El sustituto: Capítulo 28
(POV Leia)
–No sé por qué tengo que acompañarte a todas las tiendas, ¿has visto cómo me han mirado esas señoras cuando he ojeado la lencería?–Leia se echó a reír, recordando el momento, mientras caminaba con su hermano por el centro comercial.
–Creerán que eres un pervertido–comentó, distraída por los escaparates y la decoración navideña. Luke resopló, apretando mejor su bufanda alrededor de su cuello.
–No tiene gracia. Has comprado regalos para media ciudad, ¿te falta mucho? Tengo hambre–preguntó, igual de aburrido que un niño pequeño en un coche.
–Todavía no le he comprado nada a Han. Y esta es la única tarde en la que he podido escaparme de él...
–Ah, la pasión al principio de una relación no dura para siempre, ¿eh?–Leia le golpeó levemente en un costado con las bolsas que cargaba.
–No seas tonto. Sabes a lo que me refería–respondió mientras Luke sonreía.
–¿No vas a su casa esta noche?
–No, esta noche ha quedado con Lando y, como comprenderás, mi idea de plan romántico no incluye a mi profesor de historia.
–Solo al sustituto–comentó su hermano.
–Solo al sustituto–afirmó ella, sonriendo.
Ambos jóvenes continuaron husmeando las tiendas, abarrotadas de gente, mientras fuera anochecía. Leia había comprado regalos para los pocos compañeros de clase que le caían bien, para Winter, para sus padres, para Luke (sin que él se enterase, claro) e incluso para Wedge. Pero seguía sin saber qué podía regalar a Han. "¿Qué le regalas a la persona que más quieres en el mundo para que esté a su altura?".
Casi cuando los establecimientos estaban a punto de cerrar, la respuesta llegó a ella como una aparición divina. Paró a Luke, agarrándolo del brazo, mientras sus ojos seguían fijos en el escaparate. Sonrió ampliamente, pensando que aquel sería, probablemente, el regalo más cursi que Han Solo iba a recibir en su vida.
...
Después de la cena, los hermanos salieron del centro comercial, encontrándose con una fuerte tormenta que agitaba las calles de la ciudad. Afortunadamente, el coche de Luke los esperaba aparcado a pocos metros de allí. Corrieron en su dirección, riendo como dos niños pequeños con las bolsas sobre sus cabezas para evitar empaparse. Una vez dentro y de camino a casa, Leia le escribió un mensaje a Han para decirle que lo pasara bien con Lando y que su tarde de estudio había sido mucho más aburrida en la universidad sin él. Esa era la excusa que había puesto para escabullirse.
Luke y ella compartieron un confortable silencio durante la mitad del trayecto hasta que el rubio comenzó a hablarle de sus clases y exámenes. Ella lo escuchó mientras observaba la lluvia torrencial a través de la ventanilla cerrada. Cuando el coche paró en un semáforo, vio algo que la dejó sin habla.
Han luchaba por abrir un paraguas bajo el toldo de una tienda mientras otra mujer lo miraba riendo. Cuando por fin lo abrió, la chica a la que, a pesar de la lluvia, Leia reconoció como aquella profesora del instituto en el que él trabajaba, entrelazó su brazo con el de Han y ambos echaron a andar bajo el paraguas. El semáforo se puso en verde en ese momento y Luke arrancó, ajeno a lo que su hermana acababa de presenciar.
Leia parpadeó un par de veces, todavía mirando hacia la calle en absoluto silencio. Su corazón latía con rapidez, pero no por la razón por la que solía hacerlo normalmente. Han no había quedado con Lando. Había quedado con ella. Y se lo había ocultado. Había vuelto a mentirle, igual que aquel día en el restaurante de comida rápida. ¿Sería la profesora aquella tal Jyn? ¿Por qué estaba su novio quedando a solas con ella? Leia sintió que su estómago se revolvía y tuvo que recostar la cabeza en el respaldo del asiento para no vomitar. Aquel extraño sentimiento volvía a oprimirle el pecho y sintió unas terribles ganas de llorar. A su mente no se le ocurrían muchas respuestas para el hecho de que Han estuviese viendo a otra chica a escondidas. ¿Se había cansado de ella? ¿Se había enamorado de aquella mujer? En lo más profundo de su ser, Leia sabía que debía enfadarse. Probablemente debía llamarlo, decirle que era un mentiroso de mierda, que lo odiaba, que no quería volver a verlo. Pero su pecho dolía todavía más solo con pensar en una vida sin él.
Luke aparcó el coche delante de su puerta y ella salió de forma automática, adentrándose en la casa y dejando al chico detrás, protestando porque no iba a ayudarlo con las bolsas que habían traído.
Leia entró a su habitación, buscó un pijama y entró al baño, sin tan siquiera saludar a sus padres. Se desnudó, abrió el grifo de la ducha y se puso bajo él, apoyando la cabeza contra la pared.
Solo en ese momento se permitió a sí misma derrumbarse.
...
El día de Navidad había llegado y Leia solo había visto a Han una vez tras descubrir su mentira.
Esa vez fue dos días después de su tarde de compras y, aunque le avergonzaba recordarlo, habían tenido el mejor sexo de sus vidas. Todavía seguía sin saber qué se apoderó de ella cuando llegó a casa de Han y lo vio esperándola con la misma sonrisa y calma de siempre. Al principio había querido abofetearlo, pero después simplemente se había lanzado a su boca con ferocidad. Ni siquiera le mencionó que estaba enfadada con él. No le dijo que lo había visto bajo la lluvia con esa profesora. No le pidió explicaciones. Y estaba decepcionada consigo misma por ello.
Así que él seguía pensando que todo iba bien entre ellos mientras Leia se quedaba sin uñas, estresada, preguntándose si estaría saliendo con las dos a la vez y si debería ser ella quien lo dejase antes de que resultase todavía más herida. Pero la forma de hablar y de actuar de Han no eran las de un hombre que engañaba. Seguía comportándose igual con ella, mirándola igual, queriéndola igual. Y ella estaba hecha un lío.
Decidió intentar olvidar con todas sus fuerzas aquello y pasar un día de Navidad relativamente tranquilo. Sus padres, en una gran muestra de amabilidad por su parte, habían invitado a Han a comer con ellos. Y por primera vez Leia se sintió más cómoda con ellos delante. Porque si ellos estaban allí, podría controlarse. No quería montar una escena delante de su familia, a pesar de que, tal vez, Han merecía sufrir la ira de su padre. No lo hizo y se sintió un poco mejor consigo misma y su autocontrol.
Tras la comida, como todos los años, Winter y sus padres hicieron una visita a los Organa para el momento de intercambiar los regalos. Lo hacían así desde que los chicos eran muy pequeños y habían mantenido la tradición todo ese tiempo. A Leia no se le escapó la mirada que los padres de Winter intercambiaron con los suyos cuando vieron que Han también estaba allí y una pequeña parte de ella se sintió enfadada. Los más jóvenes se quedaron en el salón mientras que los adultos salieron a tomar té al jardín.
Entre regalo y regalo, vio a Luke y Winter apartándose hacia un rincón para hablar en voz baja. Cuando iba a preguntar qué se traían entre manos, sin embargo, volvieron a su lado y su amiga habló mirando hacia Han y ella.
–Este es nuestro regalo–dijo, extendiendo un sobre que Leia no había visto antes.
–¿Qué?–preguntó, confundida–¿Vuestro?¿Desde cuándo hacéis regalos juntos?–alzó una ceja mientras Han imitaba su cara de confusión.
–Desde que sale mucho más barato–contestó Luke, encogiéndose de hombros. Leia se quedó un momento en silencio mientras los tres pares de ojos que había en la sala se posaban en ella, expectantes por que abriera su regalo.
–O sea que todo este tiempo...–suspiró y dejó escapar una risa–.¡Sois idiotas, pensaba que estabais liados!–Winter se echó a reír y Han dio varios codazos a Luke sugestivamente. Este se sonrojó, negando con la cabeza.
–Ah, si tan solo tu hermanito quisiera...–dijo su amiga, en un fingido tono soñador y ahora todos rieron.
Leia tragó saliva y miró a Han, extendiendo el sobre hacia él, puesto que también era su regalo. Su novio le hizo señas para que fuese ella quien lo abriera. Bastante inquieta, rompió la parte de arriba y sacó el contenido de su interior. Han se inclinó sobre su hombro para mirar los billetes y Leia bajó la mirada sin decir nada.
–¿Un viaje?¿Para nosotros?–preguntó el profesor, sorprendido. Winter asintió con la cabeza, emocionada.
–Leia ha querido viajar a esa isla desde hace mucho, mucho tiempo–explicó esta–. Hubo una época en la que no hablaba de otra cosa–Luke también asintió para corroborar la historia de su amiga–, así que pensamos que era la ocasión perfecta. ¿Qué mejor que ir con su novio, en una escapada romántica durante las vacaciones de Navidad?
–¿Esto lo saben Bail y Breha?–preguntó Han, dudoso.
Leia hizo lo posible por sonreír a su hermano y a Winter y por parecer emocionada mientras les agradecía el regalo. No sabía si en su situación era muy buena idea hacer un viaje a solas con Han, pero eso ellos no lo sabían y ella tampoco pensaba contarlo. Cuando recogieron todos los papeles de regalos del salón, cayó en la cuenta de que aún tenía que entregarle el suyo a Han. Sintió el frío y el dolor instalándose en su pecho cuando su mente imaginó a aquella mujer haciendo lo mismo y tal vez incluso a Han comprando algo para ella.
Una mano en su cintura la sacó de sus pensamientos. Notó a Han inclinarse detrás de ella para hablarle al oído.
–Hey, ¿podemos ir a tu cuarto un momento?
Leia asintió secamente y aceptó su firme mano de camino a la habitación, con la sangre bombeando en sus oídos y el miedo encogiéndole el corazón.
Quizás, finalmente, no le haría ningún regalo a Han.
Continuará.
