Disclaimer: Glee le pertenece a Murphy y esta historia le pertenece a yourkat.

Espero que disfruten y comenten el cap.

Link de la historia original: s/6841332/1/The-Silence-of-Silence

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Capítulo 28: Burbuja de cristal

Las manos de Quinn corrían a lo largo de la cerámica del mesón de la cocina. Estaba sentada en el taburete mientras observaba a Rachel revolotear alrededor de toda la cocina, pasando de un gabinete al otro.

Como si ella viviese allí.

Una sonrisa se formó en los labios de Quinn, y creció aún más cuando Rachel se volteo para mirarla por encima del hombro y vio la misma felicidad reflejada en ella.

"¡Oh!" exclamó de repente la morena, se le había caído el paquete de espaguetis, derramándose espectacularmente en el suelo de la cocina. "Oh, Dios mío" empezó a murmurar para sí misma, agachándose detrás del mesón.

Quinn perdió por completo de vista a Rachel, pero se encontró riendo descontroladamente con los sonidos de Rachel luchando frenéticamente para recoger la pasta.

"Quinn," resopló la joven, asomando la cabeza por encima del borde del mesón. Uno de sus puños descansaba junto a su rostro, estaba lleno de espaguetis destrozados. "Esto no es para reírse. ¡Sabes la regla de los cinco segundos es real!"

Éste fue tal vez el momento en que la rubia había visto más indignada a Rachel, y se encontró disfrutándolo inmensamente.

Y soplando una bocanada de aire hacia su flequillo, Rachel volvió a su labor de recoger la pasta derramada.

Y en ese momento exacto - con Rachel desapareciendo detrás del mesón y Quinn riendo suavemente en su mano - que la puerta principal se abrió de golpe.

El cuerpo de Quinn se tensó de inmediato, apenas y se atrevía a levantarse de su asiento mientras Will entraba al apartamento. Sus dedos, extendidos contra el mesón, se volvieron blancos.

"Hey Quinn," dijo apresuradamente a modo de saludo mientras corría en dirección a su habitación.

Momentáneamente Quinn olvido su habilidad para hablar. Se movió hasta donde se escondía su estudiante. ¿Qué estaba haciendo Will allí? ¿Y si Dios no lo quiera, Will quería prepararse un sándwich?

Sus pensamientos que poco a poco iban ganando impulso hacia la histeria absoluta, fueron interrumpidos por su compañero de apartamento entrando a la cocina. Estaba agitando un DVD en el aire. "¡La grabación de West Side Story que me dieron para mamá y papá!", dijo a modo de explicación. "Emma y yo ya estábamos casi fuera de la ciudad, pero recordé que había dejado el DVD"

Quinn siguió boquiabierta.

"¿Estabas cocinando?" le preguntó Will, mirando alrededor de la cocina, notando una olla de agua en la estufa. Sus ojos se clavaron en el suelo, y Quinn al instante supo que observaba la pasta derramada. Él la miro preocupado, y ella intervino antes de que él pensara que ella estaba teniendo otro ataque al corazón o - ¡peor aún! – se moviera alrededor del mesón para ayudarla, y descubriera a Rachel escondida.

"Decidí cuidar mis carbohidratos," dijo la rubia bruscamente, con cara al instante de haberse equivocado con la elección de sus palabras en un momento de indecisión.

Will se echó a reír y acariciando el hombro de Quinn dijo: "Oh, vamos. ¡No necesitas cuidar tus carbohidratos!" Se echó a reír, y ella se rió torpemente. "Mira, te ayudaré a limpiar-"

"Por favor, no lo hagas," Quinn susurró para sí misma.

"-pero ya estoy con mucho retraso," continuo Will ininterrumpido, mientras se movía hacia la puerta principal. Quinn hizo un gesto, tratando de no verse muy ansiosa por su partida. Ya saliendo Will le gritó: "Y asegúrate de botar esa pasta, definitivamente ya han pasado más de cinco segundos"

Y entonces se había ido.

Dos minutos completos pasaron en silencio absoluto. Quinn no estaba del todo segura de sí Rachel seguía o no detrás del mesón, el aire estaba tan quieto; quizá en su momento de desesperación, Rachel había desarrollado inexplicablemente el poder de la teletransportación.

"Ves," susurró Rachel: "¡Te dije que la regla de los cinco segundos era real!"

Juntas, se unen en un ataque de risa, rompiendo así la tensión del momento.

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Los estudiantes de la última clase de Quinn ya se habían marchado, por lo que la rubia se encontraba jugando con un bolígrafo en una mano y en la otra con su más reciente post-it por parte de Rachel: 30, decía, y la forma en que el infinito entre su presente y la graduación continuaba disminuyendo día a día, la hacía respirar más fácil. Era como un pequeño milagro.

La puerta de su aula se abrió unos minutos más tarde, y Quinn sintió que su cara visiblemente se encendió tan pronto como vio a Rachel caminando lentamente hacia ella.

"Hola," Rachel tranquilamente habló mientras se acercaba, dejando caer su bolso cerca del escritorio de Quinn y se detuvo a apoyarse en la mesa más cercana.

"Hola Rachel," respondió Quinn, deslizando la tapa en el bolígrafo con el que había estado jugueteando antes de la llegada de su estudiante. "¿Cómo estás?" se encontró luchando para no añadir el cariño al final de su pregunta.

"Estoy bien", dijo Rachel, asintiendo con la cabeza ligeramente y mirando hacia abajo, a la baldosa debajo de sus zapatos.

Quinn se levantó y comenzó a borrar sus rayas de marcador en la pizarra; lenta y metódicamente. "El baile de graduación es este fin de semana", dijo, sabiendo que Rachel ya sabía, por supuesto. Quinn dejó el borrador de nuevo en su bandeja y se limpió las manos para eliminar cualquier residuo. Ella se volvió y miró a Rachel, y pudo ver claramente la emoción en el rostro de la otra chica.

"Te dije que fui de compras este fin de semana con Shelby, ¿verdad?" -preguntó Rachel.

Quinn sonrió y se apoyó en su propio escritorio, manteniendo apenas un metro de distancia entre Rachel y ella, no había nada entre ellas, más allá del deseo palpable de acercarse y tocarse. "Puede que lo hayas mencionado," bromeó, sabiendo exactamente cuánto Rachel había estado esperando para escoger un vestido para el baile. "¿Has encontrado el vestido perfecto?" Rachel asintió enfáticamente, mordiéndose el labio inferior, sus ojos brillando. "Te la vas a pasar muy bien."

"Vas a estar allí, ¿verdad?" -preguntó Rachel.

Asintiendo, Quinn dijo, "Si estaré. Ellos necesitaban un par de chaperones adicionales, por lo que me ofrecí como voluntaria para el turno de cierre. Estaré allí desde las diez hasta poco después de la medianoche."

"Bien", dijo Rachel. Se apartó de la mesa y se acercó más a Quinn. Los pliegues de su falda se movieron contra sus muslos mientras caminaba, revelando mucha piel para el autocontrol de la rubia. "Me alegro de que puedas verme. Fui capaz de convencer a Shelby de que me dejara usar un diseño... revelador."

"Oh," Quinn tragó saliva, "¿En serio?"

"En serio..." Rachel arrastró las palabras, ahora prácticamente de pie entre las piernas de Quinn.

La mente de Quinn se remontó al baño del teatro. Podía sentirse a sí misma allí, cuando las cosas eran un poco más confusas e inciertas. Podía imaginar la sensación suave de Rachel presionando más y más en su contra; mientras ella apenas sentía el nudo de la anticipación revoloteando fuertemente en su estómago mientras esperaba que las palabras salieran de los labios de Rachel, palabras que la liberarían. Su cerebro estaba teniendo problemas para procesar el momento más allá de su reconocimiento de que su salón de clases era el lugar perfecto para conseguir meterse en algunos graves problemas; pero lo único que podía hacer era rogar a su cerebro de que mandase una señal a sus pulmones para que estos respiraran.

"Estoy segura de que el vestido se verá impresionante en ti", consiguió Quinn decir, tomando el resto de la compostura y coraje que le quedaba para decir esas palabras en primer lugar.

"Todo va a ser para ti, Quinn," susurró Rachel. Y aunque ella susurró, Quinn no necesitó hacer un esfuerzo para entender las palabras o el sentimiento; podía prácticamente saborearlas, ya que fueron pronunciadas muy cerca de sus labios.

De repente era como si Quinn tuviese un ángel y un demonio en cada hombro, simultáneamente animándola a empujar los malditos límites y a poner un freno a la situación. La rubia optó por empujar los límites. "¿Qué será para mí?" Preguntó Quinn mirando desafiante a Rachel.

Parándose imposiblemente más cerca, Rachel se acomodó plenamente a sí misma contra los muslos de Quinn, destrozando en pedazos todo el control que Quinn pensó que tenía sobre la situación. Su mano izquierda se movió hasta el costado de la rubia sólo separada por la fina tela de la blusa de Quinn. Las uñas de la joven se clavaron en la piel sensible de la rubia, y Quinn se encontró gimiendo, el sonido terriblemente involuntario, y absolutamente imposible de evitar.

"Todo," susurró Rachel, su aliento golpeando el oído de la rubia.

Con los ojos entrecerrados, dijo Quinn, "Dímelo".

"El corte del vestido revela la mayor parte de mi espalda en una larga y profunda V," respondió Rachel, descansando su otra mano en el hombro de Quinn, sus dedos acariciando suavemente la piel expuesta en el borde de la camisa de Quinn.

...Quinn se imaginó arrastrando sus dedos por la piel desnuda de la espalda de Rachel, entre sus hombros, y todo el camino hasta el borde de su vestido, justo por encima de su trasero...

"Y en el frente," continuó la morena, "serás capaz de ver un poco más de escote". Quinn gimió. "Tuve que discutir con Shelby sobre eso."

...Quinn se imaginó presionando sus labios contra la suave piel de los senos de la joven, deslizando su mano en el interior del material del vestido, frotando su pulgar sobre los pezones endurecidos de Rachel...

"Y el material se aferra firmemente-" tomo la mano de la rubia y la deslizó hasta su trasero. "-aquí,"

Y Quinn ya no se estaba imaginando como seria tocar el trasero de Rachel, las yemas de sus dedos estaban flexionadas alrededor del firme trasero de la morena, acercándola más. Sus caderas se encontraron, y ahora no sólo eran los gemidos de Quinn los que llenaban el salón; Rachel que parecía más tranquila, dejo escapar un gemido de sus labios, mientras su centro se apretó más a Quinn.

Luego fue el nombre de Quinn en los labios de Rachel - "Quinn..." - tan suave y sutil como su boca se deslizó al oído de la rubia, luego a su mejilla y finalmente en la comisura de los labios.

"Rach," Quinn incoherentemente respondió, perdida entre su urgencia sexual y el rápido paso de sus pensamientos.

"Bésame", exigió la morena.

Si la fuerza de voluntad estaba en algún lugar dentro de Quinn, entonces no pudo hacer nada para evitar el beso. Y así, con la cabeza ligeramente inclinada, respondió al beso de la morena. Sus hambrientas bocas conectadas, los dedos de Rachel se clavaron incluso con más fuerza que antes en la espalda de Quinn, su otra mano se aferró a la parte superior del brazo de la rubia. La mano libre de Quinn se trasladó hasta el lado de la cara de Rachel, acariciándola tan suavemente como el momento lo permitía - no era especialmente cuidadosa - mientras su otra mano empujó a Rachel tan cerca como las leyes del universo lo permitían.

El beso sólo acababa de empezar, cuando un grito ahogado resonó en el espacio vacío de la sala de clase de la señorita Fabray.

"Patrick", dijo Quinn sin aliento, de pie derecha y metiendo un mechón de cabello detrás de su oreja. Para Patrick el sonido de su nombre pasó desapercibido porque no podía oírlo, y sus ojos estaban fijos en la figura temblorosa de Rachel. Quinn dio un par de pasos hacia adelante, levantando sus manos para señalar y hablar al mismo tiempo. "Patrick", lo intentó de nuevo, "Yo puedo explicarlo."

Los movimientos de Quinn captaron su atención, y sus ojos brevemente se desplazaron a los de ella. La única cosa que Quinn era capaz de registrar en su mirada era absoluta y devastadora angustia.

Se volvió hacia Rachel. Con sus labios cerrados firmemente para que ni un sólo sonido saliera de su boca, él señaló con enojo, "¿Fue esta la razón por la que estabas indecisa sobre ir al baile conmigo?"

Tanto Quinn como Rachel pensaron que hubiera sido mejor oírle gritar en lugar de ver los gestos enfáticos y duros de sus manos.

"Patrick, escucha" comenzó a señalar Quinn, pero Rachel alargó la mano y le tocó el brazo para detenerla. Patrick desvió la mirada rápidamente, como si al verlas tocarse siquiera era demasiado para él.

"Quinn, permíteme." Y quitó casi al instante su mano de piel de Quinn.

Rachel dio un par de pasos hacia Patrick, abriendo las manos en un gesto conciliador, pero él negó con la cabeza y empezó a retroceder hacia la puerta. La abrió y salió corriendo hacia el pasillo, un sollozo apenas audible salió de su garganta mientras desaparecía.

Avanzando los últimos pasos hasta la puerta, Rachel se asomó al pasillo y se volvió rápidamente a Quinn y le dijo: "Espera aquí". La súplica en su voz estaba muy presente. "Tengo que ir a buscarlo. Volveré pronto." Y desapareció por completo, pero volvió a entrar para ver momentáneamente la figura pálida e inestable de Quinn. "Por favor espérame," dijo ella.

Ya habiendo perdido unos minutos, Rachel corrió por el pasillo en busca de Patrick.

En su salón, Quinn temblorosamente se sentó en su silla. Ella apoyó los codos en la superficie de su escritorio y envolvió sus manos alrededor de la parte posterior de su cuello, lentamente forzando una profunda respiración en sus pulmones.

Quinn había imaginado este posible escenario una y otra vez en su mente: si serian atrapadas; lo que estarían haciendo; donde estarían; quién las descubriría; las reacciones de todas las partes involucradas. Y ni una maldita vez, la imaginación a veces-hiperactiva de Quinn podría haberla preparado para la sensación absolutamente repugnante que desgarraba el camino a través de su pecho. Realmente se sentía como si estuviera siendo despedazada de adentro hacia afuera, y tal vez ni siquiera la chica que había desaparecido de su salón podría juntarla de nuevo…

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Rachel encontró a Patrick sentado en la última fila de la vacía y oscura sala del coro. Al entrar, cerró silenciosamente la puerta detrás de ella, y encendió una hilera de luces.

"Hola", señalo cuando estaba sentada cerca de Patrick en uno de los asientos vacíos. La quietud de la sala del coro era algo con lo que ambos estaban íntimamente familiarizados, aunque era extrañamente desconcertante después de la escena incómoda que había tenido lugar en el salón de la señorita Fabray.

Patrick simplemente observó sus manos por el rabillo del ojo, pero se las arregló para responder un sincero "Hola, Rachel".

Rachel jugueteó con el borde de la silla debajo de sus piernas, y se mordió el interior de la mejilla mientras pensaba en qué decir. No había podido ordenar sus pensamientos en absoluto mientras corría por los pasillos en busca de Patrick, por lo que todavía eran un lío dentro de su cabeza. Finalmente, se decidió por explicarle como inició todo. "Estoy segura de que te estás preguntando cómo sucedió esto." Como Patrick estaba tranquilo, sólo frunciendo el ceño y permaneció firmemente inmóvil, Rachel continuó, tomando su quietud como consentimiento para que continuase. "Antes, cuando estábamos haciendo nuestro proyecto de escritura, Quinn me ayudó a-"

Patrick se volvió un poco en su asiento, y Rachel se entristeció al ver sus ojos brillando con lágrimas. "No, no, no" él hizo un gesto, moviendo la cabeza y suspirando al apartar la mirada, parpadeando hacia el techo. Cuando volvió a mirar a Rachel, había dos lágrimas bajando en cada una de sus mejillas. "No me pregunto cómo sucedió, Rachel. No me sorprende que ella se haya enamorado de ti. Cualquier persona en este lugar que se hubiera tomado alguna vez cinco minutos para conocerte, podría enamorarse de ti de inmediato". Pasaron unos minutos antes que la verdad cayera entre ellos como un ancla: "Sé que a mí me paso, me enamore de ti" señaló Patrick antes de dejar caer una mano a su regazo y la otra a su cuello, aparentemente sólo para dar a sus manos algo - cualquier cosa - que hacer y no seguir mostrando sus sentimientos no correspondidos.

"Yo..." la sílaba escapó de la boca de Rachel – estaba sorprendida por la declaración del joven - Patrick inclinó su cabeza hacia ella, buscando algo que Rachel sabía que nunca podría darle. "Lo siento mucho, Patrick," señaló la morena. Y lo decía en serio, con todo su corazón.

Era lo único que ella podía decir, y era todo lo que Patrick había esperado desde el principio. Sospechaba que las muchachas hermosas y talentosas como Rachel Berry eran una en un millón - tal vez una en un billón - y era su maldita culpa por esperar tanto tiempo para decirle sobre sus sentimientos. Si hubiera habido una oportunidad para él, de seguro ya la perdió. Durante mucho tiempo, Rachel había sido un enigma para todos los chicos de Haverbrook – claramente podía escuchar, pero había elegido no hablar. Ella trataba de encajar, pero simplemente permanecía al margen de todos modos. Y Patrick, fascinado con Rachel desde el principio, y curioso por su forma de ser, nunca se había acercado a la morena, hasta que comenzó a notar una pequeña sonrisa en su rostro cada vez más a menudo - una sonrisa que sabía que probablemente estaba relacionada con la profesora Fabray. ¡Dios, si tan solo hubiera actuado antes! Pero incluso entonces, él se habría dado cuenta que estaba luchando una batalla perdida desde el principio...

"No lo sientas", señaló. Y lo decía en serio; la última cosa que quería de Rachel era su lástima.

"La situación", señalo la morena, "es muy delicada. Estoy segura de que lo puedes imaginar. Ella es nuestra profesora, después de todo. Y no quisiera que mi relación con ella pueda afectar su carrera como docente, y-"

"¡Rachel!" dijo Patrick en voz alta, su voz efectivamente sorprendió a Rachel lo suficiente para detener su historia. "No voy a acusar a la profesora Fabray con el director ni con nadie, ¿de acuerdo?" Rachel se mordió el labio, y la mirada de esperanza en su rostro le recordó a Patrick por qué se había enamorado de esta chica en primer lugar. "Sé que te haría daño, y yo nunca podría hacerte eso."

"Gracias, Patrick. Muchas gracias." Rachel se inclinó hacia delante, y abrazó con fuerza al joven. Y él casi vacilante envolvió sus brazos alrededor de su espalda, pero en poco tiempo, la estaba abrazando tan fuerte como ella a él.

"Todavía podemos ir juntos al baile, ¿no?" cuestionó esperanzada Rachel.

"Por supuesto que sí, la pasaremos muy bien", señalo Patrick.

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Al otro lado de la escuela, Quinn seguía sentada con la cabeza entre las manos, mirando sin ver en su escritorio. A su derecha, un destello de color rosa le llamó la atención. Era el post-it con el número 30.

Quinn extendió la mano y agarró el post-it, tirando de él más cerca de su cara. Lo sostuvo suavemente entre sus dedos, preguntándose – muy parecido a la primera vez - ¿qué significaba todo aquello? ¿Por qué estaba ahí? ¿qué estaba haciendo?

Y con certeza pero mezclada con miedo y temor, Quinn destrozó el post-it por completo, y lo echo en el bote de basura al lado de su escritorio.

Tomó sus pertenencias, y salió del salón con paso firme, a toda prisa en dirección a su auto y utilizando una ruta que esperaba que la ayudara a evitar a todas y todos los estudiantes de Haverbrook.

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Rachel caminó lentamente por los pasillos al lado de Patrick. Acababan de terminar de hablar – sobre algunos detalles del baile- e iban a la entrada la escuela, donde Patrick había estacionado su auto ese día.

"Me alegro de que pudiéramos hablar de esto", señalo Rachel cuando llegaron a la puerta.

"Yo también. Y tengo muchas ganas de verte el sábado. Estoy seguro de que te vas a ver absolutamente hermosa."

Rachel sonrió suavemente y se despidió, pero la sonrisa no duró en su rostro. Sentía alivio y a la vez una nueva carga, ya que otra persona compartía la verdad sobre su relación secreta con Quinn.

Pero a medida que Rachel se devolvió y se dirigió hacia el salón de Quinn, se encontró pensando en la forma en la que Patrick había dicho que se vería hermosa el sábado, mientras que Quinn había hecho parecer como si fuera Rachel la que estaría haciéndole un favor al vestido, haciendo que se vea hermoso solo porque ella lo utiliza.

Y una verdadera sonrisa se formó en sus labios al pensar en cuanto amaba a Quinn, y la rubia a ella.

Al entrar en el salón de la rubia, lo encontró completamente vacío, y ese vacío la hizo sentirse inmediatamente como si no había suficiente calidez en el mundo entero, era una sensación que fuertemente contrarrestaba con la que sentía segundos atrás.

"¿Hola?" susurró, como si eso haría reaparecer a Quinn repentinamente en medio de ella.

Se acercó al escritorio de la rubia pero no había ninguna de las cosas de Quinn. Por lo que se agacho para agarrar su bolso del piso, y algo en el bote de basura le llamó la atención.

Al ver los trozos del post-it, Rachel sintió un fuerte dolor dentro de ella, algo que no había sentido en mucho tiempo, desde la muerte de sus padres.

Rachel se echó a correr de nuevo por el pasillo con su teléfono en mano, marcando el número de Quinn. Pero cuando salió el buzón de voz, prefirió enviarle un mensaje: Q, está bien. Todo está bien. Por favor, no te rindas en esto. No me abandones. Llámame cuando puedas. Y como un complemento final a su mensaje, amorosamente añadió: Usa el cinturón de seguridad, y mantente a salvo con mi corazón.

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En el estacionamiento, Quinn sintió su teléfono vibrar pero no se movió para atenderlo. Ella se retiró del estacionamiento, tratando de liberar su mente de Haverbrook, y los acontecimientos de ese día.

Tenía que hablar con alguien, y ese alguien, había decidido, que iba a ser Caleb.

Quinn se dirigió de nuevo a su apartamento sabiendo que ya era hora de confesar todo a su hermano.

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Hola chicas, lamento la tardanza para postear el capítulo, disfrútenlo

Si alguien de Ecuador lee esta historia, por favor envíenme un mensaje privado, necesito preguntarle algo sobre su país.

Gracias por su paciencia y apoyo.