciano observó la formación de una extraña sonrisa en el rostro de Lovino.

—Regresaré en un momento. —Mencionó antes de atravesar la puerta y abandonar a un confundido italiano que no sabía realmente lo que su hermano planeaba hacer.

Lovino se encaminó en búsqueda del sueco, al cual halló fácilmente en la sala de espera del hospital, respirando hondamente preparó el argumento que presentaría ante el nórdico de rostro de terrorista.

Al observarle, Berwald se levantó de donde estaba sentado y se acercó rápidamente al italiano.

—Regresaré a Italia con Feliciano inmediatamente. —Empezó diciendo el muchacho del rulo. —Él no recuerda nada de lo que sucedió desde el primer día de la reunión en tu maldito pais.

Escuchar aquello, hizo que el rubio endureciera el rostro aún más, no tanto por el insulto que había recibido del castaño, sino porque el remordimiento le decía que todo aquello era su culpa, decidido a ver a Feliciano se encaminó a la habitación de donde había salido al ver la reacción del menor. Al notar su intención, Lovino se apresuró a obstaculizar su paso.

—No le verás. —Sentenció el de ojos esmeralda, quien se había armado con demasiado valor para atreverse a desafiar la mirada congelada del escandinavo. —Si realmente te importa él y su salud, lo mejor es que le des tiempo para que él recobre la memoria.

Lovino intentó manipular la situación para hacer desistir al sueco de sus intenciones, si su hermano recordaba algo de su corta relación con el nórdico todo su plan se echaría a perder.

Berwald por su parte no quería aceptar aquello, pero si era cierto lo que el gemelo de su esposa decía… entonces no tendría otra opción que esperar a que Feliciano recordase todo a su tiempo, y cuanto tiempo tendría que pasar para que ello sucediese, no tenía idea… y si nunca recobraba la memoria ¿Qué haría?

El italiano, intuyendo lo que pasaba por la mente del rubio se arriesgó a hacer un último comentario.

—Si tú y Feliciano deben estar juntos, él volverá a ti a su debido tiempo. —Aquello sonaba un poco esperanzador, pero no le daba completa seguridad al sueco. No… debía confiar en que Feliciano realmente le amaba, y que recobraría la memoria, todo estaría bien entre ellos, solo debía ser paciente y esperar. —Ahora, vete para que él y yo podamos marcharnos.

En contra de su propia voluntad el sueco se dio la vuelta y salió del hospital, Lovino permaneció en silencio observando al de lentes desaparecer tras sus palabras. Antes de moverse se dió unas cuantas palmadas en el rostro para asegurarse que aquello no era parte de un sueño hecho realidad… era demasiado bueno para ser cierto, ¡convencer al grandulón de Suecia había sido más fácil de lo que se había imaginado!

Ahora, la siguiente parte del plan sería un poco más difícil, pero sí había manipulado al sueco, bien podría manipular al macho patatas.


Finlandia tomó otra botella de alcohol, pronto terminaría toda la reserva que tenía en caso de que ocurriera alguna emergencia, tomó nota de que tal vez fuese necesario duplicar la reserva, ya que había terminado con la mayor parte de ella en menos de doce horas.

¿Qué otra cosa hacían los desafortunados en el amor? realmente no sabía, siempre miraba en las películas como el embriagarse ayudaba a los protagonistas a olvidar y a encontrar salidas a sus problemas, pero en su caso… su cuerpo estaba tan acostumbrado al alcohol que no tenía el efecto que él buscaba.

Aquello era vergonzoso, había sobrevivido tantos años ignorando sus sentimientos, y ahora debía sumergirse en la tristeza de la realidad, justamente por eso se había esforzado por no sentir atracción hacia nadie, era por eso que era bueno con todos… porque así no formaría ningún lazo especial con nadie, todos estarían en la misma posición, no habría favoritismo, pero sin notarlo, había creado un lazo más personal con Berwald, y asumir el sufrimiento no le agradaba… y lo más trágico de todo era pensar en la magnitud de su castigo, pasaría una eternidad y él observaría a Berwald y a Feliciano desde la distancia, amándose el uno al otro, mientras él se sumergía en la soledad. ¿Era hora de rendirse? ni siquiera había tenido oportunidad de hablar claramente con Berwald…

Suspiró al notar que las pocas agallas que le quedaban, sería mejor utilizarlas para aprender a vivir solo, puesto que de ahora en adelante… Berwald siempre estaría buscando al italiano.


Ludwig le dirigió una mirada de soslayo a su hermano, el cual se hallaba pelando las papas que prepararían para la cena. Al asegurarse que Gilbert no estaba haciéndole una broma, decidió contestar la llamada que según se mostraba en la pantalla de su teléfono, era proveniente del italiano sureño que había estado rondando sus pensamientos más de lo que él deseaba.

—Beilschmidt. —Mencionó tras contestar la llamada; intentando no llamar la atención de su hermano mayor, se dirigió a su oficina, donde cerró la puerta y se sentó en la silla donde había estado recapacitando su vida…

—Ya sé quien eres idiota. —Murmuró el sureño al otro lado de la línea. —¿Por qué llamaría a tu móvil buscando a alguien más?

El alemán respiró profundamente, si Lovino le había llamado por voluntad propia, debía haber alguna razón… o quizás solo estaba aburrido y quería fastidiarle, como usualmente hacía.

Ludwig quiso responder a aquella pregunta por lo que un extraño silencio se formó a través de la línea.

—Tengo algo que proponerte. —Lovino finalmente rompió el silencio. —Ven a mi casa lo antes posible.

La llamada terminó dejándolo con más dudas que las que tenía horas antes. ¿Por qué los italianos tenía que ser así? ¿Qué tan difícil era ser claro e ir directo al punto?

Emprendiendo su camino fuera de la oficina, abrió la puerta y se encontró al de cabello blanco observándole con una mirada socarrona. —¡G-Gilbert! —El pruso le observaba con los brazos cruzados.

—¿Qué crees que estás haciendo, West? —La pregunta del mayor hizo que el aludido desviase la mirada. —¿Acaso crees que dejaré que te encierres nuevamente en tu oficina?

—Estaba respondiendo una llamada importante. —Justificó el rubio, aunque realmente no sabía si la reciente conversación con el italiano podría considerarse importante. —Debo salir.

Gilbert le observó con falsa incredulidad. —¿Así que ahora sí saldrás a relajarte? —Ludwig rodó los ojos, antes el cuestionamiento de su hermano.

El de ojos azules suspiró y asintió, dudaba mucho de fuese a relajarse al prestarle esa visita a Lovino, pero lo mejor sería acabar con el interrogatorio de Gilbert lo antes posible.

—No te dejaré entrar a casa si regresas soltero. —Mencionó el prusiano antes de darle paso libre al de ojos azules, quien salió frunciendo el ceño tras aquel comentario.


—Mueve el trasero, Feliciano. —Ordenó efusivamente Lovino al entrar nuevamente a la habitación donde se hallaba su gemelo. —Es hora de marcharnos.

El norteño observó confundido la emoción en los ojos esmeralda de su hermano, y aunque desconocía la razón por la que su Lovino estaba feliz, se alegró, puesto que verle de esa manera era algo poco común.

Durante su retorno a casa, Lovino le dio estrictas instrucciones en caso de que otras naciones intentase comunicarse con él, no mencionó ningún nombre en especifico, porque era claro que si debía hacer una lista de todas las naciones que recibían su aprobación, posiblemente solo él estuviera en ella. También le había asegurado que nada importante ni memorable había sucedido durante los últimos días, y que si escuchaba a alguien decir algo diferente, debía de hablar con él inmediatamente para confirmarlo.

A Feliciano le agradaba la preocupación de su hermano, un tanto extremista, pero le hacía sentir protegido, principalmente porque sabía que podía confiar en él. Tras despedirse, Feliciano entró a su casa, y no negó que le causaba curiosidad saber que había sucedido con sus recuerdos, nunca había imaginado que algo así fuese a sucederle, pero en realidad no sabía cómo sentirse al respecto, no sabía si lo que había perdido eran buenos recuerdos, o momentos que simplemente eran mejor dejarlos atrás.

El silencio de su casa, le hizo sentir incómodo… tal vez debería entretenerse un poco y ocupar su mente con algo que le motivase, caminó por unos segundos alrededor de la sala de estar y observó una de las estanterías donde habían varios libros, tal vez leer algo pudiese ayudarle, pero al posar la mirada sobre un albúm de fotografías, su mano lo cogió inmediatamente, abriéndolo sus ojos se hipnotizaron al observar imágenes de muchos años atrás, lo cual le hizo revivir un pasado muy lejano al que buscaba en ese momento.


Lovino llegó a su propia casa en Roma justamente una hora antes de que el alemán estuviese parado frente a su puerta. Aunque le seguía disgustando el hecho de haber invitado a su propia casa a un idiota come patatas, debía admitir que estaba dispuesto a soportarlo si esa era una manera en la que podría continuar su venganza contra el bastardo español, por lo que iría tan lejos como se le diese la oportunidad.

Antes de abrir la puerta, el italiano dio un buen respiro y frunció el ceño, sí, eso era algo que no cambiaría. —¿Dónde rayos estabas? —Preguntó molesto el italiano, a pesar de que realmente no llevaba demasiado tiempo esperando.

Ludwig se cruzó de brazos. —Dijiste que viniera lo antes posible, no diste una hora límite. —Aquello estaba en su favor y Lovino no podía negarlo.

—Hmph… solo entra de una maldita vez, antes de que me arrepienta. —Ludwig no recordaba cuando había sido la última vez que había estado en casa de Romano, usualmente su destinación siempre terminaba siendo la casa de Feliciano.

Al entrar, Lovino se dirigió al sofá más cercano, donde se dejó caer pesadamente. —Escúchame bien, macho patatas, que no repetiré nada de lo que diga. —Mencionó seriamente el sureño. Ludwig se acercó en silencio y tomó asiento frente a él. —Primero te diré la situación, luego hablaré del trato.

—Te escuchó. —Aceptó el rubio, lo cual hizo que una sonrisa de mafioso se formase en el rostro del de mirada esmeralda.

—Feliciano estuvo en Suecia recientemente, tuvo un accidente y ha perdido la memoria… —Espera un segundo… —No me interrumpas idiota.

Ludwig frunció el ceño, Lovino necesitaba decir más que ese breve resumen, el italiano rodó los ojos, antes de continuar su explicación.

—Como decía… Feliciano no recuerda nada de lo que pasó desde la reunión en Suecia, ha olvidado que aceptó esa estúpida relación con el tonto de cara tétrica, tampoco recuerda la repugnante cita a la que fui forzado a ir… —El alemán no sabía cual debía ser su reacción ante tal información. ¿Por qué estaba Lovino contándole aquello? —¿Te gusta Feliciano, no?

Aquella pregunta tomó desapercibido al germánico… y aunque le hubiese gustado afirmar aquello, en ese momento no sabía realmente que era lo que sentía. Lovino ignoró la falta de respuesta y continuó hablando.

—Este es el trato que te propongo. —Los ojos verdosos observaron detenidamente al rubio, asegurándose de tener su completa atención. —Si me ayudas a vengarme del bastardo. Te ayudaré a que Feliciano se fije en ti.

Ludwig entrecerró los ojos, Lovino le había pedido que fuese a su casa, le estaba pidiendo que unieran fuerzas… y le estaba ofreciendo ayuda para ganarse el corazón de su gemelo… aquello sonaba demasiado extraño.

El rubio se levantó y se acercó al del rulo, luego de lo cual se abalanzó sobre él y en un abrir y cerrar de ojos tenía al italiano contra el suelo. —¿Qué has hecho con Lovino?

El agarre del rubio era demasiado fuerte, y empezaba a lastimar al menor. —I-idiota ¡suéltame ahora mismo! —Exigió adolorido el italiano. Sin embargo, el agarre no perdió su fuerza.

—Te daré una oportunidad para que me digas donde está el verdadero Lovino. —Aquello definitivamente no estaba en el plan del sureño.

—I-imbecil… —El castaño gruñó intentando hallar alguna forma de librarse de la fuerza del rubio. —T-toma mi maldito teléfono, ve a la galería y encontrarás una estupida foto de la que solo yo sé.

El alemán buscó entre los bolsillos del italiano, lo que hizo que el menor gruñera al ser tocado de esa manera tan incómoda. Al tener el móvil en sus manos, Ludwig siguió las instrucciones dadas por Lovino. Y su rostro enrojeció al ver la imagen en el teléfono, aquella distracción era todo lo que Lovino necesitaba para golpear al alemán en la entrepierna.

Lo que había sido una pequeña reunión de "negocios", como le hubiese gustado llamarle el italiano, se había convertido en una batalla entre aquellos dos.

Aspirando grandes bocanadas de aire, el castaño observó al de ojos azules intentar ponerse de pie a pesar del obvio dolor que estaba sintiendo.

—Tsk… realmente eres un maldito idiota. —Murmuró más para sí mismo que para el alemán.

Apesar de que la fotografía le había hecho bajar la guardia por un segundo, aquello no comprobaba la veracidad de la identidad de Lovino, cualquier persona podría fácilmente hackear el teléfono y obtener toda la información que contuviese, pero ¿por qué querría alguien hacerle eso a Lovino?... Aquello hizo que el alemán se arrepintiese inmediatamente de lo que estaba haciendo.

El rubio intentó aclarar su mente, ¿Por qué había actuado de aquella manera? No había analizado completamente la información y se dejó llevar por su prejuicio, y reconoció que esa no era su manera usual de actuar.

Los ojos de Lovino dejaban claro que si antes le desagradaba el alemán, ahora lo detestaba diez veces más multiplicado por siete elevado al infinito, y Ludwig sabía que una disculpa no sería suficiente para calmar tanto odio hacia él.


Haha ¿Qué les pareció el capítulo? En realidad no esperaba actualizar tan rápido, pero cuando desperté noté que la casa estaba vacía, ¡así que aproveché la oportunidad para hacer esto! En fin, se viene algo bueno en la historia, algo que nadie se espera! (El gran final tal vez?)

Bueno, nuevamente gracias a cada uno de ustedes por tomarse el tiempo de leer este raro fic.

kaname lin-chan: Empiezo a sospechar que estoy hablando con Sherlock Holmes… y debo admitir que me encantan tus deducciones ¡siempre me sorprendes! dime que comes que piensas de esa manera! pensaste en 2 versiones de lo que podría pasar cuando yo me quiebro la vida pensando en una solamente xD realmente tienes talento!

Tobi Lawli-pop: No hay nada más maravilloso que las confusiones romanticas :3 me siento mal cuando tengo que lastimar los sentimientos de los personajes, pero se me pasa rápido, así que puedo continuar con escribiendo xD haha, no te preocupes por el momento en que dejas review (no es como si estuviera revisando mi e-mail a cada 5 minutos para ver si hay algún correo de FF que ilumine mi existencia, pfff haha… :'v okay… quizás si lo hago, pero no te preocupes, tomate tu tiempo, yo les hice esperar año y medio) TT-TT Y-yo creo que la última parte de tu review ha sido lo más hermoso que he leído en mucho tiempo, mi kokoro lloró de emoción! *se restriega los ojos tratando de ocultar la lágrimas*