La invasión de Jonia, primera parte.

Notas iniciales: Bueno, veo que casi no hay preguntas para mi e_e está bien, no les culpo, admito que no soy una persona muy interesante, está bien. Disfruten el capítulo.

No había sido una noche de sueño en todo Jonia, quizá solamente para todas las personas en el interior de la Isla, ajenos a la conmoción que se vivió al detectar las naves de Noxus en los mares cercanos. Peor aún, cuando se supo que el primer movimiento había terminado en un rotundo fracaso, las esperanzas se diluyeron velozmente. Tan solo tratar de elevar los ánimos resultaba inútil y la ansiedad pronto carcomió las morales de los soldados voluntarios, quienes veían con dolor y envidia como grandes guerreros de las artes marciales se preparaban para la batalla. Pocos pudieron conciliar el sueño, y la última noche tranquila de Jonia pasó con la luna llena en el cielo, sin que la bendición de las deidades respondiera a uno solo de los rezos de los habitantes del continente prístino.

Kayn solo miraba aquella luna mientras se desvelaba, harto de no poder encontrar las respuestas que pedía a su mente. Ya cuatro días enteros eran desde que Zoe había desaparecido, no el mayor periodo desde que se habían alejado, pero si el más crítico. Sentía una profunda frialdad de la traición y la falsedad conforme más pensaba en el asunto, para luego pasar al resentimiento y a la herida del abandono, pues razonaba más a paso sosegado cómo era que ella jamás le había pertenecido en ningún sentido, y su amistad no estaba escrita en piedra, solo era un pasatiempo más para ella. Esa mezcla de sentimientos no le dejaba discernir qué era lo que más le dolía, el abandono de Jonia, o el rompimiento de su amistad.

Así, entre estos pensamientos, se descubrió llorando de forma inconsciente al estar su cara iluminada por los primeros rayos del sol distante, como si este le hiciera burla por su dolencia inusual.

¿Estabas llorando por ella?

Dijo Rhaast como si eso fuera una novedad, pero Kayn solo pretendió que no lo había escuchado, tirando a la guadaña al lado de su hamaca son interés de recogerlo, escuchando solo los gritos de este, luego girando y viendo que todos sus compañeros se habían retirado, percatándose de que se estaba retrasando en el día más importante de Jonia. Se levantó sin siquiera tomar a Rhaast antes, dando un salto y poniéndose la ropa tan rápido como pudo, corriendo a toda velocidad en lo que el sol seguía elevándose en el cielo.

Finalmente un cuerno sonó a la distancia para el momento en el que había salido por segunda vez de la tienda, viendo que iba completamente desarmado, incluso siendo capaz de disculparse con el Darkin por el abandono. Viendo la mayor parte de la playa deshabitada, no le costó trabajo encontrar un rastro de una caterva de gente lo suficientemente grande como para saber que era la orden, andando por los acantilados que la rodeaban, seguramente desde un punto de observación desde el cual podrían planear mejor sus siguientes pasos.

—¡Todos tienen que aprender de memoria los planos de los barcos acorazados!— se escuchó el grito de Zed en una tienda distante —Una vez que estemos dentro, no podremos comunicarnos con el exterior, puede que ni siquiera regresemos— exclamaba a todos sus acólitos, aparte de tener a su lado a Ezreal y a Ekko, este último con la cara pintada en forma de calavera, una costumbre suya para preparase para las batallas. Kayn trató de incorporarse a la planeación de los siguientes movimientos, pero se vio inicialmente ignorado por su maestro tan pronto como este lo miró.

—De esta manera lograremos estar dos pasos frente a ellos— escucharon a Syndra mientras que estaba levitando con tranquilidad en el aire, esperado a que todo estuviera listo para el ataque que ella misma protagonizaría. Zed la miró, sabiendo que a diferencia de los demás, ella no estaría por arriesgar su vida al mismo nivel.

—Maestro, estoy listo para el plan de defensa— le dijo el Shieda a su maestro, viéndolo con firmeza, tratando de aguantar el sueño que sentía, y recargando su cara al filo de Rhaast para poder mantenerse de pie. Mientras que Ezreal y Ekko trataron de saludarlo y acercarse a él, Zed lo tomó con su brazo, alejándolo del resto de los soldados en preparativos de atacar a los barcos.

—Kayn, no estás listo para participar en esta operación, de hecho, no estás listo para participar en la batalla de la defensa en general— le informó a su mejor alumno, observándolo decepcionarse de manera lenta, conforme decía eso.

—Pe… pero… usted dijo que yo sería el siguiente líder de la Orden de las Sombras…— se notaba la profunda decepción en su voz —¿Qué sentido tiene que sea yo el siguiente líder si no puedo participar junto a todos mis hermanos en la defensa de mi propia tierra?— preguntó con un tono que dejaba escuchar su ofensa.

—Y para poder serlo debes de sobrevivir a esta invasión, algo que no podrías hacer si salieras a pelear en esta batalla, no estás en condiciones para pelear— habló sin siquiera trabarse, sintiendo algo de dolor al admitirlo, pero haciéndolo por el bien del Shieda.

—Me siento bien, no necesito descansar más, he podido sobrevivir a peores cosas…— comenzó a decir con orgullo, sacando el pecho y parándose con firmeza, golpeando con fuerza sus costillas para demostrar lo fortalecido que se mantenía, pero encontrándose con un profundo dolor pulsante tan pronto como lo hizo, doblando nuevamente la espalda y reduciéndose sobre su propio cuerpo.

Si tanto quieres matarte tu solo, puedo ayudarte

Se burló Rhaast en lo que el muchacho trataba de recuperarse, avergonzado de su propia debilidad.

—No te has podido recuperar, aun tienes demasiados daños en tu cuerpo para que te dediques al combate— lo vio renegar ante esas palabras, y decidió alejarlo un poco más de todos para poder hablarle en privado —Sé que además de todo eso, también has estado dolido por el abandono de Zoe— le dijo como si fuera un secreto de la más alta categoría, inclusive para los estándares de los planes que estaban realizando.

—No he estado dolido, solo he tratado de averiguar por qué nos dejó…— trató él de defender su postura, pero faltándole habilidad para poder ocultar verdaderamente sus emociones, solamente giró su mirada —Ella puede ser muchas cosas, pero no la clase de persona que abandona a sus amigos, no puedo dejar de pensar que surgió algo más importante que le impide venir, o que le ocurrió algo terrible— mantenía la esperanza de que fuera alguna de esas cosas, pese a que no le deseara ningún mal.

Yo también espero que sea lo segundo

Opinó su arma en lo que su maestro comenzaba a retirarse, solamente dándole palmadas en el hombro para tratar de apaciguarlo.

—Ya te lo he dicho, serás el heredero de la Orden de las Sombras, pero para eso necesitas sobrevivir, y para eso necesitas estar bien por completo— dijo Zed —Por ahora, trata de mantenerte con vida, y espera a que el Aspecto de Targón regrese, será todo lo que necesitamos que hagas ahora— y dicho esto le dio la vuelta de nuevo, comenzando a alejarse en dirección de los soldados.

—Estamos listos para el ataque— dijo Ekko tomando su garrote con valentía, para luego mirar a Kayn y compadeciéndose de él —Hey, no te preocupes, podrás quedarte aquí a cuidar a todos en caso de que los noxianos lleguen, y te traeremos un casco Noxiano como recuerdo— le aseguró con palmadas en la espalda, siendo Ezreal el segundo en acercarse a él.

—Creo que Zoe regresará, no te preocupes, es quizá lo más fuerte que ha rondado Runaterra— seguía sintiéndose culpable, pero pensaba que quizá no había sido todo asunto suyo, que de seguro ella había encontrado alguna amenaza del vacío o algo peor en lo cual gastar su tiempo al lado de Taric.

Y dicho esto, los soldados salieron de la tienda, encontrándose con Irelia a las proximidades. Ella hizo sonar un cuerno que indicaba que los barcos Noxianos habían sido divisados en el horizonte del mar, y que pronto llegarían a tocar la tierra. Con esto, Zed recibió la orden, era el momento de actuar, y acompañado de Syndra, se aproximaron a la orilla del mar, desde donde se empezaban a ver los barcos creciendo y elevándose por la línea del horizonte.

—Llegó la hora, llévanos hasta ese punto— pidió Zed mientras que preparaba sus armas —Hay una pequeña bahía de carga desde donde bajaran los barcos de transporte para las tropas, entraremos por ese lugar, y tendremos acceso a la parte inferior de los barcos, desde donde encontraremos las calderas y demás áreas críticas del lugar, no sin protección de los mismos noxianos, así que prepárense para la batalla en espacios cerrados—

—Por cierto, una cosa que no entiendo aún— habló Ezreal levantando la mano —¿Cómo harán ustedes para subir a los barcos? Quiero decir, yo podría aparecer allí con mi guante sin ningún problema, pero no podría llevarlos a todos, y no creo que dejen que un montón de barcos de madera se acerquen tanto como para abordarlos, sin ofender…— pero si discurso se vio detenido por la acción de Syndra, quien creó una especie de vórtice alrededor del rubio, como una clase de esfera de energía oscura que flotaba con la fuerza de voluntad de la poderosa hechicera.

—Trataré de no lanzarte con mucha fuerza sobre bahía de carga— le dijo al Piltillo en lo que Ekko reía, pronto encerrándolo a él también en una esfera y prosiguiendo con cada uno de los miembros de la Orden de la Sombra, al igual que a los demás soldados.

—A mi déjame sobre la cubierta, seré una distracción para esos soldados Noxianos, en lo que Wukong busca cómo destruir su maquinaria impía— escuchó pedir al Maestro Yi, quien se había mantenido meditando hasta ese instante, inclinando su cabeza en forma respetuosa ante ella, un gesto que a ella le parecía algo desconocido.

—Ella se encargará de ser la distracción para todos nosotros desde el cielo— le informó Zed antes de ver al maestro de Wuju convertido en una esfera similar a la de los demás.

—Sigo diciendo que podría encargarme de esto yo sola— repetía la mujer de cabellos bancos al líder de la Orden de las Sombras, pero este continuaba con su terquedad.

—Después de que me informaron que el Puño Arcano se ha vuelto a formar, no puedo dejar que te confíes en contra de Noxus, porque conociéndolos, tú has sido el motivo por el cual se formaron, y no podemos perderte— se levantó un poco el casco para verla de manera directa —Quizá la fuerza de defensa seguiría en pie, pero yo no puedo perderte— habló con sinceridad, viéndola a los ojos, con su semblante tan estoico como el que lucía siempre, incluso bajo esa máscara a la que había cedido toda su identidad.

—Eres tan tierno— respondió ella acercándose a él, aprovechándose de esa pequeña ventana de oportunidad en la que podía ver su rostro para besar sus labios —Pero ya no soy la misma mujer con mente infantil que conociste la primera vez, confía en mi— y sin decir nada más, lo encerró con la misma energía que los otros, comenzando a volar en dirección de los amenazantes buques de guerra que se dirigían a la costa a una velocidad cada vez mayor.

Irelia se había mantenido en vigía constante para la llegada de los barcos, observando desde una clase de periscopio hecho en Piltover, regalo de Ezreal, al horizonte por donde apenas se comenzaban a formar las formas de los buques de guerra, pareciendo ser diminutos a la distancia, pero el cálculo temprano de sus formas decía que debían de medir al menos doscientos cincuenta metros.

—Espero que funcione— escuchaba a sus espaldas a la joven Taliyah moviendo sus manos con ansiedad, apoyada por su maestro, quien se mantenía en estado de meditación continua, y le sugería a ella hacerlo también, pero ella seguía nerviosa por la posibilidad de que su habilidad resultara irrelevante para la defensa de las tierras prístinas.

—Lo hará, tus rocas junto a las barreras de coral harán que los barcos se detengan, una estructura de ese tamaño no podría resistir, y se quedarán varados— explicó con rapidez Yasuo, como si tuviera una clase de conocimiento superior en el asunto.

—Solo es cuestión de esperar…— aseguró Irelia, intentando confiar con todo su ser en que la barrera de rocas artificial pudiera ayudar, pero para eso debería de esperar a que los barcos se acercaran más. —Vamos, solo un poco más— miró a los cielos, y divisó una pequeña luz morada cruzando el cielo como una luz de centella, indicando que la batalla estaría a punto de empezar.

De pronto, de la nada un rugido hizo temblar la tierra, como el choque de dos montañas que hizo que el mar entero se sacudiera y las olas se levantaran y chocaran entre sí. Los buques habían golpeado la barrera de rocas y de coral con tanta fuerza que el metal raspando sonaba hasta el punto lejano en el que Irelia y sus demás aliados lo observaban. Y ahora se les dificultaba el movimiento hasta el punto en el que parecían completamente estáticos sobre la zona en la que habían impactado.

—¡Lo logramos!— celebró Taliyah con los brazos al aire, lanzándose hacia su maestro y abrazándolo con la emoción con la que una hija abrazaría a su padre, creyendo haber sido la que había orquestado la derrota de los Noxianos que trataban de invadir.

—Aun no— la detuvo Irelia en pleno júbilo, como si la idea de celebrar de antemano le ofendiera. Pero era más por la observación de cómo las columnas de agua que antes se habían formado a los lados de los navios comenzaban a llenarse de polvo y humo. Una mal función, seguramente, que llevaría a los buques a su propia destrucción, o al menos eso fue lo que pensaron, hasta que empezaron a escuchar la roca triturarse como si de la maquinaria de una mina de Piltover se tratara. Pronto, la invasión retomó su movilidad a un ritmo más lento, pero aún constante, abriéndose paso con sus enormes ruedas hechas para avanzar sobre el suelo marino irregular.

—No puede ser…— quedó desecha Taliyah al ver los barcos moviéndose sobre los montículos rocosos que había pasado todos los días elevando con tanto esmero, cayendo sobre sus propias rodillas y tratando de no comenzar a llorar frente a la líder.

—Está bien, los retrasará un poco, cualquier pequeño esfuerzo sirve en una guerra— replicó Irelia levantándola con velocidad y saliendo claro entre los árboles de la jungla en donde estaban, comenzando a correr a la par de su maestro.

—¿Por qué estamos corriendo?— preguntó la joven en lo que seguía a su maestro y a la bailarina de los cuchillos, caminando entre la jungla de Jonia a paso apresurado.

—Porque ya estamos a rango de sus armas— respondió ella comenzando a correr de manera desesperada, sin saber que tan pronto recibirían el primer bombardeo.

Fue en ese momento que comenzó a percibir trampas colocadas por toda la jungla, cosas que cualquier persona ajena a las espesas junglas del continente habrían ignorado desde al pasar. Vio entonces a más personas a su alrededor, algunos campesinos conscriptos que se habían unido en el último momento a las Fuerzas de Defensa con tan de repeler la invasión de sus tierras. Entonces miró a Akali corriendo entre las hierbas espesas, acercándose a ellos aun continuando con la huida.

—¡¿Qué hacen aquí? Van a activar las trampas que estoy colocando!— les exigió una explicación como si interrumpieran su tarea.

—¿Tú fuiste la que puso las trampas? ¡No te ordené que hicieras eso!— recriminó Irelia a la ninja, deteniéndose solo un poco para despreciarla con la mirada y luego seguir caminando.

—No necesito de tu permiso para hacer lo que se me antoje— respondió a su reclamo —No eres mi maestro, y aun si lo fueras, no te haría caso— contestó tan presumida como siempre, corriendo al lado de los tres.

—En serio… detesto tu actitud…— le reprimió Irelia deseando detenerse un poco para poder abofetearla, pero prefirió seguir corriendo. —Solo te advierto que todo eso de colocar trampas en esta jungla fue una pérdida de tiempo y de recursos— y se dedicó a sobrepasarla en velocidad, cuidando que Taliyah le siguiera los pasos, mientras Yasuo simplemente desaparecía del lugar.

—Las trampas les llegarán sin que puedan sospechar, los harán detenerse durante unos buenos minutos— insistió ella en defender su idea, sin darse cuenta del peligro que correría de no haber empezado a huir.

—Lo digo porque en unos minutos la jungla entera desaparecerá— se lamentó Irelia, llegando al fin al final de la jungla hasta otro de los campamentos que habían asentado en el lugar.

Desde esa orilla, giraron sus miradas al lado contrario desde donde iniciaba la playa, observando a los barcos llegando desde el otro lado, solo para de pronto verlos liberar su furia roja como una repentina cascada que llenó el fuego de ese horroroso carmesí. Como si se trataran de gotas de sangre, crearon su camino dejando una estela luminosa tras de sí, en lo que se abalanzaban sobre las playas y las junglas de la orilla de Jonia, y tras la línea formada por las líneas de los árboles comenzaban a explotar, levantando la arena, la vegetación, y todo en su entremedio centenares de metros en el aire, y removiendo toda la vida y sus recuerdos de aquella playa otrora paradisiaca.

Syndra miró las explosiones en la cosa, dándose cuenta de que había perdido mucho tiempo en el traslado, pues se suponía que ella misma se encargaría de distraer a los barcos, dándose cuenta de que no bastaba con su presencia sobre los navíos para alertarlos, sino que requería atacarlos. Pasó sus manso a su alrededor y con un movimiento fuere, lazó a todos sus aliados encerrados en los cúmulos de energía a las cubiertas de los barcos, sin demasiada precisión como para que cayeran justamente en los puntos en los que debían de caer.

—Primera ronda, aquí vamos— con un movimiento de su mano creó una esfera de oscuridad, lanzándola a toda velocidad contra los cañones principales del buque central, causando una potente reacción, la primera de las explosiones que hizo que la nave insignia se hundiera un par de metros en el agua, para luego volver a levantarse como un resorte lanzando agua hacia todos los extremos. Entonces comenzaron a atacarla a ella, causando que se abandonaran el asedio directo de la tierra de Jonia y centraran sus disparos en su figura resplandeciente de brillo púrpura. Pronto se encontraba huyendo de un millar de disparos rojos que estallaban con toda potencia a su alrededor, forzándola a huir en círculos alrededor de toda la formación, sin darle oportunidad de contraatacar.

Todo aquello ocurría porque el líder de la nave insignia, el general Kled lo ordenaba con gritos desesperados, pues se le había dado la orden de que atacara a cualquier figura femenina que se viera en los cielos de Jonia, pero la lentitud de la maquinaria y de sus rotaciones hacían poco efectivas las torretas de los barcos, demasiado lentas para seguir a la poderosa hechicera por los cielos.

Pero su trabajo ya estaba hecho, en la cubierta de los barcos, el primero de los grupos en caer fue el del Maestro Yi, sin siquiera perder un poco de su habitual concentración, se mantuvo estático en el vórtice de energía creado por Syndra, y al ser liberado de este, atacó a todos los soldados presentes en la cubierta con la velocidad que solo él tenía, como si se tratara solamente de un espectro invisible golpeando y cortándolos a todos, eliminó a una docena de Noxianos sin que estos pudieran siquiera ver de dónde venían los ataques.

—Guía a los demás soldados a la parte inferior de barco, y encárguense de destruir su armamento a como dé lugar— ordenó a Wukong tan pronto como detuvo su primer ataque —Yo entretendré a los soldados aquí arriba, aún tengo para más— y diciendo esto levitó por unos segundos en una posición de meditación intensa con la que reparó todos los daños de su cuerpo y recuperó su energía.

En otro de los barcos, en el del otro extremo de la formación, Ezreal y Ekko habían sido arrojados casi sin ningún otro soldado que les apoyase, teniendo que usar el muchacho moreno sus instrumentos Hextech para poder huir de una muerte segura, refugiándose tan pronto como pudieron bajo cubierta.

—¿Es la peor situación en la que has estado?— preguntó Ekko a su compañero al estar huyendo por pasillos reducidos de una horda de soldados noxianos armados con lanzas y espadas, casi dándoles alcance al llegar hasta un angosto codo que los dirigía más al interior de la gran maquinaria metálica.

—Para nada— contestó presuntuoso el rubio —¿Qué hay de ti?— dijo agitado al saltar por varios obstáculos de tuberías y otras estructuras con tal de huir de sus atacantes.

—Ni de cerca— y como si fuera una competencia, se internó en el laberinto de la bestia de metal, recordando de memoria los planos que indicaban en donde estaban los puntos críticos del armamento, dándose a la tarea de perder a los soldados que les perseguían al saltar de uno pasadizo a otro a través de un pequeño hueco en el que apenas cabían los dos.

Apenas cuando estaban a punto de encontrar el centro de carga de la armas Hextech, en donde los acumuladores de magia se preparaban para los disparos, escucharon los gritos de otros miembros de la Orden de las Sombras, tan solo girando la mirada al siguiente pasillo, encontraron los cuerpos quemados y fundidos de los acólitos que se les habían adelantado con sus habilidades de incorporeidad. El ruido ensordecedor apenas les había permitido escuchar los gritos, y no se percataron del sonido de los disparos de las armas Hextech de menor calibre que habían acabado con la vida de esos pobres desgraciados. Había otro soldado que Ekko reconoció por el rabillo del ojo como un miembro del Puño Arcano.

—Muy bien, este enemigo de aquí no es como cualquier otro noxiano, tenemos que ser cautelosos y usar nuestras mejores estrategias— le advirtió a Ezreal empujándolo contra la pared más cercana, evitando que sacara la cabeza y la perdiera en el proceso.

—Armas Hextech, las he sabido manejar desde antes de que tú supieras caminar— contestó el presumido piltillo —Solo déjame tratarlo a mí— y dicho esto se lanzó al exterior del pasillo.

Trató de correr a toda velocidad, creyendo que podría esquivar los disparos con toda su agilidad, saltando sobre la pared para impulsarse hacia enfrente. Pero tan pronto como fue visto por el soldado de élite del puño arcano, este le disparó, descubriendo el pobre Ezreal, que aquellos disparos eran más veloces de lo que él habría imaginado, recibiendo al menos tres disparos que traspasaron sus ropas y licuaron su interior.

—¡Maldición!— escuchó Ekko el grito de horror antes de que se silenciara con un cuarto disparo y una celebración del asesino por su victoria.

—Volvamos hacia atrás— susurró Ekko usando su artefacto Hextech, retornando en el tiempo y regresando la vida a Ezreal, y toda su vida.

—Solo déjame tratarlo a mí— dijo con sus mismas palabras de antes, solo para ser detenido por el muchacho moreno.

—Necesitamos una estrategia— le pidió al rubio temiendo que pudieran asesinarlo nuevamente y que su aparato no tuviera suficiente energía para revivirlo. —Trata de usar tu guantelete para sorprenderlo por detrás, así podrás distraerlo en lo que yo lo derroto— tuvo aquella brillante idea, enfatizándola con el movimiento de sus dedos.

—De acuerdo, haré eso, pero no te prometo dejártelo para que seas tú quien lo derrote— y dicho eso, tan impulsivo como siempre, Ezreal se lanzó a la carrera de nuevo, esta vez haciendo uso de su guante antes de que los disparos lo impactaran, reapareciendo con un flash en las espaldas del soldado, dándole tiempo a Ekko para que pudiera avanzar de forma segura.

Y Ekko se lanzó tal y cómo era el plan, golpeando uno de sus aparatos con el bate para lanzárselo al soldado por la espalda, pero para su sorpresa, antes siquiera de poder impactarlo, él ya había asesinado a Ezreal. Le habían disparado una clase de fuego azul plásmido desde el arma Hextech. Reducido ahora a una pila de carne quemada más allá del reconocimiento, fue ahora el Zaunita el que maldijo, pese a que su plan había funcionado, y había logrado impactar al soldado noxiano. Decidió nuevamente su aparato para poder retornar en el tiempo y salvar por segunda vez al Piltillo.

— Solo déjame tratarlo a mí— repitió por tercera vez el rubio, preparándose para correr.

—¡No! Mejor solamente usa tu guantelete para poder derrotarlo desde lejos— Le pidió encarecidamente. Habiendo visto cómo moría, no deseaba que ocurriera una tercera vez, por la que solo trató de razonar las cosas un poco más.

—¿Qué dices? Podría vencerlo de un solo ataque— trató de demostrar su valentía, pero fue regresado a su misma posición de antes por el moreno.

—¡Solo has lo que te digo! No quiero verte morir de nuevo— se volvió serio durante unos instantes, causando una rara impresión en el rostro de Ezreal, tratando de despistar la idea de verse morir a sí mismo.

—De acuerdo, no llores— y colocando su guate de forma ofensiva, disparó una onda de magia amarilla en dirección de donde había escuchado al soldado noxiano, escuchando solamente como era golpeado por este. Al instante, Ekko salió de su posición, viendo el arma Hextech tirada a un lado del cuerpo del hombre tendido en el suelo, siendo atacado por el Zaunita con su garrote, sacándolo de combate al golpear su cabeza contra el suelo.

—Muy bien, lo logramos— celebró el moreno robando el arma Hextech, solamente para causar que Ezreal la tomara de sus manos.

—Creo que yo hice todo el trabajo— le arrebató el arma y la conservó para sí mismo mientras que su compañero solo recordaba lo divertido que había sido verlo morir tantas veces. —Esta clase de armas no fueron construidas por los ingenieros ni magos de Piltover— la vio con cuidado, tratando de no activarla de ninguna forma.

—Algo me dice que no fue hecho tampoco por gente de Zaun— su apariencia era mucho más metálica que las demás armas vistas, con cinturones de piel negra alrededor del cañón para sostenerla mejor, y una bayoneta que parecía un gran machete en la parte de abajo.

Caminaron un poco más, escuchando como se agitaban las cosas en la parte superior de la nave, haciendo temblar el cuerpo entero flotante en el agua, pues Syndra debía de estar atacando todo el barco sin piedad, y aun así seguían disparándole. Eventualmente llegaron a una gran válvula que despedía vapor cada vez que un nuevo disparo iba a ocurrir, siendo sostenida por un sistema móvil que se deslizaba sobre un cilindro brillante de color rojo.

—¿Tienes alguna forma de salir de aquí a tiempo para cuando explote esa cosa?— pregunto Ekko mientras la examinaba, dándose cuenta de que no era tan compleja como lo había pensado en un principio.

—¿Debería de tenerla?— se cuestionó el rubio, viendo el sistema, dándose cuenta de que su conocimiento era mucho menor que el de su acompañante. Lo vio analizando la válvula, como si viera el salir del aire cálido de su interior, tan solo para tomar su bate y golpear de manera repetida el gran cilindro brillante, hasta fracturarlo y provocar una fuga pequeña de un elemento brillante que comenzaba a dispersarse por el aire.

—¡Listo, vámonos de aquí!— gritó el Zaunita corriendo en la dirección de la que habían llegado.

—¿Ese era tu plan técnico?— comenzaron a correr hacia la parte de arriba.

—¡Tu preocúpate de nuestra huida!— le recomendó de forma amable con un grito mientras que lo jaloneaba. Pronto se encontraron con todos los pasillos bloqueados por los enemigos, tratando de desviarse de su mirada, y de encontrar otra salida, hallaron al final la Bahía de carga desde donde descendían vehículos más pequeños, con una gran abertura que les permitió ver la forma en la que los barcos avanzaban sobre el lecho marino bajo.

—Creo que desde que desde aquí puedo mandarnos a la costa de nuevo— comenzó a ver su guantelete, aun le faltaba algo de tiempo para poder cargarlo por completo.

—Misión cumplida, Taliyah me prometió que me daría un buen regalo si es que lo lograba— se rió al imaginar lo que la chica le daría luego de que terminara todo aquello, quizá al fin un beso en los labios, que tanto había negado ella desde su primer encuentro.

Pero Ezreal tenía otros planes en mente. Había visto hacia el exterior, y casi todas las naves habían cesado sus ataques, lo que quería decir que la gran mayoría de sus compañeros ya habían terminado con sus tareas de deshabilitar las torretas, y ahora Jonia se encontraba segura, más no intacta. Entonces divisó la gran nave central, e incluso con la gran distancia de centenares de yardas entre una y otra, podía ver cómo lucía más ornamentas en la torre que conformaba el puente. Ese debía de ser el lugar en donde se encontraba Swain, desde donde estaba comandando el ataque entero. Por unos instantes, la ira empezó a llenar su mente, pensando en que era él quien había llevado tantas desgracias al pueblo de Demacia, e incluso si ya haciendo su parte en la defensa de Jonia lograba pagar parte de la venganza, nada se compararía a tener la sangre del dictador noxiano en sus propias manos.

—Aún falta algo por hacer— le dijo a Ekko tomándolo del hombro. En un solo instante, sin que este pudiera protestar, los transportó los dos con un flash a través del espacio y los llevó hasta aquella misma torre.

—¡¿Qué haces?!— Gritó alterado e Zaunita al verse atrapado en las afueras aquella torre en un solo parpadeo. Vio a su compañero acercándose hasta un gran ventanal desde donde se entraba a una clase de sala de control.

—¡Muy bien, Swain, es hora de que pagues por lo que hicis…!— apenas estaba declarando, antes siquiera de darse cuenta de que Swain no era quien estaba en esa área, sino el líder de la invasión, el general absoluto cuyos títulos eran tantos que podía darse el lujo de inventárselos y nadie le cuestionaría, Kled, montando a su poco fiel Dragarto Skaarl.

—¡Polizontes!— gritó el Yordle en lo que sacaba su arma hacia los controles de la nave. Todos los otros oficiales en el lugar no reaccionaron tan rápido como él. Solo se escuchó a Ezreal lanzándose a un lado y tratando de huir.

—¿En dónde está Swain?— preguntó con un impulso de valentía en su interior, aun no dispuesto a irse del lugar sin enfrentarlo.

—El pobre viejo tenía una muela podrida y tuvo que quedarse en su casa— gritó Kled, sin que nadie supiera si es que hablaba en serio o bromeaba, como lo era el cien por ciento de las veces.

—No tengo tiempo para ratas como tú— pronunció débilmente el rubio. Salió de su escondite y con valentía digna de un héroe, comenzó a disparar sus pequeñas olas de energía a los oficiales que trataban de aprisionarlo. Trató de huir del lugar, ya luego habría tiempo para poder encargarse de él, pero si no era el líder supremo de los noxianos al que mataría, no tenía ningún interés.

—¡Alto allí!— le ordenó Kled. Y comenzó a perseguir al joven sacando su cuchilla en un asta, aprovechando la velocidad de Skaarl para tratar de alcanzarlo. Pero Ezreal era tan veloz que pudo esquivarlo en cada ocasión, hasta que vio del otro lado de la ventana por la que había entrado, cómo Ekko ofrecía su ayuda.

—¡Vámonos de aquí!— tuvo que gritar el moreno para que su compañero de infortunios le hiciera caso. De esta forma, Ezreal se determinó a Huir, saltando por la ventana de manera valerosa. Pero no pudiendo preocuparse únicamente por la caída de quince metros que le esperaba, algo sostuvo su pie y lo hizo detenerse en la mitad del aire, algo filoso que se enterró contra su pantorrilla y que parecía ser de metal, girándose con horror para descubrir una trampa para osos sujetando su pierna.

—¿Qué rayos es esta cosa?— una sensación de terror en el rostro de Ezreal se hizo evidente en cuanto notó cómo el Yordle se lanzaba en su bestia contra él, con intenciones de no solamente asesinarlo, sino de hacerlo de una forma lenta y dolorosa.

—Yo te ayudo— le dijo Ekko entrando rápidamente en la cabina. Pero poco pudo hacer, pues Jinete y montura se separaron de repente, lanzándose el dragarto contra el muchacho de Zaun, atacándolo con sus extrañas garras y tumbándolo al suelo. —¡Dile que me suelte!— empezó a pedir él mientras la bestia escamosa trataba de quitarle su garrote y comérselo.

—Ahora ustedes son mis prisioneros de guerra— para ese entonces su escape estaba frustrado, todos los oficiales habían ido por sus armas y los habían rodeado con lentitud suficiente para dejar que el Yordle se divirtiera un poco.


Pero ese barco no se había quedado solo. Como parte de su deseo de ser el cabecilla de toda la operación, Zed había ordenado que se le enviara a la nave central de las cinco, la nave insignia de la invasión noxiana. Y tan solo tras haber visto a Syndra destruyendo las últimas torretas, le pidió que lo relevara, tomándolo esta vez de ambas manos para elevarlo en el aire tras haber deshabilitado todo el armamento de largo alance.

—Fue bastante fácil— le dijo Syndra. Trataron de volar a velocidad, pero justamente cuando estaban por alejarse del navio, Zed logró ver a Ekko y a Ezreal colgados de los pies con una cuerda atada en la orilla del techo de la torre, siendo acosados por los soldados y percatándose de que se trataba de los amigos de Kayn.

—¡Con un demonio!— escuchó a Zed maldecir ante esa pequeña y rápida visión. —Tendremos que ir a rescatarlos antes de que hagan que los noxianos les arranquen las lenguas— le pidió a Syndra que lo bajara en la misma torre, pero ella pensaba que podría hacerlo más fácilmente.

—No te preocupes, rescataré a esos mocosos en un parpadeo— y dejando a Zed en la torre, cerca de la orilla, aterrizó ella misma en frente de Kled, quien se jactaba de los aparatos robados a los chicos, como el guantelete y el bate.

—¡Pero si es la bruja de Jonia!— gritó el autonombrado almirante Kled. Saltó de nuevo a su Dragarto y se preparó con sus armas en la espalda, dejando que sus oficiales se pusieran en posiciones defensivas.

—¿No sabes hablar sin gritar?— contestó Syndra tapando sus oídos —Escucha, solo vengo por ese par de mocosos, regrésamelos vivos, y le daré la oportunidad a toda tu flota de dar una vuelta de ciento ochenta grados, y regresar derrotados a Noxus, para que sean ejecutados por su fracaso— ofreció la rendición de manera fácil.

—¿Por qué nos retiraríamos? Puede que hayas destruido nuestras armas, pero tenemos todavía tenemos diecisiete mil soldados esperando en las galeras que nos acompañan, así que tus amenazas no nos intimidan— escupió al suelo para enfatizar su rechazo a la oferta.

—Bien, entonces creo que tendré que agregar todas sus divisiones a mi cuenta de muertos— se elevó de nuevo para el temor de todos los oficiales, que retrocedieron aterrados. Pero no Kled, el Yordle demente seguía parado en su lugar, sobre su torpe bestia escamada que se distraía viendo el movimiento de las nubes.

—¡No tan rápido!— gritó Kled lanzando una nueva de sus trampas. Pero esta era de un color distinto, no era metálica sino de una tonalidad blanca pálida, y en lugar de una simple trampa para osos, era una clase de grillete tomado de una cadena del mismo color. Tal fue la simpleza con la que se veía aquel ataque, que Syndra dejó que aquella trampa atrapara su muñeca como si nada, creyendo que sería fácil romperla con un solo ataque, pero grande fue su error, pues sus habilidades menguaron rápidamente en cuanto aquel material tocó su cuerpo.

—¿Qué es esta cosa?— quedó asombrada por la repentina debilidad que había sentido, algo que jamás había experimentado con su inconmensurable nivel de poder.

—¡No, suéltalo!— le pidió Zed, pues conocía exactamente lo que aquello era Petricita. Pero ya era demasiado tarde, su levitación falló y lo hizo caer de nuevo al suelo, en lo que otra de esas trampas era arrojada por Kled, esta de mayor tamaño y que le sujetó el cuello con violencia.

—¡Jaja! Ser subestimado, mi mayor arma secreta— se burló el Yordle como si estuviera reclamando su victoria, detectando algo moviéndose detrás de él, y apenas pudiendo esquivar Zed, quien había lanzado una de sus navajas en contra de él, y aprisionándolo en otra trampa de Petricita que lo alcanzó de la pierna, borrando su forma de las sombras al instante y haciéndolo caer al suelo.

Parecía ser que la batalla había terminado, seguía teniendo su fuerza, pero sin la magia había poco que pudiera hacer sin sus habilidades sombrías en contra de todos los soldados que ahora le rodeaban, sin mencionar a Kled, quien bailaba sobre su montura jactándose de la victoria.

—Zed… vete de aquí— pidió Syndra. Viendo que los demás soldados se acercaban a detenerlos a los dos, usó su último poco de magia para crear una esfera de energía que destruyó la cadena que sujetaba al Maestro de las sombras, empujando a sus captores a los lados.

Viéndose libre, el Maestro Sombrío trató de lanzarse a ayudar a la poderosa hechicera, pero se detuvo al ser controlado de forma involuntaria, siendo reducido al mismo vórtice de energía que lo había llevado, siendo lanzado fuera de la nave por acción de Syndra, viajando a toda velocidad por sobre el poco mar que separaba a la invasión de los noxianos, viendo como todo se alejaba de él sin poder hacer nada más que quedar sometido al poder de Syndra.

Eventualmente cayó en el campamento entre todos los demás acólitos que se habían quedado, viendo a Irelia a la lejanía y a Taliyah corriendo hacia él.

—Los ataques se detuvieron, lo lograron— agradeció Irelia con entusiasmo. —En donde están los demás— preguntó esperando a que los demás llegaran, aun viendo cómo los navíos se seguían acercando.

—Fueron capturados, entre ellos Syndra tratando de rescatarlos a todos— explicó Zed colocándose de pie.

—¡Tenemos que rescatarlos!— propuso Taliyah. Pero Zed simplemente se puso de pie, viendo que aún había otras cosas más que hacer.

—No es necesario, logramos la misión de detener sus armas más fuertes, pero aún tenemos una invasión que combatir— se levantó como si nada, recorriendo el campamento hasta donde estaba Kayn, deseando protegerlo lo más pronto posible.

—¿No te preocupas por Syndra?— preguntó Irelia, sin impresionarse por la forma en la que Zed dejaba todo el asunto de lado.

—Ella puede cuidarse sola…— dijo rápidamente. Pero debajo de ese yelmo, no dejaba de lamentarse con dolor por su fracaso, dejando salir un par de lágrimas que quedaron sepultadas dentro de ese féretro de metal que siempre había cubierto su rostro.

Fin del capítulo 24

Notas finales: Muy bien, aquí está el capítulo :D espero que les haya gustado. Espero que no los sientan como relleno, trato de desarrollar la invasión de Jonia para que tenga algo de sentido, pero es algo complicado con tantas limitaciones que existen al momento de tratar de expandir este universo de LoL, que como ya he dicho, no está del todo bien explicado.

Si, tuve que eliminar a Syndra, era demasiado fuerte para siquiera colocarla en la historia. En el Lore tuvieron que hacer que tuviera la mentalidad de una niña de 7 años para evitar que fuera demasiada ayuda en contra de los Noxianos, de otra forma, sería una victoria demasiado simple para los Jonianos y no tendría sentido declarar el valor de personajes como Irelia o incluso del mismo Zed. Pero eso es lo que pasa cuando reas a un personaje con tanto poder sin considerar un lore desde antes.

Por lo demás, me agradó escribir a Ekko y a Ezreal forzados a trabajar juntos, debería de haber más interacciones entre ellos. Y si, Ezreal la cagó en este caso xD

En fin, estoy ya haciendo la portada para la siguiente historia. Será original, necesito hacer algo de mi propia autoría por una vez, pero seguiré con los fanfics de vez en cuando. Espero que cuando publique mi siguiente historia ustedes sean los primeros en leerla.

En fin, no tengo mucho más que decir, gracias por leer, comenten y ya saben: aprecien sus vidas por lo que valen y vivan por cada respiro.

_.—Bye—._