Notas— No, no lo voy a abandonar. Siento demasiado tanto pero tanto tiempo. Sucede que ¡Me he graduado de la Universidad! Y con ello los meses previos y posteriores fueron… extraños… entre el stress de los proyectos finales, la enfermedad y en el limbo de "No sé qué hacer con mi vida" y eso aunado a que Inazuma acabó… tuve que llenar el hueco en mi corazón con otro Fandom antes de morir de tristeza y me la pase leyendo fics de Hetalia como posesa, además de acabar algunos libros pendientes, descansar un carajo porque no he parado, seguí con mi otro pasatiempo (Cosplay) y he tenido que cuidar de mi abuela recién operada (como ya no estoy en la Uni soy la única "con tiempo libre") En fin. Sepan que aún tengo muy presente este fic y les prometo llevarlo al final con o sin ustedes… ok no. Solo~

¡Buena lectura y gracias por todos sus comentarios, de verdad!

En el anterior— Una niebla cae sobre la ciudad de Inazuma y el grupo se divide, Gazell se pierde y Grand busca la fuente de todo el desastre, el resto del equipo decide salir del centro comercial en el que estaban en busca de los dos miembros restantes sin saber a quienes se iban a encontrar dentro de esa neblina no eran más que los chicos de Polvo de Diamante, ahora, ellos deben de llegar a la Torre de metal para detener el desastre y poder reunirse. Y los chicos de Prominencia harán todo por proteger su ciudad. (Esto para los que no recordaban lo que paso en el anterior)


Sacro Culto

XXIII: Scaretale


I

"Me levanté un día en que mis fuerzas se hubieron recuperado; la magia era difícil, pero algo en ella me llamaba, era como un instrumento con el cual había nacido con la experiencia para tocar, un don que venía dentro de mí. Me sentía a salvo en la nieve, como una cuna, me sentía feliz cuando caía del cielo y a cada tormenta dentro de mí, la excitación por la sangre humana… iba creciendo"

Rionne no era la clase de persona que tuviera mucha paciencia, pero con Gazell las cosas eran de lo más simples, era un pupilo que aprendía rápido, muy rápido. La primera vez que lo vi pensó que no sobreviviría y que tendrían que lidiar con un estorbo más. Pero a los pocos meses él, le pareció ser un milagro andante. Aprendió de IC todas las maniobras posibles, su cuerpo a pesar de poco a poco ir adquiriendo masa corporal era bastante ágil y flexible, incluso las piernas largas le daban una ventaja que hasta a ella misma sorprendió- aunque siempre le encontraba un "pero" a todo-. Luego de pasar por un entrenamiento marca diablo con Beluga para poder dominar las artes de hielo –con poco éxito en realidad-, lo que seguía era la pelea, y ella –no era por presumir- era la más indicada, la más fuerte y la más despiadada.

Miró a través de su máscara de porcelana como Gazell lanzaba las cuchillas de metal a un blanco redondo de varios colores a treinta metros de distancia. Nada mal para los primeros intentos. Aunque aún debía de agudizar el ojo.

Existe un secreto —dijo la muchachita caminando lentamente hacia a él. Posó sus manos sobre sus caderas y miró a la distancia como algunos blancos habían acertado.

Fue lo mejor que he podido hacer.

¿Sabes cómo funcionan los telescopios? —Preguntó de forma casual, Gazell se irguió procesando la pregunta, la miró de reojo y ella dio por sentado que no había comprendido—. Los telescopios tienen unos cristales curvos y una serie de espejos, como grandes lentes —explicó detenidamente—, los lentes ayudan a las personas que no pueden ver bien.

Eso no viene al caso.

Tiene mucho que ver —soltó un pequeño suspiro. Paciencia. Ella dejó caer sus manos hacia los lados, contenido un poco de su molestia que no podía ser reflejada por la máscara que portaba. Tras breves segundos ella alzó las manos y formó rápidamente unos lentes de hielo, sencillos—no sé si sean de tu medida, úsalos.

Gazell los miró con cierto escepticismo, luego los aceptó y se los colocó, un poco grandes. Ladeó la cabeza y los sostuvo por el puente de la nariz.

Espera a que te acostumbres a ellos. Luego, vuelvo a intentarlo.

Se alejó del peliblanco. Él hacía su cuerpo hacia adelante, y luego hacia atrás. Lo primero que pensó es que era una locura, no usaría lentes para mejorar una visión en perfecto estado. Usar lentes en batalla debía de ser molesto. Pasaron cortos dos minutos y volvió a lanzar las cuchillas teniendo en la mira el blanco a la distancia. Fue un poco más asertivo.

Pero no perfecto —musitó y tomó otro par de cuchillas. Hizo varios intentos más hasta que al quinto logó atravesar el blanco de prácticas con fuerza y casi a la perfección.

Se quitó los improvisados lentes y todo giró a su alrededor. Dio un par de pasos y se dejó caer en la nieve. Mala idea, pésima idea, no iba a sacrificar estabilidad por una mira perfecta. No lo valía.

Te costara trabajo acostumbrarte.

No lo haré — dijo y llevó sus manos hasta su cabeza, todo giraba y de pronto tenía unas terribles ganas de volver la sangre que había ingerido poco antes del anochecer.

A lo lejos, los hermanos Touchi miraban entre una mezcla de insana diversión y lastima el entrenamiento de su hermano menor. IC se recargaba sobre la baranda del puente que dividía la improvisada zona de entrenamientos que Rionne había hecho y IQ sostenía de soslayo la mirada con los brazos cruzados.

Rionne es muy mala. Debería decirle el secreto antes de hacerlo sufrir tanto, recuerdo la primera vez que use esos lentes, no pude caminar derecho por horas —rio la chica y meneó el cabello.

Sino sabe las bases no podrá comprenderlo. Tampoco será fácil.

Quedará ciego por algunos días—IC hizo un pequeño puchero—. Tendrás que cuidar de él.

Los métodos de Rionne son poco ortodoxos.

Pero hemos aprendido —le sonrió y tras animarlo se trepó a la baranda y le gritó al par que practicaban a la distancia— ¡Vamos Rionne, que venga la diversión! —exclamó con una extraña excitación, le aplaudió y le echó una porra.

Rionne la ignoró. Le arruinaría toda la diversión.

Unos lentes son útiles, han mostrado el punto, tu visión se ha acostumbrado por pocos momentos a la amplificación que el cristal cóncavo que ofrece. Ahora—hizo una pausa, tomó los lentes del suelo y los rompió sin mucha importancia—, el verdadero secreto viene en los ojos. Es un truco que me tomó décadas perfeccionar y es parte de los secretos de polvo de diamante. Uno de nuestros miembros no se pudo recuperar— bajó un poco la cabeza, parecía que iba a agregar algo de a momentos y luego su tono regreso a la realidad—. Si lo dominas, tu porcentaje de asertividad aumentará en un 1,000%, tu tino será perfecto. Debes de practicar, pero tus ojos se verán perjudicados cada vez que lo intentes.

El secreto era una fina y delicada capa de hielo en las pupilas, magia nivel experto que Gazell aún aun no dominaba. Para sus tiempos el concepto de lente de contacto no era humano sino un propio invento o herramienta. Congelar el ojo era delicado, amplificaba la luz que entraba en él y eso podría dejar ciego al que lo intentara.

Beluga —soltó de la nada. Rionne asintió lentamente.

Él nunca pudo dominar la técnica, yo la llamo "ojos de picas", lo intentó tantas veces que quedó imposibilidad de la vista.

Él es un grandioso mago. No lo comprendo.

La magia es como una mujer, es hermosa, perfecta y caprichosa, si ella no quiere, entonces no puedes obligarla. Algunos del clan no lo han querido intentar. Pero tú, tienes un talento natural para el hielo, parece que si hubieras nacido con el don. Existe magia negra y magia blanca. Pero nada tiene que ver la connotación positiva y negativa. Una de ellas está hecha para pelear —dijo y tan rápido formó una cuchilla y la lanzó en dirección hacia los hermanos. IQ la detuvo entre sus dedos, sin problemas, sin moverse de su posición— y existen la que está hecha para defenderse, para curar, para proteger a otros.

¿De qué pende?

Del individuo, claro está. Pero tú quizá tendrás éxito.

Lo dices porque te agrada ver sufrir a las personas —soltó de pronto y la chica se tensó por escasos segundos— Clara es una excelente maestra —y él le dedico una sonrisa de medio lado, poco usual en él.

IC tronó los colmillos y señalo a la distancia exclamando "A mí nunca me sonríe, maldita perra bastarda"

Iniciemos. Enséñame lo que debo de hacer.

No descansaré hasta que tus ojos no paren de sangrar—le respondió con un tono agresivo.

II

Tomó todas sus armas lo más rápido que pudo, se había despojado de su ropa corriendo entre los pasillos y al entrar a la habitación abrió su guardarropa dónde todos los arneses yacían perfectamente colocados para esa clase de casos de emergencia.

—¿Ocupas ayuda?— cuestionó Kishibe apareciéndose de pronto. Gazell omitió el hecho de que había entrado sin invitación. Se inclinó y le señaló los arneses que debía de atar por arriba de las botas, las caderas y la espalda. Él se hizo cargo de pecho y los brazos. Ató su cabello en una cola alta, similar a la de Midorikawa y guardó dentro del nudo un par de cuchillas. Tras acabar rápidamente todo el ritual de armamento, tomó el abrigo con el que había llegado al castillo. Desde el incidente del calabozo no lo había usado, se limitó a limpiarlo y a zurcir algunos desperfectos. Lo abrochó de forma ceremoniosa mientras apreciaba su reflejo en el espejo. No sería una pelea fácil. Jadeó expulsando una nube de hielo y bajó sus ojos hasta el collar con la cruz que yacía asomándose de un alhajero victoriano que Osamu había hecho para él.

—¿Quién eres?— le cuestionó a su propio reflejo, tomó el collar y se lo colocó —¿Quién soy?

—El océano te aguarda –le escuchó decir a fantasma que lo esperaba en la puerta, pero tan pronto como pronunció aquella palabras desapareció.

Dio un salto de su balcón hasta el jardín y de allí hacia las cocheras. Abrió la caja de fusibles que daba luz a todo el castillo y encontró las llaves de todas las motos de Burn.

Al girarse para buscar la moto dueña de la llave se encontró con una presencia que, aunque le era ciertamente indiferente en esos momentos le causo un escozor en su estómago.

death.

Debía de aceptar que tenía tiempo sin verle con su amo. Burn había hablado algo acerca de una pelea muy tonta, pero no le tomó importancia. El peluche estaba sentado justamente en la moto que iba a utilizar. ¿Era una indirecta? No tuvo el valor para botarlo, dio unos cautelosos pasos hacia el frente y estiró la mano para sostenerlo de una de sus orejas, de pronto, lo sintió, un choque eléctrico. Lo soltó rápidamente y se alejó tratando de no hacer evidente su miedo. No, no tenía miedo, solo era precavido. Se viró para tomar otras llaves y al tomar las de la Suzuki, él estaba en ella, ahora en la parte trasera, como si lo estuviera esperando para emprender camino. Aspiró con lentitud. Suponía que se merecía aquella reprimenda. Con la tonta –para él- idea en su cabeza, le pidió un permiso silencioso y lo tomó por el dorso, como a un gato de verdad y tras de eso lo introdujo en el compartimento debajo de asiento. Allí estaría seguro y lejos de él.

Esa cosa quería ir con él. En palabras de Burn, ese conejo tenía el peor carácter de todos los habitantes del castillo. Para Gazell, él solo era un conejo de peluche, para Burn era una especie de ser antiquísimo que se merecía respeto. Creyó que era una broma, hasta que la moto se encendió sin la necesidad alguna de llave. Eso daba miedo.

Cruzo de golpe las rejas principales. Dejándolas, por esa vez, completamente desechas.

—A veces pienso en que las rejas no son para ellos —susurró Kishibe para sí mismo.

III

Fue su décimo quinto intento, y sintió el hielo clavándose en su retina. Podía ver a la perfección los detalles de los arboles a más de dos kilómetros de ellos e incluso había logrado cazar un par de conejos y un ave en pleno vuelo. Pero en cuanto su visión se tornó roja temió, había usado más magia de la que se cuerpo podía aguantar y no tenía ya poder para curarse a sí mismo. Cinco horas habían pasado y tan solo dos para el amanecer.

Suficiente— acotó IQ acercándose al lugar de entrenamiento. Tras de él Clara y IC caminaban con pasos gráciles.

Uno más —pidió Gazell tomando un tercio de cuchillos —, ese zorro es mío. Cada vez veo más lejos.

Y a cada momento el daño es irreparable, para ya—le ordenó pero éste hizo caso omiso y lanzó las cuchillas. Fallando.

Uno más.

Suficiente —IC se paró frente a él, admirando con especial cuidado como los ojos grises parecían blancos y a su alrededor el derrame invadía la zona blancuzca— creo que por hoy ha sido suficiente, descasa, y mañana lo vuelves intentar, además un actor ciego no me sirve de nada.

Actuar no es lo mío —soltó de pronto dejando caer las cuchillas y mirando hacia la nada, trató de deshacer el hielo en sus pupilas pero se resultó imposible—. Maldición —mascullo por lo bajo e hizo todo lo posible por quitar el hechizo.

También eso es normal, debes esperar a que se derrita el hielo— dijo Rionne y Gazell la buscó con la mirada para inspeccionar más allá de la máscara que usaba, vislumbro unos ojos grises, tan intensos como los de Clara—. Necesitaras aplicar calor— y pudo ver un extraño brillo de extinción.

Iba a doler. Y mucho.

Llevémoslo con Gran madre, ella lo podrá curar sin métodos de la edad media.

El trio de chicas bufó, cada una a su manera. IQ lo tomó por la cadera y lo guio hasta pasar el puente en dónde yacía el hostal en donde se hospedaba.

Son unas sádicas —musito Gazell moviendo sus piernas con torpeza, el aumento en todo lo que veía le hacía difícil el movimiento.

No es eso —soltó en un suspiró de frustración del de cabellos grises— es que todas esperan la oportunidad de acostarse contigo, ahora eres presa fácil.

No lo comprendo.

Son mujeres, no hay mucho que comprender —dejó escapar una ligera risa empujado la puerta del edificio de la vieja y antiquísima construcción de apariencia descuidada y subieron hasta dónde estaba la habitación que compartían desde hace mucho tiempo. Lo dejo caer en la cama y de pronto Gazell soltó un quejido —,¿duele mucho?

Como el infierno —respondió y llevó sus manos hasta sus ojos, tratando de derretir el hielo.

Iré por Gran madre, trata de descansar un poco.

Tras escuchar que la puerta era cerrada con llave, el primer impulso de Gazell fue querer arrancarse los ojos. El dolor era insoportable. Incluso el llorar le resultó doloroso como el mismo averno. La magia no era una broma, ni un juego al azar.

"Cuando la magia destruyó mi visión por días, la maldije. Algo que me hacía feliz me estaba destruyendo. Entonces comprendí que todo tiene un costo, incluso la felicidad debe de ser pagada con dolor. Pero en el dolor también existía un placer, una pulsión culposa que me hacía querer más, un deseo egoísta por sentir aquel dolor, como si fuera la primera vez que respiré así como cuando deje de depender de la luz para poder seguir existiendo"

IV

No existía sensación más incómoda que a qué Grand estaba experimentando dentro de su pecho en ese momento. Tras un corto trayecto en plena oscuridad pudo acostumbrar sus ojos al nítido pero llamativo destello verdoso que su senda producía; cuando se encontró frente a una puerta blanca de doble plaza paró a tratar de calmar las incesantes ansias que tenía de devolver el café de esa tarde. Se había metido a la boca del lobo y no había retorno.

Tomó ambos pomos y abrió las puertas.

Oscuridad total hasta que dio el primer paso al interior. Entonces una luz le dio de lleno. Como si fuera el actor principal que acababa de entrar a escena llamando la atención. Se cubrió con una mano parte del rostro y sus pupilas se cerraron en una pequeña línea, esa luz hubiera cegado a un ser humano normal. Pero a él solo le produjo un golpe a su cerebro del cual se recuperó con rapidez. Dio un paso más y luego otro hasta perder el piso y dar un traspiés. El camino eran escalones descendentes, bajó la cabeza para evitar la luz y observó que todo el recorrido era descendente, no logró ver el final, pero sí asientos a ambos lados. Como un teatro. Todos ellos de color blanco.

La sombra que se producía era pesada, tan poderosa que el brillo de su llamado quedaba opacado y paso a paso que daba la luz iba bajando su intensidad hasta que, cuarenta y dos escalones llegaron al final. Ciertamente, era un teatro, a falta de luz sus ojos se dilataron nuevamente y se enfocó en los detalles que tenía alrededor. Un escenario vacío. Un teatro que le recordaba a la vieja Francia del siglo XVII con sus adornos ornamentados; arriba de él varios candelabros y en las paredes pequeñas secciones privadas en dónde no veía nada. Lo que lo sorprendió a pesar de su experiencia: Todo estaba hecho de hielo. Desde el piso hasta el material de los asientos. Había que ser un extraordinario mago y por sobretodo un experto arquitecto como para hacer tan magnífico edificio en tan poco tiempo y con ese nivel de detalle que rozaba en lo soberbio. Se quedó embobado por momentos sin notar que había perdido tres hilos de su senda.

Un golpeteó en su pecho junto con un dolor agudo, bajó la mirada y vio con falsa sorpresa como ya solo poseía cuatro hilos. Ese vampiro era insistente. No había que temer, no era un daño grabe y podría sostener la senda por algunos minutos más. El tiempo era algo sagrado. Pensó en sus compañeros y por sobre todo en Ryuuji, esperaba que estuviera sano y salvo.

Sabía que no era verdad, lo conocía y lo más seguro es que ya se había movido para ir por él, lo presentía.

Sin embargo; No sabía si tomar asiento y subir al escenario. No había nada que pudiera usar de arma. No había almas cerca, y se encontraba en campo enemigo. Por primera vez pensó que había sido muy imprudente. Pero era el líder y se daba esa clase de lujos. Sintió una nostalgia cuando por su mente el pensamiento de no tener escapatoria se hizo presente. Llevó sus manos hasta su frente y se dio un breve masaje. Si el enemigo era fuerte, entonces debía de usar sus mejores cartas. ¿Por qué ahora, por qué en ese momento? Hubiera sido mejor haberse arriesgado en una misión que en defender una pobre ciudad que después de todo, no le importaba demasiado.

Grand estaba tan ensimismado que no se dio cuenta cuando su escaso aliento logró ser visto por sus ojos verdes. Se sorprendió. Para que su aliento se reflejara debía de estar bajo cero. No tenía frío, pero sus piernas y brazos se entumieron. Sabían lo que hacían.

—¿Así que es todo?— cuestionó Grand con un dejo de ímpetu—. Usaran magia para retenerme. Vaya broma. ¿Qué tal su hablamos de negocios?

Pero nadie respondió a su llamado. Su voz de esparció como un eco y volvió a él en una ligera brisa fría. Intentó hablar por segunda ocasión. Inútil. Incluso los músculos de su cara se habían adormecido a causa de la bajísima temperatura. Su único pensamiento "No es mi día"

Quedó parado justo al frente del escenario.

En realidad nunca era su día. No desde que llegó a aquella ciudad muerta. Debía entonces hacer el primer movimiento. Alzó el brazo con todo el poder que sus congelados músculos le permitieron y recito unas vagas palabras para poder deshacer la senda y llevarse con ella el brillo verdoso de los hilos que se desprendían de su pecho.

—Un nigromante —escuchó en lo profundo del escenario—, es raro entronerarse con uno hoy en día. Ellos son muy celosos de sus artes, no cualquiera puede acceder al temible conocimiento del mundo de los muertos.

Grand bajó la mano con trabajo, calculó que debían de estar a menos de treinta grados puesto que al divisar un poco sus dedos los notó con una fina capa de hielo. Pretendían matarlo –literalmente- de frío.

—Debo tomar aquello como una especie de bienvenida— recitó el pelirrojo con trabajos, sentía los labios duros.

—Cuando entraste aquí— dijo la voz, una femenina voz que disociaba las palabras antes de externarlas, con cuidado—, pensé por un momento que el frío era una característica propia de ti, luego sentí un extraño poder que no es de este mundo. Hueles como él.

—¿A Gazell? Posiblemente, hemos pasado mucho tiempo juntos en estos meses— dijo quedamente—. Vamos a negociar en vez de pelar, de verdad que no quiero tener un mal entendido con él.

La temperatura se conservó entonces en su línea. No descendió más.

Algo bajó de un saltó de una de las vigas arriba de escenario, de inmediato la luz se encendió sobre la chica de quien provenía la voz, una delgada figura de larguísimo cabello violeta y unos increíbles ojos chocolate. De ser ella quien era la causante de semejante acto de magia, entonces era de temer, las mujeres siempre tenía un estándar de peligro en su lista de oponentes. Ella avanzó hasta él y al estar a solo pasos de bajar del escenario se agachó para mirarlo mejor.

—Tus ojos son verdes y parecen esconder muchas cosas— le sonrió con inusual inocencia— y ahora me he topado con una torre y una puerta cerrada ¿Qué escondes en ella?

—La última persona… que entró no la pasó del todo bien, te recomiendo mantenerte lejos de sus asuntos.

—No, quiero ver que tienes allí y a dónde tienen a Gazell, estoy segura que puedo encontrar la llave para abrir la puerta.

—Podrás encontrar la llave para la puerta, pero no para la jaula— esperó el japonés con un aire distante—, tampoco para la casa, ni la oficina, mucho menos para el carro.

—¿El carro? —dudó—. Eres especial—ella apunto con su mano justo a su frente— Hijo de Rabdos.

—Conviviendo con Gazell no me sorprende lo que dices.

—Existen pocos como ustedes— respondió y entrecerró los ojos—, sus mentes siempre están cuarteadas. Puedo ver… una torre que se alza a la distancia en un paraje muerto, un desierto quizás que es llevado por las vías del tren ¿Significa algo el tren?, ¿Qué te ha llevado a tener un medio de transporte tan arcaico? También hay un carro, una casa en medio de un jardín y si me dejas ir más lejos… puedo ver una ciudad.

—¿Quieres subirte al tren y saber hasta dónde llega?

—Sería toda una experiencia que me encantaría vivir… —espetó con una genuina sonrisa que dejaba ver sus colmillos—, pero, aunque la curiosidad me mate, por ahora solo quiero saber dónde está Gazell.

—Está en la ciudad, sí es lo que quieres saber, pero el punto es ¿Para qué?

—Eso no te concierne.

Grand soltó una risita que no agrado para nada a la chica frente a él.

—Aunque lo veas, no te lo llevarás.

—¿Es una amenaza?

—Aunque él quiera irse, no puede —afirmó—, está mucho en juego como para echarlo a perder por una rabieta de un grupillo de vástagos que entran a MI ciudad sin aviso y causan un verdadero desastre.

—En plan era simple entrar, encontrarlo e irnos.

—Su plan es un fracaso. Quiten la neblina o me veré obligado a hacerlo yo mismo.

—Eso estaría genial de ver —la de cabellos violetas posó sus codos sobre sus rodillas y a la vez, sus manos en sus mejillas—, quisiera saber cómo lo harías siendo un Nigromante. Enséñame más de tu magia.

—¿Sabes qué pasa cuando te metes con un toro? —Pero ella no respondió—, te tocan los cuernos. Siempre he sido juzgado por mi doble naturaleza, supongo que Gazell sufre del mismo rechazo y es lamentable que tenga que acabar con una persona que es cercana a él. No me lo perdonará.

—Hablas como si lo conocieras —espetó la vampiresa con un genuino gesto de sorpresa—, de verdad que han pasado mucho tiempo juntos, hueles como él y el hielo en tus venas te protege de mi magia.

—Así que eres tú la que ha hecho esto— apuntó—, estoy sorprendido.

La mujer se puso de pie y apunto con sus brazos todo lo que le rodeaba, luego le echó una mirada rápida a un punto muerto a su derecha.

—Compartamos secretos. Dime qué hay más allá de esa puerta y te diré como hemos logrado este hechizo de arquitectura.

—Así son los magos —dijo Grand con desapego a la aclaración.

—Así es como la magia he mantiene viva, de voz en voz, dime las notas correctas de su canción y yo te diré las mías, así cuando te mandé al mundo de los muertos tu nigromancia seguirá vigente… en mis manos.

—Ilusa.

—Pruébame.

—En el tren en el que te subirás, no tendrás escapatoria.

—Los hombres siempre son así de patéticos. No creen que una chica pueda hacer el trabajo por sí misma pero dame treinta segundos, para averiguar que hay allí.

—Treinta segundos, son los que requiero para ese hechizo.

—Magnifico. ¡Enséñame los secretos de tu mente!

V

IQ salió de la habitación que compartía con Gazell, detrás de él, Gran Madre apareció con un gesto solemne y dirigió sus palabras a la vampiresa con la máscara.

Eres una imprudente —dijo quedito—, no podemos darnos el lujo de perder a otro miembro de la familia, él es muy importante.

Él es muy inservible —respondió sin ápice de respecto.

¡Rionne! —chilló IC y luego le tapo lo que parecía ser la boca en un gesto completamente inútil para callarla—. Lo sentimos mucho Grand Madre, prometo que no volveremos a hacerle pasar a Gazell por tantas molestias. Será el último día que le hagamos usar ese hechizo.

Es inútil enseñarle a ese hibrido.

IC la zarandeó con fuerza pero ella parecía no querer callarse.

NO tiene talento para la magia— mintió, siguió recitando—, tampoco para la pelea, es flacucho y sus golpes son muy débiles, tampoco su poder de presencia o atracción, parece que no fue bendecido con ningún don de un vampiro promedio ¿No es así Clara?

La más pequeña del grupo dio un pequeño salto y desvió su mirada al piso sin saber cómo responder a todas las afirmaciones.

A mí no me metan— esquivó la bala.

Apenas tiene unos años con nosotros, los dones no se desarrollan tan rápido— explicó IC—, y lo salvamos de morir, es obvio que no será un gran vampiro de una noche para la otra. ¿No es así hermano?

Sugiero que comience a alimentarse se sangre de animales grandes y posteriormente de humanos, quizá es lo que le hace falta.

¡Sí!

Tampoco sabemos su segunda naturaleza, es como jugar al blanco ciego.

Es un Vampiro Psíquico —acotó Clara cerrando los ojos con aires misteriosos—, quizá no pueda controlar a otros o leer mentes, pero puede alimentarse de la energía de otros seres vivos—, abrió sus ojos y miró a Rionne con asertividad—, eso lo hace especial y por ende un poco más fuerte que el resto. Además, su fuerza de voluntad es muy grande, si él se lo propone puede que logré superar con creces todas tus exigencias, amiga.

Terminadas las palabras dio un pequeño asentimiento a Gran Madre y se alejó del grupo rumbo a su habitación.

Yo no creo en los milagros— bramó Rionne y se soltó de agarré de IC—. Es necio y no obedece.

Gran Madre quien hasta ese momento se había mantenido callada admiró el debate que se había desatado entre sus niños. Existían opiniones encontradas sobre la entrada de Gazell al grupo y eso la complacía. Hacía que todos se quisieran superar y recuperar su puesto por ser su favorito. Les dio un par de palmadas a cada uno y los mandó a descansar, pasaban de las ocho de la mañana y para ese momento debían de estar refugiados.

Cuando IQ entró a la habitación, se topó con Gazell parado frente a la ventana que estaba cubierta por unas gruesas cortinas de color azul, que daban un aire frío al lugar, la luz no se colaba pero sin la intensidad para dañar al vampiro ruso.

¿Has escuchado todo?

Todo.

Conoces a Rionne, ella es así— trató de explicarse y dio algunos pasos para poder acercarse más a Gazell.

Quédate allí— ordenó y se acercó un poco más a las cortinas.

¿Qué haces?

Ella dice que no soy especial, que no sirvo, y que no se sabe mi otra naturaleza —dijo y tomó la tela delicadamente—, a mí también me gustaría saberlo. Lo único que sé… — y la abrió con lentitud, teniendo cuidado de que el sol solo le apuntara a él.

IQ dio un par de pasos ante el peligro inminente de que el Sol destruyera a su pareja, pero se cruzó con la mirada gélida del peliblanco. El sol lo abrazada y su piel seguía siendo tan blanca, que ahora con una mejor iluminación vislumbró las venas violetas de su rostro. No era posible. Tuvo que tragar duró y hacer que sus piernas se mantuvieran fuertes y no caer por la sorpresa.

Lo único que sé —volvió a recitar admirando su mano a contra luz—, es que el sol no me hace daño.

No es posible.

Sin embargo, siento su calor y creo de desfallezco — cerró de golpe la cortina y se acercó lentamente al de cabellos grises, mismo que seguía sin creerlo.

¿Por qué IC no sabe de eso?

Porque hay una parte de mi mente que ella no conoce —espetó con orgullo—, una parte que incluso a mí me cuesta trabajo acceder. Quisiera saber de dónde vengo.

Pudiste haber desaparecido.

Pero estoy aquí. Puedo salir incluso ahora mismo y volverle a desfigurar la cara a Rionne por segunda vez pero… prefiero pasar el día contigo— apoyó sus manos sobre el rostro del vampiro y lo beso en los labios para volverlo en sí.

¿Estás bien? — IQ tomó la mano que había sido expuesta y la escudriño con ojo médico. Seguía fría y suave como la recordaba, con esos dedos largos y las uñas arqueadas.

Estaré mejor si me alimentas

Su pareja le limitó a asentir lentamente. El entrenamiento de ese día había sido particular, quizá Rionne no lo aceptaba tan rápido como él, pero Gazell estaba dominando su técnica en solo días, y todo ese odio se veía reflejado en las constantes reprimendas por errores sencillos que ella misma cometería bajo el nivel de stress. Él confiaba y sabía que tras el paso de los años, Gazell sería un enemigo de temer que los superaría a todos. Eso era lo que Gran Madre veía en él y debía de proteger.

"Cuando me alimentaba de él, de IQ, sentía algo dentro de mí, como la cavidad se llenaba, el deseo inminente de sentirme completo que duraba escasos segundos. No puedes amar nada, porque tarde o temprano terminaras destruyéndolo. No se puede aferrar a nada, no me permití amar a ese vampiro, por más que se entregará a mí para darme una noche más. El amor, es como un grito de desesperación en medio de la felicidad. Es lo único que puedes escuchar o recordar. Porque la felicidad no es más que un retazo de memoria que tarde o temprano olvidamos. Ya no recuerdo la última vez que fui feliz. ¿Soy miserable? O tan solo egoísta"

VI

Despertó cuando el ruido del vapor y el silbido del tren la trajeron de vuelta a su realidad. Abrió con pereza sus ojos chocolate y se encontró sentada en un asiento viejo de cuero café y madera pútrida. Miró con cierta desidia a su alrededor. Parecía un vagón de tren, viejo y obsoleto, con las ventanas cerradas. Elevó su mano y abrió la persiana lentamente y vio el paisaje desértico teniendo un atardecer de rojo. No recordó el motivo de su viaje, sino pocos minutos de descansar su cabeza en el asiento, tenía sueño.

—¡Demonios! —Se incorporó con facilidad y sintió por primera vez el movimiento errático del transporte—. Nada le costaba enviarme en primera clase —, se dijo a sí misma mirando lo deplorable del vagón en el que viajara. Solamente ella.

Salió de entre los asientos y trató de ubicarse. Había estado en muchas mentes antes, y claro que había hecho recorrido dentro de ellas, esto no parecía nada fuera de lo común. Avanzó algunos pasos, dispuesta a recorrer el resto de los compartimientos en busca de alguna respuesta. No creía que ese viaje tuviera un final concreto.

En su andar se encontró con una bola de juguete en uno de los asientos. Sin dudarlo, la tomó y la inspeccionó con curiosidad. Era blanca con adornos orientales de color rosado. Frunció el entrecejo. Escuchó unos pasos, muy nítidos y sus ojos rápidamente fueron guiados hasta la puerta de salida que se entreabrió. Algo o alguien habían salido el vagón.

Se dispuso a seguirle con la pelota en la mano derecha. Al abrir la puerta, caminó por el pequeño puente que unía las dos secciones y se adentró a un vagón en mejor estado.

En su experiencia las mentes complejas estaba seccionadas en varias porciones de memoria, se preguntó si ese Tren representaba de alguna manera algún suceso importante en la vida del hibrido y su empezar por el nivel más bajo era una manera de saber que el camino solo era ascendente. En la cabina podría encontrar su respuesta.

El nuevo vagón estaba vació, pero era más amplio, parecía que no viaja en el mismo tren que en el vagón anterior. Buscó con la mirada algún índice de otro ente. Empero la curiosidad de abrir otra de las persianas y cerciorarse que seguían en el mismo camino le carcomió el pecho. Se dirigió a una de las ventanas y abrió lentamente la vista. El mismo paraje desértico.

Una risa y de nuevo una puerta abierta.

La risa de un niño. Eso ya no era bueno. Sumida por el miedo de la fonética, apresuró su pasó a salir al siguiente vagón que no era más que una imitación en color rojo del anterior. Se relamió los labios por mero instinto, ese lugar el abría el apetito. Rojo brillante, tan resplandeciente que recordó el cuento dónde un par de niños encontraban una casita hecha de jengibre. El final del cuento no era bueno, al menos no en su versión real.

La bola cayó de su mano y rodó vagón arriba hasta chocar con la puerta. Era su intensión ir por ella, pero antes de si quiera moverse una silueta salió de entre los asientos y tomó la bola antes de que volviera hacia ella por el movimiento del tren. Era un niño. Estaba agachado, tomando la bola; tenía un vestido de color blanco con el mismo diseño floral que la pelota, su cabello era rojizo, brillante como todo lo que le rodeaba, portaba unas sandalias; contrastando con todo lo que le rodeaba. Se incorporó y se corrigió, no era un vestido, era una bata con mangas largas y un cinturón negro adornando su cintura. No, ni vestido ni bata, era una prenda japonesa. Una yukata, si más no se equivocaba. La presencia se giró lentamente hacia ella. Y no vio su rostro, sino una máscara que le evocó a un demonio. Una mueca de cromática indistinta, no sabía si le sonreía o era una gesto de dolor o ira. Sí, recordaba haber visto en algunas revistas la clase de arte japonés, y él era una muestra de ello. Un demonio de grandes dientes, ojos brillantes y amarillos con un par de cuernos saliendo de entre su cabeza.

—Tú contexto no van con este tren ¿sabes?— le dijo al niño que le pareció no pasaba de los ocho años. Diez incluso.

El niño volvió a reír y abrazó su pelota.

—Tú debes de ser su parte inocente. Un niño —llevó una de sus manos hasta su frente—, qué predecible. En todos los casos es lo mismo. Deberías ser más original.

Dadas las circunstancias; intentar darle un vistazo a la mente del retazo de ser en frente de él era algo inútil. Aquel ente reflejaba en una forma parcial la forma algún arquetipo que formaba parte del vampiro. Un niño que usa una máscara, es un adulto que oculta algo. Su empatía le resultaría inservible.

La máscara que portaba se deformó y comenzó a reír, dejando a lado el tono infantil por uno más gutural. Sus hombros se movían a compás de la risa y de pronto ya no le pareció del todo inocente. Le hizo un gesto con su mano para que la siguiera, le dio la espalda y rápidamente se abrió paso al siguiente vagón.

—¡Es-espera! ¡Niño! — exclamó IC y corrió hasta la siguiente puerta. El comedor. La escena era extraña, podía escuchar el ruido de la gente conversando en una lengua que le pareció ajena. Japonés. No entendió del todo. Los cubiertos chocar con la loza y el tintineo de las copas, una suave música y los pasos de la gente andar de un lado a otro. Escudriñó el lugar vacío y enfocó al pequeño al final del comedor con una serie de platillos a su alrededor. Se acercó lentamente y a cada paso vio como los manjares que la máscara comía no era más que restos de destajos humanos. Ingirió a grandes mordidas un brazo de adulto. Trituraba con sus grandes fauces los huesos y la sangre caía en su vestimenta blanca manchando el fino atuendo. Levantó la cabeza y sus ojos se cruzaron con los enormes cristales amarillentos que fungían como ojos. No parpadeó y le hizo un ademán con la mano para que se sentara frente a él.

IC con pasos discretos se acercó a la escena y tomó asiento en el andador frente al niño. Y lo miró comer un plato de viseras sin ápice de modales. Para ella, quizá fueron cinco minutos, quizá menos, pero vio la pelota a un lado de la loza sucia que recién comenzaba a apilarse, pensó que si la tomaba quizá, le podría sacar algunas respuestas. Se puso de pie rápidamente y tomó la bola, pero una mano pequeña la agarró a ella antes de que pudiera contraerse. Gritó y el niño acercó su mano hasta la boca de la máscara y comenzó a morder su mano triturando sus dedos. Trató de zafarse mientras veían con horror como su mano iba poco a poco siendo devorada y su cuerpo arrastrado hasta esa boca. Cerró los ojos con fuerza y gritó algún hechizo que le pudiera ayudar, el que fuera. El golpe de dolor vino rápido y al mismo tiempo se disipó cuando de súbito abrió los ojos, tratando de recuperar la razón y encontrándose de frente con el mismo niño y la marcara que la observaba divertidos. Buscó su mano con desesperación y la sintió entera, la miró y cerró los ojos de alivió.

Rio nuevamente. No había rastro de comida, ni de sangre. Era como si no hubiera pasado nada.

Ella se mantuvo lo más serena que pudo. Cerró los ojos con la intensión de formular alguna pregunta. Los abrió y estaba sola, con la puerta del siguiente vagón abierta. El juego seguía.

—No es enserio— se dijo a sí misma. Exasperada.

El cuarto escenario era lo que parecía ser el vagón de primera clase, que estaba pulcramente ubicado, con tan solo diez asientos amplios y mullidos de color blanco, al igual que los adornos de las paredes que sobresalían como relieves, arriba de ella, había dos candelabros de cristal que se movían con gracia. El niño la esperaba en medio de la sala. Dejo caer la bola y ésta se mantuvo a su lado, sin moverse un ápice. Sacó de una de sus mangas una pipa larga y de la nada, de ésta comenzó a salir humo, como si una fuerza ajena la hubiera prendido y llevó el pitillo a los labios de la máscara. Esta inhalo y al poco tiempo exhaló el humo de dolor rojizo.

—¿No eres un tanto joven para fumar?

Su respuesta fue la repetición de la acción.

—¿A dónde me llevas, niño?

Una risa infantil.

IC temía no saber la respuesta nunca. Soltó un chasquido con sus dientes y formó tres cuchillas de hielo con su mano derecha. Las alzó dispuesta a lanzar. El niño, sostuvo con la mano derecha la pipa y con la izquierda se desprendió de la máscara, bajándola solo un poco y ladeó su cabeza para dejarle ver sus ojos verdes, grandes y brillantes. Asomó un poco su rostro y le sonrió con una afilada hilera de dientes, pequeños pero puntiagudos.

—¿Quieres jugar conmigo? —le preguntó. IC tragó duro, no había invitación más retorcida que la que se le estaba presentando. ¿Tendría que luchar? Había llegado tan rápido a ese mundo que no sabía el límite de sus poderes.

—¿A dónde lleva este Tren?

—A la Torre.

En tren, las vías, el carro, la torre, la puerta y la jaula.

—Llévame hasta la Torre. ¡Dime dónde está la llave de la puerta!

—¿La llave? —se volvió a ocultar tras la máscara y esta flotó frente de él. Dio una calada con la ayuda del niño y ésta habló por él con eco gutural.

Guran, te lo encargo.

Y con un flamazo, la máscara desapareció de escena. ¿Una doble personalidad? Pudo ver perfectamente las facciones orientales del niño y tenía un parecido abrumador con el vampiro que había entrado a la carpa. Al verle mejor, observó en su frente como un par de pequeños cuernos sobresalían de entre su flequillo rojizo. ¿Podría ser que aquella criatura representara su segunda naturaleza? No era un vampiro, ese niño no era un vampiro.

Frunció el entrecejo y lanzó las cuchillas directo al rostro del niño que le sonreía. Este amplió la sonrisa y con su mano derecha su cubrió del ataque moviendo las mangas de su atuendo y dando un giro sobre sí mismo. Las cuchillas se enterraron en la ropa y con efecto de tinta, se esparció una mancha negra por todo el atuendo como ondas de agua que iban tiñendo la prenda. Permanecía agachado, aun con la manga cubriendo su rostro. Se puso de pie y notó como él había crecido algunos centímetros más. Retiró la manga y dejó ver a un joven de quizá unos quince años. Con el cabello brillante y rojo adornado con una peineta del cual se desprendía una flor de crisantemo de color negro que se abría de manera caprichosa como las patas de una araña de infinidad de extremidades. Le sonrió y le pareció galante y elegante ahora con esas prendas de color negro y la aceleración de edad.

—¿Quién eres?

—Me llaman Guran —le respondió con una voz sobria y apacible—. Cuando dijeron que alguien había entrado, pensé que se trataba de Midorikawa-san —llevó los dedos índice y anular a sus labios y bajo la mirada—, pero que tristeza saber que no era él. Me siento decepcionado.

—¿Mido-… ri qué? —Repitió la chica—, siento decepcionarte muchacho. ¿Cuándo llegamos a la Torre?

—En poco tiempo, pero tú, no llegarás— le sonrió retirando sus dedos y ofreciéndole una mujer vista de sus colmillos.

—¿Y qué harás, detener el Tren?

—Este tren no se detiene nunca —respondió y lentamente metió sus manos dentro de sus mangas, la mano derecha a la izquierda, la izquierda en la derecha. En cualquier momento comenzaría la pelea. Ella lo sabía. Formó en cada mano cuatro cuchillas y se puso en posición de ataque, a la espera de alguno respondiera.

—¿Vas a atacar o te vas a quedar allí?

—Este tren no se detiene nunca —repitió y miró a la ventana. IC, lo hizo por curiosidad y divisó como un carro convertible de color azul se emparejaba con ellos. El tren había adquirido mayor velocidad. El carro venía vacío.

Guran dio media vuelta rápidamente aprovechando la distracción del intruso y salió por la puerta detrás de él, ondeando su larga vestimenta, no solo el tono de su ropaje había cambiado drásticamente sino el largo del mismo, ondeaba con elegancia. IC le siguió y le lanzó las cuchillas cuando dio el primer paso en el vagón. Se sorprendió porque ahora, era un escenario completamente ajeno al tren, iban en un metro. Un metro de vagones continuos que no tenía fin. No había nadie y los anuncios pegados en las paredes no eran más que caligrafías orientales y algunos en inglés.

"Peligro", "Muerte inminente", "Parada de emergencia", "Muerte a 120 Km", "Rezar es inútil" "Muerte", "Abandona toda esperanza"

Todas aquellas palabras acompañadas de símbolos de peligro. Cada una de las puertas estaba sellada con cinta de crímenes que rezaba "Resignación"

Guran paró de correr a punto de entrar al siguiente vagón continuo, solo un pequeño letrero diferenciaba un vagón de otro más adelante y era un símbolo que la chica no supo distinguir. Le sonrió. Miró con más detenimiento las ventanillas y el paisaje no había cambiado. El carro les seguía el paso muy de cerca.

Una campanilla sonó en el fondo y anunció algo:

—"Siguiente parada, a 100 km: la muerte, tengan buen día, gracias por viajar con nosotros"

—Debe ser una maldita broma—masculló con recelo la chica y comenzó a correr para alcanzar al adolescente, éste le hizo un ademán con la mano para que la siguiera y ella no lo dudo, cada paso que daba él se marcaba en el piso como una huella de sangre, cada una de las puertas estaba sellada. No sabía salida. Desesperada. Le lanzó algunos cuchillos que el esquivó sin problema. A la mitad del trayecto, cuando el metro comenzaba a formar una curva, Guran se volteó y la encaró, sacó de sus mangas un par de abanicos de tamaño mediano y puso en posición de ataque.

—Debo de distraerte hasta que lleguemos al punto sin retorno. —Anunció con gracia el pelirrojo. Dio un par de pasos para tomar velocidad y ya lo tenía de frente a ella. Le soltó un par de golpes con sus abanicos cerrados y giró sobre sí mismo para abrirlos y rozarle el pecho y el rostro. Un destelló rojo se vio entre ellos y de nuevo siguió con un incesante ataque de golpes y rasguños al azar. Era muy rápido para ser tan joven.

O es que realmente no era del todo joven.

IC se cubrió de los constantes ataques y hasta que vio una pequeña brecha en el ataque usó un sencillo hechizo de hielo y congelo la superficie, haciendo que el adolescente resbalara y fallara en uno de sus ataques, entonces ellas aprovechoóy le soltó algunos puñetazos con fuerza, dos, cuatro hasta siete y lo remató con una patada que lo lanzó varios metros lejos de ella. Jadeó y limpió un poco de la sangre de su rostro y no le dio ventaja, se abalanzó contra él formando más cuchillas y las lanzó al azar, sin estar segura, solo quería lastimarlo a como diera lugar y ganar alguna clase de ventaja. Asestó y le enterró algunas en la espalda. A pocos metros corrió hacia él para un segundo ataque, pero el golpe seco y duro en su espalda la hizo trastabillar seguido de una detonación.

De inmediato se giró y se encontró con un hombre de edad adulta. Conocidísimo. Era el vampiro de la carpa, casi como cuando le conoció. Solo que el porte le pareció completamente distinto. Estaba erguido, sosteniendo una pistola en su mano derecha. Vestía un impecable traje negro, con la camisa roja y corbata que hacia juego con su traje.

—¡Kira-san!— exclamó el demonio. Trató de ponerse de pie pero apenas y se pudo recargar en uno de los asientos.

El pelirrojo de impecable cabello y portea sacó de su bolsillo su mano izquierda acomodó sus gafas de montura negra y miró la hora con calma en reloj de su teléfono.

—Es hora de irnos.— Le anunció con una voz más seca de la que le había escuchado en el mundo exterior y caminó por el vagón evitando si quiera mirar a la chica en el suelo. Guardó el arma entre sus ropas y le tendió la mano al otro pelirrojo.

Había dos hombres –o lo que sea- parecidos al vampiro, dos partes de su memoria. Una clara señal de personalidad múltiple, pero, siendo un hibrido, ellos solo representaban fragmentos de memoria y de su propia naturaleza. Se quedó tendida en el suelo, callada y atenta a cualquier comentario, buscó la salida a como diera lugar, observó por sobre su vista como ambos caminaban hasta una de las puertas. Los sellos cayeron al piso y la puerta de abrió con un tintineo.

—Salta cuando te lo diga— le dijo el mayor al adolescente.

Y a los pocos segundos, se encontró sola. Se dijo a sí misma que nada de lo que estaba pasando era real, se empeñó tanto con ellos y al abrir los ojos, el dolor del disparo había sido diluido. Sin embargo, aún seguía en ese tren a toda velocidad. Se levantó y la puerta seguía abierta, se asomó y su cabello ondeó salvajemente, el auto se alejaba. Masculló un par de maldiciones. Su oportunidad se le había ido. Giró su cabeza de lado contrario y miró con terror genuino como el camino se estaba acabando, las vías terminaban en un barranco que separaba el camino hacia la Torre.

Dio media vuelta, dándole la espalda al exterior. Pegó un pequeño saltó y tomo el borde del techo, se balanceó un par de veces y con un impulso expulsó su propio cuerpo hacia afuera para dar una perfecta vuelta –imitando el movimiento en una viga de gimnasia- y cayó en el techo del tren. Aun en cuclillas miró cuando tiempo y espacio le quedaba de vía, al menos 10 km para que el tren cayera al barranco que a decir verdad no era del todo lejano a la orilla de la Torre. La vio, alzarse a lo lejos como un pilar negro en dónde yacía la fuente de su curiosidad. Meneó la cabeza y se enfocó en sobrevivir a lo que venía. Su larga trayectoria como gimnasta y guerrera le había dado una idea de cómo llegar al otro lado. Corrió en dirección contraria, hacia el final del tren que aún se veía lejano, salto de vagón en vagón con cierta gracia y al llegar al último, esperó con paciencia el momento en que, el tren inevitablemente comenzó a caer por el barranco hacia un destino incierto, ella, sintió el brusco movimiento y de agachó en posición de salto, diez vagones faltaban, ocho. Recordó todo lo que recitaban los letreros: Muerte, rezar es inútil, abandona toda esperanza.

—No— se dijo así misma—¡No voy a abandonarlo otra vez!— grito cuando el sexto vagón caía—. Cinco…— contó—, cuatro, vamos IC— Se animó y al segundo usó la fuerza en sus piernas y usó la cola del último vagón de trampolín para poder darse impulso y poder llegar al otro lado, su cuerpo imitó la forma de un gato al saltar de barda en barda y estiró sus manos para poder alcanzar el extremo opuesto, poco le falto, se aferró a la orilla con sus uñas y su cuerpo se balanceó bruscamente buscando alguna clase de apoyo debajo de ella. Gimió, asustada.

—Nada es real, nada es real, nada es real— se dijo una y otra vez y al fin, con un giro de su cuerpo encontró el balance y se impulsó para llevar a su cuerpo a la orilla. Al estar en tierra de dejó caer. Si tuviera un corazón vivo ahora estaría al mil por hora, pero lo último que hacía era estar allí, recostada, sintiendo como sus músculos se tensaban al usar tanta fuerza— Nada es real.

Llevó sus manos hasta su rostro, no iba a derrumbarse en un momento así, teniéndolo tan cerca.

VII

Derrotar al par de vampiros había sido "fácil"; Burn no aceptaría que tuvieron que ser un poco más imaginativos para salir de eso. Después de todo llegó a la conclusión de que, el con Ryuuji hacia un excelente dueto de pelea; Era como jugar con tu mejor amigo un día de sol en el parque. Pero la información que recibió no lo alentó a querer invitarlo a jugar aquella tarde, porque resultaba que los vampiros que se habían metido a la ciudad tenían un algo que ver con Gazell y lo último que necesitaba era tener problemas una vez que las cosas ya habían sido aclaradas.

—Suéltame —vociferó Afuro por décima vez –o más- en el trayecto—, puedo caminar solo.

—Debemos estar juntos.

—Sí, juntos, pero no revueltos.

—No me obligues a ponerte una correa —respondió Osamu.

Con las cadenas rotas, no tenían una forma de mantenerse juntos que estar muy de cerca. Burn volvía a liderar el grupo y caminaba a lado de Midorikawa, ambos tomados de la mano como hermanos; o algo como eso. Mientras que él se había limitado a tomar al rubio por el hombro. Sólo eso, un sutil contacto que no pareció irrumpir en su "esfera personal"; pero Afuro era obstinado y le quitaba su mano con violencia; aunque realmente le estaba costando más trabajo a Terumi quitar la mano de Saginuma que lo que a él le llevaba regresarla a su sitio. Intentó caminar justo a su lado, pero el otro adelantaba sus pasos y empujaba a Burn para que se diera prisa.

—No soy tu mascota, hombre, ya dejen de tratarme como a un crio.

—Entonces no te comportes como uno —Midorikawa posiblemente no era la mejor persona para decir eso. Incluso sonada raro en su voz juguetona.

—Te cambio la pareja —dijo Afuro en un gesto desesperado por huir de Saginuma. Sus palabas fueron rápidas tanto que Burn escuchó como Osamu soltaba un pequeño bufido.

—Lo siento, no hay devoluciones —contestó Burn con una inusual seriedad—, lo siento Osamu, tendrás que seguirlo soportando.

Ryuuji se carcajeó y ambos recibieron un tirón de cabello, de lo más infantil por parte del ángel. Se preguntó el mayor del grupo que si esa fuera una escena de la vida cotidiana la gente posiblemente la gente que los viera pasar pensaría que el rubio era alguna clase de loco salido de un manicomio. Irle por allí empujando, golpeando y tirando del cabello no era normal.

Era Terumi después de todo.

Una explosión a la distancia, en el cielo.

—Una luz de bengala —dijo Osamu viendo como la luz se desvanecía tras el rugido.

—Esos son mis chicos— Burn meneó la cola con orgullo—, sabía que tarde o temprano debía que prepararlos para algo así.

—¿Hablas de Nepper y los demás?

—Hemos tenido algunas sesiones de entrenamiento a espaldas de Grand— confesó el pelirrojo sin evadir el tonó de falsa culpa—, el señorito pasa tanto tiempo en sus negocios que no se preocupa de la seguridad de la ciudad.

—¿Qué les has enseñado?— Osamu se vio interesado de pronto en la conversación.

—Algunas cosas. Como a disparar y a incendiar cosas. Ya sabes, no normal en los jóvenes.

—¿Incendiar cosas es normal?— preguntó Afuro con ingenuidad.

—No, no lo es.

—Lo es cuando quieres ver al mundo arder —Burn se rió con ganas. Como no lo hacía hace un par de años.

VIII

"Dos años no habían sido suficientes… y aún no podía superar mi miedo por la sangre humana. Me llevaron a las montañas en dónde cazaríamos algunos lobos; para alimentarnos. Yo no quería, pero fui arrastrado por mi propia curiosidad, y mi sed… sin embargo, creo que aún soy demasiado humano. Me tengo tanto asco."

Gazell observó con atención las huellas en la nieve que había dejado aquel animal. No muy lejos de él IQ y Frost lo seguían de cerca.

¿Lo has encontrado?

La nieve hace difícil que pueda oler — dijo jalando su cabello que pasaba por encima de su hombro, era lo más que le había crecido en todo ese tiempo.

Tienes que concentrarte o provocaras otra tormenta de nieve— Frost posó una mano sobre su cabeza y le acarició.

No es mi intención. Solo pasa.

A veces pienso que naciste de un pedazo de hielo que cayó de la montaña.

Dices cosas muy extrañas— quitó la mano ajena y siguió el rastro montaña arriba.

Solo intente ser amable—soltó el piel azulina mientras que IQ no podía evitar soltar una risa por lo bajo—No es gracioso.

A Gazell no le van las cosas románticas. Creo que solo lo cabrean más.

A él no le va que nadie se le acerque —remarcó el más alto y le vieron ir de un lado a otro tratando de seguir el rastro de un lobo que había perdido el rumbo. Sería su primera presa viva, el primer trago de sangre que no fuera la de los hermanos Touchi—¿Crees que lo pueda lograr esta vez?

Lo dudo, con esta van seis veces que- —hizo un ademán con sus manos —"No encuentro nada"

Lleva una semana de abstinencia y no puede acostarse con nadie, tiene que alimentarse quiera o no. Tarde o temprano la sed será más fuerte.

Tengo mis dudas.

Confía en mí —acomodó la montura sobre su nariz y meneó su cabello—, lo conozco lo suficiente como para saber que algo está planeando. Sino puede matar al lobo, buscará otra fuente de energía.

Ambos le dieron alcance hasta internarse en el bosque, lo encontraron cerca de la entrada de una cueva y al momento de pararse su lado éste se giró de regresó a la posada.

Encontró la boca del lobo —dijo IQ con cierta ironía. Gazell no había tenido el valor de entrar, pasaban de las dos de la mañana y no era hora como para que un animal como un lobo estuviera despierto. Escucharon como se movía inquieto dentro de la cueva, los vigilaba como enemigos queriendo invadir su territorio.

Frost avanzó hasta adentrarse a la cueva y usó su poder de adaptación para analizar al animal que se había contraído hasta el fondo de la cavidad. A IQ le pareció curiosa la sonrisa con la que su compañero salía de la cueva, apenas iluminado por la luz de la luna que se colaba entre los árboles.

No habrá fuerza que haga que Gazell mate a ese lobo— acotó seriamente.

¿De qué hablas?

Es una loba y está preñada. Salió a buscar alimento pero con nosotros cerca ella no puede cazar. Gazell es muy blando todavía.

Aun siente culpa por lo de su familia. No se atreverá a destruir otra— el de gafas meneó la cabeza sopesando su decisión—… bien, le daré un par de meses más. Quizá si comenzamos con conejos-

No lo entiendes IQ. Gazell no matara a nadie. Él no se ha aceptado como depredador. Preferirá morir de hambre que matar.

Tarde o temprano. Tendrá que matar.

IX

Treinta segundos pasaron y observó cómo su hermana se desplomó al tiempo que la temperatura en el ambiente de normalizaba a la habitual del teatro, la sostuvo antes de caer y tras una rápida mirada se aseguró que siguiera en el mismo plano de él. Luego miró de soslayó al hibrido. Aun de pie y notado como poco a poco se podía mover con más soltura.

—¿Cuántos son?— preguntó el pelirrojo deshaciéndose del hielo en sus cabello y sus ropas. Sin darle importancia al estado actual de la chica.

—Si estás aquí, quiere decir que IC ha fallado— susurró con seriedad. Acomodó sus lentes para poder sostener el cuerpo de su hermana.

—Me encantaría decir que ha fallado pero para que me obligue a usar este recurso, debo admitir que —palpó su cabeza e hizo un gesto de dolor—, ella está dándome un dolor de cabeza en este momento. Dicen que si mueres en la mente de otra persona no podrás regresar a tu cuerpo ¿No es así?

—Le tendiste una trampa.

—Solo le mostré lo que ella quería ver. Ahora ya que las mujeres son tercas, hablemos de negocios.

—Me niego.

—Y algunos hombres también —rasco su nuca y tronó su cuello—, se supone que hoy era mi día de descanso y estoy ahora apunto de pelearme con otro sujeto, con la mujer dentro de mi cabeza tengo como para una migraña.

El nuevo oponente se limitó a ignorar las palabras que Grand recitaba, dejó a IC en unos de los asientos de primera fila, reposando como su estuviera dormirá, la miró con cierta melancolía y luego subió al escenario.

—¿Te gustan los circos?—preguntó con un aire ausente.

—No— Respondió y subió al escenario para quedar frente a frente—, son de las cosas que más evito.

—Entonces este show no es para ti— le señaló y con ese mismo gesto con rapidez se levantaron pilares de hielo alrededor del escenario que simularon barrotes. Dejando al japonés sin escapatoria— Bienvenido al circo de la muerte — Abrió los brazos y varios símbolos cayeron de sus dedos como copos de nieve y se formaron símbolos de hechizo bajo sus pies.

—Así que tú eres realmente el responsable de la construcción de este lugar. Eres un gran mago— Grand parecía sincero en sus palabras, observó como aquel vampiro formaba los círculos de hechizo con el poder de su magia. Entonces el hielo debía de ser una propiedad nata de él y a juzgar por el acento marcado debía de provenir de alguna región del norte de Europa, quizá de Noruega –juzgando la nacionalidad de Gazell- o Rusia. El hielo era su dominio, entonces él debía de combatirlo con fuego—. Qué jodido remedio— suspiró.

—Lluvia de chuchillas —dijo el de lentes y alrededor de él, se formaron chuchillos de hielo y fueron disparados en línea recta hacia el japonés. Éste se movió a la derecha para poder esquivar los casi certeros golpes, dio media vuelta cuando se topó de frente con los barrotes de hielo y se agachó para evitar los últimos. Treinta tiros—. Eres rápido. Entonces esto no servirá de nada.

Ese sujeto tenía una calma en su rostro que por dos segundos su mente evocó a Gazell y pensó que realmente debían de ser muy importantes, porque tanto la ropa que ambos vestían como la manera de moverse y el sutil olor a bosque estaba impregnado por todo el lugar. Grand se movió de su posición cuando del techo cayeron grandes estacas de hielo, esquivo varías y se refugió bajo una con la falsa creencia que dos no caerían en el mismo lugar. Aspiró y palpó su cabeza, las cosas no se estaban dando fáciles adentro, ese par de locos e iban a descarrilar un tren y no sabía las consecuencias de aquel acto. Xene estaba demente. Su creencia en la teoría de la segunda vez fue rota cuando su cuerpo fue arrojado a metros de distancia por la explosión de la estaca de hielo que había sido perforada por otra. Se estrelló contra los barrotes y se dejó caer.

Observó a la distancia como un pedazo de hielo tenía similitud con un bastón –una espada si se tiene la imaginación-, gateó un poco entre todo el caos de hielo y tomó el objeto entre sus dedos. Buscó el blanco con sus ojos y lo encontró a siete metros del lado izquierdo. Usó las estacas clavadas como pequeños muros y avanzó hasta el objetivo. Dio un salto con ayuda del cristal y apostó por un golpe seguro, amén de sus habilidades. No lo cortaría, pero al menos lo noquearía para destruir si circulo de hechizo.

—Error.

Justó antes de asestar el golpe IQ deshizo el hielo en las manos de Grand, aprovecho el pequeño sobresalto en el hibrido y formó una hilera de chuchillas de hielo, lanzándoselas y siendo asertivo en al menos siete estocadas. Desde la pierna, pasando por el abdomen hasta el cuello. Grand cayó ante el vampiro y tan rápido pudo comenzó a desenterrar de su cuerpo las armas. La sangré manó lentamente. A pesar de todo, no habían sido profundos.

—El hielo en tus venas te protege. Gazell te marcó.

—Y yo a él —le dijo con media sonrisa retrocediendo un par de pasos aprovechando que el hielo se iba deshaciendo. Regresó hasta topar con los barrotes. Lo más dejos de podía.

Observó como el gesto ajeno se deformaba en una mueca de molestia. Un gesto rápido y fenomenal que le dio armas a Grand para saber por dónde atacar.

—Fue una noche cuando ambos decidimos que ser juguetes de otros no era lo que realmente queríamos —dijo Grand con desinterés, tocó algunos de sus puntos heridos para cerciorarse de no haber tocado algún punto vital—, a decir verdad Gazell a pesar de ser muy serio sufre por un imbécil que, por cosas del destino no lo valora como él cree que debe de ser valorado. Pero Gazell no es la clase de persona que se dé a valorar, siempre viendo por su interés. Si me acosté con él, fue por meros negocios. Lo aprecio de verdad —hizo un ademán con las manos—, pero solo es una pieza en mi tablero muy valiosa —lo retó con la mirada, limpiando un poco de la sangre que corría por sus labios, producto de la herida en el cuello—, y no dejaré que te lleves a mi alfil más preciado.

—No es de tu propiedad.

—No, somos —y meneó la cabeza con cierta incomodidad —, por desgracia, propiedad de un jugador fuera de nuestro campo de acción. Tan solo cartas que él ha manipulado a su antojo.

—No entiendo lo que dices.

—Si te lo digo, tendrás que desaparecer —chascó la lengua—, éste asunto es más de Kidou que mío y yo aquí haciendo su trabajo sucio. —Tuvo la curiosidad y sacó de su bolsillo su teléfono—, sin señal. Qué molesto. Éste hechizo es realmente maravilloso, pero si no me fallan las cuentas va a pasar una hora y media, casi dos ¿Qué tan poderoso es el mago que lo está produciendo? Para la distancia que abarca la ciudad y la altura más la densidad de la misma creo que si sigue a este paso se quedará muy débil para la siguiente hora.

—Solo necesito un minuto para acaba con tu existencia.

—Tu hermana dijo treinta segundos y han pasado más de cinco minutos, ella morirá pronto en el barranco.

—¿Barranco? —Sus ojos se entrecerraron—, tu mente ha de ser un lugar muy interesante.

—Alguien a quien aprecio dijo que fue como un viaje al país de las maravillas —se sonrió a sí mismo y movió sus manos queriendo explicar la emoción con la que Ryuuji le había descrito el lugar— ¿Quieres entrar y hacerle compañía a tu hermana? A veces ellos se aburren y una visita no viene del todo mal. ¿Qué dices?

—No caeré en la trampa.

Grand alzó los brazos.

—Bien, dejémoslo a la suerte, quizá ella volverá pronto. Con un pequeño presente.

IQ echó una rápida mirada a su hermana.

—Si me destruyes ahora, destruirás cualquier posibilidad de que tu hermana vuelva de mi mente —palpó su cabeza—, Sin embargo, no puedo garantizar su seguridad una vez vuelvan, porque ella traerá lo peor de mí.

—¿Lo peor de ti?

—El diablo que habita en mí.

IX

—¡Vaya, si qué eres intrépida, forastera!— una sombra de posó sobre de ella y choco con los brillantes ojos del adolescente. Ella gritó, se arrastró alejándose de él—, Midorikawa-san no lo hubiera logrado sin tener que usar su técnica especial.

—¡¿Qué eres?! —se levantó y vio con ojos sorprendidos como nada había pasado en realidad y el tren se alejaba rumbo a la Torre, no había barranco y el otro pelirrojo que respondía al nombre de Kira, la veía con desinterés luego volvió la vista a su teléfono, como sí no pasara nada. Todo había vuelto a ser un truco de su mente.

—¡Te voy a dar un premio! —Dijo Guran notablemente más emocionado—, Xene dijo que debíamos de eliminarte, pero me has impresionado de verdad con ese salto. Cualquiera hubiera perdido la esperanza.

—La esperanza es lo que me ha traído hasta aquí. Una fuerza que no se entiende tan rápidamente.

—¿Fe? Quizá— atinó a decir el de kimono negro. Se paseó alrededor la IC y oculto su rostro tras el abanico—La fe es la fuerza más poderosa que existe. La esperanza es solo para aquellos que no tienen nada en que creer.

—Te contradices.

—Son las reglas de este mundo. Mientras exista esperanza, habrá fe— recitó con melodrama en sus palabras—, mientras tu deseo de seguir adelante sean fuerte, llegaras hasta la Torre.

IC levantó la vista y miró a lo lejos como se alzaba el monumento negro, acompañado de un cielo rojizo.

—¿Qué tan lejos queda la Torre?

—Te voy a decir un secreto— Guran se agachó y quedó frente a frente de IC, él no retiro el abanico de la mitad de su rostro pero ella podía vislumbrar una sonrisa por como sus ojos se entrecerraban de forma juguetona—. Lo que buscas no está en esa Torre. Si abres la puerta-

—Suficiente—espetó Kira Hiroto sin levantar la vista de su teléfono.

—Vas a liberar un poder que tú misma no comprenderás—bajó el abanico y por inercia la atención en enfocó en sus delgados labios, se acercó más a su rostro y le sonrió con todos sus colmillos, rebajó un poco su tono de voz—. Aunque…—siseó— lo que ellos quieren es que lo lleves contigo.

—¿Llevar qué?

—Cuando una puerta está cerrada por dentro, debe de ser abierta por dentro.

—Si no es aquí, ¿en dónde está lo que busco? ¿En dónde está Gazell?

—No conozco a nadie con ese nombre.

—¡Eres parte de un todo, debes de conocerlo!— exclamó ella. Lo tomó por los hombros y Guran se sorprendió con esta acción— ¡Dime en dónde lo tienen!

—No sé de qué me hablas.

—Claro— susurró ella— ¿Qué vas a saber tú de perdidas?

De inmediato el gesto en Guran se contrajo. Hizo una mueca que logró cubrir con su abanico y miró receloso como el Kira Hiroto jugueteaba con su teléfono a pocos pasos de él.

—Sé lo suficiente como para permanecer con vida adentro de este manicomio— dijo y se levantó

—Grand está teniendo problemas —anunció Kira, levantó la vista de su teléfono, caminó hasta el convertible y abrió la puerta del conductor—, llevémosla a la Torre si es lo que tanto quiere. No creo que podamos llevarle el sello a Grand sin ella.

—Bien, llevémosla a la Torre— dijo con fastidió en sus palabras, de pronto, el humor del adolescente estaba enfureciendo— Tú, mujer, sube al carro— le ordenó.

Pero IC aún no creí en sus palabras, se puso de pie y se quedó estática.

—¿O planeas caminar hasta ella?— cuestionó Kira prendiendo el carro.

Ella no confiaba en ese par, ellos la habían intentado matar, y ella a ellos de cierta forma, sus palabras sonaban como un acertijo y saber que lo que buscaba ya no estaba dentro del monolito a la distancia la entristeció y preocupó al mismo tiempo.

—¿Me dirán como salir de aquí?

—Si llevas el mensaje contigo —dijo el de lentes seriamente—es posible que te diga como salir.

Se acercó al carro con cierto temor, y de un saltó subió al vehículo que arrancó tan pronto ella lo montó. No se dijeron palabra alguna. Kira conducía seriamente con ambas manos agarradas al volante, siguiendo el curso de las vías del tren. Mientras que Guran, parecía en un estado de sueño con su cuerpo relajado en el asiento del copiloto. Pasaron por una estación llamada "AN/OW" Y desviaron su rumbo, un letrero los recibió "Cirque De Morgue", IC abrió los ojos con sorpresa, era así como se llamaba su último espectáculo.

—El circo de la muerte— susurró al aire, con un dejo de sorpresa. Coincidencia.

Pero no lo era, quizá no del todo.

El camino era un poco más errático y de difícil movimiento, habían comenzado a ir un poco más despacio. IC se preguntó de porqué y se asonó al camino para ver que pequeñas piedras dificultaban el acceso. Tras un trayecto más bien tedioso, pararon en la entrada de la Torre. Los tres bajaron y la observaron con expresiones indistintas. La chica no evito llevar una mano hasta su pecho, era gigantesca, más de lo que se veía en el reflejo de su mente. Escucho un trueno y de pronto comenzó a llover con fuerza. Sintió el agua caliente caer sobre su cuerpo y se volteó para pedir una explicación. Ambos entes sostenían sus propios tipos de paraguas. Dejándola a ella a merced del clima.

—Malditos—gruñó. Dejó a un lado ese detalle y se dirigió con su mejor cara de seriedad al par frente a ella —¿Qué suponen que haga?

—Tú querías la torre, sí él lo desea, te dejará pasar. Si no, no hay nada que hacer.

—Me has dicho que lo que busco no está en este lugar— dio algunos pasos entre la lluvia—, lo único que deseó es saber dónde está él.

—¿Quién?

—Gazell— le dijo Kira a Guran. Cruzaron una fugaz mirada—, es amigo, compañero amante o no sé qué de Grand.

—¿Tú lo conoces?— IC se acercó al hombre de traje con un dejo de felicidad en su rostro.

—No, he oído hablar de él, su archivo pasó por mi mesa hace tiempo, pero no le presté mucha atención.

—Necesito encontrarlo.

—¿Por qué?— preguntó Guran.

—Porque lo amo—respondió con voz temblorosa, presa de la vergüenza—, porque lo necesito, necesito… ¡Necesito saber que él está bien! Es como un hermano para mí.

—Lo amas —acertó a decir el demonio y ella asintió rápidamente—, pero él no te ama lo suficiente.

—Basta Guran— ordenó Kira y el adolescente pareció irritado por la orden. Bajó un poco su paraguas de madera y nylon para no tener contacto con ella, ni con él.

—Sé que no me ama — dijo con aires distantes—, pero eso no significa que lo deje solo. Una vez, él fue una persona muy solitaria, entonces lo encontramos, lo ayudamos y creció con nosotros. Descubrió su segunda naturaleza y cuando Grand Madre dejó el mundo terrenal… lo dejó a cargo porque él es especial. Igual de especial como lo son ustedes.

—Si quieres llegar hasta él, deben de ganar esta batalla— dijo Guran de pronto, sin levantar el paraguas—, sin embargo Xene en un enemigo fiero—, levantó su mano y le extendió un pergamino atado por un listo rojo—, cuando te vayas, lleva esto al mundo exterior. Si ganas, es posible que te encuentres con quien buscas.

—¿Y si no existe la victoria?

—Tú y todos los que te acompañan irán al mundo de los muertos— sentenció, dio media vuelta y se alejó de la escena dejando solo al de lentes frente a ella.

—Solo Ryuuji Midorikawa es capaz de detener a Xene—Acotó con seriedad, acomodo sus gafas y dio media vuelta—. Tómalo como un regalo de despedida—, antes de subir a su auto agregó como quien no quiere la cosa —, regresa a la estación que pasamos y espera al tren de regreso.

IC le miró alejarse. ¿Cómo esperaba que recorriera toda esa cantidad de kilómetros por si sola? Suspiró con pesadez y comenzó su andar hacia la estación más cercana. Bajó la lluvia, con el pergamino en sus manos. Echó un último vistazo a la Torre negra atrás de ella y se regañó por todos esos impulsos que la habían arrojado a ese mundo. Había descubierto que quizá la segunda naturaleza de aquel vampiro sería algo demoniaco, el Adolescente podría ser el primer paso de vida y el otro, un vampiro hecho y derecho el final de la historia. Todo aquello conjuntado en quien vio en la carpa. ¿Habría otras particiones de mente allí? Mencionaron un nombre "Xene", y eso le preocupó. Tan inmersa estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando llegó a la estación y casi cae a las vías del tren. Se sorprendió de lo rápido que los sucesos se iban acomodando y sin más se sentó en la pequeña banca. Luego notó que la pelota estaba a su lado, la misma que había iniciado todo. La miró y la ignoró al poco rato.

Su curiosidad un día de estos la iba a volver a matar.

X

Con el resplandor verde como guía, se apresuraron a llegar hasta la parte más alta de la ciudad, la colina en dónde yacía la Torre de metal. Los pasos de Ryuuji intentaban ser lo más precisos, con normalidad él no fallaba gracias a su habilidad natural de Auspex que en ese momento se veía reducida a cero, con lo que sus pies se veían más torpes de lo normal.

—Ya van tres— contó Burn sosteniéndolo con su cola, ante una caída casi inminente. Lo amarró por el brazo como si fuera una mano que lo sostuviera con fuerza.

—Lo siento— se rio tontamente y trató de seguir el ritmo del grupo.

—Falta poco, pasamos el parque y de allí están las escaleras para subir a la Torre, hay otra entrada por la parte posterior, es de más fácil acceso porque entraríamos por atrás, pero creo que lo mejor será subir por éste lado.

—Conoces muy bien la ciudad —dijo Afuro caminando atrás de él.

—Como la palma de mi mano —respondió el pelirrojo con orgullo—, conozco incluso lugares tan secretos que no tiene la menor idea de cómo llegar, dónde están los mejores humanos para comer, lo mejor de carne y aquellos puros que exportación que tanto había estado buscando.

—No sé de qué sirva saber todo eso.

—Querido he ignorante Afuro, si no fuera por eso, no estaríamos llegando… al parque: — le mostró con ambas manos algún lugar entre la niebla que en realidad era la nada. El rubio alzó las cejas con falsa sorpresa y atinó a concluir:

—¡Deberías irte al demonio y no volver nunca!

—Gracioso —musitó y se dio media vuelta. Midorikawa soltó nuevamente una suave risa.

Su pequeño respiró duró poco, puesto que, al dar el primer paso hacia la Torre, el resplandor verdoso de la senda se comenzaba a opacar. Ryuuji tocó el hilo que se desvaneció en el aire y miró al resto de sus compañeros con miedo.

—La senda de Grand; desapareció.

—Quizá la ha revertido —dijo Osamu para tratar de calmarlo.

—O lo han eliminado —finiquitó Burn.

—¡Calla! — exclamó Midorikawa, tratando de zafarse de la cola.

—Vamos —rió— era solo una broma. Los muchachos están arriba, lo sabemos por la bengala, en cualquier caso, ellos no estarían allá.

—Tus bromas son siempre de mal gusto ¡Andando!

Y sin medir consecuencias, comenzó a correr escaleras de piedra arriba. Un quejido. Se había caído.

Afuro roló los ojos con molestia, acomodó su cabello y les hizo un gesto a sus compañeros para apresurar el paso. Recogieron a Ryuuji y subieron trotando a gran velocidad.

A cada paso, se escuchaban algunas detonaciones, y les fue más sencillo olfatear el aroma a gasolina evaporándose en el aire. El olor de los árboles y de la tierra en los juegos. Las voces y exclamaciones. Ryuuji recuperó de pronto su sexto sentido y pudo acelerar el paso hasta salir de entre la niebla y llegar al parque superior.

—¡Primero! —dio un pequeño brinco y los otros lo miraron con un dejo de ingenuidad.

—No sabía que estábamos compitiendo —le sonrió Burn.

—¡El que patee más traseros gélidos será el ganador! —le propuso pero tan pronto iba a aceptar abandonó la idea. Gazell lo iba a matar.

—Creo que podríamos resolver esto sin usar la violencia —contrarrestó el argumento y los tres abrieron los ojos con gran sorpresa.

—¡Oh, eso sonó de lo más tierno! —Exclamó Afuro —Repítelo que no me lo creo.

—Sí, repítelo.

—No es como si fuera la gran cosa —Burn se tensó y meneó la cola con ansiedad—, digo, si sabemos lo que quieren, igual y podemos esperar a que llegue Gazell y arreglar las cosas.

—Son tus chicos los que están peleando allí, somos nosotros los que estamos siendo apaleados y tú solo piensas en resolver esto sin violencia ¡Vamos Burn! No me vengas con eso, quiero patear cada trasero gélido que se me presente enfrente.

—No te lo tomes personal —dijo Osamu.

—No lo es.

—Sí, lo es— respondió Burn.

—No, no lo es.

—Lo es— dijo el grupo al unísono.

—Vamos —hizo sus manos como una plegaría, ahora que ya no estaban dentro de la niebla podía fiarse de sus poderes de persuasión—, siempre se quejan de que no sé pelear, quiero ayudar en esta ocasión.

—No me engañas —rio Burn—. Ryuuji, no busques conflicto con Gazell.

—¡Intente hablar con él! Y me ha mandado directo al diablo. Y ahora se me presenta la oportunidad de hacerle daño en, aunque sea alguno de sus puntos sensibles. Quiero creer que este grupillo de idiotas significa algo para él. Esa chica reamente lo quería y la hice añicos —hizo un par de ademanes con sus manos imitando la acción de aplastar algo— ¡Vamos, déjame divertirme aunque sea esta noche.

No iban a poder hacer que Ryuuji quitara el dedo del renglón. Se aferró a la inútil idea de aniquilar a todo lo que tuviera que ver con Gazell por mero capricho. Burn torció la boca pensando alguna manera de convencer o sobornar a Midorikawa mientras que este ya avanzaba por el parque hasta dónde el humo y el fuego emergían.

—Me debes un favor —dijo de pronto. Afuro y Osamu se vieron como queriendo entender a lo que se refería. El de coleta alta paró su andar.

—¿Qué favor?

—¿Lo has olvidado? —Sonrió de medio lado—, me ofendes.

—Enserio ¿Qué favor?

—En el cementerio, en la cúpula, salvé a Grand y no me has pagado.

Osamu lo comprendió de inmediato y miró alrededor como para cerciorarse que nade más los viera. Palabras más, palabras menos y causaría una mal entendido si aquella "deuda"; era saldada e inesperadamente alguno de los involucrados llegara a verlo. Midorikawa bajó la vista y se pronto lo recordó, haciéndolo sonrojar de inmediato.

—Oh, cierto —pensaba que estaba en el olvido, pensaba que con su charla había dado por sentado que ese favor estaba en enterrado junto con sus travesuras— ¿Qué con eso?

—Te doy dos opciones —señaló con su dedo pulgar la primera—, o me das lo que te pedí— y alzó el índice y le apuntó emulando una pistola— u olvidas la absurda idea de patear traseros gélidos. Tú decides vaquero.

¡Bang!

—Eres muy mierda —gruñó haciendo el mismo movimiento con sus mano derecha.

A Terumi se le antojo como una escena del viejo oeste de las que Burn a veces hablaba cuando no tenían mucho que hacer. Vio la escena con inusual interés cuando también sintió la tensión en Osamu, a su lado. ¿Qué clase de favor? Conociéndolos nada bueno podía salir. Lo miró y pensó que estaban perdiendo su tiempo, valiosos segundos.

—Si tu interés fuera genuino —dijo Ryuuji bajando la mano con un gesto de decepción en sus ojos— posiblemente te pagaría el monto a deber, pero no vale la pena un beso que no es por amor hacia mí, sino por otro. Tú ganas vaquero —dio media vuelta—, pero tampoco esperes que haga algo por ayudar en esto. Me has quitado todas las ganas de jugar esta noche.

—¿Un beso?— inquirió Afuro —Todo esto ¿Por un beso?

De pronto la cola de Burn lo sujetó de la mano y lo atrajo hasta él, haciendo que soltara un quejido y abriera sus ojos por la sorpresa al chocar con la nariz de pelirrojo, sintiendo el cálido aliento del hibrido.

—Si de besos se trata—siseó quedamente—, creo que no puedes opinar ¿oh, sí?

¡Bang!

—Midorikawa tiene razón— tomó la cola que lo sujetaba y se soltó del agarre —, eres muy mierda— escupió las palabras y se alejó de ellos, tratando de alcanzar a Midorikawa.

Suspiró dejando salir una nubecilla de vapor. A veces tratar con ese par de nenazas era de lo peor. Y cuando Gazell se unía al melodrama era dos veces peor. Notó sin querer realmente el gesto confundido de Osamu, viéndolo de manera inquisitoria con aquellos ojos naranjas que a veces (muy pocas según él); lograban alertarlo.

—¿Qué miras? ¿También quieres un beso o qué? —bramó como animalillo a punto de ser atacado y sigo el camino.

Osamu no dijo nada, limitándose a mantener toda esa conversación en su cabeza y no olvidar nada. Quizá, para un beneficio futuro.

XI

Droll y Gokka; ambos miembros de polvo de diamante, no lo admitirán con facilidad. Les estaban pateando el trasero. Quizá era que los superaban en número. Joder, dos contra seis no se consideraba justo. Aunque ellos como equipo visitante no se podría decir que siguieran las reglas ya que según su código –como los citadinos lo llamaban- ellos hacían las reglas; llegaran a dónde llegaran, porque de eso se trataba de ser un nómada; un amante de la aventura dispuesto a hacer suyo el mundo. Aquellos de prominencia no tenían el poder como para derribar el muro. Pero los estaban haciendo sudar ya que, el calor de su fuego y algunas balas casi certeras en el muro que comenzaba a cuartearse eran preocupantes.

—Algo malo debió de haberle pasado a Clara y a los demás como para que no vengan después de haberlos llamado tanto. ¿Crees que les haya pasado algo?

—Quizá, no sé… ¡No me preguntes!— Gokka, quien era optimista hasta en los casos más extremos se comenzó a preocupar—. Ellos dijeron que debíamos de proteger la entrada y solo eso. Blow está haciendo un asombroso trabajo con la niebla, pero si ellos lograr pasar-

—¡No lo digas! Solo espero —el vampiro con la máscara no era del todo creyente como el resto de sus compañeros, pero juntó sus manos en símbolo de alabanza —, señor por favor, que venga Rionne a patearles el culo.

—¡Ya salgan, par de niñitas!— Exclamó Botine soltando una ráfaga de disparos con la ametralladora que le había arrebatado a Bomber.

—Creo que alguien ha encontrado su fuego interno— Rean la miro o más bien la admiró con ese porte de mujer fatal, su cabello suelto y siendo iluminado con una aura casi celestial. La forma en cómo se meneaba con el arma en sus manos y reía.

—Las mujeres y las armas no se llevan —se dijo Nepper como un mantra—, no sé llevan.

—¡¿Qué has dicho bastardo!?— y ella se giró sin previo aviso regalándoles un par de disparos. El grupo se agachó por inercia—, ¡Anda, repítelo!

—¡A la mierda!— gritó poniéndose de pie—, que luces genial haciendo eso cariño, no lo dejes de hacer… eventualmente se le acabarán las municiones—siseó al último.

—Creo que debemos de avanzar —sugirió Berkley quien mantenía el fuego a una buena distancia y temperatura.

—Pensaba en que sería buena idea abrirnos camino por los lados —sugirió Nepper observando la escena con ojo analítico—, sin embargo aún pienso que debemos de ganar tiempo ¿Crees resistir?

—Un par de minutos.

—Dame cifras, no aproximaciones.

—5 minutos, más, menos.

—Ya hemos usando toda la gasolina —el castaño de la banda contó sus posibilidades de seguir con el fuego, Boutine pareció tener el éxito y algunas cuarteaduras aparecieron en el muro—, creo que debemos de prepararnos para un enfrentamiento cuerpo a cuerpo en último caso.

—Yo me hago cargo— Bomber se ofreció dejando caer la bazuca, tronó sus dedos con los puños y se sonrió—, esto será genial.

—¿Alguien quiere quitarle el arma a Boutine? Ya me dio miedo —Rean corrió junto Atsuishi justo cuando la mujer exigía más poder.

—¡Denme otra cosa que disparar! Ya casi les pateo las bolas.

—¡Vamos, tranquila! Hay que ganar todo el tiempo posible.

—¡Que va!, Lo estoy pasando de lo más genial y me pides que me calme.

—Mujer regresa al círculo de fuego—ordenó Nepper, pero ella le hizo un gesto obsceno con su dedo medio que incluso le causo gracia la cara de pánico que estaba poniendo—, mierda, vuelve acá ¡Ahora!

—No me mandas, machote —se meneó con elegancia retándolo, bajó el arma y eso la había salvado; puesto que al momento de mover el objeto algo se había clavado en él, con dirección a su pecho, se giró y observó con terror un cuchillo incrustado en la carcasa del arma.

—Suerte de principiante —espetó una voz recién llegada.

Gokka y Droll asomaron sus cabezas por encima del muro al reconocer de inmediato el tonito nasal y molesto de Rionne.

—¡Llegas tarde!— exclamó Droll.

—He mandado a Valen a investigar en cuando sentimos que la presencia de Clara y Beluga había desaparecido.

La recién llegada era una chica menudita, incluso más que Rean. Era chiquita y delgada, luciendo un abrigo negro que le llegaba hasta los talones, con el pecho abierto y las mangas subidas hasta los codos. Portaba una máscara blanca que emulaba un rostro serio con algunos bonitos símbolos decorándola.

—¡Regresa mujer!— volvió a gritar Nepper y ella se retrajo al grupo sin dejar de ver a la recién llegada. Una extraña chica con una máscara que daba miedo.

—Estuvo muy cerca —dijo ella con la seguridad de estar rodeada por fuego.

—Fue una advertencia —sentenció Rionne.

De la cortina de fuego se estuchó una detonación, Nepper disparó a la cabeza y ella desvió la bala usando otro cuchillo como si fuera un bate de béisbol.

—Buenos reflejos —dijo el castaño.

—Tu tino es deficiente —Rionne no se impresionó por la muestra de petulancia, al contrario, le pareció divertida y una declaración de guerra a su persona.

Tres tiros más. Y cada uno de ellos fue desviado a pesar de que fueron dispararos en direcciones diversas.

—Hace falta más que un armas para poder tener un excelente tino.

—No disparó con el ojo, disparo con la mente.

—Falso, el truco está completamente en los ojos —le rebatió la chica—, si no posees una vista privilegiada los tinos no son más que un desperdició de tiempo.

Nepper iba a agregar algo pero fue jalado por el brazo.

—Fíjate bien— Atsuishi lo apretó—, su arma no es de hielo, el fuego no podrá protegernos de varios ataques, más si son como los de Gazell.

—Repite lo que has dicho, humano —ordenó la de la máscara.

El humano dentro del círculo de fuego ya no se sintió tan valiente. Esa presencia lo perturbaba más que Gazell. Cada uno de ellos parecía tener un poquito del hibrido en sus personalidades. Sin embargo no se imponían como él. Nepper puso a su pareja atrás de él para protegerse. Él tenía más posibilidad de sobrevivir a un ataque contundente con los cuchillos.

—Un minuto, quizá dos —anunció Berkley.

—Responde.

—Rean, tu eres rápida —le dijo a la pelirroja—, si te puedes acercar lo suficiente lo podrás meter algunos tiros directos. ¿Crees poder?

Ella se encogió un poco, presa del pánico de enfrentar un nuevo oponente. Aspiró con fuerza y asintió con seguridad. Destreza más velocidad, con un poco de suerte. Una tirada algo arriesgada.

—¡Ellos no te dirán nada, Rionne!— exclamó Droll desde el otro lado del muro —Ve y patéales el culo.

—¿Saben algo?

—¡Saben todo, hazlos hablar a golpes! ¡Anda, anda!

—Inútiles —dijo exasperada por la conducta de sus compañeros. Clara, Beluga y Frost se había esfumado del mapa mental. Ellos dos no eran de gran ayuda y al parecer los hermanos estaban ocupados, puesto que las puertas de la carpa se encontraban cerradas. Blow estaba concentrado en el hechizo de neblina y Valen trataría de reunir el grupo. Sabía que era un error fatal separarse. Nunca se les había dado eso de trabajar por separado.

Fue una de las grandes –o mejores- decepciones que Gazell había traído consigo, esa manía por actuar como su fueran un solo ente. Un trabajo en equipo. Sin embargo ella no obedecía a nadie que no fuera él, por lo que la orden de su compañero –incluso las que IC o IQ tomaban- se le hacía un insulto directo.

Escuchó el ridículo plan de enfrentarla directamente y esperó con paciencia el momento en que aquella que respondía al nombre de Rean intentará contraatacar.

X

Polvo de diamante se había acomodado en una ciudad cerca de la capital de Finlandia, allí había adoptado una vieja morada como su hogar. Las cosas se estaba poniendo tensas a raíz de la segunda guerra mundial y los Rusos habían comenzado a entrar en la ciudad cuando la Finlandia había perdido la guerra de invierno. Cazar humanos había sido fácil, pero se había expandido el rumor de quienes habitaban esa casa no eran normales. Ni alemanes, ni rusos, algo más funesto.

Fue una mañana de un día jueves. Cuando irrumpieron en la casa. Nadie los vio venir, ni el Auspex de Clara, ni la clarividencia de Frost. Ellos estaban descansando y los humanos, soldados Rusos entraron rompiendo las ventanas y abriendo todo acceso de cubriera la luz. Algunos habían perecido ese día. Algunos se refugiaron en el sótano. La casa había comenzado a arder desde la segunda planta. Clara quedó atrapada en su habitación y no había nadie cerca, les llamó con su mente con desesperación, suplicando, y los hermano Touchi no pudieron hacer nada cuando Gokka y Valen los sujetaron. Gazell por su lado mirada la puerta que estaba bloqueada por un hechizo de hielo que Gran madre había puesto. Nadie podía salir, nadie podía entrar.

Los gritos de sus hermanos allá afuera los hacían sentir impotentes. El peor enemigo no era el humano, sino la luz.

Voy a salir —anunció Gazell—, Clara está en la tercera planta. Si algo por aquí y voy por el lado derecho lograré llegar hasta ella.

¡Estas demente!, Esos hombres saben lo que somos ¡Si sales la luz del sol te aniquilara!

Miró sus manos, como buscando alguna excusa para refutar el argumento. Pero no había nada. Tarde o temprano ellos lo sabrían. Tenían derecho a saberlo.

Gran madre se acercó a él, y le extendió sus manos viejas y huesudas para que él las tomara. Unieron sus palmas y ella le sonrió con ese gesto cansado y sabio.

Hace más de cincuenta años una tormenta de nieve te trajo hasta mí; pensé en qué clase de hermosa joya te convertirías, un diamante, un zafiro o un mineral como el oro. Pero todo este tiempo en ti he visto el progreso de nuestra raza— apretó más sus manos y Gazell se agachó para quedar a su altura—. Tú no eres nada como haya visto antes. Y lo sabes. No eres una piedra ni una joya—y lentamente retiró sus manos dejando en las más jóvenes una perla pequeña de color azul claro—, tu eres una perla que arrastró el mar hasta mí… allí está tu destino. Si quieres saber quién eres, debes de recorrer el camino hasta el océano.

El… océano…

Tu voz, tu porte, tu elegancia solo las he visto en las ninfas del agua. En las sirenas. Mi pequeño copo de nieve. Tu naturaleza real se encuentra en las profundidades del mar… pronto me iré… y tú serás quien quede a cargo… tú sabrás defender a tu familia… cuando yo ya no este.

No diga eso…

Mi tiempo se acaba, él te trajo hasta mí y me siento orgullosa de haber visto crecer como vampiro… ahora quiero que crezcas como un ser el mar… ese es mi deseo. Protege a la familia y encuéntrate a ti mismo.

Yo ya me he encontrado.

No—movió su mano y deshizo el hielo de la puerta—, aun debes de superar tu mayor miedo. Ve y salva a la Clara…

"…Ve y protege a la familia… eso fue lo que la gran madre me dijo… y yo… salí a la luz mientras dejaba atrás lo más valioso que había logrado retener en todos esos años. Cuando sentí la luz en mi piel, no hubo dolor, ya no sentía nada. Escuché los gritos de los soldados y los pasos acercarse a mí. Corrí para alejarlos de la puerta secreta que daba al sótano. Vi en el piso la cenizas de mis hermanos y cada paso la furia me invadía, yo no quería matar a nadie ese día. Pero para proteger a la familia haría todo lo posible. No dejaría que nada los alejara de mí. Maté a más de treinta humanos, pero no bebí de su sangre. Mi fuerza de voluntad era más grande. Corrí hasta Clara y la escondí en un armario, calmé el fuego con mi magia y al salir de la casa, observé las armas de los soldados, los tanques y las grandes pistolas. Es confuso desde este punto, porque no vi más allá de la tormenta de nieve que cayó ese día matando a más de la mitad de un grupo de infantería. Si esos humanos tenían familia, no me importaba porque yo haría hasta lo imposible por cuidar de la mía… Si el hecho de destruir algo hace que lo que más quiero se quedé a mi lado, entonces cubriré al mundo en un invierno eterno."

To be continued.


Notas— M cuesta mucho trabajo narrar a Gazell. A lo largo de la historia se darán a conocer los motivos y el pasado de los personajes, ya vamos 3 (Burn, Grand y Gazell) El capítulo seguía, pero le di un poco de prioridad a los hechos pasados para poder aclarecer por qué el clan de Polvo de diamante está tan jodidamente obsesionado por encontrar a Gazell. El que sigue (dentro de dos semanas, promise) será el punto máximo de la historia de éste clan. Sé que ya tengo tiempo libre y debo apresurarme porque me iré de vacaciones de navidad y también saldrá el nuevo KH y no pelaré el mundo por una semana. Así que, gracias por su apoyo de verdad son la gasolina de mi Tren (¿?)