¡Hola! Como siempre, yo madrugando para traerles la continuación, pero bueno, espero la disfruten. Cabe mencionar antes que nada que este capítulo es algo como así, como un tanto "randoom"; en el sentido en que de la mitad en adelante presento a los OC que se crearon para completar los equipos de las 7 universidades que participarán en diciembre, así como exponerles qué personajes de KnB están en determinados equipos. Es meramente informativo para que después no se pierdan. Habiendo explicado eso, no me queda más que desearles una bonita lectura y ya en el siguiente cap el drama continuará XD. Agradecimientos a mis bellas comentaristas que siempre tienen algo que decirme :D, ¡las adoro! También gracias a mis lectores fantasma por seguir apoyándome de manera silenciosa OwO9. ¡Tengan un buen viernes e inicio de semana, y nos estamos leyendo el domingo! Matta ne~

Capítulo 28

Arduo entrenamiento

Ya habían transcurrido dos semanas enteras desde que se había instalado en aquel apartamento por pedido del pelirrojo y las cosas iban bastante bien entre ambos, después de todo, las tareas del hogar se encontraban perfectamente repartidas, además de que no poseían conflicto alguno en relacionarse; razón por la que la convivencia era cada vez mejor y más amena.

Además, tampoco es como si todo pudiera volver a la normalidad. Ya que la pequeña pesadilla que asediaba los días de Kagami Taiga continuaba en la ciudad, visitándole ocasionalmente sólo para marcharse en poco, ya que no toleraba la intromisión de la francesa entre ella y el pelirrojo.

—Me sorprende que hayas llegado más temprano de lo usual –mencionó Kagami en cuanto escuchó a la rubia entrar, dejando su mochila sobre el sofá, dirigiéndose hacia donde estaba él: la cocina.

—Agradezco que todo se haya agilizado. La verdad no sé cómo es que todas esas chicas aguantan estar sonriéndole a la cámara todo el santo día –mencionó exhausta. Incluso había tomado una botella de agua fría del interior del frigorífico.

—Lamento que todavía tengas que aguantar las escenas de Kiyoe –suspiró. ¿Cómo es que él y Axelle eran los únicos que se daban cuenta de su tan particular forma de ser?

—Sólo demuestra que no quieren que le quiten lo que considera como suyo –Taiga se atascó con su propia saliva en el instante en que escuchó esas palabras emerger de los labios de Axelle. Menos mal que él no era el que estaba bebiendo el agua o ya se hubiera ahogado.

—¡¿Pero qué disparates estás diciendo?! –su cara era de espanto total, como si le obligaran a entrar a una casa llena de perros.

—¿Qué? Es obvio que esa chica está loca por ti, Kagami. No se requiere ser un genio para darse cuenta de ello –indicó campante-. ¿Es que a ti no te gusta ni un poquitín? Independientemente de que es una pequeña manipuladora que abusa de ti físicamente hablando, es mona y tiene su encanto.

—¡Por supuesto que no!

—No seas cabezota como Ahomine –replicó, haciendo un mohín. Él simplemente se enfadó más por ser comparado con aquel idiota.

—No estoy diciendo que me desagrade, pero tampoco que…me simpatice del todo –mencionó intranquilo. Axelle solamente intentó calmarse y ser comprensiva con el chico, ya que entendía lo difícil que era admitir que te guste alguien que nada tiene que ver con tus gustos particulares.

—Bueno, bueno, medítalo pequeño Kagami. Estoy segura de que sabes la respuesta, solamente necesitas aceptarlo y ya todo será mejor.

—¿Lo dices por experiencia propia, no? –y ella simplemente dio un largo suspiro; eso contestaba a las dudas del pelirrojo.

—Mejor comamos, que estoy muriéndome de hambre.

—A todo esto, ¿en dónde está tu padre?

—No te lo dije, ¿verdad? –él negó con la cabeza-. Después de que vino a visitarme se fue a visitar a los chicos, dijo que pasaría un tiempo con cada uno. Marko y los otros se llevan de maravilla con papá, así que han de estar teniendo sus momentos de diversión. Me comentó que me llamaría cuando viniera a verme de nuevo.

—Es como si fueran sus hijos también.

—Algo por el estilo –sonrió ampliamente-. Pero no me quejo en lo absoluto. Mejor cuéntame más cosas sobre tu querida Kiyoe –y Taiga nuevamente bufó molesto. Era tan divertido provocarle.

La hora de la comida pasó tranquilamente entre el relato de lo que ese día habían hecho así como lo que veían en la televisión. Suponían que nada podría arruinar su candoroso fin de semana o es lo que creían hasta que alguien llamó a la puerta.

Axelle al ser la más cercana se dispuso a abrir.

—Buenas tardes, ¿se le ofrece algo? –saludó cordialmente a quien había tocado. El hombre le miró con enorme desconcierto y por un breve pareció dudar de que el sitio al que llegó era el correcto-. ¿Señor…?

—Disculpe señorita, creo que me he equivocado de número –notificó mientras miraba la pequeña hoja que tenía en su mano. Es que la dirección era ésa pero algo no cuadrada.

—¿Quién es Axelle? –preguntaba el pelirrojo en cuanto se aproximaba hacia la puerta del departamento. Lo que prosiguió fue un silencio sepulcral.

Ahora que apreciaba mejor al hombre se fue percatando de detalles que no notó cuando le saludó. No sólo era tan alto como el pelirrojo, sino también conservaba el mismo tono de piel y esos vivaces ojos carmesí. ¿Y cómo no reconocer tan curioso estilo de cejas? Sólo su tono azabache contrastaba contra el de aquel basquetbolista.

Eran de alguna, como dos gotas de agua.

—¡¿Padre, pero qué estás haciendo aquí?! –exclamó Taiga en cuanto salió del shock recién vivido al contemplar a su progenitor frente a la puerta de su apartamento.

—Taiga –soltó con una seriedad abrumadora. Ambos se callaron de golpe, sabían que se les armaría una gran bronca por obvias razones-…Tu padre está orgulloso de que al fin estés disfrutando de tu juventud en compañía de una chica como ella –soltó enormemente conmovido, pero mostrándose serio y firme-. Ya debes ser todo un hombre, Taiga.

No solo fue él quien quedó conmocionado, también ella, a quien le adjudicaban el hecho de haber convertido a aquel pelirrojo en todo un hombre. Es que estaban que no se lo creían. Es decir, ¿dónde estaban sus regaños, sermones de vida y todo eso que se espera de un padre responsable y centrado?

Tal vez era lo que se sacaban por fastidiar a Kiyoe o por algo más que hicieron anteriormente.

—¡No es nada de eso! –gritaron ambos a su defensa.

—Sabes que no debes ser tímido para estas cosas, hijo. Tu madre y yo te educamos para que fueras siempre con la verdad. Sabes que ella estaría orgullosa de ti –profirió con una gran sonrisa. Ellos estaban que todo se les venía encima.

—Ah…Ah…Ah…

—Por cierto, mi nombre es Kagami Kaito, encantado –saludó cordialmente el hombre, extendiéndole la mano a la francesa.

—Daishi Axelle –respondió por inercia, estrechando su mano con el hombre-. El gusto es todo mío.

—Oh, así que eres extranjera –mencionó con cierto regocijo-. Mi hijo sacó mis buenos gustos después de todo.

—Padre, por favor no vayas a mencionar…

—Estamos en confianza Taiga –dijo campante-. Entremos y charlemos. Hay mucho de lo cual platicar.

—P-Por supuesto –a Axelle no le quedaba más remedio que acceder a las peticiones de aquel hombre, después de todo se estaba hospedando con su hijo sin su consentimiento. De alguna manera ya sentía como "normal" que la gente se pensara que era pareja de alguien sólo por pasar tiempo de calidad con esa persona. Malditos malentendidos la tenían hasta las narices.

Y allí estaban esos dos enjuiciados frente al recién llegado. Éste se encontraba disfrutando de su comida mientras aquel par permanecían más callados que una momia. Admitían que toda esa situación era incómoda e indeseable, y que sólo querían salir corriendo de allí a toda prisa. Lástima que no podían hacerlo.

—De modo que van a la misma universidad –ella asintió y él prosiguió-. Fue allí donde conocí a la madre de Taiga. Fue amor a primera vista, ella era tan hermosa y ardiente que fue imposible para mí no enamorarme de su persona –empezó el relato.

—No empieces con eso, padre –pedía por piedad el hijo.

—¿En serio? Eso sí que debió de haber sido genial –Axelle estaba muy emocionada con la historia de amor de aquel hombre-. ¿Y qué pasó?¿Se le fue a declarar en ese momento o esperó a conocerla y así? –estaba ansiosa por conocer los detalles.

—No era para nada un hombre penoso. Soy más de los que saben lo que quieren y hacen todo lo que esté a su alcance por obtenerlo, pero…la madre de Taiga era un hueso difícil de roer –sin duda remover aquellas memorias le alegraban enormemente. Era como revivir de nuevo el pasado.

Kagami prefería ignorar todo ese relato porque ya se lo sabía de memoria mientras que Axelle estaba más que encantada escuchando toda la aventura sin siquiera prestarle atención a otra cosa que no fuera eso. Por lo visto se habían logrado agradar mutuamente sin mucho esfuerzo por ninguna de las dos partes y eso aterraba un poco al pelirrojo. Pero lo dejó estar por ahora.

—Es todo un romántico empedernido, Kagami-san –halagaba ella con una sonrisita. Incluso habían abierto un paquete de patatas fritas.

—Eres de las pocas personas que se emocionan por algo como esto, Axelle-chan. Creo que nos llevaremos muy bien de ahora en adelante.

—¿Usted lo cree? –preguntó curiosa-. Será grandioso.

—Ahora cuéntame cómo fue que ustedes dos se conocieron –pidió con mucho ánimo. Kagami logró escuchar eso, frunciendo el ceño; prefería irse de allí directo a su habitación-. ¿A dónde vas Taiga?

—Déjelo, está algo cansado de tanto entrenamiento infernal –informó-. Yo le contaré todo con ojo de detalle, Kagami-san.

No sabía cuántas horas habían transcurrido desde que había entrado a su habitación, perdiéndose en el mundo de los sueños. No era mentira que el fin de semana lo ocupaba para comer y dormir ya que terminaba muerto de todo el entrenamiento ofertado por Riko.

Sin embargo, lo que le sorprendía era que esos dos todavía continuaran hablando. En ese par de horas pudieron haberse dicho muchas cosas y de las cuales más del 90% de seguro eran comprometedoras.

—¿Qué demonios significa esto?

—Hasta que despiertas Taiga. Axelle-chan me estaba contando sobre por qué está viviendo aquí y algunas cosas sobre ella. Debo admitir que eres un gran hombre, hijo. Lamento el malentendido –le sonrió alegremente. Taiga no sabía de qué modo Axelle torció la verdad para que el malentendido fuera disuelto y al mismo tiempo quedara bien, pero le estaba agradecido por ello.

—Ah, no te preocupes –rascó su cabeza un poco y la rubia le miró de soslayo, sonriéndole-. A veces pasan este tipo de cosas.

—¿Qué les parece si vamos a cenar afuera? –a esos dos glotones no tenían que decirle algo como eso dos veces. Estaban más que encantados de salir a algún restaurante de la ciudad.

—Por supuesto –emitieron a la par.

El fin de semana transcurrió tranquilo pese a todo. De algún modo las cosas habían vuelto a la normalidad, incluso con aquel hombre sumándose a la convivencia diaria. Gracias a que todo había sido aclarado no tenían que preocuparse por futuros momentos incómodos; especialmente si se consideraba que aquel padre se encargaba de dejar a ambos a sus respectivas prácticas y pasar por ellos cuando éstas dieran término. Eran algo así como una pequeña familia compuesta.

No obstante, hubo un día en la semana en que la rutina cambió ligeramente. Ese miércoles el padre había decidido quedarse a contemplar el fiero entrenamiento al que su hijo se sometía varias horas al día. Ya que había pasado tiempo desde la última vez que lo vio tan motivado, por no mencionar que sólo había estado presente en algunos de sus juegos durante la preparatoria. El trabajo le absorbía por completo y no podía dedicarle mucho tiempo a su único hijo.

Has mejorado mucho desde la última vez que te vi jugar, Taiga. Tu madre estaría orgullosa de ti en estos momentos y lo sabes. Me alegra mucho que te estés divirtiendo haciendo lo que más amas.

—Kagami-san –le llamó la voz de la entrenadora del equipo, quien se aproximó hasta él con una bebida fía enlatada. De verdad que estaba haciendo mucho calor.

—Muchas gracias, Aida-chan –agradeció y prosiguió a calmar su sed-. Estos chicos realmente son muy buenos.

—Todos tienen mucho potencial, sólo es cuestión de que lo desarrollen apropiadamente. Después de nuestro torneo de verano he tomado algunas medidas para mejorar nuestros puntos flacos.

—Lo estás haciendo muy bien. No hay duda de que harás maravillas con todo el equipo durante el torneo de invierno.

—Nuestra prioridad es ganar. Y que esos prodigios del basquetbol también vayan a estar hace todo mucho más emocionante –sonrió con enorme ahínco-. ¡No bajen el ritmo, sigan o no habrá descanso para ninguno de ustedes! –gritó la chica para "motivarles" a que continuaran dándole las vueltas restantes a la cancha. No habría problema si no fuera la de béisbol.

No sorprendía que incluso alguien como él asistiera a las prácticas. Y eso se debía muy posiblemente a que en su mente la única idea que rondaba era la victoria. Por lo que no podía permitirse declinar, ni siquiera cuando estaba más que seguro de que su temible habilidad era algo que desarmaba hasta al jugador más calificado. No obstante, no debía confiarse, no cuando el resto de los miembros de la Generación de los Milagros iba a participar en tan ansiado torneo.

—Es un ejemplo a seguir que alguien con tus habilidades venga a practicar diariamente con todos nosotros, Akashi –habló quien fungía actualmente como el capitán.

—No creo que sea la gran cosa, Shiraiwa-senpai. De igual modo no puedo confiarme de que las cosas serán tan fáciles como lo fueron en la preparatoria. Todos ellos tienen esa misma sed de victoria –habló imparcialmente Akashi.

—Está bien que tengas esa mentalidad –Shinya fue el que interrumpió con aquella sonrisa socarrona en sus labios. Venía acompañado de Kotarou Hayama.

—Seguramente el resto de tus amigos están entrenando tan arduamente como todos nosotros –profesó el rubio con una sonrisilla de satisfacción. Todavía tenía presentes esos últimos encuentros contra Seirin.

—En vez de estar parloteando lo mejor que pueden hacer es seguir con la práctica –demandaba con malhumor Kousuke Wakamatsu. Ya había tenido suficientes problemas con Aomine como para tener que ir a dar justamente a la misma universidad donde el loco de Akashi tenía que inscribirse. Su mala suerte sólo pareció haber crecido.

—Hasta que dices algo coherente –estipuló el oji rosáceo.

—Shinya, respeta a tus superiores. Que él es un año mayor que tú, al igual que Hayama –pedía cordialmente Kuma. Sabía que había ciertos roces de su amigo con el ex miembro de la Academia Too.

—Ya te dije que no somos tan cercanos para que me llames por mi nombre, idiota.

—Ya nos hemos desviado demasiado de la práctica, lo mejor será que prosigamos –estipuló Akashi. Ya se había adelantado hacia la cancha con el balón en mano. Shinya no demoró en seguirle junto con Kotarou.

—¿No crees que haya problema con miembros tan problemáticos como ellos? –lanzó Kousuke.

—Podremos manejarlo. Además con Shinya sumamos otra fortaleza al equipo gracias al buen Ala-Pivot que es. El problema es con nosotros que tenemos la misma posición –soltó con burla el castaño.

—Empiezo a extrañar a Aomine…

Pero aquellos chicos no eran los únicos que estaban experimentando el infierno en el mundo terrenal. No, claro que no, ése era el destino experimentado por todos aquellos que tenían en mira obtener la victoria en el National Seven Tournament.

Para Midorima los entrenamientos no eran problema alguno. Ya que él era alguien bastante centrado y dedicado cuando llegaba la hora de practicar, por lo que lo hacía sin chisteo alguno. Sin embargo, las cosas habían cambiado ligeramente desde que conoció a los dos miembros restantes de su equipo. Fue entonces cuando consideró que Takao era el menor de sus males existentes.

—Shin-chan –saludó alegremente el peli negro mientras se acercaba al área designada para el peliverde y sus tiros de tres.

—¿Qué quieres ahora, Takao? –cuestionó con cierto malhumor. Tan temprano y ya estaba yendo a molestarle.

—El entrenador quiere que hagamos un juego de práctica –mencionó-. Así que tienes que venir con nosotros –y con ello se refería a aquel par que acompañaban al oji verde.

Sí, a pocos metros de distancia se postraban aquel par de jugadores que estaban en segundo año y que por méritos propios se habían hecho de una posición dentro de los titulares.

Sus ojos refulgían como un par de zafiros, siendo el atractivo principal que hacía a las chicas volcar su atención hacia ellos. Así mismo su cabello azabache tenuemente rebelde les iba de maravilla gracias a lo albina que podía ser su piel; incluso aquel flequillo degrafilado les iba bastante bien.

Haciendo a un lado su atractivo, que poco le importaba a los miembros del equipo de la Universidad de Kioto, estaba la altura y habilidades que ese par de gemelos poseían; mismas que les permitieron llegar tan lejos en poco tiempo.

—Shin-chan, ¿cómo estás? –pronunció vilmente aquel gemelo que portaba una camiseta de color rojo. Mismo que fungía como Alero dentro del equipo.

—Ya te dije que no me llames así, Ryuusei –suspiró, viéndoles de soslayo. Sólo lograba diferenciar a ese par por el color de ropa que empleaban.

—Sí que es extraño el ítem de la suerte de este día –mencionó el de camisa azul rey. Él tenía a su cargo la posición de Ala-Pivote; después de todo, era un feroz jugador que pocos tenían los pantalones de desafiar.

—¿Eso no es una licuadora? –Takao estaba que no se creía cómo había tenido el valor de llevar esa cosa consigo hasta el entrenamiento.

—Vaya cosas más locas que saca Oha-Asa –proseguía Ryuusei.

—¿Cómo no te da vergüenza ir por la calle con eso encima? Es decir, es como si fueras a hacer un jugo o cocinar algo en vez de practicar basquetbol.

—Ciertamente tienes razón, Haruma. Pero forma parte del encanto de Shin-chan, ¿no lo piensan?

—Supongo que hay mujeres que pueden sentirse atraídas por algo así. Es decir, debe haber alguien que también le haga caso al horóscopo –mencionaba Ryuusei un tanto pensativo-. Pero si quieres consejos para conquistar a alguna chica, no dudes en pedírmelo Shin-chan. Conozco muchas chicas que quizás te interesen.

—Vas de nuevo con lo de mujeriego, Ryuusei –chasqueó molesto su gemelo.

—Soy un hombre nuevo ya, Haruma –declaró con una sonrisilla.

—¡Ya cállense de una buena vez por todas ustedes tres! –reclamó el peli verde que hasta hace poco había estado soportando su parloteo. Si no fuera porque ese electrodoméstico era su objeto de la suerte ya se los hubiera arrojado.

—Shin-chan estás muy delicado este día. ¿Y si te organizamos una salida? Tanto entrenamiento y estudios van a acabar contigo.

—Podemos organizarle una salida con alguna chica. Una mujer puede desestresarlo si saben a lo que me refiero –habló con notoria complicidad.

—Tienes mucha razón Ryuusei. A Shin-chan le hace falta ese tipo de entretenimiento. ¿Qué les parece este sábado que descansamos?

—Esperemos no lo arruine como la última ocasión –soltó Haruma con cierto reproche.

—¿Alguien dijo algo sobre salir con hermosas chicas este fin de semana? –lo que le faltaba a Midorima, un cuarto idiota que considerara divertido sacar comentarios fuera de lugar.

—Moriyama-senpai –todos desviaron su atención en el recién llegado. Había llegado el amante de las mujeres por excelencia, alguien cuyo porcentaje de conquista se redujo a menos cero desde que conoció a esos gemelos; por eso los odiaba un poco ya que le recordaban a Kise Ryouta.

—Justo lo que me faltaba…otro idiota –a veces se preguntaba qué hacía en esa universidad si bien podía pedir traslado y formar parte de otro equipo. Hasta estar dentro del equipo de Akashi ya no sonaba tan mala idea.

—Shin-chan, vayamos a divertirnos este fin de semana. Llamemos a Axelle-chan para que nos acompañe –soltó burlonamente, mirando divertidamente al peli verde.

—¡De ninguna manera! –les gritó a los cuatro por igual antes de que considerara que era divertido y adecuado lanzarles el balón a cada uno de ellos como si estuviera practicando pases. Los pobres no tenían más remedio que evadir si querían vivir un día más; claro, Moriyama no tuvo esa buena suerte y se encontraba K.O. sobre el suelo balbuceando quién sabe que incoherencias sobre chicas.

—¡No seas tímido Shin-chan! ¡Escuché que sigue soltera, así que todavía tienes oportunidad!

—¡Muere Takao! –la escena más enternecedora de todas tenía lugar en aquel gimnasio mientras el resto de los miembros del equipo sólo miraban con resignación cómo Midorima intentaba hacer callar a esos tres a punta de balonazos. Si no fueran tan buenos seguramente les dirían algo, pero tenían miedo de lo que ese alto chico enfurecido pudiera hacerles daño con tantos balones a su disposición.

Si bien ya se había acostumbrado a disciplinar a aquel jugador, era el colmo que tuviera incluso que arrastrar su humanidad hasta el gimnasio del campus para que practicara con el resto del equipo. ¿Es que no se supone que había entrado al equipo para jugar? No es que cuestionara sus habilidades como Alero, pero sí ponía en tela de juicio su escaso apego a las normas y la disciplina.

Suspiró hondamente. Él era una de esas pocas personas que le sacaban de quicio con suma facilidad.

—Nakajima-kun, no creo que debas comportarte de esa manera estando ya en los titulares –mencionaba Leo sentado al lado del aludido, uno que miraba atentamente su celular antes que la cancha.

—Es cansado hacerlo todos los días, Leo –expresó, clavando sus ojos agua marina en el moreno-. No sé cómo puedes ser tan aplicado.

—Bueno, eso es porque amo el basquetbol y sin disciplina no hay éxito –mencionó tranquilamente. El chico de cabellos cortos azul rey sólo esbozó una tenue sonrisa. Él no poseía ese mismo fuego interno que el extranjero-. Somos los novatos del equipo y debemos poner el ejemplo.

—Haz caso de una buena ver por todas a las indicaciones de Austerliz –demandaba en tono severo el capitán del equipo de la Universidad de Osaka, Taisuke Otsubo.

—¡Debes estar listo para toda eventualidad!¡Me encargaré de tomar cualquier rebote para el equipo! –Mitsuhiro como siempre, tan energético y veloz al hablar que muchas veces no se le entendía qué era lo que decía.

—Sólo ignórenlo y ya. Podemos conseguirnos a otro Alero –declaraba cínicamente aquel pelinegro, Reo Mibuchi.

—No diga eso, Mibuchi-senpai –espetó el oji azul-. Nuestro equipo está balanceado, no creo que sea un buen momento para que hagamos un cambio y menos si consideramos el talento que Nakajima-kun posee.

—Tranquilízate Mibuchi –objetaba Taisuke-. Si continuamos de este modo no podremos encarar al resto de las universidades que participarán en el torneo de invierno. Y no creo que tu meta sea perder de forma patética, ¿no es así Nakajima?

—Por supuesto que no, capitán –se puso de pie con un semblante serio. Incluso su despreocupada mirada se había endurecido. Si había algo que le fastidiaba más a Raito Nakajima, era el ser humillado por lo que su orgullo le impedía llegar a ese torneo con la cola entre las patas.

—Entonces sabes lo que tienes que hacer, Nakajima. Muéstrales a todos lo que tu visión de lince es capaz de lograr en la cancha –sentenció el capitán con una amplia sonrisa.

Pese a que el entrenamiento había dado inicio desde horas tempranas parecía encontrarse lejos de terminar, pero no era para menos, no con el entrenador tan estricto que el equipo de Hokkaido poseía. Después de todo, las expectativas del director recaían sobre éste y no le convenía decepcionarlo si es que deseaba que continuara apoyando al equipo del modo que había venido haciéndolo.

Sin embargo, existía un pequeño problema con el que lidiaba día con día y para el cual tenía que recurrir a los medios persuasivos de aquel alemán.

—Atsushi, ya te dije que aún no es momento de descansar –Hadrien se había acercado hasta donde permanecían las bancas que permitían a los jugadores dejar sus cosas. La cancha todavía estaba siendo ocupada por el resto del equipo, quienes sí continuaban haciéndole caso al entrenador.

—Odio cuando todos están tan motivados…Me hacen querer golpearlos duramente.

—Al único que voy a golpear es a ti, pedazo de idiota –el alemán no se andaba con la boca limpia cuando de insultar al peli violeta se trataba-. Mueve tu maldito trasero hasta la cancha, ahora mismo.

—Ha-chin, estoy cansado. Ya he tenido suficiente de todo esto –bostezó. Él no iba a moverse de allí sin importar el parloteo del pelirrojo.

—¡Qué me dejes de llamar de esa jodida manera, Atsushi! Tú quieres que te apalie, ¿verdad?

—Y yo que pensaba que mis problemas iban a acabarse después de que no volvería a estar en el mismo equipo que Aomine. Denme un respiro –ése era Shoichi Imayoshi hablando. Él era una de sus superiores.

—Esto me hace extrañar las rarezas de Midorima –suspiró otro senpai. En este caso se trataba de Shinsuke Kimura.

—Te compraré todos los dulces que quieras si terminas todo el entrenamiento de este día, Atsushi –la oferta del alemán era demasiado irresistible como para que aquel glotón dijera que no.

—Ha-chin, ¿de verdad lo harás?

—Sí, ¿de verdad lo harás? –dijeron incrédulos esos dos peli negros.

—Así es. Todo sea por el éxito del equipo en invierno –sabía que su cartera iba a quedar más vacía que nada.

—Terminaré el entrenamiento del entrenador e iremos a comprar todos esos dulces –de sólo imaginárselo sentía que tocaba el paraíso. Se puso de pie y se dirigió hacia la cancha para trotar como el resto.

—Viejo, a este paso vas a quedarte en la ruina –comentó el de gafas.

—Lo sé. Lo único que me duele es que si sigo así no tendré dinero para invitar a alguna chica a salir a divertirse conmigo –en contraste con lo otro, su gran amor involucraba a las mujeres y autos deportivos.

—Me disculpo por la demora, tenía unos trabajos que entregar con el profesor –habló un cuarto.

—Hola Maeda –le saludó Kimura.

El joven en cuestión resaltaba por poseer largas rastas que le llegaban unos centímetros por debajo de los hombros y que a la vez se encontraban sujetas por una coleta alta; después de todo eran algo molestas cuando entrenaba. Incluso había un par de rastas al lado de su rostro y otras dos más cortas en su frente.

Era pálido en extremo ayudando a sus carmesí ojos a resaltar de inmediato. Y que su pelo fuera de un negro azulado tampoco disminuía el efecto que su piel ofertaba.

Su complexión era delgada pero poseía la musculatura adecuada para desempeñarse magníficamente dentro de la cancha como el Armador favorito del equipo.

—Oh, al fin llegaste Nathan.

—Diría que te vas a quedar en la calle si sigues manteniendo el vicio de Atsushi, pero con toda la pasta que te cargas, lo dudo –sonrió ladinamente. Él quizás no poseía vicios puntuales, pero esos palitos de galleta cubiertos de chocolate nunca le abandonaban, ni siquiera cuando entrenaba-. ¿Alguien quiere un pocky? –todos pasaron de su pequeña delicia.

—Como sea, vamos a entrenar –ese era Hadrien arrastrando al peli negro hacia la cancha.

—¿De verdad era necesario que la escuela se quedara con esos dos extranjeros? –lanzó sin más el ex miembro de Shutoku-

—Bueno, más allá de su inusual personalidad no podemos objetarles nada. Con una muralla prácticamente impenetrable como Murasakibara, los magníficos pases que combinan la rapidez con su extraña manera de bote del balón de Maeda en conjunción con el explosivo poder ofensivo de Zabeck, las cosas son sumamente movidas dentro de la cancha. Tenemos a un grupo de monstruos en nuestro de equipo.

—¿Seguro que vale todo el sacrificio? –ambos miraron a la cancha. Murasakibara ya estaba nuevamente negándose a entrenar, Hadrien le estaba regañando y seguramente no demoraría en atestarle un buen golpe si continuaba con esos infantilismos; y el recién llegado había caído al suelo cortesía de su narcolepsia.

—Empiezo a creer…que no.