Capitulo 28

Aceptación

Por Amelia Badguy

1.725 palabras según Word

Aquellas pocas semanas terminaron por pasar finalmente, siendo que en realidad él no había sabido que regalarle a su amigo para ser sincero —en realidad ni siquiera tenían dinero con Vegeta ahora que lo pensaba bien—, pero de igual manera ambos se vistieron con el traje que les dio Bulma para cada uno de ellos, pudiendo ve como Vegeta se arreglaba bien el traje que llevaba puesto.

Desde que había conocido a Vegeta, la primera vez que lo había visto cuando el omega había llegado a la Tierra buscando las esferas del dragón, que había comenzado a pensar constantemente en él a decir verdad. Primero lo había atribuido a que Vegeta era un guerrero formidable y un contrincante de lucha que hacía que su corazón latiera ansioso por tener un duelo con él. Después para ser sincero no sabía realmente que lo había atado tanto a él, su olor era algo que le gustaba, lo había sentido perfectamente en Namek donde el saiyajin lo había cargado para llevarlo a curar, además de esa ira que había sentido cuando Frezzer lo había asesinado.

— Vegeta — Le comentó viendo como el hombre se ponía la chaqueta del traje simplemente, no era como si tuvieran que ir a aquello en realidad, sino que Vegeta había terminado aceptando por las buenas realmente.

— ¿Qué pasa? Sí te molesta el traje no es mi problema, Kakarotto — Le comentó como si nada para fijar su vista en el alfa que terminaba de atar los cordones de sus zapatos.

— ¿Qué era lo que querías pedir con las esferas del dragón? — Le preguntó demasiado curioso sin poder evitarlo y pudo ver como Vegeta se quedaba contemplándolo con una expresión de cierta sorpresa en su rostro.

Era verdad, él había ido a la Tierra porque quería las esferas del dragón, quería desear nunca más se un omega, para que eso no interfiriera con su poder de pelea, para poder ser de verdad fuerte y derrotar a Frezzer, pero ese deseo había perdido importancia cuando conoció a Kakarotto, cuando se había quedado en aquel lugar y había comenzado a entrenar.

Si bien era cierto que tenía que soportar su celo, había logrado lo que había deseado siempre, se había transformado en el guerrero legendario, en un súper saiyajin ni más ni menos, siendo que en realidad cada día se volvía más y más fuerte.

— Porque quería dejar de un maldito omega, por eso — Le contestó con simpleza, ya no veía por qué mentir en realidad, si bien era posible que con anterioridad había dicho que era para ser inmortal o para gobernar el universo, lo cierto era que no le importaba demasiado aquello.

Quería ser fuerte para terminar con el pirata espacial que había destruido su planeta y ya, simplemente eso, pero ahora no era necesario en realidad.

— Por ser un omega siempre creí que sería más débil que los demás, incluso Nappa y Raditz que eran unos simples betas pensaban aquello, pero no fue así, soy más fuertes que ellos, además que soy un súper saiyajin — Comentó como si nada mientras terminaba de arreglar su saco, mirando al alfa. — Vamos de una vez donde el insecto de tu amigo.

La ceremonia había sido bastante aburrida en realidad, siendo que no había bostezado únicamente porque no había deseado lucir mal ahí, aunque el alfa idiota a su lado se había quedado dormido la mayor parte de la boda.

La fiesta no había mejorado tampoco, estaban los amigos del alfa, su hijo —ese beta que cada vez iba menos a entrenar y se ocupaba más que nada de ir a conversar con el hombre—, la ex esposa del alfa y el hermano de la novia. La mujer era una chica más alta que aquel insecto que lo había intentado matar con la espada, de cabello rubio y unos ojos azulados, le sorprendía a decir verdad que un enano como él hubiera terminado casado con esa mujer, pero no era un tema de su interés ni de su incumbencia en realidad.

Al menos tenía comida y eso era lo realmente importante para él, siendo que ni siquiera le importó cuando se hizo un brindes por honor a los novios ni nada de aquello, simplemente comenzó a comer y ya, mirando a su alrededor, siendo que luego podía escuchar el ruido de la fiesta.

Las bodas humanas y la de los saiyajin no eran tan distintas en realidad, sólo que no se hacía para celebrar el amor o cursilerías así, sino que se celebraba cuando un alfa y una omega estaban juntos, aunque muchas veces era en contra de la voluntad del omega que únicamente había sido sometido por ser más débil en realidad.

Simplemente bebió de su bebida, mientras miraba aquellos humanos reír y bailar, como si nada. Él tenía apoyada la cabeza en su mano, mirando aquello, siendo que en realidad estaba esperando que Kakarotto llevara la comida para comer un poco más cuando sintió que alguien se sentaba a su lado.

— ¿No te diviertes, Vegeta? — Miró de reojo y pudo ver a su lado a aquella mujer, que había cambiado su cabello nuevamente, llevándolo liso hasta sus hombros, siendo que únicamente chasqueó la lengua.

— Es algo sin importancia para mí — Le comentó como si nada sintiendo como ella se reía. De cierta forma aún estaba enfadado con ella, porque había arruinado sus pastillas, pero había salvado al idiota del alfa de su enfermedad, por lo cual su enfado podía disminuir un poco en realidad.

— ¿Quieres bailar o esperas a Goku para hacerlo? — No pudo evitar sonreír al ver como Vegeta se le sonrojaban las orejas y comenzaba a negar, diciendo que aquello era algo estúpido, aquellos dos de verdad la hacían reír pensó, riendo quedo, viendo como su amigo llegaba con una bandeja con comida y les sonreía.

— Hola Bulma — Con una sonrisa dejo la comida en la mesa donde estaban, pero la mujer simplemente se levantó con una sonrisa.

— Vamos a bailar, Goku — Sin más tomó a su amigo de la mano para jalarlo a la pista de baile donde lo hizo bailar riendo, siendo que Vegeta podía verlos de reojo, bufando simplemente quedo, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa al ver lo horrible que el hombre era en aquello.

Realmente su vida iba bien, pensó, suspirando con suavidad, mientras veía de reojo al alfa bailar con la mujer, cuando lo sintió. Sintió como su estómago comenzaba a doler y bufó sin poder evitarlo, mientras se levantaba, soltando la corbata que llevaba en aquel momento.

Que su vida iba bien una mierda, ahora tenía que vivir cada cuatro meses con su celo, que había optado por aparecer justamente en la fiesta de aquel enano, pensó, saliendo sin que nadie se diera cuenta de su condición, era lo último que necesitaba, pensó, comenzando a volar en dirección a la casa en la montaña, necesitaba que nadie lo viera en realidad y sabía que no podría llegar solo a aquel maldito templo.

Cuando la canción termino giró su mirada para encontrar con Vegeta y mirarlo con una sonrisa, aunque se sorprendió al no encontrarlo ahí, haciendo que ladeara la cabeza con suavidad, pero se concentró y pudo sentir como el hombre iba en dirección a la montaña Paoz, lo que hizo que se extrañara después de todo.

— Krillin — Se dirigió a su amigo que sonreía bobo con su nueva esposa que lo miró curioso — Debo irme, gracias por la comida, estaba deliciosa, espero que sean felices — Le comentó para despedirse y salir de aquel lugar donde era la fiesta, para llamar a su nube voladora, algo le dijo que si Vegeta sabía que iba tras de él lo regañaría, pero quería saber que era lo que le había sucedido al hombre.

Cuando su nube dorada llegó ahí sonrió para montarse en ella, diciendo a donde fueran, sintiendo el aire contra su rostro, haciendo que suspirase cual niño en realidad, la fiesta y la comida habían estado bien, pensó aunque no entendía que era lo que le había pasado a Vegeta.

Había volado varios kilómetros cuando sintió que el ki de Vegeta se había detenido en realidad, por lo cual simplemente miraba a su alrededor viendo donde podía estar el omega, guiando a la nube hacía ahí, aunque lo que lo recibió al ir acercándose más fue ese olor dulzón que desprendía el hombre cada vez que estaba cerca de eso que el omega llamaba "celo".

Fue hasta donde se encontraba el hombre, en una pequeña llanura, que tenía pocos árboles, pero Vegeta estaba apoyado en uno jadeando con fuerza, demasiado rojo en realidad, por lo que se acercó a él, con cierta preocupación bajando de su nube.

— Vegeta, ¿te llevó al templo? — Le preguntó mientras se acercaba a él, poniendo una mano en el hombro del hombre, que dio un pequeño brinco y lo observó con sus ojos nublados.

El hecho de haber estado compartiendo besos con ese idiota y durmiendo juntos, su cuerpo lo había tomado como que tenía a la posible pareja estable que tendría para toda su vida en realidad, por lo que su celo estaba siendo más fuerte cada vez, casi ni siquiera tenía demasiada consciencia de lo que estaba diciendo en realidad, era un deseo que tenía, que quería tener y su orgullo en aquel momento estaba callado al fin.

— V-Vamos a la maldita casa — Le gruñó mientras se levantaba de donde había estado sentado en el suelo, pudiendo sentir como su ropa interior estaba comenzando a mojarse y fue aquello lo que lo hizo gruñir, mientras se apoyaba un poco en aquel idiota.

— Claro Vegeta — Pensó en aparecerse simplemente en su casa, pero únicamente se subió en su nube, sentado con las piernas cruzadas donde al medio de ellas sentó a Vegeta, quien miraba curioso la nube, sintiendo como sus piernas la traspasaban, pero las de Kakarotto no, después le preguntaría eso, cuando no tuviera su mente tan nublada por el deseo.

— Vamos a casa — Le dijo con una pequeña sonrisa, sintiendo el cuerpo del príncipe que se apoyaba en contra de él de él, pudiendo sentir ese aroma que lo embriago por completo, haciendo que sus sentidos se nublaran un poco y comenzara a sentir su pantalón incómodamente apretado. Ya llegarían a su casa, se dijo apoyando su nariz en el cuello de Vegeta, sintiendo ese embriagador olor.