CAPITULO 27
TORMENTA DE VERANO
Jueves 10 de Julio 17:23 p.m. Springfield
El sol se imponía por encima de sus cabezas y la temperatura ascendía superando los 30 º C. Ambas llevaban ya un buen tramo de recorrido.
A su alrededor solo se podía observar extensos valles, con alguna arboleda en puntos estratégicos. La carretera estaba desierta. Durante el corto trayecto no pasó ningún coche, absolutamente nadie que pudiese llevarlas hasta la gasolinera.
—¿Por qué te has puesto así con Britt?— preguntó Rachel tratando de sacar conversación.
Habían caminado durante casi 5 minutos sin dirigirse la palabra y la morena estaba a punto de estallar. No soportaba ese silencio, ese mutismo de la rubia.
—No es asunto tuyo— contestó desganada.
—Ya conoces a Britt, siempre es así pero no lo hace para hacer daño.— Ignoró la respuesta de Quinn.
—Rachel…—hizo una pausa— no voy a hablar de eso y menos contigo, así que déjalo estar— Sentenció.
—Está bien, pero al menos podríamos hablar de algo… no puedo estar tanto tiempo callada, mis cuerdas vocales se volverán vagas y no puedo permitírmelo.
Quinn resopló.
La decisión de Rachel por acompañarla le había sentado bien. Era cierto que estaba enfadada, que no deseaba echar a perder todo el esfuerzo por ignorarla, sin embargo, no conseguía sacársela de la mente y a pesar de la continua lucha por evitarlo, tenerla al lado aunque fuese para recorrer unos metros a solas y sin dirigirse la palabra, le hacía ilusión. Era el simple hecho de contar con su presencia lo que hacía que aquella sensación la llenase por completo.
En el fondo tenía mucho que agradecer a Britt por haber conseguido que Rachel viajase con ellas. Era una mezcla de sentimientos. Lo pasaba mal por tenerla tan cerca y no poder decirle todo lo que sentía o dejarse llevar por sus sentimientos, pero a la vez agradecía que estuviese allí y no volverse loca pensando dónde estaría en el caso de que no hubiese viajado con ellas.
Aquel viaje habría sido un infierno psicológicamente si Quinn no supiese absolutamente nada de ella.
—Hagamos un trato— habló al fin—, hablamos durante el camino a la gasolinera y a la vuelta y cuando volvamos al coche, me ignorarás como yo te ignoro a ti.
—¿Qué?, ¿Qué sentido tiene eso?— preguntó extrañada Rachel.
—¿Lo aceptas o seguimos igual?
Rachel se quedó pensativa, volvía a preguntarse el porqué de tanto enfado, por qué tanto odio si era ella la que debía estar enfadada.
—Yo no te he ignorado nunca—replicó
—No quiero hablar de eso.
—¡Dios Quinn!— exclamó— Dices que yo soy frustrante pero tú no te quedas atrás… me pones condiciones para hablar, acepto te saco un tema y me dices que de eso no… ¿Entonces?, ¿De qué quieres que hablemos?.
Tenía razón, se estaba comportando como una niña malcriada. Estaba exigiendo algo que no tenía sentido y sin embargo, Rachel acató aquella estupidez con tal de hablar. Tenía que ser más comprensiva.
—Por ejemplo ¿Me puedes explicar por qué has dicho lo de Steve?
Rachel sonrió.
—¿Qué quieres saber?...¿Por quién estaba loco?
Quinn la miró de reojo, tratando de averiguar si aquello era una burla mientras Rachel ampliaba su sonrisa.
—¿Estaba enamorado de Spencer?— preguntó curiosa
—¿De Spencer?— alargó la intriga— ¡No!
Quinn la miró incrédula.
—¿Entonces? No tenías más amigas en el colegio…y tú has dicho que estaba enamorado de una amiga.
—Tú, tú eras mi amiga, Quinn. Steve estaba loco por ti.
—¿Qué dices?— se sorprendió— ¿Me tomas el pelo?
—No, Ron me dijo que Steve estaba enamorado de ti desde que te conoció, que hubo un día en el que te pidió que le ayudases con unas tareas o algo así y que fuiste tan encantadora con él que empezó a mirarte de esa forma tan especial…—Quinn se ruborizó, le costaba creer la historia pero aquél hecho si sucedió de verdad y por aquel entonces, Rachel aún no estaba en aquel colegio. Nadie pudo haberle comentado aquel detalle, excepto el mismísimo Steve, o su mejor amigo Ron.—También me dijo que no era capaz de decirte nada porque le daba la impresión de que tú jamás le prestarías esa atención.– Añadió al ver que Quinn no perdía detalle de la historia
—¿Qué pretendía que hiciera?, Steve era uno de los chicos que se reía de mí…—masculló ofendida.
—No creo que él hiciera eso. Cuando Ron me lo confesó tenía razón, Steve simplemente le seguía la corriente a los demás, pero nunca se burló de ti, al menos que yo recuerde... ¿Tú recuerdas algo que hiciera contra ti?
Quinn pensaba, trataba de buscar algún hecho o suceso de aquella época que le sacase la duda. Rachel permanecía a la espera.
—No recuerdo nada ahora mismo…
—Yo sólo recuerdo el día en el que Spencer consiguió que nos confesaras que te gustaba ese chico, estabas tan enfadada que era divertido… ¿Por qué te costó tanto decírnoslo?
Quinn permanecía en silencio, recordando toda la escena.
Spencer y Rachel se propusieron buscarle pareja a Lucy para el baile de fin de curso, la rubia no tenía contacto con nadie, solo hablaba con ellas y las dos chicas no estaban dispuestas a que se perdiese aquella fiesta. Fueron muchos días los que pasaron ambas tratando de elegir a un chico que le gustase a la pequeña Lucy, pero no había manera de hacerla hablar.
Todos le parecían estúpidos, todos se habían reído de ella en alguna ocasión y al contrario que Rachel, ella no podía dejar pasar aquellas burlas y perdonar a aquellos chicos por una simple cita de baile.
Pero aquél día la cosa se complicó. Spencer la obligó a decirle con cuál de los chicos estaría dispuesta a ir al baile y se vio atrapada, sin ninguna salida. Por aquél entonces ya tenía esos sentimientos confusos por Rachel y tenía que hacer algo para tratar de taparlos como fuese.
Steve McCurt pasó justo por delante de las chicas cuando hablaban en el patio de la escuela y los ojos de Lucy fueron a posarse sobre él por pura casualidad. Spencer entendió que aquel gesto era el signo que estaban buscando y que Steve era el chico por el que Lucy bebía los vientos. Fue la excusa perfecta para evitar cualquier tipo de duda de las chicas hacia ella y también le sirvió a ella ya que desde aquel instante y haciendo un gran esfuerzo, comenzó a ver a aquel chico de una forma diferente.
Que ilusa al pensar que aquello podía hacer que se olvidara de Rachel.
—Era una cría.
—Pero éramos tus amigas y yo te contaba mil secretos, teníamos confianza ¿No?.
Quinn la miró apenada. Ella aún guardaba el mayor de todos los secretos que podía contarle, que sentido tenía contarle mil historias si lo único que le importaba no podía decírselo.
—Cada uno es como es Rachel, tú tenías y tienes la suerte de tener esa…personalidad, no tenías esa inseguridad, esa loza sobre los hombros… no puedo cambiar mi pasado…— Se sinceró
Rachel notó la tristeza en las palabras de la rubia.
—Pues ya sabes, tenías a uno de los chicos más… guapos— sonrió,— loco por tus huesos. Lástima que no pudo besarte— Añadió en el mismo instante en el que empezaba a lamentarse por haberlo dicho. Quinn desvió la mirada hacia el campo que iban dejando a un lado tratando de ignorar aquel comentario.—Oye, y ahora que lo pienso... ¿Cómo fue tu primer beso?
Quinn trató de no sonreír mientras miraba al frente, la imagen de su primer beso se le vino a la mente y no pudo contenerse y mantenerse seria.
—Fue en Columbia, en el centro para "curarme"— sonrió— de mi supuesta homosexualidad.Había un chico, se llamaba Josh y también estaba allí porque sus padres no aceptaban que fuera gay. Sin embargo, él lo tenía clarísimo no como yo…—hizo una pausa— Nos hicimos amigos, él me decía constantemente que nada de lo que le hacían le iba a hacer cambiar de idea, era un chico feliz, le gustaba ser como era y afrontaba todo aquello con valentía…— explicó recordándolo con ternura — Los dictadores que trataban de curarnos, vieron que Josh y yo estábamos mucho tiempo juntos y pactamos hacerles creer que nos habíamos enamorado, para que nos dejaran en paz y nuestros padres nos sacaran de allí… Un día, a Josh se le ocurrió que los…profesores…nos vieran besándonos y así lo hicimos... disimulamos escaparnos pero sabiendo que nos estaban observando y nos besamos.
—Vaya… buena estrategia.—Musitó Rachel tras descubrir la pena que empezaba a adueñarse de Quinn.
—Besar a aquel chico fue lo mejor y a la vez lo peor que me sucedió. No puedo decir orgullosa que mi primer beso fue lleno de ilusión y cariño como pueden decir la mayoría de las chicas, pero tampoco me arrepiento de haberle besado a él.
—¿Y él que opinó?— trató de evitar que la rubia se sintiese peor recordando sus sentimientos.
—Pues…—La miró— me dijo que no le gustó,— sonrió— pero me confesó que tuve el honor de ser la única chica que besaría aquellos labios.
Rachel no pudo evitar sonreír ante el tono de voz que utilizó la rubia.
—¿Has vuelto a saber de él?
—No, mis padres me sacaron antes del centro, a ellos no les hacía gracia que tuviese amistad con él por muchos besos que nos diésemos y perdí todo contacto
—¿Y por qué no le buscas?, seguro que por medio de cualquier red social es sencillísimo dar con él… ¿Sabes su apellido o dirección?— preguntó curiosa.
—Rachel—masculló ignorando la pregunta— ¿Es esa la gasolinera?
Habían recorrido todo el trayecto hasta llegar al área de servicio y gracias a aquella conversación se les hizo más ameno y menos cansado.
Consiguieron comprar la gasolina necesaria para que el coche llegase sin problemas hasta aquel lugar pero ninguna de las dos había pensado en cómo iban a trasportar el combustible hasta el coche. Por suerte, existían unas pequeñas bolsas preparadas para ello aunque el camino de regreso se les presentaba más agotador.
Habían recorrido casi 3 kilómetros a pleno sol y ahora tendrían que volver a repetirlo, compartiendo una bolsa llena de gasolina.
Rachel solucionó el problema y tras poner varias caras de dolor y pena ante uno de los dependientes, consiguió que éste lograse convencer a su jefe para que les permitiese llevar en coche a las chicas hasta donde esperaban Santana y Britt.
Quinn volvía a sorprenderse ante la actuación de Rachel y no pudo evitar recordar aquel momento en el que tras ser pilladas por su madre en su propia casa, la morena consiguió convencerla tras lograr dejar caer unas lágrimas por sus mejillas, dignas de cualquier premio a la mejor actriz dramática.
Sin apenas tiempo de asimilarlo, las dos chicas iban de camino hacia el Chevrolet de Santana, en un viejísimo Toyota propiedad del dependiente y conducido por éste mismo.
Apenas tardaron unos minutos en completar el recorrido y agradeciendo al chico el detalle, bajaron del coche dispuestas a encontrarse con Santana y Britt. Sin embargo la situación no era esa precisamente la que encontraron al llegar a la camioneta.
Estaba vacía. Las maletas seguían allí pero ni rastro de las dos. Rachel miraba a Quinn tratando de buscar una explicación mientras la rubia más tranquila, miraba a su alrededor buscando algún indicio que le hiciera saber dónde diablos estaban.
No tuvieron que esperar mucho.
Unas carcajadas y el ruido del chapoteo en el agua llamaron la atención de las dos. Provenían de una pequeña arboleda que se hallaba justo en el lado opuesto del andén donde estaban detenidas. Quinn no dudó en acercarse. Fue dejando atrás el coche, con Rachel observándola incrédula.
La rubia esquivó varios árboles y arbustos. Pronto se encontró con una valla de casi 2 metros de altura, detrás de ésta y tras observar entre la alambrera, pudo descubrir entre varios setos y arboles pequeños, un enorme pilón o alberca. El sonido del chapoteo del agua y las risas provenían de ahí. Debía de ser profunda porque no podía ver nada de lo que sucedía en el interior. Solo escuchaba los sonidos.
—¿Hola?— preguntó esperando alguna respuesta.
El sonido del agua cesó y de pronto la cabeza de Santana apareció por encima de la pared del estanque.
—¿Ya habéis vuelto?— dijo mientras trataba de secarse la cara y los ojos.
—¿Qué haces ahí? ¿Dónde está Britt?
Una mano apareció justo detrás de la latina.
—Estamos combatiendo el calor.—Respondió divertida.
—Oh Dios... ¿Nosotras andando para conseguir gasolina y vosotras jugando en una piscina?... lo que me faltaba…
Quinn se dio media vuelta y se alejó directa al coche. Rachel seguía inmóvil al lado del auto.
—¿Qué sucede?—cuestionó al verla aparecer sola.
—Nada... solo que las vigilantes saben cómo pasárselo bien mientras nosotras nos preocupamos— le respondió mientras Quinn abría el depósito de la gasolina y se disponía a verter la bolsa con el combustible.
Rachel intentaba averiguar qué es lo que sucedía cuando Santana y Britt aparecieron en ropa interior, completamente mojadas y riendo.
—¿De dónde venís?— preguntó al verlas.
—Hemos encontrado una piscina abandonada… ¿Podemos volver?—cuestionó Brittany.
—¿Una piscina?— masculló Quinn mientras terminaba de vaciar la bolsa— Eso no es una piscina, es un pilón o una estanque y Dios sabrá para que sirve...
—Tiene agua… es una piscina.— Replicó mientras trataba de cubrirse.
—Lo que digas…
— ¿Habéis traído la gasolina?.—Se interesó Santana.
—Sí, pero solo la suficiente para llegar a la gasolinera y volver a llenar el depósito—fue Rachel quien respondió.
—Y deberíamos ir ya— concluyó Quinn— Me gustaría llegar a Tulsa antes de que se hiciera de noche.
—Tendremos que esperar a secarnos, no pienso conducir mojando todo.
—No voy a esperar... no es mi problema.
—Te recuerdo que vamos en mi coche— Replicó la latina.
—Tranquilidad chicas… Britt y tú podéis ir detrás mientras os secáis y yo conduzco—Habló Rachel.
—Trato hecho— Brittany no dudo en montarse en la parte trasera y esperó a que Santana también lo hiciese apenas unos segundos más tarde.
—No es justo— recriminó Quinn.
—Déjalo Quinn, luego conducen ellas y punto… pero vámonos antes de perder más tiempo.
—Voy a conducir yo, te toca descansar— fue tajante. Tanto que Rachel ni siquiera se atrevió a replicar y se sentó en el copiloto mientras Quinn volvía a poner en marcha el motor del auto.
Acaban de entrar en el estado de Oklahoma. Quinn decidió seguir conduciendo ya que era la mejor manera de no perder tiempo. Estaba obsesionada por llegar a Tulsa donde pasarían la noche y poder seguir al pie de la letra la ruta que había marcado en la libreta. Casi una hora después, ya distinguían las primeras luces de los pueblos que iban apareciendo a lo lejos. Una hora en la que se limitaron a guardar silencio mientras el reproductor de Rachel seguía amenizándolas, ésta vez con algo más entretenido que la banda sonora de Les Miserables.
—Quinn no es justo que hagas tú todo el trayecto… Santana y Britt están ya más que secas y tú necesitas descansar.
—No voy a parar ahora, en una hora más o menos llegaremos a Tulsa y no quiero perder más tiempo.—Respondió agradeciendo que le hubiese regalado tanto tiempo para desconectar mientras conducía.
—La verdad… son únicas, jamás se me hubiera ocurrido hacer algo así, ¿Te imaginas que aparece el dueño de esa piscina?
—Eso no era una piscina, ni siquiera creo que esa agua estuviese en condiciones para el ser humano, pero aun así me hubiera encantado que las pillasen. Se lo pensarían dos veces antes de volver a hacer algo así.
—No seas cruel, se lo pasan bien… ojala yo hiciese esas cosas. Tendría mil historias para contar a mi nietos...— sonrió.
Quinn se quedó pensativa durante unos minutos. Cada vez que Rachel hablaba de algo, a ella se le venían mil imágenes a la mente y en aquella ocasión no pudo evitar verla como una anciana feliz, rodeada de niños y todos escuchando con entusiasmo las historias de la morena. La sonrisa inundó su rostro.
—¿De qué te ríes?— volvió a hablar al notar la expresión de la rubia.
—De nada— volvió a cambiar su gesto— ¿Puedes buscar algún motel en ese navegador que tienes?
—¿Motel?, claro imagino que sí...— Dijo mientras buscaba el dispositivo en su bolso.
—¿Por qué no has dicho que lo traías?—Preguntó curiosa tras ver como lo manejaba entre sus manos.
—No lo sé— dijo mientras encendía el aparato— Me gusta seguir la ruta que has marcado
—No es cierto, pensabas que me iba a enfadar, ¿Verdad?— la miró de reojo.
—Un poco— bajó la cabeza tímidamente— más bien pensaba que te ibas a ofender.
Quinn permaneció callada ante aquella frase. Ella jamás se enfadaría por algo así, de hecho es probable que lo hubiera agradecido si llega a saber que la morena llevaría ese navegador.
—El motel más cercano a Tulsa y a nosotras ahora mismo está a…40 minutos más o menos.
—Ok…
—Déjame que anote la dirección exacta.— Rachel no dudó en coger el bolígrafo que utilizaba para marcar la ruta y buscó un papel donde anotar todos los detalles.
No encontró nada en su bolso y se percató que la pequeña libreta de Quinn permanecía en el pequeño hueco que había entre ambos asientos. Hizo ademan de cogerla pero la rubia estaba pendiente.
—Deja eso— espetó seria
—Necesito un papel donde anotar— contestó tratando de explicarse.
—Te he dicho que no toques la libreta, Rachel— respondió desafiante y la morena volvió a quedarse muda. Otra vez ese cambio de humor. Hacia unos segundos, Quinn no paraba de sonreír y hablar como si nada, y de pronto volvía a ser borde, a contestarle de manera brusca y desagradable. A tratarla mal. Sin embargo, en aquel instante Quinn notó que se había excedido en la respuesta. No podía consentir que leyese absolutamente nada de lo que había allí escrito, pero tampoco quería volver a discutir con ella o hacerla sentir mal. Mantuvo el silencio por algunos minutos en los que observó como Rachel trataba de ignorar aquel pequeño enfrentamiento centrándose en el navegador, hasta que descubrió algo que le iba a ayudar a suavizar aquella tensión.
—Rachel— Buscó su atención — ¿Qué te parece si nos reímos un rato?
—¿Reír?— preguntó incrédula, sin comprender nada. Hacia unos minutos la rubia le desafió por intentar tocar aquella dichosa libretita y ahora volvía a cambiar de humor como si nada.
—Rachel, siento ser así— Se disculpó— Sé que no controlo mi actitud y… es probable que te estés volviendo loca tratando de averiguar cómo hablarme para que no te responda de mala manera.
—No tienes que sentir nada— interrumpió a la rubia— eres así y punto. Además se supone que deberíamos ignorarnos y sin embargo, me hablas – Bajó la mirada— Es más de lo que esperaba.
Quinn se sintió realmente mal por aquellas palabras. Estaba haciendo el imbécil, había intentado por todos los medios no hablar con ella y no podía evitarlo y cada vez que lo hacía, su orgullo se interponía y le hablaba de forma desapacible y violenta. Aquello tenía que acabar. Se estaba haciendo daño a sí misma.
—No sé qué decirte— Musitó con apenas un hilo de voz— Pero estoy furiosa contigo y cada vez que me hablas… me lo recuerdas y no puedo evitarlo.
—Yo también estoy enfadada contigo Quinn, pero podemos intentar llevarnos bien, aunque sea ahora. Vamos a estar todo el fin de semana juntas y no podemos hacerle esto a Spencer…Santana y Britt están acostumbradas a vernos discutir, pero ella no…
—Lo sé…— tragó saliva
A Quinn le pilló por sorpresa aquella confesión de que Rachel también estaba enfadada con ella. Su actitud había sido tan distinta que la rubia pensó que quería volver a tener su amistad, sin embargo, ahora le decía que estaba enfadada. ¿Cómo podía hacerlo?, ¿Cómo podía apartar el enfado, la rabia y ser dulce y amable?. Para ella era imposible. Cuánto mejor la trataba peor se sentía.
—¿De qué nos vamos a reír?— Cuestionó zanjando al asunto al ver que Quinn ni siquiera se atrevía a hablar.
Quinn la miró y le agradeció el cambio de tema con una leve sonrisa.
—Ahora lo verás— Respondió la rubia agradeciendo el hecho de que hubiese cambiado de conversación.
Rachel miró hacia delante siguiendo la misma dirección señalaba Quinn y permaneció en silencio, esperando aquello que las iba a hacer reír.
Los minutos pasaban y nada ocurría. Quinn mantenía la sonrisa y Rachel esperaba ansiosa. De pronto, un golpe en el techo del coche las sacó de la espera. Santana trataba de llamarlas. Rachel sacó su cabeza por la ventanilla mirando hacia atrás mientras que Quinn comenzaba a reír.
—¡Dile a Quinn que pare el coche, está empezando a llover!— Gritó Santana
Rachel se metió en la cabina dispuesta a darle el mensaje a la rubia, pero se encontró a una Quinn con una sonrisa enorme y traviesa.
—Quinn… está lloviendo— dijo observándola atónita.
Las gotas comenzaron a dejarse ver por la luna delantera.
—Te dije que nos íbamos a reír un rato— espetó divertida.
Rachel se quedó boquiabierta.
—¿Vas a dejar que se mojen?.
—Es una tormenta de verano… y querían quedarse en la piscina esa ¿No? Un poco de lluvia no les vendrá mal.
—Oh Dios—susurró Rachel siendo consciente de la venganza de Quinn.
—¡Quinn!, ¡nos estamos mojando!— Santana volvía a llamar su atención desde la parte trasera mientras daba golpes en el techo— ¡Para el coche!
—¿No queríais agua?— murmuró traviesa—Pues ahí tenéis…
—Me las vas a pagar—recriminó la latina.
—¡Quinn!, ¡Yo te adoro!— gritó Brittany riendo a carcajadas.
—Tranquilas— Alzó la voz sin poder contener la carcajada— ¡En unos 20 minutos estaremos en el motel!
Rachel la miraba. Le encantaba ver aquella parte traviesa de la rubia y su sonrisa era contagiosa, tanto que no pudo evitar imitar su risotada, tanto que Quinn no dudó en mirarla, y durante varios segundos la mantuvieron como si el tiempo no las hubiese separado durante esos años. Como si volviesen a ser las dos amigas que fueron de pequeñas. Aquel momento solo se vio interrumpido cuando Quinn volvió a prestar atención a la carretera aun con aquella sonrisa en su rostro. Solo en ese instante la voz llegó a salir de los labios de Rachel, apartando las carcajadas para poder desahogarse como sentía y necesitaba hacerlo.
—Quinn—susurró obligándola a que desviase de nuevo la mirada hacia ella— Te he echado de menos.
