Capitulo XXVIII Coraza de amor

Al día siguiente durante el desayuno todos se enteraron que Albert no había dormido en la mansión. George había inventando un inesperado contratiempo. Candy estuvo a punto de llorar si no hubiera sido por el apoyo de Annie, quien sentía mucha pena por su amiga y no sabía como consolarla.

Después del desayuno, todos pasaron a la sala, escucharon a Albert estacionar su auto al frente de la puerta principal. El corazón de Candy brincó y sintió un vacío en el estómago. Se despidió rápidamente de Grace y se fue corriendo hacia la cocina.

Estaba nerviosa, su corazón latía rápido, no sabía qué hacer, se encontró con Ophelia la cocinera y conversaron sobre el tipo de comidas y la forma de preparación de los alimentos para la abuela.

Mientras tanto, Albert se despedía de Grace, algunos asistentes subieron las maletas al carruaje y minutos después Grace y su dama de compañía partieron, luego Albert se retiró a su cuarto.

Mientras las ruedas del carruaje se alejaban de la mansión del hombre de quien estaba enamorada, las lágrimas no dejaban de brotar de los hermosos ojos verdes. Su dama de compañía la consolaba, pero era inútil cualquier esfuerzo.

Candy fue al cuarto de la tía abuela; a pesar que se sentía muy afectada por la situación con Albert, de igual importancia era la recuperación de la tía Elroy, para eso estaba ahí y cumpliría su misión.

Había leído en la biblioteca del hospital, que una buena dieta era esencial para aliviar diferentes tipos de enfermedades y estaba resuelta en ayudarla de cualquier manera que estuviera a su alcance.

Cuando llegó al cuarto de la abuela, Sheryl, una de las enfermeras, le dijo que Adele, la otra enfermera, había tenido que salir por una emergencia familiar y que tardaría por lo menos una semana en regresar por lo que ellas se hicieron cargo del cuidado de la anciana. Se pusieron de acuerdo que Candy la cuidaría por las mañanas hasta la tarde y Sheryl por las tardes y noches.

Después Candy fue al hospital a ver al Doctor Lennard para pedirle un permiso fuera y poder cuidar de la tía abuela. El doctor amablemente le otorgó un período de dos semanas el cual le pareció tiempo suficiente para que se mejorara.

Mientras tanto en su despacho en la mansión, Albert esperaba por George.

- Adelante - dijo Albert desde un pequeño bar en el estudio cuando escuchó el toque de la puerta.

- Me dijeron que quieres hablar conmigo –dijo George entrando.

- Siéntate por favor, ¿Qué te sirvo de tomar?

- Lo mismo que tú –respondió tomando asiento.

Albert le sirvió la copa a su amigo y se sentó en la silla de su escritorio en frente de George.

- Quiero irme a Escocia por algún tiempo, siento que necesito alejarme de todo – se reclinó en la silla sosteniendo la copa - Necesito que prepares el viaje lo mas pronto posible. Pienso quedarme una buena temporada –añadió decisivo.

El rubio vio la sorpresa en el rostro de su amigo y quiso aclararle poco a poco:

- Desde Escocia llevaremos los negocios, eso si tú decides venir conmigo, si no lo entenderé –dijo seriamente.

- Pero la señora Elroy no está bien de salud. Tendrás que esperar hasta después del invierno.

- Probablemente tengas razón, hablaré con su doctor, pienso llevar un doctor con nosotros en el viaje, lo he pensado todo muy bien. Prepara la propiedad en Escocia, necesito irme lo más pronto posible – habló y tomó un sorbo de su copa.

George guardó silencio y se quedó pensativo, tomó un sorbo de su copa, y con copa en mano se puso de pié, luego dio varios pasos hacia el ventanal antes de hablar:

- William, no lo hagas, se trata de la señorita Candy, ¿verdad?

Albert también se puso de pie con copa en mano y dio un par de pasos hacia el otro lado del ventanal.

- George, todo este tiempo ha sido en vano, ella todavía lo quiere –dijo viéndolo tristemente y apretando la copa - ¿Dime qué hago aquí? ¿Qué más puedo esperar? una sonrisa, afecto, cariño, un te quiero, eso no es suficiente. ¿quieres que me conforme con solo tenerla cerca? Eso no es posible, además siento que le he perdido la confianza.

- ¿Por qué lo dices?

- Porque Candy iba a buscar a Terry a Nueva York sin decírmelo. Escuché que le decía a Annie que tenía dudas de algo, talvez duda de quererme o de haber podido olvidarlo. Pensé que confiaba plenamente en mí. Quizá no quería que me enterara que todavía guarda sentimientos por el, no lo se.

- Necesitas pensar mejor las cosas.

- Por eso quiero irme, es lo mejor que puedo hacer antes de salir a buscarla y conformarme con su cariño y ser su segunda opción –respondió con dolor y tormento- Temo salir por esa puerta – dijo señalándola - y decirle que no me importa si no me ama como yo a ella, y que la esperaré todo el tiempo que sea necesario – dijo haciendo un puño a la altura de su pecho.

George vio el tormento de su amigo y quiso ayudarlo:

- Albert, sentémonos, hablemos calmadamente –sugirió y ambos se sentaron y pusieron las copas en la mesa - No te reproches por amarla.

- Eso no me sirve de nada si ella todavía sigue pensando en otro –dijo secamente - No voy a aceptar un amor a medias, un amor compartido, por eso necesito irme antes de terminar conformándome – respondió agriamente.

- ¿Qué te hace pensar que ella sigue queriendo a Terruce? Tu y Candy se ven felices juntos, lo que veo es amor entre ustedes.

- Cuando Candy leyó los poemas de amor, ¡lloró por Terry en frente de mí! ¿Cómo crees que me sentí? –dijo atormentado y exaltado dando un pequeño golpe sobre la mesa con el puño.

- Te entiendo pero perdóname, no estás pensando claramente. No sé, talvez lo recordó con cariño, talvez no ha superado esa etapa de su vida –dijo con toda naturalidad expresándose también con las manos - ¿ella te dijo que todavía lo amaba?

- ¿Qué mas pruebas quieres? Yo le ofrecí acompañarla a Nueva York, pero ella quería ir sola. Lo iba a buscar a mis espaldas, no tubo la confianza de decírmelo y lloró por él, por favor no seas ciego como yo lo fui – dijo dolorido.

- En el peor de los casos – hizo una pausa para ordenar mejor sus ideas y tomó un trago- Digamos que ella todavía lo ama, pero eres tú el que está cerca de ella, existe una profunda amistad entre ustedes dos la cual no existe con el joven Grandchester. Ustedes se conocen desde siempre, ¡aprovecha eso!, el señor Granchester no puede ofrecerle nada, ella lo sabe, sólo necesita más tiempo. No te des por vencido todavía.

Para cuando George terminó de hablar estaba sentado al borde de la silla para enfatizar sus palabras. El rubio se quedó callado pensando en las palabras de su amigo. George sintió que había tocado una tecla clave y quiso continuar pero Albert se adelantó:

- Ella y yo nos habiamos acercado tanto...me ha dolido mucho todo esto, siento que nuestra amistad se ha dañado porque faltó a mi confianza.

- Pienso que por un amor tan grande como el que sientes por Candy, vale la pena seguir luchando hasta el final. Dijiste una vez que ella era la mujer de tu vida, ni siquiera la señorita Colville con su belleza e inteligencia hicieron que te se fijaras en ella.

Albert no respondió, seguía pensando por lo que el moreno continuó:

- Yo te aconsejo que esperes y no la dejes. No dejes que tu orgullo se interponga.

- No es mi orgullo.

- Lo es porque piensas que Terry esta de por medio.

- Ella misma dijo que tenía dudas, debe de ser porque todavia guarda sentimientos por Terry.

Albert guardó silencio. No sabia que pensar, su corazón le avisaba que Candy lo quería profundamente, pero su mente se interponía, se sintió incierto:

- Me siento confundido George, se que Candy me quiere pero intuyo que hay algo que nos separa, lo siento, pienso que puede ser el recuerdo de Terry todavía vivo dentro de ella.

Albert no tenía idea que Candy vivía presa de sus miedos interiores. Dudas, de amar de nuevo intensamente para luego sufrir con la misma intensidad que había amado. Miedo que algún día la vida se lo arrebatara.

- No puedes estar seguro, ¿te ha dicho ella lo que verdaderamente siente?

- Me dice que me quiere, que soy lo más importante en su vida, pero no me dice que me ama.

- William, ¿desde cuando la amas?

- Desde que la vi en Londres hace muchos años, aunque algunas veces pienso que la quiero desde el día que la conocí a los 14 años…

- A eso precisamente quería llegar, la amas desde hace mucho tiempo atrás, ella apenas esta descubriendo su amor por ti. Recuerda que hace un año ella sufrió una gran desilusión.

Albert se quedó pensativo:

- La amas intensamente y quieres que ella te ame de la misma manera, pero tienes que darle tiempo, habla con ella.

- Quisiera poder hacerlo pero ya no se si pueda…

- Estás herido, deja que pase un tiempo.

- Te confieso que nunca he querido a nadie como a ella –dijo serio tomando un trago.

- Ten paciencia y talvez todo salga a tu favor.

- Talvez…

- Si William, talvez... tú lo dijiste una vez…

- que los humanos somos seres muy complicados…

- Así es William.

- Gracias amigo, me ha hecho bien hablar contigo.

- No se te olvide que tienes un almuerzo de negocios, te queda suficiente tiempo para refrescarte y cambiarte; ya está listo el auto.

- Gracias, me había olvidado

Más tarde, todavía en el hospital, Candy se encontró con el doctor Dylan Clairy quien le pidió que lo acompañara a ver a un paciente fuera del hospital y luego a almorzar.

Después de ver al paciente, se fueron a un restaurante.

Cuando iban entrando, Albert iba saliendo acompañado por varios hombres, los tres se detuvieron brevemente para saludarse.

- Doctor, Candy… -dijo el rubio serio, luego entró a su auto, otro hombre cerró la puerta y el carro partió.

La pareja entró al restaurante.

- ¿Ha pasado algo entre ustedes Candy? - preguntó el ojiverde.

- Dylan, perdona, no quiero hablar de eso –dijo muy deprimida.

- Candy, si tan solo tú quisieras, yo podría hacerte feliz…-dijo buscando los ojos esmeralda.

- Pensé que ya éramos amigos…-dijo desganada con mirada triste.

- No me daré por vencido porque no son novios todavía, él te hace llorar, yo nunca lo haré. No me gusta como te trata.

- Dylan, te necesito como amigo.

- Entonces seré tu amigo, seré todo lo que tú me pidas pero déjame estar a tu lado y tal vez con el tiempo tú… – respondió con mirada amorosa.

- Dylan por favor…

Después del almuerzo, el doctor Clairy llevó a Candy hasta la puerta principal de la mansión Ardley.

Albert había regresado, estaba ya en el estudio con George y Archie. Por las amplias ventanas que daban hacia el jardín y la entrada vio llegar a Candy con el joven doctor.

Albert siguió trabajando como si no le afectara. El rubio dio instrucciones que desde el día siguiente trabajarían en la oficina del banco en la ciudad y no en el despacho de la casa.

Ese día, los caballeros no asistieron a la hora del té por lo que Candy y Annie fueron al cuarto de la tía Elroy y tomaron el té con ella. Las tres damas acordaron que desde el día siguiente, por las tardes, comenzarían con paseos diarios por el jardín.

A la hora de la cena, el grupo entró al comedor. Albert, muy serio tomó su asiento y pidió a todos que se sentaran en donde quisieran. Candy se sentó a la par de Annie, dejando vacío el puesto a la derecha del rubio, nunca tomaría ese puesto si él no se lo pedía.

La rubia estaba muy deprimida, Albert no la veía.

Esa noche no hubo tema de conversación, excepto por Elisa quien comentó que extrañaba a Grace y que hacía falta la presencia de una dama como ella en la casa. El comentario fue como una bofetada para Albert porque la mujer que él quería para dueña de su casa, no lo amaba…eso pensaba. Quiso disimular pero sus ojos mostraban la tristeza que existía en su interior.

Al igual que Albert, Candy apenas comió, lo quería y necesitaba hablar con él y explicarle. No tenía paz, no soportaba verlo tan triste y distante. Nunca antes había pasado algo así entre ellos, siempre fueron tan unidos.

La cena terminó. Candy esperó que Albert saliera de último para interceptarlo y hablar con él, pero el joven se disculpó amablemente y salió del comedor antes que cualquiera. Candy bajó la cabeza triste y Annie la consoló.

El día martes, Candy se despertó temprano, abrió la ventana y sintió un aire frío en su rostro despertando los ánimos de comenzar bien el día. Sin embargo, por mucho que trató, no tenía la alegría para saludar al día que la veía despertar, sólo encontró angustia en su corazón.

Se bañó, vistió y fue a la cocina. Nuevamente preparó los alimentos de la tía Elroy y le dio de comer.

Llamaron a la puerta.

- Adelante - dijo Candy desde la cama junto a la abuela.

¡Era Albert! El corazón de Candy brincó fuertemente de emoción. Quería abrazarlo, contentarlo con sus caricias y con ello decirle que lo amaba solamente a él, a nadie más.

El joven estaba elegantemente vestido con un finísimo traje azul marino, camisa blanca, corbata de seda color dorado.

- Buenos días- dijo el joven amablemente caminando hacia la cama de la enferma, luego le dio un beso en la frente - ¿Cómo se siente tía?

- Hoy me siento mejor. Verán que pronto estaré bien –dijo la anciana viendo a la rubia al otro lado del lecho - Candy y la otra enfermera me cuidan muy bien –dijo volteando el rostro hacia el joven- Vete a trabajar sin cuidado.

- Llegaré muy tarde hoy –dijo tomando una de las viejas manos entre las suyas - no me esperes. George y Archie estarán aquí para la cena.

- Está bien William. Gracias.

- Candy, gracias por cuidar a la tía – dijo el joven viéndola por un par de segundos mientras soltaba la mano de la tía y de nuevo le daba un beso en la frente – hasta luego- concluyó caminando hacia la puerta.

El corazón de Candy cayó al piso. La había saludado amablemente, pero había distancia, sintió que todo había cambiado entre ellos.

Albert estaba demasiado herido.

Durante la mayor parte del día, Candy y Annie le hicieron compañía a la abuela, la tía les daba consejos de cómo ser buenas esposas y cuidar la casa. Candy ponía su mejor esfuerzo por sonreír y mostrarse alegre pero Annie sabía que su amiga estaba destrozada por dentro.

La tarde llegó poco a poco, era hora de la cena pero Candy sabia que Albert no estaría presente, entonces la cena ya no era importante para ella y decidió comer algo más tarde.

Cerca de las 9:30 de la noche, Candy bajó a la cocina y comió poco, luego salió directo al jardín, caminó, y decidió subir a un árbol. Necesitaba respirar aire puro y hablar con las estrellas, eso le traía paz. Subió a un árbol y poco a poco se relajaba.

- Albert, no quiero perderte. Te necesito, necesito verme en tus ojos. Perdóname por causarte dolor.

Después pensó en la noche que estuvieron juntos en el gigantesco árbol y revivió cada una da las caricias y sobre todo cada uno de los besos, en su mejilla… en su cuello…los fuertes brazos rodeándola por la cintura…se estremeció y añoró su presencia, quería estar de nuevo entre sus brazos como aquella noche.

Tiempo después, desde el árbol, vio cuando Albert llegó en su auto y entró a la mansión. La joven se preguntó qué hacía tan tarde fuera de la casa, no estaban trabajando porque George y Archie habían estado presentes en la cena.

Los celos se hicieron presente, la noche anterior también había estado ausente de la casa, pero el ni siquiera la miraba, no podía acercársele.

Después bajó del árbol y siguió caminando hasta que por casualidad llegó a la casita en la copa del árbol donde Annie y ella habían pasado una noche juntas cuando Stear estaba todavía con ellas. Encontró la cama, y rápidamente se quedó profundamente dormida.

El día Miércoles Candy se despertó más animada. La casita del árbol era acogedora, la cama confortable y las paredes parecían retener el aire cálido. Ėsta vez sí saludó al día con una sonrisa. Bajó del árbol y caminó hacia la cocina.

- ¡Buenos días señorita Candy! -dijo Ophelia muy animada mientras preparaba el desayuno.

- Buenos días Ophelia, llámame Candy por favor –pidió amablemente.

- Está bien Candy. Estoy aprendiendo a cocinar los platos de la señora Elroy de la manera que me enseñaste –tomó tiempo para continuar mientras terminaba un platillo- Ya me adelanté, prueba la comida por favor –dijo acercándole un pequeño plato.

- Um, delicioso, -respondió la rubia saboreando- ¿estás segura que seguiste todas las indicaciones?

- Si Candy, tal como me enseñaste. El desayuno de la señora Elroy está listo.

- Bueno, gracias, yo lo llevo.

- ¿Vestida así? –exclamó sorprendida la cocinera viendo a la chica de pies a cabeza.

- Sí, ¿que tiene de malo unos pantalones vaqueros y botas? La tía ya no se molesta conmigo -dijo sonriente y juguetona.

La enfermera hizo una pausa pensando.

- Ophelia… ¿el señor William, va a desayunar en la casa?

- Sí Candy, necesitan un buen desayuno antes de irse al trabajo.

- Ophelia, al señor, pero solamente al señor William, sírvele por favor, jamón con huevos, tostada y café, nada más que eso por favor –dijo con leve sonrisa.

- Pero eso no es suficiente, él necesita comer más, esta muy ¡flacucho! –respondió la cocinera en protesta.

- Por favor Ophelia, no te preocupes todo estará bien –dijo guiñándole un ojo graciosamente.

Candy no estuvo presente para el desayuno porque estaba con la tía pero así fue como, mientras todos disfrutaron de un elaborado desayuno con frutas, avena, quesos, tortillas francesas, pan, jugo de naranja, café…el cabeza de la familia Ardley fue servido un par de huevos con jamón, tostada y una taza de café, sólo eso.

Todos notaron la diferencia pero nadie dijo nada.

Después del desayuno, Albert fue a visitar a la tía Elroy a su habitación y encontró a Candy dándole de comer vestida con jeans y botas, se extrañó de su vestuario pero no dijo nada al respecto.

- ¡Buenos días! ¡Tía te vez mejor! –dijo de pie a un lado de la cama.

- Me siento mejor William. Han pasado tres días y con la ayuda de Dios y de Candy me siento mejor – vio a su enfermera con mirada de agradecimiento- Ella prepara mis alimentos y se preocupa mucho por mí.

Candy correspondió a la mirada de la abuela, con una mirada de amor lo cual Albert notó.

- Gracias Candy - dijo el joven viéndola fijamente a los ojos por unos segundos como si no la hubiera visto en días, luego volteó su rostro - Tengo que irme tía, la quiero mucho - agregó mientras le besaba la frente.

- Vete tranquilo William, con los cuidados de Candy y la compañía de Annie estaré bien.

- No me esperes tía, llegaré tarde –dijo y salió del cuarto.

- Albert mi amor, me viste solo por unos segundos, extrañaba tanto su mirada…Albert…-pensaba triste - De nuevo no estará para la cena…

La distancia entre ellos la mataba, no podía soportarlo. Albert no le daba tiempo de decirle nada, casi ni la miraba. Necesitaba sentir sus brazos, su pecho, ver esa sonrisa que era como un sol para ella, necesitaba a su amigo, a su novio, ella lo amaba.

Más tarde, Candy y Annie caminaron con la tía por los jardines de la mansión mientras hablaban de mil cosas. Annie vio a Candy animada y se sintió feliz por ella pero en realidad era la mejoría de la tía que tenía a Candy con mejor actitud.

Desde que Albert no cenaba con la familia, Candy no cenaba en el comedor. Siempre bajaba a la cocina tarde, comía un poco y salía al jardín y al bosque de la casa, ese día fue igual.

Se acostó en la grama, entre las copas de los árboles vio el cielo estrellado y pensaba en donde podría estar Albert. Un rato después, vio las luces de su auto aproximarse, luego el joven entró en la mansión y se sintió contenta de que hubiera regresado con bien. Después fue nuevamente hasta la casita del árbol, se acostó en la cama y pensó:

-Talvez ya leyó mi nota, te amo Albert.

En su cuarto, Albert se puso sus pijamas y se acostó en su cama pensando:

- Te extraño, pero tengo que aprender a vivir sin tí. Te conozco desde siempre y no sé como podré olvidarte. Después de unos días te irás y no te buscaré más, no debo…

Cuando iba a apagar la luz, en su mesita de noche vio un sobre con una pequeña flor:

Hola,

¿Te gustó tu desayuno esta mañana? ¿Recuerdas nuestro desayuno rápido en el café? Extraño esos días.

Te extraño, y te necesito.

Candy

- Yo también te extraño y te necesito Candy, pero no me amas como lo pensé... Si tu corazón no puede ser solo para mí, no quiero nada, no puedo aceptarlo….pensó el joven.

De nuevo Candy durmió en la casita del árbol. El día jueves, Candy se despertó de buen humor.

- Habrá leído mi nota y ahora su actitud cambiará - pensó.

Luego bajó de la casita con toda agilidad, y se dirigió hacia la cocina donde Ophelia había preparado ya el desayuno para la abuela.

- Estás segura, que…

- Si Candy, preparé su desayuno exactamente como me indicaste –dijo la cocinera sonriente terminando de preparar la bandeja.

- Que bueno Ophelia porque la buena alimentación es muy importante para que la tía se recupere.

Candy hizo una pausa para pensar mejor y se llevó el dedo índice a sus labios.

- Ophelia ¿es posible que me permitas usar tu cocina para hacer un pastel? –preguntó la rubia sonriente.

- ¡Yo lo puedo hacer Candy!

- Prefiero hacerlo yo. Quiero hacer un pastel para el señor William.

- Ya se que lo quieres Candy –dijo sonriendo con picardía- pero el señor William no está en la casa todo el día, sólo para el desayuno.

- Entonces, tendrá pastel en el desayuno.

- ¿En el desayuno?

- Sí, el entenderá - dijo tomando la bandeja del desayuno.

- Está bien Candy, como tú digas.

La enfermera llevó el desayuno de la tía y esperó ansiosamente la visita de Albert. Su corazón latía fuertemente en anticipación a su llegada, esperaba por lo menos una mirada de amor, o una sonrisa, como antes.

Nuevamente Albert llegó al cuarto de la tía mientras Candy la alimentaba. Cada vez que él entraba, se le hacía un hueco en el estómago y deseaba demostrarle que sólo lo amaba a él.

Al entrar Albert notó que de nuevo Candy usaba pantalones y botas.

- ¡Buenos días! Cada día te ves mejor tía -dijo caminando hacia la cama.

- Gracias William, muy pronto estaré en pie de nuevo – hizo una pausa y notó los ojos celestes un poco tristes - ¿Por qué trabajas tanto hijo? Casi no estás en la casa.

- Tengo que hacerlo tía – dijo con tierna sonrisa.

- Te conozco William, quiero lo mejor para ti. Siempre te gustó la naturaleza, los animales, el campo, no dejes esas cosas, serás infeliz si las dejas. –dijo preocupada pensando que su tristeza se debía al exceso de trabajo.

Albert no respondió, sonrió levemente y le dio un beso en la frente; vio a Candy por un par de segundos pero no dijo nada y se marchó.

- ¿Leyó mi nota? Tiene que haberla leído. Entonces no le importa. No lo veré hasta mañana - pensó tristemente. Bajó el rostro y siguió cuidando a la tía abuela.

Después que Sheryl llegó a relevarla, Candy fue a la cocina y comenzó a preparar el pastel de chocolate favorito de Albert. También cocinó otros bocadillos y galletas para todos.

Continuará