Capitulo 28
—¡Ella tiene la culpa! —gritó, rabiosa—. ¡Esa maldita tiene la culpa de todo! —Yo estaba demasiado sorprendida como para pensar con rapidez.
—¿Quién? —pregunté automáticamente.
—¡Ella! Serena van der woodsen —Lo dijo entre dientes, con toda la rabia del mundo—. ¡Ya la viste un día! La viste cuando… me dejaste.
En ese momento, estaba demasiado preocupada como para sentir vergüenza al recordar nuestro último encuentro, y las cosas hirientes que le dije.
—¿serena?.¿la hija de la diseñadora te hizo todo esto? —Pregunté, con odio.
.
—si Fue ella,
flashback
Perspectiva: SANTANA
Aquella noche serena volvió a presentarse, también sin avisar. forzó la cerradura y entro a la fuerza, yo ya había terminado la jornada
.Al principio, trato de convencerme para que lo hiciera, yo ya no quería saber nada de serena, fue la causante de que brittany me dejara, hace mucho tiempo que no le permitía ser mi clienta, era muy agresiva y siempre me golpeaba y me hacía…cosas… Horribles
Quería un algo "especial" como siempre, lo cual me decía que quería algo muy siniestro. yo rechacé la proposición inmediatamente no la quería en mi casa y ella fue más directa. Me amenazo, aunque mi experiencia me dice que por lo general las amenazas no pasan de ahí. Pero con serena todo puede pasar.
De repente, me roció un líquido que me mareo al instante sacó unas esposas y me sujetó las muñecas a la cama. A partir de ahí, ya no pude hacer nada, solo gritaba esperando que alguien escuchara.
Me desnudo, me obligo a ponerme boca abajo como siempre Eso era lo peor de todo: estar esposada de pies y manos, tumbada boca abajo, ella hacia lo que quería con mi cuerpo hasta que ya no podía respirar y le suplicaba que parase. Y lo único que hacía ella era continuar con sus arremetidas, reírse y volver a golpearme. Una vez y otra, y otra, y otra..., como hace meses no lo hacía, ya que no estaba en la ciudad luego hizo todo lo que yo no quise hacer con ella la última vez.
Me pego, me Violo yo gritaba y cuando pensé que me iba a quedar sin voz, un vecino religioso del frente joe, llego junto con otro vecino extranjero del piso de arriba rory ellos me escucharon y entraron con un bate de beisbol y una raqueta de tenis a mi apartamento, vieron como yo estaba esposada y herida , joe con su mano temblorosa apunto a serena con el bate y empezó a rezar ,!mujer del mal! Le Gritaba, serena se vio descubierta así que corrió y salió del apartamento, luego rory me quito las esposas , limpio mi sangre y me ayudo a colocarme, el kimono negro , ambos estaban dispuestos a llamar a la policía y yo les rogué que no lo hicieran, les pedí que me dieran mi teléfono, después de eso les pedí que se fueran, ellos accedieron y joe me dijo que rezaría por mí.
Fin flashback
Perspectiva BRITTANY
—Luego te llame a ti —Su voz se fue apagando hasta desaparecer por completo.
Me quedé paralizada. Yo había visto a serena, sabía qué aspecto tenía ¿y quién no la había visto? Si es la hija de una diseñadora reconocida... pero ahora me resultaba muy duro oír sus palabras e imaginar a aquella maldita mujer propinándole golpes. ¿Y la violación? ¿Era la causa de que ahora no sintiera nada? Por eso estaba tan enfadada. ¡Ella lo va a pagar de eso me encargo yo!
Me incorporé un poco y la abracé. Empecé a mecerla muy despacio, con mucha suavidad, entre mis brazos. Noté cómo temblaba. Seguí
Meciéndola, hacia atrás y hacia delante, hacia atrás y hacia delante, igual que un columpio. Cada vez temblaba con más violencia, pero yo
no podía hacer otra cosa "por ahora" más que abrazarla. De repente, gritó, y luego empezó a sollozar.
—calma, ¿sí? Cálmate mi amor, todo estará bien
—Me dolió mucho... Me dolió muchísimo.
Volví a mecerla y entonces noté súbitamente las lágrimas que salían de mis ojos al igual que ella, estaba llorando...La dejé llorar hasta que ya no le quedaron más lágrimas. Estaba agotada. Me acosté en el suelo junto a ella y dejé que la calidez de la tierra del bosque hiciera el resto.
Al cabo de unos momentos se durmió, completamente rendida. Transcurrida una hora empezó a hacer demasiado frío para seguir en el suelo y la desperté con cuidado. Tardó unos segundos en orientarse: echó un vistazo a su alrededor, desubicada, y luego me miró. Fue entonces cuando lo recordó todo. Se incorporó un poco
y se apoyó en el tronco del árbol, lejos de mí.
— ¿desde cuándo sucede eso? —pregunte con sentimientos encontrados, estaba molesta, fúrica, llena de odio contra aquella maldita, pero muy triste y dolida por lo que tuvo que pasar santana.
—meses después que Katherine murió, fue hace un año y 8 meses, exactamente, la conocí en el hotel y comenzó a ser mi clienta, me pagaba mucho más que las demás, todo era aparentemente normal, era cordial, y "encantadora" , ella quería tener una relación conmigo, me invitaba a cenar, se presentaba con regalos caros y ostentosos yo la rechazaba miles de veces jamás acepte nada que viniera de ella , a pesar de mostrarse comprensiva , sutil y buena lograba ver en su mirada esa oscura maldad que la invadía, a diferencia de ti britt que siempre vi transparencia y dulzura en tu mirada
" ¿ese fue el motivo por el cual acepto ser mi novia?, además de mi insistencia claro está" inmediatamente Recordé nuestro primer encuentro y el miedo que ella tenía cuando estábamos en la cama por primera vez. Traté de desviar la mirada hacia otro lado, pero se acercó y me sujetó la barbilla con un dedo. Me obligó a volver la cara.
—Te acuerdas, ¿verdad? —Levanté un brazo y, muy suavemente, apoyé la mano en la suya.
—Sí —afirmé en voz baja—continua
—bien, pues…. Ella poco a poco empezó a obsesionarse conmigo y empezó a darme fuertes nalgadas mientras lo hacíamos, decía que era para aumentar mi excitación. El dolor del placer, lo llamaba, pero cuando lo hacía, yo jamás sentía placer. Sólo una vez, y me avergoncé. Cuando se lo dije, volvió a pegarme, así que se lo permití y no dije nada más.
Mi odio, furia y sed de venganza hacia esa mujer aumentaban con cada palabra que santana me decía. Seguí escuchándola con los dientes apretados y mis puños cerrados
—en una cita, me pegó con un cinturón en lugar de utilizar las manos. Mis padres jamás me habían pegado y yo no sabía lo que era eso. Grité: me puso una mordaza en la boca y me pegó con más fuerza. Me salía sangre allí donde me daba la hebilla, pero lo hacía con mucho cuidado: me pegaba en zonas del cuerpo que no se veían cuando estaba vestida. Estaba sorprendida y avergonzada; avergonzada por permitir que alguien me hiciera algo así y, sin embargo, no atreverme a pararlo. ¿Qué podía hacer para defenderme? ¿Demandarla? Ni siquiera conozco un abogado y Su madre tiene mucho dinero y contactos
—¡esa desgraciada¡ — exclame tan fuerte que se escuchó por todos los prados de aquel bosque— Santana, escucha, ¡tienes que denunciarla!—le dije muy segura de mis palabras, de nuevo, se había puesto a la defensiva, pero no podía Culparla de nada, pues estaba muy asustada.
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—¡No, no, eso no! —gimió, horrorizada.
—¡tenemos que meter a esa mujer en la cárcel!, mira todo lo que te hizo, ¡vives con un trauma por culpa de esa maldita! Si no las denuncias yo misma iré hasta allá ¡y la matare! Comprare un arma y le disparare hasta que se terminen las balas, ¡Juro que lo hare!, y la que tendrá que ir a la cárcel seré yo
.—pero si la denuncio .. la policía … lo que hago es ilegal—dijo tratando de convencerme.
—sé que te aterroriza la policía pero tengo una excelente abogada que nos puede ayudar de hecho nos va ayudar, ya lo veras. —le dije con ansias de hacer pagar a esa mujer—hablare con mi abogada y prepararemos todo para el juicio , la denunciaras santana, tienes que hacerlo, no tengas miedo, no estás sola, aquí estoy yo para apoyarte.
—estas bien…yo…la denunciare — dijo en voz baja y resignada
Me puse en pie y después me acuclillé a su lado. Le cogí las muñecas y le aparté las manos muy despacio, mientras ella dejaba caer la cabeza. Le besé la muñeca izquierda; las marcas aún se veían. Las esposas se le habían clavado tan profundamente que ni el mejor maquillaje podría disimular las heridas.
Me di cuenta de que no sólo la habían esposado, sino que también la habían atado con algo. Noté su desesperación casi en mi propia piel y, en ese momento, también yo estuve a punto de llorar. Pero yo tenía que ser la fuerte por ella, para protegerla.
Instantes después me recobré. Al fin y al cabo, no me habían pegado a mí, por no hablar ya de lo otro. Era ella quien había tenido que vivirlo. Le besé la otra muñeca y después la palma de la mano.
—Vamos—traté de convencerla, con un tono de voz muy dulce—vamos a casa.
No levantó la mirada. Seguía con la cabeza inclinada, pegada al pecho. Me senté junto a ella y la miré desde abajo: en ese momento, me di cuenta de lo que estaba pensando.
—¡No! —Insistí, —. No me digas que estás avergonzada.
—No tendría que habértelo contado —murmuró con tristeza.
Me arrodillé junto a ella.
—¡Pero no es culpa tuya! —Me incliné y la abracé. No me lo impidió, pero tuve la sensación de que era una muñeca fláccida y sin vida—. No es culpa tuya —repetí—, no tienes que avergonzarte de lo que te han hecho.
¿Cómo podía haber pensado algo así? Seguía sin mirarme.
—Soy lo que soy —susurró, como si quisiera atormentarse a sí misma—. Si se hubiera tratado de otra persona, ni siquiera se le habría ocurrido hacerle todo lo que me hizo a mí.
—Permíteme que lo dude —repliqué bruscamente. Había que buscar la manera de poner fin a aquella actitud tan contraproducente, tan autodestructiva—. Si ya tenía pensado hacer algo así, hubiera encontrado una víctima. Tú o cualquier otra estaba dispuesta a dejarse convencer tan fácilmente, pues tenía la autoestima por
los suelos.
—Para eso estoy yo. —Estaba echando mano de todos sus argumentos.
—¡No, tú no estás para eso! —Me puse en pie y tiré de ella.
Gritó de dolor—. Lo siento —me disculpé—, pero tienes que despertar de una vez. —Me observó, angustiada. Todavía tenía los ojos hinchados de tanto llorar—. Lo que me has contado es espantoso, pero tú no tienes la culpa.
Le había hablado con vehemencia, pero permaneció inmóvil, como si ni siquiera me hubiera oído. La zarandeé y se quejó otra vez de dolor.
—¿Me oyes? —grité, alto y claro—. No fuiste tú. ¡Fue ella!
—Fue ella —repitió, como una niña obediente. Sin embargo, lo dijo como si todo aquello no tuviera nada que ver con ella.
—Sí —suspiré, un poco aliviada a pesar de todo. La abracé de nuevo—. No fuiste tú. Fue ella.
—Ella —repitió, en un tono inexpresivo. Claramente aquella mujer la había marcado desde que llego a su vida dejándole un horrible trauma
Apoyó la cabeza en mi hombro y muy pronto noté sus lágrimas. Por lo menos, habíamos llegado a un punto en el que podía volver a llorar, suavemente seque sus lágrimas con el dorso de mi mano, La dejé descansar un poco y luego dije, en voz baja: —Vamos a casa.
Se mostró apática durante todo el camino de regreso al apartamento. La obligué a sentarse en la cocina y la convencí para que comiera algo.
Después hice café y nos fuimos al saloncito. Parecía agotada otra vez, pero no quería dormir. Probablemente, tenía miedo de sufrir
pesadillas ahora que el recuerdo de lo sucedido estaba tan fresco en su memoria. Nos sentamos y bebimos el café en silencio.
—¿No tienes que volver al trabajo? —me preguntó de repente.
"¿Quiere librarse de mí?", pensé.
—Tengo vacaciones esta semana — contesté de inmediato, esperando su reacción.—. Si hace falta que me quede aquí la próxima semana, llamaré a la empresa.
—No hace falta que te quedes —me respondió con una voz inexpresiva, como si todo aquello no la afectara en absoluto.
—Pienso quedarme hasta que estés completamente curada. Y llamare a mi abogada, para preparar el juicio—Ya había tomado esa decisión.
—Estoy curada —afirmó, todavía sin expresión alguna.
—No me lo creo. —Hacerla feliz no era fácil, como tampoco lo era enfrentarse a su terquedad. Yo también podía ser muy terca.
"A ver quién de las dos gana", me dije.
—El médico dijo que... —empezó. Yo terminé la frase por ella.
—El médico dijo que te tomaras las cosas con calma durante una semana. "Si esta batalla con el tormento de sus recuerdos es tomarse las cosas con calma —no quiero saber qué significa para ella hacer un
Esfuerzo", me dije.
Mientras estaba allí sentada en su sillón, tuve la sensación de que se sentía muy sola. No me respondió, seguramente porque le parecía inútil. Me acerqué, me arrodillé a su lado y apoyé las manos en su rodilla. Observé su rostro y me di cuenta de que tenía la vista perdida en alguna parte y de que en su mirada no había expresión alguna.
—Eres maravillosa. —Era una simple afirmación, pues ya sabía que con otra discusión no conseguiría absolutamente nada —. ¿Lo sabías? —Atónita, desvió la mirada hacia mí. La había pillado por sorpresa—. ¿No eres capaz de entender —le expliqué— que me gusta hacer esto por ti?
No, no podía. Era obvio que no podía. Traté de captar su atención con mi voz.
—Eres la mujer más adorable que he conocido en mi vida.—Mientras le hablaba, observé su expresión. Se había relajado un poco, pero seguía teniendo aquella mirada de perplejidad—. Te amo y te deseo como nunca antes había deseado a nadie.
Mis últimas palabras le habían proporcionado una pista y se aferró a ella, aunque no acabara de entender lo que yo le estaba diciendo.
—Pero no quieres acostarte conmigo porque yo ahora mismo no siento nada. —Me dedicó una mirada sincera. Aquel terreno le resultaba familiar—. Aunque me desees.
Por la expresión de su cara, parecía como si el hecho de que yo hubiera decidido contener mi deseo le resultara incomprensible. Y también como si aquello le pareciese motivo suficiente como para que yo la abandonara.
—¿Tan importante es para ti?
Me pregunté cómo podía conseguir que viera la situación a través de mis ojos, cómo podía conseguir que lo que era obvio para mí lo fuera también para ella.
—Pero si no puedes acostarte conmigo...—objetó, aunque no demasiado segura. Sonreí. Estaba tan acostumbrada, que era incapaz de imaginar que las cosas pudieran ser de otra manera.
—Entonces... ¿qué queda? —pregunté, con una ingenuidad intencionada.
En su mente, no había dudas respecto a las consecuencias.
—Bueno, entonces tampoco puedes...
—¿Tampoco puedo quererte? —Terminé la frase por ella—.¿Crees que el amor que siento por ti depende de la disponibilidad de tu cuerpo?
—pues…no lo se … ¿si?. —Estaba absolutamente convencida de lo que decía. Apenas había terminado de decirlo cuando apareció su conciencia profesional—.¿ya no te gusta acostarte conmigo? —Me resultaba absolutamente irresistible cuando me observaba con aquella mirada de arrepentimiento. Tragué saliva—. ¿He hecho algo...?
—No, no has hecho nada mal —no me costaba mucho seguir sus razonamientos respecto a ese tema, pero tenía que existir alguna manera de convencerla—.Me encanta acostarme contigo ¿Por qué no me iba a gustar? Acostarse contigo es maravilloso, para mí es una experiencia nueva y distinta cada vez.
—Tengo mucha experiencia —apuntó, en un tono de autosuficiencia.
—Sí —afirmé. Bueno, si quiere entrar en ese terreno. Estaba tan celosa que no quería saber con cuántas mujeres lo has hecho santana Me imagino que con cientos.
—Cientos, sí —dicho por ella, parecía casi indecente. La miré y le sujeté la cara con las manos. Ahora no le quedaba más remedio
que mirarme. Intenté convencerla casi suplicando.
—Se trata precisamente de eso. De que jamás me he sentido como la número cien. De hecho, siempre me he sentido como la primera.
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—Porque eso es lo que representas en mi vida, brittany contigo no tengo sexo , contigo hago el amor , Decir lo contrario sería una mentira
—afirmo —tienes que creerme cuando digo que te amo—dijo un tanto desesperada
—.te creo ¿sabes porque? —ella negó con la cabeza —porque cuando estoy contigo no solo me siento como si fuera la primera, me siento como si fuera la única. Me siento como la mujer a quien Amas.
De repente, noté que algo me rozaba el pelo: me estaba acariciando. Sus caricias eran dudosas, como si nunca antes hubiera hecho algo así "estábamos en una etapa muy extraña era evidente que no habíamos vuelto , pero tampoco estábamos del todo separadas" y supuse que para ella era una sensación extraña. Como lo es para mi
Me acarició la espalda con las manos hasta la cintura. Sentí un cosquilleo por todo el cuerpo, pero traté de permanecer inmóvil Dejó las manos donde estaban e inclinó el torso sobre mi espalda. Se quedó así, sin moverse. La notaba, notaba su presencia por todo el cuerpo, desde la cabeza a los dedos de los pies. Respiraba pausadamente y, desde luego, en sus movimientos no había intención erótica alguna. Pero me estaba encendiendo como el fuego
Tomé aire con fuerza, pero no me bastó. Aunque me encantaba descansar en su regazo, ya no lo soportaba más. Me aparté muy
Despacio y me senté a su lado. Ella se irguió.
—Lo siento —en esta ocasión, la arrepentida era yo—, pero ya no podía respirar.
Sonrió y me acarició la cara, de nuevo sin erotismo alguno. Se inclinó y me dio un beso fugaz en los labios, también sin intenciones eróticas... al menos, desde su punto de vista. Me puse en pie y sacudí las piernas.
—¡Se me han dormido! —dije entre risas. De hecho era cierto, pero sabía perfectamente que el cosquilleo tenía también otros motivos. Estiré los brazos hacia lo alto, para desentumecerlos—.Creo que me voy a dormir —dije.
El autocontrol me resultaba agotador. Admiré lo bien que lo llevaba ella.
Se puso en pie y se desperezó lentamente. Seguramente, aún tenía los músculos agarrotados y le dolían. Su cara se contrajo en una mueca de dolor.
—¿quieres dormir conmigo? —Me preguntó, con toda la inocencia del mundo—.La cama es más cómoda que los sofás
—No lo dudo —sabía cómo tentarme—, pero tendrás que perdonarme. Ya me cuesta bastante resistirme a tus encantos y me
temo que dormir a tu lado es más de lo que puedo soportar.
—Ah —dijo—, no había pensado en eso. —Su ingenuidad parecía auténtica.
—Ya. —Me acerqué y la rodeé con un brazo, pues no parecía un gesto demasiado peligroso—. Y supongo que también se te habrá olvidado que eres una mujer increíblemente atractiva, ¿verdad?
La miré con un gesto interrogante, pero evitó mi mirada, como para confirmar mis palabras. Me reí involuntariamente. La mayoría de las mujeres hermosas están tan obsesionadas con su belleza que no se olvidan ni por un momento, pero ella... ella era asombrosa, sin duda.
Me incliné hacia ella y aspiré con fuerza su perfume y Me aparté a regañadientes.
—brittany, de verdad quiero que duermas conmigo, solo es eso, dormir—dijo insistente.
—Está bien —le respondí, en realidad también me moría por dormir con ella
Recorrimos juntas el pasillo y llegamos a su habitación ella se puso su pijama y yo imite su acción luego se acostó en su cama, mirándome expectante —ven— me dijo, rápidamente la acompañe y me acosté a su lado, poco a poco se fue acercando y coloco su cabeza en mi pecho. Yo la abrace con suavidad para no lastimarla.
Le bese la cabeza ¿cómo dejar de amar a esta mujer? Simplemente es imposible para mi
—Buenas noches britt —me dijo bostezando
—Que duermas bien san—le contesté, pestañeando lentamente hasta quedarme dormida.
[Continuara…]
