Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 28
– Dulces sueños principito…
Al escuchar ese sonido sus ojos se abrieron, en un inicio no tenía idea de dónde se encontraba. Prontamente se percató de algo extraño, su anatomía no gritaba de dolor por la pelea que tuvo recientemente. Su visión se fue aclarando, los detalles se fueron maximizando hasta reconocer en que sitio se ubicaba.
Era como si el tiempo hubiera regresado sobre su marcha, sus pies estaban pegados al piso sin poder moverse de allí. Quería salir huyendo de ese lugar, y volar lejos hasta perderse más allá del horizonte. No estaba en Ciudad Satán, no usaba un traje ridículo de superhéroe, ni tampoco se hallaba al lado de ella.
La mañana donde comenzó su cruzada se estaba repitiendo, contempló sus manos y posteriormente su ropa. Parecía irreal pero ocurría, por segunda ocasión se encontraba en la detestable ceremonia de selección que la Reina planeó para él. Creyó que ese momento se había quedado atrás, aunque este lo alcanzó hasta reclamarlo.
Un suave aroma floral se esparció al ser llevado por el viento, llenando cada rincón de la enorme habitación dentro del castillo. El origen de tal fragancia, recaía en los cabellos perfumados de las numerosas señoritas arregladas y maquilladas para la ocasión tan solemne. Paradas con elegancia frente a él, todas mostraron sus mejores sonrisas tratando de ganar su atención.
– Escoge una, la que más te guste.
A sus espaldas, el príncipe escuchó la voz de su madre incitándolo a que escogiera a una de ellas. Aquellas hermosas doncellas, provenían de diversos reinos que desean incrementar sus lazos de amistad con la Tierra del Fuego. Y no había mejor manera de hacer tal cosa, que uniendo en matrimonio a una de sus herederas con el próximo Rey de esos dominios.
– Gohan–Milk nuevamente pero más impaciente, volvió a hablarle–ya demoraste mucho, elige de una vez.
La Reina giró su cabeza a un costado, su padre, el Rey Ox Satán, lucía un rostro pálido esa mañana. Para nadie era un secreto el deteriorado estado de salud del monarca, aquel gran hombre corpulento estaba muy avanzado en su edad, el peso de los años y de la responsabilidad de gobernar era en demasía insostenible.
Milk amaba a su padre incondicionalmente, le dolía verlo en tan lamentables condiciones. Miró de nuevo a su primogénito, él era la esperanza de su familia, Gohan a pesar de su juventud era el más adecuado para suceder a su abuelo en el trono. Desde pequeño fue preparado, se le educó en todas las disciplinas habidas y por haber, su reinado sería el más glorioso jamás visto.
– ¿Gohan, qué esperas?
Sin embargo, su hijo se caracterizaba por una timidez muy marcada. Nunca se le vio interesado en una chica, fue por ello que Milk sintió la obligación de intervenir respecto a eso. La madre del próximo soberano envió una invitación a todas las demás monarquías, informando sobre el compromiso de su muchacho, quien buscaba a una damisela a quien desposar.
Gohan ignorando su llamado, recordó todo el dolor y caos que sus acciones desencadenaron, su búsqueda de una prometida se convirtió en la culpable de la devastación de Ciudad Satán. Cómo hubieran sido las cosas sino se hubiera marchado, quizá nada de lo acontecido habría ocurrido. Todo únicamente, por no querer complacer los caprichos de su mamá.
– Los invitados aguardan tu decisión…
Lentamente fue levantando su brazo derecho, al mismo tiempo que señalaba con su dedo índice. Por primera vez en toda la celebración, alzó su mirada observando la gran cantidad de personas allí reunidas. Con desinterés apuntó una a la vez a las señoritas, cada una codiciaba las riquezas que obtendrían al convertirse en la esposa del príncipe.
– Yo elijo a…elijo a…
Su misión personal fue un fiasco, aunque encontró a una jovencita a la cual amar verdaderamente, fracasó en comprometerse con ella. Con honestidad desconocía si lo que estaba experimentando era un sueño o no, pero esta vez se dejaría controlar por la presión de su progenitora, al no tenerla a ella, ya nada le importaba.
En los ojos de las candidatas se veía el brillo de la gloria, una grandeza que sólo una tomaría. Gohan vio de soslayo a sus amigos más cercanos, Krilin y Picorro se mantenían en silencio esperando por su ya tardía elección, luego se giró viendo a su padre, quien únicamente le dio una suave sonrisa sin decirle nada.
Finalmente, cuando los invitados comenzaban a susurrar entre sí por la vacilación de Gohan. Él mantuvo congelado su mano en una de las chicas, las restantes aspirantes a ser su consorte creían esperanzadas que las estaba eligiendo a cada una en particular. Con duda, el heredero al trono balbuceó unas torpes palabras.
– Yo te elijo a ti…
La multitud reaccionó de inmediato viendo a la doncella seleccionada, pronto habría una nueva Reina a la cual reverenciar. Gohan no mostraba ninguna expresión facial, ni alegría ni tristeza, sabía que todo aquello no era cierto, su imaginación le jugaba una mala pasada al atraparlo en esa alucinación tan realista.
Él se lamentaba por no haber sido capaz de decirle a Videl sus intenciones, tal vez se demoró demasiado en ser claro con la pelinegra, sus miedos y dudas lo frenaron haciéndolo perder varias oportunidades para declararle su deseo de tomar su mano en matrimonio. Ella ahora estaba fuera de su alcance, quizás nunca debió irse a Ciudad Satán.
La ilusión continuó su ritmo, la derrota lo desanimó llegando al punto de no querer despertar. Qué sentido tenía, Diecisiete junto a su rubia hermana lo llevarían de regreso con su madre alejándolo de Videl. Luego de casi seis meses fuera de su hogar, él terminó exactamente igual a como empezó: con las manos vacías.
Dándose por vencido se despidió en un murmullo de ella, por su culpa un par de locos se apoderaron de la ciudad y para él es imposible detenerlos. No sólo estaba atrapado en una prisión física para su cuerpo, sino también, en una cárcel para su mente donde viviría la vida que pudo haber tenido.
Comprendía que cuando llegara la hora de despertar, se encontraría nuevamente en casa rodeado de sus viejos camaradas y de sus padres. Pero la justiciera de ojos azules como zafiros, no estaría ahí para él.
La victoria era contundente, nada sería igual otra vez. Las calles estaban vacías, los edificios gritaban en silencio por su abandono. El viento frío jugueteaba con la basura regada en el suelo, varios periódicos esparcidos por las carreteras dedicaban sus primeras planas a la conmoción, Ciudad Satán se transformó en un pueblo fantasma.
Atrás quedaron los gritos de los inocentes al huir, los ecos de las sirenas policiales se difuminaron entre las gruesas paredes de los rascacielos. Al recorrer las avenidas sólo se sentía el miedo, los uniformados temiendo ser asesinados como sus compañeros abatidos prefirieron esconderse en las sombras.
La sociedad estaba de cabeza, ahora los oficiales de policía se ocultaban al escuchar las voces de los criminales. Por primera vez en largo tiempo, era el turno de la ley hacerse cargo de los infractores. Ya no había superhéroes que vinieran a salvar el día, la justicia se quedó sola sin que nadie la auxilie.
A la distancia, se comenzaban a percibirse unos tenues sonidos. Cristales estallando en cientos de fragmentos que se dispersaban sobre el pavimento, se trataba de un par de sujetos malolientes, dos pobres vagabundos que aprovechando la ausencia de los guardianes de las leyes robaban un almacén de comestibles.
– Te lo dije, sería fácil–uno le dijo al otro.
– Deja de presumir y entra.
El mercenario en su mensaje de terror, anunció el fin de las autoridades judiciales junto a sus normas y cárceles. Cualquiera literalmente, podía hacer lo que se le antoje sin preocupación alguna de terminar dentro de una celda. Ya no quedaba ni un sólo sitio que no haya sido saqueado, los hampones se salían con la suya luciendo los artículos que robaban de cuanta tienda encontraban.
Entretanto esos hombres llenaban sus bolsillos con comida, en una esquina cercana el rugir de dos motores interrumpió el mutismo perpetuo. Los criminales hacían de Ciudad Satán su parque de juegos, ese era uno de los varios premios que consiguieron al conquistar la metrópoli, la diversión parecía nunca acabar.
– ¡Vamos, más rápido…más rápido!
Las calles eran utilizadas como una pista de carreras improvisada, los bandoleros tomaban cualquier vehículo que aún pudiera rodar para competir entre ellos mismos. El chichillo agudo de los neumáticos al deslizarse en el asfalto hacía estremecer los tímpanos, al mismo tiempo que la adrenalina les hacía desear más acción.
Ambos automóviles aceleraban a todo lo que podían, los conductores eludían cualquier obstáculo en el camino haciendo gala de sus habilidades con el volante. Los ojos de los pilotos divisaron la meta a pocos metros, desde sus respectivas cabinas se voltearon a ver por unos segundos. Pisaron hasta el fondo el pedal del acelerador, sólo uno ganará esa competición.
– Ahí vienen.
– Sí, ya los veo–contestó Rock, el corpulento pandillero degustaba de un habano simultáneamente a que observaba el duelo.
El par de automotores estaban cabeza a cabeza, todo indicaba preliminarmente que el resultado final sería un empate. Sin embargo, estando a poco para llegar uno de los contendientes perdió el control de su automóvil derrapando inevitablemente. El criminal allí dentro pisó asustado el freno, pero esto sólo empeoró su estado al comenzar a girar incontrolablemente.
Los segundos se ralentizaron por un santiamén, el coche ganador sobrepasó la línea de llegada en tanto que su rival daba una serie de piruetas en el aire estrellándose aparatosamente contra los muros de una edificación al lado de la vía.
– ¡Sí, gané! –el truhán triunfador asomó su cabeza por la ventanilla alardeando por su éxito, los espectadores gritaron y silbaron celebrando el desenlace.
– Oigan ustedes, no se olviden del pobre tonto de allá–Rock señaló al vehículo despedazado, poniendo un poco de orden en la carrera callejera–vamos qué esperan, vayan por él.
– ¡Hey Rock, Rock! –un secuaz de poca importancia le llamó.
– ¿Qué pasa? –Se volteó a verle– ¿no ves que me estoy divirtiendo?
– Es Diecisiete, él te está llamando–al mencionar ese nombre numérico, el líder de la banda Red Shark cambió el semblante de su rostro.
– Voy enseguida.
Como la ciudad estaba tomada, podía pasearse por ella sin tener que preocuparse en ser arrestado. Además hacían horas desde la última vez que vio a un uniformado, su única inquietud recaía en la forma de los dos hermanos cazarrecompensas. A pesar de ser un sujeto grande y musculoso, sabía que no era capaz de hacerles frente.
El bandido se movilizó velozmente en el interior de una limusina al mejor estilo de un gánster, arribando finalmente al escondite de los mercenarios. Sin imaginarlo, al momento de salir de su transporte ellos en persona lo estaban esperando. Lunch también se hallaba allí, aunque en su cara el malhumor no dejaba se hacerse evidente.
– Vaya, veo que estás disfrutando de nuestra conquista–Diecisiete serenamente comentó, el criminal que lo dobla en tamaño prefirió no replicar–tranquilo, no hay problema–él riéndose le dijo al notar su expresión de intranquilidad.
– ¿Qué planeas hacer ahora? –Rock le cuestionó–prácticamente lo tienes todo.
– No, aún faltan pequeños detalles que deben resolverse.
– ¿Cuáles?
– Soy el nuevo dueño de Ciudad Satán, pese a ello sigo escondiéndome en una repugnante guarida de tercera categoría–el mercenario habló elocuentemente–es hora de que nos mudemos a un sitio que sea más digno, y tengo en la mira el lugar adecuado para reubicarnos.
– ¿De dónde exactamente estamos hablando? –Lunch rompió su mudez preguntándole a Diecisiete.
– ¿Qué no es obvio? –Alegó con un cuestionamiento–el ayuntamiento.
– ¿El ayuntamiento? –fue el turno de su hermana rubia para indagarlo.
– Por supuesto, estoy seguro que Mr. Satán siendo el alcalde y sobre todo millonario, habrá decorado la alcaldía convirtiéndola en casi un palacio, si pienso dirigir esta ciudad con clase debo hacerlo desde allí.
– Comprendo–Rock comentó.
– Ahí es donde entras tú Rock, prepara a tus hombres, tomaremos el ayuntamiento lo antes posible–el joven de cabellera oscura le ordenó.
– No es que esté en contra de sus planes, pero tengo entendido que una parte de los pocos policías que quedan están atrincherados exactamente en la alcaldía.
– ¡Y eso qué importa! –Vociferó Diecisiete–todo en Ciudad Satán ya es nuestro, no te acobardes por una pequeñez sin valor.
– Discúlpeme, haré lo que diga.
– Avísame cuando estén listos, yo estaré presente para liderarlos.
El cabecilla de la pandilla Red Shark se retiró de inmediato, no era normal que él actuara sumiso y dócil ante nadie. En el fondo eso no le gustaba, él lideraba su propia organización criminal, un líder no debía subyugarse por ningún motivo. Su alianza con los mercenarios solamente era para derrotar al Gran Saiyaman, pero Diecisiete comenzaba a ponerse el uniforme de un dictador.
Lunch por unos instantes vio en los ojos de Rock la furia de obedecer órdenes, se dio cuenta que a él tampoco le agradaba ser un secuaz cuando estuvo a punto de tocar la grandeza. Quizá la coalición de delincuentes se estiró tanto que el hilo estaba a punto de romperse, no obstante no confiaba ni en Rock, la rubia estaba sola en su deseo de retomar a su agrupación delictiva.
Treinta minutos después, el ejército de maleantes se encontraba preparado para cumplir los mandatos de Diecisiete. Esta vez, tomaron unos cuantos de los automóviles en la carretera equipándolos para sus propios beneficios. Ya no eran únicamente hombres con armas en las manos, se convirtieron en una verdadera milicia opresora.
– Ya estamos preparados.
– Muy bien, vámonos.
El cazarrecompensas había acertado en sus sospechas, al divisar el ayuntamiento a la distancia se notaba que el edificio era el equivalente de un castillo. Mr. Satán usando su gran chequera, remodeló cada centímetro de la alcaldía haciéndola pasar de un aburrido y poco reluciente inmueble, a ser, el verdadero centro de gobierno que Ciudad Satán merecía.
Las reducidas fuerzas de la policía que aún sobrevivían, defendían su estación y la municipalidad permaneciendo dentro de sus muros esperando que fueran lo suficientemente resistentes para repeler a los criminales sueltos. Precisamente, uno de los agentes judiciales allí dentro miró por una ventanilla.
En el cristal se reflejaba la turba delictuosa, que se aproximaba con las intenciones de renovar las hostilidades. Dieciocho algo fastidiada, escudriñó el ambiente delante a su persona, varias patrullas formaban un cerco defensivo y resguardándose detrás de ellas, unos pocos uniformados sostenían sus rifles con sus manos temblorosas.
Las tropas del ambicioso mercenario se detuvieron ante la escena, sólo necesitaban escuchar la orden y todos avanzarían sin atreverse a contradecir a Diecisiete. No sólo los oficiales de la ley se inquietaban por sus acciones, sino asimismo, sus propios colaboradores. Temiendo ser castigados por sus increíbles poderes, nadie se aventuró a desobedecerlo.
Cuando él dio un paso hacia el frente, ambos bandos aguantaron la respiración.
Aquella silueta femenina le recordaba algo, o mejor dicho, a alguien. Parecía ser una chica muy joven, en el momento que ésta extendió su mano para ayudarla sintió la fuerza de su agarre en un segundo. Nunca antes había conocido a una jovencita que poseyera esa fortaleza, una vez más el recuerdo de una persona en particular titiló en su memoria.
No tenía mucho tiempo en Ciudad Satán, no obstante sin duda alguna se estaba llevando una mala impresión. Fue atacada y perseguida por salvajes, obligándola a recurrir en dos oportunidades a esconderse en sitios plagados de inmundicia para salvar su propia vida. Siendo una señora de clase, echaba de menos la confortable sensación de una ducha.
Milk regresó sobre sus pies nuevamente, saliendo de sus pensamientos comprendió que ambas estaban cubiertas de oscuridad. Las tinieblas a pesar de su predominio, no se atrevían a devorarlas por una sencilla pero brillante razón. Esa desconocida adolescente, portaba la única arma capaz de aterrorizar a la penumbra: la luz. En su mano una luminiscencia las resguardó, sin embargo notó que no era un resplandor ordinario.
– ¿Cómo te llamas? –la reina vestida como una plebeya, le cuestionó a la incógnita doncella.
– Videl, mi nombre es Videl–la hija del campeón y alcalde le respondió– ¿puedo saber tu nombre?
– Me llamo Milk–replicó la mujer de mayor edad.
La cortesana no quitaba su mirada de esa fuente de iluminación, no era una interna ni una lámpara, se trataba de una esfera de energía que flotaba entre los dedos de esa chica. Aunque no dijo nada al respecto, ella reconoció tal destreza sin problemas, esa era una de las habilidades que Goku podía hacer usando el ki.
Videl por su parte presentía algo entraño en esa dama, aquellos ojos negros se asemejaban inquietantemente a los de Gohan. Pero su observación no pasó de ser una mera vacilación, rápidamente recordó los hechos que se desarrollaban en la superficie. Era primordial regresar allí arriba cuánto antes, aunque no imaginaba la situación actual.
– Dime Videl–la madre de Gohan volvió a ganarse su atención– ¿sabes cómo salir de este nauseabundo drenaje?
– Claro que sí, pero no creo seguro hacerlo por ahora, apuesto que las cosas están agitadas allá afuera–le contestó inclinando su cabeza hacia lo alto, viendo el agujero por donde Milk cayó–ahí hay una salida.
– Sí eso ya lo sabía–murmuró malhumorada–no podemos alcanzarla, está fuera de nuestro alcance.
– Tal vez no.
– ¿Qué?
Sus azulados ojos se cerraron, intentó despegarse de los grilletes de la gravedad pero sus músculos adoloridos no se lo permitieron. Miserablemente no pudo ni flotar un milímetro, por el momento, su técnica de vuelo se hallaba temporalmente inhabilitada. De inmediato detuvo sus acciones, el dolor muscular regresó para torturarla.
– ¡Maldita sea, no funcionó! –la justiciera demostró muy soezmente su frustración.
– ¡Ese no es el lenguaje correcto de una señorita! –la reina la reprendió, Milk pensó que los malos modales eran típicos de Ciudad Satán.
Videl siempre fue una persona rebelde y un tanto grosera, era normal que ella se expresara así sin ser regañada por ello. La novia de Gohan se dio cuenta que esa mujer será un fastidio el tiempo que estén juntas, cómicamente sin saberlo, ya estaba recibiendo las primeras críticas de su suegra, a las dos les llevará tiempo acostumbrarse una a la otra.
– Sígame, tendremos que buscar otra manera para salir–Videl caminando con lentitud por sus molestias, comenzó a alejarse progresivamente de Milk.
– ¡Aguarda jovencita, no te olvides de mí!
Caminaron sin saber qué camino tomar, el alcantarillado era igual de enorme que la ciudad sobre ella. La pestilencia era insoportable, sin embargo ambas mujeres sabían que habían cosas peores de las cuales preocuparse. No intercambiaron palabra alguna por minutos, Videl trataba de idear un plan para hallar a su padre, simultáneamente, Milk hacía lo mismo por Gohan.
Dentro de la cabeza de la soberana, varios recuerdos se presentaron de nuevo. No lo entendía, desde que conoció a Videl su mente le estaba jugando bromas. La miró de reojo, a pesar de ser ligeramente delgada no proyectaba la imagen de ser una adolescente débil, aún más, la bola que les regalaba su luz la inquietaba.
– ¿Dónde aprendiste a hacer eso Videl?
– ¿De qué hablas? –respondió haciendo que sus voces, rebotaran en las paredes del drenaje.
– Me refiero a esa luz.
– Es una esfera de ki, mi…mi novio me enseñó a hacerlo–tartamudeó al referirse de Gohan como su enamorado, un tenue matiz de timidez se manifestó en su voz.
– Ya veo, es muy útil.
La vida está llena de ironías y contradicciones, la reina que testarudamente definía a las artes marciales como una práctica barbárica, veía la utilidad de tales habilidades en el instante en que la oscuridad nublaba su visión. El ki no sólo se utilizaba para causar daño en un rival, también era posible emplearlo de cientos de formas no violentas.
No obstante, Milk no podía seguir ignorando la similitud tan grande que había entre esa jovencita llamada Videl y alguien más…ella misma. Cuando tenía esa edad, la actual soberana igualmente se entrenaba en dicha disciplina de combate. Estas le fueron de gran ayuda cuando se enfrentó al hombre que sería su esposo, sin ellas, nunca lo hubiera encontrando en aquel torneo.
Una suave sonrisa nació en sus labios, aún recuerda cada sensación que experimentó al estar frente a frente con él sobre la plataforma. Trató de atacarlo con todo lo que sabía, pero Goku simplemente evadió uno a uno sus movimientos. Con un rápido e inofensivo contraataque de él terminó vencida, pero esa derrota tenía el sabor de una victoria.
A partir de ese momento no fue una pelea común, estando allí juntos, rodeados de miles de ojos curiosos viéndolos a ambos, Goku con su típica ingenuidad le propuso matrimonio. Tal alegría sólo sería igualada por la noticia del nacimiento de sus hijos, desde entonces, no ha vuelto a sentir una felicidad como esa.
"¿Qué pasó conmigo?"–en su interior, escuchó como su propia voz pero años más joven le cuestionó.
Milk miró sus manos aventadas, su piel ya no era la de una muchacha, había perdido el vigor y la ligereza que utilizó en su lucha contra Goku décadas atrás. Aunque era la emperatriz de la Tierra del Fuego, nada de eso le regresará la viveza que ha perdido.
– ¡Oye tú, apresúrate, no te quedes atrás! –Videl desde varios metros adelante le gritó, sacándola de sus pensamientos.
– ¡Qué muchachita más grosera! –Murmuró Milk con enfado– ¿acaso no le enseñaron buenos modales?
La esposa de Son Goku no ocultaba su asombro, desconocía cómo una citadina como Videl tenía conocimiento sobre técnicas de energía tan poco difundidas. A pesar de eso, Milk se convencía cada vez más que Videl lo que más necesitaba eran lecciones de comportamiento. La rebeldía se notaba en su rostro a kilómetros de distancia, definitivamente ella le recordaba sus mejores épocas.
– ¡Vamos camina de una vez, sino te quedarás aquí abajo atrapada! –La madre de Goten lo reiteró en su mente, Videl realmente requería mejorar su cortesía.
– Ya voy, no es necesario ser descortés.
Aunque estaba claro que Milk se veía parcialmente reflejada en esa damisela, ella se encontraba lejos de actuar como una. Su vestimenta era ejemplo de ello, qué clase de señorita se pondría ropa tan atrevida. Incluso la mamá de Gohan en sus años mozos, jamás se vistió de forma tan llamativa.
– ¿Por qué usas ese atuendo? –Milk sin darse cuenta, le indagó en voz alta.
– Es un disfraz–replicó al señalar el antifaz que resguarda su cara.
– ¿Estabas en un carnaval o algo así?
– Una fiesta de disfraces para ser más exacto.
Ambas comenzaban a creer que nunca saldrían de tal lugar, el dolor persistía en fastidiar a la hija del alcalde y la impaciencia hacía lo suyo con Milk. El recorrido se volvía interminable, el laberinto bajo la superficie las retenía sin querer liberarlas. Pero finalmente, una luz les mostró la forma de recuperar su libertad.
Sobre sus cabezas encontraron otra abertura hacia la superficie. En esta ocasión, la suerte les sonrió un poco más. Una escalera se extendía de arriba a abajo, dándoles la facilidad de trepar por ella.
– ¿Ves algo Videl?
Milk se quedó en la alcantarilla mientras que Videl subió por la escalerilla para explorar, con algo de dificultad retiró la pesada tapa metálica que mantenía cerrado el agujero. Desde allí, miró boquiabierta el escenario apocalíptico que desolaba a Ciudad Satán. Era como si un terremoto combinado con un huracán, hubieran devastado el sitio que fue su hogar desde siempre.
– ¡Videl, Videl! –Milk siguió gritándole– ¿qué sucede?
La pelinegra no respondió, a la distancia oyó disparos y demás sonidos característicos de un grupo de delincuentes. Videl había escuchado tales ruidos por años, los reconocería a donde fuera sin importar donde esté.
– ¡Gohan, te necesito! –se dijo la justiciera en un murmulló inaudible.
– ¡Jovencita, es de mala educación no responder! –otra vez, Milk sacó a relucir los escasos modales de Videl.
– Créeme, eso es lo que menos me preocupa en este momento.
– Está bien–Milk tranquilizó su estado de ánimo, al verla no como una chica con una actitud rebelde, la contempló como si fuera la hija que no tiene, gracias a eso se percató un detalle que había pasado por alto–pero antes de ir a alguna parte, primero hay que vendar esa herida.
– ¿Herida, cuál herida? –al bajar la heroína de la ciudad se vio sin entender.
– Esa, sino la atiendes se infectará–la reina rasgó un trozo de su ropa, cubriendo así la cortada que Videl se hizo en su brazo cuando enfrentó a una horda de malhechores horas atrás.
– Gracias, me había olvidado de eso.
– No hay de qué, no quiero que tu madre te vea hecha un desastre.
– Puedes olvidar esa idea, eso nunca pasará–acotó con tristeza–mi mamá falleció cuando era niña.
– Yo…lo siento–musitó la hija del Rey–sé lo que eso se siente, mi madre también murió cuando era muy pequeña, por eso cuando me casé y tuve mis propios hijos los cuidé muchísimo para nunca perderlos.
– ¿Tiene hijos señora? –con una cortesía inesperada, Videl le preguntó.
– Sí Videl, tengo dos–ella le respondió, haciendo ese número con los dedos de su mano–uno es un niño aún, mi otro hijo tiene tu edad, yo me encargué de convertirlo en todo un caballero–afirmó orgullosa.
– Entiendo, me gustaría conocerlo.
Una inesperada conexión se creó entre las dos mujeres de cabellos negros, ambas perdieron a sus madres a muy temprana edad, haciendo que en el fondo de sus conciencias se vieran de otra manera. Videl sintió los cuidados que sólo una mamá puede dar, Milk por otro lado sentía la obligación de protegerla sin comprender porqué.
El pequeño momento de cordialidad finalizó tan pronto comenzó, Videl volvió a trepar por la escalinata abriéndole paso a Milk. Agradeciéndole al cielo, la reina llenó sus pulmones de aire limpio olvidando la horrible fragancia de las alcantarillas. Lamentablemente, las circunstancias que rodeaban a Ciudad Satán no eran para nada agradables.
Una vez de regreso en la superficie, tanto Milk como Videl sintieron el impulso de reanudar sus respectivas búsquedas. La esposa de Goku quería de vuelta a su hijo, la justiciera adolescente deseaba volver a ver a su padre y a Gohan. Por un santiamén se miraron a los ojos, aunque sonara extraño no podían separarse por ningún motivo.
Las dos continuaron sin apartarse una de la otra, dentro de sus corazones sabían que ya formaban parte de una misma familia.
La locura y demencia inicial se disipaba a medida que avanzaban, las calles que en un principio estaban repletas de transeúntes asustados, se transformaron en caminos solitarios donde la desconfianza y la intranquilidad dominaban a placer. Shapner condujo a toda velocidad sin aminorar su marcha, detenerse no era seguro en una ciudad asediada por maniáticos.
Con sus ojos bien abiertos, Ángela no se perdió ningún detalle del paisaje que observaba por medio de la ventanilla. Los gritos y disparos se quedaron muy atrás, apagándose tan repentinamente como se presentaron. Ciudad Satán se sumergió en un silencio sepulcral, donde cualquier sombra o silueta causaba temor.
– ¿Se descompuso la radio? –cuestionó la pelirroja, cuando fracasó al intentar sintonizar cualquier frecuencia radial.
– No, simplemente ninguna estación está funcionando–Shapner le respondió sin apartar la mirada del camino.
Ese era un día atípico, normalmente las avenidas se encontraban llenas de personas caminando en todas direcciones, pero ahora no había nadie, el rubio sintió un escalofrío en la espalda, era como estar en una urbe fantasma. Cientos de vehículos yacían abandonados en las carreteras, alarmantemente varios de ellos eran patrullas policiales con serios daños.
– Si esto es una pesadilla, quiero despertar ya…
– Nunca antes había visto la ciudad así de callada, da miedo–Ángela murmuró para él.
– Ya casi llegamos, no te separes de mí.
Ambos se dirigían a la zona cero, el sitio donde todo comenzó. Horas atrás, la mansión del alcalde fue el escenario que atestiguó el surgimiento de todo este frenesí. A pesar de ello, los dos deseaban fervientemente saldar cuentas con Videl y Gohan, por tal motivo, se desplazaban precisamente a dicho lugar.
Ángela dirigió su atención al cielo, ella notó como una gruesa columna de humo se perdía en lo alto del firmamento, sin saber exactamente qué pasó, la porrista de la Preparatoria Estrella Naranja tuvo la impresión de que habían llegado demasiado tarde. Su sospecha se vio confirmada al llegar, Shapner frenó de golpe ante el panorama frente a ellos.
– ¡No queda nada…nada!
– ¡No lo puedo creer!
El rubio presumido, visitó en reiteradas ocasiones el hogar del campeón mundial. Recorrió los jardines bellamente cuidados, admiró las incontables estatuas de oro puro con la imagen de Mr. Satán, en el interior del edificio, apreció los retratos de la familia Satán, incluso se dio el lujo de cenar en el fino comedor utilizando la vajilla más costosa.
Pero ahora, aquello no era más que un recuerdo, una remembranza de una época mejor. Shapner salió de su automóvil, caminando unos pocos pasos antes de detenerse para mirar con mayor detenimiento. Sus globos oculares no daban crédito a lo que percibían, la residencia que era el símbolo de la opulencia yacía hecha pedazos.
– ¿Cómo pudo ocurrir algo así?
La estructura del domicilio casi había desaparecido por completo, sólo unas cuantas paredes muy dañadas permanecían en sus lugares, el olor a madera carbonizada perfumaba los terrenos circundantes. El enorme jardín que se engalanaba con miles de rosas y orquídeas, se redujo a meros arbustos chamuscados y muertos.
Inclusive las efigies del padre de Videl se desvanecieron con la explosión, ni un mísero rastro de riqueza quedaba a la vista. El rostro de Shapner se endureció segundos más tarde, él no se hallaba allí para llorar por la destrucción de aquella mansión, sus acciones se enfocaban en otras ideas. No contaba con mucho tiempo, debía empezar inmediatamente.
– Vamos Ángela, comencemos.
– Sí.
Durante casi una hora, ambos adolescentes examinaron cada centímetro de la devastada edificación. Sería obvio para los dos que nadie sobreviviría a tal catástrofe, enseguida la mente del ex novio de Videl especuló sobre su actual posición.
– Aquí no hay nada Shapner.
Para la chica de cabellos rojizos la situación era fácil de entender, si Gohan y Videl estuvieron allí en ese mismo instante ya no lo están, su búsqueda era inútil. El caballero de cabellera dorada, se convenció de que la pareja de pelinegros de alguna forma se marchó antes de la detonación. No tenía sentido permanecer ahí.
Sin importarles que un grupo de delincuentes se apoderaran de Ciudad Satán, ellos sólo pensaban en completar su anhelada venganza. Únicamente les interesaban sus metas, para según ellos, tener el camino libre hacia la verdadera gloria que el destino les tenía preparada. No obstante, la providencia misma poseía otros planes.
– ¡Bello auto, me lo quedaré sino les molesta!
Al regresar a su automotor, tanto Shapner como Ángela se vieron sorprendidos por un cuarteto de hombres armados que se encontraban al lado de su vehículo. Éstos hacían lo que Diecisiete dijo horas atrás, cometer todos los delitos que se les antoje sin temer a terminar dentro de una celda custodiados por sujetos vestidos de azul.
– No pongas esa cara lindura, daremos un paseo y nos divertiremos.
Increíblemente, la porrista no demostró tener miedo en ese momento. Por el contrario, en su cara solamente se expresaba un total fastidio y repudio por el maloliente malhechor. Shapner dentro de su mente gritó fuertes groserías, había dejado olvidada la pistola que portaba en la guantera del coche, estaban desarmados pero no indefensos.
– Recuerda, tu rival es Videl y sólo Videl–Shapner habló en voz baja, la pelirroja lo miró comprendiendo el mensaje.
– ¿Qué piensas hacer? –Ángela le replicó.
– Son unos fanfarrones que se creen invencibles, les patearé el trasero…
– ¿Qué tanto están hablando ustedes dos? –El mismo truhán les gritó al ver como lo ignoraban– ¡oye tú niño bonito, entrégame la llave!
– Claro, es toda tuya.
El joven metió su mano en uno de sus bolsillos, entre sus dedos sujetó la llave del automóvil y seguidamente estiró su brazo hacia el maleante. Dicho criminal se le acercó pasivamente, y se dispuso a tomar la pequeña pieza metálica que acciona el motor del auto. Sin embargo, el rubio no pensaba en ceder su agarre.
– No estoy jugando muchacho.
– Yo tampoco.
Poniendo en acción las clases de artes marciales que recibió de Mr. Satán, Shapner en unos segundos se aferró a la muñeca del individuo armado, y sin que éste pudiera evitarlo, el novio de la porrista lo haló al mismo tiempo que preparó su puño izquierdo para golpearlo. Al hacerlo, el puñetazo directo a la mandíbula lo dejó noqueado y tendido en el suelo.
– ¡Maldito!
El segundo de los cuatro hampones, apuntó el cañón de su revólver al rostro de Shapner. Demostrando que tiene buenos reflejos, el rubio desvió con un manotazo el arma momentos antes de que el criminal abriera fuego. La bala salió propulsada velozmente, la cual pasó a centímetros de una de las mejillas de Ángela.
– ¡Ahhh!
La porrista se quedó muda al percibir lo cerca que estuvo de recibir el proyectil, cada uno de sus músculos se congeló convirtiéndola en una estatua. Esa era la primera vez en su vida, que alguien le disparaba. Paralelamente a que la pelirroja se pasmaba, su galán de cabello dorado se enfrascaba en una disputa acalorada.
Shapner consiguió conectar a su oponente con un puñetazo a la garganta, aprovechando ese momento, empleó su puño derecho para golpear el antebrazo del delincuente ocasionando que éste soltara su arma de fuego. Finalmente el adolescente presumido remató al malhechor, hundiendo su rodilla en su abdomen tirándolo así al piso sin complicaciones.
– ¿Qué te pareció eso imbécil?
Una vez más, el mayor pecado del rubio: la arrogancia, fue su punto débil. Al celebrar prematuramente su victoria, no esquivó el ataque del tercer hombre quien lo castigó con un derechazo a la mandíbula. El nuevo novio de Ángela, sintió como la cabeza casi se le arrancaba del cuerpo aturdiéndolo levemente.
Soportando el dolor lo mejor que pudo, restableció su posición de pelea cubriéndose con sus brazos. Su atacante le envió cuantiosos puñetazos, sin embargo el rubio logró bloquearlos al utilizar sus antebrazos como escudos. En menos de un pestañeo, la ventana para contraatacar se presentó para él.
Justo después de detener otro golpe, Shapner respondió con un bofetón en la cara. Dicha contestación desconcentró al ladrón, quien no vio venir la patada del chico en su entrepierna. Seguidamente reutilizó sus piernas, dando un segundo puntapié, esta vez en la rodilla de su adversario, que lo desequilibró llevándolo al punto de caer de espaldas.
Pero las cosas no terminarían así, el cuarto y último de los asaltantes tomó por sorpresa a Shapner sujetándolo por detrás. Con firmeza lo mantuvo fuertemente sujetado, incapaz de moverse, el engreído joven observó como el criminal que acabada de derrotar hacía unos instantes se ponía nuevamente de pie.
– ¡Me las pagarás idiota!
Deseoso de venganza, golpeó reiteradamente a Shapner en el estómago. Eran dos contra uno, Ángela a pocos metros seguía sin poder mover ni un dedo. Sus ojos miraban aterrados como masacraban a su acompañante de melena amarilla, no sabía qué hacer. Por otro lado, los maleantes se divertían a costa del sufrimiento de su víctima.
No obstante, dentro de la mente del maltratado Shapner, él mismo se negaba a terminar de esa forma. Él deseaba una vida distinta, ser un ganador y ser reconocido por ello. Motivándose a sí mismo, reaccionó agachándose lo más que pudo. Uno de los puños de su agresor, impactó en el rostro del individuo que lo sujetaba, aflojando temporalmente su agarre.
Él era el oportunista más grande en Ciudad Satán, reafirmando esa reputación con un cabezazo se liberó del truhán que lo apresaba. Estando libre otra vez, enterró su pie en el vientre del bandido que lo mantuvo inmovilizado. Posteriormente, volvió a patearlo en la cabeza dejándolo fuera de la lucha.
– ¡Suéltame, niña estúpida!
Parpadeando rápidamente, el alumno de Mr. Satán se volteó hacia un costado. Descubriendo incrédulo, como Ángela se mantenía enganchada del cuello del restante malandrín. La porrista escolar, también recordó los anhelos de gloria que compartía con Shapner. Tal estímulo, la descongeló haciéndola saltar sobre el delincuente tomándolo desprevenido.
– ¡Maldita, aléjate de mí!
La mujer de cabellos rojizos, se sujetó de ese hombre con todas sus fuerzas. Él trataba de quitársela girando en círculos, pero esa damisela se pegó a él sin intenciones de dejarlo. El rubio escupió un poco de sangre, antes de regresar a la acción.
– ¡No lo sueltes hasta que te diga!
Shapner cerró los dedos de su mano derecha, formando así un puño duro como roca. Corrió hacia ellos sin detenerse, esa sería su ofensiva final. La pelirroja alzó la vista, vio como su novio se preparaba para embestirlos, en una fracción de segundo los dos intercambiaron miradas, rompiendo el silencio él le gritó:
– ¡Ahora, suéltalo!
Obedeciendo, Ángela se dejó caer devolviéndole la libertad al criminal, el cual no tuvo la oportunidad de defenderse ante lo que veía. El rubio lo envió a dormir, con un potente derechazo colocado en la cara. La potencia del choque fue tal, que el mismo Shapner escuchó a sus dedos crujir.
Los dos adolescentes se tiraron agotados al piso polvoriento, la calma regresó a las ruinas de la mansión del alcalde. Gateando sobre rocas y demás escombros, Ángela se acercó al rubio para brindarle su ayuda. Ambos respiraban agitados, sus cuerpos estaban cubiertos de suciedad, aunque más importante, seguían vivos.
– ¿Estás bien? –él le preguntó a ella.
– Sí, adolorida y mareada, pero bien.
– Vámonos ya, no sabemos si hay más de esos sujetos merodeando.
Con torpeza caminaron hacia su vehículo, sin perder tiempo huyeron de ese lugar. Entretanto conducía, Shapner se dio cuenta que la situación lo supera a él. Si deseaba buscar a los pelinegros para vengarse, primero debería sobrepasar una serie de obstáculos no imaginados. Necesitaría apoyo, a su mente se presentaron los rostros de Tetsu, Jin y Shun.
– ¿Dónde están trío de inútiles?
Si bien eran un grupo de haraganes, son los únicos que no se negarían en darle una mano. Hasta encontrarlos sólo eran él y Ángela, Shapner aprendiendo de su error tomó el arma oculta en la guantera. Nadie más tendría el gusto de golpearlo, y haría lo que fuera por protegerse. Estaba en medio de una guerra, y quiera o no, deberá participar en ella.
Debajo de aquellos uniformes y placas con forma de estrella, se hallaban seres humanos como cualquier otro. A pesar de la autoridad atribuida a ellos, también eran capaces de sentir miedo. Muchos al escuchar las tajantes amenazas de Diecisiete, arrancaron de sus cuerpos sus ropajes azules tirando sus insignias al suelo.
Únicamente un puñado, se mantuvo firme en honrar el prestigio que sus atuendos azulados transmitían. Atrincherados dentro de la alcaldía, las pocas fuerzas policiales en pie tomaron sus armas. A través de los amplios ventanales, observaron como el ejército de delincuentes se preparaba para eliminarlos a sangre fría.
– ¡Qué nadie retroceda ni un milímetro!
Aquellos hombres y mujeres que servían a la ley, necesitaban un último símbolo de aliento. Videl Satán a pesar de su juventud lo había sido, demostrándoles que sin importar el género ni la edad, cualquier era capaz de ennoblecerse defendiendo lo que consideraba correcto. La policía de Ciudad Satán, veía su moral en alto estando con ella en el momento de actuar.
El Gran Saiyaman, un sujeto disfrazado de manera ridícula al cual no le interesa su imagen. Usando sus asombrosos y sobrehumanos poderes, mantuvo a raya a cualquier individuo que intentase violar las normas. La justicia se sentía protegida bajo su capa roja, nada ni nadie podía tan siquiera provocarle un rasguño.
Sin embargo, esos dos héroes adolescentes ya no estaban a su lado. El enmascarado finalmente encontró un muro que no logró escalar, y ella se desvaneció de la faz de la Tierra como un espectro. Al no tener a esos dos paladines del bien, su pundonor se vio reducido llegando al extremo de esfumarse por completo.
– ¡No tengan miedo, no tengan miedo!
Ese veterano y longevo oficial, era su única muestra de valor. El jefe de policía al igual que la ciudad se quedó solo, los superhéroes y el alcalde se evaporaron dejándole a él todo el peso de una urbe colapsada que agonizaba llena de terror. Quisiera o no, era su responsabilidad liderar a las escasas fuerzas policiales aún vigentes.
Él abandonó la idea de esconderse dentro de la estación policial, para unirse a sus subordinados en el interior de las paredes de la alcaldía. Dicho edificio representaba el corazón y el cerebro de Ciudad Satán, si Diecisiete conseguía apoderarse del ayuntamiento, tal acción se consideraría como la estocada final en su ofensiva, sería un jaque mate del cual no habría escapatoria.
– ¡Jefe, ya vienen!
– ¡Qué vengan! –respondió fuertemente ante la temerosa alerta de otro uniformado.
Efectivamente, los delincuentes armados reiniciaron su marcha al ver como su líder daba el primer paso. Al igual que un conquistador en tiempos antiguos, el mercenario envió a sus tropas para derrotar a la poca resistencia que aún persiste. Rock miró de reojo a Diecisiete, en el fondo aspiraba a recuperar su posición, y sin imaginarlo, Lunch pensaba en lo mismo.
– ¡Esto ya se alargó demasiado, vayan por ellos!
Sin demorarse, el batallón de ladrones abrió fuego contra las patrullas que bloqueaban su camino. Los proyectiles volaban de un lado a otro, rebotando en las paredes de los edificios en una interminable lluvia de violencia. Los primeros cuerpos comenzaron a caer uno a uno, el cazarrecompensas sin inquietarse admiró la locura que él causó.
– No te muevas, no te muevas imbécil…
Escondido debajo de su vehículo policial, un solitario oficial de policía apuntaba su rifle con extrema calma. A través de la lente de su mira, podía ver al mercenario cruzado de brazos a varios metros de distancia. Él creyó esperanzado que si lograba eliminarlo, los demás malhechores retrocederían regresándole la paz a la ciudad.
Con lentitud su dedo índice se posó sobre el gatillo, respiró profundamente un segundo antes de disparar. Diecisiete continuaba con la misma postura relajada, el agente del orden no dudó y aprovechó la oportunidad. El disparo ensordecedor hizo vibrar sus oídos, entretanto sus ojos no se desviaron de su blanco.
La bala atravesó el campo de batalla urbano en un santiamén, su trayectoria parecía segura y firme. No obstante, ese vigilante de azul comprobaría que Diecisiete realmente no era nada ordinario. Moviéndose velozmente, el hombre que derrotó al Gran Saiyaman atrapó la munición a centímetros de enterrarse en su cabeza.
Una sonrisa suave se formó en él, le gustaba la idea de que lo enfrentaran. Siempre amó cuando sus presas se resistían, la cacería resultaba más divertida para el hermano de Dieciocho. Precisamente, la rubia demostrando su poca paciencia, ubicó al tirador camuflado bajo su automóvil. Malhumorada le arrojó una ráfaga de energía, la cual destruyó el auto llevándose consigo al uniformado.
– ¡Oye! –Diecisiete se giró viéndola– ¿por qué hiciste eso?
– ¡Ya me harté de esta estupidez! –Dieciocho contestó gritándole– ¡quieres este inútil edificio, yo te lo daré!
– ¡No Dieciocho, espera!
Ella en algunas cosas era su opuesto, persistentemente quería terminar el trabajo rápido para cobrar la paga cuánto antes. Entre disfrutar la caza y acabarla, ambos continuamente debatían dejando sus opiniones bien marcadas. Y sin dejar su forma de ser, la mercenaria despegó elevándose a una gran altura, desde allí, presenció como nadie el desarrollo de la confrontación.
– ¿Qué piensa hacer maestro?
– Nada, por ahora no haré nada.
– Pero maestro, la situación se está saliendo de nuestras manos, debemos detenerlos.
Desde las profundidades de un callejón, el anciano artista marcial y el beisbolista retirado miraban segundo a segundo lo acontecido. En especial por supuesto, a los dos hermanos responsables de toda la demencia que carcomía a Ciudad Satán. Yamcha deseaba intervenir, el maestro más cauto pensaba en seguir observando.
– ¡Maestro Roshi! –El ex novio de Bulma Briefs alzó la voz al igual que su ki–si usted no quiere moverse de aquí, de acuerdo, pero yo sí iré por ellos…
– ¡No seas insensato! –Roshi lo sujetó por su brazo–si peleas con esos sujetos te matarán, sacrificarás tu vida en vano.
– Pero…pero, ya vi suficiente.
– Yo sé como te sientes, aún así piensa Yamcha, sólo te convertirías en una baja más.
– ¿Entonces qué? –Volvió a gritar– ¡nos quedaremos aquí parados viendo como se salen con la suya!
Simultáneamente a esto, la subida en el ki del antiguo bandido del desierto alertó a Diecisiete quien volteó la vista suavemente hacia el callejón. Roshi se dio cuenta de eso, preocupado aplicó más presión en su agarre sobre Yamcha tranquilizándolo.
– Por el momento sí–susurró–baja tu ki o nos descubrirán.
El guerrero desapareció su presencia, aunque él deseaba acabar con el mercenario. El cual retiró sus ojos de esa calle sin salida, si bien no movió ni un dedo en su contra, se percató que había más gusanos ocultos en la ciudad.
– Tengo un plan, primero debemos encontrar a Gohan, cuando esté con nosotros pelearemos juntos…
– ¿Los venceremos maestro?
– Honestamente, no lo sé.
Yamcha recibió esa respuesta poca alentadora con pesadez, sin saber qué más decir guardó silencio al dirigir su atención hacia arriba en lo alto. La cazarrecompensas de cabellos dorados y lacios, analizó el escenario gracias a la enorme altura en la que se encontraba. Los criminales comunes disparaban alocadamente, mientras la policía se atrincheraba dentro de la alcaldía.
– A este ritmo nunca saldré de aquí–comentó para sí misma en voz alta–tendré que encargarme yo.
Lentamente extendió ambas manos hacia el ayuntamiento metros abajo, progresivamente entre sus dedos comenzaron a titilar diminutas esferas de luz. Acelerando sus acciones, comenzó a disparar dichas descargas energéticas como si fuera una batería de artillería. Los incautos oficiales no se dieron cuenta de su ataque, hasta segundos antes de recibirlo.
– ¿Qué diablos es eso?
Uno de los uniformados detuvo sus movimientos al mirar el firmamento, desconcertado vio a las incontables bolas brillantes que caían a tierra del mismo modo que una lluvia de meteoritos. Pronto las ráfagas de ki fueron estallando sobre las cabezas de los policías, los cuales poco a poco eran abatidos por ellas.
Era como si las puertas del averno se hubieran abierto, dejando salir sus abrasadoras llamas para que calcinaran a los hombres de azul. Ansiosa por terminar, Dieciocho incrementó la intensidad de su ofensiva destruyendo los restantes automóviles policiales, obligando a los agentes del orden a refugiarse dentro del municipio de Ciudad Satán.
Sin embargo, al esconderse allí sólo empeoraron las cosas. La hermana de Diecisiete apuntó hacia la alcaldía castigándola brutalmente con sus descargas. Varias paredes de la edificación detonaban ensordecedoramente, la estructura crujía al ser golpeada una y otra vez. Las personas en su interior, creían que morirían al derrumbarse el ayuntamiento.
– ¡Detente maldita sea! –Irónicamente, Diecisiete les salvó la vida a los detectives atrapados al parar a la rubia–destruirás el lugar, lo quiero intacto.
– ¡Ya me cansé de tus ridiculeces! –Replicó agitada–larguémonos de una vez, tenemos a Gohan, vayamos a cobrar nuestro pago.
– ¡Cállate! –Él la silenció gritándole–estoy haciendo esto a mi manera, ni se te ocurra arruinar mis planes.
– Entonces sigue jugando al conquistador sin mí.
Dieciocho no tenía pensado conquistar ni esa ciudad ni ninguna otra, su estilo de vida como cazadora de fortunas era más que suficiente para satisfacerla. Pero por otro lado, a Diecisiete esa rutina ya no lo dejaba complacido. Ella lo miró por un momento antes de marcharse volando, era normal que discutieran, después de todo, eran hermanos.
Al estar solo, él descendió abruptamente aterrizando a unos cuantos pasos del sitio que quería controlar. La actitud de Dieciocho no le molestaba, ella en ocasiones se comportaba igual a una niña berrinchuda, sabía que se le pasaría el enojo en unas horas. Olvidándose de eso por ahora, giró su cabeza hacia sus secuaces.
– ¡Qué están mirando, muévanse!
Corriendo entre los disparos provenientes de las armas de los vigilantes judiciales, lograron entrar en el inmueble para dispersarse por sus pasillos. En cada corredor y esquina, los policías disminuían gradualmente en cantidad. Luego de varios minutos de fuego cruzado, consiguieron neutralizar a los individuos que tiempo atrás los perseguían para encarcelarlos.
El veterano oficial de la ley que poseía el título de jefe, se vio rodeado por los cuerpos tendidos de sus colegas. Resistieron lo mejor que pudieron dando sus vidas en el proceso, tristemente para él ya no podía hacer nada más. Al verse acorralado por criminales apuntándole al rostro, escuchó como unos pasos se aproximaban por el pasadizo contiguo.
– Lo felicito, se mantuvo firme hasta el final–Diecisiete le dijo al estar junto a él–reconozco la valentía cuando la veo.
– Podrá haberme vencido, pero esto no terminará así.
– ¡Pobre iluso! –Exclamó el mercenario–esto ya se terminó.
Aunque quiso responderle, el uniformado no supo qué decirle.
– Llévenselo de aquí–Diecisiete le ordenó a sus hombres–lo quiero con vida, que los habitantes de Ciudad Satán lo vean, así entenderán que no hay nadie que los salve…ni que me detenga.
Fuertemente custodiado el policía fue sacado de la alcaldía, si bien aún quedaban unos cuantos de ellos en la estación, era ingenuo pensar que una cantidad tan pequeña de oficiales detendrían a toda una ciudad llena de ladrones sueltos. En cierta forma estaba hecho, Diecisiete acabó con las fuerzas policiales hasta casi extinguirlas.
– No está mal, no está nada mal–afirmó al mirar la habitación–Mr. Satán definitivamente tiene buen gusto, aunque le daré mi toque personal.
Giró dando una vuelta completa dentro de la oficina del alcalde, ésta había sido decorada según las indicaciones del padre de Videl. Una lujosa alfombra aterciopelada cubría el piso, varios retratos del campeón adornaban las paredes. Un escritorio de fina madera tallada a mano, se posiciona detrás de una amplia ventana con vista a toda la metrópoli.
Con una sonrisa arrogante en su rostro, Diecisiete abrió las cortinas del ventanal dándole un vistazo a la urbe que se erguía frente a él. Aunque su conquista era solamente un juego para él, disfrutaba de los lujos que la vida trató de arrebatarle al hacerlo un huérfano. Era su oportunidad de reclamar lo que consideraba únicamente como suyo, sin importarle los medios.
– ¡Al fin, obtengo lo que merezco!
Los ojos azulados de la justiciera, se concentraron en la columna de humo que aparecía en la lejanía. Videl miró atentamente las numerosas esferas de energía que llovían del cielo, inesperadamente éstas se fueron regresándole la mudez a la ciudad. Para ella, Ciudad Satán estaba muerta, la algarabía que normalmente la mantenía viva se esfumó.
– ¡Videl, Videl! –Milk la llamó a sus espaldas– ¿qué eran esas explosiones?
– No estoy segura, pero sonaba igual a una guerra.
– ¿Qué harás?
– Iré a investigar, tengo que saber quién está detrás de todo esto.
– ¡Estás loca! –Exclamó–son cientos de hombres armados, una jovencita como tú no puede sola contra ellos.
– ¿Tú no eres de aquí verdad? –Videl se percató de un detalle curioso.
– No, sólo estoy de paso.
– Ya veo, ahora entiendo porqué no te asombraste cuando te dije mi nombre.
– ¿Y por qué debería de haberme sorprendido?
– ¡Soy la hija de Mr. Satán!
– ¿Quién? –a Milk esa persona no le era conocida.
– ¡Mr. Satán! –La ojiazul vociferó– ¡el campeón del mundo, el alcalde de la ciudad!
A la joven heroína jamás le gustó estar a la sombra de su padre, convertirse en el centro de atención no era uno de sus planes. Sin embargo, al ver la expresión de ignorancia en el rostro de esa mujer mayor, Videl se quedó pasmada. Ella no recordaba cuándo fue la última vez, que encontró a alguien que no conociera a su papá, realmente era algo desconcertante.
"¿Campeón del mundo?"–la reina entrecerró sus ojos al pensar–"¡pero Goku era el campeón de las artes marciales!".
Para la cortesana era más que conocido que su esposo ganó esa competencia, ella en persona estuvo allí. Por años se olvidó de dicho torneo, aún así le sorprendía que otro individuo haya ganado luego de la espectacular lucha que protagonizó su marido. Ese tal Mr. Satán debía ser un luchador ciertamente habilidoso, ya que incluso era el gobernador de una ciudad.
– Ya veo, por eso Ciudad Satán se llama así.
– Sí, en honor a mi padre se le cambió el nombre–la señorita de cabellos azabaches se volteó repentinamente, se dio cuenta de que cometió un grave error.
– ¿Qué te ocurre?
– Yo…yo–balbuceó para responder con más fluidez–he tenido muchos problemas últimamente, me harté de no poder tener una vida tranquila y común, la normalidad no existe para mí sólo por ser la hija del campeón mundial de las artes marciales, y por esa fama que heredé de mi padre decidí esconderme del mundo.
– ¿Por eso sigues usando ese disfraz?
– Sí, mi plan era que nadie supiera dónde estoy–se detuvo antes de proseguir–pero al decirte mi nombre y quién soy, me descubrí a mí misma.
– No te preocupes, te prometo que no diré nada sobre ti–Milk con voz de madre la tranquilizó–aún así Videl, no puedes continuar con esto toda tu vida, tarde o temprano deberás quitarte esa máscara que llevas puesta.
– Lo sé, lo sé–replicó–deseo tanto irme de esta ciudad, conocer otros lugares, caminar tranquila por las calles sabiendo que no seré reconocida–al decir eso apretó sus puños–pero primero tengo que hallar a mi padre y a mi…mi.
– ¿Tu novio?
– Sí, él–contestó al sentir que se sonrojaba.
Al volver a pensar en ellos, la justiciera se giró hacia el sitio de donde provenían las detonaciones. Conocía cada rincón de Ciudad Satán, su intuición le dijo que dicho lugar era la alcaldía. Se cuestionó de inmediato, si los dos sujetos extraños que se toparon con ella y Gohan en la fiesta de disfraces eran los culpables del caos que observaba.
– ¿Príncipe?... ¿qué está pasando aquí? –la memoria de la chica revivió aquel encuentro.
– ¿Acaso no lo sabes jovencita? –Diecisiete le habló–el hombre que está parado junto a ti, es ni más ni menos que el príncipe heredero al trono de la Tierra del Fuego.
"¡La Tierra del Fuego!"–Meditó Videl–"¿dónde había escuchado ese nombre antes?".
Los globos oculares de tono azulado que poseía se abrieron completamente, en ese instante recordó cuando visitó el museo donde admiró una fotografía de la familia real de ese reino. Aunque le causó risa en aquella ocasión, hoy el increíble parecido del príncipe con Gohan en la imagen resultaba casi aterrador.
– ¡Imposible, no lo puedo creer!
– Videl–Milk la miró sin entender– ¿pasa algo?
Cuando conoció a Gohan hace casi seis meses, de ninguna manera pudo haber vislumbrado que ese chico que se presentó con ropas sencillas y con anteojos pudiera ser en realidad alguien de la nobleza. La hija de Mr. Satán anonadada se apoyó en un muro cercano, la sorpresa se fue cuando empezó a deliberar interiormente con más calma.
Gohan había sido su admirador secreto, asimismo resultó ser el Gran Saiyaman, y ahora también se trataba de un chico que heredaría la corona de un Rey. Ella estaba experimentando una inaudita mezcla de sensaciones: se sentía enojada, engañada, traicionada, triste y sobre todo utilizada.
– Cuando esto termine, te explicaré de una vez por todas quién soy y qué hago en esta ciudad–no obstante la voz de él vino para reconfortarla, al resucitar su último momento juntos Videl sacó de su bolsillo el pequeño joyero que Gohan le dio al cual no le quitó la vista–prométeme que cuidarás esto pero aún más importante, que no lo abrirás hasta que yo regrese.
No ocultaba su enfado, él le había mentido con respecto a su verdadera identidad no en una, ni en dos, sino, en tres ocasiones diferentes. Pero ser un amigo misterioso y un superhéroe, era algo insignificante comparado con ser un príncipe. A pesar de ello, ella lo seguía queriendo, Gohan le robó el corazón como ella a él.
– ¿Estás bien?
– Sí, no es nada.
– Te ves muy pálida.
– ¡Ya te dije que no es nada! –Videl le gritó, pero rápidamente se arrepintió–lo lamento, es que…
– No te preocupes, continuemos.
Retomaron su caminata sin pronunciarse frase alguna, logrando así llegar hasta muy cerca del ayuntamiento. Videl gritaba mentalmente, ella siempre se jactó de ser una mujer lista y suspicaz. Sin embargo, un jovencito de cabellos puntiagudos hizo que la lógica que la regía se encegueciera impidiéndole descifrar la verdad.
Ambas se ocultaron detrás de una camioneta, desde allí vieron el enorme número de hampones armados que paseaban tranquilamente como si fuera un día de campo. Videl reconoció a muchos de ellos, eran vulgares y sucios ladrones que ella misma atrapó con sus propias manos para enviarlos a prisión.
– ¿Cómo escaparon de la cárcel? –se cuestionó al ignorar lo sucedido horas atrás.
Estudió la situación, se dio cuenta de las varias patrullas policiales incineradas, eso le dijo que las fuerzas de la ley estaban diezmadas. Si bien el panorama era preocupante, lo que avistó a continuación casi la paraliza. Su viejo camarada, el jefe de la policía se encontraba bajo el control de los criminales.
– ¡Camina abuelo, camina!
Videl le tenía un gran aprecio a él, y no daba crédito a lo que veía. Cuándo fue que la justicia se vio arrodilla ante el crimen, eso no podía ser verdad. Su fervor por la rectitud la motivó a actuar impulsivamente, ella regresaría el orden con puñetazos y patadas de ser necesario. Esos delincuentes rogarían ser encerrados de nuevo, antes de seguir recibiendo sus golpes.
– ¡Ya vi suficiente! –vehementemente saltó hacia la calle repleta de malhechores.
– ¡Videl! –Milk no pudo detenerla, y permaneció escondida.
– ¡Libérenlo, ahora! –les ordenó a los rufianes.
Uno a uno los bandoleros voltearon sus cabezas hacia un costado, frente a sus ojos una jovencita vestida completamente de negro apareció imprevistamente. No obstante, no se vieron sorprendidos ante su visita. Ya que sabían lo que ella hizo la noche anterior, cuando fue destruida la mansión del alcalde.
– ¿Quién diablos te crees que eres? –Le respondió uno de los truhanes– ¡tú no nos das órdenes!
– ¡Quítate la máscara!
– ¡Si tienes valor, muestra la cara!
– ¡Eres una chiquilla cobarde!
Los dientes de Videl crujieron, se olvidó de sus problemas personales, incluso de Gohan. No soportaba que la tildaran de miedosa, mucho menos viniendo de una horda de maleantes. Lentamente llevó su mano a su rostro, sabía que eso le traería dificultades pero la seguridad de Ciudad Satán era más importante que ella. Con un tirón, se quitó su antifaz.
– ¡Es…es ella!
– ¡La mocosa entrometida!
– ¡Es Videl Satán!
Por largo tiempo imaginaron que la eliminaban, esa adolescente los había enviado a un calabozo. Rabiosos y hambrientos de venganza, se prepararon para hacerla pedazos.
– ¡Acaben con la carcelera!
La hija de Mr. Satán se colocó en posición de pelea, su cuerpo parecía apoyarla al no molestarla con más dolencias. Respirando tranquilamente, la heroína observó como aquellos sujetos llenos de odio corrían hacia ella con deseos de hacerla experimentar los más terribles dolores. Pese a eso, Videl únicamente endureció sus puños.
– La diversión no termina nunca.
Desde un sitio privilegiado, el nuevo amo y señor de Ciudad Satán disfrutó de la batalla.
Un viejo reloj columpiaba su péndulo en la pared, la habitación era controlada por el silencio y la quietud. En el fondo, una enorme cama se encontraba ocupada por un hombre igualmente colosal. Ox Satán, el anciano Rey de la Tierra del Fuego, reposaba tranquilamente tratando de llevar alivio a su salud.
A su avanzada edad, él concentraba sus esperanzas en su primer nieto para que éste tomara su puesto. Seis meses atrás, su hija trató de encontrar a la chica que se convertiría en la esposa de Gohan. Sin embargo, él sorprendió a todos los invitados ese día con su decisión de no escoger a ninguna de las señoritas allí presentes.
Con los años, él notó como la manera de ser de Milk iba cambiando poco a poco. Un extraño carácter se fue moldeando lento pero imparable, atrás quedó la joven alegre que incluso pasaba parte de su tiempo libre practicando las artes marciales. Al contraer matrimonio con Son Goku, algo se alteró en su interior sin saber porqué.
El nacimiento del pequeño Gohan fue un acontecimiento de tremenda felicidad, en aquel ya lejano día, todo el reino celebró la llegada al mundo del príncipe heredero a la corona. No obstante, Ox Satán descubrió un brillo inusual en los ojos de Milk. A partir de ese momento, ya nada sería igual para la mujer de cabellos azabaches.
Una aversión casi demencial nació en ella, las increíbles habilidades de su esposo que alguna vez le causaron orgullo ahora le generaban miedo. La reina presenció las crudezas de las peleas de su marido, viendo las mortales heridas que éste sufrió al combatir. Fue entonces, al sostener en sus brazos a su primer hijo que Milk no quiso verlo padeciendo lo mismo.
No sólo eso, su hija se obsesionó con la idea de que Gohan fuera conocido por ser un aristócrata brillante. Por lo tanto, lo sometió desde chico a un régimen de estudio inusual con los más exigentes profesores. Simultáneamente a que su descendiente crecía fortaleciéndose en lo mental y en lo físico, él por su parte se debilitaba progresivamente.
Precisamente, a consecuencia de su estado de salud decaído. Él vivía sus días en cama, por medio año esperó y esperó a que su nieto regresara con una doncella para desposarla. Al hacerlo, su labor como Rey oficialmente se habrá terminado. Pese a ello, él aún no retorna a casa y la espera se le estaba haciendo casi interminable.
La puerta de su recámara rechinó lentamente, pesadamente abrió los párpados encontrándose de frente con tres siluetas muy familiares: la primera fue su yerno, la segunda era Krilin, y finalmente la tercera se trataba de Picorro.
– Lamento molestarlo de esta forma–Goku se disculpó–pero debemos hablar de emergencia con usted.
– Su majestad, su hija la reina, ha desaparecido–Krilin manteniendo el protocolo le informó.
– ¿Qué? –alegó exaltado.
– No hay tiempo para formalismos, iré directo al punto–Picorro se saltó la etiqueta–creemos que se marchó a Ciudad Satán a buscar a Gohan, de alguna forma de enteró de todo y fue por él.
– ¿Cuándo pasó esto?
– No la encontraron en sus aposentos esta mañana, sospechamos que se fue durante la noche–Krilin le respondió.
– Ox Satán tengo un mal presentimiento, no puedo explicarlo pero creo que Gohan está en problemas, debo ir a ayudarlo–Goku se expresó con cautela.
– Sé que no puedo detenerte Goku, ni a ninguno de ustedes–él contestó–si Milk sabe de nuestro secreto ya no es necesario que éste se prolongue más, ve Goku, ve y tráelos a ambos.
– Regresaremos pronto, se lo prometemos–el hombrecillo sin nariz habló con positivismo.
– Confío plenamente en los tres, ahora vayan por Milk y Gohan.
Minutos después, el trío surcaba el cielo a toda velocidad hacia Ciudad Satán. Desconociendo por completo la convulsionante situación en aquel lugar, viajaron dispuestos a concluir definitivamente con la misión que el príncipe se encomendó meses atrás. El horizonte se extendía cristalino ante ellos, esa era la calma antes de la tormenta.
Entretanto, un hombre de baja estatura pero grande en orgullo miraba el firmamento con dureza. Vegeta presentía que a muchos kilómetros de distancia, una pelea emocionante se encontraba a punto de llegar a su clímax. El esposo de la dama más adinerada del mundo se dio la vuelta, vio directamente a la peliazul quien fumaba cigarrillo tras cigarrillo sin parar.
– ¡Mujer! –Gritó el fornido luchador llamando su atención.
Bulma aspiraba el cigarro con fuerza, llenando su cuerpo con la mentolada presencia de la nicotina. Ella aún no asimilaba aquella llamada telefónica nocturna, Yamcha interrumpiendo su descanso la puso en ese estado de sorpresa e inquietud que sufría. Siempre tuvo la razón, ese joven de cabellos puntiagudos era el hijo de Goku.
Yamcha en una breve pero abrumadora conversación, le comentó las más recientes noticias acontecidas en la ciudad del campeón mundial. No sólo la revelación sobre Gohan, sino también, le mencionó las turbulentas acciones protagonizadas por dos individuos nunca antes vistos por ellos.
– ¿Qué quieres Vegeta?
– Dime qué tanto estás pensando.
– Trato de idear una manera de ayudar al maestro y a Yamcha.
– ¡No me interesa esa sabandija rastrera ni el anciano! –Vociferó–quiero ver de qué son capaces esos sujetos.
– ¡Vegeta esto es serio!
– ¡Tonterías! –Replicó–al derrotar a esos granujas el problema se soluciona.
– ¡No tomes las cosas a la ligera! –Le alegó la empresaria y científica–Gohan fue derrotado y su vida peligra, además él es el hijo de mi mejor amigo, no me perdonaría si me quedo sin hacer nada para auxiliarlo.
– ¿Te importa tanto ese tal Goku?
– Claro que sí, él es irreemplazable para mí–aseguró–además él era muy fuerte, incluso más que tú.
– ¡Eso es imposible! –a Vegeta la indignación lo enfureció–yo lo aplastaría fácilmente como a un insecto.
En varias ocasiones, Bulma le narró las hazañas de Goku al enfrentarse a los más diversos oponentes, venciéndolos uno por uno. Siendo alguien competitivo, Vegeta ansiaba conocerlo para desafiarlo, y comprobar así, si esas palabras eran ciertas o sólo puras habladurías. Dejando la cautela a un lado, Vegeta sonrió sabiendo lo que haría.
– ¿Qué haces? –Bulma le preguntó al verlo abrir la ventana.
– Quédate aquí pensando cuánto quieras, yo iré a derrotar a esos gusanos por mi cuenta.
– ¡No, espera!
Desde su cómodo sofá, Bulma vio a su marido salir disparado como una bala hasta perderse de vista. La peliazul maldijo fuertemente, él siempre actuaba impulsivamente sin pensar detenidamente. De inmediato aplastó su cigarrillo en el cenicero, y corrió deprisa en busca de una aeronave con la cual perseguirlo.
No obstante, otro miembro de la familia Briefs había escuchado la conversación manteniéndose perfectamente escondido. El pequeño Trunks adornó su cara infantil con una sonrisa idéntica a la de su padre, enseguida despegó a toda velocidad siguiendo a sus progenitores, él no quería perderse de ni un sólo detalle.
Sin que nadie lo imaginara, Ciudad Satán se convirtió en el sitio de reunión para muchos viejos amigos.
Finalmente había ocurrido, todo lo que soñó alguna vez se materializó ante sus ojos. La policía ya no existía, el par de adolescentes entrometidos que arruinaban sus atracos fueron derrotados. Sin embargo, aquella victoria no era suya…sino de alguien más. Lunch se sentía miserable, sus metas y objetivos ya no valían nada.
Al caminar por las calles vacías, debería de mostrar felicidad por el triunfo. Pero en su cara sólo se reflejaba amargura, paso a paso avanzó mirando el pandemónium que el par de mercenarios desató. Los odiaba muchísimo, en especial a Dieciocho, sin embargo su desprecio hacia ellos no bastaba para quitarlos del camino.
Trató de idear un modo de poder eliminarlos, si bien pensó en cientos de métodos diferentes para hacerlo, cada uno de esos planes terminaban naufragando. La criminal de cabellos rubios y listón rojo, detuvo sus pies ante una cabina telefónica llena de agujeros de bala, abrumada por la zozobra miró un cartel algo descolorido allí pegado.
Dicho anuncio invitaba a los ciudadanos a reunirse en la mansión de Mr. Satán, donde se efectuaría una fiesta de disfraces en honor del heroico Gran Saiyaman. Al recordar al superhéroe, Lunch creyó haber encontrado la respuesta a la pregunta que reiteradas veces la atormentó. Aunque esta, significaría hacer algo que tiempo atrás consideraría inverosímil.
Las pesadas ametralladoras y rifles no los afectaban, las bombas por muy potentes que fueran fracasarían al lastimarlos. Antes esto resultaba obvio para la delincuente, que la única forma de vencerlos era combatiendo fuego con fuego. Para luchar con individuos superdotados, se necesitaría de alguien con las mismas habilidades.
– ¡El Gran Saiyaman! –Lunch arrancó el papel desteñido para verlo más minuciosamente.
Con sus dedos aplastó la hoja impresa antes de reanudar sus pasos, estaba decidida, la idea no le gustaba pero qué más podía hacer. La fundadora de la pandilla Blue Shadow, regresó a la guarida de los pandilleros dispuesta a ejecutar su plan. Dentro de ese lugar, se encontraba encerrado tanto el alcalde como el enmascarado.
Los secuaces de poca importancia, la miraban silenciosamente a medida que caminaba. Lunch se apresuró manteniendo la cautela, su objetivo era prácticamente una traición. Sigilosamente atravesó los pasillos dentro de aquel viejo edificio, deteniéndose completamente al notar la presencia de un par de guardias que vigilaban la celda del joven héroe.
– ¡Maldición! –con un susurro liberó su desazón.
Lunch no era una mujer experta en pelear cuerpo a cuerpo, sin embargo al no tener otra alternativa tendrá que luchar usando sólo sus manos. Si realmente ambicionaba desasearse de los hermanos cazarrecompensas, tenía que actuar ahora.
– ¿Cómo está el prisionero? –la rubia habló haciéndose notar.
– Igual, profundamente dormido–le respondieron.
– Abran la puerta, Diecisiete me ordenó asegurarme del estado del Gran Saiyaman–demandó con arrogancia, esperando que su treta funcionara.
– Lo siento Lunch, pero Diecisiete nos dio órdenes claras de no dejar entrar a nadie excepto a él–le denegó el acceso uno de los guardias.
– ¡Te digo que el mismo Diecisiete me envió! –dejando su máscara de tranquilidad, ella demostró su ansiedad.
– La respuesta es no Lunch.
– De acuerdo, me voy–la pandillera se dio la vuelta, pero de inmediato se giró nuevamente para golpear al vigilante.
– ¿Qué diablos haces? –el otro centinela la enfrentó, éste se disponía a dispararle.
– ¡No te entrometas!
La rubia se abalanzó sobre él, siendo una inexperta en combatir hizo lo primero que se le ocurrió. Con la ayuda de sus extremidades se aferró a la carabina que él sostenía, forcejearon por unos segundos hasta que con un rodillazo castigó el abdomen de su rival. Aprovechando la situación, con la culata del arma lo golpeó en la cabeza noqueándolo.
Sabía que el tiempo no era su amigo, apresurada le arrebató las llaves a uno de los hombres inconscientes y abrió la cerradura con sumo cuidado. Al hacerlo, arrastró a los sujetos tirados en el suelo dentro de la habitación volviendo a cerrar la puerta. La rubia rebuscó en cada esquina encontrando lo que quería, él aún dormía pesadamente.
– ¡Vamos idiota, despierta…despierta!
Lunch abofeteó repetidamente a Gohan, éste continuaba sin reaccionar preocupando más a la criminal. En la mente de la mafiosa el arrepentimiento se formaba, sino lograba regresarlo al mundo de la lucidez los mercenarios con nombres numéricos la harían pedazos.
– ¡Abre los ojos, abre los ojos!
En aquel momento, en el interior de la cabeza del príncipe, él seguía atrapado en ese intenso sueño que experimentaba. Gohan se hallaba parado en el altar, mirando como la chica que eligió se aproximaba vestida completamente de blanco. La boda imaginaria igualaba la grandeza de una real, cada elemento era digno de la monarquía.
Su madre, padre, hermano, abuelo y demás invitados, lo observaban fijamente aguardando por el momento en que él acepte. Luego de una eternidad, su prometida se paró a su lado. El Rey recitó los votos nupciales mientras la pareja se tomaba de las manos, luego llegó el instante más esperado por los asistentes al casamiento.
Gohan retiró el velo descubriendo el rostro sonriente de su prometida, algo desanimado se inclinó lentamente estando a muy poco de besarla. Pero su ilusión se congeló al escuchar una voz, un clamor efusivo intentaba sacarlo de ese espejismo.
– ¡Despierta idiota, reacciona!
En un santiamén el ambiente que lo rodeaba se desdibujó, sumergiéndose en una oscuridad infinita. Paulatinamente sus párpados se fueron abriendo, permitiéndole a sus globos oculares de color negro mirar una sombra que se agitaba delante de él. Acompañando la imagen distorsionada, los llamados se intensificaron.
– ¡Eso es, mírame…mírame!
– ¿Quién eres? –Gohan le cuestionó.
– Soy tu ángel de la guarda y vine a salvarte.
Esa respuesta tan falsa y contradictoria, demostraba que incluso en tiempos de desesperación, hasta un villano necesitaba de la ayuda de un héroe. La justicia y el crimen se veían a los ojos, una inaudita simbiosis se encontraba a punto de conformarse. El bien junto al mal, colaborando unidos para detener a una amenaza descontrolada.
La lógica perdió todo sentido, tu mayor enemigo puede ser también tu más grande aliado.
Fin Capítulo Veintiocho
Hola nuevamente, les doy las gracias por tomarse la molestia de leer. La historia va concluyendo gradualmente, el final ya está a sólo dos episodios. Al mirar atrás, recuerdo el día que se me ocurrió la idea de este relato, hace tanto ya, que ahora estando a las puertas del desenlace me cuesta trabajo creerlo.
Todavía tengo que terminar ciertos detalles en la trama que faltan, en el último par de capítulos narraré el cierre de estos elementos que aún restan por completarse. Cruzo los dedos para que éste episodio les haya gustado, de igual modo, confío que la conclusión también sea del agrado de cada uno de ustedes.
Antes de acabar, quiero darle las gracias por sus comentarios en el capítulo anterior a los siguientes lectores: Animex12345, Durak, Coenjy y a Tadeus. Una vez más manifiesto mi más profundo y sincero agradecimiento, por sus opiniones o críticas para la historia. Feliz año 2014 para todos.
Gracias por leer y hasta la próxima.
