CAPITULO 28 REUNIÓN FAMILIAR

Esa misma noche cogimos el avión dirección a Tomoeda; creo que no tengo que explicar los motivos por los que se nos quitaron a todos las ganas de seguir con este viaje. Joder, todo era una mierda...Nos lo estábamos pasando bien, riéndonos, haciendo locuras...y de la noche a la mañana todo da un giro radical que te cambia los esquemas. Así que aquí me encontraba yo, sentada en el avión junto a Syaoran y con un bajón de cojones. Sin duda estas iban a ser unas de las Navidades más tristes que iba a recordar. A la falta de mis padres – que pasarían las fiestas en vete tú a saber qué sitio – se sumaba la terrible decisión que había tomado mi amiga Meiling hacía apenas unas horas. Yo en su situación no me lo habría pensado...mierda, ella lo tenía todo a su favor. Tenía unos padres amorosos que estaba segura la apoyarían en todo, buena situación económica y un novio maravillosos que se desvivía por ella y no dudaría en hacerlo por su bebé. Lo repito, yo no me lo pensaría dos veces. Como le había dicho a Syaoran, no me veía a mi misma como madre en un futuro muy próximo, pero lo que si tenía claro es que quería tener hijos. Lo que dudaba en serio es que encontrara al hombre perfecto que ejerciera de padre ejemplar, pero llegados a ese punto no me importaba ser madre soltera...Dios, estaba teniendo una de esas diarreas mentales que solían darme. Detecté movimiento detrás de mi asiento, segundos después vi a Meiling correr hacia los baños. Syaoran me miró preocupado.

- ¿Es normal que vomite tanto? - me preguntó angustiado – Apenas ha comido y...

- Tranquilo, Syaoran – le puse la mano en el brazo – Dicen que algunas mujeres vomitan todo el rato.

Miré hacia atrás y vi a Lien hundido en su asiento de mala manera y con un brazo atravesado en la cara tapándose los ojos; al pobre no le quedaba otra que resignarse a lo que decidiera Meiling. Debía de ser dura su postura, el embarazo era cosa de dos...pero la decisión final sólo la podría tomar ella. La puerta del baño se abrió y salió Meiling; venía un poco pálida y con la frente perlada de sudor. Al parecer la vuelta en avión no le estaba sentando nada bien.

- ¿Estás bien? - la pregunté girándome de nuevo.

- Sí, una vez que vomito se me pasa el malestar...a ver cuánto dura esta vez – Lien la cogió de la mano.

- ¿Quieres que le pida a la azafata una infusión? - Meiling negó con la cabeza.

- No, voy a intentar dormir un poquito, me siento muy cansada...

Volví a acomodarme en mi asiento mientras oía los ronquidos de Eriol a lo lejos; era el único que tenía la capacidad de no preocuparse bajo ningún concepto...qué suerte tenía el capullo.

- Quería hablar contigo, Sakura– miré a Syaoran mientras se colocaba las gafas en su sitio. Era un poco banal pensar en aquello, pero de mi cuenta en ese momento que Syaoran me encantaba cuando llevaba puestas sus gafas...

- Cuando quieras – miró por encima del asiento para comprobar el estado de su hermana y después se giró hacia mí.

- Es sobre nuestras...clases...o pacto...o como quieras llamarlo – me tensé de repente. El gesto de Syaoran era tenso...¿y si me decía que no quería seguir con lo nuestro? ¿Y si se había dado cuenta de que eso de amigos con derecho a roce no le gusta? ¿Y si se ha acordado de Estefany ahora que volvemos a la normalidad? ¿Y si...? - Quiero pedirte perdón – le miré con los ojos como platos.

- ¿Por...por qué?

- He estado repasando los momentos que hemos pasado tu y yo durante el viaje y...creo que me he sobrepasado...- levanté una ceja. Ahora estaba avergonzado...

- ¿Que te has sobrepasado? Syaoran...creo que me he perdido...

- Sí...primero en ese baño...si no nos llegan a interrumpir no hubiera parado, ¿sabes? Eso de...quitarte las bragas y dejar que fueras sin ropa interior por la calle – se pasó la mano por el pelo – Me pasé un huevo...y eso por no hablar de lo de antes...Me abalancé sobre ti como si fueras una indefensa oveja y yo un león salido...- sonreí.

- Syaoran – concentró su mirada en sus manos – Hey, mírame...No te avergüences ni te sientas mal...No me ha molestado nada en absoluto, es más...lo he disfrutado todo. Mucho – su sonrisa se ensanchó poco a poco hasta dejarme ver sus perfectos dientes blancos.

- ¿Si?

- Por supuesto. Estoy muy a gusto contigo, Syaoran. De verdad...

Lo que hizo a continuación me dejó un poco bloqueada; Syaoran me cogió con ambas manos de la cara y me estampó un beso tierno y sensual a la vez. Cuando separó nuestros labios me miró a los ojos mientras acariciaba mi boca con el pulgar.

- Yo también estoy muy bien contigo...

El resto del tiempo lo pasé en silencio mientras miraba por la pequeña ventana ovalada. Dios santo, Syaoran siempre conseguía dejarme sin palabras, ¿cómo podía desarmarme de esa manera? Cuando me quise dar cuentas el piloto del avión nos avisó por megafonía que el aterrizaje se produciría en breve, que nos abrochásemos los cinturones. Media hora después estábamos esperando para poder recoger nuestras maletas. Meiling estaba apoyada en Lien. Había recuperado un poco – muuuy poco – el color de su cara, seguramente estaría nerviosa por el inminente encuentro con sus padres...Mientras tanto Tomoyo no dejaba de mirarla con los ojos entrecerrados. La morena se había cogido un cabreo monumental con Meiling...sinceramente, las entendía a las dos. Meiling no se veía capaz de superar la prueba que el destino la había impuesto...y Tomoyo no se veía capaz de superar la pérdida de su sobrino aún no nacido. Y he de decir que en este caso me ponía de parte de Tomoyo...

Decidí irme con los chicos a la casa de los Li. Se iba a tratar de una reunión familiar, pero aún así Tomoyo y yo decidimos ir con ellos. Ahora mismo ellos eran mi familia y quería apoyarlos como se merecían. Tras recoger nuestras maletas y cargarlas en dos taxis pusimos rumbo a la casa Li. Syaoran, Tomoyo, Eriol y yo nos montamos en uno de los coches para darles un poco de privacidad a la pareja; necesitaban hablar entre ellos antes de enfrentarse a los padres de Meiling. Me senté en el asiento trasero, entre Tomoyo Y Syaoran, este pasó un brazo por detrás de mi cuerpo dejándome sentir el calor de su cuerpo. Podía oir a Tomoyo murmurando por lo bajo.

- Tommy, me estás poniendo nervioso – dijo Syaoran.

- Pues felicidades – gruñó – ¡No me lo puedo creer! Es un bebe, joder...¡un bebé!

- No va a ser un alien, no te jode – murmuró Eriol desde el asiento delantero. El taxi no dejaba de mirarnos por el espejo retrovisor.

- No llames alíen a mi sobrino, osito – al taxista se le escapó una risita.

- Yo se lo avisé a Lien – dijo Eriol – Tío...ten cuidado con esos condones de sabores tan raros...

- ¿Qué coño tienen que ver aquí los condones de sabores? - pregunté confundida.

- No sé...pero no me fío de ellos. ¡A saber qué componentes llevan! Además, a mi se me hace muy raro verme la polla enfundada en preservativos de colores – el taxista le miró raro – Es la verdad, amigo – le contestó el grandullón.

- No ha sido por los putos preservativos de colores – defendió Tomoyo – El problema es que follan como conejos...- Syaoran se tapó los ojos con la mano incapaz de oir hablar así de su hermana – En uno de sus muchos arrebatos se les habrá olvidado ponerle la funda al pequeño Laini.

- ¿Pequeño Laini? - preguntó Syaoran.

- Así es como apodó Meiling a la polla de Lien – dijo con total naturalidad.

- Dios mío – murmuró Syaoran.

Al fin llegamos a nuestro destino. El amable taxista nos ayudó a bajar las maletas del coche mientras sacábamos el dinero para pagarle. Tras coger los billetes, nos miró muy serio a cada uno de nosotros.

- Gracias – dijo señalando la propina – Por cierto...esta es la conversación más rara que he podido oír a unos clientes en mis veinte años como taxista – nos saludó con la cabeza y se metió en el coche.

Meiling Y Lien llegaron justo después de nosotros. Mi amiga se mordió el labio y nos miró a todos.

- Estamos contigo, Mei – le apoyó Eriol.

Los seis fuimos hasta la puerta y llamamos al timbre, segundos después nos abrió una Ieran muy confundida

- Chicos...¿cómo es que estan aquí? Si no volvíais hasta dentro de dos días...- nos miró de arriba abajo comprobando si estábamos en condiciones - ¿Ha pasado algo? ¿Por qué no nos habéis avisado para ir a recogeros al aeropuerto? - nos preguntó mientras entrábamos en el salón y nos abrazaba a todos.

- Es que...surgió...algo – balbuceó Meiling - ¿Está papa?

- Está en su despacho, no ha debido oírlos llegar...¡Hien! - se giró de nuevo hacia Meiling y la miró con preocupación - ¿Estás bien, hija?

- ¿Qué pasa, Ieran? - Hien paró en seco cuando nos vio a todos en el salón de su casa - ¿No teníais que venir más tarde, chicos?

- Meiling dice que surgió...algo – dijo Ieran – Pero aún no nos lo ha explicado...¿Qué ocurre, hija?

- Tomoyo...creo que va siendo hora de que tu y yo vayamos a la cocina a...preparar unos cafés – miré la cara de Meiling – o unas tilas. Vamos – tiré de ella para dejar que la familia hablara con tranquilidad.

Entramos en la gran cocina blanca en la que Ieran nos preparaba esos bizcochos y esas tartas deliciosas; era la única vez que podía comer comida casera realizada por una madre...Tomoyo se sentó en uno de los taburetes altos que había junto a la encimera mientras yo sacaba lo necesario para preparar unos cafés y unas infusiones. Aquí, en la casa de los Li me sentía como en la mía propia ya que Ieran nos dejaba total libertad de movimientos.

- Yo debería de estar ahí – murmuró Tomoyo enfadada.

- No, tu tienes que estar aquí conmigo. Es una reunión familiar, los hermanos y el novio hablando con los padres...Además, demasiado nerviosa está Meiling como para sentir tu mirada matadora en su nuca. Por si no te has dado cuenta necesita nuestro apoyo en lo que decida.

- No puedo apoyar su decisión, joder...

- Hey...Tommy...¿Qué te pasa? ¿Por qué reaccionas así ante este tema? Es jodido, pero nosotras no podemos hacer nada...

- Reacciono así porque yo podría tener ahora un hermano de seis años, Sakura – abrí mucho los ojos.

- ¿Qué? - Tomoyo se limpió los ojos y me miró muy seria.

- Mi madre se quedó embarazada hace seis años, mi padre, Lien y yo estábamos muy contentos...yo tenía la esperanza de que fuera niña para poder hacerla peinados y vestirla de mil maneras diferentes...pero lamentablemente dos meses después mi madre abortó.

- ¿Por qué? - pregunté sorprendida.

- Los médicos dijeron que tuvo un embarazo ectópico...simplemente lo perdió – Tomoyo se derrumbó sobre la mesa – Por eso quizás nosotros estamos más sensibles con este tema, Sakura. Porque lo sufrimos en nuestra familia...

- Lo siento, Tommy...pero no fue el mismo caso. Tu madre no tuvo opción de elegir...

Syaoran entró en la cocina sin decir ninguna palabra. Se acercó a nosotras, se sentó y se quitó las gafas para frotarse los ojos.

- ¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Meiling? ¿Y tus padres? - le acosó Tomoyo a preguntas.

- Creo que están un poco en shock, pero no se lo han tomado mal...- se giró en la silla y me miró – Necesito pedirte un favor, es por Meiling...

- Dime, pídeme lo que sea...

- Quiere que la acompañes tú a la clínica, Sakura. Ya lo ha decidido, mañana mismo lo hará...

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Vi como Tomoyo y Sakura se marchaban a la cocina para dejarnos hablar en familia; quizás lo ideal hubiera sido que Lien y Meiling hablaran solos con mis padres, pero al ver la mirada suplicante de mi amigo decidimos quedarnos a apoyarle. Mi madre nos volvió a mirar de arriba abajo y se centró un poco más en Meiling. Era evidente que la pasaba algo, su cara reflejaba la mala noche y el mal viaje que había pasado.

- ¿Qué ocurre? - preguntó mi madre con temor.

- Creo...creo que es mejor que nos sentemos – dije atrayendo la mirada de mi madre.

- ¿Y a ti que te ha pasado? - me preguntó mi padre.

- ¿Qué?

- Tu ropa...estás...diferente – dijo mi madre.

- Oh...las chicas me han ayudado un poco con mi imagen – me rasqué la cabeza – Pero eso ahora no es importante...¿Nos sentamos?

- Cuando un hijo le dice a sus padres "siéntate" es que es algo malo – murmuró mi padre mientras nos acomodamos en los sillones.

- Yo...- Meiling carraspeó – Yo...tengo algo que deciros...Estoy...estoy embarazada...

Por el rabillo del ojo vi cómo Lien le cogía la mano a mi hermana. Y después silencio. Mucho silencio. Parecía como en las películas, cuando se hace un silencio tenso que rellenan con el canto de un grillo...aquí nos faltaba el grillo. No se oyó ni una respiración más alta que otra, sólo el sonido de los vasos en la cocina. Mis padres se quedaron como dos estatuas. Miraron a Meiling y luego se miraron entre ellos.

- Vaya – susurró mi madre - ¿Estás bien, hija? ¿Te notas alguna molestia? ¿Cuándo te has enterado? - mi padre seguía sin moverse.

- Me he enterado esta mañana, me hice un test de farmacia porque me encontraba mal...y me di cuenta de que tenía un atraso...Vomito todo el tiempo – sollozó mi hermana.

- Oh, hija mía – mi madre se acercó y la abrazó con dulzura.

- Ieran – dijo Lien – Yo...yo quiero que sepais que estaré en todo momento con Meiling, yo...la quiero – dijo ruborizado.

- Lo se, hijo – mi madre besó en la frente a Lien y le sonrió – Realmente no me esperaba esta noticia, pero son cosas que pasan...Te apoyaremos hija, ¿a que si, Hien? - mi padre no respondió - ¿Hien? - mi padre estaba tan rígido como si le hubieran echado cemento por encima - ¡HIEN!

- Mi hija...embarazada...- levantó la vista y miró con los ojos entrecerrados a Lien – Tú...¿acaso no te quedaron claras las clases de sexualidad que os dieron en el instituto? - Lien se hundió en su propia miseria-

- Lo...lo siento mucho, Hien...te aseguro que siempre nos hemos protegido y...

- Y os dije que no usarais los condones de sabores – dijo Eriol. La cara de mi padre adquirió un enfermizo tono verde y mi madre frunció el ceño...por no hablar de Meiling; estaba roja como un tomate.

- Que pesado estás con el temita, Eriol – espeté – Ya has dejado clara tu opinión en el taxi...joder, para ya con eso...

- Condones de sabores...- murmuró mi madre – Es un poco incómodo enterarse de las prácticas sexuales de tus hijos...En fin, es algo...natural, ¿no? - intentó sonreír pero no lo consiguió - Como sea...os apoyaremos...Hien – mi madre golpeó con el codo a mi padre - ¿A que si?

- Eh...sí, claro...- mi padre se recolocó en el sillón y su gesto se volvió profesional – Supongo que no te ha revisado ningún médico – Meiling negó – Bien, mañana mismo iremos al hospital a que mi colega de ginecología te haga una revisión. Deberías empezar cuanto antes con las vitaminas, te harán unos análisis, una ecografía...

- No – dijo mi hermana. Mi padre la miró confundido.

- Tienes que empezar cuanto antes con las revisiones, hija. No te pasará nada, no te harán daño. Tu madre y yo estaremos contigo y...

- No...no voy a seguir adelante – mi madre ahogó un gemido.

- ¿Quieres abortar?

- Supongo que es lo mejor...acabo de empezar segundo de carrera, necesito terminar mis estudios para conseguir se alguien, mama...no puedo dejarlo todo ahora...

- Pero yo podría ayudarte...

- No, ya lo he decidido...quiero hacer las cosas cuanto antes – dijo limpiándose una solitaria lágrima.

- Yo...yo le he dicho a Meiling que sería inmensamente feliz si decidiera seguir adelante...- Lien miró a los ojos a mi padre – No me importaría sacrificarme por el bebé...pero...no he logrado convencerla...- mi padre asintió valorando las palabras de mi amigo.

- Está bien...mañana mismo iremos a visitar al ginecólogo...para...- mi padre no pudo terminar la frase.

- Yo no creo que pueda – mi madre tenía los ojos rojos por las lágrimas – Se que son jóvenes, quizás demasiado para ser padres pero...no puedo creer que vayas a hacer eso...

- Lo siento, mamá...pero es mi decisión. Syaoran...se que Tomoyo está enfadada conmigo pero, ¿crees que Sakura me acompañaría? Necesito una presencia femenina conmigo...- suspiré mientras me colocaba las gafas.

- Supongo que irá contigo a donde la pidas...voy a decírselo a las chicas...

Cuando entré en la cocina vi que Sakura había preparado una cafetera y había calentado agua para las infusiones que pudiéramos necesitar. Ella siempre pensaba en todo...Después de dejar que Tomoyo me acosara a preguntas me senté junto a Sakura y le pregunté la petición de mi hermana.

- Dime, pídeme lo que sea...- me dijo con la sinceridad impresa en sus ojos esmeraldas.

- Quiere que la acompañes tú a la clínica, Sakura. Ya lo ha decidido, mañana mismo lo hará...- suspiré – Creo que lo quiere hacer cuanto antes para intentar creer que no ha pasado nada.

- ¡Lleva un bebé dentro, por el amor de Dios! - exclamó Tomoyo.

- Tiene miedo, Tomoyo – le expliqué – Está asustada y creo que es normal. Todos nos hemos puesto en contra de su decisión...

- Jamás la apoyaré en ese tema, Syaoran...Si quiere cargar con un peso en su conciencia durante el resto de sus días...allá ella...- salió de la cocina hasta el salón más enfadada aun que antes.

- Cabezota – murmuré.

- Ese tema es muy delicado para Tomoyo, Syaoran – me dijo Sakura – Tiene sus motivos para estar así...también hay que comprenderla.

- Sí, vale...pero ahora mismo a mí la que me importa es mi hermana...- me pasé las manos por el pelo - ¿Lo harás? ¿Irás con ella? Se que no te gusta la decisión que ha tomado, pero te necesita y...

- Claro que iré – me cortó – Jamás la dejaría tirada...

Sin poder darla las gracias con palabras lo que hice fue abrazarla con fuerza metiendo la cara en esa suave curvatura de su cuello sintiendo ese aroma suyo tan intenso y especial.

- Gracias, Sakura...últimamente...no se que haría sin ti...

Uhhh, Meiling se está ganando la antipatía de todos...Ante todo quiero deciros que estoy totalmente en contra del aborto...En cuanto al capi, ¿qué os ha parecido? ¿Cómo será la visita de Meiling al hospital?

EN EL PRÓXIMO CAPITULO

- ¿Ese...- señaló el dibujo del feto – ese es el aspecto que tiene mi...?

- ¿El aspecto que tiene tu bebé? - Meiling asintió. El hombre pasó unas fichas y pudimos ver una foto real de un feto de ocho semanas. Se podía distinguir casi a la perfección todos los contornos de su cuerpo, sus ojos...- Este es el aspecto real...

Me emocioné como una gilipollas. El milagro de la vida...era increíble. ¿Cómo de la unión de dos personas podía nacer una nueva vida? ¿Cómo sería la sensación de sentir una vida creciendo dentro de ti? Meiling retiró las fichas casi con brusquedad y, secándose los ojos con rabia, le habló al médico.

- Guarde eso, doctor Smith...ya he tomado mi decisión...Ya está decidido y no hay vuelta atrás...