Ayer no pude actualizar, así que hoy miraré si puedo terminarlo = D


ºGlowingº

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Se estiró cuan larga era junto al fuego de la chimenea. Estaban en el salón de una vieja casa que Hinata les había prestado como nido de amor mientras que Sarada se quedaba con ellos.

Sakura estaba embarazada de su segundo hijo.

Se le había antojado irse de viaje, pero por seguridad esa vez, el Hokage, para sorpresa de todos, no solo lo prohibió, sino que además le pidió el favor a su mujer. Sakura no se había negado al ver la casa y estaba completamente radiante aquel día.

Y ese día, Sasuke había estado de arriba para abajo mientras ella tan solo comía y comía, iba al baño, se aseaba, comía, se sentaba, comía, bebía y seguía comiendo. Incluso después de vomitar, tomarse casi una hora aseándose, volvió a comer.

Con su primera hija, Sasuke se había perdido muchas cosas y se había prometido a sí mismo no volver a cometer el mismo error. Pero Sakura no era de ponérselo todo fácil. No obstante, en ese momento, cuando se levantó tras cargar la chimenea de leña y mirarla, sintió que algo había cambiado.

Estaba radiante. Hermosa. Y por algún motivo, jodidamente sexy.

Pese a que tenía subidas de calor, continuaba pegada a la chimenea. Solo se había puesto una bata fina y un camisón que anunciaba su vientre y una manta por encima que se quitaba cada vez que el calor regresaba, para cubrirse cuando se iba.

Tenía una fuente de patatillas que mordisqueaba distraídamente mientras leía y cuando se percató de que él la estaba mirando, enrojeció y le nombró de aquel modo. Todo podría parecer normal, si no fuera porque su pierna surcaba un reguero desde su entrepierna, subiendo y bajando, metiendo finalmente el pie entre sus piernas para acariciar directamente en sus pelotas.

Sasuke miró hacia ella, gruñendo, apoyándose en el quicio de la chimenea mientras ella comía, leía y continuaba acariciándole. Había aprendido, bajo el consejo de Shizune, a no llevarle la contraria en sus deseos hormonales y si a ella se le había antojado jugar un rato con sus colgantes reales, poco iba a objetarle.

Cerro los ojos, sintiendo la dureza hincharse en sus calzones y que cada vez era más imposible sostenerla dentro de ellos.

—Sakura— nombró.

Levantó los ojos del libro para mirarle y sonrió de aquel modo que solo podía indicar que iba a ser puramente traviesa. Continuó acariciándole hasta que se echó hacia delante y tiró directamente de sus pantalones para acercarle y besarle el vientre.

—Sasuke, quiero hacerlo. Tengo, hum... Antojo.

Abrió paso por sus ropas, pasando su lengua por la piel que iba quedando al descubierto, bajando hasta que su miembro terminó dentro de su boca, chupando y tirando con sus dientes hasta que los pantalones hicieron ruido contra el suelo al caer. Apretó sus testículos entre los dedos y regresó hasta su pecho, a la vez que se levantaba.

Llevó las manos hasta sus hombros para ayudarla a desnudarse, pero ella le rechazó con un suave movimiento. A medida que dejaba ver su piel era como una visión diferente gracias al brillo del fuego. Ella era puramente increíble. O quizás fuera que el embarazo la hacía verse así.

Fuera como fuera, estaba en un punto que iba a dejarse hacer lo que fuera.

Se le notaba ya el vientre y los pechos brillaban por naturaleza. Preparándose para el día de parto, había depilado su entrepierna y era una preciosa visión de su centro rajado. Y, demonios, ansiaba volver a estar ahí. Traspasar esa barrera y hundirse. Saludar a su hijo si era necesario, o como fuera la cosa dichosa ahí dentro. Pero ante todo, quería darle placer, obligarla a disfrutar.

Sakura apretó sus partes en su mano, degustando el placer de la presión y tirando de él hacia ella,

Sus bocas se encontraron en el punto justo y la cargó entre sus brazos para sentarse con ella encima. Después, le dejó margen de decidir.

Sakura se sentó dándole la espalda, apoyándose de sus rodillas para impulsarse. Subiendo y bajando sobre su sexo y dándole una preciosa visión de su espalda y su trasero.

El sudor les cubrió rápidamente y el orgasmo fue más buscado a medida que sus gestos aumentaba, hasta que el último movimiento la embistió con fuerza y la dejó flácida sobre sus brazos, mientras él, sentía como del mismo gesto salía de ella, llenándola de sí mismo.

Escondió la cabeza en su cuello mientras él acaricia sus vientre y subía por sus senos, mordisqueando su oreja, hasta presionar sus senos. Ella gimió y se retorció de placer. Cuando sus ojos se encontraron, Sasuke supo que aquel día no iba a terminar nada tan pronto.


¡Nos vemos con el último! Making a SALADA!