Un sonido lejano la instó a abrir sus ojos para encontrarse con nada, pues todo a su alrededor era oscuridad.
«¿Dónde estoy?»
Se estrujo el rostro con una mano, la cual sentía adolorida, intentando esclarecerse y recordar su paradero, al igual de cómo había llegado a parar en ese lugar. No obstante, el resultado fue el mismo por más que intentó vislumbrar algo.
Su vista no le fallaba, el olor a humedad le decía mucho y poco a la vez de su ubicación. Estaba en un cuarto oscuro al que la luz no podía regalar sus rayos y calor.
Un sótano o algo similar.
A tientas, intentó palpar una pared cercana de la cual apoyarse para poder levantarse y buscar una salida.
Otro grito llegó a ella y su corazón se comprimió.
Era el llanto de un bebé, sonaba desgarrador y necesitado, como si algo malo le estuviese pasando. Más decidida a salir del lugar y auxiliar a aquella pequeña criatura, empleó todas sus fuerzas en flexionar sus piernas, pero al hacerlo, una punzada en su muslo la hizo caer al suelo nuevamente, con una queja de dolor brotando de sus secos labios. Supo que dicha parte estaba sangrante al poner una mano sobre ella, su experiencia como doctora se lo confirmaba, estaba herida.
Elevo su rostro en dirección a lo que sería un techo y suspiró hondamente, el dolor se estaba extendiendo por toda su pierna.
-Estarás bien, Sakura. Solo tienes que salir de aquí. -Se animó a sí misma intentando no perder la paciencia.
Otros gritos, mucho más fuertes que los anteriores la hicieron abrazarse como pudo, ¿por qué se sentía así con cada nuevo sonido?
Sin ser consciente del momento, una lágrima resbaló desde su ojo derecho.
-Mamá… -Escuchó que llamaban.- Mami… Mamá… -Una y otra vez.
Sollozó.
-Yo no soy tu madre. -Se repetía, pero el infante que clamaba a su progenitora al viento, no parecía entender.
-Mami, ¿por qué te escondes de mí?
La voz del niño se iba acercando poco a poco a su paradero y sintió que eso la enloquecería.
-Ella no está aquí, no está. -Sumiéndose en un estado depresivo, llevó ambas manos a sus oídos y se balanceó levemente en el suelo a la par que cerraba sus ojos con fuerza.
Entonces, los gritos de un recién nacido regresaron y eso la desesperó.
-¿Por qué no nos quisiste? -Recriminaron.
Debía salir de allí, sin importar lo que le costase. De nueva cuenta, utilizó la pared como medio de apoyo para levantarse, consiguiendo un mejor resultado esta vez. A pesar de que estaba de pie, el dolor de su pierna no mermaba y todos los músculos de su cuerpo comenzaban a agarrotarse. Pronto se convertiría en un saco de huesos incapaz de huir de aquel tétrico lugar. Tendría que actuar rápido o su única oportunidad se perdería.
Lentamente, dio el primer paso apoyándose de la pared, pues no se fiaba de sus piernas en ese instante.
Otro alarido lastimero retumbo en el ajustado espacio.
«¿Qué está pasando en este lugar?»
Cojeando y sin saber donde podría conseguir una vía de escape rápida, se apresuro a tocar todo a su paso pero las cuatros paredes estaban selladas, en ninguna encontró una puerta o siquiera ventana o escaleras.
Los gritos aumentaban de nivel y sus manos comenzaron a temblar.
¿Por qué estaba ahí?
Un chirrido a su espalda, como de una cerradura vieja la alertó.
-¿Quién anda ahí? -Siguió caminando a ciegas intentando escuchar algo pero el silencio fue su única respuesta por interminables segundos hasta que el ruido se repitió. Como pudo, identificó el lugar proveniente, que ya no era su espalda, sino su cabeza.
La bisagra vieja y en mal estado hizo un especie de "clak" al ser utilizada, entonces, ante ella un rayo de luz tenue apareció.
Tuvo que cerrar sus ojos hasta convertirlos en pequeñas rendijas para poder tolerar la iluminación y al hacerlo procuró ver más allá. Lo que detallara en el exterior, algo que le dijese su ubicación, cuando comenzaba a ponerse de puntillas, pese al dolor, y estiro el brazo en el que sentía menos molestia, la pequeña puerta que había sido abierta, fue desplazada un poco más.
La figura masculina apareció ante ella y la observó con detenimiento, hasta que al hablar sus peores temores se confirmaron.
-Sasuke… -Musitó, con dolor, ya no solo del físico.
-Sakura, despierta. -Escuchó en la lejanía pero no acataba peticiones, su malestar interno no la dejaba. Sabía que estaba sollozando y podía sentir la calidez de sus lagrimas resbalar desde sus mejillas hasta sus oídos pero no podía despertar, la pesadilla estaba consumiéndola y no se podía liberar. Llevó ambas manos a su pecho y sintió el latir apresurado de su corazón dentro de este, pero, ¿por qué no podía despertar? ¿Qué hacía que esa pesadilla fuese más intensa que las otras? ¿Por qué sentía que su vida se iba en un respiro y nada podía hacer?
El azabache, sintiéndose impotente por no poder sacarla de ese estado de somnolencia que nada bien le hacía, se pasó una mano por su cabello. No encontraba la forma de despertarla, de hacerle saber que lo que sea que estuviese viendo en esos momentos, no era real, que solo se trataba de una mísera y efímera pesadilla que pronto olvidaría.
La había movido del hombro, tomó sus manos cuando Sakura parecía querer golpear algo, le susurró que despertara mientras acariciaba sus rosados mechones, pero nada sucedía.
Ya comenzaba a desesperarse.
-Maldita sea. -Refunfuñó al escucharla sollozar con más fuerza. Entonces recordó haber escuchado alguna vez que a los de sueño profundo se les lanzaba agua fría, tendría que intentarlo, ya no soportaba verla así. Sin embargo, tan solo colocar los pies en el frio piso, la escuchó llamarlo llorosa.
-Sasuke... -Volteó en su dirección, la pelirosa seguía dormida, pero lo llamaba. Lo necesitaba.
Entonces decidió probar con algo distinto al agua.
Se tumbo de nuevo en la cama, pero ahora sobre el femenino cuerpo, manteniéndose suspendido en el aire gracias a sus codos y rodillas, acercó una mano a la frente perlada en sudor y dejo reposar su palma allí, mientras acercaba su rostro para besarla suavemente en los labios. Lo más probable es que no funcionara, pero lo intentaría.
El roce de sus labios se vio opacado por la reticencia de ella, quien comenzaba a mover su cabeza en señal de negación.
-Sakura, por favor, despierta. -Le dio otro beso y ella pataleo reticente.- Anda, quiero que me veas a los ojos… -Siguió susurrando, obteniendo esta vez que ella dejara de huirle a su contacto, fue ahí cuando volvió a acariciar sus mechones sueltos.- Que me hables, mírame a mi Sakura, porque yo necesito ver ese hermoso color jade. -Al terminar de pronunciar estas palabras, ella pareció sorber de la nariz.- Te quiero, molestia, abre los ojos. -La suavidad de sus incentivos resultaban tanto afectivos como efectivos, porque ella pronto dejó de fruncir el entrecejo, cosa que lo alivio enormemente.- Te amo. -Le susurró finalmente, reposando su frente sobre la de ella y esperando pacientemente algún resultado.
El cual obtuvo poco después, cuando la pelirosa abrió sus ojos poco a poco y lo enfocó.
-¿Sasuke? -Habló con voz rota, sin duda por el llanto anterior.
-Por fin despiertas. -Dijo con un suspiro, sin deshacer su unión.
Las miradas que intercambiaron resultaron más inquietantes que tranquilizadoras. Estaban preocupados el uno por el otro.
La dueña de los atormentados ojos excéntricos se dedicó a observar cada facción de su rostro, desde sus cejas oscuras, su ansioso ónix, la nariz recta y los labios entreabiertos, hasta su cincelada mandíbula y la tensión que en esta se notaba.
Dubitativa, acercó una de sus manos al rostro del azabache, intentando con todas sus fuerzas recrear su rostro así, quizás preocupado pero interesado en ella, en su bienestar, no como lo había visto en su pesadilla, con la mirada llena de repugnancia y asco, de una manera totalmente vacía dirigida hacia ella.
-Tú eres el real… -Musitó, acariciando su mejilla.- Solo tú… -Una lágrima de tristeza broto de sus fauces.- No dejes que esa pesadilla se convierta en una realidad, por favor.
Sasuke, quien hasta el momento se mantuvo en silencio no pudo evitar dejar otro beso en ella, antes de decirle:
-No lo haré, confía en mí.
-Eso hago. -Dijo en un balbuceo. Lo atrajo a sus labios para demandar el tacto ajeno con vehemencia.- Ámame Sasuke, y hazlo ahora. -Elevó sus piernas hasta tenerlo entre estas, apresado.
-Ya lo hago. -Fue su respuesta, antes de ceder a la invitación que ella le hacía para profundizar el beso.
Pronto las manos de la pelirosa vagaron por la varonil espalda desnuda, para arañarlo levemente como sabía que le gustaba. Los besos de Sasuke eran los mejores, pero quería más, lo necesitaba. Sin dejar de mover sus labios, comenzó a bajar la única prenda que el azabache portaba esa noche, un short de chándal, haciendo caso omiso a las veces que él intentó hablar, llevó su mano, aún temblorosa, hasta su miembro semi-erecto y lo comenzó a acariciar en un repetitivo movimiento de sube y baja.
-Por favor, Sasuke. -Urgió, cuando este último intentó detenerla.
Él, conocedor de que algo no iba bien, se alejó, se sentó en la orilla de la cama, subió su pantalón hasta cubrir su ingle hinchada en su totalidad y desesperado, la observó.
¿Qué le estaba ocurriendo?
-Sakura… ¿Por qué actúas así?
Ella, quien aún se mantenía recostada, aprovechó la oportunidad para despojarse de su pijama de short y camisa de tiras hasta quedar completamente desnuda ante él.
-Porque quiero que estemos juntos. -Se movió hasta sentarse sobre las musculosas piernas masculinas, contoneándose para dar inicio a lo que ambos sabían, sucedería con un poco de persuasión.
-¿Por qué ahora? -No podía obviar del todo el maravilloso cuerpo que su novia poseía, pero tenía que mantenerse lo mayormente centrado posible.- ¿No prefieres hablar de tu pesadilla?
-No.
-¿No crees que sería de ayuda hacerlo?
-No, Sasuke.
-Yo pienso distinto.
-Por desgracia. -Ella, manteniendo el rastro de su antiguo llanto, lo miró con intensidad.- Lo único que podría ayudar, sería que pusieras de tu parte.
-Lo estoy haciendo, Sakura. -Refuto.
-No, no lo haces. -Murmuró.- Sigues sin estar dentro de mí.
Sasuke la tomó de las manos cuando iba a acariciarlo nuevamente, no es que no quisiera estar con ella, claro que quería, el sexo era la segunda cosa que más le gustaba hacer con Sakura, pero no lo veía como el momento indicado.
-Háblame. -Pidió.
-Lo haré… -Concedió ella.- Después de que hagamos el amor. -Lo miró a los ojos con convicción, demasiada para el gusto del pelinegro. Se quedaron mirando por largos segundos, en los que las mentes de ambos no dejaban de maquinar.
Rindiéndose con una exhalación, tomó a su novia de la cintura y la elevó un poco, solo lo suficiente para poder despojarse de su pendra. Ya desnudo, la volvió a sentar en su regazo y la besó.
El contacto fue dulce y desesperado, describiendo los sentimientos que en ese instante los invadían.
Sasuke fue por su cuello y repartió besos en el lugar, sacando su lengua para saborear la nívea piel. Sakura gemía por lo bajo cada vez que los labios de él hacían de las suyas y en un movimiento inconsciente llevó sus manos a la espesa cabellera para tirar de ella más hacia sí misma.
El azabache abarcó sus nalgas y las apretujo, logrando así que ella se rozara más con su pene. Llevó una de sus manos a la intimidad de ella y masajeó, sintiendo sus jugos deslizarse por sus yemas. Estaba muy mojada. Con un gruñido le metió un dedo y Sakura gritó de placer, siendo callada por la boca masculina, no podían olvidar que los jubilados seguían vigilando alrededor. Lentamente, comenzó a penetrarla lo más que la longitud de su dedo le permitía, quería hacerla olvidar todo, la pesadilla, el miedo, la confusión… Y si para eso tenía que darle el placer más grande, el de la conexión, lo haría gustoso.
La ojijade comenzó a moverse por su cuenta, cuando dejando una de sus manos libres de las hebras oscuras, la llevó hasta su clítoris. Acarició, con fuerza y rapidez, provocándose gemidos y una respiración acelerada.
-Sakura… -Jadeó él al verla realizar tal acción, la pelirosa nunca se había tocado frente a otra persona, pero le gustaba la mirada lujuriosa y oscura que provocaba al hacerlo.
Dejó de tocarse y abandonó su boca, mirándolo con una sonrisa. Sin decir nada, agarró la vara caliente del azabache y la pasó por su abertura, mojándolo con sus fluidos. Ya completamente empapado, se detuvo en su abertura y lentamente introdujo el glande suave y abultado, pero lo sacó abruptamente y siguió más, hacia atrás. El Uchiha la miró, detallando como se mordía su labio al llegar a la roseta prohibida.
No era fanático del sexo anal, las pocas veces que lo había hecho resultó desastroso e incomodo, pero por más que su mente le gritaba que no dejara que todo siguiera su curso, no le hizo caso. Se encontraba muy concentrado en sus expresiones y los deseos de ella.
-Despacio. -Instó él cuando Sakura cogió aire nada más presionar su culo.
Ella asintió y con dificultad, el resbaladizo miembro se abrió paso. La presión de la punta le resultó dolorosa e insoportable, pero no se detendría. Haría que Sasuke nunca olvidara esa noche de entrega plena.
Sintió la corona del pene entrar y respiró, jadeando de dolor por hacerlo. Prefirió reprimirse, no quería que el azabache notara lo difícil de la intrusión.
-Mierda. -Murmuró Sakura, bajando un poco para que entrara más en ella.
Era muy doloroso, pero no se detendría. Decidida a satisfacer a Sasuke, bajó sobre su peso y lo acogió todo. Un gemido y un aullido de dolor brotaron de sus bocas.
Para uno era el cielo, para la otra el propio infierno.
Como él cerró sus ojos por inercia al sentir tal grado de placer, no detalló las nuevas lágrimas que ella expulsó, más el calor de las mismas al caer en sus muslos lo alertó.
Sakura lloraba en silencio sobre él, y el ser partícipe de su sufrimiento lo hizo sentirse el peor hombre sobre la faz de la tierra.
-Lo siento, Sakura… Yo… -Comenzó a disculparse, sabía que no había sido una buena idea.
La mirada de su pareja parecía lejana, escasa de emoción, aunque las lágrimas seguían cayendo. Él se acercó para besarle la frente y con sumo cuidado comenzó a salir de ella. No la dañaría y menos de tal forma. Pero ella se aferró a su miembro y hombros, sin querer sentir el abandono.
Sasuke la tomó por los hombros e intentó alejarla, ella no se dejaba.
-No nos hagamos esto… -Musitó ella.
-Debemos detenernos, Sakura.
-No, por favor.
Un suspiro pesado escapó de las fauces masculinas.
-Sí, no seguiremos.
-Pero… ¡Yo quiero!
-Yo no, no soporto lastimarte. -Negó.
-Pronto menguara…
-Sakura. -Alertó, intentando deshacer el agarre de los brazos femeninos.
-No te dejaré ir… ¡A ti no! -Gimoteó en su hombro.
El moreno se congeló al escucharla. ¿Qué tenía a Sakura en ese estado? Parecía otra persona, una muy distinta a su pelirosa.
La pesadilla.
-No iré a ninguna parte, molestia. -Calmó. No permitiría que la situación los superase. Lentamente extrajo su virilidad de las fauces ajenas y la vio realizar una mueca. ¿Por qué insistía en hacerse daño?
Por más que intentó hacerla hablar para ayudarla, no lo consiguió. Sakura se había encerrado a sí misma en una bóveda cuyo único código para accesar solo ella sabía y parecía querer olvidar.
El resto de la noche fue una tortura, pues por más que la acercara a su cuerpo y la abrazara con fuerza intentando transmitirle confort, tuvo que escuchar sus sollozos hasta el amanecer.
Como habían transcurrido varias semanas desde el ataque en el hospital, ya había regresado a su trabajo, eso sí, solo en turnos diurnos y con escoltas vigilándola en todo momento. Cuando la pelirosa despertó se encontró sola en su cama, y guiándose por la hora sabía que Sasuke ya estaba despierto y probablemente en la cocina. Se preparó para tomar una larga ducha reparadora y al salir miro la cama que había sido testigo de su derrumbe la noche anterior. Sus ojos se volvieron acuosos al recordar ciertos detalles pero se detuvo antes de derramar la primera lágrima, debía ser fuerte. Se vistió con un pantalón, zapatillas cómodas y un sweater que le brindara comodidad para las horas que se le vendrían encima. Cogió su bolso después de peinarse y maquillarse levemente y se preparó para salir.
Bajó las escaleras y como era de esperarse, ahí estaba el azabache sentado frente al mostrador de la cocina charlando con los jubilados.
Llegó hasta ellos y saludó. El trió de hombres respondieron, más uno de ellos no se permitió mirarla más de dos segundos y al notarlo sintió su corazón agrietarse. El azabache se preparó para ir a vestirse, llevarla al trabajo y de paso realizar una visita a su hermano.
Puede que fuese urgido y hasta infantil ir en busca de tu mayor cuando necesitaras respuesta o consejos, pero tal era la conexión entre los hermanos que ir en busca del otro no parecía desalentador ni desesperado, sino que lo veían como otra muestra de confianza entre ambos hombres. Puede que no le tocará el mejor padre del mundo, pues aún tenía mucha discordia para con Fugaku cada vez que salía con su estúpido ideal, el cual se encargaba de dejar en claro que jamás aceptaría, pese a eso, la vida le obsequió con dos, o mejor dicho, tres personas que lo querían, cuidaban y estaban para él cada que los necesitaba.
Allí estaba incluida Sakura. Sí, la misma mujer a la que minutos antes le resultó imposible sostenerle la mirada después de la noche anterior, se sentía avergonzado e impotente desde entonces. Saberse consciente de su incapacidad para ayudar a la mujer que amaba lograba que al mirarla, rencor naciera en él, no dirigido a ella, nunca podría tener tales sentimientos hacia Sakura, pero si hacia él mismo.
¿Cómo podría sentirse bien cuando solo podía exponer y lastimar a la persona que poco a poco se labró un lugar en su corazón?
Después de estar listo fue al encuentro de los presentes, como era de esperarse, la pelirosa y él se adentraron al auto del último mientras los otros dos hombres restantes hacían lo mismo en el propio. Resultaba exhaustivo nada más pensar en la constante vigilancia que aquellos dos señores hacían, respaldados algunas veces por Kakashi y Rin.
El camino resultó tenso y silencioso. Ninguno de los dos citó algo concerniente a lo ocurrido hacía poco, no lo sentían como el momento indicado, primero debían pensar con más calma.
Sasuke detuvo el auto frente al hospital y miró a su acompañante, quien a intervalos le correspondía.
-A la hora de siempre. -El pelinegro hizo referencia a la culminación del turno de ella.
-Está bien. -Titubeó un poco, pero al final tomo la manilla del auto y abrió, se detuvo en la puerta y lo miró de reojo.- Nos vemos.
Expresando su muy común monosílabo, Sasuke la dejó irse y mientras caminaba hacia su lugar de trabajo, él observo su forma de andar, la postura ligeramente encorvada de sus hombros lo cual delataba su estado de ánimo, y por último su cabellera rosa moverse de un lado a otro con cada paso que daba, aún estando sujeta en una coleta alta. Entonces no tuvo dudas, hablaría con Itachi y después encontraría alguna forma de volver a la relación pacífica y estable que mantenía con la pelirosa antes de que todo estallara.
Con ese pensamiento en mente, siguió su camino.
Sakura entró al hospital y se sorprendió de no ver a doctores corriendo de un lado para otro, parecía ser un día tranquilo. Con un suspiro se encaminó a los casilleros y guardo sus cosas, todo esto con Hiruzen a su lado, como ya era una costumbre. Le agradaba el señor, era poco conversador pero muy sabio y agradable, hasta el más largo silencio a su lado resultaba ser un respiro, y ella necesitaba muchos.
Le regaló una sonrisa cuando él se hizo a un lado para que se adelantara.
-¿Todo va bien? -Ella escuchó a su lado. Se detuvo y su mirada pareció perderse en el blanco piso bajo sus pies.
No, y una mierda, nada, absolutamente nada andaba bien. Su vida, rutina, sentimientos, la relación con Sasuke, sentía que todo pendía de un hilo, al igual que su cordura. Bien sabía que todo lo que ocurría referente a su seguridad no era del todo la problemática que la empujaba a la depresión que poco a poco la tomaba entre sus garras.
-Sí, gracias por preguntar. -Pero buscaría la manera de afrontar todo y salir airosa, se apellidaba Haruno y si algo le hacía sentir orgullosa de eso era la eficiencia y determinación que todos ellos parecían portar, en especial su padre. Recordó la última llamada que había hecho a casa de sus progenitores y se sintió como una pésima hija por alejarse, pero no quería exponerlos. Los mantendría a salvo sin importar lo que costase.
Sarutobi asintió en su dirección y la siguió por los pasillos, dejando una distancia prudente pero estratégica entre sus pasos por si algo ocurría.
Las horas laborales se tornaron interminables para ambas partes, Sasuke había tenido una mañana ajetreada con reuniones y alguna disputa con su padre, además de eso tuvo que ponerse al corriente con asuntos de trabajo que dejó de lado los últimos días, sumándose a eso la inesperada visita de Shizuka, quien ignorante del meollo en el que se convirtió su vida se dirigió a su oficina para retomar el tiempo perdido. El azabache tuvo que admitir que en otra circunstancia la proposición le hubiese resultado tentadora, pero en el pasado, no ahora. No quería involucrarse más con ella pese a la garantía de placer que su necesidad de desahogo y desquite con el mundo le reprochaba internamente. Otro aspecto en el cual Sakura lo había mejorado, pensar en los demás. No se perdonaría dañarla. Tanto trabajo lo tenía cerca de un colapso, era tal cantidad de pendientes que no pudo almorzar ni ir a casa de Itachi como planeó desde un principio.
Por su parte la joven doctora vivía todo lo contrario y eso lograba que su corazón latiera precavido, bien sabido era que si un día el hospital amanecía sin muchos pacientes, el caos se avecinaría, o por lo menos eso decía la anciana Chiyo. A la hora del descanso conversó con Ino y por fin se permitió desahogarse con alguien, era su mejor amiga y como tal estaba enterada de todos los acontecimientos de su vida los años anteriores. Después de revivir un poco aquel día y contarle de su pesadilla, por fin sacó a la luz su reciente problema de seguridad en la relación que mantenía con el Uchiha.
-¿Enloqueciste? ¿De verdad estás pensando esas cosas? -Dijo una malhumorada rubia mientras tomaban un poco de café.- Por favor, Sakura.
-No lo sé, ¿si se entera y después me recrimina por ello?
Dejando su vaso desechable de lado, la ojiazul dictó con firmeza:
-Dejemos algunas cosas claras, pero la primera es muy sencilla y tanto tu como yo sabemos que así es -Sakura esperó atenta lo que su amiga diría-, Él te adora, y cuando digo que te adora -Le da énfasis a la palabra- es porque de verdad lo hace. Solo hace falta verlos juntos para percatarse.
-Lo sé, Ino, pero aún así… -La palma de la mujer se estrelló contra la mesa en la que estaban reposadas, callándola en el acto.
-¡Ya basta! -Gritó tan fuerte que el guardaespaldas de Sakura se asomó a la sala y las escrudiño a ambas, para después de un gesto de disculpa dejarlas solas.- Me enerva verte así, joder, ¡esta no es la Sakura Haruno que ha sido mi amiga por años! -Los ojos jades titubearon y la rubia casi se maldijo por ser tan dura en esos momentos, pero si no actuaba de esa manera ella no atendería razones.- Escúchame bien, Sakura. Yo más que nadie sé lo difícil que lo pasaste aquella vez, estuve a tu lado todo el tiempo y entiendo lo que te lleva a pensar en eso, pero es agua pasada. No podías hacer nada. Nada. No estabas al tanto de tu estado y por lo tanto no eres culpable. -Dictaminó.- Podrías contárselo y quitarte ese peso de encima cuando veas que no te juzga, porque no lo hará, pero escuchame bien, si tú no te perdonas a ti misma, de nada valdrá que hagas todo eso.
Al final de la conversación y después de meditarlo todo con sumo cuidado, la pelirosa se permitió relajarse y concentrarse de lleno en lo que le quedaba de jornada laboral.
Luego de unos cuantos chequeos, diagnósticos y de atender al llamado de la directora del hospital la cual pidió su presencia para conversar sobre unos días libres, mientras todo se calmaba, Sakura sabía a lo que se refería pero prefirió callarse sus opiniones. No era idiota, estaba al tanto de la tensión de sus compañeros por la continua vigilancia a la que era sometida dentro del hospital, cosa que ponía nerviosos a la mayoría.
Ya lo había imaginado, pero nunca pensó que varios de los doctores irían con la queja, al final se los agradecía, ella también necesitaba un respiro, tranquilidad… Eso sí, junto a Sasuke.
Una media sonrisa apareció en sus labios al recordar a su azabache, después de su disputa interna y la conversación con Ino, decidió contarle todo y seguir adelante.
Ya era hora.
Su relación comenzó de una forma inesperada y extraña, más sin embargo no por eso menos llena de buenos momentos y ahora recuerdos que atesoraba. Se sentía como una mentirosa al no contarle lo que la había marcado tanto en su pasado, pero eso cambiaria. Justo ese día. Ya basta de recordarlo y llorar, ya no más culpa ni remordimiento, bien sabía que fácil no sería, pero valía la pena intentarlo, por ella, por su propio perdón, por Sasuke y su relación.
Al final decidió tomar sus días libres, quince días. Ojalá las cosas se solucionaran en ese lapso de tiempo.
Justo cuando se disponía a salir de la oficina de la mujer de alto rango, se encontró con un par de rostros ya muy conocidos, el del oficial Kakashi y su compañera Rin.
-Buenas tardes. -Saludó el peliplata.- ¿Dispones de unos segundos, Sakura?
Los miró a ambos y en silencio asintió y los guió a la cafetería junto a su cuidador. Tomaron asiento en una de las mesas vacías y suspirando, tomó el valor para preguntar:
-¿Han avanzado?
-Así es. -Habló la morena de extrañas marcas en sus mejillas. Su tono de voz era bajo, por la punzada en su corazón pensaba que lo que tenían para decir no sería nada bueno.- ¿Recuerdas a Zaku Abumi?
Su espalda tomó una posición erguida y a la defensiva.
-Quisiera no hacerlo. -Respondió con sinceridad.
Por un instante creyó vislumbrar una sonrisa mal disimulada de parte del oficial, más no prestó atención.
-Pues ahora está muerto.
Recibir aquella noticia fue como un balde de agua fría para ella. Tuvo desazones con el rostro de aquel hombre por varios días, pensando que vendría por ella en cualquier segundo, y ahora jamás lo haría. Reprimió lo más que pudo el alivio en su rostro, pero no en su pecho. Podría considerarse una mala persona, pero aquel hombre era peor, intentó acabar con su vida y hasta intentó o por lo menos pensó en abusar de ella. Gracias a él desde que todo ocurrió no podía tener relaciones sexuales con Sasuke detrás. Su tacto, las sensaciones, todo era distinto con el pelinegro aunque el temor seguía latente en su interior.
Pronto todo cambiaría.
-¿Sakura? -Llamó esta vez Kakashi al verla en silencio y con expresión neutra.
Los enfocó mientras aún reculaba.
-Lo siento, me he perdido un poco.
-Eso es obvio. -Intercedió la oficial. ¿Es que acaso siempre andaba de mal genio?- En fin, como iba diciendo -Carraspeó-: Lo hemos encontrado hace unas horas, su cuerpo inerte con un disparo en la frente yacía en un callejón poco concurrido.
Un escalofrió recorrió a la pelirosa.
-¿Saben quien lo hizo?
-No con seguridad, pero presumimos que fueron sus propios compañeros siguiendo las órdenes de su jefe.
-¿Y por qué harían tal cosa? -Balbuceó.
-Porque falló.
-¿En qué?
-En asesinarte. -La joven doctora abrió sus ojos desmesuradamente mientras sentía su labio inferior temblar. Entonces, solo había sido el precio a pagar por no cumplir con sus órdenes. Recordó la clase de personas que eran y algo malo y alarmante tomó posesión de su pecho.
-¿Cómo saben que fue motivado a mi intento de asesinato?
-Por su pecho. -Respondió Kakashi con un suspiro.
-¿Qué había en él?
-«El juego no ha terminado.» -La referencia le recordó a la prisionera con la que se había encontrado días atrás, Kin, era muy similar. No podía ser una coincidencia.- Lo tenía escrito en carne viva, lo marcaron como a las reces. Puede que sea una forma para desviarnos, no estamos seguros, aún así no podemos dejarlo pasar.
-¿Y no han intentado hablar con ella?
Para los presentes en la mesa era obvio a quien se refería.
-Lo hicimos.
-¿Y dijo algo? -Su ansiedad crecía segundo a segundo.
-Estalló en carcajadas y después confirmó que la muerte de Zaku era obra de sus compañeros y que ya lo veía venir.
-Esa mujer está loca.
Por primera vez desde que la conoció, la oficial elevo una de sus comisuras. Qué día más extraño.
-Prosigo. -Señaló Kakashi.- Hay otra cosa más que nos inquieta.
-¿Qué es?
El hombre estaba por contarle cuando una de las bocinas que estaban fuera de la cafetería sonó.
-Choque múltiple en la inter-comunal, doctores dirigirse a emergencia.
Sabiéndose requerida se levantó de su asiento y corrió hasta el lugar indicado, con los tres oficiales detrás de ella, pues Sarutobi aunque se mantuvo de lado, los siguió.
Como la anciana recepcionista lo predijo, todo se volvió un completo caos. Ambulancias comenzaron a llegar, una tras otra. Los doctores de emergencia los encontraron en la entrada, en esos casos los segundos valían oro. Escuchó a Ino dar un diagnostico nada favorable sobre un señor mayor que presentaba fractura de cráneo gracias al golpe.
-Un auto fue embestido por otro y cayó por el barranco, cuando el conductor que iba detrás intentó detenerse y ayudar fue arrollado por un camión, de ahí se produjo el choque múltiple. -Explicó una de las mujeres de la ambulancia que atendió al momento del suceso.
Por la cantidad de personas que llegaban en estados críticos, podía deducir que se trataban de ocho o nueve autos involucrados en total.
Poco a poco los especialistas se encontraban salvando vidas, o intentándolo, Sakura tomó a una mujer embarazada que conducía y que al ser golpeada por dos lados del auto y no contar con bolsa de aire en condiciones, se golpeó con fuerza la garganta contra el volante. Palpó la zona y la sintió gravemente lesionada, motivo por el cual ella no podía respirar y el bebé corría peligro. Tendrían que practicar una estrategia arriesgada o una cesárea prematura. Poco le faltó para resquebrajarse al atenderla cuando Ino acudió a su ayuda y la pelirosa pudo tomar a otro paciente.
Entonces prefirió no haberlo hecho, un nuevo herido acababa de llegar, quien se precipitó por el barranco. El más grave de todos.
La sangre cubría gran parte de su rostro y cuerpo, su traje se encontraba roto y manchado, pero su tez, el contorno de su rostro, la contextura...
-No, no, no. -Comenzó a correr en dirección al recién llegado con un pesado palpito de angustia incesante.- ¡Sasuke!
Meses después estoy de regreso.
Sé muy bien que más de un usuario no me tendrá en los mejores términos pero aquí les tengo la primera parte del final, igualmente. Planeaba subirles ambas, más varias circunstancias no me lo permitieron. Sin embargo, pronto tendrán lo que falta. Trabajo en ello.
Pido disculpas por el último comunicado, tome el computador en un mal momento y todo resultó un poco desastroso. No obstante, recuerden que ni yo siempre ando del mejor humor, ni los demás cada vez son más amables. ¡No me linchen! :c
Espero con esto poder redimirme con la mayoría.
Saludos.
