Aclaración; Capítulo narrado por Antonio. Tiene partes en cursiva que suele pensar su "otro yo", es algo bipolar, digamos.

Advertencia; Lemon (gracias a la colaboración de kuri he podido escribirlo más o menos, esto no es lo mío xDDDU)

28. LA ASIÁTICA DESCARADA Part. 2

Adorable. Muy adorable. ¡Tremendamente adorable! ¡Mi lindo napolitano es taaan bello cuando duerme! Y cuando no duerme también. ¡Pero es que es tan mono~! Cuesta horrores aguantarse las ganas de achucharlo y comérselo a besos, pero tampoco quiero que me odie ni nada por el estilo, es por eso por lo que no lo hago.

Pero es que ahora está dormido…

Quizá debería aprovecharme de él.

¡No! Eso está mal… pero… lo mismo si hago algo, no se da cuenta…

Carpe diem!

Me acerqué a él y le miré, estábamos muy cerca y eso hizo que yo sintiera su respiración. Una respiración realmente tranquila. Se le veía tan relajado, tan encantador, tan hermoso, tan guapo, tan… tan… tan "tantoso".

La expresión de su cara cambió, arrugando la frente y poniendo una extraña mueca de molestia. ¿Estaría teniendo una pesadilla? Pobre…

Le acaricié un poco el pelo. Pensé en despertarlo pero eso habría sido peor; se cabrearía, bufaría y gruñiría diciendo que para qué le despierto.

–Te quiero –susurré, sonriendo, mientras cerraba los ojos y le besaba en la frente.

Por lo menos puedo besarle tranquilamente mientras está en brazos de Morfeo.

Y si aprovecho, lo maniato y lo amordazo, podría hacer incluso más cosas, joder.

¡Oh! ¡Debería volver ya! Vincent se cabreará si ve que tardo demasiado.

Lo dejé dormir pacíficamente, aunque parecía que ya iba a despertar. Bueno, ya hablaría con él más tarde. Salí de la habitación y corrí de nuevo a la sala de música. Les había dicho a mis compañeros que iba a ir un momento al baño, pero en realidad quería escabullirme para estar un rato con mi italiano.

Y no me arrepiento de haberlo hecho~

Por el camino me encontré con aquella asiática, Trinh, creo. Parecía nerviosa, también iba a paso rápido. No recuerdo haberla visto antes por este piso, además, aquí la mayoría de las habitaciones son para chicos… bueno, ¡da igual!

Tras llegar a la sala me sorprendí al ver vestido a Vincent con su traje de sirvienta. Nunca esperé que un tipo con tan mal carácter pudiese llevar algo así, fue realmente gracioso.

…Ojalá mi Lovi se vistiese así alguna vez~

Ya me encargaré de obligarle a ello.

–¿A que está muy bien? –Preguntó Emma mientras reía–. ¡Esperad un momento, voy a por la cámara!

–¡E-Emma! –Exclamó Vincent, pero Emma ya se había ido.

Yo me reí también, junto con Feli, haciendo que Vincent se ruborizase y nos gritase cosas como "¿buscáis pelea?" y frases típicas de un matón cabreado.

–Toma, Vincent –dije mientras le ofrecía un ramo de tulipanes que yacía en la mesa–. Así estás más mono –volví a reírme.

No sé cómo Feli y yo acabamos en el suelo, riendo y diciendo tonterías acerca de lo que el holandés podía hacer con ese bonito vestido.

Al rato abrieron la puerta de la sala. Para mi sorpresa, en vez de ser Emma, fue Lovi el que entró.

Él estaba apoyado en el marco de la puerta, realmente atractivo, mientras miraba a Vincent. Se acercó a mí y se arrodilló, poniendo sus manos en mis mejillas y jugando, a su manera, con mi cara.

–Tienes unos hobbies un tanto extraños, chico –dijo, dirigiéndose a Vincent.

Después de eso intenté decir que Lovi era mi novio, total, conozco a Vincent y sé que simplemente asentiría y le quitaría importancia al asunto. Pero mi italiano no me dejó. En cierto modo le comprendo, él no conoce a Vincent, así que no debe agradarle que le cuente cosas privadas acerca de nosotros.

Mejor así, entonces.

Total, como si no tuviese tiempo de decírselo a Vincent en privado, más adelante.

Tras una corta conversación, Lovi me pidió que fuese con él. Dijo algo de ver una película, asiáticos y no sé qué más… ¿íbamos a ver una película asiática? ¡Genial! ¿Quiénes serían los actores?

–¿Qué asiáticos, Lovi? ¿Quiénes, quiénes? –Insistí.

Me dijo unos nombres muy raros, a lo que yo asentí. La verdad, no sabía por qué preguntaba, en realidad no conozco actores asiáticos. Bueno, sí, a Bruce Lee, que ya murió, y a Jackie Chan.

Llegamos a la cancela del instituto y, para mi sorpresa, nos juntamos con un grupo de… asiáticos.

Creo que confundí el concepto. Se refería a quedar con asiáticos, no a ver una película asiática. Eso significaba que la veríamos en compañía. ¡Y yo quería verla solo con Lovi! ¡Y abrazarlo! ¡Cogerle de la mano! ¡Darle un beso en la mejilla! ¡Y quería que nos diésemos un beso mientras veíamos alguna parte romántica de la película!

¡Y continuar en los baños del cine, mierda!

Jo…

¡Hala! ¿Ese chico es asiático? ¡Pues es muy alto!

Me acerqué corriendo al moreno y puse una de mis manos sobre su cabeza, comparando alturas.

Después de haberlos saludado a todos, nos dirigimos al centro comercial donde se encontraba el cine. Fue un camino bastante largo, o por lo menos se me hizo largo a mí… largo y pesado. Trinh no paraba de acercarse a Lovi, era imposible hacer que esos dos mantuviesen una distancia prudente entre ellos. Lovi debería ignorarla un poco, ¿no? ¡Que la mujer esa se vaya con el coreano y deje a mi italiano tranquilo! No pienso quitarle el ojo de encima a esta mujer, no me fío un pelo.

La mataré.

Habíamos elegido entre todos, por recomendación del coreano, una película de terror. Entramos en la sala…

–Lovi… –le susurré–. Siéntate a mi lado.

Aunque no sé si me escuchó.

Acabé perdiendo a Lovi de mi lado, haciendo que Trinh se sentase a su lado, luego Im Yong Soo al lado de la vietnamita y finalmente yo…

¡Maldita puta! ¡Atrévete a tocarle un pelo al jodido italiano y no volverás a ver la luz del sol!

¡Y encima la película no me gustó! Im Yong Soo no paraba de hablar, que no lo veo mal, pero yo tenía cosas más importantes que hacer, como por ejemplo; mirar a Lovi. Se estaba riendo junto con Trinh, y no creo que fuese por la película, ya que estaban ejecutando a uno… supongo que uno de los dos dijo algo divertido y se rieron…

…Yo también quiero reírme con Lovi…

O de él, pero el caso es que quiero reírme, y esa puta asiática me está quitando mis derechos.

–¿Sabes, Antonio? –Comenzó a decir el coreano–. Esa actriz también hace películas porno. Es muy famosa en mi país.

–Oh…

Pues búscala y fóllatela si tanto te interesa. Aunque preferiría que lo hicieses con Trinh, y luego te encargases de quemar su cuerpo sin dejar huellas de su existencia.

De nuevo apoyé mi espalda en el respaldar del asiento. No tenía sentido estar mirándolos. Además, Lovi no me iba a engañar con esa, él no es así… bueno… sí que es así, y se ve a distancia, ¡pero prefiero confiar en que no!

De todas maneras, que se atreva a hacerlo. A ver si realmente es capaz de atenerse después a las consecuencias.

Miré al lado contrario al que se encontraban ellos y vi a Mei, Mei Wan. Llevaba una ropa muy bonita. Si tan sólo yo fuese una mujer como ella, seguro que podría enamorar locamente a Lovino llevando ropa escandalosa y… ¡Bah! ¡Le enamoraré locamente usando mis dotes de hombre!

Por fin salimos.

Sinceramente, la película fue muy muy muy desagradable. ¿Cómo han podido elegirla? A mí no me parece terrorífico que le claven hachas en la cabeza a un hombre, más bien es asqueroso.

En realidad, es justo lo que yo haría con Trinh.

–Hmmm… Yo pensaba comprar una cosa que había por aquí –dijo la vietnamita–. Y luego quedarme a cenar en algún restaurante o bar o lugar con comida rápida, ya sabéis, ¿os apuntáis?

Casualmente todos los asiáticos negaron con la cabeza a la vez, ¿acaso se habían puesto de acuerdo?

–Hiang y yo tenemos que comprar un regalo para su hermana pequeña. Resulta que la tienda en la que está eso, está en la otra punta de la ciudad –dijo Mei.

–¡Yo tengo partido de baloncesto con unos amigos! No puedo faltar –dijo Im Yong Soo.

Trinh miró a Lovi y luego me miró a mí. Algo me decía que debería sentirme como una sobra o algo así al margen, ¿por qué será?

–Antonio, ¿quieres venirte conmigo? Pareces fuerte, debes jugar bien –volvió a decir el coreano.

Eso era, querían dejar solos a Lovi y a Trinh. ¡No soy tan tonto como para no caer en algo tan básico! ¡Jajaja…!

¡…Pero Lovi ni se inmuta! ¿Querrá decir eso que se ha hartado de mí o que me odia por no haberme puesto a su lado en el cine? ¡No me dejaron, Lovi! ¡Pero no te vayas con Trinh! ¡Yo soy mejor! ¡Looooooooviiiiiiiiiiiiii!

–¿Vienes conmigo, Lovino? –Preguntó la vietnamita.

¡Pero pero pero…! ¡Eres maligna, Trinh!

–Yo… –empezó a decir mi novio–. Esto… ¡Lo siento! –Juntó las manos en forma de disculpa–. ¡Lo siento mucho, Trinh! Te había pedido que se viniese Antonio porque ahora teníamos que irnos a comprar unas cosas para un trabajo. Discúlpame. Además luego tenemos que ver a la familia de éste y no sé qué más mierda –me miró tras decir aquello–. ¡Ya podrías haber buscado otro día para hacer todo esto, idiota!

–¿Qué dices, Lo…? –Pregunté.

¡Ah! ¡Había improvisado una excusa! ¡Realmente eres un gran italiano, amore mio!

Jódete, vietnamita.

–¡Claro! ¡Lo siento mucho, Trinh! Pero es que mi tía había preparado una enorme cena para celebrar que estamos reunidos y eso… –me disculpé, también.

La expresión de la cara de Trinh cambió a una de decepción. Me dio un poco de pena, pero mejor así, ¿no? Así seré yo el que esté con mi Lovi, y no una extraña.

Antonio 1 – Chicas 0

¡Voy en cabeza!

Lovi miró su reloj de pulsera y se mostró apurado. Nos despedimos y salimos corriendo en dirección a no se sabe dónde.

–Casi… –dijo él una vez nos detuvimos, lejos de ellos.

No me extraña que quiera algo con él, es muy amable y dulce con las mujeres. Si a mí me hubiese tratado así desde el principio… ah, ¡mejor no saber qué habría pasado!

–Lo he pasado mal durante la película. Tú allí con Trinh… –le abracé–. ¿Por qué tenías que estar con ella? Tsk… simplemente ignórala.

Lovino debería entender un poco más la situación en la que está. No puede ir por ahí liando a las mujeres y haciéndoles creer cosas que no son. No debería coquetear con ellas si me tiene a mí, ¿verdad? No está bien…

–Si tanto te gustan las mujeres… –empecé a decir–, entonces no estés con un hombre, Lovino.

Él suspiró y por fin correspondió a mi abrazo.

–Sólo estoy siendo amable con ellas, ya no coqueteo ni nada por el estilo. Además, ¿qué quieres? ¿Qué las mande a la mierda? Suficiente me odian ya todos como para ganarme el odio de gente que parece soportarme.

–Ya, vale, pero… bueno –sonreí, no valía la pena estar así ahora por eso. Ya me preocuparía cuando le viese de nuevo con la vietnamita–. Te invito a cenar, ¿te apetece?

Él asintió.

Fuimos a un restaurante que parecía barato, aunque costó encontrarlo, al parecer esta zona de la ciudad era para gente con dinero.

–Pidamos algo de alcohol –propuse, casi sin pensarlo.

–No creo que podamos, somos menores –respondió, mirándome.

–Aparento más de lo que tengo, hace unos días ya que no me afeito –reí.

–Pues casi no se te nota, idiota, no lo uses como excusa.

El camarero llegó y probé a pedirle ron, el hombre asintió sin ningún reparo. Lo mismo aquí en Londres sí se permite el alcohol a los menores. A saber. Pero tampoco creo que pase mucho porque falte año y pico para cumplir la mayoría de edad… bueno, sí que pasa.

–¿Ves? No pasó nada –dije, él apartó la mirada.

Estuvimos hablando acerca de él, de cómo era Italia, su casa, su antiguo instituto… me encantaría visitar su país, ¡debe ser tan interesante! Aunque su país y el mío son bastante parecidos, por lo que veo.

–Sí, eso es, nadie atiende a las normas de conducción… –susurró.

Habíamos tomado ya varias copas, bueno, más bien él. Yo había preferido contenerme. Parecía estar en estado de somnolencia, estaba completamente ebrio.

Así que cuando Lovi está borracho, está más tranquilo de lo normal. ¡Es tan adorable!

Así se deja violar.

–Lovi, ¿estás bien? –Le cogí de la mano mientras le miraba–. Será mejor que dejes de beber.

No tuvo más remedio que hacerme caso cuando pagué la cuenta. Mi italiano estaba ruborizado, aún más mono y lindo que de costumbre.

Le cogí de la mano, guiándolo, para que llegase sano y salvo a al instituto. Se tropezaba de vez en cuando.

Nada más llegar a la habitación, lo tumbé en la cama bocarriba. Comenzaba a decir tonterías, pero, a decir verdad, sus tonterías siempre han sido palabras sagradas para mí.

–He soñado contigo, muchas veces… en todas eras un salido, bastardo –se revolvió un poco, arrugando aún más las sábanas de la cama–. Pero en ninguno te golpeo por ello… es surrealista…

Oh, ¿salido? ¿A qué se referirá? Dios, sería tan… pero… ¡ha soñado conmigo! Ya sé, podría sacarle ahora todas las cosas que quiera saber y que no me contaría estando sobrio.

–¿Y qué soñaste? –Insistí.

–Estábamos en Sicilia… y me… tirabas… –me miró de reojo.

–¿Te tiraba?

¿O quizá me lo tiraba?

Agh, cállate ya. Subconsciente.

–Me tirabas… y caí sobre la cama… –volvió a decir–. Y me tocabas por todo el cuerpo… y susurrabas cosas… pero ya no las recuerdo.

¿Le tocaba…?

Por todo el cuerpo… si te lo está diciendo, es porque quiere que lo hagas, imbécil.

No creo que Lovi esté dando indirectas para hacer esto…

–…Y me gustó –terminó de decir.

¡No! ¡Está borracho! ¿Pero por qué me mira así ahora? Parece querer algo, ¡pero no! ¡Yo no puedo hacerle eso ahora! La última vez no lo aceptó. Estoy seguro de que si lo hago, mañana me golpeará y dirá que quiere cortar conmigo. ¡Oh, Dios, prefiero respetarle!

Pero de lo borracho que está, seguro que mañana ni se acuerda de lo que ha pasado. Será fácil, es sólo un polvo.

No debería, no debería…

¿Y qué coño te importa que no debas?

–Perdóname –susurré, antes de colocarme sobre él y besarle.

Me detuve durante unos segundos, pensando en lo que estaba a punto de hacer. Iba a hacerlo con Lovino, él borracho, aprovechándome de su estado. Sabiendo que él rechazaría cualquier intento de este tipo.

Pasé mis manos bajo su camisa, acariciándole el abdomen mientras le mordía suavemente uno de los labios.

–¿Q-qué haces…? –Preguntó en un susurro.

Me di cuenta. Lovino estaba ebrio pero no parecía que fuese a caer tan rápido.

Pero ahora no podía detenerme, ni podía ni quería.

Le desabroché los botones de la camisa con rapidez mientras él me miraba asustado, seguramente por no poder controlar la situación tan bien como querría. Adoraba esa mirada de desconcierto, y no hizo más que darme pie a hacerlo con más ganas.

Tras quitarle la camisa sin ningún cuidado, le aparté el flequillo para así poderle mirar bien a los ojos. Sonreí.

–P-por favor, no hagas nada… luego nos arrepentiremos. Nos arrepentiremos mucho –volvió a decir con un matiz de temblor en la voz.

¿Arrepentirnos de qué?

Me arrepentiré si pierdo la oportunidad, más bien. No pienso dejar que Lovino se escape otra vez. Mi italiano. Ya es hora de dejar claras algunas cosas…

Iba a resistirse cuando le agarré fuertemente de las muñecas, impidiéndole cualquier movimiento contra mí. Pasé mis labios por su cuello, alternando besos y leves mordiscos, y dejando algunas marcas en su delicada piel. Volví a subir, besando con suavidad una de sus mejillas.

Él tenía los ojos fuertemente cerrados. Su cuerpo temblaba.

Quizá lo estaba pasando mal…

Solté poco a poco el agarre de sus muñecas y pasé la yema de mis dedos por sus brazos, acariciándolos con dulzura.

–Lo siento –susurré.

Él abrió de nuevo los ojos y me miró. Miró a su alrededor también, confundido.

–Eres un idiota –dijo, mirándome–. ¡Maldita sea! ¿Por qué no acabas ya con esto de una vez? ¿Tan pequeña la tienes que siempre que intentas tener sexo, te paras a la mitad para no enseñarla? –Espetó.

¿A qué venía eso…?

No sé a qué cojones venía ese comentario, si me he parado no ha sido precisamente porque no quisiera enseñarla. Joder.

Agarré de nuevo sus muñecas, firmemente y con una mano, colocándoselas sobre su cabeza.

Finalmente acerqué mis labios a los suyos, bruscamente y con intención de hacerle daño. Conforme más excitante era el beso, más se hacía denotar la falta de aire entre ambos. Nos separamos. Nuestros alientos chocaron.

Ahora estaba más apetecible que antes. Maldito Lovino, eres un simple italiano con mal carácter y sin embargo…

Con la mano libre y con algo de dificultad, desabroché su cinturón y sus pantalones, quitándoselos y tirándolos a un lado perdido de la habitación. Noté cómo impedía, disimuladamente, que me posicionase entre sus piernas.

Eso era tan adorable~

Me coloqué entre ellas a la fuerza y sin permitirle quitarme de en medio. Volví a acercar mis labios a los suyos y los rocé, provocando a mi italiano, el cual suspiró tras el contacto.

Solté sus muñecas y me alejé unos centímetros.

Lo que estaba viendo era una imagen del todo inusual. Mi hermoso italiano tenía los ojos entrecerrados y las mejillas completamente sonrojadas. Su respiración era de lo más agitada y su pecho subía y bajaba con rapidez.

Lo adoraba.

Quería hacerlo completamente mío, mío y de nadie más. ¿Sería un egoísta por ello?

Baje mis manos desde su pecho hasta su abdomen, acariciándolo. En seguida las coloqué en su cadera, bordeando el elástico de sus bóxers mientras una sonrisa lasciva se escapaba de mis labios.

–¿V-vas a hacerlo de verdad? –Preguntó, entrecortadamente.

Fui bajando su ropa interior, descubriendo así su erección.

Me puse de rodillas sobre la cama y coloqué las caderas de Lovi sobre mis muslos. Cogí el miembro de mi italiano y lo froté levemente, consiguiendo así un disimulado gemido por su parte.

Acerqué mi rostro a su abdomen y repartí cortos besos sobre él, con extrema suavidad.

Lentamente y con la mano libre, acaricié uno de sus muslos, su piel era realmente cálida. Subí mis caricias por su cintura hasta acabar acariciándole todo el torso, explorando todo lo que podía.

Sentí cómo una de sus manos se posaba en mi hombro y subía hasta mi pelo, halándolo un poco de vez en cuando.

No tardó mucho en venirse, aunque me extrañó. Pensé que estaba acostumbrado a hacerlo con mujeres…

–N-no estoy acostumbrado a que me hagan cosas así los hombres, ¿s-sabes? –Se excusó, apartando la mirada.

–¿Seguro? ¿O quizá es que no estás acostumbrado a hacerlo? No me mientas, Lovi~ –sonreí, verle mentir era realmente lindo.

–¡Es la verdad! Bueno… además, tu manera de tocar es distinta a la de los demás.

–¿Tú crees? ¿Por qué? Yo creo que sólo estoy frotando normal –miré la mano con la que masajeaba el miembro.

–¡Agh, cállate y sigue, bastardo! –Se tapó la cara con los antebrazos.

Le aparté los brazos con cariño y le besé en los labios mientras volvía a frotar.

Ahora tocaría la mejor parte… bueno, mejor parte en todo caso para mí, peor para mi amante. Tenía que dilatar un poco esto… pero le dolería… seguro que le dolería…

Mejor, así será más excitante e irresistible.

–¿¡Qu-qué haces! ¡N-no metas nada! –Exclamó antes de soltar un enorme quejido.

–¡L-lo siento, Lovi! –Dije rápidamente–. ¿Te habré roto el himen? –Miré por si sangraba.

–¡¿T-tú eres imbécil? ¡¿Cómo vas a romperme algo que no tengo? ¡No soy ninguna nena, bastardo! –Empezó a gritar cosas en su idioma, supuse que eran insultos por lo cabreado que estaba–. Lasciami in pace!

–Perdóname, Lovi.

Continué dilatando con uno de mis dedos. No tardé mucho en poder introducir los demás ya que Lovino pareció acostumbrarse al dolor; sus quejidos habían tornado a pequeños suspiros y gemidos de placer.

–Estás tan mono… –dije, sonriendo mientras le besaba en la barbilla. Él bufó.

Tras haberle dilatado lo suficiente la entrada, desabroché mis pantalones y me los bajé un poco, junto con mis bóxers.

Por un momento pensé en demostrarle que no tenía ningún reparo en enseñarle mis regiones vitales, sin embargo, me contuve.

Una tontería como esa podría destrozar el ambiente, creo. Lo que sí sé es que Lovi me mataría.

Acerqué mi miembro a la entrada de mi amante.

Fui lo más lento y suave que pude, pero eso no impidió que Lovino dijese todo tipo de cosas en contra mía. Lo mismo estaba haciendo algún movimiento doloroso… no lo entiendo.

–Lovi… e-estoy siendo lo más tierno que puedo… ¡l-lo siento si te hago daño! –Suspiré.

Acerqué mi rostro al suyo y le besé en los labios, intentando acallar sus ya casi inaudibles quejidos.

Nunca me había sentido mejor. Lovino era extremadamente estrecho. Por culpa de eso, mis embestidas se volvieron frenéticas, dejando de ser un vaivén tranquilo.

Nuestros gemidos resonaron en toda la habitación, mi italiano ya no intentaba ocultarlos. Fue una sensación sublime el verle gemir tan abiertamente. Era tan bello~

Aunque lo mejor era ver cómo todo su cuerpo parecía decir "sigue, Antonio" y sin embargo de su boca salían palabras completamente distintas y que negaban ese hecho. Me gusta eso de Lovi, y no sé por qué.

Rodeó mi cuerpo con sus piernas, de manera que era él el que marcaba el ritmo de mis movimientos. Cada vez más rápido.

No tardó mucho en venirse. Yo lo hice justamente después a causa de sus estrechamientos por culpa de los espasmos.

Tras salir de él, me tumbé a su lado y lo abracé, dándole besos por toda la frente. Seguía estando sonrojado y su expresión era de absoluta tranquilidad. Aunque no iba a decirlo ni yo iba a hablar de eso, se notaba que había disfrutado.

Aunque yo tenía pensado hacer muchas cosas más… supongo que siempre hay tiempo. Más adelante.

Me quedé mirándolo durante un rato. Había cerrado los ojos.

–B-bastardo… l-las nenas no tienen el himen… en el culo… –susurró justo antes de dormirse.

Aunque no era una frase del todo romántica, con ella podía dar por hecho que le había gustado nuestra primera experiencia.

La primera vez juntos…

Fusosososososo~~!

-Fin del capítulo-

Respuestas a reviews:

Ando con los exámenes finales (¡al fin! ;w;) así que no puedo contestar ahora a los reviews… bueno, es que quería subir ya estos dos capítulos, la verdad, ya me estaba retrasando un poco. Espero que os hayan gustado.

También me he fijado en que hay varias personas nuevas que se han apuntado a leer mi fic y a dejar comentario, ¡muchas gracias! En el próximo capítulo contestaré a todos los reviews! ^_^