Hola a todos de nuevo, por fin acabé esta parte sobre como se conocieron Ángelus y sus tres siervos, y que estuvieron haciendo antes de llegar a Londres. Con esto se acabó el pasado, creo. Bueno, os dejo leerlo, que disfruteis.
28. NOS VAMOS A LONDRES
Aún era de noche, mas de las tres, pero en la fiesta en el local donde estaban los tres hermanos aún seguía, ya que, en Rumania era mas de noche que de día en esa época del año. Mientras Ángelus iba a una tienda de ataúdes cerca de allí, dejando el cuerpo de Andrei donde lo dejó para que lo encontraran, Sirius y sus hermanos disfrutaban aún de Crina, que ya iba perdiendo ya demasiada sangre como para sobrevivir.
La chica estaba llena de sangre, bajando por el pecho, haciendo que el vestido rosa claro se volviera en un rojo oscuro por delante, por el brazo extendido por Marcus, y por la pierna donde mordía gustosamente Lucius, que también la acariciaba. Aún a eso, ella se dejaba hacer sin resistencia, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, gimiendo en susurro con placer.
Sirius seguía chupando y lamiendo el cuello de ella, cogiendola por el otro lado del cuello con firmeza, pero enseguida quiso dejarlo, dando un jadeo mientras echaba la cabeza hacía atrás. Sus hermanos lo miraron sobresaltados, pero sin dejar de beber.
- Creo que ya es suficiente ¿no? - creyó él, sujetando a la inmóvil Crina.
- Aún tiene sangre en el cuerpo, sería un desperdició. - dijo Lucius, relamiéndose los labios y mirando a la chica.
- ¡No tenemos por qué matarla! - exclamó Sirius nerviosos ante ese comentario.
- Pronto lo estará Sirius… - dijo una voz frente a ellos.
Los tres se giraron sobresaltaron ante la inesperada voz de Ángelus, que estaba en pie frente a ellos, con las manos cogidas en la espalda, dando unos pasos hacia ellos y la chica medio muerta. Lo chicos pudieron ver a la luz de la sala que, en la comisura de su ama habia un poco de sangre escurriendose por la barbilla, no tardaron en adivinar de quién era.
- ¿Se ha alimentado de…? - pregunto Sirius a medias, aturdido.
- Él no sufrió, al igual que esta chica. - dijo ella.
- Yo no quiero arrebatarle la vida. - se negó Sirius, apenado y dolido, pero aún así seguía hambriento de su sangre.
- Yo lo he hecho por vosotros antes, aunque la dejéis así, en unos minutos moriría, es inevitable Sirius. - convenció ella con voz severa y sería.
Sirius supo que ella tenía razón, pero aún así no le parecía justo que la trataran así entre los tres. Ángelus lo leyó en su cara su culpabilidad, y suspirando miró a Lucius y Marcus.
- Chicos, ¿Por qué no dejáis el resto a Sirius y vais a buscaros otro alimento? Ser discretos cuando acabéis. - pidió ella con naturalidad.
Los dos se miraron confusos el uno al otro, pero sin rechistar los hicieron, dejando que Sirius cogiera a la chica por la espalda y la cintura, como si sujetara a un bebe, entonces cuando ambos salieron de la sala, Ángelus se sentó con él, al otro lado de la chica, mirándola moribunda.
- ¿En verdad es necesario matarla? - pregunto él inseguro.
- Es la única forma de que no sufra Sirius, lo mejor que podemos darle ahora es una muerte indolora y rápida. - dijo ella, mirándolo seriamente. Entonces, volvió a bajar la mirada en la chica, apartándole un mechón de pelo en la cara. - No tienes por que hacerlo tu si no quieres…
Sirius la miró, viendo como miraba a la chica, que estaba medio consciente pero sin tener fuerzas para abrir los ojos casi, mirando la marca de colmillos que dejó para él. Volvió a mirar a la chica, que estaba de perfil a ella, dejándole a la vista la marca, llamándole a gritos que chupará hay, y eso lo ponía mas nervioso.
- Era mi mejor amiga… desde que éramos pequeños. - recordó él. - Siempre veía como sus padres se pelaban frente a ella, y llorando se tapaba la cara.
- ¿Y crees que hubiera preferido vivir mas con eso Sirius? - pregunto Ángelus. - Seguro que a ella le complace que lo hagas tu.
Sirius miró a su ama, que lo miraba con una sonrisa sarcástica. Entonces, ella puso una mano sobre el rostro de él, dejándolo confuso y algo aterrado de lo que iría a hacer.
- ¿Lo haces tu, o lo hago yo? - pregunto ella.
Sirius abrió del todo los ojos, bajando la mirada en la marca del cuello de la chica, donde aún salía algo de sangre, pidiendo a gritos ser tomada por él. Con una mirada hacía Ángelus, que apartó la mano ante esa mirada, sacó los colmillos y los volvió a clavar en el cuello, haciendo que la chica abriera la boca en forma de O, pero sin poder gemir o gritar, solo mostrar un rostro de placer y satisfacción. Ángelus lo miró alimentarse con una sonrisa perversa y maliciosa, viendo como él la cogía firmemente para tomar el resto de la sangre.
- Ese es mi chico. - felicito ella penetrantemente.
Mientras, Lucius y Marcus estaban en la barra del club, mirando a la gente, y podían oírles a todos, incluso a los del otro lado de la pista.
- Bueno hermano ¿A por quién vamos? - pregunto Lucius impaciente.
- Paciencia Lucius, hay que elegir bien ante que nada, no le veo la gracia alimentarse de alguien cualquiera. - dijo Marcus con pesadez en la voz.
Lucius suspiro resignado, y volvió a mirar por todos lados. Mientras, iban oyendo murmurar a la gente sobre cosas, sobretodo por Crina y Andrei, que había desaparecido de repente, y eso les puso tensos, pero debían estar tranquilos. Entonces, Lucius fijó su vista en una pareja de chicas que reconoció al instante, entonces con un codazo llamó a Marcus.
- Mira quienes están hay. - dijo él, señalando con la cabeza a las chicas.
Marcus miró y también las reconoció, eran las mejores amigas de Crina, que parecían buscarla con la mirada preocupada, al igual que Crina, ellas iban con un vestido llamativo y cortó hasta medio mulso, pero en rojo y amarrillo intenso. Los dos se miraron un momento, y con una sonrisa decidieron ir hacia ellas. Mientras iban hacia allí, pasando la pista entre la gente, iban oyendo lo que ellas decían.
- ¿Dónde estará Crina? Hace rato que Andrei se la llevó para ir con ese idiotas. - dijo una de pelo negro completamente rizado, y con el vestido rojo pasión.
- ¿Le puede haber pasado algo? - se pregunto la otra la otra, de pelo pelirrojo claro, con el amarillo tropical.
Justo en ese instante, Marcus y Lucius aparecieron frente a ella, con los brazos abiertos y una sonrisa, ella se sobresaltaron al oírlos pero viendo que eran los mismo idiotas de los que hablaban, suspiraron pesadamente.
- ¡Cristina, Laura! ¡Cuánto tiempo sin veros, tan guapas como siempre! - saludo y halagó Lucius, queriendo abrazar a la morena rizada.
- ¡Cuidado Lucius! - advirtió ella, apartandose antes de que lo intentará. - Que aún recuerdo la mala jugada que le hicieron a Crina. - le recordó señalándolo con el dedo.
- ¡Oh vamos Cris! Olvida eso ya, ella lo ha hecho. - dijo él.
- ¿Ella? ¿Sabes dónde esta? - pregunto la pelirroja, la Laura.
- Sí, esta con Sirius, haciendo la paces y… - dejó la frase a medias con una sonrisa perversa.
Cristina y Laura lo entendieron enseguida, y miraron desconfiadas a Lucius, pero cuando Laura vio a Marcus, se fue a él con una mirada feliz y agradable. Él la cogió de las manos y también la sonrió, después ambos se besaron dulcemente.
- ¡Laura! - exclamó Cris con vergüenza.
- ¿Ves? Podríamos ser como ellos amor, olvidando los malos rollos. - insistió Lucius a su lado, mirando a la pareja pasivamente.
Cris quiso replicarle eso, pero al verlo, vio que la miraba penetrantemente, dejándola paralizada ante esa mirada, viendo como él se acercaba a ella.
- ¿Lucius? ¿Te pasa algo? Te veo diferente. - pregunto ella hipnotizada por esa mirada.
- ¿Yo? Soy el de siempre, pero quizás veas algo que te atraiga, y por eso digas eso. - dijo él con seducción.
Ella quedó quieta, dejando que él la abrazará por la cintura, y rozándole los labios antes de besarla con pasión, y ella correspondiéndole sin resistirse. Ambos vampiros aguantaron las ganas de morderlas en ese momento, entre tanta gente, pero enseguida pensaron en llevarlas a su casa sin que sospecharan nada, cosa que no era problema.
- Chicas, ¿Os gustaría que nos divirtiéramos en nuestra casa? - propuso Lucius cuando dejó de besarla, dejándola algo excitada.
- Buena idea hermano, ¿Qué te parece Laura? - le pregunto Marcus a Laura, que lo miraba atónita ante la repentina pregunta.
- Pues no sé, si no es problema. - dijo ella nerviosamente.
Entonces, ambos miraron a Cristina y Lucius, y él a ella, y con un simple asiento, confirmo que estaba de acuerdo con la idea.
- ¿Y Sirius? ¿No le molestará que estemos allí con nuestras cosas? - pregunto ella insegura.
- En absoluto cariño, él seguro que estará de acuerdo. - aseguro Lucius, pasando el brazo por detrás de la cintura de Cristina.
Y sin decir mas, las chicas fueron a pagar su bebida con sus acompañantes, y después salieron del club para ir a la casa.
Justo en ese momento, Ángelus y Sirius entraban a la casa. Sirius tenía la mirada perdida y baja, mientras iba de camino a la habitación donde estaba Ángelus, que lo miraba irse con una mirada comprensible y suspirando un poco, y lo siguió cuando cerró la puerta. Sirius entró de un portazo, dejando la puerta abierta, así Ángelus entro con paciencia y cerrando suavemente a puerta, y volvió a girarse a él, cruzando los brazos.
- ¿Vas a estar así siempre o te vas a calmar? - pregunto ella.
- No puedo evitarlo Ama… me siento como un monstruo, por haberla matado así, y dejado en la calle, para que la encuentren con facilidad, como si hubiera sido una prostituta. - dijo él aterrado, mirando sus manos temblar como nunca.
- Pero al gente que la conozca sabrá que no es así Sirius, pensarán que habrá sido algún tipo de animal. - aseguro ella, acercándose a él con lentitud y calma.
- ¡Sabes que no será así, y menos aquí en Transilvania! - exclamó él girándose a ella nervioso. - Aquí la gente conoce muy bien la historia de Drácula, y cuando empiecen a ver cuerpos muertos con marcas en el cuello sospecharan…
- ¿Y eso te preocupa? ¿O es solo una excusa para ocultar la culpabilidad que sientes? - pregunto ella, estando frente a él.
Sirius quiso decir algo, pero el dolor no le dejo hablar, empezando a sollozar frente a ella, que se pegó a él con seducción, eso le hizo temblar un poco excitado.
- Yo también estuvo así, sintiéndome culpable y pensando que podría alimentarme de otro modo, pero cuando ya pruebas la sangre humana, no se puede sustituir. - explicó ella con sinceridad. - Pero fue después de la primera vez, cuando mate a una mujer que era mordida por mi padre, y justo después, matando casualmente a su hijo, que estaba en la puerta del castillo pidiendo ayuda.
Sirius la escucho sorprendido, mirándola a la cara sin poder creerlo, pero cuando vio la cara sincera y dolida de ella, la creyó.
- No te digo que dejes de sentirlo, pero si que debes aceptarlo Sirius, como tuve que aceptarlo yo. - dijo ella con seriedad en su voz y rostro.
Sirius no le dijo nada, lo que hizo fue rodear la cama, dolido y entristecido, y se dejó caer en la cama, y con Ángelus sentandose al lado de él mirándolo apenada. Destrozado, puso ambas manos sobre su rostro, con el pecho agitado por el lloró, mientras Ángelus, se tumbaba de lado, apoyada en el antebrazo derecho, mirándolo afectada y apenada.
- Quizás no debí ofrecerte esta vida… ahora no estarías sufriendo por lo que has hecho para vivir. - dijo ella, sintiéndose culpables.
Al oir eso, Sirius dejó de moverse, y la escucho atentamente, pensando que había escuchado mal.
- Yo también estuvo así cuando asesine a ese niño inocente, yendo al bosque corriendo, alimentándome de los lobos de allí durante unas horas. - recordó ella. - Pero yo no tenía a nadie para dejar de estar así, solo al conde que paso a ser mi padre, y tuve que aceptar lo que era y hacer lo que el me decía y aprendía, hasta que al final me acostumbre a matar a quienes me alimentaban con su sangre.
Cuando ella acabó de hablar, Sirius se incorporó hasta sentarse al lado de ella, mirándola confuso, al oírla dudar de lo que le hizo a él. Ángelus no se atrevió a mirarlo, y estuvo por levantarse e irse, pero él la cogió del brazo para mantenerla ahí sentada.
- ¿Crees que me arrepiento de haberme convertido en vampiro y ser tu siervo y amante? - pregunto molesto por la voz.
Ella pudo sentir la fuerza que él hacia en su brazo, pero no le molesto, siguió con la misma postura y sin mirarlo.
- Deberías estarlo… - aconsejó ella por la voz que tenía, dolida y culpada. - Te he condenado al sufrimiento, como me condené yo al entregarme al Conde, cosa que no me arrepiento, y nunca haré.
Al oír eso, a Sirius se le acabó la paciencia, estiró el brazo de ella hasta tumbarla al lado de él, la sujeto por las muñecas sobre la cama, y sin darle tiempo a hablar, la beso con los ojos cerrado. Ella quedó petrificada y asombrada por esa acción, y el beso le quitaba las fuerzas para liberarse, hasta que al final se resignó y se dejó llevar. Un momento después, él dejó de besarla, y vio que su pecho estaba algo agitado por la sorpresa.
- ¿De verdad crees que me has condenado a algo que no quiera? - pregunto él con seriedad y decisión. - ¿Tu lo creíste cuando te lo hicieron a ti?
- No, pero…
- Entonces no te tortures así por mi causa, yo lo decidí, y tu lo ofreciste para poder saber como era este mundo donde despertaste, para no estar sola y perdida. - dijo el con seguridad y convención.
Ángelus no pudo decirle nada, él tenía razón, pero aún así ahora se sentía culpable, habia echo lo mismo que su padre, haciendo sufrir a Sirius por nada, cuando podía hacerlo de otra manera.
- ¿De verdad confías en mi? ¿Después de la desgracia que te he dado por es así? - pregunto ella dolida.
Él no dijo nada, lo que hizo unos segundos después fue besarla con deseo y pasión, soltándole las manos, la alzó por la cintura y empezando a acariciarla por todo el cuerpo. Ella al principio lo acepto, pero enseguida pensó en lo de antes, y intento apartarlo.
- No, no… esto no… - decía ella excitada, intentando pararlo.
- No, déjame consolarte… - pidió él, cogiendola mas arriba de los brazos, casi al hombro. - Soy tuyo, y quiero que nos consolemos ahora, como habíamos quedado antes…
- ¿No te da miedo desobedecer a tu ama y maestra? - pregunto ella asombrada y sonriente.
- No… por que se perfectamente que no ordena eso de verdad, sino que desea lo contrario. - aseguro él excitado.
Y sin decir mas, volvió a besarla, tumbándola bien en la cama, con la cabeza en la almohada. Ángelus no quiso resistirse, él tenia toda la razón, y dejó que él la besará, lamiera el cuello, acariciará y desvistiera placenteramente, mientras ella temblaba y echaba la cabeza hacia atrás excitada y entregada, mientras le acariciaba la espalda entera.
Él empezó por desabrocharle hacia abajo la camisa negra que llevaba, mientras le daba beso después, notando la agitación y el frío de su piel, pero con calidez ahora que habia tomado sangre. Ella apoyaba ambas manos en la cabeza de él, mirando de reojo. Cuando acabó, la alzó por la cintura, y dejó que la prenda deslizará por los brazos sola, luego, ella volvió a cogerle del rostro y lo beso, y él la cogió por los muslos y se arrastro hasta la cabecera, quedando hay como sentados, ella con las piernas abiertas para dejarlo pasar la cintura, mientras le quitaba de cuajo la camisa, dejándolo medio desnudo también.
- Soy tu humilde servidor… haré lo que me digas sin negarme. - juró él con decisión y excitación, mirándola de frente.
- Ya hace algo… si que tenga que decirlo con palabras… - aseguro ella, antes de volver a besarlo.
Mientras, Lucius y Marcus ya llegaron a la puerta de la casa, acompañados con sus novias, excitadas y deseosas de divertirse con ellos. Al entrar en la casa, Ambos sintieron la presencia de Ángelus y Sirius en la casa, y supieron que estaba en la habitación del fondo, pero no les importó, ya deberían saber que vendrían acompañados.
- Bienvenidas a nuestro palacio de nuevo, princesas. - invito Lucius con broma.
Todos rieron por eso entre besos y abrazos. Marcus y Laura no esperaron y cayeron besándose en el sofá, con ella sentada bajo de él, y Lucius y Cristina fueron a la habitación, y él la cogió en brazos, mientras ella le cogía el rostro para besarlo.
- Qué os divirtáis hermano. - dijo Marcus, mirando un momento a Lucius antes de cruzar la puerta.
- Lo mismo digo hermanito. - dijo Lucius, girándose un momento hacia él, y luego entró y con el talón cerró de un portazo la puerta.
Una vez solos, Marcus volvió a besarla con deseo y placer, mientras la cogía y tumbaba bien en el largo sofá, con él encima, abriendo las piernas de ella, para poder pasar. Laura sentía que podía tocar el cielo con la mano, de lo feliz y alegre que estaba con ese momento de felicidad y entrega total con Marcus, que sentía amor por él desde pequeño.
- Marcus… - llamó ella. Esté dejó de besarle el cuello para mirarla atentamente. - No se que te pasa hoy, pero haces que me sienta como una verdadera mujer, deseando completamente ser tuya esta noche. - confesó ella agitada y excitada.
- No sabes como me alegra oír eso amor. - dijo él feliz. - No quería hacerlo si tu no querías, pero me he dejado llevar…
- Pues sigue con eso, soy toda tuya mi amor… hazme lo que quieras. - dijo ella, entregándose a él por completo.
Marcus supo enseguida que ella estaba así por su nuevo aspecto, aunque no estuviera nada cambiado, solo mas blanco y pálido, haciendo que fuera hermoso y sexual, que hacía que Laura estuviera así de decidida a hacer lo que él quisiera, aunque solo quisiera beber su sangre, pero viendo que no usaba si poder de hipnosis, sobretodo porque no lo sabia usar aún, y que ella habia tomado su decisión, no lo pensó dos veces, y empezó la diversión.
Primero empezó a besarla con deseo y pasión, mientras, mas abajo, deslizaba la falda del vestido hacia arriba, y después rompió de un estirón la ropa interior baja de ella. Justo después, dejó de besarla, para ponerse de rodillas frente a ella y desabrocharse en pantalón, ella adivinó que iba a hacer, y se movió sexualmente un poco, echando los brazos hacia atrás, dejándolos colgar en el reposa brazos.
Eso hizo reír coqueto a Marcus, que volvió a inclinarse hacia ella, apoyando el peso sobre las manos en cada lado de ella, que le desabrochaba la camisa un poco. Marcus le rozó los labios, y luego bajo al cuello de ella, que cuando sintió sus labios en su piel, ella echo la cabeza hacia atrás gimiendo una vez, mientras deslizaba la camisa por la espalda de él, que se la quitaba de los brazos.
Marcus sentía circular la sangre de ella por el cuello, donde mas de oír y sentía, queriendo con todas sus ganas morderla y beber su sangre, pero se permitió esperar un rato mas, notando que ella disfrutaba del momento, abrazándolo por detrás de los hombros, pasando los brazos por sus axilas, sin que hubieran llegado a la mejor parte aún.
Entonces, Marcus se apartó del cuello para estar de cara frente a ella, que estaba agitada y excitada, y su pecho también estaba agitado por su rápido respirar. Ambos se miraron fijamente un momento, sin decirse nada, y entonces, Marcus movió su cintura hacia ella, y al hacerlo, ella sintió como entraba dentro de ella con suavidad, haciéndola gemir en voz alta.
- uahh… ah… - gimió ella con placer y felicidad.
Marcus la beso enseguida una veces, pero ella quería mas, y le cogió de los omoplatos con fuerza para que se apoyará en ella para que la besará, pero cuando ella sintió un orgasmo mas intenso entre sus piernas dio otro gemido, y él lo aprovecho para inclinarse de nuevo en su cuello, y ella siguió abrazada a él con fuerza y placer, arqueando un poco la espalda a veces, o echando la cabeza hacia arriba.
- ¿Te gustaría sentir algo mas que esto? - le pregunto él en su oído.
- ¿Algo mejor? ¿Qué cosa mejor? - pregunto ella emocionada.
- ¿Tú quieres o no? - insistió él excitado.
- Ah… - gimió ella por una penetración. - Sí señor, por favor si…
Al oírla, Marcus sonrió con los colmillos a la vista, y sin hacerla esperar mas, la cogió suavemente del cuello y la echo un poco mas hacia atrás, estirando así el cuello, primero lamió la zona, haciendo temblar a Laura, y dando un jadeo la muerde fuertemente, dejando brotar la sangre rapidamente. Ella no grito ni se asusto, sino que sintió mas placer que antes, abriendo al principio la boca del todo sin emitir ningún sonido, peor luego cerrando los ojos gimió placenteramente y relajada.
Mientras, Lucius y Cristina era otra cosa, mas salvajes y adolescente, él ya estaba dentro de ella, disfrutando del momento como nunca, estando encima de ella en la cama suya, desgarrándole el vestido entero, dejándola completamente desnuda ante él, que solo tenía la camisa abierta puesta. Le hacía el vaivén con fuerza y velocidad, arrinconándola en la pared de detrás del cojín, cogiendola de los muslos, y ella rodeándole los hombros con los brazos, llena de placer y excitación, gimiendo con fuerza y en voz alta, echando la cabeza hacia atrás.
- ¡Oh, oh! ¡Dios mío, no se que pasa Lucius, pero hoy lo haces mejor que nunca, como un rey del sexo! - halagó ella entre gemidos.
Al oír eso, él la coge de la espalda, dio un giro hasta estar al otro lado de la cama, de espaldas a la pared, y la tumbó violentamente en ella, cosa que a Cristina le encanto, dejando caer los brazos hacia atrás, que al instante eran sujetados por él, que continuo con la marcha entre sus piernas. Lucius ponía ver como ella sudaba de tanto calor del placer que sentía, la satisfacción de lo que le hacía totalmente, gimiendo con todas sus fuerzas, pero sobretodo, podía sentir su sangre circular con rapidez por todo su cuerpo, gritando a gritos que lo tomará toda.
- ¡Eh nena! - llamó él sin parar de mover las caderas. Ella lo miró a medias por el calor excitante. - ¿Quieres sentir algo total y mas placentero que esto? ¿eh?
- ¿Qué? ¿Qué puede ser mejor que esto idiota? ¡ahhh! - pregunto ella, después dio un gemido fuerte por un orgasmo que sintió en ese momento.
Al decirle eso, Lucius paró en seco, dejándola confusa a ella. Lucius frustrado bajo la cabeza, sin dejar que ella lo mirará, solo viera su cabellera negra. Al ver que le había ofendido, ella se apartó un poco para poderse sentar frente a él, tapándose un poco con la manta removida por ellos.
- Lucius mi amor, lo siento, no quise lastimarte. - se disculpo ella, estando por poner una mano sobre su hombro.
Cuando acercó la mano en alto, con rapidez y fuerza bruta, él la estiro hacia él y la abrazo con fuerza, haciéndole daño a ella, casi ahogándola.
- ¡Lucius, me haces daño! ¡¿Qué haces?! - pregunto ella dolida e intentando apartarle de ella.
Y cuando alzó la mirada para verlo enfadada y dolida, quedó petrificada ante la cara de él ahora, monstruosa, sabiendo enseguida que era de un vampiro de verdad; rostro pálido y aterrador, ojos brillantes y rojos como la sangre, colmillos agudos y afilados saliendo de la boca, una sonrisa maliciosa y perversa, y una mirada penetrante y deseosa de algo.
- ¿Pero qué…? - exclamó ella, paralizada de miedo y sorpresa.
- Tranquila amor, solo te dolerá un poquito, no es nada personal, es solo que tengo hambre de tu sangre. - dijo él con maldad y naturalidad al mismo tiempo.
Antes de que ella pudiera gritar, él le tapó la boca con la mano, mientras la otra le sujetaba el cuello con firmeza para poder después morderla con fuerza y violencia, echando hacia atrás, dejándola inmóvil con su cuerpo, ella cogiéndolo de la espalda, golpeándolo y arañándolo, y nada pasaba, solo que sentía como él bebía su sangre por el cuello, oyéndolo incluso, sonrojándose y llorando de miedo.
Ambos vampiros no tardaron en acabar de beber toda la sangre de sus novias, dejándolas vacías y muerta, Laura con un rostro tranquilo, y Cristina con los ojos abiertos y aterrados. Enseguida fueron a deshacerse de los cuerpo como mandó Ángelus si llegaban a hacer eso, y después volvieron como si nada a la casa y se fueron a cambiar y duchar si era necesario, y se quedaron tranquilos en su habitación, ignorando lo que hacían su ama y su hermano en la otra habitación.
En ese momento, Ángelus y Sirius estaban en la cama tapados, y ella sobre él de rodillas, con las manos sobre el pecho agitado de él, con la cabeza echada hacia atrás, dejando colgar su larga melena negra y lisa. Sirius estaba disfrutando como nunca, como si tuviera a una diosa encima, con los brazos echados por encima de su cabeza, tocando la cabecera con los nudillos casi, con la cabeza echada también hacia atrás, pero enseguida la miraba a ella.
Ángelus incorporó la cabeza para mirarlo fijamente, a él que estaba completamente entregado a ella, que le hacía estar dentro de ella, moviendo las caderas con suavidad y sensualidad. Entonces, ella paseó las manos pegadas en el pecho de él hacia arriba, separándolas para que fueran por cada brazo de él, que cerró los ojos excitado y satisfecho, y cuando ella llegó a las muñecas, las apretó con algo de fuerza, y sintiendo un orgasmos entre sus piernas echo de nuevo la cabeza hacía atrás.
Unas horas después, casi tocando al amanecer, ambos estaban tumbados en la cama, uno junto al otro, tapados con la sabana. Jadeaban y suspiraban cansados pero relajados, ella tumbada boca arriba y él igual, estirando los brazos con cansancio.
- Me parece que… ya estamos tranquilos ¿no? - pregunto ella, girándose a él.
- Yo diría que si, jeje. - coincidió él descansado.
Ella se incorporó un poco con los codos, con la sabana tapándole el pecho sin tener que sujetarla. Él se tumbó de lado pero también se apoyo en el codo. Entonces ella miró la sabana de color beige.
- ¿Esta sabana es nueva? - pregunto ella curiosamente.
- Pues no, - dijo él, mirando la sabana también, acercándose a ella por detrás. - Pero lo parece contigo debajo de ella. - dijo él entre risa.
Ángelus se rió de la broma halagadora, sacudiendo su melena un poco y suspirando agotada pero relajada. Entonces, de repente le vino a la mente lo que le dijo Lucius antes de acostarse con ella, y le vino la curiosidad de ello.
- ¿Sabes que me dijo Lucius, después de contestarle una pregunta sobre por que me gustaba que me llamaran "Ángelus"? - pregunto ella divertida.
- ¿Qué? - pregunto él curioso, apoyándose en el hombro de ella.
- Qué el suyo se lo pusieron por un personajes de un libro. - dijo ella con tono irónico pero bromista. - ¿A qué se refería?
Sirius lo pensó un momento y lo recordó al instante, se apoyó en la cabecera, y Ángelus hizo lo mismo para escucharle.
- A nuestros padres les gustaba mucho la saga de una historia de magos y brujas, y en ese libro salían varios nombres que acababan en "us", y ellos decidieron llamarnos así, aunque a Marcus se lo pusieron de un personajes no que era de ese libro.
- Un vampiro llamado Marcus Cornelius ¿verdad? - adivinó ella mirándolo de reojo.
- ¿Cómo lo sabes? ¿Conocías a ese vampiro?
- Mi padre me contó su leyenda, al parecer él y su hermano son los orígenes de las dos raza; el vampiro y el hombre-lobo. Pero él me contó que, Marcus, era mitad vampiro y mitad licántropo, pero mas fuerte que ambos.
- Vaya… en su época debía ser… - dejo la frase medio acabar y miró extrañado a Ángelus. - ¿Estamos teniendo una conversación?
- ¿Qué? ¡No! - negó ella sorprendida. - No… bueno, quizás un poco si. - dijo ella pensándolo un poco.
- ¿Y cómo es eso? - pregunto él con una ceja levantada.
- Estoy ahora social, nada mas. - dijo ella, finalizando la conversación. - Aparte de que he disfrutado esta noche. - dijo confesando entre una sonrisa rendida.
Sirius se rió de ello, rozando el brazo de ella con la cara, entonces la observó asombrado pero disimulando, y ella lo miraba acariciarla por el hombro hacia el brazo. Estuvieron así, charlando de vez en cuando, pero cuando amaneció, ella ya estaba casi dormida, y Sirius quiso dejarla sola para que descansará. Cuando estuvo en la puerta y se giro para verla una vez mas, vio que el ataud rojo oscuro estaba debajo de la cama, eso le hizo pensar que ya estaban el suyo y el de sus hermanos en la otra habitación, y con eso salio de la habitación.
Mientras, los curas que habían entrado en el castillo cuando los mercenarios se hubieran ido, habían sacado los cuerpos y el ataud de allí, y lo llevaron a una casa aparte para esperar a que vinieran a buscarlos. Cuando llegó días después, el que parecía ser el líder junto a una chica vestida de padre, con vendas que le tapaban media cara y mal puestas, esos curas los guiaron hasta la sala donde estaba los cuerpos muertos y mutilados junto al ataud.
- ¿y decís que estaban muertos desde hacia tiempo y no se convirtieron en ghouls? - pregunto él hombre sorprendido.
- Así es señor Rossini, pero no cabe duda de que fue un vampiro quien lo hizo, que estaba en el ataud encontrado con los cuerpos. - informó uno de los curas.
- ¿Y no encontraron signos de que estuviera allí?
- No señor, se había ido hacia tiempo, y tenemos una deducción de que falta un cuerpo.
- ¿y eso?
- Había unas manchas de sangre que estaban demaciado lejos de los cuerpos, por lo que uno de las personas fue convertida y el vampiro se lo llevó.
- ¿Y cómo es que no se llevó el ataud? - se pregunto él pensativo, con la mano sujetando la barbilla como deduciendo.
No tardaron en llegar a la sala, y el cura abrió la puerta y dejo pasar primero al líder y su cura. Cuando todos estuvieron dentro, quedaron sorprendidos los curas que hallaron los cuerpos, ya que, los cuerpos estaban, pero el ataud no estaba en su lugar ni en ningún sitio de la sala.
- ¿Pero qué? ¡¿Dónde esta el ataud?! - pregunto confuso uno de los curas.
- ¡Nadie ha entrado en esta sala sin que nos dijeran nada! - dijo el otro cura.
Mientras los curas hablaban, Rossini se rió una vez con ironía, ya le parecia raro que ese vampiro se hubiera dejado el ataud, seguramente no pudo hacerlo antes y lo ha hecho ahora, siguiendo el rastro de los cuerpos. Sin esperar mas, los curas responsables salieron a toda prisa de la sala para avisar de que buscaran el ataud robado, cosa que no era exactamente así desde el punto de vista de Rossini y su acompañante.
- Parece que el misterioso vampiro ha venido a buscar lo que era suyo, y sin ser vista y ni matar a nadie, es interesante. - dijo Rossini con naturalidad pero asombrado.
- Afortunadamente hicieron fotos de la escena del crimen, y seguramente del ataud, no habrá problemas para buscarlo. - dijo la chica con su voz rara por la cicatriz de la mandíbula.
- No será necesario buscarlo, Heinkel. - dijo el líder. - Lo destruiremos cuando encontremos a esa vampira y su siervo. - decidió él entre sonrisas.
- ¿Eso no enojará a los de Hellsing señor? - pregunto ella con malicia.
- No tienen que saber nada de momento, si hace falta les informaremos de ello, diciendo cuando lo encontramos si ha pasado demaciado tiempo. Pero de momento no diremos nada, esta presa es nuestra, y en nombre de Dios la enviaremos al profundo infierno.
- Amén. - dijo Heinkel, haciendo una reverencia ante su líder.
- ¡¡No cierres tus ojos!! ¡¡Es una orden!! ¡¡Alucard!! ¡¡No desaparezcas!!
- No… este es la despedida. Mi ama Integra.
- ¡¡ALUCARD!!
Ángelus despertó de golpe, sobresaltándose hasta quedarse sentada en la cama, con el pecho agitado y sudada. Miró alrededor y vio que estaba en la habitación de la casa Balan, y se tapó el pecho con la sabana con las manos. Viendo que solo era un sueño, uno que ya había soñado antes, cuando estaba bajo tierra, viendo algunas veces lo que su padre veía misteriosamente, y esto fue lo último que vio de él, después nada, ni un trozo de imagen de él en su subconsciente.
Suspirando agotada y aliviada, cayó hacia atrás, tumbándose de nuevo en la cama, con una mano sobre su sudada frente, echándose después el pelo hacia atrás. Vio que ni Sirius ni sus hermanos venían por ella, eso indicaba que no había gritado, mejor para ella, sino tendría que dar explicaciones a Sirius, no le hacía gracia eso en ese momento.
Se fijó que en el exterior había mucha claridad, por lo que debía ser medió día cuando despertó, así que intento volver a dormir, pero le dio miedo volver a sentir ese miedo que sintió a través de esa mujer; una mujer rubia y con gafas y ojos azules zafiro, manchada de sangre en su rostro, vestida de forma masculina y aristócrata inglesa, gritando con todas sus fuerzas a su padre.
Ángelus sabía quién era, por las otras visiones, pero hasta ahora nunca vio esa forma de gritar o expresarse en esa mujer hacia su padre, y la hizo pensar. Durante el tiempo en que ella estuvo encerrada en el ataud, sintió muchas cosas, pero sobretodo quiso con todas sus fuerzas saber de su padre, no si estaba vivo aún por que lo sentía en su cuerpo y en su sangre, pero quería saber lo demás, donde estaba, como estaba, todo. Y ese deseo de cumplió misteriosamente, mientras dormía, iba viendo imágenes de su padre, desde su derrota por Van Helsing, hasta su desaparición repentina.
"No desaparezcas"
Esas dos palabras golpeaban en la cabeza de Ángelus, como un martillo en su cabeza con fuerza, como si se lo dijera a ella y no a él. Se repetían una y otra vez, como tambores que se acercaban a ella con rapidez, haciendo que su cabeza le doliera a tal punto de que pudiera estallar. Puso sus manos en su cabeza, apretando y cerrando los ojos y echándose hacia delante. Un rato después, las palabras dejaron de oírse, y ella jadeo relajada y tranquila, y volvió a tumbarse con cuidado y lentitud, tumbándose de lado y acurrucándose con la sabana.
A la noche siguiente, los tres hermanos despertaron descansados y relajados, sobretodo sonrientes, pero cada uno disimulando. Salieron a la sala y en ese momento aparecía Ángelus, con cara cansada y adormida. La vieron desanimada, y eso extraño a Sirius, recordando lo feliz y satisfecha que estaba ella anoche después de hacerlo con él. La vieron entrar en la cocina, y aprovecharon para hablar entre ellos en susurro.
- oye, ¿Crees que Andrei la rechazo? - pregunto Lucius.
- ¿Puede aceptarle eso a ella? - se pregunto Marcus.
- ¿Podéis dejar eso? Uno puede tener una mala noche, o día, como se diga ahora. - defendió Sirius molesto.
Ambos miraron extrañados a Sirius, que giró rapidamente la cabeza ignorándolos. En ese momento salio Ángelus de la cocina, con un vaso y una botella de vino en cada mano, fue al sofá frente a la televisión y pesadamente se sentó y encendió la tele pasivamente, ignorando a sus sirvientes.
- emm… ama Ángelus… - llamó Lucius con prudencia.
- No me rechazó… fue fácil dominarlo… - dijo ella sin mirarlo, refiriéndose a lo que murmuro con Marcus.
Lucius se pudo tenso, ya que, si pudo oír eso, podía oír otras cosas a distancia, y si anoche estuvo en casa cuando ellos llegaron, posiblemente…
- Estoy acostumbrada a ello Lucius, no te atormentes por eso ahora, es tu casa antes que mía, tienes todo el derecho en hacer lo que quieras, como tus hermanos. - dijo ella enigmáticamente.
Los tres la entendieron, sobretodo Sirius, que también les oyó la otra noche con sus novias. Ángelus se medió tumbo en el sofá con pasividad, y eso extraño a los tres, y finalmente decidieron preguntar.
- Ama, ¿le ocurre algo? Parece hecha polvo. - comentó Lucius de buen rollo.
- He dormido mal, eso es todo, y eso me da un poco de rabia. - contestó ella, mirando el liquido del vaso en mano.
- ¿Podemos tener pesadillas los vampiros? - pregunto Marcus sorprendido.
- Sí… no sabes cuantos. - dijo ella, tomando de un sorbo la copa entera.
- ¡Bueno, se animará cuando volvamos a la cacería como la otra noche! ¿Qué me dice? - propuso Lucius, frotando las manos con emoción. - ¡Seguro que encontrará un chico que…!
- No estoy de humor para eso esta noche… - interrumpió ella sin emoción en su voz. - Ir vosotros si queréis.
Los tres miraron extrañado a su ama, si que debería haber dormido mal como para no querer alimentarse esa noche bien. Sobretodo Sirius, que cada vez estaba mas confuso y preocupado por ella, que se hincó al lado de ella para mirarla, y no vio ninguna emoción en su mirada, mostrando que estaba muerta en verdad en ese momento.
- Bueno, si cambia de idea, ya sabe donde estamos. - dijo Lucius también algo preocupado pero sin querer decirle nada. - ¿Te vienes Sirius?
- eh, ir tirando, yo ya iré. - dijo él tartamudeando un poco.
Sus hermanos lo miraron un momento dubitativos, pero asintieron con la cabeza y salieron de la casa. Una vez solos, Sirius se sentó rapidamente en el sofá junto a ella, mirándola fijamente y con una mirada sería y interrogante. Ángelus sintió esa mirada pero ni la miró, siguió ignorándolo sin ninguna emoción. Impaciente, Sirius se acercó a ella hasta estar casi pegado a ella, poniendo una mano sobre el hombro de ella.
- ¿Me puede explicar que le pasa? - pregunto Sirius confuso.
- Eso a ti no te incumbe Sirius, ahora deberías ir con tus hermanos a alimentarte. - dijo ella con frialdad y sin mirarlo.
- ¡¿Y tu te vas a quedar aquí sin salir y sin hacer nada?! - exclamó él. - ¿Acaso lo de anoche no te gusto? - pregunto bajando el tono de voz.
Esa pregunta hizo girar a Ángelus a él, y lo miró con una pequeña sonrisa amistosa.
- No es por ti Sirius, lo de anoche me encanto, de verdad, solo que… no dormí bien y no pude volver a dormirme. - explicó ella como disculpándose.
- Pues duerma ahora un poco, después venga al club y diviértase. - propuso Sirius con animo.
- No Sirius, no creo que pueda dormir otra vez, desde que me liberaste he tenido una pesadilla cada vez que duermo, y cada vez es mas insoportable. - negó ella, resignada y dolida.
Sirius la escucho, y pudo ver que ella no tendría valor para explicarle ese sueño, y tampoco quiso forzarla a hacerlo. Quiso abrazarla para calmarla, pero no lo creyó apropiado en ese momento y no supo que hacer.
- Por favor Sirius… ve con tus hermanos al club, quisiera estar sola… necesito pensar. - pidió ella con amabilidad, pero con cansancio en la voz.
Sirius no quiso replicarle eso, se puso en pie y con una reverencia se fue de la casa, dejando a Ángelus sola, tomando el vino mientras miraba la tele sin prestar apenas atención a lo que daban.
Mientras, Lucius y Marcus ya habían llegado al club que estaba a tope como la noche anterior, pero al parecer se notaba la desaparición del dueño, su amigo Andrei, y también Crina y sus amigas, que eran habituales de allí.
- Me pregunto dónde estará Andrei, no llamó ni nada desde ayer por la noche que acabó su turno. - comentó uno de los camareros en la barra a un compañero.
- Es verdad, - coincidió el otro. - ¿Y recuerdas ese grupo de tres chicas habituales? Pues andan desaparecidas desde ayer también.
- ¿Qué me dices?
Los dos vampiros pasaron de largo, Lucius se rió disimuladamente ante eso, sabiendo que paso con ellos. Unos minutos después, Sirius también llegó y los encontró enseguida entre la gente.
- Parece que ya se han enterado de la desaparición de Andrei y las chicas hermanito. - informó Marcus a Sirius en susurro.
- Solo es cuestión de tiempo que encuentren sus cuerpos. - dijo Sirius resignado.
- ¿Qué importa eso ahora? - pregunto Lucius pasivamente, mirando a cada chica, buscando la apropiada para esa noche. - No hay pruebas contra nosotros.
- La gente nos vio irnos con ellos idiota. - corrigió Marcus entre dientes.
- Pero eso no demuestra que fuimos nosotros hermano, tranquilo y disfruta de la noche, que aún esta por empezar. - dijo él con emoción y perseverancia.
Con eso, Lucius se adentro entre la multitud y allí los dejo, para buscar una buena presa para esa noche. Marcus también lo hizo pero no como Lucius, sino una que fuera simpática y fácil de convencer, Sirius no tuvo mas remedio que hacer lo mismo, y así cada uno fue por su camino en el club. Durante toda la noche estuvieron buscando, Lucius no tardó en conquistar a una, llevarla a un callejon y alimentarse de ella sin que sufriera esa vez, Marcus igual pero sintiendo pena con la chica que apenas empezó a conocer.
Sirius tardó mas en decidir y alimentarse o no de alguien, pero la sed empezó a molestarle y tuvo que hacerlo rápido, se fijó en una chica que parecía ser la reina, que todo de su alrededor debía hacerse como ella quería, y eso a sus amigos no les parecía gracioso ni divertido. Sirius pensó en hacerles un favor a ellos, y así se alimentaba él, dos pájaros de un tiro, o de un mordisco.
No le costó mucho seducirla a esa chica, llamada Valeria, con los encantos que aprendió de su ama la otra noche, que le fue fácil aprender. Cuando ella estuvo solo pendiente de él, los amigos de ella decidieron dejarla con él, así se la quitaban de encima esa noche, y ella ni siquiera lo noto, estaba abrazada de él por el cuello, moviendo la cintura sexualmente por la música que sonaba en ese momento.
Una hora después, ambos estuvieron en un callejon, ella besándolo frenéticamente, deseando hacerlo en ese momento. La sed de Sirius estuvo al limite, y cuando se apoyó en el hombro de él, que la acariciaba apasionadamente para despistarla, la mordió en el cuello sin que se fijará, debilitándola casi enseguida, cayendo muerta sobre él. Cuando acabó la tiró hay sin mas.
Ya estaba por amanecer, y los tres caminaron casualmente juntos hacia la casa, charlando sobre su corta cita de la noche, excepto Sirius que no quiso abrir boca durante el camino, pensando el su ama, deseando que a esa hora estuviera mas animada y se hubiera alimentado. Cuando entraron en la casa, no la vieron en la sala, pero a tele estaba encendida.
- ¿Hola? ¿Ama, esta aquí? - llamó Sirius, mirando por el pasillo.
- ¡Sí! - afirmó una voz, viniendo de la cocina.
Sirius quiso ir, pero Ángelus salió de la cocina, con el brazo frente a los labios, que estaba algo manchado de sangre. Los tres quedaron parados al ver eso, pero no tardaron en adivinar que habia pasado mientras estaban fuera.
- ¿Esta… bien ama? - pregunto Sirius con cuidado.
- Sí… pero el publicitario que picó no. Me hizo un gran favor. - dijo ella, saciada por la forma de hablar.
- Me alegra saber que a tomado algo finalmente. - dijo Sirius aliviado.
- Puedo estar una noche sin beber Sirius, tengo mas años de los que aparento. - bromeó ella con humor.
Parece que al haberse alimentado la ayudo a estar de buen humor, y eso tranquilizó a Sirius y también a los demás. Notando que iba a salir el sol, los tres estaban por irse a descansar, pero Ángelus los detuvo con la voz.
- Esperar, tengo algo que deciros.
Los tres la miraron confusos, pero se sentaron sin prisas donde pudieron, frente a ella, que estaba de pie con los brazos cruzados delante del pecho, con seriedad y decisión en su postura.
- Ya nos dirá jefa. - dijo Lucius con pasividad y vacilación, cosa que no molesto en absoluto a Ángelus.
- No tomará mucho tiempo. - aseguro ella antes de empezar. - Durante este tiempo que he estado sola he estado pensando en algo, y no acababa de decidirme hasta que he tomado la sangre de ese tipo.
- ¿Y qué a decidido? - pregunto Marcus.
Ángelus se tomó un segundo, cogió y suspiró aire, preparándose para ver como reaccionarían ellos sobre lo que decidió.
- Nos vamos a Londres. - dijo ella al instante.
Durante unos segundos nadie dijo nada, solo mostraron una mirada desorientada y confusa, pero viendo que ella lo decía seriamente, supieron que no era ninguna broma, y que no podían opinar si querían ir o no.
- U-Un momento… ¿Qué nos vamos a donde? - pregunto Lucius poniéndose de pie y con los ojos medio cerrados, confuso.
- Ya lo oíste Lucius, a Londres, dentro de unos meses. - repitió ella, caminando para retirarse ya.
- Pero… ¿No podemos decirle si queremos o no ir? ¡Nosotros nunca hemos salido de Rumania! - protesto Lucius siguiéndola a un metro.
Antes de siquiera cruzar el umbral del pasillo, Ángelus dejó caer los hombros suspirando, y se giró cansada a los demás, que la miraban confuso y sin estar de acuerdo con esa decisión repentina.
- ¿Verdad que os dije que tendrías una recompensa con ayudarme con mi venganza? - pregunto ella, los tres asintieron. - Pues para tenerlo hay que ir allí, que es donde esta lo que busco, aparte de esos desgraciados, tengo que ir allí y se acabó.
- ¿Pero cual es esa recompensa que dice? - pregunto Lucius con vacilación, dando unos pasos hacia delante con los brazos extendidos un poco a los lados.
- Tres de la vampiras de mi encierro, las tres hermanas. - contestó ella.
- ¿Las amantes de Drácula? - pregunto Sirius sorprendido, reconociendo a esa tres hermanas.
- Veo que no hace falta daros mas detalles, tenéis a un experto en la materia. Cuando recuperé algo que ellas y sus jefes me robaron, serán todas vuestras, tenéis mi palabra. - juró ella, y con eso se retiro a su habitación.
Los tres pudieron notar que ese mal humor que antes se era debido a ese recuerdo, o al menos eso pensaban, y por eso no se atrevieron a decirle nada y se fueron a dormir también. Y así, fueron pasando los meses hasta que los tres aprendieron lo básico de los vampiros, y cuando estuvieron preparados, empezaron a hacer las maletas, lo justo para vivir en Londres, y vender la casa de sus padres, cosa que a Sirius no le hizo mucha gracia, pero lo acepto.
VARIOS MESES DESPUÉS.
Cuando los cuatros reservaron billete para ir a Londres, ya estaban en el siglo XXI, dejando atrás el XX. Cogieron el barco mas lujoso para ir allí, con una habitación para cada uno, con cortinas para protegerse del sol, aunque no les afectará. El viaje duraría varios meses, ya que tubieron que apañarse para conseguir alimento sin ser descubiertos o ser sospechosos de ello.
Durante las noches, Ángelus estaba en cubierta, apoyada en la barandilla, observando el océano, pensando en su padre, cuando estuvo también en un barco para ir a Londres, que fue donde conoció a la viva imagen de su difunta princesa, creyendo sentir lo mismo que sintió él en el viaje de entonces. Ese paisaje la relajó, tanto que resumió todo lo que hizo desde que despertó, y pensándolo bien, habia cambiado, y todo por esa venganza, y ahora se sentía rara, se sentía como si fuera la vampira que veía a veces en el pasado, y culpables por sus siervos, obligándoles a ser lo que era y llevarlos hacia otro lugar.
Se sentía una miserables, tanto que se abrazó a si misma aterrada. Se estaba volviendo una vampira malvada, casi como fue su padre antes de conocerla a ella. Ahora pensó en Sirius, y confesó que, lo estaba utilizando para sus caprichos, como hizo su padre con sus hermanas traidoras, y no le parecía justo seguir con ese engaño, que le amaba, y él a ella seguramente, pero no lo creyó possible. Tan pendiente estaba de lo que pensaba que, no sintió la presencia de Sirius hasta que la abrazó por la cintura con seducción, cosa que ella no pudo evitar disfrutar.
- Sirius… tenemos que hablar… - dijo ella, temblando de placer al sentir los labios de Sirius en su cuello.
- ¿Hablar, o hacer ama? - pregunto él juguetonamente.
Ángelus quiso hablarle seriamente, pero cuando se giro a él, este la beso apasionadamente, haciendo que olvidará todo y se dejará llevar. Cuando quiso darse cuenta, ya estaban por llegar al camarote de él, que la abrió con la tarjeta mientras la rodeaba con el brazo por la cintura. Cuando estuvieron dentro, él la arrinconó en una de las paredes del pequeño pasillo antes de llegar a la pequeña cama, y empezó a besarle el cuello y bajando.
- Sirius, en serio… tenemos que hablar de algo importante, creo que no deberíamos… - decía ella, intentando apartarlo por delante de los hombros.
Sirius no quiso escucharla en ese momento, y la seducción mas intensamente para complacerla, y dio resultado. La cogió por la espalda, y ambos cayeron sobre la cama, él encima de ella, abriendo las piernas de su ama para dejar pasar sus caderas. Ambos no tardaron en desvestirse entre acaricias y besos, y enseguida hicieron el amor con suavidad y sin alzar la voz.
Él estaba pegado a ella, apoyando las manos en cada lado, cerrándolos con fuerza y inclinado sobre el cuello de ella, besándolo y lamiéndolo con dulzura. Ángelus se dejaba llevar, olvidando del todo lo que quería decirle, abrazándose a él por detrás de los hombros, pasando los brazos por debajo de las axilas, clavando un poco las afiladas uñas blancas, gimiendo en susurro y echando de vez en cuando la cabeza hacia atrás y de lado.
Estuvieron así toda la noche, y cuando salio el sol, estaban los dos abrazados en la cama agotados, él ya dormido pero ella despierta y con un rostro pensativo y culpable. Con cuidado de no despertarlo, se levanto y se vistió, cuando acabó salio del camarote y se fue a la suya propia, estando allí hasta que anocheciera.
A la noche siguiente ya se oía que habían desaparecido algunos pasajeros. Lucius y Marcus se encargaron de lanzarlos al mar una vez bebido toda su sangre y estuvieran muertos, así nadie sospecharía de ellos. Cuando Sirius despertó y notó que estaba solo en la cama, se incorporó al instante, y vio que su ama ya no estaba allí, algo extraño en ella.
Se vistió rápido y salio de su camarote a toda prisa, mirando a los dos lados del pasillo un momento, y fue directo al camarote de ella, entonces, le vino al olfato un olor que siguió al instante, que pertenecía a la persona que buscaba, viniendo de la cubierta, en la proa. Camino a pasos largos hasta llegar allí, donde la vio, de espaldas a él, inclinada sobre la barandilla, con la brisa moviendo su melena negra hacia un lado.
- ¡Ama! - llamó él, corriendo hacia ella.
Esta alzó la cabeza al oírlo, pero no se giro a él ni le hablo. Cuando estuvo justo detrás de ella, Sirius se paró jadeando un poco, pero se recupero enseguida. Ángelus no se movió, y eso extraño y preocupo a Sirius, que quiso abrazarla por detrás y así lo hizo.
- Quieto Sirius por favor… - pidió ella con seriedad.
Sirius quedó confuso con ese tono de voz, la soltó y dio unos pasos hacia atrás, viendo como ella se giraba a él, con una mirada directa y sería.
- ¿Ama? ¿Ocurre algo? - pregunto él confuso.
- Tenemos que hablar, y esta vez no intentes distraerme. - dijo ella.
- De acuerdo, no lo haré lo juro. - prometió. - Yo solo pensaba que…
- Hemos terminado. - interrumpió ella en sentencia.
Al oír eso, Sirius se quedo paralizado al oír eso, pensando que era una broma.
- jeje, ama… no bromee. - pidió él riendo un poco.
- No puedo estar contigo… - dijo ella con sinceridad.
- Esa canción me la se… - bromeó él acercándose a ella.
- Te estoy utilizando… - siguió ella sin escuchar sus bromas.
- No me he quejado, si es eso… - decía él, intentando no creerlo.
- …y me esta matando ahora. - finalizó ella.
Sirius no supo que decir, y se quedaron mirándose un momento, entonces, ella se acercó a él y lo miró fija y directamente.
- Lo siento… Sirius Balan. - se disculpo ella.
Antes de que él pudiera decirle algo, con una mirada petrificada y confusa, ella paso de largo y se fue de allí, sin mirar atrás, caminando sin prisa. Y así, durante todo el viaje, ella no vio a Sirius hasta que llegaron a Londres, donde empezaron la búsqueda, la cual ellos solo conocían una de momento, pero pronto sabrían lo que ella también buscaba, aparte de su venganza; su vida eterna.
CONTINUARÁ...
Bueno, aquí acaba lo que ocurrió con ellos, para estar en el presente de la historia jeje. Espero que no esteis tristes por lo último, por que se eso se trata, que haya de todo en esta historia. HASTA PRONTO!!
