Cocoon

Paraíso Unipersonal

-Capítulo 28-

Disclaimer: Los personajes son propiedad de sus respectivos autores. No busco una ganancia comercial al usarlos, si no satisfacer un fin meramente ocioso.


Tras lo sucedido en el Santuario, Géminis, Nanako y Mu volvieron al Templo de Aries para evaluar cuál era el mejor plan a seguir. Por esa misma razón Kanon decidió pasar la noche en la primera casa, puesto que partirían temprano por la mañana.

La realidad era que el menor de los gemelos aún no estaba muy contento con la idea de que Nanako lo acompañase: el estado mental de Saori no era el mejor, por lo que era probable que estuviese mucho menos receptiva a tolerar alguna situación similar a la de Kaname; y tampoco quería poner en peligro a Mu, que encima estaría haciéndoles el favor de teletransportarlos hacia la nueva ciudad de Corinto. Pero más allá de todo entendía por qué Nanako deseaba ser parte de todo eso y se sentía extremadamente en deuda para con ella, no sólo por haberla maltratado aquella vez que irrumpió en su hogar, sino también por el hecho de que había protegido a Kaname de Death Mask en esa noche en que él la manoseó.

Así que, considerando la importante tarea de la que Nanako formaría parte junto a él, Kanon supo que tenía que cambiar de enfoque. Pidiéndole a Mu un rato a solas el geminiano se confesó con ella, sincerándose sobre todo lo que había ocurrido entre los tres durante su infancia. De esa manera Nanako finalmente pudo comprender por qué tenían esa relación extraña, y comprendió bastante más sobre la negación de Kaname a involucrarse físicamente con ellos… Ahora la desaparición de su amiga tenía mucho más sentido a sus ojos, considerando que se había acostado con Kanon y para colmo también se había enamorado de Saga. Lo único que aún le resultaba extraño era saber que el mayor de los gemelos había olvidado todo, pero aquello también guardaba relación… Nanako entendía muy bien cómo la mente podía modificar recuerdos para auto preservarse.

Habiendo finalizado con el relato Aries volvió a hacerse presente en la sala de estar, puesto que aún quedaban algunos detalles que pulir: tenía que saber cómo querían organizarse, para poder acomodarse a su plan.

—¿Entonces todo sigue de acuerdo a lo que hablamos antes de la pausa? — preguntó el ariano, sentándose junto a Nanako en la mesa.

—Sí. — confirmó Géminis. — Saldremos temprano, alrededor de las 5 de la madrugada.

Nanako asintió, ladeando la cabeza hacia Mu.

—Exactamente, creemos que es el mejor horario porque así nos evitamos problemas por el cambio de guardia…

—Si es por eso no se preocupen, el turno de la mañana es mío.

Aún algo incómodo por todo lo ocurrido, y además sintiéndose nervioso ante el viaje que emprenderían en las próximas horas, Kanon desvió sus ojos y los clavó en Aries. Lo miró consternado, incluso con algo de culpa.

—Mu, ¿estás seguro de que quieres hacer esto? — Géminis preguntó mientras se mordía un poco el labio. — No me siento cómodo involucrándote.

El Caballero de Aries suspiró despacio y con parsimonia bebió un sorbo de agua, humedeciéndose la boca.

—Perdóname la sinceridad pero lo hago por Nanako, no por ti… Si Kaname vuelve será mejor para el Santuario, Saori en este estado es extremadamente peligrosa.

—Mu… — susurró ella, agachando la cabeza. Volvió a levantarla y los miró a ambos, algo apesadumbrada. — Lo siento mucho, realmente… Si hubiera sabido que esto iba a terminar así, jamás hubiese aceptado venir.

—Nanako, eres inteligente, me extraña que digas eso… La verdad es que para Saori no hubiese hecho diferencia alguna si no venías, porque si no eras tú, hubiese sido cualquier otra. — Kanon habló. — Ahora, traer a Kaname hasta aquí fue un golpe muy bajo contra nosotros… Así es ella, no me sorprende en lo absoluto.

El dueño de casa volvió a tomar un poco más de aquel frío líquido, mientras que el menor de los gemelos sumió su mirada en una profunda introspección, casi como si hubiese llegado a una extraña conclusión. Sin embargo Mu habló antes de que él pudiera hacerlo, sin querer dándole pie al geminiano para dejar salir sus preocupaciones.

—Para ser sincero siempre sospeché que había algo raro en todo esto…

—Así que dinero eh. — acotó enseguida Kanon, llevándose una mano al mentón.

Mu lo miró de repente, sin entender a qué se refería.

—¿Cómo que dinero?

—Claro, dinero… Saori le está pagando a Nanako por estar aquí, ¿no lo confesaste en mi oído hace un rato?

Incómoda ante la manera en que Kanon la había expuesto frente al carnero, ella corrió un poco la mirada. La expresión del joven al oír la verdad era indescifrable, pero Nanako tenía miedo de enfrentarla, de desentrañarla… Por ese mismo motivo, al intentar convencer a Géminis de acompañarlo, ella se lo había dicho por lo bajo, discretamente, para que Aries no la escuchase. No era que quería escondérselo, sino que prefería que lo supiese de otra manera, en otro momento más feliz.

Ahora ya no había vuelta atrás, así que no quedaba más remedio que admitirlo.

—Sí… Sí, así es.

—Bueno, eso nos da una pista. — Géminis prosiguió, sin percibir la tensión que estaba naciendo entre la joven y el ariano. — Pero todavía hay cosas que no entiendo… ¿Cómo llegaste a esto? Es decir, este es el Santuario… Y no es un lugar precisamente de fácil acceso.

Suspirando pesadamente, Nanako dejó caer sus hombros en un triste intento por relajarse. Esa no era una charla que quisiese tener en ese momento…

—Vi un aviso en el diario.

—¿En el diario…? — tuvo que re preguntarlo una vez: Kanon no podía creerlo.

—Sí, en el diario. — respondió ella, frunciendo los labios. — La verdad es que casi nunca lo leo, pero esa tarde estaba en una cafetería, y por esas casualidades habían dejado el ejemplar de ese día sobre la mesa… Lo tomé, sin prestarle mucha atención, y ojeando llegué hacia los clasificados.

—¿Y entonces qué pasó? ¿Qué decía el aviso?

—Básicamente estaban en la búsqueda de mujeres desempleadas, que no tuviesen inconvenientes en establecerse en el extranjero por un tiempo indeterminado. — continuó explicando Nanako. —Recientemente había perdido mi trabajo, y además mi vida no estaba yendo hacia ningún lado, así que supongo que me aferré a ese aviso; aunque honestamente, tenía toda la pinta de ser una mentira enorme… Le saqué una foto y apenas volví a casa apliqué por correo.

La joven pausó unos segundos y miró a ambos Caballeros con algo de vergüenza e incomodidad. Era extraño confesarse así, hasta ahora no había vuelto a hablar de su pasado con alguien que no fuese Aioros… Y para colmo se había arrepentido enormemente de eso, así que no sabía hasta qué punto estaba bien lo que estaba haciendo. Sólo era consciente de que mentirles no estaba bien, en especial a Mu, no quería hacerlo sentir decepcionado o algo similar; pero él no decía nada, lo que provocaba que Nanako sintiese mucho miedo.

—Ahora que lo pienso, en retrospectiva… Creo que hice algo muy peligroso, ¿o no…? Brindarle información tan personal a desconocidos, que tranquilamente podrían haberme enviado a otro país como prostituta o algo similar… Fui muy inconsciente.

—Ni lo digas… — Géminis le dio la razón, entrecerrando los párpados. — Pero continúa, cuando más nos cuentes mejor, así sabemos a qué nos enfrentamos.

—No habían pasado ni diez minutos desde que envié ese mail, que recibí una llamada a mi celular. — Nanako prosiguió con algo de fatiga. — Me hicieron muchas preguntas… Querían saber desde cosas sobre mi familia y vida personal, hasta detalles tontos como qué tipo de helados me gustan, datos que para mí no tenían nada de sentido; y llegada al punto en el que me confirmaron la ridícula suma de dinero que cobraría, asumí de plano que era una broma porque nunca pero nunca, jamás de los jamases, había tenido una "entrevista de trabajo" similar, y menos que menos con un sueldo de ese calibre.

Con los codos sobre la mesa y la cabeza recostada sobre el dorso de sus manos, Aries la escuchaba atentamente.

—Pasaron los días y no obtuve novedades, obviamente, porque era todo mentira… Pero para mi sorpresa, una noche al regresar a casa recibí una encomienda: allí adentro habían algunas hojas con documentación, instrucciones de llegada, un pasaje de ida hacia Grecia, datos de una cuenta bancaria creada a mi nombre junto con la tarjeta correspondiente… y un sobre dorado. — respiró hondo al terminar de enumerar. — Cuando me percaté de que ese sobre llevaba el membrete de los Kido, supe que todo era en serio.

Kanon estaba cuanto menos anonadado: no pensaba que Saori usase un método tan poco lujoso como el de publicitarse anónimamente en los diarios… ella era extravagante y si podía gritarle al mundo que todo era obra suya, lo haría sin dudarlo; por lo que empezó a comprender que realmente todo este asunto estaba tomando un tinte más oscuro que el que supuso originalmente.

—Pero, ¿en algún momento te encontraste con alguien del Santuario? — continuó Kanon con sus preguntas, aún confundido. — ¿Tienes idea del nombre de la persona con la que hablaste?

—No, como te dije… Todo fue por vía telefónica, y jamás recibí ni exigí ningún dato, porque pensaba que no era en serio…

—Ugh…

—Sí puedo decirte que era la voz de un hombre, aunque si ahora tuviese que reconocerla no podría hacerlo, ya pasaron varios meses…

—Qué lástima… Eso nos ahorraría varios problemas… — se quejó Géminis, exhalando lentamente.

—Al final de todo, un día antes volví a recibir la llamada de esta persona y se me dijo que debería buscar a un tal "Mu", del Primer Templo… Y luego ya sabemos cómo siguió todo.

A pesar de la revelación de su amiga, el carnero no lograba identificar qué era lo que le estaba pasando en ese preciso momento. Sí, se sentía extraño… Nanako había llegado a su vida a principios de agosto y ahora estaban acariciando la segunda mitad de octubre, pero lo que normalmente sería un corto período de tiempo, para él había terminado siendo una eternidad. Jamás pensó que fuese a llevarse de esa manera tan particular con ella, considerando que en un comienzo mostraron ser diametralmente opuestos, y que Nanako se forzó en su vida, dándola vuelta ciento ochenta grados sin consideración alguna... Sólo el pensar en esos casi ochenta días que habían pasado, le hacía darse cuenta de lo mucho que él mismo había cambiado –para bien– gracias a su presencia; e incluso en esos momentos en los que no guardaban demasiada relación, también habían aprendido mucho el uno del otro: sus costumbres, humores, hábitos… Casi por ósmosis, el mero hecho de verse diariamente y compartir techo los había hecho acostumbrarse a sus presencias.

Esa noche ya se había despejado: después de varios días no llovía y un despejado cielo acariciaba una enorme luna, brillosa como pocas. Pero otras ansias comenzaban a tomar control del carnero, y sólo podía despejarlas suspirando, olvidándose por un rato de su lado más primitivo. Ahora la situación era otra: allí estaba Nanako, valiente, sobreponiéndose a su sufrimiento con renovadas energías. Sea cual fuese el resultado al día siguiente, él sentía orgulloso de su triunfo. Allí estaba Nanako, junto a él, a pocas horas de alejarse de su lado por primera vez en todos esos meses; y el hecho de saberse en soledad, a pura consciencia, durante las próximas veinticuatro horas, era algo que lo conmovía de una manera que antes jamás hubiese contemplado.

Una vez finalizada la conversación entre los tres, cada uno se dirigió hacia sus respectivas habitaciones, con excepción de Kanon que dormiría en la sala de estar, aprovechando el cómodo sillón. Mu se encontraba boca arriba, los ojos abiertos de par en par, disfrutando de la oscuridad. Su mente seguía pensando en todas aquellas cosas que lo preocupaban… Aún no era muy tarde, pero así era mejor, necesitaba todas las energías posibles para lo que debería enfrentar pronto. Era cierto que teletransportar a otras dos personas sería un trabajo pesado, pero se tenía mucha confianza, sabía que podría hacerlo sin inconvenientes; sin embargo estaba preocupado por la vuelta, porque él no podría intervenir otra vez.

Dejando salir un suspiro se giró de costado y procedió a acomodarse mejor bajo las sábanas, dispuesto a dormir, pero en ese momento alguien llamó a la puerta.

—¿Puedo pasar…?

El carnero se reincorporó al escuchar su voz, apoyando los codos sobre la cama.

—Claro…— respondió enseguida, intentando forzar la vista sobre el marco de la entrada. — ¿Qué pasa, Nanako…?

Apenas él le dio permiso aquella mujer se inmiscuyó en la pieza, adentrándose en la oscuridad de la habitación. Él intentó seguir su silueta a través de la negrura, percibiendo cómo Nanako rodeaba la cama, guiándose al tantear los bordes de la misma. Trepándose como pudo por el colchón, reptó directo hacia la cabecera de la enorme cama y manoteó las cortinas, abriéndolas de golpe, dejando pasar la luz de la luna.

Ahora que podía ver mejor, Nanako se sentó sobre la almohada que reposaba al lado de la cara de Mu, retrayendo sus rodillas hacia sus pechos, y deslizó sus descalzos pies por debajo de las sábanas que cubrían a su amigo. Todavía sin respuesta por parte de ella, Mu se dio vuelta hacia su lado, mirándola a los ojos:

—¿Qué sucede? — volvió a insistir, curioso: hacía tiempo que ella no se inmiscuía en su habitación de noche.

—No pasa nada malo… Es sólo que… Es sólo que pensaba en que mañana será la primera vez que estemos alejados el uno del otro. — Nanako susurró con suavidad. — Sí, sé que quizás esté exagerando con este planteo, considerando que hace poco que nos conocemos, pero… ¿acaso no sientes algo parecido?

—Así es… Me he acostumbrado a estar contigo, así que definitivamente será raro no verte en casa.

—Yo también me he acostumbrado a esto. — confesó ella, algo avergonzada. — Es tan raro para mí, porque jamás me imaginé en esta situación… E-es decir, antes de venir aquí no sabía qué diablos hacer con mi vida, estaba tan perdida, sumida en el odio… Llegue tan de casualidad, por inercia, sin motivos reales y yo sólo…

La joven pausó, apesadumbrada. Aún había algo que la tenía preocupada, al punto de angustiarla.

—¿Mu…?

—Dime.

Tomó aire.

—¿Acaso no piensas mal de mí…? Digo, ahora que sabes que he venido solamente por dinero…

El carnero había intentado dejar pasar ese detalle, pero el hecho de que ella volviese a traerlo a colación en ese preciso momento, lo hizo sentir bastante incómodo.

—Sé que no está bien, no me enorgullezco de eso aunque tampoco estaba en la mejor situación… — nerviosa, se llevó una mano a los labios, apretándolos suavemente. — Bueno, tampoco es algo que no sepas, pero me sentía muy perdida…

—La verdad es que detesté saberlo. — dijo él, mirándola a los ojos. — Pero supongo que tampoco puedo culparte por eso, aquí no había nada de tu interés, y digamos que esta iba a ser tu "salida laboral"… Pero ahora, más allá de nuestro comienzo, sé que eres una buena persona, así que supongo que enterarme ahora es algo positivo, porque cuando llegaste tenía demasiados prejuicios sobre ti… En definitiva, saberlo antes sólo hubiese perjudicado todo, y seguramente no hubiésemos entablado relación alguna.

Sopesando las palabras de Mu, Nanako dejó caer su frente unos centímetros hacia adelante… Él tenía toda la razón, pero igual no podía evitar sentir que esa noche no había sido la mejor para contarle el origen de su presencia allí en el Santuario.

—Sí, es probable. — reconoció ella, suspirando: no podía negarlo.

—Mira Nanako, no te sientas mal, ya es pasado… Déjalo ir.

Enseguida Mu apoyó la palma de la mano justo sobre la porción de sábanas que cubrían los pies de la joven.

—Si tienes frío, ¿por qué no entras?

Nanako tragó saliva. Lo miró, sorprendida ante su petición, sin saber que él redoblaría la apuesta.

—Acuéstate conmigo.

—No puedo hacer eso. — se negó terminantemente, sin tener que pensarlo demasiado. — Ya sabes lo que pasó entre nosotros la última vez que compartimos cama.

—¿Y eso qué tiene de malo?

—Que te hice sufrir mucho, Mu…

—Esa vez fuiste tú la que tomó la iniciativa… Si no lo hubieses hecho, seguiríamos teniendo una mala relación… Antes no lo entendía, pero ahora estoy muy seguro de que definitivamente estuvo bien hacerlo contigo.

Uno.

Dos.

Tres.

Tenía que contar hasta diez, y probablemente no le alcanzasen los números… Nanako de verdad se había estado conteniendo en todo este tiempo.

—Esa noche te prometí que no volvería a hacerte algo semejante… No quiero faltar a mi palabra.

—Ya lo sé Nanako, y créeme cuando te digo que te estoy muy agradecido. — susurró Aries. — Pero ahora es ahora, todo ha cambiado y sé que tienes frío… Sólo deja de pensar en cosas raras.

Oh no… ¿Qué le estaba pasando? Aquella joven que normalmente se comportaba con decisión, en ese momento se había comenzado a poner en extremo nerviosa e incómoda, muy por fuera de su carácter habitual.

—P-pero…

—Relájate Nanako… No sucederá nada.

Había algo en su voz: algo tenía él que lograba hacerla desfallecer de inquietud y calmarla en pocos segundos… Quizás era su timbre suave, sereno, acolchonado… O quizás fuese la manera en que la miraba, sin un solo ápice de degeneración, de apetito. Nanako confiaba en sus palabras plenamente, como nunca lo había hecho desde esa vez en que fue engañada por su ex pareja.

Haciéndole caso separó las sabanas y se adentró en ellas, guardando una prudente distancia de Mu. Lo enfrentó, y la luz de aquel blanco astro se reflejaba sobre ambos, casi de la misma manera en que lo hizo esa noche en que ella tomó su pureza; sin embargo, esta vez no había demasiado que mostrar: ambos estaban completamente vestidos, pero sus almas y sentimientos ya se encontraban al desnudo, quizás de una manera demasiado implícita.

Tomándola por sorpresa, Mu deslizó su brazo izquierdo por sobre el colchón y asió hacia él una de las manos de Nanako, acercándola más contra su pecho. Suavemente la acarició, tomándose varios segundos para disfrutar de aquel dulce tacto: la yema de sus dedos recorrió el protuberante dorso y con la otra mano lo envolvió, dándole calor.

—Tienes la piel suave… Se siente bien cuando te toco.

Inconscientemente la joven apretó los labios con fuerza: sabía que mentía. La mala alimentación de ese último tiempo había jugado una mala pasada con su cuerpo, dejándole la piel seca e incluso rasposa en determinados sectores… Sin embargo, de las palabras bienintencionadas de Aries no brotaba ni un solo ápice de lástima. No lo decía de compromiso, y ese sólo pensamiento la superó con creces.

—Gracias… — le respondió ella, parpadeando rápidamente para disuadir a sus ojos de humedecerse demasiado.

Era increíble cómo él siempre lograba decir o hacer lo necesario para reconfortarla.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Ella asintió sin dudarlo.

—Adelante, Mu.

Desde hacía tiempo había algo que el ariano quería saber y últimamente, más que curiosidad, se había vuelto una molesta necesidad. Pero hasta esa oportunidad jamás pudo encontrar el momento adecuado para preguntarle, puesto que quería que sea en una situación más propicia, más relajada, donde ella pudiese responderle sin tapujos.

—¿Qué relación tienes con Aioros?

—¿Por qué quieres saberlo…?

El joven apretó aún más su mano, denotando preocupación.

—Sólo respóndeme. — le insistió.

Nanako no pudo evitar resoplar con pesar y desvió sus ojos hacia arriba, intentando relajar su respiración. Aioros… No podía negar que durante un tiempo la hizo dudar sobre muchas cosas, incluso lo suficiente como para hacerla hablar frente a él de su desastroso y patético pasado amoroso; más aún siempre fue lo suficientemente sincera con él, e intentó no darle falsas esperanzas o nada por el estilo. Pero había una realidad que era innegable, y era que ella no sentía absolutamente nada por él. Incluso había desaparecido la atracción física que él le había despertado cuando llegó al Santuario, propiciado por la escenita de quiebre que lograron crear dentro del onsen…

Tampoco podía obviar el hecho de que, muy en el fondo, durante un tiempo pensó que quizás el sagitariano podría ser la puerta a un nuevo comienzo para ella; pero luego de lo que sucedió bajo la lluvia a la tarde, definitivamente supo que Aioros era una persona que jamás la comprendería. Nanako misma reconocía que, luego de mucho tiempo de sufrir, estaba comenzando a lograr superar sus demonios; y si iba a estar junto a alguien dentro de un marco de más "seriedad", quería a una persona paciente y comprensiva. Deseaba a alguien que la respetase, a alguien que simplemente la aceptase como era y que no la presionase… Tenía que ser un hombre que no estuviese luchando contra lo mismo que ella, porque al margen del obvio apoyo que una pareja debería mostrarse, en ese momento necesitaba que la ayuden, no estaba para ser el sostén de nadie.

—Aioros está enamorado de mí. — habló ella, casi como si escupiese las palabras de la boca con asco, con decepción. Clavó sus ojos en Mu desesperada, casi como si sintiese una enorme necesidad de desmentir aquel dicho. — Pero entre nosotros no pasa nada… Yo no estoy lista para algo así.

—¿Y entonces por qué llorabas hoy a la tarde?

—¿E-eh…?

—Sin querer los vi por la ventana. — Aries le explicó. — No quise husmear, pero sentí el cosmos de Aioros aquí y justo vi cómo te abrazaba.

—Ya veo…

—Honestamente, pensé en intervenir… Pero como no sabía bien qué había sucedido, no me pareció lo más correcto.

La joven entreabrió un poco los labios, masticando las palabras. En ese momento sentía ganas de reprocharle el no haberse metido, realmente le hubiera evitado un rato muy incómodo… Pero así de reservado y respetuoso era Mu.

—Me sentí mal…

—¿Él ha sido quien te hizo llorar? — le preguntó el ariano, consternado. — ¿O ha sido por otra cosa…?

—Es que me sentí terriblemente mal… — Nanako terminó por confesar, nerviosa, mientras alejaba un poco su mano del pecho de Mu. Intentó hilar las palabras antes de continuar pero simplemente no lo logró y terminó por escupirlas, sobrepasada. — O-odio sentirme presionada, y Aioros… Él simplemente me decepcionó, porque… cuando hablan de mi rostro, cuando alguien osa criticar mi cuerpo, yo…

—Ya Nanako, tranquila…

El carnero habló con rapidez para serenarla y muy despacio subió su mano por sobre el brazo de aquella mujer, rozándolo con sutileza. Al instante la piel de Nanako se erizó, en extremo receptiva, sensible: el tacto de Aries había sido tan asfixiante que ella procedió a alejarse varios centímetros hacia atrás, con un terrible miedo a perder el control de su propio cuerpo.

—¿Por qué te alejas? — le dijo él con una sonrisa, posando aquella misma mano sobre el cuero cabelludo de la joven. — Tranquila…

La mirada nerviosa de Nanako no pasó desapercibida para él, pero sólo continuó con aquella grácil mueca, acariciando sus castaños cabellos.

—Por favor, deja de pensar tanto… — murmuró despacito, acortando la distancia entre ambos. — De a poco relájate y descansemos… Mañana nos toca levantarnos temprano, y ya sabes que no soy precisamente bueno para madrugar.

—Has cambiado mucho.

—¿Por qué lo dices?

—Porque esta noche los papeles se han invertido. — Nanako lo miró a los ojos, reprimiendo una sonrisa. — Ahora estás demasiado tranquilo y yo muero de nervios…

—Sí, puede ser… La verdad es que me das mucha paz.

—Tú también, pero… así, estando juntos en esta situación… No lo sé, simplemente tengo miedo de arruinar todo.

—No te mortifiques más por lo de esa noche, Nanako. — pidió él, devolviéndole la sonrisa. — Te expliqué que no fue ningún error de tu parte… Fue difícil para mí en su momento, pero hoy comprendo que gracias a que intimamos, algo se desbloqueó entre los dos.

Sí, era cierto… Si bien desde antes se respetaban mutuamente, las cosas terminaron de cambiar entre ambos desde que tuvieron sexo. Quizás esa noche había sido más mágica de lo que supuso en un comienzo, puesto que su misma vulnerabilidad se había terminado por derrumbar a esos bellos pies que Mu cargaba con orgullo. Aquella exposición de sus bajezas terminó por favorecerla y las ansias del carnero terminaron por comerse su tristeza, deglutiéndola, permitiéndole dar un paso más, un segundo más de aire, otro sendero con más esperanzas.

Por esa razón no sabía si decirlo. No sabía si estaba bien vencerse y dejar que la carne fluya entre ambos nuevamente. Él se veía sensual bajo aquella luz blancuzca, se veía etéreo, como si no perteneciese a este mundo; y ella aún no era lo suficientemente digna como para volver a tocarlo.

—Sucede que no lo he vuelto a hacer desde que nosotros…

Podía sentirlo. El carnero podía palpar en el aire lo que le estaba pasando a ella, puesto que se reconocía en las ansias, en el deseo tan obvio y natural que Nanako sentía en ese momento.

Era preciosa.

Simplemente no lograba concebirlo.

—¿Es eso lo que te ha estado preocupando de este momento…? — indagó con delicadeza, arrimándose más.

Nanako quiso volver a distanciarse de él. Sin embargo ya se encontraba casi al filo de la cama, por lo que no le quedó más opción que mantenerse en el lugar, exaltada, luchando por controlar su respiración. Lentamente movió la cabeza de arriba hacia abajo, dándole al carnero la respuesta que más quería oír.

—¿Sabes algo…? — Mu posó sus dedos sobre el delgado brazo de la joven, perdiéndose en aquel tierno agarre. — Aún recuerdo lo que me dijiste esa noche…

Si había algo que ella estaba agradeciendo en ese momento, era el hecho de que el ariano no pudiese ver lo sonrojada que se encontraba. Ese era un lado de él que jamás hubiese pensado que tenía, puesto que siempre había tomado un papel pasivo.

—"Sólo dejaras de sentirte así cuando lo hagas."

Tragó saliva: era completamente cierto. Ahora se sentía una tonta, víctima de sus propias palabras… Pero la abstinencia le pesaba mucho más de lo que hubiese imaginado, incluso conociéndose, incluso siendo consciente de su enorme sed de sexo, y su cercanía se lo anunciaba a cuatro vientos. Si Mu no se alejaba pronto, le saltaría encima como leona a su presa y todo se iría al mismísimo demonio otra vez…

Para su desgracia el carnero la asió un poco más hacia él y ahora sí que todo estaba descontrolándose dentro de su cabeza. La piel le hervía con fuerza, incluso esbozando dolor, angustia por tener que reprimirse; y los latidos de su pecho no se quedaban atrás, con el corazón a tope, desmedido ante lo inmediato de la situación. Con algo de miedo alzó sus ojos hacia arriba y los del ariano se entrecerraron, contagiándola de aquella niebla que quitaba su máscara, que por fin la dejaría liberarse, que se entregaría a su cuerpo, a sus ansias. La respiración de Mu le hacía cosquillas por sobre el labio superior, convidándole una pizca de picante… Pero cuando Nanako estaba a punto de abalanzarse a su encuentro, el joven cambió el trayecto de aquella acción y posó un tierno beso sobre su frente.

—Era broma, Nanako… — dijo él, aún a escasa distancia. — Lo siento, quería ver si lograba descontracturarte un poco, pero creo que no funcionó bien…

Pues claro que no, era obvio que no funcionaría, en especial con todo lo que ella había venido aguantándose. Ante el dicho de su amigo, Nanako lo miró con los ojos desencajados, su mirada perdida, enfrascada en el subibaja en el que su pecho se había convertido. La respiración no lograba encontrar su cauce y se mantenía intensa, incluso expectante, aquella subida de adrenalina terminando por causarle un bajón de presión.

—Voy al baño un segundo, ya vuelvo…

El ariano salió de la cama y se encerró en el baño, abriendo la canilla de agua fría a máxima potencia. Colocó ambas manos como un cuenco y metió la cara entre sus palmas, salpicando el mueble, dejando que el líquido helase sus nefastas intenciones.

—Por el amor de todo el Olimpo, ¿qué diablos acabo de intentar hacer…? — se recriminó a sí mismo, ahora tirándose agua sobre la nuca. — ¿En qué estaba pensando?

La recordó a su lado, sobre la cama, mirándolo intensamente a los ojos. Ni siquiera se había dado cuenta, pero su cuerpo e instinto masculino actuaron por sí solos, avanzándola sexualmente aun cuando la diferencia de experiencia entre ambos era tan grande como el día y la noche. Sintiéndose tremendamente avergonzado tuvo que buscar soporte en algún lado, por lo que enseguida bajó la tapa del inodoro y se dejó caer allí, percatándose de que entre sus piernas colgaba sin disimulo aquella sobresaltada erección.

—Mierda…

¿Acaso ella lo habría sentido…? Lo que menos quería él era incomodarla, pero no lo había podido evitar: su cuerpo la deseaba, no sabía si era por la abstinencia o por qué diablos todo eso se terminó apoderando de él; pero quería hacerlo y más que una respuesta fisiológica era algo crudamente mental, algo nacido de su recuerdo, de la grácil luz de luna que se había apoderado de ambos, al igual que en su primera vez.

Pero no podía volver así. Tenía que terminar con esa tentación lo más pronto posible, y de eso sólo podría encargarse su mano, en el más tenue de los silencios.

Apenas Mu se fue de la habitación Nanako quedó sola, sumida en la oscuridad, en la reserva de su breve alejamiento. Al igual que el carnero, la joven tampoco podía creer lo cerca que había estado de acostarse con Mu nuevamente: casi se derrumbaba entre sus brazos, entregada al suave aliento de sus besos. Y con la cabeza apoyada en la almohada, aquella hambrienta mujer continuaba acariciando su entrepierna, la mano deslizada por debajo de sus leggings y ropa interior, palpando la integridad de su clítoris; sabio tacto húmedo, resbaloso, que la predisponía a un más que pronto final. Tenía que hacerlo rápido, puesto que seguramente el carnero pronto volvería a su lado, y allí sí que de verdad tendría que tragarse las ganas. Aquel juego la hacía estremecer por completo, y el instantáneo sonido de las pisadas del joven en el pasillo fue lo último que necesitó para explotar, un segundo antes de que Mu abriese la puerta de la habitación.

—T-tardaste un poco… — balbuceó ella, enseguida escondiendo aquella mano por detrás. — ¿Te sientes bien…?

—Sí, estoy bien, gracias por preocuparte…

El ariano se metió enseguida en la cama, ahora más relajado. El ambiente también había cambiado entre ambos, ya no se sentía esa presión extraña, esa tentación incipiente… Ninguno de los dos sabía que el otro había tenido que recurrir a su propio cuerpo para liberarse.

—Ahora sí, vamos a descansar… Nos costará demasiado levantarnos.

Nanako se mantuvo de costado, a su lado, y despacio volvió a hablarle:

—Mu… ¿Por qué insististe con que durmamos juntos?

—Para serte sincero, no lo he pensado demasiado… Sólo sé que te irás lejos y que voy a extrañarte.

—Pero volveré pronto… — Nanako murmuró, apoyando su rostro al lado del brazo del ariano.

—Lo sé… Igual me harás falta.

๑۩۩๑

Rondando las 4 de la madrugada, el despertador en el teléfono celular de Kanon sonó con mucha fuerza, arrancándole un gruñido. Se giró sobre el sillón con pereza, la cabeza pesándole como si le hubieran dado un piedrazo, aturdido… Estaba muy expectante y esa misma emoción era la que no lo había dejado pegar un ojo en toda la noche. Cada vez que el cansancio lo obligaba a dormir, las escenas de violencia en la casa de Virgo se reproducían en su mente, ingratas, mezclándose en capas con esos momentos de lujuria que compartió junto a Kaname, en una especie de pesadilla bizarra y molesta… Y era una maldita constante: siempre terminaba cayendo en un gran vacío negro, levantándose de golpe, sudoroso.

—Bueno, ya está… No tengo más tiempo…

Kanon se puso de pie, dirigiéndose al baño: era mejor que aproveche antes de que alguien más lo ocupase. Pero mientras caminaba por el pasillo, la puerta de la habitación de Aries se abrió, Mu y Nanako saliendo juntos, ambos con cara adormilada, lo que al geminiano le pareció algo extraño… Sin embargo no hizo mención alguna y siguió de largo.

Algunos minutos más tarde ya los tres se encontraban en la cocina, el carnero procediendo a colocarse el delantal.

—Desayunemos bien antes de partir. — sugirió Aries, ajustando las tiras por detrás de su nuca. — No tengo demasiado en casa, pero algo podemos armar…

Entretanto el agua se hervía sobre la hornalla, Nanako tomó varias galletitas de la alacena y las colocó sobre la mesa, al igual que algunas rodajas de pan que sobraron del día anterior. Luego abrió la heladera y agarró una manzana, para lavarla y sentarse a la mesa frente a Kanon.

—No tienes cara de haber dormido bien. — le dijo ella, dándole un mordisco generoso a aquella jugosa fruta.

—Tú tampoco.

La sonrisa de Kanon se había vuelto igual de astuta que siempre pero Nanako lo ignoró y se acomodó mejor en la silla.

—Entonces… — prosiguió la joven. — Según tu teoría, Kaname sigue viviendo allí en Corinto…

—Uff… Pues sí, pero la verdad es que podría estar viviendo en absolutamente cualquier otro lado… Sin embargo tengo esa extraña sensación, de alguna manera sé que no se ha movido de allí en todos estos años; considerando que Kaname jamás superó lo que sucedió entre nosotros cuando éramos niños, lo más probable es que yo tenga razón.

—Bueno, eso coincidiría con lo que se veía desde afuera…

Enseguida Aries se acercó a la mesa con una bandeja, y puso frente a ambos dos tazas de humeante café, para volver a sentarse al lado de Nanako.

—No sé bien los detalles pero, ¿no cabe la posibilidad de que, al haber venido aquí y estado con ustedes, ella ya haya cerrado una etapa? — acotó el carnero. — Por lo poco que escuché recién, si durante su paso por el Santuario terminó por cortar toda relación con ustedes, entonces ya tendría sentido que no esté más en Corinto.

Nanako lo miró y luego bajó los ojos hacia la mesa, llevándose una mano al mentón, reflexiva.

—Porque ya nada la ata…

El menor de los geminianos se mordió el labio con fuerza y manoteó todo el pan de la mesa, metiéndoselo en la boca. Lo que Mu decía tenía demasiado sentido y sólo rogaba no estar llegado demasiado tarde…

—Pero bueno, de nada sirve pensar tanto. — acotó Nanako, poniéndose de pie. — Voy a buscar algunas cosas y ya nos vamos.

Asintiendo despacio, Mu miró el reloj de la pared: ya eran las 4:45 de la mañana… no faltaba prácticamente nada. Algo extraño se apoderó de sus entrañas, y un nudo comenzó a estrujarle el estómago… eran nervios, y eso lo incomodaba demasiado. No quería que ella se vaya, no quería pasar ni un solo día sin ella, pero en ese momento era una prioridad, ya que no lo hacía solamente por su amiga… Si no que, de no volver Kaname, probablemente el futuro de Nanako a su lado estaría peligrosamente en juego.

Para sorpresa de ambos, Nanako no tardó casi nada. Pocos minutos después se hizo presente en la sala de estar, cargando una cartera de tamaño algo grande: parecía haberse preparado bien, con antelación.

—¿Tú no iras a buscar nada? — ella inquirió, viendo que Kanon ni se mosqueaba en moverse de la silla.

—No es necesario… Planeo que todo salga lo más rápido posible.

—Bueno, si tú lo dices…

Mu se acercó hacia ambos y Géminis se puso de pie, la joven sonriéndole con melancolía.

—Creo que ya es hora…

—Vamos.

Ya no había escapatoria alguna. Aries respiró hondo, lo más profundo que pudo, casi al punto en el que sentía que sus pulmones explotarían, y colocó la palma de sus manos sobre los hombros de Nanako y Kanon. Se concentró con todas sus fuerzas y al instante aparecieron en un gran espacio verde al aire libre: parecía una plaza, pero dicho lugar no se veía precisamente glamoroso.

"Gracias"

El ariano llegó a escuchar de la boca de Nanako y enseguida le dio la espalda, la angustia invadiéndola de una manera que no podía imaginar. La espalda de Mu se veía gigante y lejana, aunque sólo estuviese a unos pocos centímetros de distancia… Sin embargo el alejamiento era escondido por la tristeza.

—Estaremos bien. — afirmó el menor de los gemelos. —Yo la cuido Mu, despreocúpate… Mañana estaremos de vuelta, con o sin Kaname.

Aries desapareció en un instante frente a los mustíos ojos de la joven, arrancándole una parte de su interior con fuerza, arrastrándola lejos de allí.

No quería que fuese tan abrupto.

No había podido asimilarlo, aunque probablemente nunca lo hubiese hecho.

En ese sentido, una despedida tan repentina terminó por convertirse en una enorme muestra de bondad.

—Se pasará rápido… — la consoló Géminis, dándole palmaditas en el hombro para luego despeinarla. — No llores Nanako… eres una mujer fuerte.

Aquel desamparado carnero emergió en segundos de vuelta en su casa, haciéndose presente en el medio de la sala de estar, y todo parecía haberse pausado, como si hubiese sido magia, o algún perverso hechizo: la mesa sucia de la cocina, a medio levantar. Allí, desparramada, una galletita a medio comer lo saludaba, rogando ser bañada en la tibieza de los restos de café en las tazas.

Todo estaba en silencio.

Hacía frío… era otoño.

Mu giró sobre sí mismo, llevándose una mano al pecho, y miró a sus alrededores con atención… Su casa seguía igual.

Nada había cambiado.

Simplemente parecía como si hubiese vuelto el tiempo hacia atrás, hacia esos días en los que ella no existía.

—Bueno Mu… Esto fue lo que un principio querías, ¿o no…?

Porque Nanako no existía.

Si Nanako no estaba, nada existía allí, porque simplemente no había ni un solo detalle suyo en su hogar. Sólo su presencia era símbolo de la realidad, sólo su voz brotando desde el baño, desde la pieza, a través de la cocina; sólo el perfume sobre su cuerpo decoraba aquel lugar, pero sin su figura presente, no era más que un mero espejismo, una poderosa ilusión que continuaba engañándolo.

Siempre había estado solo. Siempre lo había estado, porque así lo había deseado, porque eso había buscado a consciencia.

Todo eso era lo que en el inicio quería, lo que tanto rogó a los Dioses, y al fin le había sido concedido… Pero ahora el silencio se le estaba haciendo infernal, insostenible.

El Caballero de Aries se sentó en el sillón, cabizbajo como nunca, y se llevó una mano a la sien, masajeándola… Por suerte ahora tenía guardia y al menos por algunas horas la soledad no le pesaría tanto. Había algunas cosas de las que tenía que hablar con su compañero de trabajo en aquel turno, con esperanzas de, quizás, lograr una diferencia.

Pero por ahora lo único que podía hacer, era continuar imaginándola.


¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¿Qué tal los ha tratado la semana?

Primero que nada quiero empezar pidiéndoles disculpas a mis lectoras por las demoras en contestar las reviews... He tenido una semana terrible y no tienen idea de lo mucho que agradezco que por fin sea viernes ._. Prometo no volver a tardarme tanto, de verdad les estoy enormemente agradecida por el apoyo de siempre :'D

En segunda instancia, quiero dedicarle este capítulo a Radamanthy'sQueen :'D Hace poquito fue su cumpleaños, sé que quizás hubiera sido mejor dedicarte el capítulo anterior pero como pasaban cosas feas no sabía si sería bonito hacerlo justo en ese momento ._. ¡Espero de corazón que hayas pasado un muy lindo día!

Nuevamente les agradezco a todos los que están ahí del otro lado, capítulo a capítulo, leyéndome... ¡No tienen idea de lo feliz que me hacen! Les dejo un saludo a los nuevos lectores (sé que están ahí, las estadísticas los muestran aunque no comenten jijiji), espero que en algún momento se sientan lo suficientemente cómodos para que interactuemos :3

Esperemos que esta semana sea más tranquila. ¡Muchos abrazotes y besos para todos!