Nota de Autora: Esta obra es un crossover entre los personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Mortal de Eileen Wilks. Ni el trama, ni la historia me pertenece, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente los combine por diversión.
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Y después de lo que parecieron siglos, aquí les traigo un nuevo capítulo! Nada mejor para cerrar la semana que saber que pasa con nuestros amigos en la tierra. Espero este año terminar la historia y no extenderla mucho, además de empezar el próximo año con el siguiente libro :). Como siempre, gracias a los que la leyeron y a los que la siguen. Nos estamos leyendo
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Hermione necesitaba ropa, pues la que le había prestado Ginny le quedaba un tanto grande. Además debía,ver que iba a hacer con su gato.
Asi que una ves que se dio el alta, se sentó en la parte trasera del auto de Blaise, con los puños apretados por pensar en las cosas que le estaría pasando a Draco. Ella no podía manejar, ya que la noche del tiroteo,un agente de policía había llevado su coche hasta su casa y el auto de Draco, había sido incautado.
Apoyo su cabeza contra el respaldo del auto, tratando de llevarsu mente hacia su hermana Beth, mientras trataba de alejar su mente de la discusión innecesaria que llevaban adelante Blaise con Ginny. Necesitaba saber que tanto daño le habían hecho a su hermana, pero una simple llamada no seria suficiente, más verla tampoco no era una opción, ya que Beth estaría con sus padres...con madre.
Estaba cansada, asi que cerro los ojos pero no hallo descanso. Tenia miedo. Tenia muchísimo miedo. No de morir, sabia que en algún momento le tocaría a ella dejar este mundo. No era un miedo tan claro como el miedo a la muerte, era más el miedo a no ser lo suficientemente buena para rescatar a Draco. Su don había desaparecido y creía que no quedaba lo suficiente de Hermione como para hacer lo que tenia que hacer.
Incluso, aunque aun poseyera un don, quizás el mismo no seria suficiente. Lo que había planeado o, por el momento, lo que no habían planeado, era de loco. Un lupus hechicero, una localizadora y una ex agente de homicidios herida iban a enfrentarse a quien sabe cuantos demonios en su propio terreno ¿cómo podía planearse eso?
— No puedo imaginar que nunca hayas oído hablar del Teorema de McCallum —Blaise sonaba como un adulto que le hablaba a un niño dulce aunque un poco retrasado.
— ¿Tiene una teoría sobre las puertas del infierno?
— No, tiene que ver con la diferencia entre la relevancia y la resonancia, más sugiere que...
—Solo hay una clase de relevancia que tenga importancia con las puertas. Pero, si estuviéramos hablando de vudú…
— Intenta aparentar al menos que estás más interesada en averiguar algo sobre las puertasque quedar por encima de mí —dijo Balise—. Al menos el ridículo que hagas no será tan grande.
Hermione se preguntó si se vería obligada a matarlos a los dos, o si con cerrarles la boca con cintaadhesiva sería suficiente. Prefirió parar la riña.
— Discutir es una forma muy natural de enfrentarse a la tensión, pero a mí no me estásirviendo de mucho. Ya que ninguno de ustedes dos sabe nada sobre abrir puertas, ¿podríamos hablar de algo más práctico? ¿Hacemos algunos planes?
— Me creas o no —dijo Blaise—, nuestra discusión es mucho más práctica de lo que te imaginas. Aunque nos hayamos desviado un poco.
— Claro. Lo que tú digas.
— Estamos intentado ponernos de acuerdo sobre qué tipo de puerta tenemos que abrir —dijo Ginny—. De relevancia única o de relevancia variable. Solo que no existe nada parecido auna puerta de relevancia variable, así que tienes razón. Estamos perdiendo el tiempo.
Blaise bufó entre dientes. Y a eso sonó precisamente, al bufido de un gato.
— Dama, protégeme de las brujas intolerantes y de mente cerrada. Que nunca hayas oídohablar de algo no significa que no exista o que sea imposible.
Hermione intentó encarrilar de nuevo la conversación.
— En realidad como no tienes ni idea de cómo abrir una puerta, el tema está abierto a ladiscusión.
Blaise empezó a impacientarse.
— Conocemos los principios generales.
— Cierto —dijo Ginny—. Es lo mismo que decir que no sabemos cómo armar untelevisor, pero que conocemos la teoría que lo hace funcionar. Blaise cree que una vezconsigamos nuestro televisor, deberíamos practicar con él un poco. Yo creo que eso sería muy peligroso. No hay nada que nos impulse a pensar que esa idea es posible siquiera.
— Es posible —insistió Blaise—. El Teorema de McCallum…
— Basta de tanta cháchara sobre teoremas —dijo Hermione—. ¿A qué clase de riesgos nos enfrentamos si manipulamos el hechizo? ¿Qué ventajas obtenemos?
— Ritual. La magia de ese nivel requiere un ritual, no vale un simple hechizo.
— Da igual. Dime las ventajas y desventajas, Blaise.
— La mayor desventaja es que si el ritual no funciona, no obtendremos nuestra puerta. Encuyo caso podremos dar marcha atrás y volverlo a intentar con el ritual original.
— Quizá. —Ginny no ocultó sus reticencias—. Si es que logramos sobrevivir al primerintento. Estamos hablando de practicar un ritual de alto nivel y eso tiene que ver con fuerzas que no alcanzamos a comprender. Es imposible predecir qué ocurrirá.
Hermione frunció el ceño.
— Eso es una desventaja muy grande.
—Y la ventaja —dijo Blaise—, es que si funciona tendremos el control total sobre la puerta y sobre quién y qué puede entrar o salir de ella.
Hermione pensó en silencio durante unos segundos. Blaise y Ginny habían bromeado sobre todosesos demonios que no estaban arrasando las afueras de la ciudad, pero si abrían una puerta que no podían controlar…
— Eso es una gran ventaja. Lo suficientemente grande para superar todas las desventajas… sies que eso de la multirrelevancia es posible.
Blaise cambió de carril con la típica rapidez de reflejos de un lupus.
— Empecemos desde el principio. Supongo que sabes que las puertas son construccionesmágicas, ¿no? Que están situadas cerca de un nodo.
— Eso lo sé. Los azá intentaron abrir la suya justo encima de un nodo. Necesitaban el poder que emanaba.
— En parte, sí. Pero los nodos también son los lugares donde existe mayor congruencia.Piensa en ellos como puntos en los que las diferentes esferas casi se tocan. La congruencia, mágicamente hablando, es uno de los cinco campos de la relevancia. Es el espacial. También estáel físico, el emocional, el mental y el espiritual.
Hermione sacudió la cabeza.
— Ya me estoy perdiendo. Yo creía que lo mágico y lo espiritual eran cosas diferentes. Por eso Luna pudo curarme con su energía, porque no estaba utilizando magia.
— Depende de a quién le preguntes. Las teorías varían mucho unas de otras.
— ¿Por ejemplo?
— Yo comencé mi carrera con la magia wicca. Ellos consideran al espíritu como uno de los cinco poderes de la naturaleza: tierra, aire, fuego, agua y espíritu. Los médicos chinos trabajan con cinco energías también, aunque sustituyen al espíritu por el metal y consideran que el espíritu es un elemento totalmente independiente. Lo mismo ocurre en muchas vertientes del protestantismo. Los católicos llevan toda la vida enredados en esta cuestión y no parece que tengan una respuesta. Muchos chamanes dicen que existe una diferencia entre la magia y elespíritu, pero se limitan a sonreír misteriosamente si les preguntas cuál es.
— Como Luna.
— Exacto. Los houngan y mambos…
— ¿Quiénes?
— Sacerdotes y sacerdotisas del vudú. Su magia está basada en el espíritu, así que es normalque no hagan distinciones entre magia y espíritu. Y los budistas… —Blaise se encogió de hombros y añadió con cierta sorna—: Espiritual, no espiritual… no hay diferencia. La dualidad esmera ilusión.
Ginny rió.
— Conocí a alguien que habría dicho justo lo mismo.
Hermione hizo repiquetear los dedos sobre su muslo.
— No puede ser que todos tengan razón. ¿Qué dicen los hechiceros?
— En general, ignoramos esas cuestiones. El espiritualismo trae consigo todas esas cosas del bien y del mal. Eso confunde mucho las cosas.
— Y los hechiceros odian estar confundidos —añadió Ginny—. No pueden ver el espíritu, así que lo tratan como los humanos que carecen de don: tratan la magia como si no fuera real. Y si lo es, no debería serlo.
Blaise rió.
— Es una opinión prejuiciosa, pero no del todo equivocada. Por supuesto, los msaidizi se basaban en la fe.
— ¿Quiénes? —preguntó Hermione.
— Los dizis.
¡Oh!
— ¿Qué tiene que ver todo esto con abrir una puerta al infierno?
— Como ya he dicho, las puertas son construcciones mágicas, pero las cerraron medianteuna combinación de energía mágica y espiritual. Por lo tanto, para abrir una puerta, necesitamos energía espiritual, además de mágica.
— Eso era lo que estaban haciendo los azá, ¿no? Creían en su diosa y esa fe era parte de la energía que Ella necesitaba para abrir la puerta. —Eso y un poquito de magia de muerte.
— Exacto. Nosotros no contamos con una gran comunidad basada en la fe, así que aunque supiéramos cómo, no podríamos reabrir una puerta.
— Pero estamos pensando en abrir una.
— Abrir, no reabrir. Construiremos una puerta nueva. Ginny y yo hemos estado discutiendo la mejor manera de hacerlo. Ella cree que la congruencia es la única que forma que hay. Yo estoy de acuerdo en que es fundamental, no queremos salir al otro lado a varios kilómetros del suelo o en medio de una montaña; así que queremos que los dos lugares sean congruentes. Pero yo creo que como queremos abrir una puerta pequeñita, podríamos utilizar otras relevancias también.
Ginny habló.
— Se refiere a ti.
— ¿Qué? —Hermione negó con la cabeza—. Es una broma, ¿no?
— Pues no. —Blaise redujo la velocidad. Estaban llegando al complejo de apartamentos donde vivía Hermione—. Hay cinco campos de relevancia, ¿recuerdas? Espacial, físico, mental, emocional y espiritual. Cuantos más utilicemos, más estable será la puerta y mayor será nuestro control sobre ella.
— En teoría —añadió Ginny.
Blaise ignoró el comentario.
— El vínculo que te une a Draco nos ofrece dos campos más, el físico y el emocional.
— Ya… veo. Más o menos. Como Draco está allí, y yo estoy aquí, el vínculo en sí mismo es una especie de puerta. Pero una vez yo también esté allí, eso desaparecerá.
—Por eso me necesitas —dijo Blaise alegremente mientras aparcaba en el hueco que había al lado del coche de Hermione—. Para que piense en todo. Por lo que sé, la puerta se cerrará detrás de nosotros tan pronto como crucemos. Se abrirá de nuevo en cuanto tú lo desees, y nada ni nadie podrá cruzarla sin tu permiso.
Vaya. Hermione se pasó una mano por el pelo.
— ¿Y si muero?
— Intenta que eso no pase. —Blaise apagó el motor y abrió su puerta—. Aunque es la manera más eficaz de evitar que los del otro lado utilicen nuestra puerta, ¿no crees?
— En teoría. —Hermione abrió su puerta y salió. Le dolía la herida a causa de la presión que el cinturón de seguridad había ejercido sobre ella. Miró seriamente las escaleras de su apartamento y se dirigió hacia ellas—. Sin embargo, me has convencido de que merece la pena intentarlo.
— Sabía que le verías sentido. Si te sirve de consuelo, no podría hacerlo si siguieras teniendo tu don.
Hermione asintió. Todavía no estaba lista para ver el lado positivo de eso.
— Si todavía tuvieras tu don, no sería buena idea que cruzaras al otro lado —añadió Ginny mientras rodeaba el coche—. Sobre todo teniendo en cuenta lo que dicen de los émpatas que van al infierno.
— ¿Y qué es lo que…? ¡Eh!
Blaise la había tomado en brazos.
— Para que luego digan que no soy un tipo caballeroso. No tienes por qué cansarte subiendo esas escaleras. Muy bien —añadió mirando a Giny mientras se dirigía hacia las escaleras—. Me rindo. ¿Qué dicen de los émpatas que van al infierno?
— "Enfrentáronse los ejércitos de las tinieblas, en medio de un estruendo ensordecedor" —recitó Ginny—, "por aquellos que poseen los seis ingenios. Contemplen a las bestias brutales que ansían incrementar su poder bebiendo su preciosa sangre". Dame las llaves, ya abro yo.
Hermione sacó las llaves de un bolsillo lateral de su bolso.
— No he entendido mucho, pero no creo haber oído nada sobre émpatas.
— Los "seis ingenios" es una expresión medieval. —Blaise empezó a subir las escaleras detrás de Ginny—. Los cinco sentidos eran los cinco ingenios. Tal como lo veían en aquella época, los émpatas tenían seis sentidos. Seis ingenios.
— Ah… entonces, si he captado lo esencial de tu cita, los "ejércitos de las tinieblas" planeaban beber la "preciosa sangre" de los émpatas.
— Exacto —dijo Ginny mientras metía la llave en la cerradura de la puerta—. Los ejércitos de las tinieblas son demonios. Al parecer, al beber la sangre de un émpata adquieren algún tipo de poderes especiales.
Blaise llegó al rellano. Ni siquiera se le había alterado la respiración por el esfuerzo. Eso estaba muy bien para alguien que estaba a punto de cumplir sesenta.
— Nunca había oído esos versos. ¿De dónde son?
— Las añoranzas del infierno. Es un texto bastante oscuro. Siglo XIV, y quizá sea ficción pura y dura, pero el monje, eh, eh. Dios mío. ¿Qué estás haciendo aquí?
Cinco minutos después, Hermione estaba sentada en su única silla acariciando a Cronk, que no quería dejarla a sol ni a sombra. El gato se había adueñado del regazo de Hermione cuando el hombre que le había estado haciendo compañía se había levantado.
— Te ofrecería un bocadillo, pero tu gato y yo nos hemos comido todo el jamón —dijo Remus Lupin desde la cocina donde estaba preparándose una taza de café—. ¿Alguien quiere café?
— ¿Por qué todo el mundo se siente con derecho a irrumpir en mi casa? —Preguntó Hermione mirando al techo—. Claro, ponme una taza, al fin y al cabo, el café es mío.
Remus se unió a ellos con dos humeantes tazas de café en la mano y miró a su alrededor como si otra silla hubiera podido aparecer de la nada en su breve ausencia. Su mirada se detuvo en Blaise.
— Zabinni—dijo y saludó con la cabeza—. Nos conocimos en tu, eh, ceremonia de adopción. Me refiero a cuando te uniste a los Nokolai.
Blaisd se había puesto su máscara inescrutable.
— Me acuerdo.
— Aunque corra el peligro de repetirme —intervino Ginny—, ¿qué estás haciendo aquí?
Estaba sentada sobre un cojín cerca de la mesa baja de Hermione. En aquella sala de estar de tamaño bolsillo era la única manera de sentarse, además de la silla. Blaise se había apropiado del otro cojín.
— En realidad no estoy aquí. Piensen que soy una mera manifestación de su imaginación calenturienta.
— No te lo tomes a mal, Remus, pero nunca has tenido un puesto muy destacado en mi imaginación calenturienta. Venga. —Ginny se levantó de su cojín—. Siéntate y dales un descanso a tus viejos huesos.
— Bocazas. Siempre tan bocazas. Solo tengo diez años más que tú. —Entregó a Hermione una taza en la que se podía leer: "¡No me obligues a soltar a los monos voladores!"—. No tienes muy buen aspecto.
— Tú tampoco. —Las bolsas debajo de los ojos de Remus parecían enormes petates de lona.
— Estoy cansado, eso es todo. Encontramos una grieta y es muy grande. La más grande que haya visto nunca. He convocado una reunión para poder cerrarla.
— ¿Una reunión?
— De muchas asambleas de brujos —explicó Blaise—. Desde tres a una docena. Eso quiere decir que la cosa es muy grave.
— Es una grieta enorme. —Se sentó con dificultad en el cojín y frunció el ceño al mirar a Hermione—. No entiendo por qué no tienes sillas. Todo el mundo tiene sillas.
— Las manifestaciones de mi imaginación nunca se han quejado sobre la falta de sillas —comentó ella—. Ni se han comido todo mi jamón. Quizá debas explicarme por qué estoy imaginando que estás aquí.
— Oficialmente todavía estoy en Carolina del Norte. Volaré de vuelta tan pronto terminemos de hablar. —Sorbió el café—. Buen café.
— Draco es un poco exquisito con el café. Compra una marca bastante exclusiva y lo muele él mismo.
El silencio que siguió al comentario estaba preñado de todas las cosas que Remus quería decir, pero no dijo. Por fin, él suspiró.
— Siento mucho lo de Draco, Hermione. Maldita sea, lo siento mucho.
Hermione no dijo nada. Solo esperó.
Las cejas de Remus se arquearon.
— ¿No vas a decirme que no está muerto?
— Estoy segura de que ya lo sabes. Igual que sé que no has cruzado el país para ofrecerme tus condolencias.
— No. —Tomó otro sorbo, suspiró de nuevo y dejó la taza sobre la mesa—. Estoy aquí para contarte algunas cosas. Dumbledore no quería que te las contara por teléfono. Y también quiere estar seguro de que no estás pensando en hacer nada estúpido.
Hermione no movió un músculo de la cara.
— La línea privada de Dumbledore es tan segura como cualquier otra en este país.
— Claro que lo es. Te voy a contar algunas cosas de las que no estás al tanto. Material muy serio con un montón de sellos estampados sobre él con la palabra "confidencial". —Miró a Blaise—. Supongo que aprecias la ventaja que supone seguir volando bajo el radar oficial.
Blaise sonrió amablemente.
— Y supongo que tú aprecias la ventaja de que me quede a escuchar lo que tienes que decir. No te preocupes. No voy a ir a contárselo a la prensa.
— No vas a contárselo a nadie ni vas a hablarlo con nadie que no sea con los que están en esta habitación. Y más te vale que tengas mucho cuidado con la manera en que lo hablas. Y ahora te diré por qué. —Hizo una pausa—. El año pasado, dos congresistas y un subsecretario de un departamento importante informaron haber sido contactados por un demonio.
— ¿Qué? —La taza de café de Hermione bailó y salpicó a Cronk. El gato le dedicó una mirada ofendida y saltó de su regazo—. Eso… bueno, no era lo que esperaba oír. —Los demonios no se dedicaban a llamar por teléfono a los congresistas para ofrecerles algún trato. Para empezar, no podían… o eso creía todo el mundo—. No ha habido un caso confirmado de demonios inmiscuyéndose en la marcha de gobiernos oficiales desde… bueno, desde Hitler.
Remus asintió.
— Y aquello fue un cúmulo de casualidades, el resultado de unas condiciones que difícilmente se repetirán en al menos mil años. Ahora entenderás por qué llevan la investigación tan en secreto.
— ¿Llevan, no llevamos? —Hermione arqueó una ceja—. ¿Quién lleva la investigación?
— El Servicio Secreto. Necesitaban la ayuda de algunos expertos así que Dumbledore nos envió a algunos de la Unidad de forma extraoficial. Es su investigación, no la nuestra.
— ¿Estamos hablando de un demonio? —Preguntó Ginny—. ¿O de más de uno?
Remus asintió.
— Buena pregunta. Nos gustaría saber si estamos presenciando un cambio generalizado en las relaciones entre esferas, algo que podría sugerir el contacto por parte de varios demonios. Pero, desafortunadamente, no sabemos nada al respecto. Las descripciones que obtuvimos de los testigos no se parecen nada entre sí, pero los demonios tienen el fastidioso hábito de cambiar de apariencia, tanto en tamaño del cuerpo como en forma, así que ese testimonio no es válido.
Blaise lanzó a Remus una mirada inescrutable, antes de hablar.
— ¿Qué tiene que ver todo esto con Hermione?
— Piénsalo. Si un cargo oficial del Gobierno y tres cargos electos han informado de contactos no solicitados de demonios, hay una gran probabilidad de que haya habido otros contactos. Que no se han denunciado.
— Mierda.
— Aquellos que informaron asumieron un gran riesgo —dijo Hermione lentamente—. En teoría, los demonios no pueden iniciar un contacto por su cuenta, ¿no? Tienen que ser invocados. Los congresistas tuvieron que preguntarse si les creerían cuando dijeran que ellos no habían tenido nada que ver.
Remus asintió.
— De acuerdo, fueron valientes. Creemos que hubo otras personas contactadas que no aceptaron el trato, pero que tampoco denunciaron los hechos. Algunos tuvieron miedo. Otros probablemente se convencieron de que no había ocurrido. La negación es una fuerza poderosa. Pero conociendo la naturaleza humana como la conocemos, deberíamos asumir que hay que gente en puestos muy importantes del Gobierno que aceptaron hacer tratos con el demonio.
— ¿Qué clase de trato? —preguntó Hermione.
— Lo de siempre. Fama, riqueza, poder. El poder de hacer el bien supone una gran tentación incluso para el mejor de nosotros.
Ginny meneó la cabeza.
— Esos tratos con los demonios dejan rastro. No es tan difícil averiguar quién ha estado bebiendo sangre de demonio.
— Oh, puaj —dijo Hermione—. ¿Así es como se sellan los pactos?
— La sangre sirve para las dos cosas, para cerrar el trato y para transferir el poder —explicó Remus—. Y sí, nosotros podríamos detectarlo. Pero no es viable hacerles pruebas de sangre a todos y cada uno de los miembros del Congreso, a su personal y a sus familias; a todos los secretarios y subsecretarios, incluso a una docena de jueces y…
— Ya entendimos—dijo Ginny—. Pero entonces, ¿qué está haciendo el Servicio Secreto? ¿Cómo investigan si no pueden hacer pruebas ni test?
Durante un largo rato, Remus permaneció en silencio.
— Teníamos la esperanza de poder aportar un émpata a la investigación —dijo por fin—. Alguien que pudiera decirnos quién estaba limpio con un simple apretón de manos.
Hermione cerró los ojos.
No ahora...
Blaise habló duramente.
— Supongo que tampoco has cruzado el país para hacer que Hermione se sintiera peor por la pérdida de su don.
Hermione habló sin abrir los ojos.
— Nos está avisando. Cree que el director en funciones del FBI quizá esté corrupto. Por eso Dumbledore no quería decir nada por teléfono. Por eso Remus sigue oficialmente en Virginia… Y probablemente por eso los que están investigando el asunto son los del Servicio Secreto y no nosotros.
Remus abrió las manos.
— No tenemos pruebas. Ninguna. No tenemos razones para creer que Hayes es uno de los contactados, salvo…
— Una de las corazonadas de Albus —terminó Hermione.
— Sí. —Cogió la taza de café y le dio un sorbo—. Una corazonada que se reafirmó aún más cuando Hayes presionó a Dumbledore para que cerrara el caso y declarara muerto a Draco.
— No veo la conexión—dijo Ginny.
— Pues deberías. Si Hayes está corrupto… —Remus se interrumpió a sí mismo—. Desde luego, es un gran si. Quizá simplemente haya hecho uno de esos balances de coste—beneficio y haya decidido que es más barato dar por muerto a Draco. Quizá él esté limpio y los que no lo están son los que lo están presionando. Pero si él es el corrupto, la decisión no la tomó él, sino el demonio.
A Hermione le dolía la cabeza. Se masajeó las sienes.
— ¿Y ese demonio hipotético no quiere que nadie busque a Draco?
— O bien el demonio… o bien el maestro de demonios.
Ginny hizo un ruidito. Remus la miró y la comprensión suavizó su mirada.
— Eso tiene mucho sentido, ¿no? Más que asumir que las reglas han cambiado. Un gran maestro de demonios podría poner en contacto al demonio con humanos comunes y corrientes.
— No contaste conmigo en la investigación. —La voz de Ginny sonaba tensa, y tenía los ojos turbios—. Soy la única que podía localizarla y aun así no contaste conmigo.
— Dumbledore lo quería pero el Servicio Secreto dijo que no.
Ginny retiró la mirada y asintió.
— Lo que me lleva a la otra razón por la que estoy aquí. —Vació la taza y la dejó sobre la mesa—. En caso de que alguno de ustedes esté pensando en hacer algo colosalmente estúpido, como cruzar al infierno sin permiso oficial, deberian saber que la principal sospechosa del Servicio Secreto es Astoria Greengrass… la antigua profesora de Ginny. No es un buen momento para retomar esa amistad en particular.
No quedó mucho que decir después de eso. Remus se levantó, les dijo que los vería más tarde y se detuvo justo delante de Hermione. Ella no se levantó. Ni tampoco habló. El estuvo plantado delante de ella un buen rato, parecía cansado y triste, y como si tuviera algo que decir. Pero al final sacudió la cabeza, se inclinó un poco, le dio un par de palmaditas en el hombro y se marchó.
Se llevó con él hasta el último gramo de esperanza que le quedaba a Hermione.
Da el siguiente paso, había estado diciéndose sin parar. Pero, ¿qué haces cuando te quedas sin pasos que dar? Incluso aunque estuviera dispuesta a poner en peligro una investigación sobre posible control demoníaco en las altas esferas del Gobierno, existía la posibilidad de que la maestra de Ginny estuviera detrás de la prohibición oficial de seguir buscando a Draco.
No iba a cambiar de opinión solo porque Ginny se lo pidiera por favor. Remus no les iba a ayudar a abrir una puerta. Blaise no sabía cómo hacerlo.
Dios, estaba tan cansada. Cerró los ojos y pensó en dejarlos así. Oyó a Blaise ponerse de pie y empezar a pasear por la estancia mientras murmuraba algo para sí. Sonaba a latín.
— Ginny —preguntó sin abrir los ojos—. ¿Hay alguna posibilidad de que pudieras invocar al demonio que se llevó a Draco? ¿Obligarlo a que nos lleve allí o a que lo traiga de vuelta?
— No. —Su voz sonó muy triste—. No conozco los suficientes nombres del demonio como para poder hacerlo.
— Muy bien. —Blaise inspiró profundamente y luego soltó el aire—. Nos hemos quedado sin otras opciones.
Eso sorprendió tanto a Hermione que abrió los ojos.
— ¿Otras opciones? Es decir, ¿qué tienes una de la que no nos has hablado?
— Ya sabes a cuál me refiero. Más o menos. —Se detuvo delante de Hermione—. Es arriesgado, pero es lo único que nos queda. Dijiste que la rhej quería hablar contigo.
Perpleja, Hermione asintió.
— Entonces es lo que debes hacer. Ir y hablar con la rhej.
