¡POR TI FOXYMADNESS2! (?)
:3 Holaaaaa! ... *inserte sonido de grillo* awww u-u, ta bien. Ya sé, que me tarde un hueval. Pero pues es que estuve ocupado, ya saben, todo lo que escribo o ideo se me vuelve realidad y lo último que yo creería que me ocurriría sería que apareciecen Raibow y Yaniss en mi vida... evidentemente como personas humanas. No exactamente la primera, pero la segunda... ay dios mio. Es un lio. Fue un lio. Pero ya estoy bien, estoy tranquilo, ... feliz no, pero pues tranquilo al fin y al cabo. Ahora tengo mejores referencias y mejor perspectiva con todo esto que me ha pasado.
No prometo nada, ya no lo haré más xD, escribiré cuando pueda y me sienta inspirado, y haré dibujitos locos o lo que sea, pero todo a su tiempito. Lo importante es que sepan que no me olvido ni de ustedes ni de la historia. Os quiero mucho, no me pregunten nada sobre lo que pasó en estos meses, conformense con saber que gran parte de lo que escribo, me acaba ocurriendo.
Sin mas, espero que disfruten del capítulo.
Rainbow Dash vio mi cara de espanto y le dio unos golpecitos a la emocionada súcubo; esta volteó a ver a la pegaso y le bajó a su felicidad con un suspiro.
-Es decir. – Dijo volteando a verme un tanto más calmada. - Que... Bueno, firmamos la paz por aquí esta mañana mientras no estabas y... hablamos un montón y quedamos en que sí, realmente estás muy débil e indefenso y a ninguna nos gustaría que algo te pasara; así que llegamos a un acuerdo sobre tu entrenamiento. Nos vamos a encargar las dos de ti. Así cada una podrá pasar tiempo contigo. – Concluyó felizmente, la pelirroja.
-Ah, ahora si entiendo... ¡¿Eh?! – Dije aún asustado sin saber bien de que iba todo eso.
-Ay, verás. Mientras estábamos solas esta mañana, como ninguna podía moverse, nos quedamos las dos en el sofá. Después de un tiempo empezamos a hablar, Rainbow me acercó el montón de papeles que hiciste para enseñarle a hablar y me dio un lápiz. Mientras conversábamos nos dimos cuenta de que lo que ambas queremos a fin de cuentas es ayudarte. – Me decía la súcubo haciéndome sentir como un inútil. – No entraré en detalle sobre lo que hablamos porque me lo ha pedido ella, pero quedamos en que yo te entrenaría en lo que respecta a tu mente y ella tu cuerpo, aunque me sepa mal decir eso. En todo caso podemos decir que yo te ayudaré a convertirte en un mago y ella en un guerrero. Ya empezamos a hacerte un horario, yo la estoy ayudando con los ejercicios ya que la pobre estaba un poco perdida en ese tema y... –
-Ya, ya, ¿Y dónde estaba yo cuando decidieron cosas sobre mi vida? – Pregunté mosqueado por la que se me venía encima.
-Estabas en la tienda, tontito, ¿o ya se te olvidó? –
-Ya, pero... –
-De todas formas esto ahora es una democracia y lo decidimos por votos. ¿Quién quiere que Jexy se convierta en un hermoso y poderoso mago de larga cabellera y grandes músculos? –
-Yo. – Dicen las bichas al unísono levantando cada una su mano/pezuña.
-Eh, no. De donde yo vengo o haces una cosa o haces la otra, si te pones con las dos es para no tener vida y pasártela como un pringao atado a un libro y a un muñeco de madera. Vamos que a lo mucho supe manejar mi espada y me retrasó con el tema de la magia y... –
-Jexy, está votado en democracia, ¿o tienes alguna queja? –
-Pues sí, protesto; ¡golpe de estado! –
-¿Eso significa que quieres una dictadura? – Me preguntó la súcubo en tono macabro mientras juntaba sus manos.
-Ehh, no, yo no... –
-Ah bueno, yo pensé... –
-No, no, tranquila... –
-Si quieres una dictadura, yo y Rainbow nos encargamos, no hay ningún problema. –
-No, si, sí, tranquila, ahh-viva la democracia, wujuuu. –
-¡Ese es el espíritu, Jexy! ¡Te convertirás es un gran mago! – Exclamó la súcubo abrazándome como si fuese un muñeco de trapo.
-Venga... que sí...ya... muero. – Decía dificultosamente por el apretón que la pelirroja me estaba dando.
Entonces me soltó y me dejó respirar.
-Vamos Rigbon, tenemos mucho trabajo. – Le dijo a la pegaso indicándole que le siguiera. – Jexy, cariño, nos vemos luego, ahí tienes pan para que comas algo. – Me dijo y se metió a su habitación.
La pegaso antes de entrar con ella, volteó a verme, se sentó, señaló a Yaniss dentro de la habitación, a sí misma, golpeó sus pezuñas y luego me señaló a mí para después dedicarme una sonrisa un tanto sádica antes de meterse en la habitación con Yaniss y cerrar la puerta. Tragué saliva y me quedé mirando la puerta un momento.
-Hhh-Bueno. – Dije dándome la vuelta y disponiéndome a buscar el pan del que habló Yaniss.
Finalmente encontré una bolsa de pan dentro de los gabinetes. Entonces me puse a hacer un sándwich. Mientras lo hacía salieron las bichas de la habitación.
-Jexy, Rigbon y yo vamos a ir a buscar un buen sitio para tu entrenamiento, ya y de paso hacemos algunas pruebas. – Decía la súcubo con un bolso y haciéndose una coleta mientras la pegaso salía de la habitación en dirección a la puerta principal. – Volveremos más tarde. – Dijo tomando el diccionario de español de Dash.
-Bien. – Dije terminando de hacer el sándwich.
El par de chicas se fueron caminando como si nada a pesar de aún tener algo recientes las heridas de la noche anterior.
Me serví algo de agua en un vaso y me senté tranquilamente en el sofá de la sala frente a la tele dejando a un lado el sándwich y sujetando con ambas manos el vaso de agua mientras miraba fijamente el televisor apagado con una sonrisa en mi rostro.
-... –
Escuché como el par de locas hablaban afuera y luego salían volando.
El clima era bastante fresco, ahora sólo podía escuchar el viento soplar suavemente.
Le di un sorbo a mi agua... y...
-¡SE HICIERON AMIGAS, COÑO! – Grité frustrado, confundido y asustado haciendo temblar le vaso y derramando algo de agua en mi ropa.
No podía creerlo, no quería creerlo.
-Se habían estado odiando desde el momento en que se vieron, llegaron a caerse a putazos y en una mañana... van, y se hacen amigas. ¿Qué vergas? – Me pregunté luego de beber el agua.
Entonces tomé el sándwich.
-No puedo ser un mago y un guerrero a la vez, ¿Estamos locos? – Me preguntaba en voz alta dándole una mordida al pan. - ¿Un mago gladiador?... sólo hace siete años podría creerlo posible. Pero a estas alturas... he perdido demasiado tiempo, necesitaría mucho entrenamiento y aunque estuviese decidido, también necesitaría de mis libros y-y... – Decía empezando a sentirme extraño.
Es... complicado de explicar. Pero convertirse en un mago, en mi caso, sin ser un prodigio o alguien especial, requiere de mucho esfuerzo, horas de estudio, enfoque y autodisciplina; al igual que convertirse en un gladiador requería entrenamiento físico continuo y también parte de todo lo anterior. Nunca se tiene el tiempo, o el suficiente interés en ambas disciplinas, para lograr llegar lejos con las dos al mismo tiempo. Muy pocos habían alcanzado habilidades medianamente decentes y aun así, eran superados con creces por aquellos que se especializaron en usar magia o armas; el resto, se desviaban del camino porque... o se dejaban encantar por la compleja magia o por la adrenalina del combate. En un tercer lugar está su servidor, cuya indecisión lo llevó a terminar siendo un completo desastre y a perder mucho tiempo de su vida.
Yo creía en ese llamado "imposible", aquel donde podría manejar a la perfección el combate con armas y la magia al mismo tiempo, y es que me gustaban mucho ambas cosas. Pero con el tiempo, entendí que no era capaz de hacer eso. No lograba equilibrar y organizar mi tiempo, mi interés iba y venía a pesar de que sabía era lo que quería hacer con mi vida. Por otro lado, en la magia, como luchador iba a necesitar dominar al menos un elemento que me ayudase en combate, y el agua, no era precisamente lo mejor; lamentablemente era lo que más fácil se me daba. Tampoco era lo suficientemente valiente o atrevido para ser un luchador; aunque igual era muy distraído y perezoso para estudiar magia. Ambas se me hacían difíciles, y a ambas las quería. Cada una por su cuenta me iba a costar mucho tiempo dominarlas, y en conjunto, me dije: "es imposible".
No quería, fue un vacío el que quedó en mí, aquel día en que decidí estudiar magia. Siempre maldije al tiempo por quitarme mi sueño de las manos. No podía dedicarme al completo con todo durante años, porque... de viejo no sería capaz de usar mis habilidades físicas al cien por ciento, sería un simple mago anciano. Al final, hasta una vida puede no ser suficiente para lograr todo lo que quieres hacer. Recuerdo claramente que mi maestro de espadas me dijo una vez: "No puedes cagar y mear al mismo tiempo", je, fue gracioso, pero... demasiado cierto.
Mi ambición el tiempo la aplacó. Quedó siendo un simple y olvidado pasado. Una creencia infantil. Algo que no se podía hacer.
Mientras estaba en el sofá diciéndome que era imposible, recordaba todas las veces que lo intenté, las veces que no lograba rendir en el entrenamiento con la espada por haberme trasnochado practicando hechizos, las veces que llegaba muy cansado a la casa y no tenía energía ni para pestañar, la presión de mis instructores, las pruebas, el estrés, el no salir, el quedarme sólo poco a poco; no podía con todo eso, era sólo un niño.
Quería detenerme, decirme a mí mismo: "¡Si se puede!". Pero esas palabras ya no salían de mi boca. No sé en qué momento precisamente, pero... perdí la fe en mí mismo.
Ahora, en ese momento, con Rainbow y Yaniss queriendo convertirme en lo que alguna vez quise, no sabía cómo sentirme. Estaba emocionado, pero a la vez tenía miedo, no por lo que me pudiesen hacer sus entrenamientos, que también, si no por el hecho de que creía en el fondo, que todo sería una pérdida de tiempo, que no lograría llegar lejos, que ya había desperdiciado mucho tiempo, que ya estaba desentrenado completamente y que... era imposible.
Aun así, no podía detenerlas. Dash era muy cabezota, y Yaniss no se olvida de las cosas con facilidad, así que estaba condenado a ver qué pasaba. Me sentía como en una cita a ciega luego de tener varios desengaños amorosos, como si me obligasen a subirme a una montaña rusa; eran nervios e impotencia de no poder escapar de una situación que sabía saldría mal.
De igual forma, por más que lo pensaba, ya no me quedaba de otra. Así que lo asumí, y me dije: "Al menos así hago algo", y empecé a pensar en que quizás, debería conformarme con ser un mago promedio con habilidades de lucha. No se oía tan mal; aunque aún me molestaba pensar que todos me podían patear el culo por no explotar nada el cien por cien, pero... a esas alturas, y ya habiéndolo perdido prácticamente todo... realmente daba un poco más igual.
Así que... lo acepté. Acepté ese camino al que el par de chicas me querían empujar de regreso. Oh, si se preguntan por mi habilidad con la electricidad... eso no tenía cabida donde yo vivía, tampoco tuve mucho tiempo para investigar sobre el tema y lo poco que supe era que se trataba de magia con la simplemente nadie quería meterse. No la entendían, y decían que era demasiado peligrosa para experimentar con ella. Y tenían razón. El problema era... que yo era muy curioso, y de alguna (imprudente) forma... logré que esa magia se ligara a mí. No sabía de donde venía, de done había salido, ni por qué no paraba de fluir dentro de mí. De todas formas a nadie parecía interesarle y era completamente normal que uno tuviese problemas para controlar su propia magia, fuese del tipo que fuese.
Mi electricidad no era anormal, pero tampoco era la cosa más promedio del mundo, todos decían... que era especie de... ruleta rusa.
...
Más tarde mientras veía la tele y me comía otro pan (la ansiedad me estaba matando), oí llegar al par de locas. Entraron por la puerta de enfrente.
-No jodas, ¿Qué ha pasao? – Pregunté al ver al par de chicas llenas de tierra y moretones.
-Ih fa jara. – Decía Rainbow dejando el diccionario en la mesita frente a mí y yéndose al baño.
-Se ha puesto tonta, la burra. – Dijo Yaniss sacándose hojas del pelo.
-¿Se han vuelto a pelear? –
-No, Jexy, tuvimos sexo salvaje. – Respondió sarcásticamente la demonio mirándome enojada cruzando sus brazos.
Iba a decir algo, pero mejor me quedé callado como niño regañado.
La pelirroja se movió y se sentó a mi lado en el sofá.
-Hhh... yo quiero que tu entrenamiento sea al lado del lago que hay cerca de aquí, pero la pájara esa dice que es mejor la montaña donde obviamente hubo un derrumbe, no sé qué le pasa por la cabeza, está demasiado lejos y quiere que vayas corriendo hasta allá. ¿Para qué está la carretera? – Preguntó, quejándose sin parar sobre las ideas de la pegaso que le parecían demasiado exageradas.
-Bueno, pero... –
-Ah, ahora es cuando me dices que sus tonterías te parecen maravillosas y que te quieres casar con ella. –
-Que no..., a ver, Rainbow se supone me va a entrenar como en un gimnasio, ¿o no? –
-Tsk, eso se supone. Pero no es la idea el que te desgaste como un cond... –
-Pues entonces está claro, Dash va a necesitar un sitio que donde tenga a su disposición pesos, inclinaciones, alturas, qué se yo; a falta de máquinas y equipo para hacer ejercicio... –
-Está bien, mi amor, pero yo necesito un lugar tranquilo, y en esa montaña se respira todo menos calma. –
-Pues usamos los sitios, no hay problema, ¿Cuál es el problema? – Pregunté encogiéndome de hombros y pasando mi brazo derecho sobre el espaldar del sofá.
-... –
-Yan... –
-¡Está bien! No hay ningún problema. – Admitió a regañadientes y se dedicó a mirar a otra parte enojada.
-... – La vi un momento haciendo pucheros, me encogí de hombro y me acomodé en el sofá para seguir viendo la tele tranquilamente mientras ella seguía mirando para otro lado.
De fondo se oyó como la pegaso abría la ducha.
La súcubo volteó a verme y lentamente se arrimó recostándose de mí melancólicamente. Pasados unos segundos, al ver que la pelirroja simplemente se había quedado quieta, suspiré y la abracé con mi brazo derecho.
-Es mala... – Dijo en voz baja en plan víctima.
-Lo sé. – Le decía en el mismo tono de voz mientras recostaba mi cabeza sobre su pelo.
Continué viendo la tele, no muy concentrado en lo que pasaba allí, sino en lo que había pensado esa tarde acerca de mí y mis cosas. No me importaba tener a Yaniss bajo mi brazo, aunque ella tampoco estaba haciendo algo malo.
Nos quedamos así un rato hasta que la pegaso celeste salió del baño y entró a su habitación. Yaniss se movió para rodear mi torso con sus brazos, luego de unos segundos, levantó su mirada como si esperase a que yo la regañase o algo. No le dije nada, no estaba de humor para...
-¡Yaniss! – Exclamé al sentir como la pelirroja intentaba meterme mano.
-Aargh, eres un aburrido. – Me dijo molesta y se quedó quieta abrazándome haciendo pucheros.
En eso Dash salió de la habitación y se dirigió al sofá con la idea de sentarse; sin embargo nos encontró a mí y a Yaniss ahí. La pegaso con una toalla colgando de su cuello arcó una ceja y la pelirroja le sacó la lengua para luego abrazarme más fuerte. Dash orbitó sus ojos y le arrojó en el rostro la toalla que traía. La pelirroja se la sacó de encima y le hizo una mueca a Dash, quien respondió alzando el cuello y semi desplegando sus alas en plan amenazante; Yaniss dejó de abrazarme y se alzó poniendo sus manos en el cojín del sofá.
-Ya, coño, no empiecen otra vez. – Dije, haciendo que el par de fieras se limitaran a mirarse feo.
Yaniss tomó la toalla y se levantó alzando su mirada con superioridad, ignorando a Rainbow y dando la vuelta al sofá para no pasar frente a ella. Antes de irse por el pasillo, se agachó, me tomó el rostro y me dio un beso en la mejilla. La pegaso celeste exhaló cansada y luego de que Yaniss se fuese, se subió al sofá.
-... – La vi de reojo, ella volteó y yo volteé en otra dirección y luego bajé mi mirada para rascarme un poco la nariz intentando disimular.
-... – Ella intentaba acomodarse en el sofá para sentarse bien mientras intentaba hacer como si yo no estuviese allí. En un momento volteé y ella estiró sus patas delanteras para sentarse firme de repente.
Era incómodo. Parecían... años desde la última vez que estuvimos los dos solos; Yaniss enserio nos había mantenido el uno lejos del otro durante aquellos días y... al parecer nos había de alguna manera metido en la cabeza que estaba mal que nos viésemos y hablásemos estando tan cerca. Sentíamos vergüenza de hablarnos, después de todo lo que habíamos pasado, se sentía extraño que esa incomodidad apareciese de repente. Yo... me sentía como si no debiese hablar con ella, y me sentía idiota por sentirme así.
-Rainbow... – Le dije, intentando romper el hielo aunque realmente no tenía idea de qué iba a decir después.
-¿Jex...? – Me respondió con un tono un tanto bajo de voz sin mirarme.
Claro, en ese momento sentí como se me derrumbaba toda posible conversación; Dash aún no hablaba español, era imposible entablar alguna plática sobre el cómo nos sentíamos o qué le pasaba o... cualquier cosa.
-... – No encontré palabras para decirle, simplemente volteé a verla fijamente.
Al darse cuenta, ella también volteó a verme, y esta vez, no apartamos la mirada. Pasados unos segundos nos sonreímos mutuamente y luego reímos suavemente.
Y es que en realidad no pasaba nada, estábamos haciendo el tonto. Le ofrecí el control de la tele y lo tomó de mi mano con su boca. Lo colocó a sus patas, luego de un momento presionó el botón para apagar el televisor y respiró profundamente.
-Perdón. – Me dijo con cierto pesar sin apartar su mirada del control.
-Tranquila, Rainbow, yo... entiendo. – Le dije, en tono calmado y luego me llevé la mano al pecho, haciendo que la pegaso me mirase confundida. – Yo, entiendo, cómo, tú. – Repetí y golpeé mi pecho con mi puño.
Rainbow se puso un poco pensativa y luego empezó a murmullarse cosas para después llevarse la pezuña al pecho igual que yo.
-Oh. – Dijo sorprendida y se alegró. - ¿Querer, tú..., eso? – Me preguntó golpeando su pezuña con la otra.
-Ehh no. –
La pegaso al oír mi respuesta orbito sus ojos y se recostó del sofá.
-Igual, te entiendo. – Le dije intentando hacer énfasis.
-Está bien. – Dijo con voz calmada. – Gracias. – Susurró con una ligera sonrisa y enseguida encendió la tele.
...
Yaniss tardó más de lo que yo pensaba. De hecho me empezaba a preocupar, no se oía más que el agua caer. Rainbow Dash se había quedado dormida luego de buscar una sábana para ponérsela encima y acomodarse en el sofá dándome patadas para que me apartase.
Al poco rato decidí dar un paseo por la casa, y es que si me quedaba allí iba a explotar, esa peludita pegaso arropada con su mantita moviendo levemente sus orejitas con su rostro sereno delante de mí... no podía quedarme ahí o tarde o temprano iba a meterme en problemas, por así decirlo.
Me acerqué a la puerta del baño.
-¿Yaniss? – Pregunté por la pelirroja mientras tocaba la puerta.
Para mi sorpresa, aunque la verdad no tanto, la puerta estaba abierta. Me quedé un momento esperando una respuesta por parte de la súcubo, pero no decía nada. La volví a llamar y nada. Entonces, entre la quiniela del voy o no voy, el pudor entró en acción; lamentablemente fue superado por un argumento.
-"Pero si ya la hemos visto desnuda y a ella no le importa, ¿entonces qué?" – Pensé decidiéndome a asomarme un poco, quizá se había caído y desnucado contra algo, quien sabe, las cosas pasan.
Respiré profundo y me asomé.
Nada.
No había ni verga. Sólo el agua cayendo de la ducha. Entré un poquito aunque no había muchos sitios donde ver, tampoco era como si Yaniss se iba a ocultar detrás de la taza.
Pero entonces se cerró la puerta haciéndome tragar saliva.
-Jexy está muy mal entrar en el baño de una chica mientras se está duchando. – Me decía la pelirroja apareciendo de la nada detrás de mí, mientras la oía girando el seguro de la puerta.
-Yaniss, yo... – Le dije sin voltear a verla, pero me bloquee y no pude seguir hablando.
-... ¿Sí? – Dijo pícaramente. Podía oírla acercarse a mí por mi espalda.
-Ehmm... Pensé que... - Balbuceaba antes de que me abrazara por la espalda dejándome notar que por lo menos llevaba toalla.
-Hay pocas razones para entrar así a un baño... – Me susurra apartándome el cabello de la oreja. – Y todas con resultados sexuales. – Susurra y luego intenta morderme el lóbulo de la oreja.
Me eché un poquito hacia adelante mientras tragaba saliva evadiéndola. Ella rió en voz baja y se acercó mí nuevamente.
-Vamos, Jexy, te va a gustar... – Me susurró al oído luego de oler mi cuello.
Obligando mi cuerpo lo moví y me metí a la ducha para lueo abrir la ducha mientras Yaniss me miraba.
-¡E-estoy mojado, ahora soy como un cactus! ¡No te acerques que te mato! – Exclamé mientras el agua caía sobre mí mojando toda mi ropa y mi pelo.
Yaniss se acercó y me empujó contra la pared acercando su frente a la mía mirándome fijamente.
-Estás asustado, jiji... –
-"La madre que la parió". – Pensé.
-No puedes usar tus poderes ni siquiera por inercia cuando estás así. –
La pelirroja me besó la frente y retrocedió. Luego sonrió y se dio la vuelta saliendo de la ducha.
El agua siguió cayendo sobre mí y ella abrió la puerta.
-No puedo hacerlo así, Jexy. Sería como violar a un niño indefenso… - Dijo esto y enseguida se quedó callada un momento. – Tendría su morbo, pero no, Jexy, eres... especial para mí. – Me dijo dedicándome una sonrisa.
Cerró la puerta y me dejó ahí, pensando en la infinidad de cosas que podía y no podía hacer.
...
El día continuó, la noche cayó, yo me bañé porque ya estaba mojado y ya qué. Rainbow se adueñó de la tele y el sofá acostándose como una señorita (nótese el sarcasmo), y Yaniss de la cocina poniendo un cartelito con un dibujito de Dash con cuernos y colmillos que la prohibían cerca de los alimentos. Cómo Yaniss estaba en su mundo mientras cocinaba, y Rainbow estaba hipnotizada con la tele, a ninguna de las dos le importada lo que hacía la otra, por lo que no peleaban. Yo me aburría mucho, así que empecé a hablar con la súcubo.
-Oye... emm... ¿Cómo está todo por allá? – Le pregunté.
-Jexy, estás a menos de dos metros de aquí. – Me respondió mientras bajaba algunas cosas de los gabinetes.
-No ahí, allá. –
-... Jexy, necesitas salir más. Hablar con la gente y... –
-Ay, por allá, por el inframundo, eso... hace mucho que no voy. –
-Ah, ¿A dónde? –
-Coño a Khazis. –
-Oh... con que ese fue el nombre tonto con el bautizaron nuestro mundo. Sabes que no he estado allí desde hace dos años, ¿cierto? –
-Ah... perdón. –
-Técnicamente sería yo la que debería preguntarte. –
-La verdad, la última vez que fui las cosas estaban empeorando, la agresividad de algunos clanes aumenta a medida que la tranquilidad se mantiene; no les gusta la paz, quieren conquistar más territorios, más guerra, les encanta la sangre, ya sabes, eso nos dio trabajo. ... Y problemas. –
-Vaya... –
-Sí. Cómo en todos lados, a estos dementes les ayudan muchísimo los conflictos, venden armas, mentiras, justifican sus acciones egoístas y encima, son aclamados por los suyos; capaces de asesinar a sus propias madres con el fin de que se les permita seguir con su juego. Quieren poder y dominio, pero no saben para qué. –
-Interesante y trágico a la vez. ¿Eizur? –
-No sabemos nada. Sigue siendo una ciudadela imposible de localizar. –
-Me pregunto si Zury habrá llegado ya. –
-Yaniss, te soy sincero. –
-Eh? –
-Estoy un poco nervioso por ir. –
-Pero si ya has ido muchas veces. –
-Pero Dash no. –
-¿La vas a llevar? –
-Tengo qué. No puedo dejarla aquí sola. –
-¿Por? –
-Es... complicado. ¿Recuerdas la conversación que tuve con Mazz el otro día? –
-¿…? –
-La que hablamos sobre tú sabes quién. –
-Ah sí, pero es que yo no sé quién es ese. –
-No lo conoces de todas formas. Y espero que nunca lo hagas. No te metas con esa gente. –
-¿Pero quiénes son? –
-Tengo que llevarme a Rainbow, no pienso dejarla sola aquí. Preferiría dejarla sola en Khazis que aquí. ¡Preferiría dejársela a Kevin, incluso! –
-¿Tan terrible es el tipo del que hablas? –
-Un poco sí. –
-¿Lo matarías? –
-... No, no se lo merece. –
-Interesante respuesta, sé lo que piensas, me gusta. Supongo que la borracha con alas puede acompañarnos. –
-¿Cómo sabes que es una borracha? –
-Ay Jexy, si yo te contara, esa amiga tuya…, aunque hay algo que no entiendo aún. –
-No sé de qué hablas. –
-No importa, Jexy, sabes que los caballos con alas como ella se extinguieron en Khazis, y mi especie no la vez caminando por allí así como así. –
-¿Entonces? –
-Seremos dos chicas exóticas y codiciadas a tu lado, tendrás que protegernos. –
-¿Enserio hace falta? Vi lo que hicieron el otro día y...–
-... –
-Si alguien las toca, lo reviento. –
-Aaaeeeii, que tierno eres. – Me dice y luego continúa con sus cosas. – Aunque a decir verdad nosotras tendremos que protegerte a ti de los tipos malos, pero es muy linda tu posición. Ve a caminar por allí y relájate, la cena estará lista pronto. -
-Arrrgrghgrhgrhhercoñoesumadrenojodavergacarajoquiensecreedafdsadbfahsdfgbg... – Blabucee enojado mientras me iba.
Antes de salir, voltee a ver a la pegaso acostada en el sofá. Esta me devolvió la mirada, y luego de unos segundos no sé qué le pasó que me lanzó un beso haciendo que retrocediera por sorpresa.
-Escuché lo que hiciste maldita zorra. – Exclamó Yaniss desde la cocina mientras estaba de espaldas.
La pegaso solo sonrió y se recostó mejor en el sofá. Yo me cabreé y me confundí a la vez así que decidí salir de una vez.
-¿Qué le pasa? – Me pregunté en voz baja. – Al final, quizás sea ella la que hace cabrear a Yaniss. Si es que le encanta tocarle las narices a la gente. –
Me senté en el risco viendo como los rayos del sol se desvanecían en el horizonte.
-No puedo creer que... de todas las razones que podría tener para regresar... tenga que hacerlo... para recuperar... eso. Maldita Zury. – Dije sintiendo una mezcla entre nostalgia, ira y miedo. – Como sea, será una buena forma de ponerme a prueba, no hay vuelta atrás. –
Me acomodé para meditar y esperé a que Yaniss me llamase para comer. Comer comida. Aunque antes de eso ella me hiciese una broma nada decente que no planeo narrar.
...
-¡Jex! – Exclamó Mazz. - ¿Cómo estás? –
-Bien. – Dije entrando al auto.
-Te maquillaron de nuevo. – Dijo viéndome en el retrovisor. – Esa Yaniss... –
-Voy a volver. –
-... –
-... –
-¿Tú sólo? –
-Recuerda que... tengo un asunto pendiente con Monet. -
-Tienes muchos asuntos pendientes. –
-Lo sé. Los solucionaré todos, ya lo decidí. He pasado mucho tiempo dando vueltas ante las puertas del camino que escogí y quiero para mi vida. Me di cuenta de que es hora de dejar de pensarlo e intentarlo, no, es hora de hacerlo.-
-¿Te vas a tirar a Yaniss? –
-¡No pendejo, me voy a convertir en un chingón! –
-Si te la tiras sería chingón. –
-... Eres un mamaguevo. Arranca. –
-Jajajajajaj. –
...
Al volver de la tienda, encontré a Yaniss discutiendo con Rainbow en el sofá. No les preste atención a sus palabras en otro idioma y como vi que había comida, pues me serví un poco y puse mi plato en el mesón.
-Hola, eh. – Les dije sin que me prestasen atención.
Me dispuse a ver el espectáculo de las dos queriéndose matar pero sin tocarse. Estaban discutiendo sobre algo que no entendía, hasta que Dash dijo...
-¡Yo no querer Jex tuyo! –
Y casi tumbo el plato.
-¡Es mío! – Gritó Yaniss.
-¡NO! –
Al escuchar a Dash involucrarse en la discusión dejé caer la manzana que tenía en la mano. Entonces ambas voltearon hacia mí.
-Jexy, ¿d-desde cuando estás ahí? – Me preguntó Yaniss un tanto nerviosa.
-Hace rato. – Respondí con voz frágil y luego me aclaré la garganta. –Quiero decir, Hace rato. – Dije ya con voz de macho.
-¡Jex! – Me llamó la pegaso celeste.
-¿Qué ha pa...? –
-Tú mío. – Me dijo seriamente.
-... –
-¡¿Qué?! – Exclamó la súcubo indignada.
-... – Rainbow no dejaba de mirarme fijamente como si esperase una respuesta. - ¡SO! – Grité inseguro sin saber por qué, luego me puse más nervioso. - ¡NI! – Volví a gritar juntando mis temblorosas manos. - ¿Co? – Dije ya intentando cambiar las caras con las que me veían las dos chicas. – Ya-ya saben, ese de que... y los... carros... naves... y... –
-Jex. – Dijo la pegaso llamando mi atención.
Voltee a verla y esta empezó a sonreír haciéndome ojitos.
-¡No, Jexy, no la veas! ¡Está intentando seducirte! – Exclamó la pelirroja interponiéndose entre la poni y yo.
-... Yaniss... ¿Por qué no tienes camisa? –
-... ¿Por qué tú tienes una? –
-Yan... –
-¡Deja de censurarme, Jexy, eres un opresor! ¡Jmhp! – Me recriminó y se cruzó de brazos inflando sus cachetes mientras fruncía su ceño.
-... –
-¡Jex! – Exclamó la poni.
-Pe-pe... ¿De qué estamos hablando? – Pregunté como segunda opción antes de arrancarme la cabeza.
Entonces Yaniss se tiró al suelo dramáticamente.
-¡Esa perra! Se quiere quedar contigo... – Dijo con voz frágil llevándose los dedos de una mano a la boca.
-Pero si eso no tiene sentido... –
-Jex. – Me dijo la poni alada acercándose a mí rostro y tomándomelo con sus pezuñas. – Tú, yo, follar, ahora. – Sentenció con una sonrisa haciendo que mi mandíbula rompiese el suelo.
Yaniss se empezó a encender en llamas... y se puso de pie sacando un peine de su bolsillo que pronto se le cayó el mango convirtiéndolo en cuchillo.
Y antes de que se acercase más a la pegaso para asesinarla...
-Yaniss... – Le dije. – Rainbow... no sabe español. –
Empecé a cabrearme un poco, mientras la inocente Rainbow me miraba confundida.
-Ah... bu-bueno... e-eso... – Dijo la pelirroja un tanto apenada arrojando el cuchillo hacia un lado y juntando sus manos.
-¿Quién coñísimue' la madre... le enseñó esa palabra? – Pregunté acercándome a ella.
-Jijijijiji... ¿Quién es mi Jexy pechosho? Ay que lindo eres, que tierno, que bello, ¡Ay que te como, dan ganas de chuparte! – Me dijo mientras apretaba mis cachetes. - Y de otras cosas, pero bueno... – Añadió soltándome y volteando hacia otro lado peinándose el cabello con una mano.
-¡Yaniss me voy a cagar en todo, casi me da un infarto, no mames! – Exclamé en un tono no tan alto.
-¡Ah, o sea que sí te gustó, ¿verdad?! Le hubieses dicho a ella que sí y a mí no; muy bonito. – Respondió cabreada mientras se cruzaba de brazos.
Rainbow se frustró y de un gruñido se fue al sofá para encender la tele.
-¡Claro que no! – Dije.
-Además yo sólo quería demostrarte que sí es una tonta yegua caliente. –
-Pero si... –
-A poco no viste como se te ofreció, la muy zorra. –
-Ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. –
-Pero ella sí. –
-Me refería a ella. –
-Jexy, por todos los cielos, obviamente ella sabía lo que estaba diciendo, está en su código genético. –
-Ah, ¿Enserio? –
-Claro que sí, mira la cara de viciosa que tiene. –
Ambos volteamos a ver a la pegaso, quien se veía graciosa con el lápiz en su boca mientras intentaba atinarle al botón del control de la tele para encenderla.
-Yaniss... –
-Ahhiiihihihih, no la soportooo. –
-Quieres dejar de... –
-¿Te vas a poner de su lado? – Me preguntó llevándose una mano a la cintura y con un mirada que decía: "Peligro". - ¿Sabes por qué mi pelo tiene este color? – Me preguntó alzando una ceja señalando su cabellera.
-Vamo a calmarno... – Le dije extendiendo mis manos hacia adelante.
Yaniss suspiró pesadamente y se cruzó de brazos.
-Ahora dime, ¿Qué es lo que quiere Dash? –
-¿No la escuchaste? –
-Yaniss... –
-Aigh, quiere llevarte a entrenar... –
-Emmm... ¿Y eso no era para la semana que viene? –
-No sé, discute con ella. – Me dijo la pelirroja y se fue a su cuarto enojada.
-... – Me quedé viendo un momento la puerta queriendo ir con ella pero... pues no.
Voltee a ver a la pegaso, quien me veía con ojos dormilones.
-Rainbow... –
-¡AAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH! – Gritó Yaniss desde su habitación. - ¡Y no puedo romper nada, todo es mío, quepg'Aaaaaahhh...! –
Rainbow me miró seriamente, luego sonrió. Tomó un pequeño bolso marrón que se colgó del cuello, bajó del sofá y con su ala me indicó que la siguiera hasta fuera de la casa.
Realmente no me sentí bien dejando a Yaniss así, a pesar de que ella misma se buscaba esas rabietas, yo me sentía culpable. Ella sufría, y yo no lo entendía.
Estaba en un juego de ajedrez, obligado a perder moviendo las fichas a donde no quería.
Seguí a Rainbow hasta afuera sin saber bien que iba a hacer. Esta me indicó con su pezuña que bajase de la montaña por el camino pegado al risco frente a la casa.
Pasé frente a ella con una expresión confusa pero sin darle importancia a nada.
-¡NO! – Gritó y me detuve en seco para voltear a ver que pasaba.
Era Yaniss. Había salido de la casa, se disponía a seguirnos pero la pegaso le ordenó que se detuviera.
La pelirroja suspiró enfadada.
-¡Jexy! Ten cuidado, ¿sí? – Me dijo en tono molesto.
-Mmm, okeey, tú también. – Respondí muy despreocupado.
-Te veré luego. – Dijo y se metió a la casa cerrando la puerta.
Rainbow me dijo algo en equestriano, por su tono de voz simplemente entendí que quería que continuase bajando.
...
La bicho me guió hasta la ladera de una montaña. Probablemente había ocurrido un derrumbe, ya que había numerosas rocas de distintos tamaños por todos lados. El suelo era bastante árido y estábamos alejados un poco de la entrada al bosque por lo que el sol daba de lleno en el terreno donde nos encontrábamos a esas horas del día.
-Okeeei... ¿y ahora qué? – Le pregunté a la pegaso mientras miraba a mi alrededor un tanto confundido.
Ella volteó a verme y frunció el ceño con una sonrisa.
-¡Correr! – Exclamó señalando una ruta trazada con una línea en la tierra que quizás la equina había hecho con un palo.
-Ya decía yo... – Suspiré y decidí empezar a trotar.
-¡Esperar! –
Me detuve al escuchar a la pegaso.
-No correr. Estirar. –
Enseguida soltó el bolso marrón en el suelo y sacó una hoja de papel. En cuanto me la mostró pude ver que eran diferentes dibujos hechos a mano, posiblemente por Yaniss, de cada uno de los estiramientos que debía realizar con una indicación de cuantos segundos correspondía mantener cada posición.
-Esto. – Dijo señalando el papel y colocándolo en la tierra.
Asentí con la cabeza mientras observaba los dibujos. La pegaso me dejó allí y antes de que me diese cuenta ya estaba lejos, montada en la rama de un árbol acomodándose para dormir con una manta y una almohada.
-¡Rainbow! – Exclamé, recibiendo como respuesta un movimiento giratorio de su pezuña indicándome que hiciera lo que fuese.
Suspiré y me decidí a hacer los estiramientos, después de todo sin su mirada acosadora todo sería más cómodo. Además ya me había propuesto continuar lo que había dejado atrás, tenía que dejar de ser un debilucho.
Hice los estiramientos y desperté a la pegaso con un grito. Esta abrió un ojo y enseguida ya estaba junto a mí.
Se aclaró la garganta y luego me señaló la hoja con los estiramientos mirándome con la ceja en alto. Asentí. Ella también. Tomó el bolso marrón y de él sacó un silbato, una gorra roja y un cronómetro.
-Joder, ¿Quien fedeo a Dash? – Pregunté al verla "armada".
Enseguida hizo sonar su silbato tan fuerte como para romperme los oídos.
-¡La madre que te...! –
-¡Correr! – Exclamó señalándome el camino de tierra. - ¡Esperar! – Volvió a gritar viendo el cronómetro con indecisión. – ¡Ya! – dijo decidida luego de darle por todas partes al aparato.
Suspiré con un poco de desánimo y empecé a trotar siguiendo la línea de tierra en el suelo.
La pegaso celeste se posicionó sobre una gran roca, desde la cual me di cuenta, podía observar todo el circuito que ella había trazado. Era un gran óvalo, cerca del centro había unas marcas y por los bordes igual. No estaba seguro, pero parecía que estaba corriendo en por un campo de futbol o algo parecido.
De alguna forma, me sentía bien mientras trotaba, estaba relajado y me encontraba incluso más ligero. Quizás habían sido los estiramientos, o los entrenamientos de días anteriores habían hecho algo por mi cuerpo además de destrozarlo.
No sé exactamente durante cuánto tiempo troté, pero fue el suficiente para que rogase en mi mente que la pegaso me detuviera. Y lo hizo. Bajó volando de la roca luego de hacer sonar su silbato y se posó frente a mí.
Escudriñó en su bolso marrón, sacó de él una pequeña botella de agua y me la arrojó. La tomé como pude y luego de agradecerle el gesto le di un trago. Bueno, varios.
-Jex. – Dijo la pegaso colgando el bolso nuevamente de su cuello y haciéndome un ademán con la cabeza para que le siguiera.
Cerré la botella de agua y me dejé guiar por ella. Me llevó hasta cerca de un árbol y se detuvo.
-Tú. –
Me señaló una rama alta y ligeramente delgada del árbol que con solo verla ya me hacía a la idea de lo que debía hacer. Me colgué de la rama y empecé a hacer barras, dominadas, o como queráis llamarlas. Solo pude hacer tres, aunque me sorprendió que pudiese hacer más de una.
-¿Ya? – Preguntó la pegaso un poco decepcionada.
-¡Calla! Estoy orgulloso de mí. No puedo creer que haya hecho tres. – Dije en voz baja mientras recuperaba el aliento y sentía una presión en el pecho.
-Tú, tres. – Dijo señalando la rama.
-Ya sé que hice tres, como te gusta hacerme sentir mal. –
La pegaso me miró confusa y luego bajo su bolso para sacar otro papel. Me lo mostró y en el había un dibujo del árbol con la rama y un número tres a su lado.
-Oh... – Dije al entender que debía hacer tres veces lo mismo. – No me jodas... – Dije volteando a ver a la pegaso, quien me señaló la rama del árbol con la mirada.
Alcé las manos para pedirle un momento y se sentó a observarme.
Luego de unos segundos suspiré y volví a colgarme de la rama.
...
Una vez terminamos allí, la pegaso me hizo hacer flexiones, abdominales, sentadillas y saltos, todo en series de tres, marcando yo la cantidad máxima de repeticiones. Rainbow sólo se ocupaba de decirme que debía hacer, como debía hacerlo, contar las repeticiones y en ocasiones darme ánimos en equestriano, o al menos yo quería creer que eran ánimos. Me dejó descansar unos minutos y luego me mandó nuevamente a trotar.
La pegaso se veía contenta, tenía una mirada decidida y una sonrisa confiada con cada una de las cosas que me mandaba a hacer. Yaniss aparentemente la había sacado de dudas con los ejercicios que eran viables y los que no, ahora sabía que lo que estaba haciéndome hacer, si me servía.
Al rato, cuando me detuvo, que yo me tiré al suelo, la pegaso me hizo ponerme de pie nuevamente y con ligero empujón me devolvió al suelo.
-Mira... no tengo aliento ni pa decirte que eres una... joder... –
La pegaso esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción y me lanzó nuevamente la botella de agua junto con un pañito.
-Ya. – Dijo plácidamente y empezó a meter sus cosas en el bolsito marrón.
Se lo colgó del cuello y volteó a verme con una sonrisa.
Me puse de pie como pude e intenté estirarme, cuando de repente la pegaso me tomó por debajo de los brazos y salió disparada hacia el cielo azul. La impresión y el cansancio era tal, que no alcancé a asustarme y más bien, acabé por relajarme mientras ella me llevaba por el aire quien sabía a donde.
...
Momentos después...
-¡NO-Que hac-ja puta! – Grite cuando la pegaso sin aviso previo descendió cerca de un enorme lago y me dejó caer en él.
Al salir a la superficie ya se había ido y no había rastro de ella en el cielo. Miré a mí alrededor y alcancé a ver a Yaniss sentada de espaldas cerca del borde del lago. Nadé lentamente hasta donde ella estaba y salí del agua sacando fuerza de donde no tenía y pegando mi pecho contra la grama.
-Te estaba esperando. – Me dijo serenamente sin voltear a verme. Estaba sentada con sus ojos cerrados, espalda recta y manos juntas, como si hubiese estado meditando.
-No sabía que..., bueno, supongo que... este es el lugar que escogiste. – Decía mientras me levantaba y caminaba hacia un árbol cercano para colgar mi chaqueta y mis botas mojadas.
-Así es. Este es el lugar perfecto para convertirte en un mejor mago. O más bien, en tu versión de mago. – Dijo abriendo sus ojos dorados y esbozando una sonrisa.
-¿Mi versión de mago? –
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.
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... Continuará.
Y chan chan chaaaaannnn... ¿Qué será lo que quiere decir Yaniss? En realidad el siguiente, es un capítulo que llevaba tiempo con ganas de escribir, ya que revelerá de la mano de Yaniss ciertas cosas a cerca de mi personaje, cosas que ni el mismo se ha puesto a analizar.
Pero bueno, ya nos despedimos, que la pasen chido, sean felices, quieran a todos como yo los quiero a ustedes, paz y amor, viva la vida, Murphy es mi pastor, amén.
