Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi
Otros son de mi imaginación. ;)
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Capitulo 27 Más allá del pozo
Su padre no iba a perdonarle su ofensa ¿En qué rayos había estado pensando cuando le dijo que al parecer ambos compartían un gusto extraño por las humanas? Claro, ahora lo recordaba, se había dejado guiar por la rabia, había sucumbido a sus sentimientos por la mujer que amaba, igual que hace veinte años cuando renunció a ser el heredero de las tierras del Oeste. Sesshomaru todavía no se lo perdonaba.
-Ya no tienes obligaciones con Palacio, no desde que te fuiste tras las piernas de esa humana…
Chasqueó la lengua al recordar las palabras de su padre. Apretó la palanca de cambio mientras se adentraba a la ciudad, giró el manubrio hacia la izquierda y entró a la autopista central.
Odiaba discutir con él, pero que es que no había otra manera de hablar con su padre. El Dai yokai era demasiado testarudo. Suspiró y dejó que su mirada se perdiera en las luces de la ciudad que le cobijaba. Sus hermanos, seguro, ya estaban en su departamento. Frunció el ceño, ellos querrían respuestas y él no podría dárselas. Su padre no le dijo nada, además de decirle que había sido un bueno para nada con palabras loables y amables. Bufó, él solo le había dicho la verdad: que nunca se había preocupado de su hija menor, que Natsuki se había quedado abandonada en las manos de aquella sacerdotisa llamada Kagome, que Izayoi no era su hija, sino que la bastarda de su medio hermano y que siempre había preferido a esa muchacha antes que a su propia hija, Natsuki.
Gruñó cuando recordó la mano de su padre sobre su cuello, y el golpe que recibió al chocar su cuerpo contra la muralla de la habitación en donde había hablado con el Dai yokai.
-Izayoi, ella ha hecho mucho más en este tiempo, de lo que tú nunca hiciste bajo mi tutela…
Sí, sí, lo aceptaba. Suspiró cansado estacionando el auto frente a su departamento y cerrando la puerta tras de sí. Sabía que su padre tenía razón, esa muchacha llamada Izayoi, había respondido mejor que él. Pero es que él se había cansado, se había aburrido de la vida que llevaban y se había enamorado de Sayuri, su mujer. Una humana de cabellos negros y cortos, con un carácter dulce y extremadamente fuerte.
Abrió la puerta de su departamento y sintió el agarre repentino de unas manos pequeñas y suaves en su chaqueta.
-Voy.. voy donde mi madre…- Vio salir a su mujer como si huyera de una barda de yokais e imaginó que la situación no eran tan distinta, después de todo Sayuri debía estar desesperada si iba a donde su madre.
Entró mirando a su alrededor, ver la sonrisa socarrona de Sina sentada junto a la ventana le dio escalofríos. Sina le seguía, era la segunda hija de Sesshomaru y según sabía, había estado a cargo de la educación y entrenamiento de Izayoi hasta que esta consiguió un guardián estable, al cumplir los once o doce años. La mirada mielverdosa se fijó en él buscando una respuesta, mientras la mujer se cruzaba de piernas en el sillón de su sala y las garras femeninas resaltaban en el silencioso lugar al chocar rítmicamente en el antebrazo de su aterciopelado sofá. Bufó molesto, rolando los ojos, ahora comprendía porque su mujer había huido, con Sina ahí, el lugar completo olía a un posible asesinato, las marcas rosadas sobre sus parpados resaltaban su temple demoniaco y hermoso. Quiso decir algo, pero cuando Sina arreglaba su cabello entre plateado y rubio ceniza, sintió el abrazo de su segunda hermana chocando contra su cuerpo.
-Has tardado…- Danna le dedicó una sonrisa cálida y se sintió como cuando era un muchacho apenas, hace cientos de años y se escapaba ansioso para molestar a su pequeña hermana Danna. Era la única con la luna menguante en su frente y la jovialidad de su madre. La observó alejarse mientras daba unas vueltas por el lugar, dejando su cabello negro, largo y sedoso mecerse a su alrededor, cayendo en espiral como remolinos de viento. Con dos orejillas negras resaltando sobre su cabeza.
Su tercer hermano también estaba ahí, el muchacho, de cabellos negros y reflejos plateados le miró con sus ojos serios, uno de ellos dorados y el otro café. Estoico como su padre, Satsuke, era el más parecido en personalidad a Sesshomaru, tenía ambas marcas en sus mejillas.
Suspiró caminando hacia un lado, preparándose para medir que decir, finalmente comentó lo que Sesshomaru le había dicho -Dijo que él se haría cargo, que Natsuki estaba con Izayoi y que yo ya no tenía obligaciones en Palacio- mencionó finalmente con desgana tirando las llaves sobre una mesilla junto a la puerta.
Danna infló sus mejillas molesta, a pesar de tener más de cuatrocientos años, su hermana se comportaba como una niña.
-No confío en Izayoi- resopló Danna cruzándose de brazos- ella no sabe controlarse…sin ofender- dijo esto último mirando a Sina, que se hundió de hombros restándole importancia al asunto, perdiéndose en el movimiento neutral y adormecedor del vino en su copa. – Así que, ¿qué haremos? – preguntó Danna a su hermano mayor- No podemos dejar a nuestra pequeña hermana perdida en el pasado
-Media hermana….- Sina mostró una mueca de asco, y tomó un sorbo de vino de la copa que sostenía.
Kishin odiaba que Sina hiciera eso. Todos lo hacían, Natsuki era su hermana y punto, al menos eso se repetía el mayor de los hermanos.
-Técnicamente ella es nuestra hermana, pues es hija de la misma madre….- dijo Danna despacio, colocando uno de sus dedos en el mentón y mirando desinteresadamente el techo de la habitación- quiero decir, no de la misma sangre, pero sí de la misma alma… no ¿es así? Onii-chan, después de todo, esa mujer era la reencarnación de Okasan.
La copa en las manos de Sina se fragmentó, la mujer se levantó y sacudió los pedazos de cristal de su palma y sus dedos, entonces habló.
-Ella nunca fue nuestra madre…
Y ese era el problema de siempre, que si la segunda mujer de su padre era o no su madre. A todos les había costado entenderlo, y aún seguían discutiendo por ello. Pero ese no era el punto. Sina volteó a ver a Kishin severa, ella estaba llena de un rencor ridículo, pues había añorado ser la Hime-sama de Palacio cuando Kishin renunció, quería ser la heredera, pero las cosas habían sido diferentes cuando nació Izayoi.
-El pozo por donde la miko Kagome y la Hime-sama viajaron está inhabilitado- mencionó Sina- los hombres de nuestra casa y los monjes de Kagome han intentado abrirlo pero es imposible- continuó, mirando por la ventana del departamento- Ahora, si quieren inútilmente ir allí, pueden hacerlo, lo saben. Nuestro padre, no sabe más de lo que yo les estoy diciendo.
Los tres presentes observaron a Sina. La mujer tenía razón, pero es que ya habían pasado demasiados meses desde que Natsuki había desaparecido. Danna no parecía contenta, se colocó una boina sobre su cabeza y agarró la chaqueta de cuero de su hermano Satsuke, exigiéndole que la llevara al templo. Y ambos se fueron.
Fue ante ese silencio que el ambiente se tensó, al fin podrían hablar enserio, al menos eso pensaron ambos hermanos.
-Has sido astuta…- comentó el hombre sentándose en uno de los sillones de la sala- Mi padre ni siquiera sospecha de ti.
-No sé de lo que hablas…- mencionó la mujer indiferente, arregló su abrigo azul cuadrille y le miró de soslayo.
-No creas que no me he enterado, de las cosas que le has hecho a esa niña- Sina le miró con una de sus rubias cejas platinadas levantada ante su declaración, esperando, no, retándole a que continuara- sobre los entrenamientos, y las visitas nunca realizadas a su madre.
La carcajada de Sina llenó el hueco vacio que la ausencia de la voz de su hermano había dejado.
-Es un poco tarde para tus acusaciones ¿no hermano? No creas que nuestro padre estaba del todo desinformado, no le subestimes, yo nunca lo hice.
-Sabes a lo que me refiero Sina…
-No lo entiendes ¿verdad? – le sonrió su hermana- Se trata de la familia, esto es lo mejor para todos, si ellos no regresan, al menos tenemos una oportunidad de reparar nuestros nombres y recuperar el territorio de los Ryu yokai del Este. Shoujiro, tu antiguo guardián, cavó su propia tumba, no digo que yo no le haya ayudado. Pero créeme, esto es lo mejor que pudo haber pasado.
-Demasiado astuta Sina…-volvió a decir el hombre desde el sofá sin quitar su mirada de la miel verdosa de su hermana.
La mujer caminó hasta la entrada sonriendo, ella sabía lo que hacía, su padre muy pronto se lo agradecería. Lamentaba lo de su media hermana, pero era un peón en esta guerra sin nombre y ella, ella iba a llevar a su linaje a la victoria.
El frió de la ciudad golpeó su rostro, sonrió al ver el auto estacionado esperando por ella. De todos, ella era la única que se mantenía en Palacio, ella sería la próxima Hime-sama. Ahora solo hacía falta convencer a los monjes y mikos bajo el cuidado del templo de la sacerdotisa Kagome, de esa forma, podría mantener el pozo cerrado en caso de que se abriera y ella, ella podría ser la dueña de este tablero. Sonrió, y ordenó al chofer que conducía que le dirigiera al santuario, ella sabía exactamente como tratar a los humanos.
Su hijo estaba equivocado, Sesshomaru miró con atención el rostro pintado en el mural de aquella humana que algún día vivió hace cientos de años, mientras se repetía así mismo que Kishin se equivocaba. Él protegía a Natsuki, apretó sus puños sin quitar su vista dorada de la pintura, él la protegía a costa de sí mismo, pero su hijo no tenía porque saberlo.
Miró su palma y notó como sus garras habían traspasado la piel, volvió su vista a los ojos café de aquella muchacha y deseó poder tener esa libertad con la que Kishin había nacido, nunca pensó que haber formado esta Casa yokai sería un martirio, él simplemente había deseado proteger a los suyos, a sus crías, el único recuerdo viviente de la mujer que había deseado proteger, por la cual había sentido ese afecto extraño y agrio. Nunca creyó que las cosas se saldrían de control formando un futuro como este. Ahora estaba atado, si quería proteger a los suyos no podía flaquear.
Quiso recriminárselo, decirle a la pintura lo cruel que había sido por abandonarle dos veces, que iba a olvidarla, pero no podía, él se lo había prometido, cuando ella era una niña y él la protegía sin saber la razón. Cuando ella le había pedido mientras acariciaba una tumba con su dedo que nunca se olvidara de ella cuando llegase a morir. Nunca creyó que ese minuto llegaría, a pesar de conocer la maldición de los humanos. Que sus vidas duran un suspiro, que son dolorosas y moribundas. Al menos en aquella época, Rin había vivido una vida plena, pero en su segunda vida, él había sido la maldición de la muchacha y todavía no se perdonaba por eso, nunca se lo perdonaría.
Caminó fuera de aquella habitación y buscó a alguien que le informara como iban las cosas en el templo de Kagome, el tiempo pasaba demasiado rápido y el pozo continuaba cerrado.
Había sido demasiado duro, lo sabía, había herido el orgullo de Izayoi a propósito esa noche para que recordara el amargo sabor que la sangre yokai le dejaba al usarla, para que se hiciera más fuerte y se venciera a sí misma. Pero quizá, se repetía, había sido demasiado duro. Haberla visto en ese estado de descontrol fue lo que le abrió los ojos, nunca debió haber dejado a Sina a cargo de Izayoi, pero no creyó tener a alguien más de confianza. Ahora sabía que las cosas no pasaron como creyó que pasarían.
Tenía las manos atadas, deseaba que el pozo se abriera, pero la desaparición del arco sagrado, del traidor Shoujiro y de Izayoi, habían calmado las aguas de un posible nuevo enfrentamiento, incluso la casa del Este pidió un nuevo convenio político y los zorros del sur se vieron imposibilitados de luchar contra las tres Casas unidas. Quería que el pozo se abriera, pero aquello, aquello no le convenía. ¿Qué es lo que haría entonces? ¿Qué tendría que elegir proteger? Sabía que Izayoi se encargaría en el pasado y si sus cálculos no le fallaban su medio hermano también estaba en aquella época, sólo esperaba que su yo del pasado también accediera a cualquier petición que Izayoi tuviera, aunque lo dudaba. De esa forma estaba seguro que Shoujiro moriría, entonces, sólo quizá, fuese mejor que el pozo se mantuviese cerrado.
-Sesshomaru-sama, los Ryu y los lobos del norte están aquí.
Se volteó viendo como la figura que le había anunciado su deber desaparecía. Lo correcto, tenía que hacer lo correcto. Así es como tenía que ser al final.
Uuuuu hace tiempo no actualizaba, este capítulo va dedicado a Danna, Melissandre y Rosseshadow …. espero les guste, quise agregar lo que sucedía en la época actual y continuar luego con la historia que dejamos, sacar a colación a Sesshomaru y mientras escribía borré unas vente veces el capitulo, hasta que salió este y me gustó, aunque nuestro querido Sesshomaru no apareció tanto como yo quería :( . Bueno, nos leemos, saludos ;)
