28. Hermanos
Lori despertó, sobresaltada y desorientada. El sueño fue tan realista y tan vívido, que impactó todos sus sentidos y la hizo recordar. La imagen de la flor roja comenzó a danzar en su mente.
Pronto se quedó dormida otra vez, pero la imagen del sueño ya no la abandonó. La mañana siguiente, cuando desayunaban, le contó su sueño a Lincoln; y él se quedó tan intrigado como ella.
- ¿Una flor roja brillante? -comentó el muchachito-. Bueno, yo solo he visto las flores en fotografías y dibujos. No recuerdo haber visto una flor muy brillante... Iridiscente, como dices tú. Y qué lástima que ya no haya flores de ningún color.
Lori se encogió de hombros.
- Quizá es una tontería, amor. Pero no puedo quitar esa imagen de mi cabeza. Es como sí... Como si pretendiera que recordara algo muy importante. No lo sé.
Lincoln reflexionó un momento, pero luego terminó de comer y comenzó a recoger sus pertrechos.
- Quizá lo recuerdes después, corazón -dijo sonriendo-. Mientras tanto, tenemos que seguir buscando.
- Claro. Tienes razón, mi vida -dijo la muchacha con una media sonrisa -. Hay mucho que explorar el día de hoy.
Tras dos semanas de búsqueda infructuosa, los dos se sentían muy desanimados. Recorrieron dos veces el camino hacia la base de la montaña. Habían explorado con todo cuidado, y no encontraban nada parecido a la entrada de un búnker. Ahora que Lori estaba sana, podían racionar bastante sus alimentos, pero aun así no les alcanzaría más que para una semana. O diez días, a lo sumo.
Mientras comían, intentaban evitar el tema. No querían imaginarse siquiera penando sin refugio entre las pilas de inmundicias que había kilómetros más abajo, con Lori y su bebé expuestos a toda clase de enfermedades. Pero ya no podían evitarlo. Además de la escasez, descubrieron que el área no estaba tan limpia como ellos creían. Encontraron al menos tres grupos de cadáveres en diferentes lugares de la montaña. Ninguno tenía huellas de violencia. Seguramente habían buscado y buscando, hasta agotar completamente sus recursos y su vida.
Tras la comida, permanecieron unos minutos sentados y pensando. Lori tomó entre sus dedos la placa de identificación de su abuelo. La miró, y se entretuvo dándole golpecitos contra su barbilla, mientras pensaba.
Lincoln, frente a ella, estaba concentrado en sus propios pensamientos. Ya había hecho todo lo que sabía para detectar pasadizos y trampillas ocultos, pero hasta ahora no servía de nada. Era necesaria una estrategia diferente. Algo que no hubieran pensado antes. ¿Pero qué?
Miró a Lori jugar con la placa. De pronto, se la pidió para examinarla, y la muchacha se la entregó sin pensar.
La examinó atentamente. Tenía pocos detalles: el nombre, el tipo de sangre, el batallón y la adscripción al Cuerpo de Marines. Además de su número de serie y las barras en relieve que ya había notado muchos meses atrás.
- No entiendo para qué sirven estas barras -dijo, tocándolas con la yema de los dedos.
Lori se encogió de hombros.
- Tal vez sea una clave para un aparato lector. Algo parecido al código de barras de un supermercado.
- ¿Código de barras? ¿Lector? -dijo Lincoln, extrañado.
Lori suspiró y recuperó su placa.
- Te lo explicaré después, cariño. Vamos a buscar. Faltan pocas horas para el anochecer.
Lincoln asintió, y se apresuraron a guardar todos sus pertrechos.
- ¿Qué es eso, mamá? -dijo la pequeña Lori, mirando fascinada cuando su madre pasaba los artículos del supermercado por un extraña pantalla de televisión equipada con una luz roja.
- Es un lector de precios, corazón -dijo Rita Loud, mostrando a su primogénita el código de barras de una lata de vegetales-. Paso el código de barras del artículo que quiero comprar, y el lector me dice cuánto cuesta, ¿ves?
Rita pasó lentamente otro artículo para que Lori pudiera ver el procedimiento. Los haces de luz roja del lector se reflejaban en la superficie bruñida de la caja de pasta.
- ¡Flor! ¡Flor! -gritó deleitada la pequeña Leni, que seguía atentamente lo que su hermana y su madre estaban haciendo.
Lori miró la caja y emitió un gritito de satisfacción. Era cierto. Los haces de luz del lector formaban un patrón muy parecido a una flor roja iridiscente, con muchísimos pétalos pequeños.
- ¡Es cierto, Leni! ¡Parece una flor!
- ¡Flor, flor! -repitió Leni, estirando sus bracitos para intentar apoderarse del empaque y la misteriosa luz que reflejaba-. ¡Flor! ¡Flor!
Lori despertó inmediatamente, en medio de la oscuridad casi total de la noche. El sueño fue tan vívido e impresionante que apenas podía controlar su entusiasmo.
A tientas, encontró su pequeña lámpara y la placa de identificación del abuelo.
La estudió atentamente bajo la luz de la lámpara, y su corazón se llenó de regocijo. Allí estaba. Idéntico a un código de barras. ¡No podía ser una coincidencia!
- ¡Lincoln, Lincoln! -gritó la joven-. ¡Despierta, corazón! ¡Despierta ahora mismo!
El chico saltó de su lecho. Miró el rostro anhelante de la muchacha, y tomó inmediatamente su arma.
- ¿Qué pasó, mi vida? ¿Escuchaste algo?
- Recoge todo, mi amor. ¡Tenemos que buscar ahora mismo! ¡Será mucho más fácil en la oscuridad de la noche!
Lincoln no entendía; pero empezó a hacerlo de todas formas.
Transcurrieron varios días. Las provisiones estaban cerca de agotarse, pero Lincoln y Lori seguían buscando sin descansar.
Se convirtieron en criaturas nocturnas. Lori le explicó a Lincoln que tenían que buscar una luz. Un destello de cualquier color que les permitiera deducir la existencia de un lector de códigos de barras. Y ello, por supuesto, era mucho más fácil de noche.
- Para eso son las barras en relieve que tiene la placa -dijo entusiasmada-. Mi abuelo era un militar de élite. Estoy segura de que por eso tenía la confianza de encontrar refugio aquí. El dio clases en una academia que estaba por estos lugares, y seguro que la Armada estaría encantada de tenerlo con ellos.
- Pero parece que las bases están abandonadas.
- No lo sabemos. Por ahora, me queda claro que por lo menos, no les importamos. Pero si les mostramos la placa de mi abuelo...
- ...Quizá nos dejen entrar -completó Lincoln con una sonrisa.
- Quizá, no. ¡Nos dejarán entrar! -exclamó la muchacha.
Aferrados a esa última esperanza, buscaban todas las noches sin descansar. Dormían durante el día y se despertaban a media tarde para reconocer el terreno y planear el itinerario. La falta casi total de luz hacía muy difícil ver el terreno de noche, así que era necesario que reconocieran los sitios en los que necesitaban buscar cuando todavía tenían un poco de luz. Querían depender lo menos posible de sus lámparas. Era necesario evitar atraer la atención de personas indeseables.
Lori pensaba que la luz no podía ser tan fácil de encontrar. Tenía que estar resguardada en algún sitio cubierto. En la oscuridad casi total, una luz muy tenue podía ser vista por el ojo humano a muchos kilómetros de distancia. Seguro que al ejército no le interesaría que nadie viera la luz de un lector óptico... A menos que ese alguien tuviera la habilidad, y el conocimiento exacto de lo que estaba buscando.
Los días avanzaron y las provisiones se redujeron, pero Lincoln y Lori no se desanimaban. Ya no desfallecieron en su búsqueda. Por algún motivo, presintieron que lograrían el éxito en algún momento. Habían escapado a demasiadas penurias, pasado por demasiados sufrimientos para llegar hasta allí. Tenían que tener suerte. Se lo merecían. No era posible que se fueran con las manos vacías.
Por fin, en medio de la noche, los cansados ojos de Lincoln distinguieron un resplandor verdoso. Era algo muy tenue, oculto en una oquedad de lo que fueron los restos de una antigua arboleda. Estaba tan bien oculto que era imposible encontrarlo sin una búsqueda deliberada.
- ¡Lori! ¡Mira! -gritó entusiasmado.
A la muchacha le costó bastante trabajo verlo. Tuvo que acercarse mucho, pero a final distinguió los tenues haces de luz verde que formaban una flor como la que había visto en sus sueños.
Se abrazaron sin hablar. Era imposible describir las emociones que sentían. Era una mezcla de miedo, aprensión, gratitud, alegría... Eran tantas cosas a la vez, que sus piernas se negaron a sostenerlos; y cayeron abrazados sobre la tierra.
Tenían miedo, pero jamás dudaron. Se tomaron de las manos, y Lori pasó la placa de identificación ante el lector óptico.
Se escuchó un leve pitido. Algo inconfundible, aunque mucho más suave que el agudo sonido del lector óptico de un supermercado. Enseguida sintieron que la tierra temblaba. Se escuchó un fuerte rechinido; y una gruesa puerta de acero se abrió en la roca viva de la montaña.
Ambos estaban nerviosos cuando transpusieron el umbral. El hueco de la puerta se iluminó, y al fondo de una pequeña estancia se encendió la pantalla de una computadora. Enseguida se mostró la imagen del hombre que había sido el último presidente de los Estados Unidos. Un sintetizador con su voz grabada los saludaba.
- Albert Loud, número de serie 555x-3456-8192-3344. Capitán de Navío del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Bienvenido sea al búnker clave 4HY56R, el cual forma parte del proyecto "Arca de Noé", del Gobierno de los Estados Unidos. Por su rango de militar de élite, su devoción al cumplimiento del deber, y los más de 40 años de valiosos servicios que prestó usted a su país, tengo la gran satisfacción de comunicarle que usted y sus descendientes directos han sido preseleccionados para ser salvaguardados como parte de este proyecto. Dichos descendientes incluyen a Rita y Lynn Loud, y a las cinco hijas registradas del matrimonio: Lori, Leni, Luna, Luan y Lynn Loud. Un sexto integrante conocido, pero no registrado, puede ser considerado; en caso de haber sobrevivido a la catástrofe.
Al escuchar esto, Lori sintió un poco de temor. ¿Y si el sistema no permitía que Lincoln se quedará en el búnker?
Volteó para mirarlo. El muchachito aparentaba tranquilidad, pero lo sentía temblar. La joven percibió su miedo e inseguridad; así que lo abrazó, lo besó, y le dijo al oído.
- No te preocupes, amor. Yo le diré al sistema que eres mi esposo y el padre de mi hijo. Y si eso no resulta, me iré contigo; y que pase lo que tenga que pasar. ¿Sí, corazón?
Lincoln asintió. Se sentía incapaz de hablar. La voz del expresidente sonó de nuevo en la pequeña habitación.
- Haga el favor de acercarse y mirar al centro de la pantalla. Un lector de rostros láser le hará un examen facial inofensivo e indoloro. Le suplico no moverse hasta que haya concluido.
Lori se acercó, y siguió las indicaciones al pie de la letra. El proceso tomó apenas unos pocos segundos, y la pantalla comenzó a desplegar una gran cantidad de imágenes y datos.
Homología de los rasgos: 46%
Completando proceso de envejecimiento digital de las últimas fotografías suministradas...
Homología de los rasgos con la primera descendiente ponderada por los 12 años transcurridos: 98%.
Identidad: Lori Loud.
Iniciando proceso de confirmación de identidad...
- Señorita Lori Loud, frente a usted aparecerá un recipiente con un hisopo de algodón. Le pido que lo frote tres veces contra la parte interna de su mejilla, y lo devuelva al recipiente analizador.
Lori hizo lo que le pedían, y la máquina le pidió esperar un poco más; sin moverse de allí.
El proceso tardó poco menos de dos minutos, pero a ellos les pareció una eternidad. No se atrevieron a hablar o moverse mientras la máquina terminaba su examen. Finalmente, en la pantalla apareció un cuadro verde con una fotografía digital prácticamente idéntica a Lori.
Identidad confirmada al 100%: Lori Loud.
Parentesco directo: primera nieta.
- Señorita Lori Loud, sea usted bienvenida como residente permanente en nuestro refugio. Nuestros sistemas de detección identifican a una segunda persona que la acompaña. Contamos con un sofisticado sistema analítico que nos permitirá determinar si podemos recibir a su acompañante en nuestro programa de supervivencia. Le pedimos a esa persona que se acerque a la pantalla, para la rutina de reconocimiento facial.
Antes de dejarlo ir, Lori lo besó profundamente en la boca. Pasara lo que pasara, jamás la apartarían de él. Nunca abandonaría a su amado, y padre de su hijo.
Lincoln se acercó, hecho un manojo de nervios. Tenía miedo de que el sistema no lo aceptara. Pero le preocupaba mucho más que Lori pudiera cumplir su amenaza. Si pasaba lo peor, tendría que idear alguna manera para que ella aceptara quedarse en el búnker. Su esposa y su hijo podrían sobrevivir, pasará lo que pasará con él.
El lector de rostros le hizo un análisis mucho más prolongado. El temor y la ansiedad hacían casi imposible que permaneciera quieto y tranquilo. Pero al cabo, la máquina le pidió esperar; y unos segundos después estaba presentando los resultados en el monitor.
Homología de los rasgos con el Capitán Albert Loud: 63%
Homología de rasgos con Lori Loud: 42%
Homología de rasgos con las imágenes de los seis integrantes de la familia Loud ponderadas digitalmente: entre 35 y 52%
Probabilidad de que el sujeto sea el sexto hijo no registrado de Rita y Lynn Loud Sr, y nieto del Capitán Albert Loud: entre 60 y 80%
Iniciando rutina de confirmación...
Lori y Lincoln leyeron los resultados en la pantalla del computador, y estuvieron a punto de desmayarse. Lori se mordió los labios; miró fijamente a Lincoln, y sus ojos se le llenaron de lágrimas.
Ella no necesitaba confirmación. Simplemente, lo supo. Y estaba completamente segura. Su abuelo le había dicho en sus sueños que escuchara la voz de la sangre; y ahora no podía entender cómo es que estuvo sorda durante tanto tiempo.
¡Todo tenía sentido! ¡Había estado justo bajo sus narices, y nunca se detuvo a pensar!
¿Por qué su rostro la había impactado tanto desde el principio? ¿Por qué le recordaba tanto a sus hermanitas? ¿Por qué aquella afinidad, aquella simpatía y la confianza casi inmediata entre los dos?
Además, ¡sus habilidades para la lucha y el combate, tan extraordinarias como las de Pop-Pop! Ese optimismo a toda prueba. ¡Esa manera de besar, acariciar y hacer el amor... tan parecida a la de Luan y la de su amado abuelo!
Pero sobre todo, ese hermoso cabello blanco y suave, que Pop-Pop también tenía desde que era niño. Era algo tan raro y poco familiar... Cualquiera pudo haberse dado cuenta. ¡Cualquiera que no estuviera ciego por la tristeza, y la certeza de que aquel hermanito tan deseado estaba muerto y perdido para siempre!
Y por si eso fuera poco, el nombre: Lincoln. No le llamó la atención, porque fue el último entre una lista de posibilidades muy larga: Lemy, Liam, Logan, Lando, Luis... Brandon, incluso. Durante un buen tiempo, pareció que Lemy se impondría; pero a su padre y a su abuelo no acababa de gustarles. Decían que sonaba un poco afeminado. "Lincoln", fue una sugerencia de última hora de su padre, y a Lori le encantó la idea de que su hermanito se llamara así.
Era el nombre más hermoso del mundo.
Lincoln estaba tan impactado como ella. No sabía cómo podía tomar la noticia. Le costaba tanto trabajo creer... Y tampoco sabía cómo reaccionar.
Ni siquiera se había repuesto de la impresión, cuando comenzó a sentir un poco de miedo. No están seguro de cómo iba a tomar la noticia Lori. No sabía lo que eso representaría para ellos, para su relación... Pero Lori se le adelantó. Lo miraba con aquellos preciosos ojos verdes tan abiertos. Lloraba, pero sonreía mientras se mordía los labios. Desde donde estaba, podía darse cuenta de que su amada temblaba de emoción.
- ¿Eres mi hermanito, corazón? Tú... ¿Estás vivo? ¿Lo lograste?
Lincoln intentó responder, pero ya no pudo. Estaba completamente bloqueado. Lo siguiente que supo es que estaba entre los brazos de Lori, y ella le llenaba la cara de besos.
Todo se volvió un puro sentimiento. No había nada de que hablar. No era necesario decir nada. No sabían cómo había ocurrido, y por el momento no les importaba. Estaban ante un verdadero milagro, y los dos lo sabían. Un milagro en aquel mundo lleno de muerte y de desgracias.
Las luces fluctuaron, y el llamado de la computadora fue mucho más intenso y perentorio. Ambos comprendieron que habían perdido la noción del tiempo. Quizá la computadora ya los había llamado ya tres o cuatro veces para concluir el protocolo de confirmación.
- Espérame aquí, mi amor -dijo Lincoln, acariciando el precioso rostro de la muchacha. Pero Lori negó con la cabeza. Le tomó la mano y lo acompañó: simplemente, no lo quería soltar. Su lado infantil había soñado con eso durante doce años. No podía saciarse de esa felicidad, y no estaba dispuesta a volver a separarse de Lincoln jamás.
La computadora repitió sus instrucciones. Lincoln ya iba a tomar el hisopo, pero Lori se le adelantó. La sorpresa de Lincoln duró solo un momento. Su hermosa mujer sonreía, blandiendo el hisopo. Le preguntó suavemente.
- ¿Me permites, corazón?
Lincoln entendió enseguida y abrió la boca. Lori le talló suavemente el interior de la mejilla; le dio un beso en los labios y luego colocó el hisopo en la bandeja de análisis.
La computadora pidió a Lincoln que esperara el resultado, pero ni él ni Lori se quedaron quietos. Se besaron intensamente, separándose solo para mirarse, abrazarse, reír, acariciarse, y comenzar otra vez. Estaban demasiado excitados y felices. En ningún momento sintieron o llegaron a sentir alguna culpa o incomodidad. Eran como un Adán y una Eva primordiales que habían aprendido a amarse en el infierno; sin la menor noción de lo que era la culpa o el pecado.
La computadora solo confirmó lo que ya sabían. El análisis de DNA era inequívoco y contundente:
Correspondencia de DNA entre el sujeto de prueba y el Capitán Albert Loud: 25%
Correspondencia de DNA entre el sujeto y todos los descendientes del matrimonio Loud: 50%
Correspondencia del DNA entre Lori Loud y el sujeto de prueba: 50%
Intervalo de confianza respecto a la posibilidad de que Lori Loud y el sujeto de prueba sean hermanos de sangre: 97 a 100%
Intervalo de confianza respecto a la posibilidad de que el sujeto de prueba sea el descendiente no registrado del matrimonio Loud: 97 a 100%
Los datos estuvieron visibles en la pantalla durante unos segundos, y el sintetizador de voz preguntó.
- ¿Cuál es su nombre, señor Loud?
Sin soltar la mano de Lori, el muchachito contestó con orgullo:
- Lincoln. Lincoln Loud.
Lincoln y Lori seguían sin soltarse de la mano. Estaban a punto de atravesar las tres gruesas puertas de acero que separaban el interior del búnker del mundo exterior. Las imágenes grabadas del expresidente les explicaron que como descendientes directos del Capitán Albert Loud, tenían derecho a utilizar todas las instalaciones del búnker; pero que se esperaba que las cuidarán, las conservarán y las compartieran con otros de los muchos funcionarios y militares de alto rango que estaban preseleccionados, y tenían el mismo derecho que ellos.
Tuvieron que dar su conformidad, estampando su huella digital en un contrato virtual que apareció en la pantalla de la computadora. Lo hicieron de buena gana; pero en el fondo, dudaban que alguien más se presentará en el futuro. Hacía ya más de doce años que nadie llegaba, y el mundo era más frío y hostil que nunca antes.
Justo antes que la primera puerta se abriera, Lori sintió un movimiento en su vientre. La sensación fue tan clara y repentina que la hizo gritar.
- ¡Ay!
- ¿Qué pasa, mi amor? -dijo Lincoln, alarmado, al ver que Lori se llevaba una mano al vientre.
- ¡Nuestro bebé se está moviendo, corazón! -dijo la joven, entusiasmada- ¡Siéntelo!
Lincoln llevó su mano a ese vientre fecundo, y también pudo sentir el movimiento del bebé. Parecía increíble que un solo pequeño pudiera hacer tantos movimientos; empezando apenas el quinto mes de la gestación.
- Es increíble, mi amor. ¡Nuestro bebé!
Lincoln se agachó para besar el vientre de la muchacha por encima de su abrigo, pero ella notó algo extraño en su mirada.
- ¿Qué pasa, corazón? -inquirió Lori- Algo te está molestando. Dime qué es, mi vida.
Lincoln le dirigió una media sonrisa y negó con la cabeza.
Lori fingió enojarse, y lo miró entornando los ojos
- Amor. Dijimos que no iba a haber secretos entre nosotros, ¿Recuerdas? Y menos con lo que sabemos ahora. Quiero saberlo todo de ti, corazón. ¡Todo! Quiero que me cuentes toda tu vida; con todo detalle, y te juro que yo haré exactamente lo mismo.
- ¿De verdad? -dijo Lincoln, sintiéndose entusiasmado-. ¿Me contarás todo sobre nuestras hermanas?
- ¡Claro que sí, mi amor! Ya sabes casi todo lo más feo. Ahora te falta conocer todas las cosas hermosas.
- Bueno... Es que... ¿Sabes? Estoy un poco preocupado -confesó el muchacho.
- Lo sé, y lo entiendo, mi amor. Pero tengo el presentimiento de que ya pasó lo peor. Vamos a tener a nuestro bebé, y después nos preocupamos por el futuro, ¿sí? Creo que nos lo merecemos después de todo lo que hemos vivido.
- ¡No, no es eso mi vida! -respondió el jovencito peliblanco-. Yo también sé que saldremos adelante. Es otra cosa, ¿Sabes? Es que... Pensé que, ahora que sabemos que somos hermanos, a lo mejor tú... Ya sabes... Dejarías de quererme.
A Lincoln le costó trabajo pronunciar las últimas palabras. Pero la reacción de Lori no fue la que él esperaba. La muchacha abrió mucho los ojos, se llevó las manos a las caderas y lo miró como si estuviera enojada.
- ¡Tonto! ¡Burro! -exclamó, a la vez que le pellizcaba las mejillas-. ¡No podría dejar de amarte ni en un millón de años! Eres mi esposo, corazón. ¡El papá de mi hijo! Me entregué a ti encantada de la vida, y lo hice mucho antes de saber de nuestro parentesco. ¿De verdad crees que eso va a cambiar, ahora que sabemos que somos hermanos? ¿Ya se te olvidó lo que te conté sobre nuestra hermana Luan, y sobre nuestro abuelo?
Emocionado, Lincoln abrazó a Lori con todas sus fuerzas. Iba a decir algo, pero en ese momento se abrió la primera de las tres puertas del refugio.
Se tomaron de la mano y entraron. Las puertas estaban hechas de acero y tenían cerca de un metro de grosor. Estaban diseñadas de tal manera que desde adentro era posible abrirlas manualmente; pero por fuera eran totalmente impenetrables. Solo el impacto directo de una bomba termonuclear podría destruirlas. El sistema estaba hecho de tal manera que se abrían con retraso, y nunca permanecían abiertas al mismo tiempo.
Las tomó más de un minuto atravesar las tres puertas. Cuando lo lograron, las luces principales del búnker se encendieron. Ambos contemplaron anonadados la fascinante obra de ingeniería que se extendía ante sus ojos.
El lugar estaba excavado en la roca viva de la montaña y abarcaba decenas de metros. Aún desde donde estaban, se dieron cuenta de que aquel lugar estaba diseñado para ser autosuficiente, y mantener a varias decenas de personas durante décadas.
Lincoln y Lori se abrazaron. Volvieron a caer sobre sus rodillas, y comenzaron a llorar.
Lo habían logrado. Estaban a salvo, y ambos lo sabían.
Amigos míos, solo un capítulo más: un epílogo, y está historia habrá terminado. Lincoln y Lori han llegado a un lugar seguro. Mucho más seguro de lo que alguna vez se atrevieron a soñar.
Queda poco que contar. Pero estoy seguro de que a más de uno le gustará saber qué pasará con el mundo, y con el hijo de Lori y Lincoln ;-)
Paso a responder las reviews del capítulo anterior.
Sergex. Así es… Si se puede decir que algo es "normal", en estas circunstancias.
Sobre la otra historia, comento por allá. Saludos :-)
Guest. Thanks a lot friend. I hope you enjoyed this chapter, too!
viruz pirata. Sí. El escenario pinta para una auténtica locura. Esas instalaciones eran resguardadas por militares, como los son en la vida real. Los bunkers del Monte Spruce no son ningún secreto, al menos desde la década de los 90's del siglo pasado. Imagina si la gente no iba a pelear para refugiarse allí.
Hoy en realidad ya todo terminó, como habrás visto. Espero que también tengas el gusto de leer y comentar en el epílogo, amigo. ¡Saludos!
eltioRob95. Bueno, si Lori no hubiera sido fuerte, no se justificaba el título, ¿no crees? A pesar de todo, necesitó de toda la ayuda de Lincoln y la voluntad de vivir que le prestaron sus bebés. Esos dos están hechos de una fibra mucho más dura de lo que parecía a primera vista.
Quizá mañana mismo publique el epílogo, que ya lo tengo listo. ¡Saludos, amigo; y gracias por todo tu apoyo! :-)
t10507. Gracias, espero que te haya gustado también el de hoy. Fueron demasiadas penurias, pero al final han encontrado el refugio más seguro posible en un mundo derruido.
Ojalá e guste el epílogo que publicaré muy pronto. ¡Saludos!
