Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Radditz se detuvo, el trozo de comida alzado a medio camino de su boca, sus ojos centrados lejos y nublados.
"¿Qué sucede?" Goku preguntó, dejando su propio tazón en medio de la pila de platos cuyo contenido ya había consumido.
Radditz parpadeó, mirando a Goku como si nunca lo hubiera visto antes. "¿Qué?"
ChiChi frunció el ceño y bajó sus palillos. "Te preguntó qué sucede," ella dijo con aspereza. "Gohan, no te olvides de usar tu servilleta."
Radditz se volvió y miró a Gohan, mirando al pequeño mientras éste se secaba con cuidado la boca con la servilleta blanca. Gohan notó la mirada de su tío y lo miró también, sus grandes ojos buscando en el curtido rostro del guerrero. "¿Qué pasa, tío Radditz?" el muchacho preguntó suavemente.
"El Príncipe," Radditz susurró, sus ojos vidriosos una vez más. "Algo está mal con el Príncipe."
Goku se puso de pie, derribando su silla y ganando una mirada de Chichi. "¡Entonces vamos!" dijo, mirando a la puerta. Gohan saltó de su silla y comenzó a trepar tras él, su cola moviéndose de aquí para allá detrás de él.
Radditz envolvió su propia cola más fuertemente alrededor de su cintura y se puso de pie, corriendo él mismo hacia la puerta. "No, iré solo," dijo con severidad, mirando a Gohan.
"No tienes que hacerlo," Goku protestó. "Es posible que necesites ayuda," insistió, tratando moverse más allá de Radditz y al patio.
Radditz bateó a Goku a un lado. "¡Dije que no!" dijo bruscamente. "No te necesito para esto. Tal vez si fueras un verdadero Saiyajin..."
Los oscuros ojos de Goku brillaron por un momento con dolor. "Pero, Radditz..."
"¡Cállate! Quédate aquí," insistió, señalando asintiendo a ChiChi. "La cena estuvo buena," comentó, y salió por la puerta, volando de inmediato y desapareciendo en un punto en cuestión de segundos.
"¿Crees que todo esté bien?" Gohan preguntó, acercándose a su padre y tirando de la pierna del pantalón.
Goku se agachó y levantó al niño, presionando su mejilla en la corona de suave cabello. "Espero que sí, Gohan, eso espero."
Las piernas de Zarbon casi se rindieron debajo de él cuando aterrizó en el patio trasero, tambaleándose hacia donde había una puerta, su piel ardiendo con cortes y su cabeza palpitando. Se centró en poner un pie delante del otro, ignorando los gritos de dolor de sus huesos rotos, toda su atención en pasar a Vegeta por esa puerta, meterlo en un tanque, asegurándose de que... sus pensamientos fueron interrumpidos mientras una figura oscura aterrizaba sobre el césped frente a él, las manos plantadas en las caderas. "¿Qué diablos estás haciendo con él?" una voz aguda dijo en la noche.
"Fuera de mi camino, Radditz," Zarbon espetó, continuando su lenta marcha hacia adelante. Estrellas florecieron en su visión cuando fue golpeado en la cabeza, jadeando mientras sus brazos le fallaron y Vegeta rodaba por el suelo. Zarbon se dio cuenta vagamente de que estaba en el suelo también, las briznas de hierba irritando sus fosas nasales con costras de sangre. Gruñó mientras sacaba sus brazos debajo de él y se levantaba despacio, moviéndose a un lado mientras trataba de encontrar una posición de equilibrio que no lo cegara con dolor. Su energía estaba casi desaparecida por completo y sólo su desesperación lo mantenía levantado. Se tambaleó hasta el cuerpo de Vegeta y lo levantó de nuevo, retomando su marcha hacia el edificio.
"¡Bájalo!" Radditz gritó.
"Estoy tratando de ayudarlo," Zarbon siseó, entrecerrando sus menos hinchados.
"No hay manera que vaya a confiar en ti," el Saiyajin siseó, lanzándose a Zarbon.
Zarbon sintió ira lazar sus venas y arrojó a Vegeta tan lejos en el aire como pudo, rápidamente dándole a Radditz un golpe en el cuello. Radditz gruñó y se tambaleó a un lado, cayendo y momentáneamente paralizado. Zarbon alzó la vista y usó lo último de su ki para frenar el descenso de Vegeta mientras lo atrapaba suavemente, siguiendo caminando a la casa. Sus ojos estaban entrenados en las brillantes luces en los pisos superiores, donde estaban las habitaciones privadas de la familia, instando en silencio a que alguien saliera y lo ayudara. Sus músculos estaban rotos y maltrechos y no podía mantenerse por mucho más. Luego se tropezó hacia adelante, Vegeta derramándose de su agarre y rodando por el suelo, y el único pensamiento en su cabeza fue el rezo de que las costillas rotas de Vegeta no hubieran perforado órganos. Alguien lo había levantado por detrás. Tosió un poco de sangre e hizo lo mejor para girarse, mirando vagamente a Radditz, que se había movido para pararse sobre él. La increíble cantidad de pelo negro del Saiyajin soplaba en la ligera brisa, su masa salvaje oscureciendo la vista de Zarbon de los cielos. Sabía que la nave había entrado en órbita durante la noche, así que no había ayuda allí. Un gruñido de dolor escapó de él sin permiso y el rostro de Radditz se apretó. Zarbon hizo una mueca mientras Radditz se agachaba y tomaba la parte de atrás de su cuello, levantándolo hasta que estuviera sentado antes de golpearlo en el rostro de nuevo. Las heridas que se habían coagulado ahora se abrieron una vez más, fresca sangre corriendo de su nariz a sus labios y varios cortes manchando con sangre la mano abierta de Radditz. "Detén esto, Radditz," Zarbon murmuró. "Estás condenando a Vegeta a morir."
"Haría cualquier cosa por salvar a mi príncipe. ¡Si dices que ya no tiene remedio entonces lo vengaré matándote!" gruñó Radditz, su agarre en la parte de atrás del cuello de Zarbon apretándose.
"No está perdido, ¡pero tal vez lo estará si desperdicias tu tiempo sacando tu agresividad en mí y no dejándome ayudarlo!" espetó Zarbon, ahogándose en la sangre en su garganta con la última palabra.
Radditz frunció el ceño y liberó a Zarbon, mirándolo rebotar levemente mientras caía al suelo, y se levantaba erguido. Su melena comenzó a levantarse lentamente mientras incrementaba su poder, su cuerpo finalmente rodeado por una brillante luz al golpear su límite. Zarbon entornó sus ojos contra la luz y suspiró, esperando el final.
"Radditz, ¿qué está sucediendo?" chilló una voz aguda en dirección de la casa.
Zarbon miró como las facciones de Radditz drenar la mayor parte de su ira y el brillo de poder desaparecer casi de inmediato. "Yo..." comenzó, levantando sus brazos un poco en un gesto incierto.
"Dios santo," gritó Bulma mientras corría hacia ellos, jadeó cuando vio a Zarbon y a Vegeta. "¿Tú hiciste esto, Radditz?"
Radditz palideció. "No, ¡por supuesto que no!" protestó. "Deben habérselo hecho el uno al otro."
"Pensé que eran amigos o algo," dijo una nueva voz masculina, y Zarbon sintió al césped detrás de él moverse mientras alguien se arrodillaba allí. Un rostro con cicatrices lo miró, negros ojos preocupados.
"Creo que lo son, Yamcha," respondió Bulma, acercándose para mirar a Zarbon, su rostro torcido con disgusto. "¿Pero por qué se harían esto?"
Los ojos de Radditz estaban lanzando dagas a Yamcha. "No lo sé," admitió.
"Bueno, ¿por qué estás ahí parado? ¡Lleva a Vegeta a un tanque en este instante! No quiero que mi trato de tecnología sea arruinado sólo por algún ajuste de cuentas," Bulma ordenó con furia.
"¿Estás bien?" Yamcha preguntó, sus ojos moviéndose sobre las heridas de Zarbon.
Las cejas de Zarbon se bajaron sólo una fracción en confusión. ¿Por qué se preocuparía este terrícola? "Podría estarlo eventualmente," dijo Zarbon, tosiendo.
Yamcha soltó un silbido. "Hombre, lo siento, pero te ves como la mierda. Arruinaste un lindo par de pantalones, también," dijo.
Zarbon se echó a reír, realmente divertido. "Sí, lo sé," suspiró mirando a Radditz levantar a Vegeta con el rabillo del ojo.
"Escucha, tenemos que llevarte adentro también. ¿Me dejarás ayudarte?" Sé que a veces ustedes los alienígenas parecen tener una rara cosa de orgullo en ustedes," preguntó Yamcha con suavidad.
Zarbon rió de nuevo, el sonido convirtiéndose en una tos mientras sangre pasaba a sus labios desde su garganta. "No soy un Saiyajin," respondió. "Tomaré la ayuda que pueda tomar."
"Genial," Yamcha dijo con una amplia sonrisa, y se agachó, tomando a Zarbon por debajo de las axilas y levantándolo para ponerlo de pie. Extendió uno de los brazos de Zarbon y se posicionó debajo de él, levantando a Zarbon mientras caminaban lentamente hacia la casa.
"¿Entonces cuándo te curaste?" preguntó Zarbon. "La última vez que te vi estabas yaciendo en una cama tratando de que Vegeta te hiciera volar al infierno."
Yamcha lo miró y rió, moviendo su agarre cuando vio a Zarbon hacer un gesto de dolor. "Sí, es una mala costumbre mía," admitió. "Bulma me puso en un tanque una vez que estuvo libre, y luego tuvo que hacer unos trámites."
Zarbon sonrió débilmente y colgó su cabeza, concentrándose en poner un pie frente al otro. "Ustedes los terrícolas son tan extraños," susurró.
"No cabe duda de eso," bufó Yamcha. "Ustedes muchachos no son exactamente normales."
Zarbon trató de responder pero fue tomado por un ataque de tos en su lugar. Sangre escurrió de sus labios y corrió por su mentón. El rostro de Yamcha se oscureció en un preocupado ceño fruncido. "Tenemos que hacer que te traten rápido," dijo suavemente, un suave brillo de poder rodeándolos a ambos, y se elevaron del suelo, tomando algo de velocidad mientras llegaban a la casa.
"Gracias," dijo Zarbon en voz baja y se desmayó.
Se levantó con los chirridos de la mujer, sus ojos abriéndose lentamente mientras se estremecía internamente con el sonido. "¿Qué quieres decir, que lo desarmaste?" gritó ella, agitando un puño.
"Pensé que tus amigos alienígenas terminaron de luchar," respondió la voz del Dr. Briefs. "No pensé que lastimaría hacer una pequeña revisación."
"¡Pero lo ROMPISTE, papá!" Bulma gritó de nuevo, levantando sus manos en exasperación. "¡Podrían morir ahora!"
El Dr. Briefs se puso de pie y bajó el destornillador que tenía en la mano, girándose y mirando al tanque que había comenzando a desmontar. "¿Cómo se supone que iba a saber que intentarían matarse uno a otro, Bulma?" preguntó suavemente, alzando una ceja.
Bulma gruñó y puso una mano en su cabeza. "¿Y no prestaste atención cuando lo estabas desarmando?"
El Dr. Briefs se encogió de hombros. "Supongo que no. La tecnología alienígena es simplemente demasiado fascinante."
"¡Maldita sea!" Bulma dijo con un suspiro, pasando una mano a través de su cabello. "Si su engreído líder se muere el acuerdo de tecnología terminará."
"Bulma," Yamcha ofreció, de pie a un lado y todavía apoyando a Zarbon. "¿Por qué no pones al pequeño muchacho en el tanque que funciona ahora?" Está más lastimado y no tienes mucho tiempo."
Bulma se volteó y miró a Radditz, que estaba allí sosteniendo el destrozado cuerpo de Vegeta en sus brazos. Poniendo una mano en su frente de nuevo suspiró. "Sí, hazlo y pon a Vegeta ahora. ¿Entonces qué hacemos con Zarbon?"
"Que muera," gruñó Radditz.
Zarbon levantó su cabeza. "¿Qué? dijo en voz débil. "¿Qué tienes contra mí? ¿Todavía estás enojado por lo que te hice en Arlia?"
El rostro de Radditz se desencajó de ira. "¡No sólo eso sino que ayudaste a destruir Vejiitasei!" escupió, sus ojos llameantes.
Bulma palideció y se volteó para mirar a Zarbon. "¿Tú eres el que casi mató a Radditz?" jadeó, poniendo sus dedos en su boca. "¿Tú destruiste su planeta de origen?"
Zarbon suspiró, sacudiendo su cabeza casi imperceptiblemente. "Sí, casi lo maté, pero sólo fue por órdenes. Nada personal, ya sabes como es el asunto de los guerreros. En cuanto a Vejiitasei, no tuve nada que ver con eso más que trabajé para la persona que ordenó hacerlo," respondió, su voz exhausta.
"Bulma, déjalo en paz, ¿está bien?" Yamcha interrumpió. "Creo que puedo ayudar a este. ¿Vas a lograrlo por un rato?" preguntó Zarbon.
"Sí," Zarbon respondió, reverenciando su cabeza mientras Yamcha lo bajaba suavemente a una silla.
"Genial. Siéntate fuerte. Es tarde, pero apuesto a que Goku todavía está despierto. Él será capaz de ayudar," dijo Yamcha, mirando a Bulma.
Ella estaba frotando sus sienes. "Bien, lo que sea. Radditz pon a Vegta en el tanque que funciona." Radditz asintió y se movió para hacer lo que ella decía, pero sus ojos siguieron a Yamcha mientras él la saludaba con un guiño y se iba de la habitación.
Zarbon suspiró y echó su cabeza hacia atrás, sintiendo el flujo de sangre de sus heridas reducirse mientras se coagulaban. Bulma instó a su padre con furia fuera de la habitación y se quedó allí, mirando a los pedazos de circuitos del tanque en el suelo. Sus azules ojos se alzaron para encontrarse con los de él, y fue capaz de leer su miedo allí. Ella al parecer no tenía miedo de Radditz en lo absoluto, y no parecía tener miedo de Vegeta tampoco. Luchó contra el deseo de sonreírle y suspirar, concentrándose en cambio en mantenerse con vida.
"Puedo ayudar," dijo Radditz, repentinamente muy cerca detrás de ella.
Bulma se volteó y encontró que él estaba a sólo pocos centímetros, sus oscuros ojos mirándola, los duros bordes de su expresión suavizándose. "¿Con qué?" preguntó desesperanzada.
"Con el tanque," respondió, haciendo un gesto. "Mi padre era una especie de científico, y uno de mis pasatiempos era reparar el equipo roto en el Imperio de Freezer."
Los ojos de Bulma brillaron con interés. "¿De verdad?" dijo ella, la voz emocionada. "¿Puedes arreglarlo? ¿Lo harás?"
Radditz sonrió. "Sí," dijo, arrodillándose y mirando al panel. "Verás, tu padre ha sacado el protocolo de inyección de fluidos, y esa cosa es lo que calcula de estructura genética del paciente. Esto va aquí," dijo, poniendo una pequeña pieza en su lugar, "pero faltan algunos cables."
Bulma se inclinó, mirando al panel con él. "Wow, genial," susurró.
Zarbon frunció el ceño, el movimiento doliéndole mientras pequeños cortes en su rostro se contorsionaban. "¿No debería hacer arrancar alguien el tanque de Vegeta?" interumpió. Los cabeza de huevo tecnológicos eran siempre tan atolondrados.
Bulma se puso de pie y lo miró, sonrojándose. "Oh, cierto," dijo ella, coriendo hacia el tanque y entrando algunos datos. Cuando terminó puso una mano en el vidrio, mirando mientras el tanque comenzaba a llenarse con el líquido azul. "¿Quería que lo mates?" le preguntó a Zarbon con suavidad.
Zarbon bajó su vista, relajándose en la silla tanto como sus heridas se lo permitían. "Sí," respondió.
Bulma asintió y se volteó, dejando que sus dedos pasaran por el frío vidrio del tanque antes de que su brazo cayera a su lado. "Ya veo," dijo. "Gracias por tu ayuda, Radditz. Te conseguiré esos cables," dijo, y se fue en silencio de la habitación.
Radditz se enderezó y la vio irse, sus manos detenidas en sus movimientos. "Ningún problema," murmuró, mirando a donde ella había estado por largos momentos antes de reanudar su trabajo.
"Hey, allí, despierta," una voz dijo suavemente.
Zarbon dejó aletear sus ojos para abrirlos, sobresaltado por un momento mientras negros ojos lo contemplaban. ¿Qué estaba haciendo un Saiyajin esperándolo? Luego la realización cayó sobre él como una ola; no era un Saiyajin en lo absoluto, sino el hombre con cicatrices de la Tierra, Yamcha. "¿Qué sucedió?" murmuró, sin estar dispuesto a reunir la fuerza que tomaba para hablar en voz alta.
El terrícola sonrió incómodo, un pequeño pliegue apareciendo entre sus cejas y la piel apretándose en las esquinas de sus ojos. "Fui a tratar de conseguir algunas semillas del ermitaño para ti, pero resulta que no quedó ninguna," dijo, sonrojándose. "Lo siento por eso. Estoy un poco avergonzado."
Zarbon sacudió su cabeza levemente, cerrando sus ojos para indicar que no era un problema. "¿Cómo está el príncipe?"
Yamcha parpadeó, una sombra de un ceño fruncido pasando sobre su rostro sólo por un instante. "¿Quieres decir Vegeta? Todavía está en el tanque y probablemente lo estará por al menos dos días más, si los cálculos de Bulma son correctos," respondió. "Ese sujeto Radditz está trabajando en deshacer el daño que el Dr. Briefs infligió en la otra máquina, pero aún podría tomar un tiempo para meterte en un tanque."
"Está bien," dijo Zarbon, moviendo su dorada mirada sobre el rostro con cicatrices. "¿Entonces por qué estás aquí? Esta no es tu casa, ¿verdad? ¿Eres el compañero de Bulma?"
De nuevo un sonroje apareció en las mejillas del hombre y sus oscuros ojos se alejaron. "No, no soy el marido de Bulma y esta no es mu casa. Ella estaría cuidando de ti por sí misma pero siempre murmura alguna excusa poco convincente y se va. Creo que te tiene miedo."
"¿Entonces te haces cargo de sus despojos?" dijo Zarbon, comenzando a alzar una ceja pero se detuvo cuando se dio cuenta que dolía demasiado.
Yamcha se encogió de hombros. "Supongo. Así ha sido siempre. Pero realmente no me importa. Demonios, tú no eres quien trató de matarme una y otra vez, y además, pareces tener un buen gusto por la moda, aunque no creo que yo hubiera usado esos zapatos con esos pantalones."
Zarbon ladró una risa amarga. "Realmente me gustaban esos pantalones. La Sra. Briefs eligió los zapatos, sin embargo. Ya sabes, sin embargo llegado el caso tendría que matarte por órdenes de Vegeta."
El rostro de Yamcha cayó y suspiró. "Sí, lo sé. Pero sé que sólo estarías haciendo tu trabajo, como es honorable. Sería Vegeta el que tendría que asumir las consecuencias."
Zarbon trató de sonreír. "No creo que tengas que preocuparte, siempre y cuando mantengas tu boca cerrada y permanezcas fuera de su camino. Matarte pondría en peligro el trato tecnológico, después de todo."
"Lo haría," respondió Yamcha, la boca presionándose en una apretada sonrisa y sus ojos perdiéndose en la distancia. Zarbon miró mientras la mirada del terrícola salía por el pasillo, donde la figura de Bulma parpadeó pasando seguida por la descomunal masa de Radditz. El rostro de Yamcha se endureció y sus ojos se pusieron firmes, su mandíbula más apretada. Zarbon suspiró internamente, esperando que Yamcha no enojara también a Radditz. Claro, él también pensaba que Bulma era bonita, pero no pensaba que ella valiera la pena como para arriesgar la seguridad solar. Las cosas sólo podían empeorar.
"Bueno, no quiero mantenerte," intervino Zarbon, interrumpiendo los pensamientos de Yamcha.
"¿Eh? Oh, no hay problema. ¿Hay algo que te pueda traer?" respondió el terrícola, cruzando sus brazos flojos sobre su pecho.
"Reemplaza mis pantalones," Zarbon dijo con una risa, mirando el rostro de Yamcha estallar en una sonrisa encantadora. "No, honestamente, ¿ustedes tienen buenos calmantes?"
El rostro de Yamcha se volvió solemne de nuevo. "Claro, de inmediato," respondió, y comenzó a caminar fuera de la habitación.
"Gracias," Zarbon murmuró tras él, cerrando sus ojos una vez más.
Deben haber sido algunos calmantes, considerando que ni siquiera se despertó hasta que realmente fue levantado en el aire. Parpadeó despierto en confusión, girando su cabeza a un lado débilmente y tratando de enfocar sus ojos. Las píldoras que Yamcha le había estado dando estaban funcionando a las mil maravillas, y estaba teniendo problemas en empujar sus pensamientos a través de las nubes que parecían haberse formado en su cabeza. "¿A dónde vamos?" logró jadear, entrecerrando sus ojos para intentar identificar a quien lo cargaba.
"Al tanque," una profunda voz gruñó, y se dio cuenta con sorpresa que era la voz de Vegeta.
"¿Estás curado?" preguntó Zarbon, girando su cabeza y afinando dos manchas oscuras en el rostro del Saiyajin que supuso que serían los ojos.
"Sí," Vegeta respondió bruscamente. "Estoy bien. ¿Y tú?"
Zarbon se escuchó reír, el sonido pareciendo lejano mientras su cabeza se nublaba de nuevo. "Los terrícolas me dieron algunos calmantes fuertes," rió.
Vegeta movió el peso de Zarbon en sus brazos. "Muy bien, siempre y cuando no te hagan mal."
Zarbon rió de nuevo. "Vegeta, estoy medio muerto. Estar enfermo es la menor de mis preocupaciones."
Un suspiro flotó desde el Saiyajin y Zarbon sintió los hombros del hombre más joven moverse con la acción. "Lo sé," Vegeta dijo en voz baja. Cuando estés mejor entrenaremos, ¿no?"
"Por supuesto," Zarbon afirmó. "Tengo un montón de referencias para darte. Eres fuerte ahora, pero podrías ser incluso más fuerte."
"Sé eso también," gruñó Vegeta, y Zarbon escuchó algo zumbar mientras era bajado suavemente y se apoyaba contra algo suave. "¿Ahora qué quieres de mí?"
Zarbon sintió una sonrisa torcer sus secos y partidos labios. "Que te pruebes esa ropa, dijo débilmente. "Diplomacia..." tosió levemente y escuchó a Vegeta suspirar mientras la puerta del tanque se cerraba y el fluido se derramaba alrededor de sus manos. ¿Estaba usando su ropa? No quería que se arruinaran más y comenzó a mover su peso, pero antes de que lo supiera la boquilla se insertó y su cabeza colgó a un lado mientras se quedaba dormido de nuevo.
Fue detenido en el pasillo por un suave aclarar de garganta. No se había dado cuenta de la leve señal del calor corporal en el pasillo hasta entonces, y se volteó bruscamente, reprendiéndose en silencio por ser tan descuidado. No servía estar preocupado y laxo cuando estaba en un planeta alienígena. Luego olió el aroma del observador- esa ligera, limpia esencia de la mujer lazada levemente con miedo con la espiga de la tensión y el miedo. La esquina de su boca curvada hacia arriba mientras esos aromas llegaban a sus fosas nasales. Ella tenía toda la razón en tenerle miedo, razones que él con suerte tendría una oportunidad de hacer realidad. "¿Qué quieres?" dijo suavemente, levantando una mano y examinando las costuras de su guante.
"¿Qué fue eso?" preguntó, saliendo a la luz, sus brazos cruzados sobre sus pechos.
Se olvidó por un momento cómo responderle. Estaba usando la vestimenta más corta que hubiera visto jamás, una prenda brillante y satinada que llegaba a sólo un par de centímetros abajo de su ingle y se apretaba en la cintura. El calor en su aroma tenía una madurez que él no podía ni describir o comprender, y por un momento se quedó callado y confundido. ¿Por qué estaba recibiendo todas éstas extrañas señales de esencias de ella? Luego alzó la vista y miró a sus ojos azul cielo, ensombrecidos por la tenue luz, y el odio lo llenó de nuevo, borrando su lapso momentáneo. "No es asunto tuyo," gruñó, dejando que sus ojos se alejaran.
Ella frunció el ceño, su labio inferior sobresaliendo sólo un poco como una pieza de fruta madura. "Creo que sí," respondió ella bruscamente. "Tú puedes ser un dolor en el trasero, pero eres un dolor en el trasero potencialmente rentable, y si te mueres yo perdería demasiadas oportunidades. Después de todo, nadie más se da cuenta de todo tu potencial de tu tecnología a medio desarrollar, así que me gustaría terminar ahora mismo mientras todavía estás respirando. Además, ese sujeto Zarbon es el único que parece tener la menor idea de lo que está pasando en este planeta, y si llegas a perderlo estarás en el riachuelo sin un remo."
Él la miró parpadeando, confundido de nuevo. ¿Qué era este asunto del riachuelo y el remo? Su ceño fruncido grabado se profundizó mientras su impertinencia finalmente lo golpeaba. "Será mejor que te concentres en cuidar de ti misma. Enójame y tus amiguitos no serán capaces de protegerte."
La escuchó tragar y el intenso aroma de miedo emanó de ella con más fuerza, pero la vio apretar su mandíbula y fruncirle el ceño. "No me importa, Vegeta. No necesito que nadie me proteja. Enójame, principito, y no tendrás tus scouters."
Su espalda se enderezó y su estómago se torció mientras se daba cuenta que ella tenía razón. Realmente no podía sólo saltar y comenzar a destruir cosas hasta que no tuviera su tecnología entendida. Hablando de ello, realmente debería hablar con Radditz al respecto. El otro Saiyajin había estado trabajando en ello, después de todo. "Lo que me sorprende, mujer, es que alguien pensaría que una bestia ruidosa como tú vale la pena de proteger," se burló, sus labios separados en una mueca.
Sus grandes ojos azules parpadearon rápidamente y el olor a miedo fue reemplazado por ira. Miró con interés mientras ella tomaba un profundo respiro y cerraba sus ojos, visiblemente forzando sus hombros para relajarse mientras componía sus facciones. "Todo lo que quiero saber, Vegeta, es por qué luchaste con él. Pensé que ustedes dos eran importantes para el otro, y si te preocupas por una persona la violencia es absolutamente lo último que querrías infligir sobre ellos. Escucha, no sé mucho sobre los verdaderos Saiyajin. Goku es la cosa más cercana que hemos tenido a ellos, y estoy segura que puedes admitir que él no es el típico de tu raza en lo absoluto. ¿Por qué sigues metiéndote en éstas luchas horribles? ¿Tienes algún tipo de deseo de muerte?"
Sintió un escalofrío azotar su cuerpo mientras ella decía en voz alta su más profunda convicción- que él moriría, y pronto. Era la misma clase de desesperanza que había sentido de niño, cuando Radditz y Nappa habían sido enviados lejos por Freezer y él se quedaba para defenderse de los experimentos de Freezer por sí mismo. "¿Por qué te importa?" gruñó, inclinándose hacia ella y dejando que su ira creciera.
Ella le parpadeó de nuevo, su rostro repentinamente retorciéndose en una sonrisa mientras se encogía de hombros. "Sabes qué, no me importa," dijo, y se giró sobre sus talones para caminar por el pasillo.
Él apenas la vio irse, esperando hasta que los últimos vestigios de su clara esencia se fueran por el pasillo y la vista de sus blancas piernas finalmente se atenuaran de la vista. Pensó que se había deshecho de la maldición de sus ojos en su cabeza cuando llegara a la Tierra, sin embargo la imagen continuaba persiguiéndolo. Ahora parecía como si ella hubiera encontrado otra manera de entrar en su cabeza. Su rostro se arrugó en un ceño fruncido y se movió por el pasillo, sintiendo una profunda necesidad de aire fresco después de estar encerrado en un tanque durante varios días.
Mientras salía por la puerta de la cocina quedó impresionado por el brillo de la noche, las estrellas proveyendo un montón de luz plateada para que él hiciera su camino en el patio sin tener que estirar su visión nocturna superior. Una mirada a las constelaciones lo hizo sonreír y giró su cabeza para comentarle a Zarbon, sólo para tener un ausente silencio encontrarse con sus orejas. Alzó la vista a las estrellas de nuevo y se dio cuenta lo acostumbrado que había estado a tener al alienígena a su lado, y ahora el alienígena estaba en un tanque por su culpa. No Es que Zarbon no lo mereciera, pero luego entonces había sido Zarbon el que lo había derrotado. Él había subestimado a Zarbon gravemente, e incluso si no lo hubiera hecho, y hubiera matado a su ayudante, hubiera sido una gran pérdida. Estaba llegando a entender a través de toda esta maldita situación del intercambio de tecnología con esa mujer humana arpía que las habilidades de Zarbon eran indispensables. Suspiró y dio otro paso; sin importar qué más pasara, sin importar lo mucho que lograra utilizar las habilidades de Zarbon, nada podía quitar la sensación de que moriría cuando llegara el momento de luchar contra Freezer. No es que importara, ya que esa era su meta de todos modos, pero aún así...
"¿Perdido, Príncipe?" una áspera voz dijo desde arriba de él. Alzó la vista y vio al Namekiano flotando en el aire, musculosos brazos cruzados sobre su pecho y su prohibida mirada dirigida desde debajo de un turbante.
"¿Qué quieres, hombre verde?" Vegeta gruñó.
El Namekiano sonrió, exponiendo sus afilados dientes. "Tienes un gran poder," dijo, su voz áspera.
Vegeta sintió una oleada de rabia pasar a través de él, luego recuperó el control y relajó sus hombros mientras la sensación lentamente lo dejaba. "Lo sé," dijo Vegeta, estudiando con calma al Namekiano. El hombre verde lo estudió también, sus ojos enfrentados y lentamente poniendo a prueba al otro.
Finalmente el Namekiano ladró una risa, su blanca capa chasqueando en el viento de la noche. "Nos parecemos mucho, tú y yo," dijo con una irónica sonrisa.
Vegeta frunció el ceño. "¿Qué quiere decir?" preguntó con frialdad, tratando de no traicionar su curiosidad.
El Namekiano sacudió su cabeza, una media sonrisa todavía en su rostro mientras blancos dientes brillaban en la luz de las estrellas, su cuerpo lentamente elevándose y alejándose.
Vegeta dio un paso adelante, su ceño fruncido profundizándose. "¿Qué quieres decir?" exigió, pero se encontró mirando a un espacio vacío en el cielo. El Namekiano se había ido.
