Me digo a mí misma que no pienso salir y no lo hago, permanezco encerrada en casa durante varios días, incluso me niego a cazar para no tener que encontrármelo. El mero hecho de plantearme que tendré que dirigirle la palabra en algún momento, por educación, me produce escalofríos. Todo era más fácil cuando tenía la certeza de que jamás volvería, me decía a mí misma que estaba muerto y solo tenía que preocuparme de mi tristeza; ahora, con su regreso, es muy complicado actuar como si hubiera dejado de existir, oigo cómo mueve los muebles y lava toda la ropa sucia. Las palabras que le dirigí ayer todavía me taladran el subconsciente…, "Para mí estás muerto", ¿en qué demonios estaría pensando? Bueno, nunca he brillado por mis modales. ¿Qué más da? Tengo todo el derecho. Él hizo gala de ese derecho marchándose.

Supongo que está limpiando a fondo su casa, porque ha sacado todos los muebles a la calle y las motas de polvo que inundan el aire son tan espesas que parecen copos de nieve. Odio que nieve, me recuerda a su último abrazo. También sé que Haymitch ha ido a visitarlo, oí su voz ronca esta mañana, pero su encuentro ha sido más frío de lo que esperaba. Gale todavía no sabe que ha vuelto, pero tampoco creo que tengan muchas cosas que decirse.

Me asomo por la ventana de mi habitación, sin descorrer las cortinas, y observo sus movimientos (eso no es espiar). Lo descubro vaciando varios cubos de agua sucia (es lo que pasa cuando no pisas tu casa en dos años) y limpiando lo que parece ser una cómoda. La punta de mi nariz se golpea contra el cristal cuando distingo que ha aprovechado su ausencia entrenando: sus movimientos son más ágiles, no ha perdido esa fuerza característica y puedo distinguir algunos modestos músculos bajo la camiseta de tirantes blanca. Ya no parece el joven íntegro de diecisiete años, la ropa se adhiere a su cuerpo a causa del sudor, pero no ha perdido esa mezcla de dulzura y masculinidad. Creo que estoy empañando el cristal con mi respiración. Nunca he sentido una atracción visceral por los hombres, ni siquiera en mis años de adolescencia, cuando se supone que tus hormonas están descontroladas, pero verle echándose el pelo hacia atrás, acalorado, mientras se moja el rostro fatigado con una toalla, provoca que mi corazón se acelere. Nerviosa y enfadada, me aparto de la ventana y me castigo a mí misma con pensamientos crueles. Está muerto, Katniss, nunca más lo amarás.

No puedo, necesito verlo, todavía no creo que sea real. Descorro un poco las cortinas y vuelvo a observarlo en secreto. Esbozo una ligera sonrisa cuando veo que intenta introducir el viejo piano del desván por la puerta…, es tan ancho que se tropieza y cae al suelo al empujarlo hacia dentro. Espero que no se haya aficionado a la música, lo mataré si me despierta con sus melodías, no podría soportarlo. Él también se ríe cuando se cae, pero sigue intentándolo. Se nota que ha traído equipaje de su viaje, ya que hay múltiples cajas de cartón y algunos muebles cubiertos de sábanas blancas. Se me retuerce el estómago: va a quedarse. Tengo ganas de estrangularlo, pero una pequeña parte de mi corazón se alegra. No podré perdonarle, pero por lo menos sé que está a salvo.

Queriendo borrar estos pensamientos de mi mente, me aparto y decido darme un baño. ¿Él también pensaría que he cambiado? No estoy tan delgada…, aunque no me había peinado en días cuando casi le lanzo una flecha. No quiero que me vea triste, demacrada, así que me fijo un objetivo que estoy dispuesta a cumplir con todas mis fuerzas: todo va bien para Katniss, tanto por dentro como por fuera. Saco el maletín de maquillaje que Cinna me regaló, oculto en el fondo de mi armario, y saco unas tijeras.

No voy a derramar una lágrima más, basta de sufrir. Las tijeras se abren con una especie de desperece metálico y me corto la larga trenza sin dudar. Entrecierro los ojos cuando escucho cómo cae sobre el suelo del baño, pero me cuesta un poco mirarme al espejo, no sé ni por dónde he cortado. Cuando lo hago, descubro que mi largo pelo ahora me llega por los hombros, pero no me veo tan mal. Recojo la trenza del suelo y la aprieto entre los dedos…, la vieja Katniss también ha muerto.