Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 28. De crisálida a mariposa.
La visión de lo que aquel perturbado había hecho a la joven era suficiente para querer ajustarle las cuentas. El decano se despidió de mí pero había algo indescifrable en su mirada, no se atenía a razones, no quería que aquel escándalo sacudiese los cimientos de la universidad pero para mí lo importante era lo que implicaba aquella actuación. Bella estaba envuelta en un peligro del cual no éramos conscientes de su magnitud hasta el momento.
Jasper acababa de llegar junto con Rosalie. Esta última había insistido en entrar a ver a la muchacha y aunque hubiese deseado que no lo hiciese, ella era demasiado cabezota, su rostro se deshizo en el momento en que posó sus ojos en la joven y eso sin llegar a ver el resto del cuerpo diligentemente tapado.
Observaba la agitación de mi hija ante el horror de lo que había padecido Leslie, conocía bien a Rose y aquello iba a afectarla, aunque los recuerdos se volvían confusos y borrosos al ser convertido en vampiro, los hechos que más perturbaban la mente humana quedaban atrapados en ella. Rose podía rememorar con claridad el sufrimiento de sus últimas horas de vida, había intentado ayudarla, habíamos hablado alguna que otra vez sobre ello cuando el tiempo ya se había encargado de curar las heridas pero ahora sabía que estaba poniéndose en el lugar de Leslie.
Le pedí que saliese de la habitación y lo hizo automáticamente, sentía el poder de Jasper sujetando las emociones de Rosalie, a fin de cuentas ella no conocía a la joven aunque eso poco importaba. Por segunda vez en su vida mi hija se enfrentaba a la cruel realidad de aquella vida.
— ¿Cómo puede alguien...? —no pudo acabar la frase.
— No hay explicación coherente para este tipo de atrocidades, ni motivo que lo justifique. A veces el ser humano es capaz de cometer los peores crímenes, situaciones que no podemos llegar a imaginar pero que en su mente es lo que entienden como su realidad.
— Es demasiado ilógico.
— Estos comportamientos corresponden a una persona mentalmente enferma —Rose estaba realmente airada por lo que había pasado—, seguramente alguien que nunca ha conocido en su vida lo que es el afecto, nadie le ha proporcionado otra manera de ser, nadie le ha querido y el amor es un factor fundamental para construir la personalidad sobre todo en los primeros años de vida. Cuando eso falta la persona no sabe como enfrentarse a la vida, no tiene los recursos necesarios para convivir en armonía relacionándose de una manera tan destructiva como la que vemos.
— Eso no lo justifica, esa pobre muchacha no merecía lo que le ha pasado.
— Lo sé, no hay nada que justifique actos como este.
— ¿Es un aviso para Bella? —Jasper estaba afectado, era increíble el control que había adquirido con el paso del tiempo, podía intuir como su mente trabajaba a máxima velocidad para trazar un plan con el que atrapar a aquel monstruo.
— Aún no ha despertado pero eso dicen los médicos que la atendieron, no paraba de decir que necesitaba hablar con ella, aunque no creo que Edward la permita ver esto.
"Te convertiré" así de fácil resolvía el problema. Esa simple frase había transformado en cenizas cualquier objeción que pudiera tener para rechazarle. Sí creía cada una de las palabra que él acababa de recitarme las barreras se derrumbarían dejando mi corazón a su merced.
Busqué la burla en su mirada intentando descifrar el nuevo juego al que me sometía Edward, en algún punto me había perdido algo crucial, algo que pudiese explicar su cambio de opinión. Que fácil sería abandonarme en sus brazos, desatar mis emociones y sucumbir a su perfección pero sería una situación tan efímera que al final acabaría por matarme.
— Tú decides cuando será. Nunca debí dudar de la conveniencia de lo que me pedías. No puedo perderte Bella, no quiero vivir con la certeza de que un día morirás.
— No me hagas esto —le pedí en un murmullo mientras intentaba sin éxito controlar las lágrimas.
— Debes conocer la verdad, sólo me importaba tu alma, no quería que al despertar pensases que eras un monstruo, llevo años luchando contra lo que soy pero sé que tú nunca llegarás a esa conclusión —sentí su mano sobre mi mejilla pero apenas podía reaccionar ante sus palabras—. Me es tan difícil entender tu manera de ver el mundo, cualquiera hubiese huido al saber lo que soy pero tú no lo hiciste, me lo diste todo, más de lo que merezco —se detuvo un segundo buscando mi extraviada mirada, me sujetó por la barbilla e hizo que le observase—. Ahora es mi turno, lo quieres y lo tendrás. Pero no me impidas seguir a tu lado, no te apartes de mí. No puedo soportar ni un segundo más alejado de ti, pensando que estarás haciendo, sí te encontrarás o no en peligro, sí alguien será capaz de acercarse a ti lo suficiente para besarte.
Bajó su rostro hacía el mío, el cúmulo de emociones que se anidaban en mi pecho era demasiado grande, me impedía reaccionar, estaba consiguiendo poco a poco llegar hasta mi corazón, rozarlo en susurros entrecortados y acunarlo mientras las heridas se cerraban. Sentí su olor inundando mis pulmones, sus ojos devoraban mi boca pero no se acercó a ella.
— No volveré a herirte jamás, soy tuyo Bella desde el segundo en que posaste tus ojos sobre mí —volví a negar levemente con la cabeza, buscaba la manera de salir de su embrujo pero mi mente me pedía una y otra vez que le besase, que acabase con aquella agonía de verle pero no tenerle.
— Edward —no tenía palabras que darle, estaba acorralada, su presencia era adictiva para mí.
— Mi amor, no puedes negar lo que sentimos —acarició levemente mis labios con los suyos, mi corazón se desbocó en mi pecho, su presencia enloquecía mis percepciones—. Merecemos ser felices, no hay nada que pueda mantener nuestras almas en solitario porque sé que en algún punto de esta extraña vida se encontraron y no han abandonado su rumbo desde entonces.
La mayor locura fue renunciar a ti, descuidarte como lo hice. Así que aquí me tienes, me entrego a ti para que puedas hacer conmigo lo que quieras, tan sólo tu presencia bastará para que mi mente descanse, para que mi vida sea completa.
— ¿Qué puedo decir? —musité sin poder apartar mi mirada de la suya, nada de lo que había imaginado durante mi tiempo en el hospital podía compararse a aquello, sentía mi corazón acelerarse como sí quisiese escapar de mi pecho, mi respiración entrecortarse cuando él acechaba mis labios, buscando un sí, anhelando mi completa rendición.
— No pienses sólo percíbeme a tu lado —murmuró frente a mí—, aprecia la sinceridad en mis palabras, permíteme entrar en tu corazón para sanarlo. Te amo y siempre será así, por toda la eternidad.
Levanté mi mano involuntariamente impulsada por alguna fuerza inexplicable y acaricié su mejilla, podía creerle, podía confiar en sus palabras. Sus ojos reflejaban su sinceridad y mi mente estaba obnubilada ante él.
Bajó sus labios hacia los míos, me estrechó con delicadeza contra su pecho y cubrió mi boca con la suya, subyugándome, evitando cualquier incoherencia que pudiese decir en aquel momento.
Rodeé su cuello con mis manos acercándole más a mí, sentía como mi cuerpo se fundía en el mayor de los fuegos, la pasión me desbordó mientras notaba su cuerpo junto al mío y él parecía igual de afectado. Me abandoné por completo a lo que desease hacerme sin miedo a lo que pudiese pasar.
Me levantó del suelo y me llevó hasta la cama que teníamos a nuestro lado, me recostó sobre ella, una y otra vez sus labios se posaron en los míos, su lengua buscó la mía enredándose con ella, recorrió con delicadeza la curva de mi espalda, sedujo mis sentidos perturbándome, haciéndome desearle cada vez.
Quería llegar a la cima de la pasión entre sus brazos, explorar aquello que no habíamos podido hacer años atrás. Se separó ligeramente de mí y posó pequeños besos en mi cuello, estaba tan controlado mientras que yo me notaba a punto de estallar, necesitaba más, lo quería todo sin ningún tipo de contemplación. Tan sólo los dos conociendo el amor por primera vez.
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"Sí te mantienes lejos de los Cullen no abra problemas" la melodiosa voz de aquella joven que me había visitado ensordeció mis emociones, vi frente a mí el odio con el que me había hablado. Tenía tanta razón, les ponía en peligro y ahora me dejaba arrastrar por lo mucho que amaba a Edward sin pensar en las consecuencias, sin meditar sobre lo que arriesgábamos estando juntos, no podía contárselo pero le haría entender los motivos por los que jamás podríamos estar juntos.
Le empujé y él se apartó sorprendido, conocía a la perfección la sensación de rechazo que acababa de producirle pero no podía pensar teniéndole tan cerca. Me levanté de la cama sin que me lo impidiese, estaba aturdido.
— Puedo contralarlo al menos durante un tiempo
Le di la espalda para que no viese el sufrimiento, nuestro destino era tan cruel con nosotros, ahora que Edward decidía cumplir con lo que le había pedido, ahora que el asimilaba mis motivos por los que se lo había pedido. Ahora yo debía ser la mala, tenía que poner distancia entre nosotros aunque mi alma se rompiese con cada palabra que saliese de mi boca.
Se colocó a mi lado e hizo que me girase hacia él. Lo siento pensé mientras percibía todo su amor hacia a mí, sus palabras hacían eco en mi mente intentando borrar mis recelos y mis miedos pero ya no había nada que él pudiese hacer, estaba resuelta a protegerle de mí misma.
— He conseguido asustarte.
— No es eso —aseguré buscando las palabras precisas, el golpe perfecto para que el mensaje quedase claro.
— Entonces ¿qué pasa?, ¿qué piensas?, ¿qué necesitas para fiarte de mí? —negué con la cabeza sin saber lo que contestar.
— Debería regresar junto a mi madre, es muy tarde y será mejor que te marches.
— ¿Crees en todo lo que he admitido? —preguntó observándome perplejo ante mi actitud.
— No —murmuré y pude ver como se dilataban sus pupilas a pesar de que la habitación estaba en penumbra, me había dado la clave para conseguir que abandonase la lucha.
— ¿Qué quieres decir con eso? —no podía mirarle a los ojos, sentía su dolor como una extensión del mío.
— Sé lo que represento para ti, siempre creí que sí hubiese habido una oportunidad de estar juntos la habríamos encontrado. Habríamos luchado contra todo pero no pudo ser, estos días que has estado junto a mí he llegado a entender que nunca podré dejar de amarte, pasaran veinte o treinta años y seguiré suspirando por mi ángel —apreté los puños evitando mirar el dolor de su rostro, conteniéndome para no tocarle—. Pero nada cambia el hecho de que no estamos destinados a ser uno, esto no es más que otro amor prohibido con final trágico.
Me acarició la mejilla y sentí como se estremecía mi cuerpo ante su contacto.
— Te amo, Bella. Eres la luz que ilumina mis pasos, déjame borrar el dolor que te causé, te compensaré por cada mal momento —me repitió y yo di un paso hacia atrás evitando su contacto.
— No lo puedes comprender —la angustia se extendía por mi cuerpo, era tan difícil rechazar lo que me proponía, había soñado tantas veces con aquel instante pero él no podía amarme, nadie debería estar cerca de mí.
— Haz que lo haga de una vez por todas, háblame, vuelve a confiar en mí, no me marcharé de nuevo, al contrario te seguiré hasta el fin del mundo sí es allí a donde quieres ir.
— No puedes asimilarlo y no lo harás nunca —señalé derrotada, las lágrimas corrieron libres por mis mejillas sin que pudiera controlarlas—. Soy como un mal augurio, atraigo todo lo malvado que hay a mi alrededor, mira lo que le ha pasado a mi madre, a Leslie, por no hablar de lo que pudo haber pasado en la Push y tantas otras cosas
— Empecemos por partes ¿qué pasó en la Push? —desconfiaba de mis palabras, no debería haber dejado que me besase.
Quizás contándole toda la verdad al fin comprendería que no era buena para él ni para su familia. De esa manera le daría el pretexto para abandonarme sin sentirse condenado a mi presencia.
— Victoria regresó. Después de la época que pasé que en el hospital, cuando recobré la cordura, ella me volvió a buscar, descubrió que ya no estabais en Forks y como la manada de Sam se afanó por protegerme de ella la Push quedó desprotegida y llegaron hasta Emily, la mujer de Sam.
Tan sólo consiguió golpearla antes de que la descubriesen pero les amenazó con que les mataría a todos si no me entregaban —sentí como la tensión empezó a crecer en Edward al escuchar mis palabras—. Trazamos un plan, yo sería su cebo para que la manada pudiese darle caza
— Explícate mejor —murmuró interrumpiéndome, estaba enfadándose cada vez más ante mis palabras.
— Fui el señuelo para atraerla hasta el prado donde les vimos la primera vez, pero no venía sola, traía otros vampiros con ella. Victoria se quedó mirando mientras la manada se hacía cargo de su ejército —con el paso del tiempo había perfeccionado mi relato, no podía contarle lo que Victoria me había mencionado, no podía decirle que ella había alertado a los Vulturis, ahora que sabía que aún no habían tomado represalias contra los Cullen podía llevar a cabo la última parte de mi lista de cosas por hacer antes de morir. Era mi deber enmendar el error que habíamos cometido en nuestra alocada búsqueda del amor.
— Voy a matar a cada uno de esos chuchos, no habrá fuerza que pueda impedírmelo, ¿en qué estaban pensando para ponerte en medio de aquel prado?
— Yo lo propuse, ninguno de ellos quería, mucho menos Seth o Jacob pero Sam interpretó mis motivos, era la única manera de conseguirlo —su furia era aterradora pero no me acusaba a mí sino a ellos, esto no estaba resultando como yo esperaba.
— Dime qué no se te acercó —me pidió con ansiedad a pesar de que me tenía frente a él—, que no estuvo a punto de alcanzarte.
Tenía en mi brazo la señal de lo cerca que había estado de matarme. Cuando estaba a punto de morderme Jacob se había lanzado sobre ella, había conseguido desplazarla lejos de mí pero Victoria era una buena luchadora y había logrado sujetarle con fuerza.
— Lo único que obtuvo fue el olor de mi sangre —señalé mientras me subía la manga de mi jersey gris y le enseñaba la cicatriz que tenía desde el hombro hasta el codo de mi brazo izquierdo— uno de los vampiros que iba con ella sujetó a Jacob dándole a Victoria la posibilidad de matarle, no podía permitirlo y no lo pensé, sabía que era lo único que podría distraerla.
Cerré los ojos para no ver el tormento que exhibían sus dorados ojos que habían ido oscureciéndose a medida que avanzaba mi relato, él quería la verdad y yo necesitaba contárselo. Así a lo mejor entendería que yo no era lo mejor para él, que debía mantener las distancias.
La habitación estaba en silencio, tenía un miedo atroz a abrir los ojos y que él no estuviese, la sola idea de perderle era más de lo que podía aguantar pero entonces sentí sus brazos alrededor de mi cintura.
— ¿Qué pasó después? —murmuró en mi oído.
— No lo sé, tuve mi segunda crisis —aquel infarto había dado la puntilla a mi enfermo corazón, mi esperanza de vida se había reducido considerablemente, no sabía sí había empeorado o no mi situación al negarme a tomar los medicamentos que me habían prescrito pero no deseaba saberlo por el momento.
— Pero esa loca…
— Victoria logró escapar, la siguiente vez que volvió Sam consiguió acabar con ella. Yo estaba en Chicago aquellos días preparando mi estancia allí.
No permitiré que lo arruines todo, jamás pensé tener que tomar una decisión como esta, pero lo primero es lo primero, lo siento murmuró el hombre acercándose con sigilo a Leslie que dormía bajo los efectos de los calmantes. Sostuvo entre sus manos la almohada que iba a usar para acabar con aquella vida aunque se sentía el ser más miserable sobre la faz de la tierra.
Nuevo capítulo, ya sabéis lo que espero. Tenéis la palabra.
Como siempre millones de gracias para mis chicas: Mherary, Chiarat (creo que es tuyo el anónimo por la forma de escribir, ya os voy conociendo), Rosh, Adri, Maleja, Cerezo, Eddie, Hildiux, Chicasagcrep, Darky, Lilian, Lis y Helena (nunca es tarde para dejar mensaje), me alegra que siempre encontréis unos segundos de vuestro valioso tiempo para comentar. Besos.
