¡Aguas con los corazones voladores!

Alfa Lázcares

De esa tarde y esa noche

Cuando terminaron de comer y ponerse más o menos al día con los acontecimientos más importantes de sus vidas, Saga se ofreció a darle un tour por su "humilde morada". El piso de abajo consistía en la cocina comedor y, bajando un par de escalones: la sala. Los ventanales de dos pisos revelaban el patio de atrás en donde una pequeña alberca se encontraba. Saga le dijo que no solía usarla porque eso de dar cinco millones de vueltas no era de su gusto y estar él solo flotando en una alberca sin prácticamente hacer nada no tenía mucho chiste. Alfa le sonrió pero no dijo nada. Volvieron a entrar a la casa por medio de otra puerta que daba a un estudio. Los libreros estaban prácticamente vacíos y sobre el escritorio había una laptop. Alfa lo miró con una ceja enarcada. Saga le dijo que sí, era suya y que sí, la usaba, y no, no para ver porno. Salieron del estudio y el pasillo los llevó al gym. No había mucho, unas pesas, una caminadora y una bicicleta estática. Salieron de ahí para encontrarse de regreso en el inicio de la casa. Subieron las escaleras. Arriba una sola puerta. Saga abrió. Era la única recámara. A la derecha el water, en un espacio del tamaño de un closet. Afuera estaba el lavabo. Y en el otro extremo, una regadera rodeada de vidrio. También, en esa pecera, estaba una tina. Alfa, una vez más, volteó a ver a Saga.

—No me veas así. Yo no lo construí.

—Cero pudor, Saga, cero pudor.

Fuera de eso el cuarto nada más tenía una cama king con dos burós a los lados, una tele montada en la pared y un balcón que daba a la parte de adelante de la casa. Alfa salió un momento al balcón, Saga fue con ella.

—Si hubieras estado asomado por aquí me hubieras visto pasar y regresar.

Estuvieron algunos minutos ahí, bebiendo de sus respectivas copas de vino. Al fin Alfa entró de nuevo a la habitación y se sentó en la cama.

—¿Te quedas aquí? —le volvió a preguntar Saga.

Alfa sonrió y asintió.

—Me tienes que llevar por mis cosas en esa moto tuya.

Saga también sonrió.

Un rato después salieron por las calles de la isla en la moto de Saga. Alfa sólo recogió sus cosas y volvió a salir del hotel. Como el camino de regreso sería muy corto Saga decidió dar un gran rodeo y nada más pasear por las calles porque podían. Alfa no protestó… bueno, sí preguntó si la estaba secuestrando. Saga se detuvo fuera de una taberna y ahí entraron a cenar y a tomar otra cerveza. Luego de eso regresaron a la casa. Alfa se dirigió a la sala. Dejó su mochila encima de un sillón y se sentó. Saga fue primero a la cocina a recoger la botella de vino que habían dejado abierta y que aún tenía la mitad. Tomó las copas y fue a sentarse junto a ella en el sillón. Sirvió ambas copas.

—Porque me encontraste —le dijo con ironía.

Alfa chocó su copa contra la de él y ambos bebieron.

—¿Qué se siente ser Saga "normal" y no "Saga de Géminis"?

—Aquí nadie me conoce, nadie me está juzgando por todo lo que hago y lo que no hago, y nadie se la pasa corriendo rumores sobre mi. No me puedo quejar. ¿No te gustaría que en el Santuario dejaran de voltear a verte porque vas conmigo?

—Tengo que decir que es annoying que no dejen de voltear a vernos cada que pasamos caminando por algún lado, pero, si te sirve de algo, igual no dejaron de voltearme a ver cuando iba con Kanon. Lo sorprendente es que los rumores siguieran siendo sobre nosotros dos y no sobre Kanon y yo.

Saga enarcó una ceja.

—¿Desde cuándo creen que nos estamos acostando?

Alfa negó.

—¿Desde cuándo? Ni idea. Yo me enteré no mucho tiempo después de que empecé a ser tu alumna.

—En el Santuario tienen demasiada fe en mis habilidades de conquista.

—Será porque nada más tienes que mandarles una de esas miradas tuyas y se empiezan a desvestir. Hombre, mujer o bestia, no importa.

—Okay, tú también tienes demasiada fe en mis habilidades de conquista.

—Será porque las he visto.

—¿Ah si?

—Oh sí. El cumpleaños de Milo, antes de que fueras mi maestro. No tengo ni idea de quién era la chica, pero la miraste, te acercaste, y los dos se fueron y no volvieron a aparecer en toda la fiesta.

—Ya recuerdo. ¿Me estabas vigilando o cómo sabes eso?

—Estaban justo frente a los baños y yo tenía que ir, querido.

—En mi defensa, ella no era una perfecta desconocida.

—O sea que tus habilidades de conquista sí funcionan.

Saga soltó una risa irónica, le dio otro trago a su copa y se recostó más en el sillón, viendo al techo.

—Nadie nunca corrió rumores sobre ti y Aldebarán, por cierto.

Alfa sonrió.

—Me imagino que no. Aunque qué se yo, en otros lugares me han dado la reputación de acostarme también con hombre, mujer o bestia.

—¿Por?

—Porque siempre he tenido más amigos que amigas. Así que de puta no me bajan. No me molesta, en realidad tampoco me importa, pero se me hace de lo más amusing. En especial porque cuando estaba en ese lugar era virgen. Así que sé lo que se siente. La diferencia es que yo te he visto aventar la mirada.

Saga volteó a verla.

—¿Qué mirada? —le preguntó con inocencia. Inocencia que no era reflejada, para nada, en su mirada.

—Esa.

—¿Y está funcionando?

Alfa le sostuvo la mirada. Sonrió, miró al piso, luego a su copa y de regreso a Saga, quien seguía mirándola de la misma manera.

—Está funcionando —le respondió al fin. Saga dejó la copa sobre la mesa de centro frente a él y la tomó de la mano. —Si lo vas a hacer, hazlo —le dijo.

En ese momento Saga la atrajo más hacia sí y la besó. Y fue obvio para los dos que ambos habían estado esperando ese momento, probablemente desde antes de que él se fuera del Santuario. Alfa estiró el brazo para dejar la copa sobre la mesa. Cuando lo hizo, Saga la atrajo aún más hacia sí para luego hacer que ella quedara encima de él, con las piernas a ambos lados de su cuerpo. Ella le rodeó el cuello con los brazos y él empezó a meter las manos debajo de la playera de la mujer. Ninguno de los dos se enteró de cuánto tiempo estuvieron en ese sillón, en la misma posición, besándose. Pero ninguno quería detenerse. Luego de un buen rato Saga rompió el beso y la miró a los ojos.

—Te extrañé. Es en serio. No tienes idea de cuánto te extrañé.

—Tú tampoco. Por eso accedí a venir por ti —dejó escapar una risa. —Kanon dice que el sexo es una buena manera de persuadirte a regresar.

—Aún no tenemos sexo.

—Aún —y regresó a besarle.

Poco tiempo después ya estaban acostados en ese sillón, todas sus ropas regadas por el piso. Sólo la luz de una lámpara de piso los iluminaba. Él la miró una vez más a los ojos y ella sintió casi como si le quitara el aliento. Asintió. Y él no perdió más tiempo en entrar en ella con un gemido ahogado que ella correspondió con uno propio. Y pasaron minutos enteros dejando por fin salir lo que habían estado deseando desde hacia ya tiempo. Primero ella, luego él. Se quedaron inmóviles. La respiración agitada de él en su cuello. Lo abrazó y él levantó la mirada para luego volver a besarla. Se quedaron en silencio un buen rato. Alfa suspiró. Había algo extraño en todo aquello. Algo que no le terminaba de cuadrar. No se arrepentía, ni de lejos, sin embargo una voz muy al fondo de su mente tenía cierta duda, pero no tenía idea de por qué. Lo atribuyó a nervios de "primera vez con una persona distinta". Si Saga lo notó no dijo nada. Al fin se separó de ella, tomó ambas copas de vino de la mesa y le ofreció una. Ella se incorporó en el sillón y la aceptó.

—¿Persuadido? —preguntó ella al fin. Saga sonrió.

—Igual me quiero quedar una semana de vacaciones aquí. Contigo.

—Quizá termines siendo tú el que va a necesitar persuadirme de regresar.

—Quizá tengamos que esperar a que Shion mande a alguien más por los dos.

Alfa negó con la cabeza y bebió el último trago.

—Vamos a la habitación. Me está dando frío.

Saga asintió. Terminó también el contenido de su copa y comenzó a levantar la ropa del piso. Luego ambos subieron al cuarto. Alfa entró primero al baño mientras Saga acomodaba la ropa encima de un mueble. Pasaron los siguientes minutos sin decir mucho, haciendo las cosas mundanas que uno hace antes de dormir. Finalmente Alfa se metió entre las cobijas de la cama y Saga no tardó en seguirla. Ninguno de los dos tenía sueño, pero tampoco tenían deseos de hablar. Se quedaron abrazados un buen rato sin decir nada. De vez en cuando comentaban algo entre murmullos. Ninguno se dio cuenta de cuando se quedaron dormidos.