Siento la tardanza pero el domingo fue día de independencia aquí en mi país, así que tuve feriado hasta el día de ayer en el cole y la academia (donde estudio belleza). Entonces aproveché para visitar a algunos familiares y acabo de regresar. Créanlo o no, en el lugar donde fui no hay internet. Pero bueno, aprovecho este pequeño espacio que me queda antes de ir a estudiar (╥_╥) para actualizar, ya quedan pocos capítulos para el final.
Mil gracias por seguir la historia y agregarla a sus favoritos.
liney2104
Robmy
lupita-jely-C
Nelva Robsten
Media Noche New
Ali133bf
janalez
Gracias a todas por dejar sus comentarios. Me alegra mucho saber que les gustó el capítulo anterior. Aquí el capítulo 28, espero les guste.
Capítulo 28
Me desperté a causa de una picazón recorriendo mi cuerpo entero. Era extraño ya que en las últimas horas no había comido nada que pudiese causarme alguna alergia. Vi el reloj de mi mesa de noche, era la 1:00 de la madrugada. Apenas habían pasado un par de horas desde que llegué a casa. Mi celular parpadeaba y me acerqué para revisarlo. Era un mensaje de Alice. Rodé los ojos mientras lo habría y buscaba algo para cambiarme de ropa.
¿Quieres que Edward pase por ti mañana? ;)
Alice.
Ni siquiera pude contestarle al darme cuenta, cuando me agaché de que además de la comezón, tenía el cuerpo hinchado. Corrí y encendí la luz para así poder verme al espejo. Mi cara se deformó por el horror de ver que no solo estaba hinchada, también estaba roja. Oh por Dios. Corrí a tomar el celular.
– ¿Hola? – contestó Alice luego del segundo timbre.
– ¡Alice! Tengo un problema y no creo poder ir al instituto mañana.
– ¿Qué sucede? – preguntó con distracción.
–No sé qué pasó, pero todo mi cuerpo está rojo he hinchado y tengo una comezón del demonio. – dije luchando con las ganas de rascarme para evitar que empeorara.
–No, ¿tú también? – dijo ahora con voz más avivada y preocupada a la vez.
– ¿Yo también?
–Pues ahora mismo estoy en casa de Rose. Me envió un mensaje diciendo que ella y mi Jazz están en las mismas condiciones. Cuerpo rojo, hinchado y con comezón. ¿Qué diablos pasó Bella?
–No lo sé. Esperaba que tú pudieras ayudarme.
–Bien, espérame en tu casa, en unos minutos llego. – ordenó antes de colgar. En 5 minutos aproximadamente Alice estuvo frente a mi casa, con Jasper que me dio una sonrisa triste y Rosalie que parecía a punto de estallar a causa de la furia que le daba el no poder rascarse ya que los chicos le amarraron ambas manos. No quise preguntar. Cuando llegamos a la casa Cullen, Edward y Emmett nos esperaban.
–Bellita, ¿así que tú también? – preguntó un Emmett con la cara y el cuerpo completamente blanco.
– ¿Qué te pasó? – pregunté curiosa.
–Soy un vampiro. – dijo abriendo grande su boca para que pudiese ver sus colmillos.
–Emmett tenía los mismos… síntomas que ustedes, así que luego de darse un baño le hemos puesto calamina. – me explicó Edward. Emmett no parecía para nada incomodo, así que supuse que funcionaría.
– ¿Qué nos provocó esto? – pregunté a nadie en especial, tratando de no rascarme.
–Pues Eddie detectó lo que podría ser. Resulta que estuvimos en contacto con una planta; ortiga. Y eso nos causó urticaria.
– ¿Cómo supiste lo que era? – le pregunté ahora directamente a Edward.
–Bueno, esa planta deja una clase de pelo, uno muy pequeño y casi traslucido. Emmett lo tenía casi en todo el cuerpo.
–Y ese es un alivio para mí. Casi. Casi. –Repitió exageradamente– Es una suerte que no fuese en todo el cuerpo, necesito una parte en específico. – dijo guiñándole un ojo Rose.
–No veo porque es una suerte. No vas a usar esa parte en mucho tiempo, querido. – contestó mi rubia amiga quitándose su chaqueta. – Edward, cúrame. – ordenó abriendo sus brazos horizontalmente.
–Yo puedo ayudarte Rose. – le ofreció Emmett de inmediato. Rosalie rodó los ojos.
–Vi como lo hizo Eddie y puedo hacerlo. – murmuró Emmett pisándole los talones a Rosalie que caminaba hacia la cocina.
–Y bien, ¿Qué hay que hacer? – Urgí con la comezón comenzando a desesperarme de verdad.
–Primero hay que estar seguros en qué lugares tienes la urticaria, luego te quitaremos cualquier residuo con cinta adhesiva. Alice puede ayudarte con eso. – sugirió apenado.
–Lo siento chicos, pero yo ayudaré a Jazz. – dijo Alice sonriéndole coqueta a su novio. Jasper se sonrojó notablemente, dándonos una mirada de disculpa antes de subir las escaleras.
–Diviértanse. – canturreó con tono insinuante el pequeño duende. Evité la mirada de Edward con toda la vergüenza del mundo. Y me sorprendí a mí misma al darme cuenta de que me encontraba haciendo trabajar mi mente para recordar si al menos me había puesto ropa interior atractiva. Me sonrojé profundamente, quizás Alice sí me había querido decir que Edward y yo íbamos muy rápido.
–Bella, vamos arriba a revisarnos. – dijo Rose saliendo de la cocina y subiendo los primeros escalones.
–Pero Rose…– protestó Emmett tirándose de brazos cruzados en el sofá. La rubia no le prestó la menor atención y siguió subiendo hasta una de las habitaciones de huéspedes. Maldije y agradecí internamente a Rosalie por aparecer. Rose encendió la luz y nos desvestimos hasta quedar en ropa interior.
– ¿Qué sucede Bella? Pareces preocupada. – dijo pasándome un rollo nuevo de cinta adhesiva que según dijo Emmett le dio en la cocina.
–Es solo que, estoy pensando en algo que dijo Alice.
– ¿Qué, vas a caer en una de sus trampas de la moda? – bromeó sonriendo antes de tirar de una de las cintas que había pegado sobre su brazo. – ¡Diablos! Esto es casi tan doloroso como depilarse, solo que nunca me he depilado los brazos. – aulló. Imité lo que ella estaba haciendo y ahogué un gemido de dolor.
–Entonces Bella, ¿En qué piensas?
–Alice nos dijo a Edward y a mí que al paso que íbamos dejaríamos de ser inocentes muy pronto. Así que, trato de averiguar si quiso decirnos que vamos muy rápido. – confesé no sin sonrojarme. Rose soltó una carcajada femenina pero casi tan sonora como las de Emmett. Tiré con fuerza de una de las cintas que Rose acababa de poner en su abdomen. Ella me miró con los ojos desorbitados.
–Pues si fuese así, debo decir que está muy bien. Mírate, tienes agallas. – dijo ahora tirando de un de las mías, colocada en mi muslo. Abrí la boca para dejar salir mi aliento y parpadeé rápidamente para no llorar. Eso había dolido.
–Pero estoy muy segura que ella no quiso decir eso. – continuó Rose.
– ¿Cómo sabes?
–No hay un protocolo en las relaciones. Porque ninguna relación es igual. Mi tía Laura por ejemplo, la madre de Jasper. Ella iba a casarse luego de cinco años de noviazgo, pero en cuanto conoció a Jackson, el padre de Jasper supo que todo lo que ella había creído que era amor, no era más que afecto y hasta un poco de costumbre. En un "arrebato", como lo llamaron mis abuelos, ella canceló su boda y dos años después estaba casada y esperando a Jasper. Deberías verlos ahora, parecen dos colegiales con las hormonas alborotadas, derrochan amor a cada segundo, creo que ahora entiendo porque Jazz tiene tanta paciencia con Alice, debe estar acostumbrado. Mis padres por otra parte, fueron novios durante ocho años y prometidos durante otros dos. Sé que se quieren pero no lo demuestran con frecuencia. Lo que es un alivio, porque lo que menos quieres es ver a tus padres besuqueándose en todos los rincones. – dijo haciendo cara de asco. Reí y asentí en acuerdo.
–Y están Carlisle y Esme. Según sé ellos se casaron dos meses después de conocerse. – mi boca se abrió en sorpresa. –No lo esperabas, ¿cierto? – dedujo al ver mi expresión. Negué con la cabeza y ella suspiró antes de tirar de otra cinta pegada en sus piernas.
–Mi punto es, que al final no importa cuánto tiempo te tome dar los pasos en una relación, siempre y cuando sea algo de lo que estas completamente segura. ¿Por qué si estas segura de que quieres hacerlo con Edward y Él no te está obligando, verdad? – dijo con ojos curiosos y acusadores. No supe si sonrojarme o reírme. Opté por sonrojarme.
–No es eso a lo que me refería. Quiero decir que, mis padres se conocieron, se enamoraron y luego se lanzaron felizmente al matrimonio, un matrimonio que solo duró los primeros meses. Y todo por ir demasiado rápido.
–Pero todo pasa por una razón y de no haber sido de esa forma, tu hoy no serías la persona que eres.
– ¿Madura y aburrida? – incité con una sonrisa irónica. Ella rodó los ojos pero me sonrió de vuelta.
–Tal vez. Pero de no ser así no le gustarías a Eddie.
–El odia que lo llamen Eddie. – le recordé.
–Esa es la parte que lo hace divertido. – concluyó entrando al baño cuando hubimos terminado de torturarnos con la cinta adhesiva. Cuando las dos estuvimos bañadas Alice llegó con un tarro en sus manos.
–Creí que sería mi hermano quien te ayudaría. – riñó Alice cuando estuve a su lado.
–Traidora. – le lancé dándole un golpe juguetón.
–Solo quería que aprovecharan. – se defendió.
–Y tal vez Bella lo habría hecho de no ser porque según cree, tú le metiste en la cabeza que ella y Edward están yendo muy rápido. – dijo Rosalie con tono de reproche. ¿Pero que era esto? ¿Pretendían que Edward y yo compartiéramos algo más que besos en nuestro primer día de novios?
–No seas tonta Bella. Me refería a que lo suyo es bastante intenso. No quise decirte que van muy rápido, eso sería una hipocresía viniendo de mi parte. Ya sabes que Jasper y yo…
–Sí, sí, sí. No queremos detalles. – le calló Rose con gesto de asco.
–No me hagas esa cara Rosalie Hale. Tú y Emmett van por el mismo camino, y ustedes ni siquiera son novios.
–Oh, muchas gracias por recordármelo. – contestó la rubia amargamente.
–Lo lamento pero, hablo en serio. Mis hermanos a pesar de su potencial son unos lentos. ¿Necesitaremos las mismas medidas que usamos para que Edward se decidiera a declarársele a Bella?
–No voy a prestarme a citas falsas. Emmett no lo creería, no es tan tonto como parece. – Wow, si esa era una forma de defender al chico del que estas enamorada esperaba nunca necesitar de Rose para defenderme.
– ¿Creen que estemos mejor para mañana? Es viernes y debemos ir al instituto. – dije comprobando que la crema ya estaba seca para así poder vestirme con el pijama que Alice me había prestado.
–En realidad mañana no hay clases. – dijo Alice. Fruncí el ceño. No había escuchado alguna razón por la que se suspendieran las clases.
– ¿Por qué tan segura?
–Mañana se darán cuenta. En todo caso Edward y yo iremos para que así no sea sospechoso. Bien, debo ir a dormir al menos un par de horas. Descansen chicas. – canturreó cerrando la puerta tras de ella. Luego de unos minutos, me dirigí la que había sido mi habitación hace algunos días y lanzándome a la cama me quedé dormida.
Por la mañana me despertaron las risas de Emmett. Me di un baño rápido, quitando totalmente la crema y comprobando que mi piel ya solo tenía un color ligeramente rosa. Vi la ropa que Alice había dejado sobre una silla. (En mi profile) Era un vestido, con mallas de fantasía y una pequeña capa. Bonito, para nada mi estilo pero eso no me impedía pensar, mas no admitir, que era muy bonito. ¿Un hermoso vestido Marc Jacobs, para pasar el día en casa? Alice estaba perdiendo la razón. Corrí hasta el armario, con la esperanza de haber dejado algo mientras estuve quedándome aquí. Suspiré, no había nada más que algunas prendas de ropa interior. Aunque de haber dejado algo de mí agrado, Alice lo habría echado todo a la basura. Resignada, tomé las mallas y el vestido y me vestí. Luego de arreglarme el cabello lo mejor que pude y cepillarme los dientes con un cepillo que había dejado anteriormente aquí, bajé a la cocina para averiguar que sucedía.
–Buenos días. – saludé. Los chicos y Esme se encontraban en la cocina.
–Buen día, cariño. ¿Cómo sigues? – inquirió Esme con preocupación mientras se acercaba a tocarme la frente luego de darme un vaso con jugo. Miré a los chicos curiosa y esos me hicieron señas para que le siguiera la corriente.
–Ya estoy mejor, Esme. Gracias.
–Los chicos me dijeron que habías estado con mucha fiebre anoche y por eso hoy no te habías levantado a tiempo para ir al instituto. Siento no haber estado para atenderte, pero Carlisle tenía una cena importante en Port Ángeles y debía acompañarlo. Es una suerte que Edward estuviera aquí. – dijo viendo orgullosa a su hijo. ¿Fiebre? Fruncí el ceño.
–Sí, mamá. Pero Bella ya está mejor. Además no se perdió de nada, hoy no hubo clases. – se adelantó a responder Alice.
– ¿Ah, sí? ¿Y eso porque? – inquirí viendo a Alice interrogativamente.
– ¿Puedes creer que alguien ayer por la noche arruinó todas las cerraduras del instituto metiendo cerillos en ellas? – dijo Esme con indignación. Casi me atraganté con el jugo que estaba bebiendo.
–No, no lo puedo creer. – contesté con genuina sorpresa. En serio no podía creer que hubiesen llegado a tanto.
–Y no solo eso. No contentos con ello, fueron por el pueblo hurtando partes de autos y ensuciando con pintura las casas. Aunque tu padre dijo que ya las cosas están bajo control y que solo son travesuras de jóvenes que quieren llamar la atención. – continuó Esme.
–Sí, seguro solo son jóvenes que quieren llamar la atención. – estuve de acuerdo dándole una sonrisa burlona a Alice mientras ella en un acto muy maduro me sacaba la lengua.
–Me alegra saber que ya estas mejor. Así que si me disculpan, debo ir a hacer unos mandados. – dijo despidiéndose con una sonrisa y saliendo hacia el garaje.
–Así que tenía fiebre. Y dime, ¿Aluciné?– bromeé con Alice.
–Oh, cállate. Como mamá dijo, anoche salió con papá a Port Ángeles y vino esta mañana para ver cómo estaban las cosas. Es solo que ella llegó justo cuando nosotros llegábamos del instituto y como Jasper, Emmett y Rose estaban aquí en la cocina, al no verte preguntó por ti. Así que le dije que estabas arriba, enferma.
– ¿No era más fácil decir que no había venido con ustedes? – pregunté con suficiencia, al haber dado una excusa menos enredada que la de Alice. Emmett estalló en risas.
–Pero miren nada más, la aparentemente inocente Bella aprendió a mentir. Debo darte crédito Eddie. – dijo guiñando en mi dirección y dándole un golpe a Edward que casi le disloca el hombro.
– ¡Claro! Y cuando tu entraste en la cocina hubiese sido interesante tu explicación sobre como llegaste hasta aquí caminando. – abogó Alice con tono sarcástico. Bien, ella tenía un punto. Hice una mueca y ella sonrió triunfal.
–Como sea. Termina de comer porque salimos en cinco minutos. – declaró entusiasta. Mmm… esto no me sonaba bien.
– ¿Adonde? – pregunté con cautela.
– ¡Pues de compras!
–Lo siento Alice. Pero estoy deshidratada y no sería recomendable salir después de esa horrorosa fiebre que sufrí ayer. – dije en tono exageradamente dramático. Los chicos rieron y ella bufó molesta.
–Bien, como tú quieras. Vamos Edward. – ordenó mi pequeña amiga tomando su bolso.
– ¿Qué? ¿Yo porque? – rezongó el aludido acomodándose mejor en la silla.
–Ya que tu adorada novia no puede venir, vendrás tú. Además, tú también eres capaz de escoger ropa interior. – dijo con tono malévolo. Mis mejillas se sonrojaron hasta límites insospechados. Era una suerte que hubiese dejado mi cabello suelto, así pude usarlo como cortina para ocultarme.
–Pensándolo bien Alice, quizás debería ir. – me apresuré a levantarme de la silla y ella agitó su dedo índice en negativa.
–Pero que dices, Bella. No queremos que recaigas. Así que Edward camina, o no seré tan cortes con tus discos de colección. – amenazó antes de salir llevando a Rose del brazo.
–Lo siento. – dije viendo a Edward. Pero la verdad es que no lo sentía, para nada. Si podía salvarme de ir de compras, cualquiera que fuese el precio, lo pagaría. Incluso si eso implicaba ver a Edward siendo obligado a ir con ella.
–Pues yo siento, que no lo sientes. – me acusó con ojos entrecerrados. Le sonreí y él se acercó y me dio un corto beso, haciéndome sonrojar de nuevo.
–Largo de aquí Eddie. No quiero ver como besas a mi hermanita. – protestó Emmett.
– ¿Por qué a Jasper no le reclamas? – discutió en respuesta.
–Eso es porque Jazz y yo tenemos un trato. Él no cela a Rose conmigo y yo no celo a la enana con él. – respondió encogiéndose de hombros. Edward interrogó con la mirada a Jasper y él también se encogió de hombros.
– ¿Le ofreces a tu prima a cambio de mi hermana?
–Si así me salvo de que Emmett me golpee, suena razonable para mí. – se defendió el rubio.
– ¿Qué dices de mí? No hay trato conmigo y es mi deber proteger a mi hermana. Podría golpearte. – Sentenció Edward sonriendo hacia Jasper.
–No sería justo. Ya que tu sales con mi amiga y yo también podría golpearte si la dañas a ella. – Jasper le devolvió la sonrisa.
– ¡Edward Cullen, te espero en el auto hace cinco minutos! – bramó Alice desde afuera.
–Genial. – masculló Edward con fastidio. Me dio un nuevo beso y luego caminó pesadamente fuera de la cocina.
–Cerraré el trato contigo, no dejándote solo con las chicas. – declaró Jasper alcanzando a Edward. Se palmearon la espalda y nos dejaron a Emmett y a mí solos.
– ¿Cómo es que a ti no te obligaron a ir? – pregunté extrañada.
–Le dije a Alice que quería ir, pero como ella y Rose están molestas conmigo no quiso que las acompañara. Ya sabes, blofear. – asentí.
– ¿Por qué están molestas contigo?
–No me dijeron, pero creo que es porque no me le declaré a Rose.
– ¿Y porque no te declaraste?
–Porque no sé cómo hacerlo. – y por primera vez, vi a Emmett avergonzado. Sin poder evitarlo, me encontré retorciéndome a causa de la risa. Al fin los papeles se invertían.
–Muchas gracias Isabella. – soltó con veneno en la voz.
–Lo siento Em. Pero hasta donde había escuchado tú eras algo así como un casanova, teniendo novias por montones. Me es imposible creer que no sepas como hacerlo.
–Eso es porque yo nunca lo he pedido. Ellas me lo piden a mí. – explicó con tono presumido.
–Petulante. – le acusé.
– ¡Tu podrías ayudarme! Dime, ¿Cómo te lo han propuesto? – urgió viéndome con ojitos soñadores. Me reí.
–Emmett, aunque quiero ayudarte, no puedo.
–Vamos Belly-Bells, no seas malvada con tu querido hermano oso. – pidió desesperado.
–No soy malvada, simplemente no sé nada de eso porque nunca antes me lo habían pedido. Edward es mi primer novio.
–Debes estar de broma. ¿Y ahora yo que hago? No puedo preguntarle a Edward porque es tan ignorante en esto como yo, y Jasper me daría consejos cursis. Ya sabes que si él se junta con la enana debe estar infectado de cursilería…
Luego de charlar largo rato, proponiendo ideas de lo que sería romántico sin llegar a ser cursi, los chicos entraron por la puerta principal. Dejando ver a un Edward que pasó del blanco fantasma al rojo cereza en cuanto me vio. Las chicas rieron a todo pulmón.
– ¿Qué es tan gracioso? – dijo Emmett ofreciéndose a tomar las bolsas que Rose cargaba.
–Nada. – se apresuró a responder Edward.
–Es solo que Edward no está acostumbrado a ver tanto encaje y seda juntos. – dijo Rose en tono cómplice. ¡No! Ellas lo habían hecho entrar a VS. No quería ni siquiera imaginar la cantidad de ropa reveladora que habían comprado para avergonzarme y vengarse de mi osadía al no aceptar una salida de compras.
–No sabía que te gustaban tanto los ligueros. – dijo Edward con voz ahogada. Los chicos comenzaron a reír al ver mi cara de estupefacción. ¿Cómo él era capaz de decir eso, en serio creía que yo usaba esas cosas? Reí nerviosamente.
–Edward, tu no crees que yo uso esas cosas, ¿cierto? Es decir, ¡Mírame! ¿Luzco como alguien que usa un puto liguero? – chillé desesperada. Él me miró de pies a cabeza, tragando en seco en el proceso. ¿Acaso no sabía que lo decía retóricamente? Emmett y las chicas rieron histéricos. Jasper al menos reía más normal, trató de taparse la boca con las manos para disimular. No lo había logrado pero, al menos lo intentó. Miré lo que Edward miraba tan embobado, en esta ocasión: mis piernas. Quise que un hueco enorme se abriera bajo mis pies, o ser llevada hasta el más abandonado y recóndito de los sitios. Yo estaba llevando unas estúpidas mallas de fantasía, las cuales hacían parecer como si fueran llevadas por un estúpido liguero. Miré a Alice, quien se poyaba fuertemente y como podía en el hombro de Rosalie, ella lo había hecho a propósito. La furia inundó mi cuerpo.
– ¡Maldito duende conspirador! – chillé antes de lanzarme contra ella.
