28. Reencuentros casuales

Un hada cuyo brillo amarillento destacaba entre la maleza, volaba lo más rápido que podía a través de la frondosidad de la jungla buscando un lugar donde cobijarse, pues la lluvia la había pillado desprevenida.

-¡Maldita sea la temporada de lluvias! ¡Así nunca llegaré a la aldea! ¡Aaagg! ¡Sólo espero que las predicciones del abuelo se cumplan y que en los próximos días haya un radiante sol en el cielo! –se quejaba mientras la lluvia caía con fuerza sobre su pequeño cuerpecillo, hasta que avistó algo que podría servirle de refugio- ¡Hey, allí está la cabaña del ermitaño Ulrira! ¡Ya no me acordaba de que estaba por esta zona!

La pequeña hada entró a la destartalada choza, agitándose para sacudirse el agua que se había adherido a sus alas.

-Ay…se ve tan lúgubre desde que ese hombre murió hace más de un año…-murmuró observando el lugar, percatándose de algo extraño- ¡Hey! ¡¿Qué es eso?! ¿Un muchacho? ¿Pero que hace aquí?

El hada se acercó a las mantas que cubrían en parte al joven inconsciente, apartándolas para verlo mejor. Al hacerlo, pareció llevarse una enorme sorpresa.

-¡Aaahh! ¡No puede ser! ¡Es Link! ¡Y qué mayor se ha puesto! ¡Si que ha pasado mucho tiempo! –en ese momento, se puso a pensar en lo que había dicho- ¡Claro que ha pasado el tiempo! ¡Eso fue hace varios siglos! ¡Es imposible que pueda seguir vivo actualmente! Además, él también tendría que haber llegado a esta dimensión…

De pronto, lo oyó quejarse dolorido mientras dormía, acercándose a su frente para comprobar su estado.

-¡Está ardiendo! ¡Y el resto de su cuerpo no parece estar nada bien! ¡Tengo que encontrar la forma de ayudarlo! –exclamó mientras salía volando rápidamente de la cabaña, debía darse prisa.

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En sueños, Link comenzó a escuchar unas extrañas voces que provenían del exterior, a la vez que se sentía extraño. Poco a poco, fue abriendo los ojos, notando entonces caer sobre él un extraño polvillo rosáceo y más tarde, percibió unas diminutas formas aladas que revoloteaban en círculo alrededor de él y otra de diferente color a las demás dirigiéndolas.

-¿Qué está pasando…? –fue lo único que alcanzó a pronunciar, todavía no había recuperado la consciencia del todo.

La hada de resplandor amarillo sintió creyó haberlo oído, volteándose para comprobar que estaba despierto.

-¡Hey, miren! ¡Ya se ha despertado! ¡Habéis hecho un buen trabajo hasta ahora, pero os pido que continuéis hasta lo máximo que podáis! –les pidió al resto de hadas.

-¿Eh? ¿Qué? –se estaba despejando- ¿Quién eres tú? ¿Y qué hacen aquí todas estas hadas curanderas?

-¡¿Es obvio, no?! ¡Nuestra amiga Ciela nos llamó para que te sanáramos! –le contó una de las hadas rosas.

-¿Ciela? ¿Así te llamas tú? –le preguntó al hada en cuestión- ¿Tú las has traído? ¿Y por qué si puede…?

-¡Sí, sí! ¡Ahora quédate quieto! ¡Tienen que terminar lo que estaban haciendo! ¡Vamos, hadas! ¡Un último esfuerzo! –se acercó a Link y se colocó sobre su cabeza, con la intención de que se estuviera ahí quieto.

Las hadas curanderas comenzaron nuevamente a revolotear sobre él, en un especie de danza donde liberaban un polvo mágico que aliviaba sus dolores y curaba sus heridas. A pesar de sus esfuerzos, no consiguieron curarlo por completo, pero al menos se sentía con fuerzas renovadas y no sentía apenas dolor.

Una vez acabaron, ellas se despidieron y se marcharon de la choza, ahora que la climatología les era propicia.

-¡Bien! ¿Y cómo te sientes ahora? –le preguntó nada más marcharse sus amigas.

-Pues…-sorprendido, trató de levantarse y lo consiguió sin demasiada dificultad- ¡Es increíble! ¡Ya no me encuentro mal! ¡Apenas sigo conservando secuelas de lo ocurrido!

-Je, je… ¡Ese es el poder de las hadas curanderas! Una no hubiera podido hacer gran cosa por ti, pero un grupo de ellas ha conseguido que te repusieras con bastante éxito. ¡Qué suerte tengo al conocer a todas las hadas de esta isla!

-Muchas gracias, pequeña hada…-le agradeció con una ligera reverencia agachando la cabeza- ¿Te llamabas Ciela, no? Yo me llamo Link y estoy encantado de…

-¡¿Link?! ¡¿Me estás tomando el pelo?! ¡Tú no puedes ser él! ¡Deberías estar muerto! ¡Un hylian no puede vivir tantos años! ¡Y poco probable que tú también hayas llegado a esta dimensión! –se volvió loca, algo que no entendió él- ¡¿Y Linebeck?! ¡¿Y Tetra?! ¡¿Ellos también han pasado?!

-¿Pero de qué me estás hablando? ¿Acaso nos conocemos de algo? ¿Quién es Tetra? ¿Y tú de qué conocías al capitán Linebeck? –le preguntó confuso, no entendía nada de lo que ella le decía.

-Uhm…qué extraño, no se acuerda de nada.-meditó el hada, mientras volaba a lo suyo- Quizás sea otro, pero sus ropas son idénticas, aunque algo más grandes. A lo mejor es verdad lo que me dijo el abuelo sobre las reencarnaciones del héroe legendario, pero entonces no tendría sentido que…-en ese momento, cayó en un detalle- ¡¿Linebeck?! ¡¿Ese hombrecillo cobarde también estaba contigo?! ¡No me extraña que te encontrara así! ¡Seguro que huyó dejándote solo ante una horda de monstruos o malhechores! ¡Ese marinero no cambia! ¡Lo que ocurrió aquella vez contra Bellum fue sólo una excepción! Qué deprimente, llegué a pensar no era tan egoísta después de todo…

-Esto…en realidad…-tenía que darle malas noticias- El capitán Linebeck ha muerto, ambos fuimos atacados por piratas y a él lo asesinaron.

-¡¿Quéeeee?! –su brillo se tornó blanquecino y pálido- No puede ser, al final ha acabado muerto por ser tan…-entonces, recordó algo- ¡Espera! ¡No puede ser Linebeck! ¡Debe ser otro que también se le parece! Uuhh…esto es muy confuso…

-Eh…no sé de que hablas, pero te contaré lo que realmente me sucedió.-trató de explicarse con brevedad- A mí y a una mujer llamada Zelda nos secuestraron una banda de piratas y nos mantuvieron cautivos en su barco, hasta que llegamos a la isla y conseguimos escapar. Pero debido a que me habían dado una paliza esos hombres, tuvimos que guarecernos aquí y nos acabaron encontrando, llevándose a ella nuevamente y abandonándome a mi suerte en este lugar.

-Zelda… ¿De qué me suena ese nombre? –le dio vueltas a la cabeza, hasta acordarse de algo- ¡Ya me acuerdo! ¡Tú me lo dijiste! ¡Sería como la segunda personalidad y nombre de Tetra! ¡¿Pero la han vuelto a secuestrar?! ¡¿Y además otros piratas como ella?! ¡¿Qué le pasa a esa chica?! ¡¿No decías que era fuerte, valiente y un hueso duro de roer?! ¡No por algo decías que era la capitana que dirigía a los hombres del barco donde tú viajabas!

-¡¿Quieres tranquilizarte?! ¡Nada de lo que has dicho hasta ahora tiene sentido! ¡¿Qué clase de plantas alucinógenas extrañas hay por aquí?! ¡No te conozco de nada y estás soltándome toda esta patraña absurda! ¡¿Se puede saber qué te pasa?!

-Lo siento, me he pasado…no me hagas caso, han sido sólo tonterías. -se disculpó arrepentida- Eso me hace recordar que hace aproximadamente un día o puede que un poco más, mientras me escondía en unos arbustos, vi a unos hombres que daban bastante miedo llevarse a una mujer con ellos en dirección a lo que parecía ser la Ciudad Mabe y el Castillo de Kanalet. Tal vez sea posible que…

-¡Es ella! ¡Estoy seguro! –gritó sujetándola con fuerza- ¡¿En qué dirección está ese lugar?! ¡Tengo que ir a buscarla! ¡Debo llegar antes de que el rey de esta isla haga algo con ella!

-¡Vale, vale! ¡Pero suéltame! ¡Me estás asfixiando! –le habló con una voz chillona debido a la falta de aire y él la soltó enseguida al darse cuenta de ello- ¡Uf! ¡Mucho mejor! ¡Y no te preocupes! ¡Te ayudaré a rescatarla de ese falso rey corrupto! ¡Algún día pagará lo que hizo!

-¿Y qué pasó? ¿Qué problemas ha ocasionado en la isla? –le preguntó curioso.

-¡Para empezar, mató a su hermano y a toda su familia para quedarse con el trono! ¡Y luego le echó la culpa de todo al pobre príncipe Richard, que murió en aquella tragedia, diciendo que había tratado de hacer un golpe de estado contra sus propios padres! ¡Ese maldito canalla ha estado mintiendo y haciendo lo que le ha dado la gana! ¡Yo vivo en una aldea perdida en la selva con otros seres que han tenido que protegerse de ese déspota!

-Vaya, es más grave de lo que se suponía…-meditó impresionado- En Hyrule oía todo lo contrario, veo que sólo ha sido otra mentira de las suyas… ¿Podríamos marcharnos de aquí cuanto antes?

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Guiado por su nueva amiga hada, recorrió el camino más corto para llegar a la capital de la isla, llegando a una zona desde donde se podía ver desde arriba toda su extensión. Estaba atardeciendo y el sol poniente ocultándose en el lejano horizonte tras el mar era hermoso, pero no era el momento de parar a contemplarlo.

-Es enorme…se nota que esta es la capital del reino y allí se encuentra también su imponente castillo, donde vive su rey y donde tendrán también a Zelda.

-Exacto, la gran mayoría de la población vive aquí, sólo habiendo algunas escasas aldeas en determinadas partes de la isla. Será mejor que continuemos, hay que aprovechar que está oscureciendo para infiltrarnos en el castillo.-le habló mientras ella se adelantaba- ¡Aaah! ¡Link! ¡Corre! ¡Mira esto!

Link se apresuró a llegar a donde ella estaba y miró hacia donde ella también lo hacía. Allí estaban los cadáveres de los piratas que le habían secuestrado en su momento y le propinaron también una brutal paliza. Parecía que no había opuesto demasiada resistencia, como si los hubieran atacado por sorpresa o más bien hubiera sido una trampa.

-Diosas, al final recibieron lo que se merecían, pero…-estaba preocupado- ¿Y ella? ¿Qué le habrán hecho? ¿Habrán sido otros criminales los que se los hayan llevado?

-¡No te adelantes! ¡Mira lo que he encontrado! –llamó su atención revoloteando sobre una pequeña insignia metálica- ¡Reconozco este símbolo! ¡Lo llevan los cadetes que ingresan a la guardia real! ¡Sólo puede significar que han sido ellos quienes han acabado con estos piratas! –se dirigió a Link- ¿No me contaste por el camino que lo que os sucedió fue tramado por ese monarca enfermizo? Tal vez los haya traicionado para no tener que pagarles por su trabajo y cerrar sus bocas, además de que evitaría levantar sospechas y se llevaría algo de gloria por aniquilar a una tripulación tan despiadada y conocida por los alrededores.

-Entonces él debe de tenerla consigo en estos momentos…-comenzó a correr- ¡Démonos prisa!

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Tras ingresar en la populosa ciudad y avanzar ocultándose entre la multitud, llegaron al lugar donde estaba el castillo. Separado un poco de la ciudad y un foso con agua que lo rodeaba, además con un puente levadizo y soldados que vigilaban la zona. Valiéndose de la negra noche, sus habilidades animales y los conocimientos de la pequeña hada, lograron esquivar a los guardias. Ciela le indicó a Link que se metiera en el agua, para buscar una entrada alternativa debido a que el puente estaba levantado. Nadó en el foso hasta que ella le indicó un lugar donde podía salir con seguridad. Cerca de allí se encontraba una especie de rejilla que tapaba lo que parecería ser una salida de agua, por lo que no corría demasiada en ese momento. Ciela le pidió que la forzase y enseguida cedió, sorprendiendo bastante a Link.

-¿Cómo has sabido que esta no estaba bien sujeta? Mientras nadaba vi otras como esta, pero no dijiste nada al respecto.

-Conozco a alguien que antes vivía en este castillo, se sabe todas las formas de entrar y salir de él…-le explicó brevemente- Yo me adentraré primero para comprobar el terreno, tú sígueme unos minutos después de que haya entrado. ¿Vale?

Link se adentró después, avanzando a rastras por el escaso hueco hecho en la piedra. Una vez llegó al otro lado, se encontró dentro lo que parecía ser un cuarto de lavado y descubriendo el por qué de que por el agujero saliera agua. Había numerosas prendas de todo tipo tendidas ahí, cubos y lavaderos, tintes…

Lo que no se esperó, es que en él entrara de repente un hombre cargando una montaña de ropa y sábanas sucias, que obviamente se alarmó al ver a Link.

-¡U-u-un bandido! ¡Guar…! –no pudo dar la alarma, ya que Link lo agarró y le tapó la boca tratando de tranquilizarlo, cerrando la puerta para que nadie los oyera.

-¡Silencio! ¡Yo no vengo a robar nada! Y relájese, no le haré daño…-le trató de calmar- ¿Usted no habrá visto a una mujer extranjera ser escoltada a este castillo?

-¿Por qué le interesa eso? ¿Acaso viene a secuestrar a la princesa Zelda? –le preguntó temblando, estaba aterrado.

-Vengo a rescatarla, que no es lo mismo…-le aclaró aún sujetándolo- ¿Sabe dónde está?

-¿Quién eres tú, muchacho? ¿Por qué eres tan amable conmigo? –le volvió a preguntar, esta vez confundido.

-Ya le he dicho que no soy mala persona y si la ha visto seguramente se haya dado cuenta de que no debe sentirse muy a gusto… ¿No cree? ¿Le gusta cómo gobierna su nuevo rey?

-No, definitivamente no.-afirmó decidido- Desde que ostenta el poder llevo trabajando como un esclavo bajo sus órdenes, cuando antes solía ser el mejor jardinero y mayordomo personal del antiguo rey, además de un fiel amigo suyo. -el hombre le pidió que lo soltara y entonces continuó hablándole confiado- Pareces ser digno de confianza, dejaré que hagas lo que tengas que hacer aquí, a mí tampoco me gusta ver a esa mujer encerrada a la fuerza.

-¿Y cómo se encuentra?

-Bien, dentro de lo posible. Está en una de las mejores habitaciones del castillo, el rey Onkled la tiene como una invitada especial, aunque extrañamente la mantiene encerrada. Oí que los guardias la habían rescatado de las manos de unos piratas asesinos y luego la trajeron aquí para que fuera recibida por el señor, llevábamos esperándola desde hacía tiempo. Y no sé si creerte, pero creo que aquí hay mapache encerrado, no me fio de ese aristócrata injusto e innoble.-revolvió entre sus bolsillos, sacando una llave- Toma, es una copia de la llave que abre su habitación, yo mismo le llevé la cena hace un rato. Ella se encuentra en el piso más alto, sin contar las torres, el mismo donde también descansa el rey y es el que está mejor vigilado. Ten cuidado, si te cogieran sería muy malo para ti y además me estoy jugando mucho dejándote marchar.

-Muchísimas gracias, señor, no le defraudaré…-recordó entonces algo- ¿Y cómo se llama? No sé, me recuerda a alguien que he visto antes. ¡Ah! ¡Disculpe por no presentarme también! ¡Yo me llamo Link!

Eran un humano no muy alto, robusto, nariz grande, pelo azabache y un voluminoso bigote. Vestía ropas humildes y sin quererlo a Link le recordaba mucho al cochero Malon, aquel al que había atacado durante el viaje hacia Sakado.

-Mi nombre es Tarín y también tengo una pregunta que hacerte a ti… ¿Por casualidad no conocerás a una chica de más o menos tu edad llamada Marín? –le preguntó con gran interés, como si esperara una respuesta esperanzadora.

-No, es la primera vez que lo oigo… ¿Ya se habrá dado cuenta de que no soy de por aquí, verdad? ¿Por qué lo pregunta?

-Oh, por nada…-parecía decepcionado- Es mi hija, lleva desaparecida desde que el rey Onkled tomó el poder tras el golpe de estado que sufrimos. Me llamó la atención que usaras ese pasadizo para entrar al castillo sin ser visto, mi hija lo utilizaba mucho cuando quería escabullirse acompañada de su buen amigo el príncipe Richard. Ahora ese nombre sólo me trae desgracias…siempre había sido tan buen chico, quién podría haber imaginado que haría lo que le hizo a sus padres y al reino.

-Eh…-no tenía tiempo para discutir aquello- En fin, me tengo que ir y por favor no le diga nada a nadie sobre esto.

Abrió la puerta con sigilo y comprobó que no había nadie, prestando esta vez mayor atención a sus sentidos lobunos para que no volviera a pasarle lo mismo que con lo de aquel hombre. Apenas unos momentos después, apareció Ciela volando rápidamente hacia ella, sorprendida de verlo.

-¡¿No te dije que esperaras?! ¡¿Por qué has entrado?! –le chilló el hada, molesta.

-Y esperé, pero no me dijiste que tuviera que esperar a que regresaras. Pero gracias a eso he conseguido esta llave que me la ha dado un hombre muy amable hace sólo un momento, indicándome además donde se encuentra. Y lo más importante, no nos delatará.

-¡Estás loco! ¡¿Cómo se te ocurre dejarte ver?! ¡No podemos estar seguros de que vaya a cumplir lo que dice! ¡¿Y cómo sabemos que no te ha mentido o te ha dado una llave errónea?!

-Mi instinto me lo dice, además de que mi olfato sabrá confirmar lo que me ha dicho ese criado…-comenzó a caminar- ¿Vienes?

-¿Sabes que es raro que un hylian posea habilidades propias de un animal? –le preguntó algo incómoda- ¿Qué clase de hombre eres?

-¡Un hombre lobo! ¡Ja, ja, ja! –bromeó con ella, sin darle demasiada importancia.

-Ja, ja…pues más te vale "sacar los dientes" si por tu insensatez nos topamos con algún guardia o cualquiera que nos descubra… ¡Ya que no llevas ningún arma!

-No te preocupes, soy consciente de la presencia de cualquier persona que se encuentre dentro de campo olfativo y auditivo, tendré tiempo para esconderme o escapar antes de que ni siquiera pasa por el pasillo continuo al nuestro.

-Sí…-no estaba nada confiada- No deberías arriesgarte, esas hadas lograron curarte lo suficiente para que ahora estés aquí. Pero todavía necesitas descanso, tus heridas eran bastante graves y si no me equivoco algunas de ellas no eran tan recientes… ¿Qué has estado haciendo hasta ahora para acabar así?

-Bueno…es no es lo importante, debemos centrarnos en encontrar a Zelda y salir de aquí sin ser descubiertos.-no iba a explicarle lo que le había ocurrido, tenía mejores cosas en las que concentrarse y además a esa hada no le debía interesarse tanto.

Avanzaron por el castillo anticipándose a los movimientos de los soldados y criados, dando numerosas vueltas para esconderse de ellos. Y algunas veces tuvieron que utilizar sutiles técnicas de distracción, como Ciela haciendo ruidos en la dirección contraria por la que ellos irían, escondida en algún objeto decorativo del lugar. Además, en una de sus desviaciones para evitar a los guardias, pasaron por una zona del castillo por la que había prácticamente nadie y daba a los pisos inferiores del castillo, como las bodegas o calabozos. Lo que más les llamó la atención, fue cuando pasaron al lado de una puerta que estaba herméticamente cerrada, oyendo un extraño ruido.

-¿Lo oíste? Ha sonado muy bajo, como si estuviera lejos, pero noto desde aquí una presencia maligna del interior de esta puerta…-murmuró el hada, sintiéndose incómoda.

-Yo también lo sentí…-él también estaba alerta- Será que nos alejemos, sea lo que sea no deberías inmiscuirnos.

Tras más desviaciones, una intensa caminata debido a ellos y subir algunas escaleras, llegaron por fin al último piso donde les esperaban las mayores complicaciones. Tenían que estar constantemente escondiéndose de toda persona que percibían cerca de ellos, logran esquivarlos milagrosamente. El olfato de Link los condujo finalmente hasta el pasillo donde se encontraba la habitación. Sin embargo, allí había dos guardias custodiando la puerta y no aparecía que fuera fácil distraerles.

-En estos casos, hay una estrategia que siempre funciona…-voló hacia la esquina- Tienes que ser rápido, ¿Vale?

El hada voló rápidamente hacia ellos y se puso a revolotear delante, hablándoles.

-¡Hey! ¡¿Sabéis dónde está la salida?! ¡Me he perdido! ¡No sé cómo he acabado aquí! –les habló volando frenéticamente alrededor de ellos, mareándolos un poco.

-¡Pero si es un hada! ¿Sabes lo que nos beneficiaría tener una de estas? –le dijo a su compañero uno de los soldados.

-¡¿A qué esperamos?! ¡Pillémosla! –exclamó el otro.

-Es el momento de usar la táctica...``¡Vuela, que te atrapan!´´-exclamó al notar sus intenciones- ¡Cogedme si podéis, soldaditos! ¡Os darán una buena recompensa si lo hacéis!

Ciela los esquivó fácilmente y después salió volando en dirección contraria a la de Link, dejándole vía libre para entrar a por Zelda. Él se apresuró en abrir la puerta, descubriendo que ese hombre realmente le había dado la llave que era. Allí, se encontró a Zelda sentada en un sillón colocado junto a una ventana, con un plato de comida vacío y mirando al exterior con un semblante serio y preocupado.

-¿Ahora qué prisas tienes? Ya te he dado mi respuesta, no piensa acceder a tus condiciones.-le habló fríamente ella, sin dignarse a mirar hacia él.

-¡Ni siquiera he abierto la boca! Pero si quieres quedarte aquí, es asunto tuyo. Aunque después de lo que me has hecho pasar, sería un gesto bastante desagradecido por tu parte…-le habló burlándose un poco, sintiéndose feliz de verla en buen estado.

-¡¿Link?! –se levantó rápidamente al oír su voz- ¡¿Pero qué haces aquí?! ¡¿Cómo has conseguido recuperarte en tan poco tiempo?!

Ambos se abrazaron en cuanto estuvieron cerca el uno del otro, sintiéndose enormemente aliviados.

-No eres la más indicada para preguntarlo… ¿No crees que haya podido ser cosa de magia? –le respondió con ella aún entre sus brazos- Fueron unas hadas las que consiguieron sanarme en gran parte. Es más, una de ellas me condujo hasta aquí y despistó a los guardias que estaban en la puerta.

-Vaya…eso es tener mucha suerte, sin duda. Aunque yo prefiero llamarlo destino, pienso que las cosas no ocurren por casualidad.-afirmó ella- ¿Y cómo has conseguido la llave que abría la puerta?

-Me la dio un hombre muy amable llamado Tarín, que me descubrió entrando por una entrada secreta al castillo. Y al parecer, también está en contra del actual rey de la isla, por lo que me dejó marchar y me ayudó dándome esta llave.

-Sé de quién me hablas, es el único que me ha tratado bien desde que llevé a este lugar, proporcionándome comida e intentando que me sintiera un poco más a gusto.-habló algo aliviada- Debemos dar gracias de que al menos hayamos encontrado aliados en este reino, por lo menos ya no estamos solos.

-¿Y qué te ocurrió? Vi los cuerpos de esos piratas mientras venía hacia aquí… ¿Los guardias del castillo tuvieron algo que ver?

-Sí, pensaron que me creería todo ese teatro dirigido por su rey.-recordó no con buen gusto- Aunque cuando me lo encontré en persona…

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"La princesa Zelda se encontraba esperando en una lujosa y amplia habitación del castillo, sentada en el sillón que había junto al ventanal de la habitación. Después de haber sido liberada de los piratas, ahora se encontraba custodiada por los guardias de aquel reino. Una sensación desagradable le invadía, al verse en la misma situación que durante la invasión del Crepúsculo a su reino y también estaba muy preocupada por Link, que estaba solo y gravemente enfermo.

Pero tras una larga espera, un hombre vestido con ropajes caros y selectos donde predominaba el rojo, entró a la habitación. Portaba muchas joyas, sobre todo en las manos; lucía su corona con gusto; y el oro estaba presente en muchas de sus prendas. Poseía una larga cabellera y barba castañas, acentuando la edad de aquel hombre que debía sobrepasar los cincuenta o cerca estaba de ellos. Se le veía muy altanero, cosa que a Zelda no le gustó nada.

-¡Gracias a las Diosas que estáis a salvo, princesa de Hyrule! ¡La fortuna os ha sonreído al haber sido rescatada por mis guardias! ¡Y qué tragedia tuvo que sucederle a vuestra tripulación! –se acercó a ella y le besó la mano, algo que desagradó enormemente a la joven soberana- Ojalá nuestro encuentro hubiera tenido lugar en otras circunstancias…

-Sí, mi viaje hasta aquí ha sido realmente devastador…-odiaba la falsedad con la que sabía que le hablaba- ¿Han ocurrido muchas coincidencias, no cree?

-¡Oh, sí! ¡El infortunio se cernió con vos! ¡Pero ahora puede sentirse tranquila! ¡Yo le proporcionaré todas las comodidades que usted guste! –se ofreció gentilmente el hombre- Y por el momento, sería mejor que aplazáramos nuestros asuntos políticos hasta que os encontréis mejor, princesa.

-Déjese de tonterías, rey Onkled…-no estaba dispuesta a oír más mentiras- ¿Usted planeó todo esto, no es cierto?

-¡¿Pero qué decís, alteza?! ¡Es una completa locura! Pero os comprendo, vuestro cautiverio os ha mermado vuestra capacidad de razonamiento, deberíais descansar después de esta traumática experiencia…-se defendió tranquilamente, no parecía estar asustado.

-¡Estáis mintiendo! ¡Logré descubrir en base a los comentarios de algunos de los piratas que ellos y usted estabais juntos en esto! ¡Y por si fuera poco también os aliasteis con una peligrosa banda criminal proveniente del continente, Los Seguidores! –se acusó de frente, sin ningún reparo en ello- ¡¿Y cuál es mi importancia en este asunto?! ¡¿Por qué habéis elaborado una estrategia tan elaborada para capturarme?!

-Vaya, veo que no os haré cambiar de opinión…-suspiró algo decepcionado- ¡Lo admito! ¡Vuestro intelecto me sorprende, princesa! ¡Ja, ja, ja! ¡Y pensar que con esa distracción de los guardias lograría ganarme vuestra confianza!

-Pero entonces…-aún no entendía un punto en cuestión- ¿Por qué asesinasteis a los piratas? ¿No se suponía que eran vuestros aliados?

-Porque así evitaba tener que pagarles a esos truhanes y también silenciarlos por precaución, además del prestigio que supone exterminar a una tripulación de piratas como ellos.-le contó sin remordimientos- Y pienso hacer lo mismo con esos criminales de tres al cuarto, a pesar de que ellos me ayudaron a llegar hasta donde estoy actualmente.

-Eso significa… ¿Que usted asesinó a su familia para quedarse con el trono? –le preguntó mirándolo fríamente- ¿Cómo pudo hacerlo? ¡Y además mentir al resto de naciones culpando al legítimo heredero de todo eso!

-No sé por qué se sorprende, es sólo un juego de intereses. Usted no puede entenderlo, desde siempre tuvo el poder en sus manos, nunca tuvo que quedar a la sombra como me ocurrió con mi hermano…-mostraba rencor y frustración en sus palabras- ¡Pero todo finalmente queda en su sitio! ¡Yo debería haber sido el rey desde el principio! ¡Ese endeble jamás tuvo lo necesario para gobernar! ¡Y al fin pude reclamar lo que me perteneció por derecho!

-¿Y por qué trabó con esos sujetos para su propio beneficio? ¿Qué beneficios obtuvieron de ello? –le preguntó dudando de las intenciones de los bandidos.

-Pues pagarme así unas cuentas pendientes, me debían bastante dinero y el regalo que me hicieron fue lo suficiente para compensarme. Después me propusieron atraerte hacia mi isla para engañaros y a saber por qué os querrán esos malandrines, pero no es algo que me interese… ¡Porque al fin y al cabo pienso traicionarles como hice con los piratas! ¡Ja, ja, ja!

-¿Y por qué pensáis hacerlo? ¿El poder os ha corrompido tanto que pensáis que se quedarán de brazos cruzados mientras tanto?

-No, pero ellos fueron muy incautos al concederme tanto poder, no sólo político…-ese tono le preocupó bastante- ¡No podrán con un ejército! ¡Ni mucho menos con lo que también les tengo preparado!

-¿Y yo? ¿Qué planes tiene para mí? –preguntó notando que algo no encajaba.

-Bueno, tenía ganas de que llegáramos a ese punto…-notaba vacilación en sus palabras- Como sabrá, ahora soy el único descendiente directo de la dinastía gobernante de esta isla desde sus comienzos y he de decir que me siento muy solo… ¿Usted no estaba buscando aún un pretendiente con el que casaros, princesa?

A ella no le gustó en nada su proposición, casi prefería al príncipe Facade, antes de a un hombre que como mínimo le doblaba en edad y además era…

-No ponga esa cara, porque sea primo de su difunto padre no significa que nuestra unión no sea posible. ¡Ya debe saber que entre la nobleza es algo muy común, llegando incluso a haber casamientos entre hermanos! ¡Y tampoco la edad ha contado en esos casos, joven princesa! –le recordó manteniendo su insistencia.

-Aún así, mi respuesta seguirá siendo negativa. No pienso contraer matrimonio con alguien que ha querido atentar contra mi propia vida y mofarse de mi reino, por lo que le ordeno que me libere inmediatamente si quiere que intente olvidar lo que ha ocurrido.-le advirtió tajante, no iba a ceder ni un paso.

-Qué lástima que piense así, porque entonces no saldrá de esta isla en lo que le reste de vida.-le amenazó maliciosamente, sonriendo al verse con el poder en aquella situación- Su desaparición seguramente traerá consecuencias para su reino, como una guerra por la sucesión. Eso…si antes una guerra proveniente de fuera no acaba con ellos.

-¿A qué se refiere? ¿Pretende utilizar sus influencias con reinos como Koridai para atacarnos en ausencia de un líder? –le preguntó preocupada, ya no estaba tan segura.

-¡Bravo! ¡Al menos no he tenido que explicárselo! –aplaudió satisfecho- No dejaré que te marches ahora que lo sabes todo, tú única alternativa es aceptar mi proposición o verte encerrada aquí mientras tu reino acaba consumiéndose entre las llamas. Pero no te presionaré para que te decidas, te dejaré un tiempo hasta que lo hayas hecho, tengo mucha paciencia…"

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-Y desde entonces, llevo encerrada aquí y de vez en cuando viene a visitarme para lo mismo. La situación es bastante crítica, ya no sé qué pensar…-dudó la princesa, ante todo estaba la seguridad de su reino y aliarse nuevamente con la isla sería provechoso para todos.

-¡No digas eso! ¡Encontraré una forma de evitar que eso suceda! ¡No voy a dejar que te cases con alguien que ni siquiera es el legítimo gobernante de este reino! –le habló decidido, posando sus manos en sus hombros demostrándole seguridad al mirarla a los ojos.

-¿Y cómo vamos a escapar y a resolver esta situación? –le preguntó dejando ver que no se le había ocurrido nada.

Antes de que alguno de ellos pudiera pensar en algo, apareció volando apresuradamente el hada colándose por la puerta entrecerrada, recuperando unos instantes el aliento antes de que ellos le hablaran.

-¡Ciela! ¡Estás aquí! ¿Qué ha ocurrido? –le preguntó Link preocupado por su estado.

-¿Ciela? ¿Está es el hada que te ayudó? –se interesó Zelda en la pequeña criatura mágica.

-¡Sí! ¡Y tú debes de ser Zelda! ¡¿No?! –habló casi sin aire- ¡Eres totalmente diferente a Tetra! ¡Ella era morena y rubia! ¡Y no tenía esas pintas de aristócrata refinada! ¡Era toda una pirata!

-No le hagas caso, está obsesionada con que nos conoce de algo, pero estoy seguro de que nos está confundiendo con otros conocidos suyos.-le explicó él, dándole importancia nula a sus palabras.

-Ya, lo entiendo…-ella estaba un poco incómoda- Lo curioso es que de niña yo tenía una segunda personalidad llamada exactamente a la que ella nombró y poseía sus mismas cualidades…

-¡Aaaahh! ¡Me me van volver loca! –estaba fuera de sí- ¡Que si Zelda, que si Tetra! ¡Un Link grande, un Link pequeño! ¡Dos capitanes Linebeck! ¡¿Qué será lo siguiente?! ¡¿Otra como yo?!

-¡Tranquilízate! ¡Y dime de una vez que es lo que ha pasado! –le exigió Link antes de que volviera con otra de sus locuras.

-¡Ah, sí! ¡Es verdad! ¡Tenemos que salir pitando cuanto antes! –la prisa volvió a ella y preocupó a los dos hylianos- ¡Tuve un problemilla con los guardias y ahora son muchos los que me siguen! ¡Nos cogerán a los tres como salgamos volando en este momento!

No tuvieron que escuchar más para salir corriendo del lugar, dando la alarma en todo el castillo al verlos huir varios criados que pasaron cerca de ellos. Link se valió de todo lo que encontró para hacerle frente a los soldados que se interponían en su camino, ayudado por la magia de Zelda y la propia hada Ciela. Acabaron saliendo uno de los laterales del castillo, llegando a los jardines que había por esa zona y viéndose bloqueados por las murallas que protegían la fortaleza.

El hada insistió en que se le siguieran para acabar saliendo estrecho y oculto agujero excavado en la tierra, oculto entre las plantas que adornaban el jardín, sin preguntarse cómo podría saber aquello. Acostumbrado a ello en su etapa lobuna, no dudó en excavar él mismo la salida pues la lluvia había removido la tierra y había borrado parte del improvisado túnel. Tras salir finalmente de allí, los centinelas que vigilaban desde las torres y murallas los avistaron huyendo en el exterior, a pesar de la escasa luz de la que poseían en la oscuridad nocturna. Oyeron como habían jinetes tras de ellos, apresurándose para subir una cuesta que se les hacía más empinada a cada momento. Cuando subieron a lo más alto, se dieron cuenta que estaban sobre un acantilado que daba al mar y los dejaba arrinconados en ese lugar. Las aguas golpeaban la roca con fuerza en esa zona y la altura era bastante disuasoria para tentarles a saltar, a pesar de que la visión nocturna de Link no percibía rocas importantes que les pudiera causar severos daños. Sin embargo, él no había dudado en tirarse desde una altura similar en el Puente de Hylia cuando se vio atrapado por las llamas.

-¡¿Estás seguro de ello?! ¡Podríamos morir si algo saliera mal! –difirió ella ante su propuesta de huída.

-¡Eso! ¡No tenéis alas para poder escapar volando! ¡Lo que planteas es un suicidio! –le reprochó también Ciela, que seguía junto a ellos a pesar de que podría escapar sin problemas.

Pronto algunas flechas en llamas cayeron a una distancia relativa de ellos, percatándose de que querían cercarlos provocando un fuego a su alrededor e incluso escucharon algunas explosiones más lejos como si se trataran de cañones o flechas bomba que les tiraban para asustarlos. Iban con todo y no se moderarían al tratar de capturarlos nuevamente.

-¡¿Y qué otra cosa podemos hacer?! ¡En breves instantes nos darán alcance! ¡Sus flechas ya nos alcanzan y los caballos están a dos pasos de aquí! –intentó convencerlas desesperado.

Lo que no se esperaron, es que una de las flechas bomba cayera cerca de ellos, provocando que la explosión los empujara al abismo y terminaran cayendo al océano ennegrecido por la noche…

XOXOXOXOXOXOXO

-Despierta…-oyó una dulce voz cercana a él- ¿Estáis bien? ¿Puedes oírme?

-¿Zelda? –murmuró en sueños, intentando abrir los ojos- ¿Eres tú?

-¿Zelda? ¡No! ¡Yo me llamo Marín! –le dijo aquella voz con una ligera risa.

Cuando finalmente abrió los ojos, al acostumbrase a la luz vio un cielo azul espléndido y una gaviota que sobrevolaba el lugar en círculos. Sintió la brisa del mar en su cara y la arena bajo su cuerpo, notándose a la vez húmedo debido quizás al mar.

-"¡Ya se despertó! ¡Al final tenías razón en lo de si estaba vivo!"-graznó la gaviota en lo alto, descendiendo en ese instante.

-¡Claro que lo estaba! ¡Yo mismo lo traje sobre mi espalda! ¡Siempre eres tan desconfiada!-oyó de alguien que parecía estar metido en el agua, al cual no pudo ver desde esa posición.

-¡Callaos! ¡Dejad que al menos se levante antes de que comencéis a discutir! –les regañó una humana de cabello anaranjado y ataviada con un vestido sencillo.

Link se levantó confundido, mirando a su alrededor y descubriendo que se encontraba en una playa perdida, rodeado a unos metros de él por una extensa vegetación selvática.

-¡Me alegro de que estés bien! –le habló la joven muy alegre- ¿Cómo te encuentras?

-¿Eh? ¿Cómo? ¿Puedes decirme dónde estoy? –le preguntó aún sin razonar demasiado.

-"¿Qué te dije? A este chico le ha tenido que ocurrir algo bastante grave para acabar así…"-le habló la gaviota a la chica, posándose en su hombro.

-Pues tienes razón, no recuerdo absolutamente nada de lo que ocurrió después de que escapara del castillo…-le contestó sin darse cuenta, quejándose de un fuerte dolor de cabeza.

-"¡¿Lo has oído?! ¡Me ha entendido! ¡¿Pero quién es este chico?!"-exclamó el ave sorprendido, bajándose de un salto de hombre de su acompañante.

-¡Es verdad! –exclamó ella también- ¿Puedes entender a los animales?

-¿Qué? –se dio cuenta de que había cometido una equivocación- Eh… ¿Tú también puedes?

-¡Ay, qué bien! –lo abrazó sorpresivamente, avergonzándolo- ¡Hacia mucho tiempo que no conocía a alguien que también pudiera hacerlo!

-¿Es que acaso es normal poseer esa habilidad? –le preguntó confundido.

-En esta isla, hace mucho tiempo, existían personas que eran capaces de entenderlos y por ello la cultura de este lugar se basa en el respeto a esas criaturas. Por eso nuestra alimentación tradicionalmente se ha basado más en vegetales, sólo con algunas excepciones como pescado o insectos, pues la mayoría tienen un lenguaje diferente al resto de seres y aún así moderábamos su consumo. También existían animales que podían hablar como las personas…

-Como yo, por ejemplo…-escuchó a su espalda, oyendo algo grande arrastrarse.

Al darse la vuelta, descubrió a un enorme animal con aletas y dos colmillos enormes saliéndole de la boca, apartándose rápidamente de él debido a la impresión.

-¡¿Pero qué clase de animal eres tú?! –gritó sorprendido de ver aquella cosa.

-Forasteros, no están acostumbrados a ver animales como tú, Walrus…-suspiró ella- No te preocupes, es grande e impresiona la primera vez, pero es un buen amigo.

-"¡Y fue él quien te salvó, desagradecido! ¡Ya podrías darle las gracias!"-le secundó la gaviota.

-¿Y qué clase de animal se supone que eres? –le preguntó Link mientras se acercaba a él.

-Soy una morsa y supongo que de donde tú vienes no abundan los de mi especie…-le explicó acercándole una aleta, como si quisiera darle la mano- Como oíste antes, mi nombre es Walrus y te encontré inconsciente flotando en el mar, trayéndote hasta esta playa donde lugar esta adorable jovencita, amiga mía, te ayudó a que reaccionaras.

-Me llamo Marín, por si antes no lo escuchaste.-se presentó la muchacha- Y esta amiga emplumada es Níram, somos casi como hermanas.

-"¡Por algo me pusiste tu nombre invertido al salir del cascarón! ¡Si es que no hemos vivido apartadas una de la otra jamás!"-recalcó el ave.

-¿Marín? ¿Por casualidad no serás hija de un hombre que trabaja en el castillo, llamado Tarín? –recordó de la declaración de aquel hombre la noche anterior.

-¡Sí, es mi padre! ¡¿Cómo se encuentra?! ¡¿Le han hecho algo?! –se abalanzó sobre él, pero al darse cuenta de su acción, se retiró avergonzada- Lo siento, es que hace mucho que no sé nada de él…

-Está bien, pero lo tienen trabajando como un esclavo y también está muy preocupado por ti.-le contó tratando de animarla- Es más, me ayudó cuando me encontraba en el castillo de la capital de este reino, es un buen hombre.

-¡Uf! Qué alivio…-respiró relajada al oír aquello, aunque siendo una profunda pena por su progenitor- Por cierto, respecto a lo del castillo…-le recodó la joven- ¿Qué hacías allí?

-Pues yo…-en ese momento, se acordó de algo muy importante- ¡¿Y Zelda?! ¡¿Dónde está?! –miró a su alrededor nervioso, dirigiéndose luego a la morsa- ¡Tú! ¡¿No habrás visto a una mujer flotando por ahí también?!

-No, sólo te encontró a ti…. ¿Es amiga tuya? –le contó Walrus decepcionándolo enormemente.

-¿Es la misma mujer que con la me confundiste antes? –le preguntó Marín con interés.

-Diosas…-se lamentó echándose las manos a la cara- ¿Y entonces dónde está? No habrá podido…

-Tranquilízate, si tú has podido llegar vivo hasta aquí, tal vez ella haya naufragado en otra parte de la isla.-trató de calmarlo la joven isleña- Sé que no es el momento, pero si nos dijeras tu nombre a lo mejor podrías buscar a alguien que ande preguntando por ti.

-Es verdad, no me he presentado…-se sosegó un poco- Mi nombre es…

-¡Link! ¡¿Dónde estás?! ¡Zelda! ¡O Tetra! ¡O cómo te llames! ¡Decidme dónde estáis! –se oyó una voz al otro lado de la playa, envuelta en un resplandor amarillento- ¡Jolines! ¡Llevo toda la noche buscándolos y no hay manera! ¡¿A dónde se los habrá llevado la corriente?!

-¡Ciela! –exclamaron los dos jóvenes al unísono, sorprendiéndose al ver que el otro conocía al hada.

-¡Diosas! ¡No puede ser! –exclamó el hada, volando rápidamente hacia el muchacho- ¡Al fin te he encontrado! ¡No sabes el susto que me diste cuando os caísteis por el acantilado debido a aquella explosión!

-¿Lo conoces, Ciela? ¿Qué se supone que estuviste haciendo estos últimos días? –le preguntó Marín, sin enterarse del asunto.

-¡Cosas! ¡Y eso añadiendo que me acabé perdiendo! Tantos años en esta isla y todavía…-no estaba demasiado a gusto- ¡Pero eso no es lo importante! Sucede que a este chico y a una princesa proveniente del continente, creo que de Hyrule o algo así, cayeron en las sucias artimañas de ese rey odioso y acabaron aquí de una manera un tanto brusca. Fueron capturados por piratas; a este amigo le dieron una paliza esos mismos granujas; se llevaron a la princesa y después los guardias del castillo la apresaron tras matar a esos hombres… ¡Toda una aventura! ¡Y ahora el colmo es que volvimos a perder a la chica justo después de rescatarla!

-¿La princesa de Hyrule? –se preguntó extrañada- ¿Y tú eras Link, no? Es curioso, creo haberlo oído en alguna parte…no sé, esas ropas y todo lo demás me hace recordar a una leyenda que lleva transmitiéndose en mi familia desde hace muchas generaciones.

-¡Sí, yo lo recuerdo bien! ¡La historia del héroe que salvó a la isla, ayudando al mítico Pez del Viento! –señaló la morsa, dirigiéndose a Ciela- Y si no me equivoco, tú y vuestros amigos en la aldea habéis hablado entre vosotros de un tal Link, aunque es imposible que sea el mismo.

-¡E-esperad un momento! ¿Qué es todo esto? ¡Yo sólo quiero encontrar a Zelda y salir de esta maldita isla para regresar a Hyrule! –intervino el muchacho al no entender lo que sucedía y por qué lo referían tanto.

-Por lo que veo, últimamente han llegado varios forasteros en circunstancias adversas…-habló la joven Marín- Hace nada encontramos perdido en la selva a una hombre mayor llamado Linebeck, cosa que nos sorprendió porque no algo normal encontrarse ancianos vagando solos por la…

-¡¿Linebeck?! –exclamaron el hada y Link, estupefactos- ¡¿No se suponía que estaba muerto?!

-Eh… ¿Muerto? Quizás esté algo desganado con la edad, pero yo lo veía completamente saludable y lleno de energía, por como corría cuando nos lo encontramos. Curiosamente, desprendía en extraño olor a salmuera o a haber estado encerrado en un lugar muy pequeño durante bastante tiempo. Ahora está con nosotros en la aldea, descansando tras la experiencia que vivió.-les contó la chica, notando que sus versiones no concordaban.

-¡Uuuhh! ¡Eres cobarde lo ha vuelto a hacer! ¡Seguro estaba escondido en alguna parte mientras ellos dos pasaban miserias! –habló indignada y molesta la pequeña hada- ¡Cuando lo vea le voy a echar una buena riña! ¡Es que este hombre no aprende jamás!

Y antes de que pudieran darse cuenta, Ciela se marchó volando en dirección a la selva. Todos se quedaron desconcertados ante lo que acababa de ocurrir, siendo Link el primero en hablar tras unos instantes de silencio.

-¿Esa hada es siempre así? Lo digo porque parece estar un poco tocada de la cabeza, no ha hecho otra cosa que soltarme disparates desde que nos conocimos.

-Normalmente no, es la primera vez que la veo tan estresada y alocada, quizás porque lo que ha estado ocurriendo últimamente le ha afectado.-le explicó Marín- ¡Y por cierto! Nosotros también deberíamos volver, es más seguro que hablemos allí antes que permanecer al descubierto en este lugar. ¡Ven con nosotros! ¡Allí todo el mundo es muy amable y no tendrás que temer represalias por parte de Onkled y los soldados!

-¿Pero qué pasará con Zelda? ¡No puedo estar tranquilo sabiendo que ella aún anda desaparecida! ¡Y podría ser capturada nuevamente por ese rey o cualquier desalmado!

-Por eso mismo te pido que vengas con nosotros, siendo más podremos ayudarte a buscar y ayudaros con vuestros problemas. -insistió ella, tratando de convencerlo.

-¡Vosotros iros! ¡Yo iré por vía acuática, como siempre! –le avisó Walrus mientras se dirigía torpemente hacia el mar, sumergiéndose en él con una increíble agilidad.

Link aceptó finalmente a seguirlos hasta ese lugar, sin quitarse de la cabeza en ningún momento la idea de que Zelda podría encontrarse en peligro y él no estaba allí para ayudarla.

XOXOXOXOXOXOXO

Tras mucho tiempo caminando por la selva y la curiosa orografía de la isla, pasaron por una cueva oculta tras una cascada y la vegetación, llegando finalmente a un pequeño poblado con apenas algunas casas levantadas con madera y materiales del entorno, asentada cerca de un riachuelo que fluía hacia la catarata que pasaron anteriormente.

Allí, se encontraron a varios animales, sobre todo especies comunes como conejos o ardillas. También había más animales parlanchines, según le explicó Marín pues para él todos hablaban su idioma al ser capaces de entenderlos, como la morsa que dormía plácidamente en medio del camino y que sorprendentemente había llegado más rápido que ellos nadando por el río a pesar de su enorme tamaño. Pero además había una cabra llamada Cristina, que portaba un lazo naranja hecho por la propia Marín; un animal voluminoso y extraño para Link que la joven le describió como un hipopótamo, en este caso una hembra llamada Hippo, ataviada al igual que la cabra; una osa negra llamada Kuma, que se estaba atiborrando de la miel de un panal que acabaría de obtener de los alrededores; y finalmente dos hermanos pertenecientes a la especie de los aligátores, llamados Schule Donavitch y Sale, que se diferenciaban entre sí porque la tonalidad de sus escamas tiraba más a rojo en el primero y azul en el segundo, aunque seguían conservando el color propio de los reptiles de su clase.

Esos seis animales eran sorprendentemente capaces de comunicarse con las personas, pero no eran los únicos que vivían allí. Había dos hadas similares a Ciela, sólo que su brillo era rojo en una y azul en la otra, llamándose Leaf y Neri respectivamente. Acompañaban a un anciano barbudo y canoso que se ayudaba de un extraño bastón cuyo extremo superior se parecía a una caracola, vistiendo además atuendos sencillos adecuados al clima tropical de la isla y de colores vistosos. A su lado, flotando en el riachuelo, había atado un curioso barco rojo atado a un poste para que la corriente del río no se lo llevara. Se asemejaba a una gran canoa, pues no poseía velas a pesar de que mostraba resquicios de haber poseído una alguna vez. Y su rasgo más característico era la proa, que se tenía forma parecida a la cabeza de un dragón o algo por el estilo.

También allí, la presencia del capitán Linebeck sorprendió enormemente a Link, que veía como era molestado por Ciela que había llegado mucho antes que ellos.

-¡¿Estabas escondido?! ¡Qué egoísta y cobarde! ¡Dejaste que tu tripulación muriera mientras tú salvabas tu vida! ¡¿Es que nunca cambiarás?! –le reprochó enojada, revoloteando a su alrededor intentando que se sintiera culpable- ¡En lo único en que lo has hecho ha sido en la edad! ¡Estás muy viejo! ¡Te has descuidado mucho, Linebeck! ¡Antes sí parecías un bucanero!

-¡¿Quieres dejarme en paz, bola con alas luminiscente?! ¡Te repito otra vez que no nos conocemos de nada! ¿Y quién eres tú para andar criticando lo que hago o como estoy ahora que me he hecho mayor? –el capitán estaba más que harto de ella, intentando degustar la comida que le habían preparado.

-¿Capitán Linebeck? ¡Así que es cierto! –se acercó Link rápidamente hacia él- ¡¿Cómo logró sobrevivir?! ¡¿Dónde estuvo mientras a mí y a la princesa nos retuvieron en el calabozo del barco pirata?!

-¡No te molestes en preguntarle! ¡Ya lo confesó todo antes! –refunfuño el hada- ¡Se escondió en un barril que fue llevado a la bodega de ese barco y estuvo allí sin moverse hasta que los piratas salieron a perseguiros! ¡Vosotros pasando hambre y él atiborrándose con la despensa de los piratas cuando de noche salía para comer!

-Je, je… ¡Sólo estaba esperando el momento oportuno para ayudaros, jovencito! ¡Pero os adelantasteis y salisteis corriendo antes de que pudiera planificar un plan de huida la llegar a tierra! ¡Y obviamente no iba a esperar a que esos asesinos regresar enfadados por no haberos capturado! –se defendió el capitán, excusándose faltando argumentos a su favor y tratando disimuladamente de disculparse- También logré llevarme algunas cosillas del barco, creo que podrían interesarte…

Linebeck le mostró un saco de dónde sacó dos espadas y un escudo, eran las armas de Link y la de Zelda. Él no tardó en hacerse con todo, sintiéndose mejor cuando se colocó a su espalda sus cosas y sintiendo una profunda tristeza al contemplar la espada de su princesa, atándose la vaina a la cintura como ella solía llevarla-

-¡Sí, sí! ¡Tú trata ahora de arreglarlo devolviéndole sus cosas, cuando pensabas quedártelas y venderlas a un buen precio! –siguió acusándole Ciela- ¡No he visto hombre más avaricioso en mi…!

-Serénate, Ciela.-le habló el anciano del bastón, desde su posición- No es el momento de hostilidades entre nosotros, antes sería conveniente que nos presentaras a tu nuevo amigo.

-¡Claro, abuelo! ¡Perdóname por haberme olvidado de ti! –se disculpó el hada, empujando a Link para que se acercara al lugar donde estaba ese hombre.

-¿Cuántas veces tenemos que repetirte que no llames al honorable Siwan de esa forma? –le recalcó Leaf, el hada roja.

-¡Ups! Es que cuando perdí la memoria me acostumbré a llamarlo así…–se disculpó colorada.

-¡Ja, ja, ja! ¡Ya os he dicho que no me importa! ¡Puede llamarme así si lo desea! –se rió el hombre ante aquella discrepancia entre lo que parecían ser sus discípulas.

-¿Usted entonces es Siwan, señor? Mientras venía hacia aquí me hablaron un poco sobre usted, diciéndome que es el más sabio del lugar.-se presentó con una ligera reverencias- Mi nombre es Link, un placer conocerlo.

-¿Link? –oyó una voz grave que extrañamente venía del barco- ¡Ja, ja, ja! ¿No piensas que es curioso, Siwan?

-¡Aaaah! ¡El barco ese ha hablado y se ha movido también! ¡¿Aquí todos hablan incluyendo a los objetos?! –retrocedió del susto al verlo con sus propios ojos, todo en aquella isla era verdaderamente extraño.

-¡No te quejes tanto! ¡Deberías estar agradecido de poseer también la habilidad de hablar con los animales corrientes! ¡Y aquí tenemos a seis que también hablan como nosotros! ¡Además de a Mascarón Rojo, claro! Pero él es un barco, es algo más sobrenatural pero también es muy sabio, al igual que el señor Siwan.-intervino Marín, saludando después al resto.

-Estarás desorientado, muchacho… ¿Podrías decirnos cómo acabaste en esta isla? –le preguntó el anciano Siwan, que tras una breve explicación, formuló una nueva pregunta- ¿Entonces buscar a la joven heredera al trono de tu reino?

-Exacto, estoy desesperado sabiendo que ella está por ahí perdida.-le confesó desconsolado- Eso si no ha…

-No debes preocuparte, joven. Ella está viva…-habló Mascarón Rojo, sorprendiendo a Link por esa afirmación.

-¿Cómo puede saberlo? ¿Acaso la ha visto?

-Puedo percibir su fuerza vital desde aquí, la princesa se encuentra a salvo o al menos no ha sufrido daños graves.-le reveló el barco- La energía sagrada que fluye por su sangre es muy poderosa...

-¿Entonces podría decirme dónde se encuentra, verdad? –le preguntó esperanzado, creyendo que pronto la encontraría.

-Lo lamento, pero mis poderes se limitan a eso…-se disculpó el barco- Puedo detectar la existencia de energías malignas o benévolas, pero su ubicación se me hace difusa y no podría decirte exactamente donde está.

-¡No te preocupes, Link! ¡Daremos con ella! ¡Puedes estar seguro! –le intentó animar Ciela.

-Creo que no ha sido casualidad que hayas llegado a esta isla, muchacho…-habló el viejo Siwan- Las circunstancias que vivimos han ocasionado la necesidad de un héroe. Y no temo a equivocarme de que ese héroe eres tú, joven Link.

-¡¿A que sí?! ¡Yo le decía antes que me recuerda muchísimo al héroe del que mi familia lleva hablando toda la vida! Una antepasada lejana mía aseguraba haber conocido a un joven vestido con ropajes verdes que ayudó al Pez del Viento, recolectando los Ocho Instrumentos de las Sirenas para acabar con el mal que acosaba al guardián de la isla. A pesar de que el nombre del héroe no se recuerda, al dentro de mí me dice que se llamaba como tú… ¡Y eso no puede ser una coincidencia aislada! –habló Marín relatando aquello, viéndose muy emocionada.

-¡Y si logramos reunir los instrumentos para invocar al Pez del Viento podremos darle su merecido a ese falso rey! –exclamó emocionada Ciela- ¡Nos espera otra gran aventura! ¡Como en los viejos tiempos!

-¡Alto! ¡Esperen un momento! –intervino Link ante tal expectación- ¿Queréis que os ayude a derrocar al gobernante de esta isla?

-¡Claro! ¡El sabio Siwan nunca se equivoca! ¡Si él dice que eres el héroe que buscamos, es que lo eres! –insistieron las otras dos hadas, Lead y Neri- ¡Además debes ayudarlo a romper su maldición nuevamente!

-¿Qué clase de maldición? ¿De qué están hablando? –le preguntó al anciano.

-Digamos que antes poseía mayor poder de que conservo ahora. Todo ocurrió cuando empezaron brotar misteriosamente poderes maléficos en diferentes lugares de la isla, donde seguramente están ocultos los objetos que necesitas para tu misión. Además, si me ayudas, existe la posibilidad de concederte un deseo…

-¡¿Un deseo?! ¡¿De qué hablas, viejo brujo?! –intervino de golpe el capitán Linebeck, muy interesado en lo que acababa de decir- ¡No se pueden conceder deseos así porque sí! ¿Es que acaso esa fantasía vuestro del Pez de Viento podría hacer algo como eso?

-No es una fantasía, y sí, más o menos así es. Al héroe o quien ayudara a salvar la isla tendría el derecho de cumplir su sueño, pero sólo se puede pedir un único deseo a esa deidad.-le aclaró Siwan manteniendo su semblante tranquilo, como si le diera gracia su actitud.

-Otra vez igual…-suspiró Ciela- ¿Y después dicen que no es el verdadero Linebeck?

-Uhm…-el capitán se lo pensó detenidamente, después se dirigió hacia Link haciendo que se agachara y sacudiéndolo enérgicamente- ¡Tienes que aceptar lo que te dicen! ¡Podemos sacar un buen negocio de esto!

-¿Pero por qué a usted le interesa ahora eso? Se supone que soy yo quien debe ayudarlos…-le habló mareado, ese hombre tenía bastante fuerza para su edad.

-¡¿Entonces no ayudarás?! –lo abrazó alegre Marín- ¡Muchas gracias! ¡No sabes lo que significa para todos en que nos ayudes, héroe legendario!

-Bueno, tanto como "legendario"…-se excusó viéndose otra vez en una situación incómoda.

-"¡Y no te preocupes! ¡Nosotros daremos con tu querida princesa! ¿No es verdad, animales?" –les comentó al resto de criaturas la gaviota de nombre Níram.

En medio de las ovaciones y gritos de los animales, tanto normales como parlantes, Marín le mostró a Link un objeto curioso al que cuidaba con mucho esmero y cariño.

-Este es uno de los Instrumentos de las Sirenas, por lo que sólo tendrás que encontrar siete.-le mostró un instrumento con teclas semejante a un piano, pero mucho más pequeño-Es el Órgano de la Calma de la Tarde, llevaba en la familia real de este reino desde hace varias generaciones y yo la conservé debido a circunstancias que ahora no importan. Antes, según la leyenda, se encontraba oculta en la Torre del Águila, la cual se derrumbó hace mucho tiempo.

-¿Hay otros siete como estos? Me parece que voy a tener otra aventura para juntar nuevamente parte de una cosa, o en este caso, para despertar a una deidad…-suspiró al verse en la misma situación en la que estuvo cuando buscó las piezas de la Sombra Fundida y los fragmentos del Espejo del Crepúsculo.

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Ya se había hecho de noche en aquel lugar, la mayoría se encontraba durmiendo tras un día cargado de emociones. Link descansaba solo en una cabaña que amablemente le habían dejado los habitantes del poblado oculto, pero era incapaz de conciliar el sueño. Estaba muy preocupado por Zelda, aún sabiendo que se encontraba bien, según las palabras de aquel misterioso barco.

-"Esto es una locura…"-pensó Link recostado en una sencilla cama elaborada con paja- "Las historias que me contó el Héroe del Tiempo eran totalmente reales. Ahora lo sustituiré a él como el héroe que ha de salvar nuevamente a la isla, aunque al parecer algunos han estado hablando de otro como nosotros, quizás sea otra reencarnación nuestra. Todo esto es tan confuso…"

Además, lo que le había dicho Ciela sobre su estado de salud era cierto y empezaba a molestarle las secuelas que aquellas hadas no habían logrado sanar, sintiéndose bastante peor que cuando despertó en aquella choza abandonada tras la labor de aquellas hadas curanderas.

-¿Estás muy cansado? ¿Te duele mucho? –apareció de repente Ciela, ella tampoco parecía poder dormir.

-Un poco, la huída del castillo y todo lo que ha sucedido después me ha dejado agotado, además de que el estrés de no saber donde está ella me está matando.-le confesó preocupado más en la princesa que en él mismo.

-Pues venía a hablar sobre tus heridas…-habló como si algo le preocupara- Debes venir conmigo, conozco una forma de curarte completamente.

Antes de que él pudiera opinar nada, se vio forzado a seguir a la pequeña hada nuevamente por el bosque tropical, guiado por su luz y sus sentidos lobunos. Tras bastante caminar por senderos escondidos, halló una charca donde había muchas hadas de diversos tipos revoloteando por el lugar. Apenas un instante después de su llegada, apareció en centro del manantial una de mayor tamaño y poder, una Gran Hada, a la que se le podía apreciar perfectamente su parecido al de una mujer corriente.

-¡Ju, ju, ju! Así que este es tu amigo, Ciela…-le habló a la susodicha, que al parecer se conocían, mirando después a Link- Puedo notar tu cansancio, tanto físico como psicológico...algo te perturba y puedo imaginarme lo que es. Pero de momento, será mejor que cure tus heridas…

Un resplandor envolvió a Link, cegándolo durante unos segundos. Al desaparecer aquella luz, sintió su cuerpo complemente renovado y se encontraba en plena forma. No tenía cicatrices ni marcas que reflejaran algún signo de pelea, lo cual le agradeció mucho al hada.

-Esto es un favor que sólo puedo hacérselo a un mismo mortal una vez cada diez años, espero que de ahora en adelante seas más precavido.-le aconsejó por su seguridad- Al aliviar tus dolores físicos he notado una extraña presencia maligna dentro de ti, es algo que está fuera de mi alcance.

-¿De qué habla? ¿Qué clase de energía maligna percibió dentro de mí? –le preguntó preocupándose por su faceta animal, temiendo que pudiera volver a resurgir.

-No únicamente es producto de la maldición que se ha cernido sobre ti, también existe una energía más poderosa y perversa que reside en tu interior, unida a ti en cuerpo y alma. Es imposible separarlas o al menos lo es para mis poderes el hacerlo, no deberías hacer nada que pudiera liberar esa fuerza de tu interior. Pronto empezarás a notar los síntomas…

-¿Qué clase de síntomas? ¿Acaso le será imposible detenerlo? ¿Qué es lo que tiene en su interior, Gran Hada? –quiso saber Ciela, no comprendía lo que le podía estar sucediendo a Link.

-Escuchad con atención, el joven debe ser valiente para aceptar la verdad…

XOXOXOXOXOXOXO

Al día siguiente, Link esperaba impaciente a que regresase la mascota alada de Marín, que había partido en dirección del castillo para averiguar si en el castillo sabrían algo de Zelda. Llevaba esperando horas sentado junto a la cabaña en la que había dormido, acompañado de Ciela y la muchacha pelirroja.

-¡Ey! ¡Ya la veo! ¡Ahí viene Níram! –señaló a la silueta de la gaviota aproximándose a ellos, descendiendo de los cielos.

-¿Qué? ¿Saben algo de ella? –le preguntó ansioso en cuanto se posó sobre el hombro de Marín- ¿Pudiste verla mientras sobrevolabas la isla?

El ave negó rotundamente con la cabeza para contestar a ambas preguntas, provocando una gran decepción en todos los presentes, siendo Link es más dolido con su respuesta.

Apenas la había rescatado, cuando por caprichos del destino la volvió a perder entre las aguas… ¿Dónde estaba Zelda?

Continuará…

XOXOXOXOXOXOX

Nota de Alfax: Un nuevo capítulo, espero que os deje con ganas de más de esta historia y también trataré de actualizar pronto para que a nadie le dé un ataque de ansiedad*.

(*Esto fue deducido debido a los constantes correos preguntándome la fecha de mi próxima actualización y a los propios comentarios habéis dejado.)

¡En fin! ¡Comentad que no hace daño y si es sustancioso mejor! ¡Pronto comenzaran nuevas aventuras en la Isla Koholint! ¡No os lo perdáis!